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  • "La gloriosa epopeya de la zarina Ekaterina I de la Horda Polar", ya a la venta./

    Escrito por Platov el 16/11/2016
    ¡Saludos, gentes de Subcultura!

    Escribo este post en el blog para avisaros de que mi primera micronovela, "La gloriosa epopeya de la zarina I de la Horda Polar" está ya a la venta en Lektu.

    Para aquellos que no sepan de qué va esto, es una compilación de los relatos protagonizados por susodicha emperatriz que publiqué en Subcultura. Claro, podéis decir: "Pero si ya están en Subcultura, ¿para qué voy a pagar para leerlos, eh?". Pues porque vas a tener todos los relatos en una sola publicación, revisados para acabar con ciertos agujeros en la trama, sin faltas de ortografía (bueno, alguna se me habrá escapado), mejora de estilo y cambios en el guión.
    Y si eso no es suficiente, viene con una portadaca hecha por el mismísimo Cano.

    Así que, ¿a qué estáis esperando?
  • Un relato de piratas./

    Escrito por Platov el 22/06/2016
    ¡Saludos, gentes de Subcultura!
    Sí, lo sé: hace siglos que publico nada en el blog, tan solo los enlaces a los relatos que me publican en INARI. Es el precio que tengo que pagar por hacer mi tesis. El trabajo que me conlleva hace que se me reseque la inspiración. De hecho, llevo unos días desesperado porque no se me ocurre nada potable.

    El relato que vais a leer a continuación se me ocurrió el mes pasado, siguiendo aquel consejo de que si no se te ocurre nada, escribe lo primero que se te pase por la cabeza o, en su defecto, algo de lo que nunca hayas escrito. Y si hay un género que nunca he tocado es el de las historias de piratas.
    Así que aquí os ofrezco este relatejo. Ya sabéis que las opiniones y críticas serán bien recibidas. ¡Fuerza y Honor!

    -¡Ah, el embriagador perfume de la brisa marina! No existe nada mejor en este mundo. ¿Verdad, Ballester?- preguntó el capitán del Venganza Divina a su segundo de a bordo.
    -No sé qué deciros, capitán. Hay cosas mejores que este maldito olor a agua salada- contestó el joven a su superior.
    -¿Cómo? ¿Acaso no os gusta la mar?- el capitán Caballero estaba consternado al escuchar aquello que había salido de los labios de su subordinado-. Entonces, ¿por qué os enrolasteis en la Armada de Su Majestad el Rey de las Españas?
    -Por la paga, señor. Prefiero adentrarme en este infierno líquido por unos pocos doblones que vivir en tierra firme sin una moneda en el bolsillo.
    -Curioso razonamiento- dijo el capitán entrecerrando los ojos.
    -No sé si eso ha sido un cumplido, señor.
    -No lo ha sido, Ballester.
    -Lo suponía.

    El galeón surcaba las aguas del Caribe con el viento a favor.
    Su quilla partía las olas como lo hace un cuchillo bien afilado con un montón de mantequilla. Nada podía pararlo. Era el Venganza Divina, la nave más rápida, temida y respetada de toda la Armada Española. Ningún otro barco podía hacerle frente y eso le hacía sentirse orgulloso a su oficial al mando, el capitán Juan Caballero. Acompañado por su segundo, Federico Ballester, divisaba el azulado horizonte que se extendía delante de la proa del barco. De repente, el vigía lanzó la voz de alarma. Por el costado de estribor había divisado un barco dirigiéndose hacia ellos.
    -¿Habían personas en todo el imperio y tenían que poner de vigía a un tipo que cecea?- gruñó Ballester.
    -Su Majestad quiere ofrecerle el mismo trato a todos aquellos súbditos que quieren formar parte de su gloriosa armada, independientemente de sus defectos en el habla- explicó el capitán Caballero.
    -Pues se ha coronado.
    -Ballester, no le veo la gracia a vuestro juego de palabras. Haced algo de provecho y pasadme mi catalejo.
    -Lo lleváis atado al cinto, señor- contestó el segundo de a bordo señalando el objeto que pendía de la correa que rodeaba la coraza de su superior.
    -¡Oh! Gracias, Ballester. Algún día llegaré a perder la cabeza- con un ágil gesto desplegó el utensilio óptico y se puso a otear en la dirección que le había indicado el vigía-. Bien. ¿Quién es el infeliz que osa enfrentarse al Venganza Divina y a su aguerrida tripulación?
    El capitán Caballero consiguió distinguir la nave desconocida. Miró su pabellón.
    -¡Ajá! Creo que esto se va a poner interesante, Ballester. Muy interesante- comentó.
    -Muy bien, capitán, pero si fuerais tan amable de dejar que mirara a través del catalejo para intercambiar impresiones...- dijo Ballester.
    -¡Oh, sí! Tomad y dadme vuestra opinión- dijo el capitán mientras le pasaba el instrumento a su subordinado. Ballester miró a través de la lente y, al ver el pabellón rojo sangre con una calavera que sujetaba una rosa con sus dientes, exclamó un sonoro “¡Puñetas!”. El capitán sonrió.
    -Creo que le acaba de impresionar.
    -¿Impresionar?- gritó histérico Ballester-. ¡Por el amor de Dios! ¡Es Charlotte Wyvern! ¡La corsaria a las órdenes de la Reina de Inglaterra! ¡El terror del Caribe! ¡Dios! ¡Fue capaz de saquear ella solita con un solo barco la flota del tesoro del Rey de Francia!
    -¡Oh, vamos, Ballester! ¿No me diréis que un marino español le tiene miedo a una doncella que pilota una cáscara de nuez bajo las órdenes de esa reprimida pelirroja inglesa?- dijo el capitán con una sonrisa socarrona.
    -Os repito que estoy aquí solo por la paga.
    -¡Minucias, Ballester! Debemos enfrentarnos con valor a todo lo que el destino nos lance. Además, pensad que si ella sola pudo con la flota del tesoro francesa es porque su armada está compuesta en su mayoría de afeminados.
    -No sé qué deciros después de encontrarme a dos de nuestros marineros en pleno acto, señor.
    -Esos marineros fueron ajusticiados por sus actos pecaminosos, Ballester. ¡Y no me cambiéis de tema! Vamos a enfrentarnos a Wyvern como miembros de la tripulación del mejor barco de la mejor armada que ha conocido el mundo- ordenó el capitán.
    -Sí, señor- contestó el segundo de a bordo entre dientes mientras le devolvía el catalejo a su superior.
    -Muy bien. Ordenad zafarrancho de combate. Quiero ver a todos nuestros hombres en sus puestos y que el cirujano de a bordo se prepare para tratar a los posibles heridos.

    La brisa marina que tanto le gustaba al capitán Caballero fue inundada por el inconfudible aroma de la pólvora cuando comenzaron las hostilidades.
    El ruido de las deflagraciones, las maldiciones lanzadas por los tripulantes y el silbido de las balas elevaron el espíritu del comandante del Venganza Divina, que no paraba de dar órdenes y arengar a sus hombres empuñando su estoque. En cuanto a su subordinado, el segundo Ballester se encontraba mordiéndose las uñas. Una parte de su cerebro deseaba que el capitán hiciera uso de su sentido común y diera la orden de huir lo antes posible. La otra pensaba en los honores que podría recibir si conseguían capturar o aniquilar a la mismísima Charlotte Wyvern. Por honores se refería a ingentes cantidades de oro, algún que otro título nobiliario y un ascenso a capitán que le reportaría más ingentes cantidades de oro. No obstante, por mucho que le tentara el dinero y la fama, la primera opinión prevalecía sobre la segunda. Nadie había sobrevivido a un ataque realizado por la corsaria inglesa y por mucho que el Venganza Divina fuera el mejor barco de toda la armada, sabía que lo más probable es que acabarían en la cola para visitar a San Pedro. Una explosión, que se llevó por delante una de las bordas del barco, roció a varios tripulantes con una lluvia de afiladas astillas que atravesaron sus cuerpos como si estuvieran hechos de papel.
    -Esto se tiene que acabar- gruñó Ballester. Con paso firme, se dirigió a la cubierta superior del castillo de popa, donde se encontraba el capitán dando instrucciones al timonel-. Capitán, estamos sufriendo daños considerables. No creo que la tripulación y el barco resistan mucho más.
    -¿Daños, Ballester? ¿A qué daños se refiere?- cuando el capitán terminó su pregunta, unas balas encadenadas atravesaron la cubierta de estribor a babor a toda velocidad, partiendo en dos a varios miembros de la tripulación y haciendo que el palo mayor cayera con un poderoso estruendo.
    -¿Tal vez algo como eso, capitán?- dijo el segundo señalando al mástil desarbolado, visiblemente enfadado.
    -¡Eso es imposible, Ballester! Somos el mejor barco de la armada- contestó el capitán, incrédulo ante lo que estaba viendo.
    -Eso está muy bien para informar al gobernador, señor, pero la realidad es bien distinta. ¡Wyvern nos está vapuleando de lo lindo!
    -¿Y queréis que nos retiremos? Eso es imposible sin el palo mayor, Ballester.
    -¡Lo sé, capitán! Como vuestro segundo os aconsejaría rendiros. Tal vez Wyvern nos dé cuartel.
    La sorpresa y el odio inundaron el rostro del capitán. Sobre todo el odio. Su mirada podría haber lanzado un rayo que hubiera fulminado a Ballester en el acto.
    -¿Cómo osáis si quiera pensar en rendirnos? ¡Un marino español nunca se rinde! ¡Jamás tomaré esa decisión, Ballester! Ahora veo que no era un chiste lo de que solo estabais aquí por la paga- enfadado, Caballero bajó los escalones a grandes zancadas. Ballester intentó que entrara en razón.
    -¡Pero, capitán, por favor! ¡Vuestros hombres están sufriendo!- gritó desesperado.
    -¡Calláos, cobarde, si no queréis que os mande arrestar!- contestó Caballero completamente furioso, amenazando a su segundo con su estoque-. Que conste que no pienso informar al gobernador de vuestra cobardía por el aprecio que os tengo.
    -Pero...
    -¡No hay peros que valgan, Ballester! El deber de todo marino es...- y en ese preciso instante, una bala convirtió la cabeza del capitán Caballero en pulpa rosada. El cadáver decapitado se desplomó sobre la escalera de acceso a la cubierta superior del castillo de popa como un saco de patatas.
    -¿Tenía que ser precisamente hoy cuando perdiera la cabeza por completo?- gritó iracundo Ballester mientras pateaba el suelo.
    El timonel se le quedó mirando.
    -¿Y tú qué miras?- le inquirió el segundo.
    -Eh... Señor... Veréis... Dado que el capitán Caballero ha muerto, ahora sois vos el nuevo capitán del Venganza Divina- dijo el hombre.
    Ballester se quedó callado asimilando aquella información que acababa de recibir. Acto seguido, se cuadró con aire de distinción.
    -Muy bien, timonel. He aquí mis órdenes.
    -¿Cuáles, señor?
    Ballester descendió las escaleras haciéndose a un lado para no pisar el cadáver de su malogrado superior. Con mucho cuidado para no resbalar con los restos de sesos y carne de lo que fuera en otro tiempo la cabeza del capitán Caballero, se dirigió con paso firme al camarote de éste. A los pocos minutos salió enarbolando una sábana blanca atada a una improvisada asta hecha con una alabarda decorativa que el capitán tenía colgada en una de las paredes de su estancia.
    -¡Nos rendimos!

    El Venganza Divina y el Dead Lover, el barco de Wyvern, estaban perfectamente alineados en paralelo. Una pasarela de madera permitió que la tripulación del segundo pudiera subir al primero.
    Ballester se encontraba enfrente de la tabla, con su tripulación a ambos lados. Varios corsarios saltaron a cubierta. El último de ellos fue la propia Wyvern. La pirata mostraba una sonrisa en sus labios mientras se acercaba al nuevo y flamante capitán del galeón español.
    -Espero que no necesite un intérprete. ¡Oh, dios! Espero que no necesite un intérprete- decía entre dientes Ballester.
    -¡Oh, no os preocupéis! Entiendo vuestro idioma- dijo Wyvern en un correcto español-. Os sorprenderíais de la cantidad de paisanos de vos que forman parte de mi tripulación.
    -¿Les pagáis más?
    -¡Por supuesto que sí! Además, mi patria ofrece más libertad que la vuestra. ¿Y bien? ¿Sois vos el capitán del supuesto mejor barco de la Armada Española, Juan Caballero?
    -No. Soy Federico Ballester, su segundo. Si queréis ver al capitán Caballero, su cabeza está diseminada por toda esa sección de la cubierta- señaló al lugar donde reposaba el cadáver sin testa de su superior.
    -¡Oh, es una pena!- dijo Wyvern con un falso gesto de congoja. Al segundo, sonrió-. Entonces, eso significa que sois el nuevo capitán del barco.
    -Por desgracia, sí- dijo Ballester con un suspiro.
    -¡Oh, no tenéis porqué avergonzaros! He visto a almirantes suplicarme de rodillas con lágrimas en los ojos que no los mate. Incluso alguno de ellos se ofreció como nuevo miembro de mi tripulación a cambio de perdonarles la vida.
    -¿Y vos qué dijisteis?
    Wyvern se encogió de hombros.
    -Nada.
    -¿Nada?- preguntó Ballester.
    -Sí. Les dije que nadaran hasta el puerto más cercano. Obviamente, ninguno sobrevivió a tal travesía- los corsarios de Wyvern que entendieron lo que acababa de decir su capitana se echaron a reír.
    -Algo me decía que había gato encerrado en vuestra declaración- dijo Ballester.
    -¿Y vos? ¿Me teméis?- preguntó Wyvern después del ataque de risa.
    -La verdad es que estaría loco si no os temiera, capitana Wyvern.
    -¡Oh, vaya! Un oficial de la armada española sincero. Eso me gusta.
    Ballester se sorprendió.
    -¿En serio?
    -Tan en serio como que es de día. Decidme, ¿por qué os enrolasteis en la armada?
    -¿Sinceramente? Por la paga- contestó Ballester con toda franqueza.
    Los ojos de Wyvern se iluminaron con el poder de la ilusión.
    -¡Por fin! Un marino pragmático.
    -Gracias, capitana.
    -No hay de qué. ¿Sabéis? Me habéis caído bien.
    Ballester puso gesto desconfiado.
    -No sé si creeros. Me veo nadando en el Caribe en este preciso instante.
    La sonrisa de Wyvern se borró de su rostro.
    -¿No me creéis?- su voz rezumaba seriedad.
    -Ni una sola palabra- contestó el nuevo capitán.
    La corsaria volvió a carcajearse.
    -¡Ay! ¡Y sabe cuándo estoy mintiendo! Es cierto. No pienso perdonaros- con un gesto de su mano, la tripulación enemiga tomó todo el barco. Los marineros españoles que intentaban resistirse fueron atravesados con afiladas espadas. Los que no, fueron lanzados al agua, incluido Ballester. Mientras se mantenía a flote, pudo ver a Wyvern asomándose por la borda.
    -¿Sabéis cuánto me pagará Su Majestad la Reina cuando lleve al Venganza Divina a puerto?- su cabeza desapareció entre risas.
    Sin poder hacer nada, Ballester contempló como los piratas ingleses lanzaban cabos para remolcar al galeón. Conforme pasaron las horas, tanto la nave de Wyvern como el mejor barco de la Armada Española se alejaban lentamente hacia el horizonte.
    -Ya lo decía mi santísima madre: “Tu obsesión por el dinero te llevará a la ruina”- gruñó Ballester-. ¿Quién me mandaría a mí alistarme?
  • ¡Alerta! ¡Biomáquina detectada!/

    Escrito por Platov el 16/06/2016
    Saludos, gentes.

    Os anuncio que, como casi todos los meses, me han publicado un nuevo relato en la revista INARI.

    En un futuro retro (sí, así de monotemático soy), la Tierra está siendo atacada por unas gigantescas criaturas mitad orgánicas, mitad máquinas que arrasan con todo lo que encuentran a su paso. Ningún ejército puede hacer frente a ellas.

    ¿Ninguno?
    Cuando la desesperación llega a los corazones de la gente, la "Unidad de Defensa Mecanizada" desplegará sus enormes robots de combate para hacer frente a la horrible amenaza llegada del espacio exterior.

    ¿Queréis uniros a ella?
  • Robots cuentacuentos./

    Escrito por Platov el 18/04/2016
    ¡Madre del amor hermoso!
    ¿Cuánto tiempo llevo sin tocar el blog?

    No pasa nada gentes porque vengo con un nuevo relato que he publicado en INARI. Se llama "Un cuento para dormir".

    Pasaos, vedlo y decidme qué tal os parece.

    ¡Gracias!
  • Algo mítico./

    Escrito por Platov el 15/02/2016
    ¡Saludos, gentes del lugar!

    Hace tiempo (eones, más bien) que no actualizo el blog. Pues esta es una buena ocasión para ello porque he publicado un relato en INARI titulado Lupa. Es de cosas mitológicas romanas de esas. Tal cual.

    Espero que os guste y ya sabéis que las opiniones son siempre bien recibidas.

    ¡Fuerza y Honor!
  • El monstruo de Westphal./

    Escrito por Platov el 15/10/2015
    ¡Saludos, señores y señoras de Subcultura!

    Acaba de salir el nuevo número de la revista INARI. Sí, me han vuelto a publicar un relato. Deben de tenerme ya aborrecido. El caso es que si os hace, podéis echarle un vistazo. Es de cosas paranormales. Y nazis. Paranazis. Nazinormales. Lo que sea.

    Espero que os guste.

    ¡Fuerza y Honor!
  • Solo quería un trago./

    Escrito por Platov el 29/09/2015
    Si, soy yo.
    ¿Cómo lo lleváis?
    Hace siglos que no actualizo el blog con relatos ni nada que se le parezca. El verano es malo, amigos. Por suerte, el otoño ha llegado y eso significa que la inspiración ha vuelto. He aquí un nuevo relato protagonizado por un personaje que ya he utilizado antes: el señor Albrecht von Tempelhoff, nigromante a tiempo completo.
    Espero que os guste y que me deis vuestra opinión. Ya sabéis: qué está mal, qué puede cambiarse y qué debe dejarse como está.
    ¡Fuerza y Honor!

    -Albreeeeecht...
    -¿Qué?- preguntó irritado el nigromante.
    -Tengo hambre- contestó su aprendiz con pena en su rostro.
    -Himilce, ¿no se supone que eras tú la que iba a cocinar mientras estuvieras a mi servicio?
    La sidhe miró hacia otro lado con gesto avergonzado.
    -Ya pero es que en mitad de un camino no puedo cocinar.
    Albrecht von Tempelhoff, el más temido de los nigromantes de todo el continente, se dirigía hacia su nuevo destino, una reunión de practicantes de las artes oscuras, cuando su aprendiz se puso de esa manera a implorarle comida. Johann, el cráneo familiar del cait, resopló.
    -Te dije que no la aceptaras como tu aprendiz, amo.
    El cait miró al cráneo parlante con gesto cansado.
    -Por favor, Johann, me duele la cabeza. No empieces tú también.
    -Albreeeecht...- Himilce otra vez.
    -¡¿QUÉ?! ¿Es que no puedo viajar tranquilo?
    -Es que allí hay un pueblo- la sidhe señaló a un grupo de casas apiñadas en una colina cercana. Las ventanas relucían en la noche como pequeñas luciérnagas. Albrecht pensó durante un rato y habló.
    -Bien, Himilce, seguro que tendrán una taberna o casa comunal. Si vamos allí, ¿me dejarás en paz el resto del viaje?
    La sidhe asintió con una amplia sonrisa.
    -Está bien. Vamos allá. Esta noche no tengo ganas de líos, así que intentaremos pasar desapercibidos. Johann, ya sabes.
    -¡Argh! Odio esto- el cráneo se volvió vaporoso y se metió en un pequeño frasco que Albrecht cerró con un tapón. Lo escondió en su zurrón de viaje.

    De las dos opciones que Albrecht se había planteado, la primera fue la acertada.
    La taberna de aquel pequeño pueblo era un lugar acogedor. Disponía de una chimenea central que calentaba el lugar y permitía que los viajeros pudieran despertar sus ateridos miembros del frío de fuera. Una barra de sólida madera salía de una de las paredes, haciendo forma de ele. Lámparas de pie con infinidad de velas iluminaban los recovecos donde la luz del fuego de la chimenea no llegaba.
    -Bueno, Himilce, no es un mal lugar, ¿no crees?- dijo Albrecht.
    -Meh... En Centenaria las había mejores- contestó la sidhe desapasionadamente.
    -Es solo una taberna de pueblo. En fin, pide lo más barato que haya.
    -¿Y tú, qué? No vas a tomar nada.
    -Pues un vaso de vino si que me tomaría. Tengo la garganta reseca.
    El nigromante y la aprendiz se sentaron a una de las escasas mesas libres. Parecía que el lugar tenía fama en aquella región. Gentes de todas las razas comían, bebían, hablaban y cantaban con alegría y fruición. La camarera se acercó para tomarles nota.
    -¿Cuál es la comida más barata que tenéis?- preguntó Himilce.
    -Sopa de pollo- contestó con una sonrisa la camarera.
    -Pues tráeme una pata de cordero.
    -¡Himilce!- gritó enfadado Albrecht sin levantar mucho la voz.
    -¿Qué? La sopa de pollo no es suficiente para aplacar mi hambre leonina. ¡Groar!- contestó la sidhe imitando el gesto de un león.
    -¡Bien! ¡Muy bien! Para mí, un vaso de vino. Grande.
    -Muy bien, señor- la camarera se fue a la barra para dar la comanda al servicio de cocina, situado detrás de una ventanilla.

    Himilce atacaba la pieza de carne como si de una leona se tratara, llenándose la comisura de los labios y la barbilla de grasa y aceite.
    -¿Puedes comer como una persona normal?- le espetó Albrecht.
    -¿Por qué?- la sidhe contestó con la boca llena de comida, lo que hizo que a su maestro le entrara una arcada- Eres muy fino para ser un...
    -¡Chist! No digas eso. ¿Qué es lo que te dije antes de venir aquí?
    -Que no querías meterte en líos.
    -Bien, veo que vas aprendiendo y si soy fino, es que tuve una estricta educación, como la de cualquier noble.
    Esto último fue escuchado por un redcap que se encontraba sentado en la mesa de al lado. El ser de afilados dientes se dirigió al cait, quitándose el sombrero en señal de respeto.
    -Perdonad, señor. No he podido evitar oír que sois de noble cuna y me gustaría presentaros mis respetos.
    Albrecht alzó la mano con gesto de indiferencia.
    -No, por favor, señor. No tenéis que hacer eso.
    -No, mi señor, insisto. Es raro ver aristócratas viajando con tan agradable compañía por esta parte de la región- hizo una pequeña reverencia a Himilce.
    -¡Oh! Simplemente, estoy aquí de casualidad. Me pillaba de paso.
    -Y, si no es molestia, ¿a dónde os dirigís? Tal vez pueda acompañaros si nuestros caminos coinciden. Sería un honor para mí.
    -A ningún sitio donde podáis acompañarme, señor. Ya sabéis, asuntos de nobles- el cait estaba harto de la conversación y quería zanjarla lo más pronto posible.
    -¡Ah! En ese caso, disculpad mi atrevimiento. Os dejo tranquilo para que podáis disfrutar de esta velada. Que tengáis un buen viaje.
    Albrecht suspiró aliviado al ver al redcap volver a su mesa pero cuando fue a dar otro sorbo de su bebida, éste se dio media vuelta y volvió a dirigirse hacia él.
    -Perdonad que vuelva a interrumpiros, mi señor, pero es que tengo una última duda. ¿De dónde sois?
    El cait comenzó a ponerse nervioso.
    -De un lugar muy lejano y, ahora, si me disculpáis.
    -Veréis, decís que sois de noble cuna pero, que yo sepa, el único lugar donde los cait son soberanos es en la Baronía de Katzbalger. ¿Acaso sois familiar del Barón Von Tempelhoff?
    A Albrecht se le hizo un nudo en la garganta que le impedía tragar el vino. Intentó quitarse al redcap como fuera. Es más, quería lanzarle algún hechizo para que muriera en el acto pero eso hubiera llamado demasiado la atención. Por su cabeza pasaron mil excusas diferentes.
    -¡Toma! Como que es su hermano.
    Al oír esto, Albrecht giró lentamente su cabeza hasta mirar a Himilce. La sidhe se le quedó mirando con gesto estúpido.
    -¡Ups! He metido la pata, ¿verdad?
    -¿Su hermano? Sé que el legítimo heredero al trono, hermano del barón, fue expulsado por practicar la nigromancia pero...- el rostro del redcap se puso blanco como la nieve al llegar a la conclusión de su razonamiento- ¡OH, DIOSES! ¡ES ALBRECHT VON TEMPELHOFF!
    De forma súbita, las risas y la algarabía se tornaron en silencio. Todos los presentes miraron a la mesa donde se sentaban el nigromante y su aprendiz. El nombre de Albrecht pasó de boca en boca. Primero, como un susurro de sorpresa. Después, como un grito de puro y desquiciante terror. Todos los presentes se levantaron al unísono. Sillas tiradas, mesas volcadas, codazos, insultos y gritos de histeria, todo para poder salir de ese lugar lo antes posible. El tabernero y sus empleados se escondieron detrás de la barra, buscando la más mínima protección. El local se vació en cuestión de segundos.
    El nigromante miró a su ayudante con gesto de resignación.
    -Solo quería un trago para aclarar mi garganta. ¿Tan difícil, repito, tan difícil era que mantuvieras la boca cerrada?
    -Yo... Lo siento, Albrecht- dijo Himilce arrepentida de su fallo.
    -Sintiéndolo no vas a arreglar nada. En fin, será mejor que pague y nos vayamos de aquí antes de que las cosas se pongan difíciles.
    El cait se levantó y se dirigió a la barra. Allí estaba el personal de la taberna y su jefe, temblando.
    -¿Tabernero?- preguntó Albrecht. Los empleados de la taberna, en un gesto de supervivencia que podría costarles su empleo, empujaron a su jefe para que diera la cara. El hombre se levantó, completamente muerto de miedo.
    -So... soy yo.
    -¡Ah, bien! Mi aprendiz y yo nos marchamos. ¿Cuánto cuestan una pata de cordero y un vaso de vino?
    -Oh... N... Nada... Para vos, son gratis. Es más, podéis tomar todo lo que queráis y quedaros todo el tiempo que preciséis. To... Todavía mejor... La taberna es vuestra- el tabernero rebuscó en su mandil y sacó un manojo de llaves-. ¡Tomad! Podéis hacer lo que queráis con ella pero, por favor, no me convirtáis en uno de vuestros sirvientes no muertos.
    -Está claro que el miedo os está nublando el juicio, buen hombre. Solo quiero pagaros por los servicios requeridos y marcharme.
    -¡Nadie se va a marchar de aquí!

    Quien había dicho eso último era el alguacil del pueblo, que había entrado al lugar escoltado por un grupúsculo de guardias armados con picas. Al parecer, uno de los habitantes del pueblo lo llamó ante el escándalo generado por la marabunta que huía del local. No fue difícil sonsacarle al último de los clientes que huían del lugar el porqué de todo ese jaleo. Albrecht se dirigió hacia el brownie.
    -¿Quién se supone que sois vos?
    -Soy Sven Fredrikssen, alguacil de esta población y, como representante de la ley imperial, yo os detengo en el nombre del emperador, Albrecht von Tempelhoff, por practicar artes oscuras y usarlas para vuestros beneficios. Por vuestros execrables crímenes seréis llevado a una celda, donde esperaréis hasta la llegada del obispo para que inicie el proceso por el cual moriréis en la hoguera. ¡Guardias, prendedle!
    Los guardias avanzaron hacia Albrecht, picas en ristre. El nigromante se llevó la mano a la cara y suspiró.
    -Está bien. No quería hacerlo pero...- se dirigió a su aprendiz-. Himilce, ¿llevas tu cuaderno de notas encima?
    La sidhe rebuscó en su zurrón y sacó el objeto requerido, junto con un bote de tinta y una pluma.
    -Aquí lo tengo.
    -Bien- Albrecht se colocó en posición de ataque. De las palmas de sus manos manaba la energía de la muerte, de un enfermizo color verde-. Lección 42: de como acabar con un puñado de campesinos que se creen guardianes de la justicia. Primer paso: ataque.
    Con la agilidad propia de los de su raza, el nigromante se abalanzó contra el grupo de guardias, esquivando las puntas de las lanzas, mientras Himilce apuntaba todo lo que estaba pasando.
    -Segundo paso: busca un lugar del cuerpo de tu enemigo que esté al descubierto- Albrecht posó sus manos con asombrosa rapidez en caras, muñecas y tobillos mientras que los soldados intentaban alancearlo en vano. Consiguió pasar a través de ellos y llegó hasta la puerta, donde se encontraba el alguacil.
    -¿Cómo?- el brownie no tenía ni idea de lo que estaba pasando.
    -Ahora lo veréis- justo al decir esto, la carne de los soldados comenzó a descomponerse entre alaridos de terror. La piel comenzó a desaparecer, los músculos se ajaron hasta ser reducidos a polvo y los órganos desparecieron hasta solo quedar unos esqueletos que empuñaban sus armas al servicio del nigromante-. Así es como aumento el tamaño de mis huestes.
    El alguacil desenfundó su espada.
    -¡Atrás! ¡Atrás, en el nombre del emperador!
    Albrecht agarró la hoja con una sola mano. Ésta se oxidó hasta quedar inservible. El alguacil tiró su arma con un grito de horror.
    -Bien, Himilce. Paso tres: darle al idiota de su líder una lección que jamás olvidará.
    La sidhe apuntaba con esmero en su cuaderno.
    -¡No! ¡No podéis hacerme nada! ¡Soy representante de la ley imperial!- Albrecht hizo caso omiso a las órdenes del brownie. Con el índice de su mano derecha, dibujo una cruz en su frente. Poco a poco, la piel del brownie comenzó a enrojecerse, llenándose de desagradables escaras. El cartílago de su nariz se pudrió hasta desaparecer. Se quitó los guantes aterrorizado, viendo como sus manos se convertían en redondos muñones despellejados.
    -¿Qué... Qué me habéis hecho?
    Albrecht rió.
    -Es la Marca de la Enfermedad. En vuestro caso, lepra pero se puede escoger entre cualquier tipo de dolencia- se giró hacia su ayudante-. ¿Has apuntado eso, Himilce?
    La sidhe asintió con una sonrisa en la cara.
    El alguacil salió corriendo del lugar gritando desesperadamente. Los esqueletos, ahora bajo las órdenes de Albrecht, se apartaron cuando el nigromante lanzó una bolsita de monedas a la barra.
    -Tomad, señor. Por la cena y las molestias que os hayamos podido causar.
    El tabernero se desmayó al no poder aguantar todo lo que había visto.
    Himilce recogió sus cosas y se dirigió a la puerta. Su maestro sacó el frasco donde descansaba Johann y lo abrió. El familiar salió como una nube de humo verde que terminó adoptando la figura del cráneo.
    -¿Se puede saber qué ha pasado aquí?- preguntó asombrado al ver la escena-. Me voy a descansar y se arma el caos- miró a los esqueletos-. ¿Y quienes son esos tipos?
    -Nuestra escolta el resto del viaje. Creo que ya no vamos a pasar desapercibidos lo que nos queda de camino.
    -¿La sidhe, verdad?
    -La sidhe.
    Los dos se quedaron mirando a la joven.
    -¿Qué? Como si vosotros fuerais perfectos.
  • El hombre más buscado del mundo./

    Escrito por Platov el 17/08/2015
    ¡Hola, pueblo!
    Toca actualizar esto, que ya iba siendo hora.

    Han publicado otro de mis relatos en INARI, así que ya estáis tardando en leerlo y opinar sobre él. No tiene pérdida ya que es el único relato que hay publicado, tal vez por el tema que este número coincide con la gente disfrutando del verano. Eso significa que soy un triste que se pasa esta horrible estación encerrado en su casa.
    En fin, que espero que os guste lo escrito.

    ¡Fuerza y Honor!
  • Vapor y webzines./

    Escrito por Platov el 17/07/2015
    ¡Quieto el gremio!

    Acaban de publicar el nuevo número de Forbidden Webzine con un montón de ilustraciones y relatos.

    Entre los últimos, me han publicado uno titulado "Carta desde Bretaña", donde aparece mencionado este señor tan simpático.

    Napoleon-3.jpg

    ¡Venga, echadle un ojo!
  • Golpe en la Antigua China./

    Escrito por Platov el 22/06/2015
    ¡Vaya! Creo que la última vez que escribí algo en el blog, Saladino estaba asediando Jerusalén.

    Bueno, gentes del lugar, me acaban de publicar un nuevo relato en INARI. Se llama "Inmortalidad" y aparece mencionado cierto emperador chino que le tenía resquemor a todo aquello que oliese a confucianismo.

    Leedlo y espero que os guste.

    ¡Fuerza y Honor!
  • La magia en INARI./

    Escrito por Platov el 15/04/2015
    ¡Saludos, gentes del lugar!
    ¿Me echábais de menos?

    Pues aquí vuelvo para deciros que acaba de salir el nuevo número de la revista INARI. Con un montón de relatos e ilustraciones nuevas.
    Y, si tenéis lo que hay que tener, podéis leer una coseja que he escrito titulada "Discusión sobre la magia". ¡Magos en el siglo XVIII, oiga!

    ¡Fuerza y Honor!
  • ¡Cuidaros de los Idus de Marzo!/

    Escrito por Platov el 15/03/2015
    Hoy es un día muy especial para aquellos que nos interesa la historia de Roma.

    Un día como hoy, en el año 44 a. C., Julio César cayó de espaldas un montón de veces, teniendo la mala suerte de hacerlo sobre un montón de cuchillos afilados.

    Dolió mucho.

    cesar_5.jpg
  • Diccionario de Comercio Medieval./

    Escrito por Platov el 26/01/2015
    ¡Hola a todos!

    La Universidad de Murcia ha publicado un diccionario on-line sobre términos relacionados con el comercio en la Edad Media.

    Creo que a más de uno en esta web le podría interesar, así que pensé que sería buena idea compartirlo con todos vosotros. Sería de gran ayuda para temas de documentación.

    Espero que sirva de algo.

    ¡Fuerza y Honor!
  • Expedición al centro de la Luna./

    Escrito por Platov el 15/01/2015
    Saludos, compadres.
    ¿Cómo lo lleváis?

    Hoy estoy contento.
    He quedado finalista en el I Concurso de Microrrelatos Steampunk organizado por los desarrolladores del Juego de Rol Jernhest con el relato "Balas Verdes". Me llevo una copia en PDF del manual, la publicación del relato en la web y, debido a que el relato del ganador está ambientado en la misma nación de este universo, su publicación en una posible expansión.

    Y después de esto, aquí tenéis un nuevo relatejo en el que llevo trabajando un tiempo.
    Se llama "Expedición al centro de la Luna". Lo tiene todo: soldados británicos, una intrépida científica y, lo mejor, armas eléctricas y selenitas. Espero que os guste y ya sabéis que toda opinión será bien recibida.

    La Dra. Amanda Abercrombie estaba entusiasmada desde el día en que la Real Sociedad Geográfica le pidió que fuera la encargada de liderar la expedición con el objetivo de extraer muestras de los extraños hongos luminosos que crecían en las cuevas del Mar de la Tranquilidad.

    Amanda sabía que la misión no iba a ser fácil. Tan solo el 44 por ciento del entramado de cuevas que horadaban el centro de la Luna estaba documentado. A eso había que añadirle el que las otras potencias buscaban su lugar en el satélite y, para colmo, la presencia de los insidiosos y salvajes selenitas. Los misteriosos insectoides no iban a dejar que los terrícolas conquistaran su preciado hogar.

    Ataviada con una aparatosa escafandra con respirador, la bióloga avanzaba por las oscuras galerías, iluminada por un farol. No estaba sola. Le acompañaba un grupo de ayudantes para las labores de campo. Todos ellos iban escoltados por el capitán Ian McIntosh, del Quinto Regimiento de la Fuerza Expedicionaria Británica en la Luna, con un puñado de sus mejores hombres, todos pendientes de que no apareciera alguna sorpresa desagradable.
    -Ciertamente, este sitio podría ponerle los pelos de punta al más aguerrido de los hombres- dijo el capitán mientras oteaba con su farol la inmensa oscuridad.
    -Vamos, capitán, es usted un hombre de acción- le contestó Amanda.
    -Sí, lo soy, pero siempre hay que estar preparado para lo inesperado. Además, no me gustaría que le hicieran daño.
    La científica rió.
    -¿Cree que soy una dama desvalida?- Amanda sacó algo de una bandolera. El objeto era una pistola de cargas eléctricas de pequeño tamaño-. Una Colt Artemisa. Nunca viajo a la luna sin ella.
    El coronel resopló.
    -¿Armas yankies? ¡Bah! Prefiero las armas fabricadas en nuestras armerías, doctora. Esas nunca fallan.
    -Espero que sea así si nos encontramos con alguna banda de selenitas- replicó Amanda.
    -Descuide. Mis hombres y yo acabaremos con cualquiera de esas hormigas en un santiamén- dijo el capitán y sus hombres le respondieron con risas.

    Las horas pasaron. Los pasillos parecían no tener fin.
    La Dra. Abercrombie miraba su mapa de las cavernas ya exploradas con el farol al lado de su cara. Sus ayudantes le aconsejaban por dónde sería mejor seguir.
    -Bien, según esto, tenemos que girar a la izquierda- indicó uno de los científicos, iluminando un pasadizo con su farol.
    -¿Por allí? ¿Están seguros?- preguntó el capitán McIntosh, dudando de las capacidades en cuestiones de geografía del grupo de sabios.
    -¡Por el amor de Dios, capitán! ¿Quiere hacernos caso por una vez y no dudar de nosotros? Tal y como dice el Dr. Gladstone, y según el mapa, allí se abre una gran sala.

    La doctora seguía el camino indicado por el mapa, acompañada por el resto de científicos y los militares. Poco a poco, empezó a distinguir un pequeño destello que fue haciéndose más fuerte a medida que avanzaban.
    -¿Qué es eso?- preguntó el capitán.
    -La luz al final del túnel- contestó Amanda con una sonrisa en la cara. Los científicos alzaron las manos en señal de triunfo.

    La sala era una gran cueva natural. Estaba llena de riscos y salientes por toda su bóveda y, en ellos, crecían los extraños hongos luminiscentes. Las paredes del lugar estaban horadadas por un gran número de entradas a diferentes túneles. Todos los miembros de la expedición apagaron sus faroles y miraron ante el impresionante espectáculo que tenían encima de sus cabezas.
    -¡Por Júpiter, es increíble!- exclamó McIntosh.
    -¿Verdad que sí? Bueno, es hora de hacernos con unas muestras- la Dra. Abercrombie dejó a un lado sus pertrechos y se dirigió, junto con sus colegas de profesión, al lugar donde crecían un grupo de hongos con frascos y una hoces. Con mucho cuidado, seccionaron los pies de varios de los luminosos vegetales y los introdujeron en frascos. Los cerraron bien para que los especímenes no sufrieran en su viaje a la Tierra.
    -¿Han terminado ya? Creo que sería buena idea salir cuanto antes de aquí- dijo el capitán.
    -Para ser miembro del ejército, se pone usted bastante nervioso por nada, capitán.
    -¿Por nada? ¿Ha visto la cantidad de aberturas que hay en esta cueva?- McIntosh señaló a las entradas a la caverna- Seríamos carne de cañón para cualquiera que intentase emboscar...- pero antes de terminar la frase, un disparo eléctrico vino de una de la oscuridad de uno de los pasillos- ¡Maldición! ¡A cubierto!
    Todos los presentes se agazaparon detrás de los salientes rocosos que poblaban el lugar.
    -¿Qué demonios ha sido eso?- preguntó desconcertada Amanda.
    -Por el sonido, diría que lo que acaba de abrir fuego es un Mauser Donnar- contestó con toda seguridad McIntosh- ¿Ve lo que le decía? Una emboscada de manual.
    -¿Alemanes?
    -Sí. Ese tarado del Káiser parece que quiere comenzar una guerra por el control de la Luna.
    -¡Muy bonito!- dijo enfadada la bióloga- Y quiere que sus primeras bajas sean los miembros de una expedición científica.
    -Al nieto de Su Majestad no le importa contra quien disparan sus tropas si puede conseguir un pedazo de terreno más para su imperio- el capitán alzó la mirada por encima del parapeto, lo suficiente para ver y no ser visto-. Hmmm... Si al menos salieran de su escondite.
    Para sorpresa del capitán, sus deseos se cumplieron pero lo que salió de las aberturas le dejó de piedra. Los autores del disparo no eran alemanes. Las figuras con rasgos de insecto sujetaban las armas con dos de sus cuatro brazos mientras avanzaban por la cueva. Colgando de lo que eran sus cinturas, llevaban enfundados cuchillos de piedra lunar. Sus afiladas mandíbulas no paraban de chasquear improperios en el extraño lenguaje de los salvajes.
    -¡Selenitas!- gritó uno de los soldados.
    -Pero eso es imposible. Los selenitas no tienen acceso a esas armas- dijo sorprendida la doctora.
    -Tal vez sean un regalo de Willy o quizás se las hayan quitado a un grupo de alemanes que se metieron donde no debían, como nosotros- y con un gesto de su mano, el capitán McIntosh ordenó abrir fuego.
    Los disparos de los Enfield Iove retumbaban por todo el lugar. Los selenitas seguían con su carga suicida, sin tener en cuenta la búsqueda de coberturas para protegerse.
    -¡Ni tan siquiera saben luchar como es debido! ¡Salvajes!- gritó McIntosh.
    Varios de los insectoides fueron atravesados por las cargas eléctricas de los rifles. Sin embargo, uno consiguió llegar hasta el parapeto para intentar acuchillar al capitán.
    -¡Cuidado!- Amanda desenfundó su arma y agujereó la cabeza del selenita. El capitán se giró con gesto de alivio.
    -Gracias.
    -De nada- la bióloga comenzó a disparar contra los otros selenitas.

    Los sonidos de los disparos retumbaban por toda la sala. Los hombres del Quinto Regimiento daban lo mejor de sí mismos. Desgraciadamente, algunos selenitas fueron más rápidos. Asaltando uno de los parapetos, los insectoides consiguieron matar a varios miembros del personal científico y herir de gravedad a los soldados que les plantaron cara, bayoneta en ristre. Otros selenitas se dedicaron a destrozar los frascos con las muestras.
    -¡Maldición! ¡No!- gritó Amanda e intentó salir a por los insecotides. El capitán McIntosh la agarró de un brazo.
    -¿Qué hace? ¿No vé que pueden matarla?
    -¡Pero es mi investigación! ¡Le ordeno que me suelte!- con un puntapié, la bióloga consiguió que el militar la soltara.
    -¡Argh! ¡Van a matarla, por Dios!- gritaba McIntosh mientras abría fuego contra un grupo de selenitas que tenía delante.
    Amanda se abalanzó contra uno de los selenitas, que estaba a punto de romper el último frasco.
    -¡Tú, bestia repugnante! ¡Devuélveme eso!- la científica forcejeaba con el insectoide para que le devolviese el recipiente mientras este intentaba quitarse de encima a la doctora. Sus enormes mandíbulas intentaba destrozar los tubos de aire que permitían a Amanda respirar.
    -¡Aparta!- gritó mientras el selenita no cejaba en su empeño de destrozar el aparato de respiración. Un disparo sonó. El capitán McIntosh había visto la escena y disparó contra el alienígena, dándole de lleno en el tórax. Soltó a la doctora. El selenita moribundo se tambaleó hacia atrás, soltando el frasco.
    -¡Ni se te ocurra!- con unos reflejos felinos, la doctora saltó para cogerlo. Este cayó sin ningún problema en su mano. Después, salió corriendo otra vez al lugar donde estaban McIntosh y sus hombres.
    -¿Ya tiene lo que quería?- preguntó el capitán, visiblemente irritado, mientras disparaba contra la marabunta de selenitas que no paraban de salir de las aberturas de la cueva.
    -Sí. Gracias por salvarme- dijo Amanda.
    -No hay de qué. Usted me salvó antes. Ahora, será mejor que nos retiremos.

    Alzando su mano, McIntosh ordenó al resto de la expedición que volvieran por donde habían venido. Varios soldados quedaron atrás para contener a los selenitas mientras el resto escapaban. Cuando todos estuvieron a salvo en los túneles, estos se retiraron. El crepitar de las patas y los chasquidos de las mandíbulas de los selenitas fueron convirtiéndose en un lejano eco a medida que se alejaban de ellos.
  • ¡Felices Fiestas!/

    Escrito por Platov el 23/12/2014
    ¡Hola, subcultistas!

    Llegan estas fechas tan entrañables para todos.

    Es una época de felicidad, donde todos somos un poco más buenos en un mundo cada vez más abocado al desastre.

    Son en estos días cuando celebramos el nacimiento de un ser muy especial, alguien que nos ha acompañado durante toda nuestra vida y que nos alienta a seguir adelante cuando nuestras fuerzas flaquean.

    Sería probable que en la época en la que nació nadie le hiciera mucho caso pero con el paso de los años y de los siglos, y tal y como nos ha demostrado la Historia, Él sigue vivo en nuestros corazones aunque nos hayamos olvidado de él. Algo muy triste, pues Él es nuestro Salvador y Redentor.

    ¡En efecto, queridos amigos! Me estoy refiriendo a Mitra.

    Tauroctony_BM_Sc1720.jpg

    Así que, a todos los subcultistas, os deseo unas muy felices fiestas. :)
  • Fantasía épica a la romana./

    Escrito por Platov el 15/12/2014
    ¡Buenos y lluviosos días, habitantes de Subcultura!

    Acaba de salir el nuevo número de la revista INARI, dedicado a la fantasía épica, donde aparece publicado otro relato mío: La Batalla de Vertoratum.

    Me gustó mucho lo del tema de la fantasía épica pero, a la hora de escribir, quise huir un poco de los clichés de este género. Ya sabéis: elfos, orcos, enanos, magos que lanzan bolas de fuego como si fueran lanzallamas con patas, etc.
    Se me ocurrió que sería buena idea inspirarme en la Antigüedad para mi relato y qué mejor que ofrecer una versión fantástica del Imperio Romano. Así que decidí crear un mundo fantástico, con razas sacadas de las diversas mitologías de los pueblos conquistados por Roma y de aquellos que se oponían a su poder. También quise dejar de lado la visión de imperio decadente que ofrecen algunos medios y me centré en describir una nación en plena Edad de Oro, gobernada por un monarca justo y sabio que es una mezcla de las virtudes de los emperadores de la dinastía de los Antoninos (exceptuando a Cómodo, obviamente) aunque el final de Claudiano se parece más al del emperador Valente.

    Uniendo todo esto surgió esta historia.
    Doy las gracias al equipo de INARI por haber publicado mi relato y por el gran trabajo que hacen para que el mundo conozca a nuevos y geniales artistas.
    Espero que os guste y que me hagáis saber vuestra opinión.

    ¡Fuerza y Honor!
  • La aprendiz de nigromante./

    Escrito por Platov el 01/12/2014
    ¡Hola, gentes del lugar!
    Vengo a traeros algo: un nuevo relato.

    ¡Noooooooooooo! ¡Esperad! No os vayáis, que lo he hecho con todo el cariño de mi corazón. De hecho, tengo que ir al taller a que me recarguen el cariño. Me va a salir por un pico...

    No se me ocurría ninguna idea hasta que, ¡eureka y albricias!, recordé a un personaje de una partida de rol que jugué hace tiempo con mis colegas. Una partida que me trae muy gratos recuerdos por las tardes divertidas que pasé con ella.

    Así que os dejo con esto.
    Las opiniones y críticas serán bien recibidas.

    La joven viajera estaba delante del puente levadizo. Sacó de su zurrón de viaje un viejo atlas del mundo y comenzó a pasar las hojas a toda velocidad hasta llegar a la página que buscaba. En ella aparecía dibujado, rodeado de miles de florituras, el castillo que tenía ante sus ojos.
    -El castillo de Asprach...- leyó entre susurros. Levantó la vista para comprobar que la edificación que tenía delante era la correcta. Lo era pero no se parecía en nada a la que representaba la ilustración. Mientras que el dibujo mostraba a un sonriente sol iluminando una fortaleza de blancas piedras, con guardias de reluciente armadura en las almenas y alegres campesinos cruzando sus puertas, la realidad era muy distinta. El cielo estaba nublado por unas sobrenaturales nubes, las piedras estaban manchadas de sangre y hollín y habían cadáveres en las almenas y los lugares de paso. La viajera guardó el libro con mucho cuidado, respiró hondo y se adentró.

    El patio de armas era todavía más siniestro si cabe. El suelo estaba cubierto de barro. Aquí y allá los cadáveres se amontonaban. Algunos presentaban horribles marcas de mortales enfermedades. Otros estaban intactos pero la asustada expresión de sus rostros demostraba que habían muerto de pánico al ver un horror inenarrable. La viajera tragó saliva y se dirigió hasta la torre del homenaje.

    La escala de madera desplegable del alto edificio estaba echada, como si hubieran cogido desprevenida a la guardia del señor del castillo. Tampoco es que a la persona que ahora moraba en la torre le importase mucho que alguien entrase en sus dominios. Bien lo sabía la viajera, pues conocía al nuevo señor del castillo. Subió las escaleras algo nerviosa. Pronto estaba a punto de conocer a la persona que más admiraba en este mundo. La aldaba de la puerta estaba intacta, así que la usó para llamar. Tres golpes fuertes hicieron un paréntesis en el silencio que imperaba en el lugar. La viajera sabía que lo más probable es que no le contestarían. Cuando esperó un rato, la puerta se abrió por arte de magia. Literalmente, ya que quien había abierto era un cráneo flotante usando alguna clase de extraño poder de telequinesis. Un aura verde lo mantenía en suspensión. En las cuencas vacías de ojos brillaban dos pupilas hechas con dos fuegos fatuos.
    -¿Eh?- su cascada voz reflejó la sorpresa de encontrarse con un visitante- ¿Qué se supone que haces tú aquí?
    La viajera tragó saliva antes de hablar.
    -Esto... Veréis... Yo... Esto... Venía a...- no sabía que decir ante su extraño interlocutor. Sabía que era el familiar de la persona a la que estaba buscando pero no se esperaba que fuera eso lo que abriera la puerta.
    -Jovencita, ¿acaso no sabes quién vive aquí?- el tono del cráneo se volvió amenazante- ¡Vete de aquí si no quieres...!
    -¿Qué es todo este jaleo, Johann?- un nuevo personaje hizo acto de presencia en la entrada. Los felinos rasgos de su rostro no dejaban lugar a dudas de que era un cait. Su negro cabello iba peinado hacia atrás, dándole a su cabeza un aspecto alargado y digno. Sus ojos verdes resplandecían con la luz de las antorchas que iluminaban la entrada de la estancia. Iba vestido de manera elegante, a la manera de un noble.
    La viajera le miró con gesto de incredulidad.
    -¿Tú... tú... tú eres Albrecht von Tempelhoff?- preguntó con gran excitación.
    -”Barón” Albrecht von Tempelhoff- puntualizó el cait-. Y creo que es de mala educación no mostrar el rostro cuando se está hablando con alguien.
    -¡Oh! Lo siento- la joven apartó la capucha de su cabeza para mostrar sus orejas puntiagudas.
    -Y bien, ¿qué hace una sidhe por estos lares?- preguntó el cait- ¿No serás otra acólita de la Orden del Relicario, verdad? Creo que puedes comprobar a tu alrededor lo que les pasa a aquellos que quieren asesinarme- Albrecht hizo un gesto con la mano para mostrar toda la destrucción que había a su alrededor-. Vine en son de paz pero creo que mi fama me precedió y todos se alzaron en armas para detenerme. Unos murieron ante mi sola presencia. A otros tuve que matarlos con hechizos de enfermedad. ¿Quieres el mismo destino?
    -¡Oh! No, no vengo a matarte- contestó la sidhe para, acto seguido, volverse eufórica-. ¡Dioses! ¡Eres Albrecht von Tempelhoff! ¡Albrecht... von... Tempelhoff...!
    El cait se quedó mirando a la sidhe con extrañeza.
    -Creo que está mal de la cabeza- le dijo Johann a su amo.
    -Hmpf... Puede ser... Hay que estar muy loco para viajar hasta aquí solo para repetir mi nombre una y otra vez- dijo Albrecht.
    La sidhe se dio cuenta de que la estaban mirando.
    -¡Ah, perdón! Me presentaré- la joven hizo una reverencia-. Me llamo Himilce y soy tu mayor admiradora.
    Albrecht enarcó una ceja con gesto de incredulidad.
    -Perdona, creo que no te he entendido bien. ¿Has dicho “admiradora”?
    -Yo la he oído bien y lo ha dicho- contestó Johann.
    El cait se dirigió a su familiar.
    -Johann, creo que esta conversación es entre la sidhe y yo. ¿Por qué no vas a limpiar mi cuarto, eh?
    -Bah...- el cráneo dio media vuelta y se fue flotando escaleras arriba.

    -Perdona a mi familiar- le dijo Albrecht a Himilce con buenos modales-. Algunas veces cree saber más que yo. Eso me pasa por haberlo hecho con el cráneo de un mago celeste. ¿Por dónde íbamos? ¡Ah, sí! ¿Admiradora?
    -Sí, lo sé todo sobre ti- dijo la sidhe como la loca seguidora de un caballero o un matador de monstruos-. ¡Albrecht von Tempelhoff! ¡El mejor nigromante del mundo!
    -Bueno, los hay mejores- espetó el cait.
    -¡No! Tu leyenda ha llegado a todos los rincones del mundo. Cuando escuché sobre tus andanzas quise saber más y me hice con este libro- Himilce sacó un tomo de tapas oscuras de su zurrón y se lo entregó al nigromante. Este leyó el título en voz alta.
    -”Nigromantes famosos del mundo” ¡Ah! Roland, el inmortal- se dirigió hacia la sidhe-. Gran nigromante. Sí, compiló varias vidas de nigromantes en este libro, incluida la mía. Algo que le honra, dicho sea de paso.
    -Sí, lo encontré en la biblioteca de la Academia de Magia de Centenaria- dijo Himilce-. Estaba reservado para uso exclusivo del profesorado pero me pude hacer con un ejemplar falsificando una nota de préstamo a nombre de uno de mis tutores.
    -¿Y a partir de ahí te hiciste mi “admiradora”?- preguntó escéptico Albrecht.
    -Bueno, primero me expulsaron de la academia al descubrir mi engaño- dijo la sidhe rascándose la nuca-. Pero conseguí llegar a la parte en la que habla de ti antes de devolverlo. ¡Y me encantó tu historia! ¡Tus primeros experimentos en el arte de la nigromancia! ¡Tu destierro de la baronía de Katzbalger! ¡Tu hermano...!
    El rostro de Albrecht reflejó cierta rabia contenida al oír lo último.
    -Mira, si quieres seguir hablando conmigo será mejor que no vuelvas a mencionar a mi hermano.
    -¡Oh! Lo siento muchísimo- se disculpó Himilce. Acto seguido, prosiguió-. Quise conocerte. Me enteré en una taberna de la ciudad de que convertiste este castillo en tu nuevo dominio, así que decidí viajar hasta aquí para conocerte. ¡A ti! ¡Al mismísimo Albrecht von Tempelhoff!
    El cait se quedó mirando a la sidhe. La joven estaba eufórica.
    -Bien, pues aquí me tienes- dijo el nigromante-. Ahora, si me disculpas, tengo que seguir con varios experimentos- Albrecht comenzó a cerrar la puerta pero la sidhe se interpuso.
    -¡No, espera! Yo... Me gustaría pedirte...- estaba muy nerviosa.
    -¿Qué?- dijo el cait- ¿Que te firme un autógrafo? Aunque sea de nobles orígenes, no soy ningún estúpido caballero errante al que solo le gustan la fama y las mujeres.
    -No... No es eso- la sidhe lanzó una risita-. Verás... Me gustaría ser tu aprendiz.
    Albrecht se volvió a quedar mirando a la joven. Suspiró.
    -Oye, sé que has recorrido un largo camino lleno de peligros para llegar hasta aquí pero, sintiéndolo mucho, no acepto aprendices.
    La decepción inundó el rostro de la sidhe.
    -Pero... pero... Lo he leído todo sobre ti. Gracias a ti, me he adentrado en el mundo de la nigromancia. He estado practicando, incluso. ¡Mira!- la sidhe se giró hacia uno de los cadáveres de aterrorizado rostro- ¡Animatus!- un aura verde salió de sus manos y fue a parar al cadáver, que comenzó a chillar de terror.
    -¡Mortis!- gritó Albrecht y el cadáver volvió a ser un cuerpo sin vida.
    -¿Ves? Conozco lo básico- dijo Himilce con una impaciente sonrisa.
    -Sí, lo reconozco, pero no necesito aprendices, lo siento- y el cait cerró la puerta delante de las narices de la sidhe.

    Tres días pasaron.
    Albrecht estaba algo alterado. A pesar de haberle dicho que se marchara, la sidhe seguía allí, esperando a que su “héroe” la aceptara como aprendiz. Mientras realizaba uno de sus experimentos, que consistía en almacenar el alma del castellano de la fortaleza en una esfera de cristal para torturarlo el resto de su no vida, un estruendo hizo que la esfera se le resbalara de las manos y se rompiera al estrellarse contra el suelo. Johann apareció flotando a toda velocidad de la cocina.
    -¡Dioses! ¿Qué ha sido eso?- preguntó con su cascada voz.
    -¡Maldición! ¿Pero es que no se va a ir nunca?- Albrecht se asomó a la ventana para ver lo que había pasado. La sidhe estaba delante de un montón de vigas de madera y paja que una vez fueron las caballerizas del castillo, con una hachuela y un trozo de madera entre sus brazos. Al ir a buscar madera para hacer una fogata, Himilce había pensado que sería buena idea darle un nuevo uso a los maderos que conformaban la estructura ya que ya no se iría a usar. Sin embargo, esto fue mala idea, pues cortó un poste de sujeción, haciendo que el techo de madera y paja se viniera abajo. Al saberse observada, se giró para ver al cait.
    -¡Perdón! ¡Culpa mía!- dijo con una tímida sonrisa.
    Albrecht resopló. Bajó la escaleras hasta llegar a la entrada de la torre, abrió la puerta y llamó a la sidhe.
    -¡Tú, Imelda!
    -Es Himilce- corrigió la joven.
    -Lo que sea. ¡Ven aquí!- ordenó Albrecht con gesto apremiante.
    La sidhe tiró lo que llevaba entre los brazos y salió disparada hacia la entrada de la torre. El nigromante suspiró.
    -Está bien. Si te escojo como mi aprendiz, ¿me dejarás en paz cuando te haya enseñado los secretos de la nigromancia?
    El rostro de Himilce se llenó de alegría.
    -¡Sí, por supuesto!- estaba eufórica- ¡Eso y mucho más! ¡Haré las tareas de la casa, si quieres! ¡Se me da muy bien cocinar! ¡Hago unas tortillas de muerte!- lanzó una tonta carcajada- ¿Lo coges? ¡Tortillas de muerte! Como eres un nigromante...
    El cait alzó el dedo índice derecho para hacer callar a la sidhe.
    -Por favor, guárdate esos arrebatos de euforia para cuando los necesite. Y prométeme que no volverás a desprestigiar el noble arte de la nigromancia con esos chistes de taberna.
    Himilce se llevó la mano derecha al corazón.
    -Lo prometo- contestó con gesto serio.
    -Bien- dijo Albrecht-. Y ahora, pasa.
    -¡Genial! No te arrepentirás- dijo la sidhe mientras entraba en la torre.
    -Estoy empezando a hacerlo- contestó el nigromante al cerrar la puerta.
  • Relato estúpido./

    Escrito por Platov el 24/11/2014
    ¡Hola, chicuelos y chicuelas!
    ¿Qué tal?

    Veréis, el otro día me dio por escribir un relato a modo de introducción de un juego de rol steampunk. Sí, lo sé, soy más monotemático que un extremista islámico. El caso es que tampoco estoy muy orgulloso de él. Es más bien una tontería que se me pasó por la cabeza. Así que si empezáis a echar espumarajos por la boca, lo comprenderé.

    Dicho esto, aquí tenéis la cosa esta.

    Pensábamos que la guerra terminaría ese año.
    Todos estábamos hartos de ella. Incluso los ciudadanos más patrióticos de la Unión deseaban que la conflagración terminara lo antes posible. Muchas familias vieron como todos sus hijos perdieron la vida en aquella masacre. El presidente Lincoln se esforzó en llegar hasta el final y, en mi opinión, lo hizo bastante bien para que los unionistas nos ilusionáramos con una victoria final en 1865.

    Y es que todo estaba de nuestra parte: los confederados se estaban quedando sin armamento y suministros, sus puertos estaban completamente bloqueados y sus aliados británicos no querían actuar en el frente porque tenían asuntos más importantes que hacer en sus colonias.
    Gettysburg tenía que ser el lugar donde la Unión se alzaría con el tan ansiado triunfo.

    El ejército de la Unión llevaba las de ganar en aquella batalla.
    Solo un pequeño golpe de gracia y Lee tendría que salir de su tienda de campaña con una bandera blanca. Fue entonces cuando un fuerte silbido se oyó desde detrás de las filas confederadas.

    Sabíamos de su existencia.
    Meses antes, los periódicos se hicieron eco de ello: un arma balística de largo alcance fue lanzada desde Richmond por científicos y militares confederados y sobrevoló el cielo de Washington. Todos pensábamos que era una excentricidad de Davies. ¿Un cohete? ¿Un cohete para parar el avance de la Unión? Muchos nos echamos a reír. Otros se preocuparon. Tuvimos que hacerle caso a los últimos. ¿Quién nos iba a decir lo que pasaría esa mañana en Gettysburg?
    Los cohetes se alzaron en un glorioso vuelo como si fueran ángeles para descender hacia nuestras filas como halcones. Muerte... Destrucción... Caos... Los cohetes confederados nos machacaron como si fuéramos una casa de madera en mitad de un tornado. No nos quedó otra. Nos tuvimos que retirar. Ese no sería el día de la victoria.

    Es curioso.
    Siempre me ha llamado la atención que en épocas de conflicto es cuando el progreso avanza a pasos agigantados. Lo aprendí en las clases de Historia Militar en West Point. ¡Caray si nuestra guerra nos hizo avanzar! Cuatro años en las que las mentes más privilegiadas de ambos bandos idearon nuevas formas de matar al adversario. Fortalezas rodantes, armaduras mecanizadas, ametralladoras portátiles... Todo para que la destrucción fuera lo más rápida y grande posible. He de admitir que no todo fue negativo. Ahí tenemos el desarrollo de máquinas voladoras más ligeras que el aire o el perfeccionamiento de las máquinas de cálculo que diseñó Charles Babbage en la década anterior.
    Pero cuatro años más de guerra son una eternidad. Sería en el último año del mandato del presidente Lincoln cuando la Unión venció por completo a la Confederación, cuando nuestras fortalezas rodantes entraron aplastando todo lo que encontraban a su paso en Richmond. Caída la capital confederada, Jefferson Davies tuvo que firmar la paz.

    Lincoln se apuntó un gran tanto.
    La gente lo admiraba. Había acabado con la esclavitud y su promesa de vencer a la Confederación se hizo realidad pero el precio fue alto. La mitad del país estaba en ruinas. La reconstrucción iba a ser larga y penosa pero si queríamos volver a ser aquella joven y dinámica nación, debíamos ponernos manos a la obra. Para empezar, el presidente Lincoln ofreció una amnistía y un trato justo a todos aquellos que habían servido en el otro bando y deseaban formar otra vez parte de la Unión. La oferta era jugosa y no se tardó a ver a antiguos enemigos trabajando codo con codo para sacar adelante al país. Sin embargo, algunas personas aseguraban haber visto a oficiales confederados rebeldes que, escondidos en páramos dejados de la mano de Dios y de Washington, volvían a levantarse en armas contra aquellos “amantes de los negros”.

    Este era el gran problema.
    La devastación de la guerra había traído la anarquía a algunos territorios de los Estados Unidos, sin mencionar a los pequeños asentamientos del Salvaje Oeste. Forajidos y rebeldes campaban a sus anchas por las llanuras, saqueando y asesinando por doquier.

    No solo eso.
    En este mundo nuevo, existían amenazas que ni siquiera Lincoln pudo haber imaginado. Se rumoreaba de la existencia de una sociedad secreta que quería aprovecharse de la situación de caos de la guerra para que los Estados Unidos volvieran a ser una colonia británica. De Nueva Inglaterra llegaban rumores de que los habitantes de un pequeño pueblo de pescadores veneraban a unos extraños dioses para salir de la hambruna generada por la guerra. Es más, se llegó a extender la noticia de que alguien estaba usando los cadáveres de los muertos en combate para atacar a los colonos del Oeste. Parecían cuentos de viejas sin ningún fundamento, hasta que el presidente Lincoln me llamó para formar parte del Servicio Secreto.

    Esa fue su respuesta para proteger a los Estados Unidos durante el periodo de la reconstrucción.
    Aunque Lincoln fue su artífice, no pudo vernos en marcha ya que su segunda legislatura llegó a su fin unos días después de firmar el decreto. Sería el nuevo presidente, Grant, quien se encargaría de la formación del nuevo ente. No obstante, Lincoln siguió estando entre las sombras. Siempre que teníamos reunión en el gabinete, él estaba presente.

    El objetivo del Servicio Secreto es proteger a los ciudadanos americanos y combatir cualquier tipo de amenaza extraordinaria. No hay distinción entre sexo, raza o religión a la hora de proteger nuestro país. Cualquiera que demuestre que tiene el suficiente valor y agallas para arriesgar su vida cada día es bienvenido. Contamos con la tecnología más avanzada para realizar nuestro trabajo. No esperamos nada a cambio, tan solo el bienestar de nuestra nación mientras yace convaleciente de los estragos de la guerra.

    Bienvenido al Servicio Secreto de los Estados Unidos de América.
  • De conquistadores y relatos./

    Escrito por Platov el 12/11/2014
    ¡Hola, gente!

    Acaba de salir el nuevo número de Forbidden Webzine. Dentro de ella encontraréis un relato del que suscribe titulado "Ponce de León". Creo que no hace falta decir de qué va.
    También encontraréis un relato de Dark_Lord muy cañero e ilustraciones de otros subcultistas.

    ¡Leedla, porfaplis!
  • Hoy, hace 25 años.../

    Escrito por Platov el 09/11/2014
    ...cayó el Muro de Berlín.

    Bundesarchiv_Bild_183-1990-0221-027,_Berlin,_Blick_auf_Straße_des_17._Juni.jpg
  • Hola. Soy el Emperador./

    Escrito por Platov el 16/10/2014
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    ¡Ese no, gurriatos! ¡El otro!

    351px-Meiji_tenno1.jpg

    ¡Ese!
    Vale, vuelvo a empezar.

    ¡Hola! Soy Mutsuhito, Emperador de Japón. Ya sabéis, el que trajo la renovación al Imperio del Sol Naciente. Lo de la era Meiji y todo eso...
    Que no tenéis ni idea, ¿verdad? A ver, ¿habéis visto El último samurái? El chaval bajito. No, Tom Cruise no, el japonés. ¡Ese! ¡Ay, menos mal!

    Bien, pues he venido aquí para deciros que el Platov ese ha publicado un nuevo relato en la revista INARI. Se llama Karakuri. Sale un autómata, un diplomático británico con bastante sentido del humor y yo. Oye, que uno no lee un relato donde sale el que suscribe todos los días. Os aconsejo que os paséis para leerlo.
    Y que no está solo, que también hay otros relatos de otros autores muy buenos.

    Así que pasaros por INARI, que os lo váis a pasar muy bien.
    Y para aquellos que se están preguntando que cómo una persona que vivió en otra época y que no sabía castellano está escribiendo esto... No me hagáis preguntas que ni un sabio podría responder.
  • El Códice./

    Escrito por Platov el 19/09/2014
    ¡Sapos y ornitorrincos, ya era hora de actualizar el blog!
    Y con un relato, oiga.

    Lo que váis a leer a continuación surgió a raiz de una pequeña conversación con Cano y Soturisi en FB, en la que me retaron a hacer un relato steampunk con templarios de por medio. Así que las culpas para ellos.
    No en serio, que les doy las gracias por haberme inspirado para hacerlo.

    Y, ahora, al lío.
    Recordad que las opiniones y críticas serán bien recibidas.

    El hermano Guy andaba con paso tranquilo por las calles de Venecia en aquella fría noche de octubre.
    El viaje en zeppelin había transcurrido con total normalidad y daba gracias a Dios por que el Gran Maestre no le hubiera mandado a aquella misión en barco. Odiaba el transporte marítimo. Un caballero de la Orden del Temple debía soportar cualquier dolor con valentía pero el balanceo incesante de una embarcación era demasiado para el estómago de Guy.
    El joven miraba los antiguos edificios, iluminados con lámparas de gas, que conformaban las estrechas calles de la capital de la Serenísima República. Le recordaban a un pasado glorioso, un pasado que jamás volverá. Igual que la orden de la que era miembro. Atrás quedaron las épicas gestas en el nombre de Dios y de los inocentes. Desde la época de la Gran Traición, los templarios que sobrevivieron tuvieron que moverse entre las sombras para llevar a cabo su misión: proteger a los más desvalidos de las fuerzas del mal. Ya no eran aquellos caballeros de brillante armadura. Ahora, iban vestidos como cualquier caballero victoriano. La espada que se llevaba con honor atada al cinto había pasado a ser un estoque escondido en la caña de un bastón. A Guy le hubiera gustado haber vivido en la edad de oro de la orden pero el destino hizo que naciera en otra época, una en la que el ideal del honor estaba perdiéndose poco a poco.

    Tras cruzar varias calles, Guy llegó a su destino. Era una tienda de antigüedades. El escaparate dejaba entrever algunos antiguos objetos colocados estratégicamente sobre una tela de terciopelo para llamar la atención del posible comprador. Los precios que marcaban los trozos de papel colocados delante de cada uno de ellos eran bastante prohibitivos. Encima de la puerta, un pequeño cartel de madera en italiano: Antigüedades Castaglia. Guy entró, pues lo que la orden buscaba estaba dentro.

    El interior de la tienda era un caos de estanterías llenas de artículos de dudosa cronología y procedencia. El templario pensó que deberían poner mapas a disposición de los clientes para moverse por el lugar. Colgó su sombrero en un perchero que había al lado de la entrada y, con miedo a romper algo de valor, se movió con mucho cuidado hasta llegar al mostrador de madera. El mueble, una antigua mesa, estaba desgastado y lleno de arañazos. Unos pequeños agujeros en la tabla daban constancia de estar siendo destruido por dentro por la carcoma. En un lado, había un timbre de mesa para llamar al encargado. Guy lo pulsó con gesto cuidadoso, pues temía que si le daba más fuerte, partiría el vetusto mueble sobre el que se reposaba.
    -¡Un momento!- gritó una voz detrás de una cortina de terciopelo que había justo detrás del mostrador. Guy pensó que aquella tela taparía la entrada al almacén. Su sorpresa fue mayúscula, pues de la puerta salió una chica.
    -Buenas tardes, signore, y bienvenido a Antigüedades Castaglia. ¿En qué puedo ayudarle?
    El templario esperaba que le atendiera un hombre. De su chaqueta sacó un tarjetero del que extrajo una tarjeta.
    -Disculpe, ¿puedo ver al Sr. Castaglia?- preguntó el caballero, ofreciéndole el trozo de papel a la chica.
    -Yo soy Castaglia, Leontina Castaglia- respondió la chica, muy segura de sí misma.
    -Pero en la tarjeta pone que el dueño de la tienda es Alphonso Castaglia, señora.
    -Señorita, si no le importa- replicó la chica-. Sí, Alphonso Castaglia era mi padre.
    -¿Era?- preguntó Guy enarcando una ceja.
    -Sí, era. Murió hace un par de meses. Como puede comprobar, me dejó la tienda en herencia-parecía que a la Srta. Castaglia aquella pregunta no le hizo ninguna gracia.
    -¡Oh, disculpe! Lo siento mucho- dijo el caballero, sabiendo que había metido la pata-. Le ruego acepte mis disculpas.
    La chica miró al joven con gesto severo.
    -Bueno, no pasa nada- la anticuaria volvió a sonreír-. Y bien, ¿qué desea?
    El templario sacó otra tarjeta y se la ofreció a su interlocutora.
    -Verá, represento al Sr. Montparnasse- lo cual era mentira, pues el Sr. Montparnasse era el pseudónimo que mantenía al Gran Maestre en el anonimato-. Le encargó a su padre que le reservara una de las antigüedades que aparecían en su catálogo.
    La chica se quedó pensativa mientras miraba la tarjeta.
    -Montparnasse... Montparnasse... ¿Me disculpa una momento?- la muchacha se giró para coger un voluminoso tomo que había en una estantería situada al lado de la entrada al almacén. Lo abrió. En su interior habían escritos docenas de nombres. Al lado de cada uno de ellos, había un número. La chica pasaba las páginas en busca del nombre dado por el caballero.
    -Montparnasse... ¡Ah, aquí! Artículo número 234966. Espere un poco mientras voy al almacén, por favor- Guy asintió y la Srta. Castaglia desapareció tras la cortina de terciopelo.

    Mientras esperaba, el caballero se dedicó a mirar las antigüedades que habían desperdigadas por la tienda. Encima de un montón de legajos enmohecidos había un pulimentado casco de centurión romano. Colgando de un extremo a otro de una estantería se encontraba el descolorido pabellón de una galera turca. Cerca del mostrador, colocados sobre un expositor, se encontraban unos frascos de cerámica con inscripciones en chino. La pieza que más le llamó la atención fue un sarcófago egipcio. Guy se quedó mirando al rostro que representaba al finado que había en su interior.
    -Aquí está- la Srta. Castaglia salió del almacén con un pequeño tomo. Guy seguía ensimismado viendo el sarcófago- ¿Signore? ¿Signore? ¿Se encuentra bien?
    -Eh...- el templario salió de su trance- ¡Oh, sí! Es precioso. Me refiero al sarcófago.
    La chica sonrió.
    -¿Verdad que sí? Es de la IV dinastía. Si le interesa...
    -No, gracias- contestó el templario-. Solo vengo a por el libro.
    Guy se quedó mirando el libro. No tenía ni idea de como el Gran Maestre supo de su paradero. El cuero con el que estaba forrado estaba despellejado por algunas partes. Sin embargo, el metal de la correa que lo cerraba estaba intacto.
    Ese pequeño e insignificante códice... Pocos sabían el poder que encerraba. Según los archivos de la orden, fue escrito por un brujo que codiciaba el poder de controlar la muerte. El libro estaba escrito en un lenguaje tan críptico que impedía que los no duchos en el arte de la nigromancia pudieran leerlo. Guy dio gracias a Dios por ello. Si el anterior anticuario o su hija hubieran podido comprender lo que había ahí escrito, tal vez estaría capitaneando a un grupo de caballeros para liberar Venecia de la amenaza de la no muerte.
    -Como puede ver, está en perfecto estado, salvo por el cuero de la portada- dijo la anticuaria con una sonrisa-. ¿Quiere que lo abra?
    -No, por favor. Creo en su palabra- contestó el caballero.
    -Como guste, pues.
    Guy miró a ambos lados. Notó que oía algo. Un pequeño repiqueteo, como el de un pequeño animal moviéndose a toda velocidad. “Tal vez un ratón”, pensó.
    -¡Ratones!- la chica se dio cuenta de lo que estaba poniendo nervioso al caballero- Esos bichos son un problema para el negocio. Roen los pergaminos.
    -Lo entiendo- el templario sabía de lo que hablaba la anticuaria. Raro era el pergamino que no estuviera roído en la biblioteca central de la orden, en Rouen.
    -¿Por su trabajo con el Sr. Montparnasse?
    -Eh... Sí...- Guy pensó que lo mejor sería desviar la conversación-. Y, dígame, ¿por qué sigue abierta tan tarde? Muchas de las tiendas de Venecia ya están cerradas.
    El rostro de la chica se entristeció.
    -Verá, desde que murió mi padre, el negocio no marcha bien. Necesito el dinero y la hora que la tienda pasa cerrada es dinero que pierdo. Sí, tengo encargos como el de su representado pero tengo que trabajar duro para pagar las reformas que el negocio necesita- miró a la carcomida mesa de madera.
    -¿No tiene a nadie que le ayude?
    -Sí, mi hermana mayor. Vive tres calles más allá. Ella no quiere saber nada de antigüedades pero me ayuda con la limpieza- la Srta. Castaglia volvió a sonreir-. No sabe la cantidad de polvo que acumulan estos objetos.
    -Me lo imagi...- Guy quiso devolverle la sonrisa pero algo lo puso en alerta. El repiqueante ruido sonaba más fuerte y, esta vez, provenía del techo. El templario alzó la vista. Su rostro se desencajó al ver lo que había ahí.
    -¿Eh? ¿Qué ocurre? ¿Por qué se pone a mirar al techo como si fuera un pasmarote?- la Srta. Castaglia alzó también la mirada y lo que vio hizo que lanzara un grito de terror. Allí, aferrado al techo como un lagarto, se encontraba un hombre. Iba bien vestido, con un traje completamente negro. Su rostro era blanco, como el de la muerte, y mostraba una siniestra sonrisa de la cual sobresalían dos afilados dientes.
    -¡Atrás!- Guy empujó a la anticuaria antes de que la cosa se dejara caer con todo su peso sobre la mesa. La madera se partió en dos. El caballero cayó hacia atrás. Mientras que la criatura con aspecto de hombre se alzaba, Guy consiguió levantarse y desenvainar su bastón estoque. Sus ojos vieron como el vampiro tenía entre sus manos el códice.
    -¡Devuélveme eso, criatura infernal!- gritó el joven mientras amenazaba a la criatura con la punta de su arma.
    -¿O qué me harás, templario?- el vampiro comenzó a reírse- Ese cuchillito no me afecta, ¿sabes?
    A pesar de todo, Guy tuvo que darle la razón al vampiro desde su fuero interno: el estoque no era un arma bendita y, por lo tanto, no le produciría ningún tipo de daño a la criatura.
    No había elección. Si tenía que morir, sería con honor. Se lanzó contra el monstruo. El vampiro esquivó el estoque con una agilidad sobrehumana, propia de estas criaturas. Agarró el brazo del arma y le propinó a Guy un puñetazo en el pecho con todas fuerzas, lanzándolo de espaldas. Guy acabó chocando contra una de las estanterías. Todos los objetos cayeron al suelo con un gran estruendo.
    El golpe fue tan grande que el caballero no podía moverse del intenso dolor. El vampiro se acercó, con su escalofriante sonrisa en el rostro.
    -Parece que el caballerito está herido- dijo entre risitas.
    Guy hizo un esfuerzo para hablar.
    -¿Te envía Báthory, verdad?- preguntó.
    El caballero sabía quien estaba detrás del ataque: Erzsébet Báthory. La aristócrata húngara que se bañaba en la sangre de doncellas vírgenes para alcanzar la inmortalidad era, para la gente de a pie, solo un cuento para asustar a los niños que se portaban mal. Sin embargo, era tan real como la vida misma. Tras conseguir la inmortalidad, Báthory reunió a todas las criaturas de la noche bajo el dominio de la Orden del Dragón, una orden de caballería antaño respetada pero que, bajo el mando de Báthory, fue convertida en una corte del mal con el único objetivo de extender la oscuridad por el mundo.
    -¡Vaya, eres listo!- gritó el vampiro con gesto de júbilo- Sí, me envía su Excelencia. Este libro puede ayudar a la Orden del Dragón en sus planes. Iba a ser un plan sin incidentes. Solo tenía que entrar con sigilo y llevarme el códice sin armar escándalo pero... En fin... La Orden del Temple siempre metiendo sus narices donde no la llaman.
    -¿Qué... qué piensas hacerme?- musitó el templario casi sin fuerzas.
    -¡Oh! No sé... ¿Qué tal si te esclavizo para el resto de tu vida? ¡Sí! Convertirte en un patético esclavo de mi sangre sería lo mejor. Para ti, sería algo peor que la muerte.
    Guy no se lo podía creer. Estaba a punto de ser maldecido con el servicio eterno hacia uno de esos no muertos. Comenzó a rezar por lo bajo.
    -¡Ja! ¿Crees que una simple oración puede pararme? ¡Idiota!- el vampiro comenzó a prepararse para el ritual. Se agachó, dejando el códice al lado suyo. Se quitó la chaqueta y se remangó el brazo izquierdo. De un bolsillo de su pantalón, sacó un pequeño cuchillo-. Vamos, sé bueno y bebe.
    El vampiro se cortó la vena de la muñeca izquierda y la acercó a la boca de Guy. Si bebía un poco de esa sangre, aunque fuera por accidente, sería el fin.
    -¡Eh, tú!- el vampiro se giró para ver quién le llamaba. Era la Srta. Castaglia. Durante la pelea, había vuelto al almacén. De allí salió con un relicario, probablemente el primer objeto contundente que encontró. La anticuaria lo lanzó a la cabeza del ser. Su contenido en forma de cenizas y huesos de algún santo olvidado salió volando como un jirón de niebla y fue a parar a la cara de la criatura. El vampiro gritaba de dolor mientras las sagradas cenizas quemaban su piel.
    Guy aprovechó el momento para levantarse como pudo. El pecho le ardía del golpe. La chica le gritó.
    -¡Allí hay algo que le puede ayudar!
    El caballero giró la vista a donde señalaba la anticuaria. Debajo de la estantería caída, había una cruz de oro. Guy la recogió. Hizo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban para alzarla y la clavó en la cabeza del vampiro. Entre espasmos, la criatura cayó al suelo hasta que su cuerpo quedó reducido a un montón de cenizas.
    El caballero miró a la chica. Estaba pálida y temblorosa.
    -¿Se... se encuentra bien?- preguntó Guy.
    -Sí... sí...- contestó nerviosa antes de desmayarse.

    -¡Leontina! ¡Leontina! ¡Despierta!
    La anticuaria abrió los ojos lentamente. Agachada a su lado, había una mujer algo mayor que ella.
    -Daniela...- dijo al reconocer a su hermana mayor- ¿Qué... qué...?
    -Vine a ayudarte a limpiar como todas las mañanas y te encontré aquí, tirada en el suelo entre todo este desorden. ¿Se puede saber qué te ha pasado?
    Leontina se levantó lentamente con ayuda de su hermana. Miró hacia el escaparte para ver que, tal y como decía su hermana, ya era de día. Giró para ver que una de las estanterías estaba tirada en el suelo, con todas las reliquias que reposaban en ella desparramadas. Miró hacia el otro lado y vio el mostrador partido por la mitad.
    -Pues... fue... ¡Sí, lo recuerdo! Ese hombre...- dijo. Se dirigió hacia la mesa rota y miró con gesto de indignación- ¡Maldición! ¡No me ha pagado el libro!
    Daniela habló a su hermana con preocupación.
    -¿El libro? ¿Qué libro? ¿Quién no te ha pagado?
    -¡El hombre! ¡El hombre joven!- gritó Leontina- El otro hombre... el de negro... lo llamó “templario”.
    -¿Qué?- Daniela no comprendía nada de lo que decía su hermana pequeña.
    -¡El vampiro!- la anticuaria comenzó a gesticular como una loca- Cayó del techo y... y... rompió la mesa... Quería el libro... Él...
    Su hermana enarcó una ceja.
    -¿Un vampiro?
    -Sí... Le lancé un relicario para...- la joven señaló hacia el lugar donde había caído el objeto para ver que ahí no había nada.
    Daniela negó con la cabeza. Dio media vuelta y se dispuso a salir de la tienda con celeridad.
    -¿A dónde vas?- preguntó nerviosa Leontina.
    -A avisar al Dr. Salgari para que te vea- dijo Daniela con tono severo-. Te dije que trabajar hasta altas horas de la noche no era bueno y tú no me hiciste caso. Y, ahora, mira: te desmayaste de cansancio.
    -Pero la estantería... la mesa...
    -¿Es que no está claro? Estarías colocando algo en la estantería. Empezaste a sentirte mal y, al apoyarte, la tiraste. Cuando caíste, lo hiciste encima de la mesa y, sabiendo el mal estado en el que estaba, no hizo falta mucha fuerza para romperla.
    -¿Y el templario? ¿Y el vampiro?- Leontina estaba desesperada.
    -Seguro que lo soñaste mientras estabas inconsciente. Ahora, siéntate en un taburete del almacén y espera a que venga el Dr. Salgari- después de decir esto, Daniela abandonó la estancia.

    ¿Sería verdad lo que dijo su hermana? Puede que se desmayara del esfuerzo. Leontina decidió que lo mejor sería hacerle caso. Se dirigió al almacén para coger un taburete donde sentarse, sin darse cuenta de que entre los restos de la estantería, había un objeto: una preciosa cruz de oro con uno de sus brazos manchado con lo que parecían ser cenizas.
  • Hace 2000 años.../

    Escrito por Platov el 19/08/2014
    En estas fechas, la gente llora por la muerte de Robin Williams.
    Yo lloro porque hace 2000 años nos dejó el PRIMVS INTER PARES.

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  • Caballeroso relato en INARI./

    Escrito por Platov el 18/08/2014
    Pues nada, chicuelos y chicuelas, que me han vuelto a publicar un relato en INARI.
    Es un cuento cortito títulado "El caballero harapiento".
    Haced click aquí si queréis solazaros con una aventura de caballería poco común.

    Y el mes que viene, temática steampunk. Ahí tengo que dar el máximo de mi potencial.

    ¡Fuerza y Honor!
  • El Increíble Tónico para los Nervios del Dr. Milwaukee./

    Escrito por Platov el 11/08/2014
    ¡Personas humanas!

    Después de un montón de días de parón, he vuelto, así que ya podéis correr a esconderos.

    Es curioso que siempre que me vuelve la inspiración, es para escribir algo ambientado en el Salvaje Oeste. No sé porqué, la verdad. Creo que mi musa debe de llevar un sombrero Stetson o algo así. También me leí El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, así que también quise hacerle un pequeño homenaje a la novela de Stevenson aunque no soy digno de ello. En fin, que tras darle un repasillo y mejorarlo, aquí tenéis un nuevo relato.
    Ya sabéis que las críticas y opiniones serán bien recibidas.

    Cuando al agente Jack Pallantier del Servicio Secreto de los Estados Unidos le encomendaron esa misión, pensaba que a alguno de sus gerifaltes se le había ido la cabeza del todo.

    Todo comenzó hace unas semanas.
    Varias ciudades de la costa oeste comenzaron a enviar noticias de que habían perdido toda comunicación con pequeñas poblaciones de alrededor. El número de ellas iba creciendo a medida que pasaban los días. Los puestos telegráficos no contestaban y los mensajeros que se enviaban para ver que era lo que pasaba no regresaban. Se contó el caso de una diligencia que llegó sola a su destino tras pasar por una de estas localidades. Los caballos estaban asustados y el interior del vehículo estaba manchado de sangre. Nadie sabía que era lo que estaba pasando hasta que un maquinista tuvo que frenar el tren que conducía al encontrarse con una niña en mitad de la vía. Estaba magullada y asustada. Cuando las autoridades preguntaron a la pequeña qué era lo que había pasado, su historia hizo que muchos pensaran que solo era un cuento. Según relató, a su pueblo llegó un carromato conducido por un extraño personaje que se hacía llamar el Dr. Milwaukee. El supuesto médico vendía en su carro algo llamado “El Increíble Tónico para los Nervios del Dr. Milwaukee”. El charlatán aseguraba que esa medicina podía acabar con las preocupaciones y ansiedades del día a día que provocaban un estado de nerviosismo. Mucha gente le creyó y compró la medicina. Los padres de la niña también. Ella se negó a tomarla por que no le gustaba su olor. Según ella, a la mañana siguiente, al ir a darle los buenos días a sus padres en su dormitorio se encontró con que sus progenitores se habían convertido en monstruos. La niña, asustada, consiguió escapar como pudo de su casa para encontrarse con que el resto del pueblo estaba en estado de anarquía debido a que todos aquellos que habían probado la medicina se habían convertido en esas horribles criaturas. La niña salió corriendo del lugar hasta llegar a la vía del tren, a varias millas de distancia.

    La misión de Pallantier era capturar al susodicho doctor e impedir que su tónico siguiera distribuyéndose por todo el territorio.
    No iba solo. Pallantier había escogido a los mejores profesionales para esta misión: el agente Houston Montgomery, un experto tirador en caso de que las criaturas les atacaran o que el propio doctor intentara escapar; el Dr. Batholomew Richardson, un químico al cual se le había pedido su participación para hallar la composición de la fórmula de Milwaukee y un posible antídoto para contrarrestar sus efectos y Wapasha, un rastreador de origen sioux, el mejor agente buscando huellas del Servicio Secreto.

    Los cuatro hombres se dirigían a caballo hacia el norte, siguiendo las huellas dejadas por el carro del pérfido científico. Tras varios días en los que el tiempo era su peor enemigo, el rastro dejado por el vehículo les hizo llegar hasta un pequeño pueblo. No había gente en las calles y el silencio que imperaba era aterrador.
    -¡Tarde! ¡Hemos llegado tarde!-gritó Montgomery.
    -¡Shhhh! ¡Silencio, Montgomery!-susurró Pallantier- No sabemos si sus habitantes siguen aquí.
    Wapasha cerró los ojos y se quedó pensativo.
    -Creo que he oído algo- abrió los ojos y señaló hacia la única tienda de ultramarinos del pueblo-. Allí dentro. Creo que hay alguien.
    -Bien. Entonces, entraremos a investigar- dijo Pallantier-. Caballeros, preparen sus armas. No sabemos que puede haber dentro.
    Tras bajar de los caballos y dejarlos en un establo cercano donde no encontraron ningún rastro de vida, los cuatro hombres se dirigieron al edificio. Con gestos, Pallantier mandó que los agentes se colocaran detrás de él. Wapasha miró al Dr. Richardson. El químico estaba bastante nervioso.
    -¿Tiene miedo?- le preguntó el nativo.
    -Por... por supuesto que tengo miedo- contestó nervioso el científico-. ¡Santo Dios! Nunca he empuñado un arma en mi vida. Soy un hombre de ciencia, no de acción.
    -Tranquilo, es normal- Wapasha sonrió para tranquilizar al hombre-. El miedo no nos hace débiles. Nos prepara para lo que viene. Un guerrero sin miedo es un temerario.
    Richardson asintió ante las sabias palabras del sioux pero eso no hizo que se tranquilizara mucho.
    Pallantier sacó la cabeza por el borde el marco de la puerta de entrada al local, lo suficiente para ver y no ser visto. No vio ningún movimiento sospechoso.
    -Adentro, con mucho cuidado- dijo entre susurros.

    Los cuatro hombres entraron muy despacio, mirando hacia todos los lados. El lugar estaba patas arriba. Era como si una turba enfurecida hubiera entrado y arrasado con todo. El suelo estaba lleno de alimentos en mal estado y de artículos rotos. La caja registradora estaba tirada y el dinero desparramado alrededor de ella. El mostrador estaba lleno de pisadas y arañazos, parecidas a las de grandes animales. A Pallantier esto le llamó la atención. Tras cerciorarse de que no había nadie allí, llamó a Wapasha para que examinara las huellas.
    -Parecen las huellas de un oso pero es extraño- dijo el sioux.
    -¿Por?- preguntó Pallantier.
    -No hay osos por esta zona. Tal vez... Hmmmm...- Wapasha se acercó más para observarlas mejor- Son como las de un simio, un simio grande con largas uñas.
    -¿Un simio?- Pallantier estaba estupefacto ante la respuesta del nativo- ¿De dónde demonios puede haber salido un simio? No hay ningún circo por aquí cerca.
    -¡Eh, venid! ¡Creo que he encontrado algo!- era Montgomery desde el almacén de la tienda.
    -¡Argh! Ese estúpido tejano y sus gritos harán que nos descubran- le dijo malhumorado Wapasha a Pallantier.
    Los dos agentes se dirigieron al almacén. Allí encontraron un hallazgo extraordinario: una caja con botellas del tónico.
    -El pobre diablo que dirigía la tienda debió de comprárselas al doctor para distribuirlas- dijo Montgomery.
    Las botellas eran de cristal, con un tapón de corcho. Estaban etiquetadas con la frase “Increíble Tónico para los Nervios del Dr. Milwaukee” en una estilizada letra. Debajo del nombre del producto estaba escrito en letra más pequeña “Para calmar los nervios y el estado de ansiedad producido por las tribulaciones diarias. A base de extractos naturales de plantas”. En la etiqueta no había mención a qué clase de plantas se refería. El líquido que contenían era de un marrón oscuro con tonos rojizos si se lo miraba al trasluz.
    -Doctor, ¿podría decir de qué está hecho?- preguntó Pallantier a Richardson.
    El químico abrió una de las botellas y olió el contenido. El fuerte olor le echó para atrás.
    -Alcohol es uno de los ingredientes, a juzgar por el olor. Debería hacer un análisis en mi laboratorio para saber de qué está compuesto pero creo que eso de los extractos naturales de plantas es una patraña.
    -No hay tiempo- contestó Pallantier-. Debemos encontrar a Milwaukee lo antes posible. Ya lo hará cuando volvamos a Washington... ¿Qué demonios?

    Como si de un truco de magia se tratase, se comenzó a escuchar una música de organillo proveniente de la calle. Los cuatro hombres salieron afuera, armas en ristre. Se encontraron el espectáculo más extraño del mundo: en el centro de la calle había uno de esos carros que a los feriantes les sirven tanto de vehículo como de puesto. Desplegada en uno de sus lados se encontraba una tarima que hacía de escenario. En él se encontraba de pie un hombre. Era alto y delgado. Iba vestido con un sombrero de copa y un llamativo traje a rayas. Se apoyaba en un bastón. Una sonrisa iluminaba su afilado rostro, decorado con un retorcido bigote. Al lado suyo se encontraba un estante con un montón de botellas iguales que aquellas que los agentes encontraron en el interior de la tienda. Un cartel colgaba encima suyo y escrito en letras grandes ponía: “Vean el maravilloso milagro de la ciencia. El natural Tónico para los Nervios del Dr. Milwaukee. Apto para todas las edades”.
    -¡Oh, nuevos clientes!- gritó el peculiar vendedor con un extraño tono, mezcla entre un feriante y un orador- ¡Acérquense, caballeros! ¡No tengan miedo! ¡Vean mi milagrosa creación! ¡Este tónico les hará olvidar los problemas de la vida diaria! ¡Se lo garantizo!- cogió una botella y la abrió con gran destreza- ¿Quién quiere ser el primero en notar sus beneficiosos efectos?
    Los hombres apuntaron al feriante.
    -¿Es usted el Dr. Milwaukee?- gritó Pallantier apuntando al hombre con su revólver.
    -¡El mismo!- contestó Milwaukee con una reverencia- ¡Dr. Alistair Milwaukee, para servirle! Le veo un poco tenso. ¿No le gustaría gozar de un rato de tranquilidad? ¡Yo tengo el remedio para ello con mi tónico!
    -¡Alistair Milwaukee, queda detenido por el Gobierno de los EEUU!
    -¿Yo? ¿Por qué?- contestó Milwaukee con cínico ademán.
    -¡Está vendiendo un producto que es nocivo para la gente! ¡Le insto a que baje de ahí y se entregue!
    -¿Nocivo? ¿Mi producto, nocivo? ¡Cielo santo! ¿Qué clase de calumnia es esa?- la sonrisa nunca abandonaba el rostro del científico loco- ¡Mi tónico ha ayudado a esa pobre gente! Se lo voy a demostrar- Milwaukee dio un bastonazo en el suelo y el organillo dejó de emitir su melodía. Dio otros dos bastonazos en el suelo. Los golpes hicieron que entre las casas se escuchara cierto movimiento. Wapasha se puso tenso pues notó que algo detrás suyo se movía por los tejados.
    -¡Cuidado!- al grito del nativo, los agentes apuntaron hacia el tejado de la tienda. Algo, alguna especie de voluminoso animal, saltó por encima de ellos con gran velocidad para caer al lado de Milwaukee.
    -¡Qué Dios nos asista!- musitó el Dr. Richardson al ver al ser. Era una especie de híbrido entre humano y simio. Sus manos se apoyaban en el suelo debido a su encorvada espada. Su rostro era feroz, con una protuberante mandíbula llena de afilados dientes. La ropa que llevaba estaba hecha jirones, fruto del aumento de tamaño del cuerpo. Pero es que no era el único. Del resto de casas comenzaron a salir esta clase de criaturas. Hombres, mujeres y niños habían sido transformados por el tónico.
    -¡Maldito loco! ¿Qué le ha hecho a esta pobre gente?- gritó furioso Montgomery.
    -¿Yo? Nada- contestó Milwaukee con su peculiar tono-. Solo les he proporcionado tranquilidad a sus desgastados nervios. ¡Ya no tendrán que preocuparse por el trabajo o por el dinero! ¡Ahora son libres! ¡Y todo ello gracias a mi tónico! ¿Seguro que no desean probarlo?
    Montgomery apuntó con su rifle al científico loco y disparó. Sin embargo, la criatura que saltó desde el tejado de la tienda se interpuso entre Milwaukee y la bala. Su nueva estructura física permitió que el proyectil no penetrara demasiado en sus hiperdesarrollados músculos. Lo único que consiguió el tirador tejano fue enfurecer a la criatura. El resto de engendros comenzó a aporrear el suelo con sus grandes manos y, como una tribu de monos, se dirigieron corriendo a cuatro patas, gritando y mostrando sus dientes a los agentes.
    -¡Rápido! ¡Entremos en la tienda!- ordenó Pallantier.
    Disparando a la masa que se abalanzaba sobre ellos, los cuatros hombres entraron en el lugar. Más y más de estos seres entraron en la tienda.
    -¡Son demasiados! ¡No podremos con ellos!- afirmó Montgomery mientras se cubría detrás de un mostrador.
    -¡Creo que muchas de ellos son los habitantes de los otros pueblos que han seguido a Milwaukee!- gritó nervioso el Dr. Richardson mientras intentaba recargar su revólver.
    -¡Debemos subir al tejado!- aconsejó Wapasha.
    -¡Vamos!- al grito de Pallantier, los hombres salieron corriendo a la escalera por la que se accedía a la techumbre mientras disparaban a bulto. Algunas de las criaturas cayeron heridas pero otras seguían adelante sin importarle el dolor de las balas. Al llegar arriba, cerraron la puerta y la trabaron con unas cuantas cajas llenas de herramientas y otros objetos pesados. Los engendros golpeaban desde el otro lado.

    -Creo que esto no va a durar mucho- dijo Montgomery.
    Sin embargo, para sorpresa de los agentes, las criaturas cejaron en su empeño y volvieron a reunirse con su amo. Desde la azotea, los cuatro podían ver que los seres se arremolinaban alrededor de Milwaukee mientras les lanzaban amenazadores gritos.
    -¡No tienen escapatoria, caballeros!- dijo sonriente el doctor- ¡Vamos! ¡Prueben mi tónico y dejen las preocupaciones a un lado!
    -¿Y convertirnos en sus esclavos como le ha ocurrido a esa gente?- preguntó Pallantier.
    -Esta gente estaba harta de sus estresantes vidas. Yo les proporcioné un remadio y ahora me sirven para agradecérmelo. ¡Les traje la felicidad!- contestó Milwaukee.
    -No hay escapatoria. Solo nos queda luchar y morir como auténticos guerreros- dijo Wapasha.
    -¿Y dejar escapar a ese lunático y que convierte a todo el país en esas cosas? ¡Nunca!- gritó Montgomery.
    El Dr. Richardson se quedó mirando al carromato de Milwaukee. El poco aire que soplaba levantaba los cortinajes de vivos colores con los que estaba cubierto el carro. Tras ellos, pudo vislumbrar lo que parecía el laboratorio portátil del científico: aparatos de medidas, botellas vacías, alambiques y dos grandes toneles.
    -¡Eso es! ¡El alcohol!- se dirigió al tirador- Agente Montgomery, ¿es usted el mejor tirador del Servicio Secreto?
    -Esto... Doctor... Con todos mis respetos, esa debe de ser la pregunta más estúpida que me han hecho en mi vida- contestó Montgomery.
    -¿Podría darle a esos barriles?- el químico señaló al objetivo sin que Milwaukee se diera cuenta. El tejano confirmó con la cabeza, apuntó, mantuvo la respiración y disparó. Un disparo certero que agujereó uno de los barriles. El científico loco se sobresaltó por el disparo.
    -¡Ja! ¡Han fallado!- dijo con gesto de triunfo.
    -Yo no estaría tan seguro- el Dr. Richardson sacó la botella de tónico que había encontrado en la caja del almacén. Quitó el tapón e introdujo un pañuelo. Acto seguido, extrajo una cerilla de una caja que llevaba en el bolsillo, la encendió y prendió fuego al trozo de tela.
    -¿Qué hace, doctor?- preguntó Pallantier- Esa botella podría ayudarnos a salvar a esta gente.
    -Lo sé pero no veo otra salida. No creo que podamos hacer mucho por esta pobre gente si siguen bajo el influjo de Milwaukee- contestó Richardson-. Estamos perdidos y es la única forma de acabar con esta locura.
    El resto de agentes asintió. Pallantier no tuvo otra que autorizar al doctor.
    -Si cree que es lo mejor, hágalo.
    El doctor apuntó al reguero de alcohol que se había formado al agujerear el barril y que goteaba del carro, formando un charco. Lanzó el artefacto incendiario con suficiente fuerza para que cayera cerca. La botella explotó en llamas, prendiendo el montón de alcohol líquido. El río de fuego subió por el carro hasta llegar al barril.
    -¡A cubierto!- gritó el doctor. Los agentes se parapetaron detrás del cartel de la tienda. La explosión reventó el carro. Milwaukee salió despedido convertido en una bola de fuego. Las criaturas que habían alrededor suyo estallaron. Literalmente. “Algún efecto secundario del tónico”, aseguraba el Dr. Richardson mientras los agentes contemplaban la dantesca escena. Las que no habían sido alcanzadas por la explosión huyeron del lugar asustadas.

    Los cuatro hombres bajaron del tejado. En la fachada de la tienda había un boquete por el que había penetrado el cadáver en llamas del Dr. Milwaukee, el cual fue a parar al otro lado del establecimiento. Washapa y el Dr. Richardson se quedaron mirando al cadáver humeante del científico loco empotrado en una de las estanterías.
    -Buen trabajo, doctor. Sabía que daría lo mejor de usted en un momento tan crítico- dijo el nativo al científico.
    -Bueno... Yo... Tampoco lo he hecho tan bien- contestó apesadumbrado el químico-. Esa botella era la única esperanza para salvar a aquellas pobres personas.
    -Pero nos salvó la vida y consiguió acabar con ese maníaco. Eso es lo importante.
    El doctor negó cabizbajo, pensando en que no podría salvar a aquellas gentes. De repente, se llevó la mano a la frente con gesto sobresaltado.
    -Pero... ¡Seré idiota! ¡Se me olvidó que había una caja en el almacén! Con todo este ajetreo, no caí en ello.
    El químico salió disparado hacia el almacén. Allí estaba la caja que los agentes habían descubierto antes, con las botellas intactas.
    -¡Bendito sea Dios! ¡Ahora podemos curar a esas personas!- el doctor estaba eufórico.
    -Antes deberíamos encontrarlas- sugirió Montgomery-. Las que sobrevivieron a la explosión escaparon.
    -Y eso es lo que haremos- dijo Pallantier-. ¡Caballeros, a sus monturas!

    Los cuatro agentes salieron de la tienda. El carro del doctor todavía estaba en llamas. Los trozos de las criaturas alcanzadas por la explosión estaban esparcidos por toda la calle. Los cuatro hombres cruzaron el lugar hasta el establo, se montaron en sus caballos y se dirigieron hacia donde las huellas de los supervivientes les indicaron.
  • El mayor (anti)héroe del Imperio Británico./

    Escrito por Platov el 14/07/2014
    ¡Cof! ¡Cof!
    ¡Diantre, cuánto polvo!

    ¿Hola?
    ¿Hay alguien ahí?

    Sí que llevaba tiempo sin actualizar al blog, sí.
    Entre la tesis, escribir relatos para revistas y el infernal calor que hace me producen una pereza del tamaño de la Plaza Roja. Mis disculpas a todos por la tardanza.

    Bien, ¿por dónde iba? ¡Ah, sí! Quería haceros una recomendación literaria. Uno de esos libros que hace que te rías a lágrima viva. Ese libro es "Harry Flashman", de George McDonald Fraser.

    ¿De qué va?
    Imagináos la situación: ante el avance de las hordas afganas, la tropas del imbatible Imperio Británico tienen que retirarse a la India cruzando el Paso del Khyber, en lo que se convirtió en uno de los mayores éxodos/masacres del largo reinado de Victoria I. Y allí es donde está nuestro protagonista.

    Harry Flashman es el mayor héroe del Imperio Británico.
    Ha sobrevivido a catástrofes, duelos y torturas con la entereza y valentía que debe tener un soldado británico. Solo hay un pequeño problema: todo lo que acabo de contar sobre él es mentira. En realidad, Flashy es un cobarde, un prepotente y un putero. ¡Hey! Pero posee un don innato para montar a caballo y aprender nuevos idiomas.
    Entonces, ¿de dónde viene su fama de héroe? Pues de que tiene un don especial que solo aparece en esta clase de personas: siempre está en el lugar adecuado, en el momento preciso. ¿Qué un grupo de jinetes afaganos emboscan a Harry y a sus hombres en una misión de exploración? Tranquilos: Flashy saldrá por piernas para salvar el pellejo, dejando a merced de los afganos a sus hombres, pero la divina providencia hará que estos venzan a los atacantes. Si esto no fuera poco, los hombres de Flashman morirán por las heridas antes de que lleguen los refuerzos, formados por un montón de húsares que piensan que Flashy ha acabado él solito con todos los afganos en una lucha a muerte.
    Sí, ese es nuestro héroe.

    La novela está llena de momentos delirantes como el que os acabo de mencionar, amén de otros momentos no tan agradables para nuestro protagonista. También aparecen varios personajes históricos, como el duque de Wellington o la mismísima reina Victoria. Está escrita en primera persona, por lo que puedes hacerte una idea de cómo es Flashy gracias a sus irónicos comentarios. Todo ello servido con un gran rigor histórico.

    Y la cosa no acaba ahí pues "Harry Flashman" es el inicio de una saga donde nuestro protagonista viajará por todo el mundo en busca de aventuras. Bueno, en realidad las aventuras le encuentran a él, en parte por su trabajo como espía al servicio de Su Majestad, en parte por su enorme bocaza.

    Sí queréis divertiros leyendo este verano, os la recomiendo.

    ¡Fuerza y Honor!
  • Yo también quiero que vuelva la República.../

    Escrito por Platov el 04/06/2014
    ...de Roma.

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    ¿Por qué me miráis así?
  • Un buen día para una ejecución./

    Escrito por Platov el 29/05/2014
    ¡Saludos a todos!
    Sí, lo sé, ha sido un gran parón. Muchas han sido las causas (falta de inspiración, la puñetera tesis, la asistencia a unas conferencias, etc.), así que os pido perdón.

    En otro orden de cosas, gané el reto literario de este mes de Forbidden Webzine con el relato "Un cuento persa". Echadle un vistazo, que también ha participado Dark_Lord.

    Y, ahora, al lío.
    Aquí tenéis un nuevo relato protagonizado por vuestra tirana genocida favorita. Espero que os guste. Ya sabéis que quiero vuestras opiniones sobre el relato. ¡Fuerza y Honor!

    El día era frío y nublado. Bueno, como casi todos los días en Polyarnyygrad, la capital de la Horda Polar. Sin embargo, este clima desapacible no era excusa para no llevar a cabo una ejecución. Y esta no era una más, ya que en ella se iba a dar muerte a los miembros de una de las células de igualitaristas más famosas del imperio: “Los Hijos de Octubre”. Su líder, Anatoly Zabatov, era uno de los grandes enemigos de la zarina. Es por eso que la joven emperatriz había querido asistir en persona a tal acontecimiento, acompañada por la jefa del servicio de inteligencia imperial, la coronel Nadia Tereshkova, y el comisario general de la policía imperial, Artyom Serchesko. La ejecución se llevaría a cabo en el patio de armas de la prisión estatal de la capital. Todo estaba preparado. Por orden de la zarina, se dejaría al líder de la célula para el gran final.

    Su excelencia entró en el despacho junto con sus dos acompañantes.
    El alcaide hizo una reverencia.
    -¡Oh, su excelencia!- dijo- Es un honor tenerla aquí para presenciar como los enemigos de la nación son...
    -Está perdiendo el tiempo tontamente con sus estúpidos halagos, señor- respondió secamente Ekaterina-. Quiero que se inicien las ejecuciones. ¡Ahora!
    El alcaide se quedó mudo. Asintió como un tonto.
    -Sí... Sí, su excelencia. ¿Le gustaría tomar algo mientras presencia tan magno acontecimiento?
    Ekaterina se sentó en el cómodo sillón del alcaide para fastidio de su dueño.
    -Tomaré un licor.
    El alcaide ni siquiera esperó un “por favor” de su excelencia y llamó al personal de servicio por un intercomunicador para que trajeran el licor. En cuestión de unos pocos minutos, apareció un guardia con una botella y varias copas, sirviendo a cada uno de los asistentes. La coronel Tereshkova rehusó la bebida con gesto indiferente. Acto seguido, el alcaide dio orden por el intercomunicador de sacar a los primeros prisioneros. Eran cinco jóvenes estudiantes de universidad. Con los cañones de los fusiles de los guardias a sus espaldas, los jóvenes se dirigieron hacia cinco postes situados cerca de la pared este del recinto. Un guardia se encargó de atar las manos de los disidentes a los postes con cuerdas, de modo que sus espaldas reposaban en el tronco de madera. Después, comenzó a vendarles los ojos.
    -¡No! ¡Exigí que no se les vendaran los ojos!- gritó la zarina.
    -Cierto- dijo compungido el alcaide. Usó el intercomunicador para dar la orden. Un guardia salió del recinto y avisó al que estaba colocando las vendas, parando el proceso.
    Los cinco guardias que habían escoltado a los jóvenes se colocaron delante de ellos y apuntaron con sus fusiles al pecho de los presos. Un oficial de la guardia desenvainó su espada, alzándola al viento. Ekaterina sonrió.
    -Ya empieza- dijo su excelencia con sumo placer- ¡Acabe con ellos!
    El alcaide dio la orden de disparo. El guardia avisó al oficial y este bajó con rapidez el sable. Los cinco guardias dispararon, acertando justo en el corazón de cada uno de los jóvenes. De sus pechos manó sangre mientras que sus cabezas, sin vida, cayeron hacia un lado.
    -¡Bien! Un dolor de cabeza menos- dijo la zarina con gesto triunfante-. Ahora, el gran final. ¡Alcaide, ejecute a ese traidor de Zabatov!
    -Sí, su excelencia- el alcaide llevó a cabo el mismo procedimiento que con los otros presos para llamar a Zabatov. Sin embargo, el reo no salió con la misma prontitud que sus compañeros. Algo estaba pasando. Los minutos pasaban y eso no le hacía gracia a nuestra protagonista.
    -Alcaide, ¿ocurre algo?- preguntó Ekaterina con cierta ansiedad.
    -Eh... No lo sé, su excelencia. Normalmente, los presos son traídos con bastante celeridad.
    Ekaterina miró al alcaide con sus ojos de hielo, lo cual podía poner nervioso incluso al más templado de los hombres.
    -¿A qué está esperando? ¡Busque una explicación!
    -Sí... Sí, su excelencia- el alcaide volvió al intercomunicador. Las noticias que le vinieron del otro lado de la línea hicieron que se pusiera pálido, sudoroso y tembloroso. Sabía lo que iba a pasar si le comentaba a la zarina lo que estaba ocurriendo.
    -¿Qué ocurre?- preguntó Ekaterina con siniestra voz.
    -Eh... Pues verá, su excelencia... esto...- el alcaide medía con cuidado sus palabras- Se va a reír...
    La sospecha invadió el rostro de la joven, temiéndose lo peor.
    -¿Acaso ve que me esté divirtiendo con sus estúpidos balbuceos, alcaide?
    -¡Oh, no! Ni mucho menos, su excelencia. Es que... verá...
    Ekaterina explotó.
    -¡¡¡HABLE YA!!!
    El alcaide pegó un salto del susto.
    -Zabatov se ha escapado, su excelencia.
    Ekaterina dejó caer la copa de licor al suelo. Se levantó y se dirigió hacia el alcaide. Aunque tenía que levantar la cabeza de forma cómica para ver el rostro aterrorizado del hombre, todo el mundo estaba callado en la sala.
    -¿Cómo... que... se... ha... escapado?- preguntó lentamente Ekaterina.
    -Verá... Parece ser que... los guardias... han sido noqueados por Zabatov aprovechando un descuido de estos- el alcaide solo pensaba en el horrible destino que le esperaría por culpa de ese incidente.
    -¡¡¡PUES HAGA ALGO, IMBÉCIL!!!- el grito de Ekaterina hizo que al hombre casi le diera un infarto.
    -Sí... Ahora mismo daré la alarma- nervioso, el hombre conectó el sistema de alarma de la prisión. El sonido de las botas de los guardias retumbaba por el suelo de la prisión. El comisario general habló.
    -Su excelencia, comunicaré por teléfono a la comisaría central para que desplieguen patrullas por toda la ciudad para que el fugitivo no escape en caso de que salga de la prisión.
    -Bien, Serchesko- dijo la zarina. Acto seguido, se dirigió con enfado al alcaide- ¿Lo ve? Este es un hombre que hace bien su trabajo, no como usted.
    -Lo siento, su excelencia- contestó compungido el alcaide.
    -Con un “lo siento” no basta. Rece a los dioses para que este incidente se resuelva.
    Mientras Serchesko llamaba a la comisaría central con el teléfono que había en la mesa del despacho, la coronel Tereshkova, con su inexpresivo rostro, habló con la zarina.
    -Su excelencia, será mejor que salgamos de aquí. Su vida corre peligro. Quizás Zabatov aproveche el tumulto no para escapar, si no para asesinarla.
    -¡Argh!- suspiró Ekaterina con mala gana- Tener que huir del tipejo al que quería ejecutar. ¡Está bien! Salgamos de aquí.
    -Su excelencia, si quiere, alguno de los guardias de la prisión podrían escoltarla- dijo el alcaide en un intento de volver a ganarse la simpatía de la zarina.
    -¿Para que hagan el mismo trabajo que con Zabatov? No, gracias- contestó Ekaterina con desprecio. El alcaide agachó la cabeza en señal de fracaso.
    Después de que Serchesko terminara la llamada, Ekaterina, la coronel y él mismo salieron del despacho en dirección a la salida de la prisión.

    Los corredores del lugar estaban llenos de guardias que no paraban de moverse. Entre el jaleo, se oían novedades sobre la posición de Zabatov. “Está en el corredor C”, decían unos. “Acabo de enterarme de que acaba de cruzar por las cocinas”, decía otro. “Lo han visto salir por el ala norte”, aseguraban algunos.
    -¿Y esto es el nivel de profesionalidad de los guardias de nuestras prisiones? ¡Patético!- decía Ekaterina mientras andaba con paso firme- Serchesko, recuérdeme que promulgue una ley para mejorar el nivel de entrenamiento de los guardias.
    -Sí, su excelencia- contestó el comisario.
    -Y de paso, tengo que expulsar a ese estúpido alcaide de aquí. Lo mandaré a que supervise las labores de las minas de sal de Yokutva. Tal vez eso le ayude a mejorar en su trabajo.
    -Excelencia, deberíamos movernos por los pasillos de servicio- sugirió Tereshkova-. Moverse por los corredores nos expone demasiado.
    -Si usted lo dice, Tereshkova...- dijo Ekaterina.
    Tras girar una esquina, entraron por una de las puertas de servicio. Tras pasar por varios pasillos y salas llenos de ventanas enrejadas, llegaron a una de las zonas comunes donde los guardias podían descansar entre turno y turno. El lugar parecía tranquilo. De hecho, parecía demasiado tranquilo.
    -Esto no me gusta- dijo la coronel sin mostrar ni un ápice de emoción. Sacó su pistola y se dirigió a la salida del lugar-. Serchesko, quédese aquí con su excelencia. Voy a ver que nos espera más adelante.
    El comisario asintió y sacó también su pistola.
    -Quédese detrás mío, su excelencia.
    -¡Argh!- rezongó Ekaterina.
    Ante la tardanza de Tereshkova tras varios minutos de espera, Serchesko se adelantó para ver si volvía. El sonido de las voces de los guardias reverberaba por los pasillos. Parecía que no había ni rastro de Zabatov.
    -¿Es que nunca van a coger a ese tipo? ¡Pandilla de imbéc... aaaaaaaaaaah!- gritó Ekaterina.
    -¿Pero qué?- Serchesko se giró- ¡Excelencia!
    Para sorpresa de todos, Zabatov había seguido a la comitiva deslizándose por uno de los conductos de ventilación hasta la sala. Agazapado, aprovechó el momento de distracción del comisario y la ausencia de Tereshkova para salir y atrapar a Ekaterina. En su mano llevaba un cuchillo que, por su extrema suciedad, parecía haber salido de las cocinas de la prisión. Apoyaba la afilada hoja en el cuello de la zarina.
    -¡Suelta el arma, perro opresor!- gritó el revolucionario.
    Serchesko no tuvo más remedio que hacerle caso. La vida de la emperatriz corría peligro. Tereshkova, como si sus sospechas la hubieran avisado de lo que estaba pasando, hizo acto de presencia.
    -¿Qué?- incluso viendo a la zarina en peligro, la coronel seguía haciendo gala de su sangre fría. Apuntó a Zabatov a la cabeza.
    -¡Tú también suelta el arma, asesina!- gritó Zabatov, apretando aún más el cuchillo contra el cuello de Ekaterina.
    Sin inmutarse, la coronel seguía apuntando.
    -No.
    -¡He dicho que la sueltes, tuerta genocida!
    Tereshkova hacía caso omiso a las amenazas del joven.
    -¡¡¡SUÉLTAME!!! ¡¡¡ES UNA ORDEN!!!- gritó Ekaterina.
    -¡Tú calla, tirana! ¡Tú eres la causa de todos los males que les ocurren a nuestro pueblo!- le respondió a la zarina para volver a gritar a la coronel Tereshkova- ¡Y tú, suelta el arma de una vez!
    La coronel volvió a negarse.
    -¡¡¡REZA POR NO SALIR CON VIDA DE AQUÍ, TRAIDOR!!!- Ekaterina gritaba aún más.
    -¡¡¡SILENCIO!!!- la voz de Zabatov retumbó por toda la sala- ¡Algún día, el pueblo se alzará en armas contra el régimen opresor! ¡Te despedazarán y esparcirán tus trozos por las calles! ¡Te darán una muerte horrible! ¡Y ese día será el final de...!- a Zabatov se le cortaron las palabras, pues la coronel aprovechó el descuido de realizar un discurso en esa inoportuna ocasión para dispararle en la frente. Ekaterina pudo zafarse del cuchillo antes de que el cadáver, al caer lentamente al suelo, le pudiera sesgar el cuello con el arma blanca. La coronel y el comisario se acercaron con rapidez para ver si la zarina estaba herida.
    -No, estoy bien- Ekaterina sonrió-. Buen trabajo, Tereshkova.
    -Gracias, su excelencia.
    Ekaterina se acercó al cadáver y le dio una fuerte patada en la cabeza.
    -¡Ojalá estuvieras vivo para sentirla, perro!
    Al poco tiempo, los guardias entraron en el lugar, alertados por el disparo.
    -¿Todo bien por aquí?- preguntó uno de los oficiales.
    -Sí pero no gracias a ustedes- contestó la zarina.
    Tras recoger el cadáver del reo, los guardias escoltaron a Ekaterina a la salida, donde su carruaje la esperaba para volver a la comodidad y seguridad del Palacio Helado.
  • Porque el amor es inmortal./

    Escrito por Platov el 03/05/2014
    ¡Saludetes varios, colegas de Subcultura!
    Aquí vuelvo con otro relato. Creo que este ha sido el que más me ha costado escribir. Al terminarlo por primera vez, sentí que le faltaba algo. Por suerte, varias personas, entre las que se encuentran Ensis y Vilem_Landerer me han ayudado con sus opiniones para mejorarlo. Les doy las gracias de todo corazón y a ellos va dedicado.
    ¡Disfrutadlo!

    Leopold Adamsen estaba preocupado.
    No tenía pensado realizar ningún viaje aquel mes, ni tampoco tenía tiempo para ello pues el bufete de abogados donde trabajaba estaba bastante cargado de trabajo. Pero allí estaba, montando en ese carruaje con destino a un lugar lejos de Copenhague. Fue una carta lo que le hizo salir de su ajetreada vida. Aquel pedazo de papel era la fuente de su ansiedad. Estaba escrito por Ase, la hermana de su mejor amigo, Knud. La joven hablaba con tristeza, preocupación y, sobre todo, miedo. Al parecer, su hermano se había encerrado en una mansión que su familia tenía en un rincón oscuro del bosque más frondoso de toda Dinamarca. Leopold sabía el porqué de aquella actitud: Knud no pudo soportar la muerte de su esposa Iris tres años después de casarse. Sufría una enfermedad del corazón que Knud, gran cirujano, intentó curar sin éxito. El fracaso por no poder salvar a su esposa lo entristeció tanto que casi ya nunca volvían a verse las caras, tal vez solo en alguna festividad puntual pero nada más. Sin embargo, lo que hizo que le recorriera un escalofrío por el cuerpo a Leopold fue la parte donde Ase relataba cuando su hermano abandonó la tranquilidad de su casa para irse a vivir a aquel caserío abandonado desde hace tiempo por su familia. No dijo nada. Tan solo hizo las maletas y se encerró en el lugar. Los intentos por comunicarse con él fueron infructuosos y a la joven solo le quedaba una salida para recuperar a su hermano: que su mejor amigo hablara con él. Junto con la carta había un plano para llegar al lugar. Leopold no se lo pensó dos veces y decidió viajar al lugar lo antes posible. Todo fuera para volver a ver a su amigo y tranquilizar a su familia. Bien pensado, probablemente Knud necesitaba alejarse del mundanal ruido de la ciudad para aclarar sus ideas. No obstante, las súplicas escritas en la carta le hicieron preocuparse por su amigo.

    El viaje fue largo y tedioso.
    Leopold agradecía las paradas y la compañía del cochero, con el que podía hablar tranquilamente y quitarse por un momento la preocupación por el estado de salud de Knud. Tras recorrer valles y colinas, el carruaje se adentró en el bosque. Era un lugar que parecía sacado de un cuento de hadas. A Leopold le daba la impresión de que podría salir algún elfo de detrás de los árboles. Esta tranquilidad se iba desvaneciendo cuanto más se internaban en el lugar, tornándose el paisaje de una bella estampa bucólica a algo sacado del más tétrico de los relatos. La luz del sol pareció rendirse ante lo frondoso del follaje y los árboles comenzaron a adoptar formas amenazadoras. Leopold estaba deseando llegar de una vez a su destino.
    Sus plegarias fueron escuchadas cuando, en mitad de un claro por el que pasaba la poca luz del atardecer que podía entrar en ese lugar, descubrió un caserío de enormes proporciones. El carruaje paró y Leopold bajó con sumo cuidado. El cochero bajó el equipaje y, tras ser sus servicios retribuidos, se marchó por donde había venido. Leopold avanzó con su equipaje en la mano hacia la puerta de entrada. El edificio parecía haber vivido mejores días: la piedra con la que estaba construido estaba totalmente cubierta de moho, al tejado de madera le faltaban varias tejas, las ventanas estaban empañadas por el polvo y la puerta principal presentaba varios picados. Leopold intentó usar el aldabón con forma de cabeza de león para llamar pero estaba tan oxidado que no podía moverse. Así que aporreó la puerta. Nada. Leopold comenzó a ponerse nervioso. ¿Y si Knud había regresado a su hogar cuándo él se dirigía hacia allí? O lo que era peor: ¿y si Knud había muerto en el lugar? Tal vez eligió el lóbrego caserío para pasar sus últimos días antes de darse una muerte honorable. Con un rápido gesto de su cabeza, Leopold borró esos pensamientos. Optó por llamar de viva voz a su amigo.
    -¡Knud! ¡Soy yo, Leopold! ¿Estás ahí? ¡Abre, te lo suplico!
    Nadie contestó. Leopold se puso cada vez más nervioso. Lo peor no era eso. Lo peor era pensar en cómo haría el viaje de vuelta. Si ya internarse en aquel bosque era horrible montado en un carro, andar por él sería una experiencia terrorífica. Cuando todo parecía perdido, unos pasos comenzaron a oirse al otro lado de la puerta. Pararon para oirse a continuación el estruendoso sonido de una llave abriendo la cerradura principal. La puerta se abrió lentamente.
    -¡Knud! ¡Qué alegría poder volver a...!- Leopold calló derrepente al ver el desastroso estado en el que se encontraba su amigo: pelo largo sin lavar, rostro demacrado sin afeitar, uñas largas y la ropa más mugrienta que Leopold había visto en su vida- ¡Knud! ¿Qué te ha pasado? ¡Estás horrible!
    -Ho... hola, Leopold- dijo Knud- No. Tranquilo. Estoy bien.
    -Ase me mandó esta carta- Leopold entregó el escrito a Knud-. Está muy preocupada. Y yo también.
    -¿Por eso estás aquí?- dijo Knud sin prestar mucha atención a la carta.
    -Sí. Tienes que regresar a tu casa. Sé que la muerte de Iris te afectó pero creo que esta no es manera de...
    Knud alzó su mano para pausar a Leopold. La tranquilidad con que lo hizo y la sonrisa que se dibujó en su rostro pasmaron al joven.
    -Tranquilo, Leo. Estoy bien. Si no me he puesto en contacto con vosotros es porque he estado ocupado.
    -¿Ocupado? ¿En qué?- preguntó sorprendido Leopold- Te vienes a este lugar alejado de la mano de Dios y ni te dignas en escribir a tu familia.
    -Lo sé, Leo, pero necesitaba quedarme aquí- Knud miró al cielo-. Se está haciendo de noche. Será mejor que entres.

    Los dos jóvenes entraron.
    Leopold no pudo contener hacer un respingo con la nariz ante el fuerte olor a humedad del lugar. También detectó un hedor extraño. Algo rancio.
    -¿A qué huele?- preguntó.
    -A la descomposición de las hojas del bosque- dijo Knud-. Tranquilo, seguro que te habrás acostumbrado cuando regreses.
    Algo le hizo pensar a Leopold que su amigo mentía. Prefirió disimular.
    -Eso espero, pero no tengo ni idea de cómo voy a pedir un carro para regresar.
    -Tranquilo. Tengo mi carruaje con caballos en el establo. Puedes llevártelo si quieres.
    -Bien pero tú te vienes conmigo.
    Knud se giró de forma brusca y estalló en un arrebato de ira.
    -¡No puedo! ¡Acaso no oyes bien!
    Leopold se asustó. Algo le estaba pasando a su amigo. Algo grave que él jamás le diría. Knud se calmó.
    -Lo... lo siento, no pretendí...
    -No pasa nada, Knud- dijo Leopold con tono tranquilizador.
    Knud sonrió.
    -Bueno, será mejor que prepare algo para cenar.

    Los dos jóvenes cenaron a base de animales del bosque y agua de lluvia.
    -Los he cazado yo- dijo Knud con una siniestra sonrisa mientras masticaba.
    -Ya...- Leopold seguía sin creerse que aquel ser antediluviano fuera su mejor amigo. Observó la sala donde se encontraban: un amplio salón decorado con tapices que habían sido víctimas del paso del tiempo y el moho. Los muebles estaban deslucidos y llenos de arañazos y golpes. Lo único que ofrecía comodidad era la chimenea de ladrillo, encendida con unos tocones que habían sido cortados por Knud.
    -¿Ase está bien?- preguntó Knud.
    -¿Qué? ¡Ah!- Leopold salió de su ensimismamiento-. Sí, está bien pero está muy preocupada por ti.
    -Lo comprendo- Knud cambió de conversación-. ¿Y qué tal el bufete?
    -Bien. Últimamente andamos muy cargados de trabajo.
    Knud adoptó una actitud de culpabilidad.
    -Siento mucho que mi situación actual te haya alejado de tu trabajo cuando más te necesitan.
    -No pasa nada- dijo Leopold-. Y ya que estamos hablando de trabajo, ¿piensas volver al hospital?
    -No- contestó impasible Knud.
    -¿No? ¿Cómo que no?
    -Verás, los días que he pasado aquí me han ayudado en mis investigaciones- a Knud comenzaron a brillarle los ojos. Una sonrisa se dibujo en su rostro, lo cual incomodó a Leopold.
    -¿Sí? ¿De qué forma?
    -Creo que he encontrado la cura para la enfermedad de Iris.
    -Para curar a otras personas con esa enfermedad- dijo Leopold.
    -No. Para curar a Iris.
    Leopold miró a su amigo con gesto de preocupación y, a la vez, de terror. La cara de Knud era un horrible cuadro en el que se mezclaban felicidad con locura.
    -Knud, ¿acabas de escucharte? Iris está muerta, no puedes hacer nada por ella.
    Knud se levantó de su asiento con rapidez, salió corriendo hacia Leopold y lo levantó de la silla agarrándolo de la pechera.
    -¡No está muerta! ¿Me oyes? ¡Puedo salvarla!
    Leopold estaba asustado. Los ojos de su amigo estaban inyectados en sangre y no paraba de rechinar los dientes. En cuestión de segundos, Knud volvió a su actitud normal y soltó a Leopold, que estaba temblando.
    -Per... perdona... Yo...
    -No hace falta que te disculpes- dijo con enfado Leopold-. Este lugar te está volviendo loco. Mañana vuelves conmigo.
    -No... no puedo, Leopold. He de quedarme aquí. Por ella.
    -Knud...
    -Lo siento pero no puedo.
    Leopold intentó contener su rabia ante la obstinación de su amigo.
    -Te vas a venir lo quieras o no.
    Knud volvió a enfadarse.
    -¡No! ¡No pienso volver! ¡Iris me necesita!
    -Por última vez, Knud. ¡Iris está muerta!- Leopold estalló.
    -¡Mentira! ¡Es mentira! ¡Te lo puedo demostrar!
    Knud salió corriendo hacia el sótano del caserío.
    -¡Knud! ¿A dónde vas? ¡Vuelve!- Leopold siguió a su amigo hacia la estancia. Lo primero que detectó al comenzar a bajar las escaleras era que el olor a rancio aumentó, tanto que tuvo que llevarse un pañuelo a la nariz para mitigar el hedor. Lo segundo fue al llegar al suelo. El sótano había sido convertido en un laboratorio de forense. El instrumental que usaba Knud estaba ahí, junto con diagramas de los vasos sanguíneos, una pizarra en la que había dibujado un corazón gigante y unas mesas.
    Eso no fue lo que realmente le llamó la atención. En el centro de la sala había algo tapado por una gran y sucia sábana. Era una forma prismática, como una gran caja rectangular apoyada en el suelo de pie. A Leopold le picó la curiosidad. Se acercó despacio. Agarró uno de los bordes de la sábana y tiró. El corazón le dio un vuelco al ver lo que escondía la sábana.
    -¡Qué Dios nos asista!- Era un tanque acristalado y en su interior se encontraba el cadáver de Iris conservado en formaldehído. Parecía una aparición fantasmal.
    -¡Knud! ¿Dónde estás? ¿Qué demonios significa todo es...?- Leopold notó que algo le golpeó por detrás y cayó inconsciente.

    Leopold despertó con un gran dolor de cabeza. La cabeza le dolía horrores. Intentó llevarse una mano a la sien pero comprobó que algo le agarraba el brazo. Miró hacia el lado y comprobó que estaba atado a una mesa de madera, descamisado, en el laboratorio de Knud. Alzó lo que pudo la cabeza y vio a su amigo rebuscando en su maleta de cirujano.
    -¿Knud? ¡Knud! ¡Maldita sea, Knud! ¿Qué está pasando? ¿Por qué estoy atado?
    Knud se giró. Llevaba en la mano un escalpelo.
    -¿Lo ves, Leopold? ¡Iris sigue aquí, conmigo!
    -Knud, ¿qué vas a hacer con eso?- Leopold comenzó a ponerse nervioso.
    -El corazón le falló. Fue el corazón- Knud no paraba de decir incoherencias.
    -Knud, has profanado el cadáver de tu esposa.
    -¡No es un cadáver! ¡Ella sigue viva! ¡Solo necesita un corazón nuevo!
    -¿Qué? ¡Knud, ya basta!
    -Lo siento, Leopold. Fue una casualidad que llegases aquí. No quiero hacerte daño pero eres mi única posibilidad para conseguir un donante.
    Leopold se puso pálido ante la palabra “donante”. Un sudor frío recorrió su cuerpo y comenzó a forcejear para quitarse las ataduras. Era imposible.
    -¡Knud! ¡Somos amigos!- gritó desesperado Leopold.
    -La amistad puede perderse en un día pero el amor es inmortal- dijo Knud con total impasibilidad-. Tranquilo. Si te mueves tanto te haré daño.
    Leopold sintió como el frío tacto del escalpelo rozó la piel de su pecho. Acto seguido, el cortante filo le provocó el dolor más terrible que había sentido en su vida. En su último aliento de vida, Leopold vio como su amigo cogió una sierra para partir su esternón. No volvió a despertar.
  • Supervillanía práctica./

    Escrito por Platov el 15/04/2014
    ¡Saludos a todos!
    Acaba de salir el número 5 de la revista INARI, en el que he vuelto a colaborar con un relato. Dado que el tema de este número era "superhéroes", decidí escribir una entrevista en la que un supervillano da su peculiar visión del mundo que quiere conquistar.
    Desde aquí quiero dar las gracias a los miembros de la revista por haber vuelto a dar otra oportunidad. :)
    ¡No os lo perdáis!
  • Bitácora./

    Escrito por Platov el 14/04/2014
    ¡Saludos, gente!
    Es hora de publicar otro relato. Esta vez quería escribir una aventura espacial con toques de humor, algo que quería hacer hace un tiempo. También he usado algunas razas alienígenas que ya saqué en relatos anteriores a este.
    Así que allá va. Espero que os guste. Las opiniones serán bien recibidas.

    BITÁCORA

    Diario de Mortimer Sekundar, capitán del destructor de la Flota Estelar de la Tierra “Imperator”. Fecha estelar: 3854392... Eh... Creo que ahora venía un nueve... ¿O era un dos?

    Hora terrestre: 12:30

    Nos dirigimos al sector Delta mientras realizo esta grabación.
    Al parecer, los nox han estado causando problemas en esta región del espacio. Ya sabéis, exterminando a aquellos que consideran impuros y capturando a los “especímenes aptos” para sus horribles experimentos. No sé que es peor, que te encierren en una cámara de gas o que te usen para probar nuevos biotransplantes de dudosa eficacia. Solo de pensarlo me entran escalofríos. En serio. Soy el capitán más aguerrido de toda la flota (mirad mi reportaje para la revista “Héroes de la Flota”) y siempre me da miedo tener que enfrentarme a esos elfos albinos aunque he de decir que visten cojonudamente bien. Tendría que consultar quién es el sastre que les confecciona los uniformes. De hecho, pedí al Servicio Secreto que realizara una misión de espionaje para robar los modelos de los uniformes nox pero el almirante Chuikov me mandó a paseo. Sigo pensando que sería una buena idea llevar a cabo esa misión de infiltración.

    Hora terrestre: 13:15

    La misión está transcurriendo como la mayoría de misiones de reconocimiento: un soberano aburrimiento. No pasa nada. En serio, es que ni una simple nave de comerciantes zartz ha intentado abordarnos para vendernos sus productos. Todo está despejado. Estrellitas, planetitas y poco más. Algún asteroide que otro pero nada remarcable. He dado la orden de poner los motores a velocidad de paseo. Tampoco es cuestión de poner el reactor de la nave a máxima potencia, con la de energía que consume. Solo faltaría que entrase en fusión. Sería una muerte rápida para nosotros. A no ser que el reactor no explotase, lo cual sería francamente doloroso.

    Hora terrestre: 14:45

    ¡Estupendo! Parece que Shing ha detectado algo raro en el radar. Esto significa dos cosas: que Shing ya no vuelve a usar el ordenador de navegación para encontrar la estación de ocio más cercana y que esto se va a poner movidito. Doy la orden de salto hacia esa parte del sector.
    Mientras estamos en hipersalto, hablaré de los resultados de rocketball de la semana pasada. Mi equipo favorito ha vuelto a perder, lo que significa que el año que viene seguro que descendemos de categoría.

    Hora terrestre: 14:50

    Vaya, parece que ha sido una nueva falsa alarma. ¡Aquí no hay nada! Esto está más vacío que la cabeza de un ovejirraptor. En fin, será mejor que patrullemos un rato, que luego no quiero que me echen la bronca por no hacer bien mi trabajo.

    Hora terrestre: 15:30

    Llevamos un buen rato dando vueltas y nada. ¡Otra misión más perdiendo el tiempo! Con lo bien que estaría yo en mi casa... ¡¡¡LA MADRE DEL CORDERO!!! ¡¿QUÉ COJONES HA SIDO ESO?! ¡Nos están disparando a base de bien! ¡Mierda, un infiltrador nox! ¡Con razón no veíamos ni un carajo! ¡Maniobra evasiva!


    Hora terrestre: 15:35

    Parece que han dejado de disparar. ¡Oh, un mensaje entrante! ¡Ah, mira! Es el capitán de la nave nox. Mejor dicho: la capitana. Si no perteneciera a una raza que odia a todo aquel que no tenga las orejas puntiagudas y el pelo blanco, la invitaría a salir. ¡Está como un tren! Y más con ese uniforme, que le hace un tipito... Vale. El traductor universal no da abasto: que si nos rindamos de inmediato para ser trasladados a un campo de prisioneros, que si no le hacemos caso nos exterminarán, que los nox son la única raza que debe prevalecer en el universo, que si gloria al Canciller, etc, etc. Vale, guapita, ya me estoy cansando. Es hora de bajarte los humos. ¡Desvíen toda la energía a las armas! ¡Fuego a discreción! Se van a enterar esos aliens supremacistas de que pasta estamos hechos.
  • La máquina de la lluvia./

    Escrito por Platov el 03/04/2014
    ¡¡¡WOOOOOOOOOHOOOOOOOOOOOOOOOO!!!
    ¡He vuelto! Espero que me hayáis echado de menos.
    Ahora que estoy a punto de terminar el curso, tengo más tiempo para hacer otras cosas, entre ellas volver a darle al tema de la escritura. Y dado que la inspiración solo me permite relataros historias de corte steampunk, aquí os dejo una ambientada en un pueblecito del Salvaje Oeste.
    Espero que os guste. :)

    Tres meses llevábamos de sequía.
    El asfixiante calor y la falta de agua hacían imposible la vida en nuestro pueblo. Los pozos estaban secos. Los campos se marchitaban y no teníamos nada para comer. Los animales morían por el calor. Cisternas con agua tenían que ser traídas por tren desde otras partes del país para poder abastecernos. Todo parecía perdido.
    Eso fue hasta una tarde de agosto, cuando desde el taller del inventor del pueblo resonó un estruendoso “¡Eureka!” que asustó a los pocos viandantes y caballos que se atrevían a caminabar por la ardiente calle. Rápidamente, el joven salió corriendo de su lugar de trabajo, sin importarle lo que estaba cayendo, a la casa del alcalde, el cual pudo salir a malas penas a recibirle por el dichoso calor. Le explicó que había creado algo nunca visto: una máquina para fabricar lluvia. El joven explicó al máximo dirigente de nuestra localidad cómo funcionaba la máquina. Obviamente, el calor y los nulos conocimientos científicos que poseía hicieron que el alcalde no se enterara de nada. Lo único que hizo nuestro gobernante fue lanzar un resoplido y preguntarle al inventor que cuándo podría ponerla en marcha. Sería por la noche, ya que era la única hora del día en la que se podía estar en la calle sin temor de sufrir una insolación. Así fue que el joven volvió a su taller para poner a punto la máquina.

    Aquella noche, todo el pueblo se congregó en la calle principal que, obviamente, era la única calle que existía en nuestra pequeña localidad. El alcalde esperaba impaciente la llegada del inventor. Este salió de su taller tirando de una carretilla que contenía un extraño artefacto parecido a una estufa con una cafetera encima. El joven colocó el artilugio en el centro de la calle, delante de todas nuestras miradas. Abrió la extraña cafetera mientras todos mirábamos con la boca abierta, como la que ponen los tontos cuando ven algo que no comprenden. El inventor vertió unos polvos de color grisáceo en el contenedor y lo cerró con una llave. Acto seguido, abrió la puerta de la estufa, metió unos cuantos pedazos de carbón y encendió un fuego. Cerró la puerta y accionó una manivela que estaba en el lado de lo que parecía ser la chimenea. Con un fuerte pitido, un chorro de gas gris salió disparado hacia el cielo, asustándonos a todos. Poco a poco, nos dimos cuenta que el chorro comenzó a generar una nube densa. El estruendo del trueno nos sobrecogió para dar paso a las primeras gotas de agua, que pasaron a convertirse en una lluvia fina. Comenzamos a reír de la alegría que nos dio ver caer agua después de tanto tiempo. No nos importó mojarnos y fuimos a felicitar al inventor por su gran trabajo.

    Eso fue hace cinco meses.
    Desde ese tiempo, no ha parado de llover. Los pozos han reventado, los campos están anegados y los animales y plantas mueren ahogados por tanta agua. Grandes cantidades de materiales para la construcción nos llegan por tren para reparar nuestros maltrechos edificios, destrozados por el agua y la humedad. La máquina de la lluvia no deja de funcionar y ni su propio creador sabe como pararla.
  • Esto no se mueve./

    Escrito por Platov el 02/03/2014
    Saludos cordiales, como diría aquel.

    Sí, sé que últimamente no actualizo el blog tan a menudo pero el atamán tiene una explicación y como atamán que soy, una explicación os debo.

    Últimamente estoy liado, lo que se dice muy liado.
    Todo ello se debe a que, como muchos de vosotros ya sabéis, estoy comenzando con la tesis y ya sabéis por que parte voy: búsqueda y lectura de fuentes y bibliografía. Además, me he apuntado a un curso sobre civilizaciones contemporáneas al Imperio Romano, en que en cada tema hay que hacer un ensayo sobre este. Después de leer la última pataleta de Tertuliano y escribir sobre la vida y milagros de los godos me entra una pereza del tamaño de la Plaza Roja. Y el día o días que tengo que ir a la biblioteca ya ni te digo. Luego está lo de las clases de laud pero eso es otra historia.
    Así que os pido perdón por tardar tanto en actualizar esto.
    En abril termina el curso así que, a lo mejor, tengo más ganas de seguir escribiendo aquí.

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  • El espacio en una revista./

    Escrito por Platov el 16/02/2014
    ¡Gentes del lugar!
    Que si queréis leer un relato de ciencia ficción mío con razas alienígenas de nombres impronunciables, ya podéis correr a echarle un ojo al número 4 de la revista INARI. Está en la página 83. Y no os perdáis los otros relatos y artículos de la revista, que están muy bien.
    Vamos, no seáis ridículos.

    Desde aquí, quiero dar las gracias a los miembros del equipo INARI por darme esta oportunidad. :)

  • Industrialismo./

    Escrito por Platov el 29/01/2014
    ¡Saludos, encantadores miembros de esta comunidad!
    Aquí os publico otro de mis relatos ambientados en mi versión alternativa del siglo XIX. Es cortito pero hecho con amor. Espero que os guste. ¡Y dadme vuestra opinión, lechugas!
    Atentamente, Platov.

    Las llanuras semidesérticas del centro de los Estados Unidos eran un hervidero de actividad civilizadora. El gobierno de la Unión había puesto en marcha un plan para unir todas las ciudades a través del ferrocarril para una respuesta inmediata ante una posible rotura del acuerdo de paz alcanzado con la Confederación. Para que esta gran empresa se llevara a cabo, el Congreso aprobó una serie de jugosas subvenciones para que las empresas ferroviarias aceptasen el peligroso trabajo de adentrarse en estas salvajes tierras. Solo había un pero: para que los grandes magnates del ferrocarril se dieran prisa en acabar con el proyecto, solo se le proporcionaba la ayuda al primero que llegase a una ciudad objetivo.
    John Bernard, presidente de la Compañía Ferroviaria del Noroeste, veía en este requisito la mayor ofensa que se podía hacer a un emprendedor. Él y ninguno de sus competidores verían el deseado dinero del gobierno en sus manos si no llegaban a tiempo al lugar indicado. Esto trajo consigo dos consecuencias: horarios de trabajo a destajo y una fiera competición en la cual todo valía para obtener la justa recompensa. Raro era el día en que no había un sabotaje o que los hombres que trabajaban colocando los raíles llegaran a amotinarse ante el fatigoso trabajo. El gobierno, ante las quejas de los industriales, mandó varios destacamentos de los infames pinkertons a cada tramo de las vías para poner orden mediante amenazas. Ni siquiera estos matones que se hacían pasar por detectives podían hacer nada.

    En el caso del señor Bernard, los avances en la construcción de su línea parecían no ir bien. Iban con bastante retraso y sus competidores parecían que llevaban las de ganar. Todo se iba a ir al traste y se perderían miles de dólares en la construcción de la vía en aquel lugar dejado de la mano de Dios. Sin embargo, la diosa Fortuna pareció sonreír al viejo magnate. Un día, llegó un telegrama a sus oficinas desde el puesto telegráfico móvil que seguía a la línea ferroviaria. Al parecer, uno de sus ingenieros había dado con un método para acelerar el proceso de colocación de las vías. El señor Bernard tuvo curiosidad y decidió viajar al lugar en su zeppelin privado.

    Tras varios días de vuelo, el vehículo aéreo llegó a su destino.
    Gracias a una escala, el señor Bernard pudo descender a tierra firme. El olor a polvo y acero flotaba por el lugar y se extendía entre las tiendas de campaña, cajas de material y provisiones. Allí, el capataz de la obra le presentó a un joven ingeniero, Maximillian Higgings, el creador de la idea que ayudaría a la Compañía Ferroviaria del Noroeste a ser la primera en llegar al destino fijado. Acompañado por los dos hombres, el señor Bernard llegó al extremo de la vía que se estaba colocando. Un montón de trabajadores se apuraban en llevar carbón, clavos, vigas de madera y raíles para alimentar a un extraño artilugio que había allí. Era una especie de vagón de mina al que se le había acoplado un torso de forma humanoide en la parte delantera. Una pequeña chimenea salía del extremo de un pequeño motor de vapor que el artilugio llevaba a su espalda. La vagoneta trasera estaba llena de los materiales necesarios para construir la vía. El señor Bernard se quedó extrañado al ver la peculiar figura del autómata. Ante sus preguntas, el ingeniero puso en marcha el aparato.
    ¡Era fabuloso! Con una rapidez pasmosa, el autómata movía sus brazos y giraba su cuerpo para colocar los raíles y las vigas. Con una mano, clavaba los clavos de un solo golpe. El señor Bernard aplaudía ante el gran invento de aquel joven, al cual auguraba un gran futuro en su empresa.

    Pero cuando todo era alegría, algo extraño ocurrió. El autómata comenzó a moverse más y más deprisa. De repente, el artilugio se convirtió en una peligrosa máquina lanzadora de raíles. Todos los materiales eran arrojados con una fuerza espantosa, llevándose por delante todo aquello que golpeaban. Una viga estuvo a punto de matar al señor Bernard si no fuera porque el capataz fue rápido y lo tiró a la suelo. Todo el mundo permaneció tumbado hasta que una explosión en la caldera terminó con el movimiento del invento. Higgings fue corriendo hacia su máquina. Entre el humo, examinó al autómata inerte. La explosión había abierto un agujero de tamaño considerable, lo que permitía ver el interior de la máquina. Allí, el ingeniero encontró algo: la pequeña máquina de Babbage que controlaba los movimientos del artilugio había sido manipulada. Estaba claro que había sido un sabotaje, posiblemente hecho por parte de un espía infiltrado de otra de las compañías.
    John Bernard vio como sus posibilidades de hacerse con la subvención se desvanecían. Ahora, solo le quedaba encontrar al culpable de su desgracia. Sería capaz de ir al mismísimo infierno para dar con aquel malnacido.
  • Regalo de Dark_Lord./

    Escrito por Platov el 14/01/2014
    En su infinita bondad y sabuduría, Dark_Lord comenzó con una campaña para regalar relatos de su puño y letra a quien quisiera. Cual Ebenezer Scrooge el día de Navidad, me aproveché de esta situación y le pedí que me escribiera uno sobre señores feudales. He aquí el resultado, con la participación estelar del conde Lucanor y sus famosos consejos.

    El marqués Rigoberto era uno de los más acaudalados señores de las tierras de Castilla. Sus castillos, sus tierras, sus posesiones eran de las más envidiadas de la comarca. El rey Alfonso XI le tenía en gran estima, pues el marqués se había comportado de forma realmente destacable en la batalla del Salado, siendo de vital importancia en la derrota de los Benimerines.
    El marqués era aficionado a las armas y a la guerra. Cuando no había guerra con los moros o con algún vecino envidioso, le gustaba mostrar su gran colección a otros nobles del lugar. Sin embargo, le obsesionaba que su colección no estuviese completa, ya que no sabía cuál de todas las armas forjadas por el hombre, era la mayor de todas.
    Carcomido por la duda, decidió visitar al conde Lucanor. Había conocido al conde en la mesnada de Don Juan, que formaba parte de las fuerzas cristianas que habían luchado en Tarifa.
    Hablando con Don Juan en el campamento cristiano, le había hablado del conde y de cómo la ayuda de su fiel consejero Patronio le había ayudado para todos los asuntos de su vida. Así que decidió pedirle consejo él también, con el fin de aclarar cuál de todas las armas era la mejor.
    Cuando Patronio oyó la historia del marqués, respondió así:
    -Señor marqués, es muy posible que haya gente más capacitada que yo para responderos. Pero ya que pedís mi consejo, os referiré como los antiguos griegos conquistaron Troya. Durante años, el rey de Grecia había puesto sitio a la gran ciudad de Troya. Todos sus ejércitos, armas y demás, se estrellaban una y otra vez contra los gruesos muros de la ciudad. Una noche, su general le pidió permiso para cambiar de táctica. Fingieron que se rendían, entregándoles un caballo de madera gigante. Lo que nadie sabía, era que parte de la infantería se había escondido dentro para atacar la ciudad de noche. Como veis, señor marqués, no hay arma que se pueda equiparar a la inteligencia y la astucia.
    Viendo el marqués que el consejo era bueno, dejo de preocuparse por su colección. Como vio don Juan que la historia era buena, la mandó escribir aquí y compuso unos versos que dicen así:
    Por muchas armas que el hombre quiso forjar,
    no encontró para la inteligencia rival.


    ¡Muchas gracias por el regalo, coleguito! :D



  • Castroviejo./

    Escrito por Platov el 08/01/2014
    Hombres y mujeres, yo os saludo.
    ¿Qué tal los primeros días del nuevo año?
    Los míos, bien. Con la tesis y todas esas cosicas.
    Y, para no faltar a la cita, he aquí el primer relato del año.
    Este no es un relato cualquiera, ya que tiene una historia graciosa detrás. Dicen que la inspiración se presenta en los lugares menos oportunos y a mi me pasó mientras dormía. Tuve un extraño sueño, en plan tráiler de videojuego, en el que se desarrollaba la historia de un joven ladrón. Esta historia estaba ambientada en una España decimonónica alternativa, altamente tecnificada y con un Amadeo de Saboya que jamás abandonó el trono español. Cuando desperté, pensé que esto debería quedar plasmado en papel.
    Este es el resultado. Espero que os guste y que seáis críticos a la hora de dar vuestra opinión.
    ¡Fuerza y Honor!

    Los fríos pasillos de la prisión estaban iluminados tan solo por unas cuantas lámparas de gas. Las sólidas puertas de las celdas, de metal remachado a prueba de balas, tenían tan solo un alargado hueco con una pequeña puerta corredera para servir el rancho a los reos. Cada pasillo estaba vigilado por un grupo de dos guardias, carabina en mano. En aquella moderna prisión, construida para convertirse en el modelo de las cárceles europeas, se encontraba el más famoso de los ladrones que ha conocido este país.
    Los guardias se pusieron a ambos lados del pasillo para recibir a un visitante. Escoltaron al alcaide de la prisión, un hombre de unos cincuenta y pocos años de mirada melancólica, avanzaba con paso firme. En su mano, llevaba un portafolios de piel desgastada por el tiempo. Se detuvo delante de la puerta de la celda número 23. Sin necesidad de recibir ninguna orden, uno de los dos guardias sacó un manojo de llaves y, con suma presteza, abrió la pesada puerta.

    Allí estaba.
    Sentado en una especie de colchón sobre una estructura endeble de metal. La única luz que entraba en esa celda era la de una ventana con barrotes ya que, para evitar cualquier intento de evasión, no se colocaron lámparas de gas en el interior de aquellos habitáculos. Los dos guardias entraron primero, con sus carabinas preparadas por si el reo intentaba hacer algo extraño. El alcaide entró justo después. Se fijó en el hombre que visitaba: rostro alargado, nariz afilada y pelo negro con unas largas patillas que le llegaban hasta los ángulos de la mandíbula, rematadas en el mentón por una pequeña perilla. El alcaide había leído los informes sobre este hombre, los cuales destacaban su gran inteligencia. El jefe de la prisión se preguntaba cómo un joven podía malgastar ese don de Dios en llevar a cabo tales actos criminales.
    -Señor Gustavo Castroviejo- dijo el alcaide. No era una pregunta, era una afirmación.
    El joven alzó la mirada. Sus ojos verdes eran limpios y estaban llenos de vida. Una sonrisa se dibujo en su cara.
    -¡Servidor!
    -Levántese- prosiguió el alcaide.
    Castroviejo se levantó con una agilidad pasmosa.
    -Las manos delante- dijo el alcalde.
    -Si usted lo ordena- dijo el joven al mismo tiempo que obedecía. Su humor seguía intacto. Uno de los guardias le puso unas esposas.
    -Vaya, veo que su humor no cesa, incluso en este día tan funesto para usted- dijo el alcaide.
    -Sí- contestó Castroviejo-. ¡Qué le voy a hacer! Es el destino.
    -Eh... Sí...- el alcaide abrió el portafolios, sacó un papel y comenzó a leer- “Hoy, día 9 de octubre de 1875, Gustavo Castroviejo, siendo acusado de un delito de robo mayor con la agravante de ser el objeto robado parte del patrimonio nacional, ha sido sentenciado a morir por medio de garrote vil. Firmado, el Rey.”
    El alcaide devolvió el papel al portafolios, que cerró con gesto elegante.
    -Según sus informes, posee usted una gran inteligencia- dijo el alcaide.
    Castroviejo sonrió.
    -Gracias. Veo que existe alguien en las fuerzas de seguridad que me aprecia.
    -Sin embargo, fue usted lo bastante estúpido como para robarle a Su Majestad.
    -Ya ve- Castroviejo alzó las manos esposadas-. Todos cometemos errores. ¿Quién me iba a decir que esa imagen era un regalo para el rey?
    -Sepa usted que esa talla de San Amadeo era un regalo de las gentes de Mondragón para agradecerle a Su Majestad su ayuda por reconstruir el pueblo tras el ataque de esos traidores carlistas.
    -Sí, sin duda es un gran regalo. El rey Amadeo ha traído la paz y el progreso a este país aunque, por lo que veo, algunas cosas siguen igual, como lo de estrecharle el cuello a los criminales.
    Castroviejo lanzó una carcajada. El rostro del alcaide se puso rojo de ira ante la insolencia del joven.
    -¡Llévenselo!
    Los dos guardias rodearon al joven y, amenazado por las carabinas, Castroviejo se puso a andar.

    Allí iban por el largo pasillo.
    Castroviejo iba escoltado por los dos guardias. Detrás de él, iba el alcaide con su portafolios. Se fijaba en el joven. Algo le llamaba la atención de él: su tranquilidad ante el horrible final que se le avecinaba. Era curioso. Cualquier preso, por insolente que fuera, estaría muerto de miedo. Otra cosa le rondaba en la cabeza: ¿cómo era posible que el mejor ladrón que ha conocido España se hubiera dejado atrapar tan fácilmente? No, ahí había algo que no cuadraba. Pero, ¿el qué?
    Cuando llegaron al cruce entre pasillos, algo se interpuso ante ellos. Era una armadura gigantesca. Aunque tenía un aire medieval, el yelmo en forma de casco de coracero con carrilleras dejaba ver que era un miembro de la Guardia de Asalto Real. La armadura de asalto Gerión era una de las nuevas armas del rey para modernizar el ejército. Basándose en un modelo usado por los Confederados en la Guerra de Secesión Americana, el rey Amadeo mandó fabricar este tipo de coraza impulsada por un mecanismo hidráulico que permitía que hasta el más enclenque de los soldados fuera una bestia en combate. Se usó por primera vez contra los carlistas y fue todo un éxito: las balas de las carabinas de esos traidores rebotaban en el acero, mientras que los soldados podían portar uno de esos aparatosos morteros de mano sin sufrir el peso ni el retroceso del arma al disparar. Eran ideales para asaltar puestos fortificados. Su éxito hizo que Su Majestad creara un cuerpo especial formado por esta clase de arma: la Guardia de Asalto Real.
    El séquito se paró en seco ante tal mole de metal. Los guardias saludaron. El portador de la armadura devolvió el saludo con un gesto mecánico.
    -Buenos días- dijo uno de los dos guardias- Nos ha sorprendido que la Guardia de Asalto Real se encuentre aquí. ¿Ocurre algo?
    El oficial no contestó. Los soldados se quedaron extrañados ante el silencio del portador de la armadura. El alcaide, más atento en esos detalles, se dio cuenta que donde debía estar el rostro del soldado que iba en su interior había oscuridad. Tan solo un redondo ojo de cristal miraba a los presentes. En ese instante de lucidez, Castroviejo giró su cabeza para ver al alcaide. Sonrió. El alcaide se dio cuenta de lo que estaba pasando.
    -¡Es una trampa! ¡Rápido, hagan algo!- gritó pero para cuando los dos guardias quisieron hacer algo, la armadura los cogió de la pechera y los estampó contra el techo de ladrillo. El alcaide intentó huir pero Castroviejo lo noqueó propinándole un violento golpe con las manos entrelazadas en un puño. Los dos soldados cayeron al suelo inconscientes tras el golpe de la armadura.
    -¡Buf!- resopló Castroviejo- Menos mal que has llegado a tiempo, Polifemo. Un poco más y ya me habrían partido el cuello.
    El autómata asintió lentamente. Castroviejo recogió las llaves de las esposas que llevaba el guardia que se las puso y se las quitó. Recogió el manojo de llaves del otro y hizo un gesto a Polifemo para que le ayudara a llevar los cuerpos inconscientes de los tres hombres a la celda que antes había ocupado. Tras meterlos en el habitáculo y antes de salir de él, Castroviejo le quitó el uniforme a uno de los guardias y se disfrazó con él. Salió del lugar y cerro la pesada puerta con llave.
    -Bien, ¿has traído el mapa?- preguntó el joven al autómata.
    Polifemo volvió a asentir lentamente y se golpeó la parte izquierda de su pecho. Se abrió un compartimento del que extrajo un plano de la prisión convenientemente doblado y se lo ofreció a Castroviejo. Este le agradeció que le pasara el mapa y el autómata cerró el compartimento. El joven ladrón desplegó el mapa.
    -Bien, nosotros estamos en el pasillo E y nuestro objetivo está en el pasillo B. Aquí, en la celda 12- Castroviejo le indicó con el dedo índice a Polifemo el lugar a donde debían ir, marcado con un círculo de tinta- Seguro que hay guardias vigilando, así que estate ojo avizor.
    El autómata asintió.
    -Bien. ¡En marcha!

    La prisión era un auténtico laberinto pero el mapa ayudó a que no erraran el camino, mientras que llevaban cuidado de no toparse con ninguna sorpresa desagradable.
    Llegaron al pasillo B. Allí se encontraba la celda que buscaban, vigilada por tres guardias.
    Castroviejo y Polifemo, escondidos detrás de una esquina, pensaron. El autómata dio un paso para acabar con los guardias pero el ladrón lo paró en seco agarrándolo como pudo del brazo.
    -No. Se me ocurre algo mejor para no levantar sospechas. Mantente aquí escondido.
    Polifemo asintió.
    Castroviejo se preparó para parecer lo más congestionado posible. Acto seguido, salió corriendo hacia los guardias. Estos prepararon sus carabinas.
    -¡Alto! ¿Quién va?- gritó el de mayor rango.
    Castroviejo saludó.
    -López, señor.
    -¿Qué?- dijo extrañado el guardia- Es la primera vez que veo tu cara.
    -Me trasladaron justo hoy, señor. ¡Justo en mi primer día!
    -¿Justo, qué? ¡Habla, por Dios!
    -El prisionero, ese tal Castroviejo, ha escapado, señor.
    -¿¡QUÉ!?
    -Sí. Intentamos pararlo pero es más rápido de lo que pensábamos. ¡Ha noqueado a dos de mis compañeros y al alcaide!
    -¿Cómo? ¿Dónde está el alcaide?
    -Lo ha encerrado en una de las celdas, en el pasillo E. ¡Rápido!
    El oficial puso cara de sospechar algo.
    -Eso está muy bien pero, ¿cómo has llegado tú hasta aquí?
    -Me hice el inconsciente para poder avisarles pero... ¡Maldición! ¡El alcaide necesita su ayuda!
    -¡Está bien! ¡Está bien! Pero no puedo dejar el pasillo sin vigilancia.
    Castroviejo se cuadró.
    -Yo me encargaré, señor.
    -¿Tú solo?- dijo el oficial- ¿Después de lo que te ha pasado? Deberías ir a la enfermería.
    -No, señor. Me encuentro bien, señor.
    -Bien. En ese caso, te dejo al mando. ¡García, dele las llaves!
    Uno de los guardias le dio su manojo de llaves a Castroviejo.
    -Bien. ¡Vamos!- gritó el oficial. El grupo de guardias salió corriendo hacia el pasillo E. Castroviejo los despidió con el saludo militar. Cuando se aseguró de que estaban ya lejos, dio un silbido. Polifemo salió de su escondite con su peculiar paso acompasado.
    -Bien, esta es. La celda 12- dijo Castroviejo con una sonrisa en la cara. Encontró la llave de la celda en el manojo. La introdujo en la cerradura, giró y abrió la pesada puerta.

    La celda era igual que en la que había estado encerrado pero Castroviejo sonrió al ver que el hombre al que buscaba estaba allí. Tendría sesenta y algo. Su frondosa barba blanca como la nieve contrastaba con unos ojos negros con anteojos. El poco pelo que le quedaba era casi etéreo, como una brisa.
    -¿Es usted Giacomo Laurentis?- preguntó Castroviejo.
    -Sí, soy yo- el anciano contestó con un marcado acento italiano. La voz del hombre comenzó a entrecortarse-. ¿Ha llegado la hora, verdad? Sabía que no tenía que haberle hecho ese trabajo a los anarquistas pero necesitaba el dinero. ¡Dios! Ni tan siquiera creo en lo que decían. Ni tan siquiera- el hombre comenzó a llorar.
    Castroviejo se dio cuenta de que el uniforme que vestía había hecho que el señor Laurentis se asustara.
    -No, tranquilo. No he venido a llevarlo al cadalso. He venido a liberarle.
    El hombre se enjugó las lágrimas con la manga de la camisa.
    -¿Qué?- dijo sorprendido.
    -Hoy no va a morir, señor Laurentis.
    El anciano sonrió.
    -¿De... de verás? ¡Oh, gracias a Dios!- su semblante cambió de alegre a duditativo- Pero, ¿por qué?
    -Le necesito para un plan que voy a llevar a cabo. Si usted quiere. Tranquilo, nada de anarquistas Castroviejo sonrió cálidamente para tranquilizar al viejo.
    -Lo que sea para salir de aquí y ver a mi nieta de nuevo. Esos imbéciles la metieron en uno de esos horribles orfanatos. ¡Por favor! Haré lo que me pida si me ayuda a...
    -Tranquilo. Ya me adelanté. Su nieta está a salvo con mi banda.
    El hombre se emocionó.
    -¡Cielo santo! ¡Gracias, muchísimas gracias! Yo...
    El joven casi se emociona también al ver la reacción del viejo pero su sangre fría se antepuso.
    -¡Vamos! Tenemos que salir de aquí.
    Laurentis asintió. Los dos salieron de la celda al encuentro de Polifemo. Al anciano casi se le salen los ojos de las órbitas al ver al autómata.
    -¡Santo Dios! ¿Qué es esto?- preguntó asombrado.
    -Es un autómata. Mi novia lo construyó con una armadura de la Guardia de Asalto. Es una larga historia. Se llama Polifemo.
    -¿Cómo el cíclope?
    -Sí. Saluda al señor Laurentis, Polifemo.
    El autómata alargó su mano y estrechó la del anciano con sorprendente suavidad para una máquina de tal tamaño y fuerza.
    -¡Es increíble!- gritó Laurentis- Es algo digno del gran Leonardo.
    -Sí, pero creo que será mejor que... ¡Oh, demonios!- antes de terminar su frase, Castroviejo vio como su plan se complicaba cuando un grupo de guardias se colocó en posición de ataque al otro lado del pasillo, con sus carabinas apuntándoles. Detrás de ellos estaba el alcaide con un moratón en la cara, fruto del golpe que había recibido del ladrón para escapar.
    -¡Fuego!- el grito del alcaide retumbó por toda la estancia y fue apagado al instante por las detonaciones de las armas de fuego. Polifemo protegió a los dos hombres anteponiéndose en la trayectoria de las balas. Los proyectiles rebotaban en el cuerpo metálico, realizándole pequeños arañazos y abolladuras.
    -¡Maldición!- gritó Castroviejo- ¡Polifemo, acaba con ellos!
    Dicho y hecho. El autómata cargó contra la apretada formación, haciendo volar todo lo que se podía en el estrecho espacio a los guardias, a sus armas y al alcaide. El sonido de los huesos rotos y de los alaridos de dolor de los atacados sonó por todo el lugar.
    -¡Vamos! ¡Hay que salir de aquí!- ordenó el joven ladrón. El anciano asintió.
    A toda velocidad pasaron por al lado del montón de personas tiradas en el suelo, retorciéndose de dolor. El alcaide estaba tirado boca arriba, con las manos en la cabeza como si se le fuera a desprender del cuerpo. El joven, el anciano y el autómata doblaron la esquina.
    -Bien. Y ahora, ¿qué?- preguntó Laurentis.
    Castroviejo reflexionó durante un breve segundo antes de hablar.
    -No podemos salir por la entrada principal porque estará llena de guardias. Tal vez...- giró y miró a Polifemo. El cuerpo metálico del autómata había sufrido pequeños daños por los disparos pero seguía teniendo una presencia imponente. Castroviejo señaló a una pared que daba al exterior- Polifemo, ¿puedes derribar esa pared?
    Sin un segundo que perder, el autómata se puso a propinar puñetazos con sus grandes manos. El ladrillo comenzó a desprenderse, formando una pequeña abertura por donde entraba la luz del exterior. Polifemo introdujo sus manos por el hueco y comenzó a tirar, arrancando grandes trozos de pared hasta que hubo una abertura suficiente como para que pudieran caber los tres.
    Castroviejo sacó la cabeza primero y miró a ambos lados. No había nadie vigilando. Al parecer, todos los guardias estaban buscándolos y habían abandonado los puestos de vigilancia de esa zona. El joven salió y ayudó al anciano a pasar por el hueco. El último fue Polifemo. Con mucho sigilo, el que se podía tener cuando se lleva en tu equipo a un autómata tan grande como un armario ropero, cruzaron el patio de la prisión siguiendo la línea del muro. El sol brillaba resplandeciente y sería muy fácil que incluso el guardia más despistado se diera cuenta de su presencia, más cuando el metal del cuerpo del autómata reflejaba los rayos del astro rey.
    Llegaron a un sitio donde el muro era más bajo. Castroviejo imitó el sonido de una lechuza, sonido que fue contestado al otro lado de la muralla. El joven sonrió.
    -Nos esperan al otro lado.
    Una persona no podría trepar el muro pero un autómata del tamaño de Polifemo, sí. El autómata agarró al joven y al anciano.
    -Agárrese todo lo fuerte que pueda- susurró Castroviejo al anciano para que nadie más pudiera oírles. Laurentis se agarró con todas sus fuerzas al brazo del autómata.
    Polifemo replegó sus piernas con un fuerte sonido hidráulico. Acto seguido, un siseo hizo que estas se estiraran de golpe y que autómata, joven y anciano salieran volando de un salto al otro lado de la muralla. Con una pericia sin igual, Polifemo tocó tierra como si nada y soltó su carga.
    -¿Se encuentra bien?- preguntó el joven a Laurentis.
    -Sí, gracias- contestó el anciano, algo aturdido por la experiencia del salto.
    -¡Pssssst! ¡Por aquí!- susurró una voz cercana. Era Juan, uno de los miembros de la banda de Castroviejo. Era algo más joven que el ladrón pero poseía una gran pericia con todo tipo de vehículos. Para esta ocasión, Juan había “tomado prestado” uno de esos nuevos vehículos a vapor: una vagoneta que servía para hacer repartos, ideal para poder llevar al gigantesco autómata sin llamar la atención. Los dos jóvenes se estrecharon la mano y se abrazaron.
    -Pensé que no saldrías vivo de aquí- dijo Juan.
    -Siempre salgo vivo de cualquier sitio- rió Castroviejo-. Por cierto, te presento al señor Giacomo Laurentis. Él será quien nos ayude en nuestro próximo golpe.
    -Encantado- Juan estrechó la mano del anciano.
    -Y ya que hemos hecho las presentaciones, será mejor que salgamos de aquí- dijo Castroviejo dirigiéndose hacia la cabina del vehículo. Juan lo detuvo.
    -¿Piensas ir por la calle con ese uniforme?- el conductor llevaba razón. Con todo el trasiego de la huida, Castroviejo no reparó en que llamaría la atención que un guardia de prisiones se paseara por la calle como si nada. Se llevó la mano a la frente ante la evidencia.
    -¡Rayos! ¡No había caído en eso!
    -No te preocupes. Nora me ha dado esto para ti- Juan le pasó un traje de paisano cuidadosamente plegado.
    -¡Oh, Nora! ¿Qué haría yo sin ti?- Castroviejo se quitó el uniforme y se puso el traje a toda velocidad mientras el grupo se dirigía al vehículo.
    -No sé pero no creo que le haga mucha gracia que hayas abollado así a Polifemo.

    Todos subieron al vehículo, los tres humanos en la cabina y el autómata en la parte de atrás.
    Castroviejo se encargó de la caldera. Echó una paletada de carbón para poner en marcha el motor. Juan levantó una palanca. Un siseo salió de la chimenea junto con una nube de humo. La ruedas del vehículo comenzaron a girar poco a poco hasta que alcanzaron su máxima velocidad. La prisión se fue haciendo más pequeña conforme se alejaban de ella, rumbo a la ciudad. Era la hora de poner en marcha un nuevo plan.
  • Ese año que comienza.../

    Escrito por Platov el 31/12/2013
    ¡Hola, amigos subcultistas!
    Antes de leer, poneos este tema de fondo, anda.
    Hoy es el día en que este año da sus últimos estertores de agonía.
    Ya sabéis que no soy muy dado a los discursos largos de lustros de duración. Así que, como siempre, seré rápido y conciso, que todos estamos deseando estar con nuestras familias. XD

    En el panorama personal, 2013 ha sido un año redondo.
    Si algo puedo destacar del año que se aleja, es el haber conseguido mi objetivo profesional de acabar de una santísima vez con el Trabajo de Fin de Máster (con un 10 de nota :D) y comenzar ya con la tesis.
    También he seguido escribiendo relatos, alegrándome de ver que lo de poner en papel todo lo que pasa por mi imaginación no fue afición de un día y emocionándome al ver la cálida acogida que han tenido entre la gente. He conseguido publicar algunos en algunas revistas de Internet. Ya que estamos con eso, darle las gracias a RakiParra y a las chicas de Forbidden Webzine por darme esa oportunidad.
    Y, por fin, he conseguido darle forma a uno de mis proyectos en forma de reglas para hacer partidas de rol steampunk que, si tengo lo que hay que tener, podría convertir en un juego de rol al uso. No es que sea algo para tirar cohetes pero si tenemos en cuentas que en la mayoría de proyectos en que me embarco no llegan a finalizarse, oye, pues está bien.
    ¡Oh! Y que no se me olvide que he hecho un montón de amigos en esta, nuestra comunidad. Son tantos que no os voy a atosigar con una lista interminable.

    Pues eso.
    Que espero que el año que viene sea tan bueno como este.
    ¡Feliz Año Nuevo!
  • La Cuarta Cruzada./

    Escrito por Platov el 09/12/2013
    ¡Saludos, damas y caballeros!
    ¿Preparados para estas fechas de reuniones familiares y atracones desmesurados que nos aguardan?
    Bien. Hoy voy a retomar el tema de las curiosidades históricas con un tema breve pero intenso: la Cuarta Cruzada.
    Sí, la Tercera Cruzada está bien, con Ricardo Corazón de León y Saladino tirándose los trastos a la cabeza mutuamente pero la Cuarta Cruzada es bastante más descaharrante incluso.

    Viajemos a los primeros años del siglo XIII, concretamente al periodo entre 1202 y 1204.
    Alentados por el papa Inocencio III, los cruzados se disponen a marchar otra vez a intenar liberar Tierra Santa. Como para tal empresa se necesita dinero, los "defensores de la fe" piden un préstamo a la República de Venecia para hacer frente a los posibles gastos de tan gran empresa.
    Hasta aquí, todo normal. Ahora, meted en esta historia a un pretendiente al trono bizantino y a su padre, el emperador derrocado.
    Cuando los cruzados visitaron la República Serenísima para pedir el dinero, en ella se encontraban refugiados el futuro Alejo IV y su padre, el emperador bizantino Isaac II, el cual fue derrocado por su hermano y tío de Alejo, Alejo III. El pobre Isaac sufrió en sus carnes una práctica importada desde el antiguo Imperio Persa Sasánida: la enucleación de los ojos. Es decir, sacarle los órganos oculares de sus cuencas. A lo largo de la historia de Bizancio, muchos gobernantes sufrieron este horrible destino para poder ser desposeidos de su poder, algo muy parecido a lo que hacían los godos con la decalvación.
    El pretendiente Alejo vio en la Cruzada una oportunidad para que su padre y él recuperaran el trono. Así que habló con el dux de Venecia, Enrico Dándolo, para que les proporcionaran ayuda. Como el ejército cruzado tenía pensado ir a Tierra Santa desembarcando por Egipto, ya que no contaban con naves suficientes para hacer la travesía, se decidió que sería una buena idea desembarcar en Bizancio. A cambio, Alejo le daría a los cruzados una buena recompensa en forma de dinero y de contratos de comercio con los venecianos.

    Así fue y en el año 1203 el ejército llegó a Constantinopla.
    El plan fue un éxito ya que el imperio estaba en una situación tumultuosa. Alejo III huyó ante lo que se le avecinaba e Isaac II fue restaurado en el trono, con su hijo como coemperador, subiendo este último al trono en 1204.
    Aquí es donde comienzan los problemas. Las arcas imperiales estaban vacías y los cruzados comenzaron a ponerse nerviosos al no ver cumplidas sus promesas. Alejo hizo de todo. Incluso intentó regalar algunas reliquias de plata a los cruzados. Si tener a un montón de cruzados descontentos delante de tus murallas era horrible, todavía era peor que tus ciudadanos se alzasen en armas contra tí. Esta sublevación sería aprovechada por Alejo Ducas para asesinar a Alejo IV y encerrar a Isaac II en prisión hasta su muerte. Ducas se coronó como Alejo V pero su reinado no duraría nada cuando los cruzados decidieron que la mejor forma de reclamar su pago sería conquistando la ciudad. Aunque Ducas consiguió resistir, el 2 de abril la ciudad caería en manos de los cruzados. Alejo V intentó huir pero fue capturado y ejecutado.
    Los cruzados, por su parte, tras saquear Constantinopla se repartieron el imperio entre diferentes reinos y ducados, relegando a varios miembros de las diferentes familias que se disputaban el trono imperial en pequeños reinos, como el Imperio de Trebisonda o el Despotado de Épiro.
    Así nacieron los Estados Latinos de Oriente pero eso, amigos míos, es otra historia.

    Recordad que quiero vuestras opiniones y que gritéis si encontráis errores, que uno es humano.
    ¡Fuerza y Honor!
  • ¡Son mis piedras!: Fanfic de Dwarf Fortress./

    Escrito por Platov el 27/11/2013
    ¡Saludos, gentes del lugar!
    ¿Cómo lo lleváis?
    No soy yo mucho de escribir fanfics pero quería hacer uno sobre uno de mis videojuegos favoritos: Dwarf Fortress. El videojuego en el que perder es divertido.
    Para el que no sepa de que va, se podría decir que es una mezcla entre un roguelike, The Settlers, Dungeon Keeper y Los Sims. Eres el dios omnipotente que debe regir los destinos de un puñado de enanos que quieren construir una nueva fortaleza. Lo realmente divertido (y frustrante) del juego no es crear una comunidad enana llena de vida. Prácticamente, eso es casi imposible. Lo más a lo que vas a llegar es a ver a tus enanos muriéndose de hambre o siendo engullidos por un río de lava.
    En realidad, os divertiréis viendo como vuestros enanos sufren miles de penalidades.
    Si queréis disfrutar (o sufrir) esta experiencia , aquí tenéis un enlace a su web. Es algo complicado al principio pero hay muchos tutoriales en la red de redes.

    El relato que vais a leer esta basado en algo que me ocurrió jugando una vez pero desde el punto de vista de dos aventureros y su peculiar guía. Espero que os guste y que seáis sinceros a la hora de calificarlo.

    El par de aventureros, guiados por aquel goblin que habían capturado días antes en un intento de emboscada por parte de los pequeños pieles verdes, llegaron hasta la falda de la montaña. Dándoles la bienvenida se encontraban dos grandes estatuas esculpidas en la propia roca, mostrando al rey y a la reina de los enanos que habitaron aquella fortaleza una década antes.
    -¿Seguro qué este es el sitio?-preguntó uno de los aventureros, una doncella aventurera ataviada con una armadura de placas y un mandoble.
    -Sí, mi señora, es aquí-dijo el goblin con una estúpida sonrisa de adulación en su cara-. Grashnik nunca se equivoca. Grashnik tiene buen olfato para encontrar estos sitios.
    -Bien. Recuerda que te perdonamos la vida porque nos dijiste que conocías este lugar. Si es alguna trampa...-la doncella desenfundó su mandoble con suma rapidez y apuntó con la hoja a escasos centímetros de la cabeza del goblin. La criatura se asustó.
    -Vamos, tampoco hay que ser así-dijo el otro aventurero, un elfo con pinta de mago. Era el único de los dos que parecía apiadarse de la desgraciada naturaleza del goblin-. Será mejor que entremos ya.

    El trío entró en el lugar. Era un gran pasillo cuyas paredes estaban grabadas con petroglifos enanos, mostrando la historia de la fortaleza desde su fundación. A un lado había una entrada a lo que parecía ser un puesto de comercio. Los aventureros entraron en él pero no encontraron mucho ya que la mayoría de bienes no habían sobrevivido a la humedad.
    -No, mis amos, el tesoro está dentro-dijo Grashnik señalando con impaciencia unas escaleras que conducían al interior del lugar-. ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Seguid a Grashnik!
    La doncella lanzó un suspiro quejumbroso y se dirigió al lugar donde señalaba el goblin.
    -Necesitaremos algo de luz.
    -Tranquila. Yo me encargo-dijo el elfo, el cual sacó una piedra de su zurrón de cuero. Con unas palabras mágicas, la piedra comenzó a emitir una clara y cálida luz.
    Iluminados por el artefacto mágico, nuestros tres protagonistas descendieron por las escaleras.

    Al igual que todo en la fortaleza, los peldaños estaban esculpidos de la misma roca, sólidos y fuertes aunque algunos ya mostraban signos de erosión.
    Al llegar al último escalón, se encontraron con otro amplio pasillo igual al de la entrada. Sin embargo, los pies de nuestros aventureros pisaban algo que crujía a cada paso que daban. Ante lo extraño del material con el que estaba hecho el suelo, el elfo acercó la luz a sus pies.
    -¡Por todos los dioses! ¡Son huesos!-gritó horrorizado.
    En efecto, el suelo estaba lleno de los esqueletos de los enanos que vivieron en la fortaleza. Era una imagen dantesca. Muchos de ellos conservaban la ropa raída, algunos de ellos empuñaban armas oxidadas y unos pocos conservaban sus barbas.
    -¿Qué?-gritó la doncella. Agarró al goblin por el cuello- ¿Qué clase de broma macabra es esta?
    El goblin se retorcía mientras luchaba por respirar.
    -¡No! ¡No, mi señora! ¡Dejad a Grashnik! ¡Grashnik es bueno!
    -¿Qué les pasó a los habitantes de la fortaleza? ¡Contesta!-la doncella seguía apretando más el cuello de la criatura.
    -¡Murieron por una maldición! ¡Excavaron donde no debían! ¡Pero eso fue hace tiempo!
    La doncella lanzó asqueada al goblin contra el suelo.
    -Bien. Espero que digas la verdad.
    Los aventureros siguieron adentrándose en el lugar después de que el goblin recuperara el aliento. Descendieron más abajo, donde al parecer estaban los aposentos de los reyes. Habían más esqueletos por el suelo. No solo la cantidad de estos llamó la atención del elfo. Examinando a algunos de ellos, vio que tenían signos de violencia, fracturas hechas por un arma contundente. Incluso alguno de ellos presentaba marcas de mordiscos, como si alguien se hubiera estado alimentando de la carne de los cadáveres cuando la tenían. El mago se acercó a la doncella.
    -Esto no me gusta nada. Creo que los enanos no murieron por una maldición sino que alguien los mató uno por uno.
    -¡Bah! Me da igual-dijo la doncella-. Dejarás de preocuparte cuando tengamos el tesoro.
    Llegaron a unas grandes puertas de piedra talladas con las efigies de los reyes enanos.
    -¡Es aquí!-gritó con emoción el goblin-¡Esta es la habitación de los reyes!
    La doncella empujó con sus fuerzas una de las puertas hasta que se abrió lo suficiente para que pudieran pasar. Lo que vio en la sala hizo que se le iluminaran los ojos: oro, toda clase de materiales hechos de oro: armas, armaduras, espejos bruñidos, coronas, etc. En el centro de la habitación, reposando en una cama del mismo material, se encontraban los esqueletos de los reyes con los mismos signos de violencia.
    -¡Coged! ¡Coged todo lo que queráis!-dijo Grashnik.
    Los dos aventureros comenzaron a llenarse los bolsillos y sus bolsas de viaje con todo el oro que podían acarrear.
    -¡Toma! Por los servicios prestados-la doncella le lanzó una reluciente moneda al goblin como recompensa.
    -¡Oh! ¡Gracias, mi señora! ¡En verdad sois muy generosa! Grashnik saldrá un momento a buscar más cosas para poder llevar el tesoro-el goblin salió a toda velocidad de la habitación.
    -Parece que no es tan mal chico-dijo el elfo.
    Al cabo de un rato, Grashnik reapareció.
    -¡Amos! ¡Grashnik ha encontrado otra sala con grandes tesoros! ¡Venid, venid!-el goblin no paraba de dar saltitos de la emoción.

    Los aventureros lo siguieron hasta un pasillo que parecía ser el que albergaba los talleres de los artesanos. De una de las múltiples salas salía una luz.
    -Grashnik, ¿has encendido un fuego?-preguntó la doncella.
    -¡Sí! Grashnik lo ha hecho para que los amos no tengan problemas para ver.
    -Bien. Buen trabajo. Sujeta esto, por favor-dijo el elfo mientras le entregaba al goblin la piedra de luz.
    Los dos aventureros se acercaron a la sala. Al entrar, lo que se encontraron fue un taller de picapedrero iluminado por unas antorchas y, al fondo, un enano vivo. Los aventureros se quedaron sorprendidos al ver a uno de los habitantes de la fortaleza todavía vivo.
    -¿Hola?-dijo la doncella.
    El enano se giró sobresaltado, dejando caer un hueso.
    -¿Quiénes sois vosotros?-el enano estaba iracundo, escupiendo trozos de tuétano mientras gritaba. Su despeinada barba arrastraba por el suelo y sus ojos rojos casi estaban fuera de sus órbitas. Estaba famélico pero eso no le impedía sujetar con fuerza una maza de picapedrero. Alrededor de él habían más huesos de enano roídos. Se interponía entre los aventureros y un montón de ladrillos hechos de oro- ¿Venís a robarme las piedras? ¡No! ¡No lo permitiré! ¡Todos han querido quitarme mis piedras! ¡Incluso los ladrones de los reyes y mis compañeros! ¡No! ¡Él dice que tengo que terminar de construirlo!
    El elfo se adelantó despacio.
    -¿Quién es Él?-preguntó con cautela.
    El enano parecía estar más furioso por momentos.
    -¡El Señor de las Profundidades! ¡Me lo dice al oído! ¡Tengo que terminarlo, sí! ¡Su monumento! ¡Solo así podrá venir a nuestro mundo y recompensarme! ¡Y ningún rufián se va a llevar mis piedras!
    El elfo retrocedió rápidamente con gesto de horror.
    -¡Está poseído!-gritó el elfo a la doncella-¡Él fue el responsable de la muerte del resto de sus vecinos! ¡Salgamos de aquí! ¡No podemos acabar con él!
    El enano levantó el martillo y cargó con una fuerza sorprendente incluso para un enano en su estado pero para cuando los dos aventureros se giraron, Grashnik estaba cerrando la sólida puerta mientras se despedía de sus amos con una sádica sonrisa.
    -Grashnik nunca miente y os dijo que los enanos murieron por una maldición. ¡El oro está maldito! Esto os dará vuestro merecido. Nadie se ríe de Grashnik y menos una humana y un orejas largas.
    Los dos aventureros se abalanzaron contra la puerta pero llegaron tarde. El goblin usó un pesado cofre de piedra para atrancarla por el otro lado, dejando a los héroes sin ningún tipo de escapatoria. La doncella gritaba insultos contra Grashnik hasta que el elfo lanzó un grito ahogado de dolor cuando el enano le reventó la espalda con su maza.
    La doncella se giró para ver a su compañero muerto. No le dio ni tiempo a desenfundar su arma para defenderse. La espalda aplastada de su amigo fue la última imagen que vio en vida cuando el enano poseído destrozó su pecho a martillazos.

  • II Reto Literario de Forbidden Webzine./

    Escrito por Platov el 18/11/2013
    ¡Yohoho, marineros de agua dulce!
    Sé que últimamente actualizo poco el blog pero es que ando un poco ocupadillo. Pido disculpas.
    Ahora, al grano.
    Las chicas de Forbidden Webzine acaban de lanzar el II Reto Literario en el que, a partir de una imagen, hay que construir una historia. Podéis encontrar la imagen y las bases aquí. ¡Vamos! Animaos a participar.

    Este es el relato que he presentado.

    EL CANTAR DE ETHELRED

    ¡Oídme!
    ¡Oídme todos, padres, madres, hijos y abuelos!
    ¡Oídme, pues os voy a contar la historia del más grande de nuestros reyes: Ethelred, el Grande!
    ¡Qué la inspiración guíe mi lengua, pues no soy digno de hablar sobre el más fabuloso de nuestros monarcas!
    Ethelred gobernó con sabiduría y justicia. Su pueblo lo amaba y él sería capaz de dar su vida por defenderlo. No solo era un gran estratega en el campo de batalla sino también un filósofo y amante de las artes y las ciencias. Tal era su fama que desde todos los rincones del mundo llegaban enviados de diferentes naciones para pedirle consejo y todos lo acataban. Nadie pasó hambre bajo su mandato. Nadie estuvo desempleado bajo su liderazgo. Era valiente y decidido.
    Pero, ¡ay, dioses!, ¿por qué?, incluso los más grandes reyes caen como un castillo de arena ante un oleaje. Ese oleaje se llamaba Offa.
    Offa, nombre maldito mil veces por nuestros cronistas. Offa, aquel tirano que se hacía llamar emperador. Offa: decadente, cobarde e intrigante. Era todo lo contrario de nuestro amado antepasado. Opresor no solo de su pueblo sino también de aquellos a los que conquistaba. Borracho y mujeriego. Ese era Offa.
    Un día, sus ejércitos llegaron hasta nuestras fronteras para someter a nuestro pueblo. Ethelred llamó a los soldados de las levas para que se alzaran en armas contra el cruel invasor. Todos los barones acudieron prestos a la llamada de su rey. Sin embargo, al llegar al campo de batalla, Ethelred se dio cuenta de que enviar a sus tropas contra las huestes imperiales sería un suicidio, un sacrificio de miles de almas inocentes. Así que retó a Offa a un duelo. El cobarde mandó a uno de sus mejores guerreros para que luchara contra Ethelred. El combate singular comenzó cuando el sol estaba en su punto álgido. ¡Cómo restallaba el metal de las espadas al entrechocar! ¡Cómo se movían aquellos dos guerreros! Honor y valentía en aquella hora. Más la desgracia se cernió sobre nuestro rey cuando el paladín de Offa sacó de debajo de la manga de su cota de malla un cuchillo envenenado que clavó en el costado de Ethelred.
    ¡Oh, dioses! ¿Por qué fuisteis tan injustos con tan gran gobernante? Pero incluso bajo los efectos de la ponzoña, Ethelred siguió luchando con fuerza, viendo como su vida se iba apagando como la llama de una vela. ¡Oh, dioses! ¿Por qué tanto sufrimiento? El vil emperador se reía desde la seguridad de su montura rodeada de guardias. Su estratagema tuvo éxito. ¡Cobarde, más que cobarde! Su campeón solo tuvo que clavar su espada en el cuello de Ethelred para concluir el combate. ¡Un vulgar engaño había puesto fin a la vida de tan noble líder! ¡Un vulgar engaño condenó a todo el pueblo de los orcos!
    Triste es esta historia pero jamás perdáis la esperanza, pues pronto nacerá otro Ethelred, justo y valiente, que nos guiará para acabar con aquellos que nos tiranizan.
    ¡Qué nadie olvide estas palabras!
  • ¡Feliz Samhain!/

    Escrito por Platov el 31/10/2013
    Hoy, 31 de octubre, los antiguos celtas celebraban la festividad de Samhain con motivo del final de la época de la cosecha.
    Es un día muy importante, así que cubríos el pelo con cal, pintaos de azul y salid a la calle con antorchas.

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    Morrigan, miembro de la tríada de diosas celtas irlandesas de la guerra a la que debéis respetar.

    ¿Halloween? ¿Qué es eso?
  • Emperador de Barras y Estrellas./

    Escrito por Platov el 18/10/2013
    ¡Salutaciones varias, oh, habitantes de Subcultura!
    Hoy vengo a saciar vuestra hambre de curiosidades históricas. Váis a conocer a un personajillo bastante particular.

    Como ya sabéis, Estados Unidos es una república federal que hasta la fecha ha contado con el gobierno de 44 presidentes. Bien, hasta ahí todo normal. ¿Y si os digo que, oficialmente, el "país de la libertad" ha contado con un monarca? "¿Qué?. Ya te has vuelto a pasar con los Chocapic, Platov", estaréis pensando, "Estados Unidos nunca ha tenido un rey". Pues que sepáis que los Chocapic son los mejores cereales del mundo y que EEUU sí ha tenido un rey, Que digo un rey: un emperador.
    Damas y caballeros, os presento a Joshua Norton, alias "Norton I: Emperador de los Estados Unidos y Protector de México".

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    El hombre.

    Joshua Norton, un inmigrante de posible origen británico, llegó a la ciudad de San Francisco en el año 1849, donde hizo una fortuna en el mercado del arroz. Esta fortuna no duraría mucho tras un descalabro financiero que le hizo autoexiliarse de la ciudad para volver en 1859.
    Tras su retorno, Norton sintió una desilusión por el sistema político estadounidense, el cual veía como un nido de corrupción. Sin perder tiempo alguno, decidió ponerse manos a la obra para poner fin a esa situación. ¿Presentándose como candidato a las próximas elecciones? No, gentes del lugar: autoproclamándose Emperador de los Estados Unidos, enviando varias cartas a diferentes periódicos de San Francisco.
    Como podéis imaginar, muchos de ellos se tomaron a broma el manifiesto de tan singular personaje, más aún si en este escrito daba la orden de disolver el Congreso al verlo como un lugar donde la corrupción campaba a sus anchas. Poco después, se autonombraría "Protector de México" para ayudar a este país a salir del caos que se adueñó de todo su territorio tras el fusilamiento de su emperador, Maximiliano I.

    Norton tenía su palacio en un edificio de apartamentos de alquiler.
    Entre algunos de sus decretos hay algunos histriónicos, como el de prohibir el uso del apelativo "Frisco" para referirse a la ciudad, y algunos realmente visionarios, como el de construir un puente para unir las dos bahías, algo que se haría décadas más tarde con la construcción del Golden Gate. Por cierto, hay un grupo de habitantes de San Francisco que están recogiendo firmas para cambiarle el nombre al puente por el de Norton I.

    Obviamente, Norton no tenía ningún poder de facto sobre "su" nación pero era bastante respetado en la ciudad donde residia, tal vez por lástima o por darle la razón como a los locos. De hecho, la gente se levantaba y le saludaba si entraba en algún edificio. Además, llevó acabo una reforma del sistema tirbutario para hacer que los banqueros pagasen un impuesto por sus actividades que, aunque parezca mentira, fue aceptada por los banqueros de la zona. ¡Incluso llegó a imprimir su propia moneda!

    Norton tenía también algunos planes para reforzar su poder, como el intento de casarse con la reina Victoria tras la muerte del príncipe Alberto. No cuajó pero la Reina de Reinas siguió carteándose con este singular monarca. Y entre los mejores amigos de Norton estaba el escritor Mark Twain, el cual lo visitaba a menudo en su "Palacio Real".

    Si la vida de este hombre os parece extravagante, fijáos en esto. Tras el estallido de la Guerra de Secesión, en 1861, Norton envió una carta a Lincoln y a Davies para que se reunieran ante Su Majestad para firmar la paz, ya que el Emperador no quería una guerra civil en sus dominios. La reunión nunca tuvo lugar ya que tanto el presidente de la Unión como el de la Confederación hicieron caso omiso a las misivas de Norton.

    Si por algo fue recordado Norton, fue por su lucha por los derechos de los ciudadanos chinos de San Francisco. Cuando una muchedumbre furiosa se dirigó hacia el barrio chino para quemar y apalear a sus habitantes, Norton se interpuso ante la masa y le dio un discurso sobre las ventajas de la tolerancia, discurso que apaciguó a la gente e hizo que volvieran a sus casas.

    Tras 21 años de reinado, Norton I murió en 1880 de una apoplejía.
    Su necrológica decía: El Emperador Norton no mató a nadie, no robó a nadie, no se apoderó de la patria de nadie. De la mayoría de sus colegas no se puede decir lo mismo. Fue enterrado con todos los honores de un jefe de estado y todavía se le recuerda en San Francisco como un personaje ilustre.

    Ya fuera que estuviera loco o que simplemente fuera un pequeño hombre con delirios de grandeza, Norton I pasó a la historia como el único monarca de los Estados Unidos.
  • Octubre: Mes Bolchevique./

    Escrito por Platov el 12/10/2013
    Sí, amigos míos.
    Octubre es el Mes de las Tetas y debéis apoyarlo con sangre, sudor y lágrimas pero también es el Mes Bolchevique.
    El 25 de octubre de 1917, miembros del Partido Bolchevique se alzaron en armas contra el gobierno provisional del primer ministro Kerensky, creando lo que en unos años sería la Unión Soviética.

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    Así que no olvidéis esta fecha tan importante para la historia de la humanidad.
  • Ese maldito castillo./

    Escrito por Platov el 30/09/2013
    ¡Hola, gentes de Subcultura!
    ¿Recordáis aquél relato de un científico bávaro que es despedazado por sus propias creaciones? Sí, este. Pues bien, esa persona tan llena de bondad y de ganas de destruir edificios de 15 plantas llamada Vilem_Landerer me exigió una continuación.
    Pues aquí está.

    Creo que esta vez se me ha ido demasiado la pinza. El calor residual del verano, seguro.

    Las gentes de Ingolstadt nunca habían visto algo tan horroroso desde que las murallas de la ciudad fueron sobrepasadas por la Grand Armeé de Napoleón. Sabían que aquel pintoresco castillo a las afueras estaba habitado por un joven científico, al cual no le dieron ninguna importancia. Nadie sabía de los horrores que acontecían en el interior de aquella fortaleza hasta aquel día: el día en que una marea de engendros que parecían salidos del mismísimo infierno comenzaron a aparecer en los campos alrededor de la localidad por las noches. Los ciudadanos de esta ciudad bávara estaban aterrorizados. No se atrevían a salir a las calles. Al caer la noche, se oían los rugidos y aullidos de estas extrañas bestias. Los pequeños animales de compañía desaparecían durante la oscuridad para aparecer al día siguiente muertos, devorados y regurgitados por Dios sabe que monstruo. “Es ese científico. La culpa de todo esto la tiene ese científico. ¡Tres veces sea maldito, él y su castillo!”, decían los pocos lugareños que tenían el valor de salir de sus casas para reunirse en la taberna.

    El alcalde de la villa poco podía hacer. Incluso los hombres que formaban la guardia de la ciudad no se atrevían a patrullar las calles por miedo a ser emboscados por tales criaturas. Ni siquiera el uso de rifles de gran calibre los persuadía para llevar a cabo su trabajo. Desesperado, el alcalde comenzó a escribir cartas a todas las instituciones del reino: al ejército, al parlamento, al arzobispo...
    Pasaron los días, las semanas y no llegaba ninguna respuesta de Munich. Absolutamente nada. La gente comenzó a ponerse más nerviosa. Una tarde de domingo, un picapedrero salió con sus herramientas de trabajo al campo para dar caza a esos engendros del demonio. Nunca más regresó. Esta fue la gota que colmó el vaso. El alcalde, harto de esta situación de desamparo, decidió escribir una carta al mismísimo rey Ludwig. Pocas esperanzas guardaba el alcalde, aún más conociendo el carácter excéntrico del rey. Se imaginaba al rey leyendo la carta y tomando resoluciones tan delirantes como mandar pintar un cuadro sobre las bestias de Ingolstadt.

    Sin embargo, fue al martes siguiente cuando el destino giró a favor de los habitantes de la ciudad. Un correo militar llegó a Ingolstadt la mañana de ese día con una carta para el alcalde. Al abrirla, el gobernante no podía imaginar lo que estaba leyendo: el rey había hecho caso a su llamada de socorro y había enviado ayuda. Las lágrimas caían del rostro del alcalde de emoción. Tras leer la carta delante de su pueblo, la gente vitoreaba y gritaba “¡Viva el rey!”. El mensajero advirtió al alcalde que la ayuda estaba a dos días de camino, a lo cual el hombre no pudo sino dar las gracias.
    El jueves llegó. Ansiosos por ver la ayuda enviada por el rey para luchar contra las bestias, las gentes de Ingolstadt se agolparon en las calles. Todos esperaban ver a escuadras de húsares a caballo, soldados bien uniformados y trenes de artillería entrando por las puertas de la ciudad. Lo que no esperaban es a ver tan solo a dos figuras a caballo cruzar el arco de entrada a la ciudad.
    -¡Saludos!- dijo una de ellas adelantándose, un joven musculoso con un diente partido, vestido con un abrigo negro y en cuyo caballo llevaba, enfundadas, unas aparatosas armas de fuego. Su acento le delataba como siervo del rey de Prusia- ¿Quién de ustedes es el alcalde de Ingolstadt?
    El hombre encargado de regir la ciudad se adelantó unos pasos, señalándose.
    -¡Ah! Encantado. Me presentaré: soy Parsifal von Grünwald- dijo el muchacho, a lo que señaló a la otra figura: una muchacha que llevaba una coraza como la de los coraceros franceses, con un pequeño crucifijo colgado al cuello y dos sables atados a su cinto- y esta es mi socia, Delphine Baudin. Somos la ayuda enviada por el rey.
    El alcalde y todos los presentes se quedaron de piedra. ¡Dos, tan solo dos personas vinieron a combatir contra aquel ejército de demonios! Con razón apodaban a Ludwig “el rey loco”: había que ser un auténtico botarate para pensar que tan solo dos personas podían acabar con un ejército de tal calibre.
    -No... no quiero ofenderle pero esperábamos más ayuda- dijo el alcalde, el cual todavía no se había sobrepuesto de aquella descabellada idea.
    -Tranquilo, no me ofende- dijo el joven, levantando la mano con un gesto con el que restaba importancia al asunto-. Tan solo dígame de dónde salieron esas criaturas y nosotros acabaremos con ellas.
    El alcalde hizo gala de su escepticismo arqueando una ceja. Después, señaló en dirección al castillo.
    -Muy bien- dijo el joven-. Por favor, que ninguno de sus conciudadanos salga de la ciudad hasta que volvamos, ¿entendido? Tan solo como medida de seguridad.
    El alcalde asintió de manera nerviosa con la cabeza. Luego, los dos extraños visitantes dieron media vuelta en sus caballos y galoparon hacia el castillo.

    Allá iba la ayuda que la ciudad de Ingolstadt necesitaba.
    Cruzaron todo el valle hasta llegar a la fortaleza, lugar donde los engendros se pasaban el día durmiendo para salir por la noche a aterrorizar a los habitantes de la localidad.
    -Bonito castillo- dijo Parsifal- aunque no puedo decir lo mismo de sus habitantes.
    -¡Ja! No creo que tengan nada que hacer contra nosotros- dijo Delphine-. Con tus artefactos y mis poderes, esto será pan comido.
    -No creo que tus poderes de dhampir solucionen algo en esta ocasión. Recuerda por la carta que estos son seres creados por la ciencia y no por un cultista loco. No creo que tengan alma, ni siquiera un aura para detectarlos en la oscuridad.
    -¡Bah, paparruchas! Te apuesto la mitad de mi paga a que acabo con más de esas cosas con mis sables que tú con tus extraños rifles.
    -Perdona pero no son extraños- Parsifal sacó una de esas armas de su funda: un rifle con una boca del cañón que medía escasos milímetros. Un pequeño depósito iba encajado en la parte trasera del arma-. Mis armas de éter pueden convertir a un granadero en un cráter humeante.
    -Sí, sí, todo eso está muy bien pero no me cambies de tema. ¿Aceptas la apuesta?
    Parsifal se acercó a Delphine y le estrechó la mano: “¡Acepto!”. Acto seguido, los dos héroes descabalgaron y, portando sus armas, se adentraron al interior del castillo.

    La oscuridad envolvió a nuestros dos protagonistas como un manto. Eso no molestaba a Delphine, la cual podía ver como si fuera de día gracias a su peculiar condición de medio vampira. En cambio, Parsifal tenía que llevar un farol en una mano mientras empuñaba su arma con la otra. Tan solo en algunas estancias abiertas al exterior por ventanas podía ver bien.
    Siguieron adelante. Pasaron por lo que debía ser el laboratorio del científico, donde el suelo estaba lleno de instrumental pisoteado y cristales rotos de diversos recipientes caídos al entarimado. Tomaron rumbo hasta llegar a la sala de armas, que parecía haber sido saqueada por todo un ejército. El suelo estaba lleno de cristales de los expositores rotos y de piezas de armadura desperdigadas.
    -¡Pobres armaduras!- exclamó apesadumbrada Delphine.
    -¡Calla o nos descubrirán!- susurró Parsifal.
    Tras pasar la sala de armas torcieron por un pasillo a la derecha. Allí encontraron el cadáver en avanzado estado de descomposición de una de las criaturas. Parecía que alguien le había volado la cabeza de un disparo. Así siguieron recto hasta llegar a una sala con las puertas medio destrozadas. Con sumo cuidado, se asomaron por uno de los huecos que horadaban la puerta para ver a todas las criaturas durmiendo. Parsifal tuvo que reprimir una arcada. Delphine besó su pequeño crucifijo. Es increíble la religiosidad que profesan los dhampiri como Delphine. Se cree que alaban a Dios de esta forma tan exagerada para poder expiar el pecado cometido por el padre o madre mortal al yacer con un vampiro.
    -Bien. Cuando yo diga, entramos y arrasamos con todo. ¿Entendido?- susurró el fornido joven a Delphine.
    -Vale- asintió la dhampir.
    -Una... Dos... Tres... ¡Ahora!
    Delphine entró como una exhalación al interior de la sala. Su sobrenatural agilidad hacía que se moviera como un torbellino. Aquí y allá, varias criaturas adormiladas perdieron sus extremidades con los sables de la dhampir. Los engendros que consiguieron despertar a tiempo se abalanzaron sobre ella. Parsifal disparó su rifle contra una de ellas, emitiendo una fina ráfaga de luz incandescente que convirtió la espalda del ser en una burbujeante masa sanguinolenta. Más criaturas se despertaban y cargaban contra nuestros héroes, más de aquellas bestias caían sin ningún tipo de contemplación con sus miembros cercenados o calcinados. La batalla era apoteósica hasta que la última criatura cayó al suelo.
    Delphine comenzó a contar a sus víctimas y a las de Parsifal.
    -Me parece que te he ganado por tres- decía con una sonrisa exultante en la que se dejaban entrever dos pequeños colmillos.
    -¡Argh! Odio cuando haces eso- dijo Parsifal.
    -¿El qué? ¿Lo de ganarte?
    -No, lo de enseñar los colmillos cuando sonríes.
    Delphine soltó una gran carcajada hasta que algo le llamó la atención. Durante el frenesí del combate, ninguno de los dos mercenarios se dio cuenta de que estaban peleando en el interior de una biblioteca. La dhampir señaló hacia una mesa de estudio.
    -¡Hey! Mira eso.
    Los dos aventureros se acercaron al mueble. Allí se encontraba el cadáver mordisqueado y mutilado de lo que parecía ser un joven.
    -Creo que eso era el científico- dijo Parsifal.
    Al lado del cadáver, desparramados, se encontraban los miembros de una criatura. Era una chica pero su piel denotaba que llevaba muerta mucho más tiempo que el científico, cosa que era imposible si los dos habitantes racionales del castillo habían muerto al mismo tiempo.
    -No recuerdo haber acabado con un engendro así- comentó Delphine.
    Delante del destrozado cadáver del científico, sobre la mesa, se encontraba un papel de gran tamaño: era el plano del castillo.
    -Si hubiéramos tenido esto desde el principio, nos habríamos ahorrado el tener que ir a tientas por el lugar- dijo Parsifal mientras ojeaba el documento.
    -Creo que lleva algo escrito detrás- dijo Delphine.
    Cierto. Parsifal dio la vuelta al papel y se encontró con un escrito: el científico escribió de su puño y letra sus últimos días en el castillo. Era un testimonio desgarrador que terminaba con un consejo que sonaba a sentencia: “nunca hagáis lo mismo que yo”.
    -Escalofriante- apuntó el cazador.
    -¿Escalofriante? ¿Acabamos de acabar con un ejército compuesto por seres que parecen haber salido de la mente de un perturbado y consideras a una carta “escalofriante”?- dijo Delphine con sorna.
    -¿Qué? Es cierto. A pesar de su error, este hombre sufrió una muerte horrible. Y lo mismo le ocurrió a su sirvienta.
    -Vale- dijo Delphine-. Y, ahora, vayámonos de aquí antes de que el sentimentalismo acabe conmigo.
    Los dos héroes salieron del castillo y cabalgaron de vuelta a Ingolstadt.
    Las gentes del lugar no podían estar más agradecidas. Se celebró un banquete por la noche en el que los invitados de honor fueron Parsifal y Delphine. El alcalde, con lágrimas en los ojos, agradeció profundamente a los dos cazadores el favor que les habían hecho y que la paga ofrecida por el rey Ludwig no sería suficiente, así que el hombre decidió obsequiar a nuestros protagonistas con una pequeña recompensa.
    -No es mucho pero es que no hemos podido conseguir más debido al caos producido por esas bestias.
    Parsifal volvió a alzar su mano, sin darle importancia al asunto.
    A la mañana siguiente, los dos jinetes volvieron a Munich entre los aplausos y vítores de los habitantes de Ingolstadt.
  • Otoño mayestático./

    Escrito por Platov el 23/09/2013
    ¡Hola, gentes del lugar!
    Otoño ha llegado pero parece que el verano se resiste a abandonarnos. ¡Estúpida estación! ¡Ya verás cuando te coja!

    Bien, supongo que estaréis pensando que voy a mostraros otra curiosidad histórica u otro de esos estrambóticos relatos que salen de ese agujero negro que es mi cabeza.
    Siento deciros que no. Sigo sin inspirarme aunque, tal vez, alguno de los comentarios del post anterior me ayuden a escribir algo.
    Recuerdo que algunos de vosotros me preguntásteis sobre un videojuego que me regalaron por mi cumpleaños: Majesty.
    Es mi intención con este post iluminaros sobre esta pequeña obra de arte digital. ¡Comencemos!

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    "Majesty: The Fantasy Kingdom Sim" es un videojuego de estrategia para PC creado en el año 2000 por Cyberlore. A España no llegaría hasta unos años más tarde, en su edición de oro con el complemento "The Northern Expansion". Recibió muy buenas críticas, tanto de la prensa especializada como del público en general, debido a su original sistema de juego y ha sido reeditado por Paradox en una edición en Alta Definición para la plataforma Steam. Su éxito es tal que ha tenido una secuela (no tan buena como el original) y varios spin-offs como "Warlock: Master of the Arcane" y "Defenders of Ardania", además de crearse ports para Android e IOs.

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    En el juego, eres el monarca del fantástico reino de Ardania. Tu misión como nuevo soberano es reunificar las diferentes provincias en las que se ha descompuesto la nación tras la muerte de tu madre. Para ello deberás contar con la ayuda de los héroes.
    Los héroes son lo que hace que tu reino se expanda. Para tenerlos a tu lado, debes construir un gremio acorde con el tipo de héroe que quieres contratar. Estos se encargarán de traer la paz y la concordia a Ardania.
    Sin embargo, la originalidad de "Majesty" radica en lo siguiente: los héroes van por libre. No puedes seleccionarlos y decirles que maten a ese monstruo o que exploren esa zona. Para que te hagan caso deberás tentarlos con jugosas recompensas colocando banderas de ataque o de exploración. Los héroes sopesarán si la cifra que ofreces es justa. Si es así, ¡a la aventura!
    El dinero ganado por los héroes revierte en tu economía ya que estos se lo gastarán en los diferentes servicios que puedes ofrecerles: pociones de curación en los mercados, nuevos tipos de armamento en las herrerías, habilidades especiales en las bibliotecas, etc. Y cuantos más héroes tengas, más gente vendrá a vivir a tus tierras, lo que significa más dinero sacado de los impuestos.
    Existen varias clases de héroes, diseñadas para el tipo de juego que busca el jugador. Cada tipo de héroe es único: los caballeros sacan mejor partido a las mejoras de armamento, los rangers explorarán el mapa sin que tengas que decírselo, los enanos reparan edificios a velocidades de vértigo o las sanadoras de la diosa Agrela se dedican a curar a los héroes heridos.
    Normalmente, las misiones tienen como objetivo acabar con todas las guaridas de monstruos, resistir un número determinado de días o acumular una cantidad de oro gracias al comercio, ya que puedes crear puestos comerciales que generan caravanas que van a tu mercado. Algunas veces la dificultad es grande pero con práctica se pueden superar las misiones, dado que son rejugables. También hay objetivos especiales, como encontrar una reliquia, acabar con un enemigo poderoso o proteger una instalación importante.
    Además, el modo de mapa aleatorio hace que la rejugabilidad sea infinita, con un montón de opciones. Si tenéis lo que hay que tener, probad el modo "Abominación".

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    La IA del juego es increible. Tiene alguna cosillas raras pero todos los héroes y monstruos se comportan como deben hacerlo. Los Guerreros de la Discordia del dios Fervus se dedicarán a arrasar todo lo que encuentren a su paso mientras que los hombres lobo darán caza a tus héroes sin tener ningún tipo de piedad.
    Los gráficos son correctos para los de un juego salido en el año 2000, con un motor muy parecido al del "Age of Empires II".
    La banda sonora del juego es una delicia. Son solo unos pocos temas pero te meten de lleno en el mundo de Ardania, con una música de corte medieval
    Las voces son de lo mejor del juego. Cada personaje tiene una serie de líneas muy divertidas y acordes con su personalidad. Eso sí, en inglés. Todavía me río con lo que dicen los enanos cuando huyen aterrorizados del combate: "Si me hubiera traido el martillo bueno, sabrías lo que es bueno". O lo que gritan los Guerreros de la Discordia cuando lanzan su grito del terror: "¡Vuelve a casa con tu papá!". Y es un gozo cuando el recaudador de impuestos llega a tu palacio y suelta eso de "Your gold, your Majesty!".
    Y mención aparte para la voz de tu consejero. No te cansarás nunca de ese acento escocés.

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    La ambientación es otro de sus puntos fuertes.
    El mundo de Ardania es bastante peculiar. Sí, hay caballeros de brillante armadura y goblins canijos dispuestos a hacerte la vida imposible pero es que los desarrolladores intentaron salir de los gastados clichés de la fantasía medieval, con éxito.
    Solo en Ardania podrás encontrar a los monjes de Dauros, el dios de la justicia. Estos tipos, vestidos con un chillón hábito color azul celeste, se dedican a repartir justicia a base de puñetazos.
    Los elfos son otro de esos casos extraños que solo podrás encontrar en este juego. Son muy buenos con el arco pero olvídate de los elfos besa-árboles. Para los habitantes de Ardania, los elfos son considerados la raza más adicta al juego y a los placeres mundanos. Cuando construyes un gremio de elfos, estos se dedicarán a construir lupanares y casinos alrededor de tu palacio. Como lo oís.
    Y estas no son las únicas sorpresas que depara este juego.

    "Majesty" es un juego muy original y divertido, como habéis leido.
    Si os interesa, lo podéis encontrar en Steam a precio de risa.

    ¡Fuerza y Honor!



  • Happy birthday with relaxing café con leche./

    Escrito por Platov el 09/09/2013
    Sí, damas y caballeros.
    Hoy hace la friolera de 28 años que llevo caminando por este mundo.
    A las puertas de la treintena ya y parece que fue ayer cuando me solazaba viendo los G.I. Joe por la tele.
    Pues eso, que doy las gracias a todos los que me han felicitado en este fantástico día.

    ¡Ah, vale! El Alto Mando me informa de que habéis amenazado con descuartizarme en la plaza del pueblo si no os digo que me han regalado. Vale, tampoco hay que ponerse así.

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    ¡UN PALO! ¡UN PALO! ¡UN PALOOOOOOOOOOOO!

    Que no, que era coña.

    Ahora sí.

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    La camiseta normanda. ¡La camiseta normanda! ¡LA CAMISETA NORMANDAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAcofcofAAAAAAAAAAAAAcofAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

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    La Segunda Guerra Mundial de Antony Beevor: 1200 páginas de batallas, economía, sociedad, política y cosas nazis. Sí, 1200.

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    Majesty Gold Edition HD: un juego de estrategia en tiempo real en el que eres el monarca de un reino de fantasía. Lo curioso de este juego es que los héroes que contratas van a su bola. Para que hagan lo que tú quieres debes tentarlos con jugosas recompensas. Con un humor delirante (monjes pugilistas, elfas ludópatas, un consejero con acento escocés, etc) y una rejugabilidad infinita.

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    Un Logitech M325 para el portátil, que el ratón que tenía antes me estaba dando problemas.

    Y esto es lo que llevo por ahora.
    ¿Precioso, no?

    ¡Ah! Y han publicado uno de mis relatos en Forbbiden Magazine, junto con Dark_Lord y otros subcultistas. ¡Yipiiiiiii!
  • Los vigilantes de Roma./

    Escrito por Platov el 04/09/2013
    ¡Ah del castillo!
    Sí, soy yo. ¡He vuelto!
    Como ese horrible mes llamado agosto ha terminado, finiquitando ya el puñetero verano, vuelvo con las pilas cargadas.
    Hoy nos vamos a adentrar un poco más en la historia y costumbres de Roma. Hablemos sobre el cuerpo de vigiles.

    Al igual que en nuestras modernas ciudades, la capital del Imperio Romano sufría de dos grandes males: delincuencia e incendios.
    La primera era común, sobre todo al caer la noche. Las calles de la ciudad eterna no estaban iluminadas como las nuestras. Salvo algún farol de algún negocio o de la entrada de una casa, el resto de la calle estaba completamente a oscuras, caldo de cultivo para robos y asesinatos.
    Los segundos eran el pan nuestro de cada día. Raro era que en Roma no hubiera un incendio día sí y día también. La mayoría de ellos se producían en las ínsulas, debido a la mala calidad de los materiales que se elegían para ahorrar costes a la hora de construir los pisos superiores. A diferencia de la actualidad, el primer piso de uno de estos edificios era el lugar donde vivían los ciudadanos con dinero, mientras que los áticos y buhardillas se dejaban para que los ciudadanos más pobres vivieran en ellos. Un brasero mal apagado y comenzaba la fiesta.

    Ante estos problemas, Augusto mandó crear el cuerpo de vigiles en el año 6 d. C. Divididos en siete cohortes, estos guardianes de la ley y el orden se encargaban de patrullar las calles de noche y de acudir a la llamada de auxilio en caso de incendio. Hasta ese momento, la única forma de extinguir el fuego en un edificio era con cadenas humanas llevando cubos a la fuente más cercana o contratando los servicios de "bomberos mercenarios". En el caso de la seguridad nocturna, lo mismo: o guardaespaldas o no salgas a la calle. Sí que existía un cuerpo de seguridad de élite, la cohorte urbana, pero esta solo se encargaba de acabar con los disturbios más graves. ¿Y por qué no enviar a las legiones? Recordad que estaba prohibido atravesar el recinto amurallado de la ciudad con un ejército para evitar alzamientos y golpes de estado.

    En un principio, los vigiles no tenían calidad de soldados profesionales aunque su equipamiento fuera muy parecido.
    Para acabar con la delincuencia, iban equipados con porras de madera, escudos, corazas y una singular lanza con un pomo en su parte inferior para retener en el suelo a los criminales. Como véis, estas armas tenían un carácter más defensivo que ofensivo. No se perseguía matar al criminal sino reducirlo para enviarlo ante la justicia.
    En cuanto a la lucha contra incendios, tenían acceso a cubos con tierra para extinguir la llamas, palas, hachas para abrir boquetes, los famosos centones, unas mantas empapadas en vinagre que actuaban tanto como de extintor como para crear cortafuegos; y la joya de la corona, los siphones. Estos artilugios eran los antepasados de los camiones de bomberos: una bomba llena de agua acoplada a un carro. No se han conservado restos de estas máquinas ya que probablemente eran poco comunes y solo existía una para todas las cohortes.

    Sí, ha sido un post corto pero eso es todo lo que he podido encontrar. Espero que os haya gustado y si véis algún error, comentadlo.

    ¡Fuerza y Honor!
  • Cuando cruzas el límite./

    Escrito por Platov el 26/08/2013
    ¡Hola!
    Sí, hace tiempo que no actualizo el blog pero es que agosto es un mes muy malo. El calor lleva a la pereza, la pereza al desaliento y el desaliento al lado oscuro. No obstante, conseguí escrbir este pequeño relatillo. No es muy original: steampunk, ciencia y lo que ocurre cuando creas vida artificial sin pensar en las consecuencias. Vamos, los temas que siempre abordo en mis historias.
    Si no os gusta, lo comprenderé.

    Sin más dilación, allá va.

    No sé cuantas horas llevo encerrado en esta sala.
    En serio, no sé porqué a mis antepasados no se les ocurrió construir ventanas en la sala que debería albergar la biblioteca del castillo. ¿En qué demonios estaban pensando? Supongo que eso de no pensar en las consecuencias de nuestros actos es propio de nuestra familia. Si lo hubiera sabido de antemano, no hubiera jugado a ser Dios. Pensaba que todos mis experimentos saldrían bien. Entre los reanimados y los híbridos que creaba en mi laboratorio pensé que todos me servirían como creador suyo que soy. Tuve que parar cuando el tercer híbrido de hombre y mantis religiosa intentó devorarme pero no. Yo, empecinado en demostrarle a la gente de la Academia que era una mente brillante, digno de formar parte de esta institución, seguí empecinado en crear vida artificial. Cuando una de mis creaciones se volvía contra mí, yo, estúpido de mí, la encerraba en las mazmorras de mi castillo. Daba las gracias a que uno de mis antepasados, cazador de brujas, construyese unas mazmorras a prueba de escapes o eso era lo que pensaba yo. Sigrid, una de mis mejores creaciones, una reanimada completamente inteligente que me servía como ayudante de laboratorio me lo decía: “Amo, debería comenzar a sacrificar a sus criaturas. No creo que sea bueno tenerlas encerradas ahí abajo”. Yo le respondía que no pasaba nada, que pronto morirían de hambre. Iluso.

    Estaba unas horas antes, tan tranquilo, ojeando unas muestras de tejido vivo al microscopio cuando escuché un fuertísimo estruendo que nos asustó a Sigrid y a mí. Bueno, a Sigrid no. A pesar de tener inteligencia, sus sentimientos no están muy desarrollados. Bajé a las mazmorras para ver, horrorizado, como una marea de engendros había derribado las puertas de sus celdas para salir en mi busca, y no precisamente para darme las gracias. Subí las escaleras como una exhalación, perseguido por una marabunta auyante de cuerpos recosidos y seres antropomorfos con rasgos animales. Entré al laboratorio. La piel de Sigrid es blanca como la nieve debido al rigor mortis perpetuo al que estaba sometida pero la mía no se podía comparar en decoloración con la suya. Mi ayudante me preguntó de forma lacónica que qué estaba pasando cuando mis creaciones comenzaron a aporrear la puerta de la estancia. “¡Corre todo lo que puedas!”, le grité a Sigrid. Así, los dos salimos por una puertecilla lateral para el servicio mientras que las garras de los extraños seres que nos perseguían habían hecho añicos la puerta del laboratorio.

    Corríamos todo lo que podíamos por los pasillos del castillo, en aquella noche nevada mientras eramos perseguidos de lejos por todos mis errores como científico. Llegamos a la armería. Siglos de conquistas del Reino de Baviera descansaban en esta especie de mausoleo en honor a aquellos miembros de mi familia que lucharon en el extranjero. Rebusqué entre los estantes y armarios del lugar. Encontré un rifle, un revólver, municiones y me hice con algunas espadas. Le entregué algunas de las armas a Sigrid. Cuando salimos de la armería, escuchamos el estruendo de las armaduras decorativas cayendo al suelo empujadas por la torpeza de alguna de mis creaciones. Creo que en ese momento pude distinguir como una de ellas intentaba hablar: “¡Amo, muere!” Una de las armas que llevábamos en volandas cayó al suelo. Sigrid retrocedió para recogerla pero le ordené que no lo hiciera y que siguiera corriendo.

    Estaba desesperado.
    Los engendros nos pisaban los talones y parecía que era imposible encontrar la salida. Es cierto, en aquel momento de tensión no se me ocurrió que los más lógico sería salir del castillo a toda prisa. Prefería congelarme en la nieve antes que ser despedazado por una montón de seres de pesadilla. Lo único que se me ocurrió es que la única sala del castillo que nos permitiría resistir, como si de una pequeña fortaleza se tratase, era la biblioteca. Torcimos por un pasillo que llevaba directo al lugar. De la nada, como si de un espejismo se tratase, apareció uno de los engendros: un ser con cuerpo de hombre, garras de tejón y cara de mono. Conseguí encasquetarle la munición de uno de los rifles en medio de su deforme cabeza. Pasamos por encima del cadáver y fuimos derechos a la biblioteca. Entramos en la enorme habitación. Con la ayuda de Sigrid, conseguí bloquear las puertas de acceso tapiándolas con algunas estanterías. Dado que sabía que íbamos a pasar un largo tiempo aquí hasta que se me ocurriera un plan de huida, encendí la chimenea. Al principio había madera suficiente pero cuando la noche se hacía más fría, tuve que empezar a quemar algunos libros. Pobres libros pero pobres de nosotros si no conseguíamos escapar del lugar. Quemé aquellos a los que no les tenía mucho aprecio: algunas revistas viejas, unos panfletos de historias imposibles malamente escritos y un tomo que me llamó la atención: “Usos avanzados de la artillería en el campo de batalla”, por el mariscal Franz von Katemarck. “Prusianos”, pensé, “creen que la guerra es la única solución para todo”.

    Pensaba y pensaba. Tendría que haber una manera de salir de aquí.
    Sigrid estaba absorta ojeando algunos libros. Creía que no entendía la gravedad de la situación cuando cerró un manual de botánica con gesto mecánico y me miró: “Amo. ¿Saldremos de aquí?” El nudo que se me hizo en la garganta me impidió contestar a aquella pregunta. Hasta que recordé algo. En alguna parte de la biblioteca tendrían que estar almacenados los mapas del castillo. Le pedí a Sigrid que me ayudara. Nuestra vida pendía de un hilo y más cuando comenzaron a sonar gemidos y arañazos desde el otro lado de las puertas. Buscábamos por todos los estantes, por todos los cajones hasta que Sigrid me llamó: había encontrado el mapa. Aparté algunos libros que habían encima de la mesa de lectura de la biblioteca y desplegué el viejo rollo de papel. Buscaba con los ojos alguna salida: hueco de respiración, acceso al desagüe principal, entrada secreta... Nada. La biblioteca parecía una estancia aparte del castillo. Los golpes en las puertas eran más fuertes y veía como, poco a poco, las estanterías iban cediendo ante el peso y la fuerza de los engendros. Ya no sabía que hacer. Era mi destino morir a manos de aquello que había creado. Ahora comprendo como se sintieron los dioses de la Antigua Roma cuando sus fieles los abandonaron para seguir a Cristo. Yo era un dios. Un simple mortal convertido en un dios caído. La única creación que me sirvió con dedicación moriría conmigo. No tenía otra cosa que hacer. Le dí la vuelta al plano y comencé a escribir lo que estás leyendo. En estos momentos estaré muerto. Habré sido devorado por aquellos a los que dí vida y es muy probable que Sigrid haya perecido defendiéndome, siendo despedazada extremidad por extremidad.

    No sé quién serás tú. Tal vez seas un miembro de la policía, enviado para averiguar que me ha pasado tras recibir noticias de mi desaparición por parte de mis allegados. Tal vez seas un miembro del ejército enviado para acabar con las criaturas que han tomado el castillo y cuya existencia pone en peligro la de los habitantes cercanos a él. Es más, tal vez seas un viajero del futuro que, al ver las ruinas del castillo, has entrado a contemplarlas. Seas lo que seas, por favor, no cometas el mismo error que yo.
  • Quinto Sertorio: genio y figura./

    Escrito por Platov el 02/08/2013
    ¡Hola, camaradas!
    ¿Cómo lleváis el verano?
    Sí, habéis leído bien el título: aparco por un momento los relatos de ficción para darle otra vez caña a la historia.
    La razón de ello fue una conversación que tuve con un colega el martes pasado sobre series históricas. La conversación llevó a hablar sobre ese atentado contra la historia llamado "Hispania: La Leyenda". Jesús, mi colega, dijo que para qué hacer una serie sobre Viriato cuando hay un tema sobre la antigua península Ibérica que mola aún más: la rebelión de Quinto Sertorio. Como no podía ser de otra forma, le di la razón. Con la historia de ese hombre se podría hacer una superproducción. ¡Ah! ¿Qué no sabéis quién fue Sertorio? Pues para eso estudié historia. ¡Comenzamos!

    Quinto Sertorio nació en el año 122 a. C.
    Desde jovencito destacó en el arte de la guerra y si por algo fue conocido es por haber sido uno de los hombres más fieles al cónsul Cayo Mario, el gran reformador del ejército romano y tío de Julio César.
    Sertorio destacó en diversas campañas a lo largo y ancho de nuestra piel de toro. Se hizo famoso por ser uno de los pocos supervivientes de la masacre de Cástulo, en la que un grupo de rebeldes degolló a la mayoría del ejército romano acampado en esta localidad mientras dormía, ganando la corona cívica de hojas de roble por tal hazaña.
    Tras este episodio, Sertorio se afilió al partido popular en el Senado. Recordad las dos facciones que dividían la cámara de gobierno romana: populares y optimates.

    Esta es una época convulsa para Roma. Las conspiraciones están a la orden del día. Mario y sus colegas, Lépido y Cinna, intentan hacerse con el control de Roma pero en el año 81 a. C. Lucio Cornelio Sila entra con sus legiones en Roma, acabando con todo partidario de Mario que se cruzase en su camino.
    Mientras tanto, Sertorio ostentaba el cargo de pretor en la provincia de la Hispania Citerior. Su apoyo a los populares hará que se vuelva contra Sila. Este añadirá el nombre de nuestro protagonista en la famosas proscripciones, lo que significaba que la cabeza de Sertorio sería la siguiente en ser clavada en una pica en el foro.
    Destituido de la pretura, Sertorio no se quedó de brazos cruzados y, al mando de un gran ejército de unos 9000 hombres (nunca hagáis caso a las cifras porque siempre son aproximadas o exageradas), consiguió el control de la Citerior.

    Para acabar con este rebelde, Sila envió al general Annio Lusco, el cual consiguió vencer a las legiones comandadas por el lugarteniente de Sertorio, Livio Salinator. El general rebelde fue proclamado enemigo público.
    Tras esta derrota, Sertorio se retiró hacia Cartago Nova, desde donde comenzó una serie de campañas en el norte de África. Tras estas, volvió a Hispania, donde se ganaría el apoyo de los lusitanos. Era el año 80 a. C. Debido a lo escaso del número de sus fuerzas en comparación con las interminables huestes de Sila, Sertorio adoptó las tácticas de guerrilla que tan famosas hicieron a las tribus íberas. Y parece que le fue bien ya que consiguió vencer a las tropas silanas dirigidas por Silano Fufidio, el pretor de la Hispania Ulterior. Consiguió ganarse la simpatía del resto de tribus de la zona, gracias sobre todo al famoso episodio de la cierva blanca. Según Sertorio, los dioses se comunicaban con él a través de una cierva blanca como la nieve y ya sabéis lo supersticiosos que eran los nativos.

    Sila no se dió por vencido. En el año 79 a. C. envió al procónsul Cecilio Metelo con dos legiones para que pusiera fin a los sueños de rebeldía de Sertorio, llevando acabo lo que se podría describir como "guerra total". Sin piedad, sin compasión. Por cierto, entre los resultados de este avance está la fundación de Medellín (Metellinum en romano antiguo, como dirían el Piqué y la Shakira). Las tropas silanas llegaron hasta Olisipo, la actual Lisboa, y penetraron hacia el sur. Sertorio hizo lo propio mandando a su lugarteniente Hirtuleyo a detener el envío de refuerzos para las legiones de Metelo en la Citerior, con bastante éxito. Ante la llamada de auxilio de los habitantes de Lacobriga, ciudad prosertoriana asediada por Metelo, el general rebelde no se lo pensó dos veces y consiguió levantar el sitio al masacrar a una legión y propocionar alimentos a escondidas a los lacobrigos (palabro). Metelo tuvo que replegarse hacia la Ulterior.
    Nadie podía explicarse el éxito de Sertorio. Tal vez estuviese en el uso de tácticas de guerrilla mezcladas con el entrenamiento puramente romano de las tropas sertorianas.

    Entre los años 79 y 77 a. C., Sertorio impidió que Metelo moviera un solo dedo. En este último año, el general rebelde avanzó sus tropas hasta el valle del Ebro.
    Pero algo de gran transcendencia ocurre en Roma en el año 78 a. C.: Sila ha muerto. Lépido se autoproclamó cónsul y comenzó una serie de reformas populares que no gustaron a los optimates. Estos decidieron poner fin al nuevo cónsul poniendo al frente de los ejércitos a dos hombres: Pompeyo y Cátulo. Sí, ese Pompeyo. Tra una batalla en el Campo de Marte, Lépido huyó a Etruria y después a Cerdeña, donde murió. El general Perpenna tomó el mando de sus tropas y se unió a Sertorio. Gracias a este gran refuerzo, Sertorio acabó con la guerra de guerrillas y se vió dispuesto a enfrentarse a las tropas republicanas en campo abierto.
    Es en el periodo entre los años 77 y 76 a. C. donde Sertorio hace algo único: la creación de un Senado independiente al de Roma en la península, formado por exiliados. ¿Véis su importancia? ¡Sertorio estuvo a punto de crear una nueva República!
    Ante esta amenaza sin precedentes, el Senado envió a Pompeyo para acabar de una vez por todas con el rebelde ya que su poder crecía cada día que pasaba.

    En la primavera del año 76 a. C., los refuerzos republicanos llegaron a Ampurias. Ante este problema, Sertorio tuvo que abrazar otra vez la guerra de guerrillas. Era importante que las tropas de Pompeyo jamás entrasen en contacto con las de Metelo.
    Mientras, el general rebelde seguía avanzando por el valle del Ebro reclutando a más nativos. Ordenaría a Perpenna que contuviese a Pompeyo.
    Pero Pompeyo inició la conquista de la costa mediterránea de la península para poder llegar hasta Metelo y acabar con Sertorio. Memmio, lugarteniente de Pompeyo, atacó Cartago Nova por mar con gran éxito pero se vió aislado por unos refuerzos enviados por Sertorio. Sin embargo, las fuerzas rebeldes empezaron a verse rebasadas por las gubernamentales. La línea del Ebro había caído y las tropas sertorianas se retiraron a Valentia. Pompeyo persiguió a los rebeldes hasta este lugar. Sertorio se dirigió con el mayor grupo de tropas posibles hasta Valentia, en ayuda de sus hombres. Pompeyo tuvo que replegarse hasta más allá del Ebro. En el sur, Metelo acabó con las tropas de Hirtuleyo.

    El año 75 a. C. fue el peor para los sertorianos.
    Pompeyo consiguió conquistar Valentia mientras que Hirtuleyo era otra vez derrotado y muerto por Metelo. Sertorio atacó en la línea del río Sucro (el Júcar), quedando en tablas, pero consiguiendo los republicanos lo que Sertorio más temía: la unión de las tropas de Pompeyo y Metelo. El rebelde tuvo que retirarse al norte, con un goteo de pérdidas a cada paso que daba.
    Al caer el invierno, los ejércitos se acuartelaron, como era costumbre. Es en esta situación cuando Pompeyo fundaría la ciudad patria de los sanfermines: Pompaelo, la actual Pamplona.
    En el 74 a. C., comenzó una campaña para acabar con los lugares de abastecimiento de Sertorio, con variados resultados. Los dos ejércitos senatoriales avanzarían hasta asediar Calagurris (Calahorra) pero el asedio sería un fracaso al estar las tropas de la ciudad comandadas por el propio Sertorio.
    Volvió el invierno y las legiones romanas recibieron más refuerzos, poniendo al bando rebelde contra las cuerdas.

    Para acabar rápidamente con Sertorio, Metelo dispuso una recompensa por la cabeza del líder rebelde y el Senado prometió a las tropas rebeldes el perdón si se rendían. Era algo bastante tentador. A ello se suma el cambio de carácter de Sertorio, el cual se volvió más paranoico al oir la noticia. Él quería serguir luchando pero los indígenas se habían cansado ya de tanta lucha. Nada ayudó el asesinato y captura para su posterior venta como esclavos de los hijos de varios líderes tribales por parte de Sertorio, él cual creía que eso acrecentaría el temor entre los nativos y, por tanto, su adhesión a su persona. Los propios exiliados se planteaban el traicionar a su líder. En un banquete celebrado en Osca, Sertorio sería asesinado.
    Perpenna intentó levantar otra vez el ánimo de los rebeldes pero sería derrotado por Pompeyo.

    En el año 72 a. C., la llama rebelde se apagó por completo.
    Roma había salido victoriosa sin saber que a la República le quedaban pocos años de vida.



  • El temporizador de hechizos./

    Escrito por Platov el 25/07/2013
    ¡Saludos!
    La inspiración ha vuelto por fin.
    Aquí tenéis otro relato ambientado en el mundo de Verne.

    Ruche: la capital del Imperio de Losange, la vanguardia de la ciencia y el arte.
    Sus calles estaban completamente iluminadas por el extraño poder de la luz eléctrica. Por ellas pasaban transeúntes, vehículos impulsados por el vapor y los hombres mecánicos conocidos como autómatas. La magia que puebla Verne parecía haber desaparecido completamente de este lugar, sustituida por la ciencia.
    Eso es lo que pensaba Pierre Nougant cuando veía esta instantánea de la noche ruchense. Pierre era uno de los pocos losangitas que seguían usando la magia. Su familia se había ganado la vida usando los poderes arcanos para sanar como curanderos hasta que la maldita ciencia acabó con el negocio familiar. Todavía maldice el día que la catedrática de ciencias médicas de la Universidad Bertrand I, la Dra. Monique Deroux, publicó aquel artículo titulado “Daños producidos por la magia sanadora en el cuerpo”. Esa sarta de mentiras hizo que la mayoría de gente dejara de visitar a los curanderos para acudir a los matasanos. Él sabía que todo era una estratagema del emperador Bertrand III para seguir con el proceso “racionalista” del estado comenzado por la familia Abeille. Por eso se unió en un principio a la Unión Mundial de Magos, para dar a conocer a la gente que la magia todavía no había muerto y que era posible que conviviera con la ciencia. Sin embargo, los métodos de la UMM eran demasiado blandos según Pierre, sobre todo para las mentes ultrarracionales de los losangitas. Pronto comenzó a visitar los círculos más radicales de la defensa de la magia, formados por practicantes de los ritos arcanos afines a ideas políticas como el igualitarismo o la ingobernancia. Estos grupos pensaban que la única forma de demostrar que la magia sigue viva es haciendo muestras de su poder. Los actos terroristas relacionados con poderes arcanos eran obra de estos tipos. La UMM se ha desmarcado de esta gente y condena cada una de sus tropelías. Pierra Nougant era uno de los hombres más fieles de los “radicales de la magia”, que era como se refería el Ministro de Seguridad de Losange a estas personas.

    Nougant había quedado esa noche en otra de las reuniones de los radicales. Estas se celebraban a puerta cerrada nada más y nada menos que en el hotel más lujoso de la ciudad: el Ville de Ruche. ¿Cómo era posible esto? Pues gracias al miembro más prestigioso de esta organización: el Marqués de La Fitte. Este aristócrata venido a menos, practicante de las artes arcanas, era uno de los defensores de la antigua familia real, los Chatillón. Por desgracia, la vuelta al poder de los Abeille gracias a la venganza del hijo de Bertrand I, Louis Bertrand Abeille, supuso la caída de los La Fitte. Sin embargo, el marqués supo jugar bien sus cartas y donó parte de sus propiedades a Bertrand II para ganarse su apoyo. Así, la familia La Fitte siguió existiendo hasta nuestros días, a pesar que el título de marqués sea solo un adorno y que el dinero que gastan a espuertas tenga un dudoso origen. A Pierre le caía tan bien el marqués como el emperador. Lo veía como un advenedizo. Si su familia pudo traicionar a los Chatillón, este podría hacer lo mismo con los radicales. No obstante, era la única persona en todo Losange con suficiente poder como para mantener a flote la organización. Además, nadie sospecharía que uno de los ciudadanos más acaudalados de la nación formara parte de este movimiento.
    Pierre llegó a la iluminada puerta del Ville. Allí, un mozo de puerta hacía su trabajo permitiendo que los huéspedes y visitantes pasaran directamente al vestíbulo sin tener que mover las pesadas puertas de la entrada. Cuando Pierre se acercó, se dio cuenta de que el mozo no era un mozo per sé: el brillo metálico de su rostro y sus ojos de cristal delataban a un autómata. La boca del hombre de metal se abrió como una pequeña compuerta y de su interior salió una mecánica voz que sonaba como si un niño que estuviera empezando a hablar estuviera pidiendo ayuda tras quedarse encerrado en un armario.
    -¡BU-E-NAS NO-CHES, MON-SIEUR! ¿ME PER-MI-TE?- el brazo derecho del artilugio se movió de manera antinatural y, empujando sin apenas esfuerzo, abrió la puerta. Acto seguido, realizó un movimiento mecánico con la mano izquierda para levantar su sombrero para saludar.
    -Eh... Gracias- contestó desconcertado Pierre, dándose cuenta segundos después que darle las gracias a una máquina que había sido programada para hacer eso miles de veces al día era ridículo.


    El vestíbulo del Ville era lujoso, tal y como se esperaba del mejor hotel de la capital de la ciudad: suelos de mármol, luz eléctrica en enormes lámparas de araña, cómodos asientos de espera tapizados en terciopelo y alfombras traídas desde Mitria. Pierre miró ante la inmensidad del vestíbulo para encontrar una cara conocida. Allí estaba esperándole una muchacha de ojos marrones, pelo negro y tez morena, vestida con sobriedad. Podría parecer una nativa de las colonias del norte del Continente Oscuro si no fuera porque su habla delataba que era losangita al cien por cien.
    -Ya era hora de que llegases- dijo la muchacha a Pierre con una sonrisa en la cara.
    -Vamos, Adelaide. Tampoco me he retrasado tanto.
    -Pues el marqués nos espera donde siempre.
    -Vale, vamos a recepción para no levantar sospechas.
    Adelaide Marchand era una maga como Pierre. Sin embargo, Adelaide era una druida, esa clase de magos que se encargan de canalizar el poder de la naturaleza por sus venas. La historia de la chica era muy parecida a la de Pierre: su familia ayudaba a los agricultores a que su cosecha creciera fuerte y sana. Llegó la ciencia, todo se fue al traste y Adelaide acabó formando parte de los radicales.
    Los dos jóvenes llegaron a la recepción del hotel, donde un encargado de rizados bigotes les preguntó qué deseaban.
    -Tenemos una reunión con el Marqués de La Fitte- respondió Pierre.
    -¡Ah! Monsieur el marqués- dijo el recepcionista, bastante alegre- Es un gran hombre. Siempre deja muy buenas propinas- con un movimiento magistral, el hombre tocó una campanilla. Del vestíbulo apareció un botones- Por favor, lleva a esta encantadora pareja a la sala de reuniones “Mariscal Fournier”.
    -Sí, señor- dijo el botones con desgana. Se notaba que su trabajo no era el más deseado por el muchacho.

    Llegaron a la sala “Mariscal Fournier”.
    Allí se encontraba un hombre elegantemente vestido sentado en un sillón. Bueno, parecía un sillón ya que las protuberantes carnes del hombre se encajaban en el mueble y no dejaban ver el respaldo. Su cara redonda como un queso estaba adornada por una barba sin bigote. La luz se reflejaba en su pelo, embadurnado con aceite de fijación. El marqués, acompañado por su leal sirviente, era el único miembro de la organización en la sala.
    -¡Ah! Ya habéis llegado- se echó la mano al bolsillo de su impecable chaqueta para sacar una billetera. De esta salieron dos billetes de 5 abejas que ofreció al botones- Toma, chico. Por un buen servicio.
    La cara del muchacho pasó de seria a contenta en un segundo.
    -¡Oh! ¡Gracias, señor!- el chaval se fue silbando tras cerrar las puertas de la sala.
    El marqués se dirigió a sus invitados.
    -Por favor, sentaos. ¿Algo para beber? ¿Coñac, tal vez?
    -No- dijo Pierre mientras se sentaba al mismo tiempo que Adelaide- Lo qué me gustaría saber es porqué Adelaide y yo somos los únicos miembros de los radicales en la sala.
    -¡Oh, sí! Qué despiste el mío- el marqués se secó su sudorosa frente con un pañuelo de seda- Bien. He estado elucubrando un plan para enseñarle a esos amantes de la ciencia el poder de la magia.
    -¿Otro atentado?- preguntó Adelaide- ¡Vamos, marqués! Eso es lo que hacemos siempre.
    El marqués se aclaró la garganta antes de hablar.
    -Sí pero esto es diferente. Si sale bien, cambiará para siempre la historia. Por eso solo confio en vosotros dos, mis mejores amigos, para llevarlo acabo.
    Pierre y Adelaide se quedaron mirando un momento, pensando que el marqués se había pasado otra vez con la bebida, cuando Pierre habló.
    -Bien. ¿De qué se trata?
    -De acuerdo. Es esto- el marqués hizo un gesto a su sirviente. El hombre sacó una caja de detrás del sillón del orondo aristócrata y la abrió para dejar su contenido encima de la mesa. Esta no era otra cosa que un extraño artilugio parecido a una olla pero con una especie de reloj y algunos tubitos y llaves acoplados a su metálica superficie.
    Pierre y Adelaide miraron el artefacto con cara de estupefacción.
    -¿Y esto es un...?- preguntó Adelaide.
    -Algo que me traje de mi último viaje a la Teurgia Oriental. Una muestra de su tecnomagia: un temporizador de hechizos.
    -¿Un tempoqué?- Pierre pensaba que el marqués se había vuelto loco.
    -Veréis, es un arma usada por el Ejército Oriental a modo de mina- el sirviente del marqués giró una llave en lo alto del recipiente, abriendo la tapa. Pierre y Adelaide se levantaron para ver su contenido: vacía, excepto por unas paredes de cristal verde que forraban el interior del artefacto.
    -¿Qué es esa cosa verde?- preguntaron.
    -Revestimiento de jade. Como sabéis, el jade tiene la sorprendente propiedad de preservar el poder de los hechizos en su interior. El temporizador permite mantener el hechizo en el interior del jade hasta que es lanzado tras un periodo de tiempo programado. El mago puede lanzar un poderoso hechizo sin estar presente en el lugar. ¡Es como una bomba de hechizos!
    -¿Desde cuándo la emperatriz Ren está de nuestra parte?- preguntó escéptico Pierre.
    -No lo está. He conseguido esta maravilla a través de unos contactos en el Ejército Oriental. La usaremos para nuestro siguiente acto de desobedencia, solo que no correréis peligro de ser detenidos porque no estaréis allí cuando el hechizo sea lanzado.
    -¡Un momento!- Adelaide se puso de pie de un salto- ¿”Correréis”? ¿”Estaréis”?
    -Eh... Bueno...- el marqués se frotó su grasienta nuca con gesto nervioso- Había pensado en que vosotros seríais los más adecuados para esta misión.
    -¿Nos está usando como sujetos de pruebas?
    -¡No, que los dioses me libren! Sé que sois los únicos miembros de los radicales con dos dedos de frente para usar este artilugio. ¿Queréis que lo deje en manos del manazas de Cambrai? ¿O preferís qué lo use ese tarado de Frossart?
    -Está bien. ¿Qué tenemos que hacer?- preguntó Pierre.
    -Sencillo: vais a destruir la fábrica de autómatas de Matre e Hijos, en Champvert. Para ello, utilizaréis el temporizador. Las autoridades se quedarán de piedra al descubrir que no hubo ningún mago para lanzar el hechizo. Es más, pensarán que han sido saboteadores de la Teurgia.
    -De acuerdo. ¿Cuándo?
    -Mañana por la noche. Llevaos el temporizador y esconderlo bien. Sugiero que se lo quede Adelaide, es la única cuyos poderes pueden usarse para nuestra misión. Lanza un hechizo de crecimiento, por ejemplo.
    -Bien. Me lo llevaré a casa- dijo Adelaide.
    -¡Ah!- el marqués levantó un dedo- Recordad que si os descubren, no os ayudaré. Ya sabéis, tengo que mantener mi buen nombre a salvo.
    -Sí, es algo que no me sorprende de usted, marqués- dijo Pierre entre dientes.
    -¿Cómo?- el marqués hizo un gesto de haberlo escuchado todo.
    -No. Nada- respondió Pierre- Mañana por la noche, entonces. Nos vemos al día siguiente, ¿no?
    -Sí y llevad cuidado con el temporizador. Dentro de la caja van la instrucciones traducidas a nuestro idioma para su funcionamiento.

    La noche siguiente.
    La oscuridad hacía que la fábrica de autómatas de Matre e Hijos tuviera un aspecto lúgubre, casi salido de una pesadilla. No fue difícil cruzar la alambrada. Muchos propietarios las habían electrificado pero las quejas por el mal olor que desprendían los generadores había hecho que algunos de ellos despreciaran este sistema de seguridad. Matre era uno de estos últimos. Unas buenas tenazas y Pierre y Adelaide ya estaban dentro del recinto de la fábrica. Parecía que no había ningún guardia de seguridad a la vista. Forzaron una de las puertas de servicio y consiguieron entrar. Tras llegar al que se suponía que era el centro del edificio, entre un laberinto de máquinas, sacaron el temporizador de la caja.
    -¿Y bien? ¿Cómo funciona este cacharro?- preguntó Adelaide.
    Pierre leyó las instrucciones entre susurros, para no llamar la atención.
    -Primero hay que abrir la tapa con esa llave, como hizo el mayordomo del marqués.
    Adelaide abrió la tapa.
    -Bien. Ahora hay que lanzar el hechizo pegando las manos al fondo de jade. ¿Has pensado en alguno en especial?
    -¿Qué tal unas cuantas hiedras que se enreden en la maquinaria?
    -Perfecto.
    Adelaide pegó las manos al fondo del artefacto y susurró unas palabras. Un tenue destello verde recorrió todo el jade, haciendo que este se iluminara.
    Pierre siguió leyendo.
    -De acuerdo. Ahora cierra la tapa bien con la llave y pon en marcha el temporizador con esas ruedas de ahí.
    -¿Cuánto tiempo?
    -El suficiente para salir de aquí intactos.
    -Bien. Diez minutos.
    -Me parece bien. Vámonos.
    El temporizador emitía un ligero sonido de tic-tac, como cualquier bomba programada.
    Pierre guardó las instrucciones en la caja y se la llevaron consigo para tirarla a algún vertedero.

    A la mañana siguiente, Pierre salía como de costumbre para dar un paseo.
    No pudo sino sonreír al oír los gritos de un vendedor de prensa.
    -¡EXTRA! ¡EXTRA! ¡La fábrica de autómatas de Matre e Hijos aparece envuelta en un espeso manto de hiedra! ¡Posible uso de magia! ¡Se sospechan de saboteadores orientales!


    Ya sabéis, las opiniones y sugerencias serán bienvenidas.
  • Lecturas recomendadas para este verano./

    Escrito por Platov el 15/07/2013
    ¡Hola, habitantes del planeta Subcultura!
    Creo que la inspiración se ha ido de vacaciones a Puerto Banús porque no se me ocurre nada nuevo para el blog. Estaba escribiendo un relato ambientado en una versión alternativa de las Guerras Napoleónicas pero me he quedado atascado. Lo mismo ocurre con las curiosidades históricas, que no se me ocurre ninguna de mención.
    Como leer activa la mente, creo que será mejor poner una lista de recomendaciones de lectura para este verano que acaba de empezar. Vale, el verano comenzó hace más de un mes pero es que para mí acaba de iniciarse ahora.

    Bien, allá vamos:

    -Miguel Strogoff de Julio Verne: Hace calor. ¡Mucho calor! ¿Qué mejor forma que quitárselo de encima viajando con la imaginación a la Rusia de los zares? El libro que hizo que me interesa la historia de Rusia es una epopeya en la que el más valiente de todos los agentes del zar debe entregar una carta al otro lado del imperio. Un mensaje que de no entregarse a tiempo conllevaría la caída de Rusia.

    -Tarás Bulba de Nikolai Gogol: Y seguimos en tierras del Este, esta vez en Ucrania. Tará Bulba es un cosaco anciano, veterano de mil batallas, que llevará a sus compañeros a enfrentarse a los todopoderosos polacos. La epopeya cosaca por excelencia.

    -La máquina diferencial de William Gibson y Bruce Sterling: No me cansaré de recomendar esta novela a todos aquellos que estén interesados por el steampunk. Ambientada en un Londres victoriano donde la ciencia y las máquinas están presentes en el día a día de sus habitantes, una conspiración ludita hará temblar los cimientos del Imperio Británico.

    -Guillermo, el Mariscal de Georges Duby: La biografía del mejor caballero de la Edad Media escrita por el mejor medievalista del mundo. El libro no es solo la historia de Guillermo sino también un viaje al centro de la sociedad de la Inglaterra y Francia medievales, sus costumbres y sus gentes.

    -Guía de la Antigua Roma de Georges Hacquard: En realidad no es un libro sino una especie de colección de apuntes. Cualquier información o curiosidad sobre la civilización romana podéis encontrarla aquí. Seguid la guía.

    -Dune de Frank Herbert: Antes de que George Martin se sacara de la manga las conspiraciones entre los Stark y los Lannister, existían dos familias nobles llamadas Atreides y Harkonnen que luchaban por el control de Arrakis, el planeta desierto generador de la valiosísima especia Melange. Sumadle a ello una profecía sobre la llegada de un mesías al planeta y ya tenéis a la mejor novela de ciencia ficción de la historia.

    -Los jinetes de la muerte de Dan Abnett: Sí, es una novela ambientada en el mundo de Warhammer Fantasy. Antes de que los prejuicios os manden lanzar el libro a la basura, por favor, echadle un vistazo. Una historia épica que cambiará el destino de dos hombres pertenecientes a la misma familia imperial.

    -Estudio en escarlata de Sir Arthur Conan Doyle: La primera aventura del detective Sherlock Holmes y su inseparable compañero, el Dr. Watson. Un extraño asesinato en Londres, en el que la víctima es un ciudadano estadounidense y en el que la única pista es la palabra RACHE escrita con sangre, llevará a Holmes a convertirse en el mejor detective del mundo.

    -Yo y la energía de Nikola Tesla: El genio de genios escribió dos artículos en la revista científica Electrical Experimenter en los que cuenta su vida y su visión del mundo. Indispensable para todos aquellos que quieran conocer un poco más a Tesla.

    ¡Hale! Ya tenéis material para leer este verano.
    ¡Nos vemos!
  • Hace 150 años.../

    Escrito por Platov el 10/07/2013
    En este mismo día, en la localidad austro-húngara de Smiljan, ahora situada en la actual Croacia, nació Nikola Tesla.
    Increible que en Google hicieran un doodle sobre el 66 aniversario del supuesto incidente de Roswell y que no se hayan acordado de Niko.
    En fin, este es un pequeño homenaje al mayor genio que ha dado la historia.
    ¡Felicidades!

    nikola-tesla.jpg
  • Duelo de Caballeros./

    Escrito por Platov el 07/07/2013
    ¡Hola, chicuelos y chicuelas!
    Vuelvo a actualizar el blog ahora que tengo tiempo libre.
    Como alguno de vosotros ya sabéis, nuestra amiga RakiParra ha organizado un concurso literario en el que puede participar todo el mundo. Podéis encontrar más información aquí. Os animo a participar como yo he hecho con este relato titulado "Duelo de Caballeros". Espero que os guste.

    El A.S. “Pandora” era el orgullo de la flota de “Hastings Air Travel Co.”, una de las más prestigiosas compañías aéreas del Imperio Británico. Tanta era su reputación que la mismísima reina lo escogía para realizar sus viajes alrededor de las colonias.
    Este dirigible civil fabricado en Inglaterra copiaba los elementos que han hecho famosos a los zeppelines prusianos pero dándole un toque de distinción y elegancia, algo de lo que carecen por completo los germanos. Esta mítica nave, que llevaba acabo la ruta transatlántica que unía Londres con Nueva York, contaba con habitaciones para las tres clases de pasajeros, un amplio salón comedor donde se podían celebrar espectáculos, espacios de recreo y un gran muelle de observación desde donde los pasajeros podían contemplar las impresionantes vistas desde unas pasarelas hechas de cristal reforzado, lo que daba la impresión de estar suspendido en el aire.

    Fue en uno de sus viajes cuando ocurrió algo insólito que jamás había pasado a bordo del “Pandora”, el día que se celebraba la cena de despedida antes de aterrizar en Nueva York.
    Los pasajeros de primera clase bailaban en el gran comedor con sus mejores galas después de haber disfrutado de una agradable cena. Las parejas bailaban al ritmo de un vals de Johann Strauss cuando ocurrió un pequeño incidente: un caballero cuya vestimenta y acento delataban su origen texano invitó a una señorita a bailar. El deplorable aspecto del hombre, el cual parecía haber consumido algunas copas de más, hizo que la dama lo rechazara. El hombre, terco como una mula, insistió, recibiendo una nueva negativa. Harto de que lo rechazaran, el texano cogió a la dama del brazo a la fuerza mientras gritaba que bailaría con él, sí o sí. La dama forcejeaba para zafarse de tan indeseable compañía cuando otro hombre ordenó al texano que dejase en paz a la dama.
    La bestia se giró para ver quién había osado hablarle así. Descubrió a un hombre alto, elegantemente vestido con un esmoquin, con el pelo y bigote bien arreglados y fumando en pipa.
    -Señor, exijo que deje en paz a la dama- repitió el caballero, cuyo acento había rebelado que era un orgulloso súbdito de su majestad.
    -¡Cállese!- gritó el texano- Usted no es quién para darme órdenes.
    Este grito hizo que la multitud se interesase por la escena.
    -Ya ha oído a la dama. Déjela en paz o tendré que darle una lección, señor- dijo el británico.
    -¡Pero, bueno! ¡Nos ha salido gallito, el señor...!
    -Lord Charles Twinklebottom, señor. Súbdito de su graciosa majestad la reina Victoria, veterano de la guerra de Crimea y miembro de la Cámara de los Lores, ¿señor...?
    -Richard Ox- dijo el texano con brusquedad-. Soy dueño de toda la producción de ganado de San Antonio y un almidonado caballerete inglés no me va a decir lo que tengo que hacer.
    -Lord, si no le importa. Es algo bastante diferente- Lord Charles parecía no inmutarse ante la amenazante presencia del sureño.
    -¡Me importa un bledo lo que usted sea! ¡Y ahora déjeme en paz!- la cara de Ox estaba roja de ira.
    -Bien, no me deja más remedio- el lord inglés se acercó con paso firme hacia el texano y se quitó uno de los guantes para abofetearlo en la cara con él-. Señor, exijo una satisfacción por el honor de esta dama.
    Una exclamación recorrió el gran salón.
    -¿Ah, sí? Veamos, inglés- Ox desenfundó rápidamente un Derringer que llevaba en el bolsillo de su llamativa chaqueta. Los ojos del público adoptaron la forma de los platos de porcelana china que se usaron durante la cena.
    -¡Je! No me haga reír, señor- el público se quedó con la boca abierta al ver la determinación de Twinklebottom-. He dicho una satisfacción, no uno de esos tiroteos de taberna a los que están acostumbrados en su nación.
    -¿A qué se refiere?- preguntó Ox mientras volvía a meter su arma en el bolsillo.
    -A un duelo como caballeros, señor. A espada.
    -¿Qué?- Ox estuvo a punto de atragantarse con su saliva- Pero... pero...
    -¿Lo acepta o no lo acepta?- preguntó el lord.
    Ox se quedó pensativo durante unos segundos.
    -Que nunca se diga que un texano ha sido un cobarde al rechazar un duelo. ¡Acepto!
    Para no causar ningún daño irreparable entre los pasajeros, el duelo se llevó acabo en el muelle de observación del “Pandora”. El sirviente de Lord Charles sostenía un estuche abierto en el que habían dos estoques. El lord inglés dejó que el texano escogiera primero, como todo buen caballero británico. Cada uno de los contendientes se colocó al otro extremo de la pasarela de cristal. Lord Charles saludó. Ox hizo un amago de ello, desconocedor del arte de la esgrima.
    -En garde!- exclamó Lord Charles tras colocarse en posición de defensa.
    -¡IAAAAAAAAAAAAAAARGH!- el texano se lanzó, espada al aire, como uno de los bárbaros de los relatos de César. Lord Charles solo tuvo que apartarse en el momento preciso para que Ox se estampara contra uno de los cristales reforzados de los laterales. El estruendo de la mole texana chocando contra la superficie fue tal que los presentes pensaron que el cristal se partiría.
    Lord Charles se giró hacia el dolorido texano y le extendió una mano.
    -¿Está bien?
    -Sí, creo que sí- dijo Ox mientras se levantaba con la ayuda del británico y se llevaba una mano a su dolorida nariz-. ¡Que me parta un rayo! ¿Cómo ha sido posible?
    -Los texanos son muy buenos con las armas de fuego pero en combate cuerpo a cuerpo dejan ustedes mucho que desear.
    -¡Argh! La próxima vez seré más cortés con las damas en presencia de un caballero inglés. Es usted un zorro, señor Twinklebottom. Me cae bien.
    -Me alegro. ¿Le apetecería un licor para calmar el dolor, señor Ox?
    Y así, el lord inglés y el ganadero texano se fueron juntos hacia el bar del dirigible mientras que aquellos que habían presenciado el duelo los vitoreaban. A la mañana siguiente, el “Pandora” llegó a su destino.
  • ¡Libre, al final!/

    Escrito por Platov el 05/07/2013
    Pues nada chicos, que ayer fue la defensa de mi trabajo de fin de máster. Y lo aprobé con un 10. Todavía no me lo creo.

    Doy las gracias a todos aquellos que me han apoyado y hacer una mención especial a clara2g, que fue, junto con mis padres, la primera en llegar y la última en marcharse. ¡Eres la leche, chavala!

    640px-Ave_Caesar_Morituri_te_Salutant.jpg
  • La venganza del Káiser./

    Escrito por Platov el 13/06/2013
    ¡Buf! Si que llevo tiempo sin actualizar.
    Perdonadme por ello. Estoy en la fase crítica del TFM: corrección y entrega. Ya sabéis lo que eso significa.
    Voy a actualizar con un nuevo relato ambientado en Verne. Es bastante corto. Espero que os guste.

    Festung Adlerstein era el castillo donde residía el rey de Junkerland. Cuando el Káiser Reinhardt reunificó los estados del antiguo Santo Imperio Barbárico Laureado, se convirtió también en la residencia del emperador de la Witterungkönfederation. El castillo era una colosal estructura construida en la falda del monte Köning, a unos pocos kilómetros de la capital confederada, Kaiserstadt. Entre las 542 habitaciones que poseía, una de las más conocidas era la Estancia de Duelos. En ella, los reyes de Junkerland ejercitaban su capacidad innata para la esgrima, algo que siempre ha llamado la atención de otros gobernantes de Verne. Como descendiente directo de esta casta de nobles guerreros, Reinhardt practicaba todos los días. Todavía recordaba cuando perdió su ojo izquierdo en un duelo llevado acabo por el honor de Hildegard, la hija del Duque de Donau y prometida de Reinhardt, que había sido insultada por un embajador del Sultanato Creciente. Aquel día, la habilidad para el manejo de la espada del gobernante de Junkerland quedó en entredicho. Sin embargo, todo acabó bien: el sultán mandó ejecutar al embajador por su comportamiento y pidió disculpas al Káiser.

    La Estancia de Duelos era una amplia habitación rectangular cuyas paredes estaban forradas con mostradores donde estaban colgadas toda clase de espadas, desde un gladius usado por algún legionario del Imperio Laureado hasta una zweihänder de dos metros de largo de finales de la Edad del Acero. Uno de los más curiosos artilugios presentes en la sala era un autómata de instrucción de fabricación losangita. El hombre mecánico tenía una llave que permitía cambiar su habilidad con la esgrima, desde “Aprendiz” hasta “Maestro de espadas”. Por supuesto, Reinhardt siempre seleccionaba la última opción. La máquina contaba además con unas dianas de goma que representaban puntos vulnerables de la anatomía humana. Si el atacante conseguía acertar en una, el autómata se desconectaba.

    Aquella tarde, Reinhardt estaba más agresivo que de costumbre. Ante la impasible mirada de Friedrich, uno de los sirvientes de palacio, el káiser atacaba al ágil autómata con rabia, imaginando que la máquina no era otra que la zarina de la Horda Polar. La traición llevada acabo por la joven en la batalla del paso de Krambalash, usando a los valientes soldados de la confederación como cebo, le hacía hervir la sangre. Mientras que Reinhardt desviaba con el filo de su glockenschläger uno de los envites del autómata, entró en la estancia el canciller Von Eisenstahl.
    -Espero no interrumpirle, majestad- dijo el viejo político.
    -Tranquilo, ya acabo- Reinhardt aprovechó una bajada de la guardia del autómata para clavarle la punta de su espada en la diana del pecho. La máquina se paró en seco, dejando caer la espada que portaba al suelo con un gran estrépito- Odio que dejen caer de esa manera las armas. Podrían romperse. Espero que los losangitas solucionen ese problema.
    Reinhardt se acercó a su sirviente, el cual le ofreció una toalla para secarse la sudor de la cara y manos. Se giró hacia el canciller mientras se secaba.
    -¿Y bien?- preguntó.
    -La votación en el Landerstag ha estado bastante reñida. A los reformadores les ha parecido mala su idea de declararle la guerra a la Horda Polar, alegando que nadie en la historia de la humanidad ha conseguido vencerla- contestó el canciller.
    -El líder de ese partido es historiador. Los historiadores viven en el pasado- Reinhardt devolvió la toalla a su sirviente, el cual se despidió agachando la cabeza brevemente mientras salía de la habitación.
    -Glöck es historiador, sí- respondió el canciller- De las mejores mentes que han nacido en nuestra tierra. Sin embargo, es esa genialidad lo que le convierte en un poderoso adversario para el Partido Junker. Al principio pensé que el Landerstag desestimaría su propuesta, majestad, pero hemos encontrado unos aliados inesperados en los igualitaristas.
    Reinhardt se sorprendió al conocer la noticia.
    -No me extraña- dijo el káiser- Ekaterina persigue a sus camaradas y los ejecuta sin ningún miramiento. Apoyar la declaración de guerra sería una buena forma de ayudarles.
    -En efecto pero recuerde que los igualitaristas son un arma de doble filo: si se unieran a sus camaradas, podría estallar su revolución en nuestras tierras.
    -Sí, es un gran riesgo- contestó Reinhardt- pero continúe, Esienstahl.
    -Bien- el canciller se aclaró la garganta-. Tras el discurso de Glöck, el líder de los igualitaristas recitó una lista de todas las atrocidades que la zarina cometió contra sus camaradas, lo que encendió los ánimos de aquellos miembros de la cámara que quieren ir a la guerra. Tendría que haberlo visto. El presidente de la cámara estuvo a punto de desalojar el hemiciclo si se seguía alterando el orden de aquella manera- Reinhardt se rió imaginándose la escena- Por suerte, el Landerstag aprobó la declaración de guerra contra la Horda Polar.
    Una sonrisa se dibujó en la cara de Reinhardt.
    -¡Excelente! Será mejor comenzar los preparativos para la invasión enseguida.
    La seriedad inundó el rostro del canciller.
    -Sin embargo, recuerde el dicho, majestad: “Ejército que entra en la Horda Polar...”
    -”Jamás volverá.”-interrumpió el emperador- Sí, lo sé. Sería un suicidio. Incluso transportando a las tropas en dirigibles el frío congelaría los rotores de las hélices. Creo que deberíamos esperar al verano.
    -Buena decisión- asintió Eisenstahl- También le advierto que deberíamos empezar a llevar acabo negociaciones diplomáticas para buscar un aliado. ¿Qué tal Losange?
    -¡Ja! No me haga reír canciller. Aunque su tecnología es digna de elogio, los losangitas son débiles en el combate sin ella. No.
    -Pues solo nos queda un enemigo común de la zarina- Eisenstahl levantó una ceja.
    -Sí, mi prima.
    -¿Comenzamos los contactos con el Imperio?
    -Muy a mi pesar, sí. Es la única nación fuerte que nos puede ayudar. Si tengo que soportar a Alexandra con tal de ver a Ekaterina suplicándome perdón, lo haré.
    -Muy bien. Iniciaré los contactos con el Ministro de Asuntos Exteriores del Imperio. Si no tiene nada más pensado...
    -No, Eisenstahl. Puede retirarse.
    El canciller hizo una reverencia y salió de la habitación, cerrando las puertas.

    Durante la cena, Reinhardt miraba al cielo rojo del atardecer que se divisaba por los ventanales del castillo. Se quedó ensimismado viendo como un águila volaba en dirección al horizonte, hacia la Horda Polar.
    Al otro lado de la mesa Hildegard, la esposa de Reinhardt, miraba al káiser. La muchacha era el vivo ejemplo de lo que muchos llaman “belleza confederada”: rubia, con una melena recogida en una recatada trenza que le llegaba hasta la cintura, ojos claros y tez clara.
    -Cariño, ¿estás bien?- preguntó con cierta preocupación.
    -¿Eh?- Reinhardt salió un momento de su trance- Sí, mi amor, no te preocupes- el emperador esbozó una cálida sonrisa a su amada que convertía la cicatriz que recorría su rostro en un arco. Hildegard le correspondió con otra sonrisa aunque ella sabía que su esposo estaba así por la guerra que se avecinaba. Tras probar un ligero bocado, Reinhardt volvió a mirar por la ventana para descubrir que el águila se había convertido en un lejano punto en el cielo.
    -Amiga- pensó- Pronto no volarás sola.


    Podéis seguirme también en El Correo del Atamán.
  • En el nombre de Su Graciosa Majestad Británica./

    Escrito por Platov el 01/06/2013
    ¡Buenas a todos!
    Hoy estoy contento porque me llegó esto ayer por correo. Bueno, en realidad llegó al correo de mi colega David, el cual me ayudó a conseguirlo.

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    Bombines, pistolas de rayos, paragüas usados como armas punzantes, mechas prusianos y zombies.

    ¿Pero qué culigindringuis es eso?
    Es lo último de la línea de manuales para wargames de Osprey Publishing: "In her Majesty's name". Nada más y nada menos que un manual de reglas para wargames steampunk. "Wargame" y "steampunk": dos palabras que si forman parte de la misma frase hacen que sonría como un tonto.

    ¿Y de qué va?
    IHMN está ambientado en un 1895 alternativo donde el boom tecnológico de finales del siglo XX se ha adelantado 100 años gracias al perfeccionamiento de las máquinas de cálculo diseñadas por Charles Babbage. Las grandes potencias no se han quedado de brazos cruzados y utilizan estos avances para su propios fines relacionados con la conquista mundial. Y si no era suficiente con ello, varias sociedades secretas conspiran entre las sombras de este nuevo mundo.
    Aquí es donde entran las compañías de aventureros, las cuales luchan por defender a su imperio o a cualquier organización a la que pertenezcan.

    El planteamiento del juego es muy parecido al de "Infinity": los jugadores comandan una compañía compuesta de 5 hasta 20 miniaturas. Estas compañías están compuestas por un líder, varios lugartenientes y unos cuantos personajes genéricos. Cada miniatura tiene unas características especiales que llegan a ser determinantes en el campo de batalla.
    Se pueden usar miniaturas de 28mm de cualquier marca conocida. Incluso en el manual te aconsejan que si no quieres comprar miniaturas, puedes usar fichas de cualquier juego de mesa.

    El manual está muy bien presentado.
    No está tan recargado como los de otros juegos de miniaturas y las ilustraciones que acompañan a los textos son dignas de cualquier buen libro de Osprey. Claro y conciso, no necesitas siquiera consultar el índice para encontrar una de las reglas y todos los datos importantes están bien ordenados en tablas.

    Hay una serie de compañías ya creadas para probar el juego rápidamente, que van desde fuerzas especiales (como los US Marines o la Legión Extranjera), sociedades secretas (como los Sirvientes de Ra o la Sociedad de Thule) y algunas que hacen que esboces una sonrisa de lo curiosas que son (como el Espectáculo del Salvaje Oeste de Buffalo Bill o una división especial de Scotland Yard liderada por cierto investigador privado aficionado a tocar el violín). Y si ninguno de estos grupos te gusta, vienen una serie de reglas para crear tus propias compañías. Así que si quieres llevar a los Rangers de Texas o formar a la Guardia Psíquica del Zar, puedes.

    Diversión a vapor para caballeros y damas.
  • ¿Qué han hecho los romanos por nosotros?/

    Escrito por Platov el 24/05/2013
    ¡Por todos los dioses!
    ¡Tres posts seguidos en tres días!
    ¡Deberían encerrarme!

    Hoy voy a compartir con vosotros algo que descubrí ayer.
    Esa cosa se llama Vici.
    ¿Que qué es eso?
    Vici es una aplicación que usa Google Maps. En ella podrás encontrar la localización exacta de monumentos, poblaciones, obras de ingeniería y acontecimientos históricos de la historia de Roma.
    ¿Que quieres saber qué yacimientos romanos hay cerca del lugar donde vives? Sin problema. Con un solo click podrás verlo.
    Además todos los elementos contienen un enlace a Wikipedia con fotografías del lugar.
    Y si ves que no aparece ese templo a Ceres que hay al lado de tu casa, puedes añadir un link a este en el mapa.

    Pues eso.
    ¡Nos vemos!

  • Regalazo de Dark_Lord./

    Escrito por Platov el 23/05/2013
    Dark_Lord está que lo tira esta semana, regalando relatos porque él quiere.
    Ahora me ha tocado el turno y ha escrito esta pedazo historia.
    ¿Os imagináis lo complicado que deber de ser escribir la historia de tu país cuando tu gobernante es una chica de 18 años con tendencias megalómanas?
    ¡Muchas gracias, colega! :D

    Mi oficio no siempre era divertido ni agradable. No con Ekaterina Fyodorovna Zoldanowich al mando. Siempre quise ser historiador, pero nadie me dijo lo difícil que es tener que escribir la Historia según va pasando. Quizás sea más fácil escribir de cosas que hayan pasado hace 100, 200, 1000 años... Pero, como el Historiador Oficial de la Horda Polar, mi trabajo era escribir el presente. Para mí hubiera sido un sueño hecho realidad si no fuese por nuestra loca zarina. ¡Que Ella la maldiga una y mil veces! ¡Qué el Ejecutor se la lleve pronto! Era muy complicado escribir la Historia contando con su censura. Si me propasaba en mis escritos podría acabar encarcelado o ejecutado. Y de nadie le serviría un historiador concienzudo muerto.
    Volví a concentrarme en el trabajo. Tenía que relatar la batalla del paso de Krambalash, que en mi opinión, había sido una demostración de traición y juego sucio. Me puse a escribir, tenía que contar la verdad de tal forma que las generaciones futuras sepan que pasó realmente pero pasando por el visto bueno de la zarina. Lo contaría como si de una brillante táctica militar se tratase. Quizás, así pueda disfrazar la traición hacia el Kaiser como una demostración de genio militar por parte de nuestra zarina. ¡Que La Paladín nos juzgue pronto!
  • El diario de Mikhail Shorobiensky./

    Escrito por Platov el 22/05/2013
    ¡Hola, gentes!
    Después de terminar una de las partes más pesadas del TFM (el maldito Estado de la Investigación), me apetecía relajarme escribiendo un rato.
    Así que aquí os dejo con el resultado. Volvemos a los dominios de la Horda Polar con nuestro científico loco favorito.
    Antes de empezar, una advertencia: soy un hombre de letras, no de ciencias. Todo lo que vais a leer es más fantástico que verídico, así que perdonarme si cometo algún error gordo.

    Extractos del diario sonoro del Dr. Mikhail Shorobiensky, responsable de la División de Investigación y Desarrollo de Armamento Especial del Ejército Polar.
    Asunto: Proyecto Shurale
    ADVERTENCIA: DOCUMENTO CONFIDENCIAL.
    SI ESTE DOCUMENTO SALE DE LOS ARCHIVOS DEL EJÉRCITO POLAR, EL RESPONSABLE SERÁ CONDENADO A LA PENA CAPITAL ACUSADO DE TRAICIÓN Y TRÁFICO DE SECRETOS DE ESTADO.

    Día 1
    Probando... Probando... ¿Se.. se oye? Sí... Creo que sí.
    Bi... Bien. Soy Mikhail Shorobiensky, doctor en biología por la Universidad de Polyarnyygrad. He sido por su Excelencia, la zarina Ekaterina, para desarrollar un nuevo arma para el Ejército Polar. Para ello, se me ha concedido el uso de un laboratorio del Hospital de Veteranos de Guerra. La habitación es algo lúgubre pero tiene todo el instrumental necesario para mi investigación, además de ser los suficientemente alta para que quepa la cámara de cría de mi invención sin ningún problema. Le he pedido a su Excelencia la recogida de muestras necesarias para llevar acabo mi experimento. Espero que todo salga bien. Todo el mundo sabe que ocurre cuando se le falla a la zarina.

    Día 4
    Acaban de llegar las muestras que pedí: pelo de oso, restos de piel humana y escamas de troll de ciénaga. ¡Maldición! Me las han traído en una simple caja de madera, sin ningún tipo de precinto. Espero que no se hayan contaminado pero me da miedo decírselo a su Excelencia. Puede que no se lo tome muy bien.

    Día 6
    Acaban de llegar los recipientes de cristal con líquido amniótico. A una de las enfermeras que me ayuda se le resbaló uno de ellos, derramando el preciado líquido de la vida. Estuve a punto abofetearla pero conseguí calmarme.

    Día 7
    Mezclé las muestras de pelo, piel y escamas en una probeta y la herví a 100º C. con agua, obteniendo una solución salina que vertí en una bolsita hecha con la piel humana de algunas muestras. Conecté la bolsita al tubo de alimentación de la cámara y la llené con el líquido amniótico. Sellé el compartimento.

    Día 20
    El experimento parece ir bien. La bolsita con la mezcla se está convirtiendo en un feto de mamífero. Todavía no sé que forma tendrá la criatura resultante, es demasiado pronto. La estoy alimentando a través del tubo de alimentación con una papilla hecha de carne y legumbres que pedí a los cocineros del hospital que realizaran.

    Día 34
    Es sorprendente lo rápido que se está desarrollando. Tal como predije en mi tesis, la cámara de cría es el lugar idóneo para desarrollar un ente biológico el doble de rápido que en un útero de cualquier animal. Ya tiene presente los brazos y las piernas. Parece que las manos y los pies van a ser bastante grandes. El rostro es alargado y algo grotesco, la verdad, pero creo que va ser una criatura formidable.


    Día 40
    La criatura ya presenta bastante rasgos distintivos. Le está creciendo pelo por toda la dermis. Está empezando a desarrollar los dientes, bastante afilados por lo que parece. Las manos y pies se han convertido en garras a las que le están creciendo unas impresionantes uñas. Todo parece ir bien por ahora. Avisaré a su Excelencia de mis progresos esta tarde.

    Día 52
    Esta mañana ha llegado la coronel Tereshkova con un grupo de soldados al hospital. Dice que a partir de ahora, habrá un grupo de estos hombres vigilando las 24 horas del día el laboratorio y los alrededores del hospital. Le pedí por favor que no entraran durante el experimento, que solo se quedaran en la puerta. Accedió a ello. Esa mujer me da escalofríos. No presenta ningún tipo de emoción a la hora de hablar ni de relacionarse con la gente y ni siquiera genera sonidos al andar. Hay algo en ella que no me gusta.
    Sobre la criatura, todo marcha según lo previsto. Cada vez está más desarrollada. Dentro de dos meses estará completa si sigue este ritmo.

    Día 60
    Acaba de visitarme el Dr. Dmitry Khorsov, director del hospital. Dice que está preocupado con mi experimento. Al ver a la criatura dice que le embarga un sentimiento de terror y cree que la Guardabosques no permitiría que jugase así con su creación. ¡¿QUÉ?! ¿Cómo es posible que un hombre de ciencia esté tan aferrado a esas supersticiones? ¿Cómo podrá avanzar la humanidad si siente miedo por algo irracional? ¿Ahora resulta que los dioses nos temen? Tal vez sea el inicio de una nueva era: la Era del Hombre, en el que la ciencia nos pondrá a la altura de los dioses hasta hacerles caer de sus pedestales. Si esta criatura inspira terror en el corazón de los hombres, entonces mi experimento habrá tenido éxito y habré creado un arma perfecta.

    Día 75
    La criatura está casi desarrollada por completo. La contemplo. Es una maravilla, un ejemplo de lo que el hombre puede llegar a hacer con la naturaleza. En su semblante terrorífico reside su belleza. Un sentimiento de poder llena mi pecho. Tal vez sea lo mismo que sienten los dioses cuando crean algo nuevo. ¿Seré un nuevo dios? ¿Será la ciencia una nueva religión que desbancará al Antiguo Panteón?

    Día 82
    Estoy aplicando unas ligeras descargas eléctricas a la criatura usando como conductor el líquido amniótico. ¡Asombroso! Sus músculos se contraen y se relajan con una agilidad pasmosa. Todavía le falta un poco para estar completa pero este hallazgo me hace pensar en que será un ser al que nadie podrá enfrentarse en combate.

    Día 100
    Hace cien día del inicio del experimento y todo ha salido como lo he planeado.
    Es un día especial. En honor a ello, voy a bautizar a mi criatura. Recuerdo una historia que me contaba mi padre cuando era pequeño. Era sobre una criatura, ya extinta, cuyo semblante hacia que el más aguerrido de los héroes se convirtiera en un cobarde. Nadie podía hacer frente a ese ser. Tan solo los más valientes de entre los kozaks las cazaban. A estas creaciones de la naturaleza se las llamaba shurales. Pues bien: yo te bautizo, mi creación, como shurale.

    Día 117
    La criatura está completa. Abrí la cámara para verla más de cerca. Mi sorpresa fue cuando una de las garras salió del líquido amniótico a toda velocidad. Por suerte, pude esquivarla a tiempo pero me llevé un buen rasguño. Pedí al personal del hospital que trajeran material quirúrgico para curar mi herida. Cuando la enfermera entró, tiró la bandeja al suelo, dio un gritó y salió histérica de la habitación. La visión de la criatura fue tan terrorífica para ella que no pudo soportarla. Eso significa que mi experimento ha tenido éxito. Más tarde, le pedí a los soldados que vigilaban el lugar que trajeran una jaula para encerrar al shurale el día de su presentación ante su Excelencia.

    Día 124
    Ha llegado el día tan ansiado por mí.
    He sacado a la criatura de la cámara cuando estaba dormida. Pesa bastante pero mi complexión y los sistemas de poleas del laboratorio me han ayudado. Cuando creía que todo iba bien, el shurale se despertó y me dio otro zarpazo. Esta vez la herida es profunda pero he conseguido curarla. El suelo está lleno de una mezcla rosácea de líquido amniótico y sangre. Metí al shurale como pude en la jaula. Creo que será mejor que avise a la zarina para su presentación pero necesito descansar y... ¿Qué son esas voces en el pasillo? ¿Podría ser? Sí, creo que tengo visita.


    Todo esto responde a la pregunta "¿cómo creó Shorobiensky a los shurales?". Pues ahí lo tenéis. Si veis algún error en cuanto a ambientación o faltas ortográficas, avisadme.

    Podéis seguirme también en El Correo del Atamán.
  • Los Thompson./

    Escrito por Platov el 14/05/2013
    ¡Hola, gentes del lugar!
    Siento mucho no actualizar más a menudo como de costumbre. Estoy en los últimos pasos para finalizar el TFM y tengo que poner el máximo empeño posible.
    Para compensaros, voy a compartir con vosotros un pequeño relato que se me ocurrió hace un mes. Es un proyecto para hacer una novela de coste steampunk pero ambientada en nuestro mundo, inspirada en "The League of Extraordinary Gentlemen".
    Lo que váis a leer a continuación sería el prólogo de esta.
    Espero que os guste.

    La historia que os voy a contar surgió en uno de esos momentos en el que la suerte parece que, más que sonreírte, se ría a carcajadas al ver la cara de estúpido que pones cuando te desvela algo que, si no lo ves por tus propios ojos, no lo crees. Algo tan increíble que piensas que puede ser la obra de algún perturbado mental o de alguien con demasiada imaginación y tiempo libre.
    Esto ocurrió, queridos lectores, en la época en la que trabajaba como investigador en la Real Sociedad Geográfica. ¿Que cómo un español incivilizado como yo llegó hasta allí? Gracias a una beca de investigación ofrecida por cierta entidad bancaria de cuyo nombre no quiero acordarme (todavía estoy pagando la supuesta “beca” que me concedieron, que no era más que otro crédito encubierto). Uno de los jerifaltes del lugar, el honorable e ilustre Dr. George Capshack, me pidió que llevara acabo un trabajo de recuento y reclasificación de los viejos documentos que se guardaban en el depósito de tan insigne institución. En otras palabras, que me tocó la “agradable” tarea de revisar un inacabable montón de antiguos legajos cuya pérdida o destrucción accidental por parte mía me convertiría en el enemigo número uno del Imperio Británico. Así que tocaba otra noche de café e insomnio.

    La noche transcurrió como yo la había imaginado: tediosa e interminable. En un par de ocasiones pensé que sería buena idea cortarme la yugular con la cuchilla que se usaba para separar las hojas que se habían quedado pegadas por un extremo a causa de la humedad. Acto seguido, recordé que soy la persona más cobarde del planeta Tierra y volví a mi repetitiva tarea. Cuando llegó el momento en que las letras bailaban ante mis ojos, decidí que sería buena idea hacerme otro café. El café que ponen en las máquinas de la sociedad da la sensación de que ha sido mezclado con aceite de motor pero hace que te despejes bastante rápido. En esto que voy tan tranquilamente con mi jarra llena hasta el borde cuando me fijo en algo. Era un objeto que estaba al final de uno de los pasillos lúgubres del archivo. Me picó la curiosidad y me acerqué al oscuro lugar, tan solo iluminado por una bombilla que parecía estar allí una eternidad debido a la cantidad de polvo acumulada en el cristal. Me agaché para contemplar más el objeto: un baúl que parecía tener unos cien años. Al igual que la bombilla, el armatoste estaba lleno de polvo. Dejé la jarra en el suelo, aún a riesgo de que algún incómodo ser de varias patas decidiera practicar natación en mi café, y pasé la mano por la superficie del baúl. Al retirar el polvo, además de quedar patente mi alergia, descubrí que en la tapa había pegada una etiqueta. En el papel estaba escrito en una estilizada y rápida grafía lo siguiente: PROPIEDAD DE DEIRDRE THOMPSON. Un escalofrío recorrió mi espalda al saber que, ahí dentro, tendría que haber algo importante. Es el “escalofrío de la historia”, como yo lo llamo. Sí, lo sé, suena patético.
    Decidí coger el baúl con mucho cuidado. Pesaba bastante, así que tuve que parar varias veces por el camino debido a mi deplorable condición física. Así de debilucho soy. En fin, cuando conseguí llegar a la mesa sano y salvo con mi pesada carga, no tenía ni idea de lo que iba a descubrir dentro del contenedor. Mi desilusión aumentó cuando descubrí que el baúl estaba cerrado con llave. Desanimado al pensar que podría estar perdiéndome un hallazgo valioso, me dejé caer en mi silla con todo mi peso. En esto que la ilusión volvió con energías renovadas al pensar en una posibilidad: “la llave tiene que estar por alguna parte”. Así que busqué por toda la sala. Nada. Empecé a darme cabezazos contra el baúl cuando un sonido, como el de un pequeño hueso partiéndose, me llamó la atención. No, no era mi cabeza sino la cerradura del arca. Los golpes habían conseguido forzar el delicado y oxidado mecanismo de cierre. Levanté la tapa y lo que me encontré fue... fue... ¡Dios! Todavía no tengo palabras para describirlo.
    En primer lugar habían un montón de fotos y ejemplares de The Times de la última década del siglo XIX. Ojeándolos, me dí cuenta de una cosa: en todos aparecían la misma familia, compuesta por el padre, la madre, la hija de unos 16 años, el hijo de unos 27 y el que parecía ser el sirviente de estos, un hombre que si no fuera por el impecable traje de mayordomo parecería un oficial del ejército. También habían fotos de otras personas, algunas de ellas bastante llamativas: una mujer joven ataviada como una sacerdotisa egipcia, un tipo con aspecto de cosaco al que le faltaban varios dientes, el retrato a carboncillo de un tipo de ensortijado pelo negro y sonrisa afable, con un sello de Scotland Yard estampado en una de las esquinas de la hoja con las palabras“MUY PELIGROSO” en tono rojo; una muchacha japonesa armada con lo que parecía un cañón de mano, etc. Estas fotos hicieron que levantara una ceja. “¿Familia de comediantes?”, pensé. Luego, la cosa se fue poniendo más rara cuando saqué de la caja otros objetos: una mano de metal perfectamente articulada, un frasco con una especie extraña de exoesqueleto de insecto en su interior, una aparatosa pistola parecida al arma que llevaba la japonesa de la foto, etc. Pero lo que hizo que todo este festival de lo extraño tuviera sentido fue un libro. El grueso tomo estaba perfectamente encuadernado con piel pero el paso del tiempo había despellejado el material por algunas partes. En la portada, había una etiqueta con el mismo mensaje que la del baúl: PROPIEDAD DE DEIRDRE THOMPSON. Decidí abrirlo y empezar a leerlo.

    Al parecer, la chica de 16 años de la foto era la ya mencionada Deirdre Thompson.
    Lo que contaba parecía sacado de una novela de Julio Verne: sociedades secretas, alienígenas, armas de destrucción masiva, tesoros perdidos, etc. ¿Era una broma? La tal Deirdre debía de ser una gran escritora para inventarse todo eso. Parecía que su familia era un grupo de aventureros que se dedicaban a salvar al Imperio Británico de las más grandes amenazas que jamás ha conocido el hombre. Al leer el manuscrito, pude reconocer a alguno de los personajes que aparecían en las fotografías y saber para que servían los objetos del interior del baúl. Así que todo era real.

    No sabía que hacer. Bueno, sí. Decidí investigar sobre los Thompson.
    Poco he encontrado y me gasté más de la mitad de la paga en hacer que algunos miembros del archivo me “ayudaran” con mi investigación. Esto es lo que encontré: al parecer, las primeras noticias sobre estos Thompson se remontan a época de la reina Isabel I.
    Jeremiah Thompson era un humilde mercader que se dedicaba a importar productos de Florencia. En uno de sus viajes, encontró en un mercadillo un extraño reloj que según el dueño del stand fue construido por Leonardo Da Vinci. El reloj no marcaba las horas sino el tiempo que iba a hacer. Sin embargo, el artilugio estaba roto, ya que solo señalaba el dibujo de un gran sol con cara sonriente. Jeremiah compró el reloj por muy buen precio, pensando en arreglarlo cuando llegase a Inglaterra. Durante el viaje de vuelta, inspeccionó el mecanismo del aparato. Había algo extraño en aquel artilugio, pues el mecanismo parecía estar bien. El mercader tocó la única manecilla que señalaba el tipo de clima para ver si funcionaba. Claro que funcionaba. El mercader se quedó de piedra cuando, al poner la aguja de metal sobre una nube de hinchados mofletes, un vendaval comenzó a balancear el barco de forma brusca. Sorprendido, volvió a cambiar al sol. El cielo se despejó. Cambió a una nube de la que caían unas estrellas blancas y se puso a nevar. Pasmado, Jeremiah pensó que este “controlador del clima” sería un buen regalo para su majestad. Al llegar a Inglaterra, Jeremiah no pudo tener audiencia con la “reina virgen” porque algo grave estaba pasando: unos rumores aseguraban que Felipe II, rey de España y archienemigo de Isabel, estaba preparando una colosal armada para invadir Inglaterra. Ya sabéis, la Armada Invencible. Jeremiah, al oír eso, ofreció a su majestad sus servicios. Cuando las tropas inglesas esperaban en la playa el inevitable desembarco español, Jeremiah accionó el reloj cambiándolo a “vendaval”. Una violenta tormenta encrespó el mar, hundiendo a la mayoría de barcos que formaban la flota. Isabel, sorprendida, agradeció al mercader su ayuda ofreciéndole el título de caballero y nombrándolo “Jefe del Gabinete de Hechos Extraordinarios”.
    Este no es el único testimonio sobre las proezas de los Thompson. Cuando Oliver Cromwell consiguió acabar durante un corto periodo de tiempo con la monarquía, los Thompson defendieron el honor de la familia real. Henrietta Thompson, descendiente de Jeremiah y hábil alquimista, creó una pócima que cambiaría para siempre la historia de Inglaterra. Debido a sus buenas relaciones con la casa real, los Thompson fueron castigados con el destierro. Sin embargo, Henrietta se hizo pasar por la nueva sirvienta del Lord Protector para vengarse. Administrándole dicha poción a Cromwell en su bebida, el bondadoso adalid de la libertad fue convirtiéndose en un cruel tirano aborrecido por el pueblo. Al parecer, R. L. Stevenson se inspiró en esta historia para su obra “El misterioso caso del Dr. Jekyll y Mr. Hide”. Cómo conocía esta historia el famoso escritor sigue siendo un misterio.
    Yendo más adelante en el tiempo, los Thompson fueron llamados a la acción una vez más para buscar un remedio para la locura del rey Jorge III. James Thompson viajó por los cinco continentes en busca de una cura para el rey, sin tener éxito en sus expediciones. No obstante, según una de las pocas páginas de su diario que han quedado intactas, los monjes yetis (!?) del monasterio de Shangrilá le proporcionaron un remedio a base de hierbas que permitía a su majestad tener pequeños periodos de cordura, ideal a la hora de tener audiencias con otros gobernantes.
    Más tarde, un envejecido James, con ayuda de su hijo Phileas, abuelo de Deirdre, saboteó el submarino a vapor que Robert Fulton había diseñado para entregárselo a Napoleón. El propio Phileas se encargó de llevar acabo misiones de contrabando para armar a la resistencia española contra L' Empereur.
    A partir de aquí no hay más noticias sobre los Thompson hasta el descubrimiento del baúl de Deirdre.

    No me negaréis que todo parece sacado de una película de aventuras, ¿verdad? Una familia de aventureros al servicio de la corona británica, criaturas fantásticas y artefactos increíbles. Sé que no creeréis ni la mitad de lo que os voy a enseñar pero, por lo menos, habré cumplido con mi obligación de historiador de buscar la verdad, aún sabiendo que no la voy a encontrar. Sería normal terminar esta reflexión con un “juzguen ustedes mismos” pero eso solo lo dicen los charlatanes y los timadores para ganarse a su público. Tan solo leed y disfrutad. Si os parece cierto todo lo que aparecerá en estas hojas, bien. Si os parece una sarta de mentiras, mejor. No es mi trabajo decirle al público lo que quiere oír.

    Y, sin más dilación, os dejo con los diarios de Deirdre Thompson.
  • Hoy es 9 de mayo./

    Escrito por Platov el 09/05/2013
    ¡Feliz Día de la Victoria, camaradas!

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    Porque me lo ha recordado Ensis, que si no... XD
  • Ya era hora./

    Escrito por Platov el 04/05/2013
    NOTICIAS FRESCAS.

    Una empresa estadounidense ha comprado el laboratorio de Nikola Tesla en Wardenclyffe para convertirlo en un museo-taller en honor al más grande genio de la historia.

    Más información aquí.

    wardenclyffe.png
  • En las calles de Balbuta./

    Escrito por Platov el 02/05/2013
    Es la hora de la batalla final.

    La Horda Polar avanzaba por Vishnia aplastando cualquier núcleo de resistencia imperial.
    Aquellos súbditos de Su Majestad que se rendían eran internados en campos de prisioneros por orden expresa de la zarina. Había que enseñarle a esos indeseables que ocurría cuando alguien osaba enfrentarse a Ekaterina. Mientras tanto, el Dr. Shorobiensky se encargaba de reabastecer al ejército polar de shurales en el laboratorio que se había instalado en el dirigible en que viajaban. Todo iba según lo planeado.

    Y en el horizonte apareció Balbuta.
    La ciudad de las maravillas, capital de Vishnia, cuyo rajá rendía pleitesía a Alexandra, estaba delante. Sus pagodas de oro resplandecían por efecto de la luz del sol. El final de la guerra estaba cerca y Ekaterina saboreaba la victoria. Esta vez, la emperatriz decidió apearse del dirigible e ir al campo de batalla en persona. De las caballerizas del transporte sacaron a Vsévolod, el caballo diestro blanco de Ekaterina. Con gran agilidad, Ekaterina montó en la bestia. Tachenko hizo lo mismo con su caballo y, dando una enérgica orden, el ejército de la Horda se dirigió a las calles de Balbuta.

    Desde una colina cercana al lugar, nuestros dos protagonistas y sus escoltas divisaban el campo de batalla sin dificultad. Ekaterina estaba eufórica.
    -¡Ja, ja! ¡Pronto Vishnia será mía!
    -No te confíes, pequeñaja. Todavía pueden esconder un as debajo de la manga- contestó Tachenko, con una tranquilidad sorprendente para el decisivo momento que se estaba llevando acabo.
    -¿Cómo? Tenemos a los shurales. Si algo va mal, solo tenemos que soltarlos.
    Al igual que en Krambalash, y en el avance al interior del subcontinente, Shorobiensky estaba oculto con su ejército de criaturas. No obstante, esta vez se encontraba en el interior de un almacén de la ciudad, conectado por radio con el Alto Mando.

    La batalla comenzó con unas cuantas salvas de artillería para “allanar” el terreno. Algunos edificios estaban siendo usados por las tropas imperiales como blocaos, así que había que echarlos de allí y si la estructura se colapsaba con ellos dentro, mejor que mejor.
    Luchar en las calles fue otro cantar. Las formaciones de campo abierto no servían de mucho y se corría el peligro de ser abatido por un tirador. Los tanques eran presa fácil para las trampas explosivas que dañaban sus orugas, inmovilizándolos y dejando a su tripulación a merced de los lanzallamas y granadas. En cada esquina, en cada puerta, un soldado polar forcejeaba con un imperial para clavarle la bayoneta hasta el fondo. Sin embargo, si en algo destaca el ejército de la Horda Polar es en luchar en esta clase de escenarios. Usando los tanques caídos como parapetos, los soldados polares podían disparar sin riesgo de ser alcanzados por los imperiales. En cuanto una bolsa de resistencia imperial caía o daba síntomas de cansancio, los polares asaltaban su posición para rematar a todo imperial que quedase vivo. El objetivo principal era llegar hasta la mansión del gobernador, donde se encontraban atrincherados este y el rajá.

    Las tropas polares estaban cada vez más cerca de su objetivo. Los soldados imperiales no tenían otra que replegarse hasta el hogar del gobernador, donde se habían levantado grandes muros de hormigón para protegerlo, convirtiendo la mansión en una auténtica fortaleza. Ante esta situación, Ekaterina espoleó a su caballo y salió al trote.
    -¿Se puede saber a dónde vas, pequeñaja?- gritó medio enfadado Tachenko.
    -¡A liderar a mis hombres! ¡No quiero perderme esto!- respondió eufórica la zarina.
    Tachenko gruñó algo en voz baja y siguió a Ekaterina, seguido por su escolta.
    Llegaron a un lugar seguro alrededor de la mansión. Los soldados polares colocaban cargas explosivas en la paredes de hormigón para derruirlas pero muchos de ellos no llegaban a accionar el temporizador ya que el 4º Regimiento de Tiradores de Jamtaore les volaba la cabeza. Tan grande era la puntería de este pueblo de cazadores del este de Vishnia que el rey Charles II, padre de Alexandra, decidió crear un regimiento compuesto solo por gente de ese lugar.
    Las tropas polares intentaban poner fin a los disparos de los de Jamtaore pero era imposible debido a que estaban bien resguardados en torres de vigilancia hechas de hormigón, construidas al mismo tiempo que el muro que protegía la casa del gobernador.
    -¡Argh! ¿Es que nadie va a acabar con ellos?- dijo Ekaterina desmontando de su caballo para acercarse a uno de los parapetos, hecho con un carro volcado. Los soldados saludaron a su emperatriz.
    -¡Dejad de hacerme la pelota y seguid luchando!- gritó Ekaterina. Los soldados obedecieron sin rechistar.
    Tachenko bajó de su caballo y se dirigió hacia el lugar donde estaba Ekaterina.
    -Tal vez podríamos rodearlos- dijo el mariscal.
    -O tal vez podríamos soltar a los shurales- dijo la emperatriz que, sin perder tiempo, cogió su radio portátil y dio la orden a Shorobiensky de soltar a las bestias.
    -Pe... pero, su... su excelencia- dijo el científico al otro lado del auricular- Po... podrían matarla y...
    -¡Shorobiensky! ¡Es una orden de tu emperatriz! ¡Hazlo ahora! ¿O prefieres pasar una larga temporada en Yokutva?- dijo Ekaterina.
    -No... No, su... su excelencia- respondió Shorobiensky.
    -Bien, veo que me comprendes.
    En el almacén, Shorobiensky colgó el auricular, abrió las puertas y dejó que sus creaciones salieran hacia la mansión del gobernador.

    Cuando el restañar de las garras en el suelo de los shurales y sus horripilantes gritos se hacían cada vez más fuertes, los soldados polares corrieron a esconderse donde podían.
    -Pequeñaja, será mejor que nos escondamos antes de que lleguen esas cosas- dijo Tachenko.
    -¡Argh! Está bien- dijo Ekaterina.
    Cogieron a sus caballos y se ocultaron en un edificio de paredes gruesas y dos plantas, al parecer un mercado, cercano al palacio. Desde una ventana del primer piso, Ekaterina observaba como los shurales escalaban las paredes de hormigón y se internaban en los jardines de la mansión.
    -Sí, todo está saliendo como lo he planeado- dijo Ekaterina con una sonrisa diabólica.
    Pero su sonrisa se borró cuando una luz dorada convirtió a los shurales en bolas de fuego. Las criaturas se retorcían de dolor en el suelo hasta que eran reducidas a cenizas.
    -¡¿QUÉ?!- gritó la emperatriz, furiosa por lo sucedido.
    -¡Un mago! ¡Allí!- Tachenko señaló a una figura que había en la azotea de la mansión. Vestía una simple túnica blanca, algo ajada, y su cabeza estaba envuelta con un turbante. El mago vishnio levantaba las manos y de ellas salían unas pequeñas bolas de fuego que convertían todo aquello que tocaban en cenizas en cuestión de segundos.
    -¡Maldición! ¡Están usando magia! ¡Tan avanzada que es Alexandra para aliarse con Losange! ¡Hipócrita!- gritaba Ekaterina completamente ida de sí.
    -Es imposible pequeñaja. Es prácticamente imposible vencerlos si sus defensas son así de impenetrables, y más si tienen un mago de su parte. Si le pasa eso a los shurales, imagínate a los soldados- dijo Tachenko.
    -¿Sugieres que me retire, Tachenko? ¿Es eso? Tantas victorias acumuladas para rendirme en el último momento. ¡Jamás, Tachenko! ¡Jamás!- Ekaterina desenvainó su sable y salió por la puerta- ¡Vamos, soldados de la Horda Polar! ¡Demostradles a esos arrogantes que ocurre cuando se hace enfurecer a un oso!
    Tachenko salió corriendo detrás de ella.
    -¡NO!- gritó, tirando a Ekaterina al suelo con el impulso que llevaba. Un tirador de Jamtaore se había dado cuenta de que la zarina estaba allí y de que sería un blanco muy jugoso. Por suerte, Tachenko era más precavido que su emperatriz y salió detrás de ella en cuanto divisó el reflejo de la mirilla del rifle del tirador. La bala había impactado en la pared de atrás.
    -¡Quítate de encima!- gritó la zarina.
    -¡No! ¿Es que no ves que es un suicidio?- gritó Tachenko.
    -¡Suéltame! ¡Suelt...!- Tachenko golpeó a Ekaterina con la culata de su pistola en la cabeza, dejándola inconsciente.
    -Sé que por ello me ganaré una temporada en Yokutva pero prometí a tu padre que te protegería- dijo Tachenko mientras echaba en sus hombros el liviano cuerpo de la emperatriz.
    El mariscal volvió al interior del edificio. Los soldados se quedaron pasmados al ver a Ekaterina sin vida.
    -¿Está muerta, señor?- dijo uno de los soldados con cierta emoción contenida.
    -No, solo inconsciente- Tachenko alzó la voz- ¡Recoged las cosas! ¡Nos retiramos!
    Los soldados obedecieron al mariscal inmediatamente.
    En cuestión de días, la Horda Polar fue retirándose de Vishnia. Sin tomar la capital, la colonia era ingobernable. Aquí y allá surgieron grupos de rebeldes que expulsaban con éxito a las tropas polares. El Imperio envió más refuerzos hasta que el sueño de conquistar Vishnia se esfumó.
    Ekaterina sabía que Tachenko había hecho lo correcto. No podía enviarlo a las horribles minas de sal de Yokutva pero tampoco hizo una declaración de perdón delante de él. Era demasiado orgullosa para ello aunque Tachenko no le dio más importancia al tema, conociendo como era la zarina.

    Se firmó la paz más tarde, en el Palacio de los Leones, en Lionscourt.
    Por suerte para la Horda Polar, Alexandra prefirió que esta fuera una paz blanca en lugar de una con condiciones: bastante tuvo con soportar la tensión del momento como para hacer enfadar otra vez a Ekaterina.
    Esta vez, la zarina no pudo hacer realidad sus sueño pero, algún día, la Horda Polar dominará el mundo. Algún día...


    Y hasta aquí, amigos míos, llegan las aventuras de Ekaterina en su intento por invadir la joya de la corona del Imperio de Su Majestad.
    Hmmmm...
    No estoy muy contento con el final. Creo que lo de "lo hizo un mago" es bastante precipitado. Mi objetivo era sacar un poco de la magia existente en Verne pero no me convence mucho el resultado.
    ¿Qué os parece a vosotros?

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  • La mano derecha del Khan./

    Escrito por Platov el 28/04/2013
    ¡Hola, holita, hola!

    Tras aquel estúpido post sobre el cumpleaños de Roma, volvamos a la senda de la seriedad con vuestra dosis recomendada de historia para hoy.

    A todos nos gustan los mongoles, eso hay que admitirlo, y a todos nos gusta la historia del gran Gengis Khan. Siempre que se habla de estos jinetes de la estepa o ese habla del colega Temujin, o de Kublai o de Tamerlán. Yo voy ha hablaros de otro mongol ilustre: Subotai Baadur, la mano derecha de Gengis.

    Subotai nació allá por el año 1176, más o menos.
    Perteneciente a la etnia tuvá, el padre de Subotai era un herrero bastante habilidoso. En el año 1190, nuestro protagonista decide unirse al ejército del gran Khan, escalando puestos hasta llegar a ser comandante con tan solo 25 años. Físicamente, se dice que Subotai era tan pesado que tuvieron que construirle un carro de guerra para poder ir al campo de batalla, ya que los caballos esteparios acababan con la columna partida por la mitad bajo el peso de este hombre.
    La primera misión como comandante de Subotai fue durante los años 1205-1206. En ella, Subotai dio muerte a los hijos de un antiguo caudillo mongol enemigo de Gengis. Después, siguió batallando contra otros pueblos de la estepa hasta llevar a cabo la mayor operación de los mongoles hasta la fecha: la captura del sha de Corasmia. Sin embargo, una pulmonía acabó con el monarca en 1221, por lo que los mongoles decidieron emprenderla con su hijo. Debido a ello, Subotai fue enviado a explorar las regiones occidentales que llevaban hacia Rusia.
    Tras ir arrasando todas las ciudades que se encontraban en su viaje por Azerbaiyán, y de pasar el invierno en Armenia, Subotai derrotó al primer rey occidental con el que se toparon: Jorge V de Georgia. Acto seguido, volvieron a Armenia para preparar una posible invasión a Bagdad pero se creyó mejor volver a Georgia para acabar con otro ejército, algo que fue un éxito. Entraron a Rusia por el sur, donde capturaron la mítica ciudad de Astracán, para atravesar el Don rumbo a Crimea, donde pasaron el invierno de 1222-1223. Al volver a casa, se encontraron con una gran fuerza enemiga a la altura del río Kalka, donde se cree que en 1185 se llevó acabo la batalla contra los cumanos que relata el "Cantar de las Huestes de Ígor". En 1223, los mongoles dominaban Azerbaiyán y Georgia y habían sometido a su poder a los cumanos. Era hora de invadir Rusia.
    Sin embargo, el príncipe Mstislav Mstislavich de Galitzia se había enterado de la llegada de las tropas de Subotai, ya que el suegro del príncipe era uno de los khanes cumanos que habían sido sometidos por las tropas de Gengis. Junto a los príncipes de Kiev y de Chernígov, Mstislav reunió un ejército para avanzar contra tal temible enemigo. Los mongoles enviaron una delegación para hacer entrar en razón a los rusos para que desistieran de su plan pero estos hicieron caso omiso. Tras otro intento sin éxito, los rusos cruzaron el Dniéper y se encontraron con los mongoles tras nueve días de viaje en el río Kalka. ¿Recordáis que os dije que los mongoles volvían a casa en ese momento? Pues resulta que solo era una falsa retirada para pillar a los rusos con los pantalones bajados. Obviamente, los rusos fueron derrotados.
    Mstislav no pudo hacer otra cosa que defenderse en un cerco hecho con los carros que transportaban los suministros. Y he aquí que entra en acción un cosaco llamado Ploskin. Este era aliado de los mongoles. Ploskin actuó de intermediario con el príncipe, prometiéndole que si se rendía lo dejaría ir. El príncipe hizo caso al hombre y se rindió. Sin embargo, Ploskin apresó a Mstislav y se lo entregó a los mongoles.
    Tras esta gran victoria, Subotai volvió a Mongolia en un viaje que duró tres años.
    Tras un merecido descanso, Subotai sirvió en una campaña para acabar con la etnia de los tangut. Luego, nuestro protagonista se enfrentaría al asedio que le daría la fama: Kaifeng, ciudad asediada por los mongoles en el año 1232 y en la que Subotai tuvo que lidiar hasta con unas bombas lanzadas con catapultas por los defensores. Esa sería la única campaña en China de Subotai.
    Su última campaña le devolvió al este de Europa. Invadiendo Rusia y Ucrania, el ejército mongol llegó hasta Hungría. Mientras que divisiones del ejército mongol despachaban a los europeos en Liegnitz y en Transilvania, Subotai esperaba en Hungría. Tras estas victorias, el grueso del ejército llegó hasta el río Sajó donde Subotai planeó la gran victoria mongola que acabaría derrotando al ejército húngaro comandado por el rey Bela IV, usando la misma táctica de falsa retirada que acabó con el ejército del príncipe Mstislav.
    Era el año 1241 cuando Subotai comenzó a idear planes para la invasión de Austria, el Sacro Imperio e Italia cuando llegó la noticia de la muerte del khan Ogedei. Ante tal acontecimiento, Subotai decidió retirarse a Mongolia para no saberse más de él. Lo único que se sabe es que murió en el año 1248.

    Una gran historia para uno de los grandes generales del más grande de los emperadores.

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  • ¡Feliz cumpleaños!/

    Escrito por Platov el 21/04/2013
    Tal día como hoy, en el 753 a. C., se fundó la ciudad de Roma.
    ¡Dejémonos embargar por el gozo!

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  • ¡Tabernero!/

    Escrito por Platov el 18/04/2013
    Otro relato. Ya os explico más abajo.

    Hay quien dice que mi trabajo no es peligroso.
    Dicen que existen otras ocupaciones a lo ancho y largo de El Orbe más peligrosas que con la que yo me gano la vida. Dicen que ser soldado es más peligroso. Otros que la profesión más peligrosa está en la República Lupercal: nada más y nada menos que la de gladiador. Incluso algunos llegan a afirmar que ser nigromante es más peligroso aún, por aquello de jugar con las fuerzas del más allá y de no caerle bien a nadie, ni siquiera a los vampiros de Transcarpatia.
    Eso es porque jamás han sido lo que yo soy: tabernero.

    Sí, ríete si quieres pero no hay profesión tan peligrosa como la mía.
    ¿Alguna vez has tenido que tratar con algún cliente pesado (y borracho) que no quería irse de tu local cuando ibas a echar la llave a la puerta? ¿Dime si has tenido que dejar KO a un orco que quería marcharse sin pagar? ¿Has tenido que calmar los ánimos empuñando la espada de tu abuelo en una pelea entre elfos del bosque y lupercales? ¿O lidiar con clientes insatisfechos porque creen que una pinta de cerveza por tres táleros es un abuso cuando en la taberna de la calle de atrás la sirve una alta elfa enseñando canalillo por tan solo uno y medio? ¿No? Pues esa es parte de la responsabilidad del trabajo de tabernero.
    Sé que no me puedo quejar pero si alguien os dice que servir lomos de cerdo en su jugo y jarras de cerveza del monasterio-fortaleza de la Sagrada Luz de Falkmar es lo único que hacemos, por favor, dale un puñetazo en la cara de mi parte.

    ¡Ah! No me he presentado.
    Me llamo Karl Rautz. Sí, lo has adivinado: soy un alto elfo, siervo del emperador Heinrich, temeroso de Falkmar y todas esas cosas rimbombantes y protocolarias. Soy el dueño de la taberna “El Alto en el Camino”, en la ciudad de Middlenburg, a escasos kilómetros de la entrada al Condado de Transcarpatia. La taberna fue abierta por mi tatarabuelo, pasó de este a mi bisabuelo, de este a mi abuelo, de este a mi padre y... Bueno... Ya sabéis. Tenemos bastante competencia debido a que Middlenburg es la última ciudad del Imperio Solar antes de entrar en el siniestro condado tomado por los vampiros.
    Sí, no me equivocado, he dicho “tenemos”. Sabes, no se puede trabajar solo en este trabajo. No puedes servir las mesas, mientras atiendes la barra y vigilas que no se te queme la sopa que tienes en el fuego. Es imposible atender a todo eso a la vez. Bueno, conocí a un tabernero, Segismund Brumaker, que sí podía hacer eso pero luego descubrimos que era acólito de Gula. Fue condenado a la hoguera. Espero que tenga mejor porvenir tirando del Carro de Hambrientos del Señor del Hambre que como tabernero en su anterior vida.

    Bueno, me he ido por las ramas. ¿Qué te estaba contando? ¡Ah, sí! Te iba a presentar a mis empleados. Normalmente me dedico a atender la barra y a hacer las cuentas mientras superviso a mis empleados. Para servir las mesas tengo a Aisling. Recuerdo el día que la conocí. Estaba tan tranquilo fregando vasos cuando una voz femenina salió de detrás de la barra. Giré la cabeza a ambos lados para ver quien era pero nada. Hasta que esa voz me dijo “Aquí abajo” y me encontré con una hada de larga cabellera roja, un enrevesado tatuaje que cubría todo su brazo izquierdo y una espada colgada a su espalda. Me dijo que vio el cartel que colgué pidiendo un empleado para servir las mesas en el tablón de anuncios de la plaza mayor de la ciudad y que ella necesitaba un empleo. Tras ponerla un día a prueba me convenció y la contraté. ¡Je! A partir de ese día los problemas con los clientes que querían marcharse sin pagar llegaron a su fin. Debisteis haberla visto amenazar a un grupo de soldados de la guardia de la ciudad que querían escabullirse de su obligación de darme el dinero por lo consumido. Por muy armados que fueran, ninguno quería enfrentarse a una espada de acero encantado de Hibernia.
    Mi otro empleado, el cocinero, es algo bastante especial. Sé que si digo esto me arriesgo a que no volváis por la taberna nunca más. Un día llegó a la ciudad un tipo desde Seljukia. Todos pensábamos que era un viajero más de no ser porque, una noche, los muertos comenzaron a levantarse de sus tumbas. El ejército de ultratumba avanzaba por las calles de Middlenburg liderado por este hombre, llamado Hassan Ibn Raussin. Resultó que el “hombre” no era un hombre sino un lich: uno de esos magos locos que deciden encerrar su alma en un objeto para permanecer inmortales para el resto de su vida aún sabiendo que esa inmortalidad solo afecta a su alma y no a su cuerpo. El tipo estaba viajando por todo el mundo para levantar un gran ejército de no muertos y convertirse en el amo supremo. Sin embargo, cometió un error: entrar en mi taberna. El engendro comenzó a amenazarme como hizo con todos los habitantes de la ciudad. Mientras me hablaba, me dí cuenta de que en lo alto del cayado en el que se apoyaba había una especie de amuleto refulgente hecho con una esmeralda. Le pregunté que qué era eso y el lich se cabreó de gran manera que no me dejó ningún tipo de duda: era el objeto donde guardaba su alma. Le dije que me gustaba la joya y que si me la podía vender. Eso hizo que se enfadara aún más. Le dije que si no me la quería vender, que podíamos hacer un trato: si me ganaba a una partida a “Héroes de la Guerra y del Martillo” podía quedarse con mi alma para siempre y yo le serviría como un engendro. Por el contrario, si yo ganaba la joya sería mía y el tendría que servirme hasta que yo muriera. La arrogancia del no muerto hizo que aceptara el trato. ¿Sabéis qué? No conozco a nadie que pueda ganarme a ese juego. Hassan es mi cocinero ahora y yo guardo su alma a buen recaudo. Para sorpresa mía, el tipo hace unos platos de rechupete. Será por aquello de que tiene todo el tiempo del mundo para aprender a cocinar, como es inmortal...

    En fin, que el negocio va viento en popa últimamente, incluso bajo la amenaza vampírica que se esconde más allá de las murallas de la ciudad pero a mí me da igual. Con tacabar la jornada con la bolsa llena hasta arriba de monedas relucientes me sobra. Incluso tengo una barrica de sangre fresca escondida en la bodega para sobornar a cualquier oficial vampírico que se acerque por la taberna. Eso sí, no me preguntéis de dónde la he sacado porque si las autoridades se enteran, se me cae el pelo. Bueno, en realidad te cercenan las orejas, algo que para un alto elfo es bastante doloroso, como podéis imaginar.

    Pues eso. Si viajáis algún día a Middlenburg, pasad por mi taberna. Os haré un descuento en el plato de pollo asado si mencionáis que habéis leído este panfleto (solo uno por persona).


    Explicaciones varias.
    Veréis, después de mucho tiempo sin tocarlo, he querido volver a escribir algo ambientado en mi mundo de fantasía: El Orbe. Como muchos sabéis, tenía problemas a la hora de tocar el tema de la magia. En un principio, la cosa iba de que magos y sacerdotes eran lo mismo pero resultaba que no todo encajaba bien de esa forma. Tras muchos consejos dados por mis colegas y por vosotros, he llegado a la conclusión de que la magia será igual que en cualquier mundo de fantasía: existen magos y los clérigos pueden realizar milagros relacionados con su dios. Eso abre el abanico de posibilidades y me permite crear historias más divertidas y variadas.
    Espero que os haya gustado.
    ¡Nos vemos!

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  • De reinas portuguesas, expansiones y polémicas./

    Escrito por Platov el 15/04/2013
    ¡Hola, gente!
    Hoy me gustaría mezclar historia y videojuegos por enésima vez, si me lo permitís.

    Bien, como todo el mundo sabe, uno de mis juegos favoritos es "Civilization V". Después del chasco de los DLC, Firaxis se puso las pilas para sacar expansiones como siempre tuvo que ser. La primera de ellas, "Gods and Kings", revisaba el concepto de religión tan poco pulido en el IV y lo convertía en algo divertido e importante para el desarrollo de nuestra civilización.

    Como algunos sabréis, va a salir otra expansión titulada "Brave New World". En ella, aparecerán nuevas civilizaciones como Brasil y Polonia pero también vuelven clásicos como los Zulúes y Portugal.
    Es esta última civilización la que ha puesto en pie de guerra a los seguidores portugueses del juego en los foros de Civfanatics, la mejor comunidad sobre la saga de Sid Meier que existe en Internet.
    Y todo a raíz de la líder escogida: María I, alias "La Loca".

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    ¡¡¡NO ESTOY LOCAAAAAAAAAAAAAAARGH!!!

    Veréis, a los portugueses no les ha hecho demasiada gracia que les represente un personaje que tiene muy mala fama en su historia.
    María fue reina de Portugal en los últimos años del siglo XVIII y principios del XIX, protagonizando la huida masiva de la familia real portuguesa a Brasil ante el avance de Napoleón. La reina pasó a la historia por su carácter ultrafanático en cuestiones de religión y por su personalidad melancólica y apática. Esto, sumado a las trágicas muertes de su marido y su hijo, provocó que su estado mental pasara de inestable a desequilibrio total. Era normal que se pasara la noche y el día gritando, completamente ida de la cabeza. Tanto que la corte portuguesa tuvo que contratar al médico que se ocupaba de la perturbada mente del rey Jorge III de Inglaterra.
    Es por esa imagen tan negativa que a nuestros vecinos lusos no les hace demasiada gracia su presencia en el juego.

    ¿Sabéis mi opinión?
    Creo que no es para tanto. La historia no es blanca ni negra. Es más bien gris. Todo los líderes políticos, por muy buenos que fueran, siempre tienen un lado negativo. Creo que la mayoría de quejas están sobreactuadas. De hecho, hay gente que se queja de que el logo de la civilización portuguesa sean los escudos colocados en forma de cruz. Si eso no es portugués, ¿entonces qué?
    Además, no creo que sea el peor caso de líder horrible en el juego. Mirad quien nos recibía en el primer Civilization cuando contactábamos con los rusos.

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    Dame todo tu oro o pasarás el resto de tu vida en un gulag de Siberia.

    Sí, amigos míos, el tío Pepe.
    Que tu nación sea representada por un tío que fue capaz incluso de hacer que su mujer se suicidara me parece que es peor que una chica que se pasa el resto del día gritando incoherencias.

    ¿Más ejemplos?
    Los españoles nos hemos tenido que conformar con Isabel.

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    Grrrrrrrrrr...

    No es que fuera una mal gobernante pero es que no conozco a ningún jugador de Civ español que le caiga bien. Es más, en todos los juegos la sacan bastante prepotente. Eso explica que los mods para cambiar al líder de España por Carlos I o Felipe II arrasen entre la comunidad española.

    En fin, que la gente se queja por puro vicio, ¿no os parece?

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  • La batalla del paso de Krambalash./

    Escrito por Platov el 11/04/2013
    Es hora de que comience la invasión, ¿no os parece?

    Desde su privilegiada posición en lo alto del puesto de observación del dirigible de mando “Zar Anatoly”, Ekaterina podía ver la inmensidad del campo de batalla en que se convertirá en unos minutos el paso de Krambalash. Este era el lugar adecuado para desplegar la maquinaria de guerra de la Horda Polar en su intento por invadir Vishnia, la joya de la corona del Imperio de Su Majestad. Los imperiales no se habían quedado de brazos cruzados y habían reforzado sus fronteras con más hombres y más armamento pesado, además de cavar metros y metros de trincheras.
    -Hmmmm... Ni rastro de la Garra del León ni de los marcheurs- dijo Ekaterina- Creo que esto va a ser más fácil de lo que pensaba.
    A su lado, el mariscal Tachenko fumaba en su pipa, esperando la orden de la emperatriz para comenzar el ataque.
    -No te confíes, pequeñaja- dijo el kozak a Ekaterina- El comandante de la guarnición de Krambalash es Sir Thomas Morris, un tipo bastante astuto: consiguió emboscar a los nakopo en la batalla de Brunwell's Rift. Dicen que hasta logró hacer pasar desapercibido a todo un batallón de tanques. Seguro que estará esperando a que nos confiemos para sacar la ayuda prestada por Abeille.
    -¡Ja! No me asusta. Yo también cuento con ayuda.
    Ekaterina se giró hacia babor, donde una colosal fortaleza aérea de la Witterungkönfederation, con su característica silueta alargada repleta de hélices, tapaba la luz del sol con su amenazadora presencia. En uno de los puestos de observación se podía ver al káiser Reinhardt dando instrucciones a su alto mando, señalando los movimientos y objetivos en un mapa.
    Ekaterina cogió el auricular de la radio que había al lado suyo, encima de una tosca mesa de madera. Reinhardt hizo lo mismo con la que tenía en la mesa donde reposaba el mapa.
    -¿Alguna novedad?- preguntó Ekaterina.
    -He pensado colocar algunos puestos de artillería en esas dos colinas- dijo el káiser.
    -¿Gas?
    -Por ahora no, no lo veo conveniente. Por cierto, cuando despliegues ese “arma secreta” tuya, ¿estarán a salvo?
    -¿Qué insinúas?- preguntó Ekaterina algo mosqueada.
    -Ekaterina, te conozco y sé que eres capaz de sacrificar cualquier vida humana por una victoria.
    -¿Eso piensas? Creía que confiabas en mí, Reinhardt.
    -Y confío en tí pero...
    -Tranquilo, daré una señal para que todos los hombres se retiren del campo de batalla antes de desplegar el arma.
    -De acuerdo. Corto- Reinhardt colgó el auricular. Ekaterina hizo lo mismo.
    -¡Je! Solo faltaba que mi mejor aliado cuestionara mis órdenes- dijo la zarina algo enfadada. Cambió la frecuencia de la radio para contactar con el campo de batalla- Shorobiensky, ¿están preparados los shurales?
    El científico, el cual había escondido a sus creaciones detrás de unas colinas, contestó a la emperatriz con el nerviosismo que le caracterizaba: “Sí... Sí, su ex... excelencia”.
    -¿Tiene miedo?- dijo Ekaterina, con ánimo de divertirse con la tartamudez del biólogo.
    -No... No, su excelencia.
    -Bien. A mi señal, sáquenlos de las cajas.
    -Co... como ordene. Co... Corto- ambos colgaron los auriculares.

    Al otro lado del campo de batalla, el comandante y caballero del imperio Sir Thomas Morris preparaba las últimas líneas de defensa desde la “comodidad” de una trinchera.
    -¡Recordad!- gritaba a sus hombres- ¡La Horda Polar jamás hace prisioneros! ¡Preparaos para atacar con toda vuestra fuerza!- se giró a su ayuda de campo- Cuando ordene, contacte con el comandante Fournier para que despliegue sus fuerzas.
    -¡Sí, señor!

    Ekaterina estiró sus delgados brazos y bostezó. Cogió la radio.
    -¿Estás preparado, Reinhardt?- preguntó.
    -¡Cuando quieras!- contestó el káiser.
    La emperatriz pasó el auricular al mariscal.
    -¡De acuerdo, Tachenko! ¡Dé la orden de ataque!
    -¡Sí, su excelencia!- Tachenko cogió el auricular de la radio- ¡A todas las unidades! ¡Despliegue!
    -¡Sí, señor!- dijo el comandante a cargo de las tropas de tierra.
    En el campo de batalla pronto se desplegaron unidades de infantería y carros de combate en perfecta formación. Con paso constante, iban acercándose más y más a las defensas imperiales, haciendo frente a la lluvia de metralla de la artillería enemiga. Mientras, la artillería confederada golpeaba el campo de batalla, mandando a algunos soldados y puestos de artillería imperiales a los campos de caza del Ejecutor. Cuando estos estaban a escasos pasos, Tachenko dio la orden de carga. Con valentía, los soldados de la Horda calaron bayonetas y asaltaron las trincheras. Los soldados de ambos bandos caían por doquier, víctimas de los disparos y de los acuchillamientos. Sin embargo, las tropas de la Horda vencieron, haciendo que los soldados imperiales retrocedieran hasta la posición donde se encontraba el comandante Morris.
    -¡Avise a Fournier!- ordenó el comandante imperial.
    El ayuda de campo cogió la radio y ordenó al comandante losangita que hiciera acto de presencia.
    Las riadas de soldados de la Horda parecían no terminar nunca.

    -¡Ja, ja, ja! ¿Has visto eso, Tachenko? ¡Te dije que no aguantarían! ¡A por la siguiente trinchera!- Ekaterina estaba eufórica.
    -Hmmmm...- Tachenko se atusó los bigotes- Aquí hay algo que me escama.
    De repente, comenzó a sonar un ruido. Era como si alguien golpeara una pared con sus puños desde el otro lado. El sonido fue haciéndose más fuerte hasta sonar como si el Herrero hubiera descendido de los cielos y se hubiera puesto a trabajar en mitad del capo de batalla. La radio sonó.
    -¡Señor! ¡Señor!- era el comandante dirigiéndose a Tachenko- ¡Por todos los dioses! ¡Señor!
    -¿Qué ocurre?
    -¡Los losangitas! ¡Los losang...!- la comunicación se cortó.
    El mariscal se giró hacia la dirección donde estaban sus hombres y soltó el auricular con un gesto de espanto.
    -¡Loado sea el Mariscal!- Tachenko se santiguó al ver la imagen: dos marcheurs estaban haciendo picadillo a sus tropas con sus torretas de ametralladoras. Los estilizados autómatas tripulados aplastaban a los soldados de la Horda con sus cuatro patas mientras que sus cañones volaban en pedazos los acorazados polares. Sus corazas parecían impenetrables para los proyectiles lanzados por estos últimos.
    Lo peor no fue eso. Un fogonazo como nunca antes se había visto iluminó el campo de batalla.
    -¿Qué demonios ha sido eso?- preguntó Ekaterina mientras se protegía los ojos con la mano.
    Cuando la luz disminuyó, los puestos de artillería confederados se habían convertido en cráteres humeantes. Tras las trincheras imperiales, la alargada figura de un cañón, terminado en un borne eléctrico gigantesco, se alzaba sobre el campo de batalla.
    -¡La Garra del León!- gritó Ekaterina- ¡No estaba desplegada! ¡Por eso no la vimos!
    -Seguro que Morris ha usado telas de camuflaje para que pasara desapercibida. Te dije que era un genio, pequeñaja- dijo Tachenko.
    La radio sonó. Era Reinhardt.
    -¡Maldición! ¡Ekaterina, he perdido varias piezas de artillería por culpa de eso! Espero que tu “arma secreta” nos ayude.
    Ekaterina sonrió. Cambió de frecuencia.
    -¿Shorobiensky?
    -Sí, su... su excelencia.
    -Libere a los shurales.
    Al otro lado, la sonrisa diabólica volvió al rostro del biólogo.
    -Será un placer.
    El Dr. Shorobiensky, revestido con la armadura para protegerse del ataque de algún shurale descarriado, dio orden a los cuidadores para que abrieran las cajas. Tras golpearlas, las criaturas salieron a toda velocidad lanzando unos escalofriantes aullidos. Los cuidadores tuvieron que usar sus bastones eléctricos para dirigirlos a donde querían: a las trincheras imperiales.
    -¡Bien!- dijo Ekaterina- Por suerte, la Garra tardará en cargarse para disparar otra vez. Tenemos tiempo de sobra.
    La radio volvió a sonar con la voz de Reinhardt.
    -¡Ekaterina! ¡Por todos los dioses! ¿Qué demonios son esas cosas? ¿Son el arma secreta?
    -Sep- contestó Ekaterina, sin darle mucha importancia a la pregunta del káiser.
    Reinhardt alzó la voz.
    -¡Me prometiste que retirarías a los hombres del campo de batalla antes de desplegarla!
    -A los tuyos- contestó Ekaterina sin alterarse- Y, ahora que han sido reducidos a polvo y cenizas, no hay ningún problema.
    Reinhardt calló por un instante hasta que su mente comprendió lo que realmente estaba pasando.
    -¡Un momento! ¿Usaste a mis tropas como señuelo para la Garra?
    -¡Jí, ji, ji! Me has pillado.
    -¿Qué? ¿Te estás riendo de mí? ¿Del Káiser?- el emperador cada vez estaba más furioso.
    -Tranquilo, Reinhardt. Has realizado bien tu trabajo y te lo agradezco.
    -¡Lo sabía! ¡Von Eisenstahl me lo advirtió pero no quise hacerle caso! ”Solo le está usando para sus propios beneficios, majestad”, me dijo. ¡Maldita seas, Ekaterina Fyodorovna Zoldanowich! ¡Maldita seas cien veces! ¡Espero que Ella te descuartice por toda la eternidad en la otra vida! ¡Nuestra alianza queda rota! ¡Me retiro!
    La comunicación se cortó. Acto seguido, la fortaleza aérea puso en marcha los rotores que le permitían desplazarse en el aire. El sol fue iluminando nuevamente el campo de batalla a medida que el monstruoso vehículo se dirigía de vuelta a la Witterungkönfederation.
    -¿Crees que has hecho bien, pequeñaja?- preguntó Tachenko- Recuerda que Reinhardt no olvida las ofensas tan fácilmente.
    -Me da igual. Todo ha salido como yo quería. Ahora, contemplemos el espectáculo.

    Los shurales llegaron hasta donde estaban los marcheurs. Sin distinguir amigos o enemigos, las criaturas despedazaron a algunos soldados de la Horda. Tras esta pequeña carnicería, subieron por las patas de las máquinas. Una de las criaturas destrozó el sistema hidráulico de una de las extremidades mecánicas a mordiscos, desestabilizando al autómata y haciendo que cayera al suelo. Las criaturas rompieron los cristales de las torretas y entraron en el interior, matando a toda la tripulación de ambas máquinas, entre ellos al comandante Fournier, al cual no le dio tiempo ni de desenvainar su sable. Los shurales siguieron su marcha de destrucción hacia la trinchera donde se encontraba Morris.
    -¡Qué los dioses nos asistan!- gritó- ¡Disparen la Garra!
    -¡Imposible, señor!- gritó uno de los científicos encargados del arma- La batería solo está al 60 por ciento. Debemos esperar unos minutos más.
    -¡No hay tiempo! ¡Esas cosas se abalanzarán contra nosotros en...!- pero el comandante no pudo terminar su frase ya que una de las criaturas atravesó su espalda con una de sus garras, arrancándole la columna vertebral de cuajo. El resto de soldados imperiales fue masacrado sin tener tiempo a oponer resistencia y los científicos fueron devorados. Las criaturas se ensañaron con el cañón eléctrico, tanto que sobrecargaron las baterías, haciendo que estas explotaran tan violentamente que la mayoría de engendros fueron vaporizados.
    Los pocos soldados de la Horda que quedaron vivos celebraron la victoria, mientras que Shorobiensky y los cuidadores consiguieron devolver a sus cajas a los escasos shurales que habían sobrevivido.
    -¡Victoria!- gritó Ekaterina mientras saltaba de alegría.
    -Sí, ¿pero a qué precio?- dijo Tachenko algo apesadumbrado- Muchos de nuestros hombres han perecido y nos hemos ganado un poderoso enemigo.
    -Ya, no seas aguafiestas, Tachenko. Ahora, nuestro camino a Vishnia está despejado. Nada podrá detenernos.
    -Espero que eso sea verdad- el mariscal dio una calada fuerte a su pipa.
    -En fin, esta clase de batallas me da hambre. ¿Vamos a comer algo?- la zarina salió del puesto de observación para dirigirse al comedor. Tachenko se quedó unos minutos más en la sala, contemplando el horizonte tras el cual se encontraba Vishnia.


    Bien, esto es lo que tanto habíais esperado: muerte y destrucción de parte de vuestra soberana favorita.
    He estado varios días dándole vueltas a la forma de describir mejor la batalla. Sé que se puede mejorar, así que vuestras opiniones serán bienvenidas.
    Y, sí, nunca os fiéis de Ekaterina. Nunca.

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  • "Diario" por Dark Lord./

    Escrito por Platov el 09/04/2013
    ¡Ains!
    Perdonad que haya tardado tanto en poner el último relato pero es que fin de semana hemos tenido celebración familiar. Y ya sabéis lo que significa eso.

    Bueno, sin más preámbulos os presento al relato ganador del I Concurso de Relato Ucrónico de El Correo del Atamán: Diario de Dark_Lord.

    Jueves, 2 de agosto de 1492.

    Apenas puedo pegar ojo. Frente a mi se presenta una expedición hasta ahora jamás vista. Sus reales majestades han concedido a Colón 3 grandiosas naves para el viaje que mañana vamos a comenzar. Aunque llevo toda la vida navegando, puedo decir que esta va a ser la gran aventura de mi vida. Viajamos a donde hombre alguno no ha ido jamás.

    Viernes, 3 de agosto de 1492.

    Partimos de la barra de Saltés a las ocho horas. Colón me ha concedido el mando de una de las tres naves de la expedición: La Pinta. Mis hermanos también me acompañan en este viaje: Vicente comanda La Niña y Francisco es mi maestre.

    Sábado, 4 de agosto de 1492.

    Navegamos rumbo Sudoeste, una cuarta del Sur. Si seguimos este rumbo, en tres o cuatro día llegaremos a las Canarias, último punto conocido del mapa.

    Lunes, 6 de agosto de 1492.

    Ha sido un día muy movidito. Los hombres están intranquilos. Hablan de que este es un viaje suicida, que terminaremos despeñándonos más allá del fin del mundo y que jamás volveremos a ver a nuestras familias. Los principales en el tumulto han sido Gómez Rascón y Cristóbal Quintero. Colon me ha felicitado por mi intervención. Cuando me preguntó que deberíamos hacer, sin vacilar respondí: “Ahorque Vuesa Merced a media docena de ellos, y, si no se atreve, mi hermano y yo barloaremos nuestras naves contra la Santa María”.

    Domingo, 12 de agosto de 1.492.

    Hasta la noche no conseguimos tomar La Gomera. El Almirante me pidió quedarme allí por los problemas con La Pinta, pero le he convencido para que me deje continuar el viaje.

    Jueves, 6 de septiembre de 1.492.

    Tras aprovisionarnos, y dejar a parte de la tripulación en tierra, partimos de La Gomera para continuar con la expedición. Curiosamente, nos cruzamos con otra carabela que nos informó de tres carabelas portuguesas que andaban el la isla del Hierro. Si la envidia fuera tiña, Portugal estaría lleno de tiñosos.

    Viernes, 21 de septiembre de 1.492.

    Día de poco viento. Llevamos tres semanas de viaje y no vemos más que agua por todas partes. La tripulación sigue muy nerviosa y cada vez cuesta más templar sus ánimos.
    Domingo, 23 de septiembre de 1.492.

    Curioso día. Hemos visto una tórtola, un alcatraz entre otras aves: La gente dice que nunca soplará viento para devolvernos a España. Cuando el viento volvió a soplar el Almirante dijo “Así que muy necesario me fue la mar alta, que no pareció salvo el tiempo de los judíos cuando salieron de Egipto contra Moisés, que los sacaba de cautiverio”. No me pareció ver a la tripulación muy convencida, la verdad.

    Martes, 25 de septiembre de 1.492.

    El Almirante y yo hemos estado estudiando los mapas. Según nuestros cálculos, deberíamos ver ya unas islas. Por suerte, ya a la noche, vimos tierra finalmente.

    Miércoles, 10 de octubre de 1.492.

    Ya no podemos más. Estoy empezando a creer que los que dicen que este viaje es un suicidio. El Almirante dice que aguantemos otras 44 leguas, que estábamos por llegar ya a Las Indias.

    Jueves, 11 de octubre de 1.492.

    Finalmente, lo hemos hecho. De madrugada nos hemos hecho con el mando. Hemos maniatado al Almirante y a los que le eran leales y los hemos encerrado en la bodega.

    Viernes, 12 de octubre de 1.492.

    Vamos ya rumbo de vuelta a España. No me siento muy a gusto conmigo mismo, pero salvaguardar la vida es lo primero. Creo que la Historia será benévola con nosotros y no nos tildará ni de traidores ni de amotinados, si no de héroes.
  • "Vietnam" por Vilem Landerer./

    Escrito por Platov el 03/04/2013
    Y seguimos con los relatos que participaron en el concurso.
    Ahora es el turno de Vietnam, escrito por Vilem_Landerer.

    Al principio, seguíamos las reglas. O sea, dentro de lo que cabe claro. Siempre habían pequeñas atrocidades que se cometían, precisamente con el mismo fin con el que el Vietcong las cometía; dirigir la ira de la opinión pública en Vietnam, Laos y Camboya. Pero en los primeros años siempre intentamos mantener la legalidad internacional. En los primeros años. Sospechábamos precisamente de Laos y Camboya, que si no les apoyaban directamente, sí permitían que las guerrillas pasaran por sus fronteras y transportaran armamento para sus incursiones sobre el Sur. Llevábamos un tiempo contemplando la posibilidad de realizar algún golpe de mano contra Laos, en forma de ataque aéreo rápido o algo similar, para frenar esos suministros y llevar un mensaje amenazador. Pero claro. El lo del Tet ocurrió. El Tet, es el Año Nuevo Vietnamita, Año Nuevo Lunar, realmente. Es una gran festividad, tan celebrada que incluso los charlies dejaban de combatir. Y aquél año incluso habían enviado mensajes y propuestas de paz. Se puede usted imaginar lo desprevenidos que estábamos, a pesar de informes de movimientos y demás. Siempre se estaban moviendo y siempre estaban atacando en plan guerrilla, pero realmente pensamos –todos lo pensamos, survietnamitas incluídos– que tendríamos otra festividad del Tet tranquila. Y así, comenzó la Ofensiva del Tet. No la resumiré aquí, pues de eso no trata este monólogo, pero sí diré, que podría haber sido peor. O sea, la opinión pública estadounidense se estremeció ante los números y comenzaron a pedir la retirada de los soldados norteamericanos. Pero también, según se iban conociendo más detalles, había, además de esa corriente de retirada, otra, que implicaba la retirada. Después de hacerles pagar. Fue un poco cómo cuando Pearl Harbor. Evidentemente, no es exactamente igual, pero es esa sensación de traición la que hizo que la gente apoyara a nuestros hombres. Eso y que comprendieran que si dejábamos que nuestros clientes fueran absorbidos por el comunismo, podría ser tomado como ejemplo por otros. No es que no hubiera gente en desacuerdo, pero ya no era lo mismo. No eran los intereses de otra nación pagados con nuestro dinero y nuestra sangre, sino nuestros intereses pagados con la sangre de otros. Eso calmó a la sociedad estadounidense.

    Los interrogatorios a los prisioneros fueron brutales. Quiero que tenga en cuenta, que soy ex-agente de la CIA y que me pasé treinta y cinco años haciendo de todo, desde derrocar dictadores comunistas y poner dictadores propios, a asesinatos y torturas, antes de pasar a despachos. Y le digo que los interrogatorios fueron de lo más duro, concienzudo y deshumanizado que he visto jamás. Los interrogadores –entre los que me encuentro– fuimos metódicos y desapasionados. Muchos querían ajustarles las cuentas, apretarles las cuentas a aquellos charlies que al principio, aún nos miraban desafiantes, pero debíamos hacerlo bien. Y gracias a ese trabajo, cuyo recuerdo todavía me persigue, dimos señas, lugares y nombres. La información que más adelante, nuestros boinas verdes usarían para provocar el caos en el Norte y que los generales usarían para la ofensiva contra Laos. Pasamos de una posible ofensiva aérea, a un ataque a gran escala, con el objetivo de dejar las líneas de suministros del Ejército de Vietnam del Norte y el Vietcong. Después de aquello, se nos comenzó a mirar muy mal y con razón –seré un ex-agente de la CIA, pero sigo siendo humano–. Pero había que hacerlo. La mayoría de nosotros, muchos soldados incluídos, no lo hacíamos por la patria, pues estaba lejos, sino por los de allí. Por nuestros compatriotas y también los amigos de la zona. Cómo le digo, me pasé todo ese tiempo trabajando y sigo siendo humano, así que amigos tenía por allí. Todo aquello, toda la energía que gastamos la empleamos en proteger a los hombres de nuestros lados y a los de detrás. Muchos survietnamitas eran anti-comunistas convencidos, otros simplemente preferían otras doctrinas de izquierdas, lo mismo daba. A la patria y a la gente que veía la guerra desde el televisor le podían dar por saco. Aquella guerra, era nuestra y lo dimos todo.

    Luego vino Camboya. Y de nuevo, pusimos toda la carne en el asador.

    Así, poco a poco, el Norte perdió fuelle. El Vietcong nunca dejó de combatir enconadamente, pero también estaba extenuado. Los continuos bombardeos causaron efecto y se comenzó a hablar de paz. En el 71 se comenzaron a reunir mandatarios para lo que en el 72 se nombró cómo los acuerdos de París. Es irónico que fuera en París, ya que los franchutes seguían codiciando sus antiguas colonias, de las que los mismos vietnamitas los expulsaron. Y así, en el 72, tras una larga contienda, acabó la guerra. Ambos bandos quedaron aparentemente satisfechos y comenzó la retirada de nuestras tropas, aunque no de nuestros agentes, claro. Pero un año más tarde, comenzó de nuevo otra ofensiva sorpresa, similar en formas a la del Tet y nos volvió a pillar por sorpresa. A mí me capturaron y no me enteraría hasta más tarde, cuando escapé, claro. Pero la nueva ofensiva, volvió a provocar algo similar a lo del Tet. La cólera corrió de nuevo y a pesar de que el EVN ya había tomado una enorme porción de terreno, en menos de una semana se organizó una contraofensiva de las que hacen época. Y diez años después, ahí siguen, combatiendo recio. Con pocas muestras de que lo de Indochina –me tendrá que perdonar, pero de joven la conocí así– llegue a terminar jamás.
  • "Hombres" por Runciter./

    Escrito por Platov el 01/04/2013
    ¡Saludos!
    Por petición popular, voy a ir colgando los relatos que han participado en el I Concurso de Relato Ucrónico de El Correo del Atamán.
    El primero de ellos es "Hombres", escrito por Runciter.

    Al poco de despertar comenzó el verdadero sueño. Aquel lugar radiaba tal hermosura, tal magnificencia, que parecía sacado de la febril imaginación de un niño. El manto selvático que les había arropado en los días previos había quedado atrás, lo que ahora veían era la ciudad más grande de aquel decadente imperio, una decadencia para nada en apariencia. Enormes templos piramidales se erguían coronados por el cielo. Construcciones de las que nunca habían visto, ni oído ni leído. Colores vivos, edificios mastodónticos, enormes avenidas empedradas. Los españoles no podían evitar quedarse boquiabiertos ante tal panorama. Ninguno salvo el cabeza de expedición, el único que no podía permitirse un descuido tal que nublara sus sentidos. El capitán Hernán Cortes.
    Unos trescientos barbudos con bruñidas armaduras y varios miles de indios aliados seguían a su incuestionable líder por la centenaria ciudad azteca. Concurridas plazas, mercados itinerantes en los que se podían encontrar exóticos objetos y frutos, jalonaban el camino hacia la audiencia con el Emperador.
    A la entrada del extraordinario palacio, los españoles pudieron advertir lo que sin duda se trataba de una comitiva de bienvenida. Decenas de indígenas pertrechados con lanzas, escudos y arcos protegían a un tipo de mediana estatura y ceremonioso ademán, pelo largo y negro como el azabache, cuya curiosa vestimenta iba decorada con numerosas y coloridas plumas, así como ricas joyas de oro.
    El momento no se hizo esperar, comitivas ligeramente atrás, se produjo el esperado encuentro entre el emperador azteca y el caudillo español. De repente se hizo el silencio. Con forzado gesto amable Cortés esbozó una ligera reverencia en signo de respeto, sin alejar por ello su mano de su envainada espada, a lo que el emperador respondió con un extraño rictus. Sus miradas se cruzaron un instante, justo el tiempo necesario para comprenderlo. Moctezuma esperaba a un Dios, un ser legendario que diera alas a su pueblo, pero lo que tenía justo delante, a apenas unos centímetros de distancia, no asemejaba otra cosa que un normal y vulgar hombre. Un hombre de tez blanquecina, extrañamente peludo y latón cubriendo su piel, pero al fin y al cabo un hombre que respiraba, sudaba y apestaba como cualquier otro. Un hombre que aún no había logrado limpiar todas las manchas de sangre que ya formaban parte de su coraza.
    Todo ocurrió muy rápido. No hubo porqué mediar palabra. A la señal de Moctezuma, brazo en alto, tanto los guardias de su lado como los supuestos aliados indígenas de los españoles desataron el infierno para los conquistadores. El elemento sorpresa fue brutal. Movimientos veloces y precisos, sangre y gritos, dolor y muerte. La espada de Cortés apenas quedó medio desenvainada, su cabeza adornaría horas después la pica más alta de palacio.
    En el futuro vendrían más, pero el mensaje estaba claro. Los hermanos se habían unido, y no iban a permitir que los masacraran en sus propias tierras. Los Dioses no iban a tomar parte en esto, al fin y al cabo solo eran hombres contra hombres.
  • Dos años ya.../

    Escrito por Platov el 29/03/2013
    ¡Chavales y chavalas!
    ¡El Correo del Atamán está de celebración!
    ¡Música de celebración!

    Sí, colegas de Subcultura.
    Hoy hace dos años que comencé mi andadura por esta comunidad.

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    ¡Dos añicos! Que quede claro.

    Han sido dos años de risas, de llantos, de locuras en general. He encontrado a las mejores personas del mundo (y también a algunas que jamás me hubiera gustado conocer). Habéis estado aquí, siguiendo mis desvarios hasta el final.

    Por eso y por todo lo demás, os doy las gracias.
    ¡GRACIAS POR ESTAR AHÍ!

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    ¡Sois la leche!

    Y, ahora, lo que todos estábais esperando: el ganador del concurso de relatos ucrónicos. ¿Nerviosos?

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    Meh... Un poquillo.

    Bien. En total me han llegado tres relatos.
    Me desanimé un poco ante la escasez de participación pero para ser la primera vez, no está mal.
    OK. Estos son los tres relatos en cuestión. Os hago un resumen de cada uno de ellos.

    Diario de Dark_Lord: durante el viaje que le llevaría a descubrir América, Crsitobal Colón tuvo que pasar por un montón de penalidades: tempestades, enfermedades e intentos de motín. Sin embargo, el navegante consiguió esquivarlos todos para poder llegar a pisar el Nuevo Continente. ¿Qué hubiera pasado si la historia hubiera cambiado? ¿Y si Colón no hubiera podido mantener a su tripulación contenta y se hubiera generado un motín con éxito? Pues ahí tenéis a la Niña, a la Pinta y a la Santa María dando media vuelta para volver a Castilla. Total, más allá del horizonte solo hay agua.

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    Si ya lo decía mi padre: "quédate en Génova contando dinero, que no te va a pasar nada".

    Hombres de Runciter: entre las múltiples causas del éxito de la conquista de América se encuentra el factor psicológico. Imaginaos que el tiempo en vuestra sociedad se rige por un calendario cíclico cuyo final es la vuelta de los dioses a la Tierra. Ahora, imaginaos que a las costas cercanas a vuestras ciudades aparecen un montón de seres de tez pálida, montados en gigantescos barcos, cubiertos con duras armaduras de un extraño material reflectante y portando unas armas que pueden conjurar el poder del trueno. ¿A que vuestra reacción sería pensar en que son los mismísimos dioses? Así ocurrió en la realidad pero tal vez los aztecas podrían haber sido más listos. Tal vez Moctezuma se habría dado cuenta de que Cortés y sus hombres eran solo eso: hombres. ¿Os imagináis que hubiera pasado? Quetzalcoatl hubiera cenado bien esa noche.

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    No es nada personal. Es que Quetzi se ha levantado con gusa.

    Vietnam por Vilem_Landerer: la Guerra de Vietnam supuso la llegada a Estados Unidos, a gran escala, de algo que solo ocurrió durante su Guerra Civil: el hastío bélico. Hasta ese momento, los estadounidenses pensaban que su ejército era invencible. Eran la nueva potencia mundial y nadie podía con aquel que dominaba el mundo. Vietnam abrió los ojos de la sociedad americana al ver que luchaban contra un enemigo casi invisible y que toda una generación de jóvenes volvía del frente mutilados y esquizofrénicos, en el mejor de los casos. Atrás quedaron las gloriosas victorias en Cuba o en las Guerras Mundiales. Había que parar la guerra. O no. Había que extirpar el comunismo de esta región del mundo por el bien de la humanidad y las atrocidades de la guerra serían un pequeño precio por detener al enemigo rojo. De ser así, en esta mañana de marzo las noticias comenzarían con un resumen de los movimientos que realizaron ayer el ejército de los EEUU y el Vietcong. Bienvenidos a la nueva Guerra de los Cien Años.

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    Queridos yankies: estáos quietecitos de una vez. ¡Coñe!

    Bien, ha sido difícil elegir al ganador.
    Los tres relatos me gustan mucho, en serio. Nadie dijo que esto fuera fácil.
    Así que, allá va. Por su originalidad y por poner un pasado que hubiera cambiado nuestro concepto del mundo para siempre, el ganador es Diario de Dark_Lord.
    ¡Enhorabuena! Te has llevado un relato escrito por mí de lo que más te guste. Envíame un privado por Sub para decirme el tema.

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    ¡Arcos en alto en honor del ganador, chicos!

    Y a todos los participantes, muchas gracias por invertir parte de vuestro tiempo en esta patochada. Eso me hace seguir, así que el año que viene habrá otro concurso.

    ¡MUCHAS GRACIAS A TODOS!
  • Y más diplomacia./

    Escrito por Platov el 26/03/2013
    -¡Hey, Platov! ¿Un post nuevo en menos de un día?
    -Sí pero es que mira quien ha vuelto a casa por Semana Santa.

    La maquinaria de guerra de la Horda Polar estaba preparándose para la inminente invasión de la colonia imperial de Vishnia. Durante ese tiempo, los “voluntarios” tuvieron tiempo de aprender a tratar con los shurales. No fue fácil: uno de ellos devoró a uno de sus cuidadores y varios tuvieron que ser sacrificados tras escaparse y montar un alboroto que haría enmudecer a los propios dioses.
    Ese tiempo fue aprovechado por Ekaterina para realizar ambiciosos planes de invasión con la ayuda del mariscal Tachenko, algo necesario ya que los servicios de espionaje de la Horda traían noticias alarmantes del refuerzo del aparato militar imperial presente en la frontera de su preciada colonia. Llegaron rumores de que junto con la Garra del León, Losange había prestado un par de “marcheurs”, los mastodónticos tanques con patas que eran la envidia de todos los imperios, a cambio de privilegios comerciales en los territorios del Imperio.

    Esto hizo recapacitar a Ekaterina.
    La tecnología prestada por Losange convertía al ejército imperial en casi imparable. La Horda Polar no podía enfrentarse sola a tal amenaza. El zar Aleksis enseñó a su hija una gran lección: las guerras no se ganan a solas. La zarina debía encontrar un aliado, alguien que odiase tanto a Alexandra como ella misma. La solución se encontraba en el centro del Antiguo Continente: Witterungkönfederation.
    Como todo el mundo sabe, las uniones entre familias dinásticas del Antiguo Continente podían dar lugar a situaciones chocantes y lo que ocurría entre el Imperio de Su Majestad y la Witterungkönfederation era para echarse a reír. Debido a un enlace matrimonial entre las casas reales de estas dos naciones durante la Edad de la Pólvora, la reina Alexandra y el káiser Reinhardt eran primos lejanos. Aunque Reinhardt había sudado sangre para reunificar los antiguos estados que conformaban el extinto Santo Imperio Laureado Barbárico en una nueva nación, el káiser sentía envidia del inmenso tamaño del imperio que gobernaba su prima. El carácter belicoso del káiser, parecido al de Ekaterina pero algo más calmado, hubiera sumido a Verne en una guerra mundial si no hubiera sido por los esfuerzos diplomáticos del canciller Lothar von Eisenstahl. Eisenstahl era consciente de las ansias de conquista de su monarca pero el “viejo zorro”, como lo llaman algunos, sabía que esta conquista debía hacerse de forma sutil.
    Ekaterina pensó que ganarse el favor de Reinhardt en la guerra por Vishnia inclinaría la balanza a favor de la Horda Polar.

    La zarina habló sobre ello a Baturyn, al cual le pareció una buena idea.
    En secreto, Ekaterina escribió una carta que fue enviada al káiser por la coronel Tereshkova. En ella pedía al emperador una reunión secreta con él. No era propio de Ekaterina no hacerse notar a la hora de visitar a otras naciones pero esta jugada necesitaba del máximo sigilo posible para que tuviera éxito. En unos días llegó la respuesta, escrita de puño y letra por von Eisenstahl. El káiser había aceptado y la reunión se llevaría acabo dentro de tres días después de la llegada de la carta, en el castillo de la región de Dazen. Para poder ayudarles, la WK pedía a la zarina que se dejase paso libre a las tropas del káiser en los territorios de la Horda Polar para atacar al Imperio de Su Majestad. Era algo arriesgado pero Ekaterina no tuvo más remedio que aceptar. No había tiempo que perder.

    Ekaterina, junto con Baturyn, viajaron sin llamar la atención en un tren de pasajeros.
    Tereshkova se había tomado la molestia en proporcionar disfraces tanto a la zarina, como al primer ministro y a un grupo de soldados de la Guardia del Oso. Aún a pesar de las incomodidades, Ekaterina estaba ansiosa por llegar hasta Dazen. Según la carta, les esperaría un oficial de los servicios secretos de la WK en una posada llamada “El Soldado Feliz”, con un pañuelo rojo atado al cuello y tomando una jarra de cerveza. La zarina solo tenía que enseñarle el sello de la Horda Polar y la carta enviada por el canciller para reconocerla.


    Llegaron a Dazen la mañana del día de la reunión.
    Dazen era un pueblo pintoresco, muy al estilo de los pueblos de las regiones orientales de la WK, con calles adoquinadas. Las casas eran de dos plantas con refuerzos de madera en las paredes al descubierto, con balcones llenos de flores y plantas al estilo de las de los últimos siglos de la Edad del Acero.
    -Mi alergia- dijo la zarina- Creo que me va a dar algo con tanta plantucha.
    -Tranquila, su excelencia- dijo Baturyn- Pronto nos marcharemos de aquí.
    -Eso espero. No pienso quedarme en este sitio ni un día más.
    La comitiva de soldados disfrazados seguía a los dos interlocutores a una distancia prudencial para no levantar sospechas.
    Dos calles más abajo de la estación de tren encontraron la posada. Era pequeña, con un olor a manteca derretida en su interior que hizo que la nariz de la zarina se replegara al abrir la puerta principal.
    -¡Puagh!- dijo conteniendo una arcada- Las caballerizas imperiales huelen mejor que este antro.
    Otearon el lugar. Las mesas estaban llenas de gente comiendo, bebiendo y hablando. En una de ellas, había un hombre que no hacia mucho caso a la conversación que le daban sus compañeros de mesa. Estaba ensimismado viendo el contenido de su jarra de cerveza. Un pañuelo rojo le rodeaba el cuello.
    -¡Ja! Ese es, Baturyn- dijo Ekaterina.
    Se dirigieron a la mesa, acompañados a corta distancia por los soldados de incógnito. En el asiento que había enfrente del oficial, había un hombre en estado de embriaguez.
    -¡Eh, tú, pordiosero! ¡Levántate!- ordenó Ekaterina.
    -¡Je! ¡Hips!- respondió el hombre- Mirad a la pequeña... ¡Hip! ¿Quieres que me levante? ¡Hip!- acto seguido, el borracho regaló a Ekaterina un eructo en su cara.
    La zarina le dio una patada, tirándolo de la silla. El hombre se arrastró por el suelo hasta la salida, muerto de miedo ante la reacción de la chica. Todo el mundo en la posada se rió de tal escena. El hombre ensimismado en su jarra levantó la cabeza y miró a Ekaterina.
    -Su majestad Ekaterina de la Horda Polar, supongo- dijo.
    -Sí. ¡Vaya! No he necesitado enseñaros la carta ni el sello.
    -Vuestros modales os han delatado.
    -¿Qué quiere decir con eso?- Ekaterina se puso otra vez a la defensiva.
    -Nada, nada- contestó el oficial- Síganme. El káiser les espera en el castillo de Dazen.
    Salieron siguiendo al oficial hasta la parte posterior de la posada. Allí, habían varios caballos aunque no suficientes para los soldados de la emperatriz.
    -Siento no haber traído más pero no sabía que iban a ser tantos- se disculpó el oficial.
    -No importa- contestó Ekaterina- ¡Soldados! Tenéis lo que resta del día libre. Nos encontraremos aquí al amanecer del día siguiente.

    El viaje hasta el castillo fue algo pesado debido a lo irregular del terreno aunque, afortunadamente, había un sendero que conducía al lugar, llegando a este pasadas las séis de la tarde.
    Ekaterina se quedó impresionada: el castillo de Dazen era una pequeña fortaleza mandada construir por el antiguo Príncipe Obispo de Dazen a mediados de la Edad de la Pólvora. Podía guarecer a un pequeño contingente aunque, en realidad, el uso de la fortaleza era más bien el de lugar de recreo y residencia que el de defender una zona.
    El oficial hizo una señal y el puente levadizo cayó.
    Entraron al patio de armas, en el cual habían varios miembros de la Adlerwacht vigilando la zona. Iban ataviados con su siniestro uniforme: largas gabardinas grises, máscaras de gas y el característico casco con un pincho en la cimera, armados con rifles de precisión.
    Descabalgaron para dirigirse a la escalera de piedra donde les esperaban dos hombres al final de esta. Uno era bajo pero de fuerte constitución, anciano, con el pelo encrespado y con el mostacho peinado a la manera de los junkerlanders (con las dos puntas hacia arriba). En su ojo derecho llevaba un monóculo e iba vestido de traje. Ese era el canciller von Eisenstahl.
    El otro era alto y joven. Su pelo rubio estaba cortado al cepillo, como todo buen militar. Sus rasgos eran fuertes e incluso atractivos, si no fuera por una espantosa cicatriz de duelo que recorría el lado izquierdo de su cara y que había dejado uno de sus ojos azules completamente blanco. Vestido con el uniforme de cuello alto de mariscal supremo de los ejércitos de la Witterungkönfederation y con su inseparable glockenschläger atado al cinto, el cual casi nunca se quitaba, el káiser Reinhardt descendió las escaleras para saludar a Ekaterina.
    -Ekaterina, es un honor que pensases en mí para este pacto- dijo Reinhardt, estrechándole la mano a la zarina.
    -Sabía que te gustaría, Reinhardt.
    -Por favor, pasad al interior. El patio de armas no es sitio para hablar de asuntos de estado.
    Todos juntos entraron al interior del castillo. Mientras se dirigían a la sala donde discutirían los puntos de la alianza, los dos primeros ministros llevaban una animosa charla acerca de las posesiones coloniales de la WK en el Continente Oscuro.
    Mientras tanto, los dos jóvenes emperadores hablaban entre ellos.
    -¿El uniforme de mariscal? Pensaba que íbamos a ser un poco más informales, Reinhardt- dijo Ekaterina- Es verdad que por las venas de los könfederationers, y en especial por las de los junkerlanders, corre hierro fundido en lugar de sangre.
    -Soy el káiser. Mi responsabilidad es liderar los ejércitos de la gloriosa patria las 24 horas del día. Nunca sabes cuando el enemigo puede atacar- contestó el emperador.
    -Algo parecido me pasa pero cambiando a los enemigos exteriores por traidores a la corona- dijo Ekaterina.
    -¿Alguien no teme a Ekaterina Zoldanowich? Eso me gustaría verlo.
    -Por más que los disciplino, no aprenden.
    -Disciplina. Esa es la base de cualquier estado estable. Sabes que si tienes algún problema, puedes contar conmigo. ¿Qué tal si te envío un regimiento de Tottenritters para solucionarlo?
    -No, gracias. Me las apaño sola.

    Llegaron a la sala.
    Era pequeña y acogedora, tal vez un comedor, iluminada por varios quinqués. Se sentaron en una mesa rectangular, cada uno de los emperadores en un extremo. A su lado, sus primeros ministros. Encima del mueble, varios papeles y material de escritura. Von Eisenstahl cogió uno de estos, ya escrito, se aclaró la garganta y se puso bien su monóculo.
    -Bien- comenzó a leer- Reinhardt Karl von Hertzenberg, káiser de la Witterungkönfederation y rey de Junkerland, y Ekaterina Fyodorovna Zoldanowich, zarina de la Horda Polar; estando presentes Lothar Markus von Eisenstahl, canciller de la Witterungkönfederation, y Andrej Nikolai Baturyn, primer ministro de la Horda Polar, se disponen a pactar para llevar acabo una alianza contra las fuerzas del Imperio de su Majestad, gobernado por la reina Alexandra Mary Lionhead. ¿Correcto?
    -¡Correcto!- dijeron al mismo tiempo los emperadores.
    -Bien- prosiguió el canciller- estando de acuerdo en atacar conjuntamente a un enemigo común, la Witterungkönfederation se compromete a prestar ayuda militar, tanto en armamento como en suministros y hombres, a la Horda Polar. A cambio, la Horda Polar deberá abrir sus fronteras en todos sus territorios, a lo ancho y largo de Verne, a lo ejércitos del káiser en caso de que este quisiera invadir un territorio del Imperio de Su Majestad. ¿Correcto?
    -¡Correcto!- volvieron a decir los emperadores.
    -Muy bien. Dado que todo está conforme, por favor, que los emperadores firmen el documento.
    Reinhardt dejó que Ekaterina fuera la primera en firmar. A continuación, lo hizo el káiser. Para finalizar, los dos primeros ministros estamparon su rúbrica en el papel.
    Los dos emperadores se estrecharon la mano.
    -Estoy ansioso de ver la cara de mi prima cuando nos vea juntos en el campo de batalla- dijo Reinhardt.
    -Yo también- dijo Ekaterina- ¿Qué tal una copa de algo fuerte para celebrarlo?


    Pues ya está.
    Ya tenéis vuestra dosis diaria recomendada de vuestra emperatriz favorita y habéis conocido al káiser en persona.
    Espero que os haya gustado.
    ¡Nos vemos!
    Y podéis seguirme en El Correo del Atamán.
  • Una de romanos./

    Escrito por Platov el 25/03/2013
    ¡Hola, amigos!
    El Correo del Atamán vuelve a la carga con un tema de actualidad.
    Es Semana Santa y todos sabemos que significa eso: la parrilla televisiva se llenará con palículas ambientadas en la Antigua Roma. La mayoría de ellas ya tienen bastantes años a cuestas pero no podemos resistirnos a ver una vez más a Charlton Heston dirigiendo su cuádriga alrededor de la espina del circo o a Kirk Douglas aporreando a los legionarios que intentan enfrentarse a él.
    Damas y caballeros, bienvenidos al emocionante mundo del peplum.

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    ¡Oh, Mesala! Henchido de cólera el corazón...

    El peplum es el género cinematográfico que abarca lo que el común de los mortales conoce como "pelis de romanos". Normalmente, son grandes superproducciones que conocieron su época de esplendor en los 60 y 70 del siglo pasado. Grandes nombres y espectaculares decorados son la punta de lanza de este género, amén de la ingente cantidad de extras que suelen aparecer en este tipo de producciones. Además, el peplum abarca otra serie de géneros, normalmente el de aventuras, romance, drama y bélico.
    A nivel de guión, muchas de estas películas pecaban de cierta simpleza. Podíamos encontrarnos el clásico romance entre un romano pagano y una chica cristiana, lo que desenvoca en la conversión del primero y en la muerte de los dos en la arena del anfiteatro. También la venganza por haber perdido a un ser querido a manos de un romano pagano. Esa simpleza aparecía también en la ambientación, llena de clichés en su mayoría (raro era que un condenado a muerte no acabara devorado por un león para divertimento del público) y con un falto rigor histórico.

    Todo esto tiene una explicación. Simplemente, el director del film quería enviar un mensaje y daba igual los medios para hacerlo: lo importante era que el espectador comprendiera ese mensaje por encima de que en época de Nerón los legionarios todavía no iban cubiertos con una lorica segmentata. Es por eso la dualidad que encontramos en films como Quo Vadis: cristianos = buenos, paganos = malos. El director quería hacer ver al espectador que el cristianismo es una religión que promueve la paz y el amor frente al desenfreno y violencia de las antiguas religiones paganas romanas. Algo muy lejano de la auténtica realidad de Roma, donde existía un sector de la sociedad pagana que veía en esa "decadencia" el fin de Roma.

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    Peter Ustinov, el Nerón más delirante de la historia del cine.

    Hace poco que se ha querido resucitar a este tipo de género.
    Me refiero, claro está, a Gladiator. Sin embargo, y a pesar de sus errores, esta película cuenta con más rigor histórico en su ambientación (que no en la historia que cuenta) que la mayoría de peplums conocidos.
    Por otra parte, existen casos sangrantes, como aquella versión de Espartaco que hace que vayas a echar mano de Internet para buscar la original y curarte del susto. También está Atila, nada que ver con la genial Atila: hombre o demonio protagonizada por Anthony Quinn. En la versión para TV, podemos encontrarnos a un occidental rey de los hunos luchando contra una legión alto imperial, con símbolos paganos como el haz de rayos de Júpiter en sus escudos todavía presentes, en una histriónica versión del avance huno contra Roma.

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    Debajo del Atila más occidental que he visto, un supuesto ejército bajo imperial...

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    Y aquí, un auténtico ejército bajo imperial, con sus crismones y todo.

    En fin, espero que os haya gustado esta disertación.
    ¡Nos vemos!

    RECORDAD: este viernes termina el plazo para mandarme vuestros relatos para el concurso.
    Y podéis seguirme también en El Correo del Atamán.
  • Quedan nueve días, caballeros./

    Escrito por Platov el 20/03/2013
    Os aviso que tan solo quedan nueve días para enviar vuestros escritos para el I Concurso de relatos ucrónicos de "El Correo del Atamán".
    Tan solo me han llegado dos por ahora. ¿A qué esperáis? ¡No hagáis que me enfade! XD

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    Me he quedado con vuestra cara.
  • ¡He vuelto!/

    Escrito por Platov el 17/03/2013
    Pues eso, que ya he vuelto de mi periplo por tierras castellanoleonesas. He sacado varias conclusiones al respecto:

    -Los congresos de la AJHIS son la leche. Conoces a otros historiadores, aprendes lo que no está escrito y puedes presentar tus trabajos al mundo. Os los recomiendo cuando viajéis a Salamanca en marzo.

    -En Salamanca está la mejor librería del mundo, frente a la catedral. Tienen libros que ni siquiera están en la biblioteca de la universidad (bueno, encontrar un libro necesario en la biblioteca de la UMU es una tarea digna de Indy). ¡Oh! Y me compré "Tarás Bulba".

    -Ávila es la proveedora oficial de la Orden del Temple.

    -Antes de pedir un chuletón, pensadlo detenidamente.

    -¿Un sandwich mixto a 5'10 €? ¿Pero qué?
  • Carolus Rex/

    Escrito por Platov el 11/03/2013
    ¡Hola, gentes del lugar!
    Antes de irme para Salamanca, me gustaría actualizar el blog para no dejaros colgados.

    Hoy, seguiremos dándole patadas a la historia pero antes de todo, os recuerdo que el concurso de relatos ucrónicos sigue abierto y que tenéis de plazo hasta el día 29 de este mes. Por ahora solo me ha llegado uno.
    Hmmmm... Creo que va siendo hora de enviaros a Pedro.

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    -¡Ocupado! Estoy construyendo un navío de setecientos puentes.
    -¿No crees que eso se hundirá?
    -Soy el zar más molón de la historia de Rusia. Puedo hacer lo que me salga de ahí.


    ¡Cagüen! ¿Y ahora que hago?

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    -¡Envíame a mí! La gente se caga cuando ve mi cara. Creen que he sufrido algún horrible accidente industrial o algo así.
    -Carlos, la mayoría de gente no te conoce si no ha estudiado historia de Suecia o de Rusia.
    -¡¿QUÉ?! ¡Tío! ¡Pero si me han dedicado un disco de Heavy Metal! ¡Haz algo! ¡Háblales de mí! ¡Es una orden!
    -¡Joder! Te pareces a Ekaterina.
    -Porque te inspiraste en mí para crear al personaje.
    -Cierto.


    Bueno, tendré que hacerle caso.
    Damas y caballeros, con todos ustedes Carlos XII de Suecia.

    A finales del siglo XVII y principios del XVIII, Suecia estaba en la cresta de la ola internacional gracias al legado dejado por Gustavo Adolfo II, el León del Norte. Carlos nació en esa época, en 1682.
    Hijo de Carlos XI, el bueno de Carlos había nacido para la guerra. Desde pequeñito estaba obsesionado con todo aquello relacionado con mosquetes, cañones y demás.
    Fue coronado en 1697. Las demás potencias europeas pensaban que un chaval de 18 años no podría con el peso de la corona y que Suecia estaba servida en bandeja para quien la quisiera. El problema es que no conocían a Carlos. Su bautismo de fuego llegó con la Gran Guerra del Norte, un conflicto en el que se enfrentaron Suecia contra Dinamarca y Rusia por el control del Báltico. No quiero liaros con esta guerra, así que os cuento que, tras este conflicto, el Báltico se convirtió en un mar sueco y Carlos recibió el apelativo de "el Alejandro Magno del norte". La educación militar que había recibido desde pequeño había convertido a nuestro protagonista en todo un estratega, un táctico que podía saber que hacer con solo echar un vistazo al campo de batalla. Todos estaban asombrados al ver tal mente privilegiada para la guerra en un cuerpo tan joven.

    Valiente, orgulloso y cabezota. Así era descrito por algunos eruditos de la época.
    Ningún ejército podía hacerle frente. Donde otros generales podían fallar, Carlos siempre acertaba. Sus soldados le seguían incluso al mismísimo infierno debido a su arrollador carisma. De hecho, él era el pilar en el que se sostenía el ejército sueco ya que era el único que podía poner paz entre sus oficiales, los cuales estaban peleados entre sí. Su principal ventaja fue su principal inconveniente: su mente solo pensaba como un soldado, nunca como un rey. Pensaba que la política solo funcionaba después de darle una lección al enemigo en el campo de batalla y eso, a la larga, puede ser más perjudicial que beneficioso.

    Pero incluso los grandes hombres cometen errores y Carlos cometió el peor de todos: invadir Rusia.
    Aunque sabía aprovecharse de la adversidad, Carlos no contaba con el frío de la estepa y las tácticas de campo quemado llevadas acabo por Pedro.
    Sería en 1709, en la localidad de Poltava donde Carlos vería frenado su avance. No os voy a contar la batalla de pé a pá pero si como la perdió Carlos. El culpable de la derrota sueca fue una bala. Sí. Mientras Carlos comandaba a sus tropas montado en su caballo, un tirador ruso vió la oportunidad y abrió fuego contra el rey. La bala impactó en uno de los tobillos de Carlos. Al ver al rey siendo postrado en una litera, el pánico cundió entre los suecos. Al no tener el liderazgo de su carismático monarca, los oficiales suecos tomaron el relevo y ya he comentado lo mal que se llevaban entre ellos. La falta de organización acabó con la retirada de Rusia de los suecos.

    Carlos y sus hombres huyeron a Turquía, donde el Sultán les abrió las puertas de par en par y le concedió asilo político al ser el mortal enemigo de los rusos.
    El rey volvió sano y salvo a Suecia para comenzar una nueva campaña contra los noruegos.
    Sin embargo, no tendría tanta suerte como en Poltava. En 1718, durante el asedio de la fortaleza de Fredriksten, un proyectil atravesó la cabeza del rey mientras inspeccionaba los trabajos de unas trincheras. Lo curioso es que no se sabe si fue un disparo realizado por los defensores o por algún soldado sueco descontento.
    Con la muerte de Carlos, el imperio sueco terminó.

    ¡Nos vemos!

    Recordad que podéis seguirme en El Correo del Atamán.

  • NOTICIA DE ÚLTIMA HORA: Age of Empires II HD en Steam./

    Escrito por Platov el 10/03/2013
    Sí, amigos míos.
    No estáis soñando.
    Steam va a publicar el "Age of Empires II" en Alta Definición con su expansión "The Conquerors".

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    La mejora de los gráficos es muy notable.

    El juego que marcó una época, que nos enseñó que se puede jugar y aprender historia al mismo tiempo estará disponible en Steam con su expansión y con gráficos mejorados a partir de abril.
    ¿Y qué opina William Marshall de todo esto?

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    -....
    -¿No puedes hablar de la emoción, verdad?
    -No.
  • El Correo del Atamán cumple dos añacos./

    Escrito por Platov el 05/03/2013
    ¡Hola, familia!
    Veréis, la semana que viene voy al congreso de la Asociación de Jóvenes Historiadores, en Salamanca, así que no voy a estar disponible durante ese tiempo.
    Por eso, quiero adelantar una cosa que llevo pensando durante algún tiempo.

    El día 29 de este mes estaré de celebración.
    La causa: El Correo del Atamán cumple dos años en Subcultura.

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    ¿Dos años ya? ¡Me deja usted impresionado!

    Sí y por eso se me ha ocurrido celebrarlo por todo lo alto.
    Damas y caballeros, tengo el honor de presentarles el I Concurso de relatos ucrónicos de "El Correo del Atamán".

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    ¿Ucroqué? ¿Qué cojones es eso?

    Hombre, tampoco hay que blasfemar.
    "El Correo del Atamán" es un blog donde comento algunas curiosidades históricas para dárselas a conocer al mundo. Ya sabéis que la historia sigue su curso inexorable pero, ¿qué hubiera pasado si no fuera así? ¿Y si el Imperio Romano nunca hubiera caído? ¿Y si los mongoles hubieran llegado hasta Inglaterra? ¿Y si el Eje hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial? Eso es ucronía. La historia que jamás ocurrió.

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    Me interesa. Cuénteme más.

    Pues es muy sencillo.
    El concurso consiste en que escribáis un relato de una página (si no os parece bien este límite, decídmelo) en el que contaréis que pudo haber pasado si algún acontecimiento histórico se hubiera desarrollado de otra manera. Podéis centraros en la época en que ocurrió o narrar cómo sería la vida en la actualidad si la historia no hubiera seguido su curso.
    Cuando lo tengáis hecho, podéis mandarlo a mi correo electrónico (conde_platov@hotmail.com) o a mi correo privado en Sub.
    El plazo sería hasta el día 29, fecha del aniversario. Si tenéis algún problema con este plazo, podéis quejaros a un servidor.

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    Pero habrá algún premio, ¿no?

    ¡Pues claro, mujer!
    Ya sé que no será el mejor premio del mundo pero el ganador, aquel cuyo relato me guste más, recibirá un relato escrito por mí del tema que más rabia le dé.

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    ¿Un relato de Platov? ¡Me he quedado de piedra!

    Pues eso.
    Si tenéis lo que hay que tener, participad.
    Al menos, hacedlo para que me sienta feliz. No me obliguéis a mandaros a Pedro.

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    Yo voy cargando los cañones, por si acaso.

    ¡Nos vemos!

  • Un mensaje de la Secretaría de Justicia de la República de Longhorn./

    Escrito por Platov el 28/02/2013
    EL SERVICIO DE INFORMACIÓN Y PROPAGANDA
    de la
    SECRETARÍA DE JUSTICIA DE LA REPÚBLICA DE LONGHORN
    presenta
    un mensaje patrocinado por
    INDUSTRIAS ARMAMENTÍSTICAS COBBLET Y SMITHSON
    “¿Qué tiene más poder que un dios? Un hombre empuñando una Cobblet y Smithson.”

    “PACIFICADORES: EL BRAZO ARMADO DE LA LEY”

    Longhorn, nuestro hogar.
    El país más joven y floreciente del Nuevo Continente y, dicho sea de paso, de todo Verne.
    Nuestra gran nación está formada por grandes gentes alimentadas por un gran espíritu emprendedor. Mire donde se mire, siempre hay un nuevo negocio, una nueva fábrica e, incluso, una nueva población.
    Pero incluso en el paraíso hay gente que quiere aprovecharse de los demás para su beneficio: cuatreros, forajidos, ladrones, traidores, insurgentes y agentes extranjeros y de sociedades secretas. Llevados por la codicia y la envidia, esta clase de rufianes se dedica a hacerle la vida imposible a nuestros esforzados compatriotas que se ganan su jornal con el sudor de su frente. La ley actúa con determinación contra esta escoria en las ciudades pero, ¿qué ocurre en las nuevas poblaciones alejadas del bullicio de las grandes urbes? Allí, la justicia tarda más en llegar debido a las grandes distancias y a los innumerables peligros que se cruzan en su camino. Incluso aquellos que la sirven en estos lugares alejados de las manos de los dioses son ablandados por la comodidad o por el miedo.
    Para poner fin a esta situación y que los colonos se sientan seguros, el Secretario de Justicia Marvin Allan ha fundado el Cuerpo de Pacificadores de la Oficina de Seguridad Pública.

    Ya sea en tren, dirigible o a lomos de sus infatigables caballos estos hombres y mujeres han jurado dar su vida por el cumplimiento de la ley y llevar la justicia allí donde esta no puede llegar. No es una tarea nada fácil por lo que estos inquebrantables defensores de la ley han sido equipados con el mejor armamento posible gracias al acuerdo firmado por la Secretaría de Interior y Justicia con Industrias Armamentísticas Cobblet y Smithson.
    Los señores Douglas Cobblet y Jeremiah Smithson han ofrecido su apoyo a la noble causa de los pacificadores y, por eso, proporcionan la totalidad del armamento que necesitan para llevar acabo su empresa: un revólver C&S, modelo “Marshall”; un rifle de palanca C&S, modelo “Hammerer” para las distancias cortas y un rifle de precisión C&S, modelo “Mortymer”, con mirilla incorporada, para acabar con los delincuentes más osados desde una gran distancia. Además, los pacificadores cuentan con la última edición del Código Penal en formato de bolsillo para ayudarles a la hora de aplicar la ley pero, por encima de todo, se les hace entrega del emblema de esta organización: la estrella de cinco puntas, símbolo de su autoridad y que lucen con orgullo a la altura de su corazón.
    Cabe destacar que algunos pacificadores han aprendido a controlar el poder de la magia para casos de extrema necesidad. Aunque aparezcan en raras ocasiones, los pacificadores se tienen que enfrentar a forajidos que usan las antiguas artes arcanas para hacer el mal, además de resultar práctica a la hora de enfrentarse a criaturas sobrenaturales como los terroríficos wendigos.

    Ley. Justicia. Paz.
    Las tres nobles palabras que los pacificadores han jurado proteger.
    Por eso, les deseamos toda la suerte del mundo en su tarea y que los dioses les protejan de cualquier mal.

    Este ha sido un mensaje del Servicio de Información y Propaganda de la Secretaría de Justicia del gobierno de la República de Longhorn, patrocinado por Industrias Armamentísticas Cobblet y Smithson.

    ¡LIBERTAD Y JUSTICIA PARA TODOS!

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  • El problema de mezclar historia con ficción./

    Escrito por Platov el 25/02/2013
    ¡Hola!
    Sí, soy yo, Platov.
    Después del mal trago de la semana pasada con el puñetero resfriado, vuelvo a la carga para ofreceros más curiosidades venidas del pasado.

    Ayer, como todo el mundo sabrá, pusieron "Robin Hood" en la 1. Sí, la película protagonizada por Russel Crowe y a la que muchos conocen con el nombre de "Gladiator 2: Máximo viaja a la Edad Media".
    Como película estaba bien, la clásica peli de aventuras y romance ambientada en la Edad Media, en plan "Ivanhoe". Sin embargo, escribo este post porque hubo algo que me llamó la atención durante todo el visionado del film: la metedura de pata de Ridley Scott a la hora de mezclar el relato ficticio de Robin Hood (lo siento, chicos, Robin Hood nunca existió) y la historia de Inglaterra de la primera mitad del siglo XIII.

    Queriendo amoldar la historia a la ficción, Scott le pega varias patadas al libro de Historia, anteponiendo las creencias populares a lo que realmente pasó.
    Juan Sin Tierra tenía muy mal carácter, eso ya lo sabíamos, pero también no tenía nada que envidiar a su hermano Ricardo Corazón de León en el gobierno de la nación. Bien que cometió errores, algunos muy gordos como la pérdida de Normandía, pero también es cierto que Juan era bastante trabajador.
    Por cierto, curioso el Ricardo que aparece en la película. En el primer momento que lo vi dije: "Parece el primo de Robert Baratheon". Sí, Ricardo murió en pleno asedio asaeteado por un ballestero francés pero, al contrario que lo que se nos muestra en el film y según las crónicas, Ricardo no murió en el acto sino que lo hizo en cama, después de que a los médicos se les ocurriera la genial idea de extraer el virote perforando aún más la herida. La historia que viene después es de sobras conocida: perdona al ballestero que consiguió herirlo de muerte pero los hombres de Ricardo despellejan al hombre en señal de ventaja.

    La figura de Leonor de Aquitania también me llamó la atención.
    Sí, cuando Juan fue coronado su madre seguía viva pero creo yo que, en esa época, Leonor tendría que estar ya la pobre para el arrastre y no tan vivaz como aparece en la película.
    ¡Oh! Cuando apareció William Marshall mi cabeza implosionó. Es una de esas figuras históricas que me encantan. Al "mejor caballero del mundo" lo retratan bastante bien, con esa mezcla entre sabiduría y honorabilidad sin parangón. Sin embargo, hay un error en la película. En una de las escenas, William lee un mensaje en el que se avisa de un desembarco francés. Mentira: William era analfabeto, no sabía leer ni escribir.

    Sobre la invasión de Inglaterra por Francia, sí, ocurrió pero no tal y como aparece en la película.
    Tras el fracaso de la Carta Magna, que Juan firmó en un principio sin rechistar (en la película se ve como quema el propio documento), los barones del norte se rebelaron contra Juan. Para hacerse más fuertes, los barones invitaron a Luis, hijo de Felipe II Augusto de Francia, a unirse a su rebelión ya que el delfín podía optar al trono de Inglaterra. Así, haciendo caso al tuerto de su padre, Luis comandó una flota para desembarcar en las costas inglesas. En mitad de la travesía, Juan envió una flota para parar a la francesa, sin éxito. Luis y sus tropas acabarían llegando a Kent, donde se unirían al grueso de los rebeldes.

    Y, bueno, creo que está todo lo que tenía que decir.
    Como veis, mezclar historia con ficción puede dar lugar a un esperpento. No quiero decir que "Robin Hood" sea una mala película pero en cuestiones de ambientación, patina demasiado.
    No todo esto son verdades como puños, así que si veis algún error o tenéis una opinión diferente, no os cortéis: ¡dadla!

    ¡Nos vemos!

  • Indisposición./

    Escrito por Platov el 18/02/2013
    Sí, se supone que tendría que haber actualizado ya el blog.
    El problema es que llevo todo este fin de semana con toses, como si alguien hubiera reemplazado mis pulmones por una máquina de vapor.

    Vamos, que tengo un trancazo que no puedo con él.
    En cuanto me recupere, escribiré un nuevo post.
  • Algunas cosas que deberías saber sobre Verne./

    Escrito por Platov el 10/02/2013
    ¡Hola, gentes del lugar!
    Me encantan las tardes del domingo solo por una cosa: son el mejor momento para escribir un post.
    Así que me dispongo a escribir algo que quería poner por escrito hace tiempo.
    Como muchos de vosotros sabéis, Verne es el nombre del mundo de ciencia ficción steampunk en el que se desarrollan las aventuras de la zarina Ekaterina y de sus... eh... ¿amigos?
    Ya conocéis algunas cosas de este mundo, como la tirria que hay entre la Horda Polar y el Imperio de Su Majestad. Sin embargo, me gustaría abrir una ventana más amplia a este mundo para que sepáis un poco más de como es.

    Verne tiene millones de años, al igual que nuestro mundo.
    El eje cronológico está dividido en varias eras para facilitar el trabajo de los historiadores vernianos y de un servidor a la hora de contar hechos ocurridos en el pasado. La época en la que transcurren los relatos de Ekaterina es la Era del Vapor (o Era Alexandrina, como les gusta llamarla a los imperiales) y comenzó con el I Imperio de Losange, cuando los Abeille llevaron a la práctica su lema "la razón al poder" implementando el nuevo motor de vapor a la maquinaria de guerra. Otras eras son la Era de la Piedra, la del Mármol, la del Acero y la de la Pólvora, por no mencionar las eras anteriores a la humanidad.

    Como sabéis, en Verne hay diferentes naciones.
    Ocho son los grandes imperios que se disputan el control de este mundo: el Imperio de Su Majestad, la Horda Polar, la Witterungkönfederation, el Imperio Östmagyar, el II Imperio de Losange, el Sultanato Creciente, la República de Longhorn y la Teurgia Oriental. No hace falta devanarse los sesos para saber cuales son sus equivalentes en nuestro mundo.
    Tras estas grandes potencias existen una serie de naciones menores que intentan ganarse el apoyo de alguno de los grandes imperios o forjar el suyo propio, como Tauria, Hergénia, Skaldmark o Makembe.
    Tras estas naciones están las colonias y las naciones incivilizadas, como el Reino de Nakopo, Vishnia o las islas Rokahoe.

    Aunque sea un mundo de fantasía, todos los habitantes de Verne son humanos. Nada de elfos, enanos u orcos. Sí que existen algunas criaturas fantásticas como trolls, vampiros o fantasmas pero son solo seres salvajes o raros. Lo que sí existe en gran cantidad es la magia. En Verne, la magia es algo normal. Bueno, era. El avance imparable de la tecnología está relegando a la magia a un segundo plano, llegando incluso a poner en peligro su existencia. Sin embargo, todavía hay gente que la practica. Muchos de estos magos han decidido unirse para defender esta disciplina con la Unión Mundial de Magos, algo así como la Internacional Socialista pero con hechiceros. La UMM intenta demostrar a los vernianos que la magia puede seguir siendo útil a través de charlas, reuniones y manifestaciones por las calles.

    Hay dos casos llamativos en Verne repecto a la magia.
    El primero es el de la Teurgia Oriental. El proceso industrializador llevado acabo por la emperatriz Ren ha traido la modernidad a este imperio pero tanto avance no está tan bien visto por sus conservadores habitantes. Para que las costumbres no se perdieran, Ren ha creado algo completamente nuevo: la tecnomagia, mezcla de ciencia con poderes arcanos.
    El segundo es Sitán. Esta pobre región del Continente Oscuro está gobernada por el Archimago, un desquiciado mago que cree que la ciencia debe de ser purgada de Verne. El Imperio de Su Majestad ha tenido más de una vez que vérselas con los fanáticos seguidores de este misterioso ser.

    En cuanto a la religión, el Viejo Panteón está formado por diez dioses:

    El Mariscal: Dios de la Guerra

    El Ejecutor: Dios de la Muerte

    El Halcón: Dios del Cielo

    El Erudito: Dios de la Sabiduría

    La Herrera: Diosa de la Tierra

    El Capitán: Dios del Mar

    La Guardabosques: Diosa de la Naturaleza

    La Paladín: Diosa de la Justicia

    La Dama: Diosa del Amor

    Ella: Diosa del Inframundo

    La última de todos, Ella, no recibe ningún tipo de culto oficial debido a su carácter demoniaco. Sí que existe una sociedad secreta que se dedica a hacerle ofrendas de sangre. Según una antigua profecía encontrada en las Sagradas Escrituras, llegará un día en que Ella vuelva a la superficie, destruyendo todo a su paso. Es por eso que algunas personas intentan ganarse su favor para estar protegidos cuando llegue ese día. Por supuesto, la pertenencia a este culto esta penada con la muerte.
    Existen otras religiones en Verne. Una de ellas es la fe en El Exiliado, que es la religión oficial del Sultanato Creciente y de algunas regiones orientales. Está catalogada como "herética" por los sacerdotes del Viejo Panteón. También está el Culto a los Espíritus, la fe de la Teurgia Oriental, la cual cree que todos los seres, animados o inanimados, poseen un espíritu en su interior. Esta fe es muy parecida a la que profesan los habitantes de las Cuarenta Naciones. Otras naciones incivilizadas tienen pequeños cultos propios que no son tan importantes como estos.

    Y por último, en Verne, a diferencia de otros universos steampunk, no hay desigualdad entre sexos. Hombres y mujeres pueden realizar las mismas actividades sin ningún problema. Ya sé que es algo bastante optimista pero creo que le da un toque diferente y bastante interesante.

    Bueno, espero que os haya gustado todo este discursito.
    Si queréis saber más sobre Verne, no tenéis más que preguntarme.
    ¡Nos vemos!

    Y recordad que podéis seguirme en El Correo del Atamán.

  • Los huesos del rey./

    Escrito por Platov el 05/02/2013
    ¡Hola, camaradas!
    Iba a escribir un post sobre Joachim Murat pero lo aparco para más tarde porque, como muchos sabréis, la noticia histórica y arqueológica de esta semana es que han encontrado el esqueleto de Ricardo III de Inglaterra.

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    Retrato de Ricardo III


    Arqueólogos de la Universidad de Leicester, en Inglaterra, llevaban bastante tiempo buscando el cadáver del monarca en un aparcamiento de la localidad, donde se creía que estaba enterrado. Tras varios años de trabajo, en una de las parcelas de excavación se encontró este esqueleto que tras un análisis de ADN con la técnica del Carbono 14 se cree que tenga toda la pinta de ser el de Ricardo.

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    El posible esqueleto de Ricardo III


    Los restos de "heridas" en diversas partes del cuerpo demuestran que este hombre murió en combate, al igual que el rey. Dos de estas heridas, una de un arma afilada que quitó un trozo de hueso y la del craneo, parecen pertenecer a las causadas por una alabarda, arma que según cuentan los cronistas fue la que dio muerte a Ricardo.
    También cabe destacar la escoliosis que sufría el rey, con una columna vertebral impactantemente retorcida. Lloro con solo pensar en los dolores de espalda que debía sufrir. Sin embargo, Ricardo ha pasado a la historia por ser un gran militar, capaz de liderar a sus ejércitos en el campo de batalla a pesar de esta deformación.

    Para el que no lo conozca, Ricardo III es una de las figuras clave de la llamada "Guerra de las Rosas" que enfrentó a las dos facciones de la dinastía de los Plantagenet, York y Lancaster, por el trono de Inglaterra desde 1455 hasta 1485, cuyo final supuso la llegada al trono de los Tudor.
    Ricardo III formaba parte de la facción de los York y se enfrentó a los Lancaster en la batalla de Bosworth, en 1485. Durante el transcurso de la batalla, Ricardo vio la oportunidad de acabar con Enrique Tudor, líder de los Lancaster, llevando acabo una carga de caballería que ha sido tildada como el mayor acto de temeridad de la historia. Al perder el ímpetu de la carga y al estar sobre terreno pantanoso, el caballo de Ricardo quedó atrapado en el fango y fue herido de muerte. El rey fue rodeado por las tropas de los Lancaster. Antes que huir, Ricardo luchó hasta el final. Se cuenta que fue un alabardero el que le dio muerte.

    Para la posteridad, Ricardo ha sido descrito no solo como un hombre valiente sino también como un tirano. Shakespeare, en su obra de teatro "Ricardo III", lo describe como un ser que sería la envidia de Maquiavelo: arrogante, malhumorado y siempre dispuesto a todo con tal de mantener su poder.
    Sin embargo, algunas fuentes nos dan un retrato más agradable del monarca.

    Y eso es todo.
    Os prometo que Murat será el siguiente. ¡Nos vemos!

    Recordad que podéis seguirme también en El Correo del Atamán.
  • Voluntarios./

    Escrito por Platov el 02/02/2013
    ¡Hola, hola!
    Lo prometido es deuda. Aquí tenéis un nuevo relato de nuestra emperatriz favorita, siguiendo el arco argumental de la invasión de Vishnia. Creo que no tiene tanta calidad como los anteriores.
    Juzgadlo vosotros mismos.

    Los planes de Ekaterina en el desarrollo de su nueva arma secreta iban viento en popa.
    El doctor Shorobiensky seguía con el programa de cría de shurales tal y como había dispuesto la zarina. Las primeras pruebas en laboratorio fueron un éxito: los shurales testados lograron despedazar varias vacas en cuestión de segundos. Para sorpresa del propio científico, los shurales podían regenerar sus heridas más rápidamente si se alimentaban con la carne de sus presas. El único problema era el control de las criaturas. Algunas de ellas, en su frenesí destructivo, atacaron a trabajadores del hospital. Una de ellas incluso consiguió escapar y salir a los jardines de la institución, donde tuvo que ser abatida con varios disparos de morteros de mano. Las pequeñas descargas eléctricas generadas por un bastón eléctrico parecían una solución factible: los shurales se retraían si se les aplicaba este procedimiento. Sin embargo, en el fragor de la batalla sería algo más difícil controlarlas. Los científicos de la Horda Polar diseñaron una coraza para proteger a aquellos soldados cuya tarea sería controlar a las criaturas. El problema era ese: encontrar voluntarios entre las filas del ejército para que adoptaran el papel de “cuidadores”.
    Es por eso que Ekaterina decidió realizar un viaje hacia la base militar del lago Priast, al este de la capital de la Horda Polar, para reclutar algunos voluntarios.

    En el dirigible viajaban su excelencia, el primer ministro Baturyn, el doctor Shorobiensky y en las bodegas, encerrada en una jaula de seguridad diseñada para tal ocasión, una de las criaturas.
    El viaje duró un día de duración, por lo que pronto llegaron al lugar. La base de Priast fue construida por el zar Aleksis. En ella podían vivir centenares de soldados con sus familias.
    La importancia de esta residía en que era el cuartel general del ejército de la Horda Polar, liderado por el carismático mariscal Bogdan Tachenko. Veterano de cientos de batallas, miembro de la aguerrida etnia de los kozaks, Tachenko entró en el ejército el mismo año que lo hizo el padre de Ekaterina. Los dos hombres se hicieron grandes amigos, por encima de las diferencias sociales entre ellos: Tachenko provenía de una familia kozak muy humilde mientras que Alexis, bueno, Alexis era el zarevich, el heredero al trono de la Horda Polar. Escalaron puestos juntos, lucharon codo con codo. Cuando Alexis fue coronado, agradeció a Tachenko su amistad y su apoyo ofreciéndole el cargo de mariscal. Las puertas del Palacio Helado estaban abiertas para este hombre como si fuera un miembro más de la familia real. Raro es no encontrarlo en algunas fotos familiares, con su rostro marcado por las cicatrices del combate y su mostacho al más puro estilo kozak. Cuando Ekaterina nació, el zar encomendó a Tachenko no solo la educación de la niña en cuestiones militares sino también que la cuidara si algún día le pasaba algo. Como buen kozak, Tachenko dio su palabra. Cuando Alexis murió apagando la revuelta de igualitaristas de la región de Korms, cuando Ekaterina tenía quince años, Tachenko protegió el cadáver del zar para que no fuera despedazado por la multitud local. Gracias a su esfuerzo, la revuelta fue apagada y el cuerpo llegó sano y salvo a la capital. Hasta su mayoría de edad, Ekaterina encontró en aquel hombre un apoyo moral que le ayudó a prepararse para su coronación. Para la zarina, el mariscal no es solo el líder de sus ejércitos. Es algo más. Es como aquel tío afable que te visita los fines de semana para comer en casa y para pasar la tarde contando fascinantes historias sobre las batallas donde estuvo y jugando al ajedrez. De hecho, es la única persona en toda la Horda Polar a la que Ekaterina permite llevarle la contraria.
    Por supuesto, Baturyn hizo saber al joven científico esta peculiar relación.
    -Siempre tratará al mariscal como si fuera un familiar, así que no se sorprenda, ¿entendido?- dijo el primer ministro.
    -Eh... Sí- respondió Mikhail, tan nervioso como siempre.

    El dirigible se posó con suma facilidad en una de las plataformas de aterrizaje de la base.
    Al salir los ocupantes del vehículo aéreo de su interior, se encontraron con un estruendoso espectáculo: cientos de soldados en perfecta formación saludaron a Ekaterina cuando esta comenzó a bajar la alfombrada escalinata, mientras que la banda de música militar de la base tocaba el himno de la Horda Polar, la “Marcha de las Nieves”.
    Al final de la alfombra se encontraron con un hombre vestido con el traje de gala de mariscal.
    Era bajito pero de constitución fuerte, calvo y un gran mostacho colgaba de ambos lados de su boca. Su cara era un reflejo de los estragos de la guerra: no había ni un solo recoveco donde no hubiera una cicatriz. El mariscal Bogdan Tachenko saludó a Ekaterina con el saludo militar, seguido por un efusivo abrazo. El ayuda de campo del general, Pyotr Prokofiev saludó a la zarina tan solo con el saludo militar.
    -Te estábamos esperando, pequeñaja- dijo el mariscal- Cuando leí el telegrama me quedé pensando a que te referías con la frase “tengo la ruina de Alexandra”.
    -Sabes que me encantan los juegos de palabras, Tachenko- dijo Ekaterina, con una afable sonrisa en los labios.
    -Ya lo sé pero soy un hombre de acción, no de libros- el militar se dirigió hacia el primer ministro- ¿Qué hay, Baturyn? La pequeñaja sigue manteniéndote despierto hasta la madrugada con sus órdenes, ¿eh?
    -Es mi trabajo, mariscal- dijo Baturyn con cierto desprecio hacia Tachenko. Los dos no se llevaban muy bien.
    Mikhail estaba bastante nervioso, como de costumbre, y más al ver como el mariscal trataba a la zarina como si fuera su sobrina o su nieta, sabiendo que cualquiera que había intentado eso antes sin su permiso estaba pasando una larga temporada en Yokutva. El mariscal volvió su vista hacia el colosal científico.
    -Bueno, ¿quién es el patas largas este, pequeñaja?- le preguntó a Ekaterina.
    -Es el doctor Mikhail Shorobiensky- contestó la zarina- Él es quien ha hecho posible lo que te tengo que enseñar. ¡Vamos, doctor! ¡Salude al mariscal!
    -Eh... Sí... Sí, su... su excelencia- Mikhail ofreció su temblorosa mano al militar- Mi... Mikhail Shorobiensky, doc... doctor en bi... biología, se... señor. En... encantado de co... conocerle.
    Tachenko estrechó con fuerza la mano del científico: “Bogdan Tachenko, mariscal de los ejércitos de la Horda Polar. ¡Vamos, chaval! No tengas miedo. No muerdo”. Mientras que el mariscal estrechaba su mano, Mikhail pensó que todos los huesos de esta acabarían hechos puré: la fuerza de Tachenko era descomunal. Después de la muestra de afecto, el científico retiró su dolorida mano.
    -Bueno, pequeñaja. ¿Cuál es la ruina de esa imperial almidonada de Alexandra?- preguntó el mariscal a Ekaterina.
    -Ahora mismo la están bajando del dirigible- Ekaterina señaló a un grupo de operarios bajando una enorme caja de metal. En los lados había pegado un cartel que decía: “¡PELIGRO! ¡NO ABRIR SI NO ES BAJO ESTRICTAS MEDIDAS DE SEGURIDAD!”
    -Hmmmm...- Tachenko se atusó los bigotes- No entiendo que puede ser. En fin. ¡Prokofiev!
    -¿Sí, señor?- contestó el ayuda de campo.
    -Que envíen la caja al hangar número 12.
    -¡Sí, señor!- Prokofiev hizo el saludo militar y se dirigió hacia los operarios para darles instrucciones.
    -Bien- siguió el mariscal- Vamos a ver que sorpresa me ha preparado el patas largas.
    -Tranquilo,- dijo Ekaterina- no te defraudará.

    -Bien, ¿se puede saber de qué van disfrazados estos tipos?- eso es lo que dijo el mariscal al ver que los operarios se habían puesto las corazas de protección- ¿Y por qué empuñan esos bastones eléctricos?
    En el interior del hangar solo se encontraban Tachenko, su ayuda de campo, Ekaterina, Baturyn, Shorobiensky, los operarios y la enorme caja de metal.
    -Tachenko, trae a tus mejores hombres a mi presencia- dijo Ekaterina.
    -Como quieras, pequeñaja. ¡Prokofiev!
    -¡Sí, señor!- el ayuda de campo salió del recinto.
    Pasaron varios minutos. Mientras esperaba, Tachenko sacó su pipa del bolsillo y un sobrecito con un poco de tabaco picado. Tras verter parte del contenido del sobre en la cazoleta, sacó de su otro bolsillo una caja de cerillas. Encendió una frotándola contra la suela de su bota izquierda, la llevó a la pipa y la apagó agitándola. Dio una calada antes de hablar.
    -¿Qué pretendes, pequeñaja? ¿Qué hay ahí dentro?
    -Contémplalo tú mismo- Ekaterina dio una orden con la mano y los operarios comenzaron a retirar con sumo cuidado las planchas de metal que rodeaban la caja. Tras estas, se encontraba una jaula y en su interior, un shurale. Tachenko ni se inmutó al ver a la criatura.
    -¿Bien?- preguntó Ekaterina- ¿Qué te parece?
    El mariscal dio una profunda calada a su pipa antes de hablar: “¿Sinceramente?”
    -Sí. ¿Qué te parece?
    Tachenko se giró hacia Shorobiensky: “¿Lo has hecho tú, patas largas?”
    -Sí... Sí, señor- contestó el científico.
    Tachenko volvió a dirigirse a la zarina: “Creo que a la Guardabosques no le haría mucha gracia que le quitásemos el trabajo de crear nuevas criaturas”.
    -¡Oh, Tachenko! Tú y tu miedo a la ira de los dioses- dijo Ekaterina.
    -Mira, pequeñaja, un kozak solo le tiene miedo a los dioses y, créeme, esta cosa no sería de su agrado.
    -Los dioses deben saber que la ciencia avanza- esto lo dijo Shorobiensky- El shurale es el arma definitiva. Un ser creado solo para matar.
    Tachenko miró al joven y a la siniestra sonrisa que se había dibujado en su cara al hablar de su creación: “¿Ahora no tartamudeas, patas largas?”
    Los ojos del científico se iluminaron: “¿Cómo osa hablarme así?”
    -¡Eh! ¡Tranquilo! Estás hablando con el mariscal de los ejércitos de la Horda Polar. Sube un poco más ese tono y sabrás lo que es “un ser creado solo para matar”- Tachenko estaba bastante molesto con la actitud del joven. Sin embargo, Baturyn rió por lo bajo al ver como Shorobiensky hacía frente al mariscal. La confrontación no duró mucho ya que el científico volvió a su estado normal, asustado por la amenaza del kozak. Creedme, nadie en su sano juicio haría enfadar a un kozak.
    -Eh... Yo... Esto... Disculpe. No... No quería ofenderle, se... señor.
    -¡Bien! Así me gusta, respetando a tus mayores- dijo el mariscal.

    Prokofiev volvió con un nutrido grupo de soldados, unos cincuenta.
    Tanto el ayuda de campo como los hombres que lo acompañaran se quedaron de piedra al ver a la horrible criatura en el interior de la jaula.
    -¡A... Atención!- gritó Prokofiev, sorprendido por la visión de aquel espécimen- ¡Firmes! ¡Ar!
    Aún a pesar de la conmoción que supuso la presencia del shurale en la sala, los soldados se cuadraron rápidamente.
    Tachenko dio una calada a su pipa y comenzó a hablar.
    -¡Soldados! Sí, ya sé que estáis pensando: “¿Qué demonios es esa cosa de la jaula?”. Bien. Esa cosa, creada por el doctor Mikhail Shorobiensky aquí presente,- Tachenko señaló al científico con la boquilla de la pipa. El joven se puso más nervioso si cabe al ver que toda la multitud le miraba- es el nuevo arma que traerá la victoria a nuestros ejércitos. Nuestra zarina está buscando a los hombres más aguerridos de todo el imperio para poder controlar a estos “shurales” en el campo de batalla. ¡No os preocupéis!- Tachenko hizo una señal a uno de los operarios para que se acercara- Iréis vestidos con esta armadura que os proporcionara la protección necesaria en caso de que estos seres se vuelvan contra vosotros. Además, estos bastones eléctricos os ayudarán a calmar a esas bestias. Así que, soldados, ¿quién de vosotros se ofrece como voluntario?
    El silencio invadió el interior del hangar. Unos pocos soldados levantaron la mano sin pensárselo dos veces, otros lo hicieron lentamente. El resto no dio ningún tipo de respuesta.
    -Tan solo doce- dijo Tachenko.
    Ekaterina dio un paso al frente.
    -Muy bien. Aquellos que habéis levantado la mano podéis marcharos. Recibiréis una recompensa por vuestro valor- dijo la zarina. Los voluntarios, extrañados, salieron del hangar sin decir nada. Tras lo cual, Ekaterina se dirigió hacia el resto.
    -¡Muy bien, escoria!- gritó- ¿Así que no queréis servir a vuestra patria, verdad? ¡Cobardes! ¡Sois un atajo de cobardes! ¿Por qué entrasteis en el ejército? ¿Por el sueldo? ¡Imbéciles! ¡No os merecéis ni un solo oso de plata! No solo tenéis la desfachatez de desobedecer a vuestro mariscal sino que también desobedecéis a vuestra zarina ¡A mí! ¡Traidores! ¡Sois unos traidores! ¡Todos! ¡Tachenko!
    -¿Sí, su excelencia?
    -¡Ellos serán los voluntarios para conducir a los shurales en el campo de batalla! ¡No se les ofrecerá ningún tipo de sueldo o de compensación hasta que vea que son dignos de ello!
    -¡Sí, su excelencia!
    -¡Marchaos! ¡Fuera de mi vista!- los “voluntarios” salieron del hangar en silencio, con el terror en sus caras.
    -Lo ves, Tachenko- dijo Ekaterina- No fue tan difícil encontrar a los hombres adecuados.
    -Hmmmm...- dijo Tachenko- Solo la guerra nos dirá si fue una buena idea crear semejante ser, pequeñaja.
    -Tranquilo, Tachenko- dijo Ekaterina, con una sonrisa en los labios- Pronto habrá una.


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  • Praenomen, nomen y cognomen./

    Escrito por Platov el 31/01/2013
    ¡Hola, chicos!
    Un post rapidito para compartir con vosotros una cosa.

    Ted's Roman Name Generator

    ¿Qué chorrisandez es esa?
    Simplemente, es un generador de nombres romanos. Ponéis vuestro nombre y vuestro primer apellido y descubriréis como os llamaríais si fuerais ciudadanos de pleno derecho de la República. O del Imperio, a mí me da igual.
    Sí, los genera al azar pero creo que es una buena herramienta por si estáis interesados en escribir algún relato o guionizar un cómic ambientado en la Antigua Roma o en un mundo de fantasía con reminiscencias romanas.

    Tranquilos, en el próximo post disfrutaréis de una nueva aventura de Ekaterina. ¡Nos vemos!
  • ¡Revolución!: un relato escrito por Vilem Landerer./

    Escrito por Platov el 26/01/2013
    ¡Saludos a todos!
    Es increible la aceptación que están teniendo los relatos sobre Ekaterina que he escrito.
    No sé si es que me estáis haciendo la pelota y no tenéis valor para decirme lo mal que escribo o que realmente os gustan.

    Por eso, os quiero dar las gracias.
    Gracias por vuestros comentarios, apoyo, sugerencias, críticas y fanarts.
    Y todo esto viene a colación porque Vilem_Landerer, gran colega que tengo en Subcultura y gran escritor, ha escrito este relato protagonizado por la emperatriz que todos queremos (si no la apreciamos, nos mandará fusilar XD).
    Aquí tenéis el relato de Vilem, titulado "¡Revolución!". ¡Muchísimas gracias, compañero!

    La plaza del Palacio Helado hervía de excitación. De violenta excitación. Una docena de guardias del Oso, con sus grandes barbas y bigotazos y sus ushanka de pelo de oso, se apelotonaban alrededor de aquella figura delgada y pequeña que blandía el sable de su padre e increpaba brutalmente al gentío que los rodeaba. Más de un centenar de personas rodeaban a los 13 que se defendían contra la puerta, encima de los cadáveres de enemigos y compañeros, muertos en los minutos previos. La Guardia del Oso había tenido que improvisar una defensa alrededor de Ekaterina, pues no sólo el palacio, sino la capital entera se había rebelado y después de horas de limpieza dentro del mismo, los revolucionarios del Igualitarismo habían conseguido penetrar las puertas del patio. La Emperatriz, en lugar de huir, había empuñado su sable y llevaba toda la mañana al frente de aquella lucha desesperada contra un enemigo que los superaban y mucho, en número. La habían herido de un mosquetazo y se mantenía erguida pese a ello, con un trozo de manga de la casaca de uno de sus guardias, que se la había arrancado nada más verla herida. A su alrededor luchaban con denuedo, aunque ya daban muestras de fatiga y sus enemigos más cercanos tenían una evidente faz de terror. Algunos ya no se acercaban y los fusiles comenzaron a aparecer entre las primeras líneas.
    –¡Perros! –gritó de pronto feroz, Ekaterina–. ¡De esta no os librareis tan fácilmente! ¡Vuestras cabezas adornarán mi palacio durante generaciones!
    Se prepararon para disparar, sin acercarse demasiado a la masa humana erizada de sables y medias picas, que ya había agotado municiones y se preparaba para recibir la descarga.
    –¡Mi guardia! –siguió la emperatriz, con la certeza de que aquellos eran sus últimos momentos y no iba a dejar de presentar batalla–. ¡Cubríos con los muertos! ¡Usadlos de parapeto!
    La Guardia se giró. Parte de su consigna extraoficial es que no se cubrían, ni retrocedían. Pero allá estaba ella, menuda y herida, el sable de su padre muerto en la mano, gritando órdenes e insultos por igual, sin descomponerse. Alguno recordó la muerte del progenitor y alguno sintió ternura hacia la cruel Ekaterina, así que con ánimos renovados, se agacharon, se echaron los muertos por encima y recibieron las primeras descargas con resignación. A los sublevados les debían faltar municiones también, pues entre una y otra pasaban varios minutos, mientras buscaban pólvora para recargar los fusiles.
    –¡Traed más balas! –gritó uno de los rebeldes, hacia su retaguardia–. ¡Más cartuchos, más pólvora!
    Ekaterina no se pudo contener. Una cosa era el enorme enfado del hecho de que se hubieran levantado contra ella. Pero así, de esa manera, con tan poca previsión, le nublaba el juicio.
    –¿¡¡Más balas!!? –gritó y se la pudo escuchar en toda la capital–. ¿¡¡Acaso creéis que esto es la caza del cerdo negro de Zaranamov!!? ¡¡Estáis asaltando el Palacio Helado esperando que lo entregaría!! ¿¡¡Por quién demonios me tomáis!!?

    Se quedaron paralizados por el estupor. Aquello no estaba saliendo cómo habían planeado. La mayoría pensaba que la fuerza de la unidad y la fraternidad derrotaría a los imperialistas. No se habían esperado que la Guardia del Oso fuera una piedra tan dura. Y la propia emperatriz no se quedaba atrás. Pensaban que acabaría de forma similar a la rebelión que acabó con su padre, pero que ahora no habría una cabeza visible de gobierno. Creían muchas cosas.
    El silencio se había hecho en la plaza. Nadie se atrevía a toser y sólo se escuchaba la respiración furiosa y agitada de Ekaterina, que fue creciendo en magnitud, hasta que todos creyeron que se transformaría de un momento en otro en el dragón que temían que fuera y los devoraría.
    –¡Vamos hermanos, terminemos con ella –dijo desde atrás, tratando de dar algo de valor–, antes de que se organicen de nuevo!
    Se envalentonaron de nuevo, sólo eran doce hombres y una muchacha. Eran veinte veces ellos, no había nada que temer. Y con esa premisa, se lanzaron de nuevo.
    –¡Cerrad fila, mi Guardia! –gritó de nuevo, al ver que se les echaban encima otra vez–. ¡No olvidaré esto! ¡Ekaterina no olvida!
    Los veteranos guardias se apretaron de nuevo y combatieron recio. El rumor de la respiración de la emperatriz seguía creciendo. Hasta el punto de que se dieron cuenta de que no era respiración, sino un motor. Algo motorizado se acercaba por la avenida, de la que comenzaban a llegar relinchos y voces airadas. Un cañón de asalto avanzaba por el centro de la vía, flanqueado por dos carros de combate, a cuyos costados se abría una enorme cantidad de kozaks, que ya llevaban sus sables desenvainados que centelleaban al sol del atardecer. Se abrían paso entre la muchedumbre que rodeaba y llenaba la plaza del palacio, sin frenar ante nadie, dispersando a la población.
    –¡Preparados para abrir fuego! –gritó el comandante dentro de la bestia de acero, mientras el artillero afinaba puntería, con el cañón cargado con carga doble de metralla–. ¡A mi orden! ¡Fuego!
    El corazón del monstruo vibró brutalmente por la descarga. El enorme cañón retrocedió un metro y frenó con terrible estrépito, hasta el punto de que el vehículo ralentizó su marcha.
    Medio centenar de personas cayeron al suelo, muertas o heridas por las pelotas de plomo en el aire. Ekaterina sintió que la deflagración la golpeaba y un calor de satisfacción le recorrió el torso. Cuando los tanques abrieron fuego a su vez y los kozaks alzaron sus sables y picaron espuelas, los rebeldes flaquearon visiblemente. La emperatriz vio la duda en sus ojos y supo que era el momento.
    –¡Vamos mi Guardia! ¡A por ellos! –se levantó ella, alzando el sable ensangrentado, conteniendo la mueca de dolor–. ¡Hay que apretar! ¡Seguidme!
    Los del Oso se levantaron. Muchos de ellos le triplicaban la edad. Y ninguno se iba a quedar atrás. Se prepararon, mientras Ekaterina ayudaba al más anciano de todos a levantarse, pues era de los más heridos y había cubierto a la emperatriz durante toda la batalla. Ella lo agarró del costado y lo mantuvo en pie.
    –¡A ellos! ¡A ellos! –repitió, tomando aire–. ¡¡A ellos!!
    Se lanzó hacia adelante, con el anciano a su izquierda parando y dando tajos y se vió a ella misma, en medio de la multitud, cortando cómo si fuera lo único que pudiera hacer.
    Los rebeldes entraron en pánico tras semejante muestra de ferocidad. Los guardias mataban a cualquiera que se acercara y no dejaban de moverse hacia adelante, cubriendo a sus compañeros, con Ekaterina en el centro, cargando con la ayuda de otro más al más veterano de ellos. Las cabezas se abrían cómo melones, horrendas brechas se aparecían en torsos y los miembros quedaban inútiles. La masa se movió hacia la puerta, por la que entraba el enorme cañón de asalto, que no frenó, sino que aplastó a los que cogió por medio, convirtiéndolos en pulpa sanguinolenta. Casi inmediatamente el gentío se echó al suelo, soltando armas y bagajes, pues tras el animal de acero cargaban los kozaks, sables en alto.
    –¡No! –gritó Ekaterina, voceando ronca, pero enérgica–. ¡Los quiero vivos!

    El mundo se enteró un día después de lo ocurrido en el Horda Polar. Una revolución a gran escala, violenta y de carácter igualitarista había intentado deponer a la actual emperatriz. Sin éxito. Imágenes de ahorcamientos se podían ver en todas las salas de filmes una semana más, así cómo escenas grabadas por la propia propaganda imperial, mostrando escenas de Ekaterina firmando papeles, herida pero con fuerza, así cómo colgando medallas en el pecho a 11 guardias del Oso y depositando una doceava en un ataúd adornado con la bandera nacional. El propio mensaje de Ekaterina, fue emitido por radio casi dos semanas después, cuando concluyeron las investigaciones de sus servicios de espionaje, que habían salido malparados tras la súbita revolución, pues a muchos los habían atrapado.

    -No puedo decir que no me haya sorprendido el intento de levantamiento. No me lo esperaba y desde luego, no imaginé que su germen vendría del extranjero. Un grupo de espías, que ya han sido ajusticiados en su totalidad, instigaron, organizaron y armaron; muy pobremente, a los golpistas. Creyeron que no necesitaban de más, pues me eliminarían con facilidad, pero no pensaron que soy hija de mi padre y con su mismo sable, el mismo que usó la última vez que corrió a sofocar un levantamiento. ¡Soy Ekaterina Fyodora Zolnerowich, hija de Alexis Fyodor Zolnerowich! ¡No soy una cualquiera y a mí, no se me vence por la espada! Pero es evidente que el Imperio de su Majestad en vista de que no puede derrotar a Horda Polar en la honrada guerra, trata de hacerlo mediante actos subversivos, azuzando a mi propio pueblo en mi contra. Los detenidos han sido condenados a trabajos forzados, pues no creo que su ejecución sea lo que merecen, ya que al fin y al cabo fueron otros los conspiradores y ellos tan sólo las marionetas. Espero que mi magnanimidad convenza a mi gente de que trabajar por nuestro bien común es mucho mejor que conspirar con agentes enemigos, que no dudarán en dejar abandonados a sus aliados aquí, con tal de salvar el pellejo.-

    El discurso caló muy hondo en Horda Polar. Todos sabían de la feroz resistencia en el palacio y de que la propia Ekaterina había peleado mano a mano con sus guardias. Nadie se atrevería a levantarse de nuevo contra ella, al menos no en tiempo de paz. Nadie, pues a pesar de su relativa indulgencia con los vivos, los muertos seguían observando al pueblo desde las estacas donde habían clavado las cabezas de los insurrectos fallecidos. Nadie olvidaría aquello y a la Emperatriz se le daba muy bien que nadie olvidara.


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  • El rey de Prusia y el pandur./

    Escrito por Platov el 20/01/2013
    ¡Hola, amantes de la historia!

    ¿Cómo lo lleváis? Me encanta escribir en las románticas tardes de domingo, así que he pensado que sería una buena idea escribir un post sobre alguna curiosidad histórica. Esta vez, os vais a reír con algo que paso hace mucho tiempo. Seguid leyendo.

    1758.
    Hace dos años que comenzó la Guerra de los Siete Años.
    Los austriacos, deseosos de recuperar la región de Silesia perdida tras su Guerra de Sucesión en favor de los prusianos, no tuvieron en cuenta que se enfrentaban a un reino donde cada hombre había nacido para la guerra. El "ejército con un estado", como algunos lo denominan, marchaba sin ningún tipo de oposición hacia Austria gracias al liderazgo de su rey, Federico II.

    Frederick_II_of_Prussia_Coloured_drawing.png

    No hace falta decir mucho sobre este hombre.
    Bueno, para los que no lo conozcáis deciros que está considerado como una de las mentes tácticas más celebradas de la historia. Federico sabía siempre que hacer en el campo de batalla, como buen prusiano que se preciase. Además, su mente no solo estaba abocada a la guerra. Era también un buen músico y un gran filósofo. Amigo de Voltaire, Federico fue el autor de "El Antipríncipe" o "Anitmaquiavelo", un tratado en el cual desmontaba todas las tesis sobre el gobierno de una nación ideadas por el escritor florentino.

    Siguiendo con nuestra historia, nos encontramos a Federico guiando a sus ejércitos en persona por la región de Moravia, en la actual República Checa. Esta región pertenecía al imperio de los Habsburgo en esta época. Mientras que nuestro protagonista cabalgaba a la cabeza de su ejército por un camino, a lo lejos divisó algo que le llamó la atención: detrás de una cerca que delimitaba el camino, había un hombre apostado detrás de un árbol. Federico se quedó extrañado y decidió avanzar hacia donde estaba el hombre. Al acercarse, pudo ver al hombre apuntándole con un mosquete. Resultaba ser un pandur, un tipo de infantería ligera de origen croata al servicio del Imperio Austrohúngaro. Federico, al ver que el hombre no abría fuego, se encaró y le dijo: "¡Tú! ¡Tú! ¡Sí, tú! Espero que no te quede pólvora en la cazoleta". Acto seguido, el rey de Prusia dio media vuelta. El pandur, avergonzado, bajó el arma y dejó que Federico se marchase.

    Fede+y+el+pandur.jpg

    Es una anécdota muy curiosa, ¿no os parece?
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  • Esa espantosa portada./

    Escrito por Platov el 14/01/2013
    ¡Hola, gentes!
    Hoy os voy enseñar algo espantoso. Terrorífico, si lo queréis llamarlo así.
    Ayer, hablando con Soturisi por el chat de Facebook, le enseñé algo que me costó trabajo hacer pero que, si os digo la verdad, deja mucho que desear.
    Como recordaréis de un post que escribí hace bastante tiempo en Subcultura sobre las Guerras Husitas, escribí una novela para un trabajo de clase ambientada en este conflicto titulada "El Ganso y el Cáliz". 24 páginas (el escaso tiempo que teníamos para escribirla hizo que tuviera que saltarme varias cosas) de batallas, dilemas religiosos y clichés de películas de aventuras.

    Bien, para rizar el rizo, dibujé una portada para presentar este escrito. He aquí el desaguisado:

    PortadaGC.png
    ¡¡¡AAAAAAAARGH!!! ¡MIS OJOS! ¡MIS OJOS!

    Sí, amigos míos. Lo que estáis viendo es la cutre-portada que hice para la novela.
    ¿Qué pasos seguí para hacer este atentado contra el buen gusto? Primero, dibujé en un folio lo que quería representar. Segundo, rotulé el dibujo con un rotulador Carioca de los gordos (sí, habeis leido bien). Esceneé y coloreé usando Fireworks.
    La inspiración me vino de las ilustraciones sobre los soldados husitas que Angus McBride hizo para el libro de Osprey que usé para documentarme.

    Como veis, el resultado deja mucho que desear.
    No solo por el color sino también por varios elementos. Las hastas de las banderas son uno de ellos. La propias banderas también, que no dan sensación de estar ondeando en el aire. Esa especie de cerca negra es en realidad un ejército visto por detrás (sí, es eso). Creo que lo único que me salió bien fue el pelo del personaje y los dibujos que aparecen en las banderas (el ganso y el cáliz).

    Bueno, solo quería compartir esto con vosotros.
  • La emperatriz y el científico./

    Escrito por Platov el 10/01/2013
    Bueno, aquí tenéis otro relato protagonizado por Ekaterina.
    Debido al éxito que está teniendo, he pensado que sería mejor daros a conocer algo más el mundo de Verne pero antes, otra aventura de nuestra soberana favorita donde conceréis a otros personajes de su peculiar universo (y alguna cosa que os llamará la atención).

    La tensión en la Sala de Espías del Palacio Helado se podía cortar con un cuchillo aquella mañana helada de primiembre. No era para menos, ya que las noticias llegadas desde el Imperio de Su Majestad en forma de película muda eran preocupantes. Entre los fotogramas del film proyectado se podía ver a unos científicos y militares imperiales probando un nuevo arma: un cañón eléctrico de proporciones colosales, capaz de convertir el campo de batalla en un yermo de un solo disparo.
    Ekaterina miraba con gesto furioso la pantalla. A lado del proyector, de pie, estaba la coronel Nadia Tereshkova, jefa del Servicio de Inteligencia de la Horda Polar. Terroríficas historias cuentan sobre esta mujer de unos treinta y tantos años. Dicen que ha matado a bebés con sus propias manos o que asesinó a toda la familia de un disidente solo para que contara sus planes.
    -¿Cómo ha conseguido esa estúpida de Alexandra esa tecnología?- preguntó su Excelencia.
    -Gracias al tratado de entente cordial firmado con Losange, excelencia- contestó Tereshkova con voz suave, algo que llamaba la atención si pensamos en la cantidad de actos de crueldad protagonizados por esta mujer- Abeille intercambió su tecnología eléctrica a cambio de varios privilegios comerciales con las colonias imperiales.
    -¡Argh! Esto complica las cosas- Ekaterina se levantó de la silla y se encaminó hacia Nadia. La mujer miraba a su excelencia con su único ojo sano- Tenemos que golpearles antes de que desplieguen esa monstruosidad en el campo de batalla.
    -¿Quiere que lleve acabo una operación para sabotear el arma?- preguntó la coronel con una tranquilidad escalofriante.
    -No, no. Combatiremos el fuego con fuego. Crearemos un arma que consiga poner en fuga a los ejércitos imperiales.
    -¿Algo en especial?
    -No sé. Ya se me ocurrirá algo pero tengo una misión para usted, Tereshkova: quiero que encuentre al mayor genio que habite en nuestro imperio. Busque por todas las universidades del país...
    -Solo tenemos una universidad en nuestro país, su excelencia.
    -¡No me interrumpa! Ciudades, pueblos, aldeas, donde sea pero que sea una mente prodigiosa. Él será quien consiga que Alexandra se arrodille ante mí.
    -Como guste, su excelencia- Tereshkova se cuadró, hizo el saludo militar y salió de la habitación.
    Ekaterina gritó: “¡Tiene dos días, Tereshkova!”
    Su majestad se quedó mirando a la pantalla donde la película se quedó parada en el momento en el que los científicos imperiales celebraban el buen resultado del experimento.
    -Pronto no tendréis nada que celebrar, imbéciles- Ekaterina salió de la sala como una exhalación.

    Dos días pasaron.
    Alguien llamó a la puerta del despacho de la emperatriz.
    -¡Entre!- gritó Ekaterina.
    La coronel Tereshkova entró. Es algo curioso pero a pesar de las botas de caña alta que calzaba, no hacía ningún ruido al andar.
    -¡Ah, Tereshkova! ¿Lo ha encontrado?- preguntó la joven soberana entusiasmada como un niño cuando recibe sus regalos de cumpleaños.
    -Sí, su Excelencia. De hecho, está ahora mismo aquí. Ha sido una misión bastante difícil.
    -No me importa su vida, Tereshkova. Hágalo pasar.
    -Como ordene- Tereshkova abrió un poco la puerta del despacho he hizo un gesto para que alguien pasase.
    Ekaterina, sentada en la mesa de su escritorio, se quedó con la boca abierta al ver a la persona que acababa de entrar. Decir que era alto era quedarse corto. Su estatura era tal que el joven tuvo que agacharse al entrar para no golpearse la frente con el dintel de la puerta. Delgado pero robusto, su cabello rubio presentaba dos marcadas entradas que denotaban una alopecia galopante pero parecía no importarle ya que no intentaba ocultarlas con ningún tipo de sombrero. Detrás de unas redondas gafas de alambre se encontraban dos ojos verdes. En su mano derecha llevaba un portafolios que sujetaba con firmeza aunque, en general, parecía estar bastante nervioso. Ekaterina se repuso ante la visión de semejante titán, carraspeo, se puso de pie y alzó su cabeza para ver al joven hasta que su cuello no dio para más.
    -Eh... ¿Así que este es nuestro hombre? Y bien, ¿tendrás un nombre, no?
    -Sss... Sí, su... su ex... excelencia. A... Antes de nada, qui... quiero decirle que... que es un honor que me haya seleccionado y...
    -Te he pedido un nombre, no un montón de balbuceos sin sentido- dijo Ekaterina.
    -Sss... Sí. Mi... mi nombre es Mikhail... Mikhail Shoroviensky- a pesar de su imponente tamaño, el joven temblaba como un flan.
    -¡Ah, bien! ¿Qué edad tienes?
    -Ve... Veintisiete años, su... su excelencia.
    -Eres casi diez años mayor que yo, ¿lo sabías?
    -Sí... Sí, su exce...
    -Bien, vayamos al asunto- interrumpió Ekaterina- Necesito enseñarle a esa mojigata de Alexandra que la Horda Polar está a la vanguardia en cuestiones de tecnología bélica, ¿comprendes?
    El joven asintió, sin poder articular palabra debido a los nervios.
    -Es por eso que estás aquí- prosiguió la zarina- Quiero que tú construyas el nuevo arma que llevará a nuestra gloriosa nación hacia la victoria.
    -¿Co... Construir?- preguntó Mikhail con gesto de no entender nada.
    -¡Sí! ¡Construir!- Ekaterina abrió uno de los cajones del escritorio y sacó un rollo de papel. Lo desplegó ante la mirada del joven. El papel era un plano de lo que parecía un amasijo de cañones sobre unas gigantes ruedas de oruga. Encima del dibujo estaba escrito: “Domador de Leones”. En la esquina inferior izquierda estaba la firma de la zarina- Ves, lo he diseñado yo- dijo, sosteniendo el plano por encima de ella. Era una imagen bastante cómica, como si una niña pequeña le enseñase a su padre el dibujo que hizo el día anterior en la escuela- Estos son cañones AA, por si al imperio se le ocurre mandarnos su armada aérea. Estas ametralladoras convertirán en pulpa a la infantería y a la caballería; y este cañón...
    -Si.. Siento interrumpirla, su excelencia, pe... pero no soy ingeniero- dijo el joven.
    -¿Cómo?- preguntó Ekaterina mientras bajaba el plano. Su rostro estaba pasando de blanco invernal al rojo de la furia contenida.
    -No... No soy ingeniero. Soy biólogo, su... su excelencia.
    Ekaterina miró con rabia hacia la coronel Tereshkova. Volvió a mirar al joven y con una sonrisa y una voz entre la dulzura y el odio dijo: “Perdón. ¿Serías tan amable de salir de mi despacho un momento? Gracias”. El joven asintió nerviosamente, hizo una reverencia con la cabeza y salió de una zancada de la habitación.
    -¡¡¡¿¿¿CÓMO QUE UN BIÓLOGO???!!!- gritó Ekaterina a la jefa del servicio secreto con toda su ira- ¡¡¡DISEÑO EL MEJOR ARMA DEL MUNDO Y ME TRAE UN BIÓLOGO PARA CONSTRUIRLA, TERESHKOVA!!! ¿Cómo va a construir un arma un tipo que solo entiende de animalitos y de plantas, eh, Tereshkova?
    La coronel ni se inmutó. Al contrario, contestó de forma pausada y tranquila: “No especificó qué clase de arma buscaba”.
    -¡Claro! ¡Ahora soy yo la que mete la pata!
    -Si le diera una oportunidad...
    Ekaterina cayó. Respiró hondo: “Está bien. Hágalo pasar de nuevo”.
    Mikhail volvió a entrar. Ekaterina lo miró con gesto arrogante.
    -Y bien, biólogo, ¿qué tienes pensado hacer?
    -Bu... Bueno. Ve... Verá. Es sobre el ca... campo de inves... investigación de mi tésis doc... doctoral, su... su excelencia- el joven abrió el portafolios y sacó un gran tomo que ofreció a Ekaterina. La zarina leyó el título de la portada.
    -”La creación de nuevas formas de vida gracias a la unión de sus células”. 382 páginas. No tengo tiempo para leer. Resúmelo en pocas palabras.
    -Ve... Verá. Creo que combinando los tejidos de dos o varias criaturas y aplicando una serie nutrientes se podría crear una nueva forma de vida que combine las características principales de los especímenes de muestra.
    Ekaterina arqueó una ceja: “¿Crear una abominación de laboratorio?”, preguntó.
    -Bu... bueno, podría decirse así.
    -¡Genial!- exclamó la emperatriz.
    -¿Le... le gusta?
    -Creo que no eres muy bueno detectando el sarcasmo. Me refiero a que todo eso lo puede hacer un científico loco en el sótano de su casa.
    -Pe... pero eso a lo que usted se refiere es... es a partir de partes de criaturas. Yo hablo de solo un tejido. Se... sería como un em... embarazo.
    -Claro que sí. ¿Y quieres que yo engendre a ese ser?
    -Nn... No. Con un tanque de cría de mi invención po... podría hacerlo.
    -Hmmmm... Eso suena más factible- masculló la soberana- Bien, ¿tienes alguna de tus criaturas disponible para que la vea?
    -Es... es que ese es el problema. Nun... nunca he podido llevar a la práctica mi teoría.
    Ekaterina miró con desdén a Mikhail: “¿Estás de broma, no?”
    -No. Es... es cierto.
    -¿Y cómo quieres que invierta en algo que ni sé si va a funcionar?
    -Por favor, su excelencia- dijo Tereshkova- Dele una oportunidad al señor Shoroviensky.
    Ekaterina cerró los ojos y se llevó la mano a la frente mientras pensaba. Al cabo de unos segundos, reaccionó: “Está bien. ¿Qué necesitas para que todo ello funcione?”
    -Bi... Bien- contestó Mikhail- necesito muestras de tejido de cualquier criatura.
    -Bien. Se pueden conseguir del zoo imperial y de los campos de prisioneros. ¡Más!
    -Sí... Y líquido amniótico.
    -¿Qué?- Ekaterina se sosprendió.
    -S... Sí. Es para que la cámara de cría sea igual a un útero y nu... nutra al feto . Se puede conseguir durante el parto, cuando la mujer rompe aguas.
    -Bien. Tereshkova, encárguese de encontrar a mujeres a punto de dar a luz para conseguir todo el líquido amniótico que pueda. Recompense a las familias que colaboren con 500 osos de plata.
    -Sí, su excelencia. Ahora mismo- Tereshkova se despidió con el saludo militar y salió del despacho.
    Ekaterina se acercó al interfono de su despacho: “¡Baturyn!”
    La voz cascada del primer ministro salió del aparato: “¿Sí, su excelencia?”
    -Proporcione un laboratorio en el Hospital del Ejército al señor Mikhail Shoroviensky- dijo la emperatriz.
    -Como ordene, su excelencia- contestó Baturyn.
    Ekaterina volvió a acercarse al joven.
    -¿Cuánto tiempo tardaría en gestarse una de esas criaturas?
    -Bu... bueno. Depende de su complejidad y...
    -¿Cuánto?
    -U... unos cuatro meses, su excelencia.
    -Bien. Tienes cuatro meses para sorprenderme. Podrás pedir lo que quieras para que el experimento sea un éxito.
    -¡Oh! ¡Mu... Muchísimas gracias, su excelencia!- el joven no paraba de hacer reverencias, tantas que Ekaterina tuvo que apartarse para que su cabeza no chocara con la del joven.
    -Pero si me fallas, te reservaré un destino peor que Yokutva.
    -Eh... Sí. No... No le fallaré.
    -Eso espero.

    Los días pasaban y las noticias que llegaban sobre el nuevo arma del imperio no eran muy halagüeñas. El 15 de duomiembre los servicios secretos de la Horda Polar recibieron un informe en el que se aseguraba que el arma en cuestión, llamada en clave “Garra del León”, había sido usada en una batalla contra las fuerzas de fanáticos del Archimago en Sitán. El resultado fue que el ejército de rebelde fue convertido en cenizas en un abrir y cerrar de ojos. Ekaterina se mordía las uñas esperando que concluyeran los experimentos de Shoroviensky.

    Y llegó cuatromiembre y con él, la tan esperada noticia.
    Era de noche. Ekaterina se disponía a ir a sus aposentos para dormir cuando Tereshkova apareció de la nada, algo normal en ella.
    -¡Aaaaaaaah! ¡Tereshkova! ¡No me dé esos sustos!- gritó sobresaltada la zarina.
    -Excelencia, he recibido un mensaje de Shoroviensky- decía la coronel, sin mostrar ningún tipo de emoción en su rostro- Dice que el experimento ha sido un éxito y que espera su visita.
    -¿Sí?- los ojos de Ekterina se iluminaron- ¡Vayamos pues al laboratorio! ¡No hay tiempo que perder!

    El Hospital del Ejército fue construido por el zar Anatoly, abuelo de Ekaterina, para proporcionar un lugar de reposo a aquellos militares que habían sido heridos durante las Guerras de la Abeja. El edificio de tres plantas presentaba una arquitectura bastante cuadriculada, como era normal en la Horda Polar. Estaba lleno de interminables filas de ventanas para aprovechar la luz del sol. La puerta principal estaba rematada por el escudo de la Horda Polar: una estrella de nieve con la cabeza de un oso rugiendo en el centro.
    Ekaterina llegó montada en un faetón a vapor junto con Tereshkova al lugar pasada la medianoche. En la puerta les esperaba Dmitry Khorsov, el director del hospital, el cual mostraba signos de que había sido levantado a la fuerza de un sueño reparador.
    -Su excelencia- dijo mientra bajaba las escaleras de la entrada para saludar a Ekaterina- Es un honor que visite nuestra institución...- Khorsov se quedó a mitad de discurso cuando la zarina pasó por al lado suyo como un vendaval. Tan solo le dijo: “Khorsov, a los laboratorios. ¡Ahora!”. El director se giró y decidió que lo mejor era callar y seguir las órdenes de su excelencia.

    Llegaron a un elevador. Las puertas se abrieron y entraron Ekaterina, Tereshkova y Khorsov. El director sacó un manojo de llaves de su bata de médico y encajó una en una cerradura que había en el panel de mandos la cabina. Giró y, acto seguido, las puertas se cerraron y el habitáculo comenzó a descender.
    -Perdone que le moleste, su excelencia- dijo el director- pero he de hablarle de Shoroviensky.
    -¿Sí?- Ekaterina contestó como si no le importara nada de lo que saliese de la boca del hombre.
    -Verá, es sobre su comportamiento.
    -¿Su comportamiento?
    -Sí. El señor Shoroviensky es un chico bastante tímido y educado, dicho sea de paso, pero cambia radicalmente cuando se encuentra en su laboratorio.
    -¿A qué se refiere con “cambia”, Khorsov?
    -Me refiero a que se vuelve, ¿cómo decirlo?, loco. El otro día tuvimos que sedar a una enfermera que había entrado para llevar material quirúrgico al doctor Shoroviensky. Salió de la habitación con un ataque de nervios, gritando como si hubiera visto algo horrible. Cuando conseguimos tranquilizarla, habló de una horrible criatura en el interior de una cámara de cristal y de que la bata de Shoroviensky estaba cubierta de sangre.
    -¿Algo más, Khorsov?
    -Sí. La enfermera dijo que vio el rostro del doctor. Dice que sonreía.
    -¿Eso es algo malo? Es síntoma de que le gusta su trabajo. Yo también sonrío cuando firmo una orden de ejecución.
    -Pero es que no era una sonrisa normal. La enfermera aseguró que era una sonrisa diabólica, como si el doctor Shoroviensky estuviera poseido.
    -Tal vez sea el poder de la ciencia, Khorsov. Y deje de aburrirme con sus anécdotas.

    El elevador llegó a su destino, frenando suavemente con el suave sonido del vapor saliendo de unas espitas. Las puertas se abrieron y los tres ocupantes de la cabina salieron hacia un pasillo lóbrego, iluminado tan solo por unas pocas lámparas de gas. Avanzaron por el lugar hasta llegar a una puerta de metal con un rótulo: “Laboratorio de Investigación nº 3”. Las tres personas se quedaron de pie ante la puerta. Ekaterina miró a Khorsov.
    -¿A qué espera? ¡Abra la puerta!- ordenó la zarina.
    El director asintió y abrió. La imagen que se encontraron en el interior del laboratorio era bastante espeluznante: probetas, instrumental, hasta el suelo estaba manchado de sangre. En un lado, una gigantesca cápsula de metal, con una abertura en la parte superior accesible con una escalera, estaba cubierta por una mezcla de sangre y líquido amniótico.
    -¡Por todos los dioses!- musitó Khorsov.
    -Vale. Creo que lo que decía su enfermera era verdad- dijo Ekaterina- Muy bien. ¡Shoroviensky! ¿Dónde demonios estas metido?
    -A... aquí, su... su excelencia- Shoroviensky salió de un rincón de la habitación. Estaba cubierto de sangre y arañazos. Al lado suyo, una sabana tapaba algo con forma de cubo.
    -¿Se puede saber que ha pasado? ¡Contesta!- ordenó la zarina.
    -¡Oh! Verá, tuve unos pequeños problemas con el espécimen pero pude solucionarlos a tiempo- contestó el joven. Los presentes se dieron cuenta de algo extraño en él cuando comenzó a hablar del “espécimen”: había dejado de tartamudear. Parecía mostrarse más seguro- ¡Lo sabía! ¡Tenía razón! ¡Mis teorías son ciertas! ¡Lo conseguí! Fue un trabajo duro, casi no lo consigo pero aquí está- Shoroviensky tiró de la sabana para descubrir una jaula. En el interior, se encontraba una gigantesca criatura, de pie sobre sus patas traseras, cubierta de pelo, ojos rojos, dientes afilados y unas garras que podrían destrozar hasta el mejor de los blindajes. Parecía inquieta y respiraba con bastante fuerza. Shoroviensky siguió hablando- He usado tejidos oso, de tigre de las nieves y de humanos. Intentó atacarme cuando lo saqué del tanque de cría pero mire: está vivo. ¡Vivo!- una diabólica sonrisa adornó el rostro del científico en ese momento- Lo llamo “shurale”.
    Ekaterina se quedó mirando a la criatura completamente pasmada mientras que Khorsov intentaba por todos los medios contener unas arcadas. Tereshkova no presentaba ningún tipo de emoción ante la macabra escena. De repente, la criatura se enfureció he intentó sacar sus garras por los barrotes de la jaula. Ekaterina se hizo para atrás mientras que Shoroviensky cogió un bastón eléctrico de una mesa y atacó a la criatura. Esta se replegó ante el chispazo.
    -No... No haga eso- dijo el científico, el cual había vuelto a tartamudear- Mi... mirarle a los ojos le en... enfurece aún más.
    La zarina se quedó ensimismada viendo al “shurale” agazapado en uno de los rincones de la jaula. Tras observar a la criatura durante un momento, fue hacia donde estaba Shoroviensky. Ekaterina cogió al joven de la pechera con fuerza, inclinó su torso para poner su cabeza a su altura y le dio dos sonoros besos, uno en cada mejilla, sin importar que su rostro estaba manchado de sangre.
    -¡Me encanta!- dijo Ekaterina, repleta de felicidad- ¿Puedes tener listo un regimiento de 100 como estos?
    -Sí... sí, su... su excelencia- dijo el científico, completamente sorprendido por la reacción de la emperatriz.
    -¡Bien!- Ekaterina soltó a Mikhail y se giró hacia Tereshkova- ¡Coronel! Habiliten un laboratorio en los sótanos de palacio y proporciones todo el material necesario al doctor Shoroviensky.
    -Como ordene, su excelencia.
    Ekaterina volvió a alzar su cabeza para hablar con el joven.
    -¿Y bien?- dijo- ¿Te interesaría ser barón?
    -¿Ba... barón?- dijo Mikhail, completamente nervioso como de costumbre- ¿Se... se refiere a... a un título no... nobiliario? Bu... bueno, es to... todo un honor pero ten... tendré que...
    -¡Entonces serás barón!- gritó con gran alegría Ekaterina- ¡Ja, ja, ja! ¡Tiembla, Alexandra, tiembla!


    Espero que os haya gustado.
    Si veis algún error, avisadme. Lo he revisado bastante pero creo que se me puede haber pasado algo. Además, todavía tengo que practicar aún más el arte de la escritura.

    Y recordad que podéis seguirme en El Correo del Atamán.
  • Regalaco de Maesesag./

    Escrito por Platov el 08/01/2013
    ¡Hola, gentes!

    Después de pasar estos reyes en Valencia, vuelvo a la carga y esta vez con una sorpresa que me ha alegrado el día o, quizás, el resto de semana.

    Abro Subcultura para ver las notificaciones (¡108!) y me encuentro con un mensaje en el buzón de maesesag, autor de Punto Azul (postapocalipsis, sexticornios y Carl Sagan en un mismo cómic. ¿A qué esperas para leerlo?) y me sale este pedazo regalo de reyes.

    Ekaterina+por+Maesesag.png

    Nuestra emperatriz favorita en toda su gloria. Y con piel de zorro y todo.
    ¡Muchísimas gracias, maesesag!


  • ¡Hasta nunca, 2012!/

    Escrito por Platov el 31/12/2012
    "El Siglo de las Pocas Luces".

    Así es como llamo yo a lo poco que llevamos de siglo XXI.
    Y es que todo lo que ha ocurrido hasta ahora se distancia demasiado de aquel siglo XXI utópico, lleno de prosperidad y avances en el buen camino que nos vendían por televisión. Si nadie lo remedia, vamos encaminados hacia "Blade Runner" más que hacia "Star Trek".

    Pero no hay que perder la esperanza.
    Un nuevo año comienza y, esperemos, que nos traiga algo mejor, como la desparación sin ningún tipo de explicación de la clase política y financiera. XD

    Pues eso, que feliz año 2013.
    Esperemos que la cosa cambie a mejor.
  • ¡Feliz Navidad a todos!/

    Escrito por Platov el 24/12/2012
    Pues eso.

    Espero que disfrutéis de estas fiestas como cosacos.

    Portrait-of-a-laughing-Cossack.jpg

    ¡Nos vemos!
  • Un viaje inesperado./

    Escrito por Platov el 21/12/2012
    ¡Hola, camaradas!
    ¡Ah! Hace tiempo quería criticar alguna película pero no veía la ocasión de hacerlo. Esta situación llegó a su fin el miércoles pasado, por la tarde, cuando fuí a ver "El Hobbit: Un Viaje Inesperado".

    el-hobbit-parte-1-cartel2.jpg

    Me encanta "El Hobbit".
    Me refiero al libro. De todos los escritos por Tolkien es con el que más disfruto e, incluso, me parece mejor que "El Señor de los Anillos". ¿Por qué? Por ese aire a cuento infantil de toda la vida pero que puede ser leído tanto por niños como por adultos.
    Esta fue una de las preguntas que me hice antes de entrar al cine: ¿conseguirá la película mantener ese feeling?

    La respuesta: sí.
    "Un viaje inesperado" mantiene ese aire de cuento de hadas que tanto me gusta. Los personajes, las canciones, la atmósfera de fantasía, todo está intacto en la película para que el espectador que haya leído el libro, y el que no, disfrute con la historia.
    Claro está, Peter Jackson se ha tomado sus licencias. ¿Es eso bueno o malo? En mi opinión, creo que no es malo pero tampoco es bueno.
    Me explicaré mejor: al igual que a la hora de adaptar ESDLA, pasar del papel a la gran pantalla una obra de tal calibre es harto complicado. No se puede contar todo pero tampoco hay que reducirlo todo ya que se correría el riesgo de simplificar la historia. Creo que esta fue una de las razones por las que el señor Jackson decidió partir el libro en tres partes. Sí, será una forma de sacarnos más los cuartos pero, gracias a ello, se ha conseguido contar la mayor parte posible de la historia.
    Los personajes también están bien definidos. Al principio, cuando vi las primeras imágenes de la película, no me gustaba mucho el aspecto de alguno de los personajes como Thorin (creedme, Thorin es mi personaje favorito). Sin embargo, al verlos en movimiento, la cosa mejoró. Cada uno de los enanos tiene su propia personalidad, incluso más marcada que en el propio libro.
    Ver al rey trasgo en pantalla fue una gran alegría: era tal y como me lo imaginaba cuando leía el libro.
    Además, la mayoría de los diálogos son calcados del libro aunque algunos han sido adaptados para la película.

    El-Hobbit-Poster-12-Enanos.jpg

    Pero toda obra de arte es imperfecta.
    "El Hobbit" tiene algunas cosas que, sinceramente, no me gustaron demasiado. A nivel de historia, la presencia de Azog me parece metida con calzador.
    Para el que no lo sepa, este personaje no aparece por ningún sitio en la novela. Si se quiere ver a este rey orco, hay que ir a los apéndices que acompañan a "El Retorno del Rey", donde se explica que este tipo se enfrentó a los enanos por el control de Moria. Creo que Jackson buscaba meter a un villano más dinámico que el propio Smaug, el cual no saldrá hasta las siguientes películas. Me parece un gran error.
    Por cierto, su diseño me recordó al de Gotai del "Heroes V". ¿Coincidencia?

    Gotai_chieftain_orc.jpg

    tumblr_mf7rk4xx0M1qlhszdo1_500.png

    Otro grave error lo encontramos a nivel tecnológico.
    Me estoy refiriendo a eso de rodar la película en 48 fps. Sí, la sensación de movimiento es más fluida y todo eso pero hay momentos de la película en la que por culpa de esta tecnología la imagen se ve algo borrosa, lo que perjudica en demasía la visión de los espectaculares escenarios que pueblan el film.

    En conclusión, "El Hobbit" es una buena película con sus defectos.
    Si se quiere pasar un rato agradable lo mejor es olvidar en parte la historia del libro original y ver el largometraje como la versión de esta épica historia del director.

    Seguidme de manera más fácil en El Correo del Atamán.
  • En el nombre de Occidentia./

    Escrito por Platov el 17/12/2012
    ¡Hola, chicuelos!

    Bienvenidos otra vez a "El Correo del Atamán", el único blog en el que no aparece ninguna ilustración y que, sin embargo, recibe fan arts.

    ¿Por qué digo esto?

    Vereis, Fabián, gran colega mío y culpable de que me aficionase al rol, es un gran dibujante. Ahora está probando con Photoshop y no se le ha ocurrido otra cosa que, sabedor de la existencia de El Orbe, hacer este pequeño fotomontaje:
    Minuteman+Occidentia.jpg
    Un auténtico minuteman de Occidentia dispuesto a reventarle la cabeza a todo aquel que intente invadir su país.

    ¡Muchas gracias, Fabián! ¡Que el espíritu del Patriota Desconocido guíe tus disparos!

  • Rey y León./

    Escrito por Platov el 12/12/2012
    ¡Hola, amantes de la historia!
    Después de este largo paréntesis debido a circunstancias académicas, vamos a darle de lleno otra vez a todo lo relacionado con la historia de la humanidad.
    El tema del post que vais a leer fue sugerido por Bretema. Hoy, vamos a conocer a una de las grandes figuras del siglo XVII: Gustavo Adolfo II de Suecia, el León del Norte.

    Aviso: prohibido leer este post sin esta canción de fondo.

    A inicios del siglo XVII, Suecia no era ni por asomo una gran potencia. Tan solo ocupaba un lugar importante en el norte de Europa gracias a sus contactos con la todopoderosa Liga Hanseática.

    Sin embargo, esta situación cambió cuando el rey Carlos IX murió en 1611. Su hijo, Gustavo Adolfo, heredó la corona sueca a la edad de 16 años, siendo coronado en 1617 al cumplir la mayoría de edad.
    El estado en el que el joven rey había heredado el trono era lamentable: Suecia estaba en una guerra interminable con Polonia debido a que su rey, Segismundo III, también era heredero directo al trono sueco. Además, a los daneses se les había metido entre ceja y ceja reconquistar los antiguos territorios suecos que pertenecieron en el pasado a la corona danesa. Sumadle a eso que el ejército sueco de principios del XVII era el más atrasado de Europa.
    Pero Gustavo demostró ser una persona digna de su cargo. Había sido educado en el arte de la guerra desde pequeñito, lo que le reportó grandes conocimientos a nivel táctico y estratégico. Como dato curioso, también le gustaba la cultura clásica, pudiendo hablar y escribir perfectamente en latín y en griego.
    Lo primero que hizo fue remodelar por completo el anquilosado ejército sueco, tomando el testigo de su padre, el cual intentó iniciar esta reforma. En esta época, el ejército sueco usaba el mismo sistema de tercios que el ejército español. Sin embargo, el paso del tiempo demostró que esta forma de hacer la guerra estaba ya obsoleta. Padre e hijo se fijaron en el sistema holandés de combate, el cual aprovechaba mejor las nuevas tecnologías militares de la época: creación de milicias, tácticas de artillería avanzadas, nuevos tipos de formaciones, etc. Así, cuando Gustavo heredó el trono, envió a sus mejores generales a Holanda para aprender estas nuevas técnicas, así como compró armamento y mercenarios al país de los tulipanes.

    La primera gran prueba para nuestro protagonista fue la guerra contra Polonia.
    No quiero pararme a contar batalla por batalla así que lo haremos rápido. Dejando al lado el hecho de que el rey polaco podía optar a heredar el trono sueco, Gustavo convirtió esta guerra en una lucha entre protestantes y católicos. Aislar a Polonia era fundamental y parecía que la cosa iba a funcionar ya que el nuevo ejército sueco era imparable. Por desgracia, Danzig jamás cayó a manos suecas por lo que la guerra no fue un triunfo aplastante. Lo peor llegó cuando el Sacro Imperio envió tropas para ayudar a las ciudades polacas católicas que habían sido asediadas por los suecos.
    Como veis, esta fue la antesala de la Guerra de los Treinta Años.

    Suecia formaría parte del bando protestante en esta guerra interminable en el año 1628.
    No obstante, Gustavo ya visitó Alemania en 1620 para casarse. Su estancia en este país fue la piedra de toque para sus reformas militares. A su vuelta a Suecia, Gustavo redujo el número de soldados de una compañía a 150 y publicó sus "Artículos de Guerra" para acabar de una vez con la indisciplina que campaba a sus anchas por el ejército sueco.

    Tras las conquistas de los principados alemanes protestantes por parte de los católicos alemanes, Gustavo decidió que ya era hora de darle una lección a los Habsburgo. Se alió con estos principados y con algunos de los enemigos de la corona hispano-alemana en Europa. Pasmáos, pues Suecia recibió ayuda económica en 1629 del mismísimo cardenal Richelieu.

    El 25 de junio de 1630, Gustavo desembarca en Alemania. Cuenta la leyenda que el mismo día en que ocurrió esto las nubes se transformaron en guerreros que luchaban en encarnizadas batallas y que los niños que nacieron en ese momento lo hicieron con graves malformaciones.
    Aunque esto sea más bien producto de la imaginación, no es de extrañar que la llegada de Gustavo a Alemania supuso un gran cambio en la guerra. El avance sueco era imparable.
    Sería en la batalla de Breitenfeld, el 7 de septiembre de 1631, donde Suecia demostraría su nueva capacidad armamentística, aniquilando al ejército católico y abriendo las puertas del país al rey sueco.

    En 1632, Gustavo controlaba todo el curso del Danubio a su paso por Alemania. Estas conquistas imparables fueron las que le dieron el apodo del "León del Norte".
    Sin embargo, Gustavo encontró la horma de su zapato en Albrecht von Wallenstein, el mejor mariscal con el que los ejércitos imperiales podían contar. Nuestro protagonista, como buen estratega, sabía que debía de tomarse a este personaje muy en serio. En la batalla de Nuremberg, Gustavo conoció su primera derrota a manos de este gran militar al no poder acabar con los campamentos que los alemanes habían levantado alrededor de esta ciudad. Para colmo, Wallenstein se las ingenió para cortarle la retirada a los suecos invadiendo a Sajonia, uno de los estados aliados con Gustavo.

    El fin llegaría en la batalla de Lützen, el 22 de junio de 1634.
    Aunque el ejército sueco ganó esta batalla, Gustavo no pudo ver la victoria de sus hombres. El "León del Norte" hacía gala de su epíteto: valiente y decidido, siempre quería estar en primera línea de combate. Otra de sus máximas era que ninguno de sus hombres sería abandonado si él podía ayudarlo. Esa fue su perdición. Viendo que una de sus compañías de infantería estaba demasiado expuesta al enemigo, decidió liderar una carga de caballería para protegerla. Sin embargo, al ir en la punta de la carga, era un blanco demasiado fácil para un buen tirador. Un disparo le atravesó el brazo, otro hirió a su caballo y un tercero le acertó en la espalda, cayendo de su montura y siendo arrastrado por esta unos metros al quedarse uno de sus pies enganchado en un estribo.

    El león había sido cazado pero su rugido siguió oyéndose a lo largo de los siglos.

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  • Sorpresaca agradable./

    Escrito por Platov el 06/12/2012
    Después de una semana de locos, en la que no he tenido ni tiempo para actualizar el blog, me encuentro con esta sorpresa hecha por Migue:

    snap_3117.jpg

    -¡Hey, Ekaterina! Te pareces a Paul Atreides.
    -¡RAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH!

    ¡Muchas gracias, Migue!
  • Ella existió./

    Escrito por Platov el 26/11/2012
    Hay que ver como son las cosas.

    Resulta que esta mañana leo un post de Rata sobre el casual parecido de una actriz con uno de sus personajes: Makoto, nuestra japonesa virtual favorita.

    Pues me meto en mi perfil de Facebook y en uno de los grupos sobre steampunk a los que estoy apuntado, va y me sale esta imagen:

    Ekaterina.jpg

    No se porqué pero me recuerda a alguien.

  • Diplomacia./

    Escrito por Platov el 21/11/2012
    ¡Hola, personas humanas!

    Aquí os dejo un relatillo. Abajo os explicaré algunas cosas interesantes sobre este.

    La Horda Polar.
    Uno de los más grandes imperios que pueblan la faz de Verne, donde los hombres son duros, las mujeres son duras y los niños están en pleno proceso de endurecimiento. El frío perpetuo no ayuda a que los habitantes de esta región tengan una vida plena y llena de alegrías así que solo queda una salida: vencer a la adversidad aunque no se tengan fuerzas para ello. Pero existe alguien en este reino más duro que todos sus habitantes juntos. Viajando hacia la capital, Polyarnyygrad, y recorriendo el camino recto de la suntuosa y amplia Avenida de los Zares llegamos hasta el Palacio Helado, sede de este peculiar personaje: Ekaterina I, zarina de la Horda Polar. Esta joven de dieciocho años heredó el reino a edad tan temprana después de que su padre, el zar Alexis, muriera sofocando una revuelta de campesinos en los confines del imperio. Su carácter es... Bueno... Ha sido catalogada por todos los periódicos extranjeros como “la hija de la diosa del Inframundo”.

    En una tarde de otoño, frío como solo puede ser en los territorios de la Horda Polar, nos encontramos a nuestra pelirroja protagonista sentada en su escritorio. A un lado, una pila de papeles donde aparecen los nombres de aquellos que, según el Servicio de Seguridad, buscan traicionar a la jovencísima soberana. Al otro, dos sellos: uno rojo y otro azul. Pobre de aquel cuya hoja sea impregnada con la tinta roja pues pronto podrá ver el rostro oculto tras la máscara de gas del Dios de la Muerte.
    Ekaterina coge el primer papel de la pila. “Mikhail Konstantinov”, pone en el margen superior de la hoja, escrito a máquina. Debajo, los cargos: “líder de una célula de intelectuales igualitaristas que desean el derrocamiento de Su Alteza Imperial”. Con una delicadeza digna de una bailarina del Ballet Imperial de las Estepas, la zarina coge uno de los sellos y lo estampa al lado del nombre del acusado. Suerte para él ya que, en un alarde de humanidad y compasión sin precedentes, nuestra protagonista ha elegido el sello azul. El señor Konstantinov se ha salvado de conocer al Ejecutor en persona y tan solo tendrá que servir al esfuerzo industrial de tan gloriosa nación, durante 20 años, en las minas de sal de la gélida región de Yokutva.

    Tras varias horas, la tarea de decidir quien vive y quien muere se ve interrumpida cuando alguien llama a la puerta del despacho de nuestra ilustre protagonista.
    -¡Entre!- dice Ekaterina. Como se puede comprobar no es una sugerencia, es una orden.
    La puerta se abre lentamente pero con decisión. Tras ella, aparece un hombre. Bien vestido, parece que haya superado la cincuentena. Las ojeras debajo de sus órganos visuales son el resultado de largas noches de privación del sueño. Tan grandes como sus cejas o como su barriga, la cual haría volar por los aires, tarde o temprano, los botones de su chaleco. El Primer Ministro Andrej Baturin en todo su esplendor.
    -¡Ah, Baturin! ¿Ocurre algo?-preguntó la zarina, levantando la vista de los papeles-¿Alguna manifestación de igualitaristas? ¿Es una manifestación, verdad? Lance a la Guardia del Oso contra los asistentes, así se callarán.
    -Eh... No, su Excelencia-dijo el hombre-Vengo a recordarle que mañana es el viaje hacia la capital del Imperio de Su Majestad.
    -¡¿Qué?!-gritó Ekaterina-¿Por qué debo de ir a ese sitio?
    -¿No recuerda?-Baturin estaba visiblemente nervioso-Debemos firmar los acuerdos de paz para poner fin a la Guerra por Vishnia. Ya sabe: el Imperio dejó de hostigarnos a cambio de darnos una pequeña franja del territorio.
    -¿Cómo de pequeña?
    -Eh... Pues...
    -¿Sí?-la zarina se había levantado del escritorio y se había acercado al Primer Ministro, mirándolo con sus fríos e inquietantes ojos azul hielo.
    -Las montañas de Sherpalia, su Excelencia.
    -¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! ¡Ellos se quedan con lo mejor y a mí me toca un trozo de tierra baldía! ¡Un montón de montañas llenas de yetis piojosos!
    -Bueno, verá, los sherpalíes son expertos montañeses y rastreadores y creo que serían una buena adquisición para nuestros ejércitos.
    -¿”Nuestros”, Baturin?
    -Esto... Quise decir “sus ejércitos”, Excelencia.
    -¡Ah! Pensaba...-Ekaterina se puso a mirar a través de la ventana. Las calles estaban llenas de gente o eso parecía: la lejanía del palacio imperial de las calles hacía que los transeúntes parecieran hormigas- Hmmmm... Tal vez sea una buena “adquisición”, como usted dice, pero pienso renegociar. Quiero una salida al mar Interior y la tendré.
    -¿Cree que sería buena idea, Excelencia?-preguntó Baturin.
    -Si Alexandra no me hace caso, pagará las consecuencias. Soy la comandante suprema del ejército más grande de todo Verne y si tengo que aliarme con esos imbéciles de Losange para conseguir mis objetivos... En fin... Lo haré.
    Ekaterina se acercó al terminal de interfono de su despacho: “¡Anushka!”
    Una voz de mujer se oyó al otro lado de la línea: “¿Sí, su Excelencia?”- Anushka era la sirviente y gobernanta de Ekaterina. Una mujer de unos cuarenta años cuya familia siempre había sido la sirviente de los zares desde la creación de la Horda Polar.
    -Prepara mi equipaje y mi traje de gala. Mañana partimos hacia el Imperio.
    -Como desee, su Excelencia.

    El Imperio de Su Majestad.
    El imperio más extenso de todo Verne. Más allá de cualquier mar u océano existe una posesión imperial. Todo ello gracias a siglos de conquistas y a la armada más avanzada de todo el mundo. La Era del Vapor ha traído una edad de oro al Imperio, sobre todo gracias a la labor incansable de su monarca: la reina Alexandra. Alexandra es la reina de reinas. Todo el mundo la admira, sobre todo por su carácter reformador y su cercanía al pueblo. Gracias a ella, el Parlamento Imperial ya es un órgano plenamente democrático y representantes de todos los pensamientos políticos pueden optar a un escaño.
    Aunque claro, tiene también sus detractores. Bueno, su detractora: Ekaterina. La zarina no soporta a Alexandra ni en pintura. Tal vez sea por ese carácter tan amigable o porque el Imperio es el triple de grande que la Horda Polar, algo que nuestra protagonista no puede aceptar. Viajar solo para verle la cara a su mortal enemiga es algo que es superior a sus fuerzas pero renegociar los puntos del tratado que se va a firmar es una oportunidad de oro. Solo por eso, Ekaterina sería capaz de marchar hacia el mismísimo Inframundo. La codiciada salida de los territorios de la Horda hacia el mar Interior podría convertirse en realidad. Si este sueño se hiciese realidad, todas las naciones de Verne se arrodillarían ante el poder del imperio del norte.

    El viaje en dirigible fue bastante tranquilo. Ni rastro de piratas aéreos en las zonas por donde pasaba. Claro que había que ser muy cenutrio para atacar el dirigible de la zarina. No solo por su ilustre ocupante sino porque iba armado hasta las cejas. Cualquier vehículo fabricado en la Horda Polar tiene un inconfundible aspecto militar. Hasta los tractores parecen tanques.

    La máquina voladora llegó a Lionscourt, la capital del Imperio de Su Majestad. En la estación aérea de la ciudad estaba reunida una gran masa de gente: periodistas, fotógrafos, operarios de radio y el público curioso que se había acercado hasta allí para ver la llegada de la más joven emperatriz que haya conocido el mundo. En la plataforma donde iba a posarse el dirigible se encontraba la mismísima reina, acompañada por el Primer Ministro Osmond (fumando en su inseparable pipa) y escoltada por la Guardia Real.

    El dirigible se posó con la gracia de un flamenco. Varios operarios de la estación se acercaron con una escalera para ayudar a bajar a los ocupantes de la nave pero, antes de que llegaran al lugar, tuvieron que dejarla a un lado porque de la propia puerta principal del dirigible se deplegó una escalinata de metal. Dos ayudas de cámara salieron del interior, desenrollando una alfombra roja hasta el lugar donde se encontraba Alexandra. Seguidamente, aparecieron varios miembros de la Guardia del Oso, ataviados con abrigos blancos y gorros negros de piel de oso, armados con rifles de repetición. Se colocaron con perfecta destreza a ambos lados de la alfombra.
    Alexandra, la reina de reinas, suspiró.
    -Ay...
    -¿Ocurre algo, Majestad?- preguntó Osmond.
    -No soporto su pomposidad- respondió Alexandra.
    Tras este despliegue, Ekaterina salió a la luz del cielo nublado de Lionscourt. Iba vestida con un uniforme de mariscal, con una gran capa de piel. En su cinto, el sable que perteneció a su padre.
    -Je. Desde esta distancia cualquiera diría que es un chico- dijo el Primer Ministro Imperial mientras que daba algunas caladas a su pipa.
    Tras la zarina, descendió Baturin. Ekaterina avanzaba con paso firme por la alfombra. Al llegar hasta Alexandra, la joven emperatriz le hizo una reverencia aunque hubiera deseado ensartarla en su sable.
    -¡Buenos días, su Majestad!
    -¡Excelencia!- respondió la reina, con no mucha gana.
    Ekaterina se puso enfrente de Osmond. Le saludó con otra reverencia.
    -¡Primer Ministro Osmond!
    -¡Su Alteza Imperial!- respondió Osmond.
    Baturin hizo lo mismo que su emperatriz.

    Acto seguido, las dos reinas y sus respectivos jefes de gobierno se dirigieron a la salida de la estación, donde les esperaba un séquito compuesto por dos carros de caballos escoltados por una compañía de húsares. Los flashes de las cámaras y la algarabía de gente casi desorientan a Ekaterina. Un grupo de ciudadanos imperiales increpaba a la zarina: “¡Tirana!”, “¡Asesina!”, “¡Niña mimada!”
    -Si estuviéramos en la Horda Polar, ya estarían muertos- pensó Ekaterina.
    A la salida, las reinas subieron a un carro mientras que los primeros ministros subieron a otro.

    En el interior del vehículo, las dos emperatrices miraban disimuladamente a ambos lados para no mediar palabra. Algunos suspiros salían de la boca de Alexandra mientras que Ekaterina barruntaba cosas por lo bajo. Hasta que Ekaterina explotó.
    -¡Tú!
    -Tengo un nombre- contestó indignada la reina.
    -Me da igual. Tengo algo que decirte.
    -¿No te habrás enamorado de mí?- Alexandra comenzó a reírse mientras que Ekaterina estuvo a punto de desenvainar su sable. Por el bien de todos, consiguió calmarse.
    -Ja, ja. Muy graciosa. Es sobre el tratado.
    -¡Bien! Sabía que le ibas a sacar alguna pega.
    -¡Y la tiene! Sherpalia no es suficiente. ¡Exijo un territorio mayor!
    -¿Mayor, dices?- Alexandra miró fijamente a los ojos de Ekaterina. Debía ser la única persona en todo Verne que podía mantenerle la mirada a la zarina- Escucha, guapa. Muchos de los imperios estarían deseosos de poseer Sherpalia. Si no me crees, pregúntaselo al Káiser.
    -Me da igual lo que opine esa marioneta movida por Eisenstahl. Quiero una salida al mar Interior. ¡Y la quiero ahora!
    -Digno de una niña mimada como tú, Ekaterina. ¿Para qué? ¿Para servirte el mundo en bandeja? No, guapa, no.
    -¿Te niegas?
    -¿Acaso hablo en skaldmarkés?
    -Bien. Tú lo has querido. En ese caso, ¡no firmaré nada!
    -Sabía que todo acabaría así. ¿Deseas seguir con la guerra?
    -¡Sí! ¡No tenéis nada que hacer contra mis ejércitos! ¡Los más grandes de todo Verne!
    -¡Oh! ¿De verás? Dime, ¿cuándo fue la última vez que llevaste acabo un programa de reforma del ejército?
    -¿Un qué...?
    -Me refiero a que cuándo ha sido la última vez que has actualizado las armas de tus ejércitos.
    -Pues... Pues... ¡No sé!- Ekaterina estaba demasiado incómoda con aquella pregunta- Creo que mi abuelo...
    -¡Ja, ja, ja!- Alexandra no paraba de reír- ¿Tus ejércitos llevan todavía armamento de hace 100 años?
    -¡Nuestra máquinas de guerra son las más potentes de todo Verne!
    -Pero las guerras no solo se ganan con tanques y dirigibles, querida. Necesitas infantería y un montón de milicianos armados con mosquetes no pueden hacer nada contra una formación de húsares con giropistolas.
    Ekaterina cayó. No quería seguir con aquella conversación.

    Llegaron a su destino: el Palacio de los Leones.
    El hogar de Su Majestad sería el sitio donde se firmarían los tratados. Donde se suponía que se firmarían. Las dos reinas bajaron de su carro, una por cada lado. Lo primeros ministros bajaron por el mismo lado. Se les veía alegres y dicharacheros. En realidad, Baturin y Osmond se llevaban bastante bien, al contrario que sus emperatrices.
    Ekaterina se acercó a Baturin.
    -¡Nos vamos de vuelta a Polyarnyygrad!- gritó Ekaterina.
    Esto pilló por sorpresa a los dos hombres, que la miraron con asombro.
    -Pero... Pero...- Baturin no se lo podía creer- Todavía no hemos firmado los tratados.
    -¿Cuestiona mis órdenes, Baturin?- Ekaterina se encaró con el pobre hombre.
    -No, su Excelencia. ¿Es que ha ocurrido algo malo?
    -¡Mi voluntad! ¡No ha ocurrido mi voluntad! ¡Así que vayámonos!
    -Bueno, si insiste- Baturin se giró hacia Osmond- Lo siento mucho, la verdad.
    -No importa. Otra vez será- dijo el Primer Ministro.
    -¡Baturin!- gritaba Ekaterina mientras subía a una de las carrozas para volver a la estación aérea- ¡No se rebaje al nivel de estos...! Estos... ¡Indeseables!
    -¡Adiós, Ekaterina!- dijo Alexandra- ¡Nos volveremos a ver para firmar la paz!
    -¡AAAAAAAAAAARGH!- gritó la zarina.

    Como alguno de los que me seguís en Subcultura habéis adivinado, nuestra protagonista ya apareció una vez en otro relato titulado "Zarina". ¿Cómo es que ha cambiado de mundo? ¿Puede viajar a través de otras dimensiones? Eso quisiera ella. Os lo explico.
    Recordad que esto era una idea para un cómic. En un principio, iba a estar ambientado en una Tierra postapocalíptica que había vuelto a la Edad del Vapor. Sin embargo, en mi búsqueda de dibujante, Onice me aconsejó que la historia sería más interesante si estuviera ambientada en un mundo imaginario, lo cual conferiría más libertad a la creatividad. Lo pensé y me pareció una buena idea, así que cree un mundo de corte steampunk llamado Verne, en honor al gran maestro.
    Gracias al consejo de Onice, he podido hacer algo más original que la ambientación postapocalíptica.

    Y recordad que podéis seguirme también en El Correo del Atamán.
  • La sorpresa del día./

    Escrito por Platov el 16/11/2012
    Me pongo a abrir mi perfil de Subcultura como todos los días y me encuentro con esto.

    platov.jpg

    Todo ello cortesía del señor pakhawk.
    ¡Muchas gracias, artista!
    No sé como corresponderte.
  • Talvisota./

    Escrito por Platov el 13/11/2012
    ¡Hola, chicuelos y chicuelas!
    Ha llegado la hora de otra ración más de historia.
    En esta ocasión, viajaremos a la Segunda Guerra Mundial para visitar una de las "pequeñas guerras" que se vivieron durante este conflicto: la que se produjo entre Finlandia y la URSS o, como la llaman los vecinos de Papá Noel, Talvisota: la Guerra de Invierno.
    Agradezco a Soturisi por sugerirme este tema porque no tenía ni idea de que escribir hoy.

    Tras la conquista de media Polonia, nuestros amigos de la Estrella Roja pusieron sus ojos sobre Finlandia.
    Stalin no soportaba que este antiguo territorio que perteneció una vez al Imperio Ruso fuera independiente.
    El dictador con mostacho mandó llamar a una delegación diplomática finlandesa a Moscú el 14 de octubre de 1939. Les pidió que movieran la frontera unos 25 kilómetros atrás tomando como punto de inicio Leningrado. Stalin ofreció a cambio la región de Carelia, que no era un paraíso ni mucho menos. Los finlandeses se negaron y... Bueno... Ya sabéis el mal pronto que tenía Stalin cuando le decían que no.
    Esta negativa no era un casus belli suficiente, así que los rusos idearon una estratagema: bombardearon una pequeña aldea rusa situada en la frontera con Finlandia, de manera que se le pudo echar la culpa a los finlandeses. Tras lo cual, los soviéticos pidieron que la frontera finlandesa se replegase. Finlandia se negó de pleno y los rusos rompieron el Pacto de No Agresión de 1934.

    Sin ningún aviso de ningún tipo (léase "declaración de guerra"), las fuerzas soviéticas penetraron en el país de los suomis el 30 de noviembre de 1939. Los finlandeses decidieron retirarse hacia una conjunto de fortificaciones llamado la Línea Mannerheim, en honor del mariscal finlandés que la ideó. Los soviéticos pudieron conquistar el estrecho territorio que habían abandonado los finlandeses, colocando un gobierno títere al mando de Otto Kuusinen.

    Los finlandeses eran conscientes de un gran problema: la superioridad numérica del inacabable Ejército Rojo. Sin embargo, ellos tenían un punto a favor: el conocimiento de su tierra. Ya que era un suicidio luchar contra el ejército más numeroso de la época, los finlandeses pondrían en marcha una guerra de guerrillas para desgastarlo. Los rusos no podían hacer nada contra un enemigo que salía de la nada y más si tenemos en cuenta el uso de francotiradores y el más famoso de ellos fue Simo Häyhä, alias "La Muerte Blanca". Vestido completamente de blanco, Häyhä tiene el honor de haber abatido a más de 500 soldados enemigos. A todo ello se suma el mérito de hacerlo sin el uso de mirilla, para impedir que el reflejo de la lente delatara su posición.

    Mientras, los soviéticos demostraron una gran incompetencia. Sus oficiales seguían pensando como en la Primera Guerra Mundial. Era normal ver al Ejército Rojo marchar en perfecta formación, con todos sus estandartes hacia arriba y cantando a grito pelado cualquier canción patriótica. Eso los convertía en blancos perfectos. Además, ni los soldados ni los vehículos rusos estaban equipados para hacer frente al duro invierno finés. Sí, en serio.
    Ante las fulgurantes derrotas a las que había sido sometido el Ejército Rojo, Stalin destituyó al anacrónico comandante Voroshilov por Timoshenko. Este consiguió reforzar al ejército soviético para conseguir, en febrero de 1940, derribar las defensas finesas.

    El coraje de los finlandeses había hecho que el mundo entero los apoyase moralmente. Si bien es cierto que grupos de voluntarios de otros países lucharon codo con codo con Finlandia (algo parecido a las Brigadas Internacionales de la República durante la Guerra Civil Española), las grandes potencias aliadas no quisieron aliarse de facto con el país de los renos. La razón: tarde o temprano la URSS sería un aliado formidable contra los nazis y sería mejor no molestarla. Este desencanto supuso, más tarde, que muchos soldados fineses lucharan en el ejército alemán, entre ellos el propio Häyä.

    El 13 de marzo de 1940, se firmó la paz.
    Si bien los finlandeses tuvieron que entregar cierta cantidad de suministros a la Unión, ceder el territorio cercano al lago Ladoga y no poder aliarse con países que estuvieran en contra de la URSS, Finlandia consiguió mantener su independencia.
    Sin embargo para los soviéticos, la Guerra de Invierno consiguió el empuje necesario para poner en marcha un plan de reformas tecnológicas para modernizar el anticuado Ejército Rojo.

    Así fue la Guerra de Invierno.

    He de advertiros que la información la he sacado de un libro bastante divulgativo, así que pueden haber algunos errores. Si veis alguno, avisadme.

    ¡Nos vemos!

    Sígueme también en El Correo del Atamán.
  • El relato de las cuatro palabras./

    Escrito por Platov el 05/11/2012
    ¡Hola, gentes!
    ¿Qué tal el puente?

    Ya ha pasado casi una semana desde el último post y no tenía mucha idea de que escribir.
    Por suerte, me he acordado de una cosa.
    Lo que vais a leer a continuación es el relato que escribí para el Desafío Twitter de las Cuatro Palabras, por si alguno de vosotros se lo perdió. Gracias a byAtx por dejarme participar en esta curiosa iniciativa.
    Para el que no sepa de que iba esto, consistía en escribir o dibujar una historia en el que aparecieran estas cinco palabras: plumero, verde, Snoopy y Mordor. Como ya sabéis, lo mío no es hacer monigotes así que decidí participar con este histriónico relato.
    Disfrutadlo.

    LA ESTÚPIDA DECISIÓN DE UN FRIKI
    Por Platov.

    Verde.
    Verde de envidia estaba Godofredo al descubrir que su vecino, Sigfrido, había conseguido el codiciado nº 42 de "Batman".
    ¿Por qué Sigfrido tenía tanta suerte? Vivía en su cómodo piso con su novia, que parecía toda una valkiria. Tenía coche propio y trabajaba en el departamento de diseño de una mundialmente famosa empresa de miniaturas.
    Mientras, Godofredo no tenía novia. Se pasaba todo su tiempo libre jugando a videojuegos y trabajaba friendo patatas en el McDonald's de la esquina, con un sueldo miserable. El único vehículo del que disponía era una bicicleta que se había encontrado al lado de un contenedor (por la cual tuvo que pelear contra un chatarrero de manos gigantes). Godofredo quería una vida mejor pero su carácter solitario y antipático se lo impedía. Lo peor de todo es que ni él se daba cuenta de eso. Pensaba que todo el mundo estaba en su contra.

    Pero, ¿qué hacía tan especial y codiciado al nº 42 de las aventuras del Caballero Oscuro?
    Sencillo. La editorial que lo publicaba cometió un error a la hora de entregar las hojas que conformaban el tomo al impresor. Entre todas ellas se coló una página de "Charlie Brown", por lo que te encontrabas en mitad del cómic con Charlie, Snoopy y sus amigos. Era algo raro y ya sabemos que lo raro cotiza al alza.
    Godofredo quería ese cómic. No por tenerlo. Si lo vendía, podría sacar suficiente dinero para salir del agujero negro en el que se había convertido su vida y ser como Sigfrido.

    Recapacitó un poco y pensó que sería mejor hacer otra cosa para que se le pasara el berrinche. Así que se puso a limpiar su destartalado apartamento. Para hacer la tarea más placentera, puso en su MP3 su colección de bandas sonoras de películas. La primera canción era el tema principal de "Star Wars". Godofredo hacia varios altos en las tareas de higienización de su vivienda cuando se ponía a manejar el plumero como si fuera una batuta, en una cómica imitación de John Williams.
    Pero el siguiente tema hizo pararle en seco: "Batman", de la película de Tim Burton. A su cerebro volvió la imagen de Sigfrido con el codiciado ejemplar entre sus manos y Godofredo volvió a enfurecerse. ¡Él quería ese cómic!
    Algo oscuro se activó en su interior, como las ansias de venganza de Bruce Wayne. "¿Robarlo?", pensó. Él no caería tan bajo pero Godofredo estaba ansioso. Su imaginación se activó y comenzó a pensar en la vida que llevaría con el dinero que conseguiría de la venta del cómic. Y tomó una decisión que cambiaría para siempre su vida.

    Era de noche.
    Sigifrido y su novia habían salido a cenar por ahí.
    Era el momento idóneo para llevar acabo el plan que Godofredo había elucubrado esa misma tarde. Era sencillo: abrir la puerta, entrar, coger el cómic y salir.
    Se preparó. Cogió una radiografía de un chequeo médico que se hizo hace tiempo y se despidió de su posesión más preciada: el calendario de chicas de videojuego del año 1997.
    Entreabrió su puerta para ver si había alguien en el rellano de la esclaera. Nadie. Cerró con cuidado y fue hacia la puerta de Sigfrido.
    Miró a ambos lados para cerciorarse de que nadie subía o baja por las escaleras. Desenrrolló la radiografía. Había leido por Internet que los cerrajeros usaban este método para abrir puertas. Insertó la lámina en la rendija entre la puerta y el marco, hizo presión y la puerta se abrió como si hubiera usado una llave.

    El piso de Sigfrido era todo lo contrario que el de Godofredo: limpio y luminoso. El "ladrón de una noche" entró con sigilo por el pasillo, dirigiéndose al estudio de su vecino. La imagen del lugar aumentó todavía más la envidia que Godofredo tenía hacia Sigfrido: cómics, miniaturas, una mesa de dibujo con varios bocetos para nuevas figuras y una impresionante maqueta de Mordor en el centro para jugar al wargame de "El Señor de los Anillos".
    Godofredo reprimió sus impulsos de detrozarlo todo y se dirigió a la estantería donde estaban los cómics. Rebuscó y rebuscó sin encontrar el preciado ejemplar. Hasta que en la leja de debajo había algo. Era una caja de madera. Godofredo la abrió. Solo habían figuritas pero parecía haber algo en el fondo: ¡EL CÓMIC! El chaval retiró las miniaturas con cuidado y cogió aquella rara obra de arte. Lo abrió y allí estaba: justo después de la página donde El Joker coloca una bomba en el monorrail de Gotham, la historia salta bruscamente a una bucólica escena donde Charlie Brown y sus amigos están merendando en el campo.

    Godofredo esbozo una sonrisa de alegría. Sonrisa que se le borró cuando escuchó un gruñido detrás de él. Se giró con cuidado y miedo. Chizkoy, el enorme husky siberiano de Sigfrido, estaba delante de él, gruñendo, enseñando los dientes y con las orejas hacia atrás. "¡Idiota!", pensó Godofredo al descubrir que no tuvo en cuenta al perro en su plan.
    Godofredo intentó pasar por encima del perro pero este se abalanzó sobre él, lanzándolo con su peso hacia atrás. Godofredo se golpeó la cabeza con el tablero de juego y cayó inconsciente.

    Pasó un largo tiempo a oscuras hasta que una voz ronca le preguntó si estaba bien. Godofredo abrió los ojos lentamente, encontrándose a dos policías de pie, delante de él. Los dos hombres se agacharon para levantar al joven y esposarlo. En un rincón de la habitación, Sigfrido y su novia miraban a Godofredo con una mirada entre la sorpresa y el enfado.

    Eso fue hace tres años.
    Durante ese tiempo, Godofredo tuvo toda la paz y tranquilidad del mundo para leer cómics en la celda de su prisión. Allanamiento de morada e intento de hurto fueron las palabras que lo sentenciaron.
    Sí, parece que aquel cómic cambió su vida para siempre.

    FIN
  • Especial Halloween 2012: Return to Castle Wewelsburg./

    Escrito por Platov el 29/10/2012
    Hola, amantes de la historia y de las emociones fuertes.

    Un año más, ante las fechas que se avecinan, me dispongo a escribir un post donde historia y terror van de la mano. Arrepentíos, pues, aquellos que lean esta pequeña disertación.

    "Wolfenstein 3D".
    El papa de los juegos de acción en primera persona.
    Para quien no lo conozca, en este videojuego encarnabas a un agente estadounidense que debía escapar de un castillo nazi en plena Segunda Guerra Mundial. La cosa sería lo más normal del mundo si no fuera porque el interior de la fortificación estaba atestada de criaturas de ultratumba, creadas por las retorcidas mentes de la Ahnenerbe.

    Pero, ¿sabíais que el castillo Wolfenstein existió de verdad?

    Wewelsburg.

    Un bonito castillo, residencia secundaria de los príncipes-obispos de Renania del Norte-Westfalia durante el siglo XVII y que está localizado cerca del famoso bosque de Teutoburgo, donde las tropas del general romano Varo fueron masacradas por los germanos.
    Todo muy bonito, hasta que Heinrich Himmler se interesó por esta fortificación en 1934. Al parecer, el jerifalte de las SS conocía una leyenda que decía que un gran ejército proveniente del este sería vencido por otro proveniente del oeste. Himmler creía que la batalla tendría lugar en el emplazamiento del castillo, así que decidió comprarlo.

    El objetivo de Himmler era convertir el castillo en el cuartel general global de las SS.
    En 1934, comenzaron las obras de remodelación, usando mano de obra esclava de los campos de concentración. Miles de inocentes murieron dando forma a la sacrílega fortaleza.
    Con la finalización de las obras, Wewelsburg se convirtió en una escuela en la que los oficiales del siniestro aparato de represión estudiaban diferentes materias relacionadas con el "glorioso" pasado de Alemania, amén de otras más abocadas al ocultismo. El castillo fue decorado siguiendo las leyendas concernientes al Santo Grial. De hecho, una de las salas de estudio se llamaba así y en la Sala de los Generales se colocó una mesa redonda a imagen y semejanza de la del rey Arturo. Además, comenzó a convertirse en almacén para todas las reliquias que la terrorífica Ahnenerbe encontraba en sus expediciones por el globo.

    La Sala de los Generales es la localización más famosa del castillo, más que nada porque en el centro de esta se encuentra un mosaico donde aparece representado el "Sol Negro", uno de los símbolos más conocidos del ocultismo nazi. En esta sala se llevaban acabo algunos de los rituales más extraños de las SS, como las bodas donde los prometidos debían beber de una reproducción del Santo Grial.
    Que no os extrañe el aire a orden de caballería ya que uno de los objetivos de Himmler era convertir a las SS en una especie de unión de caballeros nazi.

    A finales de la guerra, cuando la caída del Tercer Reich se estaba convirtiendo en una realidad, Himmler ordenó volar el castillo. Debido a la falta de medios, tan solo se pudo derribar la torre sur, la cual no tenía demasiada relevancia.
    En la actualidad, el castillo ha sido convertido en un albergue y en el año 2000 se levantó un monumento en memoria de los prisioneros que perecieron en la remodelación del castillo.

    Pero nadie sabe a ciencia cierto que oscuros y horribles sucesos se llevaron acabo en su interior...

    El Correo del Atamán
  • La leyenda del caballero juglar./

    Escrito por Platov el 21/10/2012
    ¡Hola a todos!

    ¿Pasando un buen fin de semana? Espero que sí.

    ¡Ah! Por fin he probado con mis colegas mi juego de rol steampunk y parece que les estás gustando. Fue una tarde muy provechosa y más si tenemos en cuenta que Soturisi estaba presente como maestra de ceremonias, creándose como personaje una ingeniera finlandesa mercenaria.

    El post que vais a leer viene a propósito de la iniciativa de Vilem_Landerer para que vosotros (sí, vosotros) le ayudéis a diseñar personajes para su fanfic sobre Star Wars. Viendo que había poca gente que había participado y que necesitaba más peña para la tripulación de la pelta coreliana, decidí volver a colaborar con otro personaje (el primero fue Zetha Greusse). Esta vez escogí uno de los guardias de seguridad y cree un personaje llamado Taillefer. Bueno, no es del todo original ya que me inspiré en una leyenda relativa a la conquista normanda de Inglaterra.

    Corría el año 1066.
    Guillermo, duque de Normandía, se dirigía con sus tropas a la localidad en la que se decidiría el destino del reino de Inglaterra: Hastings. En mitad del camino, se le apareció un caballero que se dirigió hacia el duque. El jinete se presentó bajo el nombre de Taillefer (Cortahierro) y le pedía al duque que le dejara unirse a su ejército. Guillermo le concedió su deseo y el extraño caballero siguió al duque hasta Hastings. Durante el trayecto, Taillefer demostró que no solo era un guerrero a caballo sino también un portentoso juglar ya que se dedicó a recitar "La Canción de Roldán", el cantar de gesta francés por excelencia, en voz alta mientras realizaba espectaculares malabarismo con su espada. Esto impresionó tanto a Guillermo como a sus hombres que vieron en este peculiar hombre un gran aliado. En la batalla, Taillefer no defraudó al futuro rey de Inglaterra ya que el solito cargó contra varios soldados de la hueste del rey Harold, demostrando su valentía y honor.
    Se cree que esto jamás sucedió porque en las fuentes históricas sobre la batalla apenas aparece este episodio, tan solo en unas pocas. De ahí que la historia de Taillefer haya sido catalogada como leyenda.
    Pero ya sabemos que las leyendas de fundamentan en la realidad, ¿no es así?

    ¡Nos vemos!

    Podéis seguirme también en El Correo del Atamán.
  • ¿Quiénes eran los zulúes?/

    Escrito por Platov el 13/10/2012
    "Un pueblo extraordinario, esos zulúes. Vencen a nuestros generales; convierten a nuestros obispos; han establecido el destino de una gran dinastía europea."

    Con esta bonita frase de Benjamin Disraeli, tengo el orgullo de presentaros a otro de esos pueblos que cambiaron la historia para siempre: los zulúes.
    Lo que váis a leer a continuación es una pequeña descripción de como era esta indómita tribu del sur de África. No me voy a detener a explicar batallitas como la de Isandlwana. Eso lo haré otro día.

    Zululandia (el país de los zulúes) está situado en la costa sureste africana, entre las montañas Drakensberg y el océano Índico. Es una zona con una gran cantidad de tierras de pasto, de ahí que el ganado sea una parte fundamental de la economía zulú.

    Los zulúes descienden de los Ngoni, una cultura de la Edad del Hierro pero que no llegó hasta la zona por la que nos estamos moviendo hasta el siglo VI d. C. y que no se asentó hasta el siglo XVII. La leyenda fundacional habla de un hombre llamado Zulú, el cual fundó el primer asentamiento permanente en este siglo. Este es el ancestro común de todos los clanes zulúes. Su nombre significa "El Paraiso" y sus descendientes se hicieron llamar amaZulu, "el pueblo del paraíso".
    Los zulúes vivían en aldeas (umuzi) formadas por varias chozas cuyas formas podrían recordad a la de un panal de abejas. Las chozas de distribuían en círculos concéntricos, teniendo el centro el corral donde se guardaba el ganado. Todo este complejo estaba protegido por una empalizada. Lo curioso de estas chozas es que no tenían chimenea: el humo salía como podía por la puerta o por algunas rendijas.
    En la sociedad zulú, los hombres se encargan de cuidar el ganado y de hacer la guerra. La labor de las mujeres consistía en llevar acabo labores agrícolas y del hogar. Los zulúes solo comían carne en ocasiones especiales, basándose su dieta en una cuajada hecha con leche llamada amasi, maíz, calabaza y patatas dulces. Los cultivos eran plantados en parcelas cercanas a los asentamientos y eran almacenados en cestas de mimbre o en fosos excavados en la tierra y tapados con una piedra. Para las celebraciones, los zulúes bebían utshwala, una cerveza de gran amargor, y esnifaban tabaco picado.

    Si había una industria en la que los zulúes sobresalían del resto de etnias de la zona era la metalurgia.
    El hierro se extraía de explotaciones al aire libre, en lugares de fácil acceso. El método para fabricar herramientas o armamento es el mismo que el de cualquier herrero.
    La imagen de un guerrero zulú estaría incompleta sin una de sus famosas lanzas. Estas se fabricaban uniendo la punta de metal a un asta de madera con pegamentos naturales y con fibras animales. Los zulúes tenían distintos tipos de lanzas (umkhonto): la isiphapha, usada para cazar; o la isijula, que es la lanza de combate.
    También tenemos los famosos escudos zulúes, fabricados con mimbre entrelazado para darle más resistencia y una piel de ganado encima. Existían diferentes tipos, dependiendo de la ocasión: de guerra, de gala, de diario, etc.
    Otra arma zulú era la iwisa, una maza hecha de madera parecida a la usada por los iroqueses.
    La forma de hacer la guerra de los zulúes dejó perplejos a todos los europeos que tuvieron la suerte (o la desgracia) de enfrentarse a ellos. Para que os hagáis una idea, ver a un pueblo considerado bárbaro por muchos formar y avanzar como una legión romana era algo que no cabía en las mentes de la época victoriana. Un guerrero zulú combatía exactamente igual que un legionario romano: se paraba el ataque con el escudo; este se alzaba para dejar el costado del enemigo al descubierto, lo cual era aprovechado para acuchillarlo con la lanza.
    Además, los zulúes tenían también combates rituales y duelos por honor.

    En cuanto a la religión y otras creencias, los zulúes temían mucho a la brujería.
    Tan supersticiosos eran que llevaban encima cualquier clase de amuleto para protegerlos (mira, otra cosa igual que los romanos). Si algún miembro de la comunidad sufría un accidente, este era llevado ante el inyanga (hombre medicina) para que usase sus conocimientos en hierbas curativas para sanar al enfermo. Si se tenía la certeza de que alguno de los habitantes de la aldea estaba poseido espíritu maligno (abathakathi), se celebraba un siniestro ceremonial para averiguarlo, en el cual el chamán (isangomas) usaba sus poderes para determinar quien era el poseido. Cuando lo descubría, el culpable era sentenciado a morir siendo empalado.
    La justicia ordinaria era menos sangrienta si era un crimen menor, donde el culpable debía de pagar una multa en ganado. Sin embargo, los crímenes muy graves eran sentenciados con muerte por apaleamiento.

    Esta es una breve historia sobre los zulúes.
    Espero que os haya gustado.
    Recordad que podéis seguirme en El Correo del Atamán.
    ¡Nos vemos!
  • Los cosacos de Repin./

    Escrito por Platov el 08/10/2012
    ¡Buenas a todos!

    ¿Qué tal?

    Hoy voy a escribir un post donde se mezclan la historia del arte con la historia universal en sí. Bueno, la historia de Rusia (que original viniendo de mí).

    Seguro que os habéis fijado en el personajillo que aparece en la cabecera de mi blog: un afable escribano que, por su postura a la hora de escribir, demuestra estar llevando acabo su trabajo con sumo cuidado.
    Algunos seguro que habéis reconocido el cuadro en el que aparece esta figura. Para los que no lo sepan, va este post.
    El cuadro en el que aparece este señor se llama "Cosacos zaporogos escribiendo una carta al sultán de Turquía" y su autor fue Iliá Repin.

    repin_cossacks.jpg

    Repin es uno de los más grandes pintores rusos. Su obra se encuadra en el realismo, ofreciendo escenas de la vida cotidiana rusa de finales del siglo XIX y principios del XX aunque también se inspira en varios hechos de la historia de Rusia. Este es uno de ellos.
    Para realizar esta obra, Repin se documentó bastante a la hora de ser lo más fiel posible a la historia, llegando a viajar a la región en la que vivían los zaporogos, etnia a la que pertenecen los cosacos que aparecen en el cuadro.

    Pero, ¿qué anécdota histórica refleja Repin en esta obra de arte?
    Corría el año 1663.
    Alejo I, el segundo zar de la dinastía Romanov, no se llevaba demasiado bien con el sultán turco. Decidió llevar acabo una serie de ataques a los asentamientos otomanos instalados a orillas del mar Negro. Para ello, envió un contingente de cosacos zaporogos, famosos por su experiencia a la hora de realizar ataques anfibios. El sultán, iracundo, envió a un grupo de hombres al sech (asentamiento) zaporogo para que les informara de los movimientos de los cosacos. Harto ya de que saqueasen sus enclaves, los turcos marcharon una noche en la que los guerreros de la estepa dormían la mona y rodearon la fortaleza. Uno de los cosacos que estaba de guardia sin haber probado una gota de alcohol se dio cuenta de la situación y dio la voz de alarma. Rápidamente, los cosacos despacharon a los turcos.
    Este ataque se llevó acabo después de que el sultán, queriendo hacerse amigo de estos jinetes, se proclamara "paladín de los cosacos", jugando con la idea de muchos de ellos que buscaban una "república" cosaca independiente.
    Los zaporogos, ofendidos tras este ataque, le escribieron una peculiar carta al sultán para dejarle las cosas bien claras:

    "¡Tú, demonio turco y aliado de Satán! ¡Que te atreves a llamarte Señor de los cristianos cuando no lo eres! ¡Friegaplatos de Babilonia! ¡Cervecero de Jerusalén! ¡Cabrero de Alejandría! ¡Porquero del Alto y el Bajo Egipto! ¡Cerdo armenio! ¡Infiel insolente! ¡Vete al infierno! ¡Los cosacos escupimos en lo que dices ahora y en cualquier cosa que puedas inventarte en el futuro!"

    Como es lógico, al sultán no le hizo mucha gracia esta carta.
    Este cuadro es uno de mis favoritos de toda la obra de Repin y, por alguna casualidad, también era el cuadro predilecto de Stalin.

    Espero que os haya gustado este post.
    Y recordad que podéis seguirme también en El Correo del Atamán.
    ¡Nos vemos!
  • Manual del Colonizador./

    Escrito por Platov el 04/10/2012
    ¡Hola, personas!

    Hoy toca un relatillo.

    Se me ocurrió el otro día mientras lidiaba con el TFM y el Cronomeme. Espero que os guste.


    ¡Bienvenido!

    Si está leyendo esta cápsula de datos le felicito.
    Ha pasado usted con éxito las pruebas de calificación de Industrias Van Haarde y, tras el pago de las tasas pertinentes a la Oficina de Asuntos Coloniales, ha conseguido el título de colonizador en nombre de nuestra corporación. Déjeme decirle que un gran futuro le aguarda.
    Sé que esta es una tarea que conlleva una gran responsabilidad. No se preocupe. En el interior de este dispositivo encontrará una breve guía sobre qué es lo que debe hacer para poder fundar una colonia en nombre de Industrias Van Haarde y de la reina.

    ¡Comencemos, pues!

    Capítulo 1: ¿Qué es una colonia?

    Bueno, esa pregunta venía en el examen de aptitud de la empresa pero el paso del tiempo y el daño cerebral a largo plazo que produce el reactor nuclear de su nave pueden que haya trastocado su memoria. Tranquilo.
    Una colonia es todo emplazamiento situado fuera del planeta natal del Imperio Humano, la Tierra. Este emplazamiento puede estar situado en un planeta, en una luna o en flotando en el espacio. Este último tipo se denomina "estación espacial" y solo está permitido construirlo si el colonizador posee un permiso especial de la Oficina de Asuntos Coloniales firmado por el Primer Ministro, el Ministro de Asuntos Coloniales y la propia reina.

    Capítulo 2: ¿Qué necesito para fundar una colonia?

    Lo primero que se necesita para fundar una colonia es el material pertinente.
    Lo básico sería un autómata-sonda para analizar los recursos del lugar a colonizar, una minadora para extraer los recursos minerales, una granja para el alimento necesario para los colonos y un hábitat para darles cobijo mientras se está construyendo la colonia.
    Algo más avanzado sería el uso de un dispositivo de terraformación. No todos los lugares que usted va a colonizar son vergeles exhuberantes. Prepárese para visitar planetas donde la supervivencia del más fuerte reina las veinticuatro horas del día: sin atmósfera, sin suelos fértiles, etc. El dispositivo de terraformación le ayudará a convertir un yermo nuclear en un lugar apto para vivir, llevando acabo en cuestión de días lo que la madre naturaleza haría en billones de años.
    Lo siguiente sería contar con personal especializado.
    Un ecólogo se encargaría de estudiar el posible aprovechamiento de los ecosistemas del lugar, un ingeniero supervisaría las obras de construcción y un jefe de seguridad velaría por la buena convivencia de los colonos. Tal vez necesite la ayuda de otros profesionales. Es su deber rodearse del mejor personal cuando lo necesite.

    Capítulo 3: He llegado al planeta. Además de construir la colonia, ¿hay que hacer algo más?

    Por supuesto.
    Antes de poner la primera piedra de lo que será su paraíso en otro mundo debe pronunciar el juramento de lealtad a su corporación y a la reina delante de un notario. Esto le ahorrará problemas a la hora de saber quién llegó primero al lugar en caso de que otro colono de otra corporación haga acto de presencia. Además, el juramento de lealtad le ayudará en caso de ser atacado por fuerzas hostiles.
    Eso sí, el juramento conlleva explícitamente que usted jamás cambiará de compañía ni usará su colonia para fines independentistas o terroristas. Todos recordamos el caso de la revuelta de la colonia de Práxis VI, revuelta apagada por el 4º Regimiento de la Guardia Negra. Ya sabe como se las gasta la élite de la élite del ejército real, ¿verdad?

    Capítulo 4: Nativos y otras razas alienígenas.

    Puede que el planeta que usted está colonizando no esté deshabitado.
    Existen dos casos con respecto a este hecho: naciones incivilizadas e imperios alienígenas.
    Una nación incivilizada es aquella que no ha conseguido llegar al estado de gobierno institucionalizado. Estos salvajes... Perdón, nativos viven en el pasado más remoto que pueda imaginar. Dado que la esclavitud está penada con la muerte, puede optar por dejarlos en paz. Este tipo de actitud puede ser perjudicial a la larga ya que si comienza a colonizar los territorios de estas tribus, estos se alzarán contra usted. Lo mejor que puede hacer es elevar una queja al Parlamento para que se ponga en marcha una fuerza de invasión.
    Pero puede encontrarse con las reticencias de los miembros del Partido Liberal, los cuales abogan por respetar a los colonos. En ese caso, civilícelos. Enséñeles lo maravilloso que es vivir con maquinaria pesada y grifos con agua caliente. Si lo consigue, además de hacer amigos tendrá acceso a mano de obra barata.
    El otro caso es de los imperios alienígenas. Por suerte, solo hay dos que sepamos y solo estamos en guerra con uno: el Imperio Inmortal. Si su colonia es atacada por estos seres de orejas de murciélago poco podrá hacer a no ser que en ella haya un regimiento de tropas imperiales.
    En cambio, los acuáticos Venucci están más dispuestos a colaborar con nosotros en lo que haga falta. Aprovéchese de su obsesión por el dinero.

    Aquí concluye esta breve guía.
    Espero haber solucionado todas su dudas y le deseo suerte con el desarrollo de su colonia.

    Atte.: Industrias Van Haarde, división de información y protocolo colonial.

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  • Vuelve el Mes de las Tetas./

    Escrito por Platov el 03/10/2012
    Octubre...

    Octubre no es solo el Mes Bolchevique (creo que tengo que instaurar eso). No, amigos, octubre es especial por ser el Mes de la Prevención del Cáncer de Mama. o como nos gusta llamarlo por aquí: "El Mes de las Tetas".

    ¿Qué que se hace para celebrar este mes?
    Muy sencillo: solo tenéis que hacer una ilustración (o lo que se os pase por la cabeza) para concienciar a la gente sobre esta enfermedad.
    Vale que no conseguiremos erradicar el cáncer de mama haciendo esto pero el apoyo a todas esas mujeres (y los pocos hombres que lo tienen) que sufren este mal es el arma definitiva para ganar esta batalla.

    Así que, ¿a qué estáis esperando?
    Podéis encontrar más información en este hilo del foro.
  • Aclaraciones sobre el Cronomeme./

    Escrito por Platov el 30/09/2012
    Sí, soy yo otra vez y vengo a hablaros (otra vez) del Cronomeme.

    No sé si no me expliqué bien a la hora de contaros de que iba la cosa pero es que el primero que he recibido está mal.
    El autor solo me ha dibujado a su personaje en una época concreta, sin tan siquiera usar la plantilla que diseñé a tal efecto.

    Aclaro: debéis de dibujar a vuestros personajes a lo largo de la historia usando la plantilla como base, desde la Prehistoria hasta la Edad Contemporánea. El periodo de cada edad en el que lo dibujéis me da igual (en la Edad Moderna podéis dibujarlo tanto como en el siglo XVI, como en el XVII o como en el XVIII).

    Espero haberme explicado mejor.

  • La reina de los icenos./

    Escrito por Platov el 28/09/2012
    ¡Hola, gentes del lugar!
    Después de la ilusión que me ha hecho publicar el Cronomeme (el cual espero que estéis rellenando ;-)) seguimos con más pequeñas biografías de grandes hombres.
    Bueno, en este caso, de una gran mujer.

    Todo el mundo que me conoce sabe que me gustan las mujeres guerreras. No, no por ver al enésimo clon de Crimson Sonia sino porque ver a una mujer en un campo de batalla, en primera línea de combate, es algo raro de ver (por algo me encanta el Ejército Rojo).

    Y si hay una de estas valientes mujeres que me entusiasman esa es Boadicea, reina de la tribu britana de los icenos.

    Boadicea (latinización de Boudicca) era la esposa de Prasutago, rey de la tribu de los icenos. Esta tribu celta ocupaba lo que hoy en día es Norfolk, en Inglaterra.

    Con la muerte de su esposo en el año 60 d. C., el emperador romano Nerón vio la oportunidad de conquistar las posesiones de este pueblo. Las legiones romanas marcharon con éxito sobre los icenos y con 35 años, Boadicea tuvo que contemplar como sus dos hijas eran violadas por los soldados romanos y su pueblo esclavizado mientras ella era azotada con un látigo. Humillada y furiosa por lo que los invasores le hicieron, nuestra reina britana favorita planeo su venganza.

    Al igual que varios años antes hizo Vercingétorix en la Galia, Boadicea convenció a las tribus vecinas para unirse en su lucha contra Roma.
    Su primer gran éxito fue una emboscada contra las tropas comandadas por Quinto Petilio Cerial, las cuales marchaban hacia al sur. Casi la totalidad de la legión fue masacrada, excepto 500 oficiales de caballería que consiguieron que el general romano escapara hacia el norte. Tras esta victoria, los guerreros de la reina de los icenos marcharon hacia el cuartel general romano que se encontraba al sur. Allí, las fuerza britanas consiguieron que los defensores se retiraran. Tras dos días de batalla, los icenos tomaron el templo de Claudio.

    El comandante en jefe de las fuerzas romanas, Cayo Suetonio Paulino, sabiendo la que se avecinaba dio órdenes a un contingente de tropas para que se encontraran con él en Londinium. Cuando Suetonio salió de la ciudad para encontrarse con sus refuerzos a las afueras, allí no había nadie. Pronto descubrió el porqué: el comandante de las tropas de refuerzo se había suicidado cuando conoció la noticia de la masacre de las fuerzas romanas por parte de los britanos.
    Fue un gran revés ya que llegaron noticias de que Boadicea y el grueso de su ejército se dirigían hacia la ciudad del Támesis. Al llegar, los celtas le devolvieron la jugada a los romanos matando a todo ciudadano que encontraban en su camino y quemando cualquier edificación que se ponía delante de sus narices.
    El siguiente asentamiento en caer fue Verulamium.

    Y llegó el momento clave.
    Los ejércitos de Boadicea y los de Suetonio se encontraron cerca de la actual Manchester.
    Las tropas britanas superaban en número a las romanas pero estas últimas tenían la ventaja estratégica de estar colocadas en lo alto de una colina.
    Como era habitual, antes de la batalla los dos generales al mando de cada ejército se reunían en mitad el campo de batalla para llegar a un acuerdo para evitar un derramamiento de sangre. Suetonio quedó impresionado al ver a Boadicea dirigirse hacia su persona montada en un carro de guerra, acompañada por sus dos hijas. Y es que, según las fuentes, nuestra protagonista imponía bastante. Se dice que era tan alta como dos legionarios puestos uno encima de otro (claro que hay que tener en cuenta que César medía unos 1'75 m. de estatura y decían que era demasiado alto para ser romano) y que su voz era tan atronadora que podía helar la sangre del guerrero más valiente de un grito. "Esta no es la primera vez que los britanos son comandados por una mujer", dijo la reina de los icenos según Tácito y añadió: "Solo tenéis dos opciones: vencer o morir".
    Pero Suetonio, como todo buen general romano, era un gran estratega y no tardó en aniquilar al ejército britano. Boadicea y sus hijas, sabiendo cual iba a ser su futuro si eran capturadas, decidieron suicidarse.

    Boadicea es un símbolo de unidad para los ingleses frente a enemigos extranjeros.
    Durante la era victoriana, muchos fueron los artistas que realizaron sus obras basándose en ella. De hecho, era normal comparar a la reina de los icenos con la Reina de Reinas, Victoria.

    Y hasta aquí este post.
    Espero que os haya gustado y, si veis algo que esté mal, avisadme.
    Podéis seguirme también en El Correo del Atmán.
    ¡Nos vemos!

  • Es hora de viajar por el tiempo./

    Escrito por Platov el 26/09/2012
    Pues eso.

    "El Espectacular Cronomeme del Prof. Platov" ya está hecho.
    Podéis encontrarlo aquí junto con más información.

    Insisto en ello, quiero seguir dándole las gracias a valerian32 por darme esta oportunidad.
  • Otra de mis estúpidas ideas./

    Escrito por Platov el 24/09/2012
    ¡Hola, chavalines!

    Esta actualización del blog solo aparecerá aquí, en Subcultura.

    Veréis, estaba yo pensando (¡Joder! Parezco Andrés Pajares.) y se me ocurrió una idea (¡No! Otra de mis ideas que jamás llegan a ningún sitio).
    No sé si existe esto ya pero se me pasó por la cabeza crear algo a lo que yo llamo "El espectacular cronomeme del Prof. Platov".

    ¿Y esa chorrada de que va?
    Una ficha dividida en diferentes periodos históricos.
    El objetivo de todo esto sería que dibujarais a uno o más de vuestros personajes en cada una de esas épocas para ver como sería si vuestro cómic estuviera ambientado en tal época histórica.
    En un principio, he pensado dividir el documento así:

    -Prehistoria (desde la hominización hasta, digamos, la Edad de los Metales).
    -Edad Antigua (desde la Edad de los Metales hasta la caida de Roma).
    -Edad Media (desde la caida de Roma hasta el descubrimiento de América).
    -Edad Moderna (desde el descubrimiento de América hasta la Revolución Francesa).
    -Edad Contemporánea (desde la Revolución Francesa hasta el siglo XX).

    ¿Qué opináis?
    Vuestras opiniones, sugerencias e insultos serán bien recibidos.
  • ¿Pero qué demonios...?/

    Escrito por Platov el 22/09/2012
    Algo extraño me acaba de pasar con el portátil.

    Veréis, se me ha instalado una de las actualizaciones de Windows como siempre pero cuando he iniciado sesión... ¡el escritorio estaba completamente vacio! Sin accesos directos, sin fondo, sin nada y con un mensajaco de advertencia de error de "System32: no se puede encontrar la dirección del escritorio" (de forma resumida).

    Lo más curioso es que, al ir a ver los programas y mis documentos, nada había cambiado. Seguían allí. Por suerte, lo guardo todo por duplicado en mi disco duro portátil pero esto clama al cielo.

    He reiniciado y todo ha vuelto a la normalidad.
    Parece que esto sigue estable pero no me fio mucho.

    ¿Gremlins? ¿Poltergeists? ¿Microsoft haciéndome la puñeta?
    No tengo ni la más absoluta idea.
  • Der Kaiser!/

    Escrito por Platov el 18/09/2012
    ¡Buenos días, amantes de la historia!

    El post de hoy es otra sugerencia, en este caso de Runciter, ese chaval que escribe unos relatos de ciencia ficción para quitarse el sombrero. Me pidió que tratara a uno de los personajes más pintorescos que han cruzado las colinas de ese territorio llamado Historia Universal y, casualidad o no, tengo un librito de la Osprey con una pequeña biografía sobre este señor (regalo de mi colega David).
    Recordad que podéis seguirme también en El Correo del Atamán.

    Así que, sin más preámbulos, os presento a Guillermo II, Emperador de Alemania.

    Guillermo nació en la capital de Prusia, Berlín, el 27 de enero de 1859. Hijo del que sería el rey de Prusia, Federico III y de Victoria, hija de vosotros ya sabéis que famosa reina de Gran Bretaña (God save the Queen!). El pobre nació con una parálisis en su mano izquierda, la cual acomplejó bastante al futuro emperador (fijáos como la oculta en sus retratos y fotografías tras la espalda o tapada por una capa o un abrigo) aunque esto no le impidió ser un buen jinete y un excelente tirador. Su carácter era bastante chocante para el que lo conocía: no se guardaba nada dentro de su cabeza y si tenía que insultar a la cara a alguien, lo hacía, fuera cual fuera su cargo. Esto lo convirtió en un pésimo diplomático. Rara era la vez que el cuerpo de relaciones internacionales alemán no tuviera que disculparse por los incendiarios discursos de su líder.

    Recibió una estricta educación, digna de cualquier príncipe prusiano, y si añadimos a eso que uno de sus mentores fue Otto von Bismarck, pues ya ni te digo. El Canciller de Cancilleres fue quien inculcó a Guillermo ese pensamiento conservador que le acompañará durante toda su vida, al contrario que su padre que era más liberal.

    En 1888, muere su padre tras tan solo tres meses de reinado y con el único hito de haber despedido a Bismarck.

    La educación tan férrea que recibió convirtió a Guillermo en un emperador profundamente militarista, llevando acabo políticas de adquisición sin cuartel de colonias ultramarinas. Esta forma de forjar su imperio se debe también a la envidia que sentía al ver el inabarcable imperio de su abuela, uno de los más grandes y duraderos de la historia. Para hacer realidad ese "lugar en el sol", Guillermo apoyó un programa para renovar la Reichsmarine (la marina de guerra alemana) para que pudiera hacer frente a la todopoderosa Royal Navy. Durante la guerra inglesa contra los boers (1899-1902), el kaiser apoyó a los colonos holandeses, lo que acabó para siempre con la amistad con Inglaterra. Tras un ataque nervioso en 1908, Guillermo se retiró de la política activa para dirigir al imperio desde las sombras (eso suena muy macabro pero corre la leyenda de que al bueno de Guille le atraían los temas relacionados con el ocultismo).

    Llegamos al 28 de junio de 1914.

    Durante una visita a Sarajevo, el archiduque del Imperio Austrohúngaro Francisco Fernando es asesinado en un acto terrorista por un serbio de nombre Gavrilo Prinzip, miembro de una supuesta organización terrorista anarquista conocida como la Mano Negra (guiño, guiño).
    Guillermo convence a los austriacos para que se venguen de Serbia por este crimen, dando como resultado la Primera Guerra Mundial. En un principio, el kaiser era el comandante supremo del ejército alemán pero su ineptitud a la hora de liderar sus fuerzas lo relegó a un segundo plano. El carácter tan fuerte de Guillermo hacía que celebrara cada victoria como si fuera el fin del Imperio Británico y cada derrota lo sumía en una profunda depresión.

    Debido a la fuerte subida de popularidad del legendario general (y futuro canciller) Paul von Hindenburg, el kaiser comenzó a apoyar a otro de sus generales, Falkenhayn, pero cuando el gigantesco (literalmente) Hindenburg llegó a tener poder suficiente como para dar órdenes sin tener que dar explicaciones al emperador, Guillermo perdió cualquier tipo de influencia y más todavía cuando su política de guerra submarina sin cuartel (atacando tanto a naves militares enemigas, como mercantes e, incluso, civiles) hizo que los EEUU entraran en la Gran Guerra.

    Las continuas derrotas alemanas minaron todavía más su popularidad. Para 1918, Guillermo seguía en el trono no por sus capacidades de gobierno sino por su figura simbólica. El 9 de noviembre de ese año, ante la inestabilidad que campaba a sus anchas por el país, el kaiser abdicó de su título de emperador. El 28 de noviembre haría lo mismo con el de rey.

    Guillermo se exilió a la localidad de Doorn, en Holanda, donde tras la muerte de su esposa se casaría con una chica de 35 años. El viejo kaiser buscaba volver al trono y esa oportunidad parecía estar cerca con el ascenso de Adolf Hitler al poder en Alemania pero Guillermo aprendió que nunca hay que fiarse de un nazi.
    Tal fue su enfado con el nuevo canciller que prohibió que los nazis acudieran a su entierro.

    El 5 de junio de 1941, el último kaiser murió.
  • Honores de Sultán./

    Escrito por Platov el 14/09/2012
    ¡Saludos, personas con hambre de conocimientos!
    Volvemos fuerte con la historia gracias a una petición de Migue, el cual me retó a hacer un post sobre Saladino.
    Pues aquí lo tienes, recién salidito del horno.
    ¡Comencemos!

    Hagamos un experimento (¡Sí! ¡Experimentos! For Science!!!).
    Salgamos a la calle y preguntémosle a la primera persona que pase a nuestro lado algo sobre el Oriente medieval. Si es una persona con cierta cultura general y no un cani estúpido, seguro que responderá cosas como "cruzadas", "Jerusalén", "Ricardo Corazón de León (o de Miau)" o "Saladino". Si responde lo último, salid corriendo en dirección opuesta, riéndoos como maniacos. Si os detiene la policía, decidle que lo hacéis en el nombre de la ciencia, así no os podrán detener.
    Y es que nuestro peculiar experimento ha sido todo un éxito.

    Saladino es el personaje más popular del medievo islámico.
    Las historias sobre este hombre han llegado hasta nuestro días envueltas en un halo de leyenda. Para el 99'9 % de los mortales, Saladino era un ejemplo de caballerosidad y de honor, más incluso que alguno de los grandes caballeros medievales occidentales.
    Pero, ¿cómo era el hombre?

    No es mi intención hacer una biografía superdetallada de Saladino y más disponiendo de tan poco tiempo y material. Así que os recomiendo el libro "Las cruzadas vistas por los árabes", de Amin Maalouf, si queréis saber más sobre este tipo.

    Salah al-Din Yusuf ibn Ayub (es un nombre musulman, ¿qué esperábais?) nació en el año 1138 en Tikrit, en la actual Irak, pueblo donde nació también el finado Saddam Hussein. De origen kurdo, Saladino pertenecía a la dinastía árabe de los Ayubíes lo que era una ventaja para poder codearse con otro gran hombre: Nuraldín, famoso por haber reunificado Siria bajo su mandato en la segunda mitad del siglo XII. Esto fue debido a que al morir el padre de Nuraldín, Zengi, la familia de Saladino apoyó a este personaje hasta el final en la guerra civil por el trono.

    Los padres de Saladino dejaron a este al cuidado de Nuraldín.
    En la corte del nuevo sultán, el joven Saladino aprendió tácticas militares además de conocimientos sobre ciencia y arte.
    El auge del futuro sultán llegó en 1164, cuando marchó hacia Egipto para poner fin a las dispustas entre el visir de los Fatimíes (dinastía que gobernaba el país de los faraones) y uno de sus rivales, Shawar. Allí, Saladino demostró sus grandes dotes militares al acabar con al derrotar a las tropas de Shawar, el cual estaba aliado con Amalarico de Jerusalén (¿Recordáis? El papá de Balduino IV, el leproso). Esto le valió al joven el consguir un puesto en el gobierno de Egipto.
    Al morir el visir, Saladino ocuparía su puesto. Mientras ocupaba este cargo, tuvo noticia de un complot contra su persona y ejecutó al culpable. Esto hizo que parte del ejército se rebelara pero no duró mucho, ya que él la aplastó facilmente.
    Tras la muerte del califa fatimí, Saladino consiguió más poder del que podía haber imaginado. Esto escamaba bastante a Nuraldín, el cual veía como su vasallo tenía el mismo poder que él.

    Tras la muerte de su señor, en 1174, Saladino comenzó a saborear el sultanato de Siria pero pensó que sería algo precipitado y amoral atacar las tierras de su antiguo señor. La excusa perfecta llegó cuando el nuevo regente, Gumushtigin, decidió acabar con sus rivales, entre ellos la ciudad de Damasco.
    Ante las súplicas, Saladino marchó contra este emir. Fue bastante difícl acabar y más si tenemos en cuenta el intento de asesinato del que fue víctima Saladino. Trece miembros de la secta de los Asesinos se abalanzaron contra Saladino pero estos fueron reducidos por su guardia.
    Con la conquista de Alepo, Saladino ya podía ser proclamado Sultán.

    Tras alcanzar la gloria, Saladino tenía otro problema: los cruzados.
    Como ya he dicho, no voy a relatar la Tercera Cruzada de pe a pa.
    Solo dos cosas: Saladino demostró su valía como táctico en la batalla de Hattin, la mayor derrota que conocieron los cruzados hasta la fecha y, como todo el mundo sabe, el sitio de Jerusalén, donde los cruzados aprendieron que la conquista de Tierra Santa había llegado a su fin.

    Saladino es para muchos un ejemplo de honor.
    La realidad nos enseña que a veces sí y a veces no. Hattin es un claro ejemplo de lo que el sultán podía llegar a hacer. Se les dio a los templarios y hospitalarios capturados la opción de convertirse al Islam o morir. Esto parecería algo normal a no ser porque la ley islámica prohibe la conversión bajo amenaza.
    Aunque también hay actuaciones muy curiosas como cuando le envió a Ricardo Corazón de León una bolsa con nieve para curar unas fiebres que sufría.

    Saladino murió en 1193.
    Una curiosidad sobre su tumba, en Damasco, es que vais a encontrar dos sepulcros: uno de madera y otro de mármol. El primero es el original, poco decorado ya que ha Saladino no le gustaba demasiado la ostentación. El segundo fue un regalo a la ciudad por parte de Guillermo II. Sí, el kaiser alemán famoso por su egocentrismo.

    Reitero: esto no es todo. Solo son unas pequeñas pinceladas sobre la vida de este hombre.
    Y, recordad, si véis algún error, avisadme.
    ¡Nos vemos!

    También podéis leer este post en El Correo del Atamán.





  • Cuestiones mágicas./

    Escrito por Platov el 10/09/2012
    ¡Hola, chicuelos y chicuelas!
    Después del fin de semana de cumpleaños que he llevado, me gustaría compartir con vosotros algo que he estado pensando sobre unos cuantos cambios que voy a llevar a cabo en El Orbe, mi mundo de fantasía.

    Veréis, es algo relativo a la magia.
    Ocurría algo que no me acababa de convencer del todo. En un principio, la magia en El Orbe era sinónimo de religión: solo los sacerdotes podían lanzar poderosos hechizos. Aunque era algo original, llegué a odiar esta concepción por el simple hecho de que no me dejaba jugar demasiado con las fuerzas mágicas que pululan por este mundo, además de impedirme el desarrollo de algunos conceptos de la fantasía que me molan como es la aparición de liches.

    Así que, dándole vueltas, he llegado a la conclusión de hacer la magia como en cualquier mundo de fantasía. Es decir: los sacerdotes usan la magia divina procedente del dios que adoran y, por la cantidad de dioses que hay en El Orbe (recordad que cada nación tiene a su Dios-Héroe), serán bastante variados.
    Luego, existirán la gente con aptitudes para los círculos de magia que existen. Ahí, habrán dos tipos de usuarios de la magia: los magos, que son practicantes de las artes mágicas colegiados y registrados, cuyas habilidades se usan para el bien de la comunidad o del reino (por ejemplo: contratar los servicios de un hidromante para encontrar acuíferos subterráneos); y los hechiceros, bastante peligrosos ya que están sin registrar y se les trata como proscritos, usuarios de artes mágicas prohibidas como la nigromancia o la demonología.
    ¡Ah! Y recordad que en Ciudadela la magia está terminantemente prohibida.

    Esto es lo que he pensado.
    ¿Qué os parece?

    Y, recordad, que podéis seguirme también aquí.
  • El rey leproso./

    Escrito por Platov el 05/09/2012
    ¡Hola, personillas!
    Este domingo es mi cumpleaños, así que voy a celebrarlo por adelantado de la mejor manera que sé: escribiendo un post.

    Antes de nada, una pequeña aclaración: como algunos de vosotros sabéis, quería comenzar un cómic en Subcultura como guionista: "Zarina". Había conseguido dibujante pero, por circunstancias de las cuales no quiero hablar, le es imposible seguir con el proyecto. Una lástima porque sus diseños me habían gustado mucho. Bueno, no sé si es que el destino quiere que dibuje yo o algo pero no sé que hacer.

    Tras esta perorata que no viene a cuento, comienzo.
    La Edad Media está llena de grandes figuras históricas. No es mi intención hacer una lista de ellas. Solo quiero fijarme en una que, para mí, es harto fascinante: Balduino IV de Jerusalén.
    A muchos de vosotros os sonará este personaje por la película "El Reino de los Cielos".

    Hijo del rey Amalarico I de Jerusalén, Balduino nació en el año 1161.
    Su vida era la de un príncipe normal, lidiando con sus obligaciones en la corte y acudiendo a las clases que impartía su mentor, Guillermo de Tiro. Hasta que, un día, el obispo descubrió algo que cambiaría la vida de Balduino para siempre. El príncipe estaba jugando con sus amigos a un extraño juego: clavar las uñas en los brazos de los otros niños para ver quien aguantaba más el dolor. Todos se quedaron asombrados cuando le tocó a Balduino: por mucho que le clavaran las uñas, él no sentía dolor alguno. ¡Ni siquiera sangraba! Esto llamó la atención de Guillermo, el cual fue rápido a examinar al niño. Se llevó las manos a la cabeza tras terminar su análisis: el príncipe padecía la lepra.
    En nuestros tiempos, la lepra es una enfermedad que se puede tratar y que solo reviste gravedad para quien la porta. En la Edad Media no era así. Existía la creencia de que la lepra era una enfermedad contagiosa e incurable. Aquellos que la padecían eran recluidos en un lazareto y la gente que los veía en las calles los trataba como si fueran muertos en vida.

    Pero no pasó así con Balduino.
    Su padre murió en 1174, siendo el príncipe todavía demasiado joven para reinar por lo que se eligieron a varios regentes. La enfermedad del joven no le auguraba una larga vida por lo que se comenzaron a firmar alianzas con otros estados para que el trono de Jerusalén no se quedara vacío.

    En 1176, Baaduino alcanzó la mayoría de edad.
    A pesar de su enfermedad, el nuevo rey era valiente, noble y sensato. Sabía que el reino que había heredado era como un castillo de naipes sobre un bloque de gelatina: una pequeña vibración y todo se iría al traste; y una de esas vibraciones era Saladino.
    Saladino decidió avanzar con sus tropas cerca de Gaza en 1177. El rey leproso no se lo pensó dos veces y, con la ayuda del caballero Reinaldo de Chatillón, derrotó al ejército musulmán en la batalla de Montgisard. Un dato curioso de esta confrontación es que Saladino estuvo a punto de ser capturado de no ser por su guradia de mamelucos.
    A raiz de esa batalla, Balduino firmó un tratado de no agresión con Saladino. El rey sabía que si el sultán asediaba Jerusalén, todo estaría perdido. Sin embargo, Reinaldo, apoyado por los templarios, no respetó el tratado al atacar una y otra vez a las caravanas de comerciantes musulmanes que viajaban hacia La Meca. Balduino no podía hacer nada y Saladino juró vengarse.

    En 1180, Balduino casa a su hermana Sibila con Guido de Lusiñán el cual, para más inri, era colega de Reinaldo. Ante los ataque de Saladino por los saqueos llevados acabo por Reinaldo, Balduino nombró regente a Guido. Al igual que el caballero francés, Guido era de todo menos un buen gobernante, así que Balduino decidió destituirlo.

    Tras la destitución de Guido, en 1183, Balduino tuvo que enfrentarse a su última prueba. Saladino inició un ataque a gran escala a Al Kerak, la fortaleza de Reinaldo. El rey lideró en persona al ejército de Jerusalén contra las fuerzas de asedio del sultán. Este, al ver la que se avecinaba, desistió del ataque y se retiró.
    Esto supuso una inyección de moral para los cruzados. Pensadlo. Un hombre que padece una gravísima enfermedad es capaz de liderar a un ejército hacia la victoria contra el hombre más temido del mundo.

    Estos esfuerzos estaban muy por encima de la fortaleza física de Balduino. La lepra lo había debilitado considerablemente. Estaba completamente ciego, su cara terriblemente desfigurada y había perdido varios dedos de las manos y de los pies.
    En 1185, a los 24 años de edad, Balduino IV murió. Su valentía, su inteligencia y el hecho de haber tenido que gobernar aquejado de una gravísima enfermedad hizo que muchos le lloraran al oir la noticia de su muerte. Para muchos, fue el ejemplo de como debía de ser un buen rey.

    Y recordad que podéis seguirme también en Blogger: El Correo del Atamán.
  • Hakaa päälle!/

    Escrito por Platov el 28/08/2012
    ¡Hola, gentes de Subcultura!
    Aquí estoy, una vez más, para ofreceros vuestra dosis recomendada de historia.

    Seguro que cuando habéis leido el título de este post habéis pensado: "¡Qué Dios nos asista! ¡Platov se ha vuelto loco! ¡Habla en un idioma antediluviano!" Bueno, si para vosotros el finés es un idioma antediluviano, sí, me he vuelto loco.
    Veréis, este post ha surgido de algo que se ha puesto de moda ultimamente en los juegos de estrategia. Sí, al igual que en otros géneros videojueguiles, en la estrategia también hay modas (¿recordáis cuando a todo el mundo le dio por hacer juegos ambientados en la Segunda Guerra Mundial?). No solo ocurre con alguna era sino, también, con civilizaciones y unidades. Ahora, si alguien saca un juego de estrategia sobre civilizaciones o algo así, pone a los suecos como facción jugable pero eso no es lo extraño (hacer un juego ambientado en el siglo XVII y no sacar a Suecia es un delito que debería ser penado con la muerte). No. Lo curioso es que a esta civilización le endosan de unidad única unos tipos de nombre impronunciable llamados "hakkapelitta".

    ¿Qué era un hakkapelita?
    Bien, a eso voy.
    Para explicároslo mejor, viajemos en el tiempo a la Guerra de los Treinta Años. Ya sabéis, los alemanes católicos comenzaron a tirarle los trastos a la cabeza de los protestantes. Estos últimos estaban indefensos ya que quien tuvo la idea de atacarles fue el mismísimo emperador. Todo parecía perdido para los protestantes hasta que de Suecia llegó un hombre: Gustavo Adolfo, rey de todos los suecos. Gustavo era un gran estratega y su nombre inspiraba temor en sus adversarios. Entre sus hombres, contaba con una unidad de caballería ligera muy especial: los hakkapelita.

    Los hakkapelitta eran unos jinetes de origen finlandés, ya que por aquella época Finlandia formaba parte del reino de Suecia, que servían sin rechistar al rey sueco.
    Su nombre deriva del grito de guerra que da nombre a este post, que traducido del finés significa algo así como "¡Despedazadlos!".
    Esta unidad de caballería ligera era conocida por desconocer algunos términos como "piedad" o "clemencia". Tan salvajes como un cosaco o más, los hakkapelitta se lanzaban al campo de batalla sin dejar a ninguno de sus enemigos con vida. Algo normal si tenemos en cuenta que esta gente procedía de la zona más dura de toda Finlandia: la frontera con Rusia.
    En la batalla de Oldendorf, en 1633, un mercenario escocés decía que los hakkapelitta masacraron a las tropas enemigas sin sentir ningún remordimiento. Los clérigos alemanes se encomendaban a Dios para proteger a las tropas cristianas de estos temibles jinetes.

    Dado que eran caballería ligera, también eran usados para tareas de exploración. Su equipamiento era bastante simple, llevando solo como protección un casco de inspiración polaca (como los de los húsares alados) a finales de la guerra. Sus armas consistían en sables de caballería polacos o martillos de guerra.

    Bueno, espero que os haya gustado este pequeño post.
    ¡Nos vemos! ¡Ah! Y recordad que podéis seguirme también en la versión blogspot de El Correo del Atamán.
  • Un pequeño paso para el hombre.../

    Escrito por Platov el 26/08/2012
    Me he enteré de la noticia ayer por la madrugada y quiero compartirla con vosotros.

    Neil Armstrong, el hombre que realizó una de las más grandes hazañas en la historia del hombre como es pisar la Luna, ha muerto a los 83 años de edad.

    Descanse en paz.
  • ¿Rol con cartas? ¡Es usted un hereje!/

    Escrito por Platov el 23/08/2012
    ¡Hola, personas!
    Tras una semana sin publicar nada ya iba siendo hora de ponerse manos a la obra.
    Para descansar un poco de la panzada de historia que os dí con el asedio a Malta, hoy voy a escribir un poco sobre el juego de rol steampunk que estoy creando: "1870". Me gustaría enseñaros poco a poco de que va a ir la cosa, así que haré una serie de post con historia de las naciones, razas, facciones y demás curiosidades.
    Tranquilos. La historia volverá pronto gracias a una sugerencia de Albion y que, espero, redactar pronto: una lista con 10 batallas que deberíais conocer pero no será lo típico de Termópilas, Stalingrado y cosas así. Ya lo veréis...

    Os voy a comentar un poco el sistema que voy a utilizar.
    Al principio iba a usar FUDGE, un sistema que te permite crear tus juegos de rol con el mínimo esfuerzo. El problema es que, visto lo visto, no me da ese sentimiento victoriano que yo quería darle a mi juego.
    Pensé en otros sistemas hasta que me topé con el de "Castle Falkenstein" y me dije para mí: "¡Ese es el que necesito!"
    El sistema de Falkenstein es un pelín curioso: en lugar de usar dados, usa una baraja inglesa. ¡Vamos! La baraja de póker de toda la vida. Cada palo representa a varias habilidades englobadas en una misma categoría.

    Así es como quedan en mi juego:

    -Picas=Habilidades Físicas: atletismo, pelea, esgrima, etc.

    -Tréboles=Hab. Manuales: artesanía, reparaciones, pintura, etc.

    -Corazones=Hab. Sociales: oratoria, etiqueta, juegos, etc.

    -Diamantes=Hab. Mentales: ciencia, voluntad, poderes psíquicos, etc.

    El sistema basa la destreza de las habilidades en una palabra equivalente a un número, igual que en FUDGE (Ej.: Bueno=5).
    El jugador escoge las habilidades que cree que necesitará su personaje. No poner una habilidad en la ficha de tu personaje no significa que este la desconozca. Puede usarla pero su valor por defecto será "Mediocre" o "Pobre".
    El funcionamiento es simple: si se saca una carta equivalente al palo al que pertenece la habilidad, se suma el valor total de la carta a la hab. Si no, solo se suma 1. Los comodines permiten sumar 14, sea el palo que sea.
    El objetivo, como en todo juego de rol, es sacar un resultado igual o mayor que el que se pide. Si es mayor que la mitad del resultado del objetivo, es considerado crítico. Si es menor que la mitad del resultado del objetivo, se considera pifia.

    Puede resultar lioso en un principio pero este sistema permite cosas como que los jugadores sean más tácticos a la hora de manejar las cartas que tienen en las manos. Además, el resultado no depende del devenir caprichoso de un dado sino de la astucia del jugador.

    En este sistema no hay niveles. Es la práctica lo que hace que los personajes aumenten sus habilidades, algo quizá más realista. Si un inventor, por ejemplo, consigue terminar su creación habrá aprendido algo en el proceso, por lo cual puede subir su habilidad de "invención" un punto.
    Sí, lo sé, puede resultar bastante subjetivo. ¿Cuándo saber que un personaje puede mejorar sus habilidades? Todo depende de la buen fe del máster y del jugador.

    Y hasta aquí he llegado.
    ¿Qué os parece?
    Sed sinceros.


  • Transmisión entrante.../

    Escrito por Platov el 15/08/2012
    Debido a que voy a tener visita desde tierras valencianas lo que queda de semana, estaré bastante desconectado de Subcultura, así que no perdáis la paciencia por si no actualizo el blog.

    Fin de la transmisión.
  • Un asedio legendario IV/

    Escrito por Platov el 12/08/2012
    Vamos a ver si termino de una soberana vez.

    Por muchas bajas que había sufrido Pachá seguía en sus trece: Malta debía caer, fuera al precio que fuera.

    El 20 de agosto se produjo un nuevo ataque. Capitaneado por Sanjak Cheder, este fue abatido gracias a los llamativos colores de los trajes que solían llevar los oficiales turcos a la batalla. Los otomanos tenían que rescatar el cuerpo de Cheder pero un caballero llamado Juan de la Cerda se lanzó hacia los jenízaros que venían en misión de rescate. No logró su objetivo y murió a manos de las fuerzas de elite turcas.

    En Birgu, los otomanos construyeron otra torre de asalto, esta vez reforzada con arena y piedras en su base. Los tiradores trucos abatían a los guardias de la brecha con suma facilidad. La Valette ordenó volver a cavar en la base del muro. Al caer las piedras de la muralla, un grupo de caballeros se abalanzó contra la torre, dispuesto a escalarla para dar fin a sus ocupantes. Cuando el ingenio de asedio fue tomado, pasó a formar parte de las defensas cristianas. Más tarde, una flecha cayó en Birgu con un mensaje: "Jueves".

    El 23 de agosto se reunió el Consejo de la Orden para analizar la situación.

    Se llegó a la conclusión de que Birgu no aguantaría más tiempo. La solución sería retirarse a San Ángelo para plantar cara por última vez al enemigo. La Valette, como siempre, no estaba de acuerdo. No quería abandonar a los malteses a su suerte y, si tenía que morir en Birgu, moriría. Esta noble actitud hizo que sus hombres se quedaran al lado de su valiente maestre, el cual ordenó que se volara el puente que unía Birgu con San Ángelo.

    La situación de los otomanos no era tan halagüeña como cabría de esperar: la polvora escaseaba, no habían suficientes provisiones y muchos de los cañones usados en los bombardeos no habían soportado el desgaste de su continua utilización. Lo peor de todo es que el barco que tenía que traer nuevos suministros había sido capturado en alta mar. Pachá decidió atacar Mdina, la capital de la isla.

    El uso de espías durante la campaña previno a los caballeros del ataque a Mdina.

    Toda la población de la ciudad se prestó voluntaria para su defensa. Los turcos avanzaron y se encontraron con la sorpresa de que todas las murallas estaban llenas de gente armadas con cañones y mosquetes. El ejército otomano tuvo que dar media vuelta.

    El 24 de agosto se inició una pausa de una semana.

    El 1 de septiembre, los otomanos intentaron un nuevo ataque masivo contra Senglia y Birgu pero, esta vez, la baja moral de las tropas imperiales impedía que fuera tan brutal como los anteriores.

    Algo increíble ocurrió el 6 de septiembre. Algo que levantó el ánimo de las tropas cristianas: los refuerzos de Sicilia habían llegado. La Valette usó otra vez su astucia para golpear a Pachá: hizo creer a un esclavo turco que habían llegado 16000 hombres al lugar. Dejó que este escapara y que informara al comandante otomano. Pachá, al oír la noticia, ordenó la retirada total de la isla.

    La Valette estaba dilucidando el ataque final cuando escuchó al grueso del ejército otomano salir a toda velocidad del lugar. En la mañana del 8 de septiembre, las posiciones que ocupaban los turcos estaban completamente desiertas. La alegría llenó el corazón de los caballeros y de los malteses.

    Mientras, Pachá recibió la sorprendente noticia de que la fuerza de rescate solo constaba de 8000 hombres. Enfurecido, mandó volver a desembarcar a sus tropas y lanzarse contra el enemigo. La Valette supo esto y movilizó de urgencia a todos los caballeros de la isla. En Naxxar, hospitalarios y otomanos se enfrentaron en una gran batalla. Los caballeros cargaron contra el frente mientras que la fuerza de rescate y los milicianos de Mdina hacían lo propio por los flancos. Antes de recibir el primer envite, los turcos comenzaron a huir. Todos se retiraron hacia las barcas. Pachá estuvo a un pelo de ser capturado. Los pocos otomanos que sobrevivieron pudieron embarcar de vuelta a Estanbul.

    La Orden de San Juan había cerrado las puertas de Europa a los otomanos con éxito.

    Muchos cayeron pero su leyenda sigue viva y todo gracias al gran liderazgo que Jean Parissot de La Valette llevó acabo. Su figura caló tan hondo en los malteses que, en agradecimiento, la nueva ciudad que se fundó en el monte Sciberas para controlar la zona recibió el nombre de La Valetta.

    Esta es la historia de un asedio legendario.

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  • Un asedio legendario III/

    Escrito por Platov el 11/08/2012
    Bueno, sigamos con este rollo.
    Recordad que ahora podéis seguirme también en la versión mejorada y ordenadica de El Correo del Atamán. Oh, yeah!

    Tras sufrir 3000 bajas en su bando, Mustafá Pachá decidió repetir, a mayor escala, la táctica que llevo acabo en San Elmo: rodear la fortaleza, cortar los suministros y atacar por varios frentes a la vez. Además, colocó varios cañones desde el monte Salvador hasta la bahía de Kalkara.
    Pachá también pensó que podía ganarse el afecto de los habitantes de la isla, que eran descendientes de musulmanes, pero no funcionó porque los malteses estaban bastante contentos con los caballeros. Preferían ser "esclavos de San Juan antes que ser compañeros del Gran Turco".
    Mientras tanto, La Valette dispuso varias defensas a lo largo de Kalkara en forma de botes hundidos unidos por cadenas y mandó levantar barricadas por las calles. La fuerza de rescate tardaba demasiado en llegar y era algo que preocupaba al Gran Maestre.

    A la mañana siguiente, las penínsulas de Birgu y Senglia amanecieron bajo una brutal lluvia de proyectiles turcos. Era tal la polvareda levantada en San Miguel que no se podía llegar a ver nada. Ese fue el momento que los otomanos aprovecharon para atacar. Seis horas donde los turcos pudieron establecer varias cabezas de puente tras las defensas cristianas pero los hospitalarios conisguieron repeler el ataque.
    Cinco días duró el bombardeo. El 7 de agosto, los turcos volvieron a atacar en oleadas. Estos llegaron al Puerto de Castilla donde aprovecharon una brecha en las defensas para entrar como un vendaval. Fueron recibidos con salvas de mosquetes, fuego griego y ruedas incendiarias. Los caballeros consiguieron repeler el ataque otra vez pero, esta vez, dejaron que el enemigo huyera para poder reparar la brecha.
    Pero algo malo ocurría en San Miguel. La fortaleza estaba a punto de caer en manos turcas. Pachá decidió liderar el combate el mismo hasta que enmudeció cuando le informaron de que el campamento otomano estaba siendo atacado. Llegó a la conclusión de que serían los refuerzos cristianos.

    En realidad, quien estaba atacando el campamento era la guarnición de la ciudad de Mdina que aprovecharon el ataque total de los turcos para destruir su campamento ahora que este estaba desprotegido. Quemaron tiendas, capturaron caballos y mataron a los enfermos y heridos. Pachá no podía creer lo que había sucedido. Por un descuido, le habían arrebatado una gran victoria.

    La Valette seguía apesadumbrado ante la cruda realidad: los refuerzos no llegaban. Tan solo le que daba rezar para poder aguantar lo que se le venía encima. Sin embargo, el papa Pío IV promulgó una bula por la cual cualquier cristiano que luchase para defender Malta se le perdonarían sus pecados y podría reunirse con el Todopoderoso en el Paraíso. Todos los malteses se presentaron para defender su isla.

    Pachá seguí empecinado en conquistar las fortalezas de la isla. Para ello, se le ocurrió llevar acabo un asedio de la vieja escuela construyendo una torre de asdio más alta que las murallas para atacar el Puerto de Castilla mientras las defensas eran minadas. Ya sabéis, excavar un túnel para socavar los cimientos de las murallas. El plan era derruir parte de la muralla y tomar lo que quedara con la torre.
    La Valette sabía, gracias a varios desertores turcos, que la muralla estaba siendo minada así que debía llevar cuidado a la hora de planificar el siguiente movimiento.
    El 18 de agosto comenzó otro bombardeo y otro ataque. La Valette no envió refuerzos al lugar donde se encontraba la mina, algo que entristeció a Pachá, el cual quería que cuantos más caballeros estuvieran presentes en la caida de la muralla, mejor. El comandante turco dio la orden de derribar la mina, con lo que se abrió una brecha en los muros. Las tropas otomanas entraron y, esta vez, los caballeros se vieron abrumados. El pánico se extendió entre las filas hospitalarias y un monje avisó a La Valette para que fuera preparando la evacuación del lugar.
    Pero el Gran Maestre no se daría por vencido tan fácilmente. Cogiendo una de las picas de los guardias, se lanzó hacia la brecha. Sus hombres, viendo como su líder arriesgaba su vida hasta el final, le siguieron sin pensarlo dos veces. El Maestre sufrió heridas en su pierna debido a una granada pero ni así lo pudieron parar. Hasta que no se recuperó la posición, no pidió que lo curaran.

    Por la noche, los turcos volvieron a atacar.
    Otra retirada turca permitió que los caballeros hicieran balance de la situación. Habían sufrido muchas bajas y la pólvora comenzaba a escasear.
    El 19 de agosto fue el día del ataque más espantoso. Los turcos se retiraban y volvían a atacar las murallas cada dos por tres. La Valette sufrió una pérdida irreparable: la de su sobrino Henri. Aquí fue donde el Gran Maestre comenzó a mostrar señales de abatimiento pero no dejó que sus propios sentimientos lo guiaran y comenzó a diseñar un plan para acabar con la torre de asedio.
    Los otomanos habían hecho un gran trabajo con la torre: la habían forrado de con trozos cuero para hacerla inmune a las armas incendiarias. Desde ella, los jenízaros podían abatir a los defensores sin ninguna dificultad.
    El maesro carpintero de La Valette le aconsejó que el único punto débil del artilugio era la base. El Gran Maestre lo comprendió y ordenó que se hiciera un boquete en la base de la muralla donde se encontraba la torre pero que no se quitaran las piedras que protegían la cara exterior. En el túnel, colocó un cañón con balas incendiarias. Cuando todo estaba listo, los caballeros abrieron el muro y.... ¡KABOOM! El proyectil reventó la base de la torre. El ingenio de asedio comenzó a tambalearse. Los turcos empezaron a abandonarla pero, antes de que todos salieran, la torre se vino abajo. El muro se reparó en un instante.
    Mientras tanto, Pachá atacaba Senglia con un artilugio: una especie de cartucho sellado relleno de pólvora cuyo objetivo era derribar lo que quedaba de muralla. Pero el cartucho fue llevado a la cara interior de la muralla para reventarla por ese lado, lo que fue aprovechado por los caballeros para devolvérselo cariñosamente a sus creadores. El carro que lo transpotaba cayó a la zanja donde los turcos se protegían de la explosión. Claro, que la zanja estaba pensada para protegerlos de la explosión que se produciría al otro lado de la muralla, no delante de sus narices. Los defensores aprovecharon el momento en que los atacantes estaban recogiéndo sus pedazos para hacerles huir.

    CONTINUARÁ....
    (Y os prometo que terminará en la siguiente entrega.)
  • Interrupción con pregunta./

    Escrito por Platov el 10/08/2012
    Interrumpimos la emisión de "Un Asedio Legendario" para pedir vuestra opinión.

    Verés, algunos seguidores me han sugerido que podría seguir con "El Correo del Atamán" en un blog propio (fuera de Subcultura, vamos).
    Lo he estado pensando y no sé que hacer.
    Por una parte, estaría bien ya que me permitiría ordenar los posts por temáticas y que no se armara el lío padre (porque estar hablando sobre la Orden Templaria y, acto seguido, publicar un relato sobre un arqueólogo espacial ido de la cabeza no es lo más normal del mundo).
    Por otra parte, me da un poco de penica abandonar el blog de Subcultura. La solución estaría en usarlo como un pequeño avance del post, tipo trailer de película.
    He visto que muchos de vosotros lo tenéis en Blogger y me ha llamado la atención tal plataforma.

    ¿Qué opináis vosotros?
  • Un asedio legendario II./

    Escrito por Platov el 09/08/2012
    Bien, continuemos por donde lo habíamos dejado.

    La Valette y sus hombres tuvieron que retirarse hacia el fuerte de San Miguel, situado en el monte Sciberas, unido por una línea defensiva a la fortaleza de San Ángelo. Tenían suerte de contar con abundante comida pero les seguían faltando soldados.

    El 24 de junio, los vigías de San Ángelo divisaron los cuerpos decapitados de los caballeros que se quedaron a defender San Elmo. Como veis, los turcos no se andaban con chiquitas a la hora de ajusticiar al enemigo. Al ver el espectáculo, el Gran Maestre no se amilanó y estuvo más dispuesto todavía a expulsar a los turcos de Malta. Para bajar la moral otomana, La Valette ordenó disparar hacia las posiciones enemigas usando las cabezas de los prisioneros turcos como munición.
    Buenas noticias llegaron al bando hospitalario: un contingente de rescate había llegado al norte de la isla proveniente de Sicilia. Comandado por el caballero De Robles, las fuerzas desembarcaron aún a pesar de que San Elmo había caido, consiguiendo rodear con mucho sigilo a las fuerzas otomanas ayudados por la niebla que se había levantado en aquella jornada, llegando a la ciudad de Birgu sin ningún contratiempo.
    Cuando Pachá vio los estandartes en los muros de los regimientos de refuerzo, algo en su interior le hizo saber que algo iba mal. Deicidió enviar a un viejo esclavo cristiano para negociar la rendición de los caballeros. Los términos serían los mismos que los de Rodas: los caballeros podían abandonar Malta, poniendo rumbo a Sicilia.
    La Valette, en un acto de gran astucia e inteligencia, ordenó colgar al esclavo. Este le pidió clemencia, algo que buscaba el Gran Maestre. La Valette le enseñó las fortificaciones al mensajero y a las filas de caballeros dispuestos para el combate. El esclavo captó la idea y, aterrorizado, volvió al campamento turco.

    Viendo que su oferta fue rechazada, Pachá retomó el combate.
    Ordenó que se colocara una batería de cañones en los Altos de Corradino que, junto con la que tenía en el monte Sciberas, someterían a la fortaleza de San Miguel a fuego cruzado. También trasladó algunos de sus barcos por vía terrestre hasta el puerto de Marga.
    Mientras que se discutía que se debía hacer ante esto, un caballero que vigilaba el puerto divisó a un oficial turco haciendo señales. Cogió un bote y a unos cuantos hombres para acercarse hasta él pero, cuando estaban llegando, un grupo de soldados turcos se dirigían hacia allí. El oficial turco se lanzó al agua con el pequeño inconveniente de que no sabía nadar. Rescatado por los caballeros, consiguió llegar sano y salvo ante La Valette. El Gran Maestre se llevó una gran sorpresa cuando el hombre se presentó. No era turco, era griego y no uno normal. Era un Lascaris, descendiente de los mismísimos emperadores bizantinos. El oficial quería ayudar a los de su religión a vencer a aquellos bárbaros que dstronaron a sus antepasados y comenzó a relatar los planes de Pachá.
    Al conocer las intenciones del comandante otomano, La Valette mandó colocar empalizadas a lo largo de la costa de Senglia. También hizo lo mismo en el sector septentrional de Birgu.
    Pachá envió a unos nadadores para que destrozaran las defensas, sin éxito. Después, usó botes con cadenas para atarlas en las empalizadas y tirarlas. Algunas estacas fueron derribadas pero los caballeros las repararon enseguida.

    El 15 de julio, comenzó el ataque turco.
    Era un ataque contra las empalizadas pero, a pesar del gran número de botes, las defensas resistieron y más si los turcos fueron recibidos por una lluvia de disparos de mosquete. Aún bajo el fuego enemigo, los turcos desembarcaron. Sufrieron grandes bajas pero llegaron hasta los muros.
    Por tierra, un contigente otomano apoyó el ataque anfibio, sin atemorizarse ante los cañones hospitalarios, llegando a escalar los muros.
    Y la cosa no podía ir peor para los caballeros cuando un polvorín estalló en Senglia, abriendo un boquete en la muralla. Bajo el mando del caballero Zanoguerra, muchos hombres decidieron impedir el paso a los musulmanes, aún a costa de sus vidas. La Valette envió refuerzos a la brecha a través de un puente de botes, consiguiendo rechazar a los turcos.
    Pachá envió diez botes con cien jenízaros cada uno para dar el golpe de gracia a los hospitalarios pero, desde San Ángelo, el caballero De Guiral observó las intenciones de Pachá. Ordenó cargar los cinco cañones que había en su posición con el máximo de metralla posible. El resultado: un montón de jenízaros hechos jirones (¿lo cogéis? Jenízaro, jirón... ¡Bah!).
    El combate duró cinco horas. Los turcos que se quedaron en la zona tuvieron que huir despavoridos porque hasta los propios malteses salían de la fortaleza para matarlos.
    Pachá, muy cabreado, ordenó que las baterías de Corradino y Sciberas abrieran fuego, matando a muchos defensores, entre ellos el hijo del virrey de Sicilia.

    CONTINUARÁ...
  • Un asedio legendario I./

    Escrito por Platov el 08/08/2012
    ¡Saludos, ciudadanos de Subcultura!
    ¿Qué tal?

    El tema del post de hoy se me ocurrió en una conversación por el correo privado de Sub con Vilem_Landerer donde hizo una acertada comparación, así que agradecedle a él la idea. Antes de nada, avisaros que lo dividiré en varias partes. Algo de esta envergadura no se puede contar en un solo post.

    Voy a relatar el que es uno de los asedios más legendarios de la historia: Malta. Para ello, debemos viajar al siglo XVI.
    Los grandes imperios europeos estaban aterrados al ver el imparable avance del Imperio Otomano. Cuando las fuerzas turcas llegaron hasta Viena en el 1529, el pánico se desató, aunque más tarde el asedio a esta ciudad por parte de los otomanos fue un fracaso.
    Pero Solimán no se quedaría cruzado de brazos e intentaría conquistar Europa por otro sitio: el mar Mediterráneo. Escaramuzas a bordo de galeras y con la ayuda de piratas tan famosos como Barbarroja o Dragut eran algo normal.

    Mientras, una de las pocas órdenes militares de origen medieval que quedaban en pie (los templarios ya eran solo una leyenda y los teutones estaban cada vez más secularizados), la Orden de San Juan del Hospital, vagaba sin rumbo fijo por la Europa católica tras haber sido expulsada por las fuerzas turcas de su sede de Rodas.
    Ante lo que se le venía encima, Carlos V pensó que sería una buena idea contar con el apoyo de estos monjes guerreros con el objetivo de parar el avance de Solimán. Ni corto ni perezoso, Carlos y su prominente mentón ofrecieron a la orden el control de las islas de Malta, Gozo y Comino en 1530. Los caballeros aceptaron de buen grado.
    No os dejéis llevar por el término "caballero". Para la Orden de San Juan atrás quedaron los gloriosos años de cargar a caballo con la lanza en ristre contra los infieles. Su antigua posición en Rodas hizo que cambiara el caballo por los barcos, convirtiéndose en una especie de policía marítima.
    Tras establecerse en Malta, los hospitalarios comenzaron una serie de asaltos a las flotas turcas. Solimán, como era lógico, se cabreó al saber de ello ya que él fue quien dejó que los caballeros abandonaran Rodas de forma pacífica. Era hora de contraatacar.

    Mientras que Solimán preparaba a sus hombres para atacar a sus viejos enemigos, los caballeros llevaron acabo varias políticas de fortificación de la isla tras un ataque de Dragut, en 1551. Una de ellas fue la construcción del impresionante fuerte de San Elmo.

    Fue el viernes 18 de mayo de 1565.
    Una pequeña flota de galeras que realizaba labores de patrulla alrededor de la isla divisó a lo lejos una gran flota con las enseñas de la luna creciente. Los otomanos habían llegado.
    Jean Parisot de la Valette, el Gran Maestre de la Orden, no se quedo de brazos cruzados al conocer la noticia. Envió un mensaje a Sicilia pidiendo ayuda y comenzó a preparar la defensa de la isla.
    Los turcos desembarcaron en Mersasirocco tras dudar del lugar óptimo para desembarcar. Los caballeros se retiraron a las fortificaciones para resistir allí, igual que en Rodas, pero esta vez los turcos no tenían un único objetivo en el que concentrarse.
    Tras la captura de un caballero que confesó donde estaba el punto más débil de la isla tras ser torturado, los turcos avanzaron. La Valette dejó que los caballeros más jóvenes se lanzaran al ataque. Mustafá Pachá, el comandante otomano, pensó que sus hombres habían masacrado a estos guerreros pero se quedó de piedra al saber que hubo más bajas entre los turcos que entre los hospitalarios.

    Tras este incidente, Pachá decidió tomar San Elmo tras discutir con sus colegas en un consejo.
    Es aquí donde dos soldados renegados otomanos se pasaron al enemigo. Estos le explicaron a La Valette el plan de los turcos. Con esta valiosa información en su poder, el Gran Maestre comenzó a reforzar el fuerte.
    Los turcos emplazaron sus impresionantes cañones en el monte Sciberas. Recordad que los turcos eran los maestros del asedio y que sus cañones podían convertir en polvo un pedazo de muralla como si nada. Las piezas elegidas fueron 10 cañones de 80 libras, 2 de 60 y, atención, un basilisco de 160. El 24 de agosto, comenzó el bombardeo. Unas pocas horas después, las murallas comenzaban a desquebrajarse. Los centinelas que se asomaban para ver los desperfectos eran abatidos por jenízaros otomanos que utilizaban unos parapetos de camuflaje.

    San Aubin, el comandante de la flota hospitalaria, intentó poner fin al bloqueo del puerto. Lo único que consiguió fue despistar a la flota otomana pero ya está.
    El 29 de mayo, Pachá se despertaba con una mala noticia: los cristianos avanzaban a golpe de mosquete, haciendo que los turcos se retiraran. Se enviaron a los jenízaros para contraatacar, con un éxito aplastante.
    Pero, al día siguiente, La Valette recibió una noticia que hizo que se le pusiera el pelo de punta: Dragut estaba en Malta. Uno de los piratas berberiscos más terribles estaba comandando la flota otomana. Su idea fue cortar la ruta de suministros que llegaba desde San Ángelo hasta San Elmo. Más tarde, decidió que la noche sería el momento idóneo para tomar las murallas de la fortaleza pero este ataque fue un fracaso debido a que el fuego griego no se lleva muy bien con los ropajes de seda que vestían los turcos.
    Al día siguiente, los turcos bombardearon la maltrecha muralla. Varias secciones de esta se vinieron abajo pero los jenízaros que la asaltaron fueron vencidos con las tácticas anteriormente mencionadas.

    Los caballeros se reunieron en consejo para decidir si había que evacuar San Elmo. Todos votaron que sí excepto La Valette, el cual había recibido una carta desde Nápoles la cual decía que se le iban a enviar refuerzos de inmediato. Tras vacilar en un primer momento, los caballeros apoyaron a su Maestre.
    Los otomanos seguían realizando ataques, bastante desesperados, que terminaban con grandes bajas en su propio bando.
    El 18 de junio, un grupo de artilleros cristianos apuntaron hacia la lujosa tienda de Pachá. La lluvia de piedras que originó el impacto hirió gravemente a Dragut. Esto minó la moral del ejército otomano.

    Los otomanos aprovecharon la celebración del Corpus Christi para pillar desprevenidos a los caballeros. Fue un gran golpe para los hospitalarios. Los turcos habían conseguido entrar en San Elmo y los caballeros no tenían otro remedio que proteger a los civiles mientras huían. Muchos caballeros murieron combatiendo hasta el final. Tras la toma, Pachá envió una carta a Dragut para informarle de la victoria. El viejo pirata murió después de leerla.
  • Todos los caminos llevan a Roma./

    Escrito por Platov el 01/08/2012
    ¡Hola, personas!

    Hoy toca un post rapidito de recomendación: una web pero no una web cualquiera. Se llama "Orbis" y podéis encontrarla en este enlace.

    ¿De qué va esto?
    Simplemente, es un programa que te permite saber cuantos días, dinero y kilómetros hacían falta para completar un viaje desde una ciudad del mundo antiguo hasta otra. Se pueden calcular a partir de diversos factores como el tipo de vehículo utilizado (barco, caballos, carros, etc.), si es por mar, río o vía; cuanto dinero te quieres gastar, el mes en el que haces el viaje, si estás comandando un ejército, etc.

    Me parece algo muy recomendable, no solo para los que tenemos que hacer trabajos relacionados con este tema sino también para aquellos que están escribiendo o dibujando una historia ambientada en la Antigüedad y quieran documentarse bien a la hora de plasmar distancias entre ciudades.

    Espero que os guste.
    ¡Nos vemos!
  • De la estupidez humana./

    Escrito por Platov el 28/07/2012
    ¡Hola, gente!
    ¿Qué tal?

    Veréis, a lo largo de la historia, la humanidad ha demostrado cuán estúpida puede llegar a ser: adentrarse con una legión en un bosque infestado de bárbaros cabreados, subestimar a una nación nativa porque van en taparrabos o invadir Rusia.

    Pero esta mañana, ha ocurrido algo en mi calle que yo lo calificaría como "no se puede ser más idiota".

    En esta España medio reseca, sobre todo aquí en Murcia, andamos con mucho cuidado para no provocar ningún incendio. Las últimas semanas nos han demostrado que cualquier descuido puede ser fatal (por cierto, ¿os habéis fijado que los incendios de Cataluña, Valencia, Castilla-La Mancha y Murcia coinciden con los lugares por donde va a pasar el Corredor Mediterráneo de ferrocarril?).
    Pues bien, esta mañana, a un tipo no se le ha ocurrido otra cosa que quemar matojos en un solar que hay al final de mi calle. Al parecer, este señor se ha levantado esta mañana con la "feliz" ocurrencia de que quemar rastrojos una calurosa mañana de finales de julio es una buena idea.
    Sin ningún tipo de protección (me refiero a una manguera conectada a un depósito de agua o toma) y sin permiso alguno, ha comenzado a darle candela a la vegetación reseca que habitaba dicho solar. El lugar está pegado al colegio que hay enfrente de mi casa. Por suerte, no corre viento hoy en mi calle y, creedme, si hoy hiciera viento en mi calle estaríamos condenados.
    Un vecino nuestro ha llamado a policia y bomberos para terminar con este despropósito y, loados sean los dioses, han llegado a tiempo.
    Ahora, el idiota quemaplantas ese tendrá que pagar una multa pero creo que una cantidad de dinero no sirve para curar la estupidez. Imploremos a los dioses para que no se vuelva a repetir.

    ¡Nos vemos!
  • Ayer vi "Infierno sobre Ruedas": una pequeña recomendación./

    Escrito por Platov el 25/07/2012
    ¡Hola, chicuelos y chicuelas!
    ¿Qué tal?
    Voy a actualizar el blog que lo tengo un pelín abandonado.

    Hoy, voy a hacer una de esas críticas/reseñas que tanto os gustan.
    Como podéis adivinar por el título del post, es sobre "Infierno sobre Ruedas", la nueva serie de A3.

    Cuando a tu padre le encanta el género del "western", es normal que tengas ciertas simpatías por ello y a mí me pasa, más todavía si eres historiador y te mola el S. XIX.
    Me llamó la atención mucho que alguien volviera a retomar este género para una serie de televisión. Así que decidí verla.

    Para el que no sepa de que va esto: la serie nos narra la historia de Cullen Buhannon (sí, lo sé, el nombre es horrible), un antiguo terrateniente sureño que luchó en la Guerra de Secesión. Todo iba bien hasta que un grupillo de soldados confederados (sí, habéis leido bien, de su propio bando) violan y asesinan a su esposa. Ahora, Cullen viaja por el país para vengarse de aquellos que acabaron con su amor. Su búsqueda de vengaza le lleva hasta Infierno sobre Ruedas, una pequeña colonia nómada formada por los trabajadores de una línea de ferrocarril.

    Hasta aquí, el argumento.
    ¿Qué tal es la serie?
    Pues, francamente, me encantó. No solo porque hay disparos y sangre sino porque refleja al 99,9% como era el Salvaje Oeste: un lugar duro donde solo sobrevivían los más fuertes y astutos.
    A diferencia de otros westerns, ISR (para abreviar) deja atrás cualquier cliché relacionado con este género y te enseña la cruda realidad: corrupción, xenofobia, desigualdad pero también honor y valentía. Solo hay que oir una de las frases del capataz: "Pienso que la culpa de la guerra la tienen los negros. Si por mí fuera, les cortaba algo más que las manos".
    Otra cosa que me hizo esbozar una sonrisa es la aparición de cierta práctica que las compañías ferroviarias usaban para ganar más dinero, algo muy común en esta época pero que sale poco en los libros de historia. Veréis, el gobierno subvencionaba con una cantidad fija cada metro de vía colocado. ¿Qué hacía el magnate del ferrocarril para maximizar este beneficio? Pues en vez de construir la vía recta hacía que esta diera giros, rodeos y muchas curvas, con lo que habían más metros y el gobierno pagaba más.

    Si os gusta este tipo de series, os la recomiendo.
    Pegas que le veo, solo dos: que comienza muy tarde (23:45) y que ponen anuncios de 10 minutos cuando solo quedan 5 para terminar, cortesía de nuestra amiga y vecina A3.

    Por lo demás, es una buena serie para pasar un buen rato.
    ¡Nos vemos!
  • ¡El Emancipador te necesita!/

    Escrito por Platov el 18/07/2012
    A ver, post rapidito de promoción.

    Nuestro colega Vilem_Landerer ha promovido esto en el foro.

    Va a escribir un fanfic sobre Star Wars y deja a nuestra elección la creación de algunos de los personajes.

    ¡Vamos! No seáis ridículos. Si os gusta escribir tanto como a él, participad. Yo ya lo he hecho y no he perdido ninguna extremidad en el intento.
  • Entrevista en la boca del lobo./

    Escrito por Platov el 17/07/2012
    ¡Hola, gentes!
    ¿Cómo lo lleváis?

    Veréis, Albion y Paw me preguntaron en el último post si tenía algo escrito sobre el RPG steampunk que estoy creando. Les dije que no pero ese toque de atención me ha llevado a escribir este relatillo que, si consigo hacerlo, irá incluido en el posible manual de juego.

    Espero que os guste.

    Axel Higgings no se lo podía creer.
    En sus años de periodista para "The Times" nunca había tenido una oportunidad como esta. Se había hecho famoso por ser uno de los pocos periodistas que pudieron ver la caida de la capital confederada, Richmond, a bordo del USLS "Restauration", uno de los primeros ironclads terrestres de la Unión. La emoción de aquel acontecimiento no tenía nada que ver con lo que había conseguido el martes pasado.

    Mientras estaba en su mesa de trabajo acabando un artículo sobre los últimos enfrentamientos entre la Confederación Prusiana y el reino de Baviera, un chaval de unos doce años se le acercó. Le preguntó si era Axel Higgings. El periodista contestó afirmativamente a la pregunta, extrañado porque un chico con la cara llena de mugre y su ropa hecha de retales estuviera en el interior de las lujosas oficinas del periódico más prestigioso del mundo. "Esto es para usté", dijo el jovenzuelo a la vez que le daba una carta. Higgings preguntó que quién se la había dado. El chico se encogió de hombros: "Una señorita mu' rara", contestó, "Me dijo que se la diera a usté". Axel arqueo una ceja en señal de incredulidad. Le dio al joven un penique por las molestias y este se marchó contento: "Gracias, señor", dijo.

    Axel vio la carta: no tenía remite. Tan solo ponía: "Para el Sr. Axel Higgings, sección de Noticias Internacionales de The Times".
    El periodista la abrió. Desplegó el papel y leyó: "A las 01:00 de la madrugada en la entrada de Hyde Park. Venga solo. No intente nada extraño, le estaremos vigilando. Él quiere hablar con usted". No había nada más, excepto un sello, un sello que hizo que el corazón le latiera a Higgings con la fuerza de un motor de vapor. En el centro del sello estaba representada una mano cubierta por un guantelete negro, como el de las armaduras medievales, y sujetaba con fuerza un puñal. Se podía leer la siguiente frase alrededor de él: "Al corazón de los tiranos".
    "¡¿LA MANO NEGRA?!", pensó con Axel.
    La Mano Negra: la sociedad secreta anarquista cuyas acciones revolucionarias habían conmocionado a todo el mundo: el bombardeo de Versalles, el intento de asesinato de Bismarck o la bomba que un grupo de obreros se encontró en las obras de remodelación del Parlamento.
    Axel sabía a quien iba a entrevistar: Marko Kradiç. El misterioso aristócrata de origen serbio era el líder de tan pérfida organización. Era buscado por todos los servicios de seguridad de los grandes imperios pero nadie había logrado dar con su paradero exacto. Hasta ahora. El periodista vió una oportunidad de oro y la fama que le reportaría tal entrevista lo catapultaría hacia la leyenda.

    Eran las 01:00.
    Como siempre, la niebla cubría los verdes árboles que decoraban Hyde Park. Axel esperaba impaciente en el lugar donde ponía la carta. Había preparado una serie de preguntas que llevaba apuntadas en su block de notas. Estaba preocupado por si alguna de ellas ofendía a Kradiç y cuales serían sus represalias hacia su persona. De repente, vio venir un carruaje. Se paró delante suyo. El cochero bajó, saludó a Axel con toque de su gorra y abrió la puerta. Del interior bajó una mujer joven. Iba bien vestida. Sus ojos eran azules y su pelo rubio, recogido en un moño. En el interior del carro se había quedado alguien. ¿Kradiç? "No", pensó el periodista. El líder de la Mano Negra no se expondría al peligro por una simple entrevista.
    -¿El señor Axel Higgings?- preguntó la mujer. Hablaba con un marcado acento de Europa del Este.
    -Sí... Sí, soy yo- respondió Axel, muy nervioso.
    -Soy Alexandra Kradiç, esposa del señor Marko Kradiç- esto sí que era bueno, pensó el periodista. El hombre más siniestro del planeta estaba casado- Por favor, si es tan amable de acompañarme.
    -¿Su esposo no ha venido?- preguntó Axel.
    -No- respondió la mujer- Quiere encontrarse con usted dentro de su "emplazamiento secreto", para evitar algún peligro.
    Los dos se montaron en el carruaje. La persona que se había quedado en el interior llamó la atención a Axel. Era un hombre bajito, de complexión fuerte, cuyas manos, cuello y todo resto de piel que dejaba ver su traje estaba cubierto de pelo. Sus ojos eran como los de un animal y sus dientes, afilados. "¡Un mutante!", pensó el periodista.
    La mujer hizo un gesto a la criatura. Este sacó un pequeño estuche. Al abrirlo, Axel vió una jeringuilla y un frasco. El mutante llenó la jeringuilla con un poco del líquido que contenía el frasco.
    Axel se hizo hacia atrás en su asiento con gesto de horror.
    -Tranquilo- dijo la mujer- No se preocupe. Es solo una medida de seguridad para que no pueda deducir donde está nuestra base de operaciones. Además, antes de ser mutado, Frederik era médico.
    El mutante estiró el brazo de Axel y lo remangó, sin que el periodista ofreciera ningún tipo de resistencia. Pinchó en una vena e inyectó el líquido. El periodista volvió a ponerse bien la manga. Unos pocos minutos después, se sintió adormecido hasta que sus ojos se cerraron por completo.

    Axel se despertó de golpe.
    Sintió como si hubiera dormido una eternidad. Poco a poco, se dió cuenta de que ya no estaba en la calesa. Estaba sentado en un sillón, en el interior de un salón bastante acogedor, iluminado tan solo por el fuego de una chimenea.
    -¿Se encuentra bien?- preguntó una voz de hombre, también con un marcado acento del este.
    -Sí- respondió Axel, sin saber todavía donde estaba su interlocutor- Creí que jamás despertaría.
    El periodista vió a la mujer al lado de un hombre y ya se dió cuenta de que no estaba solo. Estaba sentado. Sus largas piernas estaban cruzadas para estar más cómodo. Su piel, blanca como la nieve, contrastaba con su pelo negro como el carbón. Iba elegantemente vestido. Axel se quedó con la boca abierta al saber quien era ese personaje.
    -¡Vaya! Parece que no debo presentarme, ¿verdad, señor Higgings?- dijo Kradiç con una sonrisa en su cara.
    -Esto... Yo... Verá... No sé que decir...- continuó Axel.
    -¿No tiene una entrevista que hacerme? He consultado sus preguntas mientras usted dormía y me han parecido buenas. Por favor, le pido perdón por haberlo dormido y por haber cogido sus pertenencias sin permiso. Es por, ya sabe, seguridad. Tranquilo, todo está otra vez en su sitio.
    Axel se hechó mano al bolsillo de su chaqueta y, menos mal, allí estaba su cuadernillo y su pluma. Lo sacó con cierto nerviosismo.
    -Bueno, señor Kradiç. Es un honor que haya pensado en mí para realizar esta entrevista- dijo Axel.
    -No todo el mundo diría lo mismo- contestó Kradiç.
    -Eh... Sí... Bien, le haré la primera pregunta.
    -Cuando quiera- Kradiç dijo esto mientras hacía un gesto con la mano a Alexandra. Esta salió de la habitación.
    -Bien, ¿qué es lo que persigue la Mano Negra? ¿Cuál es su objetivo?
    -La Mano Negra busca la unidad de todos los pueblos. Para ello, ataca a aquellos que hacen todo lo posible para acabar con la libertad y la paz: los gobiernos de las naciones. Solo eliminando a los llamados "líderes", la humanidad podrá vivir en paz y en hermandad, sin nadie que le diga que debe de hacer.
    -¿Eso quiere decir que quiere acabar con el orden establecido, verdad?
    -Si por "orden establecido" se refiere a los sistemas de gobierno impuestos por una minoría, sí. Lo que queremos es que sea el pueblo quien imponga su orden sin necesidad de redactar reglas que los opriman.
    -Pero eso es caer en la anarquía, ¿no? La gente se mataría entre ellos.
    -No, se equivoca, señor Higgings- recalcó Kradiç- La humanidad puede autorregularse sin necesidad de reglas absurdas, simplemente con la costumbre y el saber hacer.
    -Y para alcanzar su objetivo no importa la muerte de docenas de inocentes, ¿verdad?
    Kradiç acalaró su garganta.
    -Esa pregunta me incomoda pero le he dicho que respondería a todas ellas. Es una pena que muera gente inocente, la gente a la que nosotros protegemos, pero en toda lucha hay que hacer sacrificios.
    -¿Está diciendo que el fin justifica los medios?
    -No. Estoy diciendo que es una lástima que muera alguien que no tenga nada que ver con nuestra lucha. Si yo fuera un nuevo Maquiavelo, ahora mismo todas las capitales de estado estarían reducidas a cenizas.
    -Bien, señor Kradiç. Pasemos a la siguiente: ¿cómo es posible que la Mano Negra sepa todo lo que hacen los gobiernos mundiales? Me refiero, entre otras cosas, al robo de los planos de las fortalezas aéreas prusianas.
    -Tengo ojos y oidos en todas las instituciones. No sabe usted la cantidad de militares, funcionarios y sirvientes que odian al gobierno para el que trabajan.
    -Me hago una idea-dijo Axel- Otra pregunta: la gente contra la que lucha tiene familia. ¿Qué hará con ellas si consigue sus objetivos?
    -Si cree que las voy a meter en un campo de trabajo como hacen los rusos con sus disidentes está usted equivocado, señor Higgings. Pienso tenderles la mano y demostrarles que sus ilustres familiares estaban equivocados. Nadie será excluido.
    -Vale. Ahora la última y más importante de las preguntas: ¿cómo es posible que el hijo de una familia aristocrática sea anarquista y el mayor criminal del mundo? Perdone si le he ofendido al llamarle "criminal".
    -Tranquilo, le perdono- dijo Kradiç- Verá, mis padres eran unos monstruos. Su pertenencia a una clase social tan elevada les hacía creer que estaban por encima de los demás. Debía de haber visto como trataban al personal de servicio: como animales. Yo no podía soportar eso. A través de unos amigos de la universidad, asistí a reuniones de un grupo anarquista. Me gustaban sus ideas pero no me gustaba la forma en que las ejecutaban. Mire, si quiere mandar a un pobre diablo a inmolarse con un cinturón de explosivos al centro de una plaza completamente vacía, hágalo, pero será recordado como el mayor asesino de la historia. Pensaba que había otra manera sin que nuestros camaradas murieran en el intento.
    -¿Y así fue como nació la Mano Negra?-preguntó Axel.
    -No- dijo Kradiç- La Mano Negra nació a raiz de un incidente en mi vida personal.
    -¿Puede contarlo?
    -Sí- Kradiç se puso serio- Creo que ya conoce a mi esposa.
    -Sí- contestó Axel.
    -Pues ella fue la causa de que comenzara todo esto. Antes de ser mi esposa, era una de las empleadas de mi madre. Cuando Alexandra llegó por primera vez a mi casa, me enamoré perdidamente de ella. En secreto, sin que mis padres se dieran cuenta, le declaré mi amor. Ella me besó. Nuestro romance era un secreto. Quedabamos por las noches en el cobertizo donde mi padre guardaba su faetón a vapor. Hasta que, una noche, mi madre nos descubrió y ya se imagina como se puso, ¿verdad? Cogió a Alexandra del pelo y la llevó a los establos. Allí cogió uno de los látigos para azuzar a los caballos y...- en ese instante, Axel vió como una Kradiç se emocionaba y una lágrima caía por su frío rostro- ¿Sabe lo que es ver al amor de tu vida sufrir sin que tú puedas hacer nada? 30 latigazos. Mi madre hizo que lo viera todo. Y allí la dejó, como un pobre animal. Curé sus heridas lo mejor que pude porque sabía que mi madre no llamaría a un médico.
    Y allí fue donde nació la Mano Negra.
    Mi padre, al enterarse de la noticia, comenzó a enviar cartas a una de las academias militares prusianas más exigentes para meterme en ella.
    La noche antes de salir para Berlín, quedé en secreto con Alexandra. Había vuelto a vivir con sus padres. Le dije que tuviera hecho su equipaje para la mañana siguiente. Yo fuí al lugar clandestino donde los anarquistas celebraban sus reuniones. Detrás de un armario, en un cuarto secreto, guardaban explosivos.
    Fuí al cobertizo del faetón de mi padre. Allí, rompí los cartuchos y los mezclé con el carbón.
    A la mañana siguiente, nos preparábamos para irnos. Yo había hecho mi equipaje pero no para viajar a Berlín. Con la excusa de que me había olvidado algo en mi cuarto, me escapé.
    Lo último que ví de mis padres fueron sus pedazos volando, junto con el cobertizo, cuando me alejaba del lugar.
    A partir de ahí, mis contactos y la fortuna robada a mis padres hicieron el resto.
    -Bu... Bueno-Axel estaba con la boca abierta- Creo que ya tengo todo lo necesario.
    -¿Ha terminado ya la entrevista?-dijo Kradiç con cierto sentido del humor- Ha pasado el tiempo volando.
    -Eh... Sí...-dijo Axel- Gracias por su tiempo, señor Kradiç.
    -De nada, senor Higgings. ¡Ah! No se preocupe. No le dolerá.
    -¿Él qué....?- Axel no pudo terminar la frase al sentir un pinchazo en el cuello. Se giró y vió otra vez a Frederik, el mutante, con una jeringuilla en su mano derecha.
    Axel cayó dormido la suelo.

    Volvió a despertarse.
    Esta vez, estaba en su casa, con el pijama puesto y todo.
    Tenía la lengua seca y la sensación de que la entrevista con Marko Kradiç solo fue un sueño. Se levantó rápidamente, algo mareado, y fue veloz hacia el perchero donde estaba colgada su chaqueta. Tanteó y... menos mal. Su cuaderno seguía allí. Lo abrió y vió todas las anotaciones que había hecho durante la entrevista.
    Parece que arriesgarse por ello mereció la pena.

    FIN

  • Cambios en "1870"./

    Escrito por Platov el 12/07/2012
    ¡Hola, chicos y chicas!
    ¿Cómo estáis?
    Yo, fatal: acabo de entrar en estado de bloqueo con el TFM.
    Es por eso que aprovecho este rato para hacer comentarios idiotas.

    En mi anterior post, Mochuelo me dió un toque de atención debido a que la fuente que usé para escribirlo ("Warlords Armies", de Tim Newark) estaba mal en cuanto a la vida del barón Steinberg. Le doy las gracias por aclararlo todo y demostrarme que no soy tan perfecto como creía.

    Ahora, a lo que iba.
    ¿Recordáis que estaba creando un juego de rol steampunk llamado "1870"? Bien, creo que voy a hacer algunos cambios al juego.
    Todo se debe a que el mundo en el cual se desarrolla sigue demasiado el curso de la historia para ser una ucronía.
    He pensado en algunas cosas como que Alemania se pase a llamar Confederación Prusiana (que mola más, en vez de Confederación Alemana del Norte), que la República de Texas sea independiente y que (alguien me lo sugirió por aquí) añadir de una vez por todas poderes psíquicos (surgidos a raiz de la experimentación con personas y a la existencia del éter).

    No sé.
    A mis colegas les gusta.
    ¿Qué opináis vosotros?
  • El hombre que quería ser Gengis Khan./

    Escrito por Platov el 07/07/2012
    ¡Hola, gentes!
    ¡Buenas noticias!
    El incendio que os comentaba en el post pasado está controlado y casi extinguido (si no lo está ya mientras escribo esto).

    Después de esta agradable noticia y antes de hablar del tema que nos toca hoy, dos cosillas.

    Cosilla nº 1: Que nuestra colega Soturisi tiene blog sobre sus ilustraciones y diseños. Que si no lo visitáis, os perseguirá el espíritu de Winston Churchill hasta que muráis de una muerte horrible. Yo aviso, ¿eh?

    Cosilla nº 2: Recomendaros el cómic Acta est fabula, de Bretema, coleguilla de nuestra adorable Paw. Va de una Tierra postapocáliptica con tintes medievales. Todavía le queda mucho recorrido pero os invito a que lo veáis.

    Después de esto, al lío.
    Como ya sabéis, me gusta mucho daros información sobre acontecimientos históricos que casi nadie conoce o que a nadie le interesan. El post de hoy va sobre eso.

    Damas y caballeros, con todos ustedes, la historia del Barón von Ungern-Sternberg, el hombre que quería ser Gengis Khan.
    Roman Nicolaus Fyodorovich von Urgern-Sternberg nació en Letonia. Desde pequeñito, Roman sentía una gran admiración por la figura de Gengis Khan. El emperador de emperadores le rondaba siempre por la cabeza y su sueño era llegar a ser tan grande o más que él.

    En 1908 servía como oficial en un regimiento de cosacos en las tierras entre Mongolia y China. Allí, se hizo cargo de un grupo de jinetes mongoles, con lo que su sueño estaba todavía más cerca. Se sentía uno más de estos formidables guerreros. Tanto que se convirtió al Budismo Lamático, religión que profesaban los mongoles. Como sabéis, ser budista llevaba consigo la creencia en la reencarnación. ¿Y quién creía el barón que se había reencarnado en él? ¡Tachán!

    Llegamos a 1917.
    La Gran Guerra está a punto de concluir.
    Bueno, para Rusia ya había terminado hace tiempo. El insoportable desgaste al que tenía que enfrentarse Rusia y las totalitarias políticas del zar fueron el caldo de cultivo para que los bolcheviques comenzaran la revolución. Con los Romanov fuera de escena, el caos se adueñó del imperio. El barón sabía que esta era una oportunidad de oro.

    1920.
    Los rusos están en plena guerra civil entre blancos y rojos.
    Como ya comenté en un post anterior, el debilitado Ejército Blanco no puede hacer nada contra el imparable Ejército Rojo. En este momento, Sternberg se encontraba en Siberia. Sabía que era hora de actuar pero los chinos aprovecharon el caos ruso para invadir Mongolia.
    Cogiendo a un nutrido grupo de antiguos combatientes blancos y de jinetes mongoles, el barón, convertido en el nuevo Gengis Khan, marchó hacia Urga (la moderna Ulan-Bator, capital de Mongolia). El 26 de octubre, Sternberg lideró el ataque a la capital. A pesar de que el barón inició un ataque arrollador, los chinos estaban mejor pertrechados y consiguieron expulsar al ejército ruso-mongol. Cinco días después, repitió el ataque con el mismo resultado.

    Tras su retirada, el barón decidió atacar las rutas de suministros que unían Urga con Pekín. Mientras, el Ejército Rojo y los comunistas mongoles perseguían sin tregua al ejército del nuevo Khan. La horda pronto se desintegró.

    Herido y acompañado solo por un puñado de sus mejores hombres, Sternberg se adentró en la estepa para escapar de sus perseguidores. En medio de este viaje, el cansancio y la enfermedad hicieron mella en el barón. Cayó al suelo y quedó inconsciente. Cuando abrió los ojos, sus leales compañeros estaban alrededor de él. Steinberg, al ver que todo estaba perdido, les pidió que lo matasen. Los mogoles se negaron, pensando que era la auténtica reencarnación de Gengis Khan. Encontraron una solución: ataron al barón de pies y manos y dejaron que fueran las hormigas carnívoras que habitaban la estepa las que se encargaran de Sternberg.

    Esta es la historia del hombre que quería ser Gengis Khan.
    ¡Nos vemos!
  • Incendio en Murcia./

    Escrito por Platov el 02/07/2012
    Valencia, Cataluña, Alabacete....
    Y ahora le toca a Murcia.

    Es triste escribir sobre esto pero el incendio que se originó en Albacete, cerca de la pedanía de Magogil, al norte del embalse del Cenajo, ha llegado hasta Moratalla.

    El viento y la sequía han hecho que el fuego se deplace hasta este municipio murciano. La Guardia Civil ha desalojado varias pedanía por temor a que el fuego se las trague.

    Varias dotaciones de bomberos están intentando controlarlo pero como "This is Spain", la crisis y los "recortes por el bien de la humanidad" han hecho mella a la hora de movilizar vehículos y equipamiento.

    Espero que se extinga pronto porque las cenizas han llegado hasta Murcia capital.
  • Soldados de fortuna./

    Escrito por Platov el 29/06/2012
    ¡Hola, gentes de Subcultura!
    ¿Qué tal?

    ¡Por fin! Ya está el nuevo Aire Acondicionado en pleno funcionamiento.
    Como ya no se me embota la mente por el calor, volvamos a las curiosidades históricas.

    A raiz del descumbrimiento de esta asombrosa página, hoy voy a hablar de esos personajillos que pululaban por la Italia del S. XV: los condottieri.

    La Italia medieval era un hervidero.
    Fraccionada en diversas ciudades estado, como Florencia, Venecia o Génova; raro era que estas no se tiraran los trastos a la cabeza por sus intereses personales.
    Pero reclutar un ejército tras otro no era lo mismo en un gran reino que en una pequeña ciudad que controlaba sus alrededores. Si ya en los primeros era bastante difícil, imaginaos en los segundos.
    Así que los italianos recurrieron los condottieri: generales mercenarios que lideraban los ejércitos estatales.

    ¿Quiénes eran estos tipos?
    Lo primero que se os puede pasar por la cabeza que fueran profesionales de las armas sin nada que hacer. Eso es cierto pero también es cierto que muchos de estos eran de origen noble, como John Hawkwood: segundones de familias o caballeros que se aburrían en sus dominios.

    El término "condottiero" procede de la palabra "condotta".
    La condotta no era otra cosa que el contrato por el cual, un general servía a cierta ciudad. En él se especificaba el nombre del contratado, la ciudad a la que servía, el tipo de compañías que lideraba, por cuanto tiempo se llevaba acabo el servicio y el pago que se daba por él.
    No era un contrato vinculante ya que si la ciudad enemiga proponía mejores condiciones a un condottiero, este podía pasarse al otro bando.

    La primera compañía de mercenarios podemos encontrarla a principios del siglo XIV: los famosos almogávares de Roger de Flor.

    ¿Cómo estaba formada una compañía?
    En primer lugar, había un capitán general o sea, el condottiero.
    Seguidamente, un canciller. Este tipo normalmente era de origen italiano ya que se encargaba de las negociaciones de contratos y la redacción de documentos.
    Más abajo, un tesorero.
    Todavía más abajo, los mariscales encargados de liderar cada bandera: una formación de 15 o 20 hombres.
    Por último, gastadores especializados en tácticas de asedio.
    También podían haber mujeres, encargadas de las tareas domésticas.

    Aunque haya dicho que muchos de estos hombres eran de origen noble, la cruda realidad nos demuestra que no estaban muy por la labor de seguir a rajatabla el Código de Caballería. Los saqueos, pillajes y violaciones estaban a la orden del día.

    Si algo tuvo de bueno la presencia de los condottieri en Italia fue la de introducir nuevas tácticas de combate que los italianos no usaban. Antes, las batallas eran menos que un duelo personal ya que los italianos usaban una extraña formación compuesta por dos hombres: caballero y paje. Sí, así de estrambótico.
    La Compañías Blancas inglesas introdujeron las formaciones en lanza para la caballería.

    El fin de esta forma de hacer la guerra llegó en el S. XVI.
    Los nuevos tipos de armamento, como las armas de pólvora, así como las nuevas tácticas que tenían su origen en lo anterior demostraron que los condottieri estaban obsoletos. Seguían teniendo una mentalidad muy medieval para hacer la guerra, por lo que no supieron adaptarse a las nuevas circunstancias.

    Y eso es todo.
    Espero que os haya gustado.
    Vuestras opiniones serán bien recibidas.

    ¡Nos vemos!
  • Heroes de la Guerra y del Martillo./

    Escrito por Platov el 22/06/2012
    ¡Hola a todos!
    ¿Cómo lo lleváis?
    Yo, fatal, porque se ha estropeado el Aire Acondicionado del piso de arriba de mi casa, lo que significa que ahora mismo parece que estoy escribiendo esto en medio del desierto del Gobi (no es coña, hablo en serio).

    Bien, como el calor me impide pensar como es debido me apetece escribir algo sobre El Orbe, mi mundo de fantasía donde los elfos llevan mostacho y los hobbits son peligrosos adictos a las armas de fuego.

    Vale, ¿cuál es el juego de mesa más jugado en El Orbe?
    Pensaréis: "Hombre, el ajedrez. Todo caballero bretón debe de saber jugar al ajedrez." Je, je, je... ¡NOOOOOO!
    El juego de mesa más jugado en El Orbe es Heroes de la Guerra y del Martillo.
    Y vosotros diréis: "Platov, el calor te ha afectado." Otra vez: ¡NOOOOOOO!
    Os explicaré la historia de este singular juego.

    Todo comienza en Skandi, la patria de los Enanos del Norte.
    En días de fiesta o reuniones, los enanos se relajaban con una buena jarra de hidromiel y jugando a una peculiar versión del ajedrez bretón. A diferencia del juego original en el que se inspiraba, el tablero de este juego (conocido por los enanos como "Saga") estaba dividido en pequeñas teselas intercambiables. Cada tesela representaba un tipo de terreno: pradera, llanuras, bosques, montañas, agua, etc. Los jugadores se ponían de acuerdo en que tipo de mapa iban a jugar. Si no era así, siempre podían consultar el "Libro de los Skaldos" o a uno de estos profesionales.
    Con las teselas colocadas, cada jugador colocaba una pequeña ficha con forma de ciudad. Esta era su capital. El objetivo de los demás jugadores era conquistar las capitales de sus contrincantes.
    ¿Cómo? Con los héroes. Cada una de estas fichas representaba a un legendario héroe de las sagas enanas. Cada uno tenía sus propias habilidades, que venían desglosadas en una pequeña tablilla de madera. Los héroes tenían una serie de puntos de movimiento reflejados en su tablilla. Los jugadores movían sus héroes por turnos. Un jugador podía tener un total de seis héroes en su bando. Cuando un héroe moría, este perdía su equipamiento y volvía a la capital, donde "resucitaba" cuatro turnos después.
    En cada turno, los jugadores recibían una cantidad de "oro" en forma de moneditas de madera para comprar equipamiento para sus héroes y contratar a otros. Recibían tres por su capital, tres por cada capital conquistada a un jugador derrotado y una cantidad específica por las llamadas "aventuras". En su turno, un jugador podía levantar una "tablilla de aventura" de un mazo. Esta ralataba una historia y recommpensaba al jugador con una cantidad de dinero si consguía un objetivo: matar a un dragón, asaltar una guarida de trolls, rescatar a una doncella, etc. En el tablero, se colocaba una ficha con la forma de la guarida donde se realizaba esa aventura.

    Un comerciante enano avispado, de nombre Bjarni Grundersson, vió potencial en este juego si lo exportaba más allá de las fronteras de Skandi. Ni corto ni perezoso, viajó a Hanse, en el Imperio Solar, a la sede de la Liga de Mercaderes del Mar Helado para presentar el producto. Le dieron el visto bueno y comenzó a comercializarlo.
    El gran éxito que obtuvo le hizo pensar a lo grande y decidió meter, también, héroes de otras naciones al juego.
    Así, este juego se hizo muy popular en todo El Orbe. En muchas tabernas encontraras mesas para jugar y algunos grandes dignatarios lo juegan, como el almirante Alfonso Gutiérrez, de Ciudadela.

    Sí, este es el juego más popular en El Orbe.
  • Zarina.../

    Escrito por Platov el 17/06/2012
    ¡Hola, chicos y chicas de Subcultura!

    Hoy tengo ganas de escribir un relatillo.
    Y no un relatillo normal y corriente.
    Veréis, lo que vais a leer a continuación es una idea para un posible cómic (recalco lo de POSIBLE).
    Tendría una ambientación steampunk. En un principio, lo imaginé en un mundo parecido a la Europa del S. XIX pero fue evolucionando hasta estar ambientado en un futuro neovictoriano donde la escasez de combustible ha llevado a tener que volver al viejo motor de vapor.
    Además, la crisis consecuente da como resultado el renacer de antiguos imperios que parecían olvidados por el paso del tiempo.
    Uno de ellos es el Imperio Ruso Reunificado.
    La protagonista del cómic sería...
    Bueno, será mejor que leáis para saber quien es.

    La tensión se palpaba en la frontera entre el Imperio Ruso Reunificado y la India, la joya de la corona del Imperio Británico.

    Obviamente, los rusos querían este pedazo de paraiso para sí así que no duraron en enviar tropas para pasar los Himalayas y llegar hasta el subcontinente.

    Los ingleses estaban preparados para lo que fuera.
    Baterías de artillería habían sido dispuestas por toda la línea divisoria entre los dos grandes imperios. Los Steamwalkers ingleses caminaban por entre las tropas con pasos pesados.

    Lo mismo pasaba con los rusos pero había algo diferente.
    Una mole de metal y vapor se alzaba sobre las tropas del ejército ruso. La fortaleza andante "Zar Pyotr" tenía todos sus cañones apuntando a la frontera.
    Y en lo alto del puesto de observación había una figura. Era bajita y delgada. Su piel blanca contrastaba con su pelo, rojo como el fuego. Su ojos de un azul intenso, regalo de uno de sus antepasados, oteaban el horizonte. Podría haber pasado por la hija de uno de los oficiales que habían en el interior de la fortaleza si no fuera porque iba vestida con el uniforme blanco de Mariscal Supremo de los Ejércitos.
    La zarina Ekaterina miraba hacia los ingleses cuando su autoritaria voz se dirigió al interior del puesto de observación.

    -¡Baturin!- gritó como solo ella sabía gritar.
    Del interior salió un hombre.
    Tendría unos 54 años. Era regordete, con unas pobladísimas cejas e iba bien vestido. En sus manos, el primer ministro Andrej Baturin llevaba el Libro de Gobierno.
    -¿Sí, su excelencia?-preguntó con una voz calmada. Ser el primer minisitro del Imperio Ruso no era un honor: era una obligación.
    -¿Qué noticias tenemos de los ingleses?-la zarina seguía mirando hacia las tropas inglesas.
    -Ninguna nueva, en realidad-respondió Baturin- El general Tachenko está esperando los informes de los exploradores.
    -¡Argh! ¡Los envió hace más de dos horas! Cuando vuelvan que sean ajusticiados por su tardanza.
    -¿Cuarenta latigazos, su Majestad?
    -No. Que sean veinte. La promesa de una gloriosa batalla me ha puesto de buen humor-dijo Ekaterina- Además, contamos con nuestra nueva arma secreta.
    -Ya le dije que fue una buena idea ser mecenas de ese biólogo, Mikhail Sorovensky- Baturin esbozó una sonrisa al ver la cara de satisfacción de su majestad.
    Un soldado llegó al lugar: "Su Majestad, el general Tachenko le espera."
    -¡Por fin!- suspiró Ekaterina.

    Cuando llegaron a la Sala de Operaciones del "Zar Pyotr", la Guardia del Oso estaba llevándose a los dos exploradores a las mazmorras de la fortaleza andante.
    Varios oficiales se arremolinaban alrededor de la mesa de operaciones.
    -General Tachenko, ¿qué están haciendo los ingleses en este preciso instante?- preguntó la zarina.
    El general Bogdan Tachenko, con su rostro lleno de cicatrices y fumando en su pipa, se giró hacia Ekaterina.
    -Parece que el comandante Morris, del Tercer Batallón Mecanizado del Ejército Inglés, está moviendo sus Steamwalkers a este lado de la frontera. Sus hombres pilotan tres "Gallahad" y un "Tristán". Estarán aquí en unos tres minutos.
    -¡Excelente!-gritó Ekaterina con una sonrisa en sus rojos labios- Llegarán a tiempo para el "espectáculo". ¡Tachenko! De orden para desplegar el "arma secreta".
    -¡A la orden, su Majestad!

    Hacía frío en el campo de batalla pero un escalofrío se adueño del ejército inglés cuando algo estaba sucediendo entre las filas rusas: las tropas imperiales se estaban marchando del campo de batalla cuando llegaron los Steamwalkers de Morris.
    El oficial inglés pensó: "¿Tan rápido se rinden? Cobardes".
    Pero este pensamiento desapareció cuando vio a la zarina otra vez en el puesto de observación. Y cuando usó el periscopio para verla más de cerca, vió como una sádica sonrisa adornaba su cara.
    -¡Señor!- gritó uno de los miembros de la tripulación- ¡Tiene que ver esto!
    Morris giró el periscopio hacia donde señaló el soldado y... y... ¡la visión fue espeluznante! Unas cosas, no se sabe si eran hombres o animales, avanzaban a cuatro patas por el campo de batalla a toda velocidad. Sus fauces estaban llenas de afilados dientes y sus manos eran monstruosas garras.
    Varios de ellos llegaron hasta las trincheras inglesas y despedazaron a todo ser vivo que había dentro.
    -¡Qué Dios nos asista!- murmulló Morris- ¡Abran fuego!
    Un proyectil impactó contra aquellos engendros, matando a varios.
    Pero fue mala idea, ya que la explosión hizo que varios de ellos fueran contra los Steamwalkers.
    Arañaban el blindaje y lo abrían como si fuera de papel.
    Dos de ellos entraron en el "Tristan" de Morris. La tripulación desenfundó sus armas para acabar con ellos pero, mientras que tanteaban la culata de la pistola, los engendros ya los habían masacrados.
    Morris desenfundó su sable para cargar contra ellos.
    Consiguió herir a uno pero el otro saltó hacia él y le clavó sus afiladas garras en el pecho.

    Los gritos de horror llegaban hasta el puesto de observación.
    La zarina saltaba de alegría al ver como las líneas inglesas se demoronaba. El camino hacia la India estaba abierto.
    -¡Ja, ja!-rió Ekaterina- ¿Has visto como los ingleses no pueden hacer nada contra los "surales", Baturin?
    -Sí, su Excelencia- Baturin miraba el lugar sin tanta exitación como la que tenía su líder.
    Ekaterina levantó un enguantado puño derecho y con gesto de rabia y alegría dijo: "Pronto, esa idiota de Victoria tendrá que pedirme clemencia."
    -Su Majestad, he de decirle que los equipos de grabación han estado filmando todo lo que ha ocurrido-dijo Baturin.
    -¡Excelente! Que una de las cintas se proyecte en los cines, otra en el canal imperial de radiovisión y que otra sea enviada con a la prensa internacional-dijo Ekaterina.
    -Sí, su Excelencia.
    -¡Ay! Toda esta carnicería me ha dado hambre. ¿Vamos a comer algo, Baturin?

    FIN
  • La historia de Ludwig, el Desdichado./

    Escrito por Platov el 10/06/2012
    ¡Hola, gentes que campan por estos lares!

    Resulta que, al final, el viaje a Valencia solo fue de un día.
    Pero un día muy provechoso... ¡Por fin ví en vivo y en directo el jinete íbero de la Bastida de Mojente! ¡Yupiiii!

    Ejem...
    Bien...
    Como no tengo muchas ganas de escribir sobre cosas históricas, escribiré algo histórico sobre El Orbe. Ya sabéis, ese mundo de fantasía que me saqué de la manga y del que ya escribí un relatillo antes, en este blog.

    Vale, os voy a hablar del peor emperador que ha tenido el Imperio Solar: Ludwig II, más conocido como "El Desdichado".

    Ludwig nació en el año 1203 d. D. (Después del Dragón).
    Nació en una oscura noche sin luna. Esto sería normal si no fuera porque aquellos que van a ser nombrados emperador en un futuro nacen al mediodía, con el rostro de Falkmar en todo su apogeo.
    Se dice que los sacerdotes de Vlad de Transcarpatia estaban detrás de ello, aunque no se ha probado nada.
    Esto era un mal augurio y vaya si lo fue.

    Al cumplir la mayoría de edad, su padre Lothar Vampyrhammer, Conde Elector de Stahlmark, presentó la candidatura de su hijo al Trono Solar.
    Ludwig tenía pocas probabilidades de ganar.
    A la muerte de Otto I, "el Piadoso", los condes se reunieron para elegir al nuevo emperador con la vigilancia del representante de Falkamar en el Orbe, el Gran Capellán. En esta época era Gunnar Donau.
    Para sorpresa de todos los asistentes, salió elegido Ludwig.

    A Lothar le hicieron palmas sus puntiagudas orejas al saber que su hijo fue elegido emperador.

    El reinado de Ludwig comenzó con mal pie.
    En esta época, era conde de Transcarpatia Ion Rusçenu.
    Ion no era un conde más. Era "El Conde". Gran estadista y militar, el viejo Rusçenu comenzó una campaña para conquistar el condado de Stahlmark, teniendo un éxito aplastante. Ni si quiera los caballeros de la Orden del Eclipse podían frenar el avance de las tropas vampíricas.
    Lothar pidió ayuda a su hijo, el cual no escatimó en gastos para defender las tierras donde nació. Sin embargo, el poder de Ion era tal que la mitad del condado cayó en sus manos. Miles de tropas de los altos elfos fueron masacradas. Esto aumentó el descontento entre los súbditos del emperador.
    La gota que colmó el vaso fue la llamada "Rendición Vergonzosa".
    En la batalla de la Sima Profunda, Ludwig capitaneaba en persona el ejército imperial. Cuando vio llegar al ejérctio vampírico, comandado por el mismísimo conde, Ludwig decidió rendirse sin luchar ante la visión terrorífica de este gran enemigo.
    El emperador pidió a Ion que dejara en paz a sus súbditos a cambio de entregarle todo el territorio de Stahlmark que habían conquistado. El conde aceptó de buen grado.
    Existe un cuadro en el castillo de los Rusçenu, pintado por Vladimir Karsty, en el que aparece Ludwig suplicando piedad a Ion arrodillado en el suelo.

    Cuando Ludwig volvió al palacio imperial de Sonnburg, le estaba esperando una sorpresa desagradable: Karl von Sopwitz, mariscal de la Guardia Solar, se había revelado contra el que decía que era "un emperador débil y pusilánime". Toda la Guardia estaba con su mariscal.
    Ludwig no sabía que hacer. Con tan solo unas pocas milicias, no podría derrotar a la élite de la élite del imperio.
    El emperador mandó apresuradamente a un mensajero a Bretaña desde la capital provisional, Helmstat. El rey de Bretaña, Charles III, respondió a la misiva mandando un contingente de caballeros y levas de campesinos. Es curioso que fueran los caballeros bretones y no los altos elfos los que acabarían con la rebelión de la Guardia. Tras esto, Ludwig nombró como nuevo mariscal a un colaborador suyo.

    Ludwig murió de una manera bastante idiota, en lo que se llamó el "Incidente de Waltzburg".

    Veréis, en el Condado de Hanse, existían dos pequeñas ciudades: Waltzburg y Grünkarl.
    Estas dos ciudades estaban enfrascadas en la construcción de sendas catedrales en honor a Falkmar. Cuando se pusieron a construir la torre del campanario, cada una rivalizaba por ver cual era la más alta. Conforme los fondos para la construcción iban menguando, la calidad de los materiales seguía el mismo camino. De sólidos ladrillos de piedra se pasaron a débiles tablas de madera.
    Al final, ganó Waltzburg, con una torre tan grande que los viajeros podían verla a kilómetros de distancia. También decían que, cuando corría una ligera brisa, esta oscilaba de un lado a otro.
    Ludwig visitó el edificio el día de su consagración. Cuando se ponía a dar un discurso a la sombra del campanario, una ráfaga de viento sopló, trayendo consigo un fuerte crujido.
    Cuando Ludwig se giró para ver lo que era, vió como la parte superior del campanario caía encima de él. Un estruendo de mil demonios sacudió todo el lugar. Tras disiparse la nube de polvo, los curiosos se acercaron al lugar lleno de escombros.
    Si Ludwig hubiera llevado la Armadura Dorada tal vez podría haberse salvado pero al retirar los escombros, lo único que encontraron de él fue una masa rosácea y ropa ensangrentada.

    Y eso no fue todo.
    Cuando los espía de Transcarpatia informaron al conde lo que había sucedido, Ion no pudo contener la risa de lo absurdo de la muerte de Ludwig. Rio, rio y rio hasta que su avanzada edad hizo que cayera desplomado al suelo por un ataque al corazón.
    Los médicos intentaron reanimarlo dándole sangre de elfo pero no funcionó.

    Así fue la historia de Ludwig, el Desdichado.
    ¡Qué Falkmar no nos vuelva a dar un emperador como este!
  • El rey efímero./

    Escrito por Platov el 03/06/2012
    Hola.
    Sí, soy yo: Platov.
    No, no estáis soñando. He escrito este post dos días después del último. ¿Por qué? Pues porque la semana que viene a lo mejor me voy de viaje (no estoy del todo seguro) y quiero acabar con la sugerencias cuanto antes.

    Hoy, le toca a exterminator, el cual buscaba algo sobre Amadeo I de España.

    ¡Allá vamos!

    1868
    Sería un año más en el calendario, de no ser porque supuso un cambio radical en España: la Revolución Gloriosa.
    Tras este nombre que parece sacado de una mala novela de fantasía o ciencia ficción, se escondía las ansías de los españoles (más bien de la burguesía y del ejército que del pueblo llano) por implantar en nuestra atrasada nación las nociones democráticas que venían de Europa.

    Reinaba por ese año Isabel II, hija de Fernando VII, alías "El Deseado" (yo le hubiera llamado "El Cazurro", la verdad).
    Ante esta tesitura, Isabel reaccionó igual que su padre: Chucho, chucho que no te escucho.
    Pero Isabel no tuvo en cuenta que una gran parte del ejército apoyaba las reformas liberales. En consecuencia, parte se sublevó en contra de Su Majestad. Fue en la batalla de Alcolea donde la reina se dió cuenta de que no podía hacer nada ante el impulso revolucionario y decidió salir por piernas, con toda su familia, a Francia.

    Los demócratas habían ganado la partida.
    En las Cortes de 1870 se decide que el sistema de gobierno seguirá siendo la monarquía.
    Pero había un problema: la gente no quiere volver a ver a los Borbones ni en pintura. ¿Qué hacemos? Pues elegir a un aristócrata de alguna otra familia europea.

    Se tuvieron en cuenta varios nombres.
    El más llamativo era el del alemán Leopoldo Hohenzollern-Sigmaringen. Hmmm.... ¿Sigmar I de España? Sería un buen rey a la hora de matar skavens.
    Pero la opción que salió adelante fue la del general Prim: Amadeo de Saboya.

    Amadeo era el duque de Aosta, hijo segundo de Victor Manuel II (el rey de Italia, no el cantante). Se le eligió por su carácter conciliador y buenas maneras... y porque Italia era muy parecida a España.

    Todo parecía ir sobre ruedas. Parecía.
    Tras poner pie en Madrid, Amadeo tuvo su primer revés: Prim, su gran valedor, había muerto en un acto terrorista. Sin su apoyo, Amadeo estaba más solo que la una.
    Y ahí no acabó la cosa.
    La Iglesia le tenía manía porque a su padre se le ocurrió, nada más reunificar Italia, empezar a quitar muchos privilegios de los que disfrutaba la Iglesia.
    La burguesía lo miraba con recelo.
    El pueblo no lo tragaba porque no se identificaban con un rey que tenía que usar a un intérprete cuando hacía un viaje oficial al lado del Palacio Real.

    Los contínuos cambios en el gabinete de gobierno, suscitados por las intrigas y el extraño sistema político español hicieron que Amadeo tirara la toalla. ¡Así era imposible gobernar!

    En 1873, al grito de "¡Yo, dimito!", Amadeo salió del país.
    Tan solo reinó durante dos años y tres meses.

    Y esta es la pequeña historia de Amadeo de Saboya.
    El siglo XIX de España no es lo mío (odiaba esa asignatura, sin embargo, me encantaba la Universal), así que si véis errores, decidlo.

    ¡Nos vemos!
  • Los Siete Magníficos./

    Escrito por Platov el 01/06/2012
    ¡Hola, chavalada!

    Aquí estoy de nuevo, hablando de cosas históricas.

    Bien, vamos a seguir con la sugerencias.
    Hoy le toca a Migue, que me pidió algo sobre los siete sabios de Grecia.
    Para repasar, creo que después le toca a exterminator con Amadeo de Saboya y, para finalizar, a Laura con Boadicea.
    He de deciros que quiero finiquitar las Primeras Jornadas Sugeridas para escribir cosas de El Orbe, mi mundo de fantasía, para daros a conocer más a fondo la curiosa historia de este sitio.

    Vale, empecemos.
    ¿Quiénes eran los Siete Sabios de Grecia?
    Para los griegos eran ejemplos de sabiduría, moralidad e integridad.
    Eran el espejo en los que deberían reflejarse todos los hombres. Los gobernantes debían de ser como ellos o mejores.
    Eran siete de las mejores personalidades del S. VI a.C.
    Veamos, pues, quién formaba esta lista.

    1-Tales de Mileto
    Sí, el matemático, famoso por el teorema al que le dio su nombre.
    Su viaje a Egipto le permitió entrar en contacto con los sacerdotes de Menfis, expertos en matemáticas, geometría y astronomía. Escribió varios tratados relacionados con esta última.

    2-Bías de Priene
    Político y legislador, Bías era también un gran orador.
    Sus frases eran tajantes, lo que le dio fama de ser capaz de hacer callar hasta al más ducho de los oradores.
    Se dice que sobrevivió a un naufragio. Cuando la tempestad estaba a punto de convertir al barco en el que viajaba en pedazos, unos hombres conocidos por su impiedad oraron a los dioses para que los salvaran. Bías se giró y les dijo: "Callaos, no sea que los dioses se den cuenta de que váis en este barco".

    3-Pítaco de Mitilene
    Estadista y legislador.
    Consiguió expulsar al tirano de la ciudad. El pueblo le agradeció este gesto nombrándolo como nuevo tirano.
    Redactó varias leyes, con las cuales moderaba las costumbres de la nobleza. Tras promulgarlas, dimitió de su puesto.
    Para él, el exceso era tan malo como la carencia.

    4-Cleóbulo de Lindos
    No se sabe mucho de él.
    Solo se sabe que viajó por Egipto para aprender filosofía.
    Se cree que fue tirano de esta ciudad.

    5-Periandro de Corinto
    Fue un gran protector de las artes y de las ciencias.
    Bajo su gobierno, Corinto alcanzó una época dorada.
    Lástima que sus modales no fueran muy refinados, que digamos.
    Si tenía que acabar con una rebelión acuchillando a todo el mundo, lo hacía.

    6-Quilón de Esparta
    Famoso por acuñar la frase "Conócete a tí mismo".
    Fue éforo de Esparta.

    7-Solón de Atenas
    Legislador y reformador.
    Famoso por dar una serie de leyes a los atenienses tras apaciguar las diferentes luchas políticas que dividían a la ciudad.
    Tras esto, Solón abandonó su cargo de arconte y se fue de la ciudad. Regresó de nuevo para ver como iba la cosa sin él. Se desilusionó bastante, ya que los atenienses habían vuelto a las andadas.

    Estos son, muy por encima, los Siete Sabios de Grecia.
    Buscad en vuestra biblioteca más datos sobre ellos. No os arrepentiréis.

    ¡Nos vemos!

  • Esa emperatriz especial./

    Escrito por Platov el 27/05/2012
    ¡Hola a todos!
    ¿Qué tal? ¿Alguna novedad?

    Yo sí: he terminado ya el máster. ¡Aleluya!
    Bueno, en parte. Ahora solo falta hacer el TFM.
    Ahora que estoy más desocupado, a ver si puedo actualizar el blog más a menudo.

    Vale, vamos al lío.
    Esta vez le toca otra vez a Albion. Me pidió expresamente, bajo amenazas de bloqueo comercial (XD), que hablara sobre Teodora, la señora de Justiniano. Aquí te dejo esto, colega.

    NOTA: Bizancio nunca me ha interesado mucho. Eso siginifica que no tengo bibliografía específica sobre el tema, así que todo lo que pongo lo he sacado de Wikipedia. Mil perdones si no os gusta.

    Teodora nació por el año 500 d.C., no se sabe muy bien el lugar exacto. Unos dicen en Siria, otros que en Chipre.
    Lo que si sabemos es que nuestra querida emperatriz no era hija de un dux, un comes o de un rex. No, Teodora era hija de un criador de osos para espectáculos y de una actriz. Los bizantinos, herederos de Roma, ya sabemos que opinaban de estas personas: seres abominables y despreciables, con trabajos nada dignos de una persona de bien, siempre exibiéndose y todo eso.

    Ella también era actriz y, por lo que nos cuenta Procopio en su "Historia Secreta", no es que fuera un gran ejemplo de virtud. Aunque recordad que Procopio escribía según como tenía el día.
    Es en esta etapa de su vida cuando conoce a Antonina, la mejor del gran Belisario.

    Después, Teodora se largó con un oficial sirio llamado Hecébolo.
    De vuelta a Constantinopla, su amante la maltrató y la abandonó.
    Teodora decidió viajar a Alejandría, donde conoció al patriarca Timoteo III, el cual la convirtió al monofisismo (JC era una unión entre su naturaleza humana y divina, si no me equivoco).

    En 522, retornó a Constantinopla, donde decidió ganarse la vida como hilandera en un taller cerca del palacio imperial. Allí fue donde conoció a Justiniano. Este se enamoró perdídamente de ella pero Eufemia, emperatriz y tía de Justi,no estaba por la labor de ver a su sobrino casarse con una actriz. Para impedir el matrimonio, recordó una vieja ley de época de Constantino que impedía que los oficiales imperiales se casasen con actrices.
    Tras la muerte de la emperatriz, el tío de Justiniano (Justino I) abolió la ley y dejó que se casase con Teodora.

    Pero el amor no hace a un líder y hacía falta una prueba de valor para demostrar que Teodora era una sabia gobernante.
    Era el año 532.
    En el hipódromo de Constantinopla se estaba celebrando una carrera. Al igual que los romanos, había cuatro equipos: rojos, verdes, azules y blancos. Estas cuatro facciones no eran solo deportivas, también tenían fuertes tintes políticos. Para que os hagáis una idea, es como si ahora en España el fútbol estuviese altamente politizado. ¿A qué es una ridiculez? ¡Vamos! No distinguir política de deporte, eso es... eh... bueno... sí... sigamos por donde íbamos.
    Hubo una pelea entre los hinchas de los equipos azul y verde. Esta trifulca de hooligans acabó por ser una auténtica revolución en contra del Emperador: la Revolución Nika.
    Los furiosos ciudadanos prendían fuego a todo lo que pillaban en su dirección al palacio imperial, donde le darían lo suyo a Justiniano si conseguían llegar.
    Ante esta situación, Justiniano tomó la mejor decisión para su persona: hacer el petate y alir por piernas.
    Pero Teodora, ¡oh!, Teodora no. Teodora decidió quedarse en el palacio a la espera de lo inevitable. Prefería morir siendo emperatriz que huir cobardemente y vivir en el exilio.
    Esta actitud le dió alas a Justiniano, el cual pensó que sería mejor quedarse ahí. Fue buena idea porque los revolucionarios fueron barridos por las tropas imperiales.

    Tras la revuelta, la pareja gobernante decidió renovar todo el panorama bizantino, reconstruyendo y construyendo nuevos edificios, como Hagia Sofia.
    A Teodora le encantaba todo lo relacionado con el protocolo y el ceremonial. Según Procopio, fue ella la que introdujo la costumbre de origen oriental de que toods los magistrados y oficiales se tuvieran que postrar en señal de sumisión ante el emperador.
    También hizo algo que otros emperadores no hicieron: tener un ojo encima de los magistrados, tal vez para acabar de una vez con todas con la galopante corrupción y burocracia que había en este estamento.
    Otra cosa que hizo fue intentar mejorar la situación de la mujer en Bizancio con algunas nuevas leyes, como la de castigar las violaciones fuera quien fuera el autor y la víctima.

    Un dato curioso es que los europeos occidentales se reían de Justiniano al ver que una mujer llevaba las riendas del imperio mejor que su marido. Estos bárbaros...

    Teodora murió en el año 548, se cree que por causa de un cáncer.
    Justiniano la tenía en tan alta estima que dicidió proteger a la minoría monofisita de los ortodoxos.
    Es, dicho sea de paso, algo que me recuerda a la relación entre la reina Victoria y el príncipe Alberto, solo que al revés.

    Y eso es todo.
    ¡Nos vemos!
  • Alá los cría y ellos se separan: los Reinos de Taifas./

    Escrito por Platov el 20/05/2012
    ¡Hola a todos!
    Perdonad este pedazo de retraso pero esta semana ha sido de locos: últimas clases, últimos trabajos. ¡Y mañana tengo clase todo el día!

    Vale, una explicación.
    Tendría que estar escribiendo ahora sobre Teodora pero he pensado que podía saltarme el orden para que le toque a una persona diferente a la última. Tranquilo, Albion. El siguiente post será sobre Teodora.

    Eh... Sí... Me habéis pillado: es que tengo más cosas sobre los Reinos de Taifas a mano que de Teodora. Lo siento.

    Bueno, hablemos sobre los Reinos de Taifas.
    Este tema ha sido sugerido por Laura. Espero que te guste.

    Los Reinos de Taifas surgieron en 1031.
    El origen se hallaba en las luchas internas por el poder que estaban desfragmentado poco a poco al Califato de Córdoba. Los aristócratas andalusíes intentaron por todos los medios reunificar el Califato pero la ineptitud de los califas elegidos para tal tarea y los contínuos conflictos políticos internos impidieron que se llegara a buen puerto.

    Es en 1031 cuando un consejo de notables decide que lo mejor será poner fin al Califato. Aquí aparecieron los Reinos de Taifas.

    Una Taifa podía ocupar todo un territorio o ser, simplemente, una pequeña ciudad estado.
    Las tres más importantes fueron Badajoz, Toledo y Zaragoza. Esta importancia se debió a que eran los tres baluartes que defendían Al-Ándalus del avance cristiano.
    La mayoría de ellas estaban gobernadas por aristócratas andalusíes que vieron en ello una oportunidad para volver a recuperar el poder que Almanzor les había arrebatado.

    Aún a pesar de haber pertenecido al mismo reino, las Taifas no estaban unidas entre sí. ¡Qué va! Cada una tenía sus propios planes y si había que invadir o traicionar a la Taifa de al lado, mejor que mejor.
    Sevilla y Zaragoza son grandes ejemplos de esto.
    La primera tenía un carácter más expansionista y belicoso que sus hermanas, teniendo como objetivo reunificar Al-Ándalus bajo su autoridad.
    La segunda se alió con los cristianos para protegerse de sus vecinos.

    En cuestiones militares, las Taifas eran bastante débiles. Preferían firmar pactos y hacerse regalos antes de desenvainar sus espadas. Incluso Sevilla tuvo bastantes problemas a la hora de hacer realidad sus sueños de reunificación.
    Económicamente, tampoco es que fueran muy buenas, la verdad.

    Una cosa que llama la atención sobre las Taifas es la entrada del concepto de feudalismo en la cultura musulmana.
    Antes, la aristocracia debía lealtad al califa, emir o lo que fuera. no existía un sistema de homenaje ni de mayorazgo como tal.
    Con las Taifas, las tierras comenzaron a ser hereditarias y la nobleza ganó popularidad en el ámbito militar. Estos debían lealtad al gobernador local, siendo este una especie de señor feudal.

    ¿Cuál fue el fin de las Taifas?
    A finales del S.XI, los cristianos comienzan a avanzar sin descanso para reconquistar los antiguos territorios cristianos. La debilidad de las Taifas hizo que en 1085 Toledo fuera tomada por los cristianos. Esto fue la gota que colmó el vaso.
    Al ver que parar a los cristianos era imposible, las principales Taifas pidieron ayuda a sus vecinos del norte de África: los almorávides.
    Estos bereberes ultrafanáticos del Islam consiguieron detener el avance cristiano... y también derrocar a los gobernadores de las Taifas a las que ayudaron, reunificando Al-Ándalus y traspasando el poder al norte de África.

    Pero eso, amigos míos, es otra historia.
    ¡Nos vemos!
  • Federico Barbarroja no sabía nadar./

    Escrito por Platov el 12/05/2012
    ¡Hola a todos!
    ¿Cómo lo lleváis?
    Yo, un poco liadillo con las últimas clases del máster.

    Un nuevo post está en camino.
    Esta vez trataré el papel de Federico Barbarroja en la Tercera Cruzada, por encargo de Albion.

    Os advierto de que el bueno de Fede no hizo mucho en la Cruzada. Ya veréis porqué.

    Viajemos a finales del siglo XII, al año 1188.
    El fracaso de la Segunda Cruzada y del asedio a Damasco supuso el fortalecimiento de las fuerzas musulmanas al ver que podían acabar con los cruzados.
    Es en esta época cuando Saladino comienza su campaña para tomar el máximo número posible de fortalezas cruzadas.

    Mientras, los grandes soberanos europeos marchan hacia oriente haciendo caso al llamamiento del papa. Uno de estos soberanos fue Federico I Barbarroja, emperador del Sacro Imperio Romano Germano.

    De todos los reyes, emperadores y señores que partieron hacia Tierra Santa, Federico fue el que más aportó a la causa. Partiendo en 1189 de Ratisbona, su ejército era tan grande que decían que tardaba tres días en pasar por una localidad.

    No era la primera vez que el emperador participaba en una cruzada: ya lo hizo en la anterior.
    Esta experiencia le llevó a proclamar una ley especial por la cual se podía condenar a muerte a todo miembro de la expedición (fuera noble o plebeyo) si resultaba una amenaza para las gentes que vivían en los lugares por donde pasaba el contingente cruzado. Me refiero a todo aquel que intentase robar, saquear o violar.
    Fue algo novedoso y lógico. La mayoría de ejércitos cruzados estaban formados no solo por hombres de fe y defensores de la justicia sino también por mercenarios o fugitivos y criminales que veían en la cruzada una excusa para escapar de la ley y/o enriquecerse de forma rápida y fácil.

    Cuando cruzó la frontera bizantina, un grupo de rebeldes búlgaros y serbios le pidieron ayuda para enfrentarse al ejército imperial. Federico rechazó firmar una alianza formal pero asedió con éxito la ciudad de Plovdiv, dándole una lección al incompetente ejército bizantino.
    Isaac II, el emperador bizantino, envió a dos embajadores para saber porqué Barbarroja atacó la ciudad pero al "Basileus Autocrátor" le salió el tiro por la culata y sus propios embajadores lo traicionaron. Si pone un circo, le crecerían los enanos.
    Isaac capturó a los representantes alemanes. Federico reaccionó enviando a su hijo Enrique para que asediara Didimotico.
    Mientras, el ejército alemán pasó el invierno en Edirne.

    Isaac dió su brazo a torcer y ayudó a los alemanes a cruzar el estrecho de los Dardanelos. Con esto impedía que los cruzados pasasen por al lado de un trofeo tan jugoso como era la ciudad de Constantinopla, la capital bizantina.

    Cuando los alemanes llegaron a Anatolia, en 1190, les esperaba un contingente del sultán de Rum, comandado por el hijo de Kilij Arslan II (esto va por tí, Ensis). Federico lo derrotó con facilidad y siguió su avance hacia Tierra Santa.

    A la altura de los montes del Tauro, los cruzados se estaban quedando sin víveres pero seguían adelante.

    El plan para el reabastecimiento fue llegar a orillas del Mediterráneo para ser reabastecidos por alguna flota aliada.
    Mientras esperaban, Federico decidió darse un baño en el río Cydnos. Las frías aguas debieron de sentarle mal pues sufrió un paro cardiaco que hizo que se ahogara en el curso fluvial.
    Este acontecimiento fue un duro golpe para los alemanes que al no tener a su carismático líder, decidieron dar media vuelta.

    Y esta fue la fugaz actuación de Federico Barbarroja en la Tercera Cruzada.

    Espero que os haya gustado.

    ¡Nos vemos!
  • La Atlántida cañí./

    Escrito por Platov el 06/05/2012
    ¡Hola a todos y mis felicitaciones a todas la madres!

    Disculpad la tardanza pero estamos en el punto álgido del máster y tengo que ocuparme de él.

    Bueno, he aquí que una vez más que voy a escribir algo basándome en vuestras sugerencias. Mucha gente me ha pedido cosas (bueno, en realidad solo tres), así que me he hecho una listica para que veáis como va a ir esto:

    -pk92v3 me pidió cosas sobre Tartessos.
    -Nuestro querido amigo Albion quiso saber más cosas sobre el papel de Federico Barbarroja en la Tercera Cruzada. También algo sobre Teodora, señora de Justiniano y furcia según Procopio de Cesaréa.
    -Laura, fan de este blog, quiere que le hable sobre los Reinos de Taifas.

    Así que, siguiendo el orden primordial de esta lista, comienzo con la sugerencia de pk92v3 y me dispongo a hablar sobre esos seres extraños llamados tartessos.

    Recordad que podéis seguir enviándome vuestras sugerencias.

    Para redactar este post he usado como referencia el libro "Los pueblos prerromanos de la península Ibérica", de Manuel Salinas de Frías. No es que sea un buen libro pero algo es algo.

    ¿Cómo definir Tartessos?
    Con esta mítica frase: "Es un enigma envuelto en una manta y metido en un saco cerrado con una cadena".
    Poco se sabe de este estado prerromano de la península Ibérica. Solo se conoce su existencia a través de las fuentes clásicas pero todo son especulaciones.

    Según Avieno en su "Ora Marítima", donde relata un periplo realizado por las costas del Mediterráneo, Tartessos ocupaba la zona de la actual Cádiz.
    Adolf Schulten, famoso arqueólogo alemán, creyó encontrar los restos de la mítica ciudad pero resultaron ser un asentamiento romano del siglo III.

    En las fuentes clásicas, como en la "Historia" de Herodoto, se identifica a Tartessos como un lugar lleno de oro y plata hasta reventar.
    La Biblia hace mención a un lugar llamado Tarsish, con el que rey Salomón tenía unos acuerdos de comercio para importar estos metales preciosos.
    Y en el famoso mito de las Doce Pruebas de Hércules se dice que Gerión era rey de Tartessos. Sí, el tipo ese que estaba formado por tres hombres unidos de cintura para arriba y al que Hércules tenía que robarle sus ovejas.

    Debido a que no se han encontrado restos de la ciudad en sí y de que la teoría de que fuera un emplazamiento empórico fenicio sigue vigente pues las investigaciones han pasado a buscar restos de una posible cultura tartéssica.

    Lo que se ha encontrado son pequeñas aldeas que, probablemente, fueran el germen de las "ciudades" tartésicas. Se cree que el "estado Tartéssico" era tan fuerte en época de las colonizaciones fenicias que hizo que estos últimos solo pudieran asentarse en la periferia, lejos de los lugares con recursos metalíferos.

    Parece ser que enterraban a los difuntos en necrópolis pero Salinas de Frías pone como ejemplo en su libro la necrópolis de La Joya y esta es una necrópolis fenicia como una catedral, así que no le hagamos mucho caso.

    Se cree que Tartessos era una monarquía, prueba de ello es Gerión.
    Justino de Bizancio hace referencia a unos tipos llamados Gárgoris y Habis. El primero descubrió la apicultura y el segundo la agricultura y la división de la sociedad. Vamos, que estos dos no son ni más ni menos que dos reyes míticos pertenecientes a un mito de fundación.
    Pero si hay un "rey" tartésico famoso ese es Argantonio, mencionado por Herodoto. Se dice que vivió hasta 120 años, cosa muy poco probable. Tal vez fuera, en realidad, una dinastía cuyos reyes tenían la costumbre de ponerse el mismo nombre.
    Tal vez los reyes tartésicos gobernaban como tiranos. No os asustéis. En la antigüedad ser un tirano no tenía nada de malo. En realidad era el gobierno de un solo hombre de forma monárquica pero sin haber heredado el trono. Periandro de Corinto, uno de los siete sabios de Grecia, era un tirano.

    Y como no se sabe nada más sobre esta incógnita con patas llamada Tartessos, ahí lo dejo.
    Espero que os haya gustado.
    ¡Nos vemos!




  • Más allá de las falcatas./

    Escrito por Platov el 30/04/2012
    ¡Hola a todo el mundo!

    Otro día más, otra entrega de "El Correo del Atamán".
    ¡Y con nueva imagen de avatar y todo! Saludad al oficial del 2º Regimiento Siberiano con cara de pocos amigos.

    Hoy, toca otro post por sugerencia.
    Toihh me preguntó si podía hacer algo sobre íberos y así lo haré.
    Recordad que podéis mandarme sugerencias ya sea a través de Subcultura o por correo a caballo.

    Como diría Yuri Gagarin: "¡Allá vamos!"

    Íberos...
    Si vives en la península Ibérica, considéralos como tus antepasados (aunque yo soy casi rubio y de ojos verdes, así que los míos tienen que ser visigodos o algo).

    "Hispania: La Leyenda" hizo mucho daño a la imagen de este pueblo. Muchísimo, no os lo podéis imaginar. Así que voy a intentar ser lo más ameno pero, a la vez, instructivo posible.

    Hablar de íberos como una nación unificada, como podían ser Roma o Cartago, es una gran equivocación.
    Al igual que sus amigos del norte (los galos) los íberos estaban divididos en diferentes tribus: ilergetes, contestanos, mastienos, etc. Cada una de ellas era una entidad en sí y os impresionaría los diferentes que eran las unas de las otras.
    Si tenemos por sentado que no toda la península estaba poblada por estos pueblos (recordad también a los celtíberos y a los celtas), los íberos ocupaban la franja sudeste, Cataluña y una pequeña porción del sudeste de Francia. Sí, habían íberos franceses.

    Estos pueblos tenían su propio idioma: el ibérico.
    La grafía era como una especie de mezcla entre el alfabeto griego y las runas vikingas (salvando mucho las distancias, solo es un ejemplo para que os hagáis una idea mental).
    Todavía no se ha desentrañado mucho este lenguaje ya que los íberos no eran muy amigos de dejar cosas por escrito. Esto es un gran problema, ya que impide que conozcamos cosas como costumbres o la mitología.

    Los íberos eran agricultores, ganaderos y artesanos.
    Vivían en recintos fuertemente fortificados denominados "oppida" (oppidum, en singular). Estas ciudades fortificadas se construían en lugares en altura, como montes. También aprovechaban accidentes del terreno para hacer más fácil la defensa de estos lugares.
    Estos oppida podían, a su vez, controlar otros oppida más pequeños o vigilar pequeños asentamientos agrícolas o ganaderos.

    Con la llegada de griegos y fenicios a la península, se abrieron posibilidades de comercio.
    La orfebrería ibérica era muy apreciada por los visitantes, si bien estos no correspondían del todo con sus interlocutores. Mientras que los íberos ofrecían joyas y demás, los comerciantes extranjeros les daban a cambio cerámica de mala calidad. ¿Qué sabrían estos bárbaros de lo que era una buena cerámica?

    La sociedad ibérica era una sociedad de jefatura, obviamente.
    En lo alto de la pirámide social estaban los jefes de los clanes, a los cuales se les rendía pleitesía.
    Y esto último viene bien para explicaros una institución íbera que dejaba boquiabiertos (en el buen sentido de la palabra) a historiadores de todas las épocas: la devotio.
    Vale, sí, el término viene del latín pero es algo 100% íbero y que era muy diferente del mismo término usado en Roma.
    La devotio consistía en un pacto entre el jefe y sus hombres: si el jefe moría, sus hombres lo seguirían hasta el final. Eso explicaría un poco el porqué de que los hombres de Viriato lucharan en combate singular hasta la muerte delante de su funeral.

    Como ya he dicho más arriba, la mitología íbera es un misterio.
    Se cree que las diferentes estatuas de "damas" (la de Baza o la de Elche) representan a diosas madres. También está la representación del Señor de los Caballos: un figura humana que agarra por las riendas a dos caballos. Tal vez fuera una deidad hípica pero no se sabe mucho. Otro caso es el mito del Carnicero: un monstruoso lobo que aparece representado en algunas cerámicas íberas y que, se cree, era una especie de ser encargado de llevarse las almas de los moribundos.
    Lo que sí sabemos es la introducción de algunos dioses traidos por los comerciantes fenicios, como Astarté o Baal Melkart.

    Vale, me dejo el rollo este y paso a lo que os interesa: ¡ARMAS!
    ¿Qué decir de la falcata? Esa mezcla entre espada y machete, capaz de cercenar un brazo de un tajo y que, más tarde, los romanos copiarían su diseño para el Gladius Hispaniensis.
    También tenemos el soliferro: una lanza completamente hecha de metal. Se decía que era capaz de atravesar a un jinete y dejarlo clavado en su caballo.
    ¿Y la honda? Bueno, no era un invento íbero pero la tripulación de una galera de guerra romana supo que no había que meterse con los baleares después de ser lapidada desde unos acantilados.
    También usaban la caetra (un escudo redondo pequeño) y los famosos pectorales, algunos de ellos con representaciones del rostro de un lobo muy realista.
    Cuando un guerrero moría era costumbre romper sus armas y enterrarlas con el finado para que nadie pudiera usarlas más.

    Y otra cosa interesante: el amor de los íberos por los caballos.
    Los caballos de la península fueron muy apreciados por otras civilizaciones, como los romanos, debido a su carácter dócil y a su gran velocidad. Corría el mito de que, en realidad, a las yeguas las preñaba el viento.
    El amor entre un guerrero íbero y su caballo era tal que, si el animal corría peligro de muerte, el hombre sacrificaba su vida para que su mejor amigo pudiera huir. De ahí que yo piense que el perro no es el mejor amigo del hombre: es el caballo, leñe.

    ¿Se me olvida algo más?
    Creo que está todo.
    Espero que os haya gustado.

    ¡Nos vemos!
  • Nadie quiere al rey Juan./

    Escrito por Platov el 24/04/2012
    ¡Hola, personas humanas!

    En primer lugar, y antes de nada, darle las gracias a Jimboss por hacer realidad aquesta aberración que se me pasó por la cabeza el otro día. ¡Fanead sus webcómics o morid!

    Vale, vamos al lío.

    Albion me sugirió el otro día hacer un post sobre el rey más detestado de toda la Edad Media: Juan I de Inglaterra, alias Juan Sin Tierra.
    Aquí lo tienes, coleguilla, recién salido del horno.
    Si tenéis alguna otra sugerencia para un siguiente tema, dejad un comentario en este post o mandadme un privado a mi perfil de Subcultura.

    ADVERTENCIA GRANDE Y GORDA: resulta que no dispongo de bibliografía sobre historia de Inglaterra en mi biblioteca personal (es que tiro más para Francia y Europa del Este) y, como tengo poco tiempo para ir a la biblioteca municipal, he tenido que basar todo en un artículo de Wikipedia (inserte rayos, truenos y risa maléfica). Mil disculpas si el post no tiene la calidad esperada (tranquilos, es el artículo en inglés).

    Bueno, como diría Yuri Gagarin: "¡Allá vamos!"

    Juan Sin Tierra ha generado mucho mito: que si era un mal rey, que si era gritón, delgaducho y maleducado, etc. etc. Esta concepción negativa se debe, en mayor parte, al carisma que derrochaba su hermano: Ricardo I Corazón de León.

    Pero, ¿era Juan exactamente así o solo fue una estrategia de marketing para que William Shakespeare, Sir Walter Scott y Walt Disney vendieran mejor sus obras?

    Juan era hijo de Enrique II Plantagenet y de Leonor de Aquitania.
    Era el menor de sus hermanos y eso condicionó mucho la vida de nuestro protagonista.
    Bajito, fuerte y de carácter amistoso, Juan era muy culto. Le encantaban la música y leer. Su última afición hizo que abriera una especie de biblioteca ambulante para que el vulgo se instruyera. Además, era un gran cazador.

    Lo de ser el hermano pequeño fue un gran lastre: Enrique heredó el trono, Ricardo heredó el condado de Poitou y Geoffrey el ducado de Bretaña. A Juan no le tocó nada, de ahí que lo llamasen "Sin Tierra".

    Su padre decidió casarlo con la hija de Humberto III de Saboya para poder asegurar las fronteras del sur de Aquitania ya que el derecho de sucesión daría la razón a Juan. Era un futuro prometedor si no fuera por que la novia, Alais, no sobrevivió al viaje. Juan volvió a quedarse sin tierra.

    Y llegamos a 1173, donde Leonor instó a sus hijos mayores a que se rebelarán contra su padre para que dejase en paz a la región de Aquitania. Sí, Leonor era una reina más bien rebelde y odiaba que le dieran órdenes. La rebelión no tuvo éxito pero tuvieron suerte de que Enrique les perdonara la vida.
    Y en esto Juan sacó gran tajada ya que su padre le fue entregando las tierras que conquistaba para que las heredara. Incluso llegó a nombrarlo Señor de Irlanda.

    Tras la guerra entre sus hermanos Enrique y Ricardo, en la que el primero moriría por disentería, Juan consiguió Aquitania. Bueno, por la fuerza, ya que Ricardo (ahora sucesor de la corona) no quería dárselo.

    Sobre Irlanda, Juan estuvo a punto ser coronado rey... si no fuera porque se ganó la enemistad de sus súbditos y que el Papa no veía justo que Juan heredara este trono.

    Con la muerte de Geoffrey en un torneo, Juan veía más de cerca el subir al trono.

    Es 1189 y ya sabemos que significa eso: Ricardo es coronado Rey de Inglaterra.
    Pero ya sabemos como era Ricardo. Nada más subir al poder, dijo que se unía a la Tercera Cruzada. Leonor le pidió a su hijo que dejara a Juan al mando de todo durante su ausencia, cosa que no gustaba al nuevo rey pero el fricciones entre los delegados de gobierno que dejó Ricardo hicieron que Juan, al final, tuviera que viajar a Inglaterra. Eso sí, todavía no se ganó la amistad de los ingleses.

    Mientras la cosa estaba ardiendo, Juan pensó en aliarse con Felipe II Augusto, rey de Francia famoso por ser tuerto y perder algo de aceite (vosotros ya me entendéis). La cosa se complicó cuando uno de los delegados de Ricardo quiso que Juan abandonara sus delirios de grandeza pero el regente consiguió quitárselo de en medio.
    Dado que Ricardo no volvía, Juan pensó que había muerto. En realidad, Ricardo estaba vivo... dentro de una mazmorra perteneciente al duque de Austria. Es lo que pasa cuando coges el estandarte de un aliado y lo pisas hasta que queda irreconocible.

    En 1194, viendo como a Juan se le subía el trono a la cabeza, un grupo de soldados fieles a Ricardo se sublevó en Inglaterra. Las fuerzas militares del regente eran tan nímias (y más cuando Ricardo volvió con vida) que tuvo que retirarse a Normandía.
    Ricardo le perdonó pero le quitó todas sus tierras excepto, claro está, Irlanda. Aunque, después de que Juan hiciera un buen servicio capturando a un obispo aliado de Felipe II, le devolvió algunas de sus posesiones.

    1199.
    Ricardo muere.
    Juan ve que su sueño de ser rey de Inglaterra sse va a cumplir... si no fuera por un chaval llamado Arturo (no, no ese Arturo). Este chico decía ser hijo de su hermano Geoffrey. La guerra estalló, estando a punto de acabar con las posesiones de Juan.
    Gracias a las negociaciones con el Papa, se pudo llegar a una tregua: tratado de Le Goulet, por el cual Felipe II reconocía a Juan como soberano indiscutible de Inglaterra, dejando por una temporada las reclamaciones de Arturo.
    Así se inició una política de alianzas con el rey de Francia.

    Esta paz no duró mucho.
    Si a eso añadimos los tumores de que el propio Juan asesinó a Arturo, tenemos como resultado la pérdida de Normandía debido a una cadena de rebeliones, tanto partidarios de Arturo como de Felipe II.

    Sobre su reinado...
    A pesar de tomar decisiones bastante arbitrarias, Juan estaba muy implicado en cualquier decisión que se tomase por el bien del gobierno.
    Además, heredado de su padre, Juan tenía un gran sentido de la justicia. Se rodeó de expertos juristas y perfeccionó el sistema legal inglés. Incluso, decidió llevar acabo el voto de "justicia real" por el cual el rey podía intervenir en los juicios como juez.

    En el tema económico, ahí si que la realidad superaba a la ficción.
    Juan era bastante inepto en cosas que tuvieran que tener con el dinero, pensando que al subir toda clase de impuesto ganaría más dinero. De hecho, pedía el escudaje incluso cuando no habían campañas militares.

    Otra cosa, Juan era muy desconfiado con aquellos nobles que lo rodeaban. El caso más sangrante era la tirria que le tenía a Guillermo, el Mariscal. Sí, el mejor caballero de la historia.

    En cuanto a la religión, Juan era algo ateillo. Y ya sabéis lo que significaba eso en la Edad Media, ¿no? Se reía del hecho de la Resurrección y todo.
    La crisis tras la muerte del Arzobispo de Canterbury y los intentos incesantes de Juan para poner a quién él quería le llevó a la excomunión. Menos mal que el papa Inocencio III lo pensó después en frío y lo perdonó.

    Juan intentó reconquistar Normandía.
    Solo hubo un problema que no le dejó hacer tal hazaña: la rebelión de los barones.
    Hartos de las extrañas políticas de Juan, los nobles decidieron sublevarse. Esto desembocaría en la famosa "Carta Magna": una serie de derechos que el rey debía cumplir.
    Aún a pesar de la firma de este acuerdo, Juan volvió a las andadas y decidió que era hora de acabar con esos malditos rebeldes.

    La guerra iba mal para nuestro protagonista hasta que el 18 de octubre de 1216, pasó a mejor vida.
    Hay muchas especulaciones sobre su muerte: unos dicen que fue envenenado, otros que se atragantó con la comida.

    Y... bueno... creo que este ha sido el post más largo hasta la fecha.
    Seguro que me he dejado algo en el tintero pero aquí lo tenéis.

    ¡Nos vemos!

  • Mensur: duelo a la alemana./

    Escrito por Platov el 19/04/2012
    ¡Hola a todos!

    Perdondad que solo hayan pasado dos días desde la última actualización pero es que mañana no voy a estar disponible y quería escribir esto antes de que se me olvidase.

    Hoy, algo sobre la forma más extraña de defender nuestro honor: el mensur.

    ¿Y qué es esto?
    Pues el mensur es una forma de duelo a espada creada en los estados alemanes del S. XVII y que tuvo su edad de oro en el XIX.
    Se practicaba incluso en las universidades como una especie de pseudodeporte y poseer una cicatriz de mensur en la cara era un símbolo de prestigio. Eso hasta la PGM.

    "¿Cicatriz en la cara? ¿Pero de qué estas hablando, Platov?"

    Para practicar mensur, se usaba una espada donde solo la punta estaba afilada.
    Los contendientes se colocaban dentro de un círculo, pie con pie.
    Por turnos se iban lanzado tajos. Sí, tajos. En la cara, en los brazos o en el torso. Ninguno de los contenidentes podía esquivarlos o pararlos. Simplemente, era ver quién más aguntaba. Quien abandonaba el círculo, ya sea por fatiga, cobardía o por la gravedad de las heridas, perdía.
    Es curioso, puesto que el mensur no era una modalidad de duelo a muerte.

    Los estudiantes que lo practicaban, y que lo siguen practicando en Alemania, usaban protecciones para no resultar heridos: un peto y brazales de cuero; y una máscara que recordaba a la de los médicos venecianos, para que no se saltasen los ojos.

    Divertido y peligroso, sin duda.

    ¡Nos vemos!
  • Nueva cabecera y reflexiones sobre la infancia./

    Escrito por Platov el 16/04/2012
    ¡Hola a todos!

    Sí, no estáis soñando: "El Correo del Atamán" ha cambiado de cabecera. Son nuevos tiempos y hay que renovarse.

    Y ahora, sermón chorra.

    Veréis, un colega mío colgó el otro día en FB uno de esos famosos memes de Willy Wonka en pose de escuchar interesado una conversación. Decía así: "Así que creciste en los 90. ¿Qué se siente al haber tenido la mejor infancia de la historia?"

    Aunque parezca una chorradam (que lo es), creo que la frase de marras tiene mucha razón.

    Comparo ahora los programas infantiles, series, juegos, etc, etc, con los de los 90 y no dejo de pensar en lo que dijo el señor Wonka.

    Y recuerdo... Recuerdo los maratones de dibujos animados hasta las 13:00 en vacaciones, las series de dibujos de las 17:00, Inspector Gadget, Dragones y Mazmorras, Gargoyles, los juegos de Bullfrog, la época dorada de Capcom y Konami, la Super Nintendo, los Guerreros de la Basura, los G.I. Joe, los Lego del Espacio, el primer Command & Conquer, los libros de "Elige tu propia aventura", los Gatos Samuráis, Cadillacs and Dinosaurs, Sonic: The Hedgehog... En fin, un montón de cosas que están criando polvo en el pasado.

    Y miro al presente y... ¿Qué hay? Disney Channel, Hannah Montana, Gormitis, Crepúsculo, Wii, Lego Harry Potter, Naruto (sí, odio Naruto), los DLC interminables y sin sentido de Capcom, Imagina ser..., Inazuma Eleven, Call of Duty: Modern Warfare 3, Sonic y el Caballero Oscuro, etc...

    Si la primera lista os ha puesto melancólicos y la segunda os ha revuelto el estómago, bienvenidos a la mejor infancia de la historia: los 90.

    ¡Nos vemos!
  • Las Cinco Naciones./

    Escrito por Platov el 12/04/2012
    Damas y caballeros: bienvenidos un día más a "El Correo del Atamán", el blog de historia, curiosidades y gilichorradas recomendado por 9 de cada 10 dentistas.

    Como ya dije en un post anterior, me gustaría escribir algo sobre un tema con el que estoy empezando a simpatizar: la Confederación Iroquesa.

    Sí, esas tribus situadas al nordeste de Norteamérica famosas por "El último mohicano" y el logo de Diesel.

    ¿Quienes eran estas gentes y que hacían por esos lares?

    La Confederación Iroquesa era una unión de cinco tribus indias del norte de los EEUU: los Mohawks (los famosos mohicanos), los Oneida, los Onondagas, los Cayugas y los Sénecas (no confundir con el famoso filósofo romano de origen cordobés).
    Se asentaban en las zonas cercanas a Nueva York, el lago Ontario y el lago Hurón.
    Aunque se les conoce popularmente como iroqueses, que procede del francés "iroquois", o "Las Cinco Naciones" como les gusta llamarlos a los británicos, su nombre en su lengua natal era Haudenosaunee, que significa "gente de la casa alargada".
    Este curioso nombre viene de la concepción del mundo que tenían los miembros de la confederación. Para ellos, el mundo era como una gran casa similar a sus hogares: casas alargadas y comunales, donde podían vivir varias familias.
    Al igual que en sus casas, cada tribu tenía un cometido: los Mohawks vigilaban la Puerta Este, los Sénecas la Oeste y los Onondagas se encargaban de mantener viva la llama del Hogar Central.
    Si este último concepto os recuerda al Fuego Sagrado de Vesta, en Roma, no andáis muy desencaminados. De hecho, la unión de varias tribus y la compleja administración de estas hizo que los europeos les dieran el apelativo de "romanos del Nuevo Mundo".

    No se sabe muy bien cómo y cuándo se formó la Confederación.
    Se cree que sus inicios se encuentran entre una amplia franja que va desde finales del S. XV hasta el XVII.
    Sobre su creación, no se está muy claro pero se tiene como válida su leyenda fundacional. Se dice que un iroqués nacido cerca del lago Hurón, Deganawida, fue visitando cada una de las tribus para firmar una "Gran Paz". En uno de sus viajes conoció a un exiliado Onondaga, Hiawatha (que alguno de vosotros conocerá por el videojuego "Civilization"). Juntos, convencieron a las tribus para formar una gran confederación. Además, se le daba la bienvenida a cualquier tribu que quisiera formar parte del nuevo proyecto, como se hizo posteriormente con los hurones, por ejemplo.
    Deganawida planto el "Árbol Blanco de la Paz", símbolo de la unión de todas las tribus.

    La sociedad iroquesa se dividía en clanes.
    Los jefes de cada clan eran elegidos por las mujeres más ancianas del lugar, lo que pone de manifiesto una especie de pseudomatriarcado: los hombres gobernaban pero con el permiso de las mujeres.

    El pueblo iroqués era, principalmente, agrícola y ganadero.
    Vale, los que estáis leyendo esto y entendéis del tema os ha chocado esta afirmación. "¿Pero no se supone que los iroqueses eran comerciantes de pieles?". Sí y no.
    Veréis, los iroqueses cultivaban y criaban ganado hasta que llegaron esos raros señores con mostacho, venidos de más allá del mar.
    Los europeos querían comerciar con los iroqueses. Al ver su poder, pensaban que lo mejor era aliarse con ellos vendiéndoles armas de fuego.
    Pero intercambiar fusiles por cestos de maiz era poco rentable. Los iroqueses se dieron cuenta de ello y pensaron que las pieles de animales sería lo mejor. Así que pasaron de agricultores a peleteros. El control del comercio de pieles por parte de la confederación llegó hasta sangrientos extremos, como la "Guerra del Castor", a finales del XVII, donde los Mohawks estuvieron a punto de exterminar a los Hurones.

    La confederación estaba aliada con los holandeses desde que pusieron el pie en América pero como los ingleses consiguieron expulsar a estos del norte, los iroqueses pasaron a ser amigos de los nuevos ocupantes de la zona: Gran Bretaña.
    Esta amistad seguiría en pie durante la guerra franco-inglesa por el control de Norteamérica y la Guerra de la Independencia de los EEUU.

    En cuanto a la religión, cada clan estaba protegido por un animal totémico. Los más comunes eran el oso, el lobo y la tortuga.
    Además, los iroqueses pensaban que todos los seres, animales, plantas y objetos estaban imbuidos de una fuerza espiritual, llamada otennota.
    Estos espíritus estaban divididos en tres órdenes: los que viven en el interior de la tierra, los que están sobre la tierra y los que habitan en el universo.
    Todos estos estaban bajo el poder de Hawenniyo, el Creador. Esta figura tal vez venga por influencia de los misioneros cristianos.

    En cuanto a guerra y armamento, el ejército iroqués estaba dividido en sachems. Cada sachem constaba de un número de guerreros dispuestos a morir por la tribu. El jefe podía ir solo, acompañado de una escolta de guerreros escogidos.
    Las armas consistían en arcos, flechas, escudos de madera y una maza. Los famosos tomahawks (hachas de metal ligeras que podían ser usadas tanto como arma cuerpo a cuerpo como arrojadiza) no fueron adoptados por la confederación hasta la llegad de los europeos.

    Y... bueno... creo que esto es todo lo que tengo que decir.
    No he querido atosigaros tampoco con historias de batallas, guerras y tratados sino que me he querido centrar más en la sociedad y cultura iroquesas.

    Espero que os haya gustado.

    ¡Nos vemos!

  • Ejércitos de fantasmas: guerra de guerrillas./

    Escrito por Platov el 06/04/2012
    ¡Saludos, ciudadanos de Subcultura!

    Por petición popular y con algún precedente que otro, el tema a tratar hoy en el blog será la guerra de guerrillas.

    Guerrilla.

    Sí, la mayoría de nosotros tenemos ese concepto romántico de un señor que se lía la manta a la cabeza, coge un fusil y sale a matar soldados invasores sin que estos tengan tiempo ni de fumarse un pitillo.

    Las guerrillas, para el que no lo sepa, no son más que un pequeño grupo de personas con escasa o nula formación militar que se unen para acabar con un ejército profesional, usando tácticas de sabotaje, sigilo y emboscada. El objetivo de todo ello es minar la moral del enemigo.

    ¿Dónde surgió esta forma de hacer la guerra?
    Mucha gente os dirá que en la España de la Guerra de Independencia contra los franceses.
    No es del todo cierto.

    La guerra de guerrillas es más antigua de lo que creéis.
    Para descubrir sus orígenes, nos remontaremos a los últimos compases de la conquista de la península Ibérica por las legiones romanas, en época de Augusto.
    En el 29 a.C., los romanos estaban enfrascados en vencer a los irreductibles cántabros. ¿Por qué era tan difícil luchar contra este enemigo? Por una idea que tuvo uno de los jefes de esta tribu celtíbera, Corocota.
    Corocota sabía que era imposible vencer a los romanos en campo abierto. Por ello, se le ocurrió la siguiente táctica: al caer la noche, un grupo de guerreros se internaría en los lugares donde los romanos descansaban. Mientras estos dormían, los cántabros aprovechaban para degollarlos uno por uno, sin hacer ningún ruido. Antes de que los guardias se dieran cuenta, los guerrilleros ya habían huido. Es por esta técnica de combate por la que los romanos decían que los cántabros eran en realidad espíritus venidos del inframundo a llevarse el alma de los legionarios.

    Así nació la guerrilla.

    La guerrilla es un apoyo complementario a los grandes ejércitos.
    No se puede ganar una guerra tan solo emboscando y cortando las líneas de suministros al enemigo. Por mucho que se les desmoralice, un buen general mandará refuerzos una y otra vez.
    Este es uno de los grandes inconvenientes de esta forma de luchar. Un grupo de guerrilleros no duraría ni diez segundos en el campo de batalla y tampoco podrían liberar una ciudad.
    Su misión más bien sería la de allanar el terreno para un posible enfrentamiento armado a gran escala.

    Esto es todo lo que sé sobre guerrillas.
    Si sabéis algo más o si tenéis una opinión diferente a la mía, me agradaría mucho que me la comentaseis.

    ¡Nos vemos!
  • El primer soldado americano./

    Escrito por Platov el 03/04/2012
    ¡Hola a todos los presentes!

    Mirad, no tenía muy claro de que escribir este post.
    Le he dado vueltas a la cabeza una y otra vez para inspirarme.
    Hasta que recordé la primera exposición que hice en público (bueno, con mis colegas José y David) en la carrera: la Revolución Americana.

    Si hay algo del S.XVIII que me guste, además de los últimos compases del reinado de Pedro, el Grande, es la Guerra de la Independencia de los EEUU.
    Tiene de todo: grandes héroes, traidores, épicas batallas y leyendas para dar y tomar.
    Además, todo esto desembocó en la primera constitución de la historia.

    Pero detrás de grandes nombres del ejército independentista como Washington o Jefferson habían hombres que dieron su vida por la libertad. Me estoy refiriendo a los llamados "minutemen" que supusieron el germen del ejército estadounidense.

    A comienzos de la guerra, EEUU llevaban las de perder.
    Era algo lógico: una colonia sin un ejército propio se enfrentaba con el ejército más poderoso de la época: el británico.

    La única salida que tenían los americanos era armar a sus propios ciudadanos para que atacaran al "invasor".
    Un estadounidense podía coger su mosquete o rifle de caza de los alto de su chimenea y presentarse ante las mesas de reclutamiento, en la plaza del pueblo.

    Estos hombres fueron los minutemen.
    Este peculiar nombre procede de que uno de estos milicianos tenía que estar preparado para combatir un minuto después de que llegarán noticias del avistamiento del enemigo.

    Al ser milicias, muchos de ellos no tenían entrenamiento militar.
    Pensadlo: muchos regimientos estaban formados por zapateros, carniceros o pescaderos. Gente normal que quería liberar su tierra, fuera al precio que fuera.
    Ni tan si quiera llevaban uniformes y equipamientos reglamentarios: cada uno aportaba lo que tenía.

    El problema de este precario ejército venía de, como ya he dicho, de su falta de entrenamiento.
    Enfrentarse a los ingleses en campo abierto era un suicidio.
    A raiz de ello, los minutemen desrrollaron una táctica que fue calificada por los ingleses como "deshonrosa": emboscadas.
    Cuando un regimiento inglés cruzaba un bosque para trasladarse a otro lugar, un grupo de minutemen se apostaba detrás de los árboles y la maleza. Cuando tenían a un soldado a tiro, disparaban y volvían a esconderse detrás de los árboles, a salvo para cubrirse y recargar sus armas. Los ingleses, presas del pánico, no sabían hacia donde disparar.

    Ya sabemos que esta guerra de guerrillas desgata al enemigo pero no acaba con él.
    Pronto, el ejército estadounidense comenzó a contratar a generales mercenarios venidos de Europa para entrenar tanto a las milicias como a los propios oficiales.
    Poco a poco, los EEUU consiguieron hacer frente de igual a igual a los ingleses.

    Y esto es todo.
    Vuestras opiniones serán bien recibidas.
    ¡Nos vemos!
  • Romanos pasados por agua./

    Escrito por Platov el 30/03/2012
    Vale.

    Tras el Primer Aniversario de "El Correo del Atamán" (sigo agradeciendo vuestras felicitaciones), vuelvo a la carga.

    Ayer estaba viendo "Ben-Hur" y se me ocurrió escribir este post tras ver la escena de la batalla naval.
    Esta parte de la película comete algunos errores pero se le perdonan pensando en que época estaba rodada.

    Bueno, a lo que iba, os voy a comentar así por encima como luchaban los romanos en alta mar.

    Si había algo que era digno de elogio en el ejército romano es que sus generales sabían en qué cosas no destacaban. Una de esas cosas era el combate marítimo.

    Los romanos eran gente apegada a la tierra.
    Hasta que no le lanzaron los trastos a la cabeza a los cartagineses en las Guerras Púnicas, un romano no tenía mucha idea de pilotar una nave. Es más, si las GP se hubieran llevado acabo solo en el mar, los púnicos se hubieran ventilado a los romanos como quien devora un bol de panchitos.

    ¿Qué hicieron los romanos al respeto?
    Muy sencillo: si eran malos en el mar, convertirían una batalla marítima en una terrestre.
    La marina romana comenzó a especiallizarse en el abordaje de naves para luchar como si lo hicieran en cualquier páramo.
    Ahí es donde entró a formar parte de los barcos romanos el "corvus".

    ¿Qué era un corvus?
    Pues, simplemente, una pasarela que se podía desplegar en uno de los lados del barco.
    El extremo que daba a la nave enemiga poseía dos afiladas cuchillas que se clavaban en la madera con fuerza visigótica.
    Cuando los romanos divisaban un barco enemigo, se acercaban entre andanadas de flechas. Al estar a una distancia prudencial, los marineros lanzaban unos garfios con los que tiraban del barco enemigo con todas sus fuerzas. Al estar las dos naves paralelas, se dejaba caer el corvus o los corvus. A partir de ahí, un grupo de legionarios podía abordar la nave como si estuviesen tomando la muralla de una fortaleza.

    Y estaréis pensando, ¿cómo es posible que pudieran arrastrar un barco con unos garfios?

    Es una explicación muy simple.
    Hollywood cree que los barcos antiguos eran como los medievales o de la edad moderna: pesados y resistentes.

    Y no era así.
    Un trirreme era poco más que un palillo en mitad del mar.
    Un barco antiguo no se hundía entero si no que, basicamente, se despedazaba. Imagináos eso si le añadimos una carga con la rostra (el espolón delantero) o una andanada de proyectiles incendiarios o fuego griego.

    Y eso es todo.
    Espero que os haya gustado.

    ¡Nos vemos!
  • Hace 365 días.../

    Escrito por Platov el 29/03/2012
    No.
    No me voy a poner en plan Abraham Lincoln.

    No soy muy dado a los discursos largos, así que seré lo más breve posible: hoy cumplo un añico en Subcultura.

    ¿Cómo comenzó todo?
    Bueno, en realidad empezó unos meses antes de mi entrada en esta nuestra comunidad, a través de unos links en el webcómic "Dragon Mail", de Fadri.
    Me topé con una web que ofrecía un lugar gratis para todos aquellos que quisieran publicar sus cómics. Era algo que antes no había visto y me picó la curiosidad.
    Fuí leyendo unos pocos cómics que me fueron enganchando. El problema es que no podía seguirlos del todo porque no sabía cuando se publicaban.

    Así que decidí hacerme una cuenta.
    Quería hacer algo en esta web pero el problema es que no tenía ninguna idea. Entonces ví la opción de publicar un blog. Así nació "El Correo del Atamán", un blog cuyo objetivo era publicar curiosidades históricas y alguna que otra gilichorrada. Y, como he visto, tuvo mucho éxito.

    A partir de ahí: un montón de cómics faneados, un gran número de seguidores y colegas, miles de comentarios y dos aportaciones a dos cómics ("Milord, el Vikingo" y "Flores en el Oshire").

    Doy las gracias a todos aquellos que me acogieron con los brazos abiertos, a toda esa gente que decide gastar unos segundos de su tiempo en leer las paranoias que escribo.

    A todos, muchas gracias.

    ¡Seguiremos cabalgando juntos por la estepa!
  • Plebs are needed!/

    Escrito por Platov el 22/03/2012
    Tengo la irresistible necesidad de contaros esto.

    Veréis, en la asignatura de "Asentamientos y ciudad" el profesor nos dijo que tenemos que hacer un práctico dividido en dos partes sobre la ciudad romana.

    El otro día nos mandó el correo.

    La primera parte parece de lo más normal: explicar el ritual de fundación romano. Nada del otro mundo.

    Pero la segunda parte fue la que hizo mi mandíbula se desencajase del maxilar: usando una localización geográfica real tenemos que... ¡CONSTRUIR NUESTRA CIUDAD ROMANA IDEAL!

    ¡Dioses!
    Para un tío como yo que ha jugado a todos los "Caesar", "Faraón" y demás juegos de gestión históricos es como hablarle del paraiso.

    La ciudad tiene que estar a la fuerza al lado de un cerro y tener cerca un río o una salida al mar. Además, los dos edificios que tenemos que "construir" obligatoriamente son el foro y el Capitolio. A partir de ahí, a darle rienda suelta a la imaginación, eso sí, teniendo en cuenta como edificaban los romanos.

    Por fin un trabajo molón en el Máster.

    ¡Ah! ¡Se me olvidaba!
    El jueves de la semana que viene cumple un año en Subcultura.
    ¿Habrá algo especial? ¡Yo qué se!

    ¡Nos vemos!
  • Un día de San José, hace 200 años.../

    Escrito por Platov el 19/03/2012
    En una ciudad llamada Cádiz., en un país tomado por las fuerzas del mayor estratega que ha conocido la historia.

    Un grupo de hombres, deseosos de ver a su patria libre del gobierno del invasor, decidieron reunirse en cortes para proclamarse como el centro de gobierno legítimo de su país.

    Y para que todo esto tuviera efecto, redactaron un documento.
    Un documento que cambiaría la historia de ese país para siempre: una constitución.

    Ese pequeño libro contenía cosas tan novedosas como la libertad de expresión y de prensa, derechos que nunca antes se habían llevado acabo en esa nación.

    Los años pasaron, el invasor fue expulsado.

    Los redactores de la constitución, esperanzados por un nuevo comienzo, devolvieron al poder al antiguo monarca del reino.

    Pero su añorado líder no era más que un gordo insolente que solo pensaba en sí mismo.
    Rompiendo los sueños de aquellos hombres valientes, renegó del documento.

    Desconsolados, hicieron lo posible para que, al final, aquel tirano de nombre Fernando jurara la preciada constitución.

    Pero, en el Más Allá, aquellos pioneros lloran porque ven como aquel espíritu de liberación se fue corrompiendo con el paso del tiempo.

    Cada vez que un gobierno subía al poder, estos se inventaban una nueva carta magna acorde con sus pensamientos políticos. Aquellos que intentaban redactar algo que pudiera poner de acuerdo a todas las partes eran vistos como apestados.

    Pero esas ansias de libertad no murieron y todavía hoy se les recuerda.
  • Adiós, "Toledo". Jamás te recordaremos./

    Escrito por Platov el 16/03/2012
    Lo que leéis en el título.

    Estaba esta mañana leyendo "La Verdad" en la cola del barbero cuando leo que A3 va a dejar de emitir "Toledo".

    ¿Por la baja audiencia? No. ¿Por las quejas del poco rigor histórico que tiene la serie? No. Simplemente por pasta.

    Sí, chicos y chicas, la serie no le ha salido muy rentable que digamos a la cadena privada. Así que sus directivos han decidido que cuando acabe la primeta temporada, ya no habrá más.

    No he visto la serie, la verdad, pero ya sabéis de anteriores post que las pocas imágenes que he visto hicieron que mirase para otro lado con cara de asco. Todavía le estoy dando vueltas al disfraz de Galadriel... ¡Oh! ¡Perdón! Al vestido de noble andalusí que vi.

    Tal y como dice el título: adiós, "Toledo". Jamás te recordaremos.
  • Nada... Que al niño le ha dado ahora por China./

    Escrito por Platov el 13/03/2012
    ¡Holas a todos!
    ¿Cómo lo lleváis?

    El otro día fuí al Seminario de Batallas de la Antigüedad y me encantó la exposición sobre el intento de conquista de Persia por Juliano "el Apóstata", realizada con gran maestría por mi colega Juanje.

    Este año no tenía muy claro si exponer yo también, ya sabéis, por el tema del Máster pero como el seminario es lo viernes por la tarde, me vien bien porque no tenemos clases ese día.

    Como algunos de vosotros ya sabéis, me encantan los temas que se salen de la tangente, algo bastante exótico y que se salga de la monotonía de batallas de griegos y de romanos (también hay egipcios e hititas pero salen muy poco).

    No sabía que tema escoger y este año estaba más complicado porque no se podía pasar del año 1000.
    Pensando y requetepensando, mi colega David me dio una sugerencia: "¿Por qué no lo haces de China?"

    ¡Tachán!
    Gracias a él, se me encendió la bombilla.
    Mi tema de este año será "La unificación de China por la dinastía Qing". Sí, la de Qing Shi Huang Di, ese tío que odiaba a Confucio con locura.

    Tengo algunos libros sobre el tema y creo que si le dedico un poco de tiempo me puede salir algo potable. Entre esos libros hay alguno de la Osprey (je, je).

    Pues eso, que ahora me ha dado por China.

    ¡Nos vemos!
  • El gran atamán./

    Escrito por Platov el 08/03/2012
    ¡Buenas mañanas tengamos!

    ¿Aburridillos? ¿Sí?
    Pues he aquí otro post para que os divertáis.

    Esta vez os voy a hablar del hombre que le da nombre a mi nick en Subcultura: Platov.
    Sí, ya sé que ya hablé de cosacos pero lo hice en plan general. Ahora, os diré como la ayuda del atamán Platov libró a Rusia del corso bajito más famoso de la historia: Napoleón Bonaparte.

    Matvéiv Platov nació en el año 1751, en la mismísima región del Don.
    A los trece años se incorporó al ejército. Con diecinueve años ya había alcanzado la oficalidad y ayudó a acabar con los bandidos tártaros que asolaban Crimea. Poco después, ascencidó al título de Cosaco Mayor al ayudar a las fuerzas zaristas para acabar con las ansias revolucionarias de Pugachev.
    En 1790 ya era caballero y brigadier. Fue en este año cuando consiguió la Orden de San Jorge tras atacar la ciudadela turca de Ismail.
    En 1801, fue enviado por el zar Pablo para comandar las tropas rusas en el absurdo intento de quitarle la India a los ingleses.
    El místico zar Alejandro I le nombró Atamán de Todos los Cosacos del Don.
    Cuando en 1812 a Napoleón se le ocurrió entrar en Rusia, Platov comandaba el ala de caballería que protegía el flanco norte del general Bagration.

    Pero la fama de Platov no llegó hasta que uno de los más famosos generales rusos se fijó en él: el mariscal Kutuzov.
    A ver como os describo a este hombre: orondo, tuerto y con una personalidad excéntrica (tanto que era capaz de quedarse frito en mitad de la batalla o de dar órdenes con enigmáticas frases).
    Kutuzov se dió cuenta de que los soldados franceses salían por piernas cada vez que veían a un contigente de caballería cosaca.
    Así que decidió usarlos como un ejército profesional.

    El uso de los hombre de Platov era básicamente el de explorar.
    Gracias a los cosacos del atamán, el ejército ruso siempre sabía la localización exacta de las tropas francesas, tanto en la entrada a Moscú como en la retirada de Rusia.
    La acción más sorprendente ocurrió durante una patrulla nocturna cerca de Gorodnia. Los cosacos iban tan tranquilamente por el monte cuando se percataron de una peculiar figura: Napoleón. Por unos centímetros, los cosacos no consiguieron apresar a L' Empereur.

    En Borodino, Platov hizo su primer acto de presencia en el campo de batalla con gran éxito, consiguiendo desbandar a parte del ejército francés.

    La misión más extraña en la que participaron los jinetes de la estepa fue la de negociar la ocupación pacífica de Borodino. Aquí Platov conoció al más descacharrante de los generales franceses: Murat. El francés de espesa cabellera era lo más parecido a un cosaco que había en la Grand Armeé: tan valiente como irreverente. De hecho, los cosacos le tenían cierto respeto aunque usaron es amistad para engañar al mariscal, haciéndole creer que los rusos querían la paz.

    Tras la toma de una Moscú fantasma, incendiada por sus propios habitantes para que los franceses no pudieran aprovechar nada, Napoleón dio la orden de vovler a casa, con un ejérctio exhausto y al borde de la muerte por congelación.

    El ejército ruso cambió de táctica: había que expulsar a los franceses y, para ello, había que desgastarlos.
    Los cosacos hostigaban al ejército francés en la retaguardia para que se dieran prisita en salir.
    Los hombres de Platov saqueaban a los soldados de Napoleón que quedaban atrás. Otra de las tácticas llevadas acabo por los cosacos era coger a los centinelas con un lazo, por la noche, y llevárselos a la espesura del bosque para rematarlos. El frío facilitó bastante el trabajo: muchos franceses morían tiritando de frío al no llegar a tiempo a los fuegos del campamento.

    Mientras, Napoleón se daba toda la prisa que podía para escapar de esa trampa llamada Rusia.
    Y, he aquí, cuando estaba en un campamento descansando, los cosacos estuvieron a punto de volverle a apresar. Por suerte para él, los jinetes no se dieron cuenta de que estaba allí.
    Y la liberación del conde Wintzingerode, alemán pero partidario del zar, cuando Napoleón se lo llevaba prisonero a París hizo que al "petit caporal" se le cruzaran los cables. Palabras textuales: "los cosacos son una vergüenza para el género humano".

    Gran Bretaña adoraba a los cosacos.
    Ver como estos jinetes salvajes acababan con su enemigo, el ejército más poderoso de la época, no tenía precio. Bien es cierto que los ingleses tenían un concepto demasiado romántico de lo que era un cosaco.
    Bueno, que al finalizar la guerra, el Imperio Británico invitó al desfile de la victoria al zar y al mismo Platov.
    Los ingleses trataron con gran respeto y reverencia a estos dos hombres.

    La guerra contra Napoleón fue la cuasante de que el lazo entre los Romanov y los cosacos fuera aún más fuerte. Atrás quedaron los años de las revueltas protagonizadas por estos jinetes.

    Y este es el final.
    Espero que os haya gustado.
    ¡Nos vemos!
  • El cine y la TV nos chafó la Edad Media: desmintiendo mitos./

    Escrito por Platov el 04/03/2012
    ¡Hola, personas humanas y bots!

    ¡Ah...! Otra pacífica tarde de domingo que me conmina a escribir un post nuevo.

    Bien, he estado pensando en varios post. No sabía cual escribir hasta que eché mano del libro "Caballeros y caballería en la Edad Media", de Jean Flori, y me puse a leer el apartado sobre la Iglesia y los torneos en el capítulo sobre estos últimos.

    Y es curioso...
    Se me ha venido a la mente cuantos errores aparecen en las pelis ambientadas en la Edad Media (y no digamos en la nefasta serie titulada "Toledo").

    Así que he hecho una pequeña recopilación de todos ellos. Recordad que si véis algún error por mi parte, hacédmelo saber.

    ¡Allá vamos!

    "La Edad Media era una época oscura".
    Eso es más falso que falso.
    Vale que el arte no era tan bueno como el de época clásica pero eso es debido a que, durante la EM, el mensaje era más importante que la propia representación.
    Además, tenéis que darle las gracias a Carlomagno por haber fundado la primera universidad de la historia y haber estructurado el primer sistema educativo oficial.
    Sí, el analfabetismo era galopante pero muchos nobles que no sabían leer y escribir admiraban a aquellos que sí sabían, no como nuestros políticos.

    "La Edad Media estaba llena de guerras".
    Pues no tanto, señor.
    Hasta que los ejércitos no se profesionalizaron, enviar a un montón de gente a combatir era costoso y poco práctico. La mayoría de ejércitos estaban formados por levas de campesinos. Mientras que uno de ellos estaba usando su mayal para abrirle la cabeza al enemigo de turno, las tierras no se cultivaban o cuidaban. Tener a tus siervos pegando botes y saltos por el campo de batalla de forma indefinida suponía que podías quedarte sin comida para el invierno que viene.
    Y esa es otra: nadie con tres dedos de frente combatía en invierno.
    Más: habían ciertas reglas sobre la guerra. Sí, puede que muchos no las cumplieran pero por lo menos estaban claras. No se podía combatir en domingo o día de fiesta religiosa. Tampoco se podía matar a un enemigo que estuviera pisando "suelo sagrado" (a.k.a. una iglesia, monasterio o catedral).

    "Los caballeros siempre visten con armadura de placas".
    Esto es una estupidez.
    Ejemplo práctico: ¿acaso has visto a soldados estadounidenses luchando en la guerra de Irak a bordo de exoesqueletos de combate?
    Es increible como este anacronismo ha calado hondo en el imaginario colectivo. Y duele más cuando ves al caballero vestido con una armadura de desfile del S. XVII.

    "Los fosos de los castillos estaban llenos de agua".
    Además de ser ilógico y nada práctico (¿de dónde demonios sacas tanta agua?), los fosos llenos de agua eran algo bastante raro. Los fosos normalmente eran grandes zanjas que impedían el paso de armamento de asedio y tropas.

    "Los escoceses llevan siempre kilt".
    Siento tener que desilusionaros, fans de "Braveheart", pero los escoceses nunca llevaron kilt durante la Edad Media. Sí que llevaban unos pantalones a cuadros pero nunca kilt.
    El kilt es un invento del S. XVII y tiene su origen en una vestimenta que llevaban los empleados de una fundición.
    Eso sí, se cree que la bandera escocesa (azul con cruz blanca) sí que existía en época de Wallace y que era más antigua de lo que se cree.

    "Los torneos se celebraban con el beneplácito de la Iglesia".
    No damos ni una, ¿eh?
    Durante el S. XII, la Iglesia fue la mayor enemiga de esta clase de "deporte". El clero creía que era una forma estúpida de malgastar vidas humanas (si el torneo era a "l' outrance") y fuerza. Fuerza que se podía gastar luchando contra infieles y herejes.
    De hecho, se llegaba a amenazar a los nobles con ser excomulgados. Incluso algunos de ellos se arrepentían en su lecho de muerte de haber participado en estas prácticas.
    Pero los torneos siguieron gozando de gran prestigio.

    Bueno, ya es hora de terminar de escribir esta paranoia.

    Espero que os haya gustado.

    ¡Nos vemos!
  • 1870/

    Escrito por Platov el 29/02/2012
    ¡Buenas!

    Creo que a alguno os debo una explicación sobre ese juego de temática steampunk que estoy creando para la partida que le prometí a mis amigos.

    Como bien habéis adivinado por el título, el juego estará ambientado en el año 1870, en una realidad alternativa donde las máquinas de vapor sirven para algo más que mover barcos y trenes.

    Bueno, en realidad el impulso tecnológico se da con la guerra de Crimea, cuando a los británicos se les ocurre fabricar una cosa llamada "caballería acorazada" para acabar rápidamente con los rusos.

    Estoy usando el sistema FATE, recomendado por la amplia mayoría de los colegas con los que me junto.
    Este sistema tiene una cosa muy curiosa: las características de tu personaje no se describen con una palabra sino con una frase, lo que aumenta el nivel de interpretación (no se dice "furia berserker" sino "no me hagas enfadar..."). Es algo bastante divertido, en mi opinión.

    También informaros que, auqnue haya habilidades de ocultismo, no hay magia.
    Quería hacer algo que fuera steampunk puro y duro (sin razas de fantasía, ni magia). Aquí, lo que realmente mueve el cotarro es la ciencia. Eso sí, al ser una realidad alternativa, puedes crear cosas como sirvientes mutantes o rayos de la muerte (al más puro estilo "Girl Genius").

    Lo llevo bastante adelantado y me está haciendo mucha ilusión crearlo.

    ¡Nos vemos!
  • No se preocupe: soy Licenciado en Historia./

    Escrito por Platov el 25/02/2012
    ¡Buenas! ¿Cómo estamos?

    Yo, haciendo palmas con las orejas y pegando saltos de alegría.

    La causa: que ya tengo el título de licenciado entre mis manos (y no esa cutrez de título supletorio en papel de invitación de boda).

    Pues eso, que por fin lo he conseguido y, como diría el bueno de Churchill, "con sangre, sudor y lágrimas".

    Bueno, eso es todo.

    ¡Ah, sí! También informaros que mi juego de rol steampunk va viento en popa. Estoy deseoso de empezar una partida con mis colegas, los cuales también están entusiasmados con la idea.

    ¡Nos vemos!
  • El Seminario de Grandes Batallas de la Antigüedad vuelve. Ahora con un 75% más de epicidad./

    Escrito por Platov el 19/02/2012
    Saludos a todos y a cada uno de vosotros.

    Aprovecho esta apacible tarde domingo para informaros de algo que, si vivís en Murcia, os puede interesar.

    Veréis, un profesor mío lleva realizando desde hace unos pocos años (3 o 4, más o menos) un seminario "a la alemana" sobre grandes batallas de la Antigüedad.
    Aunque parezca que solo hablamos de griegos, romanos o hititas, también tocamos un poco acontecimientos bélicos fuera de esta época en la que ejércitos "civilizados" tuvieron que enfrentarse a gente "menos civilizada" (como la batalla de Hastings o la de Isandhlwana).

    ¿Cómo funciona esto?
    Muy sencillo.
    Hay dos variantes.
    La primera es la de oyente: vienes, te sientas, disfrutas de una bonita exposición y luego preguntas cosas que no te han quedado claro o aportas algo que se le haya quedado en el tintero al conferenciante.
    La segunda, la de expositor: hablas con el profesor sobre qué batalla te interesa, haces una exposición, te creas tu "tessenpapier" (un pequeño resumen de lo que vas a exponer y que debes dar a todos los asistentes a la reunión) y aportas tus conocimientos.

    Aclaro una cosa: esto lo hacemos por amor a la historia. Aquí no caben aquellos que vienen solo por coger algunos créditos de libre configuración o porque le van a dar un título. Básicamente, porque no hay de eso.

    Si os interesa, haremos una reunión el viernes 24 de febrero a la 17:00 en el ala del IPOA (Instituto del Próximo Oriente Antiguo) del edificio Saavedra Fajardo (cerca de la comandancia de la Guardia Civil y del IES Alfonso X), en la Avenida Don juan de Borbón haciendo esquina con la Calle del Actor Isidoro Maiquez.

    ¡Nos vemos!
  • NOTICIA BOMBA: los romanos sabían escribir./

    Escrito por Platov el 15/02/2012
    ¡Holas a todos!

    Veréis, ayer mi colega Pedro me contó una anécdota curiosísima que solo podía salir de la mente de ese vertedero llamado Telecinco.

    Estaba viendo las noticias de susodicho canal cuando, derrepente, hacen un alto para hablar de un espectacular hallazgo arqueológico en Villajoyosa.
    Claro, eso llama mucho la atención.
    ¿Y qué fue ese hallazgo tan espectacular? Pues nada más y nada menos que un... stylus. Vamos, un lápiz romano.

    ¿QUEEEEEEEEEEEEEEÉ?
    Tanto bombo y platillo por un jodido lápiz.
    El arqueólogo (mejor llamadlo enchufado) aseguraba que este hallazgo era muy importante y que cambiaría por completo nuestra concepción sobre la romanización de la Península Ibérica.

    Vale.
    Ahora, id a un museo con este lapicito y enséñaselo al conservador.
    Lo primero que hará será mirarte con cara de "¿Tú eres tonto?" y, después, te dirá que vuelvas a casa a tomarte una tila.

    Los fondos de los museos están llenos de útiles de escritura de este tipo. No son nada nuevo ni de otro mundo.

    Todo ciudadano romano que se preciase y que quería hacer carrera política debía saber leer y escribir. El envío de cartas y misivas era algo corriente en todo el mundo romano, siendo las más famosas las de Cicerón.

    Y, ahora, vienen estos y me dicen que los romanos sabían escribir.
    Yo me pregunto, ¿qué directivo de esta cadena será amigo de este arqueólogo?

    En fin. ¡Nos vemos!
  • El mayor patinazo diplomático de la historia./

    Escrito por Platov el 11/02/2012
    ¡Buenas a todos!

    Hoy estaba bastante epeso a la hora de escribir un tema para el blog.
    Miré unos cuantos libros y, en uno de ellos, encontré la inspiración. Os iba a contar que un congresista sueco había sugerido a Hitler para ser Nobel de la Paz de 1938 pero pensé que sería más interesante ver el porqué de esta chocante decisión, que le valió al congresista de marras las risas de todos sus compañeros.

    Vale, allá vamos.

    Empezaré por un nombre y un apellido: Neville Chamberlain.

    El señor Chamberlain fue el Primer Ministro de Inglaterra desde 1937 hasta 1940.
    Neville podría haber sido reelegido para liderar al Imperio Británico en su lucha contra el Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial si no fuera porque él fue uno de los engranajes de la gran maquinaria que puso en marcha el mayor conflicto del siglo XX.

    ¿Qué por qué?
    Muy sencillo.
    La política del Lebensraum (espacio vital) llevada acabo por los nazis hacía que Hitler intentase anexionarse cualquier territorio en el que hubiera una gran población alemana, independientemente de a qué país perteneciera.
    La comunidad internacional no afín con el régimen de Berlín veía estos intentos de expansión con horror y temor.

    En esto llegó Chamberlain.
    Como si de un nuevo mesías se tratase, el Primer Ministro comenzó una política exterior para promover la paz mundial.
    El problema era Hitler: si seguía tomando territorios por que sí, una guerra estallaría de un momento a otro.

    A Neville se le ocurrió llevar a cabo una conferencia para promover la paz en el que estarían presentes las principales potencias europeas. Sería la Conferencia de Munich de 1938.

    ¿Y cómo parar a Hitler?
    Pues dándole lo que quería. El dictador de bigote cuadriculado estaba obsesionado con la región de los Sudetes: un territorio checoslovaco pegado a la frontera alemana donde residía una gran cantidad de ciudadanos de habla germánica.
    Chamberlain cedió y, con todo el gusto del mundo, le dio la región a Hitler para que se estuviera quietecito, a cambio de no invadir ninguna otra región. Todo esto se hizo sin el consentimiento de Checoslovaquia, que ni si quiera fue invitada a la conferencia.

    A todos se nos viene a la cabeza la imagen de Chamberlain en la escalera del avión, recién llegado a la capital británica, con el papel de las actas en la mano en posición triunfante.
    Poco después, las fuerzas alemanas invadirían el resto del país, rompiendo el nebuloso tratado y enseñándole al mundo de que no te podías fiar de la palabra de un nazi.

    Chamberlain perdió popularidad a una velocidad de vértigo y más cuando decidió apoyar a las fuerzas franquistas en la Guerra Civil Española.

    En 1940 perdió las elecciones, dando paso a ese señor gordito tan carismático llamado Winston Churchill.

    Sí, fue el mayor patinazo diplomático de la historia.

    Y, ya sabéis, vuestras opiniones y críticas serán bien recibidas.

    ¡Nos vemos!
  • ¿Crisis en su imperio? La solución: leyes absurdas./

    Escrito por Platov el 08/02/2012
    Buenas.

    Como véis, ya puedo actualizar esto más a menudo.
    ¡Yipiiiiiii!

    Como estoy empezando el "trabajo fin de máster", voy a hablaros de algo que he encontrado en mis lecturas.

    Estamos en plena crisis, eso lo sabe todo el mundo. Lo que también sabe el común de los mortales es que en estas épocas de vacas flacas los gobiernos se dedican a sacrase leyes y reformas de la chistera, a cada cual más extraña y retorcida, para intentar "ahorrar" (los 60 coches oficiales que no se los quite nadie, ¿eh?).

    ¿Creéis que esto es nuevo?
    No, amigos míos. Esto es así desde la creación del primer gobierno estable.

    Y como ejemplo, he aquí las leyes de Honorio del año 414.
    ¡Comencemos!

    Era principios del siglo V después de JC.
    El Imperio Romano ya no era uno, si no que Constantino lo dividió en dos y cada parte se la ofreció a sus dos hijos para que tal inmensidad de tierras fuera gobernable.
    Honorio se quedó con Occidente.

    El problema de Honorio es que, a diferencia de su hermano, era un mal administrador.

    Y la cosa se puso peor cuando unos señores llamados vándalos, suevos y alanos decidieron atravesar el limes (la frontera romana) sin permiso.
    Para más inri, a Honorio se le sublevaban los generales: que si uno quería ser el nuevo emperador, que si otro no estaba de acuerdo con las políticas del divino líder, etc.
    Y ya la gota que colmó el vaso fue cuando Alarico, rey de los godos, le apeteció saquear Roma unas cuantas veces

    En este clima de tensión y malestar, el populacho no estaba muy por la labor de reverenciar a su emperador. Honorio no hacía nada por solventar la situación y el pueblo decidió darle la espalda.

    ¿Cuál fue la solución?
    Nada más romano que el pan y circo: con espectáculos y alimentos gratis, la gente estaría contenta.
    Lo de los alimentos estaba bien pero había un problema con los espectáculos.

    Las causas de este problema tenían su origen en la conversión de muchos de los profesionales de los espectáculos al cristianismo. Uno de los requisitos para ser bautizados era que tenían que abandonar su pecaminoso trabajo. Solo así podrían ser cristianos de pleno derecho.

    ¿Qué se le ocurrió a Honorio para acabar con esta situación?
    Pues que el 8 de febrero del 414 redactó un edicto por el cual se ordenaba a todas las actrices, fueran cristianas o no, que volvieran a ejercer su profesión a la fuerza.
    Así, Honorio se cargó un montón de leyes y disposiciones, tanto canónicas como oficiales, por las cuales no se podía obligar a un profesional del espectáculo a volver a su oficio tras ser convertido al cristianismo.

    Como véis, los chanchulleos para acabar con una crisis institucional de forma rápida ya existían hace tiempo.

    Espero que os haya gustado y, ya sabéis, vuestras opiniones y críticas serán bien recibidas.

    ¡Nos vemos!
  • ¡Por fin! ¡Terminé las prácticas!/

    Escrito por Platov el 04/02/2012
    ¡Holas a todos!

    El frío no me deja pensar un tema interesante para el blog. Así que he tenido que tirar de algo fácil: experiencias personales.
    La última que me ha hecho feliz es que ya he terminado las prácticas de arqueología.

    Eso significa que vuelvo a la normalidad y podré actualizar el blog con la misma periodicidad de antes.

    Bueno, he aprendido bastantes cosas con estas salidas al campo.

    La primera: que se aprende más con la práctica que con la teoría. He llegado a conocer más cosas sobre cerámica extrayéndola del suelo que con un tochaco de fotocopias en blanco y negro con la letra del tamaño de un perdigón.

    La segunda: que prospectar es más fácil de lo que parece.
    Antes de hacerlo siempre me preguntaba: "si no distingo una cara a varios metros de distancia, ¿cómo voy a distinguir un trozo de cerámica, bronce o lo que sea en la inmensidad de la foresta?" Ahora veo que los restos materiales son más evidentes de lo que parece a simple vista. Solo hay que estar atento.

    La tercera: lo mío no es el trabajo de campo. Admítolo: yo soy más de fuentes que de arqueología. Lo mío es más consultar los libros que picar tierra para encontrar la milésima parte de un ánfora.

    Así que, si queréis meteros a arqueólogo porque creeis que vais a encontrar la tumba de la Reina de Shava mientras sois perseguidos por los miembros de un culto satánico... Anda, hacéroslo ver.
    Ser arqueólogo es levantarse cuando todavía es de noche, excavar, picar y limpiar horas y horas a la intemperie; saber que seguro que no vas a encontrar nada del otro mundo en ese lugar y acarrear piedrolos de un sitio a otro.

    Luego no digáis que no os lo he advertido.

    ¡Nos vemos!


  • Las aventuras de Mazeppa./

    Escrito por Platov el 28/01/2012
    ¡Holas a todos!

    Otra semana más, os traigo una nueva historia que contar aprovechando mis pocos ratos libres.
    Hoy, os voy a agasajar con la trepidante vida del caudillo cosaco más legendario que ha existido (además del tipo que me da nombre en nuestra comunidad): Mazeppa.

    ¿Quién era este señor?

    Iván Stepanovich Mazeppa nació en el año 1645.
    De familia noble, Mazeppa poseía una gran inteligencia proporcional a su incomparable belleza, que hacia que las damas que pasaban al lado de él se desmayaran (en plan Manfred von Carstein).

    Comenzaron sus anadanzas siriviendo como paje en la corte del rey Juan Casimiro de Polonia.
    El pobre tenía que hacer frente a las burlas de los cortesanos, que ser reían de sus orígenes cosacos y de ser ortodoxo (recordad que los polacos son católicos hasta las trancas). El problema es que Mazeppa residía en que era cosaco, y ya sabéis lo que significa eso: quién se burla de un cosaco en sus narices tiene muchas probabilidades de tener una muerte lenta y dolorosa. Estuvo a punto de ser exiliado por querer hacer filetitos de polaco con su shaska (el sable cosaco) a uno de sus instigadores. Fue perdonado por el rey pero eso no hizo que su carácter exaltado cambiara.
    La gota que colmó el vaso fue cuando lo encontraron yaciendo en su cama con una de las esposa de uno de los nobles locales. El castigo que recibió fue bastante cruel: lo desnudaron y lo ataron a lomos de un caballo. Acto seguido, azuzaron al animal para que este saliera disparado con Mazeppa encima. Jamás pudo volver a la corte polaca.

    De vuelta a su Ucrania natal, Mazeppa se alistó en la tropa de cosacos polacos (sí, habían cosacos leales a Polonia). Sus dotas para las lenguas y su gran cerebro hicieron que el atamán lo nombrara diplomático.

    De vuelta de una misión que lo llevó a Constantinopla, Mazeppa fue apresado por una horda de cosacos zaporogos (los más salvajes de todos los cosacos). Pensando que estaba traicionando al zar Alejo con los turcos, lo llevaron prisionero a Moscú.

    Pero he aquí la gran astucia de Mazeppa, que logró que el zar se apiadara de él. El primer ministro, Artemon Matveev, pensó que Mazeppa sería un buen aliado en el control de Ucranía por parte del Imperio Ruso.
    Mazeppa aprendió la lección e intentó granjearse la amistad de todas las fuerzas vivas de Rusia. Así fue como se hizo amigo del príncipe Vasily Golytsin. Este fue nombrado Gran Canciller por la zarina Sofía, la mamá de Pedro "el Grande".
    Tras el fracaso de la campaña contra los tártaros de 1687, el Gran Canciller culpó al atamán de la derrota y colocó como líder de todos los cosacos a nuestro protagonista.

    Aunque Mazeppa lideró a los cosacos en la segunda campaña contra los tártaros, allá por 1688, Golytsin volvió a meter la pata.
    Eso no gustó al joven Pedro que llegó a enfrentarse a su madre por el destino del Gran Canciller.

    Mazeppa, siempre velando por sus intereses, decidió apoyar a la regente. En 1689 quiso unirse a las tropas de la zarina pero cuando supo que Pedro estaba acorralado en el monasterio de Troitsky, pensó que sería mejor servir al joven zarevich (el hijo del zar, vamos).

    Así comenzó una gran amistad entre estos dos hombres, tanto que Pedro concedió al atamán la Orden de San Andrés (algo así como la Orden de la Jarretera inglesa). Era respetado por todos en la corte.

    Pero Mazeppa seguía siendo cosaco, lo que significaba que apoyaría a su pueblo hasta el final. Esto viene a cuento porque los cosacos estaban bastante resentidos con las medidas impuestas por Moscú (impuestos, grandes impuestos) y los deseos de una Ucrania libre del poder ruso.

    Llegó el año 1708.
    En el norte de Europa, un nuevo poder emergía. Su nombre: Suecia. Su líder: Carlos XII. Este señor no era un mindundi. ¡Qué va! Estamos hablando de uno de los mayores estrategas de principios del siglo XVIII. Su fama de buen militar recorría todas las cortes de Europa. Tanto, que en 1700 convirtió al ejército ruso de Pedro en papilla en la Batalla de Narva. Nadie podía parar al rey sueco en su lucha para derrotar a Rusia.

    Y Mazeppa no se quedó de brazos cruzados.
    Pensando en que Carlos era básicamente imparable, vio una buena oportunida de alcanzar el sueño de un estado cosaco independiente. Traducción: Mazeppa traicionó a Pedro y se pasó al bando de los suecos.
    Aunque los rumores de traición llegaron a los oidos del zar más grande (posiblemente el tío que se lo dijo tuvo que subirse a una escalera), Pedro pensaba que solo eran eso: rumores creados por los enemigos de Mazeppa: ¿Cómo podía su mejor amigo hacerle eso? ¡No! Era imposible.

    En septiembre de 1708, Carlos XII decidió aplazar el avance hacia Moscú y dar un rodeo por Ucrania. Pedro pensó lo mismo y de paso, fue a visitar a su amigo del alma, que creía que estaba enfermo (Mazeppa tenía ya más de sesenta años).
    El problema es que la enfermedad era una estratagema de Mazeppa para poder seguir ocultando su traición. Lo peor de todo es que Pedro envió a una comitiva antes de llegar él. Y para que empeorar aún más la situación, esta avanzadilla iba dirigida por el príncipe Menshikov: mano derecha de Pedro, enemigo de Mazeppa y un tipo implacable donde los haya.

    Viendo que su engaño iba a ser descubierto, Mazeppa salió pitando en busca de Carlos. Ordenó que la ciudad de Baturin (la capital cosaca) estuviera cerrada a cal y canto ante la llegada de Menshikov y en espera de los refuerzos suecos.

    Menshikov descubrió toda la verdad.
    Cuando Pedro se enteró de la noticia, sus gritos se escucharon hasta en Vladivostok. Tachó a Mazeppa de traidor e, incluso, hizo que lo excomulgaran.
    Baturin cayó ante las fuerzas rusas.

    Mazeppa volvió demasiado tarde y él y el rey de los suecos tuvieron que desviarse hacia Kiev. Lo pero de todo es que el ejército sueco era una sombra de lo que era: hambriento y desorganizado.

    Tras un intento fallido de hacerse con la flota de los cosacos zaporogos, Carlos tuvo que hacer frente a la batalla decisiva: Poltava.

    Para resumiros, los rusos arrasaron a los suecos. Literalmente.
    Mazeppa y sus hombres guiaron a las pocas tropas suecas que quedaban de vuelta a su hogar a través de la estepa. El problema es que Carlos estaba herido y enfermo. La única solución era llegar a Turquía y pedir asilo al Sultán.

    Así fue con la ayuda de Mazeppa.
    El sultán dejó que pasaran a territorio otomano y agasajó a los dos líderes. Mientras, Pedro envió un emisario a Carlos: le dejaría regresar a Suecia si entregaba a Mazeppa. Este se negó.
    Hizo lo mismo con el Sultán, que también se negó.

    Pedro nunca pudo vengarse de su antiguo amigo ya que el 22 de septiembre de 1709, el viejo Mazeppa murió por causas naturales y enterrado con honores por los suecos.

    Y esta fue la historia de Mazeppa.
    Espero que os haya gustado.

    ¡Nos vemos!
  • ¡Qué grande que era el mundo en la Antigüedad!/

    Escrito por Platov el 21/01/2012
    Hola y bienvenidos una vez más a "El Correo del Atamán".

    Antes de nada, deseo despedirme de ese gran webcómic llamado "JC Superhero". Quiero darle las gracias a sus creadores por habernos ofrecido un trabajo de gran calidad y una divertidísima ucronía.

    Tras el momento emotivo del día, aprovecho para escribir un nuevo post de curiosidades históricas en el poco tiempo libre que me dejan las prácticas, el resfriado y el oido taponado que llevo encima.

    El mundo no se descubrió en un día.
    Como si de una gran niebla de guerra que cubre el mapa de nuestro juego de estrategia favorito, el desconocimiento de otras areas de nuestro planeta llevó a exploradores y aventureros a adentrarse más allá de lo desconocido para saber como era la Tierra en realidad.

    Pero, ¿qué concepción del mundo se tenía antes de que alguien decidiera montarse en un barco, rumbo al horizonte?

    Pues la concepción del mundo en la Antigüedad era muy diferente a la nuestra.

    Antes de las grandes conquistas, la gente creía que el mundo no iba más allá de un accidente geográfico, como unas montañas o un río. Tras estos lugares no había nada (el famoso mito de la "Tierra plana") o existían unas tierras exóticas muy lejanas, casi inalcanzables, pobladas por seres extraños como cíclopes o lestrigones.
    Un ejemplo en todas las mitologías de las grandes y pequeñas civilizaciones sobre esto son los diluvios universales. Obviamente, solo era la región donde vivía esta gente la que se inundaba pero su concepción de lo que le rodeaba les hacía pensar que era el mundo entero el que se ahogaba.
    La ciudad era la civilización y las murallas separaban esta de lo incivilizado y desconocido. La distancia entre dos ciudades cercanas equivalía en la mentalidad de las gentes del mundo clásico a cruzar un ancho y profundo mar.

    Conforme se realizaron los primeros periplos (viajes en barco circunnavegando las costas) y se dibujaron los primeros mapas, el mundo se fue haciendo más grande poco a poco.
    Ya se tenía una idea precisa de las distancias que habían entre un lugar y otro. Curioso el caso de un soldado espartano que despreció un mapa porque decía que era imposible dibujar todo el mundo en un papel.

    Así, los habitantes de la Antigüedad comenzaron a sacudirse de encima el miedo a lo desconocido y comenzaron a viajar por todas partes.
    Se escribieron los primeros libros de viaje e, incluso, había gente que viajaba de un lugar a otro simplemente por el placer de visitar alguna de las maravillas del mundo o para conocer cierto sitio.

    Así era la concepción del mundo en la edad antigua.
    Espero que os haya gustado.
    ¡Nos vemos!


  • ¡Qué nos asedian Sagunto!/

    Escrito por Platov el 14/01/2012
    Saludos, camaradas.

    Después del largo parón tras las vacaciones y las prácticas de arqueología, vuelvo con las pilas cargadas.

    Entre los lugares que visité en el periodo navideño estuvo Sagunto.
    Vosotros me preguntaréis: "¿Y eso qué nos importa?" Pues debería importaros mucho porque Sagunto fue la chispa que comenzó uno de los más grandes acontecimientos de la historia de España y de la Antigüedad: la Segunda Guerra Púnica.

    Era el año 227 a.C. Por estas fechas Asdrúbal, líder indiscutible de los cartagineses, fundó una ciudad al sureste de Iberia: Qart Hadashat. La futura Cartagena era una gran ciudad, rodeada de yacimientos mineros por doquier y un buen lugar estratégico para el comercio y el reabastecimiento de la invencible armada cartaginesa.

    Las factorías griegas de la zona tenían miedo de que los cartagineses usaran este enclave estratégico para hacerles la puñeta, así que pidieron ayuda a Roma. Los ciudadanos de la ciudad del Tíber no estaban muy por la labor de ayudar a sus amigos helenos, más si tenemos en cuenta que los galos cisalpinos estaban llamando a las puertas de la ciudad eterna, y no con muy buenas intenciones.

    Así que los romanos enviaron emisarios ante Asdrúbal. El general cartaginés vio con buenos ojos pactar con sus enemigos del alma. En el año 226 a.C. se firmó el Tratado del Ebro. Aunque no se tiene muy claro si en realidad era este río el que se usó como hito geográfico para el reparto, se dividió la Península Ibérica en dos: el norte para los romanos y el sur para los cartagineses.

    Solo había un problema. Ese problema se llamaba Sagunto, una ciudad costera situada al norte de la futura Valencia. Sagunto era prorromana a más no poder. Fue una suerte que Asdrúbal respetara el statu quo de esta localidad.

    El año 221 a.C. fue un año de cambio.
    Después de que Asdrúbal muriera tras probar en sus propias carnes la efectividad de una falcata ibérica, le sucedió en el mando de las tropas de Cartago su hijo, Aníbal.

    No hace falta deciros quién fue este hombre, ¿verdad? El más grande estratega que ha conocido la humanidad, capaz de hacer frente a cualquier tipo de adversidad y ponerla a su favor.
    Aníbal odiaba a Roma, sobre todo cuando su padre le hizo jurar ante el mismísimo Baal que reduciría la ciudad italiana a polvo.

    Así que, ni corto ni perezoso, Aníbal preparó un ejército de grandes dimensiones. Su primer objetivo en el plan de acabar con la civilización de los anfiteatros y los centuriones era atacar a su principal aliado en Iberia: Sagunto.

    En 219 a.C. el general cartaginés sitió el lugar.
    Los saguntinos resistían con valor pero de nada sirve el valor si no puedes acabar con tu enemigo así que pidieron ayuda a Roma.
    Los romanos todavía seguían sin estar por la labor de ayudarles.
    Tras varios meses de asedio, Aníbal dio la orden de asalto total a la ciudad. Sus habitantes, aún sabiendo que iban a morir, lucharon hasta el final. Como ya habéis adivinado, los cartagineses vencieron.
    Aníbal tenía el camino libre hacia Roma.

    La noticia de la caida de Sagunto llegó hasta el Senado. Los romanos estaban inquietos. Enviaron a un grupo de emisarios a Cartago. Delante del Consejo de los Sufetes, uno de los diplomáticos romanos les dijo: "Aquí os traemos la paz y la guerra. Elegid lo que queráis". La paz consistía en entregar las cabezas de Aníbal y sus oficiales. Obviamente, los cartagineses seguían escocidos por la derrota en la Primera Guerra Púnica, así que respondieron: "No nos importa lo que tú prefieras". El romano gritó: "¡Tendréis guerra!". Y los sufetes respondieron: "Lo aceptamos, y con el mismo espíritu lucharemos hasta el final".

    Así comenzó la Segunda Guerra Púnica, el más grande conflicto de la historia de la Antigüedad. Dos grandes civilizaciones luchando por el control del mundo conocido.

    Espero que os haya gustado y vuestras opiniones e ideas serán bien recibidas.

    ¡Nos vemos!
  • De vuelta./

    Escrito por Platov el 08/01/2012
    Pues eso.

    Acabo de volver de la tierra de la paella y de la Rita Berberá y me encuentro con la escalofriante cifra de 80 notificaciones.
    ¡Menos mal que no son 300! XD

    Eso... Que ya he vuelto.

    Espero que los reyes hayan sido buenos con vosotros. Yo me armaré de valor para contestar las 80 notificaciones aunque no sé si podré durante toda la semana porque tengo prácticas de arqueología.

    ¡Nos vemos!
  • ¡Batman existió!/

    Escrito por Platov el 04/01/2012
    Hola, holita, hola, vecinitos.

    Veréis, me voy de vacaciones hasta el domingo, así que no podré actualizar el blog durante ese tiempo.

    Pero para compensaros os voy a contar una anécdota curiosísima sobre historia de España. La idea la tuvimos entre mi colega Santi y yo... Bueno, la idea es suya al 100%.

    ¿Sabíais que Batman existió? ¿Y qué no era un rico multimillonario de Gotham City sino un rey de Aragón? ¿Y qué en vez de llamarse Bruce Wayne se llamaba Jaime I, el Conquistador?

    Veréis, era el siglo XIII.
    A Jaime I de Aragón le iba bien todo en la vida. Había conseguido recuperar la mayor parte de los territorios que pertenecían a la corona de Aragón de manos de los musulmanes. Todo iba de cine.

    Solo tenía un problema (si no contamos con que su yerno tenía a medio reino de Castilla en rebelión). El hombre no tenía un blasón que le hiciera justicia. Nada. Esa cosa pintada en su escudo daba más risa que temor ante el rey conquistador. La gente se reía de él.

    Jaime estaba obsesionado por buscar un emblema que le hiciera justicia. Una tarde, pensando en este tema, algo entró a visitarle: un animalito volador. El mastuerzo revoloteaba sobre la cabeza del rey hasta que se posó cerca de él. Jaime se quedó con la boca abierta: ¡un murciélago! Al rey de Aragón se le encendió la bombilla.
    El murciélago era un ser unido a la noche, temido en miles de leyendas.

    ¡Esa era la señal que tanto esperaba! Desde ese momento, el murciélago se convirtió en el emblema del rey y podéis encontrarlo en el escudo de Valencia.

    Espero que os haya gustado.
    Si me he equivocado en algo, ya sabéis: gritarme.

    ¡Hasta el domingo!
  • Marco: el desenlace./

    Escrito por Platov el 03/01/2012
    Lo siento, chicos, pero tenía que escribir este post con urgencia.

    Ayer ví el desenlace de esa aberración llamada "Marco". Os voy a contar lo que ocurrió. Os advierto que podéis sufrir graves daños cerebrales.

    Pues veréis, resulta que Marco llega a Benidorm y se entera de que su madre está enferma en el hospital. Como parece que en Benidorm no hay ningún hospital, la ingresan en Madrid.
    Pues el crío se va para la capital. Allí capturan a su hermano que se lo llevan a un centro de menores que parece la cárcel de "Cadena Perpetua".

    Marco se entera del hospital en el que está su madre. Cuando llega, ya le habían dado el alta. El niño se entera de donde vive usando el ya manido truco de aprobechar una distracción de la celadora para mirar por encima el historial clínico. Cuando va a llamar a su madre, una cría le roba la mochila.

    Este la persigue durante toda la noche hasta llegar a un sitio con vagabundos y.... ¡Sorpresa! Uno de ellos es "El Sevilla", el cantante de los "Mojinos Escozíos". Le indican donde está la niña que vive en un centro comercial donde el único sistema de alarma es un guardia de seguridad idiota.

    La encuentra y la persigue por todo el centro hasta que se topan con el guardia. Comienza una persecución donde Marco se mete por la sección de congelados y aparece por la de ropa de caballeros, la cría por la de cereales, el guardia los espera al final del pasillo y dan media vuelta, saliendo por la de juguetes mientras Shaggy y Scooby sirven de cebo para la trampa que ha fabricado Fred con la ayuda de Velma y Dafne para atrapar al Jinete sin Cabeza y... ¡Ups! Perdón... Creo que he confudido "Marco" con otra serie.

    Tras la persecución "Made in Hanna-Barbera", los niños llaman a casa de la madre de Marco. Solo les contesta una mujer con acento argentino que les da largas.
    Deciden pasar la noche en un cobertizo. A la mañana siguiente, Marco suelta una frase que hizo que a todos los presentes se nos rompiera al unísono algo en el cerebro: "No me gustan los monos". Sí, habéis leido bien.

    La cría se hace pasar por un empleado del hospital para conseguir la dirección de la casa por teléfono. Llegan al sitio. Fuerzan la cerradura. La argentina entra y los pilla infraganti. Ella dice que conocía a su madre pero que le prometió no decirles nada a sus hijos. Hmmmm.... Parece que la madre de Marco no quiere tanto a sus retoños.

    Total, que se marchan y Marco decide rescatar a su hermano de las garras de los servicios sociales de la manera más fácil posible: entregándose.

    Al llegar al centro de menores te das cuenta de una cosa: ¿por qué todos los niños se comportan como el reparto de "Prison Break"?
    Bueno, que Marco encuentra a su hermano. Con la chica, deciden hacer un plan: escapar de noche.
    El problema es que el hermano de Marco tiene miedo a la oscuridad, así que este le cuenta uno de los cuentos de su madre. El pequeño usa su imaginación y, en el rederizado más penoso hasta la fecha, cree pasear por los pasillos de un castillo. Una cosa curiosa es que en estos sueños, todos los acompañantes de Marco van vestidos en plan medieval mientras que él lleva un uniforme de mariscal del S. XVIII.
    Pues nada, tras esta extraña escena, salen por la ventana pero no consiguen saltar una verja tan alta como una papelera. Son cazados por un guardia que parece sacado de Auschwitz, con perro rabioso incluido.

    El jefe de los servicios sociales le dice a los dos críos que su madre viene a recogerlos. ¡Sorpresa! Es la mujer argentina haciéndose pasar por su madre.
    Tras salir, la tía les cuenta a los críos que conoció a su madre en el hospital. A ella se le iba a terminar el visado así que la madre de Marco se hizo pasar por la muchacha para ir a trabajar a Argentina y para que la otra pudiera quedarse a vivir en España.
    Sí... No estáis alucinando... Tan ilógico como lo he escrito. ¿Acaso no existe una cosa llamada DNI? ¿Qué tiene que ver la Argentina próspera y en continuo progreso de finales del XIX con la maltrecha Argentina de nuestra época?

    En fin, que Marco y su hermano deciden viajar como polizontes en un crucero.... Y ahí me quedé porque mi cabeza estaba a punto de estallar ante semejante falta de coherencia en el guión.

    ¡AY!
  • Concurso de relatos de CF del CSIC./

    Escrito por Platov el 02/01/2012
    Hola.
    Vengo a enseñaros esto.

    Veréis, la novia de mi colega David me ha pasado el siguiente enlace: http://www.icmab.es/inspiraciencia/es/concurso.

    Esta cosa es un concurso de relato corto de ciencia ficción, por si a alguno le interesa. Yo no sé si participar debido a.... bueno... mi delirante versión de la CF.

    Bueno, pues para el que le interese el plazo termina en marzo de este año.

    Adieu!
  • Y los dioses volverán.../

    Escrito por Platov el 31/12/2011
    Buenas, gente.
    ¿Preparados para despedir el año?
    Yo celebraré el final del año de relleno por antonomasia con mi familia, recogidico en casa.

    La gente está un pelín nerviosa por lo de las profecias mayas para el 2012. Dejemos las cosas claras.

    Los mayas, al igual que muchas culturas mesoamericanas, tenían una concepción circular del tiempo.
    A diferencia de nosotros, que creemos que el tiempo es algo linear y que siempre va hacia adelante (o hacia atrás si eres el Viajero del Tiempo), los mayas creían que la historia tenía un principio y un final. Tras finalizar, el tiempo volvía otra vez a seguir su curso natural hasta que finalizaba otra vez. Y así, hasta el infinito.
    Ese final siempre estaba relacionado con la vuelta de los dioses al plano terrenal, lo que explica que, en un principio, los primos sangrientos de los mayas (los aztecas) pensaran que los conquistadores españoles eran los propios dioses.
    El final del tiempo no significaba que iban a caer meteoritos del cielo o que los oceanos se desbordasen sino que acontecería algo que cambiaría para siempre la historia de la humanidad. Así que lo que sale en la nefasta película "2012" es todo mentira.

    Tal vez alguien haga un descubrimiento científico increible, tal vez contactemos por primera vez con una especie extraterrestre o tal vez un cometa desencadene a las fuerza mágicas de la Tierra (sí, me gusta Shadowrun. ¿Algún problema?).

    Así que, damas y caballeros.... ¡FELIZ 2012!
  • Las comparaciones son odiosas./

    Escrito por Platov el 27/12/2011
    Buenas. ¿Cómo llevamos las navidades?

    ¿Os acordáis de que Antena 3 iba a hacer una serie con actores reales sobre "Marco"? Ayer lunes estrenaron el primer capítulo. Para que os hagáis una idea de cómo fue, os voy a comparar la versión original con la de A3.

    VERSION ORIGINAL
    Marco es un bondadoso y simpático niño que vive en la Italia de finales del XIX. Su familia es muy pobre pero sus padres se esfuerzan en sacar a su hijo adelante pero el negocio del padre de Marco no marcha muy bien así que su madre, como otros muchos italianos de la época, decide emigrar a Argentina para trabajar y conseguir dinero para su amada familia.
    Todo parece ir bien hasta que llega una carta en la que pone que la madre de Marco está gravemente enferma. El padre del niño no puede viajar a tan lejano país con los pocos recursos de que disponen y debe resignarse y esperar si su esposa mejora o muere.
    Pero Marco no. El niño decide viajar por sus propios medios a Argentina. Desoyendo los consejos de su padre, Marco y su mascota, un monito llamado Amedio, escapa de casa para realizar un épico viaje hacia la tierra del Río de la Plata para ver por última vez a su madre.

    VERSION A3
    Marco es un niño "esaborío-caracartón" que vive en España, en nuestra época actual. Su padre murió no se sabe muy bien de qué y su madre trabaja no se sabe muy bien en qué. Marco vive también con su hermano Lucas, un niño de cinco años con gravísimos problemas de comprensión lectora, una metáfora de lo malo que es nuestro sistema educativo.
    Su madre viendo que no puede pagar las facturas de la luz y que no puede llenar la nevera porque su estatus social no le permite ir a un comedor social, decide emigrar al lugar más lejano del mundo para ganarse la vida: Benidorm.
    El egoista de Marco no se lo toma muy bien. La madre decide dejar a sus hijos con sus vecinos: unos ancianos que parecen no saber que son los viajes del IMSERSO.
    La madre de los niños les envía cartas donde explica lo que ha hecho con imaginativos cuentos, lo que te hace preguntarte porque la madre no hace una recopilación de estos y los manda a una editorial para publicar un libro de relatos infantiles y, así, solucionar sus problemas de dinero.
    Pues bueno, que llega un día en que la madre deja de escribir.
    Preocupado, Marco decide escaparse junto con su hermano y realizar un épico viaje por sus propios medios en un país donde un billete de autobús de largo recorrido cuesta 10 euros y los trenes van a una velocidad superior a 200 kilómetros por hora.

    Ejem...

    Y no os perdáis la nueva serie de A3: "Toledo". Como "Hispania" pero en la Edad Media. ¡Wiiiiiiiiiiii!
  • Gallahad Gladstone y los Engranajes Universales (FINAL)/

    Escrito por Platov el 26/12/2011
    Antes de nada, perdón por el retraso.
    Sé que estáis deseosos de leer el final de esta aventura pero, ya se sabe, en estas fechas no hay muchas ganas de hacer nada.
    Para compensarlo, un megatocho con el final de este extraño relato.

    La impresionante selva de Enekluxis VII se extendía del pequeño promontorio donde aterrizamos hasta donde alcanzaba nuestra vista.
    Según el navegador de mi nave, había una gran estructura artificial en dirección norte, así que allá fuimos.
    Nos abriamos paso a machetazo limpio para quitar todas las ramas y lianas de nuestro camino. Sylvadia, más experta en el combate a espada, segaba la vegetación sin dificultad ninguna.
    - ¡Argh! ¡Estúpido calor! ¿Cómo puedes llevar tu armadura puesta?- le pregunté.
    - Te quejas demasiado, Gallahad- me contestó- Estate más atento a lo que tienes delante.
    - ¿Qué tengo delant... ¡AAAAAAH!?- ¡Un ciempiés! ¡Un ciempiés del tamaño de mi brazo se deslizaba por la rama que tenía justo delante de mi cara. ¡Ciempiés! ¡Odio los ciempiés! Aun a pesar de parecer una nenaza, pegué un salto hacia atrás- ¡Qué no se me acerque! ¡Qué no se me acerque!
    Sylvadia empuñó su espada y con un grácil movimiento partió al miriapodo de proporciones grotescas de un tajo.
    - ¿Ya?- me preguntó sonriendo.
    - Sí... Ya...- le dije enfadado. Comprendedlo: le tengo un gran pavor a esos bichos.

    Seguimos adelante hasta que tras un par de kilómetros llegamos al lugar.
    Era una gigantesca estructura abandonada. La vegetación había crecido aferrándose a ella, dándolel el aspecto de una construcción creada por los xilomorfos.
    Nos acercamos con cuidado. Al lado de la semiabierta y oxidada puerta principal había una placa en la que solo se distinguía el logotipo del Ministerio de Ciencia bastante descolorido.
    Encendí mi linterna y nos dispusimos a entrar.

    La oscuridad inundaba los lúgubres pasillos. Sylvadia iba con su arma preparada para lo que se avecinase. Derrepente, notamos como el suelo crujía cada vez que dabamos un paso.
    - ¿Qué demo...?- apunté con mi linterna al suelo y la imagen nos sobrecogió: huesos. El suelo estaba lleno de huesos.
    - Los cadáveres de las víctimas del incidente- dijo Sylvadia.
    - Algunos parecen recientes. Hmmmm.... Esto no me gusta nada- le comenté.

    Y claro que no me gustaba nada.
    Pronto escuchamos pasos. Pasos que sonaban a metálico. Una silueta apareció en el otro extremo del pasillo. Sus ojos rojos incandescentes nos miraban.
    - ¡Alto! Se os ordena detener vuestro avance- la criatura hablaba con voz robótica.
    "¡Bah!", pensé, "Alguno de los antiguos robots de seguridad".
    - ¡Alto! Si no dejáis de avanzar se iniciará el protocolo de combate 023.
    - Tranquilo, colega- le dije- Solo somos unos viajeros que...- pero las palabras se me atragantaron cuando apunté con la linterna al rostro del robot. O eso creía que era. Era un humano pero a la vez, una máquina. Los ojos eran dos cámaras que nos miraban fijamente. La boca, una especie de altavoz. Su piernas, mecánicas.
    - ¡¿PERO QUE DEMONIOS TE HAN HECHO, AMIGO?!
    - ¡Iniciando protocolo de combate! ¡Llamando a todas las unidades!
    Derrepente, las luces del pasillo se encendieron y lo que vimos no se me borrará en la mente en toda mi vida: humanos, nox, felinoides, kázaros... ¡Hasta varios nekhara! Todos convertidos en esas aberraciones mecánicas.
    - ¡Gallahad! ¡Vienen más por detrás!- gritó Sylvadia, preparada para combatir.
    Saqué mi pistola y comencé a disparar. Un felinoide, al cual habían cambiado sus extremidades por cuchillas, se abalanzó sobre mí. Por suerte, pude acertarle en la cabeza.
    Pero todo fue en vano. Algo me golpeó por detrás y caí inconsciente. Pude a oir a Sylvadia gritando para reanimarme pero ví con mi vista borrosa como también caía sin sentido.

    Abrí los ojos...
    Sylvadia estaba al lado mío. Los dos estabamos colgados del techo, en lo que parecía unas ataduras hechas con cables.
    - Sylvadia. ¿Estas bien?
    - Estoy bien pero me duele la cabeza.
    Las puertas que teníamos delante se abrieron. Varios de esos engendros entraron y, detrás, ella.
    Era una mujer pero su cuerpo era completamente metálico. Tenía seis brazos y su cabeza estaba coronada por una estrambótica corona.
    -Veo que los prisioneros se han despertado- dijo con una voz metálica y siniestra.
    - ¡Menudo recibimiento!- le dije- ¿Quién carajo se supone que eres y que le has hecho a estos tipos?
    - Los he.... mejorado- dijo sin inmutarse.
    - Has corrompido a nobles guerreros de mi raza con tus viles artes, bruja- le dijo Sylvadia.
    - Paciencia- la mujer metálica parecía no transmitir ningún sentimiento con su cara- Os mejoraré más tarde pero antes he de daros las gracias.
    - ¿Por?- le dije sorprendido.
    - Me habéis traido la pieza que necesitaba para terminar con mi experimento- en una de sus manos mostró los engranajes. Parece que me los quitó cuando estaba inconsciente.
    - ¿Para que se supone que los quieres?- pregunté.
    - Para finalizar mi experimento- con esa frase se me encendió la bombilla.
    - ¡Tú! Tú eras aquella chalada que quería crear la IA final.
    - ¡Silencio!- gritando, la voz de la doctora sonaba más metálica- Ellos... No querían colaborar... Mis máquinas me ayudaron a que entraran en razón. Los mejoré... Y al final me coronaron como su emperatriz... Y me mejoraron....
    - ¡Vaya! ¿Tus experimentos se volvieron en contra tuya? Y.... ¿Tienes 3000 años?
    - En este estado no tengo edad. El tiempo no me afecta- me dijo.
    - Un momento- interrumpió Sylvadia- ¿Por qué acabaste con los nekhara?
    - Porque no me lo querían dar.
    - ¿Él que?
    - Esto...- la mujer levantó uno de sus brazos y dos de sus esbirros trajeron a la sala del antiguo laboratorio un extraño aparato. Tenía el tamaño de un radiovisor y estaba decorado con jeroglíficos nekhara- El Control Universal.
    - ¿Con qué ese es el aparatito de marras?- dije- Y necesitas los engranajes para activarlo, ¿verdad?
    - Con el poder que contiene, podré controlar a todas las máquinas del universo. Pronto conoceréis el auténtico poder de la Emperatriz de las Máquinas.

    La emperatriz fue andando con paso firme hacia el aparato. Abrió una tapa y comenzó a colocar los engranajes cuidadosamente. Tenía que actuar.
    - Pssst. Sylvadia- susurré.
    - ¿Qué?
    - Intenta usar los filos de tu armadura para quitarte los cables de encima. Yo distraeré a la bruja.
    Sylvadia comenzó a moverse suavemente, mientras que las junturas de su armadura iban cortando las ataduras.
    - ¡Un momento!- dije- ¿Cómo pudiste viajar al planeta de los nekhara?
    - Todo viajero que llega a mis dominios es mejorado y sus transportes forman parte de mi flota. Puedo viajar a cualquier sitio.
    Sylvadia ya se había desatado y con su habilidad felina, comenzó a quitar mis ataduras. ¡Éxito! En parte. Una de las criaturas de la emperatriz, un nox al que le había implantado unas bombonas de gas segador a la espalda se dió cuenta de lo que pasaba.
    - ¡Majestad! ¡Los prisioneros intentan escapar!
    - ¡Cogedlos!

    Tuvimos que luchar con los puños hasta que Sylvadia recuperó su espada de manos de una de las criaturas.

    Pero fue demasiado tarde. La Emperatriz consiguió poner en marcha el artefacto. Una energía azul salía de él y toda la maquinaria alrededor se puso en marcha tras largo tiempo de inactividad.
    - Tengo un plan- le dije a Sylvadia- ¡Distraela!
    - ¡Por fin!- gritó la soberana- Tengo control absoluto sobre las máquinas. Pronto podré mejorar el universo a mi imagen y semejanza.
    - ¡Eh! ¡Emperatriz!- gritó Sylvadia- ¡Lucha con honor!
    La felinoide se abalanzó sobre la mujer máquina pero esta podía combatir con sus poderosas manos robóticas.

    Mientras su majestad se entretenía con mi coleguilla, me acerqué a la máquina. Mi plan era fácil: sobrecargarla. Con demasiada tensión, explotaría. Trasteé los engranajes hasta que un fogonazo de energía azul me tiró al suelo. Las máquinas comenzaron a moverse como locas entre chispazos y explosiones.
    - ¡NOOOOOOOOOOOOOOO!- gritó la Emperatriz.
    - ¡Sylvadia! Esto va a explotar. ¡Huyamos!
    Salimos por piernas del lugar, mientras que nos perseguían un montón de engendros.
    La Emperatriz gritaba: "¡A LAS NAVES! ¡PROTOCOLO DE RETIRADA! ¡ME LAS PAGARAS, VIAJERO!"

    Conseguimos llegar a la nave y despegar. Vimos como explotaba el laboratorio y como una flotilla de extrañas naves salía del planeta.

    Pasó una semana.
    Cogí el periódico... para mi desgracia. El titular era que el "Doctor en Arqueología Jonathan Cromwell inaguraba la exposición sobre le Alto Reino de Nekhara tras descubrir la tumba de su último rey".
    Argh... Idiota.
    Pero esa no era la peor noticia. En otro lugar ponía que una nave de comercio zartz había sido atacada por unas naves no identificadas. Los pocos supervivientes describían a los atacantes como seres orgánicos con implantes mecánicos.

    FIN
  • Gallahad Gladstone y los Engranajes Universales (tercera parte)/

    Escrito por Platov el 24/12/2011
    Todas las enciclopedias se ponen de acuerdo en describir al planeta Kazaria como una gigantesca pelota de hielo en mitad del espacio. El gélido clima ha hecho que los kázaros tuvieran que adaptarse a este construyendo ingenios mecánicos para poder desplazarse por él sin morir congelados. Dale un frigorífico a un kázaro y te lo convertirá en un andador de combate con pinzas para despedazar a la infantería.

    Aterrizamos sin ningún problema en el espaciopuerto, cubierto por una gran cúpula de metal que se abría y cerraba para dejar paso al tráfico de naves. Dado que construir casas en la superficie es algo imposible, los kázaros construyen bajo tierra.

    Seguimos por la galería hasta llegar al taller de mi gran amigo Grir Ronakin. El kázaro se alegró un montón de verme.

    - ¡Gallahad!-dijo- Ven aquí que te salude- el kázaro se acercó a mí con paso firme y me abrazó con todas sus fuerzas. Los kázaros son bajitos pero robustos como una maldita piedra, lo que hizo que estuviera a punto de partirme la columna en dos.
    - Grir... ¿Podrías soltarme?- le pregunté intentando respirar.
    - ¡Oh, sí! Perdón. Nunca recuerdo lo enclenques que sois los humanos. ¡Sylvadia! ¡Ven aquí!- intentó hacer lo mismo a la felionide pero ella fue más lista al ponerse su armadura antes de bajar de la nave- Muy buena armadura.
    - Gracias, Grir- Sylvadia me guiñó el ojo con una sonrisa de triunfo al verme medio encorbado por el dolor.

    - Bueno, ¿que os trae por aquí?- preguntó Grir mientras fumaba en su alargada pipa.
    - Verás, Grir. Estaba excavando la tumba del último rey de Nekhara cuando encontré estos engranajes- le dije al mismo tiempo que sacaba los engranajes de mi bandolera.
    - ¡Bah! ¿Eso es todo? Los nekhara eran muy buenos construyendo aparatos de cuerda- contestó el kázaro sin prestarme atención.
    - ¿Quieres mirarlos un segundo?- le dije algo fastidiado- ¿No notas nada extraño?
    - Vale... A ver... ¡Por el Gran Atamán! ¿Qué demonios....?- su cara de sorpresa era todo un poema- ¿Cuántos años tienen estos cacharros?
    - Más de 3000- le dije.
    - ¿Estás de coña?
    - No, Grir. Yo misma los encontré entre una pila de ellos- contestó Sylvadia.
    Grir cerró rápidamente las puertas del taller con aspecto de estar paranoico. Se acercó a mí a toda prisa.
    - ¿Sabes cómo cayeron los nekhara?- me preguntó. El humo de su pipa hizo que tosiera.
    - ¿No fue una estúpida guerra civil?- preguntó Sylvadia.
    - ¡Memeces! Todo eso es mentira. Gallahad, ¿sabes lo de la leyenda del laboratorio de Enekluxis VII?
    - Sí- respondí. Aunque habían pasado más de tres mil años, todos los humanos conocíamos la "Tragedia de Enekluxis VII" y el misterio que corría en torno a ella- Creo que los robots de servicio de la base se volvieron locos y mataron a todos los ocupantes.
    - ¿A todos, Gallahad?
    - Bueno, creo que no encontraron el cuerpo de la directora del lugar. ¿Cómo se llamaba? ¡Ah, sí! La Dra. Shiva Rathranuyan. ¡Un momento, Grir! ¿Cómo sabes eso?
    El kázaro rió de forma estruendosa.
    - Todo kázaro está versado en la tecnología. Tenemos que informarnos sobre los avances de otras razas, incluida la vuestra- dijo.
    - ¿Y eso que tiene que ver con todo esto?- preguntó Sylvadia.
    - La doctora esa- siguió Grir- estaba estudiando la manera de crea una inteligencia artificial perfecta, calco de un ser racional. Se dice que tras concluir su investigación, ocurrió el incidente.
    - ¿Y los engranajes?- le pregunté.
    - Dicen que los nakhara construyeron un dispositivo que permitiría controlar a toda máquina presente en el universo. Lo construyeron con un material ya extinto. Se dice que este metal podía durar siglos sin romperse u oxidarse- señaló a los engranajes con la boquilla de la pipa- Amigo mío, creo que estos cacharritos forman parte de esa máquina. La doctora buscaba estos engranajes para poner en marcha ese dispositivo. Con él, se crearía una IA perfecta.
    - ¿Eso quiere decir que el universo está en peligro?- pregunté- ¡Genial! No tengo suficiente con Cromwell y Talaresse que ahor tengo en mis manos la llave para poner en marcha un dispositivo del día del juicio. ¿Sabes dónde está esa dichosa maquinita?
    Grir puso cara de decepción- No lo sé pero creo que podrías viajar a Enekluxis VII y buscar en las ruinas del laboratorio.
    - ¡Mira! Una cosa que se me da bien. Muchas gracias, Grir.
    - De nada, colega. ¡Y visítame más a menudo!

    Tras despedirnos de Grir volvimos a la plataforma donde estaba mi nave y pusimos rumbo al planeta selvático de Enekluxis VII. Si llego a saber lo que nos íbamos a encontrar os aseguro que me hubiera quedado en casa.
  • Gallahad Gladstone y los Engranajes Universales (segunda parte)/

    Escrito por Platov el 22/12/2011
    Jonathan Cromwell estaba delante nuestro, impidiéndonos el paso.
    Ahí, uno de mis peores enemigos (si no contamos al coronel Talaresse).
    Cromwell era un veterano arqueólogo al que, a diferencia mía, se metió en este negocio solo por la fama y la fortuna. Siempre intentaba pisotearme mis descubrimientos solo por ver su cara en la portada del periódico. Era asquerosamente rico y sus modales de nobleza rancia y su pelo engominado me daban asco.

    - ¡Cromwell! ¿Se puede saber cómo has llegado hasta aquí?- le pregunté, aguantándome toda la retahila de insultos que tenía en mi mente.
    - Ya sabes que tengo contactos, Gallahad- me contestó con una sonrisa de oreja a oreja- No pienso dejar que un niñato como tú haga el descubrimiento del siglo. Pero, ¿dónde están mis modales? ¿Cómo está, señorita Merfalx?
    - ¡Iros al infierno!- me encanta cuando Sylvadia se pone peleona. Sí, ya lo conocía de mis viajes.
    - No creo que hayas venido solo, Cromwell- raro era que Cromwell no contratara los servicios de algún mercenario.
    - Por supuesto, Gallahad. Siempre me gusta cubrirme las espaldas- tras terminar esta frase, a la estancia entraron dos mercenarios sss'tak que, debido a su gran tamaño, tenían que estar encorbados.
    - ¡Mercenarios! Propio de un gusano sin honor como vos, Cromwell- Sylvadia tenía razón. Los sss'tak son una raza de reptiloides parecidos a tiranosaurios antropomórficos a los que solo les gusta dos cosas: el dinero y acribillar gente. Los dos mercenarios nos apuntaron a la espalda con sus aparatosas armas y nos obligaron a salir del lugar.
    - ¿Qué has hecho con la expedición?- le pregunté a Cromwell mientras salíamos del túnel.
    - Tranquilo. Simplemente he usado mi influencia para que no digan ni una palabra. Es maravilloso lo que un poco de dinero puede ha... ¿QUEEEEEEEEÉ?

    Toda la expedición, incluido el jefe, yacían en el suelo sin vida. Sus cuerpos presentaban agujeros de bala tan grandes como un puño. Ya os dije lo que les gusta a los sss'tak, ¿no?
    Cromwell se dirigió hecho una furia al que parecía ser el capitán de los mercenarios, un sss´tak que parecía comerse cada mañana a 23 bebés.
    - ¡Os dije que no le hicierais daño a nadie!- la aguda voz de Cromwell daba más risa que miedo.
    - ¡Eh! ¡Ni se te ocurra gritarme, mamífero!- gritó el capitán. Los sss'tak no es que tengan unos modales muy refinados, precisamente- Tú nos dijiste que nos ibas a pagar bien. Eso quería decir que tendríamos que acabar con todos ellos, ¿verdad?
    - ¡Imbécil! ¡Yo nunca dije eso!

    - Creo que será mejor que escapemos- le susurré entre dientes a Sylvadia.
    Pero nuestro intento de huida fue en vano porque nos topemos de bruces con otro mercenario.
    - ¡Vosotros! ¿Adónde se supone que váis?- nos dijo mientras nos apuntaba con su enorme pistolón. No se me ocurría que decir con un arma cuyo cañón era tan grande como mi cabeza.
    - ¿Os habéis enterado?- le dijo Sylvadia mientras me guiñaba un ojo.
    - ¿De qué tendría que enterarme?- replicó el reptiloide.
    - Todos los heraldos lo comentan: Cromwell está arruinado. Vendió mal una de esas cosas llamadas "acciones" y se quedó sin dinero. No creo que os vaya a pagar.
    - ¿Cómo?- el reptiloide se dirigió hacia su capitán y le susurró algo al oido. Acto seguido, cogió a Cromwell por la pechera.
    - ¡Tú! ¡Miserable estafador! ¡No tienes dinero! ¿Sabes lo que le hacemos a los que no nos pagan?- apuntó con su arma a la cabeza de Cromwell.
    - Pe... pero eso es una calumnia- Cromwell estaba muy nervioso, mientras que el cerebro del sss'tak parecía no comprender eso de "calumnia"- Tengo mucho dinero para pagaros. De hecho, lo tengo ahí.
    - ¿De verás? ¡Enséñamelo!- el sss´tak dejó caer al arqueólogo al suelo. Cromwell se limpió su traje y fue hacia una caja que había allí. La abrió. Contenía una ingente cantidad de lingotes de oro.

    Eso es lo que yo creía porque mientras estaban entretenidos, Sylvadia y yo salimos por piernas hacia mi nave. Cuando Cromwell se dió cuenta, habíamos despegado. En la lejanía, levantaba su puño en señal de venganza o algo así mientras que los sss'tak se repartían los lingotes.

    - Una lástima- dije en la cabina de la nave- Ahora Cromwell se adjudicará el descubrimiento de la tumba y seguro que se inventa algo sobre la expedición masacrada.
    - No estés tan seguro, Gallahad- Sylvadia sacó de sus bolsillos los engranajes mientras sonreía de forma triunfal.
    - ¡Los engranajes! ¡JAJA!- reí.
    - El problema es que no sabemos porqué están tan bien conservados.
    - Tranquila. Conozco a alguién que entiende de esto. ¡Rumbo a Kazaria!

    CONTINUARA
  • Gallahad Gladstone y los Engranajes Universales (primera parte)/

    Escrito por Platov el 21/12/2011
    Bueno... Sé que lo estábais esperando.

    Por petición popular y por lo que os gustó su primer relato...

    Damas y caballeros... Con todos ustedes...

    GALLAHAD GLADSTONE Y LOS ENGRANAJES UNIVERSALES
    (PRIMERA PARTE)

    Queréis escuchar otra de mis historias, ¿no?
    Vale. Veo que no os aburrí con la primera.
    Bien, esto ocurrió mucho tiempo después de conocernos Sylvadia y yo.

    El Museo de Nueva Londres tenía pensado montar una exposición sobre la antigua civilización de Nekhara y, como arqueólogo de dicha institución, me encargaron que fuera a excavar algo increible: la tumba del rey Tethkarmoses III, en el propio planeta de origen de esta raza extinguida.
    Obviamente, acepté. ¿Sabéis lo que sería encontrar algo tan excepcional como eso?
    En mitad de camino recogí a Sylvadia de su planeta natal, la Baronía de Merfalx. No se lo pensó ni dos veces.

    Y llegamos a Nekhara.
    Arena y solo arena, si no contamos las ruinas del antiguo imperio.
    Nos reunimos con el equipo de arqueólogos que ya estaban en el lugar y me recibieron como si fuera una eminencia. Bueno... Lo soy pero eso no se me ha subido a la cabeza.
    - ¡Dr. Gladstone!- me dijo el jefe de la expedición- Es un honor tenerle entre nosotros, señor. Verá, creemos que la tumba se encuentra debajo de ese templo. El corredor...
    - Sí, ya lo sé- le dije- Está lleno de trampas y todas esa tonterías.
    - Pues... Sí. Debería tener bstante cuidado y... ¿Se puede saber a dónde va?- Parece que ese tipo no comprendía que ya me había enfrentado a miles de cosas en mi carrera de arqueólogo y que una simple trampa no iba a ser un obstáculo para mí.
    El jefe se me quedó mirando mientras me dirigía al oscuro corredor. Se giró hacia Sylvadia.
    - ¿Siempre es así?- le preguntó a la felinoide.
    - ¡Oh! Siempre es así de cabezota- le contestó.

    Encendí mi linterna y escudriñé el lugar con su luz. Habían diferentes aberturas en las paredes y suelos.
    - ¡Pinchos! ¿Protegen la tumba de su rey con unos simples pinchos?- gritó indignada Sylvadia.
    - ¿Cómo proteges las de tus reyes?- le pregunté.
    - Saquear tumbas va en contra del Código. Aquel que es pillado en pleno acto de saqueo es colgado a la entrada del lugar.
    - Me gusta- le dije. Oye, era un sistema bastante efectivo.
    Caminamos paso a paso por el lugar. En cuanto pisabas una loseta que no estaba totalmente firme en el suelo, saltaba una de las trampas.
    Las esquivamos como podimos. Una estuvo a punto de afeitarme la nuca y los pinchos de otra saltaron en pedazos al ser cortados por la espada de Sylvadia.

    Hasta que llegamos a una amplia sala.
    No se veía. Bueno, los ojso de Sylvadia si que podían ver algo en la oscuridad. ¡Es una felinoide!
    - Creo que hay una especie de mesa con un bulto encima de ella pero no consigo distinguir lo que es, Gallahad. ¿Has traido algo para iluminar toda la sala?- me dijo.
    - Por supuesto. Soy un hombre de recursos- le contesté mientras ponía en marcha unos cuantos puntos de luz portátiles que llevaba en mi bandolera.
    Y cuando se encendieron la visión fue espectacular: una sala cuyas paredes estaban decoradas con jeroglíficos, un ajuar lleno de objetos valiosos y, en el centro, una mesa de piedra maciza con el cadáver del rey envuelto en paños.
    - ¡Es maravilloso!- dijo Sylvadia- Tuvieron que ser un poderoso reino.
    - Sí. Hasta que hubo una guerra civil y se mataron entre ellos- le contesté.
    - Oh... ¿A qué fue debida?
    - Nadie lo sabe. Se cree que fue por ver quién sería el nuevo rey pero yo no lo veo así.
    - Explícate.
    - ¿Matar a todo tu pueblo por ver quién es el amo de todo? ¡Tonterías! Tuvo que haber algo más.

    Inspeccioné los jeroglíficos.
    Uno de ellos me llamó la atención. Era sobre la guerra que asoló Nekhara por completo. Había algo extraño. Alguno de los habitantes del planeta aparecían normales pero otros... Otros parecían estar compuestos en parte por piezas de maquinaria.
    - ¡Qué extraño!- pensé y más aún cuando la figura que comandaba a estos seres robóticos parecía una mujer humana con varios brazos y con esa apariencia de máquina. Los nekhara no habían desarrollado ningún tipo de maquinaria eléctrica, solo con cuerda... que se sepa.
    - ¡Gallahad! Creo que he encontrado algo interesante- Sylvadia había rebuscado entre las piezas.
    - ¿Qué es?- le pregunté.
    - Esto- en su mano llevaba una especie de engranajes.
    - ¡Ah! Eso... A los nekhara se les daba muy bien construir maquinaria de cuerda.
    - ¡Ya lo sé! Pero no te llama la atención. Todos los engranajes que he encontrado están corroidos menos estos. Parece como si los hubieran construido ahora.
    Eran tres engranajes y, sí, estaban bastante nuevecitos.
    - Hmmm... Será mejor que volvamos afuera y le preguntemos al jefe de excavación.

    - ¡Nadie va a salir fuera!- él se interponía entre nosotros y la salida.

    CONTINUARA
  • Blancos contra Rojos: La Guerra Civil Rusa./

    Escrito por Platov el 15/12/2011
    Hola, holita, hola. ¿Cómo están ustedes?

    Bueno, aquí estoy una vez más para ofreceros conocimientos históricos de la mejor forma que conozco: gratis.

    Esta vez voy a hablar de algo que muchos libros de texto pasan por alto. Para ello, nos trasladaremos a los inicios de la Revolución Rusa.
    Mucha gente cree que la RR solo tiene dos grandes hitos: la revolución de febrero de 1917, en la que le dieron la patada a Nicolás II; y la de octubre, en la que los bolcheviques se hicieron con el poder.
    Lo que mucha gente no sabe es que tras esa mencionada revolución, rusos partidarios del Gobierno Provisional de Kerensky y los rusos partidarios de Lenin se tiraron los trastos a la cabeza durante un corto periodo de tiempo.

    Me refiero a la Guerra Civil Rusa.

    Con la caida del Zar, varios partidos políticos llevaron el poder a la Duma (el parlamento ruso) para poder crear el tan ansiado régimen democrático que los antiguos emperadores no permitian bajo ningún concepto.
    Mientras tanto, en Petrogrado (la antigua San Petersburgo) se estaba fraguando un experimento poítico: el del sóviet, un gobierno conjunto de campesinos y obreros, unidos por las teorías marxistas.
    Estos dos polos de poder no eran antagonistas en un principio. Es más, el sóviet admitía la existencia y superioridad del Gobierno Provisional.

    Hasta que llegó Lenin.
    El hombre pensaba que el Gobierno Provisional no era más que una revolución burguesa, solo al servicio de los más ricos. Las palabras del revolucionario contagiaron a gran parte de la población rusa más desfavorecida, con lo que los sóviets comenzaron a extenderse por todo el país. El objetivo de Lenin era crear una "República de los Sóviets".
    Ante el éxito de esta concepción, el Gobierno Provisional decidió reprimir a sus líderes, en julio de 1917. Lenin tuvo que huir a Finlandia.

    Tras un intento de giro a la derecho en los sóviets por parte del general Kornilov, lo bolcheviquies vieron afianzada su posición en estas asambleas en detrimento de los más moderados mencheviques.
    Al regresar Lenin en octubre, este decidió que ya iba siendo hora de tomar el poder.
    El 25 de octubre, en una operación planificada por Trotsky, la legendaria Guardia Roja marchó sobre el Palacio de Invierno. Kerensky tuvo que huir de inmediato.
    En el II Congreso de los Sóviets, estos decidieron desmantelar el antiguo Gobierno Provisional y pasar la autoridad a ellos mismos.

    Entre febrero y octubre tanto los sóviets como el GP acordaron celebrar elecciones el 25 de noviembre. Lenin no las suspendió, saliendo ganadores los socialistas revolucionarios. La democracia burguesa había llegado a su fin.

    Pero había un gran problema: el Gobierno Obrero y Campesino no era demasiado fuerte que digamos. Pronto comenzaron las huelgas entre los antiguos funcionarios zaristas, la Guardia Roja era insuficiente para mantener el poder y varios regimientos cosacos comenzaron a unirse para derrocar a Lenin.

    La comunidad internacional hizo oidos sordos ante las peticiones del nuevo gobierno para parar la Gran Guerra.

    Aunque se tomaron grandes medidas para apaciguar a los descontentos, como la salida de la guerra o la creación del Ejército Rojo, pronto comenzaron a reunirse en diferentes partes del país contigentes de rusos blancos para acabar con el nuevo régimen.
    Y a ellos se unieron los gobiernos occidentales, que no reconocían para nada a los bolcheviques.

    En marzo de 1918, tropas inglesas, francesas y estadounidenses toman el puerto de Murmansk.
    En abril, los japoneses toman Vladivostok, seguidas dos meses más tarde por ingleses y yankis.
    En julio, las fuerzas aliadas ocupan Arkangelsk.

    Con la caída de Alemania, el 11 de noviembre de 1918, se dio un vuelco a la situación. Las triunfantes revoluciones bávaras y húngaras, seguidas por los disturbios en Inglaterra, hacían pensar que la Revolución llegaría a todas partes del mundo. Los aliados apoyaron más aún a los contigentes blancos. El problema residía en que estas tropas occidentales estaban ya cansadas de tanta guerra, por lo que poco a poco se fueron retirando. Para otoño de 1919, los únicos contigentes de apoyo eran los japoneses y americanos que ocupaban Vladivostok. Sin embargo, las potencias occidentales seguían apoyando de viva voz a diversos "gobiernos" rusos antibolcheviques, como el del almirante Kolchak.

    Los ejércitos blancos no tenían que hacer nada ante la superioridad del Ejército Rojo y al apoyo de las gentes hacia el Gobierno Soviético. Poco a poco se fueron retirando.
    Para la primavera de 1920, el Ejército Blanco había sido completamente destruido y sus líderes, juzgados.

    Así fue la Guerra Civil Rusa.
    He tenido que quitar cosas por falta de tiempo y espacio. Si queréis saber más, consultad el libro "La Revolución Rusa: de Lenin a Stalin" de E.H. Carr.

    Ya sabéis: si me he equivocado en algo, pegadme un berrido.

    ¡Nos vemos!
  • No mezclemos leyenda con mito, ¿vale?/

    Escrito por Platov el 12/12/2011
    ¡Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

    Aquí estoy. Después del largo no-puente ya iba siendo hora de escribir algo que no fuera un relato o una chorrada de las mías.

    Hoy voy a hablar de algo interesante, según para quien lo mire.

    Esto es una página de webcómics y blogs. ¿Qué significa esta obviedad? Pues que para poder crear posts o tiras necesitamos una historia aunque sea algo completamente random.
    Muchas veces nos basamos o inspiramos en antiguos relatos forjados hace eones. Decimos que están protagonizados por héroes mitológicos o por héroes legendarios. Muchas veces pensamos que no hay diferencia entre mito o leyenda.

    ¡PUES SÍ QUE LA HAY! Perdón, es que me he levantado de mala leche. XD

    ¿Qué diferencia hay entre un mito y una leyenda? Muy sencillo. Os lo mostraré.

    Un mito es un relato que está ambientado en una época en la que el tiempo no existe. No hay nada con que lo puedas encuadrar en un eje cronológico. Los dioses vagan por la Tierra como si tal cosa y se comportan como humanos. Los héroes son hijos de humanos y dioses y poseen cualidades cercanas a los superpoderes.

    En cambio, la leyenda está sólidamente fundamentada en un hecho histórico al cual, con el paso del tiempo, se le han ido añadiendo elementos fantásticos, como milagros, reliquias encantadas, etc.

    Así que esta bien decir el "mito de Hércules y la Hidra" o la "leyenda del Rey Arturo" pero no al revés, ya que estaríamos cometiendo un error de apreciación.

    Espero que os haya gustado y, ya sabéis, si encontráis algún error pegadme un berrido.

    ¡Nos vemos!
  • Se armó el belén./

    Escrito por Platov el 08/12/2011
    Buenas gente. ¿Cómo lo lleváis?

    Nosotros esta mañana bien, ya que hemos estado montando el belén de Navidad. Este hecho cotidiano pero a la vez excepcional ha hecho que escriba este post.

    A algunos de vosotros no os gustará la Navidad. A mí, sí. Para a los que os guste, se me ha ocurrido recopilar esta serie de consejos para montar un buen belén a la española. Seguidme pues en este soso viaje...

    1- Tenéis que ambientar la ocasión con música. Para ello, poned la tele en la tres a las 16:00 de un fin de semana. La música que aparece en las películas rancias navideñas para televisión nos ayudará a ponernos manos a la obra, con esos ritmillos sacados de un casiotone.

    2- El primer problema con el que os encontraréis es el siguiente: "¿cómo de grande quiero mi belén?" Para responder a esta duda, usad la frase "Los españoles no sabemos que es el justo medio". A raiz de esta afirmación, podemos elegir entre dos tamaños: extrapequeño, donde las figuras están todas apelotonadas en la cueva; o extragrande, donde las figuras están a varios kilómetros las unas de las otras.

    3- Lo siguiente es la nieve.
    Todos asociamos la nieve con la Navidad aunque la localidad de Belén esté en la Judea del día JC +1, donde la probabillidad de nevadas era igual a 0.
    Para que el efecto nieve quede real, deberíais usar 17 latas de nieve en spray. ¿Cómo sabemos que estamos echando la cantidad justa? Muy sencillo. Si comienzas a tener mareos y dolor de cabeza por los gases del spray, es que todavía te falta. Si comienzas a ver entrando en la habitación a los elefantes rosas fantasmagóricos de Dumbo, vas por la mitad. Si los elefantes se comienzan a convertir en un harem de chicas-gato hentai... ¡PARA! Ya tienes tu belén con la nieve justa.

    4- Ahora tenemos que pensar en el tamaño de las figuras. Para ello usaremos la "Regla de la No Escala". Según esta teoría, las figuras no deben de ser del mismo tamaño las unas de las otras. Para que os hagáis una idea, imagináos que las figuras son seres humanos reales. San José mediría 5 metros, la Virgen 4, JC 2 y los pastores rondarían entre el 1'50 y el 1'70.

    5- Tras el tamaño, llega colocar a las figuras más importantes de nuestro belén: lo reyes magos.
    Mucha gente prefiere a los reyes que al gordo barbado vestido de rojo. A este último lo odian, excepto cuando trae regalos el día 25.
    Lo reyes deben de tener una apariencia medieval en profundo anacronismo con la Edad Antigua.
    Hay gente que me pregunta que hacer con Gaspar. Sí, el segundo rey mago. Su carisma roza el suelo y casi no tiene presencia frente al sabio Melchor y al aventurero Baltasar.
    Mi consejo: Rohanízalo. Cuanto más se parezca tu Gaspar al rey Théoden, más cerca estaras del éxito. Cambia el paje por una escolta de 5 rohirrim y tu Gaspar será el tema de conversación en tus fiestas y reuniones sociales.

    6- Por último, vamos al tema que nos interesa: los romanos.
    Aún a pesar de que estemos en época de Augusto, a la gente le gusta los legionarios de época de Trajano, con la lorica segmentata con sus pedazo hombreras tó guapas.
    Si no sabes que es una lorica segmentata, solo cuatro palabras: Altos Elfos de Warhammer. Así tendrás unas legiones romanas superfashion.... y con dragones y todo.

    Bueno, espero que estos consejillos os hayan ayudado para construir vuestro belén ideal.

    ¡Nos vemos!
  • Mi afición por la música épica./

    Escrito por Platov el 07/12/2011
    Allá vamos otra vez. Si es que no aprendo. XD

    ¿Cómo llevamos el pseudopuente? Lo llamo pseudopuente porque aquí, en Murcia, parece que Valcarcel no está por la labor de aceptar semejante acueducto de una semana. Por suerte, no tuvimos clase el lunes pero hoy miércoles, sí. Miércoles... el día de la semana al que le encanta joder la vida a los demás.

    En fin, por donde iba... ¡Ah, sí!

    La gente me mira raro cuando me pregunta por qué canciones llevo en mi MP4 y yo se las enseño. A algunos le gustan, otros me llaman friki y, unos pocos, opinan que estoy loco.

    Porque adoro la música épica.

    Me encanta. No podría vivir sin ella. Porque me levanta el ánimo en momentos difíciles y porque me inspira lo que no está escrito.
    Es algo que me identifica y paso de cosas como Lady Gaga, el chunda-chunda, el gitaneo (está comprobado que, en mi pueblo, el niño que canta gitaneo tiene un porvenir muy negro) o el reggeton (el primer estilo musical cuyo ritmo lo marca el menú de un antro de carretera: "atún con pan, atún con pan, atún con pan, pan, pan, pan...").
    Mi madre me dice: "¡No te gusta la música! Lo único que haces es oir canciones de romanos!" No es que no me guste la música, es que me gusta este género y no lo que cienmil cabezas huecas creen que es buena música solo por una buena campaña de marketing.

    Y es que no puedo dejar de escuchar este tipo de cosas, desde la BSO del "Medieval II: Total War" hasta las canciones de Two Steps from Hell (gracias a Letucse por descubrirme a este grupo).

    Miradme raro si queréis pero son mis gustos.

    ¡Nos vemos!
  • Gallahad Gladstone (Final)/

    Escrito por Platov el 03/12/2011
    Ante todo, perdón por el retraso de ayer.
    Es que quedamos mis colegas y yo para seguir con una partidilla que tenemos abierta de "La Leyenda de los Cinco Anillos".
    Y, ahora, sí, he aquí el final de las aventuras de vuestro arqueólogo espacial favorito.

    Sylvadia se dedicaba a partir en pedazos a todo aquel que se le cruzaba en su camino. Yo, a acribillarlos. Fue duro pero al final conseguimos deshacernos de toda esa chusma (vale, lo reconozco, eran pocos).

    Allí estaba mi nave.
    Sí, podríais decir que mi nave era una cafetera con un motor de salto pero ni os imagináis la cantidad de veces que me había salvado el culo. La rampa de entrada estaba abierta: parece que comenzaron el registro antes de que llegaran los volgusianos.
    Me cercioré de que no había nadie dentro. Hmmmm.... Los soldados nox que estaban luchando con los volgusianos antes de que nosotros los mandaramos al corral de los quietos eran los que estaban realizando el registro.
    - Sylvadia, ¿puedes arrancar mi nave? Tengo que asegurarme de que no han cogido el libro.
    - Sí, maese Gladstone. Será un honor ayudaros.

    Fuí corriendo a la pequeña bodega de carga. Aparté unas cajas con mi instrumental arqueológico. Debajo de ellas estaba el compartimento secreto donde guardé los apuntes de Osías. Lo abrí. ¡Gracias a Dios! Allí estaba, intacto. Lo cogí y suspiré de alivio. Creí que eso me ayudaría a descargar la tensión acumulada pero no sirvió debido a que el aire me sabía a picante.
    - Hmmm... picante- pensé en un milisegundo en volar hacia un "Pescado y Patatas Fritas del Almirante Nelson" para pedir una ración de calamares picantes cuando descubrí porqué el aire sabía picante.
    - ¡Maldición!- grité mientras en un armarito cogí una máscara de gas y me la puse.
    Fuí corriendo hacia el intercomunicador.
    - ¡Sylvadia!- grité.
    - ¿Sí, maese Gladstone?- me respondío la felinoide.
    - ¡Busca debajo de el asiento del piloto una máscara de gas y póntela! ¡Rápido!

    ¡La rampa! ¡La maldita rampa! Se me había olvidado cerrarla y los nox que nos perseguían desde los ascensores aprovecharon ese descuido para gasearnos. Por suerte, nos pusimos las máscaras a tiempo sino estaríamos fiambres.
    La estancia se llenó de la neblina grisácea que despide el gas "Segador". Me giré para ir corriendo a poner en marcha los extractores pero me topé con un problema.
    - ¡Señor Gladstone! ¿Todavía sigue vivo?- la voz de Talaresse sonaba más siniestra todavía con su máscara puesta. Estaba enfrente mío, apuntándome a la frente con su pistola.
    - ¡Gas! Eso es jugar sucio- le dije mientras que pulsaba con disimulo el intercomunicador con mi mano libre para que Sylvadia escuchara la conversación.
    - Eso es lo que todo nox debe hacer: exterminar a aquellos que son débiles e inferiores.
    - Vuestras costumbres me producen escalofríos, Talaresse.
    - Es nuestros deber. Es lo que el Canciller nos manda hacer.... Y nosotros le obedecemos como buenos soldados.
    - ¡Vamos, Talaresse! Vuestro Canciller es un loco. Todo el mundo lo sabe- le contesté. Tenía que ganar tiempo.
    - ¿Está insultando a nuestro venerado líder, Gladstone? ¡Ja! La forma de defensa de los seres inferiores: insultar. ¡Argh! Es asqueroso. Pero nos estamos alejando del tema en cuestión: deme el libro. ¡Ahora!

    Derrpente, Talaresse se puso firme.
    - Matar a inocentes es un acto vil y cruel... Y por eso solo merecéis la muerte- Syldavia había apoyado la punta de su espada contra la nuca de Talaresse. La máscara le daba un aire fantasmal- ¡Daos la vuelta para afrontar vuestro destino con honor!
    - No- ese "no" de Talaresse sonaba muy convincente.
    - Talaresse, anda, date la vuelta para que pueda arrancarte tus oreja puntiagudas de cuajo- le dije al coronel, el cual me seguía apuntando con su arma.
    - No. Los felinoides jamás matan a nadie por la espalda, ¿verdad? Es algo deshonroso y contrario al Código, ¿verdad?- esa frase sonaba con sorna viniendo de Talaresse.
    - Lle... Lleva razón- dijo Sylvadia. Cayó de rodillas al suelo. Aunque llevaba la máscara de gas, sabía que estaba llorando- Os he fallado, maese Gladstone. Yo... Yo... Soy la vergüenza de mi familia. ¡No he podido cumplir mi promesa!
    Sonaba estúpido, lo sé, pero tenía que hacer algo por la muchacha. Y mi rabia interior crecía aún más por la arrogante risa del coronel nox.
    - Talaresse, ¿quieres el libro?- le dije- ¡Pues cógelo!- Le arrojé el tomo con todas mis fuerzas al estómago. El golpe y el dolor hicieron que Talaresse tirara su arma al suelo.
    Fuí corriendo a cogerla pero me topé de bruces con el coronel, él cual me pegó una patada en todo el pecho. Dolorido, caí al suelo.
    Talaresse cogió su arma y el libro.
    - ¿Ve cómo la voluntad del Canciller es fuerte, señor Gladstone? Ningún ser inferior puede enfrentarse a ella- con el libro en la mano, se giró hacia Sylvadia, que estaba arrodillada en el camino de salida.
    - ¡Oh, señorita! No se preocupe. Pronto podrá unirse a sus gentes en el Más Allá. Todo el reino felinoide será conquistado por Nox y sus gentes serán exterminadas por la gloria del Canciller. No la mataré. Quiero que viva el resto de su miserable vida con este recuerdo. Sufrirá, ya lo creo que sufrirá. ¡El Libro de Osías es nuestro!- gritó Talaresse alzando el tomo.
    Tenía que hacer algo. No podía dejar que ese malnacido se saliese con la suya... y se me encendió la bombilla.
    - Sylvadia- dije algo dolorido.
    - ¿Sí?- me contestó la felinoide, todavía apesadumbrada.
    - ¿Te has dado cuenta de que Talaresse te está dando la cara?
    La arrogancia del coronel hizo que bajara la guardia. Sylvadia cogió su espada, se levantó y, como un rayo, hizo que su hoja volara delante del nox. El libro cayó al suelo junto con el brazo inherte de Talaresse.
    - ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH!- el grito del coronel me puso los pelos de punta- ¡Vosotros! ¡Vosotros! ¡No podéis! ¡Sois inferiores! ¡Los seres inferiores no pueden vencer! ¡Los nox tirunfaremos! ¡Y os exterminaremos a todos! ¡A TODOS!
    Talaresse salió dando tumbos de mi nave, cogiéndose su muñón ensangrentado.
    - ¡Rápido, Sylvadia! ¡Pon en marcha el motor de salto!- savía que Talaresse no se iba a quedar de brazos cruzados (bueno, de brazo cruzado). Fuí corriendo a encender los extractores y a cerrar la rampa, justo en el momento que un puñado de nox intentaban asaltarnos.

    La nave despegó, salió del hangar y pegó el salto a una distancia considerable. Antes de dar el salto, vimos como una ráfaga de misiles de neutrino convertía la nave monasterio volgusiana en polvo y cenizas.
    Fuí a la cabina. Con todo el gas extraido, Sylvadia se había quitado la máscara. Me senté en el sillón del copiloto con el libro entre las manos, con algunas manchas de la sangre de Talaresse.
    - Un día completo, ¿verdad?- le dije a la felinoide.
    - Por supuesto, maese Gladstone- me respondió.
    - Estoy deseando deshacerme de este libro. ¿Cuál se supone que es el planeta donde debes realizar ese juicio?
    - En Boscosa.
    - ¡Hey! Eso me pilla de paso para ir a Exonum. ¿Vamos a tú combate primero y después me acompañas para darle esto a los monjes?
    - Maese Gladstone, debo decir que no. Posiblemente no sobreviva al Juicio.
    - ¡Vamos! Le acabas de cercenar el brazo al más sanguinario de los oficiales nox y tú dices que no podrás con un tipo que lo más parecido a una espada que ha esgrimido es una pata de ovejirraptor asada. ¿Cómo que no sobrevivirás? ¡Ya lo creo que sobrevivirás!- le dije mientras sonreía.
    - Si es lo que vos pensáis, entonces partiré con gusto a vuestra aventura- me dijo ella, también sonriendo.
    - ¡Me gusta la idea! Por cierto, deja de llamarme maese Gladstone. Llámame Gallahad.
    - Como vos querías, Gallahad.
    - Y deja de hablar conmigo en segunda persona del plural mayestático. No soy un puñetero noble.
    - ¿Puñetero? ¿Qué es puñetero?
    - ¡Bah! Olvídalo.

    FIN
  • Gallahad Gladstone (tercera parte)./

    Escrito por Platov el 01/12/2011
    Allí estaba ella, luchando contra un volgusiano.

    La felinoide movía su espada en amplios giros para darle al maldito engendro encapuchado. El volgusiano, sin inmutarse, esquivaba los golpes con las manos metidas entre sus grandes mangas, sujetando ese rosario con el Ojo de Volgus. El sacerdote usaba sus poderes psíquicos para lanzarle a la chica todo lo que encontraba a su paso.

    Parece que no se dieron cuenta de que yo estaba allí. Así que ella era el prisionero que escapó.

    Derrepente, el volgusiano alzó un busto del Canciller y lo lanzó contra los pies de la doncella felina. Ella tropezó y cayó, soltando su espada. El volgusiano la levantó en el aire con sus poderes y comenzó a estrangularla mientras balbuceaba uno de esos bizarros cánticos.
    Como no soporto que maltraten a una dama, me armé de valor.
    - ¡Eh, capuchón con patas!- sí, no fue el mejor insulto del mundo pero el volgusiano giro su rostro oscuro hacia mí- ¡Dí patata!
    Apunté con el rifle a la inmensa oscuridad de la capucha y... ¡ZAP! Un borobotón de sangre de color anaranjado salió de dentro. El volgusiano cayó inherte hacia atrás. Sin los poderes, la chica cayó al suelo como si nada. Me dirigía hacia a ella y le ayudé a levantarse.
    - ¿Te encuentras bien?- le pregunté.
    - Sí- me contestó- ¿Cómo os llamáis?
    - Gallahad Gladstone, señorita. Soy arqueo...- pero antes de terminar mi presentación, la felinoide hincó la rodilla en el suelo y cogió su espada apoyándola en las dos manos en señal de ofrenda.
    - Gallahad Gladstone. Soy Sylvadia de Merfalx, hija del barón Berthold de Merfalx. Vos me habéis salvado la vida en un acto heróico. Tengo una deuda con vos. A partir de ahora, y siguiendo las enseñanzas del Código, os protegeré con mi vida hasta que esta deuda sea saldada y...
    - Vale, vale, vale... Todo eso está muy bien pero tenemos que salir de aquí cuanto antes- la levanté aunque su cara de extrañeza era un poema. Los felinoides son así de rectos y honorables- ¿Tienes alguna nave o algo en lo que escapar?
    - Los nox destruyeron la mía. Logré salvarme gracias a mi armadura pero no sé donde la han metido. Por suerte, tengo mi espada, maese Gladstone.
    - Vale. Vendrás conmi...- y parece que hoy era el día de interrumpirme porque la puerta por donde entré a la sala voló por los aires y por ella entraron Talaresse, armado esta vez con una pistola de oficial nox, y un grupo de soldados con máscaras de gas.
    - ¡Exterminar a la doncella felinoide! ¡El humano es mío!- ordenó el coronel señalándonos a Sylvadia y a mí.
    - ¡Cúbrete!- le grité a la felinoide mientras la llevaba detrás de una mesa tirada que el volgusiano había usado como arma arrojadiza.
    - Tenemos que huir- le dije.
    - No puedo huir. Violaría las leyes del Código: "Un caballero jamás huye del campo de batalla incluso si el destino que le depara es la muerte"- me contestó. En ese momento maldecí para mis adentros el código.
    - Mira- le dije- si no huímos ese loco de Talaresse acabará con nosotros. Toma- le dí un rifle de un soldado nox que yacía muerto en el suelo- Úsalo contra ellos.
    - Pero el Código dice que no puedo matar a mis enemigos con sus propias armas.
    - ¡GÑÑÑÑÑÑ!- intenté tranquilizarme, os lo juro- Piensa que esto es una forma de saldar tu deuda conmigo protegiéndome, ¿lo captas?
    - Bueno... Si es por eso...- no estaba muy convencida pero Sylvadia saltó de su escondite y comenzó a disparar a los nox mientras nos dirigíamos hacia el ascensor.
    - ¡No dejéis que usen el ascensor!- gritó Talaresse pero fue demasiado tarde porque ya estabamos dentro.

    Teniamos que ir hacia arriba porque en las naves nox la zona de cárcel estan abajo, en el lado más vulnerable de la nave. Para los nox, los prisioneros de guerra son escoria y no pasa nada si son los primeros en morir.
    Dentro del ascensor reinaba el silencio. Decidí acabar con la curiosidad sobre qué hacia la hija de un barón felinoide en una nave nox, así que le pregunté a Sylvadia esto último.
    - Me dirigía a uno de nuestros feudos- me comentó- Nuestros vasallos nos informaban de que el gobernador abusaba de ellos. El Código dice que debemos cuidar a nuestros siervos y protegerlos aunque estén más allá de las estrellas. Así que mi padre me envió como su paladín para luchar contra el gobernador en un Juicio de Armas. A mitad de camino, me encontré con este navío nox. Me dispararon y me recogieron para hacerme prisionera.
    - ¿Y qué querían de tí?- le pregunté.
    - Saber dónde estaban las fortificaciones de la Marca Austral- los nox pensaban que podrían invadir al Reino Felino desde esta parte del universo- Me decían que si no les daba la información me matarían con mi propia espada. Para nosotros, esa es una muerte vergonzosa. Por supuesto, no les dije nada. Cuando estaban a punto de ejecutarme, los volgusianos tomaron la nave y aproveché para escapar.
    - Bonita historia- era lo único que se me ocurría decir.
    - ¿Y vos qué hacéis aquí?- me preguntó Sylvadia.
    - Haré un pequeño resumen. Buscaba una reliquia para los monjes exonum, los nox me descubrieron y me apresaron.
    - ¿Conocéis a su oficial?
    - ¡Oh, sí! Talaresse y yo hemos vivido grandes aventuras juntos. Lo bueno es que él siempre ha salido perdiendo.

    El ascensor llegó a su punto de destino.
    El pasillo que conducía hacia los hangares estaba vacío, por lo que llegamos fácilmente a la puerta principal del lugar.
    - Demasiado fácil- dije- Esto no me gusta.
    Entramos con sigilo en la gran cubierta, escondiéndonos tras unas cajas.
    Allí estaba mi nave y también la respuesta al vacío del pasillo. No, no habían lugares en toda la nave para luchar que tenían que hacerlo aquí. ¡Y encima alrededor de mi nave! Por suerte, entre nox y volgusianos, no eran más de ocho.
    - Hmmm...- dije- necesitamos un plan para acabar con ellos rápidamente.
    Como si fuera algún pariente de la general Nakamura, cogí un poco de grasa que había entre las cajas con mis dedos y empecé a dibujar lo que parecía un plano- Bien, Sylvadia. Este es el plan. Nos acercaremos por la izquierda sin hacer ruido. Después, tú...- y cuando levanté la cabeza, la felinoide no estaba.
    Bueno, sí estaba: luchando a espadazo limpio contra nox y volgusianos. Felinoides... ¿Os he dicho que también creen que tender emboscadas es algo ruín y cobarde?

    En fin, tuve que desechar mi plan y lanzarme a la batalla junto con mi nueva compañera.

    CONTINUARA
  • Gallahad Gladstone (segunda parte)./

    Escrito por Platov el 30/11/2011
    - Es su última oportunidad, señor Gladstone. Dígame donde está el libro y saldrá de aquí con su sistema respiratorio intacto- Talaresse me decía esto mientras movía de un lado para el otro el alambre delante de mis ojos.

    En un momento como este, a un tipo tan lleno de recursos como yo solo le queda una alternativa: gritar amenazas que suenen épicas.
    - ¡No te saldrás con la tuya, Talaresse! Los monjes exonum para los que trabajaba te darán caza.
    - Los monjes exonum que estaban trabajando con usted en el momento de nuestra llegada fueron apresados y exterminados mientras usted estaba inconsciente, señor Gladstone. Además, esas babosas no matarían ni a una mosca. Estúpidos preceptos de seres que viven rodeados de supersticiones- ahí me había pillado. Los exonum son pacifistas y solo se dedican a la predicción. Por cierto, lo de babosas no era un insulto: los exonum son una especie de babosas antropomórficas vestidas con hábitos de monje.
    - Oh, vaya- era lo único que se me ocurría decir.

    El alambre iba derechito a mis fosas nasales cuando, derrepente, sonó un pitido desde el intercomunicador de la sala. Talaresse paró y fue a contestar. "Aún no he terminado con usted", me dijo.
    - ¿Sí? ¿Se puede saber que ocurre?- dijo Talaresse bastante irritado al ver interrumpida su diversión.
    - ¿Seros Talaresse?- dijo la voz al otro lado de la línea. Seros es coronel en nox.
    - Soy yo.
    - Verá. No se lo va a creer pero tenemos una nave monasterio volgusiana parada justo delante nuestro. Hemos contactado con ellos y les hemos amenazado con el exterminio total de toda la tripulación si no se apartaban.
    - ¿Cómo? Bien, ¿qué han respondido?
    - Quieren el libro, señor.
    - ¡¿Qué?! ¡Extermínelos a todos! ¡En el nombre del Canciller!
    - ¡Sí, señor! ¡Gloria al Canciller!

    Vale. A partir de esa conversación saqué dos conclusiones. La primera: que estabamos en una nave en mitad del espacio. La segunda: que íbamos a morir.
    Volgusianos. Los seres más fanáticos religiosos de la galaxia, capaces de arrasar planetas en el nombre de su dios, Volgus. Y poseían unos poderes psíquicos del carajo.

    Talaresse se alejó del intercomunicador: "Bien, ¿por donde íbamos? ¡Ah, sí!". Levantó el alambre y fue derecho hacía mí. Y de pronto... ¡BLAM!

    Toda la sala tembló como si estuviéramos en mitad de un terremoto. Una alarma se activó: "¡LA NAVE ESTA SIENDO ATACADA! ¡LA NAVE ESTA SIENDO ATACADA!" Parece que los volgusianos habían contraatacado.
    Talaresse trastabilló. Aproveché el momento de confusión para intentar sacar una de mis manos forcejeando los correajes. Dolió bastante pero lo conseguí. Intenté pulsar uno de los controles de la camilla que había al lado. Éxito. Los correajes se desataron automáticamente y pegué un salto hacia el coronel, consiguiendo quitarle su electroporra. Le arramblé una descarga que lo dejó aturdido.
    Todo eso estaba muy bien pero tenía que abrir la puerta y solo se podía hacer si llamabas al guardia que había vigilándola. Lo llamé intentando que mi voz se pareciera a la de Talaresse. El tipo picó y lo recibí con una descarga que lo dejó frito en el suelo. Le arrebaté su fusil. "No es nada personal", le dije.
    Huí todo lo rápido que podía por el pasillo de la nave, con mis extremidades doloridas por lo correajes. Sentí como la mirada de Talaresse se me clavaba en la espalda mientras que gritaba por el intercomunicador: "¡ORDEN DE EXTERMINIO TOTAL! ¡ACABEN CON CUALQUIER ENEMIGO!"

    Lo primero que pensé es que mi nave tenía que estar en los hangares de este sitio. Seguro que los nox la estaban registrando en busca del libro. ¡Maldición! Lo tenía escondido en uno de sus compartimentos. Tenía que darme prisa pero la cosa se complicó cuando la alarma dijo: "¡ALERTA! ¡SERES INFERIORES TOMANDO LA NAVE!" ¡Mierda! Los volgusianos ya estaban dentro.
    Miraba a mi alrededor en busca de enemigos potenciales. También me fijé que las puertas de las salas de interrogatorio estaban abiertas. En algunas de sus mesas yacían los cadáveres torturados de los monjes exonum, convertidos en pulpa de color verde-amarillento. Me llamó la atención que en otra sala, la mesa estaba vacía y las correas forzadas. Uno de los prisioneros había escapado, como yo.

    Seguí adelante. Oía gritos, botas de cuero avanzando rápidamente por el suelo de la nave, disparos y los terroríficos cánticos en voz baja de los volgusianos. Me encontré unos cuantos cadáveres de nox tirados por el suelo, con los huesos hechos papilla.
    - Esto no me gusta nada- dije.
    Abrí una puerta sin saber lo que me iba a encontrar.

    Y, entonces, apareció ella.

    CONTINUARA
  • Gallahad Gladstone, arqueólogo estelar./

    Escrito por Platov el 29/11/2011
    Vuelve la fiebre de los relatos al Correo del Atamán.
    Esta vez uno de ciencia ficción con toques dieselpunk y pulp.
    Espero que os guste.

    Vale. A ver que me acuerde...
    Sí, estaba tan tranquilo buscando esa reliquia en aquel planeta perdido cuando aparecieron los nox y nos dispararon. No recuerdo nada más hasta que el frío de esta camilla de metal y el dolor de los correajes con los que estoy atado me despertaron.

    - ¡Buenas tardes, señor Gladstone!- me dijo una voz. Esa voz. Levanté la cabeza un poco, lo que me permitían esos malditos coreajes.
    - ¡Talaresse!- sí, no era la primera vez que veía a mi interlocutor. Ahí estaba, de pie, firme, delante mío, vestido con ese uniforme negro de cuello alto y botas de cuero que, por otro lado, le quedaba bastante bien. Y en su rostro, esa expresión de superioridad como queriéndome decir: "¡Mira! Soy superior a tí". Nox... ¡Malditos elfos nazis espaciales!
    - Veo que se acuerda de mí, señor Gladstone- Como ya he dicho, no era la primera vez que veía al coronel Varas Zorn Talaresse. El tipo estaba obsesionado conmigo. Será porque me dedico a buscar antiguas reliquias por todo el universo. O será porque él es el coronel al mando de la División de Investigaciones Ultrasecretas del Puño del Canciller, un montón de nox lunáticos que buscan cualquier arma antigua que tenga un gran poder de destrucción.
    - ¿Cómo no he de acordarme del más sádico de todos los nox?- le dije. Si no salía de allí, sabía cual era mi destino: ser exterminado. Para los nox, si perteneces a otra raza eres un ser inferior y debes morir. Así de claro. Ellos se creen los seres más perfectos de toda la galaxia, con esas orejas puntiagudas y su piel clara.
    - ¿Sabe por qué está aquí, señor Gladstone?- me preguntó con una sonrisa irónica- ¡Qué va a saber! Es usted un ser inferior y su intelecto no le deja dilucidar más allá de sus funciones corporales vitales.- ¿Qué os había dicho? Los nox se creen los amos del cotarro.
    - ¿Tiene algo que ver con cierta reliquia?- le dije con una sonrisa en mis labios- Sí tú estas aquí es por eso, ¿no?
    - No se pase de listo. No está en una posición ventajosa.- me contestó.
    - Bueno, tal vez si cambiara de posición. Como estar sentado en un sillón de masaje, por ejemplo.- ¡Chúpate esa, idiota!
    Talaresse comenzó a caminar alrededor mío. La arrogancia con que lo hacía estaba a punto de llenar por completo toda la habitación.
    - ¿Sabe dónde se encuentra el "Libro de Osías"? Lo digo porque según nuestros datos, las primeras visiones del profeta Osías tuvieron lugar en este planeta.- Me preguntó.
    Con que era eso. Se dice que el profeta Osías escribío un libro en el cual enseñaba a quien lo leyese los secretos de la profecía y la adivinación.
    - ¿Qué ocurre, Talaresse? ¿Vuestros servicios de inteligencia son tan incompetentes que necesitan un viejo tomo para poder descubrir donde cena el Primer Ministro todos los viernes?- creo que eso hirió el orgullo del coronel nox porque me miró con cara de pocos amigos.
    - ¡La incompetencia no tiene cabida entre los nox! ¡Somos superiores! ¡Somo los elegidos! Y los humanos, de entre todos los seres inferiores, son los que más asco nos dan- esto me lo dijo con su cara a unos centímetros de la mía.
    - Aquí lo único que da asco es tu aliento, Talaresse. ¡Puagh! Seréis muy superiores y todo eso pero vuestra higiene dental deja mucho que desear.- Talaresse se fue hacia un lado sin mostrar ápice de que mi comentario le había dolido.

    Levantó su mano enguantada e hizo un gesto. En la sala entró una especie de médico nox, vestido con una bata blanca. ¡Vaya! Parece que voy a ser testigo en mis carnes de una de las famosas torturas con gas nox pero me quedé perplejo cuando Talaresse cogió un largo y fino alambre.
    - ¿Qué pasa?- le dije- ¿No os queda gas?
    - El gas "Segador" produce una muerte instantánea, señor Gladstone- me decía mientras se recreaba de forma enfermiza mirando el alambre- Yo necestio información de inmediato... Y creo que metiéndole este alambre por las fosas nasales hasta llegar a sus pulmones y comenzar a remover sería lo más adecuado para que usted empiece a hablar, ¿no le parece?

    ¿Os dije o no que era un sádico? Ahí estaba yo, atado a una camilla de metal, con un oficial nox esgrimiendo un alambre para convertirme los pulmones en papilla simplemente para saber donde estaba un viejo manuscrito. ¿Sería este mi fin?
  • "Marco" con actores reales.... Sin comentarios./

    Escrito por Platov el 27/11/2011
    "El Correo del Atamán" ya llegó.
    Coge a tus amigos y vámonos.
    Con Platov, el cosaco; y Sir Livellus, el lord victoriano.
    Lo pasaremos guay.
    El Correo del Atamán.

    Bien, después de este guiño a "Hora de Aventuras", escribo un post que estaba deseando desde que me enteré de esta noticia: Antena 3 va a estrenar la serie "Marco" realizada con actores reales.

    Ejem...

    Aquella serie sobre un niño que vivía en un pueblo italiano, al pie de las montañas, y que enterneció a nuestros padres (porque todo el mundo sabe que era una serie para adultos) será llevada a la realidad por los guionistas de Antena 3.

    Y yo me pregunto: ¿de verdad hacía falta? ¿No era suficiente con las reposiciones contínuas de la serie original en Neox?

    Señores, estamos hablando de Antena 3, canal conocido porque sus series carecen de hilo narrativo y son solo una excusa para recolocar a los actores de "Los Hombres de Paco" y "El Internado".
    Si es que me lo imagino: Hugo Silva haciendo del padre de Marco, Ana de Armas como la madre, no hay presupuesto para entrenar a un mono para que haga de Amedio (no tienen presupuesto ni para recrear una legión republicana como Marte manda) y seguro que los malos son los nazis, como en todas las series de la tres.

    ¿Cuanto tiempo durará la serie? ¿Y en cuánto tiempo perderá cualquier coherencia del guión como nos tiene acostumbrados este canal? Solo el tiempo lo dirá.

    Lo único que sé es que, a pocas semanas de su estreno, la tres no parará de darle bombo y platillo al asunto. Lo único bueno de esto es que si la serie se descalabra, te puedes reir de unos tipos que creen que porque el primer capítulo ha tenido una audiencia colosal la cosa ya es un éxito rotundo. Al día siguiente, caida.

    En fin. ¡Nos vemos!
  • ¡Qué megafuerte! ¡Voy a votar!/

    Escrito por Platov el 23/11/2011
    Resaca post-electoral.

    Y el atamán no se quedará de brazos cruzados ante tanto despropósito que ha estado oyendo durante estos días de campaña.

    El otro día, en Antena 3, hicieron un reportaje sobre jóvenes que van a votar por primera vez. Cuando ví a los idiotas que salían en dicho programa, desee teletransportarme para darle una paliza a cada uno de ellos: una pandilla de pijos de jersey anudado al cuello. Lo que más hizo que los odiase fue cuando dos de ellos salieron del colegio electoral diciendo: "¡Qué ilusión!"

    No sé si todo estaba preparado, si era algún guión de los pobres guionistas de la tres (con cosas como El Barco o Hispania, creo que estos tipos se preguntarán todas las noches en sus casas: "¿Pero qué es lo que he hecho?") pero, si esa gente es como yo, al año siguiente se le quitará toda la ilusión.

    Y es que en un país donde los políticos, sean del partido que sean, hacen lo que les sale de ahí y encima tienen la desfachatez de restregártelo por la cara, ni ganas de votar ni nada.

    Un servidor fue y ¿sabéis a quién voté? A nadie. Sobre vacío.

    Hasta que no hagan algo de forma honrada o ejemplar esta gente no se ganará mi respeto.

    Y a todos aquellos que votáis por primera vez os digo: no so dejéis llevar por el lujo y el oropel. Como dijo Juan Luis Cano, uno de los componentes de Gomaespuma: "El mundo de la política es tan sórdido que hasta me da asco hablar de él".

    Esta es mi humilde opinión.

    ¡Nos vemos!
  • Un dragón en mi corazón./

    Escrito por Platov el 17/11/2011
    Poético título para un no tan poético post.

    El otro día, en la asignatura de zooarqueología (huesicos de animales), nos llamó la atención que el profesor utilizó entre otras imágenes para su powerpoint la de un dragón.

    Le preguntamos el por qué de todo ello.
    Y la respuesta fue la mar de interesante, extraida de un libro sobre la figura del dragón en diferentes culturas.

    El dragón...
    Ese reptil gigantesco al que hemos dibujado un millón de veces y que nos lo hemos cargado otras tropecientasmil veces en nuestros juegos de rol o en nuestros libros favoritos. Incluso nos han dejado se uno de ellos.
    Todos pensamos al oir esta palabra en la Edad Media. Nos equivocaríamos ya que existen dragones en la mitología griega (el más famoso es el que guardaba el Bellocino de Oro) y en la china.

    Entonce, ¿de dónde viene el concepto de dragón?

    Pues nada más y nada menos que de la Prehistoria, cuando los humanos no eramos ni eso sino una pandilla de homínidos sin nada mejor que hacer que sobrevivir.

    El dragón es la unión de los tres grandes depredadores de monos: las fauces del guepardo, las alas y garras del águila monera (también conocida con el mítico nombre de harpía) y la cola de la serpiente.
    Nuestros involucionados antepasados tenían que soportar el ataque de estas tres bestias. Poco a poco fueron usadas como sinónimo de peligro.
    Con el paso del tiempo y de la evolución, al ser el hombre el animal que dominaría a los otros, este peligro ya no era tanto pero se quería dejar para la posteridad una manera de llamar la atención sobre el cuidado que había que tener con estos tres seres. Uniendo sus partes más características nació lo que hoy llamamos dragón.

    Es algo que esta en nuestras mentes y lo que explica que los esquimales, que nunca han visto en su vida una serpiente o un guepardo, tengan historias de dragones.

    Y esto es todo. Ya sabéis: si me equivoco, dadme un berrido.

    ¡Nos vemos!
  • Comandos: más allá de las líneas enemigas./

    Escrito por Platov el 14/11/2011
    "¡He vuelto!", como diría Guybrush Threepwood.
    Nuevo post a la vista.
    Y a la gente a la que no le van los videojuegos que no salga corriendo gritando. Esto no tiene nada que ver con el mejor juego hecho en España.

    No. Esto va sobre los auténticos comandos de la Segunda Guerra Mundial.
    Más allá de Jack "The Butcher" O'Hara y de Aldo Raine, existe un mundo de operaciones encubiertas y golpes rápidos.

    Cuando hablamos sobre comandos de la SGM, se nos viene a la cabeza el típico inglés vestido con uniforme caqui, gorra roja y sonrisa sarcástica. Pues por ahí van los tiros.

    Los comandos ingleses entraron en servicio por primera vez el 14 de julio de 1940. Su misión era tomar la isla de Guernsey que, junto con la isla de Jersey, fueron los dos únicos territorios de Inglaterra tomados por los alemanes.
    La misión fue un fracaso: había más resistencia nazi de la esperada y los comandos tuvieron que retirarse.

    Pero esa primera derrota no hizo perder el aliento a estos aguerridos hombres. Con entrenamiento y decisión, los "chicos del ancla" (porque el logo de los comandos es un ancla) consiguieron grandes victorias, como la de la toma de la ciudad de Vaagso (Noruega).

    Durante la guerra, el equipamiento de un comando no difería mucho del de la infantería normal.
    Llevaban casi el mismo uniforme y equipamiento. Entre las armas utilizadas encontramos el subfusil de asalto Stein (sí, ese cuya culata parece unas muletas), la ametralladora pesada Vickers o el PIAT (la versión inglesa de un bazooka).
    También podía contar con apoyo de artillería si la cosa se ponía fea pero eso era solo posible en operaciones coordinadas con compañías mayores.
    La mayoría de misiones eran de desembarco. Las lanchas llegaban a la playa silenciosamente y los comandos desembarcaban sin hacer ningún ruido. La sorpresa y la anticipación eran las claves para que una de estas arriesgadas misiones fueran un éxito.
    Si algo salía mal, la única manera de sobrevivir era encontra una ruta de escape hacia las lanchas, algo tremendamente difícil si tenemos en cuenta que se encontraban en pleno territorio enemigo, sin posibilidad de ayuda exterior.

    Tras la guerra, los comandos se disolvieron en favor de los archifamosos SAS pero Inglaterra estuvo en deuda con ellos.
  • ¿Por qué mi no tener webcómic?/

    Escrito por Platov el 11/11/2011
    Tras Guy Fawkes, un poco de reflexión personal.

    Mucha gente me dice que haga un webcómic a la voz de ya a raíz de los dos dibujos que colgué en esta nuestra comunidad.

    Sí, yo quiero hacerlo.

    Solo que hay un pequeño pero...
    Ese pero se llama "ideas": tengo tantas ideas en la cabeza que no se por cual empezar.
    Desde algo con ambientación steampunk hasta algo más sueprheróico pasando por hacer algo que transcurra en El Orbe (mi mundo de fantasía personal). Incluso se me pasó por la cabeza hacer algo parecido a Erfworld: un cómic donde todo se rige por las normas de un juego de estrategia.

    Son tantas las ideas que la cabeza se me bloquea. Cuando creo que una puede ser buena, al momento me aparece otra que pienso puede ser mejor.

    Y ahí estoy, más bloqueado que el Tetris.

    En fin, espero que me comprendáis.
  • Recuerden, recuerden el cinco de noviembre.../

    Escrito por Platov el 08/11/2011
    Después de mis aberrantes alabanzas a la nueva versión de Subcultura, volvamos a las curiosidades históricas.

    El pasado sábado (si no me equivoco) fue día cinco de noviembre.
    Para nosotros los españoles esto no nos dice nada. Para los ingleses, es día de fiesta: es el día de Guy Fawkes.

    Sí. El hombre que se hizo famoso gracias a cierto superhéroe enmascarado que luchaba por la libertad a base de cartucho de dinamita.

    Pero antes de que Inglaterra prevaleciera, Guy Fawkes fue una figura clave de la historia del Imperio Británico. Muchos de vosotros la conoceréis pero para el que no la sepa, he aquí la historia de Guy Fawkes.

    Fawkes nació a finales en 1570.
    Provenía de una familia de militares, lo que imprimió en Guy un carácter intrépido y astuto.
    Pero el señor Fawkes era católico y en la Inglaterra de esta época ser católico era como ser un apestado. La Iglesia Anglicana odiaba a los católicos. Un pequeño grupo de católicos, entre los que se encontraba Guy, ideó un plan para ganarse la confianza del rey de España para que este apoyara una posible rebelión católica en Inglaterr. No cuajó.
    Más tarde, en 1604, se puso en marcha una conspiración liderada por Robert Catesby. Harto de que los anglicanos tuvieran más privilegios que los católicos, decidió llevar acabo un plan: cuando el rey estuviera en el Parlamento se haría volar el edificio por los aires con cientos de barriles de pólvora.
    Guy se ofreció voluntario para colocar la carga en los sotanos de tan emblemático edificio.
    Pero el señor Fawkes fue pillado infraganti por la guardia mientras colocaba los explosivos. Fue condenado por traición, decapitado y su cabeza expuesta delante de las puertas del Parlamento, clavada en una pica, el cinco de noviembre de 1604.

    Así fue como se formó la leyenda.
    A partir de ahí, cada cinco de noviembre, los ingleses celebran este día quemando muñecos que representan a Guy (sí, como en nuestra noche de San Juan) y lanzando un castillo de fuegos artificiales a orillas del Támesis.

    Bueno, espero que os haya gustado.
    ¡Nos vemos!
  • La Nueva Subcultura./

    Escrito por Platov el 07/11/2011
    Es más verde.

    Es más rápida.

    Es más intuitiva.

    Es la nueva Subcultura.

    Nadie podrá escapar de su poder.

    Arrodilláos ante el nuevo régimen.

    ¡Y cómo mola!
  • La anécdota más descacharrante de la Segunda Guerra Mundial./

    Escrito por Platov el 03/11/2011
    ¡Hola, holita, hola!
    ¡He vuelto!

    Tras la crítica de la peor película de la historia, vuelvo a las andadas.

    Esta vez os voy a contar un incidente (¡Me parto pecho!) que ocurrió a comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Creo que no he hablado mucho en mi blog sobre el más grande conflicto de la historia de la humanidad, así que... ¡Allá vamos!

    NOTA: No os toméis al pie de la letra lo que voy a escribir ya que todavía no se ha esclarecido del todo lo que sucedió realmente.

    La fecha: 10 de mayo de 1941.
    El lugar: Escocia.

    Inglaterra está en plena "Batalla de Inglaterra". Los valerosos pilotos de la RAF defienden los cielos reales de la amenaza de la Luftwaffe. Es una contienda a vida o muerte: si la RAF cae, Inglaterra será invadida por el Tercer Reich.
    La población inglesa ya estaba acostumbrada a las idas y venidas de las escuadras de aviones y a los bombardeos.

    Pero un granjero escocés no preveía que un extraño paracaidista aterrizara al lado de su casa. El granjero invitó a este visitante a tomar el té. El viajero venido del cielo, hablando en inglés con acento alemán, le dio las gracias al escocés por tan cálida bienvenida y le pidió un favor: si era tan amable de llevarlo ante el Duque de Hamilton porque tenía que entrevistarse con él. El granjero accedió de buen grado.

    Cuando el hombre de acento germano se presento ante el duque, este último se cayó en su sillón por la sorpresa que había recibido: el paracaidista no era otro que el mismísimo Rudolph Hess.

    ¡Hess! El delfín de Hitler, la mano derecha del Führer y el tipo que ostentaría el cargo de canciller si al tío Adolfo le ocurría algo. Ahí, delante del Duque de Hamilton. Por lo visto, los dos se conocieron durante las olimpiadas de Berlín del año 1936.

    ¿Qué pretendía Hess? Pues alcanzar un acuerdo de paz con Inglaterra. Este acuerdo consistía en echar a Churchill del gobierno inglés y repartirse el mundo entre el Imperio Británico y el Tercer Reich. Hess creía que su amistad con el duque haría que lo llevasen ante el mismo Jorge VI. Allí, explicaría su plan y los ingleses no tendrían otro remedio que aceptarlo.

    ¿Qué hizo el duque? Lo que todo patriota inglés haría: apresar a Hess. El propio Churchill ordenó el encarcelamiento del jerifalte nazi que acabaría en un hospital militar previo paso por la Torre de Londres.

    ¿Qué hizo Hitler al enterarse de la noticia? Hay dos versiones: una es que el dictador se puso en plan "Malditos Bastardos" (NEIN! NEIN! NEIN!) y se acordó de todos los antepasados de Rudolph. Otra dice que Hitler se resignó, al parecer, porque él mismo había diseñado el plan.
    Lo único que se sabe de cierto es que Hitler tachó a Hess de loco y lo apartó del poder para siempre.
    También se especula que fuera el mismo MI6 (el servicio secreto británico) el que tendió una trampa al lugarteniente nazi.

    Y esta es la anécdota más descacharrante de la SGM.
    Espero que os haya gustado y ya sabéis: si me equivoco, dadme un berrido.

    ¡Nos vemos!
  • La crítica que llegó demasiado tarde: El Incidente./

    Escrito por Platov el 31/10/2011
    ¡Buenaaassss!
    ¿Cómo lleváis el puente?

    Bien, viendo que otra parte de mi blog que os gusta son las críticas de películas, voy a escribir otra, que hace tiempo que no lo hago. Y, al igual que "El Reino de la Calavera de Cristal", es de una película que se estrenó hace tiempo pero que he podido ver gracias a la magia (es un decir) de la televisión.

    Esa película es "El Incidente" (inserte truenos y relámpagos).

    ADVERTENCIA: Para poder realizar bien la crítica, tengo que usar spoilers. Si no habéis visto la película y queréis hacerlo (cosa que dudo), por favor, no sigáis leyendo.

    Esta película, dirigida y escrita por M. Night Shyamalan (o como carallo se escriba), famoso por ser la mente que hizo "El Sexto Sentido"; nos cuenta la historia de un extraño suceso en el que la población del este de los EEUU comienza a suicidarse en masa sin motivo aparente. Un profesor de ciencias (interpretado por Mark Wahlberg), su esposa y la hija pequeña de su mejor amigo huyen desesperadamente creyendo que es una especie de ataque terrorista... hasta que se descubre que las plantas estan generando una toxina que anula el instinto de supervivencia de los seres humanos.

    ...Ejem...

    Sí. Como habéis leido. Las plantas se ponen de acuerdo para acabar con la humanidad. Y esto es una peli de terror/misterio, no una comedia ni una de ciencia ficción.

    Mi primo y algunas críticas en algunos blog me dijeron que esta película era mala pero yo no me lo creí.
    Y llevaban más razón que un santo.

    Empecemos por el argumento.
    ¿Las palantas se ponen de acuerdo para acabar con la humanidad? No soy botánico, ni tampoco un hombre de ciencias pero... ¿desde cuando las plantas se pueden comunicar unas entre otras como si esto fuera Radio Patio? Tal vez me esté equivocando pero es la cosa más ridícula que he oido en mi vida. Incluso en una película.
    Y no solo eso: las plantas tienen sentimientos de ira contra el ser humanos. ¡Las plantas pueden cabrearse y matarte como si fueran asesinos en serie! ¿En que estaría pensando Shyamalan para escribir esto?

    Lo peor del argumento no es solo eso. Es que no se atan ninguno de los cabos sueltos que aparecen. Nadie te explica porqué creen que es un ataque terrorista, porqué en la costa este o porqué esa vieja extraña vive sola, aislada del mundo.
    Nadie te explica nada. La única explicación es sobre porqué las plantas lanzan toxinas para matar a los humanos y esta da más risa que miedo. "Las plantas se comunican entre ellas. Hay plantas que pueden lanzar esporas para controlar a insectos para que las protejan." Esto lo dice un tío que dice ser botánico. Bueno, si me hicieras una demostración práctica, me lo creo.

    Y al parecer, según el director, la pérdida del instinto de supervivencia no solo hace que los humanos nos suicidemos sino que también nos comportemos como idiotas: hablamos raro y andamos hacia atrás. Lo más gracioso es que la gente parece tener un mínimo de inteligencia para suicidarse de las formas más horribles posibles. En la película, el cuidador de los leones de un zoo deja que sus animalitos le arranquen los brazos. Es que casi todas las muertes de la película son así de horripilantes. Si Shyamalan quería hacer una peli de terror gore que huibese hecho el remake de "La matanza de Texas" pero es que en una peli donde prima el misterio y la paranoia, este tipo de actos sobran. Así de claro. Pégate un tiro o tírate de un quinto piso pero no te pongas a poner en marcha un corta césped y tumbarte delante de él (esta es otra de las muertes que aparecen en "El Incidente").

    ¡Ah! Y el viento tiene mentalidad propia. Agárrate los machos.

    Vayamos con los actores.
    Que decir de ellos. ¡Ah, sí! Sin emociones, sin carisma. Eso lo resume todo.

    El bueno de Mark tiene la misma cara durante toda la película. Algo así como "me resbala lo que me digas". Y lo más curiosos es que en las escenas en las que tiene que demostrar sus sentimientos parece que está sobreactuando. Cuando llora da más risa que pena.
    La mujer de este tiene cara de psicópata. Así, sin más.
    Y la niña que les acompaña parece un témpano de hielo: ni llora, ni ríe, ni nada. Parece que está estreñida o algo así.

    En cuanto a los secundarios, solo me ha gustado uno: la radio que aparece de la nada.
    Los demás son horribles: el botánico que solo se preocupa de si quedan suficientes perritos calientes en la casa, el militar sin valor, la anciana con trastorno bipolar...
    Parece que todos estén metidos con calzador. No aportan nada a las escenas. Nada. Ni conocemos su historia ni nada. Solo están de paso.

    Eso. El único militar que sale en la peli es un mindundi. No verás a equipos con trajes de biorriesgo ayudando a la gente ni nada. Es como si el gobierno no hiciera nada. "Nuestra población se está matando. Mejor: menos colas en las oficinas de empleo". Eso es lo que debe de pensar el presi de los Estates.

    Y los diálogos. ¡Madre mía!
    Ninguna conversación en esta película tiene sentido.
    Un ejemplo:
    -Chica anónima: ¡Aaaaah! ¡Están todos muertos! ¡Están todos muertos!
    -Mejor amigo del prota (es matemático): ¡Mírame! ¡Te pronpondré un acertijo matemático!
    Chaval, hay gente muerta en las calles y tú me propones un acertijo. ¿No sería mejor salir corriendo para buscar ayuda?
    Y el mejor de todos es el del protagonista hablando... ¡CON UNA PLANTA DE PLASTICO! De forma educada, eso sí.

    Y esta es otra de las cosas que hacen más ridícula si cabe a la película.
    En momentos de peligro, hay una frase que siempre funciona: "¡Soy ciudadano americano!"
    Pues el señor Shyamalan le ha dado una vuelta de tuerca a esta frase con: "¡Soy científico!"
    Esto es lo que grita el protagonista cuando no sabe que hacer. La gente se está matando delante de él y grita la frase de marras, como si fuera a crear un campo de fuerza alrededor de él. Y lo más gracioso es que funciona. ¡Funciona!

    ¡Dioses!
    Y el final es otro de esos grandes clichés hollywoodienses. Un científico que aparece en la tele (con una pinta de hiperactivo que hace me asuste) dice que esto puede ocurrir en otro país. ¿Adivináis donde? ¡Bingo! ¡Francia! Aparecen dos gabachos paseando por un parque cuando sufren los mismos síntomas que las dos pánfilas que salen al principio de la película.
    Porque según Hollywood, Francia siempre es el primer país europeo en caer.

    En resumen, que la película es un despropósito gigantesco. El guión no tiene fundamento y nada en él mostrado tiene sentido.
    Ya lo decía Homer Simpson: "¡M. Night Shyamalan! Seguro que es un argumento de sus cada vez más infumables películas." Y es que no sabemos donde perdió el norte el mago que se sacó de la chistera ese peliculón llamado "El Sexto Sentido".

    Y ahora, como bonus track, una serie de nombres que le hubieran quedado mejor a la película:

    - ¿Ca' pasao? ¿Ca' pasao? ¡Qué las acelgas s'han revolucionao!
    - Plants vs. Humans (There is a human in your lawn...)
    - Guerra Mundial P (¡Perdóname, Max Brooks)
    - Emotionless: Las Historia de Mark Walhberg.
    - El Ataque de los Arbolitos de Navidad Mutantes.
    - For Science! La película.

    Espero que os haya gustado y, recordad, si no estáis de acuerdo, hacédmelo daber.

    ¡Nos vemos!

  • Especial Halloween 2: La inquietante desaparición de la Cruz de Caravaca./

    Escrito por Platov el 26/10/2011
    ¡Vaya! Así que no tuvísteis suficiente con el anterior post. Pues aquí llega la segunda y última parte de este especial. ¡ÑIEJEJEJEJE!

    ¿Sabíais que la actual Cruz de Caravaca no es la original? Me refiero al LIGNVM CRVCIS que alberga en su interior, no al relicario con forma de cruz.

    Esta inquietante historia comenzó en 1934.

    A Caravaca llegó un extranjero.
    A la gente no le pareció nada extraño. "Otro peregrino", pensaban. Era una persona muy educada y hablaba muy bien el español.
    Este tipo preguntaba a la gente cosas sobre la cruz. Al parecer era un amante del arte religioso o algo así. Los habitantes de la ciudad contestaban a sus preguntas con amabilidad. Era alguien que caía muy bien a la gente, ¿por qué no compartir con él la historia de tan preciada reliquia?

    El hombre visitaba la basílica donde se guardaba el trozo de la cruz de Cristo muy a menudo. Mucho fervor. Demasiado fervor.

    Un día, el pánico se adueñó del pueblo.
    El sacerdote, al ir a ver la cruz, contempló horrorizado que el relicario estaba abierto y no había ni rastro de la preciada astilla de madera.
    La policía acudió para investigar los hechos. Nadie parecía saber donde se encontraba la reliquia.
    Pero algo extraño, algo que pone los pelos de punta, pasó: no había rastro del extranjero. El mismo día del robo, nadie lo volvió a ver.

    Nadie sabía como se llamaba.
    Nadie sabía cuando se fue.

    Bueno, solo sabían una cosa: tenía acento alemán.

    ¡MUAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!
  • Especial Halloween: Terror a la romana./

    Escrito por Platov el 24/10/2011
    Buenas noches, intrépidos lectores en busca de emociones fuertes.

    ¿Así qué pensáis que la historia no es terrorífica, eh? ¡Insensatos! ¡MUAJAJAJAJAJAJAJA!

    Os contaré una historia. Una tradición que se llevaba acabo a principios de mayo en la antigua Roma. Me refiero a las horripilantes fiestas de las Lemuralias.

    Veréis, los romanos creían en unos seres. Unos seres cuya sola presencia haría que el más aguerrido de los centuriones llorara llamando a su mamá. Unos seres hechos de puro mal: ¡LAS LARVAE! (o lémures, como nos gusta llamarlos a los españoles, ahí, quitándole toda la epicidad).

    Las larvae eran las almas de aquellos cuya maldad era tal que no podían ingresar ni en el inframundo ni en el Elíseo. Convertidos en parias espectrales, vivían en el interior de los árboles. Hasta que caía la noche.

    ¡Oh, sí! Al caer la noche, estos espíritus salían de sus escondites para buscar su plato favorito: ¡LA SANGRE DE NIÑOS PEQUEÑOS!
    Las larvae entraban en la casa de la víctima, iban a su habitación, cogían al pequeño y se lo llevaban para nunca volver.

    Para impedir que sus hijos fueron alimento de estas viles criaturas, los padres lanzaban judías negras por toda la habitación como ofrenda al espíritu, el cual prefería este alimento al niño.

    Así que si viajáis a Roma con niños pequeños, aseguraos de que no se los coman las larvae.

    ¡MUAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!

  • Problemas con la edad./

    Escrito por Platov el 19/10/2011
    Damas y caballeros, aquí llega un nuevo post histórico de la mano de vuestro cosaco favorito.

    Los historiadores estamos locos. Los griegos lo sabían, los cartagineses lo sabían y ahora lo sabéis vosotros.
    Entre muchas de nuestras locuras destaco la obsesión que tenemos de dividir los periodos históricos en edades.

    Al igual que los biólogos dividen a los animales y plantas en especies y subespecies para facilitar su trabajo, los historiadores hacemos lo mismo con el fluir del eje cronológico.

    Esto no es nada nuevo. Los sumerios fechaban los acontecimientos más importantes con el año de gobierno de un rey, los romanos lo hacían con el socorrido "antes o después de la fundación de Roma" y los cristianos con el nacimiento de Ihesu.

    El problema que tenemos los historiadores modernos con la datación es que ni si quiera nosotros mismos nos ponemos de acuerdo.

    ¿Cuándo terminó la Edad Media? La mayoría pensamos que con el descubrimiento de América en 1492. Otros que fue en el año 1453, con la caída del Imperio Bizantino y el auge como potencia del Imperio Otomano. Algunos, muy pocos, opinan que la Edad Media no termina hasta la Revolución Francesa, ya que durante los siglos XVI, XVII y XVIII el sistema feudal nobiliario sigue en pie.

    Este es el gran problema para dividir nuestra historia en partes. Con este sistema, parece que damos a entender a la gente que uno se acuesta vestido con toga y a la mañana siguiente nos despertamos con la cota de malla puesta.
    Los cambios entre edades no son tan bruscos. Es una transición lenta pero constante, de ahí que aparezcan edades intermedias, como la Tardoantigüedad (el periodo que va desde la caída de Roma hasta la Alta Edad Media). Pero, ¿Roma cae de golpe o se va desgajando con el paso del tiempo? He ahí la cuestión.

    Luego, tenemos que pensar en que algunas civilizaciones se saltan varias edades de golpe debido, sobre todo, al contacto con naciones más avanzadas.
    Algunos ejemplos: los vikingos eran una sociedad plantada en la Edad del Hierro hasta su contacto con los europeos, pasando de la ya mencionada época a la Edad Media, saltándose de golpe la Época Clásica.
    Los aztecas vivían en una sociedad casi neolítica, sin el uso de cualquier tipo de metal. Hasta que llegaron los españoles, lo que hizo que esta cultura saltase de golpe hacia el Renacimiento.
    Los japoneses vivían en una Edad Media con tintes renacentistas hasta el siglo XIX, cuando la llegada de un "simpático" acorazado estadounidense hizo que se abrieran al mundo. La Edad Contemporánea llegó de golpe y porrazo a las vidas de nuestros colegas nipones.

    Esto no significa que estas culturas fueran menos avanzadas tecnológicamente que las de sus "descubridores". Volvamos al ejemplo de los aztecas. Sí, sí, ellos combatían con armas fabricadas con madera y obsidiana y nosotros con armamento de hierro y pólvora pero mientras que en Madrid se tiraban las aguas fecales por la ventana, Technotitlan contaba con un avanzadísimo sistema de alcantarillado.

    Como véis, resulta complicado incluso para nosotros establecer un eje cronológico dividido en diferentes épocas.

    Espero que os haya gustado el post y, como siempre, si me equivoco, dadme un berrido.

    ¡Nos vemos!
  • El otoño ha llegado a la Real Sociedad Geográfica./

    Escrito por Platov el 17/10/2011
    Estimados lectores:

    Me congratula comunicarles que el otoño ya ha llegado a la Real Sociedad Geográfica.

    Atrás ha quedado el verano, esa (si me lo permiten decir) arrogante y estúpida estación donde el calor y las playas abarrotadas han hecho estragos por toda la geografía de nuestro país.
    La gente no se enamora en verano, la contrario de lo que decía esa monstruosa canción. La gente en verano, a cuasa de las elevadas temperaturas, sufre lo que los expertos denominamos "efervescencia hormonal".
    El otoño es la verdadera estación del amor.

    La solaz visión de las ojas de los árboles cayendo me llena el pecho de alegría y recogimiento. Los cielos nublados y la lluvia hacen que mi imaginación vuele hacia lejanas y fantásticas tierras.

    Porque todos sabemos que el sol es el enemigo primordial de la humanidad. Por eso, les encomiendo que envíen donativos a la causa del señor Friedrich Hartmann, embajador alemán y constructor de maquinaria pesada, para financiar su proyecto para diseñar un cañón que destruirá, total o parcialmente, el sol.

    Finalizo esta carta para que puedan disfrutar y contemplar esta maravillosa estación que es el otoño.

    Atentamente:
    Sir Livellus Wincheston, Director de la Real Sociedad Geográfica.
  • Vikingos turistas./

    Escrito por Platov el 12/10/2011
    Voz de anuncio años 50 nº 1: "¡Hey, Ronda!"
    VAA50 nº2: "¿Sí, Mike?"
    Voz 1: "¿Sabes que Platov ha dejado a un lado el tema del máster en su blog y vuelve a las andadas históricas?"
    Voz 2: "¡No es posible!"

    Vale, después de esta gilichorrada, empiezo con un nuevo tema surgido a raiz de mi tira y otras en Milord Vikingo.

    Siempre que pensamos en los vikingos, nos los imaginamos montados en sus drakkars surcando los mares. Y no nos equivocamos.

    Estos marineros y guerreros procentes de la Europa nórdica comenzaron a darse a conocer en el siglo VIII d.C.

    Fue en el año 793, cuando pusieron un pie en la pequeña isla de Lindisfarne, en Inglaterra. Esta isla no sería tan importante si no fuera por la presencia de un monasterio que era el núcleo religioso de la zona. Los vikingos arrasaron y masacraron a todo monje o persona con tonsura que se encontraban en el camino.
    Estos episodios de destrucción terminarían en el año 825, con la aniquilación de los monjes de Iona.

    Este tipo de incursiones rápidas de destrucción total eran conocidas como "strandhögg".

    El avance vikingo era imparable.
    Llegaron hasta Al-Ándalus (el reino árabe que ocupaba el sur de la Península Ibérica, para los que no son de aquí), a las estepas rusas y a contactar con Bizancio, donde los vikingos serán bien apreciados llegando a formar un cuerpo militar de élite al servicio del Basileus: la guardia varega.

    Pero no solo era para saquear todo lo que encontraban a su paso. También se realizaban algunas transacciones. Debemos recordar que los vikingos, además de guerreros y marineros, eran grandes artesanos y comerciantes. Uno de los recursos más apreciados por estas gentes era el ámbar. ¿Por qué? Porque servía para realizar costosas y apreciadas reliquias religiosas y amuletos.

    ¿Qué hizo que nuestros colegas nórdicos llegaran tan lejos? Sus barcos, obviamente. El secreto de los drakkar y las snekkias (este último tipo servía para el transporte de mercancias) residía en su baja quilla, lo que permitía que estas embarcaciones pudieran remontar los cauces fluviales, pudiendo llegar a zonas alejadas de la costa.

    Tanto fue el éxito de estos barcos que se llegaron a usar hasta el siglo XIV. De hecho, algunos mercaderes de la Liga Hanseática los usaban para poder comerciar con las poblaciones que se encontraban cerca de los ríos.

    Y hasta aquí mi informe. Espero que os haya gustado y si véis algún error, comunicádmelo.

    ¡Nos vemos!

  • La geisha que quería matar a un oni./

    Escrito por Platov el 09/10/2011
    ¡Buenas, chavalada!
    Siento no actualizar esto tan a menudo pero ya se sabe: master is master.

    Como ya habéis podido comprobar (y los que no, aún estáis a tiempo) he colgado un segundo dibujo en Subcultura. Concretamente, una geisha que le tenía prometida a LadyEboshi (creedme: mi vida corría peligro si no la hacía. XD).

    Al igual que con el dibujo para Milord, el Vikingo, veo que os gustado horrores y os lo agradezco.

    Eso hace que tenga más fe en mi faceta como dibujante.
    Como pongo en mi comentario, pensé que me saldría una geisha demasiado "masculina" tras años de no dibujar mujeres. Y me equivoqué. Me salio como yo tenía pensado. Es la primera vez que un dibujo me sale tal cual lo tengo plasmado en mi mente.

    Esto hace que empiece a pensar seriamente en subir un cómic a esta nuestra comunidad. El problema es que no sé si el máster me dejará tiempo para hacerlo. Por ello, tengo dos alternativas: si tengo tiempo, puedo hacer una historia larga, dividida en capítulos. Si no, serían una serie de tiras autoconclusivas.

    Veré que es lo que puedo hacer.
    Pero antes, ¿cuál es vuestra opinión sobre toda esta tontería?

    ¡Nos vemos!
  • Primeros días del Máster de Arqueología./

    Escrito por Platov el 06/10/2011
    Buenas, camaradas.

    Bien, hoy sigo un poco con el tema del máster. Siento no hablar sobre cosas históricas o chorradas. Hasta que no me adapte a la nueva rutina que supone el MA, tendréis que esperar un poquito.

    Las primeras clases han sido y son sobre legislación: que qué es un bien de interés cultural, que dónde hay que rellenar permisos, etc, etc.

    Sí, lo sé, suena bastante rollo. En parte. Algunas de las clases han sido interesantes pero otras... ¡bufffff! Ayer vimos la legislación sobre patrimonio de las 17 comunidades autónomas. Una por una. Incluso la profesora nos dijo que era un rollo y que no hacía falta memorizarlo todo porque lo único que nos interesa es la de Murcia.

    Más cosas. El día 17 tenemos el examen de esta parte. Lo bueno que tiene es que tendremos las cosas frescas en el cerebro ya que los temas se dan todos seguidos, nada de alternar diferentes asignaturas como en la carrera. Lo malo, bueno, que no sabemos a ciencia cierta que nos van a poner. Según mi colega David, que hizo el MA el año pasado, la prueba no es nada del otro mundo y que, posiblemente, sea un caso en el que tendremos que decir porqué el juez dio o no la razón a una parte.

    En fin, que así va la cosa.

    Por último, algo que no tiene nada que ver con esto.

    Veréis, había pensado en comenzar un cómic en Subcultura. El problema es que le tengo que dedicar tiempo al máster así que creo que debería ser una serie de tiras autoconclusivas en lugar de una historia larga, por capítulos. Vamos, algo que pueda dibujar rápido y que no me ocupe mucho tiempo (este año hay que tomárselo en serio. Nada de promesas vacías como en la carrera).

    ¿Alguna opinión o insulto? Gracias.

    ¡Nos vemos!
  • El Día D./

    Escrito por Platov el 03/10/2011
    http://www.youtube.com/watch?v=QZm4zseMok0
    (Musiquilla para ambientar el post)

    ¡Damas y caballeros! ¡Ha llegado el día!

    Creía que jamás lo haría. Parecía una fecha lejana en el calendario pero ya está aquí.

    Sabemos a lo que nos enfrentamos.
    Sabemos que son muchos.
    Pero nosotros somos más.
    Llueva, nieva o caiga un sol de justicia permaneceremos firmes ante la adversidad.
    Sé que muchos de nosotros no llegaremos al final. Sé que nuestros nombres jamás aparecerán en los libros de historia. Tan solo los elegidos lo conseguirán pero eso son solo castillos en el aire.

    ¡Estamos preparados! ¡Nadie nos vencerá!
    ¡Se arrepentirán de cada uno de los pasos que han dado!
    ¡Lucharemos con valentía! ¡Moriremos con honor!

    ¡Este Máster no podrá con nosotros!

    ¡Primo Victoria!
  • Ayer jugué a Bioshock: confesiones de un tío al que le gusta el dieselpunk./

    Escrito por Platov el 01/10/2011
    Aquí estoy de nuevo, lleno de experiencias personales que compartir.

    No os confundáis con el título: esto no va de videojuegos.
    Me explicaré.

    Ayer viernes, en la casa de los colegas con los que nos juntamos para rolear un rato, teníamos un problema: habían comenzado una partida en la que José y yo no podíamos participar, ya que era cerrada.

    Así que a mi colega Fabián se le ocurrió la idea de que para no aburrirnos, nos encendió la XBox.
    No sabía que juego puso, ya que mientras José jugaba, yo estaba lavando los platos que usamos para la comida.
    Cuando terminé, fuí para allá. Cual fue mi sorpresa al ver el juego al que estaba jugando: Bioshock.
    Tenía unas ganas locas de jugar a este y Fabián lo sabía, por eso lo puso.

    Para el que no sepa de que va, encarnas a un superviviente de un accidente aéreo en medio del mar. Un extraño batiscafo, que funciona de forma automática, te recoge y te lleva a una ciudad submarina de nombre Rapture. Esta ciudad fue un experimento sociológico creado por un tal Andrew Ryan para crear la sociedad perfecta: sin reyes, sin amos, solo la libertad. Pero algo malo ocurrió. Algo relacionado con una extraña sustancia que otorga superpoderes a quien se la inyecta. El caos y la codicia se adueñaron de Rapture... Y tú estas en medio, sin saber donde estas y rodeado por los enloquecidos y mutados habitantes de la ciudad condenada.

    Pero no hablamos del juego, hablamos de la ambientación. Esa ambientación dieselpunk años 50 que me encanta.

    Adoro el dieselpunk tanto como el steampunk pero el primero tiene un nosequé que hace que esboce una sonrisa de oreja a oreja.
    Será el art decó, los inventos que parecen sacados de la mente de Nikola Tesla, la música de Glen Miller o el romanticismo pulp que llevo en mi corazón. No lo sé.

    Me encantan cosas como Doctor Who, Sky Captain y el mundo del mañana; Gear Krieg, Fallout o el propio Bioshock.

    Sí, soy así de raro. Cada vez que imagino algo de ciencia ficción siempre lo paso por un filtro años 30, 40 o 50. No lo puedo remediar. Es algo que me puede.

    En fin, espero que no os halláis aburrido con mis chorradas no históricas.

    ¡Nos vemos!
  • El master que llegó de las profundidades./

    Escrito por Platov el 28/09/2011
    ¡Por fin!

    Mis alargadas vacaciones desde marzo hasta ahora mismíco concluyen el lunes que viene porque ese día...

    ¡COMIENZA EL MASTER DE ARQUEOLOGIA! (inserte rayos y truenos)

    Sí, amigos. Ya me ha llegado el correo con la fecha: lunes, 3 de octubre, a las 17:00 Hora Zulú.
    Y empezamos con una conferencia sobre la Edad del Cobre en Andalucía. ¡Ahí! ¡Con un par!

    Ya os iré contando más cosas en próximas ediciones de "El Correo del Atamán".

    ¡Permaneced conectados!

    PD: Esto va para Lady_Eboshi... ¿Has visto ya mi geisha? ¿Qué te parece? ¡Por Dios! ¡Contesta!
  • Conclusiones sobre mi dibujo para Milord, el Vikingo./

    Escrito por Platov el 25/09/2011
    Bueno, chavales y chavalas, ¿cómo va la cosa?

    Hoy toca una reflexión personal, de esas que se me ocurren cuando no tengo nada mejor que hacer o cuando se me han acabado las ideas para el blog.

    Como todos los seguidores (no digo fan porque fan viene de fanático y eso no le gusta a nadie) del webcómic creado por byAtx "Milord, el Vikingo" saben, envíe un dibujo: un pequeño chiste sobre lo que aconteció en Lindisfarne el año 793 d.C., siendo el primer contacto que se tuvo con el pueblo vikingo.
    Si no lo habéis visto, bueno, echadle un ojo. Si os atrevéis.

    Como habéis podido comprobar, mi estilo de dibujo no es para tirar cohetes. Es una extraña mezcla entre una miniatura de códice medieval (de hecho, dibujo a un tamaño muy pequeño porque es como mejor me salen), Ibáñez, Groening y los carteles de propaganda de la Unión Soviética.
    Sí, son los cuatro estilos que han definido mi forma de dibujar.

    Hace mucho tiempo dibujaba pero, por causas de fuerza mayor, lo fuí dejando. Cuando entre en Subcultura, me empezó a picar el gusanillo del lápiz. Tenía proyectos para hacer un cómic pero no me veía capaz de ello y el arte de muchos de vosotros me hacía pensar que, seguro, seguro, esta gente señalará mi dibujo y lanzarán la risa de Nelson Muntz.

    Parece que os ha gustado.
    Os doy las gracias a todos los que me habéis dado ánimos para hacerlo.
    Tal vez sea pronto para subir un cómic pero ya mejoraré. Espero.

    Por eso, y repito hasta el infinito y más allá, gracias por apoyarme.

    ¡Nos vemos!

  • El Cantar de la Hueste de Igor: como el mío Cid pero con rusos, ucranianos y cumanos./

    Escrito por Platov el 22/09/2011
    Un nuevo post sobre historia se alza impasible ante vuestras miradas de asombro y regozijo (que repelente me ha quedado esto).

    Bueno, hoy vamos a ver algo sobre cantares de gesta. Sobre el único cantar de gesta que he leído en mi corta vida.

    Todo comenzó con el seminario de grandes batallas que haciamos hace poco con un profesor, con el mejor profesor que puedes encontrar en la universidad de Murcia.
    En este seminario, cada uno de los participantes podíamos elegir un tema, en este caso una batalla.
    El primer año que participé, escogí Hastings, de ahí lo del post sobre el Tapiz de Bayeaux.
    Pero el siguiente año quise escoger un tema original. Un día, ví que este profesor (de nombre José Antonio) llevaba un pequeño libro en la mano de la editorial Gredos, subdivisión de clásicos medievales (je, je). Cuando le pregunté de que iba él me enseñó el título: "El Cantar de la Hueste de Ígor". Yo le pregunté: "¿De qué va esto?". Y el me contesto: "Es el cantar de gesta ruso". Yo esbocé una sonrisa. Él sabía lo que me encanta la historia de Rusia, así que me dijo que si quería exponerlo en el seminario. Sería un tema original: como una batalla pasaba, con el paso del tiempo, a ser una leyenda patria, el germen de una nación. Yo le dije sin pensarlo que sí.
    Le pedí a mi colega David que me lo pidiera a través de la web de "La Casa del Libro". Y cuando llegó me lo leí de sopetón (es cortito. Se puede leer en una tarde). Y me encantó.

    Vale. Dejemos a un lado mis experiencias personales y vayamos al grano. ¿De qué va eso del Cantar de Ígor?

    El Cantar narra la historia de Ígor Svjatoslavich, príncipe de Novgorod.
    A finales del siglo XII, los principados rusos estaban siendo invadidos por los polovcanos, que es como conocen los rusos a los cumanos, un pueblo de las estepas orientales primo hermano de los mongoles.
    Uno de los estados en los que ponen el pie (y las pezuñas) estos cumanos es el de Novgorod.
    Ígor, su príncipe, no consiente que estos demonios de las estepas aniquilen a su gente y arrasen sus tierras. Así que decide llevar acabo una expedición para expulsar a los polovcanos de las estepas de Ucrania.
    Acompañado por su hermano, su hijo y algunos otros príncipes eslavos, Ígor se dirige hacia la región tomada por estos jinetes. La mala suerte hizo que el príncipe fuera capturado en la batalla y las huestes del principado vencidas.
    Pero Ígor consigue escapar y volver con su esposa para poder preparar la venganza contra los cumanos.

    El relato, como buen cantar de gesta, está lleno de simbolismo. El más fascinante y épico es el del ejército de Ígor marchando contra un eclipse. Este fenómeno astronómico ocurrió de verdad, según la Crónica de Novgorod, pero en el poema tiene otro significado: el héroe marchando valiantemente hacia la oscuridad para enfrentarse al mal cara a cara.
    Otros conceptos simbólicos aparecen en forma de rasgos arcáicos de la antigua religión pagana eslava: las referencias a los vientos como hijos de Stribog, dios eslavo de los cielos; que la naturaleza se marchite al conocer la derrota del príncper o que el propio Ígor tenga una conversación con un río.
    Pero el cantar también es un llamamiento a los príncipes para que adopten definitivamente la religión cristiana. Esto viene reflejado en el lamento de Jaroslavna, la esposa de Ígor. Dios, apiadándose de ella, abre un camino a tra´ves de la niebla para que su marido y sus aliados puedan escapar del campamento polovcano.

    Como véis, es un relato apasionante.
    Y os preguntaréis: "Si viajo a Rusia, ¿dónde puedo ver el manuscrito original?". Pues lo siento, porque lo que se conserva es una copia. Desgraciadamente, el original se perdió en el incendio de Moscú, en el año 1812, que se provocó para que Napoleón no pusiera el pie en la ciudad.

    El cantar inspiró al compositor Aleksander Borodin para crear una ópera, la cual no pudo completar debido a su muerte por un ataque al corazón. Fueron Rimsky-Korsakov y Glazunov los que retomaron el proyecto, con gran éxito.

    Y este es el Cantar de la Hueste de Ígor. Os recomiendo de todo corazón que lo leais.

    Espero que os halla gustado. ¡Nos vemos!
  • Pat Dooling: Ranger de Texas (Un pequeño relato corto basado en un hecho real, en parte)./

    Escrito por Platov el 20/09/2011
    El Alcalde estaba desesperado. Harto y enfadado, habría que añadir.

    Hacía tres días que esos forajidos idiotas habían llegado al pueblo. Desde ese día, la paz desapareció. Todas las mañanas, los ciudadanos se levantan con los gritos, disparos y broncas de estos tipos. Saqueaban los negocios, acosaban a las buenas gentes y ellos decidían que estaba bien y mal.
    El sheriff se acercó al saloon, ahora base de estos malnacidos, para acabar de una vez con el gobierno de terror de esta banda. Ahora yace a dos metros bajo tierra, con diez agujeros de bala en el pecho, en el cementerio.

    Era hora de poner fin a esta situación.
    Con el beneplácito del consejo de ciudadanos, reunido a escondidas a un establo, el Alcalde fue al puesto telegráfico para enviar un mensaje de socorro al Gobierno de Texas. El miedo era tal que hasta el propio telegrafista recibió al Alcalde empuñando un Winchester.
    El líder de esta pequeña localidad sabía que no podía hacer nada él solo. ¡Por el amor de Dios! Él solo entendía de política y de dar discursos. El único arma que había empuñado en toda su vida era la pistola de fogueo que usaba para dar la salida en la carrera de caballos que se celebraba todos los años con motivo del aniversario de la fundación del pueblo.
    Necesitaba alguien que acabara con estos forajidos y, con el sheriff criando malvas, los únicos que podían acudir a su llamada eran los Rangers de Texas.

    ¡Ah! Los legendarios defensores de la ley, montados a caballo. Nadie les levantaba la mano, nadie en su sano juicio les disparaba. Y parece que Dios se apiadó de las gentes del pueblo porque la respuesta al telegrama fue clara y concisa: "Le enviaremos la ayuda que necesitan por tren".

    El Alcalde esperó dos días a que llegara el tren de Houston. Algunos viajeros se bajaron, sin saber la triste realidad del pueblo pero uno de ellos llamó la atención del Alcalde.
    Iba vestido con una larga gabardina y un sombrero de vaquero. En el lado izquierdo, a la altura del corazón, llevaba la reconocible placa con la estrella solitaria: un ranger.
    El hombre se acercó al Alcalde.
    -Hola, Soy Pat Dooling. Soy el ranger- le dijo mientras el hombre de la ley fumaba un cigarrilo.
    -¿Perdone?-pregunto el alcalde algo nervioso- ¿Es usted el único?
    -Se supone que solo tienen un disturbio, ¿no?
    -Eh... Sí... Pero es que son seis hombres.
    -Pero sigue siendo un disturbio, ¿no?
    -Visto así...-el Alcalde tuvo que aceptarlo.
    -¿Dónde se supone que estan esos hijos de perra?- preguntó el ranger de forma despreocupada. Daba la sensación que había visto esto todos los días.
    -En el Saloon- respondió el Alcalde- ¡Mataron al sheriff! ¡Esos malnacidos mataron al sheriff y aterrorizan a la población!
    -Veré que puedo hacer- dijo Pat.

    El ranger se dirigió con paso firme hacia el edificio de dos plantar. De su interior salía el sonido de la juerga: música de pianola, gritos y golpes.
    Pat entró. Lo que vió pareció no sorprenderle: los seis hombres tenían aterrorizados a todos los clientes. Uno de ellos disparaba al pianista para que siguiese tocando. Otro estaba aporreando a uno de los habitantes de la ciudad y otro intentaba pasarse con la camarera. Faltaba uno. "Probablemente, ese cabrón esté arriba", pensó Pat.
    Tiró el cigarrilo al suelo y lo apagó aplastándolo con su bota. Tomó aire.
    -¡¡¡¡SILEEEEEEEEENCIOOOOOOOO!!!!- gritó el ranger. El grito fue tal que todos callaron y miraron al hombre de la ley.
    El que parecía el jefe de los forajidos se adelantó.
    -¿Quién demonios se supone que eres?- preguntó.
    Pat enseñó su placa.
    -Soy Pat Dooling, ranger de Texas. Una persona con la misma inteligencia que una mula sabría que, ante mi presencia, sería mejor mostrarme algo más de respeto.
    -¡Elmer! ¡Nos ha insultado!-gritó uno de los maleantes a su jefe.
    -Oye, amigo-le dijo Elmer a Pat- Esta ciudad nos pertenece. Mira, hagamos un trato: tú haces la vista gorda y nosotros te dejamos marchar en paz. ¿Eh? ¿Qué te parece?
    -Déjame que me lo piense...-Pat se llevó la mano a su mentón de forma cómica- ¡No! Tengo un trato mejor: podéis iros por las buenas o por las malas. ¿Qué me decís a eso?
    Mientras Pat decía esto, el tipo que estaba arriba salió de una habitación. Sigilosamente, sacó una escopeta de doble cañón y, apoyándose en la balaustrada del piso de arriba, apuntó al ranger.
    Pero lo que no se esperaba este tipo es que, sin ni si quiera mirar, Pat desenfundó una de sus dos Peacemaker y disparó contra el francotirador. El hombre soltó la escopeta y, llevándose la mano al pecho dolorido, cayó con todo su peso muerto al suelo, rompiendo la balaustrada.
    -Vuestro amigo decidió irse por las malas- dijo Pat- ¿Qué decidís vosotros?
    El jefe de los forajidos se quedó de piedra.
    -Bien, habéis elegido la elección correcta. Ahora, dejad vuestras armas sobre esa mesa y salid de aquí. ¡Ahora!
    Cada uno de los hombres dejó su arma en la mesa ante la autoritaria orden del ranger.
    Pat se hizo a un lado para que los malenates pudieran salir, mientras les apuntaba con su arma.

    El ranger siguió a los tipos hacia sus caballos. Se dirigió al jefe.
    -Escucha, niño de mamá- le dijo de forma amenazante- Si os vuelvo a ver amenazando a gente inocente te aseguro que no seré tan misericordioso como hoy, ¿lo has entendido?
    -Lo... Lo he entendido- dijo el forajido con la voz atrancada por el miedo.
    -No te he oido- insistió Pat- ¿Entendido?
    -¡Entendido!- gritó el hombre. Su voz sonaba tan aguda por el terror que hizo el mismo ruido que el del grito de una rata cuando le pisan la cola.
    -Muy bien. Y, ahora, fuera de mi vista- dijo Pat.
    Los forajidos comenzaron a cabalgar hacia las afueras del pueblo, completamente desarmados.
    La gente, al ver que estos se iban, salio a las calles, aplaudiendo y vitoreando al ranger. Un niño le lanzó una piedra a uno de los jinetes. Este se volvió para atizar al chico pero la visión de la figura del ranger hizo que se arrepintiera de lo que iba a hacer y volvió con el grupo de ladrones.

    El Alcalde se acercó corriendo hacia Pat, el cual estaba encendiendo otro cigarrillo con una cerilla.
    -¡Gracias! ¡Muchísimas gracias por ayudarnos!- le agradeció el Alcalde, visiblemente emocionado.
    -Cumplo con mi deber- le contestó Pat de forma serena.
    -¡Por favor!- dijo el Alcalde- Quedese a cenar con nosotros, se lo ruego. El tren de vuelta a Houston no vuelve hasta dentro de seis horas.
    -Bien. ¿Qué es lo que tienen de cenar por aquí?

    FIN
  • ¡El Mes de las Tetas les necesita, caballeros!/

    Escrito por Platov el 14/09/2011
    Octubre...

    Siempre que mencionamos el mes de octubre lo primero que se nos viene a la cabeza es a un montón de rusos enarbolando banderas rojas con hoces y martillos dibujadas. O a Sean Connery interpretando a uno de estos rusos a bordo de un submarino.

    Pero en Subcultura y en la red, el mes de octubre tiene una connotación especial: es el Mes de las Tetas.

    Si ahora mismo hay algún adolescente salido leyendo este post, por favor, que abandone ahora mismo la sala y que s pregunte avergonzado cuál es su función en esta vida.

    Porque el Mes de las Tetas no es nada misógino o digno de las horas más bajas de Torrente.

    El Mes de las Tetas surgió hace tiempo por idea de Zirta (creadora del cómic Oseano) para concienciar a la gente sobre el cáncer de mama, cosa que afecta tanto a mujeres como a hombres (sí, el cáncer de mama también afecta a los hombres, señorita Pajín), pero sobre todo a las mujeres.

    Este año, nuestro colega Afunnyname es el encargado de dirigir esta loable y noble causa.

    ¿Qué cómo podéis participar? Muy sencillo.
    Cual dibujante de carteles de propaganda, debéis dibujar a uno de vuestros personajes femeninos de la forma que mejor se os ocurra para concienciar a la gente sobre esta enfermedad.
    Sí, podéis pensar que hacer dibujitos no ayuda a nada, que si es algo hipócrita y que si patatín patatán...
    Pero es mejor hacer algo, por pequeño e insignificante que sea, que quedarse de brazos cruzados en nuestro mundo de unicornios y ríos de chocolate.

    Yo que no tengo cómic, no puedo.
    Pero vosotros sí, así que moved el culo y el lápiz.

    ¡Porque juntos acabaremos con el cáncer de mama!
    ¡Porque el Mes de las Tetas les necesita, caballeros!
  • ¡Estúpida web de la Universidad de Murcia!/

    Escrito por Platov el 13/09/2011
    No es la primera vez que me pasa y eso hace que me cabree mucho.

    En la página web de la Universidad de Murcia me pongo a ver el día de comienzo del máster. Para mi sorpresa, aparecen dos fechas: 14 de septiembre (o sea, mañana) y 20 de septiembre (el martes que viene).

    ¿Cuál es la correcta? ¡Estoy que me subo por las paredes! ¡Joder! ¿No pueden dejarlo más claro o qué?

    Y así de informativa es la web de nuestra "amada" universidad.
  • El Tapiz de Bayeaux: ¿el primer cómic de la historia?/

    Escrito por Platov el 11/09/2011
    ¡Buenas a todos!

    Ante todo, muchas gracias por felicitarme el día de mi cumpleaños. Me hizo mucha ilusión.

    Tras el paréntesis que supuso el pequeño relato que escribí, voy a volver a las curiosidades históricas, si me lo permitís, amables doncellas y caballeros.

    ¿Qué es Subcultura? ¡Vaya pregunta! Subcultura es una comunidad en que cualquiera puede colgar sus cómics de forma rápida y segura. ¡Cómics! ¡Eso es Subcultura! ¿Y qué tiene que ver eso con un blog sobre chorrisandeces históricas? Pues tiene que ver con la siguiente pregunta, ¿cuál fue el primer cómic de la historia?

    Bueno, podíamos pensar que las pinturas rupestres fueran los primeros coletazos de este noble arte, si bien estas pinturas tienen un carácter más bien simbólico y religioso (votivo, como les gusta llamar a los prehistoriadores a este tipo de cosas) que de representación pictórica.
    ¿La Columna Trajana? Sí, podría ser. En ella se cuenta la vida y milagros de Trajano pero tener que levantar el cuello hasta que te entre tortícolis no es mi idea de cómic.

    Entonces, ¿cuál fue?

    Para responder a esta pregunta debemos retroceder al siglo XI. En el año 1066, Europa cambió para siempre. Un joven llamado Guillermo, hijo bastardo del duque de Normandía y heredero legítimo tanto de este ducado como del Reino de Inglaterra por orden de Eduardo "el Confesor", salió hacia el país del "té a las cinco" para reclamar el trono del reino que había sido usurpado por el anglosajón Harold II. El éxito de Guillermo hizo que pasara de ser llamado "el Bastardo" a recibir el épico calificativo de "el Conquistador".

    Entre los años 1070 y 1077 la esposa del nuevo rey de Inglaterra, Matilde, se le ocurrió que para que la gesta de su marido quedase grabada en los anales de la historia, bordaría un tapiz. Un magnífico tapiz que abarcaría desde la visita que hizo el usurpador Harold a Normandía en el año 1064 hasta la coronación de Guillermo. Esta obra de arte fue bautizada como el "Tapiz de Bayeux".

    Este colosal pedazo de tela estaba formado por ocho piezas de lino de medio metro de alto, llegando a medir en su totalidad 70 metros de largo, aunque los ocho últimos metros (los que representaban la coronación del Conquistador como rey de Inglaterra) se perdieron.

    En el tapiz se representan un total de 623 personas y 800 animales, así como un montón de objetos y árboles.

    Entre las escenas que se pueden ver, destacan la muerte de Eduardo I, la usurpación del trono por Harold, la batalla de Hastings, el momento en el que Guillermo tuvo que quitarse el casco para disipar los rumores de su muerte en plena batalla y la muerte de Harold que, como ya sabéis, murió cuando se retorcía de dolor en el suelo tras haber sido alcanzado por una flecha en un ojo.
    Cada una de las escenas del tapiz se explica con una frase en latín, lo que le da ese toque de cómic.

    Como curiosidad, el tapiz es también la primera representación pictórica del que en un futuro será el cometa Halley. Aparece en la usurpación del trono por Harold y, como buen designio celeste, era considerado como una señal de que algo malo iba a pasar. Tuvieron razón.

    En época victoriana, cuando el sol nunca se ponía en el Imperio Británico y la reina Victoria tenía que llevar gafas de sol todo el día, se hizo una copia. Se pueden distinguir el original con la copia por un detalle.
    Una de las escenas representa a una mujer junto a un hombre desnudo. No se sabe muy bien si esta escena representaba algún tipo de escándalo sexual o algo así. Como los inglese victorianos eran muy recatados y pudorosos (¡JE!), decidieron que era mejor "vestir" al tipo desnudo.

    Y esa es la historia del que, probablemente, fue el primer cómic de la historia.

    ¡Nos vemos!
  • ¡Es tu cumple, es tu cumple, es tu cumple, niña o niño!/

    Escrito por Platov el 09/09/2011
    Pues eso.

    Hoy, día 9 de septiembre, es mi cumpleaños.
    ¡26 añacos, qué se dice pronto!

    En fin, solo lo digo porque quería usar esa magnífica canción de Wall E. Weasel como título del post. XD

    ¡Nos vemos!
  • Mercaderes, arcos compuestos y orcos (Cuarta Parte)./

    Escrito por Platov el 05/09/2011
    Bueno, tras la parada por motivo de las fiestas de mi pueblo (muy provechosas, oye. Ver al tío que me hacía la vida imposible en el colegio disfrazado de mala manera de pitufo no tiene precio), seguimos con este simulacro de relato.

    A ver si lo termino ya que estoy deseando hablar de otras cosicas, lechugas.


    La mañana siguiente hubiera sido una mañana muy hermosa si no fuera por la cara de preocupación, terror y enfado de Gerhardt. Enfado que pagaría con Magnus.
    -¡Vamos, Gerhardt! Seguro que hacemos buenos negocios con el Khanato. ¡Venga! Ya verás como nos divertimos-decía Gerhardt haciendo una sarcástica imitación de Magnus.
    -¿Y yo qué sabía?-contestó el enano- Nunca nos ha pasado algo como esto.
    -Pues ya ves.
    -¡Silencio!-gritó Subotai- Si seguís así llamaremos la atención de esos engendros.

    El viaje era tortuoso pero no tan cansado que el hecho por la estepa. Por lo menos viajan por los antiguos territorios de Qiang. Según los exploradores del Khan, los demonios se ocultaban en una cueva, a una larga distancia de Xiwao.
    -Una cueva-decía el padre Klauss, algo preocupado- Una entrada hacia La Brecha.
    Esta última aclaración hizo que hasta a Anatu, con su aire aguerrido, se le pusieran los pelos de punta.
    La Brecha... La entrada hacia el inframundo. El hogar de los Siete Hijos del Dragón, deseosos de vengar la muerte de su padre a manos de San Jorge. Horrible era una palabra que no llegaba para describir al infierno de El Orbe. Y lo que más llamaba la atención es que existía gente tan mezquina que adoraba a Avaricia y a sus hermanos.

    Casi llegando a su destino, se encontraron con lo que una vez fue un asentamiento orco. La yurtas estaban quemadas. Desperdigados por el camino estaban los cadáveres descuartizados de hombres, mujeres y niños orcos.
    -Ira- exclamó el padre Klauss mientras agarraba con fuerza su colgante con el Rostro de Falkmar.
    -¡Malditos demonios!-grito Sir Robert- ¡Pagaran cara la muerte de tantos inocentes! ¡Lo juro por la Lanza Sagrada de San Jorge!
    -Tranquilo, britano- le dijo Anatu- ¿Sabes cómo atacan los guerreros poseidos por Ira? Te despedazan con sus armas a tal velocidad que no puedes pedir clemencia. No tienen miedo.
    Gerhardt estaba todavía más aterrorizado. Era un simple comerciante, no tenía formación militar. Tan solo sabía manejar esa espada corta que siempre llevaba como protección y, casi nunca, la había utilizado. Tan solo contra ladronzuelos y salteadores de caminos muertos de hambre pero contra una montón de guerreros poseidos por Ira, jamás.

    -Oigo algo- dijo Magnus mientras señalaba hacia los restos de una yurta- Allí. ¡Mirad! Es... ¡Es un niño!
    Tal vez el único superviviente de la masacre, un pequeño niño orco caminaba tambaleándose hacia los viajeros. Estaba herido y su rostro estaba sucio por las cenizas de la batalla. Subotai descabalgó y salió corriendo hacia la criatura con un odre de agua. Lo cogió entre sus brazos y le dió de beber. El niño comenzó a balbucear algo en orco, algo que pareció sorprender al príncipe. Dejó al niño en el suelo y ordenó a dos de sus hombres que lo llevaran de vuelta a Xiwao.
    -¿Qué... qué os ha dicho el niño?- preguntó Gerhardt.
    -Parece que nos enfrentamos a un Iluminado- contestó el orco.
    -¿Cómo?
    -El niño dijo que los horribles guerreros estaban comandados por un qiangnés.
    La respuesta dejó a todos con una gran preocupación.

    Siguieron adelante hasta llegar a la cueva. Descabalgaron y comprobaron sus armas. Los lansquenetes se cuadraron y recibieron órdenes de su capitán.
    -Muy bien- dijo Subotai- Es hora de entrar.

    No necesitaron ninguna iluminación pues del interior de la cueva brotaba luz.
    -Creo que son ellos-dijo Gerhardt.
    Los viajeros fueron hacia la luz, despacio, en silencio, para no levantar sospechas.
    Pero un Iluminado recibe poderes del Hijo del Dragón al que adora y los de Ira tienen los sentidos agudizados para el combate.
    Un estruendo sonó, seguido por un montón de gritos inhumanos. Los guerreros se acercaban corriendo.
    -¡A las picas!- gritó el capitán de los lansquenetes pero fuen en vano. La estrechez de la cueva impedía formar y muchos de los soldados altos elfos murieron descuartizados, incluido el capitán.
    No pasó lo mismo con nuestros amigos.
    -¡Venid, cobardes!- gritó Sir Robert mientras bajaba la visera de su yelmo. Con un suave movimiento del brazó consiguió darle un tajo mortal a uno de los guerreros.
    -¡Son orcos!- gritó Magnus tras descabezar a uno con su hacha. En efecto, eran orcos. Pobres guerreros orcos que habían sido corrompidos por el poder de Ira que portaba el Iluminado. Todos llevaban en la frente, marcado a cuchillo, el símbolo de Ira: dos hachas ensangrentadas.
    Anatu desenfundó dos largos cuchillos de factura ishtariana. La elfa oscura comenzó a saltar y a esquivar con agilidad felina, destripando a todo orco poseido que se encontraba en su camino.
    Gerhardt desenfundó su espada. Parecía que la cosa iba bien. Consiguió atravesar a uno de los poseidos y cortarle la mano a otro. Derrepente, sintió que algo se abalanzaba sobre él: uno de los poseidos iba a caer sobre su cabeza. Sabía que era el fin. Hasta que una flecha impactó entre las cejas del guerrero. El alto elfo se giró y vió a Subotai apuntando con su arco.
    -Os estoy agradecido- dijo Gerhardt.
    -No es el momento para ello- dijo el príncipe- ¡Vamos! ¡Al interior!

    Llegaron a una gran sala. La visión de lo que allí había ponía los pelos de punta: cráneos apilados, jarras llenas de sangre y un gran estandarte con el símbolo de Ira.
    Allí, delante de este, había un qiangnés. Iba vestido como un oficial del ejército y su cuerpo presentaba los síntomas de ser el Iluminado que andaban buscando: era una masa de músculos con los ojos inyectados en sangre.
    -¡Ja, ja!-rió de forma estruendosa- Creía que me iban a enviar a otro destacamento de escoria orca para convertirlos a la causa de mi señor pero... ¿Qué es lo que veo? Al mismísimo príncipe Subotai acompañado por un montón de alfeniques. ¡Esta será una gran victoria!
    -¿Quién se supone que eres tú?- preguntó Subotai con ira contenida.
    -Soy el comandante Cao Pei, siervo del Señor de la Guerra y del príncipe Fu Qiang- contestó el Iluminado con sorna.
    -Así que ahora el príncipe Fu utiliza los poderes de los Siete para recuperar su reino. ¡Blasfemo!
    -¡No, querido príncipe de los orcos! No, os equivocáis. Él no sabe nada de esto. Él cree que morí luchando contra vosotros, gusanos infectos. Cuando estaba a punto de morir hice un pacto con Ira. Le dije que si me dejaba reconquistar los territorios imperiales le serviría para toda mi vida. ¡Y veo que va a hacer mi sueño realidad! ¡JA, JA, JA!
    -¡Miserable! ¿Acaso no sabes qué les ocurre a los que realizan pactos con los Siete y fallan?
    -¡No, por que a mí nunca me va a pasar!- Cao Pei se abalanzó contra Subotai. El príncpie consiguió para el golpe con su espada pero la fuerza sobrenatural del comandante hizo que callera de espaldas al suelo y se golpease la cabeza, quedando inconsciente.
    -¡Muere, escoria!- gritó Pei.
    -¡Hacer algo, padre!- gritó Gerhardt al padre Klauss.
    -Hay poca luz pero creo que...- el sacerdote levantó el Rostro de Falkmar hacia Cao Pei- ¡Falkmar! ¡Ayúdanos! ¡Los impíos intentan hacernos daño!- el colgante comenzó a iluminarse- ¡Trae tu luz e ilumina las sombras! ¡Márcanos el camino!- el colgante irradiaba más luz- ¡CIEGA AL MALVADO!- un rayo de luz solar salió del colgante e impactó en los ojos del Iluminado.
    -¡Aaaargh! ¡Mis ojos! ¡No veo!- gritó Pei llevándose las manos a sus ojos.
    El Iluminado andaba a ciegas y casi aplasta a Subotai.
    Gerhardt se abalanzó contra la enorme figura y atravesó su cuello con su espada. Cao Pei cayó hacia atrás y formó un estruendo tras golpear el suelo.
    -¡No! ¡No!- gritaba entre estertores de agonía.
    Derrpente el suelo comenzó a temblar. Una grieta de la salía olor a azufre y la luz de un río de lava se abrió. Gerhardt consiguió apartar a Subotai antes de que se lo tragase. De ella, surgió un guerrero. Llevaba un casco astado, vestía un traje tejido con pieles, con una cota de malla y portaba dos grandes hachas.
    -¡Mi señor!-gritó Cao Pei.
    -¡Tú! ¡Sucio insecto! Te concedo el mayor don que jamás podías tener y lo malgastas ante un elfo. ¡Un estúpido! ¡Sabrás lo que ocurre cuando alguien me decepciona!
    -¡No, por favor! ¡Mi señor! ¡Nooooooo!- Ira cogió a Cai Pei y se lo llevó a La Brecha, donde su alma sería usada para probar las nuevas armas del ejército del infierno.
    La grieta se cerró.
    -¿Qué... qué ha pasado?- Subotai había despertado y estaba algo desorientado.
    -Tranquilo, majestad- dijo Gerhardt- Hemos acabado con los "demonios de la estepa".

    Volvieron a Xiwao. Allí les recibió el Gran Khan. Subotai le contó a su padre la hazaña que había llevado acabo Gerhardt para acabar con el Iluminado. Gracias a eso, Tesugei aceptó el tratado de comercio.
    -Has demostrado tu valentía- dijo el Khan- y, además, le has salvado la vida a mi hijo. ¡Tomad!
    Salieron de la Gran Yurta y se encontraron con un carro lleno de arcos compuestos.
    -Espero que tengáis un buen viaje de regreso- dijo Tesugei.
    -Gracias, Gran Khan- contestó Gerhardt- Ha sido todo un honor conoceros.
    -Adiós, Gerhardt Festung- dijo Subotai- Y a todos vosotros. ¡Qué Tengri os guíe!

    Los viajeros partieron de vuelta a Hanse, al Imperio Solar.
    Después de todo, había sido un viaje apasionante para nuestros mercaderes, con un gran cargamento de arcos compuestos y con la certeza de haber trabado amistad con los orcos.

    FIN
  • ¡AVISO URGENTE! Por si no leéis el último comentario que he dejado en mi anterior post./

    Escrito por Platov el 02/09/2011
    Son las fiestas de mi pueblo y, probablemente, no actualice mucho el blog. Así que tendréis que esperar el final de "Mercaderes, arcos compuestos y orcos".

    Tranquilos, acaban este domingo. Sí, yo también estoy deseando que terminen.

    Otra cosa: me he descargado de Softonic un programa de dibujo vectorial llamado "Inkscape". Es bastante fácil debido a que se parece mucho a "Fireworks", con el que tengo cierto manejo.
    Tal vez, y digo tal vez, si me da la neura, haga un webcómic. Algo bastante cutrillo. ¡Tranquilos! No tendrá nada que ver con El Orbe, así que no mancillaré vuestro mundo de fantasía atípica favorito. Había pensado algo de ci-fi pero no os hagáis ilusiones.

    Ahí lo dejo.

    Y, ahora, una pregunta chorra de historiador: Si el siglo XVIII fue el "Siglo de las Luces", ¿los once años que llevamos de siglo XXI le pueden dar el apodo de "Siglo de las Pocas Luces"? Gracias por vuestra respuesta.

    Disculpen las molestias.
  • Mercaderes, arcos compuestos y orcos (Tercera Parte)./

    Escrito por Platov el 01/09/2011
    Venga, continuemos...
    Voy a recortar un poco y ha saltarme lo prescindible porque veo que me estoy torrando.

    La segunda parte del viaje era igual que la primera: lenta y sosa.

    Los viajeros estaban ya desesperados, hartos de tanta estepa, algo que a los orcos parecía no importarles.

    Hasta que el paisaje comenzó a cambiar a medida que se adentraban en lo que antes era el orgulloso Imperio de Qiang: montañas, ríos y verde, mucho verde.
    -¡Por fin! Ya era hora- refunfuñó Magnus.

    Mientras que seguían rumbo a Xiwao, Gerhardt se adelantó hasta ponerse al lado de Subotai.
    -Disculpad, príncipe, ¿os puedo hacer una pregunta?- preguntó con algo de nerviosismo el alto elfo.
    -¡Por supuesto! Sois los invitados de mi padre- respondió Subotai.
    -Veréis, he notado en Changzi que no había ningún tipo de fuerza orca ocupando la ciudad, ¿a qué se debe esto, si no os ofende mi atrevimiento?
    -En absoluto. Veréis, los orcos somos nómadas. Nos encanta sentir el viento de la estepa en nuestros rostros mientras cabalgamos. No nos gusta quedarnos mucho tiempo en el mismo lugar, de ahí que nuestra capital siempre vaya rotando. Cuando conquistamos una ciudad, dejámos que las autoridades locales sigan gobernándola a cambio de que ofrezcan vasallaje al Gran Khan.
    -Ya, pero, ¿y si se sublevan?
    -Jamás se sublevan. Ellos saben que es lo que les pasará si lo hacen- el príncipe orco decía esto mientras señalaba una imagen dantesca: a ambos lados del camino habían cadáveres carbonizados colgados de postes con horcas. Era difícil saber a quienes pertenecían pero algo hacía sospechar que eran qiangneses que intentaron alzarse contra Tesugei.
    -¡Falkmar bendito!- exclamaron tanto Gerhardt como el padre Klauss.

    Siguieron andando por el sendero hasta comenzaron a divisar una gran ciudad al fondo: Xiwao.

    Al llegar al portón principal de la muralla, este se abrió rápidamente. Dentro, una mezcla de qiangneses y orcos daban la bienvenida al príncipe y a los viajeros. Un soldado orco, armado con una lanza, se acercó al primero.
    -¡Príncipe Subotai!-dijo-Me alegro de veros sano y salvo; y veo que habéis vuelto con los emisarios de las tierras de occidente.
    -¡Por supuesto, Gotai! ¿Pensabas que nunca volvería?-contestó Subotai con buen humor-¿Dónde está mi padre?
    -El Gran Khan se encuentra en su Gran Yurta. Quería salir a recibiros pero su salud no lo ha permitido.
    -Bien, gracias Gotai. ¡Vamos!

    Los viajeros, guiados por los orcos y agasajados por las gentes de la ciudad, llegaron al centro de esta y, allí, se encontraron con una imagen que jamás olvidarán: la Gran Yurta del Gran Khan, tan grande como un edificio de dos plantas, su circunferencia ocupaba casi toda la plaza central. Estaba adornada con vivos colores y su entrada principal estaba flanqueada por dos leones de oro y dos guardias de considerables proporciones.
    -¡Por Odín! Es tan grande como una casa comunal-dijo Magnus.
    -Quedaos aquí-dijo Subotai mientras descabalgaba- Voy a avisar a mi padre de vuestra presencia.
    El príncipe entró y permaneció dentro durante un breve periodo de tiempo: "Pasad. Mi padre os espera."

    Los viajeros entraron en la yurta. Se estaba fresquito en su interior y un olor a incienso perfumaba el ambiente.
    Siguieron adentro hasta que llegaron a la estancia del Gran Khan. En un simplre trono, algo elevado del suelo y forrado con piel de yak, estaba sentado el Gran Khan Tesugei. Era un orco ya anciano pero su rostro irradiaba grandeza, sabidurí y severidad. Iba vestido con el traje tradicional orco, de vivos colores, tejido en seda expresamente para él.
    Subotai se arrodilló ante él.
    -Padre-dijo- Este es Gerhardt Festung y su socio Magnus Regnarsson, comerciantes venidos de las lejanas tierras donde adoran al Sol. Detrás estan Sir Robert de Hawke, caballero de la tierra del vencedor del dragón; Anatu, de los elfos que viajaron siguiendo la luna y un clérigo de la tierra de los comerciantes, el padre Klauss.
    Subotai hizo un gesto para que los demás se arrodillaran.
    -Mi señor, oh Gran Khan Tesugei-dijo Gerhardt-Venimos a vuestras tierras para poder llevar acabo acuerdos provechosos para nuestras naciones.
    Tesugei miró a Gerhardt.
    -¡Alto Elfo!-dijo en elfenspiel pero con un marcado acento orco- Veo que tus intenciones y las de tus compañeros son buenas. ¿Qué es lo que queréis?
    -Vereís. Hemos oido que los arcos de los orcos son los mejores y más mortíferos de todo El Orbe.
    -Así es. No te equivocas en nada. Prosigue.
    -La Liga de Mercaderes del Mar Helado ha pensado que sería una buena idea llevarnos unos cuantos para poder venderlos entre nuestros socios.
    -Hmmm-el Khan se atuso su fina barba- ¿Y qué me daréis a cambio?
    Gerhardt hizo un gesto a Magnus. Este se levantó y trajo algo envuelto en un trapo. Algo muy largo. Al quitarlo se descubrió que el objeto era uno de los famosos zweihander del Imperio.
    -Con estas armas-prosiguió el alto elfo-seréis invatible, Gran Khan.
    Tesugei afirmó con la cabeza: "Me parece bien y creo que podemos hacer grandes negocios. No obstante, tengo que ver si eres digno de ello."
    "¿Digno de ello?", pensó Gerhardt.
    -Los orcos tenemos en alta estima el valor y, por ello, deberás pasar una prueba.
    -¿Prueba?-Gerhardt empezó a ponerse nervioso.
    -Verás, hace tiempo tenemos problemas con unos "demonios de la estepa".
    -¿Demonios de la estepa?-preguntó Magnus excéptico.
    -¡Sí!-añadió Subotai-Arrasan todo lo que encuentran a su paso. Hace poco mataron a todos los habitantes de uno de nuestros asentamientos. No tienen miedo.
    -Por eso...-siguió Tesugei- seréis los elegidos por Tengri para llevar acabo esta misión. Si lo conseguís, cerraremos el trato. Mañana por la mañana partiréis a la última zona donde nuestros exploradores los han visto. He dicho.

    Gerhardt no se lo podía creer. Vino a hacer negocios y ahora tiene que hacer de paladín.
    -¡Sí!-gritó Sir Robert-Seguro que San Jorge nos ha guiado hasta aquí para llevar acabo esta misión.
    Gerhardt se giró y miró con cara de pocos amigos al caballero.

    Continuará...
  • Mercaderes, arcos compuestos y orcos (Segunda Parte)./

    Escrito por Platov el 31/08/2011
    Seguimos con el relato...

    Allí estaban. En mitad de una ciudad (si es que se podía llamar ciudad) en el centro de la nada, alejada de la mano de todos lo dioses de El Orbe.

    Llegaron a la posada.
    No era una cosa del otro mundo. De hecho, habían mejores posadas. Parecía estar construida de adobe, lo que explica que ocupase una gran porción de terreno, en lugar de tener dos pisos. A ambos lados del marco de la puerta habían sendos farolillos de papel con algo escrito en qiangnés.

    Los viajeros entraron. La estancia principal era bastante diafana. Algunas mesas bajas dispuestas por todo el lugar, sin sillas, tan solo unos cojines para sentarse en suelo.
    Los lansquenetes dejaron en un rincón sus picas ante la mirada incrédula de los qiangneses que estaban allí.

    -¿No hay sillas?-preguntó Anatu a Sir Robert.
    -Parece que no. Curiosos estos qiangneses- respondió el caballero.

    La posadera, una anciana qiangnesa que parecía tener cientos de años se acercó a los recién llegados. Tras una reverencia, la mujer empezó a hablar y levantó el brazo hacia una mesa en un ademán por invitar a los extranjeros a que se sentasen. Los únicos que hicieron caso de esta invitación fueron los lansquenetes que comenzaron a pedir cosas por medio de gestos y señas.

    -Disculpe, venerable madre- comenzó a decir Gerhardt en su simulacro de qiangnés- Buscamos a un destacamento de orcos que llegó aquí hace unos días. El guardia de la puerta nos dijo que estaban aquí.
    -¡Aaah!- contestó la anciana- Sí. Ellos están aquí, en la salita para invitados especiales. Vamos, seguidme.
    La anciana se dirigió al otro extremo de la sala donde había una habitación tras una puerta de papel.
    -Aquí es.
    La mujer abrió la puerta.

    Sentados en el suelo, alrededor de una mesa alargada, habían cinco orcos. Sus marcados y feroces rasgos estremecieron al padre Klauss.
    La anciana se dirigió al que presidía la mesa. Este iba vestido con una de las características armaduras orcas, mitad armadura, mitad abrigo largo. Estaba formada por pequeñas placas de metal. Su casco tenía una cola de caballo en la cimera, lo que hacía pensar que él era el líder de aquella compañía.

    La anciana hablaba con la criatura como si se dirigiera a algún tipo de alto mandatario, con reverencias que ni se le harían ni al más alto de los oficiales de un ejército.
    El orco asintió y le agradeció la información en perfecto qiangnés, lo que no sorprendió a nadie.

    Giro su cabeza hacia Gerhardt. El alto elfo no podía ocultar su temar ante ese semblante: la enmarañada melena negra, los marcados pómulos, los ojos que eran como dos tajos en la cara, el largo bigote con perilla típico de los orcos y los dos pequeños colmillos que sobresalían de la mandíbula inferior.
    El comerciante comenzó a hablar en qiangnés.

    -Ya veo que sois un mercader. Puedo distinguirlos a grandes distancias- respondió el orco, dejando a Gerhardt y a todos los demás viajeros con la boca abierta. ¡Elfenspiel! ¡El orco hablaba en elfenspiel de forma correcta!
    -¡Vaya! Parece que os he sorprendido. ¡Ya sé! Teníais la misma creencia que todos los viajeros que visitan el Gran Khanato: que los orcos somos unos salvajes que no apreciamos otra cosa que la guerra y la destrucción. ¡Os equivocáis!
    "Pero... ¿Dónde están mis modales?- el orco se levantó e hizo una reverencia- Mi nombre es Subotai, hijo de Tesugei, Gran Khan de Todos los Orcos, Señor de la Horda, Dueño de la Estepa y Elegido de Tengri.
    -¿Vos sois el príncipe de los orcos?- preguntó sorprendido Magnus mientras Gerhardt se reponía del choque de ver a un orco hablar el idioma de los altos elfos.
    -¡En efecto! Mi padre me ha enviado con un grupo de nuestros mejores guerreros para escoltaros hacia Xiwao pero eso será mañana. Por favor, sentaos con nosotros y descansad de vuestro agotador viaje. Mis hombres y yo sabemos lo que es viajar por la estepa día tras día.

    Los viajeros aceptaron la invitación del príncipe Subotai y se sentaron. Al padre Klauss, bastante envejecido, casi se le parten las rodillas al intentar sentarse.

    Gerhardt seguía sorprendido por la facilidad de lenguas del príncipe orco.
    -Si no es indiscrección, ¿dónde habéis aprendido a hablar mi idioma?
    -Veréis, en un futuro seré el Gran Khan. Es mi deber saber los idiomas de los pueblos de El Orbe para poder así negociar con ellos. Fue un diplomático alto elfo el que me enseñó. Yo tenía siete años cuando ocurrió. Se dirigía hacia el Imperio de las Tres Islas para no se qué asunto. No había tomado las precauciones suficientes para viajar por la estepa. Una partida de exploradores lo encontró medio moribundo, vagando sin rumbo. Su caballo debió de morir hace unos días.
    "Los hombres de mi padre lo trajeron a la Gran Yurta del Khan. Allí se le proporcionó toda clase de cuidados hasta que se repuso. Mi madre me encomendó que lo vigilara por si pasaba algo. Él intentaba comunicarse conmigo cada vez que le llevaba alimento. Al ver que era imposible, sacó esto- Subotai cogió un zurrón y de su interior sacó un libro que ofreció a Gerhardt. Era la "Vida de Falkmar, héroe y dios del Imperio Solar"- Me lo regaló. Tal vez era su forma de darme las gracias, no lo sé. Comencé a ojearlo: no entendí nada de lo que ponía. Así que empecé a leer los comentarios de las ilustraciones. Poco a poco, conseguí desentrañar el significado de algunas palabras. Tras varios meses conseguí leer el libro.

    Gerhardt se quedó sorprendido por la historia del príncipe. No podía creer que los orcos pudieran ser hospitalarios y apreciar la cultura tras haber oido tantas historias sobre sus conquistas y matanzas.
    -¡Oh! Veo que la luz de Falkamar ya había llegado a estos lugares- dijo el padre Klauss.
    -No es la luz. Simplemente es un libro que alguién agradecido me regaló- contestó Subotai.

    La velada pasó sin ningún incidente. Bueno, algunos lansquenetes se habían pasado con el licor de flores del lugar y armaron un poco de alboroto pero nada más.

    A la mañana siguiente, los viajeros y sus escoltas orcos prepararon sus enseres y ensillaron sus caballos.
    El príncipe Subotai encabezó la marcha hacia Xiwao, hacia la Gran Yurta del Khan.
    Gerhardt sabía que iba a ser un viaje largo, muy largo.

    Continuará....
  • Mercaderes, arcos compuestos y orcos (Primera Parte)./

    Escrito por Platov el 29/08/2011
    Bueno, personas humanas.

    Con motivo de la advenimiento del aniversario de mi nacimiento (el 9 de septiembre, para ser exactos), voy a empezar un relatillo corto ambientado en El Orbe, mi mundo de fantasía personal.

    Es la primera vez que escribo algo de este calibre (pequeño pero algo es) así que puede que me salga cutre. Si os sangran los ojos al leerlo, os pido perdón y que me colguéis en la plaza del pueblo.

    Una advertencia: las naciones del Orbe están inspiradas en civilizaciones históricas que van desde la Antigüedad hasta el siglo XVIII. Os aviso porque aquí, cualquier cliché de la fantasía ha sido desbaratado en la mayor parte.

    Comencemos con una historia que le ocurrió a dos miembros de la Liga de Mercaderes del Mar Helado: Gerhardt Festung, un joven alto elfo y su socio comercial, el enano de Skandi Magnus Ragnarsson.

    Los dos comerciantes se habían embarcado en la mayor aventura económica en la historia de la Liga: entablar relaciones comerciales con el Gran Khanato Orco, uno de los mayores imperios del Orbe, comandado por el anciano pero vigoroso Gran Khan Tesugei.

    Muchas eran las leyendas sobre estos jinetes de la estepa: unos decían que arrasaban cualquier ciudad que encontraban a su alcance, otros que se comían a los niños como si fueran ogros y unos pocos que estos seres eran descendientes del Gran Dragón Blanco.
    La única cosa que parecía cierta era la gran fama que tenían de expertos tiradores con arco, fama debida a sus arcos compuestos, capaces de disparar una flecha a grandes distancias con solo rozar la cuerda. Los únicos capaces de competir con los arcos de tiro largo bretones.

    Esos arcos era lo que venían a buscar Gerhardt y Magnus.

    Y para ello tuvieron que atravesar todo el Imperio Solar, Transcarpatia e Istharia para llegar hasta las estepas que una vez pertenecieron a Qiang y que, ahora, estaban bajo el yugo del Gran Khan.

    El viaje parecía interminable: llanuras, unos pocos matorrales arremolinados y algún que otro monte. Estos eran los elementos que conformaban la estepa y que hacían que el paisaje se repitiera una y otra vez.

    Por suerte, los dos comerciantes no estaban solos.
    A sus lados les escoltaba una compañía de lansquenetes proporcionados por la mismísima Condesa Electora de Hanse.
    Además, a lo largo del viaje, se les habían unido algunos curiosos viajeros: Sir Robert de Hawke, un joven caballero novel bretón que había visto en esta aventura un modo de ganarse por fin el honor de portar su propio blasón; Anatu, una mercenaria elfa oscura a la que ninguno de los lansquenetes se acercaba por temor a que se fabricara un abrigo con sus pieles; y el padre Klauss, un sacerdote de Falkmar que había visto la oportunidad de convertir a algunos orcos a la fe del dios de los altos elfos.

    Todos ellos se dirigían a la antigua ciudad qiangnesa de Changzhi, donde se encontrarían con un destacamento orco que los llevaría a Xiwao, la nueva capital del khanato.

    El día era sofocante, tal y como era normal en la estepa.
    - Falkmar brilla hoy con fuerza. ¡Agradezcámosle su luz con una oración!-dijo el padre Klauss.
    Magnus se giró hacia el sacerdote: "Padre, creo que este no es el momento ni el lugar preciso para comenzar una ceremonia. Ademá, si vuestro dios sigue pegando de tal forma, acabaremos como ese tipo"- El enano señaló hacia un cúmulo de huesos formados por lo que parecía ser un caballo y su jinete.
    - ¡Agh, menudo calor!-dijo Gerhardt- Magnus, ¿quién tiene el mapa? Me gustaría saber si estamos cerca de Changzhi.
    Magnus sacó un mapa de la mochila y lo desplegó ante sus ojos.
    - Parece que debemos seguir en línea recta algo más.
    - ¡Por mí como si vamos en círculos!-gritó Sir Robert- ¡Ah! Este lugar debe de estar lleno de aventuras y, cuando terminemos una, podré volver a mi patria donde podré presentarme ante el heraldo ducal para que me dé mi propio blasón.

    Gerhardt estaba algo fastidiado con la actitud entusiástica del caballero aunque todos los bretones se comportaban de la misma manera.

    Tras seguir unos cuantos kilómetros en línea recta, como dijo Magnus, comenzaron a divisar lo que parecía la silueta de una ciudad.
    - Changzhi, por fin- pensó el alto elfo.

    La ciudad estaba amurallada.
    Lo que llamó la atención de los viajeros era que el guarda de la puerta era qiangnés y no un orco.
    Comenzó a preguntar algo en su idioma. Por suerte, Gerhardt había estudiado unas pequeñas nociones de qiangnés para poder desenvolverse con un poco de soltura por esta parte de El Orbe.
    -¡Alto! ¿Quién va?- preguntó el guarda con un tono imperativo.
    -Somos comerciantes provenientes del Imperio Solar. Mi nombre es Gerhardt Festung. Venimos para negociar con el Gran Khan- mientras decía esto, el alto elfo sostenía en lo alto su sello de miembro de la Liga.
    El soldado miró con cierto recelo el sello pero decidió abrir las puertas.
    Otro miembro de la guardia les esperaba al otro lado. Su labor no era otra que advertir sobre las leyes de la ciudad a los recién llegados.
    Gerhardt y sus compañeros seguían preguntándose porque la ciudad tenía una guarnición del antiguo imperio y no de los nuevos gobernantes de la zona pero no quiso preguntárselo al guarda por miedo a que, al hacer referencia a la conquista y reducción del Imperio de Qiang a un simple principado, insultara los ánimos nacionalistas de la guarnición.

    -Disculpad, ¿sabéis si ha llegado un grupo de jinetes orcos aquí?-preguntó Gerhardt.
    -Sí- contestó el guarda- están en la única posada de la ciudad. Seguid la calle principal y, luego, torced a la derecha.
    Tras agradecerle las indicaciones al guardia, el grupo de viajeros se dirigió al establecimiento.

    Continuará.....


  • ¡Bienvenidos al Orbe, pringaos!/

    Escrito por Platov el 23/08/2011
    Bueno, es hora de que os abra un poquito mi corazón (¡Joder! Para ser un cosaco me ha quedado muy cursi).

    He de aparcar la historia un poquito para hablaros de algo: mi propio mundo de fantasía creado por moi, como dirían los franceses.

    Bueno, no exactamente he de aparcar la historia demasiado.

    Damas y caballeros, bienvenidos a El Orbe.

    El Orbe comenzó a principios de carrera.
    Veréis, mi colega David Soria es un crack hasta para escribir novelas y crearse mundos imaginarios. Y como yo soy del "culo veo, culo quiero" también quería hacer algo parecido.
    David no se lo pensó dos veces y me animó a hacerlo.

    Por esa época comence a darle al vicio del Warhammer. Una cosa que me llamó la atención de este universo es que todas las razas, en mayor o en menor medida, están inspiradas en civilizaciones históricas: el Imperio es el Sacro Imperio Romano del siglo XVI, los enanos son vikingos y los altos elfos son una mezcla entre el Imperio Británico y la Atlántida (con un toque xenófobo a lo Tercer Reich).

    Pero si había algo que me gustaba de Games Workshop era Blood Bowl: el deporte bestial de WH, sobre todo su toque de humor en un mundo tan oscuro como el del Viejo Mundo.

    La chispa había saltado.
    Pensé en hacer un juego de deportes bestias ambientado en un mundo de fantasía, lleno de humor.
    Comencé a dilucidar diferentes naciones cogiendo la idea de Warhammer pero dándole un giro más de tuerca: pasar de todo cliché de la fantasía y desarrollar a las razas imprimiéndoles el carácter de la civilización en las que se inspiraban.

    El juego no cuajó pero el universo si que quedó patente.

    Una de las cosas que más le gustaron a mis colegas sobre El Orbe es ese carácter de romper lo establecido, debido en parte al peso de la ambientación histórica.
    ¿Queréis elfos del bosque? Pues en El Orbe no son esos besa-árboles mariquitas de pelo rubio. No. Los elfos de Keltia están inspirados en la Galia de la cultura de La Tenne (vamos, los galos contra los que luchó César).
    ¿Qué buscáis hobbits? Perfecto pero debéis saber que aquí, los hobbits no son esos seres regordetes que adoran la paz y la quietud por encima de todo. Aquí, los hobbits se visten de minutemen, cogen sus mosquetes y sus sables y van a la batalla para defender el legado de los Patriotas de Occidentia.

    Y sobre la magia, bueno, en El Orbe no hay diferenciación entre religión y magia: los sacerdotes pueden lanzar poderosos hechizos para aniquilar al enemigo.

    Pero cuidado porque en El Orbe no todo son risas ya que todas las naciones, independientemente de que esten en guerra entre ellas o no, tiene un gran enemigo: Los Siete Hijos del Dragón.

    Sí, así de raro y estrambótico es mi universo de fantasía personal. Hay más naciones pero no cabrían aquí.

    Espero que os guste que haya compartido este pedacito mío con vosotros.

    ¡Nos vemos!
  • Atlas histórico interactivo./

    Escrito por Platov el 22/08/2011
    Un pequeñito post antes del tochaco de marras.

    Mirad lo que he encontrado. Bueno, en ralidad me lo enseñó un colega:
    [url] http://geacron.com/home-es/?lang=es&sid=GeaCron154507 [\url] (si no funciona el link, copiadlo).

    Se llama Geacron y es un impresionante atlas histórico interactivo que va desde el 3000 a.C. hasta la actualidad.
    Ideal por si queréis saber como era el mundo en tal época o por si queréis que la ambientación histórica de vuestro cómic sea 100% fiel a la relidad.
    Además, si pinchas en el nombre de una de las naciones se abriran dos enlaces (uno a la Wikipedia y otro a la Enciclopedia Británica) para poder saber más sobre la historia de esa comunidad.

    Espero que os sirva de ayuda.

    ¡Nos vemos!

  • Heráldica: el arte de decirle a la gente quién eres estampándole tu escudo en la cara./

    Escrito por Platov el 18/08/2011
    ¡He vuelto! (Inserte risa demoniaca aquí)

    Tras este pequeño paréntesis, es hora de ofrecer más conocimientos de la mejor forma posible: gratis.

    Así que agarraos, que vienen curvas.

    Todos los historiadores tenemos un tema friki, independientemente de la especialización que tengamos. Es esa parte de la historia en la que buscas cosas por tí mismo y no esperas a que un señor se ponga encima de una tarima para soltar un rollo de dos horas.

    La mía es la caballería medieval.
    Sí, esos señores que se ponían una armadura encima, se montaban en un caballo y se iban a asediar nosequé castillo o a liberar Tierra Santa.
    Es una atracción casi mágica la que siento por esta etapa de la historia.

    Y si hay algo que se nos viene a la cabeza cuando hablamos de caballería es la heráldica.

    ¿Que qué es la heráldica?
    Ahí voy. La heráldica es la disciplina que estudia y describe las reglas de la creación de escudos y blasones.

    A comienzos de la Edad Media, este arte era innecesario. Las protecciones dejaban entrever con toda claridad quién era el sujeto que dirigía un ejército o cabalgaba hacia la lontananza.
    La cosa se complicó cuando los yelmos comenzaron a cubrir todo el rostro del jinete: era imposible saber quién era ese tipo.
    Menos mal que, desde Oriente, se trajo un arte para poder identificar a un caballero por medio de unos dibujos en su escudo o pendón: la heráldica.

    La heráldica gira alrededor del escudo y, para entenderla, hace falta saber sus partes.

    La superficie donde se dibujan todas las figuras que conforman el significado del blasón es el campo.
    A su vez, el escudo se puede partir en diferentes particiones, según nos convenga: partido, tronchado, cuartelado, etc.

    Después tenemos los muebles o figuras. Estas son representaciones de diferentes animales, objetos o plantas, las cuales tienen un significado propio e identifican cualquier cualidad del portador.
    Estas pueden ser humanas (nunca representéis un cuerpo humano completo, tan solo una parte), animales, vegetales, astros o figuras quiméricas (seres mitológicos)

    Luego, tenemos los esmaltes. O sea, los colores.

    Una regla fundamental de la heráldica es que nunca debéis pintar un figura del mismo color que el campo.

    En la calsificación tenemos dos tipos: metales y colores.
    Los metales son el oro y la plata. El primero simboliza la luz, la energía y el poder; mientras que el segundo simboliza la pureza.

    Los colores son el gules (rojo), el azur (azul), el sinople (verde), el púrpura (este es el único color que se salta la regla de los colores) y el sable (negro).
    El gules representa el amor y la pasión.
    El azur representa la justicia y la verdad.
    El sinople representa la cortesía y el honor.
    El púpura representa la el amor a la verdad.
    El sable representa la sagacidad y la honestidad aunque también tiene algunos valores negativos como el abandono.

    Y, para finalizar, los ornamentos exteriores que van desde coronas hasta telas, pasando por yelmos (si el yelmo mira para la derecha del escudo (vuestra izquierda) significa que pertenece a un hijo legítimo. Si no, es de un bastardo).

    Esto es un pequeño resumen sobre la heráldica. Tal vez, si tengo lo que hay que tener, haga un tutorial para aquellos que esten interesados en que en sus cómics de ambientación medieval (y futurista, porqué no) los escudos sigan a rajatabla esta serie de reglas.

    ¡Hale! ¡Nos vemos!
  • Siento la tardanza.../

    Escrito por Platov el 16/08/2011
    Pues eso.

    He tenido visita familiar y no he podido conectarme durante estos días.

    Me ha pasado de todo: he visitado los parajes del Río Mundo, el embalse del Cenajo y visto los yacimientos del Balneario de Archena.

    ¡Ah! Y por fin tengo el "Heroes V" con su expansiones pero eso es otra historia.

    Ahora no estoy por la labor de escribir uno de mis sesudos posts históricos. Dadme tiempo para reponerme.

    ¡Nos vemos!

  • Mercaderes aventureros S.A.: La Liga Hanseática/

    Escrito por Platov el 08/08/2011
    Vuelvo a la carga.

    Lady_Eboshi me dijo que me encantaban demasiado los temas relacionados con la historia militar.
    A raiz de este comentario, voy a tratar ahora algo de historia económica. El único tema de historia económica que me gusta (los demás son un petardo).

    Damas y caballeros, con todos ustedes, la maravillosa Liga Hanseática.

    Seguro que muchos de vosotros (al igual que yo) conocéis la existencia de esta organización gracias a esa grandiosa saga de juegos para PC conocida como "Patrician".

    La Liga Hanseática o Hansa era una unión de comerciantes establecida en las principales ciudades del mar Báltico.

    Sus comienzos están en la fundación de la ciudad de Lübeck en el siglo XIII, en Alemania. Los comerciantes de esta ciudad y de las vecinas estaban bastante preocupados ante las oleadas de piratas y otras amenazas para sus negocios. La solución se encontró en la unión de estos mercaderes para su protección mutua.

    En sus comienzos, los mercaderes miembros de la Hansa eran una mezcla entre hombres de negocios y aventureros, capitanes de sus propios barcos, que no dudaban en hacerse a la mar en busca de beneficios.
    Conforme pasó el tiempo, estos aventureros cambiaron el barco por los libros de cuentas y comenzaron a contratar a otros capitanes y a sus propios representantes comerciales.

    El éxito de liga fue tal que varias ciudades polacas, escandinavas e, incluso, rusas pidieron la entrada en tal institución. Con ello, la liga verá su época de esplendor en los siglos XV y XVI.

    Las ciudades que no podían ser miembros debido a su lejanía pero que querían hacer negocios con los socios de la liga construyeron "komptors".
    Los "komptors" eran pequeños asentamientos amurallados en los que se encontraba cualquier servicios que pudieran reclamar los hanseáticos: oficinas administrativas, almacenes e, incluso, iglesias y tabernas.

    La mercaderes hanseáticos usaban diferentes clases de barcos.
    Los más primitivos eran los drakkars y las snekkias de origen vikingo que poco habían cambiado con el paso del tiempo.
    Más tarde, se usaron barcos como la coca pero el más impresionante (y el que es el simbolo de liga) era el "holk". El "holk" era el barco más pesado, con un gran espacio de carga y con la peculiar característica de contar con dos castillos: uno en proa y otro en popa.

    La Liga se extendió por todo el norte de Europa pero eso no quiere decir que se desentendiera del sur. Al contrario, la Hansa estaba muy interesada en algunos productos de la Europa sureña, como la lana de las ovejas castellanas.

    Esta institución tuvo un gran éxito hasta la llegada del siglo XVII, cuando los estados alemanes comenzaron a desgajarse y cada uno velaba por sus propios intereses, lo que hacía inviable una unión de comercio.

    Pero la Hansa no ha muerto y sigue viva en nuestros días gracias a la organización "New Hanse", formada por las antiguas ciudades hanseáticas. Aunque ahora solo sirve para fines de recreación histórica, esta asociación se encarga de mostrar al mundo como eran la vidas de los miembros de la Liga.

    Y eso no es todo. También hay recreaciones en... ¡LOS EEUU!

    Y para rizar el rizo, en el universo de CiFi "Battletech", uno de los estados de la Periferia se hace llamar la "Liga Hanseática" que, curiosamente, es un gobierno plutocrático formado por diferentes comerciantes.

    Bueno, espero que os haya gustado este aburrido texto.

    ¡Nos vemos!

  • Husitas! Husitas everywhere!/

    Escrito por Platov el 04/08/2011
    Aquí estoy de nuevo.

    Tengo que contaros una historia de esas para no dormir. Una historia que os pondrá los pelos de punta y hará que os orinéis (uy, que fino) en vuestra respectiva ropa interior. Es algo muy fuerte: yo... yo... ¡escribí una novela!

    Sí, os contaré el porqué.

    Veréis. Era el último año de carrera y mucha gente nos cogimos la optativa "Historia de la Iglesia Medieval". Dos eran las razones: era el último año que se inpartía y el profesor nos caía muy bien, tanto que le prometimos que asistiriamos a esta clase.

    Al ser el último año, el profesor nos dijo que en vez de hacer un tedioso y complicado examen, hicieramos un trabajo. Ese trabajo era una novela ambientada en algún acontecimiento referente a la Historia de la Iglesia durante el medievo. No tenía que ser "Los Pilares de la Tierra" pero se tenía que notar que nos habíamos documentado sobre el tema para escribir.

    Mucha gente escogió diferentes temas: que si las Tres Culturas, que si la vida en el monasterio, etc. Vamos, lo típico.

    Si algo llama la atención en mi personalidad es que me gusta siempre ser original, salirme de lo establecido. Tal vez es que soy un incorformista o tal vez soy un egocéntrico. Yo que sé.

    Así que me puse a bucear en mis libritos de Osprey, en ediciones digitales pasadas por mi maravilloso colega David Soria. Ahí fue donde me llamó la atención un tema que casi no se da en Historia Medieval Universal: las Guerras Husitas. Bueno, sí se da pero muy de refilón, por lo que es algo que no se ve muy a menudo por estos lares. La novela responde al extraño nombre de "El Ganso y el Cáliz". Ahora os explico el porqué.

    Os preguntaréis: "¿qué culigindrinquis son las Guerras Husitas?"

    Aquí empieza nuestro viaje. Abrochaos los centuriones (perdón, los cinturones... Chiste de historiador) porque vamos a viajar a la región de Bohemia (en la actual República Checa), a inicios del siglo XV.

    En esta época, en esta región, un clérigo llamado Jan Hus no estaba conforme con las prácticas que la Iglesia Católica estaba llevando. La riqueza y la molicie en la que nadaban el Papa y sus allegados chocaba con una religión cuyo uno de sus preceptos era que el pobre iría al cielo y el rico, al infierno. Bueno, el rico sí podía ir al cielo, previo pago de una indulgencia.
    Esto era algo que a Hus le irritaba.
    También que las misas se celebraran en latín y no en lengua vernácula y que solo el sacerdote pudiera probar el vino. Si era la sangre de Cristo y la sangre de Cristo es vida, ¿por qué no se compartía con los fieles?

    Así Hus comenzó a predicar en su iglesia y en sus alrededores su nueva doctrina, conocida como husismo, en la que tanto fieles como sacerdotes eran iguales.

    Obviamente, esto no gustó a Roma que condenó a Hus por herejía.
    Pero el mensaje de "El Ganso" (que así era como se apodó a Hus porque su apellido se parecía mucho a la palabra ganso en checo) había calado hondo y casi toda la población de Bohemia apoyaba a este hombre.

    Los seguidores de Hus se levantaron en armas contra el rey Segismundo de Luxemburgo por haber traicionado a Hus. Al llegar al ayuntamiento de Praga en procesión alguien, desde las ventanas del edificio, lanzó una piedra contra el relicario que portaban los hijos de Hus. Esto hizo que la procesión se convitiera en tumulto y el alcalde de la ciudad fue defenestrado (para los de la LOGSE: tirado por la ventana). Así comenzaron las Guerras Husitas.

    Estas guerras supusieron la última gran cruzada en Europa. Ejércitos de todo los estados católicos avanzaban contra el ejército de Hus.

    Pero los cruzados no contaban con un detalles: los husitas estaban comandados por un gigante. Su nombre: Jan Zizka. Su talento para la estrategia militar: incomensurable. A ver, imaginaos a un señor alto, fuerte, montado a caballo, portando una maza y un parche en un ojo. Ese era Zizka.
    No era la primera vez que se enfrentaba a los cruzados: ya lo hizo contra las fuerzas de la Orden Teutónica en la batalla de Tannenberg.

    Los husitas revolucionaron no solo la relligión sino también las tácticas de combate: fueron uno de los primeros ejércitos europeos en usar armas de fuego, uno de los primeros en que hombres y mujeres podían combatir en primera línea de combate y, algo muy curioso, fueron los primeros en usar carros como arma.
    Los carros de guerra husitas consistían en un carro (obviamente) al que se le habían levantado las paredes para proteger a sus ocupantes. En estas, habían aberturas por las cuales los soldados podían disparar.

    La fortaleza de Zizka era tal que, incluso después de perder su otro ojo en el asedio al castillo de Rabi, siguió comandando a sus tropas. Hasta que una infección hizo que abandonara este mundo, dejando el liderazgo de los husitas a su lugarteniente, Procopio "el Grande".

    Cinco fueron las cruzadas contra los husitas y las cinco las perdieron los cruzados. Como ya habían demostrado las cruzadas contra Tierra Santa, la guerra santa no servía para nada. Era una pérdida de vidas y bienes estúpida.

    De hecho, los husitas consiguieron coronar a un rey afín a su religión.

    Pero, como siempre, entre los propios husitas comenzaron a haber voces disonantes que dividieron en dos a estos nobles herejes. Hubo una guerra civil entre ellos, lo que hizo Segismundo (ahora rey de Bohemia) aprobechara para dar el golpe final a los husitas.

    Y esta fueron las Guerras Husitas, de forma muy resumida. Os recomiendo que os leais el libro que publicó Osprey sobre ellas.

    Y para terminar un dato curioso: ¿sabíais que Juana de Arco escribió una carta a los cruzados para darles ánimos contra los husitas? Ay, esta doncella de Orleans
  • La alucinante historia de los cosacos./

    Escrito por Platov el 01/08/2011
    Ya iba siendo hora de escribir otro post, ¿no?

    Bueno, pues aquí tenéis otra ración de curiosidades históricas.

    ¿Por qué tengo este nick (Platov)?
    Es una pregunta fácil de responder: si una frikada histórica a la que le tengo gran devoción es al increible pueblo cosaco. Jinetes y guerreros valerosos, los cosacos tienen su origen en el país que hoy conocemos como Ucrania (cuyos habitantes se llaman ucranianos, no ucranios, señores periodistas).

    Esta es la alucinante historia de los cosacos.

    Como siempre, mis fuentes.
    Para escribir este pequeño artículo he sacado la información del excepcional libro "Los Cosacos" de John Ure, publicado en nuestra piel de toro por Ariel (la editorial, no la marca de detergentes-princesa sirena).

    Vale, comencemos.

    Los cosacos son en realidad un pueblo divididio en diferentes tribus (zaporogos, del Don, del Kuban, etc.) de origen tártaro que se asentaron a orillas del Don, del Volga y del Dnieper a finales de la Edad Media y comienzos del Renacimiento.

    El término "cosaco" parece proceder del turco "quzzag", que evolucionó a "kazak" y, finalmente a cosacos que siginifica "jinete" en tártaro. Porque, como la mayoría del mundo sabe, los cosacos son conocidos por ser grandes jinetes.

    En sus comienzos, por el siglo XVI, los cosacos eran usados como una fuerza de seguridad que se encargaba de vigilar las riberas de los ríos anteriormente mencionados de ladrones y salteadores.
    Hasta que un simpático zar, de nombre Iván y de apodo "El Terrible", comenzó a unificar los territorios que conformarían el Imperio Ruso en un futuro.

    El zar más temido fue el primero en usar a los cosacos como una fuerza militar propiamente dicha, formada no solo por tártaros sino también por moscovitas que huían de la capital bien por haber cometido algún delito o bien porque no soportaban las asfixiantes medidas llevadas acabo por el gobierno central.

    No solo las filas rusas se llenaron de cosacos sino que también los polacos, al mando de Esteban Bathory (esto va por tí, Ensis), vieron la oportunidad que brindaban estos salvajes jinetes de la estepa.

    No nos engañemos. Mucha gente tiene la ide romántica de que los cosacos eran jinetes libre que luchaban por la paz y la libertad. Otros opinan todo lo contrario: que eran seres demoniacos que saqueaban todo lo que se encontraba por delante (recordad las primeras escenas de la película "Fievel en el Nuevo Mundo").
    Pues ni lo uno ni lo otro, la relidad era una mezcolanza de las dos. El carácter impetuoso de los cosacos hacían que estos cogieran lo que no era suyo (en sus comienzos, la única forma de obtener mujeres eran secuestrándolas) pero algunas de las más grandes revueltas por los derechos del campesinado en Rusia tenían como líderes a cosacos o descendientes de ellos, como Pugachev o Stenka Razin.

    Ahora un poquito de vida cotidiana.

    Los cosacos vivían en pequeños asentamientos fortificados de madera llamados "stanitsas". La comunidad estaba liderada por un atamán, que se elegían por periodo de un año de manera casi democrática. Este debía representar a su stanitsa ante sus vecinos y ante el zar.
    Las asambleas donde se reunían los habitantes de una de estas comunidades parece parlamentar se conocen como "krugs". En ellas, todos los cosacos tenían derecho a opinar y a asistir libremente. No habían privilegios ni regalías, ya que uno de los lemas cosacos es que todo hombre tiene las mismas oportunidades.

    Como ya he dicho, el atamán era el líder de su stanitsa.
    Se le identificaba por un estandarte de cola de caballo y su propio pueblo tenía derecho a ajusticiarlo si se propasaba en sus funciones.
    Otra de las funciones del atamán es, obviamente, liderar a sus hombres en la batalla.
    Uno de los privilegios del atamán era que podía asesinar con sus propias manos a alguno de sus hombres si estaba borracho antes de la batalla, así que abandonad la creencia de que los cosacos iban como cubas al campo de batalla. Esto es algo lógico: un borracho no puede luchar porque tiene sus facultades mermadas por el alcohol, siendo un peligro tanto para sus compañeros como para él mismo.

    Los cosacos eran expertos en exploración (de ahí que los Stroganov los eligieran para la exploración de Siberia), escolta y emboscada.
    Entre las armas que usaban tenemos un sable curvo, algún tipo de arma de fuego y joya de la corona: el nagaika. Este artilugio era un largo látigo de cuero trenzado. A diferencia de un látigo normal, el nagaika podía atravesar la piel e, incluso, partir el hueso del pobre que recibía uno de sus contundentes golpes.

    Pasemos a algo triste: la época oscura de los cosacos.

    Durante la revolución, los cosacos fueron usados por los zaristas para reprimir a la población, por lo que su popularidad descendió en picado.

    La cosa empeoró cuando Stalin se autoproclama líder de la Unión Soviética.
    La colectivización hacía peligrar las tierras de los cosacos, los cuales siempre habían gozado de un estatus especial.
    El alcohólico dictador decidió que los cosacos no estaban por encima del sueño rojo.
    Hasta que llegó la Gran Guerra Patriótica (que es como conocen en Rusia a la SGM).
    Muchos cosacos, al ver que sus derechos estaban siendo pisoteados, se pasaron al bando del tío Adolfo.
    Stalin, preocupado por una revuelta cosaca, decidió ganarse la amistad de este pueblo dejándolos en paz. Por ahora.
    Así, se crearon contingentes de cosacos soviéticos que eran el terror de los chicos de gris.
    Tras la guerra, los cosacos fueron perseguidos, muchos tachados de traidores y, los pocos que no lo fueron, marginados.

    Hasta la caída de la URSS, allá por el año 1991.
    La gran tasa de criminalidad hacía imposible imponer la paz. Incluso la propia policía estaba corrupta.
    Ahí es cuiando a alguien se le ocurrió volver a contratar los servicios de los cosacos.
    Para que veais si fue un éxito: los vagones del metro de Moscú se usaban para algo más que para viajar. Traficantes y proxenetas eran sus usuarios más comunes.
    Pero, cuando se abría una puerta y aparecía un señor armado con un sable y un látigo que podía partirte la cabeza en dos, no había sitio por donde huir.

    Y esta es una breve historia del pueblo cosaco.

    Espero que os haya gustado.

    Nos vemos.
  • Una breve historia sobre el deporte más molón de la Historia: combates de gladidadores./

    Escrito por Platov el 27/07/2011
    Bueno, aquí está el pesao de Platov otra vez.
    Debido a la mediocridad de mis dos anteriores post, voy a meterme en asuntos más serios.

    Veo que os molan más las entradas que tienen que ver con Historia, así que esta va sobre eso. Espero no decepcionaros como las otras veces.

    Empecemos.

    ¡Gladiadores! Cuando nos gritan esta palabra en nuestro oidos, lo primero que nos imaginamos es a dos señores con corazas dándose de espadazos en el Coliseo, jaleados por un montón de romanos sin otra cosa mejor que hacer.

    Basicamente, debemos este estereotipo a las pelis de Hollywood (cuando molaba, mucho antes de la llegada de Michael Bay). Pero más allá de la escalofriante pregunta "Tommy, ¿a ti te gustan las películas de gladiadores?", existe un mundo que se aleja mucho de lo que nos han enseñado los productores ejecutivos californianos.

    Antes de comenzar con mi disertación (perorata, más bien) todo lo que voy a decir está sacado del libro "Los Gladidadores" de Osprey. Con unas alucinantes ilustraciones de Angus McBride.

    No se sabe muy bien pero el origen de este deporte (sí, es un deporte), según Nicolás de Damasco, se encuentra en unos actos fúnebres en honor del ciudadano Bruto Pera, allá por el 264 a.C. Al parecer, el miembro de la familia que convirtió Roma en una República le pidió a sus hijos que, cuando el finase, se celebraran unos combates entre hombres en el Foro Boario.
    Esto tampoco era algo nuevo ya que los íberos (nuestros antepasados) realizaban unos combates en honor a los jefes muertos, en los que sus mejores hombres luchaban hasta la muerte.

    Sí, los primeros combates se realizaban en la rectangular superficie del foro. Con el paso del tiempo, se comenzaron a construir los primeros anfiteatros de madera. Estas estructuras permitían al público mayor comodidad, un mayor ángulo de visión y, para los gladiadores, un espacio más amplio para poder moverse y esquivar los golpes del enemigo.

    Muchos gladiadores eran esclavos, hechos prisioneros tras una batalla o saqueo pero, y aquí es donde rompemos uno de los mitos hollywoodienses, también existían ciudadanos libres que decidían ser gladiadores, bien porque se aburrían en sus casas o bien porque era la única forma de pagar alguna deuda.
    A ellos hay que añadir a los noxii. Los noxii eran delincuentes, violadores y parricidas que eran condenados a morir luchando en la arena. Estos eran los únicos que pronunciaban el legendario lema "¡Ave, César! ¡Los qué van a morir te saludan!" ya que su destino era la muerte. Se les equipaba tan solo con una espada y se les hacía luchar contra gladiadores veteranos, armados hasta los dientes. Obviamente, morían a los pocos minutos de entrar.

    El lanista era el dueño de la FAMILIA GLADIATORIA.
    Él era el encargado de comprar esclavos y de proporcionar a sus gladiadores equipo y comodidades.
    Las condiciones en las que los esclavos debían vivir eran lamentables hasta que, en el año 73 a.C., cierto gladiador de origen tracio llamado Espartaco se sublevó junto con sus compañeros en la academia de Léntulo Batiato.
    A partir de ahí, y para evitar revueltas, las condiciones mejoraron.

    A la hora de organizar los eventos, el magistrado o interesado llegaba a la academia y hablaba con el lanista sobre el dinero que costaría y cuales eran los mejores gladiadores para llevar.
    Los MVNERA comenzaban con un desfile en el que músicos y acróbatas daban la bienvenida a los guerreros de la arena (uh, eso ha sonado muy Dune).
    Los combates podían variar: habían recreaciones de batallas, VENATIONES (combates contra animales), competiciones de tiro con arco, NAVMACHIAE (espectaculares recreaciones de batallas navales donde se llenaba la arena de agua) y, como no, los combates (individuales, en grupo o a ciegas).

    En cuanto a esa actitud vista en las películas, en las que el magistrado o emperador no tenían piedad con ninguno de los contendientes, mentira cochina.
    El objetivo de los combates era que el gladiador desmotrara su VIRTVS, eso es, su valor en combate. Incluso si era vencido, el público se apidaba de tan gran guerrero.
    El gladiador podía pedir clemencia si levantaba el dedo índice de cualquiera de sus manos. Si se aceptaba, el magistrado señalaba al gladiador con su índice. Si no, pulgar abajo.
    Los gladiadores que quedaban malheridos eran rematados por un trabajador del recinto. Este llevaba el rostro cubierto por una máscara que representaba a Caronte, el barquero del inframundo, y usaba un mazo para golpear la cabeza del desdichado.

    Existían diversas clases de gladiadores: reciarios (armados con una red), mirmidones, tracios, secutores, etc. También existía la costumbre de equipar a algunos de ellos con la panoplia de su pueblo de origen, como en el caso de los galos. ¡Ah! Y también existían mujeres gladiadoras.

    Aún a pesar de que este trabajo era considerado como algo insultante y de gente de baja estofa, la gente seguía con sumo interés los combates. Muchos gladiadores se convirtieron en auténticos ídolos de masas.
    Y si un gladiador luchaba bien (y sobrevivía) podía obtener la libertad, simbolizada por una espada de madera con su nombre, al final de su carrera. La mayoría de estos afortunados se convertían en lanistas o en DOCTORES (entrenadores).

    Sí, ya se que a nuestros ojos esta puede ser una costumbre bárbara y retrógrada pero nosotros disfrutamos con cosas como la liga de campeones u Operación Triunfo.

    Espero que esta lectura os haya entretenido. Si he cometido algún error, por favor, decídmelo.

    Nos vemos.
  • Imperios y Mazmorras a punto de ser terminado./

    Escrito por Platov el 26/07/2011
    Noticias breves, para servirle Mr. Quitanieves.

    Vale, coleguillas, un postecillo rápido que llena el vacío y el poco éxito del anterior.

    Si recordáis, estoy creando un juego de estrategia de tablero conocido bajo el nombre en clave de "Imperios y Mazmorras".

    Bueno, pues he de deciros que está casi finiquitado. Digo casi porque me falta por terminar el sistema de hechizos y refinar un poco el tema de las batallas.

    El resto está ya terminado, si bien tendré que realizar mejoras tras el testeo con mis colegas (es la primera vez que hago algo así, algún error habrá).

    Y así, la gente que quiera podrá convertirse en un emperador de fantasía y liderar a su reino hacia la victoria en un mundo en constante movimiento (uy, eso último ha sonado muy Peter Molyneux, ¡olvidadlo!).

    ¡Nos vemos!
  • Recomiéndame algo: The Specialists/

    Escrito por Platov el 25/07/2011
    Hoy es un día especial.
    Si mi pereza y mi corta memoria me lo permiten, comenzaré una pequeña sección de mi blog que saldrá de cuando en cuando titulada "Recomiéndame algo" en la que, como su propio nombre indica, os sugeriré algunas de las cosicas que más me gustan.

    Como diría Yuri Gagarin: ¡Allá vamos!

    Empezamos con un webcómic.

    ¿Sabéis una cosa? Hay algo en los cómics de la Edad de Oro que me atrae. No sé lo que es. Será que me encantan las cosas salidas de los años 30, 40 o 50 del siglo pasado o que tenga una parte de mi alma reservada al dieselpunk.
    Y si esos cómics son de superhéroes, mejor que mejor. Y si son héroes pateándole el culo a las hordas del Tercer Reich, ya alcanzo el Nirvana.

    Sí, porque ver a un puñado de tipos con superpoderes unidos para vencer a la única cosa en la historia de la humanidad que era un auténtico reinado del mal no tiene precio.

    Y "The Specialists" es un webcómic que va de eso.

    Con un estilo de dibujo a medio camino del cartoon y del realismo, "The Specialists" cuenta la historia de un grupo de superhéroes cuyo cometido es impedir que los nazis usen en el campo de batalla a los Übermenschen: supersoldados con dones especiales cuya sola presencia hace que los ejércitos aliados huyan en desbandada.

    El cómic está lleno de personajes tan carismáticos como Max, un chico superdotado judíoamericano que... ¡PILOTA UN MECHA!; Hartmann, un soldado alemán víctima de uno de los experimentos del Reich o ?, un superespía británico cuyo poder reside en que puede convertir su gabardina en cualquier uniforme que desee, además de saber casi todos los idiomas presentes en la faz de la Tierra.

    Sobre los supervillanos, solo se pueden describir con una simple palabra: terroríficos.
    Tenemos a "Geist", el espíritu de un soldado de la Werhmacht fallecido en combate y que ahora se dedica a poseer a los soldados enemigos; "Panzer", que se parece horrores al Coloso de X-Men y "Die Hexen", una poderosa hechicera. Todos ellos están comandados por el siniestro "Barón Crossbones", un oficial de las SS cuyo poder es levantar a los muertos y cuyo aspecto recuerda a Karl Rupert Koenen de "Hellboy".
    Mención especial para la aparición del malo malísimo: Adolph Hitler, el cual le pide al barón que busque cualquier objeto místico que exista.

    Una de las cosas más plausibles del cómic es que sientes que realmente estas leyendo una reliquia de la Edad de Oro, en parte por el uso de algunos clichés de la época (la versión Specialists del Capitán América viene con su propia versión de Bucky de regalo).
    Y la cosa va más allá porque mezcla estos clichés magistralmente con cosas más propias de los cómics de nuestra época. Un ejemplo son los problemas entre Max y su padre, el cual quiere que su hijo abandone sus investigaciones sobre robótica y sea rabino como él, cosa que al joven niño prodigio le enfurece.
    Los autores también ahondan en la personalidad de los villanos: el barón ve una pérdida de tiempo en la obsesión del Fürher por los objetos mágicos y comienza ha perder su fe en él cuando un científico nazi crea al supersoldado definitivo: el Kapitan Deutschland.

    Y hasta aquí puedo leer. El cómic actualiza todos los lunes.
    Aquí os dejo el enlace: http://thespecialistscomic.com/

    Espero que disfrutéis con él tanto como yo.

    Nos vemos.
  • El final de una era./

    Escrito por Platov el 21/07/2011
    Marchando nuevo post, recién sacadito del horno.

    Como muchos saben (y los que no lo sepan, ahora lo sabrán) el transbordador Atlantis aterrizó ayer por la noche en Cabo Cañaveral.

    Esta noticia no sería tan impactante como la de la corbata del ministro Sebastián (modo sarcástico) sino fuera porque el Atlantis ha sido el último transbordador espacial de la historia de la NASA.

    Kaputt. Se acabó.

    Demasiados gastos, demasiados errores... Esto es lo que ha hecho que la NASA decida poner punto y final al programa de transbordadores. Ahora, la NASA depende de la Agencia Espacial Rusa y de las naves Soyuz para llevar astronautas y suministros a la Estación Espacial Internacional. De Cabo Cañaveral a Baikonur.

    Y es que, si algo nos ha enseñado la carrera espacial, es que Rusia ha sido la vencedora por goleada: fueron los primeros en colocar un satélite en órbita, los primeros en mandar a un perro al espacio, los primeros en poner a un hombre en órbita, los primeros en construir una estación espacial...
    Los yanquis solo han hecho una cosa loable: llegar a la Luna. Y, encima, los conspiparanoicos aseguran que la misión no fue real, que todo fue un montaje. Yo soy de los que opinan que todo fue real.

    ¿A qué se debe el éxito espacial de la Madre Patria?
    Yo creo que reside en el axioma "la solución más sencilla es la mejor".
    ¿Queréis un ejemplo real? Ocurrió que los astronautas tenían problemas a la hora de escribir con bolígrafos en gravedad cero (en realidad es en estado de caída libre pero así nos entendemos mejor): la tinta jamás llegaba a la punta.
    ¿Qué se les ocurrió a los científicos de la NASA? Construir una especie de "superbolígrafo" que permitía bombear tinta a la punta, el doble de caro que un boli corriente. ¿Qué hicieron los rusos? Cambiar bolígrafos por lápices. Punto. Una solución tan simple que parece una estupidez pero que logró ahorrar un montón de rublos a las arcas del Kremlin.

    Los americanos creen que tecnología es sinónimo de "cuanto más cara, mejor" y creo que ahí se equivocan.
    Hasta la tecnología más puntera puede sufrir daños, como nos demostró la tragedia del Challenger.

    No es que haya que gastarse millones en tal aparato, es que es construir tal aparato de forma barata y que dure durante años. No podemos hacer tal cosa y acostarnos viendo como se va degradando porque pensamos que, al habernos gastado miles de dólares, va a funcionar para siempre.

    Esta es la opinión de un humilde servidor. Nos vemos.
  • Futuro Indiana Jones./

    Escrito por Platov el 19/07/2011
    ¡Albricias! ¡Eureka!

    Acabo de ver las listas para el master y he sido admitido en el de Arqueología mientras que en el de Secundaria estoy el primero en la lista de espera.

    Doy gracias a los dioses por ello aunque, en verdad, resulta que el profesor de Arqueología necesita gente para su master porque parece que no hay muchos que esten por la labor.

    En fin, de profesor de secundaria tiraré para la universidad.

    Estoy superhipermegacontento con esto porque uno de mis sueños está cada vez más cerca de ser realidad.

    Nos vemos.
  • Imperios y Mazmorras./

    Escrito por Platov el 18/07/2011
    No estoy mucho por la labor de escribir un post ya que estoy un pelin resfriadete (gracias a mi madre).

    Pero he de cumplir con mi obligación.

    Llevo queriendo hacer un juego de estrategia desde que cayó en mis manos el primer Age of Empires. Es algo que me apasiona y con lo que me obsesioné bastante.
    Como mis conocimientos sobre programación son un pelín escasetes me mentalicé que tenía que ser de tablero.

    Llevaba años pensando en ideas que funcionasen pero siempre que encontraba una, surgían miles de problemas.

    Hasta ahora.

    Nunca antes un proyecto me había apasionado tanto como el que tengo entre manos.

    Veréis la idea surgió jugando a juegos como "Heroes of Might and Magic" o "Age of Wonders". Siempre he jugado a juegos de estrategia fantástica y siempre pensaba en lo mismo: ¿por qué no hay tanta profundidad como en otros 4X como "Civilization" o "Master of Orion"?
    Los 4X fantásticos casi siempre se basan en reclutar ejércitos, estudiar conjuros y poco más. Y si tienen diplomacia, solo se contempla la posibilidad de declara la guerra o vender algún conjuro.

    Pensé que estos podrían ser tan profundos como los otros 4X. Así nació "Imperios y Mazmorras".

    En IM, los jugadores encarnan a un Emperador que deberá llevar acabo diferentes tareas: fundar y desarrollar ciudades, investigar hechizos y tecnologías, elaborar meticulosas tramas de espionaje, etc.

    He metido un montón de razas, desde humanos hasta dragones, pasando por trolls o kobolds.
    El objetivo del juego es que el jugador se sienta como amo y señor de su propio reino. Obviamente, también deberá acabar con los otros jugadores, ya sea conquistando sus capitales, teniendo una tecnología superior o extinguiendo su familia.

    Sí, en IM he pensado que molaría tener un sistema de familia real. Con ello abro un abanico de posibilidades diplomáticas y de intrigas palaciegas.

    Espero que todo salga bien y esta idea llegue a buen puerto.

    Nos vemos.
  • La lenta agonía de la familia Simpson./

    Escrito por Platov el 14/07/2011
    Como fan acérrimo de esta serie, tenía que escribir tarde o temprano este post.

    Recuerdo la primera vez que ví un capítulo de "Los Simpson".
    Era a principios de los noventa, cuando la serie la ponían en La 2 a las 17:00. El episodio en concreto era "La familia va a Washington" ("Me encanta su revista y su sección de "Mejore su capacidad de palabra" es muy... muy... muy... eso"). Ahí fue donde comenzó mi "simpson-manía" (si esa palabra existe).

    Los años pasaban. La serie pasó de La 2 a Antena 3, donde alcanzó un éxito abrumador debido a que este canal tenía un público más ampli que la segunda cadena pública.

    Grandes episodios, grandes recuerdos e, incluso, un momento triste cuando Carlos Revilla (el ya mítico actor de doblaje que le ponía voz a Homer) falleció de un ataque al corazón. La nueva voz de Homer no le llega ni a la suela de los zapatos (demasiado chillona y forzada).

    Pero fue una decisión de Matt Groening la que puso jaque a la serie: cambiar de guionistas.
    Ahí fue cuando "Los Simpson" comenzaron a declinar. Los chistes, las situaciones y los personajes ya no eran tan frescos como antes. El paso del tiempo y nuevas series, como "Futurama" o "Padre de Familia", comenzaron a hacer mella en la familia más amarilla de la TV.

    Demasiados errores: chistes que se alargan hasta perder la gracia, uso de vísceras y sangre (y no me refiero a los especiales de Halloween) y largos solos musicales de Lisa (Yeardley Smith cantando suena como si Shakira tuviera arcadas).

    Mucha gente le pidió a Matt que finiquitara la serie y se centrara en "Futurama", ahora que tiene tanto saque pero nada: el merchandising es algo demasiado fuerte como para deshacerse de él.

    Y aquí llegamos al que para mí es el peor episodio de la historia de una de las series más longevas, junto con "Dr. Who", de la televisión: el de los años 90.
    ¿Conocéis los estúpidos reboots que Marvel y DC han hecho con algunos de sus cómics? Pues esto vendría a ser lo mismo.
    Un episodio metido con calzador en el que se dice que Bart nació en los 90, no en los 80, que Marge consiguió ir a la universidad y que Homer era líder de un grupo de rock a lo Nirvana. Todo estúpido, sin sentido y metido con calzador.
    Parece que todo el episodio gire en torno a un chiste sobre Sonic: en una de las escenas, mientras Homer piensa en si pedirle matrimonio o no a Marge, aparece un cartel donde el erizo azul dice: "Sonic dice: pídele matrimonio con un anillo".

    Modo Dalek = ON
    ¡EXTERMINAR! ¡EXTERMINAR! ¡EXTERMINAR!
    Modo Dalek = OFF

    ¿Pero en que cojones (este es mi modo Patton) estaban pensando? Me imagino la escena:
    -Guionista 1: "¡Eh, tío! Me apetece meter un chiste de Sonic en un episodio."
    -Guionista 2: "Pero si Sonic está pasado de moda."
    -G1: "¡Ya sé! ¿Por qué no nos inventamos un episodio ambientado en los 90?"
    -G2: "¡Eso! ¡Y qué se joda el eje cronológico de la serie!"
    -G1: "Nos darán mucha pasta por ese chiste."
    -G2: "Entonces... ¡Profana!"

    Espero que el bueno de Groening recapacite y que vea en que se ha convertido su creación.

    Espero que alguien pare la lenta agonía de la familia Simpson.




  • Sombras de Guerra: cuando la ilusión se torna en decepción./

    Escrito por Platov el 11/07/2011
    Otro de post de historia y videojuegos. Y encima, una crítica.

    Comencemos.

    Supongo que alguno de vosotros recordará cierto videojuego creado por la empresa española Legend y distribuido por Planeta de Agostini Interactive. Ese juego estaba en boca de todos porque iba a ser el primero en tratar con todo lujo de detalles y sin censuras la Guerra Civil Española. Su nombre: Sombras de Guerra.

    Por primera vez, un solo título iba a ponernos en la piel de un general en el conflicto más triste de la historia de España.
    Aunque no era nada nuevo ya que existían mods para otros RTS (como el de Blitzkrieg) o se había tocado en alguna minicampaña (como la de Hearts of Iron II) pero no con la profundidad que los chicos de Legend aseguraban.

    El desarrollo del juego levantó algo de polémica en TV pero ya se sabe: en España, los periodistas piensan más en el dinero que en la verdad. En fin.

    Bueno, así que llegó Navidad y mi padre me lo regaló.
    ¡Que ilusión al abrir la caja! El manual era completísimo y a ello se sumaban unos pequeños documentos en plan agencia de inteligencia con las unidades y héroes del juego.

    Lo instalé. La intro era espectacular (buscadla en YouTube). La música genial, con temas que mezclaban marchas militares con sonidos de guitarra española y coros al más puro estilo Ejército Rojo.

    Me meto en campaña. Elijo a los Republicanos. Comienza la intro de la campaña. Asombrosa, llena de fotografías de la época y con una cuidada documentación.

    Comienza la primera misión. Es un pequeño desembarco en Ceuta. En él solo llevo a la heroina de los republicanos, una miliciana con una gran "personalidad". Ejem... Ahí es cuando empecé a dudar. El juego tiene un aire de cómic genialérrimo pero... ¿por qué todos los personajes son iguales?

    Me explico. En Warcraft III, el cell shading está a la orden del día pero puedes distinguir a un enano de una elfa nocturna y de un orco.
    Pues en SdG no es así. Puedes encontrarte a un miliciano, a un tanquista alemán y a un oficial soviético y no los distinguiras.
    ¿Por qué? Pues porque, al parecer, para ahorrarse dinerito y tiempo los chicos de Legend usaron el mismo armazón para todas las unidades de infantería. Solamente cambiaron las texturas. Y no te creas: la embergadura torácica de los personajes de SdG es equivalente a la de un Ultramarine. Sí, no os engaño.

    Llego a un cuartel general nacional con un pequeño grupo de tropas. Se activa un vídeo hecho con el motor del juego. ¡Sorpresa! Las tropas nacionales se mueven mientras el vídeo continúa y tú no puedes hacer nada, solo ver como al final de la animación, tu ejército esta a punto de ser aniquilado.

    Y ahí no está lo peor. Lo peor llega cuando ves que los proyectiles atraviesan... ¡una montaña! ¡Una jodida ametralladora puede disparar a través de una montaña como si esta fuera de gelatina!

    Después de este susto, salto al modo Escaramuza.
    Aquí me elijo a la Gloriosa Madre Rusia. Cuando le doy a comenzar me aparece una fotografía del Valle de los Caídos con la frase: ¡Has Perdido! Hmmm... Eso sí que es guerra relampago. Lo intento otra vez. Lo mismo. Reinicio el ordenador. ¡Vaya! Ahora parece que funciona.

    Ahí es cuando me doy de bruces con el auténtico sistema de juego: es un Starcraft en plena GCE.
    Adoro Starcraft pero no creo que un juego que plantea un conflcito auténtico pueda seguir esta clase de reglas.
    Si querías construir edificios podías haber sguido el sistema de Axis and Allies de barracones móviles. O usar el propio de Blitzkrieg, con refuerzos.
    Pero es que cual fue mi sorpresa al ver un castillo bávaro en mitad de las Alpujarras. Sí, sí. Con su bandera con esvástica y todo.

    Bueno, me dije, acabemos con él. Soldado, a