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Relato Pollito Wars: Deudas del pasado

Escrito por Gonfrask el 21/07/2014
El encendido de las anaranjadas luces de emergencia la sacó de su sueño, tardó apenas un par de segulaikas en incorporarse y localizar su consola personal en la mesilla auxiliar, y tras comprobar de que se trataba se dejó caer nuevamente sobre el viejo colchón. Una alerta de aproximación de elementos estelares, el pan de cada día en una colonia minera, simplemente querían que la población no se preocupara por los futuros impactos que estremecerían los habitáculos en las próximas horas. Y que estuvieran listos para ir a explotar las zonas de impacto a la mayor brevedad posible, los meteoritos y asteroides pueden llegar a ser muy ricos en ciertos elementos y minerales. Pero ese no era su trabajo en la colonia.

Se permitió unos momentos de pereza antes de consultar el cronómetro integrado de la consola. La habían despertado no mucho antes de su horario habitual así que decidió no sería mala cosa empezar el día, con volverse a dormir solo lograría tener la cabeza menos despejada cuando su alarma sonara en pocos minulaikas. Realizó sus ejercicios de estiramiento matutinos y se desplazó a la ducha para asearse. Como durante los últimos melaikas, el agua fluyó escasa, cálida y con cierto regusto salobre. La colonia estaba pasando por una época de vacas flacas y ciertas comodidades empezaban a considerarse lujos innecesario, el agua para asearse era una de ellas y los sistemas de reciclaje comenzaban a ser desconectados. Se preguntaba cuanto tiempo pasarían antes de que solo se reciclara el agua para consumo mientras se sacaba el pelaje, y cuanto tardarían en aparecer los primeros problemas por falta de higiene después de eso...tendría que hablar con los Gestores, esperaba poder presionarlos con su cargo de oficial médico pero no albergaba muchas esperanzas. Los créditos mandan, sobre todo en un lugar como aquel.

Se vistió con la agilidad de la rutina y volvió a coger la consola, aún tenía tiempo por delante y quería revisar algunos informes del día anterior, estaba produciéndose un repunte del síndrome del pulmón negro en las minas occidentales y quería que su registro fuera lo más exhaustivo posible. Entonces, mientras repasaba la página, llegó el primer impacto. No fue un choque lejano, algo que se notara como una leve vibración o un sutil temblor de la habitación. Fue como si un martillo golpeara sobre su mundo y lo pusiera patas arriba. Cayó derribada al suelo y se cubrió la cabeza mientras diversos objetos caían de las estanterías a su alrededor.

- ¿Pero que...?- logró farfullar cuando todo se calmó.

Nunca antes había vivido algo así, la colonia minera era subterránea y los impactos exteriores raramente se notaban con tanta fuerza. El tamaño o la velocidad del objeto debía haber sido enorme, pero las máquinas lógicas del centro de mando deberían haber calculado estos parámetros y haber enviado la señal de aviso correcta por la colonia. Las luces de emergencia pasaron del naranja al rojo y una sirena comenzó a sonar por los altavoces de los pasillos.

- En que momento...- maldijo mientras notaba sangre en la boca, se debía de haber mordido un carrillo.

Se incorporó ayudándose del camastro y se sentó en el. En el suelo, la consola cambió para mostrar un mensaje automático que solicitaba a todo el personal que no perteneciera a una unidad de emergencia permanecer en sus cuartos. Como miembro de la unidad médica debía esperar a los primeros informes de heridos y muertos antes de ponerse en movimiento. Se tocó la frente y reprimió un gruñido, se había dado un golpe más fuerte de lo que ella creía y un incipiente chichón comenzaba a brotarle y a deformarle la ceja. "Bueno, tampoco es mi peor herida ni me va a dejar más fea" pensó con una sonrisa.

Un ruido seco la hizo mirar hacia la puerta, una especie de crujido sordo que aún resonaba como un eco por los pasillos, amortiguado por la compuerta de metal ¿Que había sido aquello? Le siguió otro, y otro más de manera esporádica. Entonces sonó una ráfaga de unos pocos segulaikas y durante un instante se le detuvo el corazón. Había albergado la esperanza de que se tratara de algún tipo de ruido por daños estructurales, pero ahora lo reconocía con claridad. Se trataba del inconfundible sonido de un rifle pesado de proyectil térmico siendo disparado...alguien estaba disparando un arma en el interior de la colonia. Y no es que las guerras de bandas no desencadenaran en tiroteos ocasionales por los pasillos, es que aquella arma solo la tenían los miembros del ejercito.

Les estaban atacando.

La compuerta se abrió repentinamente y pensó que el corazón se le iba a salir por la boca del susto, en el dintel se podía ver la musculosa forma del jefe de seguridad Kirlan, su pelaje estaba erizado y sus orejas se movían continuamente analizando los sonidos de su alrededor, llevaba a medio poner un traje acorazado y en su mano libre portaba una pistola de proyectil hueco.

- ¿Doctora, se encuentra bien?- le preguntó con sequedad y una pizca de preocupación.

- Creo que sí- contestó dubitativa -¿Que ocurre?-

- Algún bastardo astuto- dijo mientras se abotonaba el chaleco blindado -Se han acercado a la colonia simulando ser un objeto inerte y cuando estaban a la distancia adecuada nos han soltado una buena, creemos que podrían ser piratas-

- ¿Piratas con rifles térmic...?-

La pregunta murió en sus labios cuando Kirlan hizo un gesto brusco y se llevó la mano al comunicador, ella solo pudo oír varios chasquidos pero estaba segura que eran los informes de las diferentes patrullas. El rostro de Kirlan se deformó en un gesto de furia y la miró.

- Permanezca aquí, no intente salir de la habitación o irse andan...- antes de acabar la frase recordó con quien estaba hablando y frunció la boca -Volveremos a buscarla-

Cerró la compuerta y el crujido de los pernos de seguridad le indicó que Kirlan había activado el protocolo de protección antes de irse. Aquello no la hizo sentirse mejor, sino todo lo contrario, hasta que alguien con el código correcto volviera no iba a poder salir de allí, y si las cosas se ponían más feas se encontraría encerrada en una caja de metal de cuatro por cuatro metros. La idea de estar encerrada despertó un recuerdo que nunca podría borrar, pero que hacía años que no surgía a la superficie de su mente, se llevó una mano inconscientemente a la herida de su cara y una lagrima le recorrió el rostro mientras comenzaba a murmurar para si “no...otra vez no...”.

Respirando profundamente consiguió calmarse y trató de alcanzar su consola para intentar buscar algún informe de la situación, pero esta había terminado quedando bastante lejos del camastro y no le apetecía arrastrarse por el suelo para cogerla. Bufó frustrada y volvió a mirar hacia la puerta. Los ruidos de lucha seguían llegando, ahogados, pero cada vez más fuertes, la lucha debía estar generalizándose o las patrullas estaban siendo incapaces de contener el ataque. Una parte de ella albergaba las esperanza de que se tratara de lo primero, pues era la opción menos mala, sin embargo su parte más pesimista le decía que se trataba de los segundo. Y como los disparos sonaban cada vez más cerca, no hacía más que confirmar sus temores.

Increíblemente, un rugido resonó por encima del ruido de los disparos. Era imposible que el sonido generado por la garganta de un ser vivo superara el de las armas que se estaban disparando por los pasillos de la colonia minera, a no ser que fuera...no, aquello si que no podía ser...la colonia se encontraba en una zona de protección de la Alianza, era demasiado grande para ser atacada por esclavistas y las fronteras se encontraban a miles de añolaikas luz. Pero sin embargo todo estaba ocurriendo, les estaban atacando, estaban usando armamento militar y solo un tipo de criatura podía liberar semejante rugido. Los recuerdos volvieron como un torrente y notó que estaba a punto de tener un ataque de pánico, notaba como el corazón le latía descontrolado y su respiración se agitaba.

Un grito mas humáfero sonó al otro lado de la compuerta, no se había dado cuenta debido a su actual estado de nervios, pero la lucha ya había llegado al pasillo en el que se encontraba su habitáculo personal. El sonido de los proyectiles rebotando contra las paredes metálicas le parecía la cuenta atrás hacia un final inevitable, las voces que gritaban ordenes de retirada se cruzaban con las de mantener la posición y los aullidos de dolor parecían sonar al otro lado de la compuerta blindada, lo cual seguramente era lo que ocurría. Podía imaginarse con claridad a las unidades de seguridad interna siendo arrasados por los asaltantes, podía verlos intentando crear puntos fuertes de defensa que serían barridas por la potencia de fuego enemiga, era capaz de ver el destino de aquellos defensores que quedasen aislados o retrasados respecto a sus compañeros.

De repente llegó el silencio, ni disparos, ni gritos. Más allá de la compuerta el mundo parecía haberse detenido y ella le dirigió una mirada cargada de terror a la misma, tenía el pelaje empapado en sudor y los puños crispados con tanta fuerza que se había clavado las uñas en las palmas. Comenzó a elevar un oración a Laika esperando que las unidades de seguridad hubieran salido victoriosas, no eran pocas las ocasiones en las que esos asaltantes habían sido rechazados, pero considerando la capacidad militar de la colonia, que eso ocurriera sin duda necesitaría de unas cuantas oraciones. Al silencio le siguieron unos lentos y pesados pasos, los cuales se detenían cada pocos segundos y eran sustituidos por el sonido del metal torturado, estaban abriendo las compuertas. Y sin duda alguna, por la fuerza.

El ruido de las puertas siendo forzadas se fue acercando más y mas, en ocasiones acompañado por los gritos de los que ocupaban los habitáculos todavía. Se echó hacia atrás en su camastro hasta apoyar la espalda contra la pared del cabecero, trató de encontrar algo que sirviera como arma con la mirada, pero no tenía nada. Nunca guardaba material quirúrgico entre sus enseres personales, aún así la idea de hacer frente a lo que iba a atravesar esa compuerta con un simple bisturí le pareció tan ridículo como hacerlo con la almohada de su catre. Los pasos se detuvieron de nuevo, ella sabía que en esta ocasión se encontraban frente a su compuerta y tragó saliva con fuerza, las lágrimas comenzaron a caerle por las mejillas en el momento que la compuerta empezó a chirriar. Según era arrancada de sus goznes y los pernos se doblaban bajo una inmensa presión, pensó en su pequeña y en la gran decisión que fue enviarla lejos de la colonia.

Con un crujido espeluznante la compuerta finalmente cedió y fue arrojada a un lado. Una figura enorme cubría entonces el hueco de la puerta, iluminada por la terrible y escasa luz de emergencia, era apenas una sombra. Pero su tamaño, la anchura de sus hombros y el grosor de sus brazos hacían su perfil inconfundible...hacía ya varios minutos que sabía quien les estaba atacando, pero su mente había rechazado la idea y albergado una ligera esperanza de estar confundida. Era un Yagui, les estaba atacando una banda de esos monstruos genéticos. Comenzó a llorar de manera desconsolada, aún siendo incapaz de apartar la mirada de la sombra que se encontraba en la puerta. La figura pareció resoplar con diversión y dio un paso al frente, pero apenas había logrado meter su masa por el hueco de la puerta cuando otra sombra lo cogió por la espalda y lo arrojó hacia atrás. Ambos monstruos intercambiaron rugidos y amenazas, la sombra derribada se levantó mientras seguía gruñendo, momento en el que la otra figura le descerrajó un tiro en la cara. Finalizada la pelea entre risas de otros yaguis, la figura victoriosa se volvió hacía la puerta y pasó por ella.

Cuando las luces del habitáculo permitieron ver al yagui mejor, sintió que se le detenía el corazón. El rostro felino de aquel monstruo era el visitante habitual de pesadillas que creía olvidadas, solo que ahora presentaba más cicatrices. Su melena era más larga de lo que recordaba y presentaba varias trenzas que antes no tenía. Su ojo derecho seguía siendo un orbe biónico de color verde pálido y aunque las luces de emergencia teñían su pelaje de color rojo, ella sabía que en realidad era de color blanco, producto de su albinismo. El yagui le dedicó una mirada eterna, estudiándola al milímetro y luego observó el habitáculo.

- Hace muchos tiempo...- dijo con su voz, tan profunda como un pozo de excavación -...te lo dije, el día que escaparas te encontraría, aunque tardara años en hacerlo- su pupila se contrajo hasta convertirse en un punto apenas distinguible -Aunque nunca pensé que realmente me costaría tanto hacerlo-

Les hizo un gesto a los demás yaguis que esperaban fuera del habitáculo, estos aullaron con alegría y salieron corriendo para seguir forzando las demás compuertas. La bestia caminó con calma por el habitáculo, estudiando los objetos del suelo y los que aun permanecían en las estanterías.

- No...por el amor de Laika...no...- logró farfullar al superar su pánico.

- Me tienes miedo- dijo riendo de espaldas a ella -Te concedí mi marca, y tu escupistes sobre este privilegio, claro que debes tener miedo-

Se giró para mirarla y se acercó al camastro, alzó su mano izquierda, o al menos lo que tenía por mano izquierda. Una garra de acero, de aspecto cruel y bastante mal cuidada, comenzó a recorrer su cara, siguiendo la linea de su mandíbula con una delicadeza que resultaba imposible de asociar a un implante tan tosco, y cuyos pistones y servos resonaban continuamente. Llego hasta la cicatriz que cubría el lado izquierdo de su cara, recorrió las marcas de lo que fue aquel mordisco incluido la zona donde debía estar su ojo.

- Pero aunque no lo creas, a veces hasta perdono a los me traicionan- se inclinó más aún sobre ella -Solo quiero respuestas-

La humáfera siguió sollozando sin parar, se llevó una mano a la boca cuando el yagui mostró una pictografía que había cogido de la estantería y se la puso a la altura de los ojos.

- ¿Donde esta mi hija?- le preguntó mientras jugueteaba con la pictografía en la que se la podía ver a ella junto a su hija Mishara.

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    1. Avatar de sir_aeron
      sir_aeron dijo el 27/07/2014

      toma ya.... menos mal que estaba sentado, genial el relato.
    2. Avatar de Gonfrask
      Gonfrask dijo el 26/07/2014

      @Clovis-91: @Vilem_Landerer: Me alegra que haya gustado
    3. Avatar de Clovis-91
      Clovis-91 dijo el 26/07/2014

      Muy bueno. El ambiente, las sensaciones, los sentimientos, todo está muy logrado. =)
    4. Avatar de Sulkey
      Sulkey dijo el 21/07/2014

      ententido

      @Gonfrask:
    5. Avatar de Gonfrask
      Gonfrask dijo el 21/07/2014

      @Sulkey: Una continucion de lo que se cuenta en el comic Pollito Wars
    6. Avatar de Sulkey
      Sulkey dijo el 21/07/2014

      ¿Esto es una continuacionde un relato anteror?
    7. Avatar de Vilem_Landerer
      Vilem_Landerer dijo el 21/07/2014

      Qué chulada. Y Malabestia se va a pillar un cabreo de los guapos...