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Una historia aparte; Oscilante Suerte de Maldito

Escrito por Nubis el 31/01/2012Irregular Elis
¡Hola pequeñajos! Soy vuestro cuenta cuentos favorito, ¡sí! Ese del que seguro no habéis oído hablar por la edad que tenéis. Sin embargo algunos me recordarán, pero solo a mí, no a mis estupendos cuentos. ¡Y mira que son estupendos! Ya que estamos y sin más demora, os narraré uno, queráis o no, no tenéis escapatoria, vuestro culo está bien pegado a la base de la silla con este simpático pegamento que vuestra mente ha imaginado conforme lo decía (trollface):


“Erase una vez en la Costa Oeste... allá en una ciudad pegada a la bella y sucia ciudad de Los Ángeles, vivían tres personas y media muy malvadas, ¡pero mucho! Que tan solo querían ser felices causando estragos que tan variada nos hace la vida. Hagamos zoom en esa imagen que tenemos en mente... ¿Cómo? ¿Qué ya lo habéis hecho? Ay la edad... dejad que me coloque bien la prótesis de cráneo y podremos proseguir con lo acontecido aquel día de buena mañana...



– ¡Meg tienegs hasta la cogonillaa! –se sinceró Le Chatte Blanche desde su forma gatuna, no sin antes ajustarse y evitar que se cayese el monóculo debido a la exageración de su gesto–.

– ¿Sabes? Es difícil tomarse en serio a una gata que habla... ¡y más si habla “agí de biengggg”! –Jane con la sinceridad siempre por delante, algo común, supongo, en una niña inventora de estética gótica.

– ¡Malgdita batracia hija de mil arenques de dudosa procedencia! –se siguió sincerando por su parte (de una manera extraña sin embargo) la felina–.

– ¿Qué clase de referencia cinéfila es esa? ¡Si apenas se capta! –a Jane le habían tocado su vena friki.

– ¿¡De qué hablas!? ¡Cabeza de melón! ¡Alcachofa vacía! –seguía en sus trece la “afrangcesada”.

– ¡Dejad de hacer las golondrinas maldita sea! –el tercer personaje entra en escena, la voluble Fifí.

– Por ahí va el asunto. –un gesto de aprobación medio orgullo por parte de Jane.

– Grump! –la piña monstruosa afirmaba haber captado de lo que rayos hablara Jane, todo con base de un eco desde la escafandra de su enorme traje mecánico.

– ¿En serio es necesario repasar la escena así? –la hasta hace poco adorable Fifí sufría de nuevo los golpes de realidad que tan moda se habían puesto en esos días.



El ¿super? grupo se hallaba delante de las oficinas de los restaurantes Coli-Flour (ay que chispa tengo), sede de la de sobra conocida mafia de cocineros que controla la cocina de la Costa Oeste con sus rodillos y sartenes inoxidables. Le Chatte observó de nuevo desde la clásica esquina el frontal del edificio, ahí había un par de guardas de negro vestidos de cocineros y con exagerados gorros que parecieran querer salir corriendo y de un esfuerzo se habían quedado así de no poder saltar.

Jane parecía tan impaciente como de costumbre, el ver que nadie decía nada, principalmente Le Chatte que seguía desde su baja posición de gato observando a algún cambio ocurriera en aquella fotografía urbana, produjo que Jane ya no se pudiera contener más gritándole a la gata:

– ¿¡Podríamos hacer algo ya por favor!?

– ¡Caglla estúpida! Estamos haciendo ya algo... –la gata la miró con un rápido movimiento y se relamió una pata fugazmente mientras volvía con la misma sistemática a su anterior posición. Todo gracia felina.

– (8) Me aburroooo... (8) –ahora era Fifí la que daba guerra.

– Grump! –se quejó Piño mientras se sacaba un trozo de la cena de anoche de su único diente. (Antes que digáis nada, se quito la escafandra un momentito, perfeccionistas).

– No me pagan lo suficiengte paga llevag esta guardería...

– ¿De qué hablas? ¡Si no trabajamos ninguna de nosotras! –la lógica de Jane al rescate.

– ¡Pego pronto cobrgaremos niña de poca fé!

– Si ni siquiera somos villanas oficiales...

– ¿Pero se puede hacer eso? –por otro lado la lógica de Fifí no alcanzaba a volar aún.

– ¡No teg preocupegs Jane! Seremós prognto... ¡Lags Vengadorás Ogcuras!

– Has estado leyendo últimamente cómics ¿eh?

– Prefiego veg cine, es mág gápido y cógmodo.

– Pero oye... –Fifí parecía una niña realmente buena y adorable cuando se veía confusa–, ¿...qué pasa con Piño? Él es chico... eso de “Vengadorás” solo parece admitir chicas...

– ¡Juruijijú! –remarcó Piño.

– Mi pequeña Fifí... –la gata se dio la vuelta y habló mientras levantaba la pata de manera engreídamente sublime y con clase– ...es unag piña ¡es femenino! Así que fogma pagte del gupo sin ploglema alguno.

– No sé yo... –a Fifí no terminaba de convencerla esa, por otra parte, lógica de villanas que no había por donde coger.

– ¡Vengadorás Ogcuras y no se hable más! –Le Chatte se dio la vuelta para vigilar de nuevo y entonces lo vió–, ¡Aaah! ¡Aguí está! –En un lateral del edificio pareció mostrarse la sombra de un hombre. Es entonces que Le Chatte Blanche empezó a transformarse en su forma humana, y todo sin caerse en ningún momento su monóculo, de las pocas cosas que se le daban bien sin embargo. –Ya estoy lista para “egta ocasióng...” –ahora había una completa mujer gato peluda en el lugar de la blanca gata.

– ¿Ese es el contacto? –Jane se asomó entongces para comprobar–, pues casi se le ve... ¿y estás muy segura que nos podrá ayudar? Mira que no sería la primera vez que metemos la pata... en tu caso nunca mejor dicho.

– ¡Incregdula! No hay que temeg... ¿No ves que me he “vestido” inclugso para “la ocasióng”? –como si alguien la estuviese observando dio una vuelgta sobre sí misma para mostrar bien sus dotes femeninas a la vez que su cola desafiaba la gravedad apoyada por inercia durante un momento. Un brillo imaginario acompañado del clásico sonidillo finalizó la pose de la demasiado segura de sí misma Le Chatte Blanche.

– Odio cuando hablas en comillas.

– Lo qué tienes es engvidia de mi agletico cuerpo, ma petit fille.

– No tengo prisa por crecer, después de todo lo visto, creo que hacerse adulto te deja idiota o algo...

– ¡Callar! Voy al contactó...

– ¿Y quien decías que es? –Fifí jura y perjura que atiende en las reuniones para los planes malvados, pero por orgullo no dice nada cuando no se entera, que suele ser a menudo.

– Un egx, Fifí, eso nos da una ventaja que cuangdo seags más mayor entengderás. ¡Ahoga marcho a mi degstino!

– ¡Largate ya melodramática! –Jane, sin embargo, nunca temía mostrar su orgullo. Le Chatte magchó hacia ese destino tan lejano como la esquina de enfrente. Había olvidado sin embargo (más de uno se habrá percatado) el ponerse alguna ropa o algo, pero siendo más felina que simia pues sus costumbres son ir como nació, tal cual. Menos mal que su cuerpo cubierto de fino pelo hacia de ella más una especie de mujer de las nieves que mujer gato. Digo menos mal porque ya me veía por aquí una denuncia por parte de la asociación de padres o algo.

Por ogtro lado las niñas y la piña observaban desde la misma posición el como bailaba y sobre-actuaba su líder (decidido por ella misma, claro egsta) hacia el contacto. Fifí en serio que no lo hacía a mal, pero tenía que preguntar:

– ¿Entonces porqué nos va a ayudar ese hombre? –intentó ser lo más inocente que pudo, pero una ceja sospecha de Jane la inquiegto temiendo lo peor, algo típico en Fifí.

– Sin prestar atención, como de costumbre.

– ¡No! ¡No! –Fifí miró de un lado a otro, entonces señaló con ambos brazos a Piño– ¡Es porque me lo ha preguntado Piño!

– ¿Jolgorio? –la piña no salía de su asombrgo... dengtro de lo que cabe para una piña.

– En fin... –Jane no le molestaba realmente volver a explicarlo–, ya lo dijo Chatte, es uno de los miembros del... orden ese de villanos... el... el... –Jane aún prestando atención no era buena memorizando datos, prefería guardar sitio para cosas más importantes como la mecánica y robótica, algo que como imaginaréis no ocupa poco sitio.

– ¿Leño del Mal? –Fifí en serio que se esforzaba.

– Euuu... ¡Sí! ¡Mismo! El Leño del Mal, la asociación esa de villanos, al parecer coincidieron ahí Chatte y el contacto. E hicieron “contacto” todo sea dicho...

– O sea, que fueron miembros ambos de aquel club de malvados... –Fifí miró para arriba intentando imaginar como sería aquello, todo risas malvadas y truenos por el fondo.

– No, no... no le des tanta categoría a la jefa, simplemente se conocieron en una de las fiestas que montaba dicha organización, estaba invitada y el trabajaba allí y pasa lo que pasa... es lo que tiene cuando te dan de comer, poner en un altar a ese alguien. El caso es que creo que dichos villanos tendrán sus dos dedos de frente como para no incluir a la rara esa que aún no sé si es gato creyéndose persona o viceversa.

– Ella simplemente nació... –Fifí a veces espontánea.

– Eso mismo... –Jane volvió a asomarse por la esquina para ver el asunto, vio a la mujer gato y al contacto charlando animadamente, con esos típicos gestos un tanto forzados de cuando ves a alguien después de mucho tiempo e interpretas que todo te va bien y que te interesa lo que le haya pasado a esa otra persona. Ey, se me ha quitado el maldito acento afrancesado, hasta que vuelva la peludita, claro...


Pasó bastante rato y la conversación no parecía amainar. Jane, de mientras seguía vigilando, lanzaba piedrecitas del suelo contra la pared de enfrente, hasta que se le acabaron. Entonces imaginaba que las lanzaba, no había nada mejor que hacer me temo. Fifí por su su parte se entretenía haciendo palmas con Piño, este como es de esperar no sabía de las costumbres humanas, así que le costó aprender lo suyo hasta en lo más básico de eso. Eso sí, se lo tomaba muy en serio y demostraba al final tras practicar que podía llegar a ser de los mejores en ello. El día que se enteró que eso eran más bien un juego de niñas entró en una pequeña depresión temporal.

Es entonces que ocurrió (al fin), parecía ser la señal que habían acordado antes, pero de una manera un tanto más exagerada. Las niñas y el monstruo piña en traje hermético se sintieron entonces confusas, se hicieron los clásicos giros para mirarse unas a otras demostrando no entender muy bien que sucedía. Como era de esperar, al final Fifí fue la que habló:

– Es esa la señal... ¿no? –estaba segura de que de lo poco que se había enterado una de las cosas que sí tenía clara era esa, la señal. Por ello el dudar le creaba más confusión aún.

– Euuu... –Jane identificaba los movimientos de brazo de Chatte más como un “¡Socogo!” que como un “¡Ahoga!”, así que no sabía que decir como líder improvisada de ese momento. Por lo que decidió actuar como solía hacer, por inercia–. ¡Al ataqueeeeeeer! –sus dos compañeras tardaron en asimilar pero sus neuronas supieron que hacer y se lanzaron junto con una Jane atrevida, que corría como un diablo hacia Le Chatte mientras levantaba el puño como intentando demostrar algo, bueno, liderazgo. A todo esto, ¿una piña tiene neuronas?


Ya en la escena, el contacto se mostró por fin a ojos del lector (perdón, del oyente, que estoy contándolo, cierto. Y a oídos, y tal). El tipo iba vestido de maítre (metre), con un semi-traje de camarero bastante elegante de un color negro casi puro. En su brazo puesta de manera elegante, una enorme servilleta blanca que casi parecía brillar con un pequeño motivo dorado en una punta. Se ajustó las pequeñas gafas, las cuales habían caído levemente por alguna acción de ataque que había realizado recién previamente. Después, se enderezó mostrándose un tipo de estatura media tirando a alto con largo pelo negro recogido en coleta. Cuando vio llegar al resto del equipo no pudo evitar realizar por costumbre la clásica reverencia de bienvenida como jefe de mesa que se trataba. Todo, para volverse a enderezar y sonreír de una manera como confirmando sospechas.


Le Chatte parecía apurada y nerviosa, estaba claro que el tipo la había atacado o al menos puesto en alguna especie de apuro. Por fin habló tras recuperar un poco el aliento:

– ¡Tagdais un poco mag y tengo que ir a rescatagme yo misma! –dijo Le Chatte Blanche con su habitual acento que ya echábamos de menos.

– ¡Te pones a agitarte como una mona en celo pues es normal que no sepamos que ocurre! –Jane seguía manteniendo su pose de niña dura que poco pegaba con su edad.

– ¡Mgona lo serán los tu especie ninyata! –pero alzó el brazo bruscamente como indicando que parasen, acto seguido se giró contra el supuesto contacto para decir sin vacilar y con mucha clase– ¡Ahoga es el momento! ¡Vengadorás, reuníos! –y como por arte de magia, o como si de verdad de una bruja se tratase Le Chatte, el resto de su equipo se colocó sin pensarlo y por puro instinto tras suya posicionándose para prepararse contra cualquier peligro. Cabe decir que las propias protagonistas alucinaban con el momento que se habían improvisado.
He de aquí que como si hubiese escuchado un increíble sonido de epicidad aparecieron los guardas de las puertas detrás de ellas, sorprendidos entonces al ver tanta gente en un callejón tan pequeño. Esto nos les impidió ver a su jefe que les devolvió la mirada y un chasquido de dedos muy característico, el cual interpretaron y se lanzaron como si de telepatía se tratara a por nuestras ¿heroínas? para apresarlas o vete a saber que.


Piño se giró y para su propio asombro gritó alzando los puños como nunca antes había hecho, se lanzó entonces a por los guardas cocineros. Estos titubearon un momento pero siguieron igualmente mientras cogían de la cintura sus sendos rodillos de amasar-arma. El papel a interpretar era perfecto en la mente de Piño, pero la realidad siempre se suele salir con la suya cuando los cocineros hicieron casi al unisono un entrenado doble salto, primero uno hacia atrás para esquivar los puños de la bestia afrutada y un segundo salto acto seguido para subirse ambos en los grandes brazos y atacar cada uno por un lateral. La piña apretó su único diente del dolor e inconscientemente de la rabia levantó los brazos muy rápidamente a la vez que terminaba de recibir los ataques para así lanzar a modo de catapulta a los dos cocineros de negro. Pero la victoria no parecía que fuera a ser tan fácil, estos se levantaron doloridos pero aún dispuestos a darlo todo.


Al otro lado, Le Chatte Blanche, Jane Celsius y Fifí Storm afrontan otro tipo de pelea, esa previa de miradas y explicaciones para luego sorpresas de adversario. Todo de manera mutua, ya se sabe.
El maítre echó un rápido vistazo a las tres joyas de la corona que conformaban ese equipo tan peculiar. Rió un poco por lo bajo y acto seguido un movimiento de brazo tensó la servilleta de tela entre sus dos manos de una manera fugaz muy similar al desenfundar de una pistola.

El silencio visitó el lugar por un momento, todo volvió en sí al escucharse el estruendo que provocaba Piño tras las chicas. Por fin Jane habló para seguir haciendo honor a su impaciencia:

– La has fastidiado, ¿verdad? –pero antes de recibir respuesta de su compañera felina, el joven hombre quiso responder por ella.

– Mags que fastidiarlá... mags bien es que yó no soy tontó. –si lo llego a saber como narrador no le dejo que hable–. Aguí la amiga Blanche queguía volveg a cojtejarme paga sonsacarmé informagsión de vital impogtancia –en serio, que ceda el turno–. Pego sigo siendo astutó contra sus finos encantos... ¡Oh! Disculpá mi educasión petit mademoiselle... no me he presengtado. Mi nombre es Artur Morel, jefe de la élite de camagegos de la organizasiónnn Le Coli-Flour –un aire dramático y algún que otro gesto con las manos ayudado con la servilleta mientras hablaba para meter en situación, en egsa egtraña mente (¡arg! ¡Se me ha guelto a pegá!) que suponía la de agquel hombrge.

– ¿A este tío le gusta hacer monólogos ¿no? –Jane nunca fue mucho de ir al teatro.

– Mujer, sogo un poco... –para que iba a mentir Chatte–, pego en los momentos de silencio egs un maegstro...

– ¿Y eso que todos los cocineros sean franceses? ¿Qué viene en la Constitución o algo? –Fifí estaba en lo suyo, se había desviado de órbita hace rato y alunizado en un planeta cercano, para variar.

– Egs casualidád, petit taches de rousseur –la educación francesa siempre por delante por parte de Artur, todo sea dicho–, ogs damos una estatua y nos lo aggradeceis no congtratando a hegmanos y hegmanas de Le France... ¡porca miseria! –gesto característico automático.

– Eso último... creo que... bah, déjalo –Fifí prefirió dejarlo pasar y seguir en el planeta en que estuviera ahora mismo, al menos allí se estaba cómodo (y cuerdo).

– Ahoga Blanche... –prosiguió la trama Artur–, dime la vergdá sobre tugs vegdaderas integnciones...

– ¡Oh! Messie... –Chatte parecía intuir algo en las palabras del hombre que nadie más supo ver o notar o algo que le hizo sentir un cosquilleo agradable–, solo quiego que me digas donde puegdo hallar al profgesor Storm... es urgente mon petit.

– Quand la verité n'est pas libre, la liberté n'est pas vraie... –Artur miró hacia arriba intentando crear tensión en el escenario imaginario que tenía en su mente–. Me desegcionas... sagbía que mentías bella gama... mal... muy mal... –giró para el otro lado la cabeza y volvió a mirar a ellas, entonces realizó de nuevo la reverencia–. Pego a decir vegdad... sagbía eso desde hace días, así que egstamos en paz.

– ¿¡Gómo!? –Le Chatte Blanche creyó entender mal, pero en estos casos siempre se suele escuchar muy bien tales revelaciones.

– Agsí es, ma belle –una afirmación con la cabeza como si hablase para sí mismo–, cogosiéndome debeguías ya saber que pocos datos se me escapan ggracias a la red de contactós que tengo a lo largó de la costa. La gente media suele infrgavalorarnos, ¿qué mejor fguente de información que un gestaurante o similar...? El caso que...

– Calla cretino y ve directo al tema –Jane veía que no lo iba a cortar Chatte, la cual hasta quedaba prendada de ese tipo con esas confesiones y sobre-actuación. Aún siendo niña, notaba que Chatte era un tanto superficial, y tampoco es que acertara tanto.

– ¡Hum! Que modales os ensenyan hoy a los ninyos... –Artur se ajustó un poco su traje–, el caso... es que sé porque buscáis al prgofesor Storm... y jugáis con fuego, no soigs vosotrgas las que tenéis la sagten por el mangó.

– Ey, ya me preguntaba cuando tardaría en hacer algún chiste relacionado con cocina... –Fifí toda una observadora.

– ¿A qué te gefieres messie? –las palabras de Artur mosquearon a Chatte.

– Hay cosas que nos supegan incluso a toda una mafia junta... gcreeme –Artur miró a un lado al suelo dramáticamente–, cosas de envergadura inimaginable... surgidas de lo más profundo de las tinieblas... –se puso tan serio que hasta se le fue el acento.

– ¡Dinos de una vez donde está herr doktor! –Jane quiso presionar a la vez que alardear de idiomas, pero una mirada y negación por parte de Chatte, e incluso de Fifí, ¡incluso de Piño que no andaba en escena! le dijo que había metido la pata hasta el fondo.

– Mentegcatos, ¡no piensó hablar! ¡Y menos con esa poca educasión! –sin más demora, Artur tensó en menos de un segundo su servilleta y, por increíble que parezca, atacó con ella como si fuese una especie de látigo. Chasqueó incluso, cosa que confundió a las tres chicas durante un par de segundos, los cuales Artur aprovechó para realizar una patada rasante hacia Chatte, la cual cayó de espaldas mientras se preguntaba a su vez que había ocurrido.
Jane ante tal respuesta un tanto contundente (en serio, hoy estoy que me salgo) decidió contestar tocando alguna especie de mecanismo justo en el costado de su cinturón preparado, parecía mover una pequeña palanca similar a la de los coches tele-dirigidos. Pronto desde arriba apareció una esfera que tapó el sol durante un segundo; una especie de pequeño robot helicóptero color verde oxidado que se situó justo al lado de Jane.
Como si algo se oliese Artur, extendió la servilleta a modo de protección esperando cualquier cosa. Buena intuición francesa la del tipo, ya que pequeñas bolas de goma surgieron del mecanismo en forma de ataque, todas a una velocidad pasmosa para ofender de manera física me temo. Lo que sucedió después pasmó y dejó admiración incluso a la propia Jane, cuando el francés giró ambos brazos a la vez, para recoger unas pocas bolas del ataque, y devolverlas a su agresor con un rápido movimiento de soltar una mano y que la servilleta fuera a esa dirección, todo para ser detenida y quedar magníficamente ondulando de forma horizontal un segundo debido a la mano que agarraba. Obviamente las bolas no regresaban a una velocidad considerable, pero si chocaron todas rebotando graciosamente sobre el robot y Jane, la cual andaba con la boca abierta al ver tal destreza. No se coló tampoco ninguna bola en su boca.


Jane reaccionó con fugaz movimiento de cara y miró a ver que rayos hacía Chatte, la cual rebuscaba detrás de unos cubos de basura, cosa que enfureció a la niña:

– ¿¡Qué rayos haces!? ¡Deja de seguir tus instintos maldito animal callejero! –la niña se planteó incluso el dirigir los ataques de su robot al trasero de Chatte, el cual era lo único que se veía por la misteriosa búsqueda de la mujer gato. Hasta se movía de manera contoneante como provocando a ser pateado.

– ¡Estgoy buscandó mi tragje, mentecata! –dijo tan pancha la gata.

– Ah bueno... ¿cómo? –fue entonces que Chatte por fin se levantó triunfante alzando un maletín de acero. A ojos de los espectadores que ahora miraban el escenario que suponía Chatte vieron como se agachaba y abría el maletín sacando una especie de tela de colores azul, blanco y rojo. La alzó mostrándose entonces una especie de vestido de una pieza; que de hecho los colores formaban la bandera francesa ahora que me fijo mejor.
Como si de verdad un espectáculo se tratara, Chatte se puso por encima del cuerpo tal vestido y comenzó a intentar abrocharlo por su costado de manera poco exitosa, el vestido era un tanto ajustado y se resistía contra su buen agraciado cuerpo de mujer. Del esfuerzo hasta se le cayó el monóculo, pero la gracia e instinto felino siempre atento para cogerlo al vuelo.

Tras un rato algo cómico Le Chatte Blanche parecía haberse puesto por fin aquel supuesto traje, Artur había decidido observar con mucho interés aquel numerito mientras se posaba la mano de manera muy fina a un lado de la barbilla. Mientras, Jane intentaba disimular su vergüenza ajena cargando ahora su robot de piedrecitas del suelo y Fifí miraba las musarañas sin saber que hacer, como siempre le ocurría en los momentos de acción. De mientras, rugidos y golpes se escuchaban de fondo para indicar que Piño seguía ocupado.

Obviamente fue Jane la primera que habló y comentó aquel curioso traje:

– Es un tanto ajustado y... eso, ajustadito ¿no?

– Es la idea caguiño –Chatte hizo su clásico giro para que la observara el aire.

– ¿Y qué rayos hacía ahí escondido?

– Lo puse anoche, me egcapé un momento mientgras dormíais y lo coloqué con buen arte del esconder.

– ...venga, va...

– ¡Eng mi forma gatuna puedo hacer muchas cosás!

– Parecerías un caballo llevando el maletín ese... –Fifí por su parte (bueno, más bien “aparte”) imaginaba en su mente la improvisada silla de montar por el gato agarrando el asa del maletín.

– Yo creo que ibas más cómoda sin ello... –y a Jane no le faltaba razón–, te gusta hacer difícil las cosas.

– Pues yo cgreo que a Artur le gusta :3 –efectivamente, el hombre admiraba aquella ex-novia que tuvo hace tiempo, aquella felina de ojos verdes que la volvía loco mientras le prepara su especial de sopa. Artur colocó su mano de un lado de la barbilla al otro para afirmar la aprobación; un anhelo ante tal villana que portaba en su cuerpo la bandera de su tierra, es más, más bien parecía que ella formaba a su tierra y no al revés. Un gesto de medio lado y sonrisa soñadora por parte del hombre confirmó definitivamente su aprobación, mirando de reojo y picarón a la gata que una vez fueron sus sueños.
Cuando ya nada podía ser más extraño (analizad bien la situación, en serio) el hombre se sacó de su bolsillo frontal del pecho un rotulador negro fino (de importación desde Francia, por supuesto) y con dos rápidos gestos siempre finos se pintó un fino bigote, valga la redundancia. Le Chatte Blanche le entendió aquel juego y se retorció un poco como gata que era, sonriendo a aquel hombre que una vez fueron sus sueños.

Es entonces que Chatte levantó el puño en modo de aprobación para gritar:

– ¡Ahoga sí Vengadorás! ¡Al ataque! –lo cual provocó una reacción por parte de las otras dos chicas, e incluso de la piña que entró en escena, que fue más instinto e inercia que otra cosa. Cuando sobrepasaron a su líder gritona se dieron cuenta todas casi a la vez de su extraña acción, volviendo Piño a su combate y Fifí a dar vueltas sobre sí misma. Pero cuando volvió en sí Jane, fue para pararse y controlar de nuevo su pequeño robot y enfocarlo contra el francés, mientras que Fifí solo supo mirar de un lado a otro apartándose y preguntándose que debería hacer o si su confusión podría ser usada de ataque. Lo que no sabía Fifí es que todo supergrupo tienen a su miembro inútil así, algo necesario para completar el equilibrio y el cual salva el día muy de vez en cuando y de pura casualidad. Un grupo no puede arriesgarse a no tener a alguien tan vital.

Fue entonces que Chatte pasó entre las dos con elegancia de francesa felina (en el mundo de la moda se le conoce como “las dos efes”), algo tan evocador que Artur casi se desmayó de una epifanía. El dramatismo de ambos personajes (nunca mejor dicho) se notaba hasta palpable y el maítre no pudo evitar arrodillarse ante ella una vez que llegó justo enfrente para agarrar su mano y besarla con cortesía milenaria. Artur con casi otra voz y actitud le preguntó:

– Puis-je avoir ce combat?

– Oh... messie Artur... –Chatte miró a un lado trágicamente–, ¡Oui, mon chevalier! –pero el momento fue interrumpido por dos pequeñas piedras que chocaron, una contra la frente del sobre-actuado francés y la otra sobre la frente de la sobre-actuadísima gata que hacía tiempo que no pisaba los pies en el suelo. Chatte de la imaginaria caída al suelo se giró para gritar a su compañera:

– ¡Jenny! ¡Malgdita batrasia! –pero a la pequeña Jane le daba igual la autoridad adulta y disparó a discreción aún sabiendo que le daba a su compañera, proponiéndose a sí misma darle en el rojo de su vestido-traje como prueba de habilidad en puntería. Fifí para intentar disimular que hacía algo se puso a su lado animando a Jane pero temiendo por lo que dijera luego Chatte.

El robot sin embargo paró de disparar cuando un extraño ruido de atascado indicó el problema, Jane lamentó imaginándose que podría ocurrir por colar munición que no era dentro de su maquina. Y más si son piedras, pequeña genio.


El caso es que el asunto tenía que terminar en algún momento, y más esos casos que son peleas fugaces aunque no lo parezcan. La cosa empieza intensa y tiene que terminar igual, como un buen donut relleno que deseas comer poco a poco y te acabas engañando a ti mismo al devorarlo de dos bocados permitidos y pecaminosos.
Le Chatte Blanche ayudada por la piedra de indirecta de la niña inventora, se despejó su mente y lanzó un ataque de arañazo contra su ex, algo muy normal entre ex-novias, vaya, pero como suele ocurrir en los hombres, no lo esquivan por ciertos masoquismos permitidos y pecaminosos, ea.
El francés sonrío a pesar del dolor en su cara y de la que imaginaba, acertando, que un hilillo de sangre la adornaría ahora mismo. Pero como buen combatiente, y que trabajar en un restaurante de lujo enseña mucho ahí donde lo veis, contraatacó aprovechando ese ataque enemigo, usando su servilleta-latigo contra el costado de la gata, cosa que solo la enojó más y como ex debería saber de sobra lo que ocurre en esas situaciones.
La lluvia de arañazos voló, no literalmente, si no que difícil, pero a la practica convirtieron al francés en una metáfora de hombre, cayendo al suelo en una duración de intensidad ya explicada. Aún protegiéndose el hombre a modo de escudo con su servilleta arma bien extendida por los brazos frente a él, no sirvió de nada mientras asimilaba su pronta caída a la vez que jirones de tela volaban alrededor.
La mujer gato como si en un guión lo pusiese o algo finalizó en una postura de brazos extendidos hacia atrás y cabeza gacha, quedando una bonita fotografía en tu mente de la derrota del maítre. Guay.



Tras un rato, a los lados de un Artur malherido sentado en el suelo, cayeron los dos cuerpos lamentosos de los guardias cocineros, lanzados con toda la delicadeza que puede tener una piña. Piño los había derrotado fácilmente, es lo que tiene ser grande y fuerte y molón.

Entre ays y penurias un tanto exageradas (ya sabéis como son los franceses), le Chatte se acercó a su ex y le exigió sin decir ni media lo que andaban buscando. Entre miradas andaba la cosa y el maítre habló con la mayor educación del mundo:

– Pega traidora... ¡hay manerás de pegdir las cosas! –se levantó con lentitud profesional y con las manos en la espalda comenzó el asunto de lo que habían venido a hacer aquí nuestros villanos–. El progfesor Storm se hayá implicadó en el tgrafico de agujegos neggros...

– ¿Papá sigue en esos asuntos? ¡Me mintió! –una revelación por parte de Fifí ya iba coloreando el cuadro que conformaba todo ese asunto.

– Ahora me dirás que se pueden traficar con esas... cosas –Jane fue ahora la de la lógica del momento.

– Pueg sí pequenyó insectó... –se arregló un poco el cuello de su traje–, a la gente se le dá lo que demangda. Si ellos quieguen estampitas del futból, pues estampitas de futból tendrán. Si por otro ladó quieguen faisán, ¡pues faisán con elló! No puedes ni imaginá la de cosas que nos llegan a pedir... la gente es muy cagprichosa, no tenéis ni ideá de lo que sufgre un pobgre mafiosó...

– Mon ami, imagino que estás al tanto de ese trágfico del que hablás... cuenta y quizá te agañe un poco menos... –Le Chatte y su amenaza sonaba a más porno que otra cosa.

– ¡No es de nuestra competengcia! ¡Lo jugo! De eso ya se encagga otra mafia... de la cual nos abstenemós lo suficiente como paga no sabeg nada de ellós... salvo lo que os he contado, clago... –tras estas palabra Le Chatte Blanche hizo un ademán de ataque, el hombre reaccionó un poco asustado. A partir de esa reacción la gata se relajó y miró a sus compañeras:

– No mienté... cgreo que seguimos igual que al pringcipio...

– Guay –esta expresión de Jane supuestamente tenía que haber sonado a sarcasmo, pero debido al cansancio y decepción se quedó en un “guay” tan neutral como el agua...



De vuelta a la base improvisada se encontraban nuestras protagonistas, por las calles de la ciudad sucia en hermosura por las luces de colores de negocios que alumbraban lo que asusta. Habían más mendigos que otra cosa ese día en las calles, probablemente por la huelga que estos montaban a menudo contra el ayuntamiento; la típica excusa para hacer botellón me temo.
En plan videoclip caminaban las cuatro, algo cansadas por el día y pensando en silencio todas cual sería el siguiente paso a dar aparte del que ya estaban realizando.


Pronto, el silencio les inundaría, solo salvado por sus pasos que casi sonaban a un unísono rítmico...







¡Cof!







Pero...

…el callejón se mostraba inquieto, tanto como lo suele estar un callejón, pero el instinto de maldad de las tres personas y media notaban algo en el ambiente, una contrapartida ya familiar. Sus sospechas se hicieron realidad cuando vieron la entrada de la puerta de su cuartel improvisado abierta, temiendo un intruso en su territorio. Antes de que pudieran entrar a ver que sucedía o incluso a decir algo o el instintivo “Sssss” para pedir silencio, una sombra en el tejado les gritó las respuestas que buscaban en esa oscuridad alentadora:

– ¡Por fin llegáis! ¿¡Esta es manera de tratar a los invitados!? –la sombra, antes de que pudieran decir nada, saltó desde su posición hasta el suelo en un rápido movimiento y quedando de pie de una manera casi alienigena. La sorpresa fue conjunta pues una persona normal se habría destrozado las piernas, eso confirmaba la naturaleza especial de la misteriosa sombra.

Como planificado, las villanas se pusieron cada una en postura de defensa esperando la obligada entrada a la luz de la única farola del callejón del invitado no invitado. Cuando sucedió, este seguía hablando:

– Tiempo hace Le Chatte... no esperaba mejor educación de ti, maldito animal.

– Atlas... –Le Chatte Blanche lo reconoció apenas se dibujaba su imagen en la luz, el atleta héroe que ya había afrontado en el pasado, un enfrentamiento del que ella salió victoriosa aún teniendo las de perder. Cabe decir que eso marcó la reputación del héroe cuando antes todos los demás vigilantes de la ciudad la habían derrotado aunque fuera jugando al parchís.

– Vaya... pensaba que serías de esas que olvidan las caras de los perdedores, como todos los demás... –el musculado hombre de traje ajustado colores azul y rojo con toques amarillo se cruzó de brazos e hizo como que pensaba. Su sonrisa dibujada era de disgusto pero parecía más interpretar que sentirlo de verdad.

– ¿Y quien es este mamarracho? –ya sabéis, Jane.

– Pegqueña Jenny, este mamarrachó es el duro por fuera pero flojeras por dentro de Atlas... antiguo miembrgo de élite del gimnasio de superhégoes... hasta que decidió abandonagrlo.

– ¡Me expulsaron!

– No es lo que dicén por aguí las buenas lenguas... uy, no me malintregpetes, jur.

– Sea cierto o no... he venido a buscaros precisamente por eso... voy a recuperar mi reputación... –Atlas ahora si que no parecía interpretar.

– El gimnasio está ya cerrado ¿no? –como sé que estáis atentos, sabéis que es Fifí–, ¿qué reputación hay que recuperar...?

– Eso ya da igual, los héroes siguen activos... principalmente ese maldito de Polo... –la inquina miró a un lado mientras aprieta un puño contra la palma de la otra mano.

– Oh... mister Pogo... –Le Chatte miró arriba recordando mientras ponía un indice en la barbilla–, …no hayg nadie como él con el juegó de “Lefritón”.

– ¡Ese bastardo! ¡Hijo de mil hienas! ¡Siempre que escucho su nombre, aunque esté pronunciado de manera extraña, me enciendo! ¡Pero se acabó! ¡Demostraré que sigo siendo de los mejores acabando con vosotras... a todas a la vez!

– ¿Tantas molestias para eso? –Jane no parecía preocupada para nada–. En ocasiones los buenos tenéis obsesiones e ideas más tontas que los malos... suponiendo de quien es quien el malo aquí... ¡allanador de moradas!

– Culpa vuestra por no estar en casa... –Atlas se mostró pasivo y concluyente, pero como si tuviese doble personalidad su actitud cambió de golpe–, ya que, ¡esto ya habría terminado hace rato! ¡Me desesperáiiis! –y vaya si demostró su desesperación cuando su puño cayó contra ellas, pero la esquiva del mal fue eficiente y el puño chocó contra el suelo a la vez que saltaban pequeños trozos de asfalto. Antes incluso que esas pequeñas piedras chocaran contra el suelo con lógica de inercia y gravedad, una patada flexible de la mujer gato se estampó por similares lógicas físicas contra el lateral de la cara del humano grande que suponía Atlas. Que error de felino confiado fue aquel, pues el brazo más grande que la media del héroe le agarró la pierna y la forzó de tal manera que obligó a Le Chatte a girar sobre sí misma si no quería andar con muleta por un buen tiempo. Esto supuso que girara en el aire y se estampara cabeza contra el suelo, cosa que su frágil cuerpo de felino saboreó muy mucho; dolores casi exagerados vinieron entonces.

Fifí se asustó y quedó paralizada al igual que Jane que intentaba asimilar y actuar en consecuencia, pero Piño por su parte fue al rescate de su líder con las sabiendas de estar más a la altura, también literalmente, del héroe intruso. Choque de músculos fue lo que se encontró, viendo que su confianza era algo arriesgada cuando su traje empezó a quebrarse por el abrazo de casi-oso de Atlas. Este sonrío confiado a la vez que un quebranto robótico proveniente del interior del traje de Piño indicó lo que había sucedido a su pesar de piña.
Solo quedaban las niñas que observaban como caía al suelo el cuerpo inerte de Piño mientras este/a les miraba toda apurada desde su escafandra, lamentando no haber sido de ayuda. Atlas no temía a las niñas, por lo que se sintió satisfecho asumiendo su victoria, que aún encima había sido rápida y precisa, muy admirable.



Le Chatte Blanche fue convirtiéndose en su forma gatuna poco a poco hasta incorporarse en sus pequeñas cuatro patas. Su monóculo roto cayó por lógica de sobra conocida terminando de romperse y separarse para forma una extraña obra de arte de pequeños cristales en el suelo. Le Chatte se mostraba tambaleante pero decidida a continuar aunque fuese en su forma de gato, demostrándolo al gritarle a Jane:

– ¡Habgrá que usá el útlimo recugso! –el gato que suponía ahora Le Chatte daba más bien pena aunque siempre fuera gracioso escuchar a un gato con acento francés.

– ¿¡Tan pronto!? ¡Estás loca! ¡No sabes controlarlo aún!

– Me da igual pequegña... es en estos momengtos de riesgó es cuando mejó salen las cosas. Ya debeguías sabegló... –mientras terminaba de decirlo, Jane hizo caso y mantuvo un botón en su cinturón, el cual activó un mecanismo que abría un pequeño rectángulo aparentemente de hierro en el propio cinturón. Jane lo cogió y lanzó a la gata moribunda. Atlas, que no es sordo ni ciego, actuó con lo que había percibido y se interpuso, sin cambiar de rostro apenas, en la trayectoria del objeto lanzado y la gata. Cual fue su sorpresa que el traje de la piña podía mover aún los brazos y le agarró las piernas para hacerle caer. De casi lo consigue pero Atlas pisoteó fuertemente los brazos del traje, una supuesta buena idea si no se hubiese convertido en error al caer perdiendo el equilibrio cuando una Fifí lanzada contra su pecho ayudara a ello. Mientras Atlas y Fifí caían el objeto llegó a su destino rozando por arriba y siendo agarrado finalmente por la boca de Le Chatte.
Ahora la imagen era más clara, el objeto se trataba de algo muy brillante, algo... con forma de probeta. Y así era pero rápidamente Le Chatte Blanche gato lo engulló con rápido movimiento de su mandíbula mamífera. Atlas había vivido demasiadas situaciones así como para esperarse algo bueno, una de esas situaciones que le dan la vuelta a la tortilla de la que él nunca llegaba a comerse. Intentó levantarse pero el traje de Piño se le abalanzó por encima cual zombie hambriento entorpeciendole la incorporación, eso, y una Fifí plantándose encima de su cabeza a la vez que pateaba sin mirar por el miedo.


Desearía haber sido comido por ese hipotético zombie cuando Le Chatte comenzó a brillar de forma azulada alternada de verdes. El cuerpo de la gata comenzó a cambiar, sobretodo su cráneo que creció exponencialmente hasta llegar a notarse sus venas en la cabeza. El último cambio fue desafiar las leyes del Universo al levitar sobre el suelo, quedando su cabeza como punto que arrastra y su cuerpo felino colgando como pelele. El brillo se fue para quedarse solo en sus ojos felinos, dando un respeto considerable a toda mente sana.
Atlas observó atónito aquello y cómo el nuevo ser que era la gata se acercaba sin apenas moverse volando a medio metro del suelo. Piño y Fifí estaban fascinadas, tanto que tardaron en darse cuenta como levitaban también alejándose lentamente del luchador derribado.
Antes de que hiciera nada, el héroe caído se vio golpeado por decenas de estelas de colores surgidas de un suelo no roto que lo elevaron con violencia, la trayectoria causada fue tal que cayó justo detrás de la nueva gata de extraña condición. El golpe fue tal que el silencio precedido fue intruso en la mente, decadente conforme se analizaba pero inevitable y palpable en su corta vida.

Que segura de sí misma se debía de sentir la gata especial que aún ni había dicho nada ni siquiera movido después de aquel sorprendente ataque, una actitud errónea que no le permitió protegerse del colérico Atlas dañado tanto físicamente como en ego que se incorporó rápidamente y agarró por detrás a la gata, realizando una presa de luchador profesional casi imposible de soltar. Atlas parecía ahora otra persona por el rostro de furia presentada, incluso las ropas rotas y medio calcinadas acompañaban ahora su rasgado interior de eterno perdedor que no permitía ya ni una más.
La llave de lucha fue rápida y de dos acciones, primero dejándose caer con su propio peso contra el suelo para dar el primer golpe aturdidor a su enemigo felino, para acto seguido saltar de manera casi imposible desde el suelo y ponerse de pie, todo para tomar impulso con las piernas flexionadas y saltar tanto como para intentar tocar el cielo. La caída que recibieron ambos fue enfocada principalmente para la gata atrapada entre los brazos del musculoso hombre, siendo tal golpe que cualquier persona normal quedaría con la mitad de sus huesos rotos. Una suerte que tuvo la hasta el final silenciosa gata, cosa que hizo confundir a los sorprendidos espectadores, que en su nueva condición increíble no se rompió ninguno, pero si que perdió el sentido sin poder evitarlo a la vez que vomitaba la probeta, por lo que por ello, mientras Atlas la soltaba de su presa, volvía a la normalidad del gato común.
Atlas se plantó para mostrar mejor su cuerpo medio quemado, vestía con un hasta hace poco traje pero ahora eran harapos que costarían lo suyo reparar. El triunfo del héroe fue tal que el fatalismo ahora en las mentes de las villanas levantó metafóricamente el brazo victorioso del rival, aquel que con persistencia había conseguido lo que quería.


Jane al fin reaccionó y con su palanca de controlar al robot volador, el cual siempre la acompañaba a corta distancia desde el cielo con silenciosas hélices, lo descendió para que cogiera la probeta. Atlas lo observó sorprendido y no pudo reaccionar a tiempo para evitar que acabara en la mano de Jane. Esta miró la probeta con un poco de asco al estar impregnada de baba de gato, hasta notaba cierto olor.
Su enemigo comenzó a caminar hacia ella, solo fue interpuesto por una Fifí medio lloriqueando y el traje de Piño que se arrastraba por el suelo para intentar de nuevo la estrategia de hacerle caer.
Los gritos de Fifí sonaban lejanos y acompañados por crujidos de un traje rompiéndose para liberar la desesperación y destino siempre injusto, o justo dentro de su extraña concepción, del villano que es derrotado. Jane sabía lo que tenía que hacer y comenzó a limpiar la probeta en su ropa de manera muy asqueada, lagrimas surgieron de su cara que hicieron correr un poco el rimel de su ojo izquierdo. Los ojos cerrados solo hacían que aumentar lo que escuchaba el oído, esos pasos que aún arrastrados se acercaban a ella, ese destino no querido que parecía inevitable.
Jane comenzó a frotar más fuerte la probeta, se hizo hasta un poco de daño en las manos, comenzó a llorar de manera desconsolada sin aún abrir los ojos, esperando que sus sollozos le tapara el sonido de lo que se acercaba, de esa parca musculada y férrea, como un intento de creer que al no escucharlo desaparecería para siempre.
Notó entonces la mano enorme cogiendo su cabeza, el instinto respondió metiéndose de golpe la probeta en la boca, engullendo de tal manera que se quedó asfixiada. Mereció la pena.


El brillo fue más intenso que con la gata, quizás por que el tamaño del cuerpo era más grande o porque los sentimientos del momento eran más emocionantes. Pero Atlas supo entonces que nunca hay que coger de la cabeza a un niño, y menos con objetos peligrosos en las manos, aunque fueran pistolas de agua, que rayos.
Otro surgir de colores del suelo agarró de las fuertes piernas al luchador, el cual notó que perdía el equilibrio pero que aún así no cayó, se mantuvo en la posición imposible. Sorprendiéndose entonces por lo que ocurría frente suyo, el como la cabeza de esa niña de estética gótica crecía de manera preocupante, el como se notaban las venas en su sien, como las lágrimas negras formaban un conjunto con sus ahora ojos brillantes que definían el mayor horror que probablemente había visto nunca. Jane sin embargo no se elevó levitando del suelo, pero si hizo alarde de imposibles cuando su robot se movió sin apenas tocar nada, ni mirarlo siquiera. Que golpe debió de dar la esférica maquina voladora para romperse como si nada contra la cabeza del héroe atrapado.
Jane ni se inmutó, al contrario que Fifí y Piño que parpadearon y se reclinaron ante el violento golpe. Es más, era como si una barrera protegiera a Jane cuando los trozos de metal la esquivaron en su trayectoria.


Es entonces que la niña se miró las manos y habló:

– Ahora lo entiendo... entiendo tantas cosas... –su voz era la misma pero no expresaba emoción alguna–, ...esta vida ya no tiene misterios... que sufrimiento se guardaba siempre dentro de Alis... –miró arriba poéticamente–, ...dolor... –esta última frase no correspondía a su monólogo ya que realmente sentía dolor aunque no lo aparentara, todo por el brazo insistente de un Atlas que la agarraba desde el suelo, dispuesto a cometer la locura que fuera por ganar.
El instante apagó la conciencia de Atlas, el segundo que pudo recordar antes de acabar en un tejado lejano fue el de levitar aún sin tener ese superpoder. Un segundo que le permitió ver una especie de simio persona que no había visto antes, que probablemente fuera quien le mandara lejos y le dejara con un par de huesos rotos en aquel tejado que seguramente le tocaría pagar aún sin tener culpa.


Jane era ahora un ser omnisciente en apariencia, Fifí no podía arriesgarse a descubrirlo si también lo era por dentro. Vio como su amiga comenzó a elevarse conforme sus ojos cada vez brillaban más, una mala espina le advirtió aún sin tener esa madera de heroína que hace falta. Sus temores se confirmaron conforme Jane comenzó a hablar:

– Es hora de curar al mundo... de ordenarlo y darle la oportunidad que siempre ha creído tener –la semi-diosa de ancho cráneo generó brillo en sus manos. La mala espina de Fifí estaba ahora al límite.
Cuan caprichoso es el instinto que siempre suele hacer lo correcto y sin jamás pedir permiso, Fifí con Piño en mano, recordó cuando jugaba al fútbol americano en el colegio. Eran juegos de niños, pero alguna vez tal actividad tenía que convertirse en un asunto adulto. Ese algo a tomarse en serio era ahora; chupaos esa compañeros de clase, seguro que vuestro primer partido serio no será así.
Fifí se preparó, Piño bajo el brazo y el otro extendido hacia delante para placar al adversario. La carrera fue sin planificar, directa y a lo que saliera, un riesgo necesario. El placaje a Jane fue duro, Fifí aún siente hoy en día pequeñas punzadas de dolor de tal colisión. La piña fue directa al estomago de Jane, con violencia, con una Fifí derribando por arriba, alcanzando el objetivo y apuntándose un tanto gracias al gran salto que logró. El resto fueron angustias por parte de Jane y de nuevo esa asfixia...


Cuando la conciencia volvió, Jane estaba en el suelo sin entender nada. Su primera imagen fue la de Fifí llena de moratones y con Le Chatte en brazos, la cual parecía descansar. Por el otro lado creando una imagen simétrica estaba la piña sin su traje sonriendole. Jane no se alegró tanto en su vida de ver el diente de esa fruta diabólica. Parecía también tener moratones sin embargo.
De pronto cayó en la cuenta y se incorporó con medio cuerpo buscando la probeta de Alis, la halló enseguida colocada en su cinturón, como si realmente nunca hubiese salido de ahí. Confusa no quiso hacer preguntas y cerró el pequeño compartimento del cinturón para que, incluso la probeta, descansara. Terminó por levantarse y cogió con el brazo a la piña y con el otro lo pasó por encima de Fifí. Sonrió con sabor a victoria y marchó lentamente cojeando con sus amigas a la base, a saber que trastadas habría hecho dentro aquel musculitos descerebrado...





El musculitos descerebrado Atlas, en el tejado, de tanto dolor recibido ya ni sentía nada, así que se dejó llevar y observó el cielo desde su condición, dándose cuenta lo hermosa que era la luna esa noche y el tiempo que hacía que no se quedaba a contemplarla... varios poemas improvisados surgieron en su cabeza, despertándose el sensible hombre que realmente era, ese de antes de dedicarse a entrenar tanto el cuerpo y tan poco la mente y el alma. Aquel hombre que quizás realmente tenía que haber sido y lo equivocado que estaba su camino durante esos años. Eso explicaría tantas cosas...”





Y aquí se despide vuestro cuenta cuentos favorito (mentira), esperando que hayais disfrutado de este cuento para malvados que se salen con la suya. ¡No seas uno de ellos! O te verás obligado a probar saliva de gato con tal de ganar...



Y bien mis apreciados amigos, ¿qué cuento preferís que os narre ahora? ;)



Texto dedicado a los creadores de este super grupo de villanas tan peculiar, los cuales son Red_bat con su gata francesa Le Chatte Blanche. Dr-Fleibur y su monstruosa versión de Gazpacho, aquí bautizado como Piño. Neyebur da el toque poderoso gracias a su Alis o AL15, la simia por ahora en estado de hibernación. Fosforo salva el día gracias a su genial Fifí Storm. Y por último el autor Reebok/Sayer que creó a la sesuda Jane Celsius.



¡Gracias por leer! Aquí tenéis más relatos por si os interesa saber más sobre este universo:

Una historia aparte; Ocupo tu Lugar, no te Preocupes

Una historia aparte; Derrota y Victoria

Maldiciendo: al acento francés y lo difícil que es representarlo

Comiendo: letras y más letras

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    1. Avatar de Nubis
      Nubis dijo el 06/02/2012

      @Red_bat: Te ha faltado el acento francés xD
    2. Avatar de Red_bat
      Red_bat dijo el 03/02/2012

      Miau.
    3. Avatar de Nubis
      Nubis dijo el 31/01/2012

      @Fosforo: Aparte, una respuesta un poco escueta, ¡necesito crítica constructiva! xD Mientras salen en el webcómic es lo mejor que puedo hacer por ellos :)
    4. Avatar de Nubis
      Nubis dijo el 31/01/2012

      @Dr-Fleibur: Con el Señor Helio tengo pensado que hacer, lo que pasa que no sé cuando meterlo en la historia xD Encantado de darte ideas :) Los autores nos hemos tomado libertades pero siempre respetando el espíritu original del creador ;) Y eso es, Piño sigue siendo igual pero ya viste en el Hype, un tanto más robótico y Hulk el colega xD

      @Fosforo: Aquí la única cachonda es la gata ¿eh? xD
    5. Avatar de Fosforo
      Fosforo dijo el 31/01/2012

      Muy cachondo
    6. Avatar de Dr-Fleibur
      Dr-Fleibur dijo el 31/01/2012

      Me ha encantado la historia, por un momento he pensado que Atlas era el Señor.Helio cuando se ha referido al gimnasio.
      Por otra parte muy buena manera de reutilizar a Gazpacho, me has dado ideas para el personaje por si algún día continúo con Fuerza Fruta. :)