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Ejercicio de Escritura: Inspector Gadget

Escrito por Kamul el 11/01/2017
Hace poco se me ocurrió una loca idea sobre un "what if" basada en una de las series de mi infancia,el Inspector Gadget. Y como tenía ganas de escribir algo, pues decidí sentarme y dejar volar mi imaginación y mis dedos :)

Para evitarme complicaciones con los doblajes, traducciones y demás, me he decantado por usar los nombres de la versión original de la serie.

Es un experimento muy raro, pero bueno xD. ¡Espero que os guste!




-¡Buen trabajo, Gadget! -el jefe Quimby estrechaba la mano del afamado inspector robótico, mientras los agentes de policía de Metro City metían en los furgones blindados a los agentes de MAD detenidos-. ¡Sólo usted podía localizar esa fábrica de mocos urticantes en tiempo récord!

-¡Sólo estoy cumpliendo con mi deber, inspector jefe! ¡Nada más! -Gadget ejecutó una pose muy teatral, haciendo alarde de una caricaturesca falsa modestia-. ¡Además, encontrarla fue pan comido! ¡El Doctor Claw está perdiendo facultades!

-¡Ojalá todos los agentes de nuestro cuerpo compartiesen su concepto de “sólo cumplo con mi deber”, Gadget! -el inspector jefe Quimby parafraseó una cita que había leído en algún otro medio, pero que le había encantado-. ¡Debería sentirse orgulloso de lo que representa para esta ciudad! Y hablando de orgullo... ¡Mire quién ha venido a cubrir el reportaje de su nuevo éxito!

A pocos pasos de los dos agentes de la ley no pasó inadvertida una risilla simpática. Penny dedicó una mirada cómplice a su perro Brain, quien las había pasado canutas para poner al torpe investigador de los mil dispositivos sobre la pista correcta. Eso sin contar la persecución y acoso que había sufrido por parte del mismo al confundirlo (otra vez) con un agente de la perversa organización que pretendía verter esos mocos por el sistema de alcantarillado de Metro City y desencadenar una oleada de alergias por toda la ciudad.

-¡Una foto, tío Gadget, antes de que vengan todos los periodistas a quitarme la exclusiva! -Penny bromeó mientras apuntaba a los dos hombres de ley con la lente de la cámara instalada en su reloj de bolsillo.

-¡Espera, Penny, que ya me encargo yo! ¡Adelante, Gadgeto-cámara! ¡¡No, he dicho Gadgeto-cámara!!

El grito de frustración de Gadget siguió al golpetazo directo a la cabeza de Quimby, a causa de una Gadgeto-maza que salió disparada fuera de turno. La foto de Penny terminó reflejando uno de esos momentos cómicos tan usuales en la vida de la chica, y de todas las personas que le rodeaban.

Así eran todos los días de su vida. Así era conocida por el gran público. Orgullosa de ser la sobrina del mayor héroe de una de las ciudades más modernas del mundo.

-Bueno, creo que hoy todos nos hemos ganado un merecido descanso -siempre con su inquebrantable optimismo, Gadget conducía de regreso a casa-. ¿Tal vez por fin podamos organizar esa excursión a la montaña que te prometí?

-Eso si no tienes que volver a cancelarla por una misión de última hora -Penny sonreía, pero no podía disimular el atisbo de decepción en sus ojos.

-Créeme que lo siento de verdad, Penny... -Gadget dibujó su expresión más compungida, que en el fondo daba hasta risa-. ¡Ese condenado doctor Claw no ha parado quieto! A veces me da la impresión de que lo hace a propósito.

Penny se volvió hacia la ventanilla. En realidad ella conocía la respuesta a esa pregunta, pero no era el momento ni la persona adecuados. Ahora sólo quería vivir su momento de felicidad.

-No te preocupes, tío Gadget, sé que no es tu culpa. Además, al final siempre sales victorioso, y eso es lo que importa, ¿verdad? -sonrió mientras le tomaba la mano.

Desde el asiento trasero el extraño y antinatural ladrido de Brain hizo eco de las palabras de apoyo de su dueña. Gadget mismo recuperó su semblante sonriente, mientras se iba acercando al garaje de su casa.

-¡Tienes toda la razón! ¡Ya sea para detener a la mente más perversa del mundo o para compensar a la sobrina más maravillosa que ningún tío desearía tener, nada ni nadie puede frenar al Inspector Gadget!

Penny se rió con fuerzas. Le adoraba. Era tan inocente y bobalicón, pero lo compensaba sobradamente con una voluntad inquebrantable y un deseo poderoso de hacer siempre el bien y ayudar al necesitado, o de traerle la felicidad aunque fuese de la manera más burda y tonta posible. No le importaba que su diseño fuese tan falible, o que su coche futurista, que él mismo construyó, fuese sorprendentemente más efectivo que él mismo. No le importaba que siempre tuviese que estar monitorizándolo a escondidas, asegurándose de que no se desviaba demasiado de su ruta, o que no confundía las pistas más obvias una y otra vez. El mundo le veía como una gran promesa cuando en realidad era un inmenso fiasco. Pero era su fiasco. Uno al que había aprendido a amar con todos sus defectos, porque le brindaba algo que ningún otro ordenador perfecto había sido capaz de darle.

¿Cómo no podía adorarle? Ella le hizo así.


La odio. ¿Cómo no odiarla? Ella me hizo así.

En estos momentos me odio a mí mismo sólo por escupir la misma maldición y juramento vacío delante de una pantalla. “Juro que me vengaré, Gadget”. “La próxima vez te atraparé, Gadget”. “Esta es la última vez que te ríes de mí, Gadget”.

Por favor. No me lo creo ni yo.

Jamás voy a cumplir mi supuesta venganza, y lo sé. Jamás veré llegar el día en que aplaque mi eterna ira. Y aún así lo intento, una y otra vez, con una implacable determinación a prueba de bombas. La misma determinación que impulsa a ese fracaso tecnológico a desmantelar una y otra vez mis trampas y malvados planes. ¿Pero por qué es siempre el nombre de Gadget el que vomito con ira, al que culpo de todos mis fracasos? Sólo hay una persona a la que culpar de todo.

La misma persona que me dio la existencia.

Yo estuve allí, en sus primeros compases. La hija de un genio científico que nunca supo valorar la familia que tenía. Un tipo que era una eminencia en su campo, pero un estúpido de primer orden con las personas. Ella admiraba el trabajo de su padre, pero nunca recibió de él la menor atención. Su madre se esforzó por darle la educación que ella deseaba, pero no era capaz de entender que su hija tuviese el mismo espíritu creativo que su padre. O tal vez no quería entenderlo. Los humanos a menudo son complicados.

No recuerdo por qué la abandonaron, pero ni me interesa. Sólo reccuerdo que ella me creó. Un mero juguete, en un principio, pero con el tiempo un sustituto para la familia que había perdido. Y se aseguró de hacerlo perfecto: fortaleza y resistencia mejoradas, inteligencia calculadora, gran capacidad de aprendizaje. Sí, yo era un prodigio científico, nacido de una joven mente tremendamente lista y emprendedora. Pero si algo he aprendido de la historia con su padre es que uno no es listo en todos los campos. Y a ella le faltaba una parte de su inteligencia que tampoco supo transmitirle a su nuevo juguete. Y, como muchos humanos en edad de crecimiento, cometió un error. Le dejó de lado.

Y entonces empezó a construir al otro. Una auténtica navaja suiza del mundo de la robótica. Un prodigio del diseño, la cantidad infinita de dispositivos que era capaz de comprimir en tan poco espacio dejaba boquiabierto a cualquiera. Pero todo ese despliegue de maravillas tuvo un coste: su capacidad de procesamiento y de cálculo era ridícula. Dicho en otras palabras: no era más que un pobre payaso al lado de su primer gran juguete. Un bebé idiota al que había que llevar de la mano a todos lados, al que había que decir constantemente qué tenía que hacer y poner flechas de neón en su camino para que no se perdiera.

Y ella prefirió a ese bebé idiota pero entrañable antes que a su juguete perfecto pero frío.

En cierto modo le veo sentido. Los humanos se sienten más inclinados hacia lo emocional que hacia lo racional. Y ella estaba sola, necesitaba una familia. Alguien que la quisiera, no sólo que fuese perfecto.

¿Pero y qué pasa conmigo? ¿Lo que yo quiera no tiene importancia?

Ya han pasado dos años desde entonces. La única compañía que me queda es esta maldita mascota que yo mismo diseñé, replicando el trabajo de mi dueña que siguió al de mi despreciado 'hermano'. Una mascota que, para colmo, no hace más que frustrarme y enfurecerme. ¿Pero qué podía esperar yo? Por muy ridículo y cursi que suene, hay un elemento no matemático en la ecuación que yo he sido incapaz de replicar. Dicho de otro modo: ella deseaba ser querida, y puso cada pizca de su sentimiento en sus dos creaciones. Yo no sé lo que significa ser querido ni me interesa ya. Y como resultado, tengo que soportar a esta apestosa alimaña.

Pero eso no es lo más frustrante. Aún peor es mi existencia limitada a un bucle infinito.

Al principio no lo veía. Estaba demasiado furioso con el mundo, pero sobre todo, con ella. Con Penny. Maldita sea, por fin soy capaz de decir su nombre. Penny, no “la sobrina de Gadget”. Llevo dos años engañándome a mí mismo, pero ya es suficiente. Si quiero salir de mi atasco permanente tengo que empezar a llamar a las cosas por su nombre.

Penny, tú eres la culpable. Tú me creaste, pero no supiste darme un propósito. Pretendiste que todo fuera bien, que formásemos una gran familia, tú y tu querido “tío”. Pero nunca supiste encajarme en ella. Yo estaba de más. No me fui porque quise, Penny, me fui porque tú nunca me hiciste sentirme incluido en primer lugar. Y ya estoy harto.

Me marqué un objetivo, Penny. “Conquistar el mundo”, me dije. “Sembrar el caos”, me dije también. Mentira. El mundo que yo quería destruir era el tuyo. Quería acabar con tu falsa ilusión, destruir tus sueños, borrar esa apestosa sonrisa de tu cara. Quería que tú lo pasaras tan mal como yo lo he pasado, sin sentir otra cosa en dos años más que rabia, y odio, y falso contento al ver cómo otros sufren y lo pierden todo.

Pero no he podido. Y siempre le he achacado la culpa a tu estúpido tío, a tu maldita creación, a ese idiota que no sabe ni dónde tiene la cara. Quizás fue una trampa que tú me instalaste en el cerebro, o quizás es que mi rabia me ha cegado durante estos dos años. Pero ahora me doy cuenta de la verdad.

La verdad, Penny, es que la verdadera razón por la que siempre fracaso, eres tú. Y soy yo.

Sé que en el fondo te gusta ser la salvadora del mundo. Te gusta ser la heroína. Empiezo a pensar que hiciste a tu gran obra tan falible a propósito. Y sin embargo, ser tú la que en realidad salva el día y resuelve el caso, mientras que tu tío se lleva todos los honores... ¿No es eso triste, que el mundo nunca reconozca tu verdadera valía? ¿O es que tienes miedo de que el mundo lo sepa? Porque si reconoces la verdadera naturaleza de Gadget... ¿Tendrías que admitir también la mía?

Claro, Penny. Es mucho más cómodo ser la rescatadora en la sombra. Vivir la emoción de la aventura, ser la dama en apuros que se salva a sí misma y salva al resto del mundo, sentirte feliz de ver que tu tío regresa sano y salvo a casa, pero porque tú estás detrás de él, protegiéndole.

Creo que es por eso por lo que le he odiado tanto. Por eso lo he convertido en objetivo de mi ira.

Porque en el fondo no quiero admitir que, tal vez, mi actual propósito sea sólo formar parte de tu entretenimiento.

¿Elegí ser el villano o me programaste para que lo fuera? ¿Mi ira realmente me pertenece o también la fabricaste tú? Quizás nunca lo sepa. Pero sé que tú pusiste tu particular sello en mí. Mírame, Penny. ¿Qué clase de amenaza global soy? Debería hacer cosas serias, como secuestrar el avión del presidente, o planear un ataque terrorista en pleno corazón de Metro City, ¡o, diantres, robar todo el armamento nuclear del mundo! ¿Qué es lo que hago en vez de ello? ¡Crear mocos urticantes! ¡Robar fórmulas para hacer crecer plantas carnívoras! ¡Usar una discogrráfica para lavar el cerebro de la población mundial! ¿En serio? ¿Qué clase de basura de planes de villano de opereta son éstos? ¡Cada día que pasa me avergüenzo de ellos! ¡Yo quiero ser MALO, Penny! ¡Quiero ser una verdadera lacra para este mundo, una amenaza que os haga temblar a todos! ¡Una que te haga temblar a ti! ¡Todos los días pienso en qué perfecto sería infiltrar a mis agentes en el cuerpo de policía de Metro City, y utilizar la posición de poder que garantiza una placa para meter a rivales políticos en la cárcel! ¡O sobornar al inepto del inspector jefe Quimby para corromperle, y hacer de la justicia de esta ciudad mi patio de recreo! ¡Es un plan perfecto! ¡Uno al que ni siquiera Gadget podría hacer frente!

Y, en cuanto pulso el botón para transmitir órdenes a mis agentes, ¿qué sale de mi boca de metal?

“Vamos a robar el hielo del Polo Norte”. O una basura similar.

¿En serio? Dime una cosa, Penny, ¿estos planes los ideaste tú, a la altura de tu intelecto para resolverlos? ¿O es que en realidad no soy tan inteligente? ¿Tal vez me hiciste más obtuso de lo que querías para asegurarte de que nunca pudiera planificar nada que desbordase tu capacidad intelectual?

O, quizás... ¿Es que no puedo hacerte daño de verdad?

¿Es esa mi maldición? ¿Ser parte de tu familia, quiera o no quiera? ¿Ser sólo una amenaza infantil que tú puedas desmantelar siempre, con ayuda de tu queridísimo juguete superior? Cada vez que mis agentes te capturan, veo tan fácil dar la orden de que te tiren a una fosa séptica y entierren tu recuerdo para siempre... ¡Pero no; siempre termino por colocarte en trampas mortales que parecen diseñadas para que siempre puedas escapar! ¡Si no es uno de tus dispositivos es tu estúpido perro sintético!

Y lo más frustrante de todo es verte, al final de cada ridículo episodio, siempre sonriente y unida a tu inepto familiar. Te veo feliz, Penny, genuinamente feliz. Y lo odio.

Para ti esto no es más que un juego. Pero yo ya me he cansado de seguir tus reglas.

Esta vez el Doctor Claw va a jugar sucio.

Jugando: Batman Arkham Knight

Maldiciendo: La asquerosa tos seca que no me deja en paz

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    1. Avatar de Platov
      Platov dijo el 12/01/2017

      Pues nunca se me ha ocurrido hacer esta clase de ejercicio, la verdad.
    2. Avatar de JeninaValira
      JeninaValiram dijo el 11/01/2017

      Me gusta mucho, la verdad. Ha sido atrapante e inquietante, toda una forma nueva de ver la serie de dibujos animados :D
    3. Avatar de Dark_Lord
      Dark_Lord dijo el 11/01/2017

      Me gusta el enfoque que le has dado y como conectan todos los personajes. Yo también tomo a veces "prestados" a personajes de otros autores para esto de practicar escritura (el último en pasar por mis manos fue Sherlock Holmes). Muy buen relato, caballero