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Vilem_Landerer

Últimas entradas en el weblog

  • Fango/

    Escrito por Vilem_Landerer el 04/01/2017
    No puedo respirar. Apenas consigo moverme, tratando de nadar hacia la superficie. Es ridículo. No veo nada y las extremedidades me pesan toneladas, el pecho me arde de la presión. Cada vez que el cuerpo intenta dar una bocanada me obligo a no hacerlo, sabiendo que inhalar un poco de aquél denso lodazal supondría mi muerte.
    Nado, brazeo y pataleo todo lo que puedo, pero sólo empeora. Cada vez que retiro lodo, lodo lo vuelve a llenar todo.
    Estoy nervioso, hace frío, está oscuro.
    No puedo respirar.
    No puedo.
    No.

    Algo; mi pie ha rozado algo. Algo sólido, algo en lo que apoyarme. Vuelvo a tantear, pataleo en su búsqueda, incapaz. Mis pulmones me arden, quiero gritar y dar una gran bocanada; reír en la superficie. Me desespero por salir y comprendo que no ocurrirá, no daré con lo sólido a tiempo, me voy a desmayar, voy a perder el conocimiento y el sistema automático que me ha mantenido vivo inconscientemente toda la vida, me matará.
    Me muero.

    Me relajo; ya casi no duele. Es agradable el frío contacto del fino barro, la sensación de aparente ingravidez, la oscuridad. Incluso el desconcertante silencio. Mi cerebro está empezando a desconectarme de la realidad, no debería estar aquí para ver lo que viene a continuación; sería desagradable y de mala educación.

    El aislamiento sensorial es casi completo. No oigo, no veo, no siento nada salvo frío. Ni siquiera tengo claro donde está mi cabeza. Mi pie sí, está apoyado en algo. En algo sólido.
    Apenas me cuesta un segundo. Lo poco que me queda de consciencia se centra en ese pie, en ese punto de referencia, en el anclaje a la realidad; a mi vida.

    Me impulso con las fuerzas que me quedan; mis manos rozan algo por lo que creo que es encima de mi cabeza. Me aferro a esos tentáculos resecos y tiro de ellos, pero ellos tiran de mí. El peso de los brazos se ha ido, escucho un estruendo mientras cientos de insectos impactan contra mi cara y explotan contra ella.
    No son insectos. Demasiado blando. Demasiado frío. Demasiado agradable.
    Es la tormenta, su bendita lluvia me golpea la cabeza con fuerza, así que veo mi momento. Apenas un pequeño vómito y respiro con fuerza el aire húmedo y parte del agua que cae dentro. Me atraganto, vomito de nuevo. Me duele la cabeza, los ojos, me duele todo. Pero vivo. Vivo y riendo por mi loca suerte.


    Vaya, menos de viente días después y aquí estamos otra vez. Es un récord, visto lo visto los últimos dos o tres años.
    Esto iba a ir sobre una pesadilla recurrente que me aterraba de crío peeeeero a mitad he pensado que lo que leéis más arriba era más interesante.
    La pesadilla supongo que la aderezaré con algunos elementos y sacaré algo de ella.
    Ala, disfrutad de la primera semana del año. Espero que este año os vaya todo correctamente y hagáis lo que queráis, o por lo menos, lo paséis bien. Consideradlo una felicitación por Año Nuevo con un pelo de retraso.
  • Mis manos de fuego./

    Escrito por Vilem_Landerer el 16/12/2016
    No logro quitarme la sensación.
    Aporreo las teclas con una furia que se me lleva. Ni una frase con sentido, ni un párrafo con lógica, mientras el teclado parece echar humo. No consigo nada de calidad mínima o al menos legible que no haga vomitar tras la primera lectura. Me enfado, blasfemo, vuelvo a comenzar. No encuentro las palabras adecuadas, mientras que en mi cabeza lo veo todo con una vividez digna de una gran producción cinematográfica, que mis manos, ardientes por el contacto con mi teclado en llamas son incapaces de mostrar.
    Maldigo la falta de práctica, la visión cansada y el estrés que me produce no empezar proyectos pensados, no poder completar proyectos comenzados, falto como estoy de ganas, práctica o talento o las tres cosas. Busco consuelo en lo que antes me ayudaba a centrarme y ahora no consigue ni distraerme.
    Me quemo las manos, arde el teclado. Me dejo envolver en el calor y sigo tecleando barruntos faltos de gracia, de armonía, de belleza. Mis manos de fuego se desmoronan, el teclado se derrite. Y ya no puedo termin...


    ¡Cuánto tiempecillo! Casi parece que haya pasado un año, vaya. Un año más viejo, un año más cansado, pero no un año más sabio. O sí, a saber. En todo caso, un año que se puede ir a tomar por el culo (de nuevo, cosas buenas hay, pero joder...). Qué os voy a contar a vosotros de 2016 que no hayáis visto ya.
    Me encantaría decir que esto es la apertura de un nuevo ciclo, pero me temo que es otra balsa en mitad del océano. Un cascarón de nuez en un mar de apatía escritora que ni las viejas aficiones ni las nuevas consiguen vaciar.
    Pero bueno, optimismo, buena letra y hacia adelante. Tengo ganas de contar historias, pero no encuentro la tecla que me falta para escribirlas. La Senda del Aventurero volverá cuando encuentre la llave para este monumental bloqueo y me gustaría pensar que está cerca.
    Y como no se me ocurre ninguna frase lapidaria de despedida... No estaba muerto, estaba de parranda.


  • Humo Navideño/

    Escrito por Vilem_Landerer el 26/02/2016
    -¿Te has enterado? -dijo, mientras terminaba de tejer su decimonovena bufanda-. ¿Lo de los niños y el Hombre del Saco?
    -¿Qué ha hecho esta vez? -el tono de hastío era palpable, pero el primero lo obvió-. Y cuidado, que esta manta es algo larga
    -Según cuentan, se está dedicando sistemáticamente a devorar niños menores de seis años vivos -comentó, en voz algo más alta para hacerse oír por encima del monótono ruido de los telares-. Es increíble hasta qué punto está dispuesto a llegar por traernos la ruina.
    El de la manta suspiró. Echó un vistazo a su alrededor y pensó en que si el Hombre del Saco quería traer más ruina, debía esforzarse más, porque aquél sitio era lamentablemente ruinoso.
    -Ya. Qué malo el Hombre del Saco, ¿eh?.
    -Y que lo digas.
    -Pero... Hay algo que no me acaba de cuadrar; ¿el Hombre del Saco no era más de secuestrar para matar a machetazos?
    -No...
    -Sí, claro que sí. Es lo que me dijiste la semana pasada. Y la anterior hacía descarrilar trenes -sonrió, intentando sacar la maldita manta del defectuoso telar-. Pero es gracioso, porque al Hombre del Saco hace tiempo que no se le ve hacer nada. Tanto, que hay quién dice que nunca fue tan malvado como cuentan. O que no lo fue en absoluto
    -¿Quieres que se te lleven? Así es como consigues que se te lleven.
    -Sin embargo, a Papá Noel lo han imputado por comer niños. Y secuestrarlos. Y machetearlos. Y hacer descarrilar trenes. Y aquí estás, trabajando para él, feliz de poder malvivir bajo su ala, temiendo que se me puedan llevar por expresar mis opiniones.
    -Ah, bueno. Es que si lo hace Papá Noel, está bien.
    -Luego te ofende que te tome por idiota.
  • Seis años de Senda./

    Escrito por Vilem_Landerer el 18/01/2016
    Wow.

    Más de un lustro ha pasado ya desde que le diera la patada de inicio al blog y comenzara a publicar mis historias de forma más independiente que en los foros de NhI. Seis añitos en los que he escrito y publicado una cantidad de historias bastante amplia, a pesar de la caída en picado de los tres últimos años, especialmente, 2015. La verdad es que tres años de malos resultados de un total de seis no es como para tirar cohetes, pero al menos pude terminar algunas historias completas, lo que me deja a flote.

    Pero 2015 ha sido la repanocha. No sólo he publicado poco, sino que además, apenas he escrito. Generalmente, a pesar de la poca actividad del blog, suelo escribir historias a falta de completar o cosas así, pero en 2015 no he escrito prácticamente nada. Sí, cosas de la partida de rol, algún relatillo corto y tal, pero ya está. Ni siquiera lo que he publicado le he escrito en ese mismo año, sino son cosas más antiguas que estaban esperando arreglos.
    De hecho, la cosa ha sido tan chunga, que me ha costado hasta escribir mensajes de correo electrónico. Me he llegado a tirar más de seis horas para componer algo medianamente entendible.

    Pero 2016. 2016 es el año. El año de qué, está por ver. Después de los dos últimos, casi me da miedo averiguarlo.

    Un saludo a todos, gracias por leer.
  • Reissig - Larga senda (3)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 30/11/2015
    El grupo había marchado a paso rápido, dando siempre rodeos antes de subir hacia el norte, reclutando y entrenando a los nuevos soldados y mercenarios que se unían a la campaña del barón Reissig. Habían solicitado paso franco a través de viejas fronteras y en algunos casos se lo habían negado, pues el antiguo mercenario no gozaba de simpatía entre muchos señores y algunos reyes, así que mandaron a los reclutadores solos y esperaron a que volvieran.
    –Jefe, otro grupo de veintipico sargentos quiere unirse –a Klethi le había costado un poco tomar el puesto de Matheld. Pensaba que tan sólo dirigía tropas y era especialmente protectora con Reissig, pero entre sus labores se incluían su seguridad real y ejercer como ordenanza–. Dicen que quieren una soldada especial, ya que son auténticos veteranos. Yo digo que eso es auténtica mierda, pero la decisión no es mía.
    –Vamos a verlos. Pásame la muleta.
    La joven le alcanzó el palo acolchado que usaba todavía para caminar. La herida de la cadera había sido más grave de lo que pareció en un primer momento y además se había infectado a pesar de las continuas atenciones. El caudillo se incorporó con dificultad. Era un mar de debilidad y tuvo que sostenerse sobre la muleta, hasta el punto que Klethi lo cogió del brazo para evitar que se cayera.
    –Bien, ya está. Sólo ha sido al levantarme –mintió mientras se preparaba para el largo camino que le aguardaba, aquellos casi 50 metros que había desde su tienda hasta el lugar donde se inscribían a los nuevos–. Estoy bien.
    –Jefe, sabe si encargamos una silla con ruedas, la tendrán aquí mañana por la tarde, ¿verdad?
    –Sí, lo sé. Pero la mitad de este trabajo, es la apariencia. Se me cae el sarawil, ajústamelo o andaré con el culo al aire y ponme la clámide sobre el lado de la muleta.
    –Sire, todos saben que usáis muleta –terció la joven, con una sonrisa socarrona–. Y tampoco es que la tela pueda tapar tanto.
    –No discutas y vísteme.
    –Claro que sí. Os pondré la verde; he notado que os gusta el verde.
    –Le has pedido consejo a Matheld, ¿verdad?
    –¿Lo decís por la excelente labor que estoy llevando a cabo?
    –No, porque estás contestona.
    –Je. Me halagáis, barón.

    El día, aunque era otoñal, había amanecido caluroso. A Reissig le costó ajustar los ojos la luz del Sol, a pesar de que Klethi ya había abierto antes la tienda para que se fuera acostumbrando. Con paso lento y seguro, respondiendo a los saludos que le dedicaba su gente, marchó hecho un mar de dolor y agotamiento hasta la zona de reclutamiento para echar un vistazo a aquellos veteranos sargentos que tanto estaban dando que hablar. Su cara estaba como petrificada, pues el esfuerzo de mantenerse aparentemente estable y bien era titánico. Cada paso le dolía tanto que se le entrecerraban los ojos, por lo que dio gracias de que el día hubiera salido tan luminoso y tan sólo pareciera que, como a todos, le molestaba la luz.
    –Bien, ahí están esos sargentos –Klethi se ajustó disimuladamente la espada en el cinto y comprobó por última vez que sus dagas arrojadizas se sacaran fácilmente–. Si se acercan más de lo debido, los rajo.
    –No pasa nada, Bunduk también está ahí y algunos de los mamelucos se han acercado a echar un vistazo.
    –Sólo digo lo que pasará si se acercan.


    Soy un campeón. Me había olvidado de postear las continuaciones.
    En fin, ya veis que uno no se cura fácilmente de varios tajos en un mundo donde la medicina va de pobre a directamente "reza para que eso no huela a queso". Y eso sin pasar por pseudomédicos que podían acentuar la agonía.
  • El Sindicato de Soldados Profesionales/

    Escrito por Vilem_Landerer el 24/11/2015
    No sé si recoradeis las entradas anteriores sobre partidas de rol online y toda esa murga que pongo últimamente en lugar de seguir escribiendo.

    Entre otras cosas, ando trabajando en algunas organizaciones como la que traigo a continuación, aunque no todas son organizaciones paramilitares. La idea es disponer de unas cuantas que puedan atraer a los jugadores a sumarse a sus filas.
    Lo que me falta por terminar, es añadir una pequeña historia sobre su formación y su adaptación a los nuevos tiempos que corren por la Galaxia.

    Sindicato de Soldados Profesionales, vulgarmente conocido como Sindicato de Mercenarios.

    El Sindicato: Dispone de centros de formación, naves y navíos propios e incluso fábricas de equipamiento y armas. No forman una facción, ni se posicionan con la que mejor pague. Su tarea en la galaxia, es asegurarse de que sus afiliados estén entrenados, dispongan de lo que necesitan y sobre todo, tengan trabajo y lo cobren. Si un solicitante necesita a cincuenta mil mercenarios para realizar una maniobra determinada contra un grupo enemigo, enviará un pedido con las condiciones del trabajo. A continuación, los expertos del SSP elaborarán un contrato en base a dichas condiciones y lo remitirán al solicitante. Si este acepta, serán seleccionados los cincuenta mil soldados en base a las necesidades del trabajo (por ejemplo, si necesitan buzos, pilotos, soldados de superficie, especializados en el abordaje o una mezcla de estos). Incluso, si se diera el caso, podría incluso movilizar algún navío de transporte de gran tamaño propio, que suelen servir de base avanzada y puesto de artillería. Esto no es algo habitual, pero si el empleador solicita una gran cantidad de efectivos, se incluiría en los costes el desplazamiento de la nodriza y los transportes de desembarco más pequeños.

    Su organización: Hace siglos que fue creado, pero su organización apenas ha variado, más que para adaptarse a los tiempos.

    Militar: Toman mucho de ejércitos para poder hacer valer una cierta disciplina en batalla, destinada principalmente al buen hacer de sus miembros y a su supervivencia. Así pues, un recién afiliado, comenzará siendo un recluta. Sepa lo que sepa antes de llegar allí, debe pasar el mismo entrenamiento que todos. Una vez terminado el entrenamiento con su equipo estándar (o después de haber estandarizado el equipo que trajera), pasa a ser soldado profesional (soldado a secas, generalmente) y de ahí podrá obtener ascensos como en un ejército normal; ya sea mediante méritos propios o realizando los distintos cursos que ofrece el sindicato. En el aspecto militar del sindicato, no hay nadie más por encima de los varios generales (a general se llega como todos, desde abajo) que controlan las grandes operaciones o aconsejan qué compañías enviar a qué misiones. Generalmente, no se meten en la parte civil del sindicato, aunque ha habido ocasiones en las que han prestado una inestimable ayuda en ese apartado. Fuera de las operaciones, esta jerarquía deja de tener efecto y no tiene poder real, aunque hay algunos que la mantienen por respeto a sus compañeros (P.Ej: Un comandante que haya combatido codo con codo con la tropa, un capitán que los haya salvado, etc…).

    Civil: El puesto de mayor responsabilidad lo ocupa el presidente del sindicato, que ejerce de cara pública y portavoz, así de ser el jefe de la entidad. En la junta lo acompañan el secretario, el tesorero y un comisario general.. A estos puestos, sólo se puede acceder mediante votación popular, estar afiliado como mínimo quince años en el sindicato y pasar una prueba psicoelectrónica para valorar si el aspirante es adecuado para el puesto.
    El secretario se encarga de registrar lo ocurrido en las asambleas y de mantener estos registros a salvo. Además, es el máximo responsable de la biblioteca de la sede del sindicato, en la que aparece la historia de la propia organización, entre otras cosas. No considero necesario decir que tiene cientos de empleados que le ayudan en dicha tarea.
    El tesorero mantiene las cuentas saneadas y se encarga de que todos los pagos se realicen en el tiempo convenido y sean correctos. Maneja ingentes cantidades con la ayuda de sus empleados directos, que son unos pocos en los que confía completamente. La razón de esta confianza es sencilla; los últimos que intentaron robar a los afiliados del sindicato no llegaron a ser atrapados por la Ley, sino por los propios afectados, a los que las leyes galácticas en ocasiones parecen no afectarles.
    El comisario general es una de las figuras más importantes y queridas por los mercenarios. Antiguamente comisario de combate, o de operación, se encarga principalmente de atender las quejas de los afiliados y resolverlas de cualquier manera. Hay poco que no pueda hacer un comisario general por su gente (y su gente se cuenta en millones).
    Además, en las distintas sedes, hay expertos en muy diversas materias, destinados principalmente a proporcionar asesoramiento, consejo y directamente indicar cuál es la mejor forma de proceder respecto a algo.
    Un comisario de combate o de operación, vela para que los derechos de los soldados profesionales se mantengan y que las condiciones del contrato se mantengan. Tienden a ser antiguos combatientes, que tienen demasiada edad para continuar luchando continuamente, pero se niegan a apartarse del trabajo. Acompañan a los mandos, están atentos a sus decisiones y les recuerdan cuando están tomando las decisiones equivocadas. Son muy respetados por la tropa, pues ven a los comisarios como ángeles guardianes. No suelen acompañar a los mandos en solitario y en absoluto lo hacen desarmados, pues harán valer las condiciones del contrato ya sea mediante la directa intimidación, el chantaje o el secuestro y toma de rehenes (generalmente, los propios mandos). No es habitual que esto pase, ya que enemistarse con el SSP suele traer como consecuencia no poder alquilar nuevos mercenarios al sindicato y en muchas ocasiones, que otras entidades similares decidan hacer lo mismo. En contratos pequeños (menos de 5 desplazados, generalmente) no se suele enviar un comisario, así que se designa al veterano para que ejerza como tal).
    En cada operación, además del comisario, suele acompañar al grueso de mercenarios un número de administrativos, que varía dependiendo de la envergadura del contrato. Para los menores, es posible que ni siquiera vaya ningún personal civil y símplemente el papeleo lo lleven a cabo los propios soldados.

    El afiliado: Un aspirante a soldado profesional ha de tener la edad mínima legal (o la edad mínima legal para trabajar con consentimiento de sus tutores legales) para afiliarse al sindicato. Una vez afiliado, sea o no profesional ya del ramo, ha de pasar un ciclo de entrenamiento (que sirve tanto de entrenamiento como para testear las capacidades de cada afiliado) y durante dicho ciclo, usará el equipo estándar (o, si aporta uno propio, estandarizarán el suyo). Además, dispondrá de alojamiento y alimentación (y lo que pueda necesitar para el día a día normal). Todo esto está incluído en la cuota de afiliación y al principio, por falta de liquidez, se suele pagar con los primeros contratos (reteniendo un tanto por cien de varios sueldos). Una vez alcanza el estatus de soldado profesional, un mercenario afiliado puede elegir entre los contratos que el sindicato recibe y recomienda para sus socios (mientras se es recluta, si no se disponen de otros ingresos, el afiliado depende enteramente del sindicato). Una vez selecciona un contrato, puede elegir entre ser transportado en una de las naves comunitarias hasta el lugar de trabajo o ir en la suya propia. Generalmente unos cuantos contratos permiten a un soldado profesional pagar las cuotas que adeuda con el sindicato y disponer además de una buena base económica.
    Entre las ventajas ya citadas (entrenamiento, comida y alojamiento en caso de necesidad), el sindicato provee de estas otras:

    Seguro médico: El seguro médico de un mercenario es complejo y el del sindicato no podía ser menos. No cubre prótesis especialmente complicadas o que requieran una remodelación seria del cuerpo, pero pagará cualquier hospitalización y tratamiento que sufra el asegurado y cualquier prótesis únicamente sustitutiva.

    Pensión: Un depósito a interés fijo controlado por el tesorero provee de las pensiones para todos aquellos que o bien alcanzan una edad para retirarse, dejan dinero para su familia, o para alguien en particular. En ocasiones, se han llegado a entregar cuantiosas cantidades a mercenarios miembros, amigos de los fallecidos. Esto ocurre porque no todos tienen familia a quién dejar dinero.

    Cobertura legal: El SSP se caracteriza por un inicio tumultuoso, que siguió una regularización y una necesidad de disponer un buen aparato legal. Si los soldados profesionales dan guerra en campos de batalla, la legión de abogados que trabajan para el sindicato dan guerra en los juzgados. Durante la república tenían una importancia mucho mayor, pues las leyes solían respetarse más, pero durante el imperio su calado ha decrecido. Aún así, la mayor amenaza que puede poner sobre la mesa una organización con millones de soldados profesionales afiliados, es la de un gran número de abogados duchos en el tema que tratan.

    Transporte, equipo, armamento y en general, cualquier cosa que pueda necesitar para el desempeño de su trabajo: Cualquier pedido dentro de unos límites aceptables será satisfecho sin coste adicional, a excepción que el pedido sea de algo que ya disponga.

  • Reissig - Larga senda (2)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 05/11/2015
    El crepitar de docenas de lámparas y antorchas acompañaban las animadas conversaciones que se daban en el amplio salón del palacio real de Jelkala. El rey Graveth daba una fiesta por la reconciliación entre los sarraníes y su propio pueblo . Los antaño lores enemigos ahora reían sobre las viejas matanzas, las batallas, tal o cual triquiñuela que usaron para despistar al otro. Pero no todos se sumaban al jolgorio, pues tanto los dos soberanos, cómo quién estaba resentido precisamente del resultado de alguna de aquellas triquiñuelas, se mantenía callado e incluso hostil. Matheld, que llevaba años sin asistir a fiestas de aquella clase se mantenía en un aparte, sola, bebiendo el excelente vino poco a poco y procurando mantener el estómago lleno. Era la representante de su señor ante aquella plétora de adversarios mientras él llevaba a cabo un servicio de reclutamiento especialmente arduo antes de que tanto el rey como su mariscal llamaran a la guerra contra el Norte y prefería no ser maleducada a causa del alcohol.
    Habían insistido mucho en que vistiera como una dama más, pero ella capitaneaba a soldados a la batalla. Vestía a lo soldado, aunque ciertamente habían elegido finas telas y caros colores, pero mantenía su estilo. Aún así, los había que la admiraban secretamente, más por su exotismo que por su carácter, que tan fiero e independiente era, se hacía desagradable para la mayoría de los de allí y muy mal visto.
    –Disculpad mi señora; ¿sois Matheld, la mano derecha del Barón Reissig? –era sarraní, joven, de tez muy oscura y de muy buena familia, a juzgar por sus delicadas vestiduras–. Perdonad mi mal norteño, mi padre creyó conveniente que hablara todas las lenguas de Calradia, pero algunas las aprendí mejor que otras.
    –Soy Matheld, sí. Quedáis disculpado, joven, pero si lo preferís, domino el swadiano –bebió para aclararse la garganta. Llevaba tanto rato callada que la voz había sonado áspera. Y era el primero después del rey Graveth que la había tratado con amabilidad–. Si gustáis, aunque no hablemos muy alto, que es el idioma de enemigos ancestrales del anfitrión.
    –Lo prefiero y quedo muy agradecido, gracias. Verá, pensaba que estaría su señor aquí y se lo podría agradecer directamente, pero al parecer no podrá ser –desvió la mirada a la mesa, donde reposaban, como soldados caídos durante una batalla, los platillos que la norteña había ido dejando vacíos–. Espero sinceramente que se encuentre bien.
    –Sí, se encuentra bien. Ha tenido que ausentarse de la celebración para atender unos asuntos personales –no sabía hasta qué punto podría fiarse de aquél desconocido ni por qué deseaba ver al antiguo mercenario. Pero no sabía qué pensar a esas alturas alturas, pues los enemigos bien habían estado entre los propios aliados–. ¿Y sois?
    –¡Oh! ¡Disculpad mi rudeza! Soy Fahd Azîm Salâm, capitán de infantería de lo que solía ser el ejército del traidor Dhiyul, que los dioses torturen toda la eternidad –esto último lo había dicho con auténtico rencor, casi escupiendo las palabras–. Aunque algunos de mis hombres bajo mi mando sufrieron heridas o murieron por nuestra confrontación, si no hubiera sido por la piedad mostrada por el barón, la mayoría habrían muerto. Yo mismo habría muerto con ellos.
    Se señaló el costado con la mano, indicando un recorrido.
    –Al atravesar la línea de campesinos me hirieron. Si no hubieran permitido que el galeno nos atendiera, yo no habría sobrevivido.
    –Entonces brindemos porque mi señor sea más piadoso de lo que cuentan en las esquinas –sonrió divertida Matheld. Recordaba que le había extrañado aquella decisión. Ella era más de dejar que se pudrieran–. Salud.
    –¡Sí! ¡Salud! –entrechocaron las copas y las apuraron con rapidez, atentos ambos a la velocidad del otro–. La verdad es que se hace agradable alguien con quien hablar. Prácticamente soy un apestado entre mis compatriotas, por no sólo ser un oficial de un traidor, sino además haber sobrevivido. Y entre nuestros antiguos enemigos, no soy muy bien recibido, obviamente.
    –Obviamente. Salud también, por los desgraciados que hacen su trabajo y reciben desprecio por ello.
    –Salud.
    Bebieron y hablaron durante un buen rato, compartiendo anécdotas y detalles de aquella y otras batallas. Compartían el gusto y la profesión del combate de infantería, aunque cada uno con un estilo distinto. Mientras Matheld era de entrenamiento norteño, escudo redondo de madera, pesada malla, destrales arrojadizas y espada ancha, Fahd dedicaba sus esfuerzos al cuero endurecido y a la tela ligera, el sable curvo, lanza y adarga. El problema del joven, según pudo advertir la experimentada soldado, es que bebía más rápido de lo que comía y lo que comía era demasiado poco. El vino comenzaba a hacer su primer y tal vez más temido efecto deshinibidor y trataba de contenerlo con poco éxito. Tan poco que en un momento dado, ante un atrevido apunte del capitán, no pudo hacer otra cosa más que reír, franca, sonora y muy, muy alto. Éste, tratando de repetir la broma por encima de las risas, alzó la voz más de la cuenta y se escuchó perfectamente la grosería en lengua swadiana en toda la sala, que se sumió en un furioso silencio.
    –Por todos los diablos sarnosos que se escapan de Averno... –comenzó a decir alguien–.
    –¡Lo que me faltaba por escuchar! !A un guarraní haciendo chanza en swadiano!
    El comentario no pasó desapercibido y el ambiente se enrareció perceptiblemente. Varios nobles sarraníes que conocían la lengua de Rhodok se llevaron la mano al cinto y los más osados las posaron donde debían estar sus espadas.
    –Oh, vaya –Fahd había cambiado de color. Su morena tez había cambiado por una mortal palidez. La agradable embriaguez estaba volando con terrible rapidez–. Creo que he cometido un grave error.
    –Sí, eso me temo –Matheld mordisqueó una pata de conejo con rapidez para asentar el estómago. Había decidido que si alguien le levantaba la mano al joven capitán, ese alguien tendría que buscarla entre el fuego del hogar–. No os dejéis intimidar. Sois de buena familia. Que no pretendan nada menos que una adecuada satisfacción. Y recordad que estoy aquí mismo.
    Ahora estaba rojo, porque los nobles sarraníes y el mismo Sultán Hakim miraban hacia él. Sintió la punzada de náusea que le exigía vaciar el contenido de su estómago. Vio los ojos de su padre, que no podían creer que su enorme bocaza le hubiera vuelto a meter en un lío.
    –Estoy bien, musitó. Al fin y al cabo, soy Fahd Azîm Salâm y soy hijo de mis padres. Si alguien se acerca con otra intención más que la de pedirme explicaciones por mi desliz, perderá la mano –se palpó la cintura, donde solía llevar el sable, pero no lo halló. Todos habían entrado desarmados. Buscó una jarra–. O le romperé la cabeza.
    El duque Althan de Trimbau se adelantó a buen paso hacia el joven. No venía con cara amable y Fahd se preparó para lo peor, que precisamente era lo que estaba por venir. Ante la aprobación de muchos de sus compatriotas y el asco de los sarraníes, el duque alzó la mano para abofetear. La palma acarició el aire, el capitán agarró su brazo y se lo retorció para que doblara el espinazo hasta dar con la frente despejada en la maciza mesa. El golpe fue tan seco que en toda la sala hubieron un par de segundos de expectación para saber si Althan estaría vivo o muerto después de semejante castigo, pero un quejido y el sorbeteo que siguió confirmó que continuaba con vida.
    –¡Estaré gustoso de proporcionar la satisfacción que gustéis, pero no permitiré a nadie que me abofetee como si fuera una… un niño! –mantuvo la presa sobre el duque para impedir que se repitiera–.
    Otro más, viendo que tenía las manos ocupadas avanzó rápidamente, pero no llegó a acercarse lo suficiente ni para escupir. Matheld ya se había adelantado, gruñendo y resoplando, en toda su norteña estatura. Interceptó al nuevo contendiente, lo levantó sin esfuerzo y decidió golpearlo con el puño hasta que suplicara que lo soltara o hasta que vinieran más.
    –Majestad, mi señor Graveth. Mi amigo ha provocado y con razón la ira de estos hombres –dijo la mujer tras soltar al noble, que había comenzado a llorar ante la aterrada inactividad de sus compatriotas–. Entiendo que a un siervo se le azotara justamente, pero merece un tratamiento de deferencia según su rango.
    El rey alzó la vista. Había estado toda la comida como ausente. Pálido, como enfermo. Cansado.
    –Tenéis toda la razón. Debéis disculpadme todos, pues me había perdido en el hilo de mis pensamientos –hizo un gesto con desgana–. Quienquiera que se sienta ofendido, puede pedir que se repare la ofensa de la forma que se convenga, a no ser que mi ilustre colega, Hakim, tenga algún problema.
    –Ninguno, amigo mío.
    –¡Ea pues! Quién tenga asuntos que resolver que los declare aquí y ahora ante todos y no quedará por un cobarde. Quien en silencio quede, que para siempre y para sí se los guarde.
    Los murmullos crecieron. El llanto del que Matheld había maltratado casi se había apagado cuando el conde de Raich, alzó una mano, iracundo.
    –Este niño nos ha deshonrado a todos. No sólo habla en la lengua de nuestros eternos enemigos; ¡sino que además la usa para decir groserías en estos sagrados salones! Es por eso que exijo que obtenga un castigo justo. ¡Un castigo por nuestra mano!
    –¡Eso es una sandez! –respondió uno de los nobles sarraníes, casi sin dar tiempo a terminar–. Hablamos de un joven díscolo y algo maleducado, pero sigue siendo parte de la casa de Sâlam y no tiene porqué recibir disciplina de un sucio amante de los pollos.
    El comentario sobre el clásico apego sexual de los granjeros rhodokanos por sus aves de corral no iba en absoluto destinado a calmar los ánimos. A Matheld se le escapó a pesar del esfuerzo en contra, una risilla. La parte de la derecha del salón, donde los de Rhodok se habían agrupado, estalló en protestas.
    –Tal vez los señores acepten un combate de honor –la norteña había recuperado la tranquilidad en su ser–. Si se lo permiten, creo que mi joven amigo podrá proporcionar la satisfacción adecuada a estos casos a quien lo desee.
    –Su Majestad, si esta mujerzuela vuelve a hablar cuando no le compete, aseguro que haré que la…
    –¿Hará qué, follapollos con ínfulas? ¿Azotarme como si fuera su mujer, o su hija? –espetó, ya sin contener en absoluto la ira–. Yo no soy una débil mujer rhodokana, soy señora de mis tierras, norteña y soldado. Si alguien intenta tocarme aunque sea un sólo cabello, conocerá a su hacedor.
    –Estoy con vos señora. Si hay pelea, será contra los dos –Fahd apretó con fuerza la taza y observó cuidadosamente a las personas en la sala–. Puede ser de forma honorable, como acostumbran las formas, o en un estilo más tabernario, si lo prefieren.


    Althan, "Duque de Schrödinger".
    Hoy un poco más largo. No se me ocurría por donde cortar, así que allá va todo de una.
  • Reissig - Larga senda/

    Escrito por Vilem_Landerer el 27/10/2015
    Se puede considerar lo que viene ahora como la continuación natural de éste relato que termina aquí.

    Ardía la villa. La noche se teñía de rojo y los pobladores poco podían hacer contra su enemigo. Nunca había caído una desgracia como aquella, un ejército completo buscando sustento por medio del pillaje y el saqueo concienzudo de toda la región.
    Corría la mujer entre el fuego, acompañada de el único de sus hijos que no había sucumbido a enfermedades, accidentes o anteriores saqueos. Él apenas podía seguir su ritmo y la retrasaba. No recorrieron demasiado sin que algunos de los batidores los vieran y cortaran su alocada carrera.
    –Señora, por favor, no hay por qué tener miedo –el soldado se acercó, relajando el brazo de la lanza–. Tan sólo queremos pasar un buen rato y un esclavo nuevo que dure mucho en galeras.
    Apenas pudo terminar la frase. La mujer se había adelantado, incrustando los nudillos bajo la mandíbula del lancero con un espectacular gancho. Cogió la lanza antes de que la soltara y se puso en posición de combate, atenta a cualquier movimiento.
    –Reissig, ¡Corre! –apretó con músculos de hierro el arma y se adelantó con una lanzada terrible al más cercano, que murió ensartado en el momento.
    El niño acertó a correr algunos metros más, antes de que un caballo y su jinete le bloquearan el paso. Incapaz de saber qué hacer, corrió hacia un pequeño montón de ladrillos que habían terminado de cocer aquella misma mañana y se escondió.
    Ella continuaba con su baile. Y era terrible. Cualquiera que se acercara recibía un golpe o una estocada que si no eran mortales, bien lo parecían. Intentaba retirarse en dirección a su hijo, pero no dejaban de acosarla, entre gritos y maldiciones. La lanza los mantenía alejados. Al menos tres se lanzaron al tiempo buscando no dar ninguna oportunidad, pero no lo lograron. Ensartó al del centro y usó el asta para bloquear el ataque del de su izquierda, mientras intentaba que el de su derecha no acertara el golpe y lo logró a medias, pues los pasos que había avanzado lo habían hecho calcular mal y le dió con el mango de la espada en el hombro. Gritó terrible y le arrebató el arma con una mano, mientras soltaba la lanza para poder encargarse de aquél. No tardó en matarlo a golpes de espada, pero sintió de pronto el dolor lacerante de una hoja entre sus costillas. El de la izquierda la había apuñalado y ahora preparaba el golpe final. Desvió aquél sablazo descendente y golpeó a su vez en el cuello con un rápido movimiento que rompió malla, carne y hueso.
    Reissig quería gritar. Seguía preocupado por ella, pero sabía que nada podría detenerla. Nada. Salió de su escondrijo y antes de poder comenzar a correr en su dirección, apareció un jinete entre el humo, cargando con el sable en alto. Su madre, que ya había cogido de nuevo la lanza, la levantó para enfrentarse a la nueva amenaza y clavó en cuerpo, pero la inercia era tanta que partió lanza e hizo que ella girara sobre sí misma antes de acabar en el suelo. Se apoyó sobre la espada y comenzó a incorporarse, a tiempo de ver a su hijo frente a ella, junto a los ladrillos, gritando aterrado. Resopló para levantarse y seguir plantando batalla, pero no pudo ya. Un segundo soldado a caballo le estampó el enorme martillo de guerra en la cabeza, apagando para siempre su vida. Con los ojos fuera de las órbitas y el cráneo desfigurado, su cadáver sin vida cayó hacia adelante.
    –¡Madre! –el niño se arrodilló donde estaba, llorando desesperanzado–. ¡Madre!
    Continuaron viniendo mientras se arrastraba hacia ella, incapaz de levantar la vista de puro terror. Pudo agarrarse a su cuerpo inerte y se acurrucó desolado.
    Los jinetes festejaron. Los soldados se dieron al pillaje sin oposición. La villa ardió y el ejército se fue en busca de otra que pudiera saciar el enorme hambre que aquella masa humana siempre sentía. Y el nuevo día sorprendió a un niño abrazado al cadáver de su madre.
    Abrió los ojos. Sombras lo observaban desde lo que parecía ser un cielo de fuego. Un par de manos inmensas, oscuras y malignas se acercaron para estrangularlo y gritó desde el fondo de su alma, en un lugar que pensaba haber escondido hacía mucho.
    –¿Barón? –Klethi había escuchado los murmullos de Reissig en su catre y se había acercado a la tienda. Al escuchar el grito le había faltado tiempo para echar mano a la espada y entrar rauda con una de las lámparas que siempre mantenían encendidas–. Jefe; ¿se encuentra bien?
    El antiguo mercenario tenía la cara descompuesta en una horrible expresión. Parecía asustado y tenía los ojos llorosos. Sudaba como si estuvieran de nuevo en el desierto a pleno Sol y no parecía reaccionar a las llamadas. Por fin, parpadeó, se llevó las manos a la cara y devolvió la mirada hacia la sorprendida Klethi.
    –Me he movido durante un sueño y me ha dolido la herida. No hace falta armar más escándalo.
    –Jefe, ha despertado a medio campamento –los murmullos de alarma se extendían a lo lejos, mezclados con los ruidos de metal–. Y parece que no es lo único.
    Las sábanas se estaban tiñendo de rojo. Ella llamó con un grito al galeno y pidió que alguien pasara la voz de que no ocurría nada terrible.
    –Bueno, parece que se ha abierto –se movió hacia él, para prepararlo para el médico–. Procure no moverse tanto por la noche, que el día menos pensado me da un disgusto. Y ponga mejor cara, que no quiero verle así.
    Todavía tenía el el rostro una expresión de gran tristeza, fruto de las sensaciones de la pesadilla. Un rostro que nadie había visto en décadas.


    Reissig como siempre, un tío majete y con una mente equilibrada.

    A ver como sale esto para adelante. Tengo para cuatro entradas más de una historia que no debería alargarse más allá de las ocho. A ver si me cojo a la costumbre de nuevo de escribir, que tengo muchas historias que quiero contar y así no voy a llegar nunca.
  • Música y trasfondo para Star Wars./

    Escrito por Vilem_Landerer el 12/10/2015
    Segundo post del año. Hurra.
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    Eso es lluvia de alegría.

    Recordaréis que en el anterior contaba ideas de cara a jugar a rol online (videojuego no, rol de veras, pero a través de internet). Las conclusiones, venían a ser, usar el relativo anonimato y las ventajas del medio para proponer una partida que no fuera al estilo tradicional, sino una suerte de "universo persistente de mesa virtual" por así llamarlo.

    Ahora, lo que vengo a poner por escrito, interese o no, es la idea de trasfondo y música. Es gracioso que esté escribiendo esto, porque como algunos bien me podrían señalar; Star Wars YA es un universo con trasfondo y YA tiene música (de la música, hablamos más abajo). Y es algo en lo que tendréis razón.
    Pero me plantea un problema y es que aunque el estilo de ópera espacial me encanta y por eso he elegido este universo para hacer una partida, es porque solía estar muy ducho en la historia del mismo. Digo solía, porque aparentemente, ya no. No sólo la compra de la franquicia por parte de Disney ha cambiado mucho, sino que hay material que han cambiado ideas e historias que ya estaban constituidas por novelas muchos años atrás. No voy a comenzar una recopilación de datos ni mucho menos. Es demasiado trabajo. Así que me he puesto con herramientas adecuadas a intentar unificar algunas cosas, de cara especialmente a tener muy claro lo que ocurre y cómo ocurre. Además, no se trata de quedarme con una sóla parte de una historia que en ocasiones se contradice (en ocasiones se contradice en medidas de navíos, y en otras directamente una obra contradice a otra), pero tiendo a preferir lo que se puede considerar "original", más que nada por lo que vino primero y es lo que controlo algo mejor. El problema es que a veces el material original, aunque puede entenderse de cara a vender su idea, dentro de un Universo vivo, puede no tener sentido, como por ejemplo, la nula capacidad de un stormtrooper de acertar a alguien que tenga nombre y apellidos (especialmente cuando hay publicaciones que aluden a la condición de élite de los soldados de blanco (pero claro, en otras comentan que es que la clonación luego fue malamente y así tiran)).
    Además, haber convertido todo el Universo Expandido en "algo que está fuera de lo que ocurre de verdad" me quita pensamientos oscuros y me espolea a cambiar lo que necesite.
    Así que sí, será Star Wars y espero ser capaz de mantener el sabor de frontera y western cuando la historia vaya por zonas del estilo y mantener la multiculturalidad de miles de mundos civilizados que comparten un gobierno y millones de culturas. Que la Aventura siga teniendo estilo de Star Wars, pero manteniendo el espíritu de un juego de rol.

    Y sobre la música, no es que tenga un problema con el trabajo de John Williams. De hecho, lo mejor que ha salido de las precuelas además de algunos excelentes personajes e ideas interesantes (me encantan las puñeteras carreras de pods), es la música. Pero son piezas que me valen para situaciones concretas, como ocurre en las pelis. Y aunque cualquier combate espacial está bien ambientado con por ejemplo la pieza de "Una Nueva Esperanza"; "TIE Fighter Attack", no puedo repetir siempre los mismos y no siempre voy a necesitar un tono tan serio. Es un Universo y en ocasiones tendremos momentos en los que poner las tras partes de la música de la batalla de Endor tendrá sentido, por lo épico, otras veces buscaré algo que no está en la banda sonora original. Por ejemplo, música de las décadas de los 60, 70 y 80, otras piezas de instrumental, electrónica... Cualquier cosa que tenga a mano para mantener la faceta de Star Wars que quiero para cada partida, ya sea la aventura, lo bélico, el western descarado e incluso, la parte más política y corrupta del Universo.
    Mi mayor problema con esa música es que en ocasiones es perfecta para situaciones, pero si son canciones, pueden llegar a reventar la inmersión en el Universo tan solo por cantar sobre algo demasiado familiar y que sólo podríamos encontrar aquí, en la Tierra.

    Vaya, dos entradas en 2015 y sólo son de daros la chapa. Yo exigía la devolución.
  • Rol online y un servidor./

    Escrito por Vilem_Landerer el 20/03/2015
    ¡Ey! ¡Primera entrada de 2015! ¡Yay! ¡En marzo!

    (TOCHO DE TEXTO, cruzad estas líneas bajo propia responsabilidad).

    Llevo casi un año produciendo, o intentando producir (esto último se ajusta mejor a la realidad de mi trabajo sobre el teclado últimamente, la verdad) una campaña de rol online de Star Wars. Dicho así suena a confesión, pero nada más lejos, es una pequeña muestra de las impresiones que he ido teniendo según iba pensando qué hacer y como hacerlo (como de costumbre, trabajo de cabeza, luego ya llega el momento de plasmarlo).

    El rol online es mucho más sencillo de organizar a priori que el clásico de mesa. Sólo necesitas un jugador como mínimo al otro lado de la línea y ni siquiera tiene que vivir cerca de ti. He jugado varias campañas en este rollo (como jugador principalmente) y es muy satisfactorio. Es una forma distinta de afrontar una partida. Personalmente, me gusta más que la partida sea escrita que hablada, para que no haya que lidiar con problemas de audio (un mal micro, no saber usarlo o una mala conexión y adiós a la agradable partida) y de paso porque permite que mientras se escribe, que no es tan lento, los otros jugadores piensen en silencio lo que van a hacer.
    La campaña que tengo planeada, será escrita, para que entre acción y acción, me de tiempo a buscar cosas o añadir descripciones rápidas para los jugadores.

    Los dados virtuales no siempre funcionan bien. No entraré en el tema de si un sistema informático permite el azar, tan solo apuntaré que en ocasiones a alguno de los programas que he usado de lanzador de dados, se les ha visto el plumero (por ejemplo, tuve uno que si tirabas varias veces consecutivas el mismo dado, en cuanto sacaba el primer número, los siguientes siempre aumentaban su valor en 1 tras cada tirada). Como máster, sé de qué jugadores me puedo fiar para que hagan la tirada en su casa si disponen de dados y de cuales voy a querer ver hasta sus tiradas de atinar en la letrina. Por mi parte, como dejota (director de juego) las tiradas ocultas las lanzo directamente sobre mi mesa con mis propios dados, pero el resto no hay problemas en hacerlo de la misma manera.

    El anonimato online siempre puede estar muy bien. Hasta ahora no he experimentado con ello, esta es la primera vez que lo intento y lo mismo me paso de ambicioso. No solo cada jugador no sabrá con quién está jugando, sino que intento evitar que sepa que la persona con la que interactúa es un personaje jugador. Después de muchos años jugando, he comprobado, como tantos otros, que los jugadores tienden a ser más permisivos con los personajes jugadores que con los no jugadores. No es que me moleste, pues si no, no habría partida. He visto sesiones de pejotas (personajes jugadores) que se miraban mal los unos a los otros a cada paso y procuraban acabar con sus compañeros. Yo mismo he sido uno de estos jugadores en alguna ocasión, especialmente la última, pues trataba de rolear bien la naturaleza de mi pejota (al final acabó siendo mucho más suave, porque si no, se habría pirado del grupo a la primera oportunidad).
    Lo que intento conseguir con esto, como habréis adivinado, es que los jugadores ni anden a la greña con cada peenejota (personaje no jugador) que se encuentren ni sean tan absurdamente permisivos con los desconocidos. Encontré ya hace tiempo una página que podría ayudar con esto: Roll20. Está muy orientada al sistema d20, pero sirve para mis propósitos (tiene tirada de dados, comunicación escrita y por voz, permite dibujar mapas muy detallados, añadir música y efectos que escucharán los pejotas y dos funcionalidades que me han gustado mucho; puedo hablar como si fuera otra persona y con un sencillo truco que leí en los foros, se pueden ocultar los avatares de los personajes, de forma que no se sepa cuantos ni quienes juegan. El problema de este último truco, es que no forma parte del sistema y hay que activarlo después de cargar la lista de jugadores, así que volvemos a la honestidad de los jugadores para que hagan el favor y no miren avatares.

    En un universo de juego, todos los jugadores no tienen por qué compartir tablero. Esto está muy ligado a la anterior cuestión y a la siguiente. He decidido que la campaña oficialmente comience durante la batalla de Hoth. Esto no es que los jugadores vayan a combatir en dicho evento, sino que dicho evento estará en su apogeo cuando el reloj de campaña comience a girar. Cada jugador comenzará su partida según haya decidido su historia de personaje y comenzará en solitario. Se acabó el clásico comienzo de grupo que se encuentra en una cantina y accede a colaborar. ¿Para qué necesitamos comienzos similares, si pueden simplemente jugar, encontrarse en el universo de juego y decidir colaborar de forma genuina (que lo mismo deciden matarse)? No me entendáis mal. Me gusta comenzar con un grupo ya hecho y un primero objetivo, pero en esta campaña he decidido aprovechar todas las "carencias" del juego online y ponerlas a trabajar en otra forma de juego.

    Las sesiones, que sean cortas. Una hora o dos de juego con una sola persona (o dos personas) se suelen traducir en mucho avance. Casi no hay distracciones, pues un despiste del chat puede suponer unos minutos de incomunicación molestos para la sesión de juego, para los jugadores y para el dejota y aunque son más difíciles de cortar (ve a decirle a alguien con quién no estás, que deje de mirar porno mientras jugáis), suelen ser más escandalosas y mucho menos placenteras para todos que las distracciones sobre la mesa física (va, hay doritos sobre la mesa y os ponéis a hablar de pelis. A todos nos gustan las pelis así que todos participamos), así que a mitad no se pueden cortar, pero de una partida a otra nos podemos asegurar que no hayan más (por ejemplo, dejando de jugar con ese pejota mientras mantenga su necesidad de ver vídeos a pantalla completa mientras juega).

    La cantidad de jugadores no debería de ser muy alta en una misma sesión. Dependiendo del estilo de la sesión, yo diría que unos cuatro son el máximo si se portan correctamente. Dos son un número ideal, pero cuatro es fácilmente controlable. Más allá, que decida cada cual.
    En mi caso, no he decidido un tope de jugadores. Principalmente, porque comienzan en solitario, pero no creo que me vaya mucho de esa cifra, pues si la idea es que todos vayan más o menos a la vez (compartan fechas dentro del universo de juego, vaya), habrá que jugar una sesión con cada uno antes de volver al principio de la lista (y eso contando que en todas las sesiones se avance lo mismo, cosa que no va a pasar).

    He decidido que sean pocos jugadores, en sesiones cortas, en solitario o en pequeños grupos (que no tienen por qué mantenerse) y cuya aventura comienza a partir de un momento determinado. Pero hay algo más. Su historia. Si habéis jugado a rol, sabréis que generalmente un personaje tiene una historia, una vida sobre sus espaldas. Esa vida debería definir en parte se carácter y forma de actuar, la forma en la que el jugador debe actuar. Salvo gloriosas excepciones, los jugadores tienden a sentirse más ligados a su historia vivida con el personaje que a la anterior, la no jugada y tan solo descrita. No es extraño, pues al fin y al cabo, lo que se ha jugado, de una manera o de otra, depende de las elecciones de cada uno, especialmente en este caso, del jugador. La historia que ejerce vida anterior queda un poco menos intensa, precisamente porque no ha participado más que en su creación.
    Yo también me siento muy ligado a las historias que escribo, pero he de reconocer que algunos de los personajes de mis relatos que más me gustan están entre los que he jugado. Ilvael, Reissig, Vilem. Todos ellos, sea sobre el tablero o desde la pantalla del ordenador y el ratón en la mano, han sido más parte de mí mismo que ningún otro (especialmente el último).
    Así pues, en parte para poder probar el sistema que estoy modificando ( Sistema del Dodecaedro, por el Narrador de Antagis), he decidido realizar una serie de prólogos. El jugador siempre querrá más venganza sobre el asesino de su familia si en lugar de una corta descripción en el reverso de la hoja, lo que tiene es una sesión de juego en la que conoce los placeres de vivir con sus familiares y todo esto le es arrebatado cruelmente por un terrible pirata que además se regodea en su cara. Digamos que la próxima vez que se vean prometerá ser más épico y dramático todavía.
    No puedo, evidentemente hacer un prólogo de toda su vida. Es imposible. Pero siempre hay pequeñas (o grandes) cosas que definen al personaje. Voy a intentar que en lugar de que el jugador decida por completo estas cosas mediante un trasfondo detallado, tenga que jugarlas "vivirlas" y que sea consciente de que sus decisiones tuvieron consecuencias.

    No es corto el tocho de texto, pero creo que está bien. No tocaré temas como si seré "Máster Mamá" (como hace siglos) o el clásico Guardián de los Arcanos (quien sepa de qué hablo sabrá a qué me refiero), o si el universo de juego en el que voy a meter la partida será tal o Pascual, porque sería mucho para explicar (básicamente, es mi visión literaria del Universo Expandido de Star Wars).

    Creo que jugar a rol de mesa online no tiene por qué intentar necesariamente emular el rol de mesa tradicional. Dispone de unas capacidades y unas herramientas que permiten el despliegue de historias, efectos y personajes que sobre una mesa no se podrían dar, o sería complicado en extremo. Mi opinión personal, es que si queréis realizar alguna partida online, exploréis todas las opciones que os brinda el medio (a no ser que queráis una partida en el sentido clásico de la palabra, claro), pues hay muchas y muy agradables.
  • Echando un vistazo al año./

    Escrito por Vilem_Landerer el 29/12/2014
    La verdad es que no pintaba mal año. El trabajo o la actividad fuera del pc siempre me anima a escribir más y consigue que el capullo vago que es un servidor esté muy, pero que muy activo.
    En el blog he completado dos historias cortas (mentira, Filii Bellise ha escrito más en 2013 que en 2014) y... eeso es todo. Un relatillo por ahí y tratar de competir en algún concursillo.
    Peeeero...
    So!
    much!
    win!

    Así pues, ha sido un año extraño. Sin las cosas buenas que me han pasado (fuera y dentro del blog), sería realmente malo, mucho peor que los anteriores, que ya fueron para olvidar. Pero la posibilidad de un futuro y de estar trabajando en la buena dirección, dan alas.

    Espero que el equilibrio de cosas buenas/putadas cambie definitivamente para 2015, porque no se me ocurren más cosas buenas que me podrían pasar, pero de putadas está la vida llena.
  • Estos eran mis gatos./

    Escrito por Vilem_Landerer el 18/12/2014
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    Doc a la izquierda, el mayor. Narsil a la derecha, el pequeño.
    Cada uno con sus pequeñas cosas, pero ambos dos molones y muy cariñosos. Ambos dos han jugado y han dormido conmigo, o encima de mí, aunque en su momento, ya no viviera con ellos. En momentos como este espero de verdad que haya un Paraíso para bichos como ellos, porque lo poco que han podido disfrutar aquí, espero que lo estén disfrutando allí.
  • Vacaciones; por Dark_Lord/

    Escrito por Vilem_Landerer el 15/10/2014
    Aquellas vacaciones estaban siendo estupendas. Mi chica y yo siempre habíamos sido grandes apasionados de la Historia y siempre buscábamos paquetes vacacionales algo diferentes a lo habitual. Normalmente, nos solíamos limitar a viajes de fin de semana, ya que el presupuesto nunca daba para más. No eran nada despreciables, solo sin salir de nuestra bella Andalucía había grandes rutas guiadas por la Alhambra de Granada o la mezquita de Córdoba. Pero esta vez celebrábamos 10 años juntos y la ocasión se merecía algo más especial. Tras rastrear por Internet, finalmente encontramos uno llamado La Ruta de las Cruzadas, que sonaba muy interesante. Nos metimos en un crédito con el banco, endeudandonos ambos hasta la ceja, pero había merecido la pena. A causa del calor, casi siempre descansábamos a mediodía en tiendas de campaña y viajábamos casi por la noche. Nuestro guía era un hombre gordito, bajito, con bigote, muy entrado en años. Se le notaba que nuestro idioma aun le resultaba extraño, que había palabras que aun le costaba. Aun así, hablaba como seis idiomas y se le entendía muy bien. Se notaba que no solo dominaba la historia oficial, si no aquella que solo había escuchado por boca de sus antepasados.
    -Este lugar, mis amigos, fue tiestigo de las más curiosas batallas. Muchos escriben de como llegaron a ser grandes los reyes de la ápoca. Pero, pocos reyes debieron tanto su poder a ssiubditos leales, aunque ellos no se considerasen así. Uno de ellos, considerado un simple mierceñario, desafió a uno de los grandes jeques de aquella época. Aunque esto parezca solo un desierto, hace algunos shiglos, era donde el iemir de nuestra hiztoria tenía ubicada su fortaleza. Sé que es extrnio pensar que este lugar pudiese tener un palacio paradiciaco, piero los hombres del diesieto conocían bien shus siecretos.
    Ciertamente, el lugar no parecía haber tenido nunca nada. Costaba imaginarlo, pero no sería la primera vez que hubiese ocurrido algo similar. Los años podían borrar la huella de cualquier cosa, incluso de una ciudad.
    -Aquel iemir no había aprendido que si Alá te pone en tu mano a tu enemigo para matarlo, has de apriovechar para liquidarlo, antes de que la oportunidad y la fortuna cambie de lado. Él pienso que su eniemigo estaba acabado, pero demostró lo pieligroso que es tener servidores leales. Y que el aprecio puede más que el miedo. Un simple mercenario logró borrar de la historia a un iemir tan poderoso como aquel. Y su niombre pasó a significar osado, vlaliente en el idioma de nuestros ancestros.
    -¿Y cual era el nombre de aquel valiente guerrero? - preguntó ua veinteañera, completamente ensoñada con aquellos relatos tan épicos que nuestro guía contaba.
    -Reissig, el que lucha hasta el final con coraje.


    ¡Hola a todos! Hoy os presento un relato regalo de Dark_Lord, que está obsequiando con trabajos cortos a todos los que se lo pidan aquí hasta un límite de 31. Aprovechad chavaladuría y llenandle el post a peticiones (dentro de las bases, claro).
    Recordad que además, dispone de página web personal:
    El Rincón de Dark_Lord; donde podréis encontrar detalles de otros trabajos suyos, tanto como novelista y guionista.

    Sobre el relato en sí, debo reconocer que me gustó mucho que pudiera sacar a Reissig de su contexto habitual de matanzas y crueldades y lo acercara a una época más amable. Además, convendréis conmigo que su leyenda salta tiempos y hasta realidades. ¡Un saludo a todos y mil gracias a Dark_Lord!
  • Catalina 2/

    Escrito por Vilem_Landerer el 15/10/2014
    El desierto se extiende bajo el aparato, inabarcable en todas direcciones. Aquella trampa de aparente oro se antoja inofensiva, si no fuera porque cualquier fallo en los motores, en la navegación o en alguno de los delicados sistemas del viejo hidroavión Catalina significa la muerte. He decidido atravesar desde Niamey en el suroeste de Nigeria hasta Túnez capital bajo mi propia responsabilidad y no espero un rescate heroico para un europeo imprudente. Tampoco lo exigiré. Éste es mi viaje y mi aventura, debo terminarlo por mis propios medios.
    Los filtros de arena pesan y me molestan más de lo que me gusta admitir para un trasto del que dependo tanto, pero no tengo más remedio que admitirlos a bordo, o en los despegues y aterrizajes los motores se me llenarán de arena. Y con lo viejos y gastados que están, ya sólo les faltaba eso.
    Pero me da igual todo. Tengo sobre la cabeza el ronroneo contínuo de las cámaras de explosión, 1200 caballos de potencia contenidos en 14 cilindros que no explotan ya por milagro o convencimiento de su propia leyenda. Dos grandes y viejos motores, los de serie, sin añadidos. Sin más añadidos que los cientos de reparaciones que han ido necesitando a través de las decenas de años que han sobrevivido.
    El horizonte está lejos o cerca, me da igual, apenas es una línea difusa que se torna todavía más borrosa por el calor y la luz del Sol cae implacable sobre mi vieja e impecable compañera que avanza imperturbable ante los vientos que la azotan. Nada la ha detenido antes y nada nos detendrá ahora.
    Uso los compensadores para mantenerla nivelada y que no me necesite y me desplazo hacia las cúpulas de observación, desde donde quiero tomar varias fotos. No es que sea algo nuevo, o una nueva forma de ver el Sahara. Pero es mi viaje, y quiero guardar un recuerdo cuando yo ya no esté aquí. Porque cuando yo ya no esté, ella, Catalina, necesitará de fotos para expresar sus viajes.

    Y de nuevo, como hace unas semanas que me han parecido años; me encuentro en la felicidad absoluta.


    Hace unos cuantos años, escribí el que sería el primer relato corto que no tenía relación con absolutamente nada de lo que llevaba escribiendo hasta ahora. Ese relato se tituló Catalina.
    Lo que hoy os traigo es una suerte de continuación. Espero que os haya gustado.
  • Era un perro./

    Escrito por Vilem_Landerer el 09/10/2014
    Ni siquiera sé de qué raza era. Llevo algunos días de una mezcla de ajetreo, un catarro que no acaba de llegar o irse y me he informado del tema del contagio ébola a lo bruto, casi a presión.
    Se lo han llevado en una furgo con plásticos pegados en las ventanas, a la manera que los pegué yo cuando reventé la luna trasera del coche de mi padre, que evidentemente sirve con los vidrios (y ni siquiera), pero que no es un transporte adecuado para un posible animal infectado. Chapuza similar a los trajes que usaban para tratar a los enfermos que se trajeron (muy similares a los que se usan a falta de algo mejor en zonas muchísimo más pobres).

    Ha sido un cúmulo de errores catastróficos, desde traerse a personas infectadas con una enfermedad muy infecciosa y mortal (creo recordar, que en el MEJOR de los casos, con una mortalidad del 25%) sin disponer de un nivel mínimo de equipos y protocolos, hasta la decisión de acudir al médico de cabecera a sabiendas de que haber atendido a un infectado y estar padeciendo síntomas similares.
    El mayor, desde luego, el desmantelamiento de la planta de tratamiento de enfermedades infecciosas por la privatización y la posterior decisión de traer a dos personas infectadas. Evidentemente, toda la culpa, acabará cayendo sobre la auxiliar de enfermería por haberse infectado y haberlo "paseado" por ahí. No mentarán la falta de preparación, la falta de equipo, de duchas químicas si hace falta (si no te puedes quitar un traje sin riesgo y no te lo pueden quitar, se te ducha primero y siempre hay alguien mirandote y guiandote), la falta de transparencia y la absoluta falta de moralidad por parte de los que ordenaban y mandaban.
    La culpa, será de la auxiliar. Y si muere, más.

    Pero al perro, que no tenía culpa de nada, ni le hacía mal a nadie y que tal vez, sólo tal vez, podría haber portado luz, indicios o algo de ayuda, al perro lo han sacrificado porque su dueña se ha contagiado por la ineptitud y mala fe de unos gobernantes que lo máximo que merecen es que los juzguen por atentado contra la salud pública, (es una enfermedad mortal y muy contagiosa que se ha tratado sin los medios adecuados a su peligrosidad). Y si alguien pierde la vida (de momento ya, el pobre Excalibur), homicidio por imprudencia.
    Pero todo esto no saldrá, claro. No habrá quién los lleve a juicio y mucho menos a la cárcel o tal vez (ya sea por venganza o para dar ejemplo) al patíbulo.

    Que por cierto, por si parece que la vida de alguna persona me importa menos que la del perro. Sí, es así. Si hubiera podido escoger, habría seleccionado a unos cuantos para sacrificar antes que al pobre animal, por muy infectado que esté.
  • ¡Liberación!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 18/09/2014
    Apenas había un centímetro cuadrado fresco. Las piedras reblandecidas por los brutales rayos del inmisericorde Sol trataban de mantenerse donde estaban para evitar conocer nuevas agonías relacionadas con la temperatura. Un gran montículo de rocas y arena descansaba en mitad de aquél desolador desierto de afiladas rocas y lagartos cocinados allí donde tenían la desgracia de asomarse a la superficie. De dicho montículo, sin embargo, llegaban extraños sonidos. Algo se debatía bajo el gran peñasco ardiente, y se debatía a golpes, gritos e insultos de toda índole.
    Una gran roca se movía ligeramente a intervalos regulares. Tan regulares como los gruñidos que ocurrían bajo ella, que sonaban entre desesperados y muy enfadados. Poco a poco, se desplazaba más y más. A golpes.
    Esta vez ya no eran golpes. Alguien empujaba decididamente desde el otro lado, un poco desde abajo, haciendo toda la fuerza que a esas horas podía hacer, que evidentemente no debía ser demasiada. Y gritaba mucho, por el esfuerzo, el dolor, la desesperación y unas inconfesables ganas de comerse una buena hamburguesa.
    La roca se desplazó, primero hacia arriba y luego hacia adelante. Y un hombre, que era más bestia que persona, empujó dando un último grito, prolongado y extenuado, que acabó átono, sin fuerza y que parecía soltar polvo.
    -¡Libre! ¡Libre! ¡Soy libre! ¡LIBRE! -exclamó el desmejorado desconocido, con una ridícula barba de días, las cejas pobladas de polvo de su cueva y la panza bien llena de todo lo que se movía por allá abajo-. ¡Ya no tengo que quedarme más en esta apestosa cueva!

    Observó el valle. Tosió un poco, que esta vez sin ninguna duda, confirmaba que el inusual náufrago del desierto se alimentaba de arena o serrín, pues expelía nubes tremendas de polvo. Se dejó bañar por el Sol, sonrió al asfixiante viento, sintió como el sudor lo bañaba inmediatamente por completo y como se iba poniendo moreno por momentos. Paladeó el sabor del aire, la sequedad que le contraía los labios y quemaba la tráquea.
    -Que lo mismo... Puedo quedarme un poco más -dijo, mientras se volvía a su cubil-. Que tampoco era tan malo.



    Buenas noches a todo el mundo. Ando de "vuelta". No puedo decir que a tope de rendimiento. Tampoco, siquiera, puedo decir que con todo el ánimo en el cuerpo. Pero a menos que falle el examen que hice el sábado (sí, lo hice el sábado y os lo cuento ahora, y hasta para mis aficiones me doy vacaciones); lo que me obligaría a repetirlo en Noviembre, puedo decir que he pasado lo realmente gordo (no sólo por temario, sino por responsabilidad) y a partir de ahora tendré tiempo, mío, propio e intransferible.
    Lo bueno es que no me he quedado parado y he ido haciendo algunas cosillas entre mis horarios de estudio y aunque no todo está relacionado con los relatos, algo hay adelantado que me permitirá (espero) teneros unos cuantos meses en antena.

    Así pues, podemos dar por reabierta La Senda del Aventurero. Hola a todo el mundo de nuevo.

  • Un mensaje para el atamán (regalo para Platov)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 10/09/2014
    Era un día caluroso de Septiembre y la estepa rebosaba actividad.. El jinete galopaba a toda velocidad, prácticamente ajeno a las pobres gentes del camino polvoriento, que trataban de apartarse y lo maldecían a voces y en ocasiones incluso con el puño levantado.
    –¡Camorrista! –espetó una anciana, tras levantarse del suelo como pudo–.
    –¡Lo siento, llevo demasiada prisa! –el jinete estaba ya lejos cuando terminó la frase, porque su alazán corría como si lo persiguiera el mismo diablo y de tal manera apremiaba a la montura–. ¡Vamos Jhiphir! ¡Hemos de estar de vuelta antes de tres días y antes hemos de entregar el mensaje!
    El caballo resopló y apretó el paso al notar como las rodillas de su dueño aumentaban ligeramente la presión. Llevaban dos días demoledores, pero no podían parar. No podían, creyendo estar tan cerca.

    Una columna. Podía ver una columna de jinetes. No tenía muy claro si eran ellos, o si tan sólo era otra compañía de mercenarios que tal vez le rebanarían la cabeza en cuanto se pusiera a observarlos de cerca para reconocer su escudo. Confiaba en el pobre Jhiphir en caso de que no fueran muy educados. Cabalgó hasta ellos y sacó un papel, donde podía ver el dibujo que estaba buscando. Escudriñó con cuidado, atento a cualquier mala cara, que de momento sólo eran de sorpresa y extrañeza ante tanta majadería por su parte. Por fin, reconoció el emblema y rió alborozado por haberlos encontrado. Taloneó su montura para avanzar hasta la cabeza de la columna y allí, ante gentes con aspecto de no fiarse ni un pelo, intento presentarse:
    –¡Saludos, poderosos cosacos del Don! –dijo, tratando de sonar todo lo serio posible–. ¡Soy Admes y soy mensajero y vengo con una carta para vuestro augusto atamán!
    –¡Más que mensajero, parecéis un pordiosero! –chanceó a voz de grito uno de los que encabezaban el grupo y se escucharon las risas atronadoras a cientos de metros–.
    –¡Silencio en toda la columna! –una voz se abría paso entre los jinetes, revelando a un hombre de mirada astuta y vivaz, al que se le acercaba ahora alguien para susurrarle algo–. ¡Lavr, si es un asesino, ya daré cuenta de él, maldita sea! Yo hablaré con el desconocido.
    Se acercó a pocos metros de Admes, acariciando como al descuido su temible látigo y sin que mediara orden, su montura frenó, dando un golpe con el casco en tierra, como marcando su lugar.
    –Bien mensajero, decid, os escucho.
    –Sire, me ha enviado mi señor Lánderer, para entregaros esta carta.
    La tendió con humildad e hizo avanzar a su caballo hasta que quedara al alcance del atamán, que la cogió sin estirarse y sin apartar la mano del látigo. A continuación volvió a su posición y esperó a que la leyera entera.
    –¿Qué respuesta debo dar, sire?
    Sonrió el atamán y miró a los ojos del expectante mensajero.
    –Agradeced a vuestro señor su gentileza, fiel mensajero. Tomad buen oro para el camino e id en paz.
    –Gracias, mi señor. Cantaré sus alabanzas mientras vuelvo con los míos –dijo, sonriendo y cogiendo la bolsa que le tendían ¡Todos conocerán la generosidad del atamán!


    Ayer, a cuatro días de mi particular día D, va y resulta que el trastomóvil vía feisbukil me informa oportunamente que es día de celebración, ya que nuestro celebérrimo Platov, usuario entre los usuarios, cosaco de la Historia y diestro espadachín de las Palabras, cumple años. Ante la tesitura de hacerme el longuis o currarme un buen regalo, decidí hacerme el longuis y mandarle lo que acabáis de leer.
    Podéis leer su estupendo blog aquí. Y creedme, queréis hacerlo.
    ¡Felicidades Sire! Admes asegura que la vuelta fue segura, grata y muy entretenida gracias al oro.
  • Relato para Duelo Relatístico./

    Escrito por Vilem_Landerer el 17/08/2014
    Resulta que estoy limpiando Google Drive y me encuentro cosillas y proyectos de antaño. Entre ellos, un relatito corto que escribí para el ¡Duelo Relatístico, en el que me medía mano a mano con Peri. No sé qué pasó con el Duelo (la verdad es que después de presentar el relato y pasarme por el foro alguna vez, derivé mi mente a buscar curro e intentar mantener flotando la Senda del Aventurero, y eso ocupó todos mis procesos mentales). Ahora me he acordado (manda huevos, peste de memoria tengo) y hasta he buscado el hilo para publicar esto de forma apropiada y que tengáis referencias (leed los relatos que fue escribiendo la gente, que merecen la pena, leñe).
    La imagen que debíamos usar de inspiración es ésta, del artista Electrocereal.
    Así que espero que disfrutéis de este pequeño relato, pues me ha venido bien encontrarlo de nuevo (es una maravilla que google guarde lo que envío por correo electrónico).

    (EDITO: Me acabo de dar cuenta de que aparezco como no presentado en el hilo del Duelo. No tengo ni flawers de lo que pasó, porque envié el relato a los dos días de ver la imagen y la respuesta que recibí no me hizo suponer que estaba descalificado. Me he quedado un poco chafado, porque es una lástima).

    La estepa se vestía de gala, pues de oro era el abajo y azur el arriba y el viento soplaba tranquilo. Pero entre tanta paz y armonía algo tenía que venir a romperla. Eran dos, cabalgando a toda velocidad bajo el limpio cielo. El primer jinete tenía el rostro lívido por el terror y no quería volver la vista atrás en ningún caso. Tras él, una joven muchacha tensaba de nuevo el arco.
    –¡No voy a volver! –dijo el primero, horrorizado–. ¡Nopuedesobligarme!
    –¡Oh, claro que vas a volver! –replicó ella, apuntando con cuidado, compensando el vaivén de su montura–. ¡No puedes elegir!
    Dejó ir la flecha. El caballo se inclinó hacia adelante y perdió tino, fallando.
    –Maldición –dijo, espoleando para tratar de darle alcance–. ¡No seas crío!
    La distancia entre ambos se acortó significativamente, lo suficiente cómo llegar a tocarse. Desenvainó el joven y le lanzó varios sablazos, de los que ella esquivó dos, antes de desenfundar su largo cuchillo curvo y comenzar a pararlos con facilidad. No estaba muy versado en el arte de la guerra, mientras que ella era toda una experta, tanto a caballo y arco cómo en combate con los cuchillos. Le golpeó varias veces usando la parte sin filo, pues lo necesitaba vivo, pero sí que quiso hacerle daño, por todas las molestias que le estaba provocando. Al ver que era inútil aquello, decidió separarse un poco de él, justo antes de acercarse bruscamente y lanzarse sobre su caballo. Gritaban los dos, uno por el terror y la otra por la furia, peleando a puñetazos hasta que acabaron rodando en tierra. Después de un interminable forcejeo, lo consiguió poner boca abajo y le ató las muñecas a la espalda, mientras el joven trataba de zafarse.
    –Sabías que tenías que hacerlo. Lo aceptaste.
    –¡P-pensaba que era una...! ¡b-broma! –balbuceó, desolado–. ¡Soy demasiado joven!
    Lo aprisionó entre sus fuertes piernas y se irguió. Era hermosa, pequeña y parecía muy segura de sí misma. En su pueblo no se podía ser débil. Él era guapo, grande y sin embargo lloraba ahora desconsolado y sin esperanza. Ella silbó a los caballos, que vinieron juntos con un trote ligero y alegre. El del joven se acercó y sólo tuvo que levantarlo con un pequeño esfuerzo, hasta que lo cruzó sobre su grupa.
    –No quiero, no quiero, no quiero –desconsolado, sentía correr las lágrimas sin control–. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?
    –Deja de lamentarte llorón, que tampoco es para tanto –estaba comenzando a arrepentirse de haber ido hasta él. Más que lástima, provocaba repulsa–. No tiene sentido que lloriquees ahora, anoche parecías tan enérgico. Ya te dije ayer, que si pasabas conmigo la noche en el pajar, tendrías que desposarte conmigo.
  • Partida de Guerra 8/

    Escrito por Vilem_Landerer el 27/07/2014
    Última entrega de este arco argumental.

    –Esa es nuestra costumbre –el rey Graveth, con sus facciones duras bebía vino relajado, con el brazo herido en cabestrillo–. Y así nos ha ido bien.
    –Alteza, no dudo que hayáis salido victorioso de vuestras guerras, ni dudo que vayáis a salir victorioso –Reissig todavía no podía incorporarse por orden de su nuevo médico y yacía todavía en su camastro, rara deferencia que no se solía reservar a muchos, pese a lo heridos que pudieran estar–. Sólo sugiero que el coste de las victorias es excesivo para el pueblo.
    Se hizo el silencio en la sala. Había ordenado que los dejaran a solas, pues disfrutaba de poder hablar con franqueza con el antiguo mercenario. Volvió a servirse vino y dirigió la jarra hacia el herido, que negó con la cabeza.
    –No se pueden cambiar las costumbres tan fácilmente –sacudió la cabeza y apuró de una sola vez el vaso–. Aquí las cosas no cambian fácilmente, todo anda sujeto a tradiciones, costumbres y cosas así. No puedo saltármelas. Yo no.
    –Su Alteza, lo comprendo. Sólo he solicitado esta audiencia para poder expresarme respecto a este asunto. Sé de buena tinta que los del Norte son más que capaces de derrotarnos en un combate de infantería. No nos faltan redaños, señor, lo que nos sobra es infantería especializada en matar caballeros.
    –Y tanto que los sé. Cada asedio torna en sangría y la última contra Dhiyul ha causado no poca baja entre mis tropas –bajó la cabeza y se miró los pies, casi sumiso–. No sé si podré armar a suficientes hombres para enfrentarme a los del Norte. Mucho menos entrenarlos adecuadamente.
    –Esta última batalla os ha hecho demasiado daño –desvió el mercenario la mirada, avergonzado–. Me habéis cargado con una deuda que no podré pagar nunca y no sólo cuento con la vida de vuestros hombres. Me atraparon por incompetente y ahora esa culpa pesa sobre mis espaldas.
    Graveth lo observó largo y en silencio. El mercenario, si bien nunca había parecido especialmente piadoso, sí que procuraba reducir al mínimo sus bajas. Parecía sinceramente abatido, al margen de la palidez y debilidad que sus heridas le proporcionaban.
    –Tonterías, todos hemos cometido errores en algún momento. No tiene sentido culparse.
    –Alteza, si no me hubierais nombrado barón; ¿me libraría de tal castigo?
    De nuevo, el rey lo miró. Esta vez se encontró con la mirada dura y afilada de Reissig, no con su debilidad.
    –No pensemos en cosas que no van a ocurrir, por favor os lo pido; ¡con demasiadas preocupaciones tengo que lidiar ya sin preguntarme si mandaría castigar a mi amigo!
    Los ecos se mantuvieron varios segundos, acallados a cada momento por los cortinajes. Dos guardias entraron, más no tardaron en marcharse ante el gesto enfadado del propio monarca.
    –Reissig, sois mi amigo. No sólo por aprecio personal, que lo tengo, sino porque desde que acepté vuestro brazo y soldadesca, no hay nación en Calradia que se enfrente con seguridad a nos. Si todavía no os he entregado el bastón de mariscal es porque no gozáis precisamente de la simpatía de vuestros iguales.
    –Lo sé.
    –Por supuesto que lo sabéis. Sois vos. Vos lo sabéis todo.
    –Pero no es el bastón de mariscal lo que ansío y esto también lo sabéis, Alteza.
    –Nunca os he visto intrigar como a los otros para conseguirlo –sonrió y volvió a llenar el vaso–. No hay a nadie a quien no traicionaran por mandar y ser más que nadie. Dentro de poco tendré que cuidar mi propio cuello.
    –Si necesitáis que baje los humos de alguien…
    –¡Jajajajajajaj! –la risa explotó con ganas, enviando salpicaduras del buen vino hasta los tapices que colgaban en la pared–. ¡No gracias! La última vez que le bajasteis los humos a alguno de mis leales señores comenzó a necesitar que le cortaran la carne. Pero si lo que deseáis es quitaros el peso que os incomoda, creo que podría encontraros un uso que nos satisfaga a ambos y no soliviante a la tradición de mi país…

    ¿Que vamos a qué? –Bunduk a punto estuvo de dejar caer la ballesta, que le estaba aplicando el sebo–. Graveth sabe que ya no somos un grupo mercenario como antes, ¿no?
    –Sí, pero parece que las cosas no van tan bien como parecen. Aquí están muy habituados a matar swadianos y con sus armas y tácticas es fácil, pero como se han metido en guerras contra otros la cosa ha cambiado –Matheld explicaba con cuidado las condiciones del acuerdo. No porque le costara recordarlo, sino porque no siempre la audiencia era buena entendedora–. Los swadianos son igual de idiotas y no cambian, se creen que viven en su mundo de caballerías y no necesitan otra cosa, pero tanto los sarraníes como lo de las estepas han provocado muchas bajas. Nuestro señor ha señalado nuestro buen hacer durante la guerra y le ha sugerido que además de por las tácticas, ha ocurrido por la flexibilidad de la que gozamos y parece haber empujado el buen juicio del rey.
    –Pero eso de servir como reclutadores…
    Todos los mercenarios allí reunidos comenzaron un interminable murmullo. A algunos no les hacía demasiada gracia y a otros les apetecía recorrer libremente los campos sin tener que estar pensando en el siguiente rancho, el siguiente asedio o la siguiente batalla.
    –Por favor, silencio –la soldado hizo gestos para que se callaran y los murmullos cesaron–. Quien lo desee, se quedará con el grueso de las tropas, bajo mi mando. Tenemos orden de ayudar en el entrenamiento de los nuevos reclutas. El resto, partirán con el barón y contribuirán a reclutar y adiestrar a nuevos soldados. Cada uno en su especialidad. El problema, es que esto será mientras marchamos hacia el Norte, así que habremos de ser rápidos. ¿Queda claro?
    –Sí señora –dijeron al unísono–.
    –Mi señora Matheld, podría acompañarme un minuto por favor –Nízar se le había acercado, con aparente galantería, como siempre–. Klethi, por favor querida, necesito también de tí.
    Marcharon los tres hasta un lugar apartado del castillo de Weyyah con paso ligero, con Nízar lanzando discretas miradas a todos lados, atento a si los seguían.
    –Nízar, muy atrevido eres para… –comenzó Klethi, más un gesto del poeta la frenó de continuar–.
    –Disculpad el secreto, pero confío en ambas más que en la mayoría de nuestros comunes compañeros y a fé mía que tenéis un aprecio especial por nuestro augusto barón –comenzó a decir, levemente agitado, que en él, se trataba de mucho más de lo habitual incluso en las peores situaciones–. Tengo oídos en muchos lugares y he escuchado en varios que hay malvados que tienen terribles intenciones para nuestro patrón.
    –Nízar, no es nada nuevo –ambas mujeres no pudieron contenerse ante lo obvio de aquella noticia.
    –No, me refiero a que no traman nada bueno para él fuera de los campos de batalla. Alguien planea asesinarlo, aprovechando que no puede defenderse por sí mismo.
    –Lo creen inválido.
    –Que no lo esté no significa que no vayan a intentarlo.
    –En ese caso, iré con él –sentenció Matheld, endurecida por la noticia–. Ahora pensaré quién se queda para capitanear las tropas en nuestra ausencia.
    –Matheld, eso sería una imprudencia –el poeta sonrió, consciente del aprecio de la mujer por el antiguo mercenario–. No debemos despertar sospechas, pues mis oídos son sensibles y podrían salir heridos. Además, capturar a un asesino bien nos podría ayudar a prevenir futuros golpes.
    –Nízar, habla claro por favor –dijo Matheld, irritada–. No tengo paciencia ahora.
    –Sí señora. Lo que quiero decir, es que vos os quedéis y hagáis el trabajo que teníais planeado. Sin embargo, Klethi, aquí presente –la señaló con la mano, dirigiéndose con suavidad a la joven–, acompañará y asistirá a nuestro querido barón y será su sombra. Si alguien comete la insensatez intentar alguna felonía, se encontrará de frente a su fiel guardiana.
    –¿Yo? –preguntó incrédula–. Pero si lo mío es lanzar jabalinas, dagas a lo sumo, no soy centinela, no podría…
    –Amiga mía, en cada ocasión que algún tonto levanta la mano contra nuestro patrón --sonrió el soldado poeta ampliamente, mostrando la hilera de blancos dientes–, os ponéis tensa como un resorte y el pobre que osa, acaba en muy mal estado. Lo hemos visto varias veces, en tabernas, en calles bañadas por la luz de las estrellas y recientemente en plena batalla. Tenéis unos reflejos relampagueantes y no dudáis en matar.
    –Es cierto –asintió Matheld con la cabeza, mirando a la joven pelirroja, que se debatía entre el orgullo y la timidez que la asaltaba–. Los mamelucos me han dicho que el tiro fue increíble, digno de un torneo. Incluso si hubieras ido a pie.
    –Yo, reconozco que era difícil de conseguir, pero no creo que…
    –Tonterías. Además, bien sabemos que nuestro señor está ansioso de verse recuperado y no lo verás quieto mientras vos lo defendéis.
    –En todo caso, que no se mueva más que cuando el galeno lo mande –advirtió la norteña con gesto serio–. Has de ser firme con él respecto a eso.
    –¿Firme? –preguntó, casi divertida, pues la afirmación no le parecía fácil de mantener en la práctica–. ¿Con él?
    –Pues sí. No has de mostrar debilidad ante él y mantener tu posición. Es lo que hago yo. Y me funciona.
    –Yo, eh. Lo intentaré… –vio que Matheld la observaba cuidadosamente y tuvo un momento de pánico–. Lo haré. Seré firme. Lo prometo.

    FIN


    ¡Y eso es todo de momento! Resulta que estaba transcribiendo cosas de mi libreta eterna y me he acordado deque tenía esta parte lista para la publicación, así que creo que ya era hora de dar un brochazo final a este arco argumental. Reissig y compañía nos dejan de momento, pero no por mucho tiempo, espero, pues me he divertido mucho narrando esta pequeña aventura y me encantará continuar sus andanzas en otro momento.
  • Partida de Guerra 7/

    Escrito por Vilem_Landerer el 17/07/2014
    Ala, otro trocito más que tenía escrito por ahí:

    Había asistido al espectáculo de cómo Klethi le cortaba los dedos a Dhiyul uno por uno, mientras éste se debatía inútilmente, pues ella avezada saqueadora, ya le había cortado sabiamente los tendones necesarios para que los moviera lo menos posible. Al final, Reissig se había desmayado y silenciosamente el mameluco lo había sentado en su silla de montar y lo había llevado con cuidado hasta la casa que el médico lo condujo. Tras unas curas rápidas, destinadas a tapar las heridas que ya deberían estar cerradas, salió para ver el estado del resto de sus pacientes y se encontró un número sorprendentemente bajo de heridos entre la compañía del mercenario. Contusionados, algún tajo menor, pero ningún muerto. Lo realmente devastador había sido la primera línea de infantería que se había interpuesto a ellos. Prácticamente ninguno de los infantes sarraníes había sobrevivido al embate. Y los que vivían preferirían no hacerlo, pues el estado de sus mutilaciones era tan enorme que no podría decirse si vivirían, pues algunos no podrían hacerse cargo de ellos mismos. Más esperanzador era el de la segunda línea, montada a toda prisa por el capitán desconocido, pues el primer impacto contra los mamelucos había sido leve y los swadianos no habían encontrado apenas resistencia, ya que estos se habían rendido rápido. Aún así, el saldo era de diecinueve muertos y cuarenta heridos, contando a su capitán, que tenía un tajo bien feo en el costado, pero que respondía bien. Fahd era el nombre de tal capitán y había tratado de formar la línea al ver que la primera no hacía mucho frente a la caballería.
    –Pero mis tropas no eran tal, sino pobres campesinos, mal armados, a los que apenas he podido entrenar –dijo afligido, mientras le cosía la herida–. No eran malos hombres, pero el maldito emir se empeñó en reclutarlos a la fuerza y los pobres no han tenido oportunidad. Pero nadie podrá decir que no fueron valientes.
    –Entonces, señor, mejor no le cuento algo de lo que me he enterado.
    –¿El qué? ¡Por favor, hablad!
    –Dhiyul hacía guerra por su cuenta. Los reinos habían llegado a la paz aunque fuera por un tiempo. Atacar esta aldea, esta batalla, todo esto. Todo lo ha hecho sin permiso del sultán.
    –¡Traición! ¡Es posible que el sultán cuelgue a sus oficiales! ¿Cómo no me di cuenta?
    –Pocos lo sabían, al parecer.

    –Estáis despierto.
    Matheld se inclinó sobre el yaciente. Ya no llevaba su acostumbrada cota de bandas y estaba desarmada. Pero no parecía prisionera, sino saludable y libre. Eso tranquilizó al mercenario lo suficiente para tratar de incorporarse sobre los hombros, pero el cuerpo le dolía tanto que no hizo falta ni media negativa de la norteña.
    –Habéis perdido mucha sangre; el matasanos ha dicho que no os permita moveros –sentenció segura de su autoridad sobre el herido–. Así que más vale que no os mováis o tendré que ataros al catre.
    –¿Cómo ha ido la batalla? –preguntó débilmente, sorprendido de su floja voz–. Entiendo que hemos vencido. Nuestro bando.
    –La compañía apenas ha tenido bajas. Algunos heridos, nada serio y un par de muertos por los putos arqueros –casi escupía al decir esto; detestaba a los saeteros, jabalineros, arqueros, o cualquiera que peleara de lejos. Sin embargo, hacía excepciones, pues Klethi le caía en gracia y su propio líder era un consumado arquero sobre su montura, Válka–. La gente de Graveth lo ha pasado peor. Le ha costado mucho alcanzar el centro de su línea, sus tropas estaban demasiado cansadas para la tarea, más hay que reconocer que los saeteros que entrenan son muy buenos. Ellos solos han hecho una escabechina decente. Al final hemos unido nuestros esfuerzos a los suyos, desde la retaguardia enemiga, portando el casco decorado de Dhiyul, como prueba y los pocos que no se han rendido han sido pasados por la espada.
    –Bien.
    –El galeno se ha empeñado en curar a cualquiera que estuviera a su alcance…
    –Está bien, tal era mi deseo.
    –Bien señor.
    –Matheld, gracias por volver a por mí, aunque debo decir que ha sido una imprudencia.
    –Señor, nos encontramos con el rey Graveth y entre todos trazamos el plan –sonrió la norteña, incorporándose en su gran altura para alcanzar un botijo de agua fresca y un vaso de metal–. Con semejante apoyo, habríamos sido tachados de cobardes de no haber vuelto.
    –Gracias por el agua –bebió ávido, pues debía de hacer una pequeña eternidad que no se llevaba un trago a la boca y tenía los labios agrietados–. Por los dioses, qué sed tenía. ¿Dhiyul sigue vivo?
    –Han pasado dos días. Está muerto.
    –¿Pero ha muerto como ordené que muriera?
    –Nadie, excepto las bestias salvajes se le han acercado –frunció el ceño ligeramente al recordar los estremecedores chillidos–. Al final dejó de gritar y no sabemos en qué momento murió, pero para entonces todavía quedaba carne que aún devoran los carroñeros y parecía agitarse, pero el galeno nos ha explicado que ocurre en ocasiones en algunos cadáveres que están siendo devorados.
    –Bien. Un poco más de leyenda para que los enemigos se lo hagan encima nada más avisten nuestro estandarte.
    –Prefiero el embate honesto, pero entiendo bien por qué lo hacéis. Ya sabéis que las triquiñuelas no son lo mío.
    –Si me puedo ahorrar un par de docenas de muertos y engrosar las filas de los prisioneros, ya sabes que lo haré. Un ejército asustado es muy fácil que pase a ser un ejército rendido. O destrozado –pensó con dificultad en ejércitos y en los últimos acontecimientos–. ¿Cómo han quedado las fuerzas del rey?
    –Su Alteza ha recibido una flecha, gentileza de uno de esos malditos arqueros, pero está bien y se recupera, ya sabéis que es fuerte y testarudo. Respecto a su gente… Bueno, para la campaña en el norte va a tener que reorganizar su ejército, pues la infantería ha sido masacrada, cosa que no ha ocurrido con sus saeteros. No traía caballería, pues eran las fuerzas de asedio destinadas a Shariz.
    –He de hablar con él. Llevo varias semanas tratando de convencerle para que abandone el rígido sistema que usan desde que se independizaron. La guerra con Swadia siempre vuelve, pero no le hace ningún bien disponer de tropa especializada en masacrar caballería pesada si el mes que viene se enfrenta a los jinetes de las estepas y en cuatro más se hace matar contra la durísima infantería pesada del norte.
    –Todavía no estáis recuperado cómo para…
    –No estoy diciendo que quiera ponerme a cabalgar, sólo quiero entrevistarme con Graveth antes de que comience a armar un ejército de nuevo según las costumbres. ¿Podrías interesarte por su estado y si es posible, concertar una audiencia?
    –Sire…
    –Matheld, si hace falta, me cargarás tú, pero voy a hacer valer mi amistad con él para que la guerra con el Norte no sea un baño de sangre para nosotros. Cada vez que sus ejércitos se encuentran con una tropa de desarrapados con arcos potentes y caballos resistentes pierde a gran cantidad de hombres. Los grandes escudos de los sargentos y los paveses de los ballesteros hacen mucho, pero antes o después encajan algún tiro y los arqueros a caballo o incluso a pie se pueden tomar todo el tiempo del mundo.
    –En ese caso, así lo haré, aunque el galeno ha sido muy insistente en que no debíamos…
    –Pues no me mováis coño, coged la cama y llevadla hasta él conmigo encima.
    –Así se hará entonces sire.
    –Gracias. Déjame el botijo a mano, por favor, y ordena que cada cierto tiempo me traigan más, me muero de sed.
    –Haremos lo que mande el galeno –dijo, alejando el recipiente–. Y el galeno manda que el agua, será con mesura.
    –No era una sugerencia, Matheld –dijo, visiblemente irritado–.
    La mujer le lanzó una gélida mirada. No había título nobiliario, cantidad de dinero o liderazgo que pudiera superar la enorme fuerza moral que irradiaba Matheld.
    –Claro, que también me puedo contentar con algunos sorbitos –repuso tras unos segundos sosteniendo la mirada estoicamente–. Sí, unos sorbitos estarán bien, no hay que abusar.


    Bueno, queda una sola entrega escrita (y en total) de este arco argumental, así que por desgracia, cuando termine, se acabó hasta que me ponga con el siguiente, que probablemente se retrase en favor de otros proyectos (a poco tiempo hay que priorizar un poco, por desgracia).

    Recomiendo que mañana 17, si vivís en Valencia ciudad y alrededores, no salgáis de casa a partir de las nueve de la mañana. Que soy un peligro todavía con el camión, jejejejeje.
  • Partida de Guerra 6/

    Escrito por Vilem_Landerer el 11/07/2014
    Klethi lo había visto. Los mamelucos lo habían visto. Al pasar por encima de los pobremente armados infantes que les habían salido al paso, a los cuales habían ignorado, se habían percatado de que su señor era el andrajoso aquél que hablaba con el tipo de aspecto recargado y caro. A todos les había entrado la urgencia al ver que el noble cogía el sable y Klethi se los había apartado de enmedio a gritos, al tiempo que sacaba una de sus mejores jabalinas, reforzada y equilibrada por un maestro herrero que había cobrado muy bien por su trabajo.
    –¡Salid del medio! –soltó las riendas de la yegua de su líder y la apremió–. ¡Ve Válka, ve por él!
    La yegua, libre de peso y ataduras salió al galope, tan rápida que parecía que volara, directa hacia su amo. Klethi por su parte, se afianzó sobre los estribos, equilibró su cuerpo y mantuvo la mirada fija en la figura que mantenía el sable en alto ante Reissig. Contuvo la respiración. No había vuelta atrás. Con un movimiento rápido y preciso, cómo de resorte, el brazo salió despedido hacia adelante y la jabalina voló, no alto, sino recta y muy, muy rápida, tanto que siseaba al cortar el aire. Pasó rozando la cabeza del mercenario, se incrustó en el abdomen de Dhiyul y no paró hasta que atravesó dos vértebras, rompió la espina dorsal y salió por la espalda.
    El emir se sentó. Incapaces sus piernas de sostenerle, ni chilló, sólo soltó el sable y cayó sobre sus posaderas. El rostro, cubierto cómo estaba no se podía ver, pero estaba lívido y las lágrimas caían con profusión de sus ojos, pues el dolor era tan atroz que lo había privado de cualquier sonido. Inmediatamente, los mamelucos estallaron en gritos de alegría y felicitaciones para la muchacha, que había logrado el mejor tiro de su carrera.
    –Por los dioses, necesito vomitar –fue lo único que pudo decir, pasado el momento–.
    –¡Gran disparo, Klethi! –al mercenario le temblaban las manos perceptiblemente y trataba de disimularlo frotándose los grilletes–. ¡Ven Válka, ven bonita!
    La yegua se acercó al galope y Reissig cogió el lucero del alba. Puso atención a los dos soldados que venían y agarró el arma con ambas manos. Desvió el primer sablazo hacia la arena, con esperanzas de quebrar el sable, pero sus escasas fuerzas se lo impidieron. Le atizó una patada para quitárselo de encima y algo le hizo mucho daño en el muslo; el tajo que había recibido contra los batidores estaba sangrando.
    Los mamelucos seguían acercándose a toda velocidad, pero dependía todavía de él mismo y no podía contar con que Klethi repitiera la hazaña. Se retiró, fingiendo que la herida dolía más de lo que parecía, dejando que el lucero del alba cayera ligeramente. Uno de ellos avanzó dos pasos, los suficientes para que en un rápido movimiento ascendente le hundiera la mandíbula inferior con un crujido espantoso y lo dejara inerte en el suelo.
    –Mira, hijo. De verdad –le dijo al otro con fastidio, que tenía un aspecto de ser un oficial joven y prometedor–. No quiero hacerte daño. Tu superior de esta no sale, te lo aseguro, así que si te vas ahora, ten en cuenta que no habrá nadie que pueda decir esta boca es mía –alzó un poco más la voz, para que lo oyera el resto de gente que había alrededor–. Si os marcháis ahora y me dejáis en paz. Mis hombres no os perseguirán. Si no, si seguís empeñados en la defensa de este cascarón que llora aquí sentado… Moriréis, todos. O algo peor.
    El discurso quedó cinco segundos en el aire. Cinco segundos que tardaron en echar un vistazo a Dhiyul, que seguía inmóvil, con la punta de la jabalina asomando por la espalda, ver que los mamelucos se acercaban cada vez más y que los swadianos ya no tenían nada a lo que aporrear porque estaba muerto, herido o se había rendido.
    –Nos iremos –dijo el oficial joven y sensato–. Le agradecemos la oportunidad señor.
    –Ea, ea. No perdáis tiempo, yo me encargo de que no os persigan. Id en paz –de pronto, se acordó de algo–. ¡Ah! Por cierto. Hawaha es de mi propiedad. Seré cuidadosamente cruel con quien se sobrepase con sus gentes; difundid el mensaje, por favor. Pero galeno, por favor, vos no os vayáis.
    –¿Yo? –dijo, asustado, conocedor de la leyenda negra del mercenario–. ¿Acaso seré objeto de vuestra venganza?
    –Nada más lejos. Pero además de mi propio cuerpo, mi gente y mis enemigos necesitarán de cuidados. Y no tenemos a nadie desde hace semanas, pues Ymira, se marchó por desavenencias con miembros de la compañía.
    Lo peor, contarían más tarde, no había sido la estampa del mercenario herido, con los grilletes, la sangre, el lucero del alba en las manos y los mamelucos detrás. Sino la amplia sonrisa de triunfo. Una horrible mueca de saberse por encima de otros.
    –¡Alto todo el mundo! –gritó bien alto y claro, para que lo escucharan–. No se persigue hoy. Les he pedido por favor que se fueran y me han hecho caso. Además, sé que aunque me jurasteis lealtad por salvaros de aquél asqueroso noble swadiano, no os gusta maltratar a la gente de vuestra tierra.
    –Y os lo agradecemos, ra’asa, pero nos gusta maltratar a los grandes señores –señaló el de los ojos negros al emir herido–, así que; ¿qué haremos con él?
    –Para él, dado que no estoy de humor para desollarlo y meterle un palo al rojo por el culo para que se rían en Shariz de él, cómo hice con su hermano…
    Se acercó hasta él y le quitó el casco, que lanzó sobre la arena. Estaba muy pálido, lo que contrastaba sobremanera con su habitual morena tez y las gruesas lágrimas le mojaban la barba. Tenía la mirada perdida y no reaccionaba a lo que tenía a su alrededor.
    –Espero que no haya perdido el juicio. No es divertido si son otra persona.
    Lo golpeó en la cara, para que cayera de espaldas y ahí sí pareció reaccionar. Dio un tremendo grito de dolor y trató de moverse, pero solo pudo agitar los brazos y retorcer ligeramente el torso, lo que acentuaba su agonía.
    –¿Estáis con nos, excelencia?
    –¡Te mataré!
    –¡Lo dudo mucho, excelencia! –Exclamó, riendo.
    –¡Eres un animal!
    –Si claro, ahora soy yo el animal –se miró las muñecas y confirmó sus sospechas; se había olvidado de que aún llevaba los grilletes–. ¿Alguien me puede echar una mano para quitarme esto?
    –Espere jefe, que ya voy –Klethi trajo un pequeño cofrecillo con varias herramientas e hizo que se sentara mientras trabaja–. Me alegro de que esté bien. Bueno, esté más o menos bien. Excepto por las heridas, quiero decir. ¿Quién es el calvo?
    –Nuestro nuevo médico. Dime, ¿Matheld ha organizado esto?
    –Claro jefe, bueno, Matheld y un poco todos. Oh, claro. Y el rey.
    –¿El follón del otro lado es Graveth?
    –Sí, parece que tuvo que abandonar el asedio de Shariz por un problema con los norteños. Dice que firmó con el Sultán un tratado de paz de un año para que ambos resolvieran sus asuntos. Este tío parece que se los ha saltado.
    –Ah, vaya –se sintió liberado sin los grilletes y recogió el lucero, antes de encaminarse al yaciente–. Eso aclara algunas cosas, ¿no crees escoria? Has traicionado un tratado de paz, has atacado un pueblo soberano durante dicha paz, has intentado torturarme, asesinarme y tus hombres combaten a gente con la que no están en guerra. Eso me deja a mí en una posición muy desagradable. Supongo, que dado que no hay otro señor por aquí, soy el único que puede ejecutarte. Así que en el estilo de cómo se suelen hacer estas cosas, te condeno a morir devorado por los buitres y los coyotes.
    –¡No tienes ese derecho!
    –Y tanto que lo tengo. Y si no, te reto a que te levantes y me lo discutas.
    Se acercó y le hundió el hombro derecho con el lucero del alba. Prosiguió con el izquierdo, indiferente a los aullidos y el llanto del caído.
    –Así pues, Dhiyul, hijo de mil perros, reúnete con tu hermano allá en el infierno. Dile que espero que disfrutara con el pedazo de hierro candente con el que mis hombres lo sodomizaron –golpeó la jabalina de su vientre, clavandolo al suelo e inmovilizando definitivamente–. No creo que lo coyotes tarden mucho. Hay bastante sangre.
    –¡M…mátame…!
    –No. Me quedaría a disfrutar del espectáculo, pero no tendré mucho tiempo. Además he perdido mucha sangre –alzó una ceja, pensativo–. Sin embargo, hay algo que sí que podré ver.
    –¿Qué?
    –Klethi, mira qué pedazo de anillos tiene en las manos. El muy imbécil no se había puesto todavía los guantes.
    Era cierto. Tenía las manos profusamente decoradas en oro y piedras. Todas las joyas gritaban “¡Somos caras!”. Klethi se relamió y tragó saliva ruidosamente. Podía pagar muchas jabalinas nuevas y relucientes con esas joyas.
    –Pero jefe, todavía está vivo. Y generalmente es muy estricto con estas cosas.
    –Hoy estoy más permisivo, ¿ves? Pero recuerda que hay que compartir. Consideradlo un regalo –se giró hacia uno de los mamelucos, al ver que Klethi desplegaba su navaja, una cuchilla corta y espeluznante que siempre llevaba encima–. Sujétame ahora, o me caeré inmediatamente. En cuanto nadie mire, me subes a Válka y que el galeno te guíe a algún sitio donde me pueda curar. Luego, le hacéis caso en todo lo que necesite para curar a la gente que te diga, a toda la que te diga, ¿está claro?


    Vaya. Estoy tan sumido en prácticas con tacógrafo, conducción eficiente y en ver la fuerza cinética que lleva un camión de 40 toneladas al sacudirse un leñazo a 90 kilómetros por hora (no me gustaría ser el turismo con el que impacte); que se me ha olvidado completamente que tenía la Senda del Aventurero en activo y que aún dispongo de alguna cosilla que podría publicar. En este caso, además os había dejado en un momento bastante intenso durante bastante tiempo de esta serie de relatos. No ha terminado ese arco argumental, pero calculo que le quedarán dos o tres entregas más por delante.
  • Ungido. Relato para Cano./

    Escrito por Vilem_Landerer el 06/07/2014
    Os traigo un relato corto, regalo para Cano en agradecimiento por la excelente ilustración que podéis disfrutar aquí.
    Os recomiendo leer el cómic Ibosim si no lo habéis hecho ya, para evitar spoilers, pero si no, lo tenéis a continuación, espero que lo disfrutéis tanto como yo he disfrutado escribiéndolo:

    Aquí para descargar en .pdf


    Balcebe miró por última vez el campo de batalla. Las apresuradas pinturas de guerra cubrían su cuerpo desnudo y tan sólo lo vestía el pequeño escudo redondo y la Espada. Cerró los ojos mientras inspiraba profundamente antes de desenvainar, pues sabía que no habría otra vez, al menos no de forma consciente. Nada más excepto la ira y el odio que la Espada de la Desesperación provocaba cuando se la sacaba de la vaina. La asió de la empuñadura y tiró de ella con suavidad. Al principio no sintió nada especial. A su espalda, el manípulo de sacrificio esperaba expectante. De pronto, sobrevino el fuego. El ardor que le quemaba cada nervio del cuerpo le producía un dolor tan inimaginable que no supo como se mantuvo en pie. Ni como recorriendo la mirada roja por el campo de batalla, distinguió formaciones. Y avanzó hacia ellas, resuelto a que pagaran caro su dolor.

    –¡Avanzad hombres! –el fragor de la batalla no podía imponerse a su voz, pues; ¿acaso no los lideraba el poderoso centurión Agatocles?–. ¡Hemos de reforzar el flanco izquierdo para enviar a esos perros al otro mundo!
    Apretaron el paso, dispuestos a rebasar la pequeña loma que los había tenido toda la mañana a cubierto de los ataques de los hostigadores enemigos, ya fueran honderos o arqueros. Al otro lado, el combate parecía recrudecerse pues los gritos que llegaban hasta ellos eran de espanto.
    –¡Más rápido, ya casi llega…!
    Había llegado hasta arriba, casi corriendo. Al otro lado no había nada más que muerte. Los ejércitos seguían asesinandose mutuamente, pero no allí, en el flanco izquierdo. Allí lo que había era un buen montón de cadáveres destrozados y un hombre desnudo con la espada desnuda en la mano y completamente cubierto de sangre y restos que los miraba con fijeza. Estaba intacto. Se agachó levemente y gritó, ronco, desde el centro mismo de su alma. La formación de soldados se estremeció claramente y dio un paso atrás, más su capitán era un hombre con muchas batallas a su espalda y pocas cosas había que consiguiera hacerlo temblar y ninguna estaba sobre la tierra que pisaba.
    –¡Apretad formación y no fiéis!
    Avanzó con cautela, escudo redondo por delante y la espada atrasada, previendo el golpe del ungido, que llegó con rapidez y fuerza inauditas. Golpeó con la misma defensa para quitarselo de encima y trató de rebanar el cuello con una rápida estocada, pero sólo a punto estuvo de llevarse una de las puntiagudas orejas de su adversario. Era más rápido, era más fuerte y no tenía ningún tipo de necesidad de sobrevivir, por lo que podía apreciar al combatirlo. Chocaron la Espada y el escudo del líder de nuevo y éste se recompuso a la espera de que sus hombres cargaran junto a él. La espera le extrañó. Un vistazo rápido y pudo constatar que la mayoría de sus hombres había abandonado las armas y corrían rápidos hacia los bosques. Los maldijo por el segundo que había perdido.
    La falcata destrozó con facilidad la espada y la coraza de lino de Agatocles. Continuó camino sin detenerse atravesando clavícula, músculos, pulmón, costillas, arterias e hígado. El centurión vomitó sangre y se derrumbó, incapaz ya de mantener la vida dentro de su cuerpo. Su contrincante apenas esperó a que cayera y corrió en pos de la unidad que se batía en desordenada retirada, aterrada ante el espectáculo, pues al ver que su líder había caído de forma tan espectacular, los pocos que aún dudaban ya corrían más rápidos que las liebres.

    Ya no podía correr más. Había dejado caer su impedimenta, a excepción por supuesto de la armadura, que no era fácil de retirar y mucho menos escapando de una muerte segura. Sus compañeros se habían separado de él, probablemente tratando de evitar que el portador de la Espada de la Desesperación los pudiera perseguir a todos. Devolvió el pobre desayuno sobre un arbusto bajo del bosque y trató de orientarse. Escuchaba todavía el fragor de la batalla, pero absolutamente nada más. Tardó unos segundos más en comprender que los gritos lejanos eran la única señal de vida que podía oír, pues en aquella espesura todo animal parecía haberse ido. El sudor se le enfrió con rapidez al darse cuenta de aquello, lleno de terror. Instintivamente se agachó y trató de ocultarse, pero no sabía por dónde llegaría, ni siquiera si lo perseguía a él o a otro. Pero que no escuchara nada es lo que más lo asustaba. Durante la carrera no había dado muestras de ser especialmente silencioso y si ahora andaba cerca parecía una tumba. Se arrastró hasta un árbol, buscando la protección del tronco, por si se lo encontrara. Lo encontró, pero para su tranquilidad, lo tenía de espaldas, quieto y respirando ruidosamente. Parecía estar cavilando, absorto en algún hilo de pensamientos. De pronto, sin más, dio media vuelta y echó a andar en su dirección y si no hubiera estado alerta, lo habría descubierto. Aguantando el llanto se preparó para correr en caso de que lo viera, más no le hizo falta. Algo sonó a la derecha del ungido y aquél se lanzó colérico al ataque. El asustado guerrero miró de nuevo y creyó ver una pequeña forma que huía a toda velocidad, pero en la verde espesura apenas podía. Aprovechó su proverbial buena suerte y salió corriendo en dirección contraria, dispuesto a dedicarse a un trabajo más pacífico si salvaba la vida.


    Todavía se preguntaba qué podía haber salido mal. Recordaba haber empuñado la Espada y nada más de aquél día, hasta que se despertó cubierto de sangre en mitad de un bosque desconocido. Aquello en sí no sólo fue suficientemente malo, pues aquél dominado por el Espasmo de Furia no sobrevivía a la batalla, sino que al acercarse a zonas civilizadas había descubierto que ni siquiera estaba en su propio mundo. No podría encontrar las respuestas que buscaba, ya que no era un erudito y aunque algunas de las personas que habitaban el lugar les eran familiares los nombres que él daba, los conocían cómo él conocía los nombres de los dioses. Además,se había podido percatar de que no era del todo igual a los que allí vivían y había tenido que ocultar sus orejas muy pronto, pues aunque en algunos casos la diferencia se traducía en adoración, la mayoría de ocasiones solían acabar en miedo y persecuciones con toscas armas y fuego.
    La Espada. ¿Había sido cosa de la Espada? Había quien decía que la espada tenía vida propia y que cuando el ungido la desenvainaba, era esta vida la que tomaba el control. Tal vez esta vez la Espada quisiera otra cosa; otro comienzo. Si era así, a Balcebe no le gustaba nada la idea. Debía morir en batalla, con dignidad, no apaleado de cualquier manera. Pero allí no conocía a nadie.
    Se mantuvo cerca de la costa y así llegó conocerlos. Eran un pequeño grupo, no demasiado grande, pero muy unido. La mayoría habían combatido juntos bajo el mando de varios ejércitos, principalmente como mercenarios de apoyo y exploradores y ahora habían sido reclutados por las tropas de Cneo Pompeyo, que asediaban Ebusus.
    –¡Buscamos hombres fuertes para un ejército fuerte! –gritaba el mayor de ellos, vestido con su impedimenta completa y la espada al cinto–. ¡Aprovechad la oportunidad mientras dure de estar en el bando ganador!
    –¿Qué se requiere? –a Balcebe tanto le daba estar en el lado ganador como en el perdedor, mientras estuviera en uno–. Para entrar.
    –Espada, escudo, jabalinas –lo escrutó, atento a que tenía prácticamente lo necesario–. ¿De dónde eres, amigo?
    –De Ibosim –dijo, mientras contaba las monedas que había sacado del pequeño morral– ¿Valdrá para jabalinas?
    –Valdrá. –ignoró el hecho de no conocer donde estaba Ibosim. No sabía donde estaban muchas cosas. ¿Qué más daba otra?– ¿Cuál es tu nombre?
    –Balcebe.
    –Muy bien, Balcebe de Ibosim, ahora eres un veles; felicidades. En cuanto reclutemos a unos pocos más haremos una incursión por una de las salinas cercanas, a ver si podemos hacernos con suministros. Está defendida por un pequeño fuerte, pero no debería dar problemas. ¡Anímate! Te espera la gloria, el honor; ¡y el botín!



    Continua en Ibosim.
  • Hubo un tiempo... (Airsoft)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 19/06/2014
    ... en el que a mí, me gustaba jugar a Airsoft.

    Voy a hablar de mis tiempos como jugador de airsoft e impresiones. Historietas del abuelito cebolleta y tal. Lo digo por si queréis pasar del post.

    Técnicamente, me sigue gustando, ojo. La idea de meterme en mi viejo uniforme (embutirme), encasquetarme el casco M1 cacerolero metálico, anudarme un shemag verde al cuello, nevara, lloviera o cayera plomo fundido y enfundarme unas botas de cuero destrozapies, es algo que me atrae. Estoy bastante seguro de que como antes, si me dan mi viejo RPK-74, o mi M-249, una cantidad razonable de bolas y de baterías, volveré a correr como siempre; como si no necesitara bombear sangre.
    Me lo pasaba muy bien. Muy, pero que muy bien. Incluso cuando el maldito RPK decidía que no quería tambor de munición (tres de cada cuatro partidas). En fin,
    Pero también vi cosas que no me gustaron. Evidentemente, en un juego que requiere de la honestidad ajena para las eliminaciones, los "inmortales" podían campar a sus anchas en ocasiones con bastante facilidad (si no hay árbitro o no anda cerca, ya me dirás quién dirime una discusión, a ver cómo demuestras que la pelotita le ha dado). Lo he pensado mucho y siempre creí que la escalada en potencia y la ligereza a la hora de usarla contra alguien (yo tenía una marca en las gafas, que indicaba la altura media de una persona a cierta distancia, la de mi ametralladora. Si más o menos no lo llevaba claro, me abstenía de disparar y usaba mi Ak-74su, mucho menos potente).
    Cuando uno comienza a jugar a un juego en el que se lanzan pequeñas pelotas de un quinto de gramo a altas velocidades, se da cuenta de que puede recibir daño. Lo primero, son las gafas. De hecho, sin gafas protectoras decentes no se juega. A partir de ahí, al gusto; algunos se compran máscaras de paintball, se personalizan máscaras muy chulas, se compran máscaras flexibles de neopreno, yo me ponía el shemag sobre la boca y hasta había gente con protectores dentales. Al final, muchas veces lo mejor venía a ser el "en boca cerrada no entran moscas". Pero aún así, durante una temporada, asistí a una especie de escalada bélica. No ya que tiraran con fusiles o ametralladoras de una potencia media a una distancia inadecuadamente cercana. Es que había gente que para que el "inmortal" (a menudo, el sospechoso de ser un tramposo inmortal era el primero en pasarse tres pueblos en potencia) se diera por muerto, consideraba que había que hacerle daño.
    Ahí comencé a dudar seriamente de continuar en las partidas como hasta entonces. No me divertía de la misma manera. Una cosa es llevarse un bolazo, que te marquen la jeta o hasta que te lleven un diente por entrar en un tiroteo sonriendo, pero que marquen a un chaval a través de su chaleco y uniforme a veinte metros con una réplica (arma de pega, fusa, o como prefiráis) me parece la leche. Igual es que soy blando. Vete a saber. Igual debería haberle partido mi réplica metálica en la cabeza de alguien por haber marcado a un colega. Igual.
    Debo decir que en mi propio equipo hubo en cierta ocasión un comportamiento similar. Un miembro se hizo un fusil de francotirador de muelles, tan potente, que uno de los tipos más fuertes del equipo (y hablo de fuerza de cojones, de verdad), apenas podía cargarlo con normalidad; mi hermano o yo mismo, que no éramos atletas, pero solíamos trabajar con equipo de mucho, mucho peso (bastidores de telefonía móvil del año de maricastaña), teníamos que apoyar la culata en el muslo y por último, el dueño, apoyaba la culata en el suelo y le daba con el pie, en plan moto. Luego al hombro y terminaba de acerrojar. Y esto no es lo peor. Lo peor es que un pirata (no tiene otro apelativo) lo convenció para que le comprara bolas de aluminio de mayor peso que las de 0.20 gramos de plástico que solíamos gastar. Evidentemente, no las pudo usar. Pero imaginad.

    Así que comencé a ver otra forma de juego. Me estaba cansando del tema. Me divertía mucho, pero la verdad es que tanta tontería me cansaba y currar de lunes a sábado para el domingo acabar discutiendo con un capullo que no quiere calcular distancias no me apetecía tanto y ponerme a buscar gente que jugara por mi zona me daba una pereza bestial (además era parte de un equipo y me gustaba estar con ellos).
    Así que decidí que una de cada dos partidas iría como fotógrafo, cosa que ya había probado y que me había gustado sinceramente. Después de dos partidas, deseché el chaleco reflectante, pues el airsofter, parece que en general no mira a qué dispara, sino que ve algo brillante y sencillamente aprieta el gatillo. Unas veces vestía de una forma y una partida mítica me pusieron un casco negro con letras blancas que decían: "T.V.". No me molestaba que me dispararan (si iba con el reflectante sí, mucho), pero en lugar de pasearme por el lugar como si el tema no fuera conmigo, me dedicaba a escaquearme y a esconderme, a veces acompañando a un equipo, a veces al otro.
    El problema, es que no pude esquivar la escalada armamentística, de hecho, es casi peor, pues sólo hacía fotos, no podía responderles.
    No sé como andarán ahora. A raíz de una serie de problemas no tengo contacto con mi antiguo grupo (y tal y cómo salió aquello, ni lo quiero tener) y aunque hace poco comencé a planear mi vuelta como fotógrafo, hay gente a la que no quiero ni ver (pero gente a la que sí, diantres), tampoco me llena de gozo ver que mis uniformes ya casi ni me entran, las botas que solía comprar se destrozan en dos meses, no hay quien encuentre un shemag decente (hasta un puto pañal te haces con ese pañuelo si hace falta) y aunque mi casco sigue bien, mis réplicas están tan apolilladas que ni siquiera disparan.
    Y encima no encuentro mis gafas de protección.

    En fin, siento la chapa dada, pero es mi blog y lo maltrato como quiero.
  • Pollito Wars: Filii Belli.pdf y relatillo tontorrón/

    Escrito por Vilem_Landerer el 17/06/2014
    Los créditos del final de la holoproyección aparecieron con la explosión musical. Algunos aplausos nacieron en la sala ante la posibilidad de salir al fin de aquél sitio oscuro y frío; lugar en en el que conseguir comida significaba la muerte económica.
    –Por Laika, necesito un trago urgentemente –dijo Sauri apartando gente de su camino con malos modos–; ¡quitad de en medio muertos de hambre!
    –¿Cómo presté mi imagen para hacer esto? –Malabestia todavía no se acababa de creer el haber dado su permiso para aquello–. Debieron emborracharme, si no, no me lo explico.
    –Se hace saber a todos los visitantes de las Holosalas Árticas que el héroe de la Alianza Gordon Phalow estará regalando firmas en la entrada –anunció con voz solemne la inteligencia artificial que controlaba el recinto–. Se ruega eviten los enfrentamientos armados.
    El silencio que precedió a la tormenta auguraba una galerna de las peores que se habrían podido ver. Inmediatamente una ola de gente se precipitó hacia los pasillos que daban a la salida. Los que no parecían especialmente interesados en el tema se agarraban a lo que fuera con tal de no verse arrastrados y ayudaban a cualquiera que tuvieran a su alcance. Los del grupo que salía del palco vip se agarraron a Malabestia, que permaneció imperturbable.
    –¡Perfecto cabo! –McQuarry hizo formar a sus hombre y los comenzó a organizar–. ¡Jerguins! ¿Dónde está Jerguins?
    –¡La ha palmado señor! –Púlsar corría a toda velocidad, aplastando cabezas por el torrente humáfero–. ¡Se ha asfixiado debajo de todo el gentío!
    –¡Maldición! Al menos, que alguien busque a Aubrey, ¡que comience a poner orden!
    –Thomas por allá baja –dijo Sauri, encaramada a los hombros de la semiyagui–. Pateando a quien osa interponerse en su camino.
    –¡Largo infieles! ¡No sois dignos! –fuera de sí, disparaba al aire, intentando dispersar a la gente de su alrededor para poder avanzar más deprisa–.
    –¿A dónde demonios va? –preguntó Malabestia, todavía ajena al hecho de ser un peñasco en mitad de la furiosa corriente–.
    –Resulta que nuestro siempre aguerrido vicealmirante es un maldito fanboy. Tiene todo el merchandising que salió en su día de Phalow –sonrió, recordando las figuritas–. En fin, ya se calmará.
    –Coronel, le acaba de pegar un tiro en la cara a un tipo.
    –Pues eso, que ya se calmará…


    Pues nada, coña final con los personajes de Filii Belli y un enlace de descarga la mar de majo para que pilleis el PDF con el fanfic completo y sin cortes.
    Clickad en la imagen y os debería descargar el pdf directamente. Si he puesto el código bien, claro.
    iJOXHiI.jpg


  • ¡Hasta ahí podríamos llegar!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 15/06/2014
    -¿Nervioso? -preguntó la enfermera, sonriendo-.
    -Sí, la verdad es que con la de veces que me han dado largas...
    -Tranquilo, que hoy ya sales con los dedos arreglados.
    -Me alegro.
    -Mira, te voy explicando, para a ver si te tranquilizas.
    -Sin problema, no soy especialmente impresionable.
    -Mira, vamos a cortar la carne de los lados.
    -Perfecto.
    -Sacaremos todos los restos de uña y limpiaremos cualquier cosa que se quede...
    -Me parece bien.
    -Quitaremos la uña completamente y la raíz la quemaremos.
    -Lo estoy deseando.
    -Y abrasaremos la carne viva para que haga callo y no moleste.
    -Sí, algo me habían comentado.
    -Ah, aquí está el doctor, creo que ya podemos ir comenzando.
    -Hola chaval, vamos a empezar con la anestesia, un par de pinchacitos...
    -¡¡AH, NO! ¡¡HASTA AHÍ PODRÍAMOS LLEGAR!! ¡A mí no me acerca una aguja nadie! ¡NADIE!



    Y más o menos así espero que sea mi día de mañana.
    La verdad es que no me he informado demasiado del proceso en general, así que igual por ahí fallo un poco.
  • Pollito Wars: Filii Belli. Epílogo FIN. (15)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 30/05/2014
    Pollito Wars
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    Aubrey clasificaba las órdenes del Almirantazgo en su datapad. La idea de que el Beaufighter fuera desguazado lo enfurecía, pues había perdido a amigos, subordinados y partes de su propio cuerpo en las cubiertas de esa nave. Era casi una extensión de sí mismo y no concebía demasiadas torturas peores que saber que lo enviaban a desguace.
    Alguien tocó a la puerta. Tres golpes secos y seguidos.
    –Adelante.
    –Disculpe que me venga sin pedir cita señor.
    –Queda disculpada, capitán –señaló a una pequeña pila de sillas que había cerca–. Siéntese por favor.
    Cogió la silla de más arriba, limpió con suavidad el pequeño poso de polvo y tierra del asiento y se aposentó. No era demasiado joven y aunque no llegaba a la quinta del vicealmirante debía de haber visto una buena cantidad de acción. El pelaje rojizo, que en otro tiempo había sido mucho más intenso ahora estaba apagado y reflejaba los añolaikas pasados en activo. La mirada inteligente lo escudriñó un momento, admirada de la estatura de Thomas y de sus recias formas, a pesar de la edad.
    –¿Qué necesita? –Aubrey no estaba de humor para andarse por las ramas–.
    –Señor, nosotros hacíamos una ruta de entrega desde los astilleros Quack hacia la flota –bajó la voz, confirmando las sospechas del almirante de que el destructor que allí se había estrellado no era en absoluto normal–. Transportamos montado un dispositivo de salto experimental. No podíamos dejar que cayera en manos yagui y por eso decidí que lo mejor era encontrar ayuda. O destruirlo antes de entregarlo.
    –Parece alto secreto. ¿He de suponer que su mando directo ha autorizado que me revelara esta información?
    –Supone bien señor. Es de vital importancia que este tema no se airee más que lo justo y necesario, así que debo advertir de que he dispuesto que el reactor entre en masa crítica si el dispositivo y su software de uso son comprometidos de cualquier manera.
    –Comprendo.
    –Si los yagui se hubieran hecho con esta tecnología, pasarían de ser una molestia a ser un problema casi peor que los pollitos –le pasó el datapad con la información que le atañía–. Mi tripulación se comportó de la mejor de las maneras, pero en última instancia habría tenido que sacrificarnos para evitarlo. Gracias a su gente, no sólo el prototipo no ha caído en malas manos, sino que se ha salvado, al igual que mi tripulación.
    –Me alegro entonces que decidiera visitarnos. Aunque debo decir que los que contraatacaron en superficie eran tropas del ejército regular. No estaban bajo mi mando directo, no más que los artilleros y jefes de las baterías de superficie.
    –Algo he oído. Tengo entendido que se han suicidado para no tener que responder por su incompetencia.
    –Sí… Se han suicidado –había dudado al principio y dio gracias por estar leyendo aquello, pues prefería no contar nada a otros que no fueran sus leales oficiales–. Nos impidieron que les echáramos el guante, por desgracia.
    –Sí, suele pasar. No hay nada mejor que un buen consejo de guerra para los incompetentes. Lástima que no los pudiera capturar a tiempo, capitán.
    Tuvo muy claro que la capitán sabía perfectamente lo que había ocurrido, pero ella también tenía muy claro que en oficiales de su edad, lejos de la justicia del grueso de la flota, bien podrían imponer la suya, discreta y eficaz, de una forma que no sería difícil averiguar qué habría ocurrido, pero que sin embargo, nadie podría probar.

    Tenía casi tres horas de paz hasta su cita con el psiquiatra civil y las aprovechó para poder hablar con Aubrey. Lo visitó en el barracón que servía para la oficialidad y los veteranos, donde reinaba un ambiente silencioso.
    –¿Me puede atender, almirante? –preguntó ella, cuadrandose en toda su musculada estatura–.
    –Tome asiento, por favor –respondió Aubrey, incapaz de dejar de lado su animosidad por la parte yagui de la mestiza –muy bien, soldado. ¿Qué se le ofrece?
    –El sargento McQuarry nos habló a Púlsar y a mí ayer sobre su intención de echarnos una mano con nuestros destinos.
    –Sí, y así es, mantengo mi decisión. Su iniciativa no sólo frenó el avance por la superficie,, sino que evitó más muertes bajo mi mando.
    –Gracias señor.
    –Las gracias las doy yo –era consciente de que de la semiyagui había realizado una acción extraordinaria, pero su profunda aversión le impedía ser más amistoso, cómo usualmente era–. Tengo entendido que le gusta la camorra, ¿no?
    –¿Disculpe?
    –La violencia, el combate, lo movido.
    –Sí, señor.
    –Bien, también tengo entendido que el grupo de Operaciones Especiales suele tener bastante vidilla. Moveré algunos hilos, pero de momento, sigo siendo el jefe de esta base, así que me he tomado la libertad de darle un ascenso, cabo. Que el capitán McQuarry le de los detalles, porque no me sorprendería que estuviera bajo su mando.
    –¡Muchas gracias señor! –Malabestia se había emocionado mucho. Abandonar aquél pedazo de roca era una prioridad para ella, por mucha amabilidad minera que recibiera– Le agradezco profundamente esta oportunidad.
    –Cómo dije, las gracias las doy yo –volvió a repetir el vicealmirante. Se levantó y le tendió la mano a la semiyagui, reprimiendo la necesidad de negarle el saludo– ¿Hay algo más en lo que pueda ayudarla?
    –Pues ahora que lo dice… –comenzó, con un punto de timidez–.

    –¡Eh, oiga! –dijo la capitán al mando del destructor Estrella de la mañana–. ¿Qué demonios hacen?
    –Tranquila capitán, traemos una orden firmada por el vicealmirante Aubrey –dijo el operario, ajustando el cañón en las cinchas de la grúa–. Ha dicho que le entregará otro, pero que éste cañón P.C.D. ha de ser desmontado para su revisión.


    FIN



    Y se acabó. Casi cinco meses después de la primera entrega, se ha terminado el fanfic. Puedo decir que he disfrutado mucho, pues quería mostrar la batalla en la que Malabestia consigue su mítico cañón P.C.D. Comenzó por ahí y la batalla fue desarrollándose en mi cabeza, añadiendo no sólo ya el destructor, sino una fragata, a los piratas yaguis y además de una serie de personajes que me han gustado mucho.
    He improvisado mucho, arreglado algunas otras cosas y creo que en general el resultado es positivo. Así que estoy satisfecho. Espero que os haya gustado; en unos cuantos días colgaré una versión en PDF con la portada y algunos comentarios de autor si se tercian.
    Recordad que ayer publiqué una entrada con una excelente ilustración de la mano del genial Cano

    ¡Un saludo a todos y gracias por leer!

    En los apartados de la Senda podréis encontrar el relato completo con su intermedio. De momento servirá hasta que cuelgue la versión pdf completa.
  • Partida de Guerra 5 (presentando ilustración por Cano!)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 29/05/2014
    El siempre incombustible Cano, autor, entre otras cosas del excelente cómic Ibosim o el divertidísimo Piloto virtual, me ha regalado un pedazo de dibujo por adelantarme y fanear el primero su nuevo webcómic: Primeras páginas, una suerte de primeras viñetas de cómics que nunca llegaron a dibujarse, pero cuya primera página me dejó tan impresionado que le dí al botoncito de seguir directamente, sin darme cuenta de que era el primero.

    Cómo ya le he dicho en el apartado de arte del webcómic, no tengo palabras para describir lo muchísimo que me ha gustado a tantos niveles, así que para enseñaroslo lo antes posible, os traigo nueva entrega de Partida de Guerra, pues la excelente ilustración muestra al protagonista, Reissig y a Klethi, en actitud relajada:

    arte_32702.jpg

    ¡Muchas gracias maestro!




    La llovizna era molesta. Repiqueteaba en la armadura de los mamelucos y aquello parecía un tenderete de cacerolas puesto al aire libre y no favorecía en absoluto el uso de la caballería. Klethi sentía el tabardo humedeciendose por momentos y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Generalmente mantenía las distancias en la batalla, lanzando jabalinas y venablos cubierta por la infantería y apoyando a quién fuera necesario. Nunca había combatido en primera línea.
    –El rey ha comenzado el ataque –dijo Matheld, mientras montaba a la espalda de un caballero swadiano–. ¡Hombres! ¡Conocen su cometido! ¡Buena suerte a todos! ¡Avanzad!
    Cientos de cascos trotaron sobre las escasas plantas que por allí crecían, aplastandolas. Klethi dió un suave tirón de las riendas de la gran yegua de su jefe. Era una hermosa yegua que le había comprado a un tipo siniestro en Praven hacía cuatro años, de pelaje tan dorado que refulgía aún con poca luz.
    –¡Vamos Válka! –la yegua obedecía bien y ligera. Ahora no llevaba la barda y su único equipo era la silla de monta verde, el gran escudo redondo y el arma favorita del mercenario, un enorme lucero del alba–. ¡Vamos bonita!
    Los swadianos tomaron la delantera, con sus monturas echando espuma por la boca, agobiadas por el peso extra de los grandes norteños que se agarraban con fuerza a los experimentados jinetes. Los vaégires, seguidos por algunos arqueros montados kherguitas se extendieron a los flancos, con ánimo de evitar cualquier tipo de intento de intercepción por parte de la caballería del desierto enemiga. La tormenta arreciaba lejos, pero el tronar de la caballería lanzándose cada vez más rápido hacía parecer que la tuvieran encima. Klethi se sintió sobrecogida y se ajustó por cuarta vez el casco, los guantes y todo lo que le parecía que no estuviera bien sujeto. A su lado uno de los mamelucos, consciente del gesto, le tocó en el hombro con suavidad para atraer su atención y le hizo un gesto. Un gesto, que sumado al estruendo, a la numerosa cantidad de mamelucos armados hasta los dientes que la rodeaban y a los brillantes ojos negros que la miraban con amabilidad desde detrás del casco con velo de malla del soldado no dejaba dudas de su significado; “nada que temer”.
    Hawaha era un hervidero de enemigos. Por el lado que atacaba el ejército comandado por el rey Graveth se había podido formar una línea de infantería correctamente y rechazaba con decisión a los potentes infantes rhodok y sus arqueros hacían buena sangría lanzando cientos de flechas sin cesar al viento. Sin embargo, por el lado que cargaba la compañía mercenaria, que hacía dos semanas había ascendido a ejército baronial, apenas se había organizado una escuálida fila. Cuando estuvieron bien a la vista, los mamelucos, los swadianos, vaégires, todos lo que podían mirar hacia adelante aullaron a una sola vez de alegría y excitación por la batalla. Espolearon con violencia para no dar más tiempo y los caballeros se adelantaron, flanqueados por los kherguitas, que habían prescindido de espadas y sólo cargaban carcajs, para cargar con cuantas más flechas mejor. Los vaégires hacían molinetes con sus sables y no dudaban en elevar sus tremendos gritos de guerra en su lengua, con tal de que el enemigo supiera a qué atenerse con ellos, que no era otra cosa que a la muerte.
    Con las lanzas en ristre, los swadianos cargaron de frente contra la escasa línea de escudos y lanzas que los sarraníes habían interpuesto, atravesandola sin dificultad. Las alas de arqueros montados se desplegaron para rodear y seguir hostigando a su enemigo, mientras los vaégires impactaron a su vez contra los extremos más desprotegidos. El centro de caballería pesada se dividió y todos los huscarles saltaron a pie, para reagruparse bajo el mando de Matheld, que no soportaba que la llevaran a caballo.
    –¡Cargad hombres, cargad!
    El núcleo de mamelucos continuó recto cómo una flecha, sin variar la velocidad, mientras los aliados se apartaban del camino, conscientes de que no frenarían ante nadie y que podrían morir bajo sus cascos. Aplastaron a cuanto infante solitario encontraron en su trayectoria y localizaron a su líder, hacia el que cabalgaron describiendo una amplia curva, para no perder velocidad y evitar que Klethi quedara al descubierto, pues algunos de los arqueros se habían subido a las casas y los hostigaban ya. La cubrían con sus cuerpos y su escudos, dentro de lo posible y así, comenzaron a encajar daños, aunque ninguno frenó la marcha.

    –¡¿Por qué esos mamelucos cargan en nuestra dirección?! –el emir se había vestido con su ornamentada armadura de combate a toda prisa y ahora se colocaba el casco con velo de malla con rapidez–. ¡Que alguien les diga dónde está la batalla!
    –Señor, esos no son de los nuestros, por ese lado nos ataca también el enemigo –el ordenanza de Dhiyul se frotaba las manos con nerviosismo y ponía la cara menos militar que se sabía–. Han intentado frenar su avance y un capitán trata de formar otra línea ahora frente a ellos; ¿ve?
    –¿Línea? ¡Esos campesinos mal armados! ¿Eso es lo que llama línea?
    –Pero excelencia, es lo que reclutó en…
    –¡Ya sé lo que recluté!
    –Más baratos que una compañía de lanceros pertrechada, dijo.
    –Me parece, mercenario –dijo a Reissig, que sonreía viendo a los mamelucos bajo su mando cargar directos contra la pobre línea de campesinos, bien dispuesta, pero no demasiado bien preparada–, que sí que te son leales.
    –Ya se lo dije, excelencia. Leales y muy valientes.
    –Traedme mi sable, ordenanza.
    –Lástima que los suyos no lo sean tanto, excelencia.
    –Cuando termine contigo, veremos lo leales que son.
    –Cuando ellos lleguen hasta aquí –dijo, con una sonrisa amplia y desagradable–, me gustará ver cuantos de sus hombres se quedan a ver qué ocurre con su excelencia. Pase lo que pase conmigo.
    Alguien trajo el sable del emir con una disculpa. Los gritos se acrecentaron tras el mercenario; los mamelucos habían impactado contra la defensa que el desconocido capitán había interpuesto, pero no combatían, sino que seguían adelante. Los que sí que parecían querer combatir eran los swadianos que venían detrás. Alguien golpeó en los riñones a Reissig, que cayó de rodillas con gran dolor. Dhiyul alzó el sable y calculó con cuidado.
    –¡Si no puedo vengarme con todo el tiempo del mundo, al menos te mataré perro!
  • Pollito Wars: Filii Belli. Epílogo 2. (14) /

    Escrito por Vilem_Landerer el 24/05/2014
    Segunda parte del epílogo. Demasiado congestionado para decir nada moderadamente inteligente.

    Pollito Wars
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    Los mineros habían reunido una enorme cantidad de sencillos víveres y haciendo uso de una casi ilimitada imaginación culinaria, pudieron prepararlos de mil maneras distintas, que los soldados agradecieron sobremanera, considerando el rancho habitual que solían disfrutar allí. Varias decenas de mesas repartidas a la entrada del pequeño búnker del lugar albergaban toda clase se sencillos aperitivos de los que daban cuenta por igual civiles y militares. Los más jóvenes habían querido montar un baile, pero por respeto a sus invitados, que en su mayoría habían resultado tan heridos que no podrían moverse con suficiente coordinación en un buen tiempo, desecharon la idea con rapidez. Así que símplemente comentaban con animación los pasos del combate, la emoción del tiroteo o el miedo que todos sintieron.
    Apareció Thomas seguido de Lykaios y Sauri y McQuarry. Los cuatro vestían sus mejores galas y se notaba que hacía mucho que no se las ponían. En especial a Aubrey le venía algo holgada su chaqueta.
    Todos se extrañaron de ver al sargento con ellos, pues sabían que los tres primeros ejercían de oficiales mayores, pero especialmente de representantes de las fuerzas. El primer oficial representaba a la fragata y sus tripulantes, la comandante a la infantería de marina y el capitán, a todas las fuerzas defensivas. Pero el coronel al mando de la batería de tierra y que era el representante de las tropas de superficie, no estaba. En su lugar, el sargento tenía el semblante grave, algo ajeno a la fiesta de su alrededor. Más tarde averiguarían que varios de los responsables de las baterías de tierra, entre los que se incluían al comandante de la base, se habían suicidado. El capitán pidió una silla para que todos lo vieran y algo de silencio.
    –Hola a todos. Espero que se estén divirtiendo. He elegido este momento para hacer algunos anuncios, bien por deferencia a nuestros amables anfitriones cómo para que no deje de conocerse la valía de todos y cada uno. Quiero comunicarles que en la primera comunicación con el mando, el grupo de defensa al completo recibe una estrella de la Victoria colectiva. Apareceremos reflejados en el boletín de noticias, aunque no se incluirá la localización ni el nombre del planeta por seguridad y sentido común –una leve ovación, silbidos admirativos y algunas risas acompañaron las palabras de Aubrey–. A continuación, diré las legiones de honor a título póstumo –se estremeció al nombrar a algunos de ellos. No sólo los conocía, sino que habían sido amigos y los había llegado a querer cómo a hermanos. Entregó sendos papeles a Lykaios, Sauri y McQuarry–. Legión de Honor y mención especial para el recluta Stig “Púlsar” Kursk, para la soldado de primera Mishara “Malabestia” Taylee, para el sargento mayor Ernst McQarry –no había condecoraciones físicas, sino los documentos que las autorizaban. A pesar de ello, las entregó con toda solemnidad. Uno a uno, pasaba desde los rangos más bajos, hasta los mayores, llegando hasta su primer oficial y la propia comandante Kahina–. El destructor Estrella de la mañana ha recibido una legión de Honor colectiva, por su excelente combate en solitario contra los piratas y la inestimable ayuda para finalizarlo.
    De nuevo, más ovaciones, risas y aplausos. El capitán Aubrey les dejó unos minutos para ilusionarse y felicitarse, pero no bajó de la silla. Aún tenía anuncios por hacer:
    –El Almirantazgo estima oportuno –dijo, antes de que bajaran las voces, así que comenzó más fuerte de nuevo–… El Almirantazgo estima oportuno que las fuerzas defensivas de este lugar sean renovadas. El destructor será reparado y volverá al seno de la flota para su reubicación. Los tiradores supervivientes de las tropas de tierra recibirán una reasignación para mejorar sus capacidades, o volverán a sus antiguos puestos –suspiró ligeramente. Aquello que estaba a punto de decir era tan importante y duro que no sabía cómo hacerlo–. La tripulación del Beaufighter será restablecida en su rango anterior, incluyendo a los altos oficiales. Lykaios Enister vuelve a su puesto de capitán de navío, Sauri Kahina recibe de nuevo su rango de coronel de infantería de marina y yo… yo vuelvo a mi puesto en la flota cómo vicealmirante. La fragata Beaufighter será desmantelada y su tripulación reasignada bajo mi supervisión.
    Aquello era un cazo de agua fría entre tanta celebración y buena noticia. Aunque eran todos veteranos, la fragata había estado al mando del capitán Aubrey hasta que ascendió a contralmirante y la heredó Lykaios, quién más tarde capitanearía cómo capitán de navío el propio acorazado insignia de Aubrey. Incluso la entonces coronel Kahina había protagonizado sendas misiones a bordo de la fragata, pues sus excelentes cualidades servían muy bien para las misiones de infiltración y asalto que Sauri acostumbraba a realizar. Cuando todos perdieron su rango por una insubordinación colectiva, no abandonaron porque seguían juntos, a pesar de aquello. Algunos de los presentes comenzaron a envidiar a los muertos.
    –Muchas gracias por vuestra atención. Buena suerte a todos, pueden continuar.
    Aquello ya no era un festejo, sino un funeral. Nadie había que no mirara en dirección a la espuma térmica que cubría la fragata que tan desesperadamente trataban de reparar y no pudiera sentir su agonía.
    –¡Por el Beaufighter, sus oficiales y su tripulación! –el sargento había sido el más rápido de todos y alzaba ahora una copa–. ¡Hip, hip!
    –¡Hurra! –corearon las cientos de gargantas allí reunidas, civiles y militares unidas por el mismo sentimiento– ¡Hurra! ¡¡Hurra!!

    –Malabestia, Púlsar, venid –dijo el sargento, con una jarra en la mano y en la otra un enorme cigarro que algún entusiasta guardaba para una ocasión especial–. El capitán me ha pedido que os comunique algo. Aubrey sabe que viniste aquí, Púlsar, aún habiendo pedido destino a una unidad de enlace. En agradecimiento por nuestra acción ha decidido presentarnos una cierta ayuda. Serás su nuevo oficial de comunicaciones, en la flota.
    –Creo que no me lo puedo creer señor –era cierto, estaba mudo de emoción–.
    –Pues créelo. Para tí, Malabestia, no sabe en qué ayudarte, así que sería bueno que solicitaras entrevista. No tendrá objeción.
    –Así lo haré –respondió con convicción–.
    –¿Y usted sargento? –preguntó Púlsar, aún afectado por tan estupenda noticia–. ¿Qué recibe?
    –¿Yo? Mi antiguo rango y unidad.
    –¿Y cuál es?
    –Era capitán de Operaciones Especiales –ambos se sorprendieron de que aquél sargento desterrado hasta allí tuviera tanta solera–. Le salté los dientes a un puto general que se pasó de listo con mi gente.
  • Partida de Guerra 4/

    Escrito por Vilem_Landerer el 21/05/2014
    Mirad lo que ha encontrado el gato. Resulta que hace meses, escribí parte de la continuación de la historia de Partida de Guerra y estos días, que me estoy animando algo más, pues bueno, he aprovechado para continuar y parece que tendremos algo más de lectura, pues he terminado casi este arco de historia.

    El día había amanecido gris. Amenazadoras nubes de tormenta se deslizaban sobre la aldea ocupada y desde el Noroeste llegaba el característico sonido de los truenos, anticipados por los relámpagos que cortaban la oscuridad que venía de las montañas sureñas de Rhodok. El prisionero se mantenía sobre sus piernas, atento al ligero vértigo que sentía por la pérdida de sangre y la falta de sueño. Le dolían las muñecas allá donde los grilletes apretaban con fuerza, pues los habían elegido especialmente para él. No era un dolor imposible de soportar, pero sí continuo y lo suficientemente molesto para que no pudiera descansar por las noches adecuadamente. La venganza del sarraní iba a ser terrible si aquello era lo más suave que había ideado contra él.
    –Decían, mercenario, que la compañía que te sigue, tiene hombres de todas las naciones –dijo el emir, con mirada malévola–. Y que su lealtad y valentía no tienen límites.
    –Una de las cosas que decís es falsa; oh, honorable –Reissig mantuvo la mirada desafiante del noble con aplomo, antes de continuar–. En mi pequeño grupo no hay hombres y mujeres de todas las naciones, pues Calradia no es el ombligo del orbe y hay mucho más allá de sus fronteras. Pero su lealtad y valentía supera en mucho la de cualquiera. Son tan leales y tan valientes, que me encontrarán y tendrán palabras con voacé, sire.
    –Tus impertinencias me divierten, pero las amenazas me preocupan, mercenario; ¿no estarás perdiendo la cabeza por saber el terrible destino que te aguarda? No podrían encontrarte ni aunque quisieran y esto, sinceramente, lo dudo.
    –No, sire. Estoy perfectamente bien –sonrió, descarado–. Además, no era una amenaza. Era una promesa. Mi gente me encontrará, en un estado o en otro. Y luego lo encontrará a su excelencia, para tratarla cómo merece.
    –Sí, por supuesto. Aunque sí que hay algo que me gustaría saber –Dhiyul se ajustó el decorado guante de cabalgar y le echó otro vistazo a su prisionero–. La noche era clara, lo entiendo. Pero nos aseguramos de que los centinelas no pudieran delatar a los primeros batidores. Y ciertamente no hubo alarma aquí hasta que cargamos. ¿Cómo demonios no pudimos apresar a tus hombres?
    –Primero, reconozco que no pensé que aquella noche hubiera un ataque. Shariz lleva dos meses bajo asedio y todos lo saben. Con un ejército de la magnitud de su excelencia bien podría haber roto el cerco o asediado a las tropas que asediaban, cómo aquél general del antiguo Imperio. No esperaba saqueadores o bandidos tan bien organizados –miró significativamente al noble, atento a si su sarcasmo había traspasado su coraza de aparente estupidez–. Así que decidí relajar las guardias, pero impedí que mi gente acampara directamente en el lugar.
    –No creas, veníamos de Shariz y el asedio ya era cosa del pasado. Esos cobardes huyeron al saber que nos acercabamos. Pero tus palabras no explican cómo supiste que éramos un ejército y no una pequeña banda, cómo la tuya.
    –Claro, claro –algo venía en el aire. Las tormentas no traían sólo relámpagos y truenos desde las montañas, sino algo más conocido para su nariz y también un poco de agua, que en unas horas empaparía el seco lugar–. Verá, cómo ocurre ahora, sopla el viento. Los hombres de su merced vinieron del Sur, siguiendo sin duda el camino real a Shariz. Las noches de luna llena no son las más adecuadas para un asalto sigiloso, así que a sus batidores los ví después de echar un vistazo. Sin embargo, a su ejército lo olí.
    –¡Entonces es cierto, eres un perro! –el emir soltó una risotada franca y con ganas, tras dar una fuerte palmada en su rodilla–. La chanza ha sido buena, pero en serio, tengo curiosidad real.
    –No bromeo, señor. Un grupo tan grande, que viene de caminar un largo trecho sin apenas parar, muy probablemente persiguiendo un exhausto ejército, huele si se encuentra desde donde sopla el viento. El hedor a sudor, caballos y cuero es inconfundible para una nariz que esté atenta y entrenada. En cuanto ví s sus batidores reconocí el olor y me maldije por mi torpeza.
    –¡Ésta sí que es buena, sí! Me dirás también que hueles a una virgen y el oro de una bolsa a dos estadios.
    –¿Acaso no huele el agua en este viento, señor? Eso mismo ocurre con el olor de los grandes ejércitos. Por la nariz puede saber uno por donde viene la Muerte.

    –Señora Matheld, lo tenemos todo preparado –uno de los mamelucos que servían en la compañía, liberado hacía dos años de su aprehensor swadiano y que junto con muchos de sus compañeros habían jurado lealtad a su caudillo y libertador, estaba vestido cómo para entrar él solo en una fortaleza–. Klethi ya está lista y sabe perfectamente lo que ha de hacer. Nosotros la protegeremos.
    –Y a vosotros os flanquearán los mercenarios vaégires y cada caballero contratado swadiano tiene orden de llevar en la grupa a un huscarle norteño. Reñirán en corto y muy feo para dejar la brecha abierta el tiempo suficiente para que lo saquéis –se puso el tradicional casco norteño y desmontó–. Os estaré vigilando en primera línea.
    –Sí señora.
    –¡Chico! –Matheld terminó de ajustar las correas de la coraza con un tirón–. Ve al rey Graveth y dile que puede comenzar el ataque cómo lo hemos planeado, nosotros trataremos de penetrar sus líneas desde nuestro lado, capturar a su líder y rescatar al nuestro.
  • Pollito Wars: Filii Belli. Epílogo. (13) /

    Escrito por Vilem_Landerer el 17/05/2014
    Y aquí está, el principio del fin. Tres partes de epílogo y se acabó.

    Pollito Wars
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    Epílogo:


    Thomas Aubrey sobrevivió a la terrible herida que casi lo mata en el abordaje. Al despertar, la noticia de que el Beaufighter había sido derribado casi había conseguido lo que no pudieron hacer los yaguis. Ahora estaban tratando reparar la fragata para poder desplegar el tren de aterrizaje y comenzar con los arreglos serios, que en vista de los primeros informes, serían incluso demasiados. El capitán había quedado satisfecho en general con el resultado de la batalla. Todos habían dado mucho de sí, vistas las circunstancias y lo inesperado de aquello, pero la lista de bajas no sólo era más larga de lo deseable, sino que reconocía en ella los nombres de muchos hombres que sirvieron bajo su mando. Hombres a los que había llegado a apreciar cómo a verdaderos amigos y que voluntariamente le habían seguido a aquél destierro, fruto de la cabezonería del antiguo almirante. Nunca ninguno le reprochó la falta de acción, o la muerte prematura de sus respectivas carreras dentro de la jerarquía, sino que continuaron a su lado en la desgracia.
    –No saben si volverá a levantarse. –McQuarry se limpió la cara con la toallita hidratante que el médico le había obligado a usar–. Parece que recibió más castigo del que podía tragar y el reactor anda pasado a tiros.
    –Sí, he visto la espuma térmica que han echado sobre todo el Beaufighter –a Malabestia le había sido necesaria una intervención contra quemaduras bastante seria, pero ahora las múltiples gasas regeneradoras hacían su trabajo bajo los vendajes–. Está claro que no confían en que no pueda reventar. Menos mal que tenían material de sobra para cubrirlo. ¿Dónde anda Púlsar, por cierto?
    McQuarry dejó con suavidad la toallita dentro de la loción y cerró el bote para que no se secara y perdiera propiedades.
    –Lo tengo buscando a los dos pelotones al completo –calló un momento antes de continuar–. A lo que queda de los dos pelotones, claro.
    –No supe cuantas bajas tuvimos.
    –Yo tampoco. El alférez Romen ya había desaparecido antes de la batalla y que yo sepa, nunca recibimos reemplazo para el sargento Contrera. –se abotonó la guerrera con cuidado, intentando que no se le pegara demasiado al cuerpo–. Ahora quiero saber exactamente a quién perdimos y quién está vivo. Jerguins murió delante mío, a Cusack lo aplastó un yagui y no recuerdo mucho más allá. Los tuvimos enseguida encima y aquello se convirtió en una carnicería. Aún quedan por reconocer más de quince cuerpos y que nadie llevara las putas chapas no ayuda.
    –Es posible que el resto se haya escondido y así siga.
    –Sí, lo es. Yo mismo apenas pude evitar salir corriendo en cuanto llegaron a la trinchera y juro por Laika que casi me lo hago encima cuando tuve a uno de esos hijos de puta delante. No me sorprendería que estén en shock.
    –La verdad es que no me acuerdo demasiado de nada –admitió Mala, que tenía serias lagunas de memoria–. Antes de que llegaran a cuerpo a cuerpo y alguna imagen suelta de después. Hasta el destructor es lo que hay.
    –¿Tienes ya cita con el psiquiatra de los mineros? –el sargento la miró significativamente–. Ya te he dicho que te pusiste... desagradable.
    –No, no. Tengo que ir.
    –Es una orden para ayer, soldado. Mañana quiero que tenga de una maldita vez hora –dijo, ajustándose los galones en la guerrera– No podemos arriesgarnos, por mucho que no le pueda gustar lo que salga.
    –Sí sargento.

    El mando central de la N.A.M.E. se había puesto ya en contacto con el capitán Aubrey, para mandarle una fría felicitación, órdenes y las condecoraciones que considerara oportunas. Thomas leyó el extenso mensaje desde el barracón donde se le había alojado a él, a la comandante Kahina, el primer oficial Lykaios Enister y a algunos de los veteranos más heridos. No pudo menos que sonreír, sarcástico ante el repentino interés que parecía sentir la alianza por ellos de nuevo, hasta que sus cansados ojos azules pasaron por las órdenes y destinos de todos ellos. No explotó, ni siquiera se quejó en voz baja. Simplemente, dejó que la desagradable sonrisa desapareciera de su rostro y terminó de leer el resto del documento con semblante serio, ajeno a la conversación sobre cómo destripar yaguis que Sauri y Lykaios mantenían desde hacía un rato.
    Estaba furioso, claro; pero no quería aguar todavía la fiesta que sabía que los mineros habían preparado cómo agradecimiento por el buen hacer de los militares allí. No es que fuera a ser opulenta, pero sería agradable después de los últimos sucesos, en especial por todas las negligencias que se podían apreciar ahora, pasado el susto. La más grande, la del propio capitán de navío por dar luenga correa a sus más directos subordinados, que mandaban áreas clave, cómo la batería de tierra o el botiquín. Calculó mentalmente cuántas bajas podrían ser consecuencia directa de aquellas estúpidas decisiones y se maldijo mentalmente. Era su responsabilidad y había fallado, trayendo miseria a aquella victoria.
    –¿En qué piensas, Thomas?
    Se giró a Sauri. Hacía años que no lo tuteaba. El tuteo durante el servicio no está permitido y para evitar incómodas conversaciones, Aubrey siempre estaba de servicio. Se la quedó mirando varios segundos sin responder, filtrando la frase y haciéndola pasar por su agotado cerebro.
    –Tengo que escribir muchos mensajes de condolencias. Hacía mucho que no... Que no.
    –Lo sé Thomas. Ya lo sé.
    –Sauri –le costaba hablar–, yo… Quería decirte que…
    –¿Sí, Tom?
    Se quedaron mirando. El capitán había tenido una cierta fama de conquistador gracias a su gran porte y su carácter alegre. Con el tiempo, se había visto que era mucho más tímido de lo que dejaba ver y las experiencias habían aguado gran parte del buen humor. Así que a la comandante no le extrañó que desviara la vista de nuevo hacia el modesto escritorio, que no era más que una mesa con un cajón.
    –Echo de menos aquello –hizo un gesto difícil de interpretar con la mano y su mirada–. Lo que pasamos. El matrimonio. Los hijos. Todo. Sé que luego todo se torció; todo… Y lo jodí. Y lo siento, pero aún así… Aún así, si termina la guerra, me gustaría...
    –No has cambiado en nada Thomas –le dijo ella, siguiendo su línea de pensamiento–. Diría que me alegro, pero esto te afecta demasiado para la edad que ya tienes. Ya hablaremos sobre lo que nos gustaría hacer después de la guerra, cuando la terminemos.
    –Si a lo que hacemos lo podemos llamar guerra, claro –apunto Lykaios, agudo–. Llevamos atascados aquí un buen tiempo y la flota no para quieta para que los putos pollos no les den por saco a base de bien.
    El barracón entero caviló en silencio todas las posibilidades que tenían de sobrevivir a aquello. No ya de que alguna acción terminara con su vida, sino de que la situación acabara alargandose demasiado.
    –Sauri, hay algo que necesito que se haga –dijo de pronto Aubrey, rompiendo el silencio–. No es algo limpio y por desgracia no puedo intervenir tal y cómo estoy.
    –¿Qué es lo que hay que hacer?
    –Te voy a pasar unos nombres –dijo, cogiendo uno de los papeles de su mesa–. Buscarás a esa gente y serán asesinados.
    La sala se giró hacia él expectante. El capitán no era un tipo discreto y no había pretendido que dejara de escucharse. Quería que a todos les quedaba claro quién ordenaba aquellas muertes y por qué.
  • Pollito Wars: Filii Belli (12)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 11/05/2014
    Bueno, técnicamente, menos de una semana. Sólo han sido seis días.

    En fin... doceava entrega y final de la segunda parte. A partir de ahora, viene el epílogo, algo más largo, pero cuando finalice; se acabó, no he tenido fuerzas ni ganas para escribir nada más, excepto alguna cosa suelta. No tengo continuaciones de nada, no he podido completar guiones y estoy completamente seco. Lo siento realmente, no sólo por vosotros, sino desde un punto de vista completamente egoísta y personal. No me gusta ver la Senda tan abandonada y no me gusta que mis proyectos se queden parados, especialmente para una vez que no estoy siendo especialmente vago.
    Cualquier sugerencia para relato breve será bien recibida y evidentemente, en caso de realizarse, esperad al menos, agradecimientos y crédito (dudo que saque dinero de ello, pero si se diera el caso, royalties).

    Siguiente actualización dentro de 5 días.

    Pollito Wars
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    –Estamos preparados para disparar –dijo la voz en el comunicador desde el interior del destructor–. Confirmen.
    –¡Listos! –respondieron los tres de una sola vez–.
    –Bien, conectamos la refrigeración, preparados para hacer fuego –dijo de nuevo–. Eleven dos grados más el cañón.
    Fuera, los tres gruñeron para levantarlo. Ninguno tenía una idea exacta de si le acertarían a la primera, pero sabían que mantendrían el disparo durante unos selaikas, para maximizar el daño producido, ya que probablemente, sólo funcionaría una vez antes de que se quemaran los acumuladores.
    –No miréis directamente a la boca del cañón –les informaron–, de verdad, que no queréis hacerlo. Enfocad el objetivo y entornad los ojos aunque llevéis la máscara.
    –Recibido. ¿Estamos preparados? –Mala y Púlsar asintieron a la vez, decidida una y resignado el otro–. Bien, control de fuego. Ha llegado la holaika de una maldita vez. No más putas correcciones.
    En el desvencijado puente del destructor, unos pocos oficiales y su capitán organizaban el fuego.
    –Disparo en 3, 2, 1... –último vistazo rápido, antes de oprimir el disparador–. ¡Fuego!
    Los acumuladores chillaron, la instalación se puso al rojo, mientras el sistema de refrigeración emitía vapor. Pero nada ocurrió. El P.C.D. mantuvo el silencio. Un nervioso silencio recorrió los puestos del puente.
    –¿Eh? –comenzó a decir Púlsar–. ¿No pasa..?
    Sin más ruido, con un destello que oscureció el cielo a su alrededor, un haz luminoso que unos dijeron era azul pero otros jurarían que se acercaba más al verde, aunque todos coincidirían en que en su centro era de un blanco puro, se materializó de pronto sin que a ojos vista recorriera el camino intermedio entre el navío pirata y el destructor derribado. Desde la órbita, el resplandor que cegaba a todos cuanto lo miraban, era de una belleza siniestra y los que lo pudieron contemplar desde la presa capturada lo admiraron. En la desastrosa nave yagui, hubo una enorme explosión de chispas y se pudo escuchar claramente el casco retorciéndose en largas hebras metálicas que caían fundidas. Dio una brusca guiñada, para ofrecer el frontal y sus cañones abrieron fuego para contrarrestar el poderoso disparo. El surco brillante de la superficie de la nave supuraba cómo una enorme herida infectada. Varios impactos cayeron cerca del destructor e incluso uno acertó, pero el láser no varió su potencia ni su precisión.
    Púlsar tenía los ojos completamente cerrados. McQuarry se miraba la punta de la nariz tratando de conseguir que la sombra de Mala le cubriera la cara. Por su parte, la semiyagui era incapaz de no emocionarse. Aquello era lo que buscaba. Un arma a su altura, en varios sentidos. Rugió, de salvaje satisfacción, elevando su brutal grito a los cielos. Los guantes estallaron en llamas y sus ojos lloraban, pues a pesar de la careta de protección aquello brillaba demasiado. Las capas del equipo anti-incendios echaban humo y ella ardía debajo cómo si tuviera fiebre roja. Pero lo estaba disfrutando.
    El navío yagui, incapaz de acertar ningún disparo, trató de huir, pero no pudo. El tremendo haz de luz licuó el escaso blindaje posterior y lo atravesó de parte a parte, matando y desintegrando todo lo que se interponía en su camino. En apenas un selaika, el reactor dejó de actuar y el navío pirata cayó a la superficie con un enorme estrépito. Antes incluso de que se confirmara cómo derribo, los acumuladores del cañón se quemaron y dejó de funcionar. Inmediatamente, el trío lo soltó, haciéndose a un lado para evitar que los aplastara. Púlsar, mareado pero intacto, rodó hacia su derecha y casi cae por el inclinado casco, pero por suerte, la jefa del equipo de emergencia pudo atraparlo. McQuarry se trataba de apagar los brazos a golpes, que eran las zonas que habían quedado expuestas, pues Mala cubría el resto. Estaba muy desorientado y apenas veía, además de que tenía un calor infernal. Mala, sin embargo, ardía entera. Los tripulantes se acercaron con rapidez, y la rociaron con los extintores, antes de tirarle encima las mantas ignífugas. En cuanto las llamas parecían sofocadas, se ocuparon del sargento, que rodaba tratando de apagar las suyas y no dejaba de gritar; “¡cabrones, pasadme un extintor!”.
    Ayudaron a los tres a retirarse las prendas de protección. Púlsar estaba febril y respiraba con dificultad enterrado completamente en gasas húmedas, pero parecía entero. McQuarry tenía chamuscado el pelaje superior y se dejaba humedecer, incapaz de responder por el calor que sentía.
    –Ha de ser mío –dijo Malabestia, mirando fijamente el cañón caído, que echaba vapor y humo y chisporroteaba al contacto con el casco blindado del destructor.. Tenía los ojos inyectados en sangre y llorosos, que no apartaba del P.C.D.. Era todo hollín que se había desprendido de la ropa y se le quedaba pegado por el sudor, que le escocía en las quemaduras que se repartían por su cuerpo, que aunque impresionaban, no eran de consideración–. Ese trasto ha de ser mío.
    En la lejanía, la nave crepitaba, incendiado su interior. Apenas diez milaikas después y sin que se observara ningún superviviente, explotó en una violenta deflagración, cuya onda expansiva hizo que se tambalearan.

  • Pollito Wars: Filii Belli (11)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 05/05/2014
    El siguiente en menos de una semana, que hay que compensar el parón.

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    –¡Conectad el reactor de respaldo! –Énister se aguantaba gracias a la barra que hace añolaikas había hecho instalar en el alcázar previendo situaciones cómo aquella–. ¡Repulsores inferiores, a toda potencia!
    –¡Señor, el reactor de respaldo falla! ¡También ha resultado dañado!
    La fragata, envuelta en llamas, caía todavía movida por su propia inercia, pero la proa estaba cada vez más inclinada hacia el suelo.
    –Que los ingenieros intenten un reinicio de emergencia –dijo, incapaz ya de gritar por la urgencia–. Todos a sus puestos de colisión.
    Abajo, en el interior de la nave, el reactor intentaba ponerse en marcha de nuevo. Los ingenieros reparaban los fallos visibles con rapidez, sabiendo que en breve, no habría tiempo para nada más. Usaron los cebadores manuales, destinados a dar un pequeño pico energético, para que el resto del reactor comenzara a producir de forma autónoma.
    –¡Tenemos energía! –gritó de pronto el piloto, atento como estaba a los repulsores–. ¡Repuslores inferiores de proa, a toda potencia!
    El navío enderezó la proa y la levantó, frenando la caída.
    –Avante media, repulsores, ¡compensad! –Énister revisó los datos del panel y se volvió a sentar en el sillón de mando, en el que pocas veces se había aposentado–. ¡Preparados para el impacto!
    A pesar de volver a tener el sistema de maniobra, la fragata había descendido demasiado y demasiado deprisa. La popa tocó la superficie con tal violencia que el navío se combó antes de impactar con el resto del casco, que se arrastró destrozando rocas y abriendo un enorme surco en tierra.
    En su interior, la tripulación trataba de ponerse en pie a oscuras. Algunos habían podido llegar a sus puestos de emergencia pero otros no habían tenido tanta suerte y poblarían la enfermería los siguientes dilaikas. O la morgue.
    –Informe de daños –dijo el primer oficial, consciente de que el cinto de seguridad parecía haberle partido una o dos costillas–. Y si es posible levantar de nuevo el Beaufighter hagámoslo.
    –El reactor aguanta, pero tenemos los repulsores tan dañados que habrá que repararlos antes de volver a movernos.
    –¿Los escudos?
    –Caídos
    –¿El soporte vital?
    –Hemos abierto la ventilación, porque el sistema de vida no responde.
    –¿Armamento?
    –La mitad de las baterías pesadas están destruidas. De las ligeras, aún podríamos disparar un quince por ciento de ellas.
    –Suficiente, preparados para reanudar fuego. Tenemos que derribarlos antes de que puedan escapar.

    –Preparados –dijo McQuarry por el comunicador al puente del destructor caído–. Estamos en posición de disparo.
    –Aquí puente, recibido. Les pasamos con el control de fuego.
    –Aquí control de fuego, ¿me reciben?
    –Soy Malabestia, indíquenos cuando encuadre al destructor en la mira.
    –Espere un momento Malabestia, estamos dirigiendo toda la energía disponible a ese cañón. Tardará un poco.
    –Comienza a pesar.
    –Somos conscientes, vamos todo lo rápido que podemos.

    –A mi señal, fuego concentrado, nada de tirar a lo loco– dijo Énister, de nuevo en pie–. Lo quiero en sus motores. En cuanto tengamos tiro.
    –Sí señor. –el oficial de sensores esperó hasta que el aviso en verde saltara ante sus ojos –señor, están dentro del rango de combate.
    –Qué rápido. Muy bien –se acercó a los monitores que le mostraban la visual–, abrid fuego.
    Los rayos volvieron. Desde los afustes en el casco del que todavía asomaban las lenguas de fuego, pero no conseguían ocultar los haces de muerte que la fragata disparaba desde el suelo, incapaz de realizar movimiento alguno.
    Desde lejos, el espectáculo era aterrador. El brutal zumbido de los disparos llenaba el aire incluso a la zona donde reposaba el destructor desde el que el trío ya apuntaba el cañón P.C.D. en dirección al navío pirata.
    –Están muy lejos no creo que les lleguemos a dar –Púlsar era el más cercano al afuste y aguantaba con dificultad con los brazos extendidos para ayudar a Malabestia con el cañón–, tal vez el Beaufighter pueda derribarlos sin que tengamos que actuar nosotros o la batería de tierra sea capaz de disparar de una maldita vez por todas y así no atraer la atención de esos hijos de puta que se mueren por roer nuestros huesos y sorbernos el tuétano.
    –Púlsar –dijo Mala, apretando la mandíbula tratando de concentrarse en el extremo del cañón–, eres todo un optimista.
    –Me lo dicen en muchas ocasiones gracias, la verdad es que poca gente cree que yo sea pesimista porque mi sola forma de encarar la vida es un...
    –Era broma.
    –Oh.
    El ardillamativo se calló contrariado. Le costaba en ocasiones captar esas cosas. Antes de que intentara responder, una escotilla se abrió pesadamente.
    –Hola, hemos venido a ayudar –dijo una de las tripulantes del destructor, armada con extintores y acompañada de una cuadrilla de tripulantes–. Traemos equipo de extinción, agua y todo lo que hemos encontrado para las quemaduras.
    El trío se les quedó mirando sin saber qué decir.
    –Conseguís que no me convenza todo esto, desde luego –resumió el sargento el pensamiento de sus subordinados–. ¿Tan mal vamos a quedar?
    –Pues... –dijo la chica–. Esperamos que no, pero... Tengan en cuenta que es por seguridad. Han calculado que el disparo puede corresponder a una batería orbital y generalmente nadie se acerca al proyector del haz tanto. Nunca se ha disparado un P.C.D. usando toda la capacidad del reactor.
    –Vale, que no tenéis ni idea.
    –Estaremos aquí, de espaldas. Nos han ordenado que no lo miremos directamente. En cuanto el disparo termine, os auxiliaremos aunque no parezca necesario.
    –Es agradable al menos, gracias.
  • Cuatro añazos de Subcultura./

    Escrito por Vilem_Landerer el 28/04/2014
    En enero el humilde blog de la Senda del Aventurero cumplió cuatro añitos. El pasado 21 de abril, se cumplieron cuatro desde que decidí registrarme en Subcultura y comenzar a publicar mis relatos también por aquí. Mantengo Blogspot por la simple razón de que queda más bonito y arreglado para usarlo como archivo, pero Subcultura me conquistó casi desde un primer momento.
    Debe de hacer unos diez años o más que sigo silenciosamente webcómics, así que entrar en Subcultura y ver aquí a algunos de mis autores favoritos fue cómo estar caminando entre gigantes. Imaginad.
    Que ahora publique (es un chiste, considerando mi frecuencia de publicación de el último año) no quita para que siga sintiéndome pequeñito en comparación. Pero pequeño o no, con problemas para mantener el ritmo y con una cabeza, que se distrae tanto cómo la de un niño de 4 años, este enanito seguirá tirando para adelante, aunque mientras tanto se caiga ladera abajo.

    Los enlaces que no pueden faltar:

    Zap! Un futuro jodido, un gobierno cabroncete y un desmemoriado con un extraño tupé. En inglés, que para practicar viene bien. Por Pascalle Lepas y Chris Layfield.

    Supervalandería. Lo que leéis. En inglés se trata de la Atomic Laundromat, una lavandería en un mundo donde los supers son legión y son de coña. Tiras cómicas cortas que en ocasiones se relacionan entre sí. El propio autor, Armando Valenzuela, cuelga las traducidas.

    No need for bushido. Samurais, acción y humor de la mano de Alex Kolesar y J.W. Kovell. En inglés again.

    Dark_Lord se ha currado una página web personal muy molona (bueno, técnicamente es "se curró hace unos meses una página web muy molona") en la que podréis ver, entre otras cosas, sus distintos trabajos e incluso apoyarle con un donativo Paypal.

    Alguna vez os he hablado del Narrador de Antagis a cuya mesa acudo cada dos domingos salvo catástrofe para asistir a una sesión rolera en una campaña que este año cumple una década de vida. Esta vez, por variar un poco, no sólo os hablo de su habitual blog de literatura o rol, no. Os hablo de su galería de miniaturas pintadas y su servicio de pintado. No sólo me congratulo de ser dueño del Alatriste que podéis ver en una de las fotos, sino que además he podido ver de primera mano la mayoría de miniaturas que muestra y son una absoluta maravilla, no sólo el pintado, sino su trabajo con la propia miniatura a nivel de transformación. Hojead su blog, porque podréis encontrar cosas muy interesantes.


    Y hasta aquí el "aniversario" por los cuatro años. Me gustaría hacer cómo antes y montarme un relatito corto en el que los personaje me sacan a pasear, pero no ando con gracia ni ánimo de ello. Espero sin embargo que los enlaces os gusten, porque os van a dar para rato de diversión, os lo aseguro.
    Un saludo a todos y muchas gracias por acompañarme estos cuatro añazos de camino por la Senda.
  • Traición./

    Escrito por Vilem_Landerer el 25/04/2014
    Dos días y habrán enlaces por los cuatro años en Subcultura y nueva entrega del fanfic de Pollito Wars. De momento mi cabeza no da para más:

    –¡Pavel! –vociferaba, con la garganta al rojo vivo el alemán–. ¡Sal de una maldita vez, puto cobarde! ¡Esto es entre tú y yo!
    Había gastado casi todas las granadas de 40 milímetros de su lanzagranadas ruso, acoplado al ak-47 modificado por él mismo. La melena clara, recogida en una improvisada coleta destacaba sobre el verde oscuro de su guerrera. Sus ojos de un grisazul claro, centelleaban fuera de sí. La ira se había apoderado del mercenario completamente. A su alrededor, el campamento de narcotraficantes camboyanos ardía a pesar del monzón, después de la inmisericorde andanada que Hermann había soltado sin previo aviso, dominado por la furia y el ansia de alcanzar a su presa a la que por fín había localizado. La mayoría de los que no habían muerto por las explosiones o los disparos habían huido, pensando que era un ataque perpetrado por un mayor número de enemigos.
    –¡Pavel, maldito hijo de puta! ¡Sal! –remató a un herido, que se quejaba bajo su bota instantes antes–. ¡He venido a por tí! ¡Némesis te ha encontrado, cabrón!
    Se encaminó al no ver más salida por unas escaleras de piedra por las que caía un torrente de agua, que llevaban hasta una caseta de caña de bambú y palmas mal entrelazadas. Cargó la última granada y apuntó con cuidado a la puerta. La estructura de bambú aguantó admirablemente bien, pero las palmas salieron volando con la fuerza del impacto. Había dos cadáveres destrozados en su interior, pero cómo no los veía bien se acercó cauteloso, entornando los ojos para no perder de vista ningún detalle a causa de la lluvia, que arreciaba aliandose con el viento y arrastraba el olor de la carne y el opio quemado hacia la selva. Tiró el cargador, casi seguro de haber gastado bastante más de la mitad e introdujo uno nuevo. Amartilló y apuntó cuidadosamente, atento a que nada se moviera fuera de su lugar, que era el suelo y la muerte. Llegó al rellano que hacía nivel con la casucha y antes de poder tener tiempo de esquivarlo, alguien asomó de la selva a su izquierda, desviando el fusil de asalto y desequilibrando a Hermann. Soltó el arma al verse incapaz de manejarla y lanzó un codazo, que el otro aprovechó para exponer su costado y propinar un golpe sobre el riñón, que hizo que el alemán retrocediera, buscando espacio. Su adversario, aunque era más bajo no cejó y le lanzó una patada baja, que el alemán bloqueo mal que bien, pues no era hombre de arte marcial depurada sino poseedor de un estilo autodidacta que se basaba en un arma blanca. Y el arma blanca pendía de su cintura, más no la alcanzaba si no podía dejar de detener los golpes que le lanzaba. Gruñó tras encajar tres golpes, incapaz de ganar aquella pelea sin hacerse con alguna ventaja material, pero antes de poder hacer uso de ella, un pinchazo y un leve gorgoteo. Una costilla, rota y suelta amenazaba su pulmón derecho, el que sentía anegarse poco a poco. Ciego de ira, incapaz de discernir qué significaba aquello, lanzó el puño a la cara del otro y consiguió un impacto limpio, sintiendo el cartílago de la nariz y sus propios nudillos hundiéndose por el golpe.
    –Agh, maldito seas, puto –dijo Pavel, retrocediendo para enjuagarse la sangre–. La próxima vez no te doy oportunidad.
    Hermann se fue hacia él, con toda la inercia que pudo. Vio venir la patada a kilómetros y la frenó en seco con un gruñido y gran dolor. Lo atrajo hacia sí, lo asió del cuello ignorando los repetidos golpes en la cara y lo levantó en volandas antes de lanzarlo escaleras abajo.
    –Dios –el caído aguantó la respiración un segundo, casi suficiente para arrepentirse–.
    La patada alcanzó su cara con con fuerza casi sobrehumana.
    –Te dije, maldito hijo de puta –el alemán temblaba de ira, casi incapaz de controlarse, ajeno al dolor de los golpes que había recibido–, que te mataría. Te encontré. Te mato.
    –Que te crees… –escupió dos dientes y más sangre–. Que te crees tú eso.
    –Eras mi amigo, eras mi amigo –Hermann alcanzó el tomahawk de acero que llevaba encima, un antiguo regalo–; eras mi amigo. ¡Y la mataste!
    –¡Yo también la quería! –gritó Pavel, incorporándose–. ¡Yo la conocí antes! ¡Yo te la presenté! ¡Debería haber sido mía!
    –Nunca lo dijiste. Nunca hiciste nada que nos llevara a pensar…
    –¿Cómo iba a hacerlo?
    –¿¡Y se te ocurrió matarla!? –fuera de sí, sus músculos se tensaron, la rabia le encendió el rostro– ¡Eras cómo el hermano que nunca tuve, maldita sea!
    –¡Te odio, alemán hijo de puta!
    Pavel cargó ante el inmóvil Hermann, que aguantó el envite a pie firme. El puño recorrió el aire, antes de que la mano izquierda del mercenario rodeara la muñeca rápidamente y la retorciera con violencia. Aplicó la pierna y Pavel dio contra el suelo. Antes de que pudiera rehacerse, con un rápido movimiento hundió la pequeña destral en el hombro y escarbó para asegurarse de dañar los tendones. Su adversario dio un grito desgarrador y se revolvió para alejarse. Ambos cayeron al barro entre la lluvia y las blasfemias.
    –¡Te mato! –el germano se lanzó sobre Pavel, golpeándolo con furia, asqueado de haber llamado amigo a aquél hombre–. ¡Te mato!
    Asió de nuevo el tomahawk y lo levantó con decisión.
    –Sí Hermann, otro judío más, cómo tu abuelo, cómo tu padre…
    –Si te crees que te vas a salvar por mentarlos, lo llevas crudo bastardo –espetó–. Mi abuelo era un SS de lo más hijo de puta que podría haber en el partido y mi padre formaba parte de los Volkssturm y tuvo que hacer cosas espantosas para sobrevivir a la horda roja. Sus demonios son suyos, no míos. Adios.
    Pavel dio un grito al ver bajar la afilada hoja hacia su cuello. Un crujido y un gorgoteo y la vida se escapó de su cuerpo. Hermann se aseguró de que estaba muerto hundiendo un poco más el arma en su cuerpo maltrecho.
    –Maldito seas –escupió, mientras la lluvia disimulaba las gruesas lágrimas que le caían por la cara–. Maldito seas por hacerlo y por obligarme a esto.
    Se incorporó sobre el cuerpo y se deshizo el nudo de la coleta, dejando el pelo suelto, pues recordaba que a Shakti le gustaba mucho que lo dejara así. Se mantuvo erguido un poco más antes de ir a buscar su arma y volver a la civilización, antes de que algún señor de la droga se le ocurriera echar un vistazo por allí.
  • Hay días.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 20/04/2014
    ... que son para no levantarse de la cama. Hay días que dan ganas de mandarlo todo a pastar. De gritar, de pelearse con cada cara que se cruza en nuestro camino y reducir a pulpa a cualquiera que nos levante una ceja. El día que por lo que sea, acabas tan rabioso que Hulk llora.
    Hay días así.
    Hoy es un día.

    Iba para tochopost. Lo he escrito, me he sentido mejor y lo he borrado. Sólo una recomendación:
    Dejad muy claro a vuestros amigos, familia, quién sea cercano a vosotros. Las cosas a la cara. O pasarán cosas chungas.

    Los problemas, a la cara. O no hay problemas. Y A TOMAR POR EL CULO.

    Ala, a cascarla y que paséis el resto del finde bien. El lunes hago 4 añitos aquí, a ver si me marco unos enlaces marchosos y una entrega nueva de Pollito Wars, que hoy no tengo ganas.
  • Pollito Wars: Filii Belli (10)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 12/04/2014
    Décima parte. Esto está emocionante hasta para mí, que ya sé cómo acaba.

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    En la superficie, las cosas andaban relajadas, en comparación con lo que había ocurrido hacía unos escasos milaikas. Los yagui destripados seguían exactamente en el lugar en el que habían muerto. Sin embargo, Malabestia, Púlsar y McQuarry habían entrado ya en la nave y los supervivientes al abordaje y al posterior aterrizaje forzoso se habían puesto en contacto con ellos. Y no sólo con ellos. Control de tierra les había informado de que la batería orbital no funcionaba y que no podrían cubrirles ante la amenaza que había atravesado la atmósfera y se dirigía a su posición. Así, algunos técnicos habían salido para, junto los esfuerzos del ingeniero jefe, poner en orden de combate el destructor, aunque fuera cómo artillería fija.
    –Es inútil –dijo uno de los técnicos, tras comprobar el último cañón P.C.D.–. No digo que no puedan disparar de nuevo, digo que el sistema de control está frito. Tenemos la óptica funcionando, pero no podemos moverlo. Y el sistema de respaldo se ha atascado.
    –Entonces, será mejor que la capitán ordene la evacuación –comentó otro de ellos, rascándose la cabeza. Después, señaló hacia donde las nubes se teñían por los disparos de los contendientes aéreos–. No creo que sea buena idea esperar a que aquellos se acerquen más.
    –¿Y si lo movieramos a mano? –Malabestia se había acercado a ellos. Era muy aficionada a trastear con su equipo y siempre le había atraído la ingeniería de combate–.
    –Ya he comentado que los sistemas de respaldo no funcionan.
    –Yo no hablaba del respaldo –dijo, sopesando la larga barra que era el cañón–. Hablo de manejarlo desde aquí a mano y que disparen desde el puente.
    –El cañón en su afuste pesa más de media tonelada –dijo el técnico con una sonrisa socarrona–. Aunque esté apoyada en el montaje, no es ya levantarla en vilo, sino poder aguantar el tiempo suficiente para dispararla.
    Mala se acercó al cañón, caminando con cuidado por el casco. Debía de medir casi tres metros desde el afuste y contando el sistema de refrigeración tendría un diámetro de quince centímetros. No sólo parecía pesado, sino que lo era y mucho, ya que a pesar de la buena potencia y fiabilidad, era un modelo un tanto antiguo. La refrigeración era eficiente pero también añadía un peso extra nada desdeñable. Sin embargo... Malabestia flexionó las piernas y rodeó el cañón con sus brazos. De pronto y con un suspiro suave, se incorporó, elevando el arma hasta su altura, para, con cuidado, apoyarsela en el hombro. Tensó los poderosos músculos de las piernas para mantenerse erguida.
    –Bien. Dadme cinco milaikas y creo que podremos tener un disparo claro.

    –¡Señor, perdemos potencia!
    –¡Manténgalo así maldita sea! –volvió la vista al informe de daños, con gesto preocupado. El alcázar había estallado en alarmas de emergencia tras cinco milaikas de combate cercano–. Dígame que no nos está derribando.
    –Lo siento señor, pero en cuanto nos hemos acercado... –el oficial parecía cansado y apenas podía con todos los datos que el panel le ofrecía–. Bueno, nos están dando de lo lindo. Parece que poseían algunas armas de gran calibre y corto alcance, similares nuestros obuses de plasma. Hasta que no hemos estado a bocajarro, no han abierto fuego con ellas.
    Énister meditó unos selaikas. Aunque el navío pirata no parecía tan serio, de cerca doblaba su potencia de fuego. En el espacio no la había usado, ya que querían capturar la fragata, pero ahora...
    –Quieren derribarnos. Por eso han bajado. –se volvió hacia el oficial de comunicaciones–. Jim, dígales a los de control de tierra que necesitamos urgentemente apoyo artillero, o perderemos la fragata. Pregunte también al capitán Aubrey si nos pueden prestar algo de apoyo cercano.
    –Sí señor.
    El oficial cumplió sus órdenes y esperó la respuesta. Apenas un selaika después, una gran sacudida recorrió la fragata, que se estremeció cómo un puente en un terremoto. En el alcázar, todos se tambalearon y Énister tuvo que mantener el equilibrio ayudándose de la barra de sujeción del techo. Inmediatamente, la fragata hipó y los motores atmosféricos se apagaron. El Beaufighter, agujereado y envuelto en llamas, se precipitó hacia la superficie.

    –¡Está cayendo! –gritó uno de los técnicos,dejando de añadir una nueva cubierta refrigerante al cañón que Mala sostenía–. ¡Han derribado el Beaufighter!
    Todos miraron en aquella dirección. La fragata, dañada de gravedad y con lenguas de fuego recorriendo su casco no podía mantenerse en vuelo y se acercaba con velocidad al suelo. Su viejo reactor, fatigado por el esfuerzo del combate y los enormes daños que había encajado el navío, había dado un pico de energía demasiado alto antes de apagarse definitivamente.
    –Sin el Beaufighter y con la artillería muerta... –comenzó a decir McQuarry, pero prefirió seguir subiendo los materiales al casco desde la escotilla–.
    –¿Queréis dejar de decir tonterías y seguir trabajando? –Púlsar se había puesto sorprendentemente serio. Los yagui lo ponían extraordinariamente nervioso. Pero mientras que en otros humáferos eso provocaba el pánico, en él producía un aumento de la seriedad palpable–. Vamos que no terminamos nunca con esto y hay que dejar el cañón preparado para abrir fuego antes de que esos cabrones intenten seguir con su mierda y machacarnos a todos, así que dejaos de lúgubres predicciones y continuad trabajando.
    Todos se le quedaron mirando. Sus dos compañeros con más sorpresa que curiosidad, que es lo que sentían los técnicos. En todo caso, sin decir una palabra más, terminaron de colocar la tercera cubierta refrigerante.
    –Muy bien, con todo esto, debería permitirnos un disparo bastante potente –el ingeniero revisó el cañón y lo sopesó un momento con la ayuda de la semiyagui–. Y además, ahora pesa más. ¿Podrá aguantarlo?
    –Sin problema –mintió Mala. Pesaba mucho más que al principio, dado que si sólo podían abrir fuego con uno, lo intentarían con toda la potencia posible. Y eso significaba una necesidad extra de refrigeración–. Es tan ligero cómo un pajarito.
    –Muy bien, pues vamos a prepararnos para las correcciones de tiro –le tendió una máscara cómo de soldador–. Bien, soldado. ha de llevar esto y es muy importante que procure no mirar directamente el haz. He traído también para ustedes dos.
    Les entregó otro par a Púlsar y al sargento, que se habían empeñado en quedarse para ayudar a Malabestia en lo que necesitara.
    –Aquí traigo además trajes anti-incendios del equipo de emergencia de a bordo –miró la enorme planta de la soldado y resopló–. Por desgracia para usted no tenemos tan grandes, así que pongaselo sobre los hombros y use las mangas para apoyar las manos.
    –Gracias –respondió ella, dejando el cañón apoyando sobre el casco con mucho cuidado–. Creo que nos vendrá bien.
    Se colocó el uniforme ignífugo sobre los hombros y se puso la máscara de soldador, adaptándola a su cabeza. A continuación, haciendo un gran esfuerzo, levantó el cañón se lo puso en el hombro, antes de orientarlo en dirección al enemigo.
  • Pollito Wars: Filii Belli (9)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 05/04/2014
    Y no tengo tiempo ni para comentar; con mucho retraso os traigo la nueva entrega del fanfic. Espero que la disfrutéis.


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    El alcázar del Beaufighter hervía de actividad. El primer oficial Énister había tomado el mando y mantenía el control de fuego bajo su atenta mirada. Haces de luz impactaban contra el casco, desviándose en ocasiones gracias a la angulación y el material del navío cómo a los escudos deflectores, que aún, a pesar de todo, funcionaban.
    Énister era alto y espigado, de pelaje castaño oscuro y ojos grises, con una cicatriz provocada por un golpe añolaikas atrás en el pómulo derecho. Inclinó toda su estatura para hacer caso al oficial de sensores, que le indicaba las pantallas.
    –¡Se retiran! –gritó, enardecido; pues cinco milaikas más de tan intenso combate y no sabía si la fragata aguantaría–. ¡Apretadles y que no escapen! ¡No deben escapar y dar nuestra posición a otros!
    Efectivamente, el navío pirata, incapaz de mantener la liza, se retiraba hacia espacio profundo, virando con lentitud, dejando tras de sí los jirones de partículas desprendidas del maltratado casco.
    –Jim, necesito que se comunique con los infantes de marina –dijo al oficial encargado de las comunicaciones, un anciano ajado y malencarado–, hemos de desenganchar para perseguirlos cuanto antes. Comunique con la superficie y dé el aviso de iniciando persecución.

    En el espacio, ambas naves comenzaron a maniobrar. El pasillo de conexión entre la fragata y la astronave capturada se desenganchó bruscamente, dejando atrás algunos restos desgarrados del puente de abordaje. Reanudaron el fuego, tratando de frenar la huída del navío pirata, que ya aceleraba en dirección a las profundidades del sistema, para alejarse del pozo gravitacional que generaba el planeta. Los haces láser llenaron el espacio entre ambas astronaves, disipándose contra el casco o desviándose por efecto de los escudos deflectores, que ya estaban demasiado disminuidos cómo para poder reflejar todos los disparos.
    –Muy bien, repulsores; compensad –dijo Énister, atento a la maniobra en el blindado alcázar–. Avante toda.
    Los tres nucleosoplantes de la fragata se inflamaron en una llamarada azulada, haciendo vibrar el casco por el esfuerzo de volver al movimiento de combate después de tanto tiempo. Se puso tras su estela con un suave vaivén gracias a los sistemas de repulsión e inmediatamente de la nave yagui se desprendieron pequeños objetos. Apenas tardaron un momento en poder analizarlos y otro más en obtener una visual cercana de varios de ellos; se trataban de pequeñas naves y cápsulas de salvamento.
    –¿Están evacuando? –Énister estaba asombrado. Era la cuarta vez que los combatía y nunca los había visto usar un medio de eyección–.
    –Señor, están tripulados, pero no son yagui –el oficial de sensores trabajaba rápidamente–. Son esclavos.
    En la visual, a través de los ventanucos en alguna de las pequeñas naves, se podían ver pequeños rostros que miraban al vacío aterrorizados. Énister enmudeció. Aquello no se lo esperaba.
    –Aquí Aubrey –la voz sonó trémula en los comunicadores de todos los oficiales del alcázar–. Hemos capturado el navío yagui. Continúen con la persecución, ignoren a los náufragos. Nosotros nos encargamos.
    –Me alegra escucharlo capitán –dijo el primer oficial, encantado de saber que continuaba vivo–. Muchas gracias por el apoyo.
    Nadie contestó, pero la nave abordada ya se acercaba lentamente a la pequeña nube de esclavos abandonados.
    –Muy bien, atención repulsores de babor –sin apartar la vista del mapa tridimensional, Énister daba la orden de maniobra–; impulso medio. Seguir un poco más... ¡Parad! ¡Estribor! ¡Compensad!
    Los repulsores de estribor resoplaron para frenar el movimiento horizontal y continuar hacia adelante, en una maniobra tantas veces ejecutada antes que no habría hecho falta ni dar la secuencia completa de órdenes.
    Lo que tampoco se esperaban, es que al ver que perdían distancia, el navío yagui se dirigiera directamente al planeta. Nadie en su sano juicio querría acercarse más a los cañones orbitales de una posición fortificada. Pero claro, la posición no había abierto fuego, y el control de tierra no había dado aviso de que los sistemas de fuego estaban atascados y no podían poner los hidráulicos en marcha, ya que alguien había obviado su mantenimiento. En cada revista que se pasaba, el corrupto capitán de artilleros había dado el visto bueno, a pesar de que algunas partes esenciales habían sido vendidas en el mercado negro. De esto, poca gente se enteró después de la batalla, pero el codicioso saboteador desapareció tres dilaikas más tarde para aparecer ahorcado ante la entrada de su casa.
    –Vamos a seguirlos. Repulsores –se irguió completamente y cómo una vieja costumbre, se puso las manos en la espalda–, atentos a la orden.
    Se desvió del curso suavemente, siguiendo la misma dirección que tomaban los yagui. Ante ellos, el navío pirata comenzó a brillar por la fricción, justo antes de que la fragata, ofreciendo su panza hiciera lo propio.
    –Repulsores de proa, levantad dos grados más –las correcciones las daba respecto al pequeño monitor de estado, que iba cambiando según la temperatura aumentaba–, vamos demasiado rápidos.
    –Señor, el casco soporta demasiada presión ya, si lo levantan más...
    –Hágame caso. Dos grados más.
    –Sí señor –el piloto volvió la cabeza a su puesto–. Repulsores. Proa, dos grados más hacia arriba.
    El movimiento fue brusco. El aire ya combatía por levantarlo, pero el control de repulsión compensó adecuadamente el descenso. No podían inclinar ningún lado más de la cuenta si querían sobrevivir a la entrada en el planeta. No era la primera persecución de ese tipo que llevaban a cabo en el Beaufighter, pero sí la primera después de mucho tiempo y aunque la fragata era sólida y maniobrera, también proporcionaba un enorme plano de vuelo atmosférico y su maniobra de reentrada debía de ejecutarse perfectamente.
    –Nos disparan.
    –Sabía yo que no se rendirían –sonrió el primero oficial, encantado de que volvieran a presentar batalla–. No podemos responder hasta que no salgamos de la zona de peligro y podamos levantar los escudos térmicos, así que atentos a cualquier impacto para compensarlo inmediatamente.
    –Sí señor.
    Los haces se disimulaban en el pequeño infierno anaranjado que ocurría en la panza de ambas naves. La yagui, algo más estrecha y pequeña, avanzaba rápidamente, pues ofrecía menos resistencia, en comparación con la fragata que le iba a la zaga, de la que cada vez se distanciaba más.
    –¡Repulsores! –gritó de pronto Énister, atento a la altitud y a la velocidad–. ¡Proa abajo, veinte grados!
    –¡Señor!
    –¡He dicho veinte grados! ¡Y es para hace diez selaikas!
    El piloto gruñó y repitió la orden. El Beaufighter se inclinó con violencia y cayó de pronto varias docenas de metros, acelerando y alcanzando temperaturas extremas. El puente, uno de los elementos menos aerodinámicos del aparato, se puso en un tono que nada bueno presagiaba. Pero casi inmediatamente el aire se despejó. El color rojo temperatura dió paso a un rojo parduzco, más limpio. El cielo de aquél planeta, que desde tierra parecía tan sucio, era bello en sus alturas, cómo cualquier cielo visto desde el aire. Ahora, el Beaufighter recuperaba con rapidez el terreno perdido.
    –Retirad los escudos térmicos. –apenas se había movido en su pose, la misma que llevaba adoptando desde que lo nombraron teniente hacía ya tanto tiempo–. ¡Preparado control de fuego! ¡A discreción en cuanto estemos a tiro!
    Volvieron los disparos, mientras seguían descendiendo rápidamente a través de las nubes, que se inflamaban de colores según ambos navíos abrían fuego entre ellos.
  • Pollito Wars Filii Belli: Forzoso Intermedio/

    Escrito por Vilem_Landerer el 01/04/2014
    ¡Atención, que te puedes reventar la historia. El principio de este fanfic lo encontrarás aquí.


    La holosala estaba llena hasta la bandera. El palco vip, reservado a las estrellas protagonistas, se llenaba de nuevo, con risas, algunos juramentos y el suave y desquiciante murmullo de fondo que venía a ser la voz del incansable Púlsar.
    -Espero que me saquen de nuevo, no me gusta nada eso de no acaparar pantalla -Aubrey engullía su tercer cubo de Alfa Centaury Fried Chicken™ con gesto satisfecho-. Ya veréis cómo eso de rajarme de arriba a abajo es muy exagerado. Si no, no estaría aquí.
    -Pues capitán, ahora que lo dice, acabo de ver al sargento Hem volver del baño y parecía muy enterito para estar muerto -apuntó Malabestia sin malicia-. De hecho, parecía contento de tener las tripas en su sitio.
    -Tú calla bicho, que contigo no hablo.
    -¡Jerguins! -McQuarry se levantó de nuevo para reñir a sus subordinados, que la estaban liando de nuevo-. Si te vuelves a caer del palco, no te dejo volver a entrar... ¡Sois cómo putos críos!
    -Mucho veo quejas por aquí sobre morirse o salir poco, pero yo todavía no he hecho ni media -Énister, el segundo, eterna sombra de su capitán se enfurruñaba en su asiento-. Sauri, tú por ejemplo, has tenido un protagonismo brutal.
    -Quien vale, vale -dijo la comandante, encantada de su papel- y quien no, a llorar al parque.
    -¡A callar todos, que ya empieza!

    -¡Jobaaar!; ¿ésta no era porno? -dijo una voz desde la puerta del palco, porcina e insensata-. Con la de chatis con ganas de marcha que se huelen por aquí...
    -¡SSSSHHHHHH!
    -No sé tío, a mí me da que esta peli no es de suecas- otra voz, pequeñaja, comestible-. Creo que es una de esas de pensar. Un triller, o comosellame.
    -¿Quién es el as en mujeres?
    -¡QUÉ OS CALLÉIS!
    -¡Perdón! -la vocecilla dudó un momento antes de responder alegremente-. ¡Tú, maestro!
    -Pues tira pa' dentro, que aquí encontramos fijo nenas pa ligar.
    -Huele cómo cuando me quemé el ala...



    Pues nada, un pequeño intermedio que habría estado bien hacer en el cambio de capítulo, pero que se me ha ocurrido hacerlo ahora, que voy algo retrasado con las entregas. Llevo varios días añadiendo piezas nuevas a mi pc, lo que significa hacer el gilimemo delante de la pantalla más rato del que me suele gustar y que me suele acabar agotando.
    Parece que se han colado un par de personajillos en el estreno de la holoproyección de Filii Belli, ciscandose muy mucho en la continuidad espacio temporal y literaria de este relato, de Pollito Wars, del Universo en general y de mi teclado en particular.
  • Pollito Wars: Filii Belli (8)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 22/03/2014
    Vaya semanitas estoy teniendo. En fin, allá va otra entrega del Fanfic de Pollito Wars.
    ¿Os he enseñado el pedazo de fan art que se ha marcado LuisDiez? ¿Sí? Pues lo volvéis a ver, que no hace daño.


    Pollito Wars
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    –¿Ya están todos? –preguntó Sauri, tratando de mantener en pie la servoarmadura–. ¿Están todos muertos?
    –Todos a los que hemos pillado, comandante –respondió con un hilo de voz el herido sargento Hem, recostado y con una manta cubriéndolo hasta los hombros–. No parece que queden más.
    –¿Hemos tomado ya el puente? –volvió a preguntar la comandante, sintiendo la sangre gotear, que hacía ya un rato empapaba su uniforme de combate bajo las placas blindadas–. ¿Dónde está Aubrey?
    –Al capitán lo está operando ahora mismo el doctor Karmir, un poco más atrás –Volvió a responder, obediente, el sargento, antes de toser contra un trapo y retirarlo, ahíto en sangre–. Oh, vaya. En fin, al capitán lo han rajado de arriba abajo y el doctor lo está remendando de urgencia.
    Sauri suspiró. El capitán había quedado atrás, herido de gravedad, mientras el resto avanzaba hasta localizar su puente y asaltarlo. Mientras, el grupo liderado por la comandante había cubierto el pasillo principal, masacrando al resto de yaguis y localizando a los prisioneros en las bodegas. Allí, habían encontrado restos de seres vivos y gran cantidad de gente de diferentes especies y razas, esperanzados de pronto por la aparición de los infantes de marina. Algunos llevaban una vida entera bajo la esclavitud de los piratas y no sabían cómo reaccionar. Otros, presentaban mutilaciones de diversos grados. Y había varios que eran evidentemente mestizos de la variante más común y pequeña. Entre los olores y el aire enrarecido avanzaron liberando cadenas y prestando las primeras ayudas, mientras un grupo más reducido buscaba algún rezagado. El puente, guardado por media docena de piratas había sido otro pequeño hueso que roer y se había cobrado la vida de otros cuatro veteranos, a pesar de morderlo con cuidado.

    La servoarmadura se abrió con un siseo, despresurizándose. El espaldar se movió hacia abajo, mientras la comandante descendía del hueco interno. Le recorría el costado una mancha oscura, que destacaba contra el verde oliva del uniforme y que llegaba hasta el calzado de combate. Se quitó y rasgó la guerrera y apretó la improvisada gasa contra el enorme tajo que había arañado sus costillas. El pelaje castaño encanecido estaba apelmazado por el sudor del esfuerzo y su cara de ojos oscuros daba muestras de haber pasado mejores épocas. Su cuerpo era una canción de violencia y de enormes esfuerzos físicos. Aquí y allá habían huecos en los que se veía alguna fea cicatriz, cómo la que le había hecho perder media de la oreja característica de una gatunante. Se sentó al lado de Hem con un suspiro dolorido.
    –No me esperaba que este destino nos diera tantos problemas –dijo, inclinada ligeramente hacia adelante, conteniendo los espasmos de dolor–. Creo que ya no estoy para estos saraos.
    –Ninguno lo estamos, comandante –dijo, desviando la vista hacia el improvisado quirófano del pasillo–, pero no podemos elegir. En todo caso, espero que el capitán salga de esta, aunque estaba tan mal que no han podido llevárselo a la enfermería.
    –Sargento, está sangrando –dijo de pronto la comandante en tono neutro–. Está sangrando mucho. Mierda. ¡Necesito un sanitario aquí! ¡Ya! ¿Hem, dónde está herido?
    El sargento, se lo mostró. Un horrible tajo subía por el muslo, desgarrando la carne, hasta el abdomen. Tenía otro más desde la cadera y recorría camino hasta el hombro izquierdo. Sauri vió brillar costillas y tripas e incluso detectó movimiento a pesar de la escasa luz, que en mayor medida provenía de los focos con los que operaba Karmir al capitán.
    –Ya veo –susurró la comandante, procurando no alzar la voz más de lo necesario para no incomodar al herido–. ¿Y no hay...?
    –No, comandante –cortó Hem, negando ligeramente con su canosa cabeza–. Me han metido tantas drogas que ni me duele ni me importa. Estoy más que listo para irme al otro barrio y no podría haber elegido una forma mejor.
    –Ya...
    Algunos de los esclavos desfilaron ante ellos. Seguían mostrando caras de temor, cómo si algún yagui fuera a aparecer en cualquier momento. Algunos giraron la cara hacia ellos y al adivinar su mirada, sonrieron agradecidos.
    –Ha merecido la pena –dijo de pronto el moribundo–.
    –¿Uhm?
    –Todo el camino que he recorrido –comentó con voz suave el sargento–. Acaba aquí, pero no me arrepiento de nada. Mi época de recluta, las insubordinaciones, las malas decisiones... Todo para acabar aquí.
    –Me alegro entonces –dijo, antes de añadir, dubitativa–. De que no se arrepienta. De que esté en paz. O sea, ya me entiende.
    –No me arrepiento, pero sí que lamento una cosa –comentó, sonriendo–; no haber podido meterles una somanta de palos como mandan las ordenanzas a los putos pollos.
    –Ya sabe; estamos a la altura del capitán Aubrey –dijo, jocosa–. La Alianza nos mira demasiado mal para darnos puestos de importancia.
    –Por eso lo digo comandante...
    –Llámame Sauri, sargento. No se lo diré a nadie.
    –Muy bien, Sauri –dijo, sonriendo de nuevo–. Lo que decía, es que si no fuera porque nos insubordinamos aquella vez, no nos habrían desterrado aquí. Y por mi vida, que lo merece y si lo supiera, lo volvería a hacer.
    Lo último lo dijo levantando una mano saludando a los liberados, que le devolvieron el saludo.
    –Sauri, dígale al capitán que no es culpa suya –los ojos del sargento habían perdido el brillo, pero su sonrisa era lúcida y honesta–. Que sabemos cómo se pone después de combates así.
  • Pollito Wars: Filii Belli (7)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 16/03/2014
    No he solucionado los problemas técnicos, pero me he ido a casa de mi hermano, desde donde sí puedo publicar tranquilamente. El siguiente para dentro de cinco días.

    En otro orden de cosas, me ha llegado un fantástico fanartazo de LuisDiez, con Púlsar cómo protagonista. No dejéis de echarle un vistazo porque merece y mucho, la pena. ¡Muchas gracias colega!
    Púlsar vs Yagui

    Pollito Wars
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    El pasillo era un hervidero de golpes, imprecaciones y disparos. Sauri seguía avanzando, aplastando a cualquiera que se interpusiera en su camino con sus garras y haciendo fuego con los potentes cañones del brazo. Hem se iba quedando atrás, incapaz de hacer funcionar correctamente la servoarmadura, tan dañada que apenas se tenía en pie. Norme había muerto, empalado por varios enemigos y un compañero de la segunda línea trataba sin demasiado éxito, tapar su hueco. Thomas trataba de infundir ánimos, pero aquella expedición se les comenzaba a ir de las manos. Toda aquella carnicería empezaba a ser demasiado para algunos y la comandante a pesar de todo avanzaba. Aplastó la cara de uno y estampó a otro contra el techo casi con el mismo movimiento y trató de situarse. Se le echaron encima media docena de enemigos, dando dentelladas, zarpazos y gritando. Sauri gritaba, lanzando golpes a diestro y siniestro, destrozando protecciones y carne. Algo horadó su blindaje y su cuerpo, pero continuó peleando.
    –¡Tisco! ¡Segunda línea, apretad, apretad! –gritó de pronto Thomas, al darse cuenta de que todo se iba al diablo–. ¡Avanzad y combatir recio! ¡A ellos, a ellos! ¡Beaufighter, vamos beaufighter!
    Aubrey saltó hacia adelante, tomando el lugar del fallecido Norme, a pesar de no llevar equipo para aquello. Dada su estatura respecto a los yaguis, casi pasaba desapercibido entre tanto cuerpo y tanta oscuridad, pero aún así, arriesgaba mucho. Los infantes sintieron vergüenza de ver a sus dos superiores tan adelantados y profirieron los mismos gritos, avanzando para estrechar líneas. Los yaguis no quedaron atrás y cerraron huecos, para tratar de atrapar a Sauri y a Hem lo más lejos posibles de sus compañeros. Hem aguantaba a duras penas y de la comandante sólo se veía un montón de piratas sobre ella, de los que se elevaba alguno destrozado de vez en cuando. El capitán se metió entre las estrechas filas, zafando su cuerpo de las afiladas cuchillas yagui, cercenando tendones y corvas casi sin mirar, enfilado en dirección a Sauri. Alguien le hirió un costado, pero el codo de uno de los piratas le salvó de que lo desgarrara completamente. Con un gruñido desesperado, se apoyó en la rodilla de otro y saltó hacia su cuello, seccionando casi la mitad de un sólo golpe. El muerto no pudo caer entre los suyos y Thomas lo aprovechó para encaramarse a él y saltar hacia adelante, embutiendose entre varios y consiguiendo meterse entre las patas de la servoarmadura de Sauri, que apenas se movía ya del sitio, excepto para matar a cualquiera que se le acercara.
    –¡Comandante!
    –¿Capitán? –respondió ella con un hilo de sorprendida voz–. ¿Qué demonios...?
    –Kahina, se ha alejado demasiado. La han rodeado.
    –¡Ya lo veo maldición! –alzó un poco la voz. Se maldecía por la imprudencia. No creía que fueran tantos–. ¿Qué carajos hace aquí?
    –¡Venir en su ayuda, maldita sea! ¡Estoy herido!
    –¡Le dije que se quedara atrás!
    –Oh, Sauri, será terrible.
    –¿Qué?
    –¡Capturarán el Beaufighter! –gritó, teatral, mientras seccionaba más piernas que se acercaban. Por detrás corearon de nuevo con fuerza el nombre de la fragata al escuchar que la nombraba–. Todos esos esclavos, ¡no serán liberados!
    –Ya vale.
    –Y la colonia minera, ¡arrasada! –continuó con su actuación entre la violenta irrealidad que lo envolvía–. ¡Los niños! ¡Oh! ¡Oh, los niños!
    –¡He dicho que ya vale! –giró sobre sus talones, empaló con su diestra a un yagui y lo proyectó a trozos contra el techo con los cañones. Con la zurda barrió a unos cuantos con fiereza y rugió!–. ¡Infantes, a mí! ¡Beau! ¡Beau! ¡BEAUFIGHTER!
    Hem apareció cuando los infantes de marina terminaron el grito de guerra. Golpeó cómo el trueno y segó la vida de un pirata que trataba de abrir la placa del espaldar de Sauri. Su armadura no funcionaba del todo bien, pero aparentaba apañárselas. Tras él, con renovadas energías, cargaba media compañía de soldados embarcados de la fragata, que ya se habían podido equipar. Todos gritaban el nombre del navío y todos tenían ganas de destripar yagui.


    Mala escurrió de sangre el brazo. Toda ella era una montaña de pequeñas y grandes heridas, sangre de varios enemigos y ropa rota, que dejaba ver mucho más de lo que alguien especialmente mojigato desearía. Parecía más calmada, pero McQuarry no quería arriesgarse a tener que matarla si la molestaba, pero sabía que no podía perder más tiempo en que volviera en sí. No sabía si quedaban más enemigos y no tenía ganas de lidiar con la ira de Malabestia si aparecían más piratas, pero debía hacerlo.
    –¡Malabestia! –gritó desde su parapeto, atento a las reacciones de la soldado–. ¿¡Está consciente!?
    No respondió. Símplemente, le lanzó una mirada llena de significado que lo dejó helado donde se encontraba y continuó con lo suyo.
    –Uauh Malabestia –dijo de pronto Púlsar, que se había deslizado hasta ella sin atravesar el espacio intermedio–, ha sido impresionante ver cómo machacabas a todos esos piratas con las manos desnudas sin pestañear lo más mínimo ni preocuparte de sus horripilantes muertes que en verdad te digo que han sido horripilantes porque las he visto y me han hecho dudar de que fuera buena idea destripar a alguien aunque el alguien fuera un yagui cabrón, pero me alegro porque ahora no tendremos a muchos más para combatir e igual hasta ganamos hoy esta batalla aunque nunca hay que vender la piel del oso antes de cazarlo sea lo que sea un oso aunque creo que tal y como lo suelen decir probablemente sea un pariente tuyo o al menos admirador muy cercano...
    McQuarry ahora sudaba frío atento a la cháchara. Púlsar podía poner frenético al tipo más tranquilo, paciente, gordo y feliz del Universo entero. Y ahora le estaba hablando a una semiyagui beta que acaba de cepillarse a varios yaguis cuerpo a cuerpo y que no parece reconocer a nadie. Sopesó rápidamente sus opciones, entre las que figuraba la posibilidad de ejecutar a Malabestia en el acto para evitar violencias posteriores. El problema es que estaba casi seguro que aquello sólo la cabrearía mucho más. Otra opción que pensó, fue la de cargarse al ardillamativo, pero la descartó inmediatamente, pues con la potra que solía tener aquél personajillo, probablemente le estallara el arma en las manos. Casi sin pensar, se movió hacia adelante, decidido.
    –¡¡¡CÁLLATE!!! –el grito retumbó en toda la zona, y lo escucharon incluso unas energías semiconscientes que estaban a punto de hacer su aparición cómo espíritus todopoderosos y que prefirieron volver otro dilaika que no hubiera tanta ira en el ambiente–. ¡¡¡HAZ LO QUE QUIERAS, PERO CÁLLATE!!!
    McQuarry sudaba todavía más frío y se había detenido en seco al escuchar el brutal grito. Incluso creyó ver a lo lejos un súbito rayo aparecido en el cielo al mismo tiempo. Malabestia había gritado tanto que incluso Púlsar la miraba silencioso, con el estupor en la cara y la frase inconclusa en los labios.
    –¡De verdad Púlsar, que llegas a ser cargante! –gritó de nuevo, pero con un volúmen que los de estuvieran a más de tres kilómetros podrían aguantar–. ¿¡De dónde has salido, de un repetidor!?
    Los ecos aún se oían en el valle y formaban una cacofonía de “állate, állate, állate” e “idor, idor, idor” que ponía los pelos de punta.
    El sargento se acercó, todavía cauteloso. Sabía que el pequeño ardillamativo podía sacar de sus casillas a cualquiera, pero no sabía si la Malabestia destripa-yaguis podía hablar o gritar palabras entendibles, pues era la primera vez que veía algo así.
    –¿Qué ocurre sargento? –preguntó, extrañada de cómo la miraba McQuarry, una mezcla de aprehensión y sorpresa–. ¿Qué demonios le ha pasado a mi uniforme?
    –Podríamos decir que le has pasado tú, soldado –dijo, pasándole su guerrera para que se tapara lo tapable–. Y de una forma admirable, todo sea dicho.
    –Gracias –comentó, rompiendo la prenda y cubriendo las zonas conflictivas–; creo.
    –Bien, he traído arma y Púlsar ha traído munición suficiente para arrasar con quien venga –comentó, ajustándose el rifle termal en el brazo–. Va, inspeccionemos la nave, por si hubieran más de esos hijos de puta.

    Malabestia avanzó con paso decidido, cubierta por el sargento y Púlsar, atentos a cualquier movimiento hostil en la zona. No había aparecido otro pirata desde el último y no parecía que fueran a aparecer por el negro boquete en el costado del destructor. El impacto había agrietado el casco hasta el punto de crear aquella tremenda abertura, de la que habían desembarcado los yagui, dispuestos a asaltar la base defensiva en tierra. El metal retorcido presentaba feas aristas, así que se mantuvieron alejados de los bordes, previniendo dolorosos cortes que si entraban en combate podrían suponerles un problema. Así, con calma, mientras Púlsar trataba de establecer contacto con los de a bordo usando el comunicador, se adentraron en la parpadeante penumbra interna.
  • Experimentando problemas técnicos./

    Escrito por Vilem_Landerer el 14/03/2014
    Pues nada, cómo algunos sabéis mi gráfica decidió cometer seppuku, así que desde hace mes y pico que me muevo con un portátil de 10 pulgaditas de pantalla y no llega al giga de ram. En general la cosa ha ido bien, pero llevo varios días intentando publicar y no consigo copiar la entrega del fanfic de Pollito Wars desde google drive. De hecho, me cuesta hasta símplemente navegar, así que la entrega va a tardar un poco.

    Este aviso no voy a poder ponerlo ni en blogger, que al intentar cargar la página de creación de entrada esto me peta. Así que comparto esto por feisbuk directamente y rezaré que mis seguidores de blogspot lo vean.
  • Pollito Wars: Filii Belli (6)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 04/03/2014
    ¡El doble de acción!

    ¡El doble de muertos!
    ¡No tengo mucho más que decir, excepto que me encantó escribir esta parte.

    Pollito Wars
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    –¡Comandante! –Thomas gritaba, como todos los que estaban allí, pero él quería atraer la atención de la veterana infante, que no respondía–. ¡Está herida!
    –¡La sangre no es mía! –contestó ella, todavía a gritos por el reciente combate, que había sido a oscuras y muy estresante–. Perdone capitán. Esta sangre no es mía.
    –Han abatido a Willo –alguien, en la oscuridad se lamentó con sequedad–. Voy a matar a esos bastardos.
    Sauri Kahina respiró un momento y encendió una bengala. A su alrededor yacían varios cuerpos mutilados por los disparos y los golpes. Un número indeterminado de yaguis demasiado destrozados para contar y tres infantes, más reconocibles, yacían en el charco de sangre. El pasillo entero estaba salpicado por la misma sangre y hasta por los propios supervivientes. El capitán se quitó un trozo de alguien que se le había enganchado en el uniforme.
    –Y a Gordon –continuó contando el capitán, con un rastro de tristeza en el rostro–. Y a Slevte.
    Ahora que se calmaban, pudieron escuchar de fondo más lamentos, combinados con gritos, unos de desesperanza y otros de satisfacción. Alguien se acercaba entre las sombras. Sauri lamentó no haber presionado más para lograr la actualización de equipos, pero no supuso que se vería combatiendo en semejante destino. Ahora debían pelear a oscuras sin visión nocturna o una miserable linterna acoplada. Echó a rodar otra bengala hacia la profundidad del pasillo. Nada había.
    –¡Comandante! –un chico sin armadura vino corriendo desde la plancha de abordaje, arrastrando un palet con una pesada carga. –Le he traído lo que ha pedido.
    –¡Ah, mi remiendo! –dijo, contenta de escuchar una buena noticia entre tanto horror–. Hem, ayúdame a quitarme el guantelete derecho.
    El mentado se acercó y sujetó con fuerza el brazo de la servoarmadura. Con un siseo se liberó, dejando al aire los servos que movían el aparato. Lo dejó caer sin miedo y con un suave movimiento colocó el nuevo, que acopló perfectamente y se cerró, para terminar presurizando de nuevo la armadura.
    –Perfecto Jenkins, vuelva al taller –comentó, observando los cañones dobles que apenas sobresalían del guantelete blindado–. Ah, son hermosos.
    –Muy bien comandante, si ya tiene lo suyo, sugiero avanzar –dijo Thomas, que comenzaba a sentirse algo vulnerable–. No podemos hacerles esperar más, además de que parece que han tomado la iniciativa.
    –Bien –señaló a varios de los presentes–. Hem y Norme conmigo, Tisco lidera la segunda línea. Capitán, apoye donde haga falta y no se exponga más por el amor de Laika.
    Se puso en el centro, con sus dos subordinados flanqueándola. Se aseguró de que Thomas cumplía a regañadientes. Por mucho que él fuera el capitán de aquella nave y hubiera participado en cientos de abordajes, ella seguía siendo la comandante de la infantería embarcada. Y tenía una armadura con la que podía tener un cara a cara con los yaguis y contarlo.
    Señaló a los enemigos que ya venían, entre terribles gritos y maldiciones.
    –¡A ellos!
    Y se lanzó hacia adelante, rugiendo y disparando.

    Púlsar sintió venir el golpe. Las garras afiladas como cuchillas rasgaron su uniforme, pero él ya había dado un salto atrás. Era de los más ágiles que había parido su madre y eso quería decir que probablemente fuera uno de los humáferos más ágiles, despiertos y cargantes de la galaxia. Se posó con suavidad en la roca de más atrás, donde afianzó las piernas, alzó la ametralladora y adecuó su centro de gravedad para no desequilibrarse. El arma era pesada, pero sin demasiado retroceso, así que le lanzó una certera ráfaga al pecho blindado del yagui, hiriendolo. Por desgracia, no era suficiente y su enemigo se lanzó de nuevo hacia adelante, destrozando el arma y estirando de ella para poner a Púlsar a su alcance.
    –¿Alguna vez te han dicho que tienes un aliento horrible? Deberías cepillarlo, mi madre siempre decía que no es bueno dejar que la mierda se acumule entre los dientes porque acaban apestando cómo una cloaca en la que se haya acumulado la mugre de cientos de añolaikas de la ciudad más grande que te puedas imaginar, una ciudad muy muy grande llena de gente ensuciando cómo auténticos cerdos, aunque los cerdos tampoco tienen la culpa de apestar que al fin y al cabo la sociedad los ha tratado así y no han encontrado todavía una razón aceptablemente científica para su olor corporal aunque han descubierto que si se lavan la cosa mejora bastante, lo cual bien mirado no carece de ningún tipo de lógica porque cualquiera que no se duche en dos weelaikas acabará apestando a cerdo lo que me devuelve a tí y a tu olor que no es sólo el que suelta tu boca que por cierto la tienes llena de dientes.
    Púlsar no dejaba de hablar mientras esquivaba los ataques. Había aprendido a ser comedido durante el servicio, pero aquél combate lo sacaba de quicio y la situación lo había alterado más de lo necesario. McQuarry se compadeció del yagui.
    –¡Cállate y muere de una vez! –gritó el pirata, harto ya en la segunda frase de aquél insufrible monólogo–.
    –Todos dicen siempre que me calle pero no creo que acaben de notar la sutilidad de mis palabras cuando hablo de cosas que les conciernen sin lugar a dudas pero todos prefieren evitar los problemas en lugar de hablarlos con su buen amigo que está ahí para escuchar lo que dicen y necesitan pero nunca confían en que pueda echarles una mano en lo más mínimo porque como lo ven pequeño y débil creen que es también débil de mente pero ese siempre será su gran error porque ni soy débil de cuerpo ni de mente, soy la releche.
    Quedó de espaldas a la nave. Tras él, la caída de cuatro metros hasta el fondo del cráter. El yagui se lanzó hacia él sin dudar y de nuevo esquivó, cuando el pirata lo creía cazado ya. Saltó en el mismo lugar donde estaba, le metió el dedo en el ojo, que reventó e hizo gritar a su enemigo y se puso a su espalda, mientras mantenía el impulso hacia adelante.
    –Todos sois grandes duros y fuertes y os burlais de mí pero siempre sois débiles donde importa que por cierto suelen ser sitios que se necesitan desesperadamente, agradece que no me haya dado por colgarme de tus cojones o ya no los tendrías amigo aunque bien mirado tú no eres mi amigo sino más bien mi enemigo uno que consigue erizarme el pelaje del miedo que me da, enhorabuena nadie más lo había conseguido aunque al final todos los matones sois iguales.
    Al yagui se le hizo eterna la caída. Con sus doscientos kilos además iba a ser dura. Se desorientó un poco al impactar y se tambaleó al intentar incorporarse. Entre el polvo levantado y la neblina que goteaba de su ojo, pudo ver una figura enorme que avanzaba. Supo que sonreía, pues era el tipo de muecas que solía ver todos los dilaikas en el espejo. Malabestia mostraba algunas heridas profundas y varios desgarrones menores. Había recibido tres disparos en el torso y le goteaba la sien. Pero sonreía. El yagui sintió por vez primera el miedo que debían sentir sus víctimas al verlo aparecer.
    –Me piro –dijo Púlsar, mientras se alejaba, cauteloso–. Casi mejor os dejo solos.
    Mala aplastó la zarpa con la que trataba de incorporarse. Aulló al cielo, complacida de aquél regalo. Y tras una carcajada triunfal, se lanzó para destriparlo.
  • Pollito Wars: Filii Belli (5)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 28/02/2014
    Continuamos con el fanfic, aunque cambio la hora de media noche a más o menos medio día. El próximo, en cuatro días, que esta parte es más corta, pero más intensa.


    Pollito Wars
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    Filii Belli.

    Segunda parte:

    Malabestia estaba ante los dos yagui, que la miraban sorprendidos. Su compañero había caído brutalmente despedazado por las salvas del rifle termal y ante la visión de la muerte, la semiyagui había sido incapaz de contenerse y había bajado corriendo para encontrarse con ellos. Tenía todo el vello erizado, incapaz de contener la ira. Le costaba mucho trabajo no lanzarse contra los dos, pero la parte racional que aún funcionaba le gritaba desesperada de la locura que quería acometer su lado bestial.
    –Mira lo que tenemoss aquí –dijo uno de los dos, sonriendo, a pesar del guiñapo sanguinolento de su izquierda–. Una basstarda.
    –Oooh, ¡y hasta ess bonita! –chanceó el otro, relamiéndose con descaro–. Podríamos llevarla dentro.
    –¡A mí ya me pessan los huevos de no descargarlos! –siguió el primero, agarrándose la entrepierna obscenamente–. ¡Ven nena, que ve voy a hacer disfrutar!
    Las palabras habían tenido efecto en Mala. Estaba recordando una época que no le gustaba demasiado. Una época en la que se burlaban de ella, en la que buscaba algún consuelo en aquella figura silenciosa y triste que se mecía ante el enorme ventanal. La época en la que su propia familia la despreciaba y que tan sólo su madre trataba con ternura. La misma que había sido secuestrada añolaikas atrás y que tras muchos periplos y abortos forzados, había conseguido escapar con aquella enorme criatura en su vientre.
    Poco a poco, Mala fue acallando sus quejas, hasta que sólo quedó la Bestia. Y ésta, sintiéndose liberada y sin restricción, rugió de siniestra satisfacción, tan alto que McQuarry y Púlsar la escucharon aterrados a pesar de la distancia.

    Los yagui habían notado cómo se le afilaba la cara. Cómo su pose perdía altura para mejorar la estabilidad. Cómo sus pupilas se cerraban y ardían muy familiarmente. Antes de que hubieran podido alzar sus armas para derribarla ya había llegado hasta uno de ellos. Agarró su arma y la apuntó contra su cabeza, impidiéndole el disparo. La soltó, esperando derrotarla cuerpo a cuerpo, pero ella ya había lanzado varios zarpazos. Arrancó la armadura pectoral casi sin esfuerzo y antes de que pudiera reponerse, le hundió las garras en el vientre y el cuello. El yagui rugió de dolor y estupor al sentir sus tripas revueltas con violencia. Malabestia se sumó al bramido con sus propios pulmones, para después arrancarle los intestinos con un brutal tirón, desparramando sangre y vísceras por doquier. Mientras aún perdía la vida, lo levantó rugiendo todavía y lo estrelló de cabeza contra el suelo, rompiéndole el cráneo y el cuello. El otro no se lo creía. Nunca se había encontrado una opositora tan formidable, excepto en algún combate dentro de su misma sociedad. Pero aquello eran niñerías. No es que alguno no muriera de vez en cuando, sino que ninguno moría de una forma tan brutal. Retrocedió dos pasos, llamando a sus refuerzos. Disparó cuando Mala dio dos pasos hacia él y no soltó el gatillo mientras se acercaba. La mala puntería del pirata era patente y el retroceso y el miedo hicieron el resto, aunque algunos disparos acertaron. Aún herida por los disparos, destrozó el gran fusil de un zarpazo, mientras que con la otra zarpa atacaba el hombro derecho de su contrincante, que aulló de dolor. Le propinó un rodillazo en la entrepierna que le hizo saltar lágrimas, para levantarle la barbilla y sin pensárselo en absoluto, hundir sus colmillos en el cuello del yagui, que al tratar de gritar aterrado sólo pudo emitir un gorgoteo. Al escuchar cómo se acercaban más desde el interior de la destrozada nave, Malabestia arrancó la tráquea retirando la cabeza de su enemigo caído de un tirón y gruñó. Cómo aún parecía vivo, alzó un puño y de un certero golpe le reventó el cráneo, justo antes de lanzarse contra los recién llegados con una furia desconocida.

    –¡Vamos Púlsar! –McQuarry corría cómo un diablo, mientras el ardillamativo le seguía nervioso, teniendo que dar muchos más pasos que él–. ¡Tenemos que apoyarla.
    –Sí sí –replicó el ardillamativo, siguiendo el ritmo–. Ya podría habernos esperado un poco...
    Llegaron hasta las inmediaciones de la nave y al ver la situación dudaron. Malabestia acababa de reventar el cráneo de uno de los piratas de un puñetazo y al ver aparecer a nuevos enemigos, se había lanzado contra ellos. Ni el sargento ni Púlsar podían competir con ninguno de ellos cuerpo a cuerpo sin ayuda. McQuarry divisó algo en una de las rocas de su derecha. Era la ametralladora de Malabestia, que había abandonado para enfrentarse cara a cara con ellos.
    –Púlsar, sube ahí y abre fuego a mi señal.
    Mientras su subordinado corría nervioso hasta la posición, él se colocó a la izquierda, desplegando el rifle termal y colocándose para tener un tiro cómodo. Malabestia ya combatía cuerpo a cuerpo con una fiereza que no se la conocía nadie, aunque nadie la conocía demasiado. Ellos eran cuatro y ni siquiera ella podría con todos, tal y cómo pensó el sargento, así que tras indicarle con un gesto a Púlsar que disparara después de que lo hiciera él, abrió fuego contra el más alejado de ella, tratando de no dañarla. Después de varios disparos, que lo desmembraron, la ametralladora tronó, provocando extraños ecos. Los yaguis, al sentirse flanqueados dudaron y Malabestia hundió sus garras sobre el más cercano y lo abrió de un violento movimiento hasta la cintura. Cayó con las blancas costillas asomando por la herida, que era un roto plagado de sangre, músculos y nervios destrozados, mientras ella se abalanzaba sobre el otro y comenzaba a desgarrarlo furiosamente. El tercero se había lanzado hacia la roca donde estaba Púlsar y trepaba con furia. Al sentirlo llegar, el ardillamativo plegó el bípode y trató de hacerse hacia atrás, más ya era demasiado tarde. Lo tenía delante, con las garras libres y rugiente expresión en su rostro. Se preparaba para destripar a aquél molesto insecto mientras McQuarry se maldecía por no tener un tiro claro hasta él.
  • Una madre y su hija, hace muchos años./

    Escrito por Vilem_Landerer el 28/02/2014
    Cuidado, tostón incoming:

    Hace años, curraba de dependiente/almacenero/chapuzas/sicario/camello de una juguetería parcialmente desconocida en el polígono comercial de Alfafar, cerca de Valencia. Lo que hoy vengo a contar es por una reflexión de Neyebur en feisbu. Me he dado cuenta de que es muy largo para caralibro, así que aquí mismo lo cuelgo y hago los enlaces pertinentes ( y hasta la actualización de mañana tengo algo que enseñaros).
    Para que os pongáis en situación, la juguetería compartía edificio, una enorme nave del tamaño de un Decatlhon, con otros dos comercios, que eran una tienda de zapatos o ropa y algo más que no recuerdo porque nunca le presté atención. Entre entrada y entrada había una buena cantidad de metros y ninguna ventana, así que desde dentro, sólo se veía el exterior por las puertas de entrada y sus marcos acristalados.
    Resulta, que no era raro que los padres vinieran con los chiquillos a que estos se entretuvieran en el área de exposición de toboganes, columpios de exterior y castillitos hinchables, pero lo que hasta ese día no me habría cabido en la cabeza, es que hubiera padres que se los dejaran ahí mientras se iban de compras.
    Así que ocurrió el drama. Una niña llorando en un tobogán, intacta pero desconsolada, porque no ve a su madre. Una señora se da cuenta del asunto y se lo comenta a nuestro cajero, que me llama a mí, pues está muy liado en caja y yo estaba apañandome el almacén. Intenté que la niña se tranquilizara, que me acompañara dentro para que no se quedara fuera y sóla y me fue completa y absolutamente imposible. La pobre, estaba convencida de que su madre no la encontraría si no se quedaba donde estaba (lo jodido que fue entenderla no tiene nombre, porque estaba francamente aterrorizada y supongo que la visión de un señor con coleta desgreñada, barba descuidada de días y pintas muy de almacén no la llenaría de regocijo). Al final, me puse a llamar a la policía mientras la señora que nos había avisado y su hija, nos hacían el favor de echarle un ojo y trataban de consolar más mal que bien a la niña.
    Lo siguiente ya lo tengo más borroso. Una señora que llega, abraza a la niña, que se le echa a los brazos cómo si fuera un salvavidas y se apresta a hablar con nuestra directora, que precisamente salía a ver cómo estaba la niña.
    "Espere, que ya ha llegado la madre" -le dije al policía.
    "Mejor entonces" -respondió este, supongo que aliviado.
    Mi contestación me imagino que ya no la escuchó, porque vino después de despedirme del auricular. Un "no lo tengo tan claro" tardío, pues estaba atento a lo que ocurría fuera.
    Según lo que nos dijeron, la madre había ido a comprar a la tienda de al lado mientras se dejaba a la niña jugando en los toboganes de exposición.
    Yo me volví a cortar (apuñalar) cartón al almacén, porque pillé un rebote importante. Mi deber, realmente, debería haber sido mantener una conversación con ese policía. Haber puesto una denuncia, o yo qué se qué. Que la custodia de la niña no estuviera en manos de una mujer que la deja sola en medio de un polígono a las afueras de una gran ciudad, que tiene la pista de silla a dos minutos a pie y a 10 segundos en coche.
    Pero claro, cómo te las ingenias para que la niña no se quede traumatizada de por vida porque la separan de su madre, cuando por perdela de vista cinco minutos me tuvo en jaque, sin saber que hacer ante un llanto descontrolado.

    Sigo pensando en aquella situación y en las mil y una cosas que podría haber hecho. En cómo podría haber actuado. En si ahora estará bien y si su entonces irresponsable progenitora habrá aprendido la lección.
    O si por el contrario, es ahora protagonista de un tablón de desaparecidos a causa de una nueva imprudencia.
  • ¡Qué recuerdos!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 24/02/2014
    Con éste empecé yo.

    ¿Con qué juegos comenzasteis vosotros?
  • Pollito Wars: Filii Belli (4)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 23/02/2014
    Volvemos con el final de la primera parte del fanfic de Pollito Wars, algo más tarde de lo que esperaba merced de un olvido, una tarjeta gráfica quemada y un dolor de tarro.
    La siguiente entrega para el viernes que viene.

    Pollito Wars
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    En la fragata, los infantes de marina combatían cuerpo a cuerpo contra los yaguis, demostrando su buena instrucción, pero la mayoría de ellos eran de la misma quinta que su capitán y ya comenzaban a notarlo. Thomas estaba apoyado en una de las paredes, mientras le apretaban con fuerza la venda al costado y gruñía por el dolor que sentía–¡No les deis ni un sólo paso! –gritó, para darse fuerzas y darlas a sus subordinados–. ¡No tienen nada que hacer!
    Volvió al combate, ignorando las peticiones de su inmediato. No podía dejar a sus muchachos con aquel fregado, pues a algunos los conocía desde el principio. Y todos le habían apoyado, siempre.
    –¡No tenéiss esperanza malditos! –gritó uno de los piratas, tras su máscara de acero–. Rendíos ahora y sserá menos lento.
    Aubrey le disparó en la cara con su enorme pistola, compensando el retroceso del arma con un extraño movimiento de brazo. Otro le llegó al cuerpo a cuerpo y antes de que su resplandeciente machete diera cuenta de él, una infante enfundada en la servoarmadura lo estampó contra la pared del pasillo, gritando para envalentonarse, muy al uso de todos ellos. Y no permitió que se levantara, pues a patadas de aquél monstruo de combate le hundió la placa pectoral hasta que rezumó sangre.
    –¡No se exponga capitán! –dijo ella, enfadada, pues siempre tenían que recordarle lo mismo–.
    –¡Vista al frente soldado!
    Un enorme yagui, tal vez el más grande que habían visto nunca y que estaba muy inclinado en su armadura para poder meterse en los estrechos pasillos de un navío de guerra apareció frente a ellos.
    –Sssí, más esclavos, más comida, ¡más mujeres! –exclamó, regodeándose en su supuesto éxito–. Capitán, ríndete, o será mucho peor.
    Thomas lo miró con fastidio. La infante de marina se interponía dispuesta a destripar lo que fuera que se le pusiera por delante, pero con sus armas muertas no podría hacerlo a distancia. Sin embargo, no hizo falta. Aubrey apuntó con cuidado y con aquél gesto para recargar cada disparo, le soltó a bocajarro seis descargas seguidas, desviando el arma en una suave curva hacia su derecha, antes de usar el pulgar para girar el sistema automático de revólver, roto durante el combate. El yagui, cayó muerto, estampando su frontal contra la cubierta.
    –Nadie ha tomado mi nave –dijo en alto para que lo oyeran todos, mientras se ciscaba en el brazo de la pistola–. ¡Y no serán unos apestosos piratas los primeros!
    A su alrededor se sucedieron los vivas y los hurras, atronando en el estrecho pasillo. Ya no venía ninguno y avanzaron cautelosos hasta la plancha de abordaje del navío pirata. Al otro lado de la oscura caverna, varios pares de ascuas los observaban airados. Aquellos ancianos se les estaban resistiendo más de lo esperado y la fragata repartía fuego por ambas bordas, llegando a poner sus armas al rojo con tal de seguir disparando. Aquello no pintaba tan bien cómo al principio para los yaguis.
    –Han dicho esclavos –comentó uno de los infantes de marina, posicionándose delante de la entrada–. Más esclavos.
    Cómo si lo hubieran ensayado, leves lamentos y quejidos consiguieron atravesar la apestosa atmósfera, sorteando la ruidosa respiración de aquellos demonios de tres metros. Todos se crisparon de pronto, atacados por la enorme responsabilidad de lo que acababan de imaginar.
    –Yo voy –dijo la infante que lo había protegido–. ¿Quién me sigue?
    –¿Quién? –comentó el capitán, sonriendo–. Comandante Kahina, creo que está bastante claro.
    A su alrededor decenas de armas se acerrojaban, los sistemas se comprobaban y el mismo Thomas recargaba la pistola y se aseguraba de que el machete siguiera funcionando correctamente.
    –Vamos a hacer filetes de hijos de puta.
    Y cómo uno solo, avanzaron hacia la oscuridad, aullando y gruñendo, sabiéndose adalides de la Muerte.


    Una duda para los subcultistas: ¿Os molesta leer el relato en cursiva? Me he visto forzado a dejar mi pantalla habitual y desde el notebook la verdad es que no me acostumbro a ver la cursiva sobre el fondo blanco.
  • Mil perdones!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 23/02/2014
    Me acabo de dar cuenta de que ayer era viernes y que tocaba colgar el siguiente trozo del fanfic de Pollito Wars. Mañana domingo lo cuelgo sin falta, si el pequeño portátil que tengo ahora de pc principal lo permite.
  • Jugonas Sendas: Las comunidades de juegos./

    Escrito por Vilem_Landerer el 17/02/2014
    Hoy no vengo a hablar de ningún juego en especial, que no voy a tener mucho tiempo para hacer una revisión en condiciones. Quiero comentar algo que me viene preocupando desde que era un mocoso que jugaba en el cyber de al lado del instituto (mi segunda casa).

    (Este artículo nace directamente de mi experiencia y la de mis cercanos, si queréis aportar puntos de vista o experiencias distintos, sois libres de hacerlo).

    Nunca me ha gustado jugar con desconocidos online, por temor a encontrarme a sendos imbéciles con los que jugar fuera un trámite desagradable (juego para divertirme, no para padecer). Una vez tuve ordenador y una línea de internet estable, seguí jugando con amigos y con mi hermano, por diversión y sin ganas de hacer otra cosa que no sea jugar (porque en un juego, se puede hacer algo además de jugar y es casi trabajar pagando, cosa que me encanta). Podréis decirme que soy un rato asocial, pero eh, me lo pasaba bien y las escasas intentonas de abrirme al resto de la red resultaban infructuosas.
    Más o menos, hasta que me metí en el Galaxies. Yo recordaba el juego de sus inicios y en cuanto pude costearme la cuota, me metí a jugar, sencillamente porque era el "simulador" más moderno de Star Wars (tenía naves, era suficiente para mí). Me encontré con una comunidad en la que había de todo, auténticos imbéciles y soberanos gilipollas, pero también grandes personas con las que más o menos sigo teniendo contacto, lo cuál en mí, es mucho decir. La amabilidad de trato que me dieron consiguieron que me convenciera de que el juego online, con otra gente fuera de mi círculo habitual no era tan malo. Me refiero, cómo no, a la estupenda comunidad de Nueva Hispania, que ahora anda algo más dispersa a causa del cerrojazo del Star Wars Galaxies. La Senda del Aventurero no existiría, en parte, si no hubiera medrado por sus foros. Allí comencé a escribir mi primera historia larga, por entregas, que continúa y que me dio alas para escribir otras.
    Después de que cerraran el juego y yo quedarme en paro, decidí probar los distintos juegos online gratuitos. Fueron varios y siempre me fui con mal sabor de boca por los distintos sistemas de juego y por que mi breve paso por las distintas comunidades solía estar rodeado de insultos, prepotencia y mala leche. La gente tiene poco fuelle en estos juegos y cada vez parece peor.

    Hay gente que me dice que la comunidad del "League of Legends" es cancerígena, pero después de leer un poco, no me parece diferente a la de cualquier juego multijugador, especialmente gratuito. Podría ser, que estos juegos estén plagados de niños con muy poca paciencia y entendimiento, a los que sus padres permiten jugar a pesar de no llegar a la edad recomendada u obligatoria (luego la culpa será de los juegos). Pero no sólo de niños se nutren estas comunidades y en base a mi experiencia más reciente, no suelen pisar el foro. Los hay, pero no suelen.
    Cómo anécdota graciosa, hace poco un chaval me juró odio eterno porque al aparcar su nave en la salida de vehículos, al generar yo un camión de transporte, me lo llevé por delante. Y según él, su clan se encargaría de cazarme.

    El World of Tanks es un ejemplo estupendo. Yo antes de meterme en el foro oficial de ese juego jugaba más tranquilo. Aún así, por el chat de juego se podían ver unas lindezas interesantes de leer, en varios idiomas distintos, fruto de ser un juego en el que te puedes quedar parado tranquilamente detrás de una piedra para escribirle a la gente que son una panda de campers por ejemplo. Qué irónico.
    Al foro entré para ver las novedades y por si habría algún código promocional y en general encontré muchos llorones, conspiranoides que se creen que el juego les tiene manía, prepotentes que hieden a arbusto, con sus raíces en tierra y todo...
    Ya no juego al WoT, en parte gracias a las "mejoras" añadidas por Wargaming (compañía dueña del juego) y en parte a acabar asqueado de tantísimo capullo que se cree Patton o Rommel, de una comunidad de jugadores cobardes, pues algo bueno que tiene el juego, es que consigue que la gente tenga sensación de pérdida si es destruido, pero claro, esto los convierte en histéricos cobardicas que no pueden permitirse perder ni un crédito digital que no vale nada (los que pagan son bastantes menos) y cuya eficiencia es su vida, hasta el punto que casi parece un trabajo. Hay juegos y juegos y desde luego, llegar a esos extremos por un arcade sencillote de tanques me parece un poco absurdo.

    Un juego similar en el que no he tenido tantos problemas con la comunidad (dentro del juego, el foro ni lo he pisado, pues estoy escarmentado), es el War Thunder. Con esto no quiere decir que los imbéciles no lo hayan pisado, sino que probablemente están demasiado ocupados en el juego cómo para poder decir algo (y si se ponen a discutir por chat mueren horriblemente porque no tienen las manos en los controles).

    No hablo ya de que el espíritu competitivo se pueda cargar un juego (sí, Infestation, te miro a tí), sino de que la mezquindad, el egoísmo, la prepotencia y otros sentimientos tan humanos arruinan la experiencia de un juego que puede ser excelente y que se acaba convirtiendo en algo completamente distinto, que ni es divertido ni al menos, satisfactorio.
  • Pollito Wars: Filii Belli (3)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 15/02/2014
    Casi se me olvida actualizar. La siguiente vendrá dentro de una semana, pues eso estipula el calendario. Y no queremos cabrear al calendario, ¿verdad?
    Ale, para hoy hay Mala durante un buen rato, cabreándose y pegando tiros. ¿Qué más se podría pedir?

    Pollito Wars
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    Se habían acercado más. Eran muy rápidos y parecían vestidos con una suerte de trozos blindados. La roja luz del sol los iluminaba, arrancando reflejos de sus armas, que parecían hechas a mano, aún en la distancia. Pero también parecían adecuadas a su tamaño.
    –Cargad los rifles termales hijos míos –McQuarry pasó varios cintos con munición y los rifles que traía al hombro–. Creo que con los fusiles de asalto no podremos hacerles mucho, así que dejádselos a los mejores tiradores. Al resto os quiero con estos trastos.
    Los “mejores tiradores” observaron con envidia al resto, imaginando si pudieran llevar un arma así. Pero hicieron de tripas corazón e intentaron no decepcionar a su sargento, además, solían ser bastante prepotentes y poder demostrar su habilidad les atraía mucho
    –Disparad con cabeza, no falléis tiro porque no habrán muchas oportunidades.
    De pronto, dejaron de verlos. Los sabían escondidos tras los peñascos más cercanos, aguardando al mejor momento para hacer su movimiento y caerles encima. Todos estaban muy nerviosos, a pesar del armamento del que disponían, no tenían claro que pudieran pararles los pies. Malabestia por su parte tenía todo el vello de punta y fruncía el ceño mucho más de lo habitual, que era bastante. Comprobó una última vez las alzas y apoyó la mejilla en la culata del arma, comprobando la alineación, hasta que quedó satisfecha.
    De las rocas que ocultaban a sus enemigos llegaron salvajes gritos de guerra, pronunciados por gargantas y bocas mucho más grandes que las que tenían ellos, y se preguntaron si podrían aguantar un embate de aquellas terribles bestias. Mala rugió de pronto, imponiéndose con fiereza al griterío general y acallándolo por completo. Algo se estaba adueñando de ella y en medio de aquella locura comenzaba a pensar que no sería tan terrible dar rienda suelta al ardor que sentía por dentro. Sabía que en unos momentos, tendría mucho sentido.

    Se lanzaron cómo una marea. No es que fueran muchos, pero no los podían abatir a no ser que les acertaran varias veces seguidas y en el estado de pánico que se encontraban los novatos aquello era una feria y sus armas; escopetillas. Los tiradores expertos consiguieron un par de bajas, logrando sobreponerse al miedo que les atenazaba el intestino y no lo soltaba. El sargento increpaba a los enemigos y animaba a sus hombres, convirtiéndose él sólo en un flanco gracias a sus disparos y su organización. Mala por su parte disparaba cómo si no hubiera un mañana, quemando munición rápidamente, sin dejar de gritar apenas, de una forma muy parecida a la de los yaguis, aunque acompasada con el brutal sonido de la ametralladora haciendo su trabajo con eficiencia. Por fin, la trinchera izquierda consiguió comenzar a encajar impactos, reduciendo a los enemigos considerablemente, pero aún así, dos llegaron hasta la línea, destrozando a tres de los novatos armados con termales. El pánico cundió pronto, con todos lanzándose encima unos de otros, tratando de escapar. Jerguins, intentó acertar a uno de los yaguis, más éste lo agarró del arma y levantandolo en volandas, comenzó a devorarlo sin reparar en sus escalofriantes aullidos. McQuarry con todo el vello de punta, casi incapaz de controlarse plantó rodilla en tierra y disparó tres salvas con toda la calma que encontró, sin prisas, apuntando a dar. Uno cayó derribado, pero el otro continuaba hacia él y ya no tenía espacio para disparar, aunque aún así, apuntó de nuevo, mientras el yagui lanzaba un tremendo zarpazo.
    La zarpa no llegó nunca a tocarle. Ni el rifle termal a disparar, pues se había encasquillado. Una enorme manaza había frenado el ataque, aunque las uñas cómo cuchillas se le clavaban en la carne. Pero daba igual, no sentía nada de aquello. Los gritos, la reacción de sus compañeros y el olor de los piratas habían traído recuerdos escondidos que no eran suyos. Recuerdos salvajes, de sangre y violencia, grabados profundamente dentro de su ser. Malabestia iba a hacer honor a su nombre.
    Apretó de pronto y retorció el brazo del yagui, que se astilló cómo una rama seca, mientras que con un gruñido propio de un gran depredador, agarró al pirata por el cuello y sin permitirle sobreponerse a la sorpresa, lo inclinó hacia atrás hasta que las poderosas vértebras no aguantaron la presión y cedieron a pesar de los fuertes músculos de la enorme bestia. McQuarry no daba crédito a todo aquello. Había escuchado mil y una historias acerca de los pocos semiyaguis que se veían habitualmente y cada una era más surrealista que la anterior. La reacción de Mala, aunque no tan exagerada cómo alguna de las historias que de ellos se contraban, resultaba impresionante en primera persona. Pero no le daría tiempo a disfrutar mucho del espectáculo, pues ella ya buscaba nuevas presas.
    Agarró uno de los rifles termales con la zurda, mientras cargaba con la diestra la ametralladora. A pesar de la negativa del sargento, salió al descubierto, gruñendo de forma bestial y se encaminó a paso ligero hacia el destructor caído, donde el olfato le decía que había más. Púlsar la vio alejarse, todavía tratando de dominarse. Sin quererlo, cogió un par de cajas de munición y varios cargadores de termal y se alzó con dificultad sobre la trinchera.
    –Espera Púlsar, no puedes ir solo –dijo el sargento, armándose hasta los dientes, pues ya había descartado reorganizar nada, sino con apoyar a Mala para cargarse al resto de esos cabrones–. Te acompaño.

    Ya no era paso ligero. Corría con ansia cazadora, pero no cómo una depredadora, sino más bien una asesina. Las zancadas se sucedían cada vez más deprisa, pues a la misma velocidad crecía su sed de sangre. A cada paso, gruñía impaciente de repartir más muerte, consciente a un nivel muy básico que ella era parte de aquella guadaña, parte del mal y también parte de la solución. Había observado a los compañeros que quedaban en la zona con evidentes muestras de no recordarlos desde el fondo de la bestia, pero la razón que aún sobrevivía en ella era una voz más fuerte. Se trataba de imponer. Gritaba furiosa y se expandía, quería el control, aquello era una locura.
    Jadeó un momento de camino hacia el destructor, consciente de todo aquello. Se puso a cubierto, tratando de repasar lo que ocurría. Había abandonado la trinchera, estaba muy armada y de camino hacia la nave caída. Meditó su siguiente movimiento respirando profundamente; la trinchera estaría abandonada a esas alturas, pues recordaba la espantada general al llegar los piratas hasta la línea. No podría defenderla ella sola aunque dispusiera de todo el arsenal del lugar. Así que decidió seguir su instinto; iría al foco de problemas y les patearía el culo personalmente. Lo que le extrañaba es que en su loca carrera no hubiera encontrado a ninguno más, pues aunque no solían cometer demasiados errores, la arrogancia yagui era legendaria. Supuso que no creerían que nadie sobreviviera a tan feroz ofensiva. Sería su último error.

    El lugar de impacto era un cráter en el que se enterraba el gran destructor, que tenía enormes áreas dañadas y del que salía el vapor, ya que el sistema de refrigeración del armamento aún funcionaba. Por aquí y por allá se derramaban distintos tipos de líquido y en un boquete grande, cerca del borde interno del cráter, se encontraban tres yaguis. Mala descartó la ametralladora y la dejó a un lado. Volvía a sentir el pelo de punta, el pulsar rítmico del corazón en su sien, en la sed terrible que tenía y en el regusto metálico en su paladar. Volvía a sentir la furia asesina de hace un rato, pero se dominó por mantenerla a raya. Desplegó el termal correctamente antes de decidirse por una gran roca que quedaba a la derecha de los tres y se elevaba por encima del borde. Trepó sin esfuerzo, atenta al viento, que le traía los olores del destructor caído. Se sintió satisfecha con su elección, pues el sol no la cegaba y el aire no llevaría su olor hasta el enemigo.Ajustó las alzas, apuntó con cuidado y maldijo en voz alta, enfadada. Se habían movido y sólo tenía un tiro limpio con uno de ellos. Blasfemó para sus adentros y pensó en buscar otro lugar de tiro, pero la otra parte de ella gritaba de nuevo. En el aire había otros olores, que ya había notado en la trinchera y que la enervaban más allá de lo que hubiera creído nunca. Sin pretenderlo, oprimió el gatillo hasta que dejó de sentir el retroceso y el percutor daba en vacío.
  • Pollito Wars: Filii Belli (2)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 10/02/2014
    Han sido 4 días y no 5, pero tengo la corazonada de que mañana no estaré en condiciones para publicar nada. Los virus flotan en el ambiente y son nuevos y más sofisticados que los anteriores.

    Pollito Wars
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    En órbita la batalla se recrudecía. Haces de mortífera luz iban de acá para allá entre las tres naves. La antigua fragata aguantaba el embate con admirable resolución, pero por varios lugares el escudo deflector comenzaba a dar muestras de ser incapaz de desviar satisfactoriamente los ataques enemigos. En el puente de mando, Thomas Aubrey mantenía su posición junto al panel de visión de estribor, soportando a pesar de su avanzada edad los vaivenes que sufría el navío.
    –Quiero la aleta de estribor dos grados más inclinada hacia ellos, hay que tratar de que no tengan un tiro limpio –ordenó, sin dejar de mirar la pantalla que tenía delante–. Señores, nos enfrentamos a un enemigo de lo más poderoso. Se trata de...
    No pudo terminar la frase. Uno de los navíos había chocado contra el cuello del puente de la fragata. Sin embargo, en lugar de separarse, parecía haber extendido una pasarela.
    –¡Todos a las armas! –gritó el anciano, mientras desenvainaba su machete de energía y la poderosa pistola que cargaba al cinto–. ¡Hay que repeler el abordaje! ¡Traed servoarmaduras de combate y armamento pesado! ¡Comunicad con el alcázar y decidle a Énister que tome el mando si no volvemos a comunicar cada dos milaikas!

    Hacía unos milaikas que el polvo se había terminado de posar y en la pequeña trinchera no habían visto señal alguna de enemigos.
    –Tal vez hayan muerto todos –comentó Púlsar, sin tener en cuenta si era un pensamiento esperanzador o deprimente–. Igual hoy no combatimos.
    –No seas agorero –le respondió el sargento, recordando que desde el destructor habían enviado un mensaje de socorro–. Piensa en esa gente.
    –Eso hago pero pienso en la de aquí.
    –Y en tí.
    –Y en mí claro. –dijo, ofendido por la duda–. Es idiota no pensar en uno mismo en situaciones así.
    McQuarry lo dejó estar. No es que el chaval fuera mal soldado, sino que tendía a tener un sentido de la autoconservación mucho más desarrollado que la media militar. Lo que no significaba nada más allá que el chico sintiera más deseos de ver un frente tranquilo que de patear el culo de sus enemigos. Lo que era moralmente aceptable, no servía demasiado allí. Mala, por su lado, tenía ganas de ver algo de acción por primera vez después de salir de la instrucción, que si bien había sido dura, que la pusieran siempre en el equipo en desventaja le había asegurado algo de camorra ficticia satisfactoria. Ahora esperaba que la camorra fuera real y no apartaba la vista del frente de batalla, aunque esperaba sinceramente no estar esta vez en desventaja.
    Algo estalló en el cielo. Todos miraron en la dirección de la fragata, de la que había surgido un surtidor de fuego, aunque no cejaba en su empeño, disparando a bocajarro contra los navíos enemigos, que devolvían un fuego terrible en comparación con su tamaño.
    –La antiaérea no responde al fuego. –comentó Malabestia, observando los silenciosos cañones de las posiciones defensivas–. Aubrey se está cascando en solitario contra ellos.
    –¡Atención en el frente! –gritó de pronto el sargento, que no había apartado la vista en ningún momento–. Contactos desde el suroeste. ¡Jerguins, deje del maldito cigarrillo! ¡Muchachos, alzas en automático, no tiréis la munición contra objetivos poco claros! ¡Guardad los unos de los otros! ¡Buena suerte y que Laika os proteja!
    Y allí, por el suroeste, se podían ver las figuras aproximándose. Eran fugaces retazos, que se movían con rapidez de roca en roca y de peñasco en peñasco. Debían de medir casi los tres metros de altura, aunque desde la distancia y su velocidad no se apreciaba del todo bien. Todos ajustaron las alzas en la posición automática y se colocaron en el borde de la trinchera, esperando que les costara algo más llegar al cuerpo a cuerpo.

    –¡Servos al frente! –gritó de nuevo Aubrey, tratando de hacerse oír por encima del estruendo de los disparos de la artillería–. ¡Quiero las ametralladoras en los lados del pasillo! ¡No permitáis que pase ni uno.
    Estaba de pie, rodeado de soldados que se preparaban para resistir el asalto, montando armas de posición, preparando algunas minas de bajo explosivo o enfundándose en las servoarmaduras de la infantería de marina, armadas con una pequeña panoplia de armamento dedicado para machacar al personal en corta y media distancia. El otro extremo del pasillo llevaba a las cabinas de los oficiales y no tenía salida. Sólo podían intentar tomar la nave por una dirección y con ello contaba el capitán para defenderla. Pero la identidad de sus enemigos jugaba en su contra. Uno de ellos podría atravesar una línea de combate de cinco soldados, haciéndolos trizas en el trance. Las servoarmaduras podrían frenar a varios de ellos de una vez y el armamento desplegado en corto haría papilla cualquier cosa que no estuviera forrada de blindaje. Pero con los yaguis nunca podía estar seguro, pues eran jodidamente astutos.
    En el pasillo, en su lateral derecho comenzaron a sonar golpes brutales en la sección que estaban cortando desde fuera. La plancha cedió tras varios más y el vaho llenó la sección del pasillo. Entre el vapor condensado entró un olor bestial, y se adivinó una enorme figura que llenaba el pasillo. La misma dirigió hacia ellos dos ojos que ardían cómo ascuas. Estaba enfundada en acero, con cientos de correajes aguantando el ingenioso sistema defensivo, que parecía hecho a mano a partir de muchas otras. Su pecho lo adornaba un cráneo humáfero y en cada brazo, además de los fusiles montados, portaba varias cuchillas. Todos sintieron que su pelaje se erizaba. El capitán se llevó la mano hasta el comunicador.
    –Control, comuníquese con el alcázar y dígale a Énister que tome el mando ya. Que selle el ascensor del puente y que si no volvemos a llamar considere abrir las escotillas de las cubiertas superiores.


    La siguiente entrega, el viernes que viene.
  • Pollito Wars: Filii Belli (1)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 05/02/2014
    Os traigo una fanficción (fanficción, debería probar a decirlo con la boca llena) basada en el universo de Pollito Wars dibujado por clara2g y coloreado por Rothstein. Este fanfic, el primero que he escrito en el entorno de los webcómics, me ha sido fácil de escribir, pero complejo en su corrección. De hecho, me ha llevado muchas, muchísimas más horas corregir lo que consideraba que estaba mal o que podía mejorar. Pero bueno, es algo común. Y eh, el cómic lo merece y másmola, que me he hinchado a reír con él (no son sólo las risas, pero es que aún encuentro restos de la última vez que reventé riendo). De veras, dadle una buena lectura, que lo merece, yo no recomiendo en vano.
    Ahora, he de agradecer dos cosas:

    ¡La pedazo de portada!¿No os parece chulísima? No es sólo ya que sea la primera portada que tiene alguno de mis trabajo, no. ¡Es que es una pasada!
    ¡Muchas gracias a clara2g y a Rothstein! ¡Detallazo!
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    Y agradecer al Narrador de Antagis por su oportuna ayuda cuando le pregunté acerca del latín del título. No os podéis imaginar lo mal que se me dan los idiomas y el de Roma no podía ser menos, sino más.

    Y bueno, a leer:

    Pollito Wars.

    Filii Belli.

    Primera parte:


    No podía creerlo. Excelentes resultados en la instrucción, mejores resultados físicos, conducta intachable y más moral que la mayoría de los sacos de carne de su promoción y a ella la habían destinado a una instalación minera, en el culo de la galaxia donde no vería un tiro si no lo disparaban por error. Y aún así, si no estaba delante se lo perdería. El día había amanecido rojo oscuro, cómo casi siempre, pues en aquél mundo que orbitaba perezoso en el cuarto anillo del sistema Trullac. La atmósfera era pesada y aunque se podía respirar, se recomendaba pasar una holaika cada mañana en la sala de respiración, para limpiar los cansados pulmones. La mayoría de mineros pasaba muy mucho del tema y llevaban respiración autónoma. Malabestia los había imitado al poco de llegar, pues si ellos que llevaban aquí añolaikas lo hacían, era mejor seguirles en esa mezcla de sabiduría psicótica que gastaban. Pero que se adaptara mejor no conseguía rebajar su ira.
    Inspiró profundamente, tratando de relajarse. Estaba parada, como siempre, delante de la garita de acceso al puesto avanzado. No es que el lugar fuera tan importante cómo para requerir una guarnición, pero la N.A.M.E. estipula que cada explotación, sea de lo que sea, que apoye a la Alianza, ha de disponer de una defensa armada para garantizar de su seguridad. La “defensa armada” allí consistía en una vieja fragata bautizada muchos añolaikas atrás con el nombre de Beaufighter, unas posiciones artilleras aún más viejas pero supuestamente funcionales y dos pelotones completos, aunque recién salidos de la instrucción. Mandaba el lugar el capitán de la fragata, un hombre anciano ya, anclado en las viejas formas, aunque lúcido y valiente cómo él sólo. Se llamaba Thomas Aubrey y era un perrockabillie de pelaje dorado y gran estatura, que gustaba de agasajar a sus escasos oficiales y practicar el tiro con la basura espacial. A ella la había invitado el primer día que llegaron los nuevos reclutas y se había sentido incómoda en su presencia, pues como todos sabían, el anciano capitán aborrecía tanto a los yaguis, cómo a su prole. Pero entendía que Mala, pese a ser una mestiza de esa detestable raza, estaba con ellos y a pesar de sus perjuicios no la persiguió cómo sí les ocurría a otros bajo ciertos mandos.
    Aquél sol se desplazaba con lentitud, convirtiendo el cielo en una fuente de destellos rojizos y anaranjados. Contuvo un bostezo y lo sacó por la nariz, entrecerrando los ojos para aparentar que la fuerte luz del amanecer le molestaba. Se había pasado la noche de guardia, pues no había nada que a la cálida luz del satélite amarillo se le escapara y su sargento lo sabía. El sargento McQuarry era un tipo honesto y amable. Parecía de aquellas personas destinadas a iluminar el día de alguien y estar en el ejército le pegaba tanto cómo a un mesías dos pistolas.

    –Vengo para relevarla –alguien habló más allá de su ombligo. Se inclinó para poder ver al ardillamativo con fusil, que era casi más grande que él–. Dice el sargento que tiene el día libre.
    –Bien gracias –estaba cansada y sólo le apetecía dormir con tranquilidad en su cuarto. Se lo habían tenido que habilitar en la antigua enfermería porque no cabía en los camastros normales–. Buen dilaika.
    Se acercó a los barracones para dejar el fusil y las piezas de la armadura en la taquilla. Le molestaba enormemente su armadura asignada, porque nadie había tenido la previsión de encargar algunas más grandes. Así que se la quitó con hastío y se dejó la enorme camiseta de tirantes y los pantalones lisos y fue a su habitación con ánimo de dormir al menos hasta la tarde, para comer algo y continuar con la modificación que había planeado para su armadura y su arma.

    Arriba, en los límites del sistema algo ocurría. Nada se escuchaba, pero las estrellas comenzaban a deformarse alrededor de un punto, cómo si algo de más allá del Universo quisiera entrar.. En un momento dado, la realidad se rasgó con violencia, provocando olas de radiación y dejando ver una forma puntiaguda. Un destructor clase Furious Squirrel acababa de atravesar el tejido universal y estaba ardiendo. En su interior, dos bandos combatían por el control de la astronave. Dos navíos que parecían construidos a base de antiguas naves aparecieron a ambas bordas del destructor. Las olas cósmicas producidas por la entrada de las otras dos naves lo desviaron en dirección al planeta, que no sabría nada de aquello hasta dos milaikas después.
    El escándalo la despertó. Era la alarma de incursión enemiga, que retumbaba por toda la base. Se levantó de un salto y corrió dando grandes zancadas para equiparse. Su pelotón estaba allí, cogiendo el equipo con prisas.
    –¡Malabestia, cámbiese y no se separe de mi trasero! –le dijo McQuarry nada más verla. Estaba cargando con el lanzacohetes y dos fusiles–. Ha entrado un destructor en el sistema, lanzando una señal de socorro y otra de advertencia. Los han abordado y combaten mano a mano. Le persiguen dos naves sin identificar, pero a juzgar por los daños del destructor, podrían ser pequeñas fragatas.
    –En ese caso es el capitán Aubrey quien ha de encargarse, ¿no? –dijo, ajustándose la armadura con una mueca de enfado–. Y las defensas planetarias.
    –El destructor va a intentar tomar en forzoso. Tenemos que contener cualquier enemigo que intente hacerse el listo.
    Mala sonrió. Para aquello se había estado preparando. Dejó olvidado el fusil y cogió la ametralladora, junto con varios cajones de munición.
    –¡Eh! ¡Eso es mío! –protestó el ametrallador del pelotón, viéndose desarmado–.
    –Coge mi fusil nenaza, tú no sabrías usar esta preciosidad sin hacértelo en los pantalones.

    El sargento corría con rapidez hacia las trincheras prefabricadas del exterior de los cuarteles. Una gran línea de mineros cercanos había ido a resguardarse de la alerta en el búnker de la base.
    –¡Lo tenemos encima!
    Y era cierto. A través de las rojas nubes, el destructor trataba de reducir velocidad con los aerofrenos. Con un atronador sonido, tocó tierra a varios centenares de metros de allí, deslizándose ante la base, hasta quedar frente a las trincheras del norte. Sobre él, la vieja fragata respondía al fuego de los navíos sin identificar, que avanzaban bajo el aluvión con decisión. En el control de fuego trataban de poner en orden las baterías, que ahora se movían raquiticamente, tratando de lograr un blanco claro.
    –¡¿Qué tal creéis que se le dará al viejo Aubrey?! –gritó el ardillamativo que había relevado a Mala por la mañana, ajeno al espectáculo del frente–. ¡Por cierto me llaman Púlsar!
    –¡¿Y eso?! –preguntó sorprendida, pues no se esperaba tanta energía en un envoltorio tan compacto–. ¡¿Sueles soltar ventosidades?!
    –¡Ja, ja! No –rió sin apenas sentimiento, incapaz de verle la gracia al chiste–. ¡Siempre dicen que quien pasa cerca de mí acaba acelerado!
    El estruendo cesó. Ya sólo podían oír las rocas asentándose, pero el destructor estaba oculto por la nube de polvo, que se colaba entre aquél panorama desolador. Mala terminó de montar la ametralladora y juntó los cajones de munición para tenerlos a mano para la recarga.


    5 días hasta la siguiente parte.

    P.D: Thomas Aubrey es un ligero homenaje a Jack Aubrey y Thomas Pullings, de la serie de libros que comienza con Capitán de Mar y Guerra de Patrick O'Brian (serie Aubrey y Maturin, altamente recomendable).
  • Hispano 52/

    Escrito por Vilem_Landerer el 18/01/2014
    –¡Malditos! –corría por la pista de despegue, que no era más que un pedazo de tierra aplanada, esquivando los disparos de la aviación enemiga, mientras gritaba en inglés a sus enemigos–. ¡Facciosos! ¡Cerdos! ¡Putos cabrones chupapollas!
    No había comenzado un buen día. La neblina apenas se había dispersado cuando las alarmas los sacaron a todos de las camas. La miríada de pilotos republicanos corrían a los que eran sus aviones asignados. En el caso de Bill, se trataba de un viejo Nieuport-Delage “Hispano” 52, fabricado en España con licencia, de complicado manejo, pero que causaba mucha satisfacción a su piloto, pues nada más ofrecerse cómo piloto a la República Española, le habían asignado un Bristol Bulldog que se le hizo horrible de pilotar. Al cambiar de avión, y aunque con éste se había estrellado la primera vez que intentó hacerse al aire, le gustó mucho.
    –¡Guillermo, tiene que esperar a que le demos arranque! –uno de los angustiados mecánicos había llamado a Bill por el nombre con el que lo habían contratado–.
    Allí, lo conocían cómo Guillermo Rojo, pues tal era la traducción de su nombre al español. Todos sabían quién era, pues se trataba del único estadounidense de la base y además tenía el lado derecho de la cara desfigurado, recuerdo de su participación en la infantería voluntaria de la Gran Guerra.
    –¡No tiempo! ¡Uso autónomo! –el aviador mercenario, de buenas dotes para el fusil y la caza aérea, no era tan bueno con los idiomas y en el mejor de los casos chapurreaba el idioma de allá donde estuviera, exceptuando el inglés, del que hacía uso con enorme cantidad de tacos–. ¡Contacto!
    Bendijo mentalmente a los fabricantes de aquél modelo, pues aunque podían usar del encendido usando un camión, habían previsto una puesta en marcha autónoma, aunque en su contra jugaba el tiempo, pues era muy lenta de usar. A pesar de todo, consideró que le convenía, pues los atacantes se fijaban más en los aviones que recibían las atenciones del camión para el arranque.
    –Vamos, vamos, no hay tiempo para tus tonterías –increpar a su aparato no era lo habitual para él, pero en tierra, mientras la hélice se movía con pereza a pesar del ataque, era más de lo que podía aguantar–. ¡Vamos maldito!
    Con dos explosiones y un siseo, las aspas dejaron de ser de contornos claros y se convirtieron en un círculo. Se colocó las gafas y sin hacer mucho caso de la revisión habitual, liberó la palanca de gases y la llevó hacia adelante con suavidad. El aparato comenzó su marcha entre disparos, gritos y los característicos zumbidos de los aviones italianos. Su Hispano 52 no se podía comparar a aquellos Fiat, más modernos y pilotados por aviadores que le echaban mucho cuajo a su labor, pero podría entretenerlos el tiempo suficiente para que los Polikarpov que había en la base levantaran el vuelo y comenzaran a devolver los golpes.
    –¡Hijo de mil putas! –uno de los italianos lo había ametrallado de pasada y ahora se alejaba con rapidez de la pista, queriendo cubrirse del denso fuego antiaéreo –. ¡Ah no! ¡No escaparás!
    Comprobó los mandos. Todo parecía estar en su sitio a pesar de los tremendos agujeros que las potentes ametralladoras habían causado en el fuselaje metálico. Dió gas a fondo, esperando que el radiador pudiera con aquello, pues realmente necesitaba darse prisa si quería salir de aquella con vida. El Hispano rugió con fuerza y saltó para no volver más al suelo, aunque durante unos críticos segundos cualquiera habría jurado que esperaba un terrible accidente. Inmediatamente, su piloto comprobó que nadie le siguiera la estela y se fue en pos del italiano. Este estaba ya muy adelantado y viraba para volver a pasar, a pesar del infierno que se vivía sobre la pista. Inclinó el avión hacia donde consideró que podía dispararle e incrustó el ojo en la mira telescópica que tenía en el capó.
    –Vamos espagueti, te voy a hacer la raya al medio –antes de lo previsto, el italiano terminó la maniobra y le presentó la cara–. O igual no. ¡Maldito seas!
    Oprimió el disparador y las armas rugieron demasiado pronto, tratando de asustar a su adversario, que no se inmutó y continuó avanzando. Tableteó otra vez, ahora con más ánimo de acertarle, pero vió perderse sus propias trazadoras por debajo del enemigo. Dejó que la velocidad levantara un poco el morro y volvió a disparar. Justo en ese momento, el italiano abrió fuego con sus terribles armas y el Hispano se sacudió herido, aunque aguantó firme la rociada. Rompió a la izquierda casi chocando sus aeroplanos y el estadounidense luchó para controlar su aparato, que perdía velocidad por momentos, mientras su enemigo continuaba imperturbable hacia la pista. Ametralló de nuevo y volvió a alejarse.
    –Maldita sea –palmeó con afecto el fuselaje de su aparato cuando pudo ponerlo en la dirección correcta y supo que no alcanzaría a su enemigo–. Se te acaba la vida, amigo mío.
    Se acercó la pista y se mantuvo volando en círculos, estorbando el ataque de cualquiera que se acercara, mientras los más modernos I-16 arrancaban por la pista. Los increpaba. Pero los amaba. Eran aparatos con unas características muy buenas, pero tenían defectos que le horrorizan. Defectos que en aquellas condiciones, te podían costar la vida. En aquél caso, el tren de aterrizaje retráctil era una modernización que todos querían probar, pero obligaba al piloto a manejar una manivela para plegarlo y en combate era un momento muy peligroso. Sobrevoló al primer mosca que despegaba, pues tal era el nombre que los pilotos le daban allí, y gritó unas palabras de ánimo en español, antes de agitar las alas.
    –!Ah maldito!
    Su italiano había vuelto, pero esta vez no le permitió hacer la pasada. Se le pegó a la cola cómo una garrapata y aprovechaba cada momento en el que cruzaban trayectorias para soltar una generosa rociada. Su enemigo, era ducho en su oficio y el avión era excelente, pero se vio incapaz de librarse de aquél molesto aparato, no tuvo más remedio que alejarse, pues ante el fuego antiaéreo, ninguno de sus compañeros podía deshacerse del estadounidense sin correr un gran riesgo.
    –¿Te vas? ¡Pero si apenas empezamos a conocernos!
    Volvió a apuntar cuidadosamente y observó con satisfacción cómo sus balas impactaron a lo largo de todo el Fiat. Aquél giró y Bill lo imitó, pero debido a que era menos ágil y el italiano había perdido mucha velocidad, hicieron la virada casi en paralelo, observandose detenidamente. En un momento dado, el piloto enemigo sacó un revólver y disparó, tratando de acertar cerca de la cabina.
    –Será una maldita broma –masculló, sorprendido y divertido al tiempo–. No me lo puedo creer.
    La última ráfaga había inutilizado las ametralladoras del italiano y ahora éste trataba de continuar el combate de la única manera que encontró; con su arma de mano. Bill hizo gesto de no disponer un arma similar en cabina, a lo que el fascista respondió también por gestos, pero de carácter desolado. El estadounidense no era aficionado a las armas cortas y su fusil, que siempre lo acompañaba, no podía manejarlo en marcha, pues lo traía sólo en caso de tener que saltar en territorio sublevado.
    –¡Adios! ¡Ojalá no nos volvamos a encontrar! –Bill sacudió su aparato para saludar al italiano, que viró hacia su territorio amigo, agitando una mano–.
    Los Polikarpov estaban ya enfrascados en terrible combate contra su enemigo. Aquí y allá los aviones se prestaban ayuda y ametrallaban a otros con saña, usando toda la potencia de sus armas. Voló a través del maremágnum, tratando de estabilizar el aparato, que daba muestras de haber recibido más daño de lo que su motor podía aguantar. Al tocar tierra, no pudo evitar que se desequilibrara y el ala tocó a la izquierda. Inmediatamente el Hispano guinó a su siniestra, antes de que por la inercia, volcara hacia la derecha, destrozando la cola y el propio ala, que cayó sin fuerza. Bill se contentó con chocar contra la dura tierra, rescatar la foto de su mujer e hijo, así cómo su Lee-Enfield y corrió a ayudar a los cargadores de los cañones antiaéreos, pues no tenía avión para poder seguir combatiendo.


    Vuelve Bill Red, aunque un poco avanzado en el tiempo. Está ya algo mayor y ha cambiado la infantería por los aviones. Es un personaje del que quiero sacar una historia larga, pues tengo pensado que atraviese muchos lugares y guerras a lo largo de su vida. Además de la vida militar, se ve obligado a viajar cómo investigador (es personaje originario de una partida de "La Llamada de Cthulhu" y mi primer superviviente de una campaña). Es un personaje sencillo y aunque no tiene un pelo de tonto, es bastante ignorante cuando se le saca más allá de la redacción de artículos y el ámbito militar.
    En este caso, nos lo encontramos cómo aviador mercenario a cuenta de la República Española, durante el transcurso de la Guerra Civil Española, cómo tantos otros. Su avión, es un cacharrito la mar de simpático, aunque cuando la guerra comenzó, estaba desfasado y si se le compara con sus contendientes habituales, realmente, estaba muy atrasado respecto a ellos. Aún así, no me parece un avión malo para su época, pero hay que considerar que los años 30 supusieron un avance tras otro en la tecnología aeronáutica y que 3 o 4 años podían suponer que los aviones estuvieran atrasados (no cómo ahora, que siguen en funcionamiento aparatos con 25 años de servicio, a los que símplemente se han tenido que actualizar, no sustituir completamente (por ejemplo, los F-16, que llevan algo más en servicio).
  • Partida de Guerra 3/

    Escrito por Vilem_Landerer el 15/01/2014
    Se me había olvidado que tenía esto escrito desde antes de terminar el año (viene de Partida de Guerra 2 y es un relato que comienza en Partida de Guerra):

    A dos estadios al otro lado de la aldea, la compañía se apresuraba. Matheld sabía que sus órdenes se cumplirían sin oposición y por ello había mantenido su fría mirada nórdica en la aldea, de la que comenzaba a salir algún fuego. Un punto de preocupación atravesaba su pálida frente, que relucía casi tanto cómo su cabello, de un rubio tan claro que bajo la luz de Luna resaltaba entre tanta cabeza morena. Era la primera a la que había reclutado el mercenario en cuanto pudo permitírselo y era desde luego la más fiel de toda la compañía. Y por eso, se le hacía muy duro marchar y seguir sus órdenes. Pero la lealtad que le profesaba la obligaba a ello. Montó el el alazán que usaba para el viaje y dio la orden de partir.

    –¿Acaso éste perro que me devuelve la mirada desafiante, es el poderoso Reissig? –el noble sarraní le había lanzado los restos de una granada que se acababa de comer para refrescarse– ¿Éste es el que derrotó al tres veces más numeroso del sultán? ¿Acaso es el que empaló a mi hermano ante Shariz? ¡Éste despojo!
    El mercenario, cubierto de cardenales y con trapos sucios haciendo de vendas para los numerosos cortes que había recibido tenía la mirada algo perdida. La nariz había dejado de sangrar, pero le dolía tanto que apenas podía mantenerse sobre las rodillas. Los grilletes le pesaban cómo si fueran yunques y la chillona voz del mariscal no hacía otra que martillearle la cabeza.
    –Veo que no… –escupió un cuajarón de sangre. Observó el trozo de diente sin comprender y se compuso un poco mejor–…que no os ha faltado tiempo para venir a saquear de nuevo la aldea. Creo señor, que es la tercera vez este mes. Y es mía desde hace dos semanas.
    –Deseo verte morir de tantas formas, que apenas logro contenerme –había avanzado hasta él para propinarle una sonora bofetada–; pero te espera el tormento y la esclavitud. Ya morirás dentro de unos años, cuando tu miseria no me divierta. Entonces, te desollaré y empalaré yo mismo.
    –Me emociona saber que dispongo de un lugar en su corazón, señor –plantó el pie derecho y se apoyó en la rodilla para incorporarse–, pero eso es mucho tiempo y yo tengo algo de prisa. Así que si se siente lo suficientemente hombre, podríamos acabar esto ya. Aunque tal vez, podía llamar a su señora madre y lo hablaré con ella.
    El emir no pudo contenerse y apuñaló con una pequeña daga al prisionero en el centro del vientre. Casi sin paladear el momento, retiró la hoja y llamó al galeno a gritos.
    –Recomponedlo; lo quiero vivo –volvió a su cómoda silla de campaña, casi incapaz de mantener la compostura–. Si muere, me haré un vestido con vuestro pellejo, matasanos.
    –Señor, por favor os lo ruego, si me amenazáis con tan terrible castigo, al menos concededme un don y no apuñaléis al prisionero –comprobó la herida in situ, para comprobar aliviado que no era grave ni profundo, pues la hoja era muy corta y fina, destinada más a cortar fruta que a matar y sólo requeriría de limpieza, aguja y alguna purga–. Con toda la humildad, mi señor, necesitará al menos un día de reposo antes de poder disfrutar de sus atenciones.
    –Me siento generoso, así que ¡ea!, tenéis vuestro día. Cuidadle cómo si fuera vuestro hijo y entregádmelo en las mejores condiciones.
    –Su bondad no conoce límites, ¡oh, sabio!



    –Es un animal. Todos lo son.
    –¿Hmm? –el herido despertó en una cama no demasiado confortable, con el dolorido cuerpo palpitando–. ¿Qué decís?
    –Oh, os he despertado. Mis más sinceras disculpas señor –el galeno era bajito, calvo y de anchas espaldas. Su rostro de aspecto feroz se suavizaba con sus maneras educadas–. Pero no soporto ser médico militar. Tuve que venir porque ya no había trabajo en mi tierra.
    –Con lo que me gusta jugar con la carne… Sobre todo, despedazarla –dijo Reissig, admirando el trabajo del médico en su cuerpo–. Vaya, tenéis unas manos estupendas.
    –¿Gracias? –sonrió levemente, antes de recordar con quién trataba–. Vos sois tan asesino y sanguinario cómo él, así que por favor os pido, no me humilléis con vuestras chanzas. Yo no puedo contentarme con apuñalaros, cómo el emir Dhiyul.
    –Por todos los dioses, claro que soy tan sanguinario cómo él. Si no lo fuera, no duraría ni un mes dedicándome a lo que me dedico. Es más –añadió–, dudo bastante que ninguno de los que encabezamos asaltos, lideramos cargas y procuramos la muerte de nuestros semejantes, no sea un sanguinario. Incluso los que dicen ser virtuosos caballeros.
    –¿Por qué el Hombre no puede dejar de lado la guerra? –el doctor parecía angustiado. Llevaba varios meses de campaña y aquello le parecía el mayor sinsentido–. ¿Por qué continúan estas malditas guerras?
    –Las guerras son las riñas de los que se lo pueden permitir. Un tabernero puede llegar a asesinar a otro si con ello su negocio no desaparece –dijo, incapaz de incorporarse todavía para escupir la sangre de la encía–. Al final, todo se reduce a conseguir un beneficio, sea cuál sea.
    –Y su merced, ¿por qué decidió entrar en las riñas de ricos? –realmente, sentía curiosidad para saber por qué un hombre sin patria se empeñaba en hacer tanto la guerra–. Según los rumores, no es natural de Calradia y su señor, el rey Graveth, lo contrató en calidad de mercenario antes de darle título y tierras.
    –¿No lo he dejado claro ya? –suspiró el soldado–. Es beneficio y el mío, no es otro que el dinero. Qué se cree, ¿que lo de los esclavos lo hago por crueldad?
    El galeno le lanzó una mirada significativa al mercenario.
    –Sí, es una crueldad. Pero es una crueldad que da dinero –reconoció, antes de retorcerse en silencio por el dolor del abdomen–. ¿Acaso no estoy recibiendo sus magníficas atenciones para ser torturado, esclavizado y asesinado de una forma que me produce escalofríos, pues yo mismo la he administrado a mis enemigos?
    –Yo no asesino, yo curo.
    –Por supuesto. Me cura para que me puedan destrozar más tarde –sonrió, sarcástico–. ¿No le parece que peca de una cierta hipocresía, doctor?
    –No tengo más remedio. De algo he de vivir.
    –Eso nos decimos los soldados, y casi siempre nos sirve de excusa –mantuvo aquella sonrisa, que se hacía más desagradable a cada momento–. Casi siempre.
    –Hay otros empleos.
    –Y por eso estáis aquí hablando conmigo para dejarme mañana cómo nuevo ante el potro del emir.
    –No sólo el mío, que es ingrato.
    –La mayoría de empleos son ingratos para el que no se puede permitir empleos mejores. Y el de médico de campaña no es de los peores. Es duro, pero no de los peores.
    –Si no fuera por toda esta barbarie y el maldito emir…
    –Imagínese que trabaja sin paga, que apenas consigue para comer, que lo asfixian a impuestos y que cualquiera que monte a caballo tiene derecho sobre su vida. Y se podrá imaginar ligeramente la vida de villano –algo le picaba bajo la venda del brazo izquierdo. Sacó una chinche y la aplastó distraído–. Ya la viví y por eso prefiero la del soldado. Aunque la del señor, es mucho mejor, claro.



    Espero que Reissig os haya sido simpático hoy, porque no está teniendo muy buen día. En el juego (el Mount and Blade: Warband), no hay tantas opciones. Te pueden capturar, pero no dispones de diálogos tan apasionantes y hasta absurdos que me gusta plasmar. Es un juego muy bonito para dar el punto de inspiración, pero (para bien o para mal) no aporta más allá de una situación inicial plana. En mi caso, efectivamente, el mariscal de los sarraníes me pilló casi literalmente cagando en mi recién adquirido feudo de Hawaha y me capturó. Todo lo que leeréis a partir de este punto es ficción, pues nunca ocurrió realmente.
    Es un buen juego, pero echo de menos una campañita cooperativa. Casi todo mejora cooperando con amigos.
    Así va vestido el amiguillo:
    451C67E733F6B4A1C2179AAE637CA21D2E964711
  • 2013; ¡muérete ya!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 30/12/2013
    De verdad. No vuelvas. Y no dejes a ningún pariente que se te parezca. Aún en 2011 y 2012 pude decir que en el aspecto artísticos fueron buenos, pero 2013 ha sido nefasto. No necesito echar un vistazo al historial del blog para darme cuenta (este año he sobre las 60 entradas menos que los dos anteriores (con aproximadamente 70-85, 2011 y 2012 respectivamente, así a ojo y de memoria)). He adelantado algunas cosas (por ejemplo, el fanfic para ReinaCnl, que se me está resistiendo (ya sabéis, son barcos y erotismo y este servidor intenta que sea agradable de leer), pero en general el blog apenas lo he tocado y por Subcultura apenas paso desde hace meses, lo justo para comentar alguna cosilla y leer desde la barrera.

    Peeeeeeeeeeero no todo es malo. No todo. En el plano laboral, no he encontrado ni un sólo curro pero sí mucho cachondeo por parte de los que se limpian el culo con mi currículum, pero al menos, tengo una pequeña esperanza para el año que viene, que no sólo me sacará de este interminable paro, sino que si hay suerte, me sacará de casa de mis padres por segunda y espero que definitiva vez (una vez pruebas la independencia, jode mucho abandonarla). En todo caso, habrá que ver cómo se desarrollan los acontecimientos

    Así que nada, a apretar los dientes para 2014, que espero que venga mejor que este maldito 2013.
  • Resumen muy por encima del NaNoWriMo./

    Escrito por Vilem_Landerer el 03/12/2013
    Uf. Uf. Uf.

    Vaya mes de mierda. Revisando mis "estadísticas", he escrito un total de 9 horas. El día uno pude escribir durante siete horas (no seguidas) y completar mil setecientas cincuenta palabras. El día siete, pude escribir dos horas seguidas en paz y completé mil setecientas cinco, lo que me llenó de orgullo y ganas. Después, la vida se encargó de impedirme repetir la gesta.

    Observación: Si dispongo de rato tranquilo y sin que me molesten, puedo escribir una cantidad razonable.
    Observación: No suelo tener un rato de tranquilidad que supere el cuarto de hora.
    Conclusión: Si quiero escribir, necesito un trabajo.

    Y así lo he llevado. ¿Cómo os ha ido?
  • Preparado para el NaNoWriMo.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 31/10/2013
    Bill Red parece que tiene las papeletas necesarias para convertirse en la novela que escribiré durante el NaNoWriMo, pues tiene dos de tres votos. Recordad que hasta medianoche se podrá votar, en mi blog, en la encuesta de la derecha. Ya tengo la preparación necesaria:
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    A eso de las doce y cuarto (GMT +1) abriré el documento correcto al público y dejaré el enlace en un comentario, por si alguien anda por ahí a esas horas y quiere darme palique.

    ¡Comenzando!0 ¡Estaré aquí durante las siguientes tres horas!
  • NaNoWriMo y encuesta./

    Escrito por Vilem_Landerer el 30/10/2013
    Hoy he decidido hacer una locura y es la de inscribirme para conseguir cumplir el objetivo de las cincuentamil palabras en un mes. Aquí una estupenda explicación por parte del Narrador de Antagis, cuyo blog deberíais pararos a leer.

    Así que os pregunto, ¿qué novela debería aprovechar y continuar? ¿O intentarlo, al menos?
    Podréis encontrar la encuesta en mi blog a la derecha de las publicaciones. ¡Sólo necesitáis dos clicks para participar (tres si venís de )!
  • Mañana, a eso de las 11.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 28/10/2013
    ...los que vivan por Levante y alrededores, que se escondan. Un servidor continúa con las prácticas de conducción y andará con el colmillo retorcido y ganas de sangre.
    Y tengo un seguro que me exiiiimeeee....

    P.D: Si pensáis que ya tengo una edad cómo para andar sacándome el carnet de conducción, acertáis. La de danoninos que me cruzo en la autoescuela al ponerme a los mandos del vehículo de la Muerte.
    Me hago viejo para todo.
  • ¡No pares! ¡No mires atras! ¡Sigue corriendo! 3 (Final)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 21/10/2013
    Y después del intermedio, continuamos:
    –¿Qué broma es esta? –había retrocedido un paso. Desde luego aquello era una visión y ya no tenía ninguna duda, pero no sabía hasta qué punto podía tomarla en serio–.
    –No hay broma que valga –sonrió, divertido por su reacción–; los mataré y no podrás detenerme.
    –¿Debo suponer que lo haría yo? ¿A sangre fría? –no podía creérselo. No había razón para hacerlo–. ¿A quién quiero más que a mi propia vida?
    –¡No! ¿No me has oído? –pegó las palmas al muro y acercó la cara, para asegurarse de que lo escuchaba–. Seré yo, ya lo verás.
    –No voy a asesinar a mi familia, ni a mis amigos –golpeó de nuevo, tratando de alcanzarlo, por puro instinto–. Da igual qué terrible visión me muestres, no pasará.
    –Creo que has debido golpearte demasiado fuerte la cabeza –ahora, el doble malvado parecía disgustado–. O te has quedado tonto al contemplar lo que les aguarda.
    –Creo que lo llevo bastante claro…
    –¡No! ¡Escuchame de una maldita vez! –la ira lo recorría, aquello era ridículo. Había ido para asustar y aquél mercenario parecía haberse calmado después de ver su cara–. ¡Estarán escondidos, los encontraré y los mataré!
    –Quiero decir, ni de coña me verás levantando una mano contra ellos…
    Ahora la furia la ponía la aparición. Golpeaba con fuerza el muro, fuera de sí mientras Vilem continuaba pormenorizando lo que jamás sería capaz de hacerle a su familia con aire socarrón.
    –...y desde luego, no podría obligarles a comer coles de Chandrila, esas verduras infernales…
    El muro cayó en mil pedazos transparentes. El invasor lo había puesto y comprendió después de varios golpes que podría retirarlo y así lo hizo. Avanzó de una gran zancada a por el mercenario, que continuaba con la chanza y alargó el brazo derecho para cogerlo del cuello. Pero ya no había cuello, sino aire y él giraba ahora en el mismo. Vilem le acababa de hacer una de las llaves más simples que existían y lo mantenía inmovilizado contra el suelo.
    –Me da igual quien seas –dijo, completamente serio y sin broma–. No podría importarme menos de que oscuro pozo de mi pasado asomas. Me da igual si eres uno de los supervivientes del exterminio de Falleen, o si me cargué a algún colega tuyo durante la represión en los sectores hapanos.
    –No soy…
    La armadura del invasor no pudo soportar la fuerza y se partió, junto con el brazo. Gritó de ira y dolor, incapaz de controlarse, pues comprendió que el soldado, le había fintado y se acababa de poner al mando de aquél mundo onírico originado de sus pesadillas.
    –Te he dicho que no me puede importar menos –se centró en el hombro y esperó con satisfacción el grito. Sonrió satisfecho–. Si me amenazas a mí, lo resolveremos cómo debemos. Si amenazas a mi familia, te mataré lentamente y no encontrarán tu cadáver jamás.
    –No puedes… matarme –le costaba pronunciar. Aunque sabía que el dolor no era real, Vilem procuraba que lo sintiera cómo sí lo fuera–. No podrás matarme.
    –¿Qué mierda es esa? ¿Qué es eso de que no existes? ¿Quién demonios eres?
    –No, no. Has dicho… que no, que no te importa… –una especie de carcajada hueca salió de su garganta–. Ahora ya no lo sabrás… nos veremos, nos veremos cuando sea mi oportunidad. Y no podrás hacer nada.
    La realidad cedía, la conexión mediante la Fuerza se debilitaba. A su alrededor, la oscuridad era derribada, pero no podía verlo. La plataforma cedió y cayeron juntos al abismo, perseguidos por la maníaca risa del malvado.
    –¡No!
    Miró alrededor. Sólo la oscuridad de su habitación terrosa le había dado la bienvenida. Se sentó sobre el catre, incapaz ya de dormir y meditó levemente sobre lo que había visto.
    –No ha sido una pesadilla… –pensaba en alto, necesitado de escuchar alguna voz, aunque fuera la suya–. Ha sido una visión, enviada por alguien. Alguien que quiere asesinar a Biranai y a Eric.
    Se levantó del todo y dio la luz. Fue hasta el escritorio, donde descansaba una botella que no recordaba haber dejado allí. Dio un trago y cerró los ojos al notar el fuerte licor. Una lágrima le cayó por la mejilla, acompañada al poco por más compañeras, ya desde ambos ojos. Acababa de comprender. No la terrible revelación de muerte que pendía sobre su mujer y su hijo, no lo siniestro de usar su aspecto para mostrar tan fatal advertencia. No. Estaba feliz. Los había visto, un retazo de futuro.
    –Están vivos –se abrazaba a la botella cómo si estuviera borracho–. ¡Están vivos! ¡Están vivos y los veré!
    Se enjugó las lágrimas y respiró ruidosamente para calmarse. No sabía cómo, pero aquél que había intentado asustarle con aquella terrible visión acababa de avivar una llama de esperanza que hacía tanto que estaba extinta.



    Bien, y aquí termina este relato corto. Cómo ya comenté, no es un relato corto propiamente dicho, sino parte de la propia narración de mi Fanfic de Star Wars Galaxies. Los más entendidos, verán alguna pequeña incongruencia con los dos hechos que he dejado caer en el relato: El Exterminio de Falleen y la represión de los sectores hapanos. El primero en principio fue cosa de bombardear unos laboratorios (y la ciudad que lo rodeaba) desde la órbita del planeta. En el Universo que he creado alrededor de mis personajes, no necesito una bacteria devoradora de carne (es lo que se libera en dicha ciudad y que provoca una expeditiva respuesta de Vader). Sin embargo, decidí dejar el marco de peligro biológico y hacer que el exterminio lo llevaran a cabo tropas de tierra de forma sistemática.
    Dichas tropas eran mercenarios poco necesarios para el Imperio y nuestro protagonista participó en el exterminio activamente.
    La otra situación, que yo sepa no se ha dado nunca. Dado que necesitaba una galaxia más conflictiva, he diseñado alguna guerra civil a menor escala. El Imperio Galáctico no es la única organización en la galaxia. Existen también otros imperio, cómo el Hutt y el Consorcio de Hapes y cada uno tiene sus problemas internos. En este caso, unas colonias hapanas se levantan en armas en contra del control central y tratan de establecerse libremente. El Consorcio envía a su flota a pacificar la zona, llevando además a varios millares de nada pacíficos soldados profesionales, entre los que de nuevo, se encuentra Vilem.
    Lo de Falleen lo tengo pensado cómo una dura prueba no sólo para el protagonista, sino para todos los personajes. Un terrible virus se extiende sin control, propagado por la Rebelión (eso es lo que saben) y deben llevar a cabo una "limpieza" de cualquiera que de positivo.
    Lo del Consorcio es más complejo. Están aislados del resto de la galaxia por unas nebulosas que impiden el tránsito hiperespacial por el Cúmulo de Hapes, así que en general, no tienen nada que temer. Disponen de una pequeña y potente flota (hablo de mi visión sobre ellos, no la original) y apenas un ejército testimonial. Hay varias rutas hiperespaciales que pueden alcanzar el cúmulo, pero están estrechamente vigiladas y es posible que se traten de los puntos mejor armados de toda la galaxia. Después del levantamiento, un diplomático hapano, contrató a una gran cantidad de mercenarios y compañías libres y los transportó por estos puntos hasta el interior del espacio de Hapes. Allí, los embarcaron en la flota y partieron a una batalla que comenzó contra un sólo grupo, que a la larga se dividirían en dos facciones menores, enfrentadas y en guerra. El conflicto a tres bandas acabaría con la victoria hapana, la destrucción de ambas facciones y la ejecución de sus líderes y con los mercenarios licenciados.

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  • Interrumpimos la programación.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 21/10/2013
    ...para ofrecerles un jugoso intermedio:

    El primer vuelo de Fénix.

    El fanfic con el que participé en el Gran Primer Concurso de Fanarts y Fanfics y Artes Adivinatorias de Punto Azul, webcómic de maesesag. Cómo de costumbre, me quedé a las puertas de la gloria, pero me llevé un regalillo bien chulo que aún tengo que montar (soy un puto manazas, mi yo más joven me mira con desprecio) y fotografiar.
    Lo subo hoy y de paso le hago publi a un estupendo cómic.
  • ¡No pares! ¡No mires atras! ¡Sigue corriendo! 3 (II)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 19/10/2013
    Continuación de lo de ayer:

    Los repulsores hacían su trabajo. Eran del tipo que había usado en asaltos a superficie, equipado de armadura presurizada y blindaje para la entrada atmosférica. Pero aquella armadura se movía muy fácilmente en comparación. Llegó a la altura de la plataforma y al alcanzar la mitad se golpeó contra un muro que no había visto. Al caer sintió pánico por si era al vacío, pero en seguida se tranquilizó al impactar contra el suelo. Tanteó con calma antes de levantarse, no fuera a estar en el borde y se incorporó. Todo aquello era sumamente raro. Recordaba los túneles que servían de ciudad para aquella civilización a la que estaban ayudando a derrocar a su tirano particular. Recordaba los depredadores favoritos de dicho tirano, pero no recordaba haberse puesto la armadura o que todo se quedara tan oscuro.
    Algo brilló en el pequeño puente. Alguien se acercaba con prisas, a juzgar por las voces. Se materializaron poco a poco ante sus ojos. Se alarmó al ver allí a Ilvael y a Nomaie, acompañados de bastante gente a la que no conocía.
    –¡Vamos! ¡Todos atrás! –el antiguo contrabandista los alentaba a continuar, mientras volvía y disparaba contra la oscuridad–. ¡Nomaie! ¡No dejes que te alcance!
    Pero lo que hizo que su corazón diera un vuelco completo no fue la visión de sus amigos. Sino la de aquella mujer de corto cabello negro y mirada avispada, que ahora estaba aterrorizada. Recordaba su figura, su calor y su sabor. La recordaba por completo muerta. Pero allí estaba, al otro lado de un muro que no podía atravesar, con aspecto de haber pasado los últimos años encerrada en una nave a la deriva en el espacio. Era aparentemente incapaz de verle desde ese lado, pues lanzó ojeadas, cómo buscando puertas pero no reparó en la figura blindada que apoyaba la mano contra la suya. A su lado, corría un hombre que alargaba el brazo hacia ella y cargaba con un niño, de seis o siete años, que no podía correr tan rápido cómo los adultos.
    –¿Biranai? –el mercenario no podía creérselo. Después de perderla en el vacío espacial, embarazada de su hijo, después de buscarla durante año y medio de contínua búsqueda hiperespacial, allí estaba ella, al otro lado de aquella maldita pared–. ¡Biranai! ¡Cariño!
    Golpeó el invisible muro con fuerza. Se sacó con violencia el casco, sin dejar que terminara de despresurizarse con seguridad. Lo usó cómo ariete inútilmente. Al otro lado, su amada se inclinó hacia el niño con dulzura.
    –Tranquilo Eric, cariño mío –las frases tranquilizadoras contrastaban con el ambiente en general–. No pasa nada.
    El soldado de fortuna quedó paralizado. Sabía que al desaparecer junto con el transporte y todo el pasaje, ella estaba embarazada. De aquello hacía ya… seis, o siete años. Seis o siete años. El niño se parecía a su madre, pero las maneras, los ojos y el cabello castaño eran de su padre. El mismo padre que ahora golpeaba con furia aquella barrera que los separaba.
    –¡Biranai! ¡Eric! –el casco cedió al esfuerzo después de varias repeticiones–. ¡Por favor!
    El puño derecho ya no dolía y descargaba una y otra vez toda la fuerza de Vilem. La servoarmadura gritaba por el esfuerzo. Buscó algún indicio que le permitiera usar los repulsores para superar la barrera y aquello le dio tiempo para ver al enemigo del que huían. Acababa de matar a Ilvael con un certero golpe y ahora usaba su fusil, rociando a todos aquellos que lo acompañaban. El mercenario gritó có un loco y embistió brutalmente el muro, que se resquebrajó, pero mantuvo su consistencia a pesar de ello. A pesar del frenesí por salvarlos, no pudo evitar ver cómo dejaba a su mujer y a su hijo para el final. Y ver cómo se tomaba su tiempo con ellos.
    Seguía golpeando contra la ensangrentada pared. Más de un impacto parecía haber hecho mella, pero no era capaz de pensar demasiado. De la necesidad de protegerlos había pasado a la ira animal y a un deseo de venganza absoluta. Quería torturarlo largamente y matarlo. Quería que sufriera. Quería poder tener un rato con él. Pero estaba aquél maldito muro.
    –¡¡Te mataré!! ¿¡Me oyes!? –lloraba de rabia e impotencia, alternando las embestidas con poderosas patadas–. ¡¡Te encontraré!! ¡¡Estás muerto, hijo de la gran puta!!
    Al otro lado, la figura se incorporó sobre los cadáveres destrozados. Su servoarmadura era negra y verde mate. Miró directamente al mercenario a la cara y casi pareció que se le podía ver sonreír al otro lado del casco.
    –Vaya, vaya –la voz, sonaba fría y cruel, pero extrañamente familiar–. Me alegra que lo hayas visto.
    No tenía palabras. Sólo gritó de nuevo y volvió a arremeter con furia. Le dolían todos los huesos del cuerpo y le daba igual, quería alcanzarlo y matarlo.
    –No te molestes, Vilem, no podrás –se encogió de hombros, al ver que su sugerencia caía en saco roto–. Verás, no compartimos tiempo ni espacio. Todavía.
    Esta frase consiguió penetrar la coraza de furia y llegar hasta el centro de razón y lógica que se hallaba atrapado debajo. La ofensiva se contuvo.
    –Verás, Vilem –pausaba las frases y eso lo irritaba, pero comenzaba a ver un patrón en todo aquello, un patrón que ya había visto antes. Necesitaba escuchar–, todavía no existo. O sea, en un momento dado existí y dentro de un tiempo, existiré. Pero todavía no. Aún así, quería enviarte un mensaje. Es importante que lo escuches.
    El silencio por respuesta. El asesino continuó, ajeno a la mirada de su audiencia.
    –Lo que acabas de ver, no ha ocurrido. Todavía, cómo habrás imaginado –se relamió al ver que apretaba los puños y la mandíbula hasta palidecer–. Esto no es una pesadilla, es una premonición y te hago la advertencia porque no quiero que dejes de pensar ni un día en lo que acabas de ver. Los mataré, a todos ellos. Y cómo ahora, asistirás imponente a su asesinato.
    –No lo creo –zanjó el mercenario, haciendo un gesto despectivo con la cabeza–. Te has metido en mi cabeza. Te encontraré y te haré pagar por lo que me has hecho ver.
    –Cómo ya te he dicho, no existo. Y para cuando lo haga, será muy tarde para tí, me temo –el tono era burlesco–. A no ser, claro, que puedas de verdad matarme.
    Se sacó el casco con delicadeza, siseando los sistemas de despresurizado. El mercenario dejó escapar un murmullo horrorizado. La cara que le devolvía la mirada, era la suya.


    ¡Chan! ¡Revelación! No os podéis ni imaginar lo muchísimo que estuve considerando los pros y los contras de lo que acabáis de leer. Es un recurso manido, pero consideré el malvado que tenía entre manos y... bueno, le cuadra perfectamente hacer estas cosas. Es un spoiler cómo una catedral y me falta el tiempo para llegar hasta esa parte, que será una de las más jodidas para el personaje y su entorno. Andarán también los protagonistas del Emancipador en el embrollo, arrastrados por Ilvael.


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  • ¡No pares! ¡No mires atras! ¡Sigue corriendo! 3 (I)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 19/10/2013
    Star Wars Galaxies. Parte del Fanfic original que podréis leer entero y sin cortes cuando termine de revisar las 30 primeras páginas y termine las últimas 50 (de la primera parte):

    Corría de nuevo. La sensación de persecución no era nueva, pero aquél oscuro escenario sí. Apenas veía unas ligeras formas, iluminadas por una luz tenue y grisácea que no llegaba a alumbrar del todo. Esquivó lo que consideró eran rocas y mantuvo la velocidad, respirando rítmicamente. Sabía que los varghals corrían tras él, al acecho de su carne, pero no había sido capaz de ver a ninguno en la oscuridad. Los oía gruñir, sentía el calor de su fétido aliento de depredador en la nuca, a pesar de la armadura de combate, que se le hacía más pesada y complicada de mover, aunque no le costaba en exceso. De los desagradables depredadores, recordaba las dos ocasiones que los había visto. Una fue durante una terrible exhibición en una arena de gladiadores, más allá del círculo exterior, mientras se adiestraba cómo soldado de fortuna. Quiso no volverlos a ver jamás en su vida, pero varios años más tarde, durante la represión de un levantamiento en el espacio hapano, los revolucionarios habían liberado a las bestias del zoo, entre las que se encontraban un buen número vargas, que estaban siendo criados para mandarlos a otros recintos. Todavía podía sentir el miedo nocturno en la trinchera, pues a pesar de los sensores y vigías, todas las noches desaparecía alguien, o directamente lo arrastraban fuera de nuestro alcance y comenzaban a devorarlo mientras manoteaba impotente. Aquellos depredadores de gran inteligencia eran silenciosos, tenaces y muy crueles con sus presas, especialmente las especies inteligentes. El miedo era un arma para ellos tan natural cómo sus dientes y afiladas garras.
    Tropezó con algo que no pudo ver y no pudo evitar caer, con todo el vello en punta. Le era imposible controlarse, a pesar de la instrucción de años para evitar caer en el temor, o en el odio. Aquellos animales conseguían lo que pocas situaciones o personas habían podido; provocarle un terror más allá de la lógica común.
    Se levantó, tratando de dominarse y echando un vistazo a su alrededor. Nada. La oscuridad. Ni siquiera escuchaba el característico chasquear que producían aquellas bestias al cazar abiertamente sin sigilos. Al continuar con su carrera tuvo que frenar en seco, pues ante él se abría otro abismo. Uno sin fondo, del que no veía otra cosa que la negrura.
    –Esto ya es pasarse –se lamentó.
    Tragó saliva. ¿Varghals o abismo insondable? No retuvo la pregunta demasiado tiempo, pues cómo por arte de magia, a cierta distancia de él, en mitad de lo que aparentemente era caída libre, unas luces sin fuente reconocible tomaban fuerza e iluminaban una pequeña plataforma unida por un puente a algo que no podía ver. Buscó posibles agarres, algún sitio donde pudiera enganchar el garfio y usar la cuerda de escalada para balancearse, pero no pudo detectar nada. Era su armadura, desconocida, pero que parecía saber usar en su totalidad, la que le daba la solución.
    –Muy bien, sólo está un par de cientos de metros por debajo –trataba de tranquilizarse pensando en voz alta–. Pero no recordaba tener repulsores en la armadura.
    Tras dos pasos atrás, suspiró fuerte. De pronto, la amenaza que hasta entonces no se había dejado sentir más allá que por pequeñas suposiciones, chasqueó las mandíbulas. Pequeños ojillos rojos lo miraban directamente. Un depredador intangible mordió su brazo derecho y parecía que se lo hubiera arrancado, pero continuaba allí y del varghal, ni rastro. De pronto le costaba muchísimo respirar y estaba mareado. Supuso que era el dolor, así que aprovechando que su juicio se nublaba por momentos, corrió hacia el borde del abismo y dio un gran salto.


    Siguiendo un poco la idea de las dos anteriores entregas con este nombre, retorno al fanfic de star wars galaxies del que salen Ilvael, Nomaie y el Emancipador. De nuevo, recordad que mi apodo es el que uso en los juegos y este personaje no era una excepción.

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  • Y 1500 kilómetros después./

    Escrito por Vilem_Landerer el 14/10/2013
    Vuelvo a mi ritmo normal. Y no sólo vengo más despejado, gracias a ese fresquete pirenaico tan majo, sino que me he quitado un buen par de pesos de encima y hasta canto mejor.

    Y eso que no cantaba.
  • Estoy lejos, muy lejos.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 12/10/2013
    ...pero tampoco tanto. Querría haber avisado antes, pero desde ayer no ando por mi habitual Valencia, sino moviendome por el norte peninsular e incluso zigzagueando entre Francia y Aspaña, echando fotos de todo pirineo que se ponga en alcance. Me han secuestrado un poco y eso significa que me voy a tirar hasta el domingo desaparecido y con raros momentos de internet. Ayer sin ir más lejos, decidí fotografiar ladrillo por ladrillo el castillo de Olite, que está camino a Pamplona desde Zaragoza.
    La verdad es que mañana no tengo muy claro qué dirección tomaremos, pero desde Donostia creo que seguiremos hacia poniente con destino desconocido.

    A ver si luego puedo actualizar este post con alguna fotico, que ahora se están subiendo. Mientras tanto trataré de no intoxicarme.
  • Otro pequeño avance./

    Escrito por Vilem_Landerer el 08/10/2013
    Y aquí traigo otro pequeño avance. A ver si os imagináis qué es:

    Coronet es una ciudad que se parece muchísimo a Nueva York. Tiene lados muy luminosos y zonas muy oscuras. Sus edificios son de cristal y metal, grandes rascacielos de viviendas, cuadrados o rectangulares, aunque al contrario que otros planetas, mantiene la superficie cómo parte indispensable para hacer vida. Esa superficie, nos es muy familiar, pues tiene comercios, grandes almacenes integrados en los mismos edificios, plazas, parques, grandes aceras y una enorme calzada central (he pensado en diez carriles, ida y vuelta). La forma habitual de moverse es usando un speeder, cómo el de Luke Skywalker en la primera de las pelis, pero dado que esto es Coronet, en Corellia, un planeta rico y muy desarrollado, podrían ser modelos que parezcan más modernos.
  • ¡Trata de arrancarlo, por diox!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 07/10/2013
    Muy buenas a todos. Se me escurre el tiempo implacablemente mientras escribo estas líneas. Llevo varios días en una casa donde sólo dispongo de mi portátil y de mucho tiempo para estudiar y en breves vuelvo a la faena y me sabe mal no publicar nada después de casi un mes, así que traigo un pequeño avance, a ver si alguien sabe de qué es:

    –Muy bien Kat, vamos a encenderlo –estaba nervioso. Siempre lo estaba cuando encendía por primera vez los motores de una de sus creaciones, pues tendían a explotar. Y que Zetha insiste en andar añadiendo pequeños detalles a la planta motora no ayudaba–. Conecta los inyectores de energía y arranca el reactor.
  • Jugonas Sendas: "Infestation: Survivor Stories"/

    Escrito por Vilem_Landerer el 12/09/2013
    Con ánimo de quitarme de encima los malos humores y la perrería fina que me atenaza desde hace más de un mes (alucinaríais de ver lo intratable que ando), voy a desquitarme vía blog de algunas cosas que he visto en juegos que me gustan, o que no me han gustado en absoluto.
    Para abrir esta "sección", traigo un juego de zombis MMO que ha traído bastante cola:

    El Infestation trae una premisa muy interesante; un sandbox (mundo abierto) con zombis clásicos y algunos no tan clásicos, con ciclo de día y noche, JcJ (jugador contra jugador) abierto. Llama la atención que el juego se venda y traiga premium, pero decido que esto para mí no sea un problema, considerando lo que me ha costado (3 euros recoletados a base de cromitos) y considerando que hay juegos de 50 lereles con un premium peor.
    El primer zas con el que me encuentro es la generación de pejotas. No es falta de libertad, es una tenaza en los cojones de la imaginación. Sólo hombres (ahora con las nuevas actualizaciones también mujeres (vestidas de vaqueros y top corto)) con 4 tipos de cabeza, 4 camisetas y 4 pantalones. Lo que sí veo son un montón de "esquemas" de personaje bloqueados, a pagar con dinero de juego o real. Una gran cantidad de dinero de juego, casi cien mil. Esto se agrava luego.
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    Empezamos bien con las tonterías premium.

    Decido crearme un personaje y lo meto en un servidor oficial cualquiera. Casi 100 personas jugando y ya me voy coscando del rollo que hay. En la lista, veo a "civiles" (gente normal), "bandidos" (gente que mata a otros jugadores) y "agentes" (gente que mata a los bandidos y se supone que equilibra el JcJ). Decido ignorar los insultos que se van mandando los unos a los otros vía chat y me pongo a explorar. Es un mapa extenso, con unos gráficos y unos efectos muy majos y mi pc, lo nota. Con 3 núcleos rodando a 2'4 cada uno y 4 gigas de ram, da igual la gráfica, le va a costar. Tengo caídas de hasta 20 fps, pero es bastante jugable igualmente.
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    Aquí un calvo y yo, admirando la oscuridad, las luces y las sombras.

    Después de un rato caminando y guiándome por un mapa bastante intuitivo (o sea, es un mapa con direcciones y una flecha, ya está, más sencillo imposible) acabo en un pueblecito. Antes de poder hundirle a mi primer zombi la linterna en la cabeza (al aparecer por primera vez recibes una linterna que sirve como arma, una bebida, muesli y una mochila que no podrás quitarte), me meten dos tiros y me matan. Apenas he llegado a ver a quién me atacaba y apenas he podido ver un zombi y su terrible animación (lo peor del juego; las animaciones, malas y simples a matar).
    Como hay un tiempo de espera de una hora (¡una hora! ¡hijosdeputa! (cinco minutos pagando)), decido pegarle un tiro al personaje y hacerme otro, pues ni ha aumentado experiencia, ni he conseguido objetos ni nada de nada. Sólo he andado (y es un preludio de lo que más rato vas a estar haciendo en este juego; andar y ocultarte de jugadores bien pertrechados).
    Muero otras tres veces más y decido que jugar solo no es para mí. Coincidimos dos colegas y yo, nos juntamos después de 10 minutos pateando colinas y morimos a la entrada de una ciudad, esta vez, por fin, por una horda zombi en condiciones. Esto empieza a molar
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    No, esta horda no. La que nos mató era 3 veces mayor.

    Esta vez, cómo hemos matado a una buena cantidad de zombis y desbloqueado algunas habilidades, además de que uno de nosotros había sobrevivido haciendo acopio de nuestros trastos imprescindibles, decidimos crear otro par de pejotas, pero mantener los muertos (en una hora, más con ellos). Jugamos sin demasiado problema hasta que PunkBuster decide que no está funcionando y que debería tirarme del servidor oficial por si las moscas. Llevo dos meses con ese problema. Sigue sin solucionarse, pero es algo que me da igual. Y me da igual porque ya no juego en servidores oficiales, sino en privados, donde ponga PVE (Jugador contra entorno, en sus siglas en inglés), por la sencilla razón de que el sistema de "equilibrio" no funciona. Los bandidos van cazando jugadores sin armas con nula oposición (ya me diréis qué hago con mi martillo o mi bate contra un tio armado con un fusil de asalto), pues los "agentes" no pueden estar en todas partes y en muchas ocasiones o se ven desbordados o no hacen nada por falta de equipamiento. Tampoco cobran por ello, son símplemente jugadores que deciden cepillarse a los bandidos cómo otra opción de JcJ. Así que busco servidores de buenas gentes colaborativas, que encuentren más atractiva la supervivencia zombi que apostarse en una de las zonas seguras e ir cargandose a los pobres desgraciados que van en busca de whiskas para comer. Lo más lamentable de esto, es que si bien PunbkBuster ya no me molesta y encuentro mejor una población de 20 que de 100 (por aquello de una sensación más fuerte de estar aislado), es que lo de JcE (Jugador contra entorno, recordemos) es sólo de advertencia. No hay una pestaña que impida el daño entre jugadores, sino que se presupone la buena voluntad de los mismos, lo cual, es un error. Porque en estos servidores, entran muy a menudo jugadores que se dedican a matar a los que hay, sin apenas oposición, pues el administrador del servidor no suele estar mirando y no parece haber un sistema para banearlos directamente (el mismo juego no lo contempla). Así que al final, en dichos servidores sigo con el mismo problema pero reducido. Alguna vez te los encuentras, y hasta mueres, pero suelen tener poca población y con evitar las zonas típicas (son gente de costumbres fijas) se aburren y se van.
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    ¡Alejaos u os tiro una lata!

    En definitiva, no es un mal juego. Su rendimiento no es malo considerando lo enorme del entorno y su calidad (aunque hay texturas que son para darles con la zapatilla), pero trae graves problemas, cómo el descontrol del "bandolerismo" que lo hace hasta injugable si no pagas más para conseguir armas y munición, las malfunciones contínuas de PunkBuster y la falta de interés por proporcionar soporte por parte de los desarrolladores (el APB Reloaded tenía el mismo problema y se arreglaba fácilmente) y una de las más gordas, considerando que hay tanta diferencia entre premium y normal (que es gracioso considerando que sí pagas el juego desde un inicio); la ausencia de un comprador genérico, para vender todas esas cosas que no se usan y de las que no vendría mal deshacerse para conseguir dinero de juego (MUY escaso). En serio, la única forma de conseguir dólares en el juego es matando zombis (cuando todos sabéis que lo bonito está en esquivarlos cuando tienes pocas armas). Otra forma, ya fuera del juego, es vender lo que recolectes vía foros, montando un mercadillo, cosa que ni sé ni me apetece intentar. He visto los mercados de otros y es alucinante lo bien surtidos que están.

    Lo mejor: Buenos gráficos, un rendimiento decente y la posibilidad de ir a donde quieras.

    Lo peor: Los cazadores de jugadores, los problemas con PunkBuster, la enorme diferencia entre premium y normal en un juego que no es free to play, la falta de una tienda en el juego y un audio un poco pobre. Además está la sensación de que le falta desarrollo y animaciones decentes.

    El Senderista recomienda: Si lo tienes ya, mira de jugar con amigos en un servidor privado poco poblado. Si te van las emociones fuertes y puedes pagarte equipamiento, siempre puedes ir a matar jugadores, pero con tiento y cabeza.

    Si no lo tienes, no lo compres hasta que no merezca la pena. Si nunca merece la pena, es un dinero que te has ahorrado.
  • Un poco tarde.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 01/09/2013
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    pero mejor tarde que nunca. Otra vez en propia puerta narra un partido en el pub Valrock, en Valencia y en directo, ahora mismo. En la calle albacete 25! Les quedan menos de 30 minutos, pero ahí andan, dando leña!




    sigue sin gustarme er jurgo... Pero los partidos así molan.
  • Partida de Guerra 2./

    Escrito por Vilem_Landerer el 13/08/2013
    Mi mensaje, después de la lectura:

    La noche era clara. No había nube que manchara el espectáculo del cielo estrellado, en el que la Luna destacaba sobre todas ellas, eclipsando a las más débiles. Abajo, en las afueras del pequeño poblado el señor de aquellas tierras peleaba con un pelele giratorio, que en su brazo izquierdo tenía un escudo y en el derecho un gran garrote. Reissig por su parte, practicaba el arte de la lanza a pie. Nunca le había gustado, pues prefería el hacha, la espada o últimamente aquél gran instrumento que era el lucero del alba, pero estaba decidido a ser capaz de defenderse con la mayor cantidad de armas posible. Pero aquél pelele lo estaba machacando. Sus lanzadas no eran malas en absoluto, pero no era lo suficientemente rápido para usar el asta y parar el golpe del garrote. Y con escudo era incluso más torpe. Pinchó el centro del cuerpo del pelele para sentirse un poco mejor.
    –Señor, eso es hacer trampa.
    Se sobresaltó. No había escuchado a nadie acercarse y aunque la voz era conocida, lo había cogido por sorpresa.
    –Maldita sea Klethi –dijo, recuperando el control de sus latidos–, vas a acabar por matarme si sigues haciendo eso.
    –¿Yo? Señor, no sea tan malo –dijo ella, sonriendo pícara mientras dejaba una pesada bolsa de jabalinas a un lado–. Yo nunca podría hacerle daño.
    Eso era mentira. La había visto arrojar una de aquellas jabalinas a una distancia enorme, sin perder en precisión. Si había alguien en su compañía que pudiera matarlo con todas las garantías, era ella. No es que no pudiera, es que no quería hacerle daño. La pelirroja se había unido un año y medio antes, en la capital swadiana de Suno. Ella necesitaba salir urgentemente de la ciudad y él pasaba por esa misma taberna, en busca de nuevos espadones para reclutar. No se había reído, símplemente la había contratado junto a cinco tipos más de aspecto feroz y había salido de nuevo, con la promesa de verlos más allá de la puerta del Este, en el camino que lleva a Uxkhal. Después vendrían los meses de entrenamiento, las penurias, las victorias y la gloria. Pero sobre todo, lo que más le gustaba a aquella jovencita y fibrosa pelirroja de cabello cortado torpemente a tijerazos era el dinero que ganaba. Compensaba de sobra el vivir bajo las estrellas.
    –¿Qué haces aquí? –preguntó el caudillo, apoyando la lanza en su hombro y relajando la pose–. Sabes que os quiero frescos por la mañana. Somnolienta no vales de mucho.
    –Mi señor, eso mismo podría decirle a voacé...
    –Déjate ese tratamiento para cuando haya alguien de alcurnia delante –la interrumpió, irritado. La parla cortesana no estaba mal para los bailes y los juramentos de torneo, pero en campaña, no lo aprobaba, más allá del simple trato respetuoso–.
    –Era una broma, patrón, no hace falta que se ponga serio.
    –Ya, muy bien. ¿Qué quieres?
    –Practicar, sire, como vos.
    –La práctica durante el día, la noche es para dormir.
    –Sí, pero es más divertido practicar con alguien, ¿verdad?
    No respondió, simplemente giró y volvió a enfrentar al pelele. Pero sabía que la tenía detrás y que aquél suave siseo, de metal y luego madera contra lona, era el de una jabalina. Sintió una punzada en el omóplato derecho, allí donde hacía unos meses, ella, tratando de defenderlo de un borracho, había arrojado una de esas dagas que lleva consigo. Tan fuerte la lanzó que atravesó la excelente coraza y aunque tocó hueso, no hizo más mal que el dolor. Tuvo un mal presentimiento
    –Con cuida...
    La jabalina avanzó recta, le pasó a medio metro de la cabeza y atravesó con violencia el escudo. El pelele giró un poco, pero gran parte de la fuerza se había perdido al no incrustarse en el brazo y continuar el camino. Recordó a un jefe de mamelucos especialmente osado y blindado, al que el caudillo había designado cómo objetivo prioritario para los ballesteros. Nadie logró hacerle mella, hasta que Klethi, corriendo para ganar impulso, usó una de las jabalinas contra él y lo clavó al caballo. Todos suspiraron de dolor al ver la tremenda herida más tarde.
    –Estos muñecotes son una mierda –comentó, divertida–. El metal y la carne son mejores para practicar.
    No respondió. Sólo miraba hacia el pelele, aunque realmente, intentaba ver algo más allá.
    –Sire, ni siquiera le he rozado...
    –Cállate, maldita seas.
    Klethi no se atrevió a moverse ni a hablar de nuevo. Aquél mismo tono, áspero y desagradable había presagiado muchos degüellos y ejecuciones ejemplares.
    Algo, a lo lejos, sonó. Era un tintineo. Los ojos del mercenario escudriñaban las sombras cercanas a las casas de enfrente, tratando de buscar la fuente del sonido.
    –Klethi, escucha atentamente y sigue mis órdenes sin dudar –dijo de nuevo con aquella voz, que parecía venida del mismo Infierno–. Coge tu caballo, cabalga hasta la compañía y dile a Matheld que está al mando y que se dirija a poniente. Hay un ejército al otro lado de las dunas y allí en las sombras, hay batidores.
    Cómo obedeciendo una señal, cinco soldados, vestidos con turbantes y armaduras de cuero, se movieron hacia ellos en silencio y con rapidez. Brillaron sables al desenvainarlos.
    –¡Pero patrón!
    –¡Vete maldita, da el aviso! –gritó, ya sin pretender enmascarar sus intenciones–. ¡No os enfrentéis a ellos! ¡Yo los detengo, pero corre de una maldita vez!
    Tiró una fuerte lanzada contra el primero, que lo atravesó sin gracia, pero con efectividad. Cayó sin vida y Reissig no pudo sujetar el asta del arma, para recuperarla. Se maldijo por no tener a mano su lucero del alba y pensó rápido. Tras él, debía de estar el saco de venablos que la joven había dejado. Sin dejar de ofrecer cara al enemigo, retrocedió con rapidez y allí encontró el saco. Lo agarró con las dos manos y golpeó con él al primer batidor, que al ver que se retiraba desarmado, creyó vencer. El caudillo recogió cómo un rayo el sable del caído y le lanzó un tajo a ciegas, antes de que llegaran los otros para socorrer a su camarada que ya blasfemaba de todos los dioses. Otro le llegó con el arma en alto, buscando la cabeza. Paró el golpe, bajó la muñeca y le propinó un cabezazo en la nariz, para después ensartarlo en tierra. Le lanzó el sable al tercero, que hurtó un momento el cuerpo, tiempo suficiente para que el mercenario recogiera el otro sable del suelo y mantuviera una guardia alta. Los batidores dudaron. No esperaban tanta oposición por parte de un aldeano. Reissig vio que vacilaban y se lanzó al ataque, aprovechando el respiro que le habían ofrecido. Cortó a uno el vientre y sus tripas se desparramaron con un repentino y desagradable olor. De los dos que quedaban, uno le paró el feroz sablazo, mientras el otro lo apuñalaba en la oscuridad, sin demasiado tino, pues no consiguió más que hacerle una herida superficial. Pelearon poco tiempo más, casi abrazados entre insultos, blasfemias y golpes. Al final, el caudillo salió victorioso, al precio de varios cardenales, un corte en el costado y un tajo bastante profundo en la cadera, que le dolía mucho. Se acercó al primero y desclavó la lanza con un gruñido. A lo lejos, en la duna, habían siluetas que centelleaban plata sobre la arena; los temibles mamelucos sarraníes descendían en Hawaha cómo una marea de metal y caballos. El mercenario, empuñó con fuerza la lanza, lanzó un rugido de desafío y se sostuvo a pie firme cuando cargaron sobre él.
    A dos estadios al otro lado de la aldea, la compañía se apresuraba. Matheld sabía que sus órdenes se cumplirían sin oposición y por ello había mantenido su fría mirada nórdica en la aldea, de la que comenzaba a salir algún fuego. Un punto de preocupación atravesaba su pálida frente, que relucía casi tanto cómo su cabello, de un rubio tan claro que bajo la luz de Luna resaltaba entre tanta cabeza morena. Era la primera a la que había reclutado el mercenario en cuanto pudo permitírselo y era desde luego la más fiel de toda la compañía. Y por eso, se le hacía muy duro marchar y seguir sus órdenes. Pero la lealtad que le profesaba la obligaba a ello. Montó el el alazán que usaba para el viaje y dio la orden de partir.



    Os traigo la continuación del post de hace ya unas semanas. Aunque esta vez, ya lo habéis visto, hay algo más de acción.

    Dispensad si no os he respondido a algunos o si directamente parezco desaparecido. El verano no suele ser buena época pero este año ha comenzado la sequía antes y además, está siendo peor que otros. Es la primera vez que llego a la mitad del año y apenas he avanzado en nada.

    Sigue mis historias más fácilmente desde Blogger (aunque eh, me gusta más Subcultura, sin peloteo).
  • No me lo puedo creer./

    Escrito por Vilem_Landerer el 02/08/2013
    Alguien ha vuelto a hacer un chiste/viñeta sobre la poca comunicación personal existente en plena era de la información. No, en serio. Es la originalidad suma.

    Es tan original que ha conseguido que haga una mueca de desprecio.
    Tanto, que creo que no volveré a sonreír.
    Creo que hasta es posible que me suicide.

    En serio, es tttttaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaannnnnn original que me he sentido obligado a ser igual de original y crear un post en mi blog para quejarme de la broma del momento. Realmente os iba a contar que me he pasado el día de registro en archivo y así, buscando cosas sobre dos antepasados y que van a molar mucho, pero me he visto impelido a escribir lo que ahora leéis. También os iba a contar que tengo los pies en carne viva de caminar parriba y pabajo de un sitio a otro, pero no iba mucho con el asunto.
    Pero eso lo dejo para otro día, en atención de tan original servicio a la comunidad que he tenido que hacer. Menos mal que estoy aquí para alzar el grito a la ionosfera. Menos mal.


    ¿Se nota mucho que estoy más petao que el único balón de un colegio?

  • El Battlefield gratis en Origin y en Steam regalan cromos que se pueden malvender./

    Escrito por Vilem_Landerer el 08/07/2013
    No soy muy de hacer publicidad gratuita así sin venir demasiado a cuento, pero creo que merece la pena. Lo primero es que el Battlefield 1942, el primero de la serie, hace ya un tiempecito que se puede descargar gratuitamente desde el programa Origin de EA games, en el apartado DEMOS (no preguntéis por qué está en demos si es el juego completo, yo tampoco lo sé). Lo bueno, aparte de gratis, es que no es un intento de que te lo compres ni nada, la clave es buena y permite crear y unirte a partidas por internet (aunque tendréis que abrir y redireccionar puertos para hacer de servidor). Además, viene con una nueva actualización que parece que arregla incompatibilidades con los 64 bits (tengo el original desde hace mucho y no la había visto hasta que no me lo puse por Origin). Lo malo, es que has de registrarte en Origin e iniciar el juego desde el mismo programa. Es un poco molesto, pero es lo que hay.
    Debo decir que en su momento estuve muy enganchado a este juego (fue mi Counter-Strike particular) y que estoy volviendo a retomarlo, volviendo a bajarme mods y mirando algunos nuevos (la versión estándar la tengo ya muy gastada). Si alguna vez alguien quiere unirse a alguna de mis batallas que lo diga (y si os animáis suficiente gente montamos un Subcirio cómo diox manda).

    Y en Steam (lo acabo de descubrir cómo quién dice), están regalando cromos por jugar a ciertos juegos. Si ya tenías Steam te habrás enterado con casi total seguridad, si no, eso que te llevas. Lo interesante es que se pueden vender y ese dinero se añade a la cartera de Steam para gastar en otros productos.
    Lo bueno es que te dan pasta "gratis" y lo malo es que los precios se han ido al Infierno. Yo me he sacado casi 3 euros ya, mientras que un par de colegas que empezaron antes llevan casi 20. Cosas que pasan.

    Meteos en vuestras insignias para ver qué juego de los que tenéis os puede dar cromos. Si queréis vender rápido vended a la baja.

    Ale, poco más puedo decir. Un saludo a todos.
  • Hoy es cuatro de Julio./

    Escrito por Vilem_Landerer el 04/07/2013
    Yankilandia tiene la capacidad de expresarse y que el resto se cisquen en ellos, pero hoy es un día estupendo. No es que me haya dado un arranque de yankerismo desproporcionado, pero hoy se conmemora la Declaración de Independencia estadounidense, que en su época fue un documento estupendo. No voy a entrar en muchos detalles y hay que tener en cuenta que una guerra de este calibre necesita algo más que un servidor escribiendo un articulito desde el teléfono portátil.
    Es de recordar, que la independencia estadounidense comenzó por un par de impuestos, que los colonos consideraron abusivos. Sólo quería hacer ver, que aunque la hayan corrompido, la idea original de su lucha sigue ahí para quien tenga ojos para ella.


    Hacer las hamburguesas más grandes que puedan.
  • Partida de Guerra./

    Escrito por Vilem_Landerer el 30/06/2013
    –Dicen que es un cruel esclavista –comentó asustado uno de los aldeanos–, que a los que no se lleva los pasa por el cuchillo.
    –Las mujeres no están a salvo de su tropa –replicó otro, con los ojos desencajados, pensando en sus cuatro hijas–; sino que no les molesta no poder venderlas doncellas y prefieren beneficiárselas antes de llegar a puerto.
    –¡Dejad de cuchichear burradas, maldita sea! –gritó el más anciano del lugar, que hacía las veces de improvisado líder de la aldea–. Ya sabéis que siempre se tiende a exagerar, para asustar a gentes cómo vosotros.
    –Pero Ilmis, esta vez es verdad. Mi prima huyó de Assuadi después de que ellos la saquearan, quemaran las cosechas y exterminaran a cualquiera que no sirviera para venta –el primero se frotaba las manos, recordando el espanto que traía su prima en los ojos después de escapar de aquello y de los terrores nocturnos–. Y cuando se creyó a salvo en el castillo de Weyyah, se dio cuenta de por qué había tanto centinela enemigo apostado en la ruta de Shariz que era el resguardo más lógico y por ello tuvieron que ir a Weyyah. Los malditos Rhodoks asaltaron Weyyah. ¿A que no sabéis quién encabezó el asalto?
    –El mismo hombre que es ahora nuestro señor y que esclaviza a cualquiera que encuentra en su alcance –susurró el anciano, tratando de que el resto no alzara la voz–. Sí, muy bien, es un hombre cruel. ¿Habéis olvidado al emir Firentis? Era un hombre que decía ser todo un caballero; virtuoso, veraz en el trato y de buen comportamiento con los débiles. Y resultó ser un putero, mentiroso y prepotente. Por eso el sultán Hakim lo mandó decapitar, aunque no lograron echarle mano. Al menos éste no se oculta.

    Alguien gritó el nombre del anciano desde los límites externos del pueblo. El tono, cargado de terror era una terrible advertencia. No era la primera vez que escuchaba aquél grito. Lejos, en las dunas, bajo el implacable sol de los límites del desierto sarraní se veían docenas de lanzas de caballería asomando. El estandarte representaba un águila bicéfala negra sobre un fondo amarillo, emblema del que todos había escuchado hablar. Reissig, el esclavista había llegado a su recién adquirido feudo.
    Un jinete, vestido con la compleja armadura de los grandes señores vaegires del Este, se acercó con un suave trotecillo, casco colgando a su diestra, con armas e impedimentas sobre la enorme montura de batalla, que además traía barda de excelente malla y bandas de acero. La cabeza, tocada con un turbante mal anudado, la ladeaba y observaba con ojo crítico todo lo que en su trotar pudo ver después de dar un ligero rodeo. Llegóse a Ilmis después de que tres de sus soldados cabalgaran junto a él; conversando sobre lo visto, pero el anciano no sabía muy bien qué hacer, si implorar ya su compasión o prepararse para huir.
    –Buen día. Me gustaría hablar con aquél que se llame líder aquí –su voz era sorprendentemente suave, aunque con un acento que ni era Rhodok o Sarrani, sino que pertenecía a una tierra que ninguno de por allí conocía–. Si lo hay, claro.
    –Con él habláis, gentil señor –el anciano inició una reverencia, más se frenó al ver que el líder guerrero hacía un gesto con la mano para que no la completara–. Las buenas y trabajadoras gentes de Hawaha me eligieron cómo voz.
    –En ese caso, me gustaría saber por qué están los campos descuidados, los palmerales vacíos y la acequia es un lodazal.
    El tono no era amenazante. Realmente era alguien preguntando unas razones y esperaba una respuesta, que en la cabeza de Ilmis no era capaz de visualizar de puro terror. La amenazante presencia de aquellas lanzas en las dunas, el aspecto patibulario de dos de los acompañantes y las armas del noble eran suficientes para lograr que por primera vez en mucho tiempo, el acostumbrado anciano se trabara.
    –Mi señor, hemos sufrido dos plagas y cuatro saqueos este año, sin contar secuestros y levas –repuso tras recomponerse después de tragar saliva ruidosamente– no hacemos otra cosa que intentar sobrevivir, pues apenas llegamos a ello.
    –Ya veo. ¿Qué necesitáis para volver a los campos y comenzar a producir? –de nuevo, la pregunta directa–. Soy el nuevo señor de estas tierras y aunque el rey no ha juzgado conveniente hacerme disponer del castillo Weyyah que es el más cercano, sigo teniendo una responsabilidad.
    –Muy bien mi señor, le felicito –comentó en un acto reflejo–. Pues cómo justamente imaginará, necesitamos desatascar la acequia para regar los campos. Pero para ello necesitamos brazos que no tenemos, especialmente porque muchos están tan débiles que apenas pueden levantarse. Además, aún así nos es imposible moler el grano, ya que hace cuatro cosechas destruyeron el molino y desde entonces lo hacemos con dos grandes piedras, pero no es muy buena forma.
    –Bunduk, que traigan el grupo de prisioneros y los pongan a limpiar la acequia. Recuérdale a los prisioneros lo que ocurre con los contestatarios. Y dile a Marnid que traiga seis grupos de cinco animales –se giró hacia el anciano, que asistía incrédulo–. A partir de ahora espero que no les moleste dedicarse a la ganadería. Dejaremos a algunos soldados que saben cómo tratar y alimentar a las bestias para que aprendan. Yo no sé mucho, pero los he visto tratar con ellas en peores sitios.
    –Es muy generoso mi señor, nosotros...
    –Un momento, por favor –dijo, mostrando la palma de la mano, plagada de pequeñas cicatrices–. Matheld, habla con Katrin y mirad a ver qué podéis hacer por los enfermos. Nízar, trae a Artimenner y a ver qué se puede hacer con el molino. Y que Lurchs haga el favor de traer el carro de grano, a ver qué se puede quedar aquí. Ah. Por cierto. Soy el señor de estas tierras. Pena de vida al que se propase con cualquiera, ¿está claro?
    Todos asintieron mudos ante la afirmación con la experiencia de quien ya ha vivido afirmaciones similares y han podido comprobar que no son bravatas de un joven. Recordaban a un tal Rolf, que intentó llevarse a un pajar a una joven de un pueblecito en el interior de Rhodok, reino al que servían. También recordaban cómo obligó a la compañía entera a ver cómo los dos mastines del líder le daban caza y lo despedazaban vivo ante sus ojos.



    Bueno, no es exactamente lo que quería publicar, pero allá va un relatillo cortico que forma parte de una serie de relatos similares, con saltos en el tiempo. En este caso, son dos partes. La siguiente en algunos días.
    Está descaradamente basado en el videojuego Mount & Blade: Warband, "expansión" que realmente consta de el juego original, con mejoras a la jugabilidad y muchísimo más contenido. Es una suerte de simulador medieval, salvando algunas distancias. Tiene algunos fallitos pero es muy entretenido comprar un lucero del alba y abrir cabezas cómo melones maduros.


    Sigue mis historias más fácilmente desde Blogger (aunque eh, me gusta más Subcultura, sin peloteo).
  • Un puto mes.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 28/06/2013
    ...de puta mierda. Llevo más de un mes sin actualizar y prácticamente desde que comenzó el año sin echarle un ratete al blog. Y últimamente sólo entro a leer. Ando tan terriblemente desganado a la hora de escribir que he llegado a intentar publicar alguna cosa directa al blog, sin pasar por ningún documento y he cerrado la pestaña al rato porque o era una basura o no era demasiado.
    Estoy vago, desganado y bastante agotado. Entre unas cosas y otras mi tiempo lo dedico a buscar faena, intentar componérmela yo mismo y partir cráneos en los videojuegos, que es mi rebaja-cabreos habitual. Me molesta tener La Senda del aventurero tan parada, pero hay épocas que no ayudan especialmente y esta es una de ellas descaradamente.
    Lo bueno, es que estoy re-explorando otras formas de escribir relatos. Algo más enfadados, más políticos e incendiarios, aunque sin salirme de mi habitual. Mañana postearé uno, junto con su enlace, para que comentéis lo que queráis y veáis el avance.

    De momento, os pido paciencia. A algunos os debo más de un agradecimiento, un fanfic o algo. Al resto símplemente os debo un respeto y por ello estoy escribiendo estas líneas. No es un post de disculpas realmente, o un post para pediros apoyo o comprensión. Símplemente creo que tenéis derecho, desde el mismo momento que comenzasteis a seguirme, de saber por qué no hay nuevas publicaciones y de por qué he desaparecido casi completamente de aquí. Son tantas cosas y alguna de carácter tan personal que no puedo ni quiero andar divulgándolas a tontas y locas, pero además del estrictamente laboral (sea buscando de lo mío, tratando de publicar o pensando en la emigrar a otras tierras, lejos de la corrupta Europa), hay en marcha otros temas. Temas que incluyen adaptaciones a cómic, que es de lo que más me interesa. Lo que por cierto, me lleva a un tema relacionado que me gustaría consultar a todo aquél que quiera responder:

    Una de las adaptaciones será directamente la del relato "Libertad", para el que buscaba personajes en su hilo respectivo (la búsqueda de tripulación sigue abierta con los términos que se ven, tjum, tjum!). Aunque la serie escrita continuará, llevo un tiempo elaborando una prueba de guión para su adaptación y algo con lo que ando a espadazos, es el aspecto exterior del Emancipador, que es la nave estrella del relato.
    He pensado que para honrar a mis eternos y viejos compañeros del Clan Nueva Hispania del SWG, la nave llevaría una insignia del clan, o directamente su insignia. Pero claro, tanto debo a estas alturas a mis viejos camaradas cómo a los nuevos que por aquí andáis, así que pensaba en una insignia que representara la propia Subcultura. Yo había pensando en el clásico pulpito verde subcultista, compartiendo casco con la insignia del clan.
    Así que son dos preguntas; ¿creéis que el pulpito es buena idea? Si no es así, ¿cuál preferiríais?

    Bueno, básicamente poco más tengo que decir. Que mañana madrugo para ir a decirle al Banko que sus chorradas, estafas y preferentes se las puedan meter por donde les quepa.
    La Senda volverá cómo los magos. Exactamente cuando decida volver, ni antes ni después. Un saludo a todos, senderistas.
  • El Arma Embarcada./

    Escrito por Vilem_Landerer el 24/05/2013
    Lo siguiente que vais a leer, lo escribí hace unos cuantos meses, mientras comenzaba a organizar el escuadrón imperial del clan de Star Wars Galaxies; Nueva Hispania. Comencé a escribir una suerte de organización y tácticas, según mi propia experiencia, destinadas a mejorar la capacidad de combate de las naves imperiales en el juego, ya que todos solían ser maniobreros pero muy, muy ligeros, con lo que no se les podía equipar con facilidad (la Rebelión, sin embargo, disponía de casi un caza para cada situación, mientras que el Imperio dispone de cazas ligeros de distintas configuraciones hasta llegar a lo mejor, que irónicamente venía a ser un Tie Figther con más capacidad de carga o un Tie Interceptor de la Guardia Carmesí.

    No he tenido en cuenta de posibles pilotos que fueran imperiales, pero que hubieran elegido la rama de entrenamiento de Sol Negro, que es civil, pero proimperial. Así, la variedad de naves aumentaba y también la flexibilidad. Mi idea, es completarlo para cuando salga uno de los dos emuladores.



    La Armada Imperial dispone de tres cuerpos que a pesar de la estrecha relación con la misma, disponen de su propia cadena de mandos; la Infantería de Marina, los Soldados de Asalto (que disponen de navíos propios, aunque suelen operar en destructores y navíos de asalto de la Armada) y el Arma Embarcada. De ésta última tratará nuestro documento, refiriéndonos a su organización, mandos y tácticas.


    El Arma Embarcada:

    En un primer momento, los mandos de caza, bombardeo e intercepción iban a estar comandados por oficiales de la armada, pero el Emperador decidió otorgar cierta independencia a éstos, con ánimo de evitar deserciones e intentos de traición. Además, les dió un sentimiento de cuerpo muy fuerte, teniendo distintivos radicalmente distintos y una cadena de mando completamente diferente a lo habitual (todos los pilotos son alférez como mínimo), cuyas decisiones provienen de sus propios oficiales superiores y no de otros, pese a que tengan mayor rango. Son audaces, atrevidos y están muy orgullosos de pertenecer al Arma Embarcada.

    Las tareas del Arma, van desde la defensa de un perímetro, sea cual sea su tamaño, a la escolta de grandes flotas, destinando su fuerza al ataque primario sobre elementos de caza o bombardeo enemigos y cazabombardeo y bombardeo de precisión. Incluso, disponen de pequeñas cañoneras, destinadas a combates mayores o contra mayor número de pequeños enemigos, que dan apoyo extra al Arma. El ataque a grandes estructuras lo efectúan los navíos de la Armada, pero el Arma también dispone de esa capacidad, aunque es recomendable no usarla en esa dirección, por el enorme costo en vidas y aparatos.

    El Arma se divide en grupos de combate o alas, que a su vez se dividen en escuadrones y finalmente obtenemos las escuadrillas, que constan de seis astronaves, con dos líderes y cuatro puntos, dos por cada líder. Dada la escasa potencia de un caza o cazabombardero, la solución de tríos de combate parece ser la más adecuada. Es muy necesario que el Arma opere en superioridad numérica, puesto que no siempre pueden esquivar un disparo y los sistemas defensivos no son suficientes cómo para soportar un disparo de cañón blaster, aunque hay probabilidades de que no sean destruidos de una sola vez. Así, en grupos de tres, podrán enfrentarse a una escuadrilla enemiga manteniendo siempre a un caza detrás de cada enemigo, protegerse entre ellos y mantenerse vivos.

    Dicha formación, ha de ser abierta, a distintos niveles y en V.

    Cada Ala de combate dispone de al menos dos escuadrones (cada uno compuesto de seis aparatos); el Primer Escuadrón y el de Instrucción, indispensable para los nuevos pilotos ingresados en distintos roles y para mantener entrenado al resto de escuadrones en caso de inactividad prolongada. Además, si se hiciera necesario, el de Instrucción deberá entrar en combate cómo uno más, dándole la última designación posible de escuadrón. Así, si un Ala dispone de por ejemplo, seis escuadrones, el de Instrucción será el séptimo en combate.

    Cada escuadrilla estará compuesta de cuatro alférez, un teniente y un capitán, que comanda la escuadrilla. A su vez, cada capitán está a las órdenes de un comandante, que en vuelo lidera al escuadrón como parte de la primera escuadrilla, la única que no tiene capitán, sino dicho líder. Cada líder tiene derecho a escoger cuáles serán sus puntos, comandante con preferencia sobre capitán y capitán sobre teniente.

    Por último, un ala puede estar liderada por un comandante con más experiencia que el resto de comandantes. Cuándo alcanza el rango de general de brigada se le aparta del servicio activo, aunque hasta ese momento, mantiene el derecho de escoger puntos, aunque su escuadrilla se encuentra a parte del resto del escuadrón (dependiendo del tamaño del Ala), a la que se la conoce cómo La Escuadrilla, entendiendo que sólo hay una de esa clase en el ala. Hay antecedentes de generales de brigada u oficiales superiores que se han visto en la tesitura de pelear, tanto por necesidad cómo por juventud o para liderar a sus tropas. En estos casos, mantienen sus privilegios y su propia escuadrilla.
  • ¡En Propia Puerta narrará la final de la Champiñon's League!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 21/05/2013
    ¿Y os lo vais a perder? ¡El mejor humor futbolístico, de la mano de Joe Deckard y David Escamilla, presentadores del exitoso programa que no sigue mucha gente; En Propia Puerta!
    ¡Una noche de lujo con el mejor fútbol amenizado por nuestros dos comentaristas! ¡Si el partido es malo, da lo mismo, carcajada garantizada (no)!
    Lo mejor, y digo, mejor es que si nos os hace gracia y quisiérais tener la oportunidad de linchar a tan apuestos comentaristas, ¡tenéis la oportunidad! ¡Venid solos o acompañados, pero venid a Pub ValRock, porque narrarán el emocionante (que no) partido directamente desde las mesas del fantabuloso local cuyos dueños han accedido (tras serias y graves amenazas) a permitir que dos personajes cómo éstos aparezcan por allí!
    ¡Si vivís por Valencia, no lo dudeis! ¡ValRock, en la calle Albacete de Valencia, número 25 (que viene a ser en la acera en la que no está la Finca Roja)! ¡Ocho y cuarto de la tarde (siete y media si eres Vaporoyente (vía Steam, leches, mirad más abajo))! ¡Hoy estoy que me grito encima, ¿se nota?!

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    Si queréis uniros vía Steam para poder escuchar la narración del partido, tendréis que añadiros al grupo de En Propia Puerta de Steam y acceder al chat del grupo a la hora convenida (con el micro silenciado, por supuesto, pues si no, las interferencias pueden ser curiosas). De momento no hay un sistema distinto para hacerlo y sólo se puede decir aquello de "¡Estamos trabajando en ello!"

    Siento decir, que si no disponéis de juegos comprados por Steam no podréis acceder a las funcionalidades sociales, es una lástima, pero de momento, es lo que hay.

    ¡Compartid! ¡Difundid! ¡Anunciad! ¡Spammead!
  • El Vacío y el Héroe./

    Escrito por Vilem_Landerer el 19/05/2013
    En aquél vasto desierto, en la frontera del tiempo y del espacio, se encontraba el Vacío, el agujero de la realidad desde donde el Oscuro realizaba sus maquinaciones. Allá, en la Irrealidad, tramaba en contra de los mortales y sus vidas, conspirando para traer su oscuridad sobre todos ellos. Y allí, en la linde de la nada, el Héroe aguardaba.

    –Nada encontrarás al otro lado. Sólo su personalidad perversa –dijo aquella voz de su cabeza, la que le guiara desde el inicio de todo aquél viaje. Recordó los verdes parajes, las siniestras simas, los inolvidables compañeros y los mortales enemigos–. De nada servirá tu físico. Ni tu espada. La voluntad saldrá victoriosa y eso es lo que has de buscar cuando atravieses la barrera.

    –¿Cómo volveré? –preguntó, más parte del propio trámite de aquella última aventura que de una real esperanza, que desapareció completamente ante el silencio–. Ya veo. Si acabo con él; ¿volverá?

    –Siempre lo hará.

    –¿De qué sirve entonces mi sacrificio? –preguntó, sintiendo flaquear su empeño–. ¿Para qué murieron tantos otros?

    –Vendrá en otra forma, con otro rostro, pero volverá. Y de la misma manera, tú, con otro rostro, volverás a enfrentarlo.

    –¿Seremos otros o nosotros mismos?

    –Tanto lo uno cómo lo otro.

    –No hay entonces otra manera.

    –No. Debes enfrentarte a él en su elemento.

    –¿Cómo podré vencerle en su terreno? ¿Y si mi voluntad no es suficiente?

    –Hijo, mira donde estás.

    A su alrededor, la arena gris era todo cuanto se podía ver. No había sol en el cielo ni luna alguna que iluminara aquellas fantasmagóricas dunas, sino una luz que parecía emanar de cualquier punto en el espacio y que no deslumbraba, pero que tampoco llegaba a iluminar eficazmente el desierto. Y allí, frente a él, el agujero permanecía atento. No se podía decir que tuviera forma física, pero lo parecía. La realidad se retorcía cómo un gigantesco remolino que acababa por consumirla. No hacía ninguna clase de ruido y aquello lo hacía más ominoso, sino que al contrario era incluso más aterrador. La destrucción absoluta se supone que ha de ser ruidosa y tremenda, no tan... silenciosa.

    –Has llegado hasta aquí. Tan sólo queda el último empujón. No te garantizo la victoria, pero te garantizo que no se repondrá tan fácilmente aunque la derrota encuentres. Y eso le valdrá al mundo de mucho, mucho tiempo más.

    Cogió la espada y la sopesó. No era mágica, era simplemente un arma excelente, fabricada por un estupendo espadero, que se la dejó a muy buen precio y que nunca cambió, pese a encontrar armas que vibraban con el pulsar mágico. Aquella espada no le había fallado, ni le fallaría jamás. Apuntó con ella el centro del horrible remolino.

    –Muy bien, es hora de ponerse en marcha –dijo por fin, ajustándose el correaje y comprobando que lo llevaba todo encima–. ¿Qué ocurrirá contigo?

    –No te preocupes por eso. Ambos pasaremos al otro lado. Trataré de combatir también, pero apenas tengo ya fuerzas.

    –Así que somos dos los que nos sacrificamos...

    –Sí, algo así. Aunque no exactamente así.

    –Nunca te entiendo.

    –Oh, no te preocupes. Ya lo entenderás. Con tiempo.

    Comenzó a correr hacia el remolino. Había decidido que puestos a morir en una batalla de voluntades, al menos llegaría lo antes posible.

    –¡Pensaba que no iba a haber más tiempo! –gritó, acercándose a la carrera, desenvainada la espada– ¡Pensaba que era el final!

    –Eso es lo que pensamos todos siempre. ¡Y luego nos vemos agradablemente sorprendidos!

    Con un salto, se sumergió en el ahora pequeño remolino. Al acercarse se había ido encogiendo con rapidez, cómo si adivinara las intenciones del Héroe y las temiera. Éste, no pudo responder ya a la voz de su cabeza, pues la descomposición corporal había sido inmediata. Quedó el pensamiento puro e hizo lo que mejor sabía hacer.

    Golpear.

    El remolino tembló con violencia. Apenas un segundo después de que sin más ceremonia el Héroe saltara en él, el Vacío gritó profundamente, con una terrible voz, que rasgó el tejido de la realidad en todos los mundos he hizo que cientos de torres se tambalearan. Aquí y allá los hechizos fallaban y chisporroteaban, el cielo brillaba con extraños fulgores, cómo si se retorciera y tratara de escapar de sí mismo mientras que las montañas aullaban cómo si fueran animales. Apenas quince segundos después, todo volvió a la tranquila normalidad, pero aquella sería una noche que nadie olvidaría jamás en su vida.



    Un relatito corto, que hoy apetecía. Espero que os guste muchachada.


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  • ¡Yo soy vosotros!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 08/05/2013

    [font="Times New Roman"]

    Yo soy la máquina que mueve el mundo. Traigo gloria y hambrunas, os proveo de nuevas tecnologías mientras lleváis a cabo vuestros impulsos más atávicos. Pongo a hermanos contra hermanos, hijos contra padres y abuelos contra todos. Los pueblos que se hicieron grandes gracias a mi intervención ahora me han retirado la palabra y no quieren oír hablar de mí, así que busco mi hueco entre otros. Pero sé que volverán y yo no soy rencorosa. Porque soy la bestia que se alimenta de vosotros y vosotros no podéis resistiros a mí. Por mi mano, caen gobiernos, pueblos y países, mueren millones y resultan heridos cientos de millones. Soy vuestra maldición y vuestra bendición. Siempre soy vosotros y al mismo tiempo, no soy nadie. Me buscáis cuando os sentís pequeños, pero me rehusáis después de un tiempo. Queréis controlarme, pero es mi fuerza la que os acaba arrollando, queráis o no. Yo, que soy vilipendiada por tantos y que tantos reniegan de mí; Yo convierto granjeros en héroes! ¡Yo os traigo vuestro progreso! ¡Yo soy la bestia que tira del mundo y que se alimenta de vosotros! ¡Yo soy en definitiva, aquella que vosotros creásteis, pero que va impresa en vuestro ridículo adn de simio superdesarrollado!
    ¡MOSTRADME MÁS RESPETO!

    [/font]


    Hoy vengo sin explicar. Tomaros lo de arriba cómo una suerte de adivinanza/que sea lo que tú quieras.



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  • Taffel ha muerto./

    Escrito por Vilem_Landerer el 24/04/2013
    Esta vez toca explicación antes de que leáis. Soy jugador veterano de la campaña que narra mi buen amigo, el Narrador de Antagis. La campaña, pasado el verano, cumplirá nada más y nada menos que diez añazos y algo habrá que organizar. De momento, os traigo una carta, escrita por mi personaje, Vilem, para su amada; Emmariel. Es una pequeña reflexión que se hace el personaje causada por la muerte de uno de sus compañeros y amigos, que era uno de los miembros fundadores del grupo de aventureros. Espero no aburriros mucho:

    [font="Times New Roman"]

    Diecisiete de Siroco del ciclo solar cinco mil cuarenta y cuatro.

    Amada Emmariel

    Ha sido un día duro. Hoy contemplo uno de los crepúsculos más tristes desde hace ochanas. Estoy aún feliz por el nacimiento de Alana y por haber podido pasar un tiempo con vosotras, a pesar de lo breve que fue, pero hoy ha ocurrido una tragedia, que aún considerando nuestra profesión, nos ha cogido a todos por sorpresa. Trafeliguan, Taffel, el cábiro que aquel día apareció conmigo y juntos marchamos al Oeste, ha fallecido víctima de unos cíclopes, comandados por la pérfida Amaranta, dríada del valle del Roble Rojo, que se había trasladado hasta aquí con oscuras intenciones. Antes de que anocheciera hemos arreglado su cuerpo y Nali lo ha preservado para el viaje con una de sus runas. En Leze tenemos pensado entregarlo a la Casa de la Muerte, para que oficien un funeral y se lo lleven de vuelta a su tierra y dispongan de él según sus deseos.

    No sólo su óbito me ha entristecido, sino que me ha hecho pensar en mi propia vida, en ti y en nuestra hija. Siempre digo que mis aventuras sólo son escalones hasta llegar a un objetivo final. Viajar y hacer alianzas, formarme un nombre que el gentío reconozca y ame, y conseguir dinero para poder poner en marcha la independencia de mi país. En otro tiempo había dudado de mi tarea, pero siempre pensando en lo fútil de mis intentos. Sin embargo, ahora no es eso lo que me preocupa y que hace que a intempestivas horas escriba esta carta desde el comedor del puesto comercial de Olgo. Es la posibilidad de perder mi vida lo que me asusta por primera vez, no por el trámite de morir, sino por no volver a veros.

    Hace ya tiempo que tengo la sensación de ser un anciano, rodeado de jóvenes, a pesar de que algunos me superen bastante en edad y de que yo no soy un anciano en absoluto. Ahora me arrepiento de los últimos años, en los que han dominado los vicios, el trasiego de vinos y licores variados, de los excesos y la inactividad. Sin ir más lejos, el propio Olgo me ha servido una copa de vino con leche de cabra, para ayudarme a dormir, y me ha dejado la botella cerca por si quería rellenar la pequeña jarra. Hace casi un año que soy incapaz de beber nada y no negaré que me ha hecho bien, pero ni he reparado en este hecho hasta que me la he llevado a la boca y he notado que me quemaba los labios. Doy gracias por semejante «maldición», pues si no, temo que podría haberme dado de nuevo, sin límite, a la bebida.

    El pobre Taffel. Sabemos quién era, pero ahora me doy cuenta de que no lo conocíamos tan bien. Hablábamos mucho, sí, pero no nos contaba nada de su vida. No sabíamos de él más que lo poco que nos dijo y lo que con nosotros lograba. Era alegre, algo soberbio y codicioso, pero nunca contó sobre su familia, o amigos. Aunque tampoco pregunté y ahora me arrepiento, pues siento que he perdido un gran amigo a pesar de todo. He abierto su testamento, pero no es demasiado esclarecedor. Así que me temo que símplemente puedo llevar a cabo sus últimos deseos. Se me hace extraño no escuchar su respiración ruidosa, extraordinaria para alguien de su tamaño, en la alcoba aledaña, o saber que al despuntar el alba no escucharemos una de sus chanzas, o su risa, contagiosa a más no poder.

    Esta sensación me recuerda demasiado a tiempos menos agradables de recordar, en los que perdí a amigos o familiares. Otros compañeros han muerto y siempre es motivo de tristeza. Lenara, Thain, Ulnar... En su momento el fallecimiento de Maximilian me sumió en un estado semejante, aunque no lo conocía tanto como al cábiro. Pero fue un gran amigo y su muerte me apena incluso más por el hecho de que ni siquiera debía combatir y aún así, recibió una flecha de la que no se pudo recuperar. Sigoculpandomee por aquello, a pesar de haberlo rescatado yo mismo de las fauces de una muerte segura y horrible. Pero siempre pienso que debería haberle hecho marchar, a vivir su vida y no a seguir la mía. Evidentemente, la aparente muerte de Qunisp, o de Faran, me apenaron; especialmente la de este último, pero siempre encuentra, por suerte, la forma de volver. Ha sido tal vez las circunstancias de la muerte de Taffel lo que me ha hecho pensar. No ha sido en una gran batalla cómo Qunisp, no ha sido producto de una traición cómo mi querido Feredil, que Mekagraon lo tenga en su seno. Ni siquiera ha sido porque le viniera demasiado grande, como a Maxi. Ha sido en el Plano Umbrío, en un combate que en parte por mi imprevisión se nos había ido de las manos. Fuí lento al pedir favores que no me gusta pedir y que tal vez le habrían salvado la vida. No lo sé. Aunque Amaranta a la larga podría haber hecho daño, Taffel murió porque en un momento dado decidí que era mejor ceder, en lugar de hacer lo acostumbrado. Si hubiéramos acabado con ella, él y mucha otra gente seguirían con vida y esta carta sería distinta. En todo caso, Vaire me ha contado que se batió como un valiente, a pesar de la superioridad de los enemigos y que no cejó hasta que lo mataron, dándonos al resto un tiempo muy valioso para poder enfrentarnos a nuestros respectivos enemigos. Aún así, no nos dió tiempo a anclar su espíritu para reparar su cuerpo, cómo hiciéramos ya antes.

    No sé qué más escribir, amor mío. He acabado desviandome de la dirección que me propuse con la carta y al final te habré preocupado. Necesitaba tal vez escribir un desahogo y también necesito de ti y de la pequeña Alana. Dale un beso y un abrazo de mi parte. Es muy posible que cuando terminemos con esta aventura, viaje a Antagis para veros.

    Un beso, mi amor.
    Vïlem Rendarn.

    [/font]

    Técnicamente, en la campaña no ha pasado ni por asomo tanto tiempo, pero al volver a casa después de la partida en la que nuestro mago perdió la vida, sentí necesidad de escribir algo, como homenaje. Hoy, lo cuelgo, para que lo leáis si queréis.
    ¡Un saludillo!
    Carta a Emmariel (versión guay).



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  • 3 años en Subcultura y un cambio en la publicación./

    Escrito por Vilem_Landerer el 21/04/2013
    Hoy hace tres años ya que doy vueltas por esta comunidad. Vine siguiendo EATATAU!!! y acabé por pasar de un anónimo y silencioso lector a un registrado y silencioso lector. Unos cuantos días después decidí comenzar a publicar mis relatos también por aquí, al ver que en la portada se mostraban las últimas actualizaciones no sólo de cómics y comentarios, sino también de los weblogs.
    Desde entonces he conocido virtualmente a parte de la comunidad e incluso personalmente. También mi número de lectores ha aumentado muchísimo y yo mismo comento antes que mis primeros y tímidios días rondado por Subcultura. Así que en general, he de decir que mi paso por la comunidad, está siendo excelente. Es una página en la que no concibo meterme pocas veces al día.
    No voy a comentar todos los proyectos que llevo abiertos y que por unas o por otras no he completado/continuado. Lo que si que voy a hacer es un pequeño anuncio, que ha de afectar y mucho a varios de esos proyectos.
    Hace más de un mes que nada publico. Ni relato, ni artículo de opinión ni queja ni pataleta ni nada. Se me han acumulado ciertas cosas y muchas ganas de escribir nada del blog no tenía, así que símplemente, no las he escrito (de hecho, hasta de comentar estoy desaparecido).
    A partir de ahora, excepto los relatos cortos y los artículitos, que evidentemente es cosa de un rato de escritura, el resto de series las escribiré en capítulos. No me pegaré para continuar una determinada y poder subir una entrega recién terminada, no. Completaré un capítulo entero y lo iré publicando poco a poco, para darme tiempo a escribir otras cosas. Entre medias, esperaos cualquier relato corto o similar que se me ocurra.

    En fin, muchas gracias a Subcultura por estos tres añazos. Tanto cómic ha conseguido hacerme olvidar algunas cosas, lo cual, es de agradecer.
  • ¡Hoy termina!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 20/03/2013
    ¡Sí! ¡Por fin!
    Hoy termina el no poder andar por las calles o llegar con el coche a algún sitio, el escuchar gritos y alaridos nocturnos en mi ciudad. Las explosiones lejanas y cercanas. Las aglomeraciones de gente ante los puestos más cercanos de comida y ante cualquier cosa que este maldito tiempo haya puesto en medio. se reducen la cantidad de ambulancias en marcha y los controles.
    Se acabó el griterío de los malditos secuaces que por aquí y por allá caminan. Ya no más vandalismo.

    Esta noche las lenguas de fuego eliminan la mácula en la ciudad y todo volverá a ser cómo antes.

    Hasta dentro de un año.
  • ¡Guerra en el Pacífico!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 14/03/2013
    Las explicaciones están al final del post, después de la lectura.
    [font="Times New Roman"]



    Boston, 9 de Diciembre de 1941.


    Querido Eric;
    tu madre te envía recuerdos y te pide, por favor, que no te dejes abatir. Por mi parte, te he enseñado a volar y sé que no lo harás. Eres un auténtico hijo de tu padre y sé que eres mejor que yo. No morirás en combate, lo sé. Y creo que el de arriba, me lo debe. Ya sabes, eso que algún día te contaré, pero que de momento no me atrevo.
    He decidido mandarte la carta haciendo uso de un par de favores. Un aeroplano rápido tenía que cruzar el Atlántico haciendo escalas, cómo aquél viaje que realicé a principios de los años veinte, cuando no eras más que un zagal y... Da igual. Espero que te haya llegado en pocos días, porque quiero explicarte en mayor profundidad lo del telegrama. Sé que cursaste baja del Escuadrón Águila para volver a casa y alistarte en nuestra Fuerza Aérea. Sé por tanto, que planeabas combatir en la guerra que Franki ha declarado a los amarillos y que te disponías ya para el viaje por mar. Sé también, que el Atlántico está infestado de corsarios alemanes y que los nuestros, ahora que no somos neutrales, lo tienen más complicado para hacer tierra sin percances. Sé que no dejarás que te derriben, pero no puedo estar seguro de que no te hundan, así que he hecho valer amistades y te quedarás en Inglaterra. Continúa combatiendo al kraus, igual que yo lo hiciera durante la del 14 (aunque ya sabes que me dediqué a la infantería, sobre todo).
    Por otra parte, no he podido evitar sentirme mal. A los pobres chavales de allá les han dado duro. ¿Recuerdas a tu niñera, la que está casada con el heladero de la primera? Su hermano, aquél chaval encantador está en paradero desconocido desde el ataque y no saben dónde pueda estar. Siguen rescatando cadáveres del agua. Y en el continente... hay quien dice que han bombardeado Los Ángeles y que ahora mismo se encuentran desembarcando en la costa Oeste, pero nadie sabe realmente nada. El telégrafo está siendo usado en exclusiva por el ejército y no podemos enterarnos de nada.
    Como decía, me siento mal. Combatí en la guerra del 14 como voluntario, primero en regimientos franceses, hasta que pudimos enrolarnos con los tommies. He recorrido medio mundo, defendiendo a gente de otros lugares, fuera a pie con mi Enfield o a los mandos de mi propio aeroplano. La última, como bien sabes, durante la guerra en España. Amaba mucho el lugar y sentí la necesidad de ir. Creo que cometí un grave error, a pesar del dinero, la verdad. Pero a lo que iba; no voy a estar de brazos cruzados mientras atacan mi país. No lo hice con el de otros y no lo haré con el mío. Serví de entrenador e instructor de la aviación de marina, así que mis referencias de algo valdrán. Imagina lo que ha dicho tu madre cuando el reclutador Smithers ha venido a casa (¡un tipo estupendo, ya lo creo!) y me ha entrevistado. Lo ha hecho por deferencia a un veterano y también; como me ha confesado, porque prefieren que no se vea a los más mayores en las filas de reclutamiento, pues sería algo negativo para la moral. Y no me sorprende. Daría la sensación de que no hay suficientes.
    Así que nada, hijo mío. No hagas tonterías y no intentes venir. Bastante tienes con tus alemanes (por cierto, he hablado con un antiguo amigo y me ha dicho que van a organizar una Fuerza Aérea expedicionaria en Inglaterra. Si quieres luchar por la patria, podrías probar allí, seguro que te reciben con los brazos abiertos.

    Mucha suerte hijo. Te volveré a ver (no antes de que termine la guerra, espero, ambos tendremos mucho trabajo). Dales duro.

    William Red.



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    Una carta que envía Bill Red para su hijo Eric, que está encuadrado en el Escuadrón Águila de voluntarios estadounidenses en Inglaterra. Quería ser como su papi y en cuanto estalló, se lanzó al otro lado del charco, desde Boston, donde nació.
    Se trata de el mismo personaje cuyas aventuras comienzan aquí y del que podréis ver un retazo de futuro aquí.

    Es un personaje que me gusta mucho y del que lamento no continuar con sus historias. Fue el primero en sobrevivir a una campaña de la Llamada de Cthulhú y le tengo mucho cariño. Según me anime a continuar, descubriréis que es un paleto absoluto, irlandés nacido en Estados Unidos, criado en Nueva York en uno de los barrios más pobres y crecido más adelante en Boston. Se alistó muy joven, falsificando su edad para poder combatir en Europa y enviar crónicas al editor de su periódico (una irresponsabilidad por parte del editor, pero creyó que se quitaría de encima a aquél crío contestatario). Volvió de la guerra mayor de edad, de mentalidad muy distinta y horriblemente herido (tiene media cara quemada desde la mitad final de la guerra). A pesar de ello, al volver se convirtió en una pequeña estrella en la ciudad, pues no sólo volvió, sino que pudo publicar todas sus crónicas con el apoyo del periódico donde trabajaba de chico correo antes de irse y al que volvió convertido en un periodista concienzudo, de escritura muy franca y abierta. Se pudo casar en parte por su gran don de gentes y la mediación de una amiga común y tuvo un hijo (Eric).
    La campaña de terror comienza en una de las últimas acciones de guerra de la división en la que está encuadrado y luego avanza hasta unos dos años después de tener su hijo. En ese momento, una fuerza desconocida secuestra secuestra a su hijo y a a los de parte de su antiguo batallón. Eso lo lleva a una misión de rescate que lo lleva a la costa Oeste de Estados Unidos, a España y a Oriente Próximo. Pero esta, es otra historia y la publicaré en su formato original; el diario de los personajes.


  • Creando un fanfic para: ReinaCnl/

    Escrito por Vilem_Landerer el 05/03/2013
    Buenos días. Hace ya algunos meses, organicé un sorteo entre los seguidores que este humilde blog atesora y salió ganadora ReinaCnl. Así que me puse manos a la obra para hacer un fanfic de Anne Marie & Jezzabel Avery digno. Voy a comentaros los pequeños "problemas" que me estoy encontrando.

    Anne Marie & Jezzabel Avery es un webcómic que mezcla el erotismo con las aventuras típicas del Mar Caribe.
    La aventura, es género habitual entre mis teclas y de hecho, no concibo casi ningún relato o novela sin al menos, un ligero toque aventurero.
    El erotismo, en cambio, apenas lo he tocado. Así que lo primero que he hecho, ha sido navegar buscando referencias, otros relatos eróticos y releerme el cómic varias veces. Mi objetivo es evitar caer en el zaca-zaca-zaca porque sí. La razón puede estar mejor o peor planteada, pero no puedo hacer como otros autores que símplemente juntan personajes y ¡ale!; ¡al tema! En este aspecto, salvo honrosas excepciones, debo decir que no he localizado relatos eróticos que me ayuden demasiado, excepto algunas colecciones de cómic erótico. Al menos, algo tengo para hacer una estructura creíble, entre dichas colecciones y el cómic original. Me sigue costando, pues como he dicho, apenas he escrito ningún relato erótico (y generalmente, ha sido siempre una escena muy ligera dentro de otra historia), pero algo voy haciendo.
    La verdad es que está siendo complicado escribirlo, pero es muy gratificante ver que soy capaz de desenvolverme en otros géneros con apenas un poco de práctica (y mezclarlos, que es lo que siempre busco).
    Por otra parte, el lado aventurero soy capaz de darlo, pero hay algo que me pierde. Y son los barcos. Me encantan, me apasionan y me parecen la cosa inanimada más achuchable que ha parido la mente humana. Tienen personalidad, sentimientos y nombres propios. Tienen hasta sexo definido y todo. Y eso quiere decir, que trato de documentarme adecuadamente. El problema, es que internet no provee de todo, cómo tendemos a pensar (o yo no sé buscar como toca, que también es posible). No es ya sólo el uso del velamen en cada situación concreta, sino que cuesta encontrar los nombres de cada parte del enorme diccionario naval. Así que toca lo que se lleva haciendo desde hace tiempo; buscar en las bibliotecas públicas. Es increíble la cantidad de información que es más accesible desde una biblioteca que desde el ordenador. No estoy poniéndome nostálgico con todo eso de buscar entre estanterías polvorientas y demás, sino que allí encontrarás con seguridad lo que buscas (y si no, preguntas), probablemente mejor explicado y probablemente, estará contrastado. No es una crítica al contenido en línea, pero en ocasiones no es del todo exacto o directamente vago.
    O no es lo que buscaba.
    Así, lo que tengo son algunas visitas a esos edificios grandes llenos de libros y gafapastas convencidos, algunas ilustraciones y pinturas que sí he extraído de internet, después de asegurarme de su verosimilitud, lo que se traduce en una enorme cantidad de notas y detalles memorizados, que me recuerdan peligrosamente al librito que siempre tengo a mano; el “Patrones de embarcaciones deportivas; vela y motor de 2ª clase” de Jose Simón de Quintana. Sí, no es un manual práctico de la armada del siglo dieciocho, pero por algo se empieza. Y es práctico para darle algo de verosimilitud a ciertos relatos que no necesito que tengan tanto detalle.
    Pero este fanfic, va de barcos. Es, junto con el erotismo y la aventura, su tema principal. El Hades hasta tiene su propio apartado en la ficha de personajes del cómic. ¡Sí! ¡Miradlo! ¡Lo tiene! ¿No es fantástico? Es cómo la Surprise, el Enterprise (bueno, aquí podría haber más una asociación al nombre que a la nave en sí), o el Halcón Milenario. No entendemos a su capitán sin su nave, lo mismo que no entendemos a la nave sin su capitán. Y eso nos lleva a otra cosa; los personajes.
    Siempre que comienzo a escribir un fanfic, me pregunto cómo lo haré. ¿Me aprovecharé de los personajes existentes y los haré corretear manejando yo sus hilos? ¿O más bien los dejaré tranquilos, sirviendo de telón de fondo para que mis personajes desarrollen todo su potencial? Bien, si esto fuera el fanfic de Star Wars, pasaría muy mucho de los personajes ya conocidos y me centraría en los propios, creando (modestia en absoluto aparte) un maravilloso y renovado Universo Expandido. Peeero aquí la gracia está en que los personajes originales aparezcan. El fanfic es un regalo, un obsequio que entregaré a ReinaCnl y como tal, me gustaría que viera a sus personajes reflejados por mi tecla e ingenio. Jezzabel Avery, Anne Marie y el Hades han de aparecer, así cómo muchos de sus secundarios. Pero, para poder hacer y deshacer un poco a mi antojo, añado situaciones y personajes nuevos. Así puedo matar, degollar, violar, hundir, acribillar o volar lo que se me antoje, sin que en principio, los personajes originales queden profundamente marcados. Esto no quiere decir que no puedan quedar marcados, sino que puede ser otra aventura más, que recordarán, o no, pues muchas así han tenido. Recordemos, son piratas del Caribe (no confundir con esa cosa llamada película). No son monjitas (bueno, una lo fue). Son gente dura, hecha a la violencia, a la desgracia y a la mar No se arrugarán porque yo les meta trabas, o los haga combatir.
    Así, aparte de los personajes originales, he decidido incluir tres especialmente necesarios para que la trama avance:

    El feo: Se trata de un pirata, al mando de una gran y ostentosa corbeta, de nada menos que 22 cañones de los cuales 18 son de 16 libras. Los otros cuatro cañones, además, son largas piezas de 12 libras, en bronce bruñido con esmero, que emplea en las persecuciones. No tengo nada claro su nombre, pero sé que es francés, malencarado, arrogante, petulante, deshonroso y muy codicioso. La corbeta tiene de nombre provisional “Limier” y ando pensando en cambiarlo por otro más adecuado.

    El malo: Un malvado pirata inglés. No dispone de un buque, sino una pequeña flota; un navío de guerra, de 70 cañones de 32 libras en su primera batería, dos fragatas de 32 piezas, con artillería de 24 libras en primera batería y una corbeta de 16 cañones de 12 libras, destinada a dar por saco y retrasar todo lo posible. Lo imagino noble, orgulloso, arrogante, educado, cruel y sádico. Es un tipo con mucho (mucho) dinero, tanto, que se ha buscado un divertimento adecuado a su sed de violencia. Pero ha llegado a tanto, que la propia Inglaterra le ha retirado la patente, declarandolo proscrito y en búsqueda y captura. Comenzó con un barco, el navío de guerra de 70 cañones y el resto los ha ido capturando y reformándolos para su uso como corsarios, aunque ahora se dedique a la abierta piratería (antes se dedicaba al corso y a la piratería encubierta, hasta que lo denunciaron).

    El no-tan-malo: Un corsario español. Se parece mucho al inglés, incluyendo la crueldad. No es tan sádico y bastante más honorable que aquél. Curtido por el sol y la sal, de pelo oscuro, que empieza a encanecer y ademán seco. De hecho, creé un personaje hace tiempo que se ajusta y mucho a la personalidad de este tipo. Aquí podéis leer la entrada correspondiente. El navío que usa ahora lo cambié un tiempo después, por uno muy adecuado; un gran navío de guerra, de 66 cañones, con 42 libras en la primera batería, que es bastante. Su llegada provocará algunas reacciones en absoluto inesperadas, que acabarán en sendos combates artillados, abordajes sin cuartel y bastante muerte. Junto con los otros, darán un telón de batallas y violencia para que el Hades y su tripulación naveguen por él, no sólo sobreviviendo al lance, sino sacando provecho.

    Además, hay una serie de secundarios que no aparecen en el cómic, de los que cabe destacar (de momento):
    El Contramaestre. Tipo duro donde los haya. Actúa también de carpintero. Aún sin nombre.
    Smithers: Capitán del astillero de Bermuda. Taimado y estafador profesional.
    Las putas de Bermuda. Además de dedicarse al placer profesional, suelen traer noticias y en ocasiones actuarán de mensajeras sin pretenderlo (o pretendiendolo).

    Y así, un pequeño resumen del avance, lento pero determinado de este fanfic. Aunque estoy lentorro, me gusta pensar que poco a poco, estoy formando una historia que durará más allá de las páginas que en un principio pensé y que creo que merecerá la pena contar.
  • Nunca más./

    Escrito por Vilem_Landerer el 03/03/2013
    Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más.


    Ay, mi pobre, pobre yo.

    Buenas noches.
  • El fin de La Senda del Aventurero./

    Escrito por Vilem_Landerer el 01/03/2013
    Más de tres años de camino y he tardado casi uno en darme cuenta que meaba contra el viento. Es terriblemente doloroso ver que algo que me gusta tanto hacer ha de terminar gracias a una bofetada de realidad. Y es muy doloroso terminarlo así. Pero por desgracia, es lo que hay.

    Cada vez tengo menos tiempo y ganas que dedicarle al blog y se nota, hasta el punto de no actualizar regularmente como antes y demasiados problemas extra-blog afectan demasiado a mi rendimiento, que lleva un tiempo siendo malo. Hace tiempo que de La Senda del Interrogador no sabéis nada, o que las historias regulares llevan tanto tiempo paradas que podría reescribirlas y pocos notarían el cambio. Demasiado tiempo llevo abriendo historias, prometiendo nuevas y tratando de sacar a delante, sin éxito, algunos contenidos. Mentiría si dijera que es culpa íntegra de la crisis (parte tiene), pero he de reconocer que tengo los cojones negros y soy un vago de narices. Así que me temo que es la hora de echar el cierre y dedicarme a algo que me de para vivir, que la cosa va de mal en peor y no veo demasiada salida, excepto emigrar muy lejos de Europa (esos hijos de puta no conseguirán lo que quieren de mí) y comenzar de nuevo en otro país, más consecuente con sus ideas, a pesar de lo extraño de su idioma y de lo lejos que estará de la gente que aprecio.

    Terminaré los fanfics que me quedan y el guión del desafío (muy tarde, pero me niego a dejarlo correr), pero La Senda del Aventurero, cierra definitivamente. Muchas gracias por estos tres años, muchachada.
    Un saludo y hasta siempre.
  • Una prueba para personaje cargante.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 18/02/2013
    Las explicaciones, abajo del todo.

    -Hola, dí tu nombre y preséntate -dijo la figura tras la mesa. La luz que tenía detrás impedía al pequeño personaje que se acercaba ver sus facciones-. Por favor.
    -Sí hola soy Púlsar -dijo con una voz rápida aquél personaje del tamaño de una papelera de calle-, y he venido para la audición de personaje cargante porque creo que me va al pelo, como pelos que tengo por el cuerpo y que preferiría no tener que depilarme para el papel pues los encuentro graciosos de peinar y suaves de tocar, aunque por una suma adecuada de dinero sería capaz de cualquier cosa que me digáis que el trabajo es el trabajo y he de currar o me echarán de casa y al ritmo que va la cosa me veo viviendo debajo de cualquier puente antes de final de mes y no tento ningún gusto por los puentes de mi ciudad que por si no lo saben no son una hermosa obra de ingenieria sino más bien son horripilantes obras al mal gusto que impera actualmente en el arte moderno y que sin duda se trata más de una manía de currar poco y cobrar mucho que de intentar realmente realizar obras de gran calado e interés cultural universal, pero bien mirado si le pongo unas cortinas y algunos muebles bien podría llegar a ser un lugar de lo más acogedor y hogareño.

    La figura no respondía. Incluso con la luz dandole en los ojos y sin poder ver nada más que una silueta oscura, no supo porqué, pero tenía cara de haber cagado alambre. La escuchó sollozar: "¿Por qué yo? ¿Por qué? ¿No podría, no sé, haber pensado en un personaje... mudo? ¿Tenía que hacerlo cargante?

    -No querría presionar -añadió de pronto el pequeño personajillo-, pero me gustaría saber si tengo el papel que mañana tengo un par de audicines más y si me da el papel me las paso por el forro de ya sabe usted donde porque no las voy a necesitar y no me vendría mal de verdad esta creo que estoy hecho para el trabajo sire.


    La mejor forma de explicar esto, es deciros que estoy enfrascado con un personaje en una batalla dialéctica de tal nivel que si no soltaba una chorrada similar por aquí, me acabaría pegando un tiro. Lo de que no hayan más que un par de comas en todo el diálogo del pequeñajo tiene mucho sentido. Probad a leerlo de tirón y sabréis cómo suena.


  • ¡Revolución!, para el Atamán Platov./

    Escrito por Vilem_Landerer el 28/01/2013
    Las explicaciones están al final del post, después de la lectura.
    [font="Times New Roman"]

    La plaza del Palacio Helado hervía de excitación. De violenta excitación. Una docena de guardias del Oso, con sus grandes barbas y bigotazos y sus ushanka de pelo de oso, se apelotonaban alrededor de aquella figura delgada y pequeña que blandía el sable de su padre e increpaba brutalmente al gentío que los rodeaba. Más de un centenar de personas rodeaban a los 13 que se defendían contra la puerta, encima de los cadáveres de enemigos y compañeros, muertos en los minutos previos. La Guardia del Oso había tenido que improvisar una defensa alrededor de Ekaterina, pues no sólo el palacio, sino la capital entera se había rebelado y después de horas de limpieza dentro del mismo, los revolucionarios del Igualitarismo habían conseguido penetrar las puertas del patio. La Emperatriz, en lugar de huir, había empuñado su sable y llevaba toda la mañana al frente de aquella lucha desesperada contra un enemigo que los superaban y mucho, en número. La habían herido de un mosquetazo y se mantenía erguida pese a ello, con un trozo de manga de la casaca de uno de sus guardias, que se la había arrancado nada más verla herida. A su alrededor luchaban con denuedo, aunque ya daban muestras de fatiga y sus enemigos más cercanos tenían una evidente faz de terror. Algunos ya no se acercaban y los fusiles comenzaron a aparecer entre las primeras líneas.
    –¡Perros! –gritó de pronto feroz, Ekaterina–. ¡De esta no os librareis tan fácilmente! ¡Vuestras cabezas adornarán mi palacio durante generaciones!
    Se prepararon para disparar, sin acercarse demasiado a la masa humana erizada de sables y medias picas, que ya había agotado municiones y se preparaba para recibir la descarga.
    –¡Mi guardia! –siguió la emperatriz, con la certeza de que aquellos eran sus últimos momentos y no iba a dejar de presentar batalla–. ¡Cubríos con los muertos! ¡Usadlos de parapeto!
    La Guardia se giró. Parte de su consigna extraoficial es que no se cubrían, ni retrocedían. Pero allá estaba ella, menuda y herida, el sable de su padre muerto en la mano, gritando órdenes e insultos por igual, sin descomponerse. Alguno recordó la muerte del progenitor y alguno sintió ternura hacia la cruel Ekaterina, así que con ánimos renovados, se agacharon, se echaron los muertos por encima y recibieron las primeras descargas con resignación. A los sublevados les debían faltar municiones también, pues entre una y otra pasaban varios minutos, mientras buscaban pólvora para recargar los fusiles.
    –¡Traed más balas! –gritó uno de los rebeldes, hacia su retaguardia–. ¡Más cartuchos, más pólvora!
    Ekaterina no se pudo contener. Una cosa era el enorme enfado del hecho de que se hubieran levantado contra ella. Pero así, de esa manera, con tan poca previsión, le nublaba el juicio.
    –¿¡¡Más balas!!? –gritó y se la pudo escuchar en toda la capital–. ¿¡¡Acaso creéis que esto es la caza del cerdo negro de Zaranamov!!? ¡¡Estáis asaltando el Palacio Helado esperando que lo entregaría!! ¿¡¡Por quién demonios me tomáis!!?

    Se quedaron paralizados por el estupor. Aquello no estaba saliendo cómo habían planeado. La mayoría pensaba que la fuerza de la unidad y la fraternidad derrotaría a los imperialistas. No se habían esperado que la Guardia del Oso fuera una piedra tan dura. Y la propia emperatriz no se quedaba atrás. Pensaban que acabaría de forma similar a la rebelión que acabó con su padre, pero que ahora no habría una cabeza visible de gobierno. Creían muchas cosas.
    El silencio se había hecho en la plaza. Nadie se atrevía a toser y sólo se escuchaba la respiración furiosa y agitada de Ekaterina, que fue creciendo en magnitud, hasta que todos creyeron que se transformaría de un momento en otro en el dragón que temían que fuera y los devoraría.
    –¡Vamos hermanos, terminemos con ella –dijo desde atrás, tratando de dar algo de valor–, antes de que se organicen de nuevo!
    Se envalentonaron de nuevo, sólo eran doce hombres y una muchacha. Eran veinte veces ellos, no había nada que temer. Y con esa premisa, se lanzaron de nuevo.
    –¡Cerrad fila, mi Guardia! –gritó de nuevo, al ver que se les echaban encima otra vez–. ¡No olvidaré esto! ¡Ekaterina no olvida!
    Los veteranos guardias se apretaron de nuevo y combatieron recio. El rumor de la respiración de la emperatriz seguía creciendo. Hasta el punto de que se dieron cuenta de que no era respiración, sino un motor. Algo motorizado se acercaba por la avenida, de la que comenzaban a llegar relinchos y voces airadas. Un cañón de asalto avanzaba por el centro de la vía, flanqueado por dos carros de combate, a cuyos costados se abría una enorme cantidad de kozaks, que ya llevaban sus sables desenvainados que centelleaban al sol del atardecer. Se abrían paso entre la muchedumbre que rodeaba y llenaba la plaza del palacio, sin frenar ante nadie, dispersando a la población.
    –¡Preparados para abrir fuego! –gritó el comandante dentro de la bestia de acero, mientras el artillero afinaba puntería, con el cañón cargado con carga doble de metralla–. ¡A mi orden! ¡Fuego!
    El corazón del monstruo vibró brutalmente por la descarga. El enorme cañón retrocedió un metro y frenó con terrible estrépito, hasta el punto de que el vehículo ralentizó su marcha.
    Medio centenar de personas cayeron al suelo, muertas o heridas por las pelotas de plomo en el aire. Ekaterina sintió que la deflagración la golpeaba y un calor de satisfacción le recorrió el torso. Cuando los tanques abrieron fuego a su vez y los kozaks alzaron sus sables y picaron espuelas, los rebeldes flaquearon visiblemente. La emperatriz vio la duda en sus ojos y supo que era el momento.
    –¡Vamos mi Guardia! ¡A por ellos! –se levantó ella, alzando el sable ensangrentado, conteniendo la mueca de dolor–. ¡Hay que apretar! ¡Seguidme!
    Los del Oso se levantaron. Muchos de ellos le triplicaban la edad. Y ninguno se iba a quedar atrás. Se prepararon, mientras Ekaterina ayudaba al más anciano de todos a levantarse, pues era de los más heridos y había cubierto a la emperatriz durante toda la batalla. Ella lo agarró del costado y lo mantuvo en pie.
    –¡A ellos! ¡A ellos! –repitió, tomando aire–. ¡¡A ellos!!
    Se lanzó hacia adelante, con el anciano a su izquierda parando y dando tajos y se vió a ella misma, en medio de la multitud, cortando cómo si fuera lo único que pudiera hacer.
    Los rebeldes entraron en pánico tras semejante muestra de ferocidad. Los guardias mataban a cualquiera que se acercara y no dejaban de moverse hacia adelante, cubriendo a sus compañeros, con Ekaterina en el centro, cargando con la ayuda de otro más al más veterano de ellos. Las cabezas se abrían cómo melones, horrendas brechas se aparecían en torsos y los miembros quedaban inútiles. La masa se movió hacia la puerta, por la que entraba el enorme cañón de asalto, que no frenó, sino que aplastó a los que cogió por medio, convirtiéndolos en pulpa sanguinolenta. Casi inmediatamente el gentío se echó al suelo, soltando armas y bagajes, pues tras el animal de acero cargaban los kozaks, sables en alto.
    –¡No! –gritó Ekaterina, voceando ronca, pero enérgica–. ¡Los quiero vivos!

    El mundo se enteró un día después de lo ocurrido en el Horda Polar. Una revolución a gran escala, violenta y de carácter igualitarista había intentado deponer a la actual emperatriz. Sin éxito. Imágenes de ahorcamientos se podían ver en todas las salas de filmes una semana más, así cómo escenas grabadas por la propia propaganda imperial, mostrando escenas de Ekaterina firmando papeles, herida pero con fuerza, así cómo colgando medallas en el pecho a 11 guardias del Oso y depositando una doceava en un ataúd adornado con la bandera nacional. El propio mensaje de Ekaterina, fue emitido por radio casi dos semanas después, cuando concluyeron las investigaciones de sus servicios de espionaje, que habían salido malparados tras la súbita revolución, pues a muchos los habían atrapado.

    -No puedo decir que no me haya sorprendido el intento de levantamiento. No me lo esperaba y desde luego, no imaginé que su germen vendría del extranjero. Un grupo de espías, que ya han sido ajusticiados en su totalidad, instigaron, organizaron y armaron; muy pobremente, a los golpistas. Creyeron que no necesitaban de más, pues me eliminarían con facilidad, pero no pensaron que soy hija de mi padre y con su mismo sable, el mismo que usó la última vez que corrió a sofocar un levantamiento. ¡Soy Ekaterina Fyodora Zolnerowich, hija de Alexis Fyodor Zolnerowich! ¡No soy una cualquiera y a mí, no se me vence por la espada! Pero es evidente que el Imperio de su Majestad en vista de que no puede derrotar a Horda Polar en la honrada guerra, trata de hacerlo mediante actos subversivos, azuzando a mi propio pueblo en mi contra. Los detenidos han sido condenados a trabajos forzados, pues no creo que su ejecución sea lo que merecen, ya que al fin y al cabo fueron otros los conspiradores y ellos tan sólo las marionetas. Espero que mi magnanimidad convenza a mi gente de que trabajar por nuestro bien común es mucho mejor que conspirar con agentes enemigos, que no dudarán en dejar abandonados a sus aliados aquí, con tal de salvar el pellejo.-

    El discurso caló muy hondo en Horda Polar. Todos sabían de la feroz resistencia en el palacio y de que la propia Ekaterina había peleado mano a mano con sus guardias. Nadie se atrevería a levantarse de nuevo contra ella, al menos no en tiempo de paz. Nadie, pues a pesar de su relativa indulgencia con los vivos, los muertos seguían observando al pueblo desde las estacas donde habían clavado las cabezas de los insurrectos fallecidos. Nadie olvidaría aquello y a la Emperatriz se le daba muy bien que nadie olvidara.

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    Y ya tocaba publicar algo, que el inicio de año está siendo poco prolífico. En este caso, el relato corto "Revolución", fanfic para el muy grande Platov, amo y señor de El Corrreo del Atamán que publica también en Subcultura (técnicamente, es "publica también en Blogspot). Él se pregunta qué es lo que tendrá Ekaterina para atraer a tanto fan, pero los fans bien lo sabemos.

    ¡Un saludo a todos!
  • Tal día como ayer, a estas horas.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 18/01/2013
    ...hace tres años un culo inquieto escribía la primera entrada de la Senda del Aventurero. Anunciaba entonces que la atracción principal serían las Increíbles aventuras de Icusagora Riel, relato por entregas que ideé con un cierto componente steampunk y que acabó siendo fantasía aventurera rara. Desde entonces han sucedido muchas, pero que muchas cosas (en el blog) y casi todas buenas. Cada vez sois más los que me aguantáis, he ido pasando de las series por entregas a los relatos cortos (son más sencillos de escribir y no requieren tanta constancia, denunciadme) aunque no abandono del todo mis pequeñuelos. Por si fuera poco estoy en producción de nada menos que dos cómics (ambos con mis guiones) y un desafío para El desafío Twitter (que guionizo y ya vamos tarde, pero que no dejamos de trabajar en él (aunque me he atascado de malísima manera)). Vaya, que La Senda ha crecido e incluso hemos incorporado nuevos autores, aunque sigo siendo el único que publica casi exclusivamente (¡EJEM!).

    En fin, tres años que han traído de todo, tanto en lo personal cómo en lo bloguero (en lo profesional mejor ni hablo). A lo largo de la semana que viene publicaré el especial por los tres años, que será cómo el del año pasado, pero más multitudinario. Y el día 21 de Abril cumplo 3 años publicando en Subcultura, así haré una lista de reseñas que creo que os gustarán.
    Un saludo a todos los que me leéis. Aunque suene cliché y no lo creáis, no habría recorrido la Senda sin vosotros.
    ¡Gracias!
  • Libertad 9. Dulce emancipación./

    Escrito por Vilem_Landerer el 09/01/2013
    Las explicaciones están al final del post, después de la lectura.
    [font="Times New Roman"]

    Algo sonó en el exterior del hangar. Parecía un claxon. Un claxon profundo y atronador, pero claxon al fin y al cabo.
    –Hay alguien fuera –dijo Jeriaebrek–.
    –Pues abre –respondió Ilvael en la sala de control, algo extrañado por la pregunta–.
    El antiguo maestro jedi se lo pensó un momento y bajó la palanca que abría el acceso al hangar, que se comenzó a mover lentamente.
    –Ah, que venía por ahí –comentó, antes de añadir ligeramente enfadado–. Ni te has molestado en mirar quién era.
    –Me has dicho que abra.
    –Agh, da igual –hizo un gesto con la mano, restándole importancia–. Tengo una de las torretas en servicio, voy a activarla.
    Por la enorme puerta blindada del hangar entró levitando suavemente un elegante caza, pintado en una mezcla de manchas blanco hueso sobre una base oscura. Se trataba de un caza de escolta N-2 de Naboo, con tal vez veinte años de servicio, aunque este modelo carecía de la visera carenada encima de la cabina, sobre la que iban montados antaño dos blásters adicionales. A Ilvael no le sorprendió, pues muchos pilotos se quejaron de que la nueva cúpula, algo más abierta y de burbuja semicompleta era inútil con aquello tapando cualquier visibilidad hacia atrás. El caza, con un leve movimiento, aterrizó junto al de Cicak.
    –Hola, he venido por el anuncio –era un kel-dor, alto y fuerte, de caminar pausado y porte elegante–. ¿Quién es el señor Norath?
    –Yo, soy yo –dijo, admirado del diseño del caza, que era raro de ver pero muy bonito–. ¿Qué puesto te interesa? Aunque imagino que algo relacionado con la escolta.
    –Pues... –dudó un momento, pensando bien lo que iba a decir–. La verdad es que esperaba algo un poco más pacífico. Sé de mecánica y soy capaz de reparar los cazas con facilidad. Tampoco tendré queja si he de limpiar, cargar y descargar u organizar la carga.
    –Pero tu caza... –se rascó la nuca, pensativo–. No se puede quedar ni nos lo podemos llevar si no le vamos a dar uso. ¿Si lo necesitáramos, saldrías a combatir?
    –Para protegernos exclusivamente.
    –Me vale, necesito un escolta. ¿Qué armamento tienes?
    –Cañones gemelos de iones Taim y Bak KX-8.
    –Te gusta dejarlos a oscuras, ya veo –sonrió Ilvael, ante la calidad del armamento–. ¿Cómo te llamas, por cierto?
    –Za Nom y sí, prefiero no matar si no es necesario, aunque en ocasiones me he visto obligado a hacerlo.
    –Ya veo... Bueno, no te quiero mentir Za –comentó, sopesando bien cómo decir aquello sin que sonara mal–, pero no descartes la posibilidad. Quiero que el viaje en el Emancipador se convierta en un camino tranquilo y sin incidentes, pero no siempre es posible. La galaxia es un lugar peligroso.
    –Za ya sabe bien eso –Jeriaebrek se había acercado, atento más allá de sus sentidos normales. Era tan leve que si no estaba cerca no lo notaría, pero allí, lo podía notar. Era sensible a la Fuerza, aunque no demasiado, por eso había podido leer de él sin dificultad–. ¿Verdad?
    –¿Os conocéis? –Ilvael pasó la mirada por ambos. Za Nom estaba sorprendido, pero la máscara que le permitía sobrevivir en aquella atmósfera impedía que el artesano fuera capaz de darse cuenta–. Entonces ya me explico por qué has abierto, Jeria.
    –Oh, no somos viejos amigos, pero pongo la mano sobre el fuego. Es de confianza.
    –Ah, vale ya sé que ocurre aquí. Tú y tus trucos, viejo timador.
    –Para protegeros, no dudaré en usar cualquier truco que tenga en la manga.
    A su alrededor se habían ido quedando callados. Nomaie sabía de qué estaban hablando, pero el resto no estaba al tanto del pasado jedi de Jeriaebrek, así que ni Cicak, que se había acercado para terminar de firmar el contrato ni Za Nom entendían media. El lagarto no era de usar el don de la palabra sin razón, pero estaba sintiendo el cosquilleo de hacer una pregunta. Se contuvo.
    –Uhm, capitán, tengo contrato por firmar –dijo, tras decidirse–. Sssi tiene un momento...
    –Sí, claro, claro. Lo tienes en la mesa de la sala de seguridad. Fírmalo que ahora voy a hacer lo propio.
    –¿Entonces, me contratan?
    –A mi me vienes bien y no han venido demasiados interesándose, así que haremos una cosa –dijo, afable–; No te voy a pagar sueldo de escolta si no vas a ser un escolta activo. En todo caso, transportaré tu nave y si necesitamos que salgas a luchar, te pagaré seis mil créditos por cada navío inutilizado. Es el doble de lo que se lleva un escolta por derribo. Eso sí, cobrarás veinte mil créditos menos al año.
    El kel-dor lo sopesó. El sueldo anual para un trabajo de mecánico o encargado de la carga era un poco bajo, a pesar de el plus por inutilizar naves; a no ser...
    –¿Mi puesto estará asegurado?
    –Seguro civil, seguro médico completo, yo pago las fiestas, así cómo reparaciones, comida y en tu caso, filtros para la máscara. Y casi cualquier cosa que necesites.
    Parecía sincero. Realmente, casi todos los twi’leks parecen sinceros cuando mienten, pero creía o quería creer que él lo era. Sus lekku se movían en armonía con sus movimientos de cabeza, sin cambios bruscos perceptibles. Si mentía, no lo hacía conscientemente. O eso creia, siempre era difícil de decidir con aquellos embusteros naturales.
    –Está bien. me parecen buenas condiciones –dijo por fin, desde el fondo de su máscara–. ¿Dónde dejo el caza?

    Ilvael lo había despachado a aterrizar en el hangar del Emancipador donde podría encontrarse con parte de la tripulación


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    Por otra parte, recordad que el Emancipador aún busca tripulación, así que si queréis animaros sólo tenéis que Clickar aquí y postear vuestra idea.

    Buenas a todos de nuevo. Estoy resurgiendo, cual Ave Fénix o cual error informático. De nuevo estoy en la brecha, de nuevo en modo multitarea y pretendiendo sacar las entradas correspondientes. No prometo nada, pero algo he de hacer. Espero que os guste la nueva entrega, en la que presentamos a Za Nom, el kel-dor ideado por ElVal cómo hombre-para-todo/escolta de oh-mierda-estamos-perdidos. Lo que me recuerda que he de avisarle.
  • Sobre la mala suerte./

    Escrito por Vilem_Landerer el 04/01/2013
    2012 ha sido un mal año. No del todo, han habido cosas que compensan con creces toda la mierda del resto del año (aunque mi cuerpo no está de acuerdo, pero bueno), como el nacimiento de Carlos, mi primer sobrino y que nos alegra los días (Carlos es la estrella, pero he conocido a gente genial y me encanta, pero en serio, imaginad el año para pensar que ha sido malo).
    Pero en general, no ha sido muy buen año, a pesar de esas cosas. El trabajo va a peor, no he podido escribir todo lo que quisiera y encima sigo enfermando con facilidad, cosa que así, nunca me había ocurrido (mis migrañas son crónicas, pero nunca había pillado tanto catarro, traqueitis y mierdas de esas). Como buen rolero, soy supersticioso, pero siempre he querido a pensar que era cosa del azar, unas veces se gana y otras se pierde. Pero claro, entre mis tiradas anormalmente malas, la racha que llevo desde 2010 y lo que ocurre hace poco... Empiezo a pensar que hay algo más. Que la mala suerte me ha pillado por los huevos y no parece que me los vaya a soltar.
    Entre los sucesivos accidentes que he ido teniendo (alguno de esos serios que al final nada pasa), hoy he tenido dos especialmente jashondos:
    La puerta de mi armario se ha caído. Encima de la mesa de mi ordenador, donde está mi flamante y muy querida pantalla de 24 pulgadas FullHd que te rilas por la pata de abajo. Si me quedo sin pantalla me suicido, en parte porque no tengo otra y en parte porque fue un regalo que me encanta. Por suerte, la puerta ha frenado contra mi cabeza, arreandome un sartenazo interesante, aunque no demasiado doloroso (lo que me ha dolido ha sido el orgullo, porque llevo más de un mes pensando en arreglarla y procastinando brutalmente).
    La segunda, ha sido más graciosa que peligrosa, en parte porque no ha pasado nada. He conectado un destornillador eléctrico a su cargador para atornillar de nuevo la puerta y al poco de empezar he comenzado a oler a quemado y al mirar, resulta que el enganche soltaba humo. Y al retirarlo el borne estaba chamuscado. No h a pasado nada porque lo estaba usando, pero había pensado dejarlo cargar un poco y aprovechar para hacer otras cosas. Menos mal.

    Con esto lo que quiero decir es que es lógico pensar que sólo es una racha, ya que no hay pruebas que indiquen que vayas a ir mejor o peor por hacer o dejar de hacer ciertas cosas. No estoy yendo a peor por no haberme tomado las uvas (hace como dos años que no las fallo y fíjate), o por haber brindado sin líquido en el vaso ni estoy yendo a mejor por levantarme con un determinado pie por la mañana, echar sal por encima de mi hombro o tocar madera.
    No sé si pensar que es normal, que una mala racha la tiene cualquiera, o que me ha mirado un tuerto (igual es que al mirarme en el espejo... no sé). En todo caso, empiezo el año de "la mala suerte" con mal pie, aunque con mejor humor de lo esperado. En todo caso, este año, si no por la crisis sí por huevos ha de venir mejor. Pretendo ir a por todas para dedicarme a lo segundo que más me gustaría hacer, en vista de las opciones de trabajo que hay y estoy muy animado.


    Como primer post del año es un poco pobre. Esperemos que el nivel aumente.
  • Vídeo repetición de la Operación Husky./

    Escrito por Vilem_Landerer el 30/12/2012
    Ayer metía la pata completamente al olvidar el enlace, así que hoy os dejo el enlace youtubero y otro más. Visionad el que mejor os venga, porque hay opiniones enfrentadas de cual se ve mejor.

    Husky youtube.

    Husky twitch.

    Es un vídeo de hora de duración, con tres partidas (la primera intentona falla, ya que uno en el bando alemán se equivoca con el equipamiento que ha de llevar el carro y pone un cañón más gordo de lo debido).
    El que relata es el que se tira al mar antes que nadie para poder cambiar entre tanques y narrar. Mi momento estrella, por si os interesa empieza en el minuto 30 y acaba dos o tres minutos después, cuando me destruyen tras un intenso cañoneo.
  • Operación Husky en emisión directa./

    Escrito por Vilem_Landerer el 29/12/2012
    Partida programada por la comunidad Hispana del World of Tanks. Participo con un M4 Sherman y salimos en directo ya mismo, aunque de momento nos estamos uniendo a la batalla.
    Edito:
    Soy un idiota. Con las prisas no he puesto el enlace de streaming, así que si habéis visto el post, de nada habrá servido. En todo caso, ya ha acabado. Ya pondré el enlace youtubero.
  • ¿Pensábais de verdad que no os iba a desear Feliz Navidad?/

    Escrito por Vilem_Landerer el 25/12/2012
    Pues estabais acertados. Dado que la Navidad es una festividad en la que muchos de vosotros no creéis, me ahorro el felicitarla. Pensé en hacer lo propio con el Solsticio de Invierno, pero se me ha pasado, así que tampoco tendría mucho sentido. Podría desearos buen final de Año, pero no es hasta dentro de unos días.
    Tal vez, felicitarme por los inminentes tres años de la Senda del Aventurero tendría más sentido, pero queda casi un mes para eso (¡TRES AÑOS YA? JODER, NECESITO UN PUTO TRABAJO).
    Y ahora mismo no se me ocurren muchas más festividades. El día 28 es el de los Santos Inocentes, pero me parece celebrar algo el día que se recuerda una posible masacre de niños. Además me encantan esos cabroncetes bajitos y por ahí no paso.

    Podría celebrar que hace muchísimas décadas que no hay una guerra a escala europea, pero ahora mismo estamos enzarzados en otra. Menos sangrienta, tal vez, pero que está siendo igualmente cruenta para la juventud y las familias. No sabría decir si la esta "paz" es algo bueno, pues tengo la opinión de que en las guerras llega a ser un simple "a por esos hijos de puta" sean suyos o de los nuestros. "Se cobra más víctimas" , podréis decir. Sí, mortales sí. Aunque dadle tiempo a la crisis y dentro de un tiempo echaremos cuentas, a ver qué de mierda sale.

    Es posible que creáis que estoy hasta las narices de algo, y la verdad, en parte es cierto. Pero hoy no, hoy no me afecta. Calculo que tengo por delante unas cinco o seis horas de buena escritura, destinadas a meterme caña con El desafío Twitter y a intentar llegar a un concurso, pero la cosa va peliaguda. Escribir por la noche ayuda a escribir centrado, pero te acaba dando por pensar. Y la temática del desafío da para ello.

    Que estoy algo quemado es algo que supongo que antes o después se me iba a acabar notando. Hago lo que puedo, pero hay días que se me escapa de las manos y con los videojuegos ya no me da. Sí, hablo de la crisis, de los políticos y de su puta madre. También, hablo de la gente, que hasta que no le estalló en la cara no ha movido ni un dedo y ahora parece que haya estado lanzando molotovs toda su vida. No quiero decir que no os manifestéis, pero cojones, sed consecuentes.

    Acabo de hacer años cómo quien dice y me siento más viejo de lo que debería. Siempre me he sentido algo anciano, pero ya me sobrepasa. He pasado de ser peculiar a ser un puto cascarrabias, a socializar lo menos posible y a recelar de muchas cosas. Hace años, cuando aún trabajaba y todo eso, yo era un chaval hasta alegre y vital. Iba a trabajar en bicicleta, era resistente, fuerte y muy trabajador. Si tenía mis dos cocacolas de la mañana además estaba bastante despierto. Ahora, soy huraño, flojo y llorón (para muestra, lo que leéis) y escribo en un blog en internet, mientras cojo experiencia para intentar abrirme un hueco en el jodido mundo editorial. Estoy aprendiendo todo el inglés que puedo por mi cuenta, tratando de sacarme el carnet que debería haberme sacado a los 18 y lamentándome de no haber ingresado en el ejército a la misma edad, para encontrarme en un trabajo que realmente me encantaba. No voy a culpar a nadie, excepto a mí mismo, por vanagloriarme de tener más voluntad que el cerril medio, pero no ser capaz de plantar los huevos en la mesa en su momento. Por no estudiar inglés, sacarme el carnet y meterme a caballería, o infantería. Por no darle a la tecla mucho antes. Por no meterme en una carrera y optar a oficial. Por no montarme mi empresa, echarme a la mar, aprender a volar o escribir poesía.

    Y ahora me estoy planteando la posibilidad de irme de una ciudad que pese a lo que digo de ella, me gusta. De pirarme de un país con tanto por ofrecer, pero tanto hijoputa por metro cuadrado. De irme de un continente con tantísima historia (en Europa no me quedo. No voy a ceder a sus planes. Les pueden dar por culo y mucho). Me deprime mucho la posibilidad de irme de un entorno que conozco tantísimo y que tantísimo me gusta y del que tengo tantísimo por descubrir. De alejarme de la gente a la que quiero, de no poder verlos todos los días, o todas las semanas, porque he decidido poner tierra de por medio con este sistema de mierda. Porque vivimos en una dictadura aunque no queráis verlo. Aunque tengáis la ilusión de votar cada cierto tiempo, esto es una tomadura de pelo grandísima que ahora véis, cuando lleva años flotando en el mar de estiércol, a la vista de todos.

    Este va a ser mi último post del año. Un año que realmente en el aspecto blog no ha ido del todo mal. Tengo muchos más seguidores, he completado el número mínimo de entradas al año (uno por semana), aunque han sido sobre todo relatos cortos. Me han ofrecido adaptar uno de mis relatos cortos, estoy colaborando para mi primer cómic serio ("Sueño Africano", que va a su ritmo), estoy colaborando para un Desafío Twitter (que estoy escribiendo a toda leche ahora mismo), y uno de mis amigos me va a ayudar a adaptar "Libertad" al cómic (sí, tal cual lo leéis). Lo malo, es que no he seguido prácticamente ninguna de mis series habituales, la Senda del Interrogador ha estado paradísima y aunque intento reactivarla, con todo el lío que tengo los últimos meses cada vez cuesta más (y la apatía no ayuda). Por otra parte, he aparecido en otra quedada subcultista acá por la ciudad del Túria y entre otros (no espera, a bymanu y a byAtx ya os conocía de una anterior) conocí al estupendo Ensis, amo y señor del Boli bic. Estoy tan sociable (mentira) que hasta tengo Twitter, que lo gasto para... para... absolutamente nada, excepto retuitear alguna cosa, o comentarla.

    Pues nada, un poco deprimente para ser el último post del año. No me veo trabajando dentro de un año, la verdad, por muchos papelones que entregue. Sí que me veo escribiendo, sin embargo. Tal vez pobre, tal vez desesperanzado. Pero siempre siempre, escribiendo.

    Que paséis buen fin de año, os deseo lo mejor.
  • ¡AAAAH! ¡HE VISTO SEXO!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 19/12/2012
    Muy buenas a todos. Estoy razonablemente despierto (suelo tardar unas 12 horas en despejarme del todo) así que todo lo que vais a leer no son desvaríos.

    He visto que se monta polémica por el asunto +18 en las snaps y cómo soy un puto cabrón, me subo al carro. Pero no voy a hablar de pornografía, sino de violencia. De la buena, vieja y sana violencia.
    Hace un tiempo, comenté una duda que me carcomía. Tengo dos series de relatos, "Él" e "Ira", en las que suelo representar la violencia cómo parte del mundo de los personajes. Evidentemente, en el resto también hay, pero estas dos especialmente, me hicieron plantearme el plantar un aviso (cosa que comencé a hacer), porque era algo que no parecía tan terrible. Entiendo que no mucha gente me lea, pero publiqué todo lo de "Él" sin aviso, a pelo y fue con "Ira" cuando me lo planteé.
    Adivinad qué; nadie se escandalizó. En un relato en el que se da a entender que violan a una mujer hasta la muerte, convierten a su hijo en pulpa, a otra la acuchillan sin piedad y a su marido lo envenenan para que sufra una muerte atroz junto a ella, a una familia entera la incineran, para después pegarle un tiro en el cráneo al cabeza de familia y por último, el protagonista en su sed de venganza, trocea vivos y cocina igualmente vivos a dos homosexuales. El fina, va a ser una orgía de sangre, disparos y lamentos que no es ni normal, pero vamos, que hasta yo me sentía algo mal ejerciendo tanto mal contra mis personajes, especialmente el caso de la familia entera.
    Pero oiga, ni el tato vino a quejarse. No es que me leyeran muchos tampoco, pero ahora que me leen más supongo que alguien se fijaría y los leería. Y todavía no me han moderado ni se han abierto indignados post.

    Igual, es que no va contra las reglas y aquí somos muy de reglas. O igual es que a nadie le importa. Ahora, que igual es que casi nadie lo leyó.


    Que por cierto, ya que estamos, la próxima entrega sobre "las armas son peligrosas" vendrá nuevamente con los efectos sobre el cuerpo humano de distintas armas (lo siento Darius los tanques tendrán que esperar, pero ¡eh! cada vez tengo mejor información). Pero esta vez, con fotos. Lo que será difícil, porque es complicado encontrar las adecuadas, pero buscaré. Eso sí, con un aviso al principio del post avisando a los menores que no clicken en ningún enlace o vayan para abajo, no sea que se traumaticen.
  • Día del Unicornio./

    Escrito por Vilem_Landerer el 13/12/2012
    Sí, era ayer. Y ayer apareció en El desafío Twitter con un fondo chulo y todo. Planeaba copipegarlo aquí, pero mejor os dejo los tres links al Desafío y lo leéis allí, que merece la pena.
    Ira: Unicornio 1
    Ira: Unicornio 2
    Ira: Unicornio 3

    Y eso es mi primera aportación para El desafío Twitter, genialérrima idea de byAtx, Dafne y O_o.
  • Me lo estoy pasanto TAN bien.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 12/12/2012
    Hacía tiempo que la mierda no llegaba hasta el ventilador y comenzaba a preguntarme donde habrían quedado esas shitstorms que se formaban antes. De vez en cuando aparecía una pequeña borrasquita, pero nada serio.
    Yo creo que los mayas tenían razón y que lo de hoy lo habían predicho. El fin de Subcultura y el comienzo de una nueva era, pues es evidente que esto la página no lo aguanta, se viene abajo.




    Venga peña, no me hagáis reír, que luego me paso tres días con agujetas.
  • La Senda del Interrogador: Neyebur./

    Escrito por Vilem_Landerer el 05/12/2012
    Vuelve la Senda del Interrogador. Espacio patrocinado por La Senda del Aventurero y tiendas "¡Al Loro!"


    Vilem: ¿Cuándo llegaste aproximadamente a Subcultura?

    Neyebur: Si no recuerdo mal llegué en el 2009, cuando Pziko empezó a publicar allí Incultura General. Lo seguía desde antes, y entonces empezó a publicar en Subcultura también. Primero comentaba sin hacerme una cuenta, Pero en el 2010, como entraba tantas veces decidí hacerme una cuenta propia, para así seguir mis cómics favoritos.

    V: ¿Antes de Subcultura publicabas algún webcómic?


    N: No, como mucho había hecho algún fotomontaje a modo de fanart a los webcómics que leía. El dibujo no era lo mío.


    V: ¿Cuándo te decidiste por escribir el guión de "En Crisis"?


    N: Podría decirse que desde que descubrí los webcómics. Desde que empecé a leerlos me dije "yo quiero hacer algo así". Siempre suelo ir a todos lados con una libretita para apuntar las ideas que se me ocurren. Antes solo la usaba para algunas historias, pero luego empecé a escribir chistes sueltos. Precisamente en uno de esos chistes sueltos aparecían 4 personajes que acabarían siendo los protagonistas de En Crisis. Me gustaron los personajes y quise darles una historia.


    V: ¿Cómo acabaste colaborando con mariods?


    N: Los fotomontajes que te comenté antes los subía a DeviantArt. Entré en esa página además de para compartirlos pensando que era el lugar perfecto para encontrar un dibujante para mi guión. Hice muy buenos amigos en esa pág pero nadie tenía ganas o tiempo para hacer un webcómics conmigo. Hasta un día, cuando ya no buscaba dibujante, se podía decir que me lo había tomado por imposible, buscando por la pág dibujos de Mortadelo di con la pag de MarioDS. Lo seguí, y al poco empezó a publicar Toby por ahí, pero dijo que no pensaba subir más por ahí. Un día le hable de Subcultura, y le encantó la pág, por lo que empezó a publicar por ahí. Una tarde, hablando por el messenger me preguntó por qué no hacía yo un webcómic. Y le conté que el dibujo no era lo mío pero tenía muchos guiones apuntados, le conté algunos, y le presenté a los personajes. Al día siguiente me regaló un dibujo con todo el casting de En Crisis y me preguntó: "¿Quieres hacer un webcómic?" Se puede decir que en vez de encontrar dibujante él me encontró a mí.


    V: Vaya que sí. Desde luego, tuviste que alegrarte.


    N: Mucho :D.


    V ¿De dónde sale la idea de hacer el cómic en un colegio?


    N: La primera tira que escribí con los protagonistas, el boceto que te comenté antes, presentaba a cuatro chicos. Solo era una escena simple, pero me gustaron los personajes. Y quise darles una historia, un contexto. Pensé que podía unirles y se me ocurrió la idea del internado, que además me permitiría presentarlos en la primera temporada con un nuevo alumno, Saúl.


    V: ¿Cómo el trabajar con un dibujante que (en mi opinión) tiene un estilo perfecto para tu guión?


    N: Me viene muy bien. Reconozco que mis guiones tienen mucha influencia de los cómics de Mortadelo y los dibujos de los Looney Tunnes. Y el estilo de mariods bebe de ese estilo. Fue una unión perfecta. Además, Mario me ayuda mucho con el guión cuando me quedo atascado.


    V:¿Suele ocurrir mucho?


    N: No, pero siempre que le paso el guión a Mario le doy la oportunidad de que me mande cualquier apunte que cree que podría mejorar la tira. Nos podemos pasar horas hablando de futuras tiras, como de cualquier tema, me encanta hablar con él. Es un gran amigo.



    V: Jejejejeje. Cambiando ligeramente de tercio, ¿te has planteado o comenzado la impresión en papel?


    N: Creo que casi todos los webcomiqueros se lo han planteado alguna vez. Por ahoramariods y yo hemos participado en dos fanzines que han publicado en papel. Mentiría si dijera que no me gustaría, pero también reconozco que lo que me gusta de los webcómics es que no es un trabajo, es un hobbie. Lo hago porque me gusta, no para ganarme la vida, creo que si lo hiciera solo pensando en publicar y no para pasarmelo bien no lo disfrutaría tanto. Pero no descarto la posibilidad. ;).


    V: ¡Jajajajaja! La verdad es que iba a preguntarte si buscas el profesionalizarte. Supongo que eso, en parte lo responde.


    N: Me encanta escribir, a parte de cómics he escrito novelas también, sin publicar. Pero como sé que es difícil vivir de esto, estoy estudiando para ser maestro el día de mañana. Seguro que me inspira trabajar en un colegio para narrar las aventuras del internado. xD.


    V: ¡Jajajajaja! ¿Maestro que lleva una manzana y la deja encima de una mesa, o lo que está encima de la mesa es más bien metálico, con un gatillo y balas del .45?


    N: Una mezcla creo yo. Al igual que en Sisirc tenemos todo tipo de alumnos, creo que cuando yo sea maestro tendré que tratar con alumnos como Saúl y otros como Irene, se trata de saber como tratar a cada uno.

    V: No me quiero ni imaginar a un alumno con capacidad de... bueno, poner en órbita medio instituto. O todo.


    N: Por ahora trabajaré con alumnos más pequeños, de primaria. A esa edad fue en la que descubrí los cómics, iba a todos lados con un Mortadelo


    V: Jejejeje, qué recuerdos me has dado con lo del Mortadelo


    N: Los chicos de En Crisis estan en una edad intermedia. Ni son unos niños ni son unos adolescentes alocados tipo series de televisión como Física o Química, Compañeros... no hemos dicho la edad, dejando que cada uno se imagine la que quiera. :).


    V: ¿Tienes pensado que crezcan a medida que avanza la trama?


    N: Por ahora si cambian será paulatinamente. Por ejemplo, tenemos pensada una tira en la que Saul despierta ya con barba, y no precisamente pelusilla. xD.


    V: ¿Algún experimento de Irene?


    N: Eso sería spoiler. xD.


    V: ¿Tienes algún personaje del que estés especialmente orgulloso?


    N: Depende del momento, creo que todos tienen un poco de mí, y me gusta dedicarles a cada uno su momento. Por ejemplo, las primeras temporadas se las dediqué a Saúl e Irene. Y la que ocurre ahora se centra más en Soto y Andrea. En Crisis es un cómic coral.


    V: ¿Cuál es tu cómic preferido en Subcultura?


    N: Pregunta difícil. Me gustan mucho. Creo que diría Toby el Chico Ardilla, soy su primer fan. xD. Aunque no me olvido de otros como SuperFreakHeroes, Frustaciones y Jolgorios... Pero mi voto va para Toby.


    V: Jejejejeje. ¿Y el que menos?


    N: Eso tampoco es fácil. Hay un cómic en Sub que les gusta a muchos, pero yo rara vez le veo la gracia: ASDFG. Es solo que no me gusta tanto como a todos los demás.


    V: Vaya. ¿Cuál fue el comentario que más te gustó?


    N: Hay muchos comentarios que pueden presumir de subirme la moral en mis días más apagados. Recuerdo uno de Rosthein que decía que le gustaría ver una serie de animación de En Crisis. También me encantan los comentarios de los nuevos lectores que acaban de descubrir el webcómic y dejan un comentario como "Acabo de descubrilo y me gusta".


    V: Jejeje. ¿Y todo lo contrario?


    N: Tuvimos un troll en unas tiras que se hacía llamar Spoilerman, que siempre que comentaba era para sembrar polémica. Dos veces comentó pidiendo que se muriera un personaje. Y cuando planeamos hacer una inocentada el 28 de Diciembres estuvo a punto de cargarse la inocentada, fue la única vez que borré un comentario. Pero cuando se lo comenté a Mario no se lo dije enfadado. Bromeé y le dije "ahora sí que somos un webcómic de verdad, tenemos un troll".


    V: ¡Jajajajajajajaja! Muy buena forma de tomarse el asunto. ¿Alguna cosa en Subcultura (en general) que no te guste nada, pero nada nada?


    N: Me es difícil pensar en algo siendo sincero. Quizás que como se puede entrar muy fácil pueden entrar trolls, pero esto no lo veo un fallo de Subcultura. Es una de las virtudes y defectos que tiene Internet, puedes encontrarte gente genial como a trolls. No se puede hacer nada sobre este tema salvo bannearlos cuando aparezcan los trolls, no alimentarlos.


    V: ¿Consejo para los novatos?


    N: El que no arriesga no gana. Yo tardé mucho en animarme a unirme, y conozco a algunos que todavía se lo están pensando, y yo sé que valen. Hay que atreverse, nadie nace sabiendo. Nadie es perfecto, ni si quiera los que ya llevan esto años. Yo por ejemplo considero que he mejorado en este año que llevo aquí, y lo que me queda por aprender. Hay que atreverse. Aunque sea solo para hacer tan buenos amigos como yo he hecho. La mayoría lejos de donde vivo, las Islas Canarias. Yo creo que haberme atrevido a empezar esto merece la pena solo por haber hecho un amigo tan genial como Mario. Que a pesar de habernos visto pocas veces en persona, lo considero un gran amigo.


    V: Bueno, terminamos ya, pues me voy al filo de la noche, lluviosa noche.


    N: Coja el paraguas.


    V: Bueno, ¡que tengáis mucho ánimo con el cómic y seguid así!


    N: Muchas gracias. Y que a ti te vaya bien con las entrevistas. ;).


    Nota del vago del interrogador: Como sabréis, esta entrevista ya tiene un tiempo, merced de "cosas" que pasan. En este tiempo, En Crisis cerró y Neyebur ha comenzado en solitario con un webcómic de cajón de sastre llamado Déjame que te cuente. Además, me ha comunicado que en Enero comenzará nueva andadura de guionista en un cómic titulado "El hombre sin forma".

    Nota del vago del responsable de todo esto, que es el mismo caradura de arriba: Aquí tenéis la primera actualización semanal. Me estoy dando cuenta de que no puedo asegurar un par de días, pero sí he de asegurar al menos dos actualizaciones semanales.
    Lo de asegurar dos actualizaciones no es sólo por vosotros, sino más bien por mí. Intento acostumbrarme a escribir "profesionalmente" y he de acostumbrarme con el tiempo que me queda.
    Un saludo a todos. ¡Estad atentos para próximas actualizaciones!
  • Adaptación al cómic./

    Escrito por Vilem_Landerer el 30/11/2012
    Así sin hacer promesas ni nada, pero... ¿os gustaría ver una adaptación al cómic de "Libertad: El Emancipador"? Es algo que he pensado hace un rato, a raíz del comentario de un colega y la idea no me ha sonado del todo mal. De momento no hay nada, es símplemente una idea. Veremos cómo la llevo más adelante.
  • Libertad 8. Dulce emancipación./

    Escrito por Vilem_Landerer el 29/11/2012
    Las explicaciones están al final del post, después de la lectura.
    [font="Times New Roman"]


    –Hola Erecnar, me alegro de verte aquí –dijo Ilvael, sin apartar la vista del monitor–. Estamos con algunas pruebas preliminares, para asegurarnos que todo va tan bien cómo debería.
    El hangar estaba bastante vacío, a excepción de las distintas piezas colgadas, destinadas al Emancipador y de los cazas que se amontonaban en un pequeño montón. Los droides pululaban arreglando piezas, ajustando secciones del propio hangar o símplemente trayendo materiales. Las enormes puertas blindadas que daban a la quebrada estaban abiertas.
    –Muy bien, muy bien –respondió admirado Erecnar–. El sitio es impresionante.
    –Vaya, gracias. Perdona –se llevó el comunicador a la cara–. Muy bien Kat, recula, ya puedes meterlo. Está todo genial.
    –He traído mis cosas –comentó, acercándose a la sala de seguridad–. He visto casilleros ahí.
    –Sí, sí, luego os abro el Emancipador para que dejéis vuestros trastos en los camarotes.
    No estaba haciendo mucho caso. La popa de la pelta asomaba ya con cuidado, llenando la entrada y oscureciendo el hangar, mientras flotaba con un sonido ululante que comenzaba a llenar el lugar.
    –¡No, no lo vamos a colgar de nuevo! –gritaba para hacerse oír por encima del estrépito–. ¡Sigue, sigue! ¡Vale! ¡Conecta el aterrizaje, que ya está!
    Con un grave siseo se abrieron las patas de aterrizaje, que gruñeron cuándo los repulsores cesaron su trabajo y descargaron el peso. Una larga rampa extensible de acceso se desplegó perezosa desde la popa, entre las dos patas traseras.
    –Kat, haz el favor y abre también la bahía del hangar y los ascensores de carga –se giró hacia el resto del hangar y dijo con una potente voz–. ¡Muy bien! ¡Todos arriba! ¡Tenéis las localizaciones señaladas, así que vuestros camarotes no tienen pérdida! ¡Cada cuál que vaya al que le corresponda y recordad que el que primero llega, elige litera!



    El interior de la nave era curioso. La bodega era enormemente amplia, separada del hangar y taller por un delgado mamparo blindado, que en caso de necesidad se podía recoger, pero que mientras se mantenía desplegado convertía el lugar en un recinto estanco, pero el resto de pasillos se habían recolocado para dejar espacio a los nuevos sistemas. Apenas habían ya camarotes y la mayoría de estos eran cómo mínimo, cuádruples, excepto el del capitán y la piloto, que era doble, con un pequeño mamparo que los separaba y se encontraba al nivel del puente, en la torre de mando. El resto estaban en la base, aunque la enfermería disponía de un cuarto de descanso para el oficial, que lo convertía en el área de descanso con más privacidad de la nave. Los pasillos estaban perfectamente señalizados con direcciones e instrucciones para la evacuación, pues a Ilvael le gustaba mantener a su tripulación viva. Y aunque había pensado en la posibilidad de contratar razas muy dispares y haber estandarizado todo lo posible el Emancipador, Erecnar entraba muy justo en el pasillo, cosa que no le acababa de gustar. Pero estimulado por la advertencia del capitán acerca de los catres, se movía con rapidez, zigzagueando por el intrincado sistema de pasillos. Finalmente, localizó un camarote en el que venía indicado su nombre. Dentro, habían dos literas que en su parte superior habían unido mediante barrotes soldados. Encima, un colchón hecho a partir de los dos originales serviría de cama para el enorme chandersi. No parecía cómodo.


    [/font]

    Sigue mis historias más fácilmente desde Blogger (aunque eh, me gusta más Subcultura, sin peloteo).

    ¡Muy buenas! Mucho tiempo ha desde la última actualización de "Libertad". Han ocurrido cosas, cómo que ahora soy oficialmente "Il Padrino" y que sigo esperando (ejem) el especial por la entrada 200. Así que oficialmente esta es la 200. El especial ya llegará cuando. Es jodidamente escasa, pero es lo que hay de momento. Haré caso al pueblo y los martes (¡nadie dijo qué martes, muajajaja!) el segundo espacio fijo irá destinado a "La Senda del Interrogador" después de tanto tiempo (hace poco la idea cumplió un año, pero no tengo tanta cara para celebrar algo que lleva más de 6 meses parado). Así que nada más de momento. ¡Un saludo a todos muchachada!


    Por otra parte, recordad que el Emancipador aún busca tripulación, así que si queréis animaros sólo tenéis que Clickar aquí y postear vuestra idea.
  • Y supongo que ya lo habréis notado./

    Escrito por Vilem_Landerer el 23/11/2012
    Que al final no he colgado nada. Estaba tan cegato que no era capaz de mantener la vista perdida, mirando al vacío, cómo acostumbro cuando la tengo cansada. Así que he ido con los ojos cerraditos para no marearme (tengo las pupilas en plan viaje de LSD). Hace rato que puedo leer, aunque se me cansa un montón y no puedo mirar a la pantalla sin unas gafas de sol. En fin. Parezco un pianista ciego.

    Por otra parte, ya que estamos aquí, hago una preguntita que me va a venir bien. "Libertad. Dulce emancipación" tiene preferencia ahora mismo, pero me gustaría hacer otra actualización "obligatoria" a la semana. No es tanto por vosotro cómo por mí, pues necesito urgentemente de un plan de trabajo y unos objetivos algo palpables. Así que os pregunto qué es lo que preferís que actualice:
    Relatos Cortos.
    Alguna de las series regulares (especificad cual, por favor (recordatorio: Icusagora Riel, Folgore, Él, La última batalla, Ira, Bill Red).
    La Senda del Interrogador (que desde el terremoto que destrozó mi pecé, no ha levantado cabeza, aunque dispongo de algunas entrevistas ya realizadas, pero que están a la espera de ser editadas y publicadas).
    Me vendría bien saber qué preferís, pues no me decanto por ninguna en especial. Me siento algo culpable por las entrevistas que tengo ya hechas, pero este año está siendo malo respecto al tiempo que puedo dedicarle al ordenador.
    Gracias por vuestro tiempo y vuestra atención, sois geniales.
  • Para mañana.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 21/11/2012
    ...un pequeño evento. Nada serio y que no tiene que ver con esa 200 que parece alejarse en el tiempo y el espacio.
    Mañana me toca ir al oftalmólogo y he de ponerme gotas que me dejarán las pupilas cómo platos, así que me he dicho que hay que aprovechar el momento.
    Estoy entre dos opciones. Escribir alguna cosa, sobre lo que sea y colgarlo tal cuál me salga (que con la vista de mierda que tendré tendrá su gracia), o escribirlo en directo vía googledrive, sobre lo que me digáis y yo descifre o se me ocurra.
    Recuerdo que la última vez que me puse gotas dilatadoras era incapaz hasta de ver la tele con normalidad, así que ha de tener gracia por fuerza (voy a parecer un poco borracho).

    Así que nada, os dejo la elección. Mañana por la tarde (espero que allá a las cinco, lo que tarden en el ambulatorio de sacarme los ojos y recolocarlos) haré lo que decidáis.

    Un saludo.
  • ¿Libertad de qué?/

    Escrito por Vilem_Landerer el 14/11/2012
    Son las 14:20 y ya me da asco éste día. Se pueden ir todos a tomar por el culo (quien deba, por supuesto, no entendáis que el pueden va por vosotros).
    No me voy a poner crítico, u objetivo o lo que mierdas suela hacer en éstos casos. Sólo decir que éste país me da cada vez más asco en todas sus formas y cada vez tengo más ganas de largarme de aquí. Sólo siento orgullo patrio pensando en tiempos pasados y cada vez me canso más de sentirme asqueado por este país de hipócritas y de hijos de puta.
  • Opinión de Gogenakis sobre la Importancia de la Lengua II, la Orkografía contraataca./

    Escrito por Vilem_Landerer el 13/11/2012
    Viene bastante tarde, pero no le falta razón y quería compartirlo con vosotros. Así que hago una entrada con su comentario, me sumo otro tanto y post y su opinión la leéis, porque el post original ya no creo que lo volváis a leer.
    Gogenakis escribió
    estaba leyendo el post y los comentarios, y pense k era un buen momento para relajarme y escribir de la forma en la k suelo escribir siempre por pura y llana vagancia. Pero dado k la situacion no es la propicia, mejor me comporto y me ciño a las normas de ortografía

    Viendo que existen dos facciones en los comentarios creo que voy a adoptar una posición de centro-derecha (¿?). Entiendo el trasfondo de lo que lorezaharra explica, pero es una verdad a medias, lo que necesariamente no tiene por qué convertirse en una mentira.

    Entiendo que pueden existir personas muy cultas más sosas que una infusión de piedras, que se dedique a guionizar comics o películas sin el menor tipo de gusto ni talento (el cine español es el hogar de todos ellos), pero que sin embargo tengan un manejo de la lengua dignas de un premio Cervantes. El problema es que el talento y la imaginación no es una franquicia de los analfaburros ni de los salmones a contracorriente, también hay gente que aún le tiene respeto al castellano y que tiene en su cabeza muchas historias que contar y arte para plasmarlas. Claro está, depende de quién sea tu público, puedes escribir como te salga del sobaco. Con tus amigos eskribiras de la forma mas kolokial k kieras, el problema viene cuando lo haces de cara a un público más generalizado. Para cada situación existen unas formas.

    Por ejemplo, todos tenemos total libertad para ir vestidos como queramos, buena prueba de eso son los góticos, sin embargo dudo que a tus fúturos suegros les haga gracia que te presentes en su casa ataviado con el tanga de Borat. Puedes proclamar a los cuatro vientos tu libertad de expresión y tu derecho a vestirte con lo que quieras, pero lo siento Romeo, te quedaste sin tu Julieta por no entender el contexto. Por tanto, dos escritores con talento, uno que no le prende fuego a todos los sillones de la RAE y otro que sí, el que no tiene problemas de piromanía es el que se lleva el gato al agua.

    Aparte de eso, hay un trozo que me ha hecho gracia, y es lo de la universidad de la vida. Eso en mi pueblo se llama demagogia, además de la manoseada. La gente tiene un concepto extraño de lo que significa aprender de la calle, es como si eso te convirtiera por definición en alguien descarado, antisistema y demagógico. Cuando en realidad debería hacerte más abierto de mente, respetuoso y sobre todo consecuente. No, ir al teatro o al cine no te da derecho a desvirtuar el precioso tesoro que es el castellano, porque si respetarlo es de fascistas, entonces el teatro y el cine esta lleno de ellos, y desde luego yo no quiero asistir a una universidad en la no me enseñen las herramientas para defenderme en el mundo, esté en la kalle, en la calle, o en Narnia.
  • Libertad 7. Dulce emancipación./

    Escrito por Vilem_Landerer el 09/11/2012
    Las explicaciones están al final del post, después de la lectura.
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    El día despuntó radiante sobre Coronet. Ilvael andaba de muy buen humor, gracias a las visitas que realizó el día anterior y en parte porque el androide que se encargaba de supervisar los avances le acababa de notificar que habían conseguido sacarle el ridículo nucleosoplante original y que en menos de una semana podrían montar los nuevos. Aquello le hizo reír, pues la nueva planta propulsora era exagerada e innecesariamente potente; le encantaba. Sin embargo hoy quería aprovechar y probar el nuevo sistema repulsor, instalado la semana pasada que a falta de un piloto profesional no había podido probar. Y no iba a dejarle a Nomaie la responsabilidad de pilotarlo mientras él revisaba desde fuera los datos del sistema de diagnóstico. Principalmente, le interesaba que el crucero fuera capaz de soportar la enorme presión a la que el repulsor lo sometería.

    Jeriaebrek se había unido a ellos porque no tenía nada mejor que hacer. Y porque tenía una curiosidad morbosa por ver si tendrían que salir corriendo de la zona de pruebas de Ilvael. Otra vez. La última le había dicho varias veces “te lo dije” y no se perdería el pequeño placer que suponía recordarle a su amigo, entre explosiones de combustible y carreras, que la había cagado. De nuevo.
    –Joder Jeria, no tienes medida –le reprochó Ilvael, picado–. Nada explotará. Espero.
    Y la esperanza del artesano se fundamentaba realmente en dos cosas; que ahora le había puesto muchísima más atención que otros proyectos y que las piezas eran de primera, compradas, robadas o conseguidas con bajos recursos. Pero no fallarían.
    El autorepulsor los llevó hasta las ruinas del pueblo abandonado, dónde Ilvael trabajaba ya en el caza de Nomaie, que había sacado de un basurero. Cómo la mayoría de astronaves que había fabricado, se movía mejor con un diseño ya hecho. Él llegaba, lo ponía a punto, lo desmontaba, eliminaba lo que no interesaba y lo convertía en un monstruo. Esta vez, se trataba de un modelo de TransGalMeg, uno de los ágiles Kihraxz que tan buena opinión daban. Por una vez lo había adquirido legalmente, pero su equipamiento era increíblemente ilegal el gran parte de la galaxia e incluso en muchas zonas del Espacio Hutt.

    Sus nuevos empleados llegaron a la hora que había convenido con ellos. Zetha estaba revisando el entramado eléctrico para asegurarse de que no habían zonas corroídas y Erecnar se afanaba a preparar su bláster de hombro tradicional entre los de su raza. Kat y Cicak sin embargo aguardaban fuera, pues Ilvael había salido para echarle un buen vistazo al caza de éste último.
    –Está en general en buenas condiciones –dijo, mientras abría la puerta de acceso al turbocompresor de los nucleosoplantes–. Algo de óxido en las juntas, pero nada serio. Perdona un momento.
    Miró a un punto en el horizonte. Antes de que Cicak pudiera responder a lo del caza, alzó un dedo y se llevó el comunicador a la boca.
    –Nomi, te he dicho que no te alejes tanto –comentó, con un tono de enfado–. Ya sabes que puede aparecer una patrulla del CorSec.
    –Agh, ya voy papá.
    A lo lejos, el punto dio un bandazo y comenzó a agrandarse a gran velocidad. Poco a poco, descendía, hasta estar muy cerca de la superficie.
    –Creo que está bajando demasiado –dijo Kat, sorprendida por saber quién pilotaba–. Demasiado rápido también.
    –Nomaie, no juegues.
    El punto era ya perfectamente visible. El gran sol corelliano enviaba reflejos a su superficie de metal pulido. Ningún sonido les llegaba.
    –Nomaie, levanta el morro. Te vas a dar contra el borde de la quebrada.
    No pudo seguir. Estaban a varios cientos de metros del borde y ya lo había rebasado a una velocidad más que elevada. Frenó de golpe, usando los poderosos repulsores montados y calibrados por ella misma. Sintió cómo el cerebro quería salir por sus ojos y casi no controló el caza cuando el estampido la alcanzó.
    A Ka Ta-En y a Cicak no les dio tiempo a decir nada. El estruendo los dejó sordos un instante. Levantaron la vista aturdidos mientras el Kihraxz se movía con precisión tras reponerse del susto y aterrizaba justo al lado del Bel-22 del lagarto.
    –Nomaie, no bajes, que has de entrar por la puerta del hangar –le hizo un gesto a Cicak–. Síguela y que te muestre por dónde entrar.
    El piloto hizo caso sin decir una palabra e inmediatamente ambos se elevaron el en aire.
    –Bueno, perdona el espectáculo Kat –se disculpó el artesano–. Es tan impulsiva cómo su... Da igual, bajemos. Necesito de tí.
    –¿Qué ocurre?
    –Que llevamos buen ritmo y me entran ganas de probar los repulsores de la pelta –le comentó Ilvael, sonriendo–. Así que vamos a que hagas la primera toma de contacto.
    –¿¡Una pelta!? –exclamó la cereana, sorprendida–. Pensé que era un transporte grande, pero no una fragata.
    –Tranquila, ya no tiene designación de fragata –dijo, para calmarla–. Ahora es un...crucero. Armado.
    –¿Qué planeas asaltar?
    –No, un crucero de batalla no. El Emancipador está armado, pero no tan armado. Oficialmente.
    –¿”Oficialmente”?
    –Sí. Vamos, tampoco te lo puedo explicar todo antes de que lo veas.
    Atravesaron la sala de seguridad que hacía ahora de entrada al enorme hangar, por cuya salida en la quebrada ahora entraban ambos cazas. La sala, tenía gruesos muros de un material compuesto, especialmente diseñado para su uso en zonas de pruebas y hangares de experimentación. Tenía espacio suficiente cómo para que treinta personas miraran los resultados en el exterior. Al ver la nave, Kat no pudo reprimir un silbido de admiración. No tenía instalado el nucleosoplante, que ahora colgaba de una grúa en el techo a bastantes metros de altura. A su lado, también colgado, estaba el Emancipador, que ya comenzaba a parecerse a una nave hecha y derecha, a pesar del trabajo que aún necesitaba. Lo habían raspado hasta dejar al aire el acabado metálico, para repintarlo. No tenía el motor original y los puntos de pivotaje de las alas estabilizadoras los habían tenido que extender hacia los lados y un poco hacia proa para permitir espacio a la nueva planta motora. El nuevo carenado suavizaba los ángulos de la nueva colocación, en previsión de posibles impactos. El puente tenía un aspecto mucho menos macizo, con las ventanas blindadas del puente extendidas hacia los lados y ensanchadas para mejorar la visibilidad, aunque ahora estaban reforzadas por anclajes reforzados.
    Cerca de la portezuela del hangar, descansaban varias naves, entre ellas, el Falange, que pertenecía a Jeriaebrek y que ahora estaba terminando de reequipar.
    –¿Bonita, verdad? –dijo Ilvael, orgulloso de su creación–. Vamos a abordarla, necesito que te hagas con los mandos antes de salir y comprobar si puedes dar una vuelta de prueba sin usar la propulsión principal.

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    Sigue mis historias más fácilmente desde Blogger (aunque eh, me gusta más Subcultura, sin peloteo).

    Ya estamos de vuelta con otra entrega. Me ha costado un poco má de lo previsto y llego ya en viernes, pero espero que no me lo tengáis muy en cuenta. Me he despistado haciendo pruebas de guión y claro, pasa lo que pasa. Espero que os guste la nueva parte y que no se os haga muy lenta la espera para la siguiente. En dos tres días, por otra parte, espero terminar con Sniper Alley de una vez. Que ya toca.


    Por otra parte, recordad que el Emancipador aún busca tripulación, así que si queréis animaros sólo tenéis que Clickar aquí y postear vuestra idea.
  • Libertad 6. Dulce emancipación./

    Escrito por Vilem_Landerer el 03/11/2012
    Las explicaciones están al final del post, después de la lectura.
    [font="Times New Roman"]



    La noche se les echaba poco a poco encima, así que resolvieron que no les pillara el anochecer en aquella zona, sobre todo sabiendo que no habían previsto quedarse tanto e iban desarmados, así que volvieron al piso de Ilvael, a cenar y a prepararse para mañana. Al entrar, encontraron a Nomaie charlando tranquilamente con dos personas. Los tres se giraron en cuánto entraron por la puerta y su hija se levantó para hacer las presentaciones. Cómo pudo observar, le había desobedecido al soltar al enorme can, que ahora dormía tranquilo en un rincón.
    –Hola papá; –dijo, tratando de evitar el tema del enorme lobo–. Son Cicak y Ka Ta-En y han venido por el anuncio de reclutamiento.
    –Perfecto, perfecto –la miró cómo diciendo “luego hablaremos” y trató de ser cordial–. Están en su casa, aunque no dudo de que Nomi ya les habrá puesto en parte al corriente.
    –Encantado ssire –siseó el lagarto, alto y espigado. Las escamas verdes le cubrían aunque apenas se disimulaban con el mono de vuelo. y se recogía el oscuro cabello con una goma–. Leí ssu oferta en el periódico y no he podido evitar ssentir curiossidad.
    –Creo que más o menos me pasa lo mismo a mí –dijo la cereana, de atlético cuerpo enfundado en un mono con bolsillos y trenza rojiza en la parte trasera del cráneo. En su rostro destacaba un tatuaje tribal que había hecho que Nomaie silbara admirada–. Aunque tengo bastantes ganas de comenzar con el trabajo. He traído cartas de recomendación.
    –Bien, bien. Me parece bien –a Ilvael le abrumaba tanta presentación en tan poco tiempo–. ¿Quién ha llegado primero?
    –Yo, ssire –respondió el lagarto–.
    –Bien, Cicak, ven conmigo al despacho, intentaré ser breve para que no se os haga tarde.

    Avanzaron ambos hasta el despacho de Ilvael, que lo llamaba así, aunque en realidad era una habitación con una pequeña biblioteca, una mesa de trabajo, varios aparatos que en algún momento deberían haber estado enganchados a una nave y que ahora tenían un aspecto bastante patético.
    –Siéntate por favor –el artesano señaló una silla frente a la mesa, haciendo lo propio en su sillón–. Muy bien Cicak, díme por qué vienes.
    –Vi ssu anuncio y decidí pressentarme –comentó pronunciando cuidadosamente para que le entendiera bien–. Aunque ssoy mercenario y ssoldado de fortuna, vengo para ofrecerme cómo piloto de caza.
    –Muy bien, muy bien. ¿Dispones de caza propio?
    –Ssí, por ssupuessto. Disspongo de un Belbullab 22 con ssuss cañoness originaless y lanzamissiless cazadoress.
    –¡Oh! Veo que te has decidido por potenciar la intercepción –dijo, agradablemente sorprendido–. No me vienen mal los interceptores. ¿Hiperimpulsor?
    –No, no tengo. Me desstruyeron el módulo unos piratass hapanoss –dijo, recordando amargamente el momento–. Essos basstardoss...
    –Bueno, no te preocupes, el Emancipador dispone de hangares y tu caza no ocupará mucho en ellos –revisó en su datapad el inventario que había hecho hacía unos días–. Tengo igualmente piezas de sobra, a ver si podemos armarte un módulo de hiperimpulsor nuevo.
    –¿Ssi podemos...? Ya da por ssentado que me esstá contratando –se sorprendió el lagarto–.
    –Sí, sí. Bueno, no sé si te interesará, pero el sueldo para los escoltas lo he establecido en sesenta mil créditos anuales, más pluses de tres mil por derribo. Son catorce pagas,mensuales y dos extras. El mantenimiento, la comida, la sanidad y la juerga corren de mi cuenta.
    Cicak no respondió. Tenía la boca y los ojos muy abiertos, por la sorpresa.
    –También he considerado que no tenéis vacaciones al uso, ya que nos vamos a estar moviendo de un lado a otro. Evidentemente, os las pagaré con algún pequeño extra, pero eso ya viene todo en el contrato...
    –¡Sesenta mil! –exclamó Cicak, reaccionando por fin–. ¡Ess mucho máss del doble de lo que me han pagado jamáss! ¡Y tenía que pagarme lass reparacioness yo missmo!
    Ilvael levantó la cabeza de su pantalla y escrutó el rostro de su futuro empleado.
    –Pues el mínimo que establece el convenio mercenario es de treinta y dos mil pagando la mitad de los gastos.
    –¿Cómo?
    –En serio, que seáis mercenarios y lo de la vida solitaria en las estrellas y todo eso no significa que no hayan convenios.
    –No ssabía...
    –A ellos no les interesaba que supieras. En fin, te imprimo una copia del contrato y te lo llevas a casa y ya decides con calma.
    –¿Cuándo ssaldríamoss?
    –Espero que antes de dos semanas. Al Emancipador tan sólo le falta terminar la mano de pintura, ajustes menores, montarle los nucleosoplantes y la comprobación antes del despegue.
    –Tendré la nave a punto.
    –¡Vaya, sí que te ha costado poco aceptar!
    –Ssí, la verdad –admitió–. Pero ssigo ssin entender el porqué.
    –¿De qué?
    –Por qué da tan buenass condicioness –dijo, sin salir todavía del asombro en el que llevaba desde hacía un minuto–. Podría haber obviado temass, haber essperado a que yo hablara y desscubriera mi ignorancia resspecto a essto.
    –Dime, Cicak. ¿Qué sientes ahora hacia tus antiguos patrones?
    –¿Eh? –se lo pensó un momento antes de continuar–. Supongo que esstoy enfadado.
    –Y los odias.
    –Ssí, también.
    –Bien, dos cosas –alzó un dedo de la mano y luego el otro–. No me gustaría que te enteraras a mitad camino de que te estafo y además sabré que echarás toda la carne en el asador. ¿Entendido?
    –Crisstalino, ssire –dijo Cicak, sonriendo sin poder evitar mostrar los dientes–. Creo que me iré ya. Ya tiene firmado el contrato, por cierto.
    Se levantó y le estrechó la mano a Ilvael.
    –Haz que entre por favor Ka Ta-En. Gracias por venir. ¡Ah, por cierto! –se esperó hasta que el lagarto se giró, interrogante–. Soy Ilvael, no hace falta que me tutees. Ven mañana a las coordenadas que te he apuntado en tu copia a las nueve y media de la mañana. Y tráete el Bel, que le echaremos un vistazo.
    Salió Cicak con una inconfundible sonrisa en el hocico. Indicó a la cereana que podía pasar y tras despedirse escuetamente, se fue a prepararse.

    –Adelante, adelante –le señaló con la mano el asiento–. Por favor... Dame un momento.
    Ka Ta-En se sentó con las cartas de recomendación en las manos, algo nerviosa. Cicak había demostrado ser muy poco hablador antes y había salido cómo si hubiera consumido especia pura. No es que hubiera articulado muchas más palabra, pero no había sonreído antes. Y después parecía un colegial.
    –Bien, dime –Ilvael cruzó las manos encima de la mesa y aguardó –.
    –Eh, bien. Estaba interesada en el puesto de piloto –dijo, entregándole las cartas–. Antiguos contratadores me las han redactado, pues quedaron contentos con mis servicios.
    –Vale, deja que las lea.
    –Sí, sí, por supuesto.
    Pasaron dos minutos. Dos minutos que habrían sido tranquilos si no fuera porque en tres de esas cartas se paraba, releía y volvía a leer, pero esta vez con una sonrisa en la boca.
    –Muy bien, muy bien. Sólo dicen cosas buenas de tí, pero dime –dijo, señalando la primera, que no había releído–; ¿el señor Caramure te despidió porque se enteró de tus anteriores trabajos, verdad?
    –¿Perdón? –se estaba temiendo lo peor, casi convencida de que lo sabía–.
    –Sí claro. Caramure y yo nos conocemos desde hace unos años y sé bien que no le gusta tener tratos con contrabandistas –señaló las otras tres cartas–. O antiguos contrabandistas.
    Ka Ta-En miraba al artesano fijamente, arrepentida de haberse presentado. Podría haber buscado trabajo por el Barrio Azul, dónde encontraría fácilmente una nave con un cargamento ilegal que transportar, pero no, tenía que seguir por el camino legal, quería salir de aquella vida...
    –En todo caso, ¿qué tal le va a Maiko? –dijo Ilvael, sonriendo–. ¿Y a Morris? Espero que a Kleite’ni le vaya todo estupendamente, ella y yo fuimos muy... amigos hace años.
    La cereana no se enteraba de nada.
    –¿Perdón?
    –Muy bien, veamos. Primat transportes es la tapadera de Maiko Prenti, que fue un antiguo contratador mío –hizo un gesto para quitarle hierro al asunto, divertido ante la coincidencia–. Logística Canderu es la de Morris, Morris Quent, uno de los mayores mayoristas de lo ilegal de la galaxia y curiosamente, trabajé contra él, pero nos llevamos bien. Y por último, Envíos Jácoron es la empresa fantasma de Kleite’ni Nomarine, con la que pasé muy buenos ratos.
    –Euh...
    –Bien, tengo claro que Caramure en cuánto se enteró no quiso mantenerte en la plantilla. Está obsesionado con lo que dice la galaxia de los corellianos y quiere quitarse la mala fama como sea, aunque conmigo todavía se habla, claro. Pero dime, ¿y el resto?
    –Eh... Ah, claro –aquello le acercó un poco más a lo que había ido–. Pues fueron todo finalizaciones de contrato. Por así decirlo.
    –Vale, símplemente acabaste el trabajo –sonrió–. Aunque quedaron muy contentos. Los criminales no escriben cartas de recomendación, pero supongo que quedaron lo suficientemente impresionados cómo para hacerte el favor.. Y no son de los que sienten celos si un empleado quiere seguir la línea legal.
    –Es cierto. Me dieron muchas facilidades –supo que no iba a delatarla y se relajó–. Aunque al señor Caramure no le hizo gracia enterarse.
    –No, no. Es normal. Como te he dicho, su idea de negocios es limpia y no quiere relacionarla con delincuente o ex-delincuentes.
    –¿Ha trabajado para él?
    –No, nos conocemos a través de un amigo común –se sentó en el sillón y buscó entre los contratos–. Nos apreciamos, pero no trabajamos juntos.
    –Oh.
    –Ya lo he dicho; no trabaja con antiguos delincuentes –sonrió, franco–. Yo hace mucho tiempo que ya no me dedico a ello, claro está, pero sigo conociendo a las viejas glorias del mundillo.
    –¿En ese caso?
    –En ese caso, puedes respirar tranquila –amplió más la sonrisa–; no te voy a denunciar. Por otra parte, estoy impresionado. O sea, Caramure es un trozo de pan, pero los otros tres... Puedes ser una empleada legal, dedicada sólo a trabajos legales. Pero me he dedicado durante mucho tiempo a la profesión y tengo buen ojo. Has llevado portes más allá de la ley y éstos tres te han recomendado nada más y nada menos que por escrito. Están muy contentos.
    –Así me lo comunicaron a mí –se tranquilizó, visiblemente–. Trabajé llevando encargos para los tres, pues parece que estén asociados últimamente. Y los tres quedaron muy satisfechos con mi trabajo.
    –En ese caso, quiero que te incorpores, por supuesto –repitió el proceso del contrato, entregándoselo–. Serán setenta mil créditos anuales, más un uno por ciento del beneficio obtenido. Catorce pagas, cómo se acostumbra ahora y la posibilidad de renegociar a un 2 por ciento por buen rendimiento en seis meses.
    –Veo que los gastos médicos y demás consideraciones están incluídas –dijo ella, con ojo crítico–. ¿Qué es lo de las juergas?
    –Que las pago yo.
    –¿De veras?
    –Evidentemente, las organizo a mí manera.
    Ka Ta-En revisó punto por punto el contrato. Considerando las habituales ofertas imperiales, que eran casi todas, las condiciones estaban muy bien. El Imperio pagaba realmente mal a los no humanos. Y las aseguradoras no solían cubrirlos.
    –También evidentemente, si no quieres responder todavía, maña...
    –Sí, creo que sí que quiero –quería ver la nave lo antes posible, para amoldarse a ella–. Lo puedo firmar ya. Y puedo comenzar cuando quiera.
    –¡Espléndido, espléndido! En ese caso mañana puedes venir a las coordenadas de aquí a las nueve y media. Si no tienes transporte, saldremos de aquí a las nueve en aquella dirección y hay sitio de sobra.
    –Yo, eh. Sí, acudiré directamente. Antes he de terminar dos gestiones.
    –Sin problema, mañana nos veremos, Ka Ta-En –dijo Ilvael, frunciendo el ceño por lo atropellado de las sílabas–. Y me puedes tutear. No es un navío de guerra, sino un simple transporte dónde espero seamos una pequeña familia.
    –En ese caso, Ilvael, me puedes llamar Kat. Es más corto y fácil de decir para los no acostumbrados.
    –Muy bien, Kat, hasta mañana. Buenas noches.

    Después de la despedida y de que la nueva piloto del Emancipador cerrara la puerta detrás suyo, Ilvael salió del despacho. Estaba muy satisfecho. Ya tenía a los indispensables para echarse a volar y un par de encargos interesantes y muy lucrativos. Si todo seguía así, podría partir incluso antes del plazo previsto.

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    Sigue mis historias más fácilmente desde Blogger (aunque eh, me gusta más Subcultura, sin peloteo).

    ¡Hola muchachada! Siento el soberano retraso, pero he estado malito. Esta es la primera mitad de la introducción de Cicak y Ka Ta-En, personajes de darkchakal y Corto respectivamente. He tenido que mezclarlos porque a pesar del relativo "poco éxito" de la llamada del Emancipador, siguen siendo muchos personajes, que merecen su presentación, aunque en la siguiente entrega estos dos tendran algo más de protagonismo, para compensar.
    Y ahora me voy a la camita, que tengo unas ganas de catre que no son normales. Buenas noches.


    Por otra parte, recordad que el Emancipador aún busca tripulación, así que si queréis animaros sólo tenéis que Clickar aquí y postear vuestra idea.
  • Vengo a recomendaros un juego con una pinta estupenda./

    Escrito por Vilem_Landerer el 30/10/2012
    No voy a escribir mucho, que estoy saliendo de la gripe y no hay ganas, pero:
    Heroes & Generals.

    No soy muy de andar haciendo publi a juegos que no he probado, pero me negaréis lo maravilloso del proyecto.

    Un MMO F2P de acción y estrategia en tiempo real basado en la Segunda Guerra mundial, pudiendo ponerte en casi cualquier pellejo.

    A mí, me place la idea.
  • Adivinad quién ha metido la pata./

    Escrito por Vilem_Landerer el 28/10/2012
    Sí, lo estáis pensando bien. Un servidor ha metido la gamba hasta el muslo (aunque no hasta la huevera, que me he dado cuenta a "tiempo") y ahora toca darse caña. Llevo días sin publicar nada realmente nuevo porque estaba ya en la entrada 199 del blog. La 200 trae una pequeña sorpresa e inmediatamente comenzaría una nueva "era" para la Senda del Aventurero.

    Pero me he dado cuenta de que los borradores de post que no llegarn a publicarse también cuentan para blogspot en el cómputo de entradas. Resúmen: Llevo 194 entradas, lo que quiere decir que debería haber seguido publicando con cierta normalidad opiniones, relatos y cosas así. Pero cómo he visto que tenía tiempo hasta que me entregaran el texto que necesito para la 200, me dediqué a otros quehaceres. Que no está mal, porque he adelantado en otras direcciones, la verdad y mucho, pero siento haberos descuidado, la verdad. No haré una de esas promesas que no voy a poder cumplir, pero ando hasta el cuello de faena por hacer y no es plan de hacer más el gilipollas. Así que de nuevo lo siento, no va a haber ronda de entradas diarias, o similar. Símplemente me ceñiré al horario hasta la 200. En esta daré una pequeña sorpresa (daremos, técnicamente) y habrá un ligero cambio de horarios ("Libertad" se mantiene, calma) pues las tres semanas dedicándome a publicar con regularidad me han sentado muy bien y es hora de dar el siguiente paso y seleccionar el martes para publicar otra cosa que ya lleva tiempo quemándome en el disco duro y en la conciencia.

    El Jueves (creo que era el Jueves) entrada doble de "Libertad", para compensar. Entran dos personajes nuevos y yo cada vez me doy cuenta de lo grande que se está haciendo la plantilla de personajes. Me encanta.
    Gracias por vuestra siempre querida atención y siento no haber publicado. Todo culpa de Blogspot, he dicho.
  • La culpable es Serbia./

    Escrito por Vilem_Landerer el 24/10/2012
    No escribí la entrada por Abril porque estaba bastante liado con muchas cosas. Tampoco tenía mucho ánimo de escribir sobre ello, y en parte, aparte de los relatos de "Sniper Alley", que son para trabajar con los personajes del cómic, poco más he hecho. Sigo sin tener excesivas ganas de hablar sobre la guerra de Serbia, que fue sucia dónde las hayan. Pocas veces una guerra había causado tales horrores a la población civil y en tantas ocasiones, por parte de sus compatriotas. Pero no, hoy sólo os traigo un enlace a un artículo que no he escrito yo, obviamente. En todo caso, estoy muy de acuerdo con lo que el artículo expone y ha supuesto para mí (hace ya muchos años que lo leí por primera vez) una forma de ver algunas guerras distinta a la habitual. Además, me ha ayudado a formar historias de una forma medianamente realista, para darle el sabor adecuado.
    De paso, hago tiempo hasta que me entreguen la entrada 200 de la Senda del Aventurero, en la que viene un importante anuncio.

    El malvado Carabel.
  • Hoy hace treinta años ya./

    Escrito por Vilem_Landerer el 20/10/2012
    Treinta años son muchos años. Yo no existía todavía, ni siquiera era un proyecto, pero mi hermano ya tenía 8 días. Mi padre aún era policía local y en España acabábamos de entrar en la democrácia cómo aquél que dice. Y en los alrededores de Tous, según dicen, cayeron hasta mil litros por metro cuadrado.
    Hoy hace treinta años que la presa de Tous dijo "hasta aquí hemos llegado" y se desmoronó, provocando una indundación de las jodidas. Pueblos enteros quedaron sumergidos y la ola de agua, barro y objetos arrastrados llegó hasta el mar. En muchos puntos, el agua llego hasta los 9 metros de altura y la gente se tenía que subir no ya al piso superior, sino a las azoteas, sin poder salvar nada, ni la comida, pues no les había dado tiempo. Alcaldes y regidores, ante la falta de noticias, decidieron por su cuenta y riesgo evacuar antes que pensar en males mayores y en plena catástrofe, a la que se le sumaba la falta de medios y de organización, la población hizo algo que en España, mal que les pese a algunos, es algo que llevamos haciendo desde hace tiempo. Porque si somos los primeros en acuchillar al vecino cuándo sentimos envidia de él, o de acusarlo y perseguirlo, también nos movilizamos en su defensa cuándo está perdido, a pesar de poner nuestra vida en peligro. Cientos de policías, bomberos, médicos, vecinos y militares se pusieron manos a la obra voluntariamente, sin haber sido convocados, pues vieron la auténtica magnitud del desastre. Gente que no tenía ya nada y gente que sí tenía mucho que perder combatieron codo con codo contra "la pantanada", con el agua al cuello y en ocasiones bajo ella, demasiado bajos algunos para los niveles que alcanzó aquella masa acuática. Pero se mantuvieron firmes durante toda la catástrofe, ajenos a su propia seguridad para mantener la de otros.

    Joder papá, los tienes de hierro.
  • En directo ya... (terminado)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 19/10/2012
    ...estoy escribiendo la continuación de Libertad: Dulce emancipación. Cualquiera que quiera puede pasarse si hace click aquí. Yo estaré hablador, pues probablemente ande buscando información sobre cazas de combate privados en star wars, aunque nunca se sabe, igual me da un arranque de escritura sin precedentes.

    Pretendía esperar a que mi anterior blog desapareciera de la portada, pero no puedo esperar más, que si no se me pasa el arroz. Hay días que quiero que le cueste más y en media hora ya está abajo y hoy que no me habría importado verlo desaparecer... En fin, nunca llueve a mi gusto (también es cierto que a mí me gusta que truene, que pedree y silbe el viento cómo si no hubiera un mañana, así que...).

    Ya he terminado por hoy. He avanzado un montón (parece mentira). El enlace en principio ha dejado de estar disponible.
  • Libertad 5. Dulce emancipación./

    Escrito por Vilem_Landerer el 18/10/2012
    Las explicaciones están al final del post, después de la lectura.
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    Salieron a la tranquila tarde de Coronet. Ya no estaban los matones de antes e Ilvael además estaba satisfecho. Había conseguido por bastante poco una adquisición de primera línea; tenía que remojarlo.
    –Te das cuenta de que si le llevas la contraria te puede desintegrar los huevos, ¿verdad? –Jeriaebrek, como siempre, pensativo–. Ya la has visto en acción y te ha dicho por qué la expulsaron.
    –Calla aguafiestas –terció el twi’lek, sin perder el buen humor–. Vamos a visitar el garito de Rukk’ak’atesh, que hay un tipo con el que quiero hablar.
    –Me llevas por unos sitios tan bonitos –chanceó Jeriaebrek, incapaz de reprimirse–. Creo que voy a ponerme romanticón.
    Caminaron por las abarrotadas calles que vomitaban vapor y humedades por todas partes, haciendo del paso una proeza asfixiante. Tras muchos recodos, intentos de atraco y un particularmente embarazoso malentendido, llegaron a una puerta diminuta guardada por un ser enorme. La mole de músculos, cubierta pelo rojizo estaba erguida y no parecía hacerle mucha gracia estar allí. Su cara, ancha y poderosa, coronada por dos grandes cuernos, se encontraba en perpetuo asqueo.
    –Buenas Erecnar –dijo Ilvael, dirigiéndose hacia el gigante, que se puso a cuatro patas para escucharlo mejor–. ¿Cómo va el turno?
    –Espantoso señor I, espantoso –comentó el cuadrúpedo, con faz de estar llevando realmente un mal día–. Le digo al jefe que le prepare su sitio de siempre en un momento.
    –No, no tranquilo. Si yo lo quiero hablar contigo –lo paró, antes de llamar por el comunicador–. De negocios.
    –¿Negocios? –dijo, con ese acento que se le pone a gente cuando le hablan de dinero–. ¿Qué negocios?
    –Verás muchacho, necesito a alguien de tu talla –Ilvael se le acercó para pasarle una pequeña nota–. Cobrarías esto.
    El chandersi cogió el papel y lo miró. Puso caras.
    –De verdad, ¿tienes que ser tan peliculero? –le dijo Jeriaebrek–. ¿No podrías haberle dicho sus posibles honorarios de viva voz?
    –¿Y que se me eche encima medio Barrio Azul? –respondió hosco el artesano–. Ni de coña.
    –Pero, que yo recuerde, usted no tenía nada más que un taller en la zona más... –paró un momento, dudando de cómo seguir la frase–. tranquila de la ciudad.
    –Sí, lo sé, pero no es...
    –Y mi problema con esto es que se ha hecho demasiado aburrido –se lamentó, mirando a los transeúntes–. Nadie intenta propasarse desde que me conocen.
    –Por eso, si me dejas terminar, no te propongo un trabajo de port...
    –No me voy a poner a aprender a...
    –¡No, no es para que trabajes conmigo en el taller! –Ilvael tenía prisa y no tenía ganas de quedarse mucho rato por allí parado–. ¡Te ofrezco un buen sueldo a cambio de servir cómo oficial de seguridad en una nave!
    A su alrededor cientos de rostros se giraron. Erecnar había golpeado a muchos de ellos, incluso usando a otros, así que la posibilidad de que desapareciera de una de las zonas más peligrosas del Barrio Azul (que ya es decir) era una esperanza para muchos. Y la ruina para su jefe. El cuál se asomaba ahora para indagar lo de aquellos gritos y había escuchado parte, así que estaba extremadamente pálido, lo cual es muchísimo para un wooostoide.
    –¿Me dejas? –dijo, más aterrorizado que afligido–. ¡Me harán pedazos el local!
    Se le quedaron mirando todos. Ilvael, Jeriaebrek, Erecnar y la multitud expectante y esperanzada que observaba el drama. Supusieron que no sería sólo el local, a juzgar por las sonrisas que los rodeaban.

    –¡Te pagaré el doble! –gritó su jefe, consciente ya de que daba lo mismo. Si Erecnar se iba, sería wooostoide muerto–.
    –Ya me va a pagar el doble.
    –¡Entonces el triple!
    –¿Considera que valgo el triple? –dijo Erecnar, enarcando una ceja–. ¿De veras, señor Eastaal?
    –¡Por supuesto que sí!
    –En ese caso, ¿porqué no me ha pagado siempre el triple de lo que me paga ahora?
    Eastaal sintió que un pozo se abría bajo sus pies. Un pozo profundo, oscuro y lleno de cosas serpenteantes. El tono de Erecnar no sugería su habitual ingenuidad, sino el tono de alguien que llevaba esperando un tiempo un pretexto y ahora no sólo lo tenía, sino que iba a disfrutar de ello.
    –Porque podría haberme pagado el triple desde el principio –dijo, con una voz calmada, pero más dura que el acero–. Así ahora Ilvael no tendría tanta oportunidad.
    –Eh... yo, yo no sabía... –el dueño de la cantina se estaba desmoronando y parecía punto de orinarse encima–. O sea, te dí un trabajo.
    –Un trabajo mal pagado y sin contrato –añadió el chandersi, sin apartar la vista de su posible nuevo contratante–. Sin extras ni seguro médico. Lo cogí tan sólo porque en Coronet es muy complicado encontrar trabajo si no tienes aspecto humano.
    –Conmigo tendrás todo eso y más –dijo el artesano, mientras su amigo asistía divertido a la escena–. Plus por peligrosidad, a encargo hecho y por productividad y además, las juergas corren de mi cuenta. Y tenemos un médico, aunque si hace falta podemos pagarte uno más especializado.
    –La verdad es que tu oferta me interesa mucho más –había pasado a tutear sin que nadie se diera cuenta. Era muy hábil haciendo eso–. ¿Qué tipo de peligrosidad?
    –La que provoca que vayamos fuertemente armados.
    –Me gusta.
    –¿Y yo qué haré? –continuó con sus lamentos Eastaal, al ver que nadie le hacía ya caso–. No puedo continuar con mi negocio si nadie lo defiende. ¡He insultado a demasiada gente confiando en que éste me defendería!
    “Éste” se volvió hacia él, lentamente, con cara de muy pocos amigos. Acercó su rostro poco a poco hacia el del wooostoide, que reculó aterrorizado al ver a la mole acercarse y se aterrorizó aún más al darse cuenta de que había cerrado tras de sí y que se abría hacia fuera. Ya no tenía sitio dónde retroceder y tras un par de espantosos segundos, Erecnar sonrió. Era una sonrisa ancha, que mostraba todos los dientes, así que la estampa era aún peor. La sostuvo un par de segundos antes de volver a girarse.
    –Acepto la propuesta –comentó, ignorando decididamente los suaves sollozos de su ex-jefe–; ¿cuándo empiezo?
    –Pues necesito que aprendas a usar algunos de los sistemas –dijo Ilvael–, así que me vendría bien lo antes posible.
    –Bien, mañana nos veremos en su taller. Aún tengo que terminar mi turno aquí –se giró a medias–. ¿Porque me lo va a pagar, verdad?
    El wooostoide musitó una respuesta afirmativa. No estaba muy seguro de llegar a la semana siguiente, así que le daba todo un poco igual.
    –Hnnn... Casi mejor, ven mañana a éste lugar. –le pasó un datapad–. ¿Podrás llegar?
    –Sin problemas.
    –Muy bien, tengo algunos asuntos extra que resolver, mañana hablaremos.
    –Por supuesto, mañana nos vemos.
    Quedaron solos el chandersi y el wooostoide. Erecnar estaba contento de poder viajar a otros lugares y sobre todo, muy contento de quitarse de encima a aquél soberano pelma.

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    Hoy no llevo retraso, lo cuál me alegra enormementi. Aquí podéis ver la presentación de Erecnar Roster. (pincha en el enlace para ver el boceto). Se trata del personaje creado por zeentury un chandersi, especie de su creación también.

    Por otra parte, recordad que el Emancipador aún busca tripulación, así que si queréis animaros sólo tenéis que Clickar aquí y postear vuestra idea.
  • El crucero Emancipador sigue necesitando tripulantes./

    Escrito por Vilem_Landerer el 16/10/2012
    Aunque había considerado que ya quedaba cerrado del todo, también había tenido en cuenta que soy más que capaz de sacarme yo solito los personajes que quedan. Pero estoy bastante agobiado (perro) tengo mucho por hacer (rascarme los reales pendientes), así que hasta que despegue, mientras sigo escribiendo las entradas de presentación aún podréis introducir personajes hasta que el cupo esté lleno. Si ya tenéis a uno y queréis meter a otro, perfecto, ya no hay ningún tipo de restricción. Recordad que vale casi cualquier cosa, excepto sensibles a la Fuerza.

    Campaña de reclutamiento del Emancipador. Ahí lo explico todo con más detalle. No hagáis caso de las fechas, que hay nuevas.
  • Libertad 4. Dulce emancipación./

    Escrito por Vilem_Landerer el 10/10/2012
    Las explicaciones están al final del post, después de la lectura.
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    Avanzaron sigilosamente hasta un recodo, de donde salían voces airadas y un hombre lloriqueaba con las manos en la entrepierna. Se asomaron con cautela a la esquina y se sorprendieron mucho de lo que vieron al otro lado; una mujer de grandes ojos verdes y rubia cabellera, que estaba plantada en toda su pequeña grandeza ante cuatro amenazadores hombres. Más bien tres amenazadores hombres y un pobre desgraciado que acababa de comprobar por qué no hay que acercarse a una delgada mujer que sujeta un soplete de fusión con el ánimo de usarlo.
    –¡Maldita bruja! –escupió uno de ellos, sin apartar la vista del chisporroteante aparato–. ¡Veníamos a que nos devolvieras el dinero, pero ahora pasaremos un buen rato a tu costa!
    –No os voy a devolver nada, bastardos –dijo ella, sin arrugarse–. ¡No me pagasteis por el calibrador de fuerza!
    Hubo un momento de duda. El que parecía el líder de ellos miró a los otros sin llegar a creérselo.
    –¿De qué coño hablas? –dijo, todavía sorprendido–. ¡Te pagamos para que nos reforzaras los conductos de escape de nuestras swoop y ayer explotó una de ellas!
    –¿Ah sí? –dejó la de mantener guardia, mientras trataba de recordar, hasta que se le iluminó la cara, aliviada–. ¡Claro! ¡Vosotros me pagasteis bien lo acordado! ¿Quién coño me debe dinero?
    Los matones no daban crédito a lo que sucedía. Los gritos del caído habían cesado y tan sólo lloraba desconsolado ya. Por su parte, Jeriaebrek habia comenzado a escalar la pared con gran habilidad a pesar de su edad. Ilvael y él habían ideado una pequeña treta para sorprenderlos a todos.
    –¡Me da igual quién no te pague! –estalló por fin el matón alfa, fuera de sí completamente–. ¡Nos vas a pagar lo que le has hecho a Yon! ¡Ayudadme a sujetarla!
    Avanzaron los tres, dos por los flancos y el líder por el medio. Por su parte, la joven agitó de nuevo el soplete, pero el matón le agarró la mano, mientras el otro la hacía tropezar. Sin embargo, ella soltó la herramienta en la cara del de su izquierda, que gritó de dolor y se apartó con violencia. Aprovechó ella para agarrar un trozo de palo y golpear al líder, que la había cogido de las piernas y luchaba por abrírselas. Después de dos golpes en la cabeza, aflojó un poco la presa, lo suficiente como para darle una patada en el hombro. Sin embargo, el que sujetaba su derecha le arrancó el arma de las manos y apresó su otra mano. El líder terminó de colocarse dolorido.
    –Ahora verás, puta de los cojones.

    –¿Disculpen? ¿Disculpen señores? –Ilvael había aparecido con mucha calma al ver que las cosas se ponían tan feas–. ¿Qué está pasando aquí?
    Ambos le miraron, sin soltar a su presa. Vieron que llevaba un tubo largo y de siniestro aspecto. Lo empuñaba cómo si se tratara de un arma.
    –No la sueltes –dijo, a su subordinado, que apretó con más fuerza–. Mira anciano, más te vale que vuelvas por dónde has venido, o mi banda se encargará de hacerte sufrir. Yo te haré sufrir.
    –No, no lo creo –comentó, antes de alzar y apuntar–. Dejadla.
    –Viejo, eso es un tubo. No nos engañas.
    Ilvael se sintió abatido. Miró disgustado el trozo de plástico negro y lo tiró a un lado con cara de fastidio.
    –Cielos, pensé que no había tanta luz –dijo, llevándose las dos manos a los bolsillos de la cazadora–. En todo caso, no estoy desarmado.
    –¿Y qué vas a sacar, un trozo de desagüe? –chanceó el motero, mientras se ponía un puño corelliano en los nudillos–. Estás jodido, viejo.
    –¿De veras crees, mocoso impertinente que voy a venir desarmado al barrio Azul?
    Algo hizo un leve ruido detrás. Jeriaebrek había saltado con suavidad hasta la joven y el otro matón que quedaba entero. Con la misma suavidad había cogido al matón de las solapas y lo había lanzado contra el que se retorcía en el suelo agarrándose la cara.
    –Otra cosa, es con qué esté armado –dijo Ilvael, mientras se acercaba al matón, que había retrocedido en dirección a la pared–. Porque con él, no suelo necesitar muchas armas. Ninguna, de hecho. Y ahora, ¿te parece que te atice un rato?

    El motero le lanzó un directo a la cabeza, que Ilvael desvió con facilidad. Agarró el brazo y lo retorció, hasta que el matón besó el suelo. Antes de que se repusiera, con un único golpe, le partió el codo. Ni siquiera gritó, porque no podía articular palabra de lo sorprendido que estaba. Y antes de que pudiera siquiera empezar a llorar por su codo reventado, una mano le levantó la cara un un puñetazo rapidísimo lo noqueó.
    –Ya está bien, Ilvael –dijo, mientras ofrecía una mano a la joven y la ayudaba a levantarse–. No creo que intente nada más.
    –Es imposible divertirse un poco cuándo voy contigo –estaba arrodillado junto al inconsciente, quitándole el puño corelliano–. Vaya, es una buena pieza. Y no la ha llenado de oro ni calaveras ni mariconadas similares. Me la quedo.
    Se quedaron en silencio un momento mientras ella se arreglaba la ropa, que se le había descolocado. Sin decir una palabra, agarró su soplete de fusión y pateó la entrepierna del que había derribado Jeriaebrek. Después, con una curiosa sonrisa en su cara, se giró hasta llegar a los dos hombres, que la miraron con un poco de desconfianza. Habían escuchado la conversación y aunque ellos no deberían haber actuado así, no se les pasaba por alto que le había frito los huevos a uno de ellos por un despiste.
    –Supongo que tendré que darles las gracias –dijo, con una voz suave y un poco extraña –. Jejejejejejeje. ¿Quieren pasar?

    El lugar era amplio, mal ventilado y muy bien iluminado por docenas de luces. Tenía una gran puerta de garaje, varias motos swoops aparcadas y entre los montones de casquería mecánica, se avistaba la proa de un Z-95. En un rincón, alejada de las mesas de trabajo y las herramientas, había una cocina, con fogones limpios y varios trastos para hacer comida suficiente como para subsistir.
    –¿Té o café? –dijo ella, mientras sacaba lo adecuado–. Me temo que no tengo muchas variedades.
    –Con un café estará bien, gracias –dijeron ambos a la vez. Eran de gustos fijos.
    Puso a calentar agua, mientras rebuscaba a la caza de las bolsitas adecuadas.
    –¿Dónde se habrán puesto las muy puñeteras? –dijo, distraída–. Vamos, salid, que nadie os va a echar agua hirviendo por encima. ¡Jajajajajaja! Ilusas...
    Ambos se la quedaron mirando con una mezcla de sorpresa y terror a lo desconocido. Mientras, ella encontró lo que buscaba y rió de nuevo cómo una maníaca, antes de dedicarles atención de nuevo.
    –Me llamo Zetha –dijo de pronto, cómo si se acordara de pronto de las convenciones sociales–, pero de momento, Señorita Greusse.
    –Él es Jeriaebrek, a secas –dijo Ilvael, con cierta guasa–. Por mi parte, Ilvael, pero de momento, Don Ilvael.
    –¿Don? ¿Qué eres dos colas, un mafioso?
    –¿Eh? –Ilvael no sabía por dónde tirar. Aquella conversación lo había cogido desprevenido–. ¿Qué?
    –Mi tonto amigo, lo que viene a decir es que se llama Ilvael –concilió Jeriaebrek, que había tenido bastante de aquello–. Decía antes de entrar que se dedica a arreglar lo que encuentra y que esos hombres venían a hacer una reclamación.
    –¿Hombres, reclamación? –Zetha paso sus enormes iris esmeralda de uno a otro, confundida, hasta que comprendió–. ¡Ah! Sí, claro. Esos hombres estaban acusándome de algo que no ha pasado. A ellos. Creo.
    –Ya veo... –Ilvael no dejó que los disimulados codazos de su amigo le impidieran preguntar–. ¿Y siempre es así de, digamos, despistada? ¿O no está loca desde que era una zagala?

    La última frase del artesano se quedó en el aire. Parecía que el ambiente se podía cortar con un cuchillo sin filo. Fácilmente. Ella se le quedó mirando con toda la calma del mundo, como si no fuera con ella el comentario y estuviera esperando a que dijeran algo. Al antiguo jedi le dio un mal pálpito y empujó sigilosamente usando la fuerza el soplete de encima de la mesa. Con cuidado, lo bajó hasta el suelo y lo metió debajo del mueble, por si las moscas.
    –¡Qué va, hombre! –gritó, de pronto, provocando que ambos hombres saltaran en la silla, con el corazón en la tráquea–. ¡Mi estado es completamente normal, si consideramos..!
    Se calló de pronto, al oír la tetera silbando como loca. Fue para allá mientras los dos amigos se reponían y recuperaban la compostura perdida.
    –¿Consideramos? –Se aventuró a decir Ilvael, con cara de circunstancias–.
    –¿Eh? Ah –parecía despistada, con la tetera en las manos y vertiendo el agua en las tazas frente a ellos–. ¿Azúcar?
    –Sí, por favor –dijo Jeriaebrek, cogiendo su taza al ver que Zetha se daba la vuelta. La olió y se giró a Ilvael–. Es poleo.
    Ilvael inclinó la cabeza para mirar, pero se enderezó antes de que se girara.
    –¿En qué estaba? –dijo Zetha, mientras volvía con el salero, lo dejaba y agarraba el azucarero–. ¡Ah, sí! Los vapores.
    –¿Eh?
    –Solía ser ingeniero en un buque de guerra –dijo, para sorpresa de sus dos invitados–. En un crucero ligero, el Céfiro.
    –Qué nombre tan raro para un crucero imperial.
    –Lo sé. Pero era rápido y muy maniobrable, a pesar del tamaño. Un Bayoneta precioso, de imponente línea y contundente armamento.
    –¿Y cómo es que estás aquí? –Jeriaebrek estaba realmente interesado. Y además, le gustaba el poleo–. ¿Expulsada?
    –¿Aquí? –preguntó extrañada Zetha–. ¿Dónde he ido?
    Se hizo un silencio incómodo.
    –¡Aaah! –hizo ella, al darse cuenta–. Bueno, tiene algo que ver que le partiera una llave en la cabeza a un oficial...
    –Ya.
    –Y que luego aplicara el soplete en su...
    –Vale –los dos se retorcieron en sus asientos–.
    –Fueron muy desagradables conmigo, así que tuve que hacerlo –suspiró, aparentando cordura por un momento–. Me licenciaron con deshonor, aunque siendo mujer me podría haber pasado algo peor, pero claro, cómo mi familia tiene algo de peso...
    Ilvael y Jeriaebrek cayeron a la vez en la cuenta. Greusse era una importante familia coruscantí, de mayoría humana y que había estado siempre muy ligada a la Armada Republicana. No se habían dado cuenta, pero aquella muchacha bien podría ser un as en su campo.
    –Tengo un trato para usted, señorita Greusse –dijo Ilvael, sonriendo–.

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    Sigue mis historias más fácilmente desde Blogger (aunque eh, me gusta más Subcultura, sin peloteo).

    Con un día de retraso os traigo la nueva entrega, presentando a Zetha Greusse, personaje creado por Platov para el Emancipador. Muchas gracias por tu colaboración, espero que te guste la presentación.

    Por otra parte, me estoy dando cuenta de que igual son un poco largas, pero mantendré el formato, para dejaros a todos igual.

    Por cierto, como podréis ver arriba, ha cambiado la cabecera. La imagen está sacada del juego Mount&Blade;: Warband con el mod Brytenwalda, que sustituye el mapa de juego original por la Gran Bretaña del siglo V. Muy recomendable.
    En pequeñajo para subcultura y a tamaño natural para Blogspot.
  • ¡El Imperio os necesita!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 06/10/2012
    Vaya semana de mierda de contenidos que llevamos. Estamos cogiendo la recta final hacia las 200 entradas (he comprobado ya que superamos en tres al segundo año y en muchísimas al primero.

    Os traigo un enlace a un foro. Un foro de la comunidad Galaxies en español. Es algo en lo que hace un par de años estuve trabajando, lo dejé porque el Galaxies cerraba y ahora que los Emuladores cobran fuerza, lo retomo para llevarlo a cabo con mucha calma.

    ¡El Imperio os necesita!

    Hace poco había un hilo en el foro de Subcultura buscando MMORPG, pero no he visto que postearan servidor de el elegido ni nada. En todo caso, lo que leeréis en el foro es algo que va a llevar tiempo implementar (se estima que en un año resetean el servidor a la versión definitiva del juego sin expansiones), pero de momento, voy organizando. Si queréis un buen sistema que permita rolear decentemente, que no cueste demasiado (si tenéis el juego, no se necesita nada más) y que no exija demasiado pc, es una buena opción.
  • Todos con la Marca del Este./

    Escrito por Vilem_Landerer el 04/10/2012
    Leo esta mañana en el blog de Pifia d100 la putada que les ha ocurrido a los creadores de la Marca del Este. No tengo mucho tiempo, así que os dejo con la noticia directa en su blog.

    Después intentaré editar para comentar algo, pero no prometo nada.
  • Libertad 3. Dulce emancipación./

    Escrito por Vilem_Landerer el 02/10/2012
    Las explicaciones están al final del post, después de la lectura.
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    -¡Disculpad! -Se acercó, aminorando la velocidad porque las caras que pusieron eran inequívocas.
    -No, no queremos otro maldito ungüento milagroso. -Nomaie había sido asaltada por varios vendedores y uno ya se había llevado un regalito a casa.
    -No se trata de un ungüento ni nada similar, pero soy médico y sé que le pasa a vuestro amigo.
    La joven y el ex-jedi se miraron un momento y a la vez se volvieron hacia Ilvael.
    -¿Quieres que te atienda? -Dijeron a la vez.
    -¡Lo que sea, pero que lo haga ya!
    Sin decir una palabra más, se acercó hasta su espalda, le agarró con firmeza de la cadera y metió el cuello bajo la axila. Justo cuándo Ilvael pensaba que era un farsante, estiró poco a poco, con fuerza y decisión, hasta que se pudo escuchar el perceptible crujido de su columna. El twi'lek dio un grito corto y uno un poco más prolongado, pero más suave cuando el joven médico mantuvo el estiramiento mientras tocaba en la zona que estaba afectada. Cuándo notó lo que buscaba, dejó de hacer fuerza y se retiró poco a poco, con una mano en el hombro de su paciente, por si tenía que sostenerlo.
    -En principio ya no debería doler tanto. -Dijo, mientras lo soltaba y le miraba a los ojos directamente. -O sea, te va a seguir doliendo, pero no será tanto y en un par de sesiones debería pasarse.
    -Pues... -Se masajeó la espalda. Y sonrió. -Pues es cierto. No duele, bueno, no como antes. ¡Y yo pensando que sería una tontería! ¿Cuánto te debo?
    -No, nada por favor, hice un juramento y trato de ceñirme a él. Aunque a veces no pueda. -Dijo entre dientes, desviando ligeramente la mirada.
    -¿Cómo?
    -Nada, nada.
    -Bueno, al menos permite que te invite a una buena comida. Pareces famélico y cualquiera diría que algo asustado.
    -Yo... eh bueno, la verdad es que me han... me han robado.
    -¿Robado? ¿Y secuestrado no? Porque tienes pinta de llevar un par de días sin comer.
    -Yo eh... No... -Era incapaz de inventarse nada. Estaba desarmado.
    -Papá, no tiene porqué contar nada. -Se giró hacia él y exhibió una mirada extraña. -Todavía. Claro.

    Habían dejado que Nomaie se llevara a casa a su mascota con el deslizador, mientras ellos entraban en una cantina cercana. Se trataba de un oscuro antro, a recomendación de Jeriaebrek, que decía que además de estar tranquilos y de tener buena comida, habría un poco de espectáculo. No iban a quedar defraudados.
    El “espectáculo” en aquella tasca que olía a especias de mil mundos era un pequeño recinto envuelto en malla metálica, dónde dos personas combatían a golpes. Tenía mucho aspecto de no ser del todo legal, pero entretenía a los clientes y las apuestas corrían que daba gusto.
    -Y... ¿Esto es un buen sitio para comer? -El médico no se lo creía. -Porque me da la sensación de que nos fueran a acuchillar.
    -Tranquilo, no hay problema. Si se dedicaran a dejar que los clientes fueran acuchillados, no tendrían clientela.
    -Y bueno, aquí nadie escuchará lo que no quieres que se oiga. Allá afuera parecías nerviosillo. -Ilvael adelantó la mano para coger su bebida y dio un sorbo. Tosió ligeramente cuándo el picante le abrasó la garganta.
    -No, yo no...
    Sus interlocutores le miraban de una forma inequívoca. Estaban deseando conocer alguna escabrosa historia. Y no los defraudó.
    -Mi nombre es Kenghiro y soy médico. Bueno, o lo era hasta cierto día. Se estaba tirando un farol que no sabía cómo demonios le salía. -Uno de mis pacientes enfermó de forma inexplicable y murió. Me acusaron de mala praxis, pero sé que no cometí ningún error. El problema es que la familia del paciente es bastante poderosa y he tenido que huir.
    -Bueno, reconozco que sería peor. ¿Hay recompensa por tu cabeza?
    Dio un respingo en el asiento y sudó frío inmediatamente. Pero se relajó en seguida.
    -Tranquilo Kenghiro, tranquilo. -Sonreía conciliador. -Me llamo Ilvael y éste es mi buen amigo Jeriaebrek.
    -Encantado Kenghiro. -Lo tenía calado. De él no se pueden esconder los pensamientos. Al menos no sin esfuerzo. -Ten cuidado porque me temo que el señor achaques te va a hacer una proposición indecente.
    -¿Eh? ¿Qué?
    -Joder Jeria, eres un aguafiestas. -Inmediatamente puso cara de negocios, que venía a ser con los lekku cruzando su pecho y sonrisa neutra. -Verás, estoy reuniendo tripulación para una nave. Grande. Se trata de un transporte y no tengo oficial médico. Realmente, todavía no tengo ni tripulación. Si quieres ese puesto, es tuyo con sueldo habitual y extras por rendimiento mensual.
    -Eh... ¿Una nave? ¿Oficial médico en una nave? -Era la oportunidad para salir de allí, pero seguía siendo un profesional. -No sé si estaría a la altura.
    -Mira, un tío que desinteresadamente me arregla la espalda y que tiene esa cara de bonachón, no puede ser malo.
    -¿Seguro? Quiero decir. ¿Incluso con lo que he contado?
    -Mira, si me hubieran encerrado por cada vez que alguien me acusara de algo... -Contó mentalmente y se dio cuenta de que así había sido, casi siempre. -Bueno, a lo que iba. Te ofrezco un sueldo, de por ejemplo, un dos por ciento de los beneficios.
    -¿El sueldo no es fijo? -Lo único que acertó a decir.
    -Hombre chaval, el pago de momento es orientativo, ya que todavía no sabemos qué tipo de contrata se podría conseguir y prefiero tenerlo todo sobre seguro.
    -Ah.
    Se les quedó mirando a los dos, tratando de decidir sobre aquello. Coronet no lo había tratado precisamente bien y desde luego, una semana más en aquél estado y poco iba a quedar que los imperiales pudieran aceptar.
    Antes de que pudiera responder, se pudo escuchar un silbato y el ligero murmullo que llenaba el local se convirtió en un clamor a media voz y silbidos de pesadumbre. Uno de los boxeadores había sido derribado y ahora le jaleaban para que se levantara de nuevo. Se incorporó y acabó por desplomarse definitivamente. Su contrincante, un gigantón de aspecto feroz y algunos tatuajes, levantó los musculosos brazos empapados en sudor antes de salir de la jaula para cobrar su parte.
    – Vaya, que me aspen. – Ilvael se había quedado mirando al vencedor, que ahora se acercaba a una mesa para devorar el plato que le habían servido.
    – ¿Qué ocurre? – Jeriaebrek siguió la mirada del artesano. – ¿Conocido?
    – Sí, pero prefiero no hablar ahora con él –dijo, dedicándole más tiempo a su comida, que tenía aspecto poco apetitoso, pero que sin embargo era muy sabrosa–. Trabajó con Vílem hace tiempo, pero por lo que sé, estuvieron a punto de matarse.
    –¿Ah sí? –Jeriaebrek se sorprendió sinceramente–. ¿Cuándo fue eso? No sabía nada de que había tenido bronca con un compañero.
    –Fue durante lo de Falleen.
    –Bien, ya sé porqué no he sabido de ello –comentó el maestro–. No le gusta hablar de aquello.
    –Ya.
    Kenghiro había escuchado atentamente todo aquello sin enterarse de nada, dedicando el resto de su capacidad a la comida, que devoraba cómo si se hubiera pasado los últimos días peleando con las ratas corellianas por la comida. Y las ratas corellianas te miran cara a cara cuando comen. Hablaron poco más, de antiguos recuerdos, antiguos amores y antiguas heridas. Por su parte, el rebelde contó un par de anécdotas de su niñez, que parecía tan lejana y habló con Ilvael acerca de los detalles del trabajo. Al terminar con la comida salieron a la calurosa tarde de Coronet y el Twi’lek le dió su dirección y una nota con instrucciones para Nomaie. Kenghiro se alegró de saber que tendría un techo sobre su cabeza hasta partir y se lo agradeció tanto que el artesano enrojeció todavía más.

    –Has sido bueno con un buen hombre –comentó Jeriaebrek, mientras caminaban entre las ondas del calor expulsado por los cientos de climatizadores de la zona–. De verdad.
    –¿Sí? Vaya, bueno, está bien saber que tengo buen ojo para la gente, francamente –respondió, encantado–. Y me gusta que vayas sondeando a la gente a ver si mienten o no. Me ahorra disgustos después.
    –Uhm, no sé cómo tomarme eso último –apartó de una patada una caja con asco, pues dentro se pudría un “algo” que prefería no identificar–.En todo caso, espero que no fuera un intento de cuestionar la moralidad de lo que hago.
    –No, no. La Fuerza me libre.
    –Muy gracioso, delincuen...
    No pudo seguir. De un callejón cercano acababa de llegarles un grito bastante espantoso, de hombre que acaba de perder su hombría de una forma horripilante y muy dolorosa. Aquello en el Barrio Azul de la ciudad no era tan raro, pero los dos amigos no se echaban atrás si podía haber una buena pelea y alguien en peligro.



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    ¡Muy buenas! Siete días ya desde que publiqué la última, así que ya toca. Siento que algunos guiones no estén correctamente puestos. Me he dedicado a escribir mucho esta semana (no todo de aquí, por desgracia, pero tienen algo que ver), pero no a corregir fallos así. En todo caso, no creo que sean un problema, espera. Si detectáis fallos, por favor hacédmelo saber. Por otra parte, estoy intentando extender esto un poco. Si me hacéis el favor de compartirlo, lo agradeceré, que cuántos más lectores, más críticas y cuántas más críticas, más mejoro. Un saludo a todos y gracias por leer.
  • Hoy toca política./

    Escrito por Vilem_Landerer el 27/09/2012
    Sé que mi anterior entrada no ha desaparecido de la portada de subcultura, pero hacen ya casi veinte horas, así que espero que no haya problemo.

    Generalmente no doy mi opinión sobre política. De hecho, no voy a darla. A quién vote o deje de votar no es en absoluto tema para un blog literario o cómo prefiráis llamarlo. Pero sí que voy a opinar de la forma que se tratan las opiniones políticas en este país.

    Es curioso, porque hace poco recibí la respuesta de un menguado, que debió entender lo que no era, porque me insultó a mí y a parte de mi familia de muy malos modos hace unos meses, cuándo defendí la libertad de un amigo de expresar su opinión y castigué su forma soez de expresar la suya. La cosa no fue a mayores, simplemente argumenté una respuesta y meses después me ha respondido, igual de reaccionario que al principio. Después de reportarlo a Feisbuk (interesante, porque se la suda que lo reporte, símplemente me aconseja darle al botoncito de no mantener comunicación y ya (la otra opción que me da (acoso) es la de llamar a las autoridades y me parece excesivo)), estuve pensando algunas de las cosas que vais a leer. Ahora, después de leer acerca de una opinión dada y la forma de tratarla, me he decidido.

    Últimamente estoy viendo una tendencia a reaccionar violentamente contra opiniones de distinto sentido al que nos gustaría que la gente siguiera. Si alguien no piensa cómo nosotros, lo insultamos, vejamos, perseguimos y amenazamos de mil maneras distintas. No es por supuesto el caso de todo el mundo, pero empieza a ser más general de lo que me gustaría y me hace recordar fechas pasadas, en las que la gente se tomaba estas cosas así. Y luego perseguía a antiguos amigos por haber levantado el brazo de una forma o de otra. Además, parece que no hay un punto medio, o se es de un lado, o se es del otro, sin poder quedar en tierra de nadie, como siempre he pretendido. Si comentas tímidamente que cada cuál tiene derecho a expresar lo que le de la real gana, te tachan de lo contrario a lo que el "vengador justiciero" considere que es. Si él es blanco, tú negro; si él es negro, tú blanco.
    Comienza a asustar ver comportamientos tan extremistas en personas a las que en cualquier otro momento podrías considerar como adultos responsables y civilizados. Una vez ví una discusión sobre si una tortilla española debía o no llevar cebolla (yo me declaro anticebollero es este concreto caso) y los adultos que me doblaban la edad casi acaban a guantazo limpio. Qué no haran, me dije, por un ideal, si deciden que es el que ha de prevalecer sobre los otros, o más bien, sobre las tumbas de los otros.
    España (hablo sobre mi país, pero estoy muy seguro que puede trasladarse a otros países de habla hispana, que al fin y al cabo, somos todos hermanos y primos) es un hervidero de violencia desde hace mucho, sin necesidad de meter la política de por medio. Entiendo que es sólo otra excusa para dedicarnos a lo que nos ha unido realmente a lo largo de los siglos (pegarnos entre nosotros y tan sólo ponernos de acuerdo para pegar al vecino), pero se supone que estamos en un siglo de luces, de libertad política, religiosa (de esto hablaré en otro momento), sexual e intelectual. Se supone (supongo) que somos gente moderna, avanzada y tolerante. Se supone, que somos capaces de manifestarnos, violenta o pacíficamente, por un bien común.
    Sin embargo, no tenemos problema no ya en criticar o condenar otros puntos de vista, sino de desear que desaparezcan y ejercer esfuerzos en esa dirección. Recuerdo que hace un tiempo me uní a una manifestación con la que me sentía realmente identificado. Hasta que comenzaron con insultos y consignas políticas que me hicieron agachar las orejas (cosa curiosa en una manifestación que no tenía color), por si acababa linchado. También ví simbología que no iba en absoluto con el espíritu de la protesta, pero con la que no estaba de acuerdo.
    No me molestaba especialmente la simbología, o las consignas. Lo que me molestó, fue la politización de la manifestación, que era una protesta pacífica en contra de algo que no me gustaba y que no tenía puto sentido politizar.

    Por si alguien tiene alguna duda, nunca he sido demasiado democrático. Creo en las libertades de cada uno y de hecho las defendería con la vida, aunque no estuviera de acuerdo con él (sí, alguien decía algo similar, pero no recuerdo quién, lo siento (la frase creo que es: "Señor, no estoy de acuerdo con usted, pero daría mi vida para que pudiera tener la libertad de seguir expresándolo", o algo así)), pero cada año que pasa estoy cada vez más convencido de que la gente, como masa pensante, no tiene madurez para votar. O vota a lo que ha votado siempre, o vota a lo contrario que le jodió, pero no busca terceras opciones (vale, en España, no hay tampoco muchas terceras opciones realmente serias, pero ahora mismo, las dos primeras opciones no son serias tampoco). Con esto no digo que la gente individualmente sea lerda, porque no. Lo es la masa y ahí está el peligro, porque es la masa la que vota. El qué dirán cala muy directo en nosotros, queramos o no. Hay gente que se libera del yugo y es capaz de formarse una opinión propia y muy loable, esté o no de acuerdo con ella.
    Pero no os asustéis, que yo sea poco democrático, no quiere decir que no vea que la gente lo que quiere es democracia, así que me amoldo a lo que dicte la mayoría (igual hasta sí que soy demócrata y no lo sabía). Lo único es que no se me ocurre un sistema menos malo, como dijo cierto estadista. De hecho, el problema no es el sistema. Nunca lo ha sido, realmente. Sino la gente, las personas que estaban dentro del sistema y esta gente (sí, antes salía de un estamento social distinto, pero ahora no hay razón) sale de entre nosotros. Lo que pasa es que parece que sean siempre lo peor de nuestra sociedad (yo creo que es un fiel reflejo, pero no voy a ahondar ahora por ahí).

    Uf, creo que me estoy desviando un poco del tema. Veamos.
    La opinión de cada uno, es sagrada, nos parezca correcta o no. Tratar de imponer la propia o peor, tratar de silenciar la otra, no es un acto de libertad de expresión, cómo algunos parecen creer. En absoluto lo es. No es una defensa del Estado, o una defensa del Pueblo. Es un ataque a la Sociedad en su conjunto.
    No caigais nunca en un bajo ataque a otra persona que no piense como vosotros. Su opinión si está bien razonada, por mucho que joda, es tan válida. Si no lo está, hay que intentar que la razone antes de realizar un ataque directo.
    Nuestra libertad acaba dónde comienza la del otro. Y la del otro es tan intocable cómo la propia. Recordadlo muy bien y mirad atrás de vez en cuándo. Mirad el río de muertos que dejamos en la historia por cuestiones parecidas. Por una vez, evitemos viejos errores y olvidemos viejas rencillas (sí, todos tenemos viejas rencillas por algún lado. Si soy capaz de hacer caso omiso, vostros también podréis), evitemos lo que hemos estado haciendo con nuestros hermanos durante tanto tiempo.

    Leche, que desde que existe Estados Unidos hemos tenido cuatro o cinco guerras civiles de importancia, que parece que no salgamos del foso entre unas cosas y otras.

    Pensad coño, pensad por vosotros mismos.
  • Soy un puto mentiroso.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 27/09/2012
    ... se suponía que ahora trataría de ceñirme a las entregas que tocan... En fin, os presento un relato corto que envié a no me acuerdo cuál concurso y que no llegó a nada. Así mantengo el blog vivo y me preparo para la entrada 200 que está al caer.

    [font="Times New Roman"]


    –Estoy aquí –la figura era alta y delgada, con el rostro oscurecido, hasta el punto de no distinguirse nada de él, ni siquiera su voz–. Es la hora.
    –Sí, lo sé –él estaba sentado a los pies de la cama de su hija, observándola. Su mujer no se había despertado cuando se levantó–. Yo, eh. Creo que deberíamos ir fuera. No quiero que se despierte y lo vea.
    –Lo comprendo, salgamos.
    Ambas figuras salieron a la fresca noche, iluminada únicamente por el cielo estrellado. La ciudad entera dormía, mientras esperaba un nuevo día, un nuevo amanecer para continuar. Un amanecer que uno de sus vecinos no llegaría a ver.
    –Supongo que te habrás despedido.
    –Sí, a mi manera –sonrió amargo–. Para cuando despierten, ya habrá pasado todo.
    –Sí –la figura no se movía nada en absoluto, pero era aterradora en aquella oscuridad–. ¿Recuerdas lo que te dije antes de pactar?
    –”Tu vida por la de ella. Nada podrás hacer para salvarte, nada podrás hacer para impedirlo” –citó, arrancando las palabras del pasado–. “Pero lo intentarás.”
    La espada pendía de su costado. Lista como siempre para darle un buen servicio. Sin embargo, no llevaba ni su escudo, ni su armadura. Pero se sentiría mejor empuñándola.
    –Te dejé un año –siseó, sin apartar la vista de la espada–. No te culpo por intentarlo.
    –¿A dónde me llevarás?
    –No puedo decírtelo –la sombra vaciló. Mucho tiempo atrás, había sido tan real como el hombre que ahora desenvainaba lentamente delante suyo–. Pero no será malo. Bueno tampoco, pero te aseguro que no es un Infierno.
    –No me puedo quejar, yo lo elegí.
    –Tu vida, no sólo pagó la supervivencia de tu hija –aún tenía conciencia. Aún podía hacer un último favor sin pedir nada a cambio–. Sino también por su vida más allá de la enfermedad. Vivirá sana, feliz y por mucho tiempo.
    –Me alegro, gracias –alzó la espada, dio el menor perfil posible y se preparó–. ¿Comenzamos?
    –Sí, no tenemos mucho más tiempo.

    Al día siguiente, la luz diurna comenzó a calentar las calles de tierra, evaporando el rocío. En un rincón de la calle, había una espada apoyada contra un hombre que estaba azúl y no se movía.



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  • Libertad 2. Dulce emancipación./

    Escrito por Vilem_Landerer el 24/09/2012
    Segunda entrega del fanfic de Star Wars "Libertad". A partir de aquí y lo siento de veras, pero comenzamos con actualización semanal de este apartado. En todo caso, serán entregas más largas de lo habitual, espero. Un saludo a todos.

    [font="Times New Roman"]

    Caminaban con soltura entre la gente de mala catadura del Sector Azul. Aunque estaba plagado de criminales, a Ilvael nunca le había asustado entrar allí. Y si además llevaba la escolta de su hija y de Jeriaebrek, no habría rival en aquella zona. De hecho, le gustaba la zona. Estaba en su salsa
    Siempre se había movido entre rufianes y en el Sector Azul estaba lo más granado del sector. Pero aunque también estuviera en plena campaña de reclutamiento para la pelta, no tenía pensado en ninguno de aquellos para contratarlo. Pretendía evitar puñaladas traperas. No obstante, mantenía un ojo atento a posibles incorporaciones. Siempre era posible encontrar a un conocido o a algún antiguo compañero.
    -Papá, mira papá. -Se había desviado hasta uno de los tenderetes que habían en la calle de la Nave del Tesoro, a la que acababan de llegar. -Míralo al pobre...
    El “pobre” era una suerte de lobo enorme, de pelaje grisáceo oscuro y aspecto amenazador, que tenía seis patas. Estaba, metido en una jaula, aunque quedaba claro que esta no tendría resistencia suficiente si se enfadaba
    -Nena... ¿No te parece un poco peli...? -Comenzó Ilvael. -¡Nomaie!
    Se había acercado sin miedo al animal, hasta agarrar uno de los barrotes con la mano izquierda. Se arrodilló y acercó la otra poco a poco. El “lobo”, que al principio había reculado asustado, ahora acercaba el hocico poco a poco, mientras echaba miradas recelosas a Nomaie y a su padre. Olisqueó la mano, la tocó suavemente con la nariz y bufó sonoramente. Comenzó a mover la cola.
    -¿Nos lo podemos quedar? -El animal ya se acariciaba contra su mano y parecía más animado. -Míralo que majo es.
    -Yo, eh...- Miró desesperado a Jeriaebrek, que había permanecido callado un buen rato. -Jeria, échame un cable.
    -Ilva, el animal no da muestras de ser agresivo, pero si de haberlo pasado mal. Te recomiendo quedártelo. Míralo como un acto de caridad.
    -Gracias por el apoyo tío. -La joven ya jugueteaba con el enorme can, que estaba visiblemente más contento. -¿Dónde estará el que lo vende?
    -Hija, todavía no sabemos si lo ven...
    Como si sonara una campana, el lobo se apartó de la mano y gruñó perceptiblemente. Miraba a alguien que se acercaba desde un tendero cercano y le gruñía con verdadero celo.
    -¿Están interesados en la mercancía señores? ¿Les interesa este magnífico animal? -Apoyó la mano en la jaula. Justo en ese momento la mascota se acurrucó y pareció que algo le molestaba. -A mí me ha prestado mucho servicio, pero es muy amigable. Como han podido ver.
    -Nos lo llevamos. ¿Cuánto es? -El antiguo maestro jedi se había adelantado. Rebuscaba en sus bolsillos, como buscando
    algo. -Pregunto que cuánto es.
    -Pues serán tres mil... -Se quedó parado un momento. Pero continuó. -No, 500 créditos.
    -Cóbramelo. -Jeriaebrek ya le había extendido el chip de créditos. -Ilvael, no pellizques coño.
    -¡Gracias tío Jeria! -Nomaie estaba radiante. -Podremos llevarlo en la pelta.
    -Genial, ahora me convertiré en esclavo del chucho. Gracias “amigo”.
    -Mi viejo amigo, comprenderás la decisión que he tomado antes de lo que piensas. -Sonrió y guiñó un ojo. -Ahora debemos llevárnoslo, pero por suerte este amable señor nos regala también la jaula y los repulsores de transporte dónde la lleva.
    -Por supuesto... Gracias por la compra.


    Había logrado escapar a la vigilancia imperial de forma casi milagrosa, quemando su uniforme de asalto para evitar que los sabuesos lo localizaran. Había aprendido muy bien todos los temas referentes para escaramuzas en territorio imperial, tanto el combate en sí como la posterior huida en solitario si se hiciera necesario. Y vaya, aquello se hizo muy necesario.

    Todo salió con el orden planeado. La célula se infiltraría en una instalación carcelaria y extraerían a cierto prisionero político, para llevarlo a salvo. Y mientras se encaminaban por las transitadas calles de Coronet, los detuvieron unos soldados de asalto. Sabían exactamente para qué habían sido enviados y les informaron que les iban a acompañar, sin disparos entre la multitud. Entregaron discretamente sus armas y los siguieron, hasta que los soldados los metieron en un discreto callejón. Allí, el sargento rebelde, oliendo a muerto decidió saltarse la acción diplomática y comenzó una trifulca, en la que cayó una cegadora al suelo aprovechando los que pudieron para hacer mutis por el foro y largarse.

    Nunca supo que había ocurrido con sus compañeros y la misión, porque al acudir al punto de encuentro se topó con imperiales, a los que pudo esquivar gracias a que se había desecho ya del uniforme según la forma que le habían enseñado. Daba gracias por la instrucción. Sin ella habría acabado muerto, pero igualmente estaba sólo, sin amigos o conocidos cerca y sin ningún tipo de dinero o visado. Estaba verdaderamente jodido y buscaba una forma de salir de Corellia y volver al seno de la jovencísima Alianza Rebelde. Se enfadó. Aquella situación podría haberla evitado, pero quería acción. Podría haberse quedado tan tranquilo en uno de los cuarteles improvisados, ejerciendo de médico para la Alianza, sin arriesgarse, pero quería estar en primera línea, sentía que atrás no hacía todo lo posible. Maldita fuera su estampa.

    Entre los callejones del Sector Azul se podía mantener más o menos a salvo, porque aunque cualquiera de los delincuentes podría pretender algo de él, disponía todavía de su bláster auxiliar. Y estaba más que dispuesto a usarlo. Lo que se preguntaba era que carajo iba a hacer en caso de que lo disparase.
    Estaba tan paranoico que cuándo escuchó pasos cerca se metió en uno de los patios de viviendas de la zona, aparentando ser un vagabundo durmiendo. Pero su sospecha desapareció pronto cuándo vio que se trataba de dos twi'leks y un humano, escoltando una jaula con un perro enorme de seis patas. Aquella raza le sonaba, pero no sabía de qué. Se concentró en lo que decían, porque parecían discutir. La chica decía algo sobre abrir la jaula y los otros dos, bastantes más mayores le daban una serie de razones para no hacerlo. Ella replicaba de nuevo. Cuándo comenzaron a alejarse, toparon con una serie de cajas y barriles de cerveza vacíos, desechos de las cantinas y bares de la zona. Cuándo retiraban los desperdicios, el twi'lek empalideció perceptiblemente, hasta llegar a un tono rosado muy claro. Sin gritar, dejó las cajas en el suelo y se apoyó de cara a la pared mientras se masajeaba la espalda. Sin verlo, supo que apretaba los dientes y podía escuchar un lamento muy, muy bajo, pero sin oírlo. Porque sabía lo que le había pasado y lo mucho que dolía aquello. Así que sin saber muy bien que se creía que estaba haciendo, se encaminó en su dirección, poniendo una sonrisa muy, muy afable.



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  • ¡El crucero Emancipador zarpa! "Libertad 1"/

    Escrito por Vilem_Landerer el 22/09/2012
    Con un poco de retraso, que llevo la semana embobado con mi sobrino. En dos o tres días, la siguiente entrega y a partir de ahí, una semanal fija. El tituló entre este primero y los siguientes cambiará a "Libertad" a secas.

    [font="Times New Roman"]
    Libertad

    23 de Noviembre del año 18 Imperial. Ciudad de Coronet, capital de Corellia.

    Coronet estaba radiante. Al menos así lo pensaba Ilvael, que volvía de despedir a Vílem, que se reincorporaba en una semana a la fragata Infranqueable y había salido esa misma tarde de viaje en su caza para darles alcance en el núcleo. Antes de irse, había resuelto unos trámites que le eran muy preciados al veterano artesano y contrabandista. Acababa de comprar su libertad y la de su hija con el dinero obtenido del cuantioso seguro de vida de un hombre que sólo existió sobre el papel, pues era una de las tapaderas del mercenario. “Termina un día estupendo” Pensó. “Tengo unas ganas terribles de decírselo a Nomaie”.

    Festejaron la noticia junto con Jeriaebrek, que había ido de visita aprovechando que los últimos meses Vílem había recalado allí.
    -Hay otra cosa que quiero que sepáis, pero iremos mañana, ahora es muy tarde. -dijo misterioso el Twi´lek.
    -¿Qué es? -Nomaie estaba impaciente. Siempre que su padre se ponía en ese tono solía salir algo bueno. -¿Un caza? ¿Un caza fuerte y bien armado para tu hija, que tiene ganas de pilotar?
    -No des la paliza Maie, ya lo verás mañana.
    La joven siguió comiendo, contenta porque su padre era muy mal mentiroso.
    -Ilva. ¿Se trata de otra idea de bombero? -Jeriaebrek había tenido que asistir a más de un invento extraño o sistema inestable. Se curaba en salud hablando de sorpresas con el artesano. -Te recuerdo el supercargador de la última vez.
    -No, no, esta vez lo estoy cuidando al detalle, y no es un aparatito. -Puso una desagradable mueca al recordar. -Eso del supercargador ha sido un golpe bajo. No fue culpa mía.
    -Si, ya. Por supuesto.
    -Ahórrame el sarcasmo. ¿Quieres? Mañana lo veréis. Y os encantará.


    Viajaban en el deslizador de Ilvael, siguiendo una vía poco conocida que los llevaba lejos de Coronet, a un pueblo que hacía muchísimos años había sido abandonado y ahora apenas quedaban ruinas que atestiguaran su existencia. Al oeste se podía ver una abrupta quebrada, que dividía el valle y le daba un aspecto que recordaba a las quebradas y cascadas de Naboo.
    Los condujo por aquel despoblado, hasta que entrevió algo conocido y rebuscó entre los cascotes de una casa y pulsó algo que estaba en el suelo. Inmediatamente, se elevó un pequeño mando que tenía receptores de audio y vídeo. Ilvael acercó la cara.
    -Gran colibrí.
    Y un sonido como de campanita sonó, dejando ver justo a la derecha, una pieza del suelo que se movía, mientras el pequeño aparato volvía a su escondite.
    -Ilva. ¿Qué demonios es este sitio? Jeriaebrek estaba sacando una linterna de su cinturón. -Está muy oscuro, con cuidado pequeña.
    -Gracias tío.
    -Guarda eso Jeria, no te va a hacer falta. ¡Luces! ¡Arrancad el sistema holgazanes!
    Al final de la rampa de acceso, se podía ver una puerta que se abría en ese preciso instante. Se encendió el alumbrado y pudieron escuchar el siseo de múltiples computadoras poniéndose en marcha y chequeando sus sistemas.

    Al entrar por la puerta apenas pudieron advertir el aspecto austero y blindado de aquél sitio. Las dos enormes trampillas que cerraban el acceso a aquél gigantesco lugar, debían dar con toda seguridad a una de las paredes verticales cercanas. Tampoco se fijaron en dos docenas de droides de mantenimiento que comenzaban a zumbar de acá para allá, unos sobre orugas, comprobando sistemas a ras de suelo y otros meciéndose suavemente en repulsores, para llegar a los puntos más largos. Desde luego, la feliz y enorme sonrisa de Ilvael Norath, artesano y contrabandista estaba fuera de su prioridad. Porque en el centro de aquella sala, ocupando un volumen importante del espacio, se encontraba una nave. Una nave enorme.


    Desde luego lo que más llamaba la atención era el tamaño. Cuándo salieron de su primer asombro, pudieron analizar algunas cosas más. Por ejemplo la semejanza de la proa con el puente de las corbetas corellianas, que tenía un aspecto ancho e imponente, a pesar de los colores diluidos y la estrella imperial que se podía ver en un lado, desdibujada por el uso y los años.
    -Ilvael. Esto... Esto es una fragata Pelta. -Dijo el antiguo jedi. Estaba boquiabierto. -Una Pelta. Serví en una.
    -Si, es una Pelta.
    -Pero, pero, pero... ¿De dónde papá? -Nomaie había acertado a medias, pero nunca se había imaginado hasta que punto podía acercarse. -Pero si las fragatas no pueden ser adquiridas...
    -Lo sé. -Su sonrisa se ensanchó, ocupando su redonda cara, los lekku bailaron. -Y no la he adquirido.
    -Ilva, dime que esta no es aquella. El maestro estaba serio y recuperaba la compostura. -Dime que no es la de Viranti...
    -Esa fue desguazada. Sentaos que os explique.
    Dos droides trajeron sillas para los tres y continuaron su labor. Ilvael les contó cómo había encontrado aquél hangar abandonado y cómo buscó al dueño y tras una dura investigación, supieron que estaba muerto y sin descendencia u otros que pudieran heredar. Les dijo que el hangar se lo había quedado el gobierno, y lo había puesto a subasta, pero que nadie quería un antiguo hangar en una zona despoblada y sin ciudades o tiendas siquiera. Así que lo compró bajo la tutela legal de Vílem y al abrirlo, encontró la sorpresa. Según los registros, la nave había sido convertida en transporte armado de escolta, pero que fue retirada y comprada por un particular.
    -... pero murió y dado que según contrato, estipula que cualquier bien que encuentre será mio legalmente, pues ea. -Se rascó la barbilla y sonrió levemente, en una mueca de triunfo. -Comencé a trabajar en ella, con la ayuda de estos droides, comprados o directamente encontrados por aquí.
    -Bien, ya nos lo has explicado papá... -Nomaie seguía sin salir del asombro. Y la cantidad de casualidades no ayudaba. -¿Y qué pretendes hacer con ella?
    -Mejor dicho. ¿Qué has hecho ya con ella? -Jeriaebrek conocía muy bien al twi'lek y sabía que aquello podía ser otra de sus aventuras. -Porque le has hecho algo.
    -Por supuesto que le he hecho algo. Después de descubrirla, conecté de nuevo a los droides de trabajo, pero cambié su programa. -Cogió el datapad de su bolsillo y revisó los datos que le ofrecía. -A estas alturas ya han terminado de construir la bahía del hangar y de reorganizar el espacio de carga -Sólo falta calibrar el motor para conseguir más potencia e instalar los nuevos componentes que tengo planeado comprar esta semana.
    -¿Pero para qué? -La pregunta la hicieron ambos al unísono.
    -Mirad. Aunque Corellia mantiene una cierta independencia, sigue rindiendo pleitesía al Impero. Si nos quedamos mucho tiempo en un mismo sitio, se acabarán fijando. Y aunque haya comprado mi libertad, nos la pueden revocar.
    -¿Y qué harás? ¿Ir de un lado a otro, sin asentarte en ninguna parte?
    -Si, eso mismo. -Su color enrojeció un poco, picado. -¿Acaso tenemos algo que nos ate?
    -¿Acaso vas a darle a Nomaie una vida de vagabundeo? -Continuó con su exposición con vehemencia. -¿Qué hay de su vida? ¿Qué hay... de...?
    Se interrumpió al verle la cara a la joven. Estaba mirando más allá de los gruesos muros del hangar, pensando en las posibilidades de todo aquello. Sonreía.
    -Bueno, desde luego a mi hija no parece hacerle tan poca ilusión. -Se estiró en la silla hasta que pudo escucharse un crujido que le hizo estremecerse. -¡Ay! ¡Suputamadre!
    -Je, si te parece poco, tu cuerpo comienza a decirte que no estás para estas cosas...
    -No me jodas Jeria, no me jodas. Es el puto cabrón de Vílem, que practicando me ha pegado una buena y todavía duele.
    -Espero que no seas tan nerf como para no haber ido todavía al médico.
    -Muy gracioso. Mañana iré a buscar a uno. Con todo el zipizape no he tenido oportunidad.
    -Entonces... ¿Te vas de Coronet? ¿Abandonáis el sistema?
    -Definitivamente.
    -En serio. ¿No queda algo aquí?
    -Vílem está facturado a su destino en el Infranqueable, Nomaie apenas tiene amigos, porque la xenofobia aumenta y nadie quiere que le acusen de tal o cuál... -La miró. Continuaba soñando despierta. -El profundo y frío espacio es tan adecuado como la bella y despiadada Coronet.[/font]

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  • Nuevo Lánderer en el mundo y anuncio de Escritura en Directo../

    Escrito por Vilem_Landerer el 17/09/2012
    Bueno, no me voy a extender demasiado, porque estoy que me caigo de sueño, que ha sido una noche y un día de locura.





    ¡¡SOY TÍOOOOOOOOOOOO!!




    Pues eso, que hace unas cuantas horas que mi ahijado Carlos ya ha llegado a este dichoso mundo, dando clarísimas muestras de ser de la familia. Yo estoy que no quepo en mí ahora mismo.



    De paso, os comento que mañana a partir de las once del medio día, si no pasa nada, estaré continuando la siguiente entrega de Folgore directamente desde Google Docs. Con el siguiente enlace, podréis entrar y comentar distintos puntos y creo que si disponéis de cuenta, chatear conmigo en el momento. Quiero probar el tema y se me ha ocurrido que se podría intentar así.

    Si no pudiera, lo dejaría avisado. El enlace es el siguiente:
    Folgore
    Un gran saludo a todos.
  • Pasando el mono, día 1./

    Escrito por Vilem_Landerer el 13/09/2012
    Son las dos de la mañana. Debería estar muerto, pero no puedo dormir. Tal vex si me giro y pienso en lo calentito que se está aquí...

    Je.

    Estoy algo nervioso, tal vez sea por eso. Pero también muy cansado. Debería aprovechar y escribir, pero levantarme será peor y el trastomóvil no da para tanto (se cuelga con google docs).

    Me pongo música para relajarme. Por desgracia, no puedo separar ciertas canciones y se mezcla violín suave polaco con Gigatrón. Son las dos y siete minutos de la mañana. Pensaba que había pasado media hora.

    He vuelto de la cocina, dónde he trasegado agua y le he echado un ojo al termómetro de la ventana. 28 grados con 85% de humedad. Empiezo a considerar que vivir en una gran ciudad cuyos alrededores son pantanos y tiene el mar Mediterráneo delante no es tan genial como podría parecer para el turista. Y eso que antíguamente, la zona sería prácticamente una tierra prometida con temperaturas suaves, mucha diversidad animal, rodeada por un río ancho y fértil como suelen ser las zonas de sedimentarias. Pero claro, ahora es una gran ciudad.

    Ha pasado otra media hora y son las dos y catorce minutos. Me estoy quedando sin batería, lo cuál me recuerda que debería comprar otra, que esta se muere por momentos.

    Voy a matar a todos los putos borrachos de esta ciudad. Y a los conductores de moto con escape modificado. Y a los reggetoneros.

    Vaya mierda de diario de guerra te estás marcando, Vilemcín.

    Joder, estoy hecho una sopa.

    Mierda, me he convertido en "atention whore"
  • Reseñas y un pequeño anuncio./

    Escrito por Vilem_Landerer el 07/09/2012
    Muy buenas a todos. Hacía tiempo que no me ponía un poco serio por estos lares excepto para quejarme. Así que para quitar un poco de costumbre y que no se diga que soy un anciano quejicoso, pues os dedico algunas páginas de esas que visito habitualmente. De algunas ya os he hablado, de otras no y alguna seguro que la conocéis.

    De parte de mi buen amigo el Narrador de Antagis, tres blogs que seguro encontraréis interesantes:
    Los Chismes del Narrador; dónde cuelga resúmenes de partidas de rol, reseñas a libros o películas y además expone sus avances en el Sistema del Dodecaedro, usado en sus partidas, junto con extensos datos acerca de su mundo de juego. Supongo que no hace falta decir que cada dos semanas más o menos, nos reunimos para jugar (hablar) y rolear (comer doritos) durante un buen rato.
    El Escudo de las Tormentas; allí nos escribe sobre sus proyectos literarios desde hace tiempo, al principio únicamente del "Escudo de las Tormentas" pero ahora sobre varios proyectos más.
    Epítome Clásica; el Narrador no se detiene ante nada y ahora analiza las obras clásicas. Especialmente adecuado si alguien quiere aprender entreteniéndose sin tener que leer dichas obras (que a veces se hace largo, reconozcámoslo).

    A Platov lo conocéis muchos de vosotros, por no decir todos, pero aún así no está de más indicaros que ha creado un blog en Blogspot: El Correo del Atamán; vuestro cosaco favorito os escribirá relatos, hablará sobre su mundo de fantasía; el Orbe y además traerá hasta vuestros ojos muy variadas reseñas históricas.

    De una galaxia muy, muy lejana, os traigo a un artistazo: Lord Reinhart, que solía jugar al Star Wars Galaxies en tiempos, también escribió las historias de sus personajes. En la Esperanza Imperial encontraréis imágenes y algunos dibujos, algún vídeo promocional de cuándo el juego aún existía y sobre todo sus relatos, que no son para desperdicio ninguno.
    Además, este servidor lleva escribiendo un tiempo en Fanfic de Star Wars y en algunos puntos de la historia, aparecerán Ayllenia Reinhart y su prima Eysenna, las protagonista de la novela fanfic interactuando con mi personaje.

    Ahora, webcómics:

    De la mano del maestro Ensis, que no necesita presentación, nos llega recién estrenado el cómic [webcomic]laguerradelaorejadejenkins[/webcomic] que tratará cómo os podéis imaginar de ese conflicto que enfrentó a España e Inglaterra en una nueva guerra.

    Por parte de blacksanz, Ravenlord que hace ya un cierto tiempo que se publica. Toñas, sangre, magia negra y cuervos con un joven cómo protagonista.

    Rata (no me puede saber mal llamarlo así, pero es que me entra raro) crea
    Art 88-46 y no se queda corto. Ciencia ficción y aventuras, con ¿Ordenadores? ¿Navíos espaciales? ¿Bichos gigantescos extraterrestres? A mí me conquistó con una página y no creo que tenga nada más que decir.

    Blade Runner: Se trata de una adaptación de la película, traída porLuN, que no deja indiferente a nadie. Deckard vuelve a enfrentarse a la amenaza de los Replicantes.

    Ahora un cómic que va sobre algo sobre lo que jamás leería un cómic. La leyenda de Zelda no es un vídeojuego al que haya jugado jamás, pero no me ha gustado nunca el aspecto de su personaje protagonista. En The Legend of Zelda: El Rey no es así y lo agradezco. Lo descubrí y lo sigo incansable, aunque no estoy tan comentarista cómo me gustaría.


    Y ya está. Me parece un buen tocho de relleno para que conozcáis a algún amigo o para que sepáis los cómics que me tiran últimamente.

    El anuncio es algo que ya tenía ganas de comentar; especialmente porque supone una mejora para la Senda del Aventurero, después de estos meses tan malos. Por fín me retiran cierta pastillita y en algo menos de un mes, aunque estaré prácticamente sin tiempo sí que estaré mucho más activo y animado que hasta ahora y eso lo notaréis (espero) en el ritmo de entrega de cada entrada.

    Un saludo pues, a todos esos estupendos seguidores que me leéis los relatos y las opiniones que suelto de vez en cuándo. Gracias a todos.
  • Sniper Alley (4)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 05/09/2012
    [font="Times New Roman"]
    Los tres estaban en una posición muy delicada. Barega mantenía con su enorme fuerza a Dean, que no dejaba de retorcerse para escapar del implacable abrazo del gigantón. Hermann, por su parte, buscaba cualquier resquicio para disparar sin herir a su empleado, cosa no tan complicada si no fuera porque el PKM estaba ahí, a la vista. Si hubiera querido, se habría apostado y les habría disparado al entrar. O antes de entrar, desde la ventana. Mientras Barega gritaba palabras con sentido y algunas que no tenían tanto, el alemán se concentró en su aspecto. Era enorme, cosa evidente y muy oscuro de piel a pesar del polvo, aunque no negro. Tal vez un hispano, pero aquél acento no le sonaba. De medio oriente, concluyó, no muy seguro. Con un poco de suerte sería israelí.
    –¡Cálmate! –dijo Hermann, en inglés, esperanzado.
    Barega puso cara de sorpresa y su brazo se aflojó ligeramente.
    –Menos mal, podemos hablar –dijo el gigantón, aliviado claramente–. Voy a soltar y me alejaré un paso. No voy a dispararos.
    Dean se soltó con un bufido y le apuntó sin miramientos con el lanzagranadas.
    –Muy bien, podemos bajar las armas –comentó Hermann, mientras bajaba el fusil, algo más tranquilo–. Dean, he dicho que bajamos las armas.
    El norirlandés resopló y obedeció. Siguió observando furibundo.
    –Siento el espectáculo –dijo Barega, con un acento extraño, cercano al australiano, aunque con dejes sudafricanos–. Me llamo Barega y me han contratado para escoltar a un grupo de personas fuera de la ciudad y me está costando porque ya somos siete. Y cuesta controlarlos porque algunos se odian entre sí y no domino el idioma de por aquí.
    –¿Y qué quieres? ¿Ayuda? –dijo Dean, despectivo–. No podemos ayudarte, estamos ocupados.
    –Estamos buscando a una dama –comento el mercenario, en suave inglés–. Se trata de Ljubica Darko. Nos envía su marido a por ella, pero sólo sabemos que está en un edificio de radio local. Mandó un mensaje entrecortado hace unos días.
    –La conozco. La protejo, cómo a los otros –sonrió el aborigen, encantado por el giro de acontecimientos–. ¡Venid! Si tenéis radios podremos enviar un mensaje.
    Cogió el PKM y se acercó a la escalera, sin notar que ambos estaban asombrados por la noticia. Se dio la vuelta y les apremió, contento.

    El lugar estaba a poca distancia de dónde habían conocido al australiano. Dentro, entre cascotes y sentados en colchones sucios, malvivían 6 personas. Dos mujeres, tres hombres y un niño. De las mujeres una era serbia, el resto, bosnios. Barega los presentó y Ljubica lloró de alegría al saber que su marido le había enviado ayuda. Más se alegró al saber que Dean transportaba una radio operativa para poder avisar en caso de que se hiciera imprescindible salir de allí.
    Al principio los momentos de tensión estuvieron más que servidos. Los bosnios se creían abandonados por la serbia, con la que habían compartido las escasas provisiones, la preciada agua, que escaseaba. Sin embargo, Barega dejó de dar explicaciones cuándo Hermann le advirtió que los estaba confundiendo más, debido a su pobre dominio del idioma local. El alemán les explicó que estaba acordado que les enviarían un helicóptero para evacuar y había espacio de sobra para todos, así que nadie iba a ser abandonado allí. Pero todos debían obedecer las órdenes de los tres mercenarios, sin rechistar, pues la supervivencia de todos dependía de eso.
    Cuándo comenzó a atardecer, salieron a buscar formas de pasar al edificio contiguo, que era más o menos de la misma altura, pero sin la molesta antena, que evitaría una recogida segura. Después de la exploración, que no tuvo incidentes, decidieron que pasarían de un tejado al otro, para evitar todo lo posible la calle y que se trasladarían aquella misma noche.


    [/font]


    Vuelvo a la carga con Hermann, Dean y Barega, tres de los protagonistas de "Sueño Africano", el cuál podréis disfrutar dentro de un tiempo dibujado por mano de blacksanz.
    Poco he de comentar hoy, excepto que de momento, seguiré con Sniper Alley hasta su fín y después haré lo mismo con "la Última Batalla" y si estoy de ánimo con "Él", que ya toca.

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  • Duelo de Titanes (3. Final)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 26/08/2012

    [font="Times New Roman"]

    Trastabillaron ambos, tratando de no caer tras el tremendo mazazo doble. El Sith reaccionó antes y acosó al mercenario a golpes, que tan sólo pudo cubrirse ante el aluvión. La armadura evitaba perfectamente que sintiera ningún dolor, excepto cuando Vader se centraba en la cabeza. Después de unos cuántos, pudo devolverle un par y aquél sí parecía sentirlos, al menos en parte, así que arreció la tormenta de golpes que le mandaba desentendiéndose un poco de la defensa. El oscuro era capaz de devolverle los golpes que en la armadura apenas contaban, pero algo comenzaba a ir mal. Las alarmas de la nave señalaban la entrada en la atmósfera y la gravedad cambiaba, atrayéndoles más hacia abajo. Por las explosiones y aquél ominoso quejido que recorría el superdestructor, debía de estar pasándolo realmente mal.
    –¡Vaya! –exclamó el mercenario, encantado por el cariz que tomaba la pelea–. ¡Parece que si no te mato yo, lo conseguirán otros! Al menos te he distraído lo suficiente como para que no puedas evitarlo.
    Vader guardó silencio ante la bravata. Maldijo su manía de no llevar un comunicador para poder cantarle las cuarenta inmediatamente al almirante Jon y que cumpliera sus órdenes. Estaba en una mala posición, eso se lo reconocía a aquél intruso. Pero seguía siendo un Lord Oscuro y eso significaba mucho en aquella nave y en aquella galaxia. Se acercó rápidamente a Vílem y le propinó una patada en el pecho, derribándolo de espaldas sobre la tambaleante superficie. Saltó sobre él antes de que terminara de quejarse y comenzó a golpear rítmicamente con los puños en el casco, esperando noquearlo para tener algo a lo que interrogar después. Que la mala leche no se baja sola.

    Los puños llovían implacables sobre su cabeza y no le gustó. El cuello le dolía, así como la cabeza. Los refuerzos estructurales de su cuerpo podían aguantar una gran paliza. Con la armadura, un linchamiento en toda regla y un accidente de deslizador a gran velocidad. Pero aquello eran puñetazos de cyborg, lanzados con rabia y la Fuerza como aliada. Iba a perder el conocimiento si no podía quitárselo de encima y por mucho que le golpeaba, Vader no se movía de su pecho y no daba muestras de querer parar el aluvión, así que necesitaba una distracción externa. Recordó todos los amigos que podrían echarle una mano, pero también recordó que algunos de ellos le buscaban para entregarlo a la justicia de la rebelión. Maldijo en voz alta. Dentro de él, una vocecita comenzaba a hacerse de nuevo fuerte. Una voz acallada hacía muchas semanas, tras intensivo entrenamiento. Ahora volvía para tratar de reclamar el cuerpo. Necesitaba una distracción o aquél cretino con casco de cacerola lo iba a despertar de nuevo.
    Cómo si alguien de un plano de existencia superior hubiera escuchado sus ruegos, llegó la distracción, en forma de objeto afilado y enorme que acababa de penetrar la cobertura blindada, antes de ir a incrustarse en el motor más cercano a los principales. Con un espantoso ruido, arrancó la estructura entera, dejando al aire la temblorosa pasarela que estaba a punto de desmoronarse. Bajo ellos, la fragata de espolón se soltó con un violento movimiento, mientras su tripulación trataba de sacarla de la estela del superdestructor al que acababan de herir gravemente. Vílem la aprovechó y golpeó con fuerza a Vader en la máscara, consiguiendo quitárselo de encima. La pasarela se quejó definitivamente por el maltrato y se desplomó, quedando colgada de uno sólo de los cables de sujeción, que aguantó heróico. El sith se agarró al pasamanos, mientras que el mercenario, recomponiéndose aún de la paliza cayó varios metros antes de agarrarse a la capa del oscuro, que casi se suelta por el tirón. Todo aquello se balanceaba y estaba seguro de que si se libraba de la capa y del peso del enemigo podría alcanzar el lado de la pasarela que aún se mantenía firme. Por su parte, el mercenario trataba de trepar en un intento de caer con Vader y cumplir su venganza.
    –Maldito seas, mercenario –rugió Vader, contrariado–. Mueres sin que pueda sonsacarte. Suerte para tí, supongo.
    La capa se desenganchó con un ruido sordo. Vílem cayó fuera de la nave y entró en la atmósfera. A lo lejos, la fragata se había repuesto y mantenía al destructor bajo fuego. Mientras caía, observó cómo el sith se columpió hasta un lugar seguro, aunque por suerte para su plan, el superdestructor se precipitaba hacia la superficie del planeta asediado ardiendo y mutilado en varios puntos. Sonrió dentro del casco, antes de disfrutar del pandemónium. La batalla era un infierno de disparo de turbolásers, misiles surcando el cielo y las lanzaderas de desembarco cayendo. A su alrededor, cientos de naves atmosféricas y espaciales combatían a las fuerzas imperiales, que habían caído presas de su propia arrogancia.
    Se calmó y se puso de frente a la superficie. El viento era lo peor de estar cayendo desde tanta altura, pues producía un ruido infernal al rozar algunas de las secciones de la armadura y le molestaba. Supuso que con un poco de suerte Vader no sobreviviría a aquello. No lo podía saberlo en ese momento, pero más adelante supo que se equivocaba. Esperaba también que el paracaídas integrado hiciera bien su trabajo. En esto, se medio equivocó, porque el paracaídas no se abrió en el momento adecuado y cayó con muy malas maneras, pero al menos, sobrevivió. Así que pensando que había terminado el tiempo de las venganzas, consideró que era hora de rehacer su vida en aquella galaxia y volver a desaparecer.
    [/font]

    Y se acabó. Hasta aquí llega este furioso combate entre dos titanes galácticos. El mercenario Vílem, alias Reissig, alias Caldeon, alias "Aullador", cree haber conseguido su venganza, aunque todos sabemos que no es así.
    Siento si de vez en cuándo pongo retazos de mi fanfic, pero me ayudan y mucho a continuarlo, precisamente por llegar a ciertas partes especialmente emocionantes de escribir y espero, de leer.

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  • Un problema de entendimiento./

    Escrito por Vilem_Landerer el 15/08/2012
    Y he aquí un post de queja. O cómo prefiráis.

    Hace ya tiempo que detecto una profusión en el uso de los emoticonos. No me quejo de que sea práctica nueva, que no lo es, qué os pensáis; sino de que se usa ahora mismo para casi cualquier conversación escrita.

    Cada cuál que los use como prefiera, por supuesto, pero hay que tener en cuenta una cosa, y es que hay algunos carcas, como yo, que no tienen repajolera idea de lo que significan algunos. Y que cada vez, parece que hay más y se salen del clásico "puntos de cualquier tipo, barrita y un caracter para representar la boca". Aunque doy a entender que soy de agrio carácter con lo que estáis leyendo (bueno, un tanto seco sí soy), nada más lejos. Sencillamente, no dedico demasiado esfuerzo en aprender algo que no uso, excepto cuándo es indispensable (creo que una vez pregunté a alguien qué significaba lo de *_*, pues no lo entendí (pensé que representaban ojos hinchados por puñetazo, imaginad la maravilla)).
    Tampoco, como algunos sé que pensáis, soy un anciano o un tipo conservador (una cosa no quita la otra, pero tampoco van necesariamente unidas), sino simplemente no me gusta hacer uso de dichos emoticonos, especialmente en post o escritos de esta clase (aunque algún :D cae y en el messenger gastaba emoticonos dibujados, de los que llegué a tener una gran colección y que en tiempos menos inspirados me hacían mucho papel).
    Si comenzamos con según qué abreviaturas, que además provienen de vocablos en inglés, agárrate. Fuera del LOL no tengo ni puta idea qué coño significan abortos similares y maldita las ganas que tengo de ahondar en el tema. Además esto tiene se me hace cargante, porque en cualquier juego online me veo rodeado cuál tercio en Rocroi y cierro filas y se me acaban cruzando los cables. Respeto las ganas de usarlo, pero no me gusta, sencillamente, cuándo un "¡JAJAJAAJAJAJJAJA!" siempre va a tener más fuerza que un simple "LOL". Sí, es más corto, sí, es más útil. Pero esa risa descuidada, escrita en mayúsculas, con prisas... Indica una risa atroz, estruendosa como la de Jack Aubrey.

    En fin, post de relleno mientras continúo escribiendo las siguientes entregas. Tengo unas ganas locas de que pase Septiembre (ya veréis porqué, aunque os aviso que tiene que ver con mi ritmo de trabajo para el blog y no, no es el calor).

    Por cierto, sí queréis echarle un vistazo a la Senda del Aventurero, podéis haciendo click aquí.
  • Duelo de Titanes (2)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 14/08/2012
    ¡Toñas y más toñas! Espero que lo disfrutéis. Estoy intentando describir un poco el entorno, como podréis observar. Espero que quede más claro.

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    [font="Times New Roman"]

    Combatían sin hacer caso a los gritos asombrados de los técnicos. Algunos corrían, desalojando la pasarela colgante, que se conectaba con las paralelas con tramos perpendiculares. Bajo ellos, un pequeño vacío, el que dejaban las bahías de los motores auxiliares. Los sables entrechocaban rítmicos, esperando que el otro se apartara lo suficiente como para hendir carne o metal, pero los combatientes no dejaban de sentir el balanceo de la pasarela. Construida para permitir tan sólo el paso entre sectores de mantenimiento, cada vez se quejaba más ante el esfuerzo de ambos contendientes.
    Vader luchaba con calma, defendiendo sin descomponerse en ningún momento, retrocediendo ante el embate de su rival, que era menos hábil, pero muy peligroso. Por la forma de moverse, no parecía estar tan acostumbrado como él a llevar la armadura siempre puesta, aunque no es que le restringiera demasiado el movimiento y si era una servoarmadura, se explicaba la extraordinaria fuerza con la que golpeaba. Lo que no le gustaba en absoluto era el desmedido balanceo de la pasarela, pues ya había dado de sí las uniones entre las perpendiculares. Ahora, una gran sección se movía de un lado a otro, fruto del peso y los movimientos de ambos.
    Vílem reaccionó tarde. El desmedido traqueteo de la pasarela ya era patente, además de que hacía rato que notaba que se hundía bajo sus pies. Estaba ejerciendo demasiada presión. Los enganches no aguantarían en ese estado y mucho menos si seguía golpeando así el sable de su contendiente. Dejó de dar un golpe y respiró profundamente, esperando que el casco le proporcionara la medida justa de oxígeno. Podría acabar con todo aquello si jugaba bien sus cartas; aunque no le importaba morir en el intento, tampoco es que deseara únicamente la muerte, aunque no le quedara mucho por lo que vivir. Calculó bien lo que estaba a punto de hacer. Siempre había hecho caso a Jeriaebrek respecto a aquello, pero no tenía más opción. Y disponía del idiota en la manga.
    –¡Creo que va siendo hora de poner fin a nuestra disputa, perro!
    –Coincido completamente –exhaló Vader, entrecortada la frase por una respiración–, es hora de morir.
    –¡Ciertamente!

    Probó la flexibilidad de la pasarela sin disimulo, que se inclinaba como un trampolín. Tras tres impulsos, decidió jugársela. Saltó haciendo uso de toda su fuerza, descoyuntando el extremo de la pasarela, que cayó al vacío con gran estrépito. Aterrizó a varios metros detrás de Darth Vader, girándose inmediatamente con el sable encendido. Justo en ese momento, sonó una explosión amortiguada. Inmediatamente, el aire se llenó de sonidos similares.
    –Maldito almirante apresurado... –dijo Vader, con resentimiento–. Es hora de que te mate, ha sido divertido.
    –Oh, yo creo que no.
    Hizo un movimiento y cortó varios cables de sujeción. Inmediatamente, la pasarela se estremeció.
    –Maldito seas.
    –Oh, calla, me sonrojas.
    La plancha enrejada comenzó a desplomarse, justo cuando Vílem corría de espaldas, cortando cuántas sujeciones encontraba a su paso. El Sith no esperó y salió tras él, con un gruñido de furia. Antes de que pudiera seguir, le arrancó con la Fuerza el sable de las manos, antes de aplastarlo sin dejar de perseguirle con el suyo aún encendido. La pasarela entera estaba cayendo, sección tras sección tras ambos combatientes. El mercenario tropezó con una pieza suelta y cayó pesadamente sobre la estructura. Antes de darse la vuelta, Vader ya estaba encima de él, acosándole con el sable, pero le lanzó una patada que lo hizo encogerse de dolor. Aprovechó para tratar de arrebatarle el arma de las manos, pero el Sith adivinó su intención y le propinó un codazo que no dolió, pero que le hizo separarse de él. Volvió a abalanzarse y sólo consiguió que el sable se perdiera en la oscuridad más allá de la plancha, que no dejaba de ceder ante el maltrato.
    Se miraron un segundo, antes de propinarse casi simultáneamente un puñetazo con toda la potencia que sacaron a sus respectivas prótesis.

    [/font]
  • Duelo de Titanes (1)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 12/08/2012
    Sí, lo sé. De nuevo algo corto. De nuevo, Star Wars. Qué queréis que os diga; con el tema del Emancipador estoy algo galáctico. Lo curioso es que esta vez sí es mi protagonista, mi "Gary Stu" particular (aunque joven, ya no es). Sí, por nombre lleva el de mi apodo. Es el que suelo usar, qué queréis que haga.
    Estuve pensando en este posible enfrentamiento con "Papi" Vader mucho tiempo. Pensando en todo lo que llevo pensado para mi personaje, sabiendo fechas, lugares y situaciones, llegué a la conclusión de que sería muy difícil que pudieran coincidir de nuevo (sí, coincidieron antes, pero apenas hubo pelea). Pero escribo esto porque me apetece, ya veis. Espero que disfrutéis de esta primera parte.



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    [font="Times New Roman"]


    Vader no lo había sentido venir. Sabía que algo pasaba, pero en ningún momento habría pensado que otro usuario de la Fuerza lo acechaba. Sobre todo considerando que solía cazarlos. El recién llegado era alto y corpulento. El pelo castaño, corto, sugería una vida dedicada a la soldadesca. Debía rondar la treintena e iba blindado con una armadura verde oscura que parecía bastante pesada. El lord oscuro supuso que sería una servoarmadura. En su costado había un bláster enorme, de revólver y en sus manos, llevaba una ametralladora láser, la reglamentaria para las escuadras de soldados imperiales, ya fueran del Ejército, de infantes de marina o soldados de asalto.
    –¿Mercenario? No creo que debiera estar aquí. –dijo el Sith, tanteando al recién llegado–. Vuelva a su sección si tiene una.
    –No –espetó sin educación–. Estoy exactamente donde quiero estar.
    La sala no medía demasiado y aunque la iluminación no era buena, dejaba entrever una puerta tras Vader. Él lo sabía y si se había metido en una emboscada quería estar seguro de no dejar rutas de escape a aquél necio.
    –Ya veo –retiró un poco la capa, dejando ver el sable de luz. Sentía curiosidad y deseaba atraparlo vivo–. En ese caso, dime por qué has llegado hasta mí. Jedi.
    La última palabra la dijo con asco. El otro había dejado ya su ametralladora apoyada contra una de las paredes, con gran calma. Mientras Vader había retrocedido otro paso y trataba de recordar al incauto, aunque no llegaba a situarlo, aunque estaba bastante seguro que lo conocía.
    –Eres un jedi, o al menos te han instruido como tal –comentó, sin transmitir emociones a través de su máscara–. Pero debías de ser un...
    La frase se quedó flotando en el aire. Ya comenzaba a recordar.

    –Veo que te has quedado sin palabras –dijo el mercenario, al que en ciertos círculos conocían cómo Reissig y que tanto en espacio Imperial como en zonas rebeldes era perseguido–. No sé si has reconocido mi armadura, o es que me has reconocido a mí. En todo caso, la casualidad de encontrarnos aquí, traerá la muerte de uno de los dos.
    De su cintura, había sacado un casco de diseño claramente imperial, aunque era más estilizado. La pintura verde estaba arañada en algunos puntos y tenía reflejos rojos y rastros negros.
    –Tú eres uno de los críos del...
    –Muy bien, ya me estás recordando –la voz sonaba ahora metálica, debajo del casco que se había puesto–. Porque al verte, al sentirte tan cerca, yo te he reconocido de inmediato.
    –Sí, eso me parecía –Vader empuñó su arma, sin encenderla todavía–. Nunca supe qué había ocurrido con vosotros. Al menos ahora, puedo enmendar parte de mi fracaso. ¿Quién eres, el padawan llorón que no supo reaccionar? ¿O tal vez el que trataba de esconderse entre los asientos?
    Se hizo de nuevo el silencio. La burla del Sith no pasó desapercibida para Reissig. El cierre se cerró y la armadura terminó de presurizarse.
    –Búrlate cuanto gustes –dijo, sacando un pequeño cilindro negro y agarrándolo con fuerza–. Pero yo no estaba muerto de miedo, como tú. Veo debajo de esa armadura y aunque has cambiado, no me es difícil verte otra vez. Avanzando, a pesar del terror que sentías por lo que estaba ocurriendo, no dudabas en asesinar a los jedi que te criaron. En tu error asesinarías a cualquiera que te reconociera. Soy aquél niño que interpuso su arma a la tuya, que escapó con unos cuantos aprendices y al que tu Imperio no ha podido asesinar. Aquél niño se llamaba Vílem y ahora se llama Reissig. Ven por mí, Traidor.

    Los sables sisearon. Vader sonreía bajo la máscara, divertido ante aquél que osaba enfrentársele en lo que más dominaba. Reissig sopesó sus posibilidades, sujetando firmemente el sable anaranjado en una posición de guardia. No era mal esgrimista, pero mejoraba y mucho con un segundo arma y tenía bastante menos instrucción formal que el Sith. Esperaba poder terminar con todo de un sólo golpe, que con su potencia, podría bien abatir su bloqueo. Si resultaba qu no bloqueaba, sino que esquivaba... Moriría.
    Se decidió antes de que Vader pensara en serio comenzar él el singular combate. Avanzó decidido, situando el sable a la altura de su hombro derecho y golpeando con un poderoso revés, de izquierda a derecha, muy, muy rápido. El oscuro tuvo el tiempo justo de interponer el sable y pudo parar con gran esfuerzo el golpe, que fue demoledor y que a cualquier persona habría matado.
    –Eres... Maldito seas... –maldijo el mercenario, contrariado–. Eres un puto cyborg.
    –Veo, que no soy el único –respondió el Sith, calmado al afianzar su bloqueo y mantener el contacto entre ambos sables láser–, ¿por eso tanta seguridad?
    –Hurm. Reconozco que no me lo esperaba –dijo, retirándose hacia atrás–. Voy a necesitar algo más, cabeza cubo.
    Se palpó el cinto, para comprobar que lo llevara todo. Había calculado que algo podría salir mal pero que aún tendría oportunidad, así que se había preparado un poco el terreno.
    –Entrégate ahora, asesino –ofreció Vader, apretando el puño frente a él, con el sable activado aún–. Todavía te es posible acogerte a la compasión imperial.
    –Ya la conozco, gracias. – agarró la ametralladora y se la afianzó bien a los enganches–. Prefiero arriesgarme a matarte y ya veremos luego.
    –Estás en un superdestructor –espetó, seguro de sí mismo–. No sé cómo habrás pasado la seguridad, pero te aseguro que no escaparás. Y ten claro que no puedes matarme.
    –El cómo he pasado, es cosa mía, cómo todo –comentó, volviendo a presentar el sable para el combate–, pero te aseguro, que escaparé. Y tengo claro que puedo matarte.
    Volvió a atacar. Otra vez el mismo ataque. De nuevo Vader bloqueó, justo antes de que aquél frenara ligeramente. Aquello dejó desprevenido al oscuro, que le dió tiempo a bloquear el ataque con cierta dificultad. Quedaron un segundo, mirándose a través de las lentes de sus cascos, antes de que el mercenario, dando un pequeño grito, levantara el cuerpo del señor oscuro y lo lanzara contra la puerta, que se abrió de golpe.
    Llegaron a una sala cavernosa, con las siluetas de un par de los motores a ambos lados, a algunos metros. Se encontraban en una de las pasarelas auxiliares de la sala de motores de babor. Los técnicos se giraron alarmados al ver la escena, pero el intenso ruido lo llenaba todo. El casco del mercenario gritó levemente al pasar por el umbral. Su comandante llamaba a las tropas embarcadas para el próximo desembarco. Los mercenarios iban primero, pero Reissig apagó la señal.
    –Estoy únicamente para tí. Hijoputa.

    [/font]
  • Un arma es una cosa peligrosa (especial)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 06/08/2012
    67 años son muchos años para una persona. Aunque para la Historia, no son nada. Hace 67 años que Hiroshima desapareció, víctima del segundo artefacto nuclear en hacer explosión en el planeta. A día de hoy no vengo a dar números, ni realmente a hablaros del tremendo pelotazo que en la zona más cercana a su centro de explosión, se convirtió en una estrella incluso más brillante que nuestro Sol. No.
    Escribo esto porque estoy leyendo muchas paridas. Lo típico, es "qué malos somos los humanos", o "vaya desgracia". Mi última entrada habla sobre la operación Gomorra, una sesión de MESES de bombardeo brutal cometido contra la ciudad. El primer objetivo del bombardeo se marcó encima de una iglesia, en el centro de Hamburgo, pero se bombardeó a placer. Y hablamos de civiles, igual que los había en Hiroshima o Nagasaki. Dresde también es un buen ejemplo de ciudad destruida en tiempo de guerra.
    Pero claro, los alemanes eran los malos, los japoneses no, ¿verdad? Pobres japoneses. ¿Sabíais que un 10% de los muertos por las bombas, eran coreanos? ¿Sabíais además, que esos coreanos habían sido llevados allí para hacer trabajos forzados?

    ¿Sabíais, maldita sea, que un puto diplomático nazi sintió tanto horror ante lo que los japoneses hacían a los chinos, que no pudo hacer otra cosa que procurarles asilo a los que pudiera, colocando una gran esvástica en su casa para que los japoneses no atacaran? Muchos chinos aún recuerdan a John Rabe y su papel en su salvación ante la represión japonesa, que fue más cruel incluso que la alemana en sus respectivos territorios. John Rabe no era un alemán patriota, cómo tantos otros. No era alguien que se unió al partido por necesidad, como otros. Estaba convencido y admiraba a Hitler desde hacía mucho. Fue líder del partido en Nankin y nunca dejó de predicar lo suyo.

    Si hoy ando con este tono, es por lo que hay. Me apiado de las víctimas de todas las guerras, siempre. Pero nunca dejaré de recordar, que fue Japón, en bloque, el que entró en guerra. Fueron los japoneses, los que gritaban contra otros pueblos, para encontrar su propio "espacio vital". Fueron los japoneses, al fin y al cabo, los que ya hacía años que habían invadido China y se dedicaban a saquear y a asesinar a los chinos. Tratándolos cómo a animales.

    Sus víctimas eran las que vitoreaban. Las víctimas de Nagasaki construían torpedos (de allí, si no recuerdo mal, salieron los torpedos con aletas estabilizadoras diseñados durante la paz para un fin muy concreto). Las víctimas japonesas en los bombardeos (nucleares en este caso) sonreían ante la guerra con China y alababan a sus soldados y lo mismo durante la Segunda.
    Es muy fácil pensar en civiles desde la barrera y con 70 años de por medio. En aquella época, los países entraban en guerra como una unidad. Los civiles ingleses, alemanes, franceses (estos más, si cabe que sus militares), italianos, estadounidenses, griegos, japoneses, chinos, australianos, holandeses, noruegos, daneses y civiles de todas las naciones hacían lo que tenían que hacer para el esfuerzo bélico. Estados Unidos no ganó la guerra sólo con sus soldados, fueron sus fábricas. Alemania no se sostuvo con soldados blandiendo armas de mentira, no, se sostuvo porque sus fábricas, llenas de civiles y esclavos forzados producían material que de una forma u otra acabaría cómo esfuerzo de guerra.

    No hay ciudad "libre" de dicho esfuerzo. Si no produce armas o bombas, producirá lo necesario para fabricarlas y si no, serán alimentos o cualquier cosa. Si eso ya ha quedado claro, ahora viene lo peliagudo.
    No se trataba de destruir esfuerzo de guerra, o bloquearlo. Más bien fue un terrible cálculo. Un cálculo basado en las pérdidas y la resistencia japonesa en cada una de las islas, que se había estimado que se multiplicaría al desembarcar en Japón. De nuevo con el tiempo y el conocimiento de por medio, se puede criticar fácilmente, pero en aquella época, se ponderaban pros y contras con cuidado. Estados Unidos hizo lo que hizo para ir sobre seguro. No querían la rendición condicional de Japón. No habría dicha rendición para el que comenzara la guerra con ellos con tanta bajeza (el almirante Yamamoto lo había advertido antes de diseñar el ataque a Pearl Harbor). No habría sino una rendición incondicional, pues era Estados Unidos el que disponía del poder para destruír Japón si así lo deseaba.
    Pero Estados Unidos no quería perder más hombres en un esfuerzo de destrucción. Es más, dudo que quisieran realmente la destrucción japonesa. Así que hicieron cálculos que avergonzarían a muchos y decidieron rendir Japón con el mínimo de vidas de su bando (los marines en la guerra del Pacífico habían sufrido muchísimo). Destruirían dos ciudades si era necesario para asegurar la rendición japonesa sin condiciones de ninguna clase y además le mostrarían al resto del mundo lo que eran capaces de hacer y que no dudaban en hacer.

    El ser humano es único en el planeta en muchos aspectos. Unos más saludables que otros, pero no por ellos dejan de ser nuestros. Durante toda la guerra, se tomaron decisiones incluso más terribles, algunas olvidadas, otras no. Os pido que juzguéis lo ocurrido con imparcialidad y sin perder de vista la época. Hace 70 años no existían los derechos humanos. La Segunda Guerra Mundial, por lo ocurrido en todo el mundo (no sólo en Europa), se empezaron a sentar unas bases para la Humanidad. Daos cuenta de lo cruenta que fuera la guerra, que hizo que el ser Humano fuera consciente de su propia crueldad después dos millones de años.

    Imaginadlo.
  • Gomorra./

    Escrito por Vilem_Landerer el 01/08/2012
    Apenas un simple atisbo de lo que fué en realidad, pero espero que sea efectivo. Estoy intentando mejorar la calidad de mis descripciones, precisamente para escenas de este tipo y de otra índole. Que de paso me servirá para cierto fanfic dónde aparecen barcos y una pirata del Caribe.


    No había palabras para describir aquello. Los edificios ardían en llamas y estallaban ante sus ojos. En la noche, iluminada por los focos y las defensas antiaéreas se adivinaban los aviones enemigos recortándose contra el cielo claro, por la Luna.
    Hans podía ver cómo grandes incendios empezaban entre las explosiones, cómo casas enteras ardían en cuestión de minutos, dejándolo completamente indefenso. No podía gritar, ni llorar siquiera, de lo sobrecogido que estaba anque aquél terrorífico despliegue de fuerza bruta.
    Escuchaba gritos, explosiones, lloros y espantosos aullidos en plena noche, que se comenzaba a tornar rojiza. A lo lejos, un incendio se convirtió en un tornado de fuego, que se desplazaba con rapidez en su dirección. Quiso chillar y corrió a cubierto, pero no encontró ningún lugar. El refugio más cercano, adecuado para los rigores de hacía uno o dos años, había explotado, matando a toda la gente de su interior casi en el acto. Hans vomitó al sentir el fuego cerca. Tenía mucho calor, no dejaba de sudar y sentía cómo se consumía su piel.

    Espantado, se levantó entre las sábanas empapadas. A su lado, su mujer dormía plácidamente. No la había despertado, gracias a Dios. Ella también había sentido los horrores de la guerra, pero para ella terminó pronto. Se tocó el lado quemado, preguntándose cómo aquella belleza rubia había acabado con un tipo cómo él.
    Sonrió al sentirla respirar. Se secó el sudor cómo pudo y se preparó para seguir durmiendo. Hacía mucho tiempo que no recordaba, las terribles noches de la Operación Gomorra.
  • ¡Heeee vueeeeltoooo!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 25/07/2012
    Oh, sí. Y no traigo souvenirs... Excepto dos foticos, que me apresto a poner en orden de importancia:

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    La comida, bien cultural de primerísima necesidad. Lo gracioso, es que es el almuerzo y nos la hemos comprado y comido contrarreloj. Una risa.


    H4Bi9.jpg
    Y una estupenda vista, arruinada por una cámara que se autoenfoca. Y siente predilección por las plantas. La jodienda, es que una vez frente a la catedral, intenté hacerle una foto a Zapatones, pero el maldito teléfono dijo que hasta ahí habíamos llegado. Que si no se calzaba un vino antes, nanai.

    Como algunos ya habréis adivinado dónde estuve ayer por la tarde y hoy por la mañana, no creo que haga falta decirlo. Para el resto, podéis echarle imaginación, que seguro que lo sacáis.
    De la experiencia, de nuevo quedo muy satisfecho del lugar, y de la gente. Llegas una tarde después de unas cuántas horas de viaje, conoces a algunos de por allí y de otros lugares (muy, muy lejanos) y por la noche ya estás de comilona y licores con ellos. Algún día tengo que dejarme de los raids fugaces de las narices e irme unos cuántos días sin fecha de vuelta, que hay muchos a los que debo saludar por allí. Si puedo además llegar andando, o en bicicleta, mejor que mejor, pero todo se andará.

    Ahora, vuelta de la pequeña excursión (me he pasado más rato en coche que curioseando, pero ha sido muy divertido, eso sí), toca ponerse las pilas con la faena, que la hay pendiente, atrasada y a pelo de finiquitarse (y además me encuentro con ésto y claro, me gotea el colmillo cosa mala).
  • Me voy de raid, no me esperéis de vuelta con vida./

    Escrito por Vilem_Landerer el 23/07/2012
    Antes del Wow de los cojones, un raid venía a ser una incursión militar. Evidentemente, no me voy a invadir nada (aún), pero ahora mismo salgo en dirección al Noroeste (tal vez con Wagner de fondo, pero ese es otro tema), para servir de acompañamiento al conductor, así que no andaré al timón del blog hasta mañana por la tarde, que calculamos la vuelta a la dos veces leal. Ya os contaré, porque va a ser un visto y no visto.

    Si pensáis un: "¿Y a mí qué?" es completamente normal, pero ya hacía unos días que no colgaba nada y he decidido actualizar con ésta chorrada.

    Soy un poco jeta, lo sé. Para entreteneros, os dejo la página en cuyo primer mensaje meto la primera descripción de uno de los personajes propios que incluyo en el rol del crucero (entiéndase no cómo juego, sino cómo el papel dónde se inscribía en Marina el nombre y rol (profesión, o papel) de un marinero, desde grumete hasta capitán, pasando por contramaestre y guardiamarina).
  • ¡El Emancipador necesita tripulación!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 19/07/2012
    Ajem. Si seguís el link, encontraréis todo lo relacionado respecto al "concurso". Necesito personajes para un fanfic de star wars y he decidido dar la posibilidad de que se enrolen personajes creados por la comunidad.

    Campaña de reclutamiento del Emancipador.
  • Sniper Alley (3)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 16/07/2012
    Allá va otra entrega. Ya la tenía escrita, pero he aprovechado la falta de sueño para actalizar y seguir con lo que me queda aún que escribir, que es bastante.
    Un saludillo a todos.



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    [font="Times New Roman"]



    La ventana estalló con gran estruendo de nuevo y Hermann repitió la maldición, aunque ahora la había gritado por encima del tremendo ruido de cascotes cayendo a la calle. Al asomarse de nuevo, se dio cuenta del problema. Parte de la fachada que daba al solar se había derrumbado a causa de las explosiones. Dónde habían estado las ventanas, ahora no había nada y se podían ver algunos cadáveres destrozados. Eran los restos de algunos de los que habían eliminado y estaba seguro ya de que sólo quedaba uno. Al final, lo identificó, un poco más abajo, entre los escombros. Se movía, pero tenía las manos agarradas a la cabeza. Parecía sangrar. Avisó a Dean del asunto y recogió el cargador que había dejado caer, antes de irse.
    –Está vivo, pero bastante jodido –dijo el norirlandés cuándo llegó hasta él–. Ha caído desde alto y juraría que el sepiazo le ha petado los tímpanos.
    –Déjame verlo –lo examinó cuidadosamente. Bufó y escupió el polvo a un lado–. No estaría tan mal si no se hubiera caído. No podemos llevarlo a un hospital.
    –Yo tampoco querría llevarlo, aunque pudiéramos.
    –Pero harás lo que yo te diga, mientras trabajes para mí.
    –Cierto, cierto.
    –Casi mejor será que terminemos ya –comentó el alemán–. Seguro que hemos atraído miradas curiosas.
    Se llevó la mano a la funda alargada que tenía en la cintura. Desabrochó y sacó con calma el tomahawk de acero que había comprado hacía ya más de un año a una empresa norteamericana. La mayoría de colegas de oficio se burlaban y lo llamaban indio. Unos pocos dejaron de llamárselo cuándo lo usó para atravesar de un sólo golpe el casco de un serbio. Y de paso, el cráneo del dueño del casco.
    –Tranquilo amigo, ya sé que te duele –dijo, tratando de tranquilizar al francotirador, que se revolvía entre silenciosos gemidos–. Dean, sujétalo, querría hacerlo de una sola vez. Si se pone a gritar, mal vamos.
    Su empleado lo obedeció y le agarró de la cabeza, usando ambas manos con fuerza.
    –Por mí bien, es cosa tuya –sonrió, socarrón–. Pero no me jodas y apunta bien.

    Barega no pudo escuchar el chasquido sordo que sonó a continuación, porque estaba demasiado lejos. Había salido al escuchar las explosiones. De aquél edificio alto del que desconfiaba salía ahora bastante polvo y era evidente, a pesar de que no podía ver la otra fachada, de que habían usado explosivos contra él. Supuso que un grupo de bosnios pasándoselo bien, o saldando cuentas pendientes con los tiradores serbios. Tanto le daba. Podría sacar de allí al grupo que lo había contratado, si conseguía ponerse en contacto. Mantuvo su posición en silencio, la ametralladora apoyada en la ventana, bien camuflada por un cuadro “casualmente” caído allí. Esperó con la espalda apoyada en una vieja estantería, a ver si aparecía alguien por la calle. Después de casi media hora, los vio. Eran dos. Uno que lo llegaría al metro ochenta, de grisazul y la cabeza cubierta con un chambergo del mismo color. Desde allí, en el primer piso podía ver su fusil y las trinchas negras. El otro era bastante más alto, de aspecto espigado. Llevaba una gorra vieja, marrón con líneas que se entrecruzaban en negro. Llevaba una especie de bufanda de lana alrededor del cuello, pero por lo demás, vestía cómo el otro. Pudo ver el lanzagranadas y el fusil claramente. Maldijo. Ya sabía cómo habían volado aquello y maldito lo que deseaba asustar a alguien que cargara con un lanzapepinos. Quería hablar con ellos, pero no tenía muy claro ni cómo hacerlo. Zigzagueaban rápidamente entre los desechos que poblaban la calle, así que le costaba un poco saber por dónde saldrían cada vez. Por su aspecto, no eran de por allí, pero estaba claro que sabían cómo moverse. Si no eran de allí y sabían moverse, serían soldados. Pero no podían ser parte del Tratado Atlántico, así que los supuso soldados de fortuna. El quién los había contratado, lo ignoraba. Pero acababan de volar un edificio tomado por francotiradores serbios y eso le planteaba un problema de acercamiento, ya que preferiría no morir reventado por una granada.

    Dean se fue hacia la izquierda mientras Hermann esperaba tranquilo. Respiró profundamente, antes de volver a persignarse. Salió corriendo y ya antes de parar apuntaba el fusil hacia las fachadas que los rodeaban, por si alguien quería amargarles el día. Un poco más.
    –Mira aquella parte de allá –dijo el norirlandés, señalando en una dirección–. Creo que he visto moverse algo.
    –Espera que eche un vistazo –el alemán asomó ligeramente la cabeza, con un pequeño catalejo incrustado bajo la ceja–. No veo nada. Asómate un poco, por la derecha. Si hay alguien, le será complicado.
    Dean maldijo e hizo lo que le había ordenado. No ocurrió nada.
    –Vale, limpio –dijo Hermann, más tranquilo–. Sigamos.
    Avanzaron de nuevo, repitiendo la operación tantas veces cómo la necesitaron, pero sin incidentes. Hasta que al llegar bajo un edificio, Dean ladeó la cabeza para escuchar mejor y atrajo la atención de Hermann, que estaba detrás de un contenedor cercano. Se llevó un dedo a la oreja, antes de señalar el edificio. Luego subió un pulgar, señalando la ventana superior. El mercenario germano, disimulando cómo si pasara la vista por todas partes, sólo vio un cuadro caído ante la ventana, aunque no podía ver bien de qué era. De pronto, como si le persiguiera el diablo, corrió en zigzag hasta justo debajo. Una vez allí, discutió con Dean la forma de plantearse el dilema, hasta que llegaron a una idea razonable.

    Penetraron en el edificio, juntos, cubriéndose. Allí, entre los cascotes de un agujero en el techo y el polvo, pudieron ver las escaleras y el hueco de un ascensor desmantelado. Hermann se cagó en algunos panteones y se acercó al hueco, para ver cómo lo escalaría. Se echó el AK a la espalda y aseguró la correa, antes de meter mano a los pocos salientes que había. Dean se acercó a la escalera con su corto fusil, antes de comenzar a subirla con aire profesional, el mismo que le había enseñado el alemán al entrar a trabajar con él. En más de una ocasión aquella enseñanza le había salvado la vida y le estaba muy agradecido por aquello y por sacarle de Ulster a tiempo, antes de que lo trincaran. Cuándo llegó arriba, esperó la señal, que consistía en un toque al micro. Cuándo lo recibió, salió al rellano con decisión y atento a todas partes. En cuánto se cercioró de que allí no había nadie, fue hacia el hueco del ascensor y ayudó a Hermann a subir del todo. Éste sacó el revólver R77 de ocho tiros y encabezó la búsqueda por allí dentro. En la ventana que daba a la calle, habían apoyado una ametralladora PKM que no se veía desde fuera. La podían ver por el hueco del tabique y el joven se adelantó hacía el arma sin poner demasiada atención. Antes de llegar a ella, una montaña se movió tras el tabique y retorció el brazo del fusil del norirlandés. Lo encaró hacia el alemán y gritó, alto aunque no claro:
    “¡Hablar! ¡Tranquilo! ¡Hablar! ¡Raqueta!”


    [/font]
  • La bella y la bestia./

    Escrito por Vilem_Landerer el 14/07/2012
    Aviso que es algo largo. Está basado ampliamente en el conocidísimo cuento de hadas, aunque evidentemente tomo muchísimo de la versión Disney, que francamente, me parece que es estupenda. En otros aspectos, Disney me ha dejado paso a mí, así que creo que no os desagradará.
    Si notáis que me cuesta comentaros, es normal. Ando un poco disperso estos días. Cosas de la edad, supongo.
    Un saludo a todos!




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    [font="Times New Roman"]

    –Si viene aquí, moriremos –dijo un asustado hombre. El pueblo sabía que en el viejo castillo algo pasaba, pero no creerían en la palabra del joven cazador–. Tenemos que matarlo antes de que use la noche a su favor.
    –Ya me habéis oído buenos señores –era alto, fornido y bien parecido. Gastón vivía desde pequeño allí y nadie dudaba de él–. Debemos marchar ya mismo, no podemos concederle tregua. Que Bella se quede aquí, por su propia seguridad.
    La hermosa muchacha protestó, pero quedó encerrada en su casa por el gentío, que la creía bajo el hechizo de la bestia.
    –Gracias a Dios que Gastón te ha salvado Bella –dijo la anciana mientras la empujaba hasta la sala–. No podría haber soportado perderte.

    El gentío estaba erizado en múltiples herramientas de labranza y hachas de leñador. Las antorchas iluminaban su camino, seguros de que Dios estaba con ellos y con nadie más. Gastón observó en la lejanía el siniestro castillo, sonriente. Aquél engendro moriría y él no tendría que mover un dedo, pues la turba enfurecida era más que suficiente.
    –Recordad que tiene largos colmillos de acero – Los exhortó, animado–. Cuidado con sus garras y púas, pues os intentará arrancar la piel con ella. Pero el fuego purificador y nuestras propias manos guiadas por Dios, darán muerte al demonio.

    SÍ, LO SON. Y NADIE, EXCEPTO UN CAZADOR AFORTUNADO, OS GUÍA.

    –Es un monstruo cómo una montaña –continuó, con una desagradable sensación en la nuca que no conseguía aislar–. Y su castillo está embrujado, pero no temáis.

    OH, SÍ, LO ESTÁ. TEMEDLO Y TEMEDME. TEMED AL MONSTRUO MONTAÑA.

    –Muy próximo está ya su fin –seguía con la sensación, sólo que aumentada. Los hígados le temblaban y creyó saber que era miedo–. ¡Es tan cruel cómo el mismo Luzbel! ¡Entrad a por él y que no tenga cuartel!

    SÍ, ES POSIBLE QUE LO ESTÉ. Y SOY TAN CRUEL COMO CUALQUIERA. Y ESO ES MUCHO. VENID POR MÍ, OS ESTOY ESPERANDO.

    –¡Tiene mágicos poderes! –sí, era miedo lo que sentía. Pero lo juzgó irracional, ya que ni siquiera tenía porqué hacercarse. Con rodear el tumulto y penetrar en el castillo, con lo poco que había visto en la entrada, bien podría pagar a un pequeño ejército para tomarlo–. ¡Pero que no os asuste el misterio, pues yo estoy a vuestro lado! ¡Esa brutal bestia, debe morir!

    OS ESTOY ESPERANDO. CON PÚAS, GARRAS, DIENTES, NEGRA MAGIA Y AL MISMO LUZBEL SI HACE FALTA. MORIRÉIS TODOS. ESPECIALMENTE, TÚ.

    Gastón sintió el nuevo escalofrío con temor. Dejó que lo adelantaran. Al llegar a las puertas del castillo ya estaba a la cola de la turba. Las altas rejas que eran las puertas cedieron y entraron al primer patio, todo antorchas y hierros. Escucharon todos truenos que sonaban lejanos, pero a media tarde estaba completamente despejado y nada hacía temer tormenta. Tras la destrozada fuente, apareció una figura. Era oscura y muy grande. Estaba armada con un sable y un hacha, pero lo que más impresionaba era aquella armadura negra de metal y cuero, toda erizada en pinchos y cuchillas. Parecía más pensada para dañar que para proteger. Pero lo que aterrorizó de verdad a la muchedumbre, fue su rostro. Estaba oculto por un yelmo con cara de jabalí de chato morro y afiladísimos colmillos. En el lugar dónde debían estar los ojos, ardían dos ascuas que iluminaban con rojo resplandor el metal bajo el que se cubrían. Tal era su ira, pues había visto que dada una semana a Bella, aquél que enviaba a los pueblerinos contra él había urdido un plan para secuestrarla cuándo volvía. Se había preparado para ir a buscarla, pero al sentirlos venir, decidió esperarlos.
    La turba se había detenido. Nadie osaba mover un dedo. La figura estaba quieta, con las armas apoyadas en ambos hombros, aguardando.

    NO TENGO TODO EL DÍA.

    La frase, pronunciada con una voz profunda y grave, que provenía de una garganta venida del mismo infierno hizo que un temeroso rumor recorriera el gentío. La lluvia comenzó a repiquetear en el suelo y en la armadura del ser. El castillo, tras él, era dos veces más grande y siniestro que antes. Las fuerzas del pueblo flaqueaban ante aquella demostración. El miedo los atenazaba en el lugar dónde estaban, incapaces de moverse siquiera para huir.

    NO. TENGO. TODO. EL. DÍA. ¡VENID!

    La última palabra estalló en las mentes de todos. Hasta en el pueblo, las mujeres y niños se aterraron. Incluso Bella, que conocía las muestras de ira de su amado, se sobresaltó.
    La muchedumbre, con un punto de indecisión, avanzó. Lentamente, rodeó al guerrero negro, que no se había movido de delante de la fuente. Titubeó el gentío, respirando todos entrecortadamente, como pensándose todo aquello. Gastón notó la indecisión de la masa pueblerina.
    –¡Ese es el que amenaza vuestra tranquilidad! –dijo, arropado por la distancia, sabiéndose seguro–. ¡Secuestra y mata a los vuestros!
    Nuevos murmullos. Alguna palabra de apoyo airada. Alguna en contra, casi más airada.

    ESTOY HARTO. YA VOY YO.

    La figura avanzó varios metros en un parpadeo. Hendió el cuerpo de un paleto de un terrible tajo de sable y mientras la curva hoja aún cortaba carne y el hombre gritaba alarmado, moviéndose con una agilidad y velocidad sobrehumanas, giró para imprimir velocidad al golpe y hundió el hacha en el pecho de otro. Asombrados por la demostración, le fueron encima con un grito de furia. Se apiñaron, golpeando, pinchando y zarandeando. Muchos retiraron manos llenas de sangre, cuándo allí continuaban. Se revolvía cómo un ser del Averno, cortando a diestro y siniestro, sin necesitar siempre sus armas. Las cuchillas corporales hacían mucho trabajo y los pueblerinos lo sentían aterrados. Atravesó a uno y se alzó, rugiendo bestialmente al cielo. Vomitó fuego por los ojos e incendió a un desgraciado, que cayó retorciéndose aullando. La Bestia se abalanzó de nuevo, sajando y trinchando, golpeando con puño, pie o rodilla. Girando sin parar, seguro de que su defensa era el ataque, sumergiéndose en la masa, en la amarilla oscuridad, de oscilantes sombras que las antorchas favorecían. De vez en cuándo sentía un pellizco, una hoja allí, en blando. Pero no importaba.

    ¡NO SOIS NADA! ¡TEMÉIS A VUESTRA SOMBRA! ¡Y YO, SOY LA SOMBRA!

    Volvió a arremeter, furioso cómo estaba. La muchedumbre era menos densa y peleaba menos, sin ganas. Buscaban la salida.

    ¡SOY AQUELLO QUE SIEMPRE TEMERÉIS! ¡A MÍ NO PODÉIS CONJURARME! ¡SÓLO PODÉIS TEMERME!

    Las palabras resonaban en los recovecos de sus mentes, atormentándolos. De pronto, cómo milagro, alguien encontró la salida, que se había mostrado esquiva a todos. En tropel, atropellando a heridos y muertos, corrieron hacia ella y hacia el bosque. Los lobos darían cuenta de ellos, si no se daban prisa. A los que aún respiraban, los acuchilló allá dónde yacían, abandonados por sus amigos y familiares. A todos menos a uno. Era un cuarentón, en razonable estado de salud, al que sólo había cortado en la mejilla al propinarle un codazo. Bestia hizo un gesto con la mano y de la nada apareció un corcel negro, de ojos infernales.

    CABALGARÁS HASTA TU GENTE Y LLEVARÁS EL MENSAJE. LIBERARÉIS A BELLA, O ME LLEVARÉ A UN NIÑO DIARIO. NADA NI NADIE PUEDE IMPEDÍRMELO. SI ELLA VUELVE, SERÉ CLEMENTE Y NO SABRÉIS NADA DE NOSOTROS, SI NO TRATÁIS DE REPETIR ESTO. HOY SÓLO HE DADO UNA LECCIÓN, NO QUERRÁIS QUE VAYA A LA GUERRA.

    Cuándo el corcel se hubo perdido a la velocidad del viento, la figura negra se giró en redondo. Había visto cómo Gastón entraba a hurtadillas en el palacio, con claro ánimo de arramblar con cualquier cosa de valor. A esas alturas, el palacio ya habría escondido lo que hubiera de valor.

    ESTÁS DENTRO. TE PUEDO SENTIR.

    Gastón se frenó en seco. No había oído la voz, pero estaba muy seguro de haberlo hecho. Miró por una de las ventanas del segundo piso, dónde estaba. La figura estaba rodeada de muertos por doquier. No había pasado ni un minuto desde que entrara allí. Estaba seguro de que los pueblerinos habían flaqueado mucho antes. Los maldijo. Volvió a maldecirlos cuándo vio cómo Bestia se apresuraba a entrar, para iniciar la persecución.

    TE SACARÉ A RASTRAS, LADRÓN.

    Gastón sudaba a chorros. No sabía cómo, pero no encontraba las escaleras para bajar. Fuera parecía que fuera caía el cielo sobre la tierra. Relámpagos de varios colores destellaban en el cielo, seguidos de atronadores explosiones, que no sonaban en absoluto cómo los truenos normales. La lluvia era un aullido extraño que no paraba. Abrió una puerta.

    NO HE DICHO QUE TÚ VAYAS A SALIR. DEBERÍAS ATENDER A LO QUE DICE TU ANFITRIÓN.

    La puerta daba a una terraza muy superior, que discurría sobre algunos de los altos tejados del palacio. La lluvia era demencial, con todos aquellos relámpagos y ruidos. El viento silbaba malévolo y no invitaba a envolverse en él. Escuchó pasos apresurados tras él. Pasos pesados y metálicos. Pasos peligrosos. Salió a la lluvia y cerró tras él, tratando de atrancar la puerta con su espada tras lo cuál, corrió buscando alguna otra salida, alguna forma de escapar de allí. Los tejados negros parecían de escamas y cada gárgola se movía cómo si estuvieran vivas.

    TE HAS DEJADO LA ESPADA.

    Giró en redondo. Nadie. Volvió a su dirección y se cortó contra un pecho lleno de púas y cuchillas negras. Cayó de espaldas, gritando aterrado. Debía de medir medio metro más que en el patio de entrada. Era enorme, negro y con los ojos candentes. Bestia resopló, divertido.
    CREO QUE TE LA HAS DEJADO DÓNDE YA NO PUEDES ALCANZARLA.

    Señalaba a una zona inferior. La terraza de abajo, tenía una puerta y en esa puerta estaba la espada.

    CREO, QUE ESTÁS ATRAPADO.

    Dejó caer el hacha con cuidado. Se alejó unos metros, con el sable preparado.

    CÓGELA. ATÁCAME.

    No se atrevió a moverse.

    NO TENGO TODO EL DÍA.

    Con dificultad se irguió. Avanzó inseguro hasta el hacha y la recogió, cómo quien recoge un animal muerto.

    AHORA. ATÁCAME.

    Gastón lloraba. Tenía las piernas temblorosas y las cruzaba en una posición muy característica.

    DEJA DE MEAR Y ATÁCAME.

    Con terror, alzó levemente el hacha y la dirigió contra Bestia. De un sablazo lo desarmó.

    RECÓGELA OTRA VEZ.

    Repitió la operación de recogerla y acercase de nuevo. Bestia también lo desarmó.

    BUENO. CREO QUE YA TENGO BASTANTE PLACER.

    Señaló el arbotante más cercano con un dedo, despreocupado de que Gastón pudiera intentar nada.

    ¿LO VES BIEN? PUES ESE VA A SER EL LUGAR DESDE EL CUÁL TE COLGARÉ.

    El joven comenzó a sollozar.

    CON LO VALIENTE QUE ERAS, JOVEN GASTÓN. NO TE ARRUGUES HOMBRE, QUE NO VOY A HERVIRTE EN CERA O DESOLLARTE VIVO.

    El llanto ya era desconsolado. Bestia suspiró levemente, mientras anudaba la soga que había salido de la nada. La echó alrededor del arco de piedra y la aseguró con un lazo.

    VAMOS. ¡ENTEREZA! YA QUEDA POCO.

    No dejó de llorar en ningún momento, incluso cuándo le pasó el nudo por el cuello, asegurándose de que no se partiría el cuello. Era fuerte, aquél cuello aguantaría.

    YA QUE VAS PARA ALLÁ, DILE A LUCIFER QUE NO ME ESPERE DESPIERTO, QUE LLEGARÉ A MI RITMO. NO QUERRÁ QUE VAYA ANTES DE HORA. LA ÚLTIMA VEZ, NO LE GUSTÓ.

    Bella llegó al galope. Ante ella, el majestuoso palacio se elevaba entre los jardines de la entrada. Tocó dos veces en el gran portón y se abrió sólo, como tantas veces. Dentro, envuelto en seda, esperaba Bestia, con el rostro oculto por aquella máscara.
    Ella se acercó, tímida.
    –¿Ya ha acabado? –preguntó, esperanzada–. He montado tan pronto ha llegado el señor Murat.
    Bestia asintió, mientras descendía escalón a escalón, hasta alcanzarla. La abrazó lentamente y ella se dejó abrazar.

    SÍ.



    [/font]
  • Abatido./

    Escrito por Vilem_Landerer el 13/07/2012
    Creo que no llegué a colgarlo, pues está en blogspot desde antes de hacerme cuenta aquí. Lo encontré en una de las libretas de clase de electrónica de consumo y está escrito con mi peculiar letra, apresurada, cambiante a cada línea y torcida cómo mis colmillos.
    Es un poemita. Lo interesante de él, es de escribirlo, tuvo que ser en clase y no precisamente copiando, pero no lo recuerdo. Lo publiqué en blogspot por si alguien lo reconocía y sabía decirme a quién pertenecía, tras buscar en internet el poema completo o algunos trozos sueltos (no encontré nada en absoluto). Así que ahora, lo publico aquí, todavía sin tener claro si soy realmente el autor, pues de aquello hace muchos años ya y mi memoria es una mierda. El único poema medianamente decente que me ha salido nunca, pues los que escribo con ánimo y según las ordenanzas, son bastante malos.
    Si es que tenía yo razón, cuándo digo que lo mío es prosa y no verso.
    En fin, bastante chapa os he dado ya.



    "Abatido"

    Con el rojo de la sangre te escribo,
    pues en los años que luché, juré.
    "¡Por un enemigo
    nunca seré abatido!
    En ello empeño mi alma".
    Ahora, con las tripas desfallecidas
    y el aliento cortado,
    reniego de todos mis días de lucha incesante
    dejando guardado
    mi poema, postrado con una amante
    que apenas me ama.
    Y con mi último aliento, te dejo no sin tiento,
    con el corazón en un puño
    el cerebro emponzoñado
    y el alma; partida.
  • Sniper Alley (2)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 11/07/2012
    Y así continua el relato sobre algunos de los personajes de Sueño Africano, el webcómic que pasito a pasito, preparamos blacksanz y yo. Espero que os entretenga y os intrigue.


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    –Vuelto –Barega aún se estaba acostumbrando al inglés y le costaba en ocasiones. Ahora, recortado contra la ventana por la que solía acceder, pronunciaba con cierta dificultad las pocas palabras que se sabía–. Agua. Dos latas. Munición.
    –Ah, hola Barega –uno de los acompañantes bosnios a los que Barega protegía, odiaba a los serbios, pero con aquella mujer había hecho una excepción–. La serbia ha repetido el mensaje, a ver si conseguimos que vengan del puesto avanzado de la O.T.A.N.
    –Bien. Voy limpiar arma –el gigantón dejó la PKM que llevaba a la espalda en el suelo y comenzó a desmontarla–. Come.
    –Sí, sí. Gracias.
    Cerca, sonaron disparos. No iban dirigidos a ellos y parecía que se producían detrás de aquél edificio de diez plantas de enfrente. Se tranquilizaron antes de seguir con lo suyo.

    A Hermann se le iba a caer el corazón de la boca. Cuándo Dean llegó hasta la furgoneta, un tiro resonó en la calle, perdiéndose el eco en la ciudad. Y cuándo él intentó llegar, saliendo desde el otro lado, se quedó corto y ahora se escondía en un portal, atento a posibles amenazas desde arriba. Un tiro le había roto una de las presillas del costado, pero no había llegado a herirle, milagrosamente.
    –¡Jefe! ¿Quiere ayuda? –Dean se ofrecía voluntarioso, pues tenía ganas de gresca. Muchas ganas–. ¡Lío un Cristo en cuánto me diga!
    –¡No! ¡Mantén la cabeza agachada, no te asomes! –apretó el pulsador del micro antes de hablar de nuevo–. Y no hace falta que grites, usa la radio. En todo caso, mantente ahí, voy a intentar subir al primero de este edificio, a ver si tengo ángulo para darles un susto.
    –Copio.

    El alemán abrió violentamente la puerta, descargando su peso sobre la madera quebradiza hasta que cedió con gran ruido. Apuntó la carabina dentro, por si saliera alguien a saludar. Ante él, una escalera, flanqueada por dos puertas. Un diseño funcional y barato de producir, típicamente comunista. Avanzó en calma reponiéndose del susto inicial y tratando de hacer el mínimo ruido posible al caminar por restos de yeso y cristales rotos. Subió las escaleras sin dejar de vigilar el siguiente piso, no fuera a ser que apareciera alguien, cosa que no ocurrió. La puerta de la derecha del primero estaba abierta y la ventana de la escalera yacía en el suelo, reventada de un morterazo. Al llegar a la puerta, miró al interior con disimulo. No vio a nadie y calculó que los tiradores no tendrían ángulo. Continuó hasta el cuarto piso, repitiendo la operación tantas veces hizo falta, para evitarse malos encuentros. Por fin, tras derribar la puerta de una patada, avanzó agachado entre cascotes y vidrios, hasta una posición desde la que observaba el edificio del otro lado de la calle, que sobresalía y acentuaba el solar que tenían entre medias. Por fin podía ver a los tiradores. Eran cinco, dos armados con probablemente algo similar a un zastava m76 y el resto con una curiosa variedad de fusiles de asalto. Desde allí, sin miras podría abatir a uno, si no lo veían antes. Dos, si eran lentos, pero poco más. Decidió subir un par de pisos más, mientras radiaba a Dean la posición.

    El joven norirlandés usó el espejo en la esquina. Un tiro lo reventó a los dos segundos, pero se pudo hacer una ligera idea del asunto. Ya sabía lo que tenía que hacer. Ajustó las alzas del lanzagranadas a la distancia e hizo lo mismo con las del AK. Suspiró levemente y pulsó el botón del micro. “Listo jefe”, dijo. Casi inmediatamente, desde el sexto de la casa en la que Hermann había entrado, llegó el ruido que armaba el fusil del alemán, disparando en ráfagas cortas, tomando por sorpresa a los tiradores, que lo creían más abajo. Los disparos en respuesta no se hicieron esperar y la ventana por la que el mercenario había aparecido hervía bajo los disparos, alcanzada por varios calibres distintos, excepto por los de las balas explosivas serbias, que no habían abierto fuego.
    Dean se asomó, con el lanzagranadas preparado y casi sin pensar, alineó las miras, frenó su impulso en una décima de segundo y oprimió el disparador. Inmediatamente, se arrodilló, dejando caer el m79 al suelo y afianzado su fusil, al tiempo que una de las ventanas explotaba con violencia y parte de la fachada se venía abajo. Una ráfaga partió desde la furgoneta en la calle, intentando hacer que el otro tirador, que no estaba cerca de la ventana que había volado agachara la cabeza un segundo y esperando que dejaran a su jefe tranquilo el tiempo suficiente para hacer lo suyo.

    A Hermann le habían temblado los dientes con el pelotazo, que había sido tremendo. “Ya ha estado trasteando otra vez con la munición, el muy…” pensó, algo contrariado, antes de levantarse entre el polvo que entraba por la destrozada ventana. Apuntó de nuevo entre el humo y calculó por dónde debía estar el otro tirador, al que por el ruido que había, Dean hostigaba también. Disparó tres veces, justo antes de una ráfaga larga, de casi medio cargador hacia las otras ventanas. Volvió a agacharse, casi seguro de que el francotirador superviviente ya no lo era, pero por si las moscas, sacó una de aquellas granadas, excedentes del ejército chino, que ahora pululaban por la mitad de los mercados de armas de medio mundo. Era un modelo anticuado, de palo, pero venía al pelo si había que tirar una más lejos de lo habitual. Y cruzar un solar de un solo lanzamiento y colarla por dónde quería, era más de lo que podría hacer con una piña clásica. Cuándo Dean volvió a disparar de nuevo, aprovechó, desenroscó el seguro y tiró de la anilla, justa antes de tomar un poco de impulso y lanzarla a la ventana de enfrente, que estaba un piso más abajo. Con un ruido seco, estalló, arrancando un escalofriante grito y una vida.

    Dean recargó el lanzagranadas y volvió a salir ahora que se fijaban de nuevo en Hermann. Apenas asomó, dos disparos tocaron cerca y un tercero rasgó el aire dónde había estado su cabeza. “Parece que ya han aprendido” pensó el joven, que si no se ponía en marcha, se quedaría en el paro. Así que tomando aliento, se concentró un segundo y se preparó mentalmente. Se puso de frente a la furgo que se interponía entre los tiradores y él y tras preparar el lanzagranadas, dio varios saltitos hacia atrás, descubriéndose a la vista. Sin dejar pasar ni un momento, en cuánto vio la ventana, levantó el arma y disparó, dejando que el retroceso lo tirara de espaldas.



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  • Necesito una ayudita con cierta urgencia./

    Escrito por Vilem_Landerer el 11/07/2012
    Tranquilos, que no es nada excesivo. Estaba yo preparando algunas cosas para agradecer alguna reseña que se me ha hecho y he caído en la cuenta de que hay alguien, que me mencionó en su blog (estaba reseñando varios) al cuál agradecí un montón. Ahora, que quiero llevar el agradecimiento un poco más allá del simple gracias (a los demás, sí, también hay para vosotros), resulta que entre vaivenes y petadas de pecé, no recuerdo ni el nombre, ni el blog ni nada. Y claro, me sabe fatal.

    Así que hago un llamamiento a mis seguidores, por si alguno entrara a través de esa estupenda reseña y recordara el nombre de su autor. Es un nombre que si lo viera, creo que lo reconocería, pero no soy capaz ni de decir cómo empieza. Sólo se me ha ocurrido ésta posible solución para encontrarlo, que alguno de vosotros entrara por casualidad a través de ese enlace y se acuerde.
    Es más, si alguien me hubiera reseñado y yo no me hubiera enterado, os invito a darme un tiron de orejas virtual.
    Pero que nadie se confunda, no es que me lo busquéis, sino si alguien se acuerda, pues buscarlo, ya lo estoy haciendo.
    Un saludo y muchísimas gracias.

    P.D: Creo que el señor Fellowes está preparando el enjarretado para mí,
  • Sobre el Spam/

    Escrito por Vilem_Landerer el 10/07/2012
    Mientras sigo con lo de Sniper Alley, el fanfic para ReinaCnl y demás cosas, os entretendré un poco con una entrada que se me ha ocurrido redactar con el reciente spam que he "sufrido".

    Es necesario anunciarse. Es necesario y lo más normal del mundo. Hay muchísimas formas de hacerlo. Postear más a menudo para aparecer en la portada, comentar mucho en otros sitios, que la firma del foro lleve a tu obra, hacer hilos adrede para fomentar su lectura y muchas cosas similares. A mí se me ha ocurrido empezar a promocionar mi primer webcómic con un relatito corto y estoy pensando el tema de hacer guiones cortos de humor con los personajes. Como digo, muchísimas formas.
    Pero si hay una horrible, es la de ir de perfil en perfil, o comentando únicamente para decir: "Eh, échale un vistazo a mi blog/cómic/loquesea". Es deleznable. Evitable. Avergonzante. No es que estemos hablando de publicidad de algo que se vende (de la que sí recibimos en correo, ordinario o electrónico), sino que es algo por amor al arte.
    Meterse en perfiles ajenos y decirles que se pasen a ver tu cómic sin mirar lo que allí hay hecho, es una falta de educación enorme, suprema. Casi más que hablar con una pésima ortografía. Pero ya es intolerable cuándo encima, el spam es de algo que no avanza, que es una absoluta mierda o que acaba de empezar y tiene una entrega (que además puede ser una explicación en texto, si es un webcómic).
    Lo único que conseguirán conmigo es mi repulsa hacia la obra, pese a que es posible que no tenga nada de malo, excepto un autor que tiene prisa por ser famoso dentro del mundillo. En lugar de esforzarse, se dedican a spamear a las buenas gentes de la red, cuándo podrían aprovechar ese tiempo en mejorar la calidad, o añadir más contenido chachi.

    En serio, hacednos y haceros un favor. A nosotros porque dejaréis de spamear y a vosotros porque alcanzaréis el estrellato. Meteos en 4chan y enseñad la chorra, o lo que sea. De una forma u otra, un montón de gente os conocerá y a nostros nos dejaréis, de una maldita vez, en paz.
  • Sniper Alley (1)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 09/07/2012

    Bueno, aquí va un pequeño relato que espero no se alargue más allá de las tres o cuatro entregas. Se trata de una historia que tiene mucho que ver con el webcómic que ando guionizando, ya que los tres protagonistas que aparecen son tres de los protas de dicho cómic, sólo que unos cuántos años antes. Además, hacía tiempo que quería escribir algo sobre la guerra de Bosnia y la disolución de Yugoslavia (que yo viví siendo un chaval y sin ser del todo consciente de lo que allí ocurría) y creo que el marco es adecuado a los personajes. Espero que los disfrutéis y os sirva para conocer mejor a los personajes.


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    Hacía semanas que estaban allí. Dean y él ya se conocían de hacía un par de años, cuándo visitó a un amigo en Ulster y desde entonces el alemán había insistido en que trabajaran juntos. Yugoslava se descomponía violentamente y ellos trataban de buscarse un hueco, entre la mala sangre y las atrocidades que allí ocurrían. Al final habían encontrado a un serbio adinerado que les había pagado para buscar a su mujer, que estaba en un edificio de Sarajevo, en el bulevar Zmaja od Bosne. Un lugar peligroso, desde el que la señora había mandado una señal de socorro a través de una centralita de radio que todos creían desconectada. Según su mensaje, allí había cómo media docena de personas, que no se atrevían a salir por la amenaza de francotiradores que campaban por todo el bulevar. Hermann entendía perfectamente aquello, ya que cada paso había que planificarlo, repensarlo bien y efectuarlo. Y aún así no era seguro al 100% que no recibieran alguna de aquellas balas explosivas.

    Barega estaba echado en el suelo, tratando de dormir un poco. Desde que había salido de su aldea natal en el Gran Desierto de Victoria, no había visto otra cosa que guerra y cine, así que después del infructuoso intento de acabar en Holywood, se había embarcado en un mercante con destino a Europa. Una vez en Bosnia, había conseguido armas mediante el noble arte del contrabando y la amenaza y ahora estaba allí, varado en plena Sarajevo, tratando de conseguir que sobrevivieran aquellas personas. Por suerte, una de ellas que decía tener mucho dinero fuera de la guerra, era aficionada a la electrónica y creía haber enviado un mensaje usando el aparato de radio de una antigua emisora yugoslava, que ahora estaba llena de cristales rotos, sin más electricidad que la que conseguía un pequeño generador diésel. Bebían el agua que traía Barega de fuera, desde el río, pero las pastillas potabilizadoras del aborigen se estaban agotando y no podrían mantenerse mucho más allí, si no encontraban una fuente de agua potable, o más pastillas. La comida también era importante, pero disponían de suficientes latas para mantenerse al menos cuatro días más sin problemas. El joven mercenario apenas bebía y sólo se permitía un bocado diario, a pesar de ser tan excepcionalmente grande. Debía de medir con facilidad los dos metros de alto y era tan corpulento que dos personas lo habrían tenido complicado para rodearle con sus brazos. La oscuridad de su piel había tomado un tono ceniciento, no ya por la falta de Sol o la mala alimentación, sino por las toneladas de polvo que allí había.

    Hermann estaba seguro de que en el edificio de enfrente habría al menos cuatro de ellos. De lo que no estaba seguro era del armamento que tendrían. Algún 47, que montara una mira anticuada, si había suerte. Lo más probable es que aquellos hijos de puta tuvieran al menos un Zastava, que combinado con las armas automáticas de sus compañeros, sería muy eficaz. El Zastava atrae, los otros acaban el trabajo. No es que no pudieran disponer de un Dragunov, pero su munición especial lo hacía menos accesible. Sopesó la posibilidad de dar un rodeo, pero sería demasiado. El mapa, si era correcto, indicaba que tras aquél edificio ruinoso de diez plantas, estaba la antena y la antigua emisora. “Lo más seguro, es que nos acerquemos con cuidado y pasemos lo más cerca posible” pensó, mientras miraba con el espejo que se había traído adrede.
    – Dean, tenemos que movernos. Vamos a acercarnos al diez del otro lado y lo sortearemos por abajo –dijo al irlandés, que aguardaba algo intranquilo–. He contado dos, así que serán cuatro. Quinto piso, ventana tres y tercer piso, ventana seis. El resto, ni idea.
    –Creo que desde aquí puedo meterle un chuzo al del tercer piso –Dean se ajustó la gorra y la correa del AK74SU, un modelo corto del fusil de asalto–. Para el del quinto, habrá que acercarse.
    –Mejor no, al menos, no si no nos ven –el alemán se irguió, de espaldas al container en el que se cubrían en ese momento. Toda la calle estaba bloqueada de la misma manera, o con vehículos y escombros–- Desearía haber ido por otro lado.
    –Bueno, jefe, tampoco habían muchas más opciones –Dean agarró fuerte el lanzagranadas monotubo y miró por el espejo que Hermann aún mantenía en la esquina–. Hay una furgo cruzada. ¿Quién va primero?
    El alemán se giró. Miró de arriba abajo a su compañero y aguantado su fusil AK104 con la diestra, avanzó el puño izquierdo. Dean hizo lo mismo y los sacudieron tres veces antes de sacar cada uno su opción. Lo repitieron otras tres veces hasta que Dean resultó vencedor, mientras Hermann se persignaba.



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  • Folgore XVI./

    Escrito por Vilem_Landerer el 05/07/2012
    A ver si puedo terminar el arco argumental que me ocupa ahora al pobre Folgore. A partir de ahora, toca combate, cómo imaginaréis, espero que todo quede bien y sea claro, porque vamos a ver a peña que vuela sacudirse zambombazos.


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    Las noticias daban un programa especial, muy preocupante. Zerstörer, el supervillano más poderoso de Europa y uno de los del mundo, la había emprendido con un barrio residencial de Frankfurt al atardecer.
    –Parece gritar algo en alemán, pero no oímos bien lo que dice –la radio apenas se oía por encima del ruido de los rotores, que ahora funcionaban a máxima potencia–. Ya tenemos una traducción: “Folgore, te estoy esperando. Ven, o morirán” Oh, Díos mío.
    –Seguiremos en contacto para traerles la última hora de éste suceso –el locutor trataba de aparentar tranquilidad, pero no podía estarlo. Tenía familia en Frankfurt–.

    Klaus hacía rato que no escuchaba la música de la radio, empeñado en conseguir que los motores funcionaran a la máxima potencia sin que dieran problemas. Había pasado mucho rato con ello y ahora estaba decidido a intentar conectar la potencia de emergencia. Conectó y sintió al avión entero estremecerse, tratando de liberarse de las cuñas las abrazaderas que lo mantenían en el suelo. Sonrió, y bajó un poco la palanca de gases, mientras desconectaba la auxiliar. Aquello había ido bastante bien y no quería sobrecargar más al pobre avión. Apagó definitivamente y se quedó un par de minutos sentado, antes de levantarse para salir por la escotilla del bombardero. Se volvió a inclinar de nuevo al salir de debajo del fuselaje y se estiró en cuánto tenía zona para hacerlo. Se masajeó los riñones, mientras miraba un armatoste grande, que estaba cubierto por una lona. Justo encima, había una polea, para poder montarlo en el avión en caso necesario, aunque se necesitarían algunos operarios. Dejó de pensar en eso para buscar la radio. Había volado, al parecer, lejos del avión. Estaba ahora estampada contra la pared, con algunas piezas sueltas.

    El millonario la recogió del suelo con aire de fastidio. No es que fuera cara, o fuera un regalo, pero quedarse sin música le incordiaba hasta lo más profundo. La carcasa se había desencajado, pero no era nada que no solucionara un poco de pegamento rápido no pudiera arreglar. Y un par de pilas nuevas, porque las que llevaba no aparecían. Rebuscó entre las herramientas y no encontró nada. Había decidido pasar la noche allí, dentro del Mitchell, pero no se la iba a pasar sin música. Recordó que había pilas nuevas en la avioneta que esperaba fuera. Se puso el abrigo y salió decidido al frío atardecer.

    Kurtz estaba viendo las noticias, tranquilo, mientras cenaba. La destrucción en Frankfurt le preocupaba, pero no le inquietaba especialmente. Aquello era el modus operandi habitual de cualquier supervillano común. Llegaban a un sitio, la liaban parda y luego intentaban cobrar un rescate por el lugar. A la mayoría le caía encima algún grupo de respuesta rápido, especializados en metahumanos revoltosos, o algún metahumanos distinto, o grupo de ellos.
    –Repetimos el mensaje traducido: “Folgore, te estoy esperando. Ven, o morirán” –el científico dejó el bol con arroz con carne en la mesa de centro, olvidando usar el mantel individual que usaba siempre–. También han sido identificados los rehenes; se trata de Kurtz Rot y su mujer Serilda Rot. Él es un banquero adinerado, así que sup…
    Kurtz había desconectado la voz, justo antes de lanzarse al teléfono, para localizar a su jefe.

    Más de dos horas llevaba ya allí. Cómo habían prometido, aquello estaba desierto, pero tampoco aparecía Folgore. Los rehenes, entrados en la cincuentena, estaban arrodillados, mirando al suelo, impotentes ante él. Sintió admiración por sus contratadotes. Desde luego, nadie excepto la policía había acudido y a esos los había eliminado con facilidad, como siempre, además de hacerlo soltando sus habituales perlas de ególatra recalcitrante.
    De pronto, un rayo amarillo llegó a toda velocidad, sin hacer ningún ruido, excepto el que hizo al golpear al villano, que se estampó contra unas casas cercanas. En el oscuro atardecer apenas se podía ver la figura de Folgore, flotando dónde había estado su enemigo.
    –¡Esto acaba ahora! – se giró hacia Kurtz y Serilda, para hablarles con aquella voz extraña y metálica del héroe. ¡Salgan de aquí, deprisa!




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  • Resultado concurso./

    Escrito por Vilem_Landerer el 04/07/2012
    Tal y cómo dijeal final de éste post, he sorteado un fanfic de al menos diez páginas en dinA5 en Times new Roman tamaño 10 entre todos los seguidores que tengo (los que me siguen por Blogspot también han sido contados, tranquilos), así que después de escribir cuidadosamente en papelitos (soy un tío legal), meterlos en un trasto de cristal, agitarlos y sacar un papel, ya tengo un nombre (después, he descubierto una página que hace lo mismo y más rápido, pero me va el rollo artesanal). La ganadora, pues es ganadora, se trata de ReinaCnl, que publica Anne Marie & Jezzabel Avery en Subcultura, por si no lo sabíais. Así pues, me pongo en breve en contacto con ella para avisarle del resultado (por si no lo ve antes por aquí) y me pongo con el fanfic.
  • Sueño Africano./

    Escrito por Vilem_Landerer el 03/07/2012
    Bueno, tenía ganas de escribir una entrada, pero cómo no sabía de qué exactamente, he decidido hacer público el nombre del webcómic que estoy produciendo en el que blacksanz se encarga del dibujo. Es una chorrada, lo sé, pero como digo, me apetecía escribiros algo y para variar, que no fuera en medio de un acceso de cólera de los que me dan últimamente.

    Se llamará "Sueño Africano", nombre que me ha venido a raíz de Arturo Pérez-Reverte, que en el último artículo suyo que he leído, se caga en la gente que se ofende con imágenes desagradables sobre las guerras que cubren medio mundo (están ahí, aunque no queramos). Habla sobre el sueño suicida en el que vivimos, en el que queremos ver gente sonriente, sálvame y el fútbol. Al margen de sus declaraciones, me doy cuenta de que lo que reivindica (la imagen de la guerra no se ha de censurar, o anular), es lo que yo pretendo con éste cómic. No se trata de realismo en cuánto a las armas, o el comportamiento de los vehículos. Me esfuerzo en dicho aspecto, claro, pero si hay algo que quiero contar, aparte de la historia que llevo pensada, es la crueldad de la guerra y en especial de las guerras africanas.
    Las atrocidades que mostraremos, serán exactamente las que ocurren (aunque realmente, no va a haber tanto, mostramos sólo un pedazo de la guerra). No es gore, no siempre una imagen gore es la que hiere la sensibilidad y precisamente, es lo que pretendo. Herir sensibilidades. Dar una muestra de cómo se pelea en otros sitios (y eso que en España, de pelear, tenemos unos cuántos siglos de experiencia) y de lo cruda que es la realidad en cuánto plantas un pie en un lugar dónde dos pueblos que se odian a muerte comparten país, gobierno y elecciones. Dónde tomarse mal el perder contra el partido contrario no es poner mala cara o insultar, sino montar una guerra e intentar exterminar al pueblo rival, hasta últimas consecuencias.
    Podría haber sido alguna guerra en los balcanes. Pero en África parece que siempre hay alguna montada. Así que siempre tienen la pesadilla de la guerra. Así que ya tengo pretexto para llamarlo "Sueño Africano", título sarcástico, pero que creo le va a venir al pelo. Me ha costado un mogollón, sinceramente, sacar un tíitulo decente para el webcómic, pero por fin está.

    Ahora el resto de personajes, el resto del guión, la explicación de entorno, el estudio de armamento y vehículos de guerra, las poses y posiciones de combate. Y muchas, muchas dosis de violencia cruda. Y todo para unas (espero) entre cuarenta y sesenta páginas de webcómic bélico, de drama de acción y humor negro. De cínicos combatientes, ingenuos periodistas y una guerra en la han caído.
  • Hoy el día ha salido amarillo ceniza, pero lo sigo viendo todo rojo./

    Escrito por Vilem_Landerer el 01/07/2012
    Seguimos con más de un incendio de tres pares de cojones. Hoy el día, además de amarillo (cuándo el Sol logra atravesar la capa de humo y nubes, claro), está gris, porque hay mucha más ceniza en suspensión que otros días, además de que ahora hay humo y un olor a quemado bastante fuerte. Me he llegado a quitar un trozito de ramita carbonizada que tenía en la mano. La fotico del día:

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    Hoy me he podido enterar de las causas. Han sido negligencias y de momento, que sepa, han sido dos. Un par de operarios que estaban montando paneles solares, resulta que se han puesto a cortar con una radial en una zona de riesgo. Ya han pasado por la cárcel y de momento están en libertad con cargos.
    Y el otro, un PUTO hortelano, que en plena ola de calor, con viento fuerte de poniente, se ha puesto a quemar rastrojos. Aquí, el Poniente es cálido, muy cálido y puede llegar a ser bastante fuerte. Así que al supremo gilipollas, se le ha descontrolado la quema ilegal de rastrojos y se ha montado otro foco.
    Los incendios siguen sin estar controlados. Han creado un cortafuegos para evitar que el incendio continúe hacia el parque natural de la Sierra de la Calderona, pero la cosa pinta mal.

    Han venido efectivos (hasta éste momento y que yo sepa) de Castilla y Tarragona, que la cosa está bastante seria y no parece que se vaya a poder controlar con facilidad. Pero no todo son malas noticias, porque parece que hay algunas tormentas previstas en breve y pueden ayudar y mucho con el problema. Hoy mismo, el día está algo nublado y por eso vamos del gris ceniza al amarillo-huevo-ceniza.


    Necesitamos un buen enjaretado y un látigo cómo los de antes, para mostrar el lado malo de quemar monte, que parece que con la de veces que estamos entre fuegos, no lo acabamos de comprender.
  • Hoy el día ha salido amarillo, pero lo veo todo rojo./

    Escrito por Vilem_Landerer el 29/06/2012
    Tengo un par de fotos, que he sacado desde el móvil. Sencillitas, desde la ventana de mi casa.
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    Para los que vivimos en la ciudad, nada molesto, aparte del color extraño del cielo y de la ceniza que va cayendo. Pero hay un incendio de tres pares de cojones en mi comunidad, de esos que no nos azotaban desde que se hizo ley que la tierra quemada, se quedaba quemada, no se construía encima.
    No me asusta especialmente un incendio. Los he vivido bien de cerca y más de un verano he visto, mientras comía, las llamas cercando Dénia, arrasando con el Montgó, que está a tiro de piedra y quemando hasta el barranco, que llega al mar.

    No tiréis colillas, ni vasos, ni botellas ni nada. No encendáis fuego con el "yo controlo" en la boca, que de "yo controlo" está el cementerio lleno. No se lo permitáis hacer a otros y si tenéis que llamar a la policía, lo hacéis. No permitáis que el monte, el llano o dónde carajo viváis se queme. El planeta es fuerte, se sobrepondrá a nosotros cómo si nada hubiera pasado (en peores se ha visto). Pero nosotros no. Si no hay muertos, hay miles de euros en pérdidas. Gente que se queda sin casa, sin granja, sin cosecha. Que los animales que ha comprado mueren asfixiados.

    Supongo que algún subnormal hijo de puta querrá decir algo sobre la libertad de hacerse una paella o encenderse un pitillo en una zona de monte bajo en agosto. Pues ésta vez, en lugar de mi habitual diplomacia acostumbrada, te digo, hijo de puta, que cómo te vea hacer algo así, te voy a hacer tragar gasolina hasta que llores multicolor y luego te prenderé fuego. Te lo dice alguien que de fuego entiende un rato, que no lo ha visto de la barrera y que compartía la ira de mucha gente, que cada verano veía su monte arrasado porque un imbécil se había querido montar una barbacoa o un bastardo quería construír encima.

    Tolerancia cero para los capullos y los pirómanos.
  • Hora de morir./

    Escrito por Vilem_Landerer el 28/06/2012
    Ésto me vale de relleno de momento, pero me ha gustado y lo voy a usar para uno de los personajes del fanfic de Star Wars que escribo, en el que rehago parte de la historia galáctica, para hacer que cuadre y tenga gracia. Estoy casi seguro de quién es, pero siempre puede cambiar, es la maravilla.



    No creía que pudiera hacerse, pero allí estaba. Había frenado a las tropas imperiales hasta el límite, hostigándolas desde la espesura. Pero ya habían penetrado y ahora avanzaban raudas al hangar principal. Debía darles un minuto. Sólo un minuto y supondría una victoria más, aunque al precio máximo para él. No le importaba. Un sólo minuto, para que los chiquillos escaparan. Esperaba que pudieran arrancar la nave ellos sólos, pero les había enseñado bien. Tenían buenos maestros.
    El rumor de botas se acercaba en la semioscuridad palpitante del pasillo. Por aquí y allá, las luces estropeadas destellaban levemente. Su fusil había acabado tan vacío cómo su estómago, así que lo abandonó. La puerta cerrada tras él estaba asegurada, así que proporcionaría otro minuto, o minuto y medio más. De sobra.
    Pero él, no los acompañaría, sino que se aseguraría de que se fueran. Lo haría con su vida. Estaba preparado para irse al otro lado.
    Mentalmente, les recordó que confiaran en la Fuerza, pero que no descuidaran su propia formación. A su discípulo, el primero y de momento, mejor de ellos, le mandó una despedida. Lo cogió desprevenido y prefirió cerrarse a toda comunicación posterior. Necesitaba concentrarse.
    Las botas torcieron el pasillo, varios metros por delante de él. También las tropas de asalto, que dieron un respingo al verlo. Siempre había sido corpulento, pero con el escudo de cuerpo entero, fabricado en duracero era impresionante. Y cuándo el sable siseó e inundó el pasillo con el destello verde característico, los soldados no pudieron hacer otra cosa que tragar saliva.
    -¡¡Es hora de morir, hideputas!! -gritó, mientras se lanzaba hacia ellos, escudo por delante-. ¡¡Y no me voy a ir sólo!!

    Impactaron en el escudo los disparos. No los notó. Lanzó un tajo hacia adelante, de arriba a anajo, sin demasiada elegancia. Partió al soldado desde el hombro hasta el muslo, dejando pasmados al resto, mientras se revolvía e interponía de nuevo su protección. Los soldados se repusieron de la situación inmediatamente, al escuchar la voz del comandante. Nadie debía salir con vida de aquellas instalaciones. Los niños, aún menos. Dispararon al unísono, con la esperanza de que el escudo cediera en algún momento.
    El antiguo jedi, suponiendo la treta, asomó el sable para avanzar devolviendo disparos. Algo le escoció en la muñeca, pero no le importó. El escudo comenzaba a resquebrajarse, demasiado daño en tan poco tiempo, el material no podía disipar tanta energía. Se agachó, simulando estar herido. Apenas se dió cuenta de que estaba cerca del primer caído, tuvo una idea. Una diabólica idea.

    El soldado más cercano se acercó, para rematarlo. Una ráfaga lo derribó de espaldas, ante la nueva sorpresa. El maestro había cogido la carabina de repetición imperial y la usaba cómo barrera de disparos, avanzando de nuevo. Se metió cómo un huracán, disparando y dando tajos con una fuerza endiablada. Pasaba ya casi el minuto. Pero lucharía todo lo posible. Agotó la energía contra el torso de un soldado, que aún aguantaba. Lo partió en dos de un violento revés, mientras mantenía a algunos apartados. Alguien le agarró de la muñeca derecha. Antes de que inclinara el sable en su dirección, incapaz de dar un golpe serio con él, sintió el agudo dolor de un vibrocuchillo en su costado.
    El soldado lo había alcanzado. De un codazo, lo tiró hacia atrás y dejó caer el sable sobre el que le aprisionaba el brazo, partiéndolo cómo si fuera mantequilla. Se sacó el cuchillo y lo miró un momento, justo antes de incrustarlo en el visor del que se lo había clavado. Éste gritó horriblemente, pero no se movió más.

    Había recuperado su brazo y movía el sable con ritmo, sin dejarles aparecer apenas por la esquina. Ya tenía media docena de disparos en el torso y a saber cuántas en el resto del cuerpo. No aguantaría mucho más, pero estaba bastante seguro de haber contado ya hasta ciento cincuenta. Al perder atención, lo derribaron, cómo si fuera un partido de rugby. Cayó de espaldas, perdió el sable y comenzó a revolverse. Aquello se acababa. Era el fin, después de todo. Y no se arrepentía de nada en absoluto.
    -¡Lo tenemos! -chilló el soldado que lo había derribado sobre los cadáveres de los anteriores-. ¡Lo hemos...!
    Sonreía. El jedi sonreía, descarado, dejando ver una cosa esférica, del tamaño de un pequeño fruto. Brillaba y daba un tono muy característico.
    -¡¡Detonador!! -volvió a gritar, pero ésta vez descompuesto por el terror-. ¡Tiene un det...!

    La explosión vaporizó a todos los que se encontraban en el búnker. Gran parte del búnker estalló con violencia, abriendo la tierra boscosa de Nacare, el planeta del tercer anillo del sistema Quaal. Ningún soldado de asalto que fuera a matar a los enemigos volvió con vida. Y en su último pensamiento en ésta realidad, antes de unirse a la Fuerza, el maestro se sintió complacido, pues sus niños estaban a punto de saltar al hiperespacio, para ir a lugar seguro.
  • Richtofen./

    Escrito por Vilem_Landerer el 26/06/2012
    Reláto bélico a petición de Hcl. Es muy probable que encontréis incongruencias, ya que me las he encontrado a capazos. No se sabe exactamente quién le dió muerte, aunque se viene aceptando útlimamente como más probable que el ametrallador antiaéreo australiano William John "Snowy" Evans, que estaba apostado en la zona con otros tres compañeros y que dieron parte del derribo efectúado por Roy Brown, el aviador que picó sobre él y lo ametralló.
    He leído muchas tonterías sobre que con él se fue la última forma de hacer la guerra de forma "honorable". Está claro que hay mucha gente que no tiene ni puta idea de lo que es una guerra, actual o pasada y que sólo se basa en lienzos que idealizanel belicismo. En fin, sin demasiada murga extra, allá va el relato.


    La batalla había ido bastante bien. Ahora perseguía a un advenedizo que se había envalentonado con un derribo y había pretendido hacer lo propio con el Barón. Éste rápidamente le dió la vuelta a la situación, decidido a acosar al Camel enemigo, descuidando sin embargo su trasera, a pesar de que era firme contrario de esa táctica.
    Ray Brown vió cómo el triplano rojo se acercaba por detrás a su punto, el teniente May, que volaba bajo, intentando evitar las certeras ráfagas de su peligroso descubridor. Sin dudarlo un instante, el canadiense picó, rezando para llegar a tiempo.
    Richtofen estaba decidido a terminar con aquello, así que apuntó con cuidado y justo cuándo oprimía el disparador y salían las primeras balas, su aparato fue alcanzado por una ráfaga que venía desde atrás. El As maldijo y buscó a su enemigo, tratando de zafarse.
    Ray lo siguió a toda velocidad, tratando de decelerar para no encontrarse frente a él. Había otros triplanos rojos, pero tenía un mal presentimiento acerca de todo aquello.
    "¡Maldito aficionado!" Pensó el prusiano, que sentía un dolor penetrante en la espalda y la cabeza, pero que sabía que las balas estaban simplemente destrozando fuselaje, ya que disparaba con precipitación. Vió que se acercaba rápidamente y se preparó para maniobrar y tomar una posición de tiro favorable. Pero en ese preciso momento, notó cómo si algo le mordiera el muslo, e inmediatamente sintió gran dolor en su torso. Escupió sangre y se quitó la máscara, incapaz de respirar. Nuevos impactos llovían sobre el Dr.I y ya no trataba de evitarlos, simplemente le daba igual.
    Sonrió, reconociéndole el derribo a su enemigo, antes de despedirse de su hermano mentalmente y del Reich, deseándoles suerte a ambos. Por su lado, pasó el avión británico que lo había ametrallado pero no le importó. Enfiló en dirección a lo que parecía un campo de cultivo y se desmayó.

    -¡Le has dado Snowy! - gritó Cedric, su compañero ametrallador, entusiasmado-.
    -¡El mejor tirador de Perth! - Robert también había disparado, pero estaba seguro de que sólo habría alcancado el ala-. No seas modesto Will.
    -El Camel lo estaba ametrallando, que lo hubieramos derribado o no, era cosa de una bala entre todas las que le caían al pobre diablo -dijo William, dejándolo correr-. Creo que no le he dado, apenas me ha dado tiempo a amartillar, mucho menos a apuntar correctamente.

    El Gran Danes del Barón Rojo, Moritz seguía aguardando, como todos en el Circo, la Jasta 11. Ya era tarde y no se veía avión alguno, aunque los bosques cercanos impedían la visión. De pronto, Moritz se alzó y ladró varias veces a la espesura. Casi inmediatamente, todos escucharon el ronroneo de un avión. Éste apareció para sorpresa de todos sobrevolando el bosque, a toda velocidad y volando a muy baja altura. No se esperaba un ataque, pero todos se movilizaron a sus posiciones al reconocer los distintivos británicos. Sin embargo, se dieron cuénta inmediatamente de que no era un ataque enemigo. El aparato, sobrevoló velozmente el aeródromo, dejando caer algunos papeles, justo antes de desaparecer por el otro lado.
    Lothar, el hermano del As, recogió una y la abrió, para leerla, en voz alta.
    "Manfred Albrecht von Richthofen, jefe de la Jasta 11, fue derribado y hallado muerto hoy, 21 de abril de 1918, en combate aéreo. Será enterrado con honores militares mañana a las 12 horas en el cementerio militar de Bertangles. No pdríamos hacerlo de otra manera. El mando del 209 escuadrón decidieron su epitafio; "Aquí yace un valiente, un noble adversario y un verdadero hombre de honor, Que descanse en paz". Nuestras mayores condolencias para sus compañeros y su familia; entendemos perfectamente el dolor que sienten o sentirán por su pérdida."
    No pudo seguir para leer la firma, ya que se le quebró la voz. Todos, incluído Moritz, se giraron para mirar al avión inglés, que había vuelto a aparecer para volver a su base. Como si lo hubieran ensayado, realizaron un saludo al aeroplano antes de que se internara a baja altura de nuevo, en agradecimiento.

    Al día siguiente, cubierto el ataúd de flores, llevado al hombro por seis miembros del 209 escuadrón y arropado por tres salvas de fusilería australiana, le fue dada sepultura al Diablo Rojo, o Barón Rojo, el mayor caballero del aire que jamás pilotara un aeroplano. Como última despedida de sus orgullosos enemigos británicos, hicieron cortar y pulir una hélice de cuatro palas, para que le sirviera de cruz, ya que no entendían mejor forma de enterrarlo.
  • Ésto es algo que estuve haciendo ayer (corregido)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 25/06/2012
    No es que sea nada interesante, pero personalmente, dado mi estado físico, estoy orgulloso de que sea la segunda vez que alcanzo mi objetivo.
    Si alguien me dice qué castillo es el que se ve, no sé, haré alguna cosilla especial.

    Vídeo.
  • La importancia de la Lengua II, la Orkografía contraataca./

    Escrito por Vilem_Landerer el 23/06/2012
    Bueno, aquí estoy. Al final ni he bajado humores ni nada, pero de eso ya se encarga el departamento de lavados de estómago.

    La última vez comenté la diferencia entre un analfabeto y el analfabestia. Destaqué de éste último su entereza a la hora de defender su pobre forma de escribir e incluso de hablar. Entre las excusas, se podían ver "no he ido a una buena escuela", "no me han enseñado bien", "no leo demasiado", "cada cuál escribe cómo le da la gana" y mi favorita; "¡La libertad de expresión me ampara!"

    Hoy vengo a razonar, porqué es una mala idea acogerse a éstas excusas de la misma forma que un criminal se acoge a sagrado. Antes o después, queráis o no, analfabestias de mis amores, tendréis que ir al mundo real. Al de los adultos. Al de los impuestos, el trabajo y la seriedad, que está más allá del mundo de la piruleta y el de los foros de internet.
    El mundo real, es un sitio "civilizado", pero se parece muchísimo a la sabana. Da igual lo que hagas, se te pueden comer aunque seas estupendo en muchos aspectos, pero generalmente, si un antílope es cojo y no aprende una forma de correr a pesar de su cojera, muere.
    Vosotros, no sois antílopes cojos. A no ser que seáis disléxicos o padezcáis de alguna otra enfermedad (de hecho, los que aquejan alguna cosa así, suelen esforzarse para superarla). La tontería no es reconocida todavía como enfermedad. A lo que iba.
    No, no sois antílopes cojos. Sois antílopes vagos, que pasan de correr y se os olvida. Sólo sabéis correr torpemente y hasta los cojos os adelantan. Pero sabéis andar. Andáis cuándo hace falta y no os tropezáis. El problema es que no es lo suficientemente rápido y antes o después, os cazan.
    Y es lo que pasa en el mundo real. Que os preocupáis poco de escribir bien y metéis unos gazapos dignos de Steven Spielberg. Hasta que os piden que hagáis algo serio. Y de pronto, hecatombe, debéis escribir normal. Y vais lentitos, mirando las palabras en el diccionario para no cagarla y lo entregáis y hacéis la pose Snoopy. Bien, habéis vencido, todo seguirá cómo hasta ahora.
    Pues es cierto, sigue igual. Hasta que de pronto, buscando trabajo, os piden que escribáis a ordenador un texto, para evaluaros. Pero claro, el examinador os está rondando y no hay un diccionario a la vista, ni siquiera la computadora tiene internet para buscar. Así que comenzáis. El corrector de Word está encendido y dais gracias a alguien por ello. Comenzáis y os salen varias dudas, pues el corrector da por buenas un par que no tenéis claras. Es lo que tiene el Español, que dos palabras pueden escribirse igual a excepción de un acento. Es un error subsanable, pero cómo habéis pasado hasta de los más sencillos, eso queda muy lejos de vuestras capacidades. También observáis horrorizados que el corrector aunque lo intenta, no corrige gramaticalmente, sino que da una sugerencia, que generalmente es mala sugerencia.
    Así que no pasáis la selección, pues vuestro texto corregido con word tiene fallos leves y otros que no lo son tanto pero de los que el corrector ha sudado, ya que no tenía base de datos suficiente.

    Y así, ocurre con muchísimas cosas a lo largo de la vida. Centrándonos en los cómics y la literatura (ésto se publica en Subcultura y en Blogspot (aunque Blogspot no sea literatura y ya, pero en la Senda, sí lo es), si queréis publicitar vuestra obra, mostrando un texto mal redactado, lleno de faltas y con una gramática dudosa, la gente pasará de vosotros y se burlará, como ya ocurre. Pero si además queréis cobrar de ella y que alguna editorial os haga caso, las burlas serán jodidamente crueles, pues vendrán a significar que no tienes ningún puto futuro en el oficio que habéis elegido.
    Una editorial, sobre todo de cómics, exige rapidez y limpieza. Corregir alguna falta menor no les supone problema, habitualmente, pero una miríada de cagadas orkográficas es un tiempo, un esfuerzo y un dinero que no les merece la pena gastar (estamos en el mundo real, recordadlo). El mundo editorial no se va a adaptar a vosotros, sino que ha de ser al revés.
    Algunos diréis: "Pero yo no quiero publicar en una editorial, sólo quiero exponer mis obras al mundo". Bien, eso es cierto. Aunque realmente no queráis ver en algún momento futuro vuestras obras en papel y además ganar dinero con lo que os gusta, cosa rara, os estáis enfrentando a un público igual de cruel que el que lee en papel.

    Igual entre los analfabestias os proporcionéis apoyo, pero en general, a la gente le cansa mucho leer y que cada dos palabras haya una falta más o menos grave. Si le añadimos vuestra total falta de práctica con la gramática, la cosa se hace mucho más dura. Así que vuestros potenciales lectores pasarán. No es necesario que creáis mi palabra. Echadle un vistazo a los cómics más populares de Subcultura, leedlos. La norma general, es que son legibles y queda fuera de toda duda que su ortografía y gramática son más que correctas, incluyendo los localismos habituales, claro. Evidentemente, habrá alguno que no, que sea un aborto ortográfico. Pero es uno entre muchos y evidentemente tiene algo que no todos los analfabestias vais a tener, así que no soñéis demasiado.

    Así que os digo que cuidéis vuestra escritura, pues en el caso de los comiqueros, es una herramienta tan importante como vuestro dibujo. En el caso de los escritores, bueno, es vuestra herramienta, aplicadle tanta atención como a la documentación que uséis.
    Si a pesar de eso, renováis en vuestro error, más no voy a hacer, evidentemente. Os recomiendo dejar de escribiros las historias y buscaros un guionista.
    Pero sin embargo, si queréis mejorar, siempre habrá gente que os pueda ayudar. Lo primero y principal es leer, pues instintivamente aprenderéis lo necesario. Las dudas que podáis tener ya serán pocas y fácilmente subsanables con un estudio ligero. Creo que no hay mejor manera de aprender algo que todos, independientemente de nuestra orientación profesional, hemos de saber usar correctamente. La Lengua es una base indispensable, tanto como saber sumar, restar, multiplicar y dividir. Todos hemos de saber usarla y la excusa de "soy de ciencias" no es válida. Evidentemente, hay orientaciones que han de aprender más sobre ella (como un periodista o un filólogo), pero todos hemos de aprender la base.

    Espero no haberos aburrido demasiado con el tema, pero ya avisé que sería más serio que el anterior. La siguiente entrega va a ir sobre la importancia de la Mala Lengua y la otra sobre lo interesante que es dedicarle horas a una Llengua cuándo podría haberlas dedicado a aprender o mejorar inglés.
  • Conseguís que me entren ganas de escribir sobre la Lengua./

    Escrito por Vilem_Landerer el 21/06/2012
    De verdad, es muy estimulante. Mañana espero escribir otro post sobre la Importancia de la Lengua, aunque algo más seriote, que el último me pasé de bromas. Ya de paso, hablaré sobre la importancia de la Mala Lengua a la hora de afrontar una historia. Los personajes son personas con mayor o menor instrucción y si nos es posible, nunca está de más mostrarlo en su forma de hablar, o escribir.

    Y la siguiente sobre Lengua, será sobre la de mi tierra y que tantos dolores de cabeza me da, el Valenciano o cómo prefiráis llamarlo, lo mismo me da. Sobre todo porque cada dos kilómetros parece una lengua distinta.
  • Un arma es una cosa peligrosa... Pacificador, portapaz o Colt de Acción Simple del Ejército./

    Escrito por Vilem_Landerer el 11/06/2012
    Algunos conoceréis el Colt 1860 Army .44, que tiene una versión naval (Colt Navy, en calibre .36). Es un arma icónica, hasta cierto punto. Se podría decir, que en los años realmente duros de la conquista del Oeste Americano, éste revolver fue uno de los más usados, por varias razones.
    Pero hoy no he venido a hablaros de él, sino del propuesto por Platov; el Colt de acción simple del Ejército (o Colt Single Action Army), apodado comúnmente en Estados Unidos como Pacemaker (Pacificador, o peor traducido como Portapaz). De éste conozco algunas cosas más que del Winchester, como por ejemplo que fue el primer arma corta fiable producida en serie jamás. Habían otros modelos de simple acción (ésto quiere decir que hay que amartillar cada vez que se quiera disparar (de ahí salen las escenitas de disparo desde cadera, sin soltar gatillo y accionando cada vez el percutor con la palma de la mano)), pero no llegaban ni a la suela de los zapatos del producido por la Colt's Manufacturing Company allá por 1870 para el ejército estadounidense. El calibre LongColt .45 no sólo era bueno, sino adecuado, que se estandarizó para Estados Unidos (y que daría pie al .45 ACP que cargaría otra insignia de la casa, la Colt 1911 Governement, la semiautomática de tan sólo 7 disparos, pero de gran poder destructivo (y poco después, sería empleada cómo munición para la archiconocida pistola-ametralladora Thompson, usada por los gángsters, policías y como devastador subfusil por el ejército norteamericano en la Segunda Guerra Mundial hasta Vietnam)).

    Se fabricaron bastantes variantes, que se diferenciaban principalmente por el largo del cañón y algunos detalles. Del militar habían dos, el de caballería y el de artillería, siendo el de tropas montadas con diferencia, más largo, pues montaba un cañón de 7 pulgadas y media (19'1 cm), mientras que el modelo de artillería montaba uno de 5 pulgadas y media (14 cm), pero ambos disponían del cartucho .45 LC, de gran poder de detención. El modelo civil se solía servir en varios calibres, como los .44, .40, .32, y .20 de Winchester, aunque más tarde se incluirían los .38 y .44 Special de Smith and Wesson, en .357 Magnum y la .22 Long Rifle (que suele usarse para tipo deportivo y en sus versiones de punta hueca (bala expansiva) para caza menor). Además, el modelo civil venía con cañón de 4 pulgadas y tres cuartos, siendo de los más cortos.
    Como curiosidad, diré que había algún modelo personalizado de 12 y hasta 13 pulgadas de cañón. Hace un tiempo indiqué que un Colt Python de 6 pulgadas es jodidamente complicado de sacar de la vaina, pues se tarda un año entero. Los de 12 y 13 pulgadas solían usarse en parte por la extravagancia y en parte porque su propietario requería mayor alcance y precisión, pero no podía depender de los fusiles de palanca de la época por lo que fuera. Habían accesorios bajo pedido que incorporaban una culata de fusil al revólver, permitiendo su uso desde el hombro.
    El Pacificador bien debe su nombre a que en parte, por su comercialización en masa, ayudó a poner fin a muchas querellas en el Oeste (a menudo con la muerte de alguien, ya sabéis, dos no discuten si uno está muerto). Además, afianzó una frase muy popular, que es la siguiente: "Abraham Lincoln hizo a los hombres libres. Samuel Colt los hizo iguales". Por otra parte, hay otra versión de la frase: "Dios hizo a los hombres. Samuel Colt los hizo iguales". Personalmente, me gusta más la primera, por las implicaciones políticas que suponen. Y es que tal era el poder de las armas de Colt, pues eran en comparación, fiables, precisas y baratas (aunque seguía siendo caro), de tal forma que casi cualquier persona de cualquier condición podía reforzar sus argumentos con seis cartuchos de .45 Long Colt.



    Como curiosidad, unos años después, al término de la Segunda Guerra Mundial, se estaba desarrollando un avión. Era un avión que al igual que la bomba atómica, "acabaría con todas las guerras". Se trata del bombardero atómico, diseñado especialmente para bombardear usando armamento atómico y nuclear, basado en lo aprendido con el B-17 (Fortaleza Volante) y el B-29 (Superfortaleza). Un bombardero de proyección estratégica a gran altura, cuyo nombre rompió la línea. Cómo imaginaréis, se llamaba Peacemaker, Pacificador. Se trataba de el B-36. Al final, no acabó con guerra y que yo sepa, no participó activamente en ninguna, pues fue sustituido por el B-52 (Fortaleza Estratosférica, precisamente, por su altitud de bombardeo) antes de la guerra de Vietnam.
  • Algunas neuras y consejos para vuestras tramas./

    Escrito por Vilem_Landerer el 08/06/2012
    Dado que sigo en esta racha de poco curro, voy a hablaros de algo que se me ha venido a la cabeza releyendo algunos cómics. Señalo que es una opinión, pero que bien podrían tomarse como consejos a la hora de diseñar un personaje.

    Es algo que me pasa especialmente con los mangas y muchos videojuegos y es que los personajes no cambian de ropa nada más que al cambiar de temporada o título. Entiendo que en ciertas tramas, puede ser complicado (por ejemplo si se trata de un mundo post-apocalíptico o algo que sugiera que no hay civilización), pero en general, eliminan parte de la empatía con los personajes, pues cambiar de ropa es algo tan cotidiano que creo que es muy necesario a la hora de diseñar una historia.
    No es necesario que sea un vestuario sesudo, o que vaya a la moda. Conque cuadre con los gustos y el estilo de personaje, basta (otra cosa es que el personaje siempre vista igual por alguna razón, pero no se puede usar con todos o casi todos los personajes de una historia).
    Y no hablo ya de obras amateur, sino de cómics e historias profesionales, en las que el autor sólo dedica su imaginación a tejer la historia, olvidando detalles tan cotidianos como es la higiene personal y la necesidad de cambiar de ropa. Además, esta falta de "trabajo" también suele afectar a detalles del mundo o la realidad en la que la trama se desarrolla, así que va creando lo que necesita según lo necesita, consiguiendo que los lectores tengamos una sensación de irrealidad. Por ejemplo, un autor de cómic podría presentarnos una historia de acción, en las que los personajes siempre van con la misma ropa (con algunas variaciones en caso de cambio de temporada o viaje a zonas frías o más calurosas), no parecen tener en muchos casos aficiones más allá de pegar guantazos y que puede pasar de acción cuerpo a cuerpo con armas medievales a disponer de elementos actuales o futuristas que no se habían intuído hasta el momento en el que aparecen.

    La cercanía con un personaje, nuestra empatía con ellos no suelen venir tanto de historias desgarradoras, o de intentos de acercar el género al drama, tanto cómo de mostrar a dicho personaje viviendo el día a día. No quiero decir con eso que tengas que mostrar lo que hace todos los días en todo momento, pero el cambio de vestuario, conocer sus aficiones (pero dentro de la propia historia, nada de hacer un número o un anexo a parte), en fin, ver que son humanos (cuándo lo son o queremos que tengan un comportamiento humano).

    Una forma de acercar al lector a tu prota, es que tenga alguna pequeña manía o vicio. Nada exagerado, que no eclipse en ningún momento lo que sucede. Podría ser que le gusta liarse el tabaco, que al cargar un arma lo haga siempre con el arma contraria, por ejemplo. Además, si cada día (entendiendo que son días normales y que tiene acceso a su ropa) cambia de vestuario, siguiendo su estilo, pero que sea distinto. Es posible que reutilice prendas, o que siempre lleve unas gafas de pera, o algo similar.
    Alguno me dirá, que eso puede provocar que no se reconozca al personaje. Es posible, ciertamente. Si no lleva siempre el mismo aspecto un lector podría tener dificultad a reconocerlo.
    Yo creo sin embargo, que no es tanto culpa del lector cómo del autor. Si les has acostumbrado a que siempre va igual, un cambio radical los va a desorientar y si además es diario, es el acabose. Pero como autor (aquí, como estoy hablando de cómics, se entiende que es principalmente cosa del que dibuja (si es un equipo, claro), pero un guionista también tiene algo de culpa), me preocuparía que mis lectores no reconocieran al protagonista. Tal vez sea que su cara se parece demasiado a la de otros personajes. Tal vez sea que todas las caras son extremadamente parecidas entre ellas y que precisamente se diferencian por el peinado y el vestuario. En ese caso, tienes un problema.

    No os voy a enseñar a dibujar, más que nada porque tengo muy, pero que muy claro que la mayoría de los que leeréis esto sabéis hacerlo mucho mejor que yo. Otro día, escribiré sobre porqué no todo el mundo sabe o puede dibujar.
    Sin embargo, sí que os puedo decir que para hacer una cara distinguible de otras mil, hay cientos de combinaciones distintas. Frente, ojos, nariz, pómulos, labios, boca, mentón, cuello, orejas, cejas, barba y bigote, imperfecciones en la cara, cicatrices, la forma de la cara...

    En fin, por aquí termino ya. No es que os haya descubierto el Nuevo Mundo, seguro, pero algo tendréis en lo que pensar mientras sigo escribiendo para la Senda.
  • Cafetera./

    Escrito por Vilem_Landerer el 05/06/2012
    Pack McPorck llevaba un mal día.
    Había dormido fatal, había evacuado fatal y se encontraba fatal. Le sabía la boca a estropajo y le olía el aliento a cloaca.
    - Necesito un café -murmuró, prácticamente incapaz de vocalizar con normalidad-. Calentito, café calentito.
    - Y un chorrito de coñac -dijo una voz, cerca de su oído-. O vodka.
    - Ciertamente -concedió Pack-.
    Se abalanzó al banco de la cocina y conectó la ruidosa cafetera. Hoy era azul y se sintió algo reconfortado. Si hubiera sido amarilla, ya no habría cafetera encima del banco.
    El bote del café estaba abierto, cosa rara porque sólo vivía él allí y que recordara, lo había guardado perfectamente. En todo caso, negó con la cabeza y sirvió tres buenas cucharadas del polvillo grisáceo en el filtro. Esperó pacientemente a que terminara de echar líquido en la taza y sacó dos botellas. En una, había un líquido oscuro, como las bebidas de cola descafeinadas, mientras que en el otro, el líquido era un poco más soso. Dudó un momento y al cabo echó un buen chorro de ambos en el café.
    Se llevó la mano a la cabeza y soplando con cuidado lo vertió en el embudo conectado a su occipital. Casi al instante se estiró todo lo alto que era y con un alegre silbido se vistió, agarró el paraguas y salió decidido a tener un buen día en la planta de procesado.
  • Cazador del Caribe./

    Escrito por Vilem_Landerer el 01/06/2012
    Hola, saludos a todos.

    Me llamo Guillermo José de Lánderer Rojo y soy corsario y aventurero español. La mía no es una profesión popular en mi país, ni muy querida entre los altos despachos, pero necesaria. Tan necesaria como ser capitán de mar y guerra, ciertamente. Más ser capitán de mar y tierra en España supondría ser o acabar pobre y posiblemente, olvidado.
    Pero como corsario, vendo mis piezas según lo que decido, al igual que la carga y su tripulación. El gobernador cobra lo suyo y la quinta del rey queda siempre satisfecha, pero yo no recibo una cantidad estipulada, que acabará diluida entre funcionarios y demás ladrones, sino que me quedo con el resto, que me ha hecho rico y poderoso.
    Mi tripulación me es fiel, pese a algunos descalabros, en los que he perdido a casi la mitad de los buenos hombres que me acompañan en mis aventuras y combates. Pese a ello, no dejo de tener a ansiosos marineros que desean un pedazo de mi riqueza. Y yo, para mantenerlos contentos, soy extremadamente generoso.
    He poseido varios barcos. El primero, mi querido Sofía era un bergantín-goleta hermoso, rápido y muy maniobrero. Por desgracia su artillería no estaba a la altura de las circunstancias y casi siempre me obligaba a rendir por abordaje, cosa que suele salir demasiado cara.
    Sofía, mi primer barco.


    Después de casi un año de espantosas sangrías, decidí que era hora de mejorar a Sofía, para que tuviera la mayor pegada posible. Pasé de veinte piezas de cuatro libras al mismo número, pero de dieciséis. Aunque mi estupendo barco mejoró muchísimo, seguía sin ser suficiente. Y ahí fue cuándo me atacó el Infranqueable.
    No se llamaba así, por supuesto. Se trataba de una fragata de treinta y dos cañones inglesa, enviada a poner fin a mi osadía de atacar barcos en aquellas aguas. En cuánto vi cómo sus cañones se inflamaban y disparaban la carga, supe que debía de ser mía.
    Entablamos combate con ferocidad, pero al final pudimos largar los garfios y hacerles comer buen acero toledano en corto. Tras adecentarla un poco y vaciarla de ingleses, pusimos rumbo a la Habana, dónde repararon mis dos preciadas posesiones y por desgracia tuve que dejar a mi querida Sofía, pues no confío en nadie para comandarla. Allí sigue, esperando a que vuelva.
    Por otra parte, el Infranqueable, pues así llamé a aquella magnífica fragata, cargaba treinta y dos estupendos cañones, de nada más y nada menos que cuarenta y dos libras en su primera batería. Con esa artillería, pocos barcos podrían siquiera pasar cerca sin que lo consintieramos.
    El Infranqueable, escoltando un convoy.


    Después de algunas mejoras en el astillero, el Infranqueable no tenía mucho que envidiarle a mejores barcos, y con sus cañones hacía mía la ley, en todo el Caribe. No había francés, inglés o pirata cualquiera que se atreviera a atacar y si lo hacía, era en tal superioridad numérica que el buen español habría tenido vergüenza.
    Mas después de uno de dichos combates, con el palo de mesana reventado, el bauprés partido y un par de pequeñas capturas, pues las grandes nos habían obligado a cañonearlas hasta su destrucción, hicimos puerto en San Martín, puerto holandés, que sí nos recibe y acoge, aunque con frío entusiasmo. Al requerir al jefe de puerto para la venta de las presas y las reparaciones, pude ver una fragata nueva, sin botar todavía ni bautizar, pues su comprador había quedado sin piezas con las que hacerse valer. Al interesarme por él, el rubio hinchó el pecho de orgullo, pues se trataba de su mejor obra. Un navío, pese a su clasificación de fragata no obstante, encargado para que fuera rápido, maniobrero y de demoledora contundencia. Lo había armado con una batería de nada más y nada menos que cincuenta y dos cañones, contando con una primera batería de treinta y seis libras y una segunda de veinticuatro.
    Hice cuánto estuvo en mi mano para que fuera mía. Aquél navío me salió caro, extraordinariamente caro. Las dos presas y mi dinero no dieron para pagarlo, así que completé el precio con mi propia fragata. El capitán de puerto estuvo de acuerdo y concedió que me la llevara, pero debía pagar los cañones aparte, cosa que hice gustoso, pues vendí numerosas bagatelas que llevaba acumuladas de los saqueos.
    Así, a las dos semanas después de que le dieran la última mano de pintura y terminaran con el pan de oro, levamos anclas y el Implacable zarpó.
    El Implacable.


    Lo llamé así porque si el anterior había sido realmente infranqueable, éste se convertiría en la pesadilla de todos mis enemigos. Pasada la emoción inicial de hacerlo surcar a toda velocidad las aguas del Caribe, comencé a hacer cuentas. Aquél barco me iba a salir dos veces más caro que el Infranqueable y cuadruplicaba el precio que me exigía a la semana Sofía.
    Al final, resultó que era tres veces más caro de mantener, pero el tamaño de las presas al que podemos atacar es tan grande, que lo mismo da. Con dos de las presas habituales, sin contar la carga que lleven, nos sirve para cualquier contingencia. Al llegar a San Juan en Puerto Rico, pagué para mis muchachos una agradable noche en el burdel de la ciudad, que ellos me pagaron a mí con buen hacer en los siguientes días.
    Implacable zarpando desde San Juan con rumbo a la Habana.


    Ahora, nos dedicamos a interceptar patrullas francesas, pues el virrey paga bien por cada bandera que le llevamos. Un amigo ha intercedido por mí en Inglaterra. Ahora ya no me persiguen, excepto de vez en cuándo y yo procuro dejar tranquilos sus barcos. Aunque si no hay nadie para decir nada, no tienen por qué enterarse...
    El alcázar del Implacable






    Espero que os haya gustado ésta especie de broma. Es un personaje en el que estoy trabajando, para una serie de novela por entrega de aventuras, para la Senda. Lo protagonizará quien escribe ésta curiosa "carta", aunque con diferente nombre, que el que he puesto me parece demasiado ególatra. Es algo que me quiero cuidar mucho, así que me documento a mi velocidad habitual, que visto lo visto, es poca. Tardará, pero espero que merezca la pena lo que tarde en comenzar. Por otra parte, quería comentar que las imágenes pertenecen al juego "Age of Pirates 2, the City of Abandoned Ships" con un modificador o cúmulo de modificadores, que añaden gráficos nuevos, constelaciones y una enorme variedad nueva de barcos reales, texturas nuevas y personajes nuevos (conocidos o no, yo por ejemplo, llevo a Jack Aubrey, de ahí el nombre del primer barco, que es el que viene con el personaje). El mod se llama "Gentlemen of Fortune" y está cojonudo, por si alguno lo quiere buscar.
    ¡Un saludo, piratillas!
  • Lugares de Cindre. Averno (II)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 31/05/2012
    Bueno, hace ya tiempo que quería seguir con una segunda entrada comentando algunas características extra sobre Averno, la puerta al Inframundo de Cindre, el mundo dónde discurren las aventuras de Icusagora Riel. Dichas aventuras deberían haber comenzado con un tono claramente steampunk y el nombre habría sido "Las Imposibles Aventuras de Icusagora Riel". Al final, por mi propia mano, la cosa pivotó ligeramente hacia la fantasía, pero pretendo darle una ligera capa tecnológica. De momento, hasta que lleguemos a eso, os conformaréis con la segunda parte de la entrada al Inframundo.

    De paso, digo ya de forma oficial que he puesto mi blog bajo una licencia Creative Commons, por si las moscas. Es algo que animo a hacer, para tener una base legal en caso de problemas más adelante.


    Quince millas al Norte del cráter que cobija Averno, nos encontramos con MIrina, una de las más bellas ciudades del Imperio Pomoleno (que de bellas ciudades entiende un rato). No tiene edificios especialmente altos, a excepción de la Torre de Gobierno, donde habita el burgomaestre que administra la ciudad. Dicho burgomaestre suele elegirse entre los mejores consejeros del emperador, como un regalo. El burgomaestre de Mirina suele llenarse bien los bolsillos mientras ostenta el cargo, pese a que suele durar poco en él, ya que precisamente, lo emperadores conocen perfectamente el problema de Mirina y que afecta a toda la población.
    Por influjo de las energías que escapan de Averno, la población se ve afectada. No son malvados, o tienen predisposición hacia el mal, como pudiera creerse. Son de los seres más astutos, taimados y avariciosos del orbe entero, llevándose la palma los empleados públicos. Si uno visita Mirina en ciertas fechas escogidas o durante una guerra, la cosa ya se dispara y hay que mantener los ojos bien abiertos. Los tenderos intentarán cobrar precios abusivos (los precios de Mirina ya son abusivos, sólo que cada comerciante tratará de aumentarlos. Cada año, crecen más). Por la calle es mejor llevar la bolsa bien vigilada, pues las sonrientes gentes del lugar no tendrán problemas en dedicarse al hurto, si hay oportunidad.
    Y no hablaremos mucho más de ésta Joya Perversa, pues nos dedicamos de momento a la influencia de Averno en sus alrededores. En Mirina, como ya habrán supuesto, provoca que la población sea corrupta y en el peor de los casos, seres despreciables, así como en la fauna de la ciudad. Las ratas, mosquitos, perros, gatos y demás animales tienden a ser más grandes y agresivos que los del resto de Cindre. Sin embargo, hay una excepción, que nadie logra comprender. Los murciélagos también son más grandes que especies similares en otros lugares. Mucho más grandes, pues bien miden más de seis pies de envergadura y son extraordinariamente voraces. Los habitantes tienden a respetarlos, pues suelen comerse a casi cualquier especie que se extienda demasiado, especialmente ratas, mosquitos y gatos, pero no le suelen hacer ascos a nada.

    Fuera de Mirina hay pocas muestras reales de las mutaciones provocadas por las energías de Averno, excepto animales más fieros. Es en el puerto de la ciudad y en todo el Golfo de Ranac, dónde se hace palpable de verdad. Inexplicablemente, la permeabilidad del agua a la maldita energía del Inframundo es muchísimo mayor, así que el Golfo suele presenciar algunos fenómenos extraños. Los monstruos marinos son cosa habitual en estas aguas, aunque no se suelen dejar ver. Las apariciones fantasmagóricas tienden a aparecer en cada viaje y en ocasiones el agua y el cielo toman extrañas tonalidades y cuándo eso ocurre, se desatan tormentas espantosas, que tan sólo los capitanes acostumbrados son capaces de capear.
    Y así acaba ésta explicación sobre Averno, alumnos. Para la próxima clase os instruiré acerca de Hisparii, la violenta nación cuyas tierras son lamidas por las mismas aguas que las del Imperio Pomoleno y que tantas guerras ha librado contra todos.
  • Vuelvo a dar de baja "Más allá de Selene" /

    Escrito por Vilem_Landerer el 30/05/2012
    Como podéis leer por el título, vuelvo a retirar (sí, otra vez) "Más allá de Selene" del blog. Mantendré lo que ya he publicado como muestra, pero la novela cambia ligeramente. La razón es la misma que la última vez que la retiré, que es básicamente realizar una novela "vendible" (aunque la volví a incluír en el blog precisamente porque iba a hacer algo que me permitiría mantener la escritura como hobby). Estoy pensando en varias opciones, pero quiero terminar antes al menos la mitad de la historia. Si tenéis curiosidad, he decidido que mantengo el formato "por entregas", precisamente porque voy a buscar unas vías un tanto distintas.

    En fin, siento hacerlo, pero es para evitar problemas más adelante.
  • La importancia de la Lengua./

    Escrito por Vilem_Landerer el 29/05/2012
    Llevo una semana aproximada mente pensando en escribir algo relacionado sobre el lenguaje escrito (en español, se entiende).

    La verdad es que nosoy filólogo o mis estudios me han llevado cerca de la lengua, más allá de las clases de Lengua Castellana de la E.S.O. malditas sean, que confunden más que enseñan y cuyas lecturas aborrecí hasta la náusea (sin olvidar que hace poco me enteré que uno de los profesores de Lengua y una de las profesoras de Llengua eran marido y mujer y además escribían novelas, así que nos tragábamos en clase de uno las novelas de la otra y viceversa).
    Curiosamente, tuve que dar prácticamente el mismo número de horas de Llengua Valenciana, que no he usado jamás de forma regular y que además, cada cuál habla como le sale de los reales pendientes.

    Si escribo con cierta corrección, es gracias al ejercicio de la lectura, simple y llanamente. No me considero un lumbrera y estoy seguro que alguien profesional me sacaría más de un fallo en lo que estoy escribiendo ahora mismo. Pero como decía, no hablo de ortografía, hoy no.

    Hablo de la comprensión de la escritura. Algunos sabréis, que aunque mováis algunas letras, una palabra se puede entender con cierta facilidad si mantiene intactas la primera y la última y no se piensa mucho en el hecho de que están mal. No qiuree dceir que sea fáicl, sino que es psibole. No es cómodo, pero se puede. De la misma forma, el sentido de una frase no se pierde del todo si alguna palabra está en otro sitio. Si problema algún vemos, releer podemos. Y de paso, hacemos la gilipollez al más puro estilo Yoda.
    Así que un error ortográfico o de orden e incluso gramatical, queda incluso invisible si no pensamos mucho en él y vemos el contexto de la frase entera, que aún mantiene el sentido.

    Pero a la hora de escribir (y de hablar colegas y de hablar), hay un problema. Y es un problema, que ocurre con la comida. Algo no demasiado sano, un par de veces no hay problema. El problema viene cuándo comemos McBurguer todos los días. No sé a vosotros, pero al cabo de un tiempo, necesito un buen lavado de estómago. Así que podemos imaginar todos ya a qué me refiero, ¿verdad? Hoygan es la forma común de llamarlos, pero prefiero el término "analfabestias", que además es un poco más general. Me ha parecido más acertado, porque un analfabeto en muchas ocasiones no tienen la culpa de serlo, por varias razones y pueden ser muy inteligentes a pesar de ello.

    Un "analfabestia" no es analfabeto, pues sabe leer y escribir. E incluso, sabe formar palabras sonoras con el órgano proporcionado a tal efecto por la naturaleza. El problema viene del hecho de que ni habla, ni escribe, ni lee bien. Si entablas conversación con uno, antes o después comienzas a pensar que es subnormal. Tanto por la forma de expresarse, cómo por las palabras que utiliza. Y escrito ya es sangrante. No es ya que cometa faltas, sino que la gramática ignora que existe un ser tan basto y por tanto nunca ha reparado en él. Si además el espécimen usa mayúsculas sin control alguno o colores chillones y cambiantes, ya estamos ante un "analfabestia superior", que no sólo escribe mal, sino que se esfuerza en que sea lo más ilegible posible. A ésta clase de gilipollas habría que convertirlos en abono, aunque por desgracia, no sirven para alimentar nuestras verduras.
    Lo peor con diferencia que suele pasar con un "analfabestia" en cualquiera de sus modalidades, es que no sólo escribe mal, sino que lo sabe y no le importa en absoluto. Y si se lo comentan, por suave y considerado que sean a la hora de comunicárselo, además tiende a saltar enfurecido, en muchas ocasiones esgrimiendo razones que no se mantienen por sí mismas. Algunas veces aluden a su pobre formación, otras veces declaran que son rebeldes y por eso actúan así. La que más me gusta con diferencia (vuestro humilde escritor tiende a reír groseramente con lo que viene a continuación), es la de la libertad de expresión. Éstos individuos, tienden a acogerse a la libertad de expresión, sin conocer demasiado bien lo que dice la constitución de cualquier país acerca de la misma. Lo mejor, es que se escandalizan si usas la misma liberadora libertad para mandarlos sutilmente al cuerno (bien puede ser llamándolos oligofrénicos, que hace tiempo los tendría horas frente a un diccionario, leyendo con el ceño fruncido por el esfuerzo, peste de internet) y te llaman ortonazi por muy benevolente que sea. A mí me lo han llamado, en varias ocasiones (a mí, que nunca he mirado mal al alfabeto judío) y por ello perdí interés a la hora de ayudar a una rectificación, deseando sinceramente que sufrieran una diearrea cerebral de lo más estimulante. Estimulante para mí, se entiende.


    En fin, iba a ser serio, pero ya sabéis que no hay manera. Espero que a pesar del tocho os haya gustado éste pequeño artículo de opinión. Las macetas, por favor, que sigan en sus respectivos lugares.
  • La muerte de Hood./

    Escrito por Vilem_Landerer el 24/05/2012
    Ale, escribo un poco que tengo hueco y me apetece escribir sobre grandes trastos metálicos sacudiéndose bofetones. En éste caso, no es al 100% exacto, aunque trato de dar esa sensación.

    Aún podéis decidir qué relato continuaré para la siguiente entrega.



    La niebla se había levantado y los contendientes podían ver sus siluetas. El Príncipe de Gales avanzaba tras el Hood, disparando sus salvas contra el Bismark, que con prusiana arrogancia se había desplegado perpendicularmente a ellos, para poder disparar con su batería completa. El acorazado alemán había disparado seis veces ya y no había logrado impactos significativos, para tranquilidad de James Flint, vigía en el puente del Hood. El capitán Kerr no estaba especialmente nervioso, pese a la conocida debilidad del Hood, confiaba en mejorar la velocidad para escapar a los disparos. El vigía volvió a apuntar con los prismáticos hacia el Bismark, que destacaba contra el gris claro de la niebla. A babor llegaba el Prince Eugen a toda máquina, para proporcionarle apoyo. Pero antes de que éste hubiera hecho fuego, James vió los fogonazos desde el acorazado. "Ahí viene la tercera. No están muy..." Pensó James, dejando a mitad su pensamiento. No pudo pensar más, pues una luz brillante bloqueó su mente y le impidió ver.
    Lo que ocurrió a continuación James ya no lo pudo ver. Ni él ni casi todos los marineros que tripulaban el Hood podrían ya contar lo que pasó. Sólo tres de ellos podrían haber dicho algo, pero estaban demasiado ocupados tratando de sobrevivir.
    El Hood estalló con inusitada violencia. Una llamarada salió de sus tripas antes de que la santabárbara explotara y elevara el barco entero sobre las aguas. En el aire, se partió como una rama antes de caer y comenzar a hundirse. La proa, poco antes de terminar de hundirse disparó de nuevo, desafiante, a pesar de la destrucción total del crucero de batalla. Cuándo por fin se hundió, la tripulación del Príncipe de Gales no podía dar crédito a lo que acababa de ocurrir.
    Pocas veces, un disparo era responsable de la destrucción total de un navío de esa magnitud.
  • Estoy hasta los huevos de los zombis. (Miniencuesta al final)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 20/05/2012
    Éste post es exclusivo de Subcultura hasta mañana por la mañana que asimile la resaca del ñordo que pillé anoche (comprendedme, no suelo beber a menudo, era barra libre y gracias a diox, tenían Absolute).

    No voy a tratar todas y cada una de las cosas que más me molestan del género zombi ahora mismo. Nunca me han acabado del todo las pelis (excepto algunas más modernas y hechas con gracia (aunque paradójicamente le encuentro más gracia al zombi de disparo en la cabeza y lentitud suprema), pero los cómics, relatos y la Guía me los he tragado. Pero ahora, hay algo que nunca me ha gustado en mis aficiones y es la masificación.
    Últimamente, veo zombis por todas partes. Pero por todas. Y son para todos los gustos, o casi (ya no se suele ver al zombi radioactivo clásico de muchas pelis de los 70-80). Lo mismo son zombis clásicos, que les cuesta andar hasta por una escalera sencillita, que auténticas bestias zampagente, que vuelan, saltan y evacúan a la velocidad del rayo.
    Pero lo que consiguió que en su momento tirara la toalla por la ventana y saltara detrás (me pasó lo mismito con crepúsculo), fue ver que en España estaban preparando algo con zombis. Supuse que sería de humor, pero cuándo además, vi que era cosa de Berto, me lancé con la toalla y encima me tiraron un piano, para no fallar.
    Pero lo peor. Lo puto peor, es que es una copia de "Qué vida más triste" con un fondo de apocalipsis zombie. Cambian la cama o el sofá, por un decorado estándar de zona de mierda y les ponen algún arma en las manos. Y van sucios.
    Pero lo más peor todavía es el monólogo. Son setas. Los programas de monólogos son muy buenos en algunos casos, pero son como las putas setas. Si al menos no fueran venenosas...

    Ya lo que faltaba. También he visto lo de la serie o película románticona sobre un zombi que se enamora de alguien, pero os juro que sólo por la risa de ver al podrido en acción, tiene más jugo que la variante española, que como de costumbre es de humor (no tengo nada en contra de los humoristas, de hecho me gustaría ver algo de zombis con el humor por delante, pero que hayan zombis en pantalla, no dos merluzos contándose las penas) y además, sin ninguna de las características típicas del género sobre el que hacen humor.

    En otro orden de cosas, comentádolo con los colegas, decidimos que el escenario de contagio a nivel mundial en cuestíon de semanas o incluso días es poco creíble. Si los zombis se afanan en comerse a la gente, un grupo de tres o cuatro tienden a destrozar a un hombre adulto, así que no habría nuevo zombi. Igual en los primeros estadios de la plaga podría extenderse a mayor velocidad (son pocos, así que el herido puede escapar y transformare), pero después no.
    Sin contar con los efectos de la putrefacción o el rigor mortis, esa cosa tan divertida que nos deja tiesos al poco de morir y que harían harto probable que pudiera moverse siquiera. Y tampoco nos hemos metido en profundidad.

    Por cierto, ya he tirado el dado. La próxima entrega hablará sobre el Pacificador, el revólver propuesto por Platov y que pudísteis ver en manos de Marti McFly en la tercera película de Regreso al Futuro (con la traducción "Portapaz" tan a la española).

    Os invito también a meteros en mi blog de blogger, [url=Http://www.lasendadelaventurero.blogspot.com]la Senda del Aventurero[/url] para que de los apartados que veáis a la izquierda, me digáis cuál os apetece que siga (vamos, Icusagora Riel, Folgore, Él...).
  • Un arma es una cosa peligrosa... Winchester y el Oeste Americano/

    Escrito por Vilem_Landerer el 17/05/2012
    Bueno, ya llevamos un tiempecillo desde la última entrega divulgativa de la Senda, así que allá vamos. A petición de Darius, paso a comentar cosas sobre éste arma y lo que supuso en la conquista del Salvaje Oeste.

    Por si no lo sabíais, Estados Unidos, al nacer, no eran todos los estados que conocemos ahora. Ni mucho menos. La frontera Estadounidense la marcaba el río Mississipi y más allá las tierras pertenecian a los franceses. Éstas tierras fueron vendidas por el gobierno Napoleónico a Estados Unidos en 1803, lo que inició la colonización y el desplazamiento de los amerindios.
    El fusil Winchester no es el primero de palanca ni mucho menos.
    Lo que hace que el Winchester sea considerado como "el fusil que conquistó el Oeste", son sus características. Era duro, eficaz y fiable, además de potente y con un alcance medio.
    Pero en un entorno como el de la Frontera, tan inóspito y salvaje, fue especialmente bueno a mi entender por lo mismo que estaría bien en una invasión zombi. La munición. El más común de los modelos Winchester, permitía usar una munición de revólver de percusión central de .44. Ésto significaba que en lugar de comprar carísimas balas de revólver y aún más caras balas para fusil, el aventurero, forajido, alguacil, sheriff, vaquero o chuloputas de la zona, podía comprar o fabricarse un sólo tipo de balas. Lo que le ahorraba dinero, peso y espacio. Y en un lugar así, eso podía significar una gran diferencia.

    Podría pasarme un buen rato diciéndoos porqué es un buen arma, pero creo que ya habéis pillado el asunto. Como detalle, os diré que el modelo básico, con ciertas variaciones, fue producido hasta hace bien poquito (en 2006 cerró la última fábrica que producía el modelo 1894), lo que lo hace un fusil con una vida operativa especialmente larga, aunque a partir de la Primera Guerra mundial ya no se usara oficialmente en conflictos armados, pero se seguía fabricando y proponiendo modelos nuevos para la venta privada.

    En fin, mucho más no puedo decir, la verdad. Si queréis podría hablar un poco más en profundidad sobre la conquista del Oeste, abarcando armas y municiones distintas a las del Winchester. O puedo hablaros de otro tema (vamos, dejádmelo en los comentarios y recordad que ha de estar relacionado con un arma o tema bélico. Cuánto más precisos seáis, mejor).

    Bueno, ya la semana que viene a ver si puedo hacer una maratón de publicación de entrevistas atrasadas, que os lo debo.
  • ¡He vuelto!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 11/05/2012
    Más o menos vivo, más o menos sano. Desde luego mi salud en lo que llevamos de año no está siendo de lo más satisfactoria y dos recaidas me han tenido ésta semana en silencio (aunque sí que he podido leer algunas buenas cosas). En breve seguiré con la continuación de Folgore, que tengo unas cuantas entregas por escribir y le tengo ganas.
    De paso, ahora que hasta como vitaminas y espero tener más energía y ganas, me voy a poner de una puta vez con la Senda del Interrogador, que va siendo hora de sacarla del atraso. De hecho, estoy pensando en buscar colaboradores, para editar/entrevistar, pero soy extraordinariamente controlador y no me gustaría andar incordiando. Bueno, ya veremos.

    Pues eso, que sigo vivo y que ahora me paso por las cientoypico notificaciones a comentar.

    Uhm... Mejor mañana, hoy hay que descansar.
  • Folgore XV./

    Escrito por Vilem_Landerer el 02/05/2012
    De nuevo una entrega vergonzosamente corta. No doy para más ahora mismo.

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    Aceleró poco a poco, sintiendo cómo la potencia aumentaba la vibración del aparato. Después de unos segundos, dió gas a tope y la nave tembló con violencia. No era habitual que dos potentes motores estuvieran encendidos a máxima potencia, pero Klaus quería asegurarse de que estaba todo en su lugar. El olor del dióxido de carbono lo llenó todo y se puso por seguridad la máscara de oxígeno, por si se desmayara con la salida de gases, aunque considerando que los dos amplios portones estaban abiertos y que las ventanas de aireación también, aunque ahora se movieran con violencia. Algo metálico sonó en el motor izquierdo, precisamente el que había estado revisando, y perdió perceptiblemente potencia. El millonario se extrañó y comenzó a desconectar conmutadores, para poder comprobar de nuevo el problema, mientras mascullaba una blasfemia, contrariado.

    En Lugano, Kurtz volvía a casa del trabajo, pero no podía dejar de pensar en el proyecto, así que iba a continuar en casa, dibujando nuevas mejoras que podrían implementar para la versión final. Entre sus posibilidades, había pensado en un cañón raíl en miniatura, que disparara fragmentos de wolframio a gran velocidad. El problema era encontrar la cantidad de wolframio que necesitaría usar para munición. Otra, era la de aprovechar el fenomenal poder energético del sistema para crear arcos voltaicos, aunque ésto se encontraba completamente en pañales, ya que como poder, podían crear un arco, pero desde luego, no dónde lo quisieran, sino que era demasiado complicado dirigir un rayo conscientemente, sin una forma de conducirlo, que no requiriera de un conductor o un borne con distinta carga, para que hubiera haya una transferencia. En cuánto llegara se pondría con ello, pues tenía muchas ganas de comenzar, aunque le desagradara el asunto de conseguir los contratos militares, aunque lo entendía. El dinero no era infinito y aunque las finanzas no iban mal, era casi mejor que el dinero para un desarrollo posterior viniera de parte de alguien y no saliera de los propios fondos.

    En Frankfurt, la figura había aterrizado en un encantador barrio residencial, en el jardín bien cuidado de una pareja de mediana edad, que le miraban espantados. Ambos lo habían reconocido, de las noticias.




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  • Folgore XIV (media entrega)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 01/05/2012
    Una entrega vergonzosamente corta, pero mirando el lado bueno, es media entrega. Sigo medio medio, pero al menos lo suficientemente animado y no-tan-drogado como para no aprovechar el tiempo y sentarme en la silla a escribir.


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    Le habían pedido que devolviera a Folgore mientras terminaban con el proyecto. Era el modelo a seguir en cuánto a las conexiones y ahorraría tiempo. No se pudo negar, ya que en todo caso poco uso le iba a dar hasta que le dieran el alta, aunque ya no tenía que llevar el molesto arnés protésico, así que decidió irse al hangar de su propiedad, dónde almacenaba su avión personal. Lo había estado arreglando desde que sufriera una pequeña mal función que había evitado el vuelo durante algunos meses. Casi tantos como Folgore en activo. Se sentía culpable, porque había dado mucho la paliza con el tema desde que le tocó la lotería y había dado numerosos saltos de alegría el día que se lo entregaron, en aquél paraje plano, entre tanta montaña. En el hangar estaba solo, a excepción de la avioneta con la que bajaba de las montañas hasta una pequeña pista cerca de la ciudad. Entre el estrépito de las herramientas, se entrecortaba la radio, que emitía rock, intercalado con noticias.

    –Casi… Ya casi –apenas se oía a sí mismo con el escándalo que montaba la llave neumática–. ¡Ah, perfecto!

    Recorrió el ala hasta el fuselaje, antes de meterse por la salida de emergencia del piloto, que estaba abierta. Cerró al entrar y sentarse en el asiento izquierdo. Poco a poco, repitiendo de memoria los pasos, conectó lo necesario para el encendido. Y por último, las hélices comenzaron a rotar, perezosas, hasta convertirse en un disco contínuo.



    A casi quinientos kilómetros de allí, una figura de color pardo surcaba tranquila el cielo sobre Frankfurt, buscando la presa que le habían encargado.


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  • Vuelvo mañana./

    Escrito por Vilem_Landerer el 30/04/2012
    Hoy tampoco ando del todo bien para publicar nada, aunque ya estoy bastante mejor. Mis flirteos con la fiebre y sus mundos de yupi derivados han terminado. Mañana vuelve con la misma fuerza que antes la publicación diaria hasta el final de semana. Algo hay que hacer para compensar los tres días al descubierto.

    (Ni me molesto en anunciarlo en blogger, que excepto uno, todos los que me leéis lo hacéis por acá. Y al uno le aviso personalmente...)

    ¿Alguien ha visto mi ojo derecho? Se me ha caído al estornudar...
  • Hoy no hay entrega./

    Escrito por Vilem_Landerer el 27/04/2012
    No me voy a extender. Me encuentro soberanamente mal y no he sido capaz de escribir demasiado, ni demasiado bien. Mañana doble y si no, el domigo cuádruple.

    Disculpen las molestias
  • Folgore XIII./

    Escrito por Vilem_Landerer el 26/04/2012
    ¡Uf! Casi no llego a ésta entrega. Agradecedle la putada al catarro, que me tiene completamente idiotizado.



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    Klaus estaba boquiabierto. Evidentemente, no era la primera armadura que de ese tipo que caminaba por el planeta, pero era la primera que tenía tan cerca.

    – Aún hemos de ponerle la cobertura de aleación, pero es operativa y está prácticamente acabada. – Johann no podía ocultar su orgullo por el aparato creado por los tres. – Será bastante duro, eso sin duda.

    – ¿Es rápido? – Preguntó el joven, sin recordar que ya se lo habían dicho antes de mostrárselo. – ¿Cuánto alcanza?

    – Todavía no hemos podido hacer las pruebas de campo. – Sonrió Kurt, maravillado por la buena respuesta de su jefe. – Pero debería alcanzar Mach 2 con facilidad, sin forzar los sistemas.

    – ¡Es estupendo! – El millonario no cabía dentro del arnés de la satisfacción que sentía. – ¿Está equipado cómo Folgore?

    – Dispone de los sistemas tradicionales del propio Folgore, claro. – Dijo Sandro, intercambiando miradas con el aparato que se alzaba ante ellos, imponente. – Hemos añadido dos generadores de campo quinético extras, que crearán un escudo protector, para complementar el blindaje físico.

    – Pero… ¿No se podían añadir directamente a Folgore?

    – No, la fuente de energía es demasiado grande, aunque ofrece la que necesitamos y más. – La voz ya no sonaba metálica y la armadura estaba entrando en posición de apagado. Se abrió una placa trasera. – En ésta maravilla funcionará perfectamente y no tendremos tanta limitación a la hora de añadir equipamiento nuevo.

    – Oh, Dios, tengo que probarlo. – Comenzó a quitarse presillas, ante la sorpresa general. Se lo impidieron. – Kurt, así no sale, es exactamente al revés de cómo lo estás haciendo.

    – Claro que es al revés. – Terció éste, sonriendo, mientras volvía a apretar las presillas. – Y está usted herido, además de que no está completamente acabado.

    – Uhm… Ahora que lo pienso, ¿cómo demonios lo puede pilotar él? – Se sorprendió. – Pensaba que el enlace neural era indispensable.

    – Y lo es, lo es. – Sandro miró a su colega, que descendía del monstruo metálico. – Por eso Johann lo lleva. Es nuestro piloto de pruebas.

    – Señor, no le íbamos a dar una maravilla experimental sin haberla probado antes. – Dijeron los tres, a unísono, mirándose sorprendidos.

    – Oh venga, no me podéis dejar así. Hasta yo sé que puede volar. – Suplicó, esperanzado. – Si lleva escudos telequinéticos, no necesita de la carcasa exterior para que sea aerodinámico.

    – Señor Glucciani, usted pagará, pero también hemos de mirar por su salud, al fin y al cabo. – Dijo Kurt, inflexible. – Hasta que no esté completamente recuperado, no pilotará éste o Folgore.

    Klaus lo miró dolido. Sabía perfectamente que no podía, pero estaba tan contento como el día que la empresa aeronáutica le llamó para comunicarle que había terminado con la reproducción de su B-25. Tuvo que volver a la realidad y admitir que no estaba en su mejor momento, antes de disculparse por haber perdido un momento los papeles.

    Hablaron durante horas, sobre sus capacidades, posible nuevo equipamiento, incluso armas de energía, que actualmente estaban desarrollando para el ejército estadounidense, aunque estaban en unas etapas muy primerizas de desarrollo. Hablaron hasta que se hizo de noche e incluso cuándo llegaron las pizzas, continuaron.



    Friedrich midió con la mirada al hombre que tenía delante. Era enjuto, vestido de negro y no sonreía en absoluto. Le ponía nervioso.

    – Entonces, ¿qué? – Dijo, inclinándose sobre la mesa en toda su alta estatura. – ¿A por quién he de ir?

    – Se trata de Folgore, un superhéroe suizo que apareció hará como medio año. – Tenía una voz suave y agradable, que apenas se escuchaba por encima del estruendo del pub. – Dado que hace unas semanas que no da señales de vida, queremos que salga a la luz. De paso, comprobaremos si nuestras teorías. Sabemos que opera en la zona de Lugano, aunque por fuerza mayor se desplaza a otros lugares.

    – Muy bien, pues iré y lo macha…

    – No. Irá a Frankfurt y comenzará a hacer lo suyo. – Hizo un ademán un tanto despectivo. – Ya sabe, destrozos y todo eso. Y de paso, buscará a dos personas, que son de carácter fundamental para nuestra organización.

    – Ajá, y las mat…

    – No. Se limitará a encontrarlas y a secuestrarlas. – No hizo ningún gesto al decirlo, como si fuera una estatua de cera. – Después declarará ante las cámaras, usted se ingeniará el cómo, que si no viene Folgore antes de dos horas, las asesinará en directo.

    – ¿Dos horas? – A Friedrich aquello no le cuadraba nada en absoluto, dado que iba a hacerlo solo. – Media Alemania se me echará encima. Soy poderoso, pero hasta yo tengo en cuenta mi límite.

    – De las fuerzas de seguridad nos encargaremos nosotros.

    – ¡Y de los otros súper?

    – Le aseguro que tendrán otros motivos para distraerse. Usted es nuestro mejor activo. – Añadió, siniestro. – No el único.

    – Bien, y cuándo llegue el tal Folgore, si tiene redaños…

    – Se limitará a humillarlo. No lo matará ni lo incapacitará ya que es muy necesario dentro de nuestros planes. – Volvió un momento la cabeza, para hacerle una señal al camarero. – Después de hacerlo se irá del lugar a dónde se esconda habitualmente. Y matará a sus dos rehenes.

    – Muy bien, así lo haré. – Le miró, interrogante. – ¿Puedo saber qué han hecho esos desgraciados?

    – Algo que tiene que ver con nuestras finanzas. No se preocupe. – Sacó una nota de papel y se la entregó. – Son éstos dos. ¿Podrá recordarlo? Hay que destruir la nota.

    – Así que Kurtz Rot y señora, ¿eh? – Incineró el papel con el mechero que le pasaba su contratante. – Creo que éstos dos lo van a pasar mal.


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  • Folgore XII./

    Escrito por Vilem_Landerer el 25/04/2012
    ¡Y aquí lo presentamos! Espero que os guste el nuevo "personaje", porque hace tiempo que estaba pensando en él.

    De nuevo publico sin que la anterior entrada desaparezca, pero vaya, es lo que tiene el ritmo diario (y que durante dos días haya publicado cuatro veces, etjem). Supongo que dado el buen ritmo que llevo, puedo empezar a redactar lo de Winchester y el viejo oeste.

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    [font="Times New Roman"]


    Fueron dos semanas de intenso trabajo, mientras Klaus se recuperaba de sus lesiones. Había ido un par de veces a verlos, con ese andar rígido que le confería el arnés y la misma sonrisa de siempre. Habían quedado en no decirle nada de Blitz hasta que hubieran terminado un primer prototipo, para que no objetara nada hasta que ya diera igual. El objetivo era mantenerlo a salvo dentro de la armadura hasta que pudieran mejorar Folgore para que fuera más seguro. Kurt había comentado que el joven usaba de vez en cuándo el campo telequinético como medida defensiva adicional, ante la imposibilidad de esquivar un golpe. Lo hacía de forma casi instintiva, así que decidieron añadir dos generadores quinéticos que ejercerían de proyectores de escudos, para no tener la necesidad de un blindaje físico mayor, aunque no dejaron de usar una aleación de titanio y wolframio con otros metales para el recubrimiento externo, por si en algún momento los sistemas no funcionaran como debían. Sería menos ágil, pero con el equipamiento que le estaban añadiendo sería una pérdida menor, en comparación con las nuevas capacidades.

    Klaus estaba muy aburrido. No había podido moverse con normalidad en ningún momento y había requerido el uso de un asistente, pese a que le gusta su solitaria tranquilidad e independencia. El teléfono sonó de pronto, impidiendo que se durmiera del todo en el sofá. Luchó con todas sus fuerzas para incorporarse y por fin llegó hasta el aparato, que descolgó con urgencia.
    – ¿Diga? Ah, Kurt, sí, dígame. – Frunció el ceño. – ¿Hoy? Sí, sí claro, no tengo problema. Aunque no puedo conducir, así que llegaré un poco tarde. Ah, gracias, no hacía falta, pero gracias. Bueno, ahora nos veremos allí.
    Colgó extrañado. Kurt no lo había llamado nunca a su casa y menos tan animado. Aunque Kurt era amable y educado, de suave voz a pesar de su espeluznante aspecto de malo de película, no es que fuera precisamente el alma de una fiesta, si alguna vez había pisado alguna. Mientras esperaba al chófer que debía venir a recogerlo, se quedó mirando cómo atardecía, con todos los barquitos surcando el lago con calma. Era uno de esos paisajes que relajarían a cualquiera, pero él estaba algo preocupado. No era el Kurt de siempre.

    El chófer le había ayudado a entrar en el coche, aunque eligieran un todo terreno. Había blasfemado un par de veces al chocar el arnés contra la carrocería y al ponerse el cinturón no había podido sin ayuda. Si hubiera ido atrás, habría tenido más espacio, pero prefería una conversación más cercana, que desde detrás no escuchaba bien. Cuándo llegaron a la central de Lugano salió un excitado Kurt a recibirlos. Le echó una mano al bajar e incluso pagó una generosa propina al chófer, que se fue encantado. Guió el científico al millonario hasta la sala insonorizada, antes de abrir uno de los pasillos que llevaba a las cámaras de pruebas de acceso restringido. Allí sólo cuatro personas podían entrar, pero tan sólo vio a Sandro, que le estrechó la mano jovial, en medio de la penumbra general.
    – Verá señor, hemos conseguido una mejora. – Comenzó el regordete científico, ante la cara de sorpresa del joven. – Siento el misterio, pero nos gusta impresionarle. Y sabemos que le gusta que le impresionemos.
    – Hemos conseguido mejorar la capacidad energética enormemente, señor, aunque… – Kurt se paró un momento antes de seguir, inseguro de pronto, consciente de que habían actuado sin permiso. – Eh… Bueno, aunque ha habido que replantear por completo el sistema.
    – ¿Eh? ¿Qué…? – Comenzó Klaus, incapaz de reaccionar.
    – Quiere decir señor, que hemos rediseñado el traje. – Sonó la voz de Johann, metalizada, en algún lugar de la oscuridad de la gran cámara de pruebas. – Es más grande, pero estoy más que seguro que no supondrá ningún problema, en cuánto lo vea terminado.
    – ¿Más grande? – Comenzó el empresario, buscando la fuente de la voz, inútilmente. – Johann, alguien, me lo podrían decir sin más preámbulos?
    – Oh, claro que sí. – Dijo, mientras un suave pitido indicaba que los sistemas de repulsión se habían conectado. – Enseguida me acerco, aunque no puedo salir entero de la sala.
    – ¿Tan gr…?
    Lo interrumpieron las luces, que lo deslumbraron y no le permitieron enfocar la enorme sombra que se acercaba flotando hacia él. Era humanoide, seguro, pero no veía nada.
    – Creemos que puede alcanzar el Mach 2 sin demasiados problemas. – Dijo Kurt, emocionado. – Y su autonomía es mucho, muchísimo mayor, mientras no se sobrecarguen los sistemas.
    – Y le aseguramos que no es fácil sobrecargarlos. – Sandro continuó, sonriente como siempre. – Aprovechando que nos sobra muchísimo espacio, hemos aumentado su eficacia y rendimiento, además de que su resistencia al estrés por el uso es mucho mayor que con Folgore.
    – ¿No es un Folgore? – Preguntó Klaus, abriendo mucho los ojos.
    Debía de medir entre tres metros y medio y cuatro. Tenía un aspecto un tanto raro, con el esqueleto mecánico y los conductores eléctricos a la vista. Dentro de las barras de titanio había una cápsula de aspecto resistente, dónde acababa todo el circuito. Desde el sarcófago, Johann manejaba el aparato.
    – No señor. – Dijo, con esa voz metálica espeluznante. – Ésta maravilla es Blitz.


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  • Charles, amigo... (2)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 25/04/2012
    Y aquí la segunda y última entrega del bueno de Charles. Recordad que ayer por la noche publiqué la onceava de Folgore, en la anterior entrada. Un saludo a todos, espero que os guste.

    Siento no haber esperado a que desapareciera la anterior entrada, pero no sé si luego podré y es muy posible que se me juntara con la siguiente de Folgore. En todo caso, ahí la tenéis.



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    Se acercó a la entrada de la puerta con ánimo cauteloso. Lentamente, alargó la mano, para comprobar si estaba abierta. No había suerte. Alguien desde el otro lado dio un respingo cuándo el peso del ex-soldado hizo crujir una tabla del porche.

    – ¡Muérete viejo cabrón! – Dijo la persona que estaba tras la puerta. – ¡No creas que nos asustas! ¡Somos una legión aquí dentro, gringo asqueroso!

    Siguió gritando y lanzando imprecaciones. Cerca, por lo visto. Charles chocó los nudillos contra la puerta, como llamando.

    – ¡Jajajaja! – Rió la voz, gozosa. – ¡Ahora el pinche cree que le voy a ab…!

    Dejó de reír después de que el furibundo padre apoyara la Colt en la puerta, a una altura adecuada y disparara. Desde el otro lado, se escuchó la frase quebrada y el grito de espanto que lo siguió. Volvió a enfundar la pistola y sonrió, malévolo, mientras sacaba del bolsillo de su chaleco una barra oscura de la que sobresalían dos cables. Los conectó a un cebador manual, que llevaba un carrete doble.

    La puerta voló sin encontrar resistencia por parte de las bisagras. Cayó dentro entre el estrépito de cristales rotos, gritos variados y el propio estruendo de la explosión. Entre el polvo y las astillas levantadas, apareció una gruesa forma, que se movía endiabladamente rápida. Sin pararse a analizar la escena, de izquierda a derecha soltó una ráfaga sin dejar de apretar el gatillo hasta que sus enemigos se habían escondido. O estaban muertos, con las entrañas desparramadas.

    – Lo diré por primera y última vez. – Sentenció, iracundo. Estaba atento a todos los que continuaban quejándose. – Decidme dónde está, o traédmelo, u os mataré a todos.

    Nadie respondió. Un par lo miraron incrédulos, otros no eran capaces de escucharle, como se veía por la sangre de sus oídos. Sólo el par que aún estaba en condiciones por disparar se dieron cuenta de sus palabras y vieron en su cara la veracidad de ellas. Y trataron de coger sus armas, inútilmente. La ráfaga los destrozó en el mismo sitio dónde se encontraban, convulsionando sus cuerpos. Los que pudieron huyeron torpemente, pero algunos cayeron por las nuevas ráfagas. Avanzó hasta uno de los heridos, al que ahora le corría una sombra oscura por el pantalón, incapaz de contenerse. Lo agarró por el cuello y le acercó el cañón de la pistola a la sien. Seguía atento al resto, por si las moscas.

    – ¿Creo que no me he explicado bien, no? – Sonrió de nuevo, con una expresión espantosa. – Dime dónde está. O te juro por el altísimo que no respondo de mí mismo.

    Aterrorizado, le comenzaron a temblar las piernas. No sabía nada más que balbucear. Con los ojos miró hacia las escaleras. El antiguo Ranger miró.

    – Ah, claro. – Ejecutó al sicario. – Está arriba, qué típico.

    Sin dejar de dar la cara hacia el interior, retrocedió con la ametralladora preparada, por si salía alguien más. Como efectivamente ocurrió. La m249 volvió a rugir en cuánto asomaron por la puerta superior, destrozando el marco y a los hombres que aparecieron tras ella.

    – ¡Veo que seguís sin comprenderme! – Rugió de nuevo, subiendo con cautela las escaleras. – ¡No hay nada que podáis hacer! ¡Nada! ¡Excepto devolverme a mi hijo!

    Se acercó a la puerta de acceso al pasillo superior. Asomó ligeramente un pañuelo y retiró la mano antes de que se la volaran. Sacó otra granada del bolsillo, cilíndrica. Le quitó la anilla y la hizo rebotar contra las paredes. Se cubrió tras la puerta y esperó la leve detonación y el suave siseo del humo saliendo. Corrió hasta la primera habitación, cubierto por la densa humareda. Estaba vacía, pero escuchaba voces en la siguiente, así que se le ocurrió una broma que les encantaría.

    Al otro lado, atado en un sillón, estaba su hijo Erik. No podía gritar, ya que estaba fuertemente amordazado y tenía los ojos vendados, pero podía escuchar perfectamente el estrépito. Oyó que tocaban a la pared que tenía enfrente. Los sicarios y el narcotraficante se giraron hacia ella cuándo dejaron de tocar y ya la aporreaban. Un cuadro cayó y se hizo añicos contra el suelo.

    Apenas los cristales dejaron de esparcirse por el suelo, dispararon a la pared sin control Aquí y allá, los matones y el narco vaciaban pistolas fusiles y subfusiles, con la esperanza de asesinar al intruso. Cuándo el silencio se hizo patente y nada más se escuchaba, sonrieron confiados.

    Desde la puerta, les llegó un sonido escalofriante. El suave roce del cañón metálico contra la cincha de sujeción hizo que se les erizara el cabello de todo el cuerpo. Antes de que reaccionaran del todo, la ametralladora rugió, hambrienta. De izquierda a derecha, de nuevo, disparaba una y otra vez, en una interminable ráfaga que llenó la sala, desparramando sesos y tripas por ella. Excepto los del narco, que ahora temblaba en el suelo, con el arma a sus pies, incapaz de cogerla. Se acercó Charles, poniendo a su espalda el humeante m249 y sacando la pistola de nuevo.

    – Y esto, es lo que pasa cuándo crees que estás por encima de la ley. – Le hablaba en voz baja, para que su hijo no lo escuchara. – Que llega un momento que cabreas al que de verdad está fuera de la ley. Porque… ¿quién me condenará? ¿Qué juez en su sano juicio, en el estado de Oklahoma se atrevería a condenar a un hombre que ha destruido a una importante banda traficante, para rescatar a su hijo secuestrado? No, nadie.

    Le apoyó la pistola contra la sien, apretando con fuerza.

    – Nunca pensáis a quién estáis jodiendo hasta que resulta que despertáis a Némesis. No te daré la oportunidad de rehacerte. No te daré la oportunidad de hacer más daño. Hoy, y quiero que me escuches bien, acaba tu vida. Serás el ejemplo para toda la escoria como tú. Mala suerte.

    Lo último que pasó por su cabeza, fue una bala del calibre 45, que le abrió el cráneo cómo un melón maduro. Charles se levantó tras ejecutar al narcotraficante y se propuso desatar a su hijo. Las explicaciones vendrían luego, de momento sólo sentía la satisfacción de encontrarlo sano y salvo. Algo magullado, pero vivo y entero, al fin y al cabo.


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  • Folgore XI./

    Escrito por Vilem_Landerer el 24/04/2012
    Ni imaginar podéis la sensación de triunfo que me embarga ahora mismo. Creo que lo de la votación y la promesa de la semana de actualizaciones diarias me ha venido bien. No me estoy sentando lo que me gustaría para escribir, pero cuándo lo hago, me sale casi sólo. Lo que viene dentro de unas cuantas entregas espero que sea uno de los momentos más espectaculares desde que comencé con Folgore.

    Por cierto, dos cosas. La primera es mi disculpa por el tochazo "técnico" con éste trío calavera. Es una entrega de transición, para mostrar cosas y algo explicativa. Precisamente, porque quería hacer lo que leeréis en breve y porque de vez en cuándo hay que hacer algo así.

    La otra cosa, es que tened en cuenta que no soy científico. Soy curioso hasta el extremo y me leo lo que sea por puro placer (física nuclear incluída), pero la aplicación que pueda dar, no se ha de tomar como algo realista. Así que no lo hagáis. Y no seáis muy críticos con ello, recordemos que es un mundo dónde la gente vuela, tiene superfuerza y además las esfinges se levantaron de las arenas del Sáhara para volver a trotar por sus dunas. Es ficción fantástica.



    (Mañana por la mañana, seguiremos con Charles, que hoy es muy tarde).
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    Estaban los tres científicos en la sala insonorizada del edificio de Industrial Glucciani, trabajando en las mejoras de Folgore. Estaban algo estresados, porque no había forma de lograr una fuente de energía estable y potente, lo suficientemente pequeña para colocar en el traje. Las conexiones de plata eran la única opción viable por el momento como conductor, así que se centraban en mejorar las baterías y aumentar el rendimiento de los sistemas.

    – Podríamos volver a fabricar el traje de tela, pero añadiendo dos capas más. – Sandro, pasándose la mano por la calva, exponía una posible solución, aunque no lo tenía del todo claro. – Una capa formada por células fotorreceptoras, que tal vez podrían suplir parte del gasto de la batería. Y otra capa de kevlar transparente, para reforzarlo.

    – Uhm, igual es demasiado restrictivo, contando con las protecciones que ya usa. – Terció Kurt, mirando sus papeles. – Podríamos hacer un poco más gruesa la última capa y retirar algunos de los refuerzos interiores, para aligerarlo y que no sea tan incómodo.

    – Lo de las receptoras está bien. – Se metió Johann, el más joven de los tres, con las gafas deslizándosele hasta la punta de la nariz al echar un vistazo a los stocks que poseía la empresa. – Evidentemente, las baterías podrían recargarse durante el rato de Sol y dotarle de más autonomía.

    Aunque Klaus quería más velocidad, también habría que pensar en la autonomía, que a pesar que para un uso estándar era adecuada, con una duración de batería de hora, y llevaba diez, que no le estorbaban. El problema del sistema es cuándo se le sometía a estrés, como acelerar por encima de la velocidad recomendada o combatir contra casi cualquiera. Los últimos acontecimientos les habían demostrado que el sistema en un combate prolongado no era tan buena solución. Sobre todo en el cambio de baterías, pues la interna sólo tenía energía suficiente para uno o dos minutos de rendimiento estándar o bajo. Con toda la potencia conectada, apenas dispondría de veinte segundos, en los cálculos más optimistas. Y en los más pesimistas podría desconectarse casi inmediatamente.

    – Deberíamos mejorar el sistema de cambio. Propongo situar la bahía de conexión en el centro y que cambie automáticamente cuándo se acabe, en un cinturón estanco. – Dijo el científico, sin dejar que sus dos compañeros terminaran de pensar en lo de la recarga. – Igual podríamos ponerle baterías mayores, cubiertas por el propio traje.

    – Sí, es buena idea. Las tres lo son. – Kurt apuntó su aguileña nariz en dirección al joven, que sonrió tímidamente. – Pero hay algo de lo que me gustaría hablaros.

    Ambos científicos lo miraron expectantes. Sabían que Kurt había estado más pensativo de lo habitual los últimos días y eso significaba que les iba a proponer alguna cosa nueva.

    – Sé que al señor Glucciani le gusta Folgore tal y cómo está, pero dadas sus experiencias, hemos comprobado que no tiene suficiente protección para los desafíos habituales. – Abrió su carpeta, con algunos bocetos sencillos, seguidos de hojas y más hojas con cálculos y anotaciones. Se los pasó a sus colegas. – Folgore es un ejemplo de miniaturización excelente. Cualquiera de sus componentes, medían metros antes de trabajar seriamente con ellos. Aquí os propongo integrar sus sistemas en un entorno protegido más grande, para aprovechar el espacio sobrante.

    – Seguiremos necesitando una fuente de energía, además de que es más peso. – Terció Sandro, que no estaba del todo convencido, aunque sí que apoyaba la idea de un aparato más grande en el que trabajar. – Y el peso es lo que más nos estorba, aparte del tamaño.

    – Ya había pensado en ello. Y se me ha ocurrido una forma de librarnos de las baterías, aunque no son un mal sistema de apoyo. – Aunque habría que encontrar la forma de encastrarla, podríamos intentar usar una cámara Catatumbo. Sería cómo si estuviéramos animando al monstruo de Frankenstein, pero con una fuente propia de rayos.

    – Lo veo un poco complicado. Una cosa es un edificio que se dedique a la producción de energía de esa forma y otra es acoplárselo a un sistema personal. – Johann revisó todos los datos, admirado. Pero el punto del tamaño no lo acababa de ver. – No sé hasta que punto hacerlo más grande es una solución al problema.

    – Creo que con el espacio que tenemos de sobra podríamos hacer una miniatura. –Sandro seguía algo escéptico, pero la idea le gustaba lo suficiente como para plantear posibles soluciones. – Teóricamente en un tamaño menor, no deja de funcionar, el problema es que esto es incluso demasiado pequeño… Pero bueno, también todo era demasiado grande para ser posible hasta y sin embargo aquí está.

    – Bueno, dada la cantidad de dinero que se desvía a la investigación de Folgore, no pasaría nada si cogemos un poco para éste. – El joven había decidido al menos intentarlo. – Dado que todo depende de la energía, miniaturicemos todo lo posible una cámara de Catatumbo. Y después construimos alrededor.

    – Me parece buena opción. – Sandro se levantó, señalando una de las anotaciones. – Me gusta el nombre de Blitz y además es adecuado.

    – No lo había pensado como nombre, sino como concepto. – Kurt sonrió, halagado. – Pero sí, también creo que es adecuado. Blitz entonces.



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  • Charles, amigo.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 24/04/2012
    Disculpad, por no esperar a que desaparezca mi anterior entrada (en Subcultura, claro) como habitualmente, pero tenía ganas no sólo de escribir ésto, sino de publicarlo y compartirlo cuánto antes. Me acabo de desfogar y ésta va a ser la primera de dos partes, nada más. No quiero excederme demasiado, pues tengo la Semana de Folgore (cuya primera entrega ya podéis leer, una entrada más abajo, en éste mismo blog)iniciada. Pero me ha entrado la gusa y aquí lo presento.

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    – ¿¡Dónde está!? – Gritaba tanto que le escocía la garganta con cada palabra. Las 1911 que llevaba en cada mano no le pesaban en absoluto. Tras él, se mecía suavemente la vieja m249 que había llevado hacía mucho ya. – ¿¡Dónde está mi hijo!?
    Le miraban incrédulos. Nadie podía imaginarse aquello. Estaba más que pasado de peso, y su rostro, otora sonrosado por su feliz existencia con su mujer, estaba ahora rojo y contraído por la más absoluta de las iras. No era un hombre débil, pero en el vecindario tenía fama de pacífico, precisamente por su pasado como soldado. Nunca había querido que sus hijos se metieran al ejército y lo había conseguido. Pero ahora resultaba que a su hijo, su primer hijo, que lo colmó de felicidad, había sido secuestrado por un cártel. El chico ejercía de abogado y estaba liado con un caso relacionado con un gran señor de la droga colombiano. En cuánto se enteró de las circunstancias y le llegó la primera nota avisando de que no llamara a la policía y unas cuántas exigencias más, lo vio claro. Por supuesto que no avisaría a la policía, pero el hijo de su padre no negociaba con secuestradores. Había dejado a su mujer destrozada por el dolor en casa, decidido a resolver aquél asunto como sólo un Ranger lo haría.
    Irónicamente, no necesitaba hablar con la policía. Allí todos se conocían y se hablaban de tú, además de que Carter había servido con él durante la guerra y eran muy amigos. No, no tenía que avisarle de nada. En cuánto se enterara de que había abierto la caja de caudales, nadie intervendría. Estarían sólo él y los cerdos.
    Ahora se encontraba de pie, ante la puerta principal del jardín de aquella caserota, que a todos les había disgustado, pues rompía con el tono de la pequeña ciudad. Era hortera y excesiva para el suave estilo del lugar, pero al traficante poco le había importado aquello. No iban a hacer nada, pues no había nada que hacer, pero de sobra era sabido a qué se dedicaba. El problema es que no había forma de trincarlo. Sin embargo ya daba igual.
    Uno de los vigilantes se le acercó, tratando de calmar los ánimos. Inmediatamente recibió un impacto el en pecho y cayó hacia atrás casi un metro. El resto no daban crédito, precisamente porque conocían la tranquila vida de aquél hombre afable y no se esperaban que entrara pertrechado cómo para tomar la Colina de la Hamburguesa él sólo. No, de Charles no se podía esperar algo así.
    Antes de que pudieran disparar, ya se había metido entre los tupidos y extravagantes setos, que estaban rodeados por grueso mármol dorado. Después de respirar profundamente, se guardó las pistolas en las cartucheras y descolgó en medio del estrépito de disparos la ametralladora de su espalda. Llevaba muchísima munición, más que suficiente para aquellos pistoleros, así que se decidió a asustarles. Con el miedo se gana la mitad de la guerra, le habían dicho una vez. A ello iba
    En cuánto escuchó los múltiples chasquidos, se levantó de entre los restos de plantas y colocó el bípode en el espantoso mármol. La cara de incredulidad que pusieron todos cuándo le vieron sonreír fue un analgésico para su sentido común. Los disparos brotaron del arma en ráfagas cortas y precisas, que no erraban objetivo entre los apresurados objetivos que tenía delante. Tras unos segundos, sus enemigos reanudaron el fuego sobre él, pero para entonces ya había matado a siete y sólo quedaban tres detrás de la fuente central, de un mal gusto supremo. Sacó la granada y le quitó la anilla antes de contar mentalmente y lanzársela sin sacar nada más que el brazo. Al volar sobre ellos, sin tocar el suelo estalló, convirtiéndo sus cuerpos en inertes montones de carne muerta.
    Desde dentro no llegaban nuevos sonidos, pero avanzó con cuidado, de parapeto en parapeto, como si no hubieran pasado más de veinte años desde la última vez. No iba a arriesgarse, a pesar de la agitación, la ira y otros sentimientos que intentaba dominar. Pero nunca en los últimos años, nadie lo había hecho sulfurarse de esa forma, no hasta ese punto. De hecho, nunca había estado tan furioso jamás, ni durante la guerra. La guerra es un trámite, algo en lo que no se lo podía tomar tan mal. Nosotros disparamos, ellos disparan. El secuestro de su hijo era un ataque directo a él mismo y aquello era personal. Tan personal que no pararía, hasta acabar con el último de aquellos hijos de puta.


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  • Folgore X./

    Escrito por Vilem_Landerer el 23/04/2012
    Ayer estuve mirando fechas y resulta que hace un maldito año que no actualizo Folgore. Disculpad la tardanza para los que os gusta el super más maltratado en su corto periodo en activo. Así que después de un añazo y un intento de guión, Folgore vuelve, durante una semana de actualizaciones diarias.

    ¡Mañana más!

    (Para los que me leéis desde Subcultura y no desde blogspot, podréis comprobar que volvemos al TImes New Roman para la historia).






    [font="Times New Roman"]

    De nuevo en manos del médico. Esta vez había hecho más preguntas, porque las costillas rotas de antes, se habían vuelto a fracturar y además las acompañaban otro par más, para sorpresa del profesional.

    – ¿Sabe que no debería inyectarse morfina por su cuenta verdad? – Le echó un vistazo calmado a una de las quemaduras del brazo. – ¿Cómo demonios se las ingenia para causarse éstas lesiones?

    – ¿Tiene secreto profesional y todo eso, verdad? – Preguntó Klaus, escocido. – Vamos, nada de lo que le diga saldrá de aquí ni se lo irá contando a nadie. ¿Verdad?

    – Sí, sí claro. Naturalmente. – El doctor estaba sorprendido, mucho. – ¿Qué le ha ocurrido para ponerse de ésa forma?

    – Bueno… Me he corrido una buena juerga y en un despiste he salido a esquiar y me he caído…

    – Pero las quemaduras… – Lo interrumpió el médico.

    – No, ahora voy a eso. Salí a esquiar y me caí, pero iba desnudo. Y bueno…

    – Joven, no trate de engañarme, ésas quemaduras no se las ha hecho la nie…

    – Déjeme terminar, por favor. – Lo interrumpió a su vez el millonario joven, algo irritado. – Resulta que después, cómo por lo visto tenía frío, me he tumbado contra una estufa, de ésas altas que hay para una sala grande. Ya sabe.

    – Pero no es posible que una estufa…

    – Oh, vaya que sí. Con la caldera a tope y el dial a la máxima temperatura aquello quema cómo el maldito diablo.

    – Esto que me cuenta es más plausible. – Recogió sus trastos, antes de salir de la sala. – Bien, me tengo que ir. Si me necesita de nuevo, ya sabe cuál es mi número. Repose o habrá que abrir para reparar adecuadamente. Y en ése caso, necesitará un maldito hospital.

    – Tranquilo, seguiré sus consejos al pie de la letra doctor Hauptmann. Ser bueno y tranquilito es algo que me apetece mucho ahora mismo. – Sonrió el joven, con el torso rígido por un corsé ortopédico, que le molestaba enormemente. – Creo que simplemente me sentaré a ver la tele.

    Estuvo pensativo un buen rato. Pensaba sobre la bestia aquella, que evidentemente había tratado de matarlo a él y que no le importaba morir para conseguirlo. Eso no sugería nada bueno, pues era la segunda similar que se encontraba desde que se había puesto en activo hacía ya seis meses. Y durante al menos dos semanas no iba a poder ponerse el traje sin ayuda, mucho menos combatir el crimen o investigar aquello. Al menos, descansaría de todo aquello, aunque el vuelo le relajaba mucho, siempre podría dedicarse a otros menesteres.



    – Sí señor, claro. – Kurt respondía sorprendido a su jefe, que no solía llamar fuera de horario laboral, para no molestarles nada más que durante el trabajo. – Espero que se recupere rápidamente. Lleve cuidado, aunque es potente, no creo que lo convierta en alguien invulnerable. Sí, seguiremos con la mejora de prestaciones, déjelo en nuestras manos. Adiós, buenas tardes.

    El científico colgó el inalámbrico con cara de preocupación. No había sido nunca muy leal con sus jefes, pero ninguno le había pagado cómo le pagaban ahora. Y desde luego no habían incluido en el contrato aquella magnífica casa cerca del lago de Lugano. No, ninguno le había proporcionado aquella tranquilidad monetaria, ni lo había tratado con aquél respeto, entre el de jefe comprensivo y joven impresionable.

    Se sentó en el sillón. A su derecha, un viejo manual de tácticas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. Lo abrió por la página marcada, en la que se detallaba la conocidísima Blitzkrieg. Había subrayado la palabra “Blitz” y en el papel estaba elaborado un boceto de algo grande y humanoide. En un lateral, una oración rezaba: “Muévete como el rayo y golpea como un trueno”.

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  • Un arma es una cosa peligrosa... (Segundo Intermedio).)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 22/04/2012
    La encuesta acaba en una hora, con el más que seguro empate entre Icusagora Riel y Folgore. Así que supongo que tiraré un dado para decidir cuál va primero, porque se van a alternar. El Domingo postearé dos veces y Santas Pascuas.
    Va a ser duro, va a ser jodido. Me van a sangrar los ojos y los oídos. Menos mal que no siento la yema de los dedos, y mi sangre no es tal, sino CocaCola, porque lo voy a sacar sí o sí. Mañana a éstas horas (más o menos), vendrá la primera de una serie de actualizaciones diarias, alternando entre las dos historias. Y no de las más cortitas, espero.

    He puesto éste nombre por una razón muy sencillita. He encontrado un vídeo de un fusil de asalto siendo montado y disparado contra una serie de ladrillos de arcilla y de cemento. Es un poco lento al principio, pero hacia la mitad se anima. Ahí podéis ver un calibre de 7'62 ruso en acción. El arma es de fabrica checa, en materiales y construcción actuales. Después de ver el ladrillo, comprenderéis mejor lo que comentaba sobre el efecto de una bala de dicho calibre.

    Chezk VZ.58 Slow Motion.
  • Último día de encuesta. ¡No pares! ¡No mires atras! ¡Sigue corriendo! 2 (3 de 3)../

    Escrito por Vilem_Landerer el 22/04/2012
    Aquí para ir a la portada. La encuesta está justo a la derecha y tan sólo queda un día para decidir qué relato será continuado a razón de una entrega diaria.
    En principio, después de ésto viene una serie que he llamado "Canción del Mercenario", en la que se relatan la aventuras del personaje antes de lo acontecido en "Memorias", pero contado por el propio Vílem, desde un futuro medio, mucho después de lo de "Memorias" pero bastante antes de la escenita de insurrección o la de la "Última Batalla" que podéis leer aquí.


    - ¿Qué harás? - Preguntó Jeriaebrek, sin tener del todo claro si su alumno había pensado en una posible profesión. - Porque allá afuera hay muchas formas de cagarla.
    - Tampoco hace falta que me animes tanto. - Sonrió socarrón el joven, viendo las pocas ganas que tenía su maestro de que se marchara tan pronto. - Me voy con Ilvael, estaré bien.
    - No sé que me preocupa más, que te vayas tú sólo. - Suspiró perceptiblemente. - O que te vayas con el bueno de Ilva. Por la fuerza, en menos de dos meses ya habrás pillado gonorrea o sífilis, considerando los putiferios que frecuenta.
    - Nah, ya me ha dicho que no vamos a ir a ninguno de ésos sitios. Me ha comentado que dado que tengo tanto interés en las armas, me llevará a ver una amiga suya.
    - Ah, una mercenaria, me quedo más tranquilo. - Dijo, mientras Vílem cogía las dos bolsas de viaje y se iba hacia el salón. Lo siguio. - ¿No podría buscar algo menos violento?
    - Venga Jeria, convendrás conmigo que el chaval no es de los típicos mocosos que se ven habitualmente. - El fornido twilek anaranjado sonreía, con los lekku moviéndose sutilmente. - Éste es de una pasta especial.
    - Ya y me gustaría seguir viéndolo respirar.
    - Mira, ya hemos hablado y sabes que...
    - Déjalo, no quiero otra discusión. - Se giró hacia el pasillo. - ¡Niños, Vílem se marcha, venid a despedirlo!
    Trotaron los otros padawan salvados de la masacre hacía ya cuatro largos años. Habían crecido, al igual que Vílem, aunque tenían menos edad que él. También había otros, recogidos por Ilvael, guiado por Jeriaebrek para salvarlos. Éstos últimos eran incluso menores y alguno venía de la mano de otros.
    - Vílem, aunque no tienes apellido, tu nombre como tal aparecía en los registros del templo. - Sopesó lo que le iba a decir a un chiquillo de apenas quince años. - Deberías elegir otro nombre y acostumbrarte a él, si vas a morar fuera de aquí. El tuyo, el verdadero, no se puede nombrar más allá de éstos muros. Y por cierto, dame el sable láser.
    Tendió la mano. Vílem no se acordaba de que lo llevaba al cinto, una antigua costumbre de cuándo salía a entretenerse por Yavin IV. Lo desenganchó y lo miró durante un minuto largo. Era el que le había cogido al jedi muerto en el templo, el primer cadáver que viera aquél día y en su vida. Paró sobre la inscripción de la empuñadura, compuesta por una sóla palabra. Se lo dio con suavidad.
    - Tiscornia. Ése será mi nombre a partir de ahora. - Señaló con la cabeza el sable. - No sé de dónde viene la palabra, ni siquiera si es un nombre. Pero éste sable pertenecía a alguien que sin quererlo me salvó la vida al perder la suya. Honraré su memoria.
    - Genial chico, cambias tu nombre por el de otro que podría estar registrado. - Ironizó Ilvael. - Te aplaudo.
    El joven se quedó con cara de idiota. No se le había ocurrido y tenía toda la lógica del Universo. Se sintió un tanto estúpido.
    - Sin embargo chaval... - Terció de nuevo el antiguo contrabandista y artesano ante la implacable mirada del maestro. - También es cierto que has dicho que murió, así que es posible que lo tacharan. Además, seguramente la edad no cuadre...
    - Bien, Ilvael, intenta dejarlo. - Miró al joven, que seguía poniendo la misma cara de pasmo. - Tiscornia entonces, ve con cuidado y por favor, procura volver a vernos. De una pieza, a ser posible.
    - Bueno, casi mejor nos marchamos. - Se acercó y le dió un beso en la frente a su hija, que se iba a quedar allí mientras él viajaba con Vílem. - Adiós nena, pórtate bien. Juega con todos y no hagas de las tuyas.
    - Tranquilo Ilva, ya sabes que se lo pasará bien.

    Todos lo despidieron, en especial aquellos seis a los que el propio Vílem había defendido personalmente. Cuándo hubieron salido en dirección a la moto swoop y a la gris mañana, Ilvael se paró junto al vehículo y sacó una bolsa.
    - Te he traído algo colega. A Nomi le caes bien y te agradezco las veces que has cuidado de ella cuándo tu maestro y yo salíamos a buscar. - Sacó de la bolsa aquél bláster grande y pesado, de revólver, unos modelos que ya casi no se veían. - Se trata de un viejo Máverick Mk III. Lo recogí de un basurero y lo he puesto en marcha de nuevo. Las células de energía son genéricas y van seis por tambor. Cada una permite seis disparos de alta potencia, así que después de treinta y seis tiros habrás de cambiar de cargador.
    El joven la miró admirado. Estaba recién pintada en negro mate, con las letras del modelo en blanco hueso. Pesaba, pero no le molestaba.
    - Te he fabricado una pernera y bastantes tambores para que no te falte en caso de necesidad. Y de paso te puedes quitar el trasto ése de la cintura. - Chasqueó la lengua y los lekku bailaron rítmicos. - Jeriaebrek no tienen nignún sentido a la hora de elegir arma, maldita sea.
    Se ciñó la cartuchera y puso el blaster en ella. Sintió el peso del arma y tuvo una sensación de déjà vu al cerrar la presilla de velcro suave. De pronto supo que iba a combatir durante mucho tiempo con aquél arma pendiendo de su pierna.
  • ¡No pares! ¡No mires atras! ¡Sigue corriendo! 2 (2 de 3)../

    Escrito por Vilem_Landerer el 21/04/2012
    La encuesta sigue en la portada del blog, ahora sí con los links correctamente. Visita el blog para votar. De momento gana Icusagora Riel, por un voto.
    Os quería decir, que igual os parece un poco ególatra que mi apodo, seudónimo o como prefiráis sea el mismo que el nombre del personaje. Como ya he comentado alguna vez, es un fanfic de Star Wars y el protagonista es el personaje que me hice en el Star Wars Galaxies, que evidentemente es el mismo. En fin, continuemos con la segunda parte:


    El estruendo de la lluvia era mucho más ensordecedor ahora, inlcuso excesivo a pesar de las habituales densas precipitaciones del planeta. Tenía incluso un silbido de fondo un tanto desagradable que le molestaba en los oídos. Todo ésto le hizo pensar si no había cometido un error al saltar, confiando tan ciegamente en su maestro y en la Fuerza. Al fin y al cabo, la Fuerza hace cosas que no mucha gente puede, pero aquello es excesivo.
    Un punto de pánico, en apenas dos segundos de viaje sobre el vacío, antes de que la gravedad lo atrajera con un suave tirón. Sin embargo, notó un tirón en el brazo, y un amuento significativo del estruendo de la espesa lluvia. Abrió los ojos, asustado por los acontecimientos.
    Jeriaebrek, su maestro, lo sujetaba de la muñeca con facilidad, con la moto ladeada, tratando de controlarla en plena tromba de agua. Sonreía, satisfecho de su alumno, pues le había echado bastantes huevos al asunto, a pesar de la absoluta tontería. Con un gruñido le ayudó a encaramarse y se dirigió para aterrizar al otro lado, momento en el que tomó conciencia de lo empapado que estaba. Lo había seguido con cierta preocupación y no había notado que el agua lo había calado completamente, a pesar del grueso impermeable, que solían llevar los colonos desde hacía mucho tiempo. Vilem boqueaba todavía conmocionado por el susto al saltar y se agarraba a la cintura de su maestro con fuerza mientras la moto se desplazaba con calma.
    Chapoteó el alumno en el barro al bajar de un salto, todavía con cara de susto. Se dobló sobre el vientre y vomitó lo que había desayunado unas horas antes, mientras las lágrimas por el esfuerzo le corrían por la cara empapada, mezclándose con la lluvia que caía implacable.
    - ¿Maestro? - Dijo, al fin, cuándo dejó de dar arcadas. - ¿No se suponía que tenía que confiar en la Fuerza y todo eso?
    - Por supuesto, pero la Fuerza, aunque nos envuelva y nazca de nosotros, sigue siendo un elemento pasivo. - Sonrió, mientras sacaba una manta impermeable y se la daba. - Igualmente, me ha costado seguirte sin que te dieras cuenta y con ésta lluvia cuesta un poco maniobrar, así que en parte sí podría decirse que es cosa suya.
    - ¿Entonces...? - Comenzó a preguntar, con esperanza, mientras se envolvía en el calido abrazo de la manta. - ¿He completado la instrucción?
    - ¿Completar? Nunca se completa, pues siempre hay cosas que aprender. - Jeriaebrek le indicó que se montara para volver a casa. - Volvamos, que vas a coger una maldita pulmonía. ¿Te ha molestado el brazo?
    - No, no duele. Tengo una sensación extraña, por la humedad, pero no duele excesivamente. - Se sentó tras su maestro, cuidando del brazo curado, cómo si temiera romperlo de nuevo. - Si no he completado la instrucción, ¿no podré salir?
    - Hijo, estás en tus últimos momentos bajo mi tutela directa. - Suspiró, mientras conectaba los repulsores, que silbaron de forma característica. - Expresaste tu deseo de partir a conocer la galaxia y ha ganarte la vida como bien supieras, y te lo has ganado. Mañana, si todo sale bien, partirás con Ilvael y él te enseñará lo que necesites para sobrevivir allí fuera.





  • Encuesta y relato. ¡No pares! ¡No mires atras! ¡Sigue corriendo! 2 (1 de 3)../

    Escrito por Vilem_Landerer el 20/04/2012
    Zorpreza. La verdad es que pretendía escribir sobre la última escabechina de Warhammer en la que me metí. En ella, mis intrépidos Buzkadorez se pegaron contra una fuerza combinada de Tau y Tiránidos (¿¿??). Por su parte, mis xikoz decidieron aliarse con unos Eldar que pasaban por allá (¿¿??). Al final, no quedó clara la cosa, pero quedó patente que mis tropas son más peligrosas para ellas mismas que para sus enemigos. Y que los Tau son tan malos en lo suyo como los Orkoz, pero sin risas. Pero ya si acaso otro día, hoy vengo con una secuela de un relato fanfic de Star Wars y una encuesta.
    La encuesta, dado que no puedo ponerla en Subcultura directamente, la pongo en mi blog, en la portada. Quiero saber qué relato de La Senda del Aventurero os gustaría que tuviera una semana entera de actualizaciones diaria. Ayer decidí que si las ganas de escribir no salían, las sacaría incluso con sacacorchos, así que elegid, que yo escribo. La encuesta está al entrar en la barra de la derecha y dice que quedan 6 días. Ignoradlo, queda hasta el domingo a las 12. Que ha de darme tiempo a escribir lo que elijáis. Sí que pido que aquellos que me leen, pero que no comentan habitualmente, que me hagan el favor de clickar una opción, para tenerlo claro.
    Respecto a lo de las armas, que ahora le toca a la opción elegida por Darius. El Winchester y la conquista del Oeste americano, vendrá en breve, medio improvisada y con algunos datos sacados de aquí y allá. Si hubo un lugar y una época especialmente violenta, ésa es sobre la que tratará la siguiente entrega.
    Bueno, dejo de marearos para poneros el relato, disculpad el tochaco (qué aficionado soy a dar disculpas y meter tochacos):


    Era menos joven que la última vez que había corrido en solitario, allá en la cuarta luna de Yavin. Ahora parecía algo más musculoso y la camiseta sin mangas permitía ver que las cicatrices de su encuentro con los simios devoradores eran algo recientes, aunque habían curado bien. Llovía a espuertas, embarrando su carrera por la pradera de Dantooine, cerca del desfiladero de Cronchet, nombrada así por el desgraciado que tuvo la mala suerte de caer allí hacía un par de siglos. Su maestro le había dicho que corriera a su antojo por aquellas tierras de contínuas lluvias, a dónde lo llevara la Fuerza, pero que en algún momento, debía acercarse a las ruinas del antiguo puente que cruzaba Cronchet y saltar desde su borde. Para llegar al otro lado debía confiar en su conexión con la Fuerza y no pensar, así que casi desde que había salido a la lluviosa mañana, se movía por instinto.
    Estaba completamente embarrado cuándo sintió la señal. No es que fuera precisamente sutil, ya que en el camino que llevaba habían algunos indígenas del lugar, poco desarrollados culturalmente, violentos con los colonos que tenían la desgracia de cruzarse en su camino. Así pues, torció a la derecha, saltando entre algunos peñascos, que habían sido trozos del puente cercano, o tal vez de algún edificio de los que poblaban el lugar en tiempos más antiguos. La piedra era resbaladiza, pero pudo aguantar el equilibro, merced de su entrenamiento, que ya duraba cuatro años completos, desde que abandonaran Coruscant.
    El terreno se elevaba ligeramente mientras se acercaba al destrozado puente, del que no quedaba nada más que un muñón en cada extremo. Sintió cómo la hierba se aplastaba a sus pies, cómo dejaba de ser el terreno predominante, para dejar paso a una mezcla de acero y piedra, que le hicieron resbalar levemente, pero que sin perder el equilibrio, supo controlar. Corría ya, hacia el borde del saliente, consciente de que ninguna persona, ni siquiera una que ya había tenido que escalar entre andamios con apenas once años, podría saltar. Y sin embargo, cerró los ojos con suavidad, aceleró con el pelo empapado y desbocado y mientras extendía los brazos ligeramente por el impulso, saltó al vacío del desfiladero.
  • Un arma es una cosa peligrosa... (4)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 15/04/2012
    Bueno, parece que hoy toca hablar del Fokker Dr.I, que salió elegido de la mano de Ensis.

    Como arma de combate, hay que reconocer que era un buen aparato. No fue el más importante, claro (casi nunca los más conocidos son los más importantes), pero era un gran aparato, especialmente porque sus pilotos eran de los mejores del mundo. Se desarrolló pensando directamente en un Sopwith Triplane, que disponía de la misma configuración alar. Realmente los alemanes no tuvieron una visión divina para crear éste aparato, sino que apresaron un modelo inglés, acabó en manos de Fokker (neerlandés) que diseñó el famoso trasto basándose en el modelo británico, que tenía bastante éxito en su propio bando (e incluso en el alemán, pues un mando cabezacuadrada llegó a decir públicamente que era un buen caza).
    Éste avión cayó como un pequeño jarro de agua fría sobre los aliados, que se toparon realizando misiones de profundidad con unos cazas estupendos, pilotados por muy buenos pilotos y que podían apuntar sus ametralladoras de 7'92mm directamente a través del giro de la hélice, lo que da, aunque no lo creáis, una gran ventaja a ésas velocidades. Además de ser ligeramente más rápido que otros modelos, era bastante maniobrable. que en manos alemanas lo convertían en un gran arma.
    Aunque mucho ha llovido, no habrá caza tan característico en una guerra, como el Fokker Dr.I, a pesar de no ser el primero de su clase, ni el más usado en su época.

    El Barón Rojo, su más conocido piloto, no sólo pintó de ése color éste avión, pero es precisamente el que ha llegado como tal al colectivo. De hecho, ni siquiera todos iban pintados de rojo, o totalmente rojo (en el Fokker en el que fue derribado y muerto, iba pintado en rojo y azul cielo).



    Poco más saco ahora mismo del Fokker, la verdad. Se me va un pelo de lo que suelo tratar habitualmente, pero espero que sea del gusto. Seguimos con el mismo sistema. Proponéis y yo me las apaño.

  • Un arma es una cosa peligrosa... (intermedio)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 13/04/2012
    Me he pasado un par de días recopilando algo de información para otras cosillas, así que hoy en principio, soy todo vuestro. Pero como estoy un poco espeso, os invito a decirme cada uno un arma, o grupo de armas, o vehículos armados, o bueno, ya me entendéis, algo de combate más o menos moderno. Lo que se repita más veces gana. Y si no se repite, por dado y au bacalau.
    Por cierto, que no lo he comentado, ésta serie de posts han comenzado porque me puse a buscar cosas sobre una de las armas con las que está armado uno de los personajes del webcómic cuyo guión está en proceso (qué largo proceso, soy asín de lento). Y buscando buscando, me picó el gusanillo de explicar un poco, para tenerlo más claro yo. En parte también es por desmentir algunas tontadas que se ven en el cine, como cargadores infinitos, nulo retroceso y efectos demasiado fuertes (o demasiado flojos).
    En fin, proponed y con ello me pondré.
  • Qué deleznable/

    Escrito por Vilem_Landerer el 10/04/2012
    por mi parte que hoy no haya entrega sobre armamento. Acabo de volver a casa y sólo quiero matar de lo cansado que estoy, Ni maniobras marineras, ni piruetas aeroespaciales, ni complicadas estrategias. Sólo y únicamente, matar por el puro placer de hacerlo.


    Y ooh, sí, voy a incendiar la maldita selva.
  • Un arma es una cosa peligrosa... (3)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 10/04/2012
    Hoy iba a poner algunas imágenes, para ilustrar la charcutería de la que es capaz un arma de calibre cincuenta. Sólo he encontrado una imagen y es la provocada por un rifle Barret del .50. Es una cabeza esparramada, completamente pulverizada. No la pongo porque aunque es la herida típica provocada por un arma de éste calibre (aunque su versión como arma de francotirador o antimaterial, dispone de una munición especial, claro), buscaba a la víctima de una ametralladora.
    Agujeros como puños es lo que abre una ametralladora m-2 del ejército estadounidense. Imaginad al personaje al que hemos maltratado desde el principio, el tiroteado. Dejemos una sóla ametralladora. Al primer impacto, un trozo grande de su barriga sale volando hacia atrás, junto con parte de su columna. Antes de caer al suelo, otro impacto en el hombro deja al aire la clavícula, pues ya no hay brazo ni articulación alguna. Impulsado hacia atrás, otra bala entra de nuevo por su abdomen, se fragmenta y en trocitos sigue su camino hacia arriba. Así durante pongamos, tres segundos. Seis segundos de impactos y no hay cuerpo, sino pulpa.
    Bueno, he dejado claro que éstos trastos son poderosos. Pero son poco práctico como ametralladoras de sección. Literalmente, son demasiado grandes, pesados y con un retroceso tal que no permite su uso ni tumbado. Sólo montado en un trípode fijo, en un vehículo o desde un avión. Las armas de francotirador de éste calibre (se entiende el 50 largo, no el de pistola) son las únicas armas que permiten transporte y uso por parte de una sóla persona (la Browning M2, es demasiado larga y pesada, además de que para disparar cualquier cosa de dicho calibre, se necesita una posición fija y estar bien afianzado). Los alemanes, disponían de la MG-131 de 13mm que era básicamente una contrapartida a la ametralladora del .50 (cuyo diámetro de boca, es media pulgada o 12'70 mm), pero no hablaremos de ella, ya que la americana tiene un uso más extendido.
    Alejémonos ahora del personaje convertido en pulpa y volvamos la vista a los cielos. Comentaba en la anterior entrega, que los ingleses en la Segunda Guerra Mundial tenían ciertas dificultades para derribar bombarderos con sus ametralladoras del .303. Los americanos, desde casi el inicio de la guerra montaron en prácticamente todos sus aparatos las ametralladoras Browning del .50. Al principio cuatro, que eran la mitad o un tercio de la cantidad de bocas que llevaba un Hurricane (depende del modelo). Pero con una pegada muy superior y mayor cantidad de disparos por arma. Sin embargo, la más usada era la de seis ametralladoras. Con ésa configuración, no había caza, bombardero, vehículo blindado ligero o medio, edificación cualquiera, que pudiera resistirles. Podían ser más maniobreros, llevar cañones más gordos. Pero todo era inútil (y el el P-47 Thunderbolt, los muy animales metieron 8 ametralladoras... y les sobraba sitio para un extra de munición, bombas, cohetes o lo que quisieran). Hubo una variante de B-25 (bombardero medio) que cazaba pequeños buques (buques, eh, no lanchas, sino buques) japoneses con un armamento frontal de 12 ametralladoras del calibre 50. Así que imaginad por ejemplo el efecto de un Hellcat norteamericano, armado con seis ametralladoras, disparando a un pobremente blindado bombardero japonés que se debate cómo puede. Aunque el avión no sea derribado (cosa que pasaba a veces), la tripulación, si queda con vida estará gravemente herida después de una pasada. Dos o tres segundos, y tenemos puré si no contamos los daños al aparato (que podía partirse, explotar o cosas así). Incluso un Curtiss P-40 tiene muchas posibilidades frente a un Raisen (el Zero) japonés, a pesar de ser inferior en muchos aspectos, pero se ven en cierta medida compensados por su dureza y su armamento. Si lo enfrentamos contra cazas alemanes, seguiría estando en inferioridad, pero una ráfaga bien puede partir un Bf-109E alemán con poca suerte.
    Las ametralladoras del calibre 50 no eran lo más pesado que un podía cargar (he visto modelos especializados con cañones antitanque del 75mm), pero sí tenían una serie de características que las ponían por encima de otras. Principalmente la pegada, la fiabilidad y la posibilidad de llevar mucha munición. Un Foke Wulf 190 (un gran caza) en su variante A-8, podía llevar una panoplia de armas en principio superior con relativamente poco menoscabo de sus capacidades maniobreras. Por ejemplo, si contamos su armamento habitual como dos ametralladoras de 13mm y cuatro cañones de 20mm vemos una configuración más potente, aunque con menos munición por cañón. Los dos cañones más externos se podían sustituir por montajes dobles de 20 (vamos dos ametralladoras, con las que se hacián las pruebas de tiro y seis cañones de 20mm, con los que se exterminaba), o bien por un par de cañones de 30mm de tiro rápido, que se consumían en cero coma, pero tenían un poder destructivo enorme (especialmente por su munición explosiva), dedicados a la caza de bombarderos o el ataque a objetivos blindados a baja cota.

    Creo que me he pasado de hablar ya de calibres grandes. Vamos a las armas gatling de varios cañones.
    Bien, la premisa parece molona. Un arma así, dispara una cantidad de balas anormalmente alta para su calibre, con lo cual su poder se verá aumentado enormemente. Esto es cierto. A partir de cierta época, con la entrada de los misiles se dejaron de montar enormes cantidades de armas fijas en los aviones, dejando un cañón vulcan de 20 mm (lo más habitual). Los helicópteros en muchas ocasiones han abandonado sus armas monocañón por minigun del mismo calibre (el helicóptero Black Hawk, lleva un cacharro a cada lado). Pero para su uso en vehículos tienen unos cuantos problemillas, que no se nota tanto en éstas configuraciones. El alcance, es menor y la dispersión es más alta, así que son menos precisas. Además, una altísima cadencia de disparo, además de permitirte arrasar un punto, desmenuzar una pared y lo que haya detrás, hace que se gaste muchísima munición en muy poco tiempo.
    Luego está el retroceso, que en vehículo no parece importar tanto, hasta que importa. En un coche con una de 7'92 igual no se nota (entended coche por todoterreno Humbee, ya sabéis, ésa cosa blindada con ruedas), pero cuándo metes un cañón así, de 30 milímetros y una cadencia de casi 4000 disparos por minuto, en un avión cuya velocidad no suele superar a la del sonido, la cosa cambia. Un GAU-8 Avenger, es un arma antitanque montada en un A-10 Thunderbolt, aunque como dice mi hermano, es un cañón gatling con alas. Ésta maravilla, reduce tan brutalmente la velocidad del aparato cuándo se dispara, que algunos pilotos comenzaron a disparar a 800 k/h y dejaron de hacerlo cuándo el indicador les decía 400 k/h (he de contrastar ésta información, que leí precisamente en una publicación de divulgación científica de la que por desgracia no retengo el nombre).
    Ahora recordad Predator, la primera. La de Chuarche. El ametrallador del grupo se asusta de la selva y la acribilla con su minigún portátil. Efectivamente, con tan poca distancia y descargando tantísima munición, la selva está jodida. Sólo está el pequeño inconveniente de que pesa una animalada. No sólo el arma, sino la munición. Hablamos de dos o tres, o cuatro miles de disparos por minuto. ¿Cuántas balas de 7'92 puede llevar una persona encima sin que su espalda se rompa? Tal vez tenga medio minuto. Tal vez uno entero, si no lleva nada más. Posiblemente menos (un ametrallador de m60 que use cajones, podía llevar tres o cuatro, lo que hacen trescientas o cuatrocientas balas. Y os aseguro que pesan un huevo). La imagen del aguerrido operador de minigún con un par de cintas cruzándole el pecho se diluye; puesto que cada cinta llevará menos de tres segundos de ráfaga (tres segundos de ametralladora monotiro es una ráfaga muuuy larga), suponemos que las lleva para aparentar.
    Sin contar eso, nos encontramos con el retroceso. Un rifle de cerrojo del .303, o uno de 7'92mm, muy similares, acababan provocando un hematoma en el hombro. Podían llegar a dislocar o romper hueso si no se andaba atento y muchos fusileros coincidían en terribles flemas provocadas por el retroceso. Con armas que disparan una vez por segundo (de media) y que se apoyan en el hombro. Nuestro aguerrido minigunero, dispara durante varios segundos un arma de calibre similar. Supondremos que suelta así por lo pronto 50 balas por segundo (aunque hay modelos que llegan a las 100 por segundo). Se tira 44 segundazos pegando tiros con la cacharra después de recogerla de su compañero muerto y pegar tiros con la propia. 2200 disparos. Uno detrás de otro, agarrando como si fuera una escopeta sin culata, así que la fuerza la aguantaban sus dos poderosos brazos. Y luego diréis que Chuck Norris es duro. Nope, éste animal lo es aún más, porque ni se cae de espaldas, ni se rompe o disloca nada, es que ni se mueve del sitio siquiera. Lo raro es que el predator tenga algo que hacer contra él.
    Una MG-42, a la que llamaban los órganos de Hitler, por el sonido, era un arma que disparaba con una rapidez tal, que tan sólo el más ario entre los arios era capaz de dispararla desde la cintura (usando la cincha para sujetarla, ya que no podía agarrarla del sistema de refrigeración) y en ráfagas cortitas, pues corría peligro de irse de espaldas, pues su cadencia de unas 1600 balas por minuto eran algo impensable en la época (los soldados enemigos llegaban a sufrir casos de miedo agudo a ésta ametralladora). Imagináos ahora la brutalidad que es disparar un calibre similar durante 44 segundos. No, las armas gatling probablemente no saldrán de sus vehículos o posiciones fijas, precisamente porque no hay calibre lo suficientemente pequeño. La única Gatling funcional que no lanza de espaldas son los modelos para airsoft, que disparan bolas de 6mm y no tienen el retroceso (aunque sí bastante peso). Aún así, por su posición siguen sin ser prácticas.

    Para la siguiente entrega, veremos algunos armamentos que se salgan de la tónica habitual o que dentro de lo suyo, sean especialmente poderosos.
  • Un arma es una cosa peligrosa... (2)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 09/04/2012
    Y seguimos con otra entrega del armamento y sus locuras, que el recibimiento ha sido bueno, muy bueno. Y eso que siempre me parece que cuándo me pongo a contar algo así, me convierto en un ser aburrido y un tanto belicista.

    Dado que no me cabía todo en una sóla entrega, continuamos dónde lo dejamos; con el personaje tiroteado. Hemos visto qué ocurriría con varios calibres, incluyendo fusiles, ametralladoras ligeras, subfusiles y pistolas. Vamos con dos más para dejar tranquilito al pobre desgraciao.
    Los revólveres, son al igual que las pistolas, armas cortas, de portar con una sóla mano, o dos, dependiendo el momento. Generalmente cargan tambores de 6 balas, así que habitualmente, no disponen de tanta munición como las semiautomáticas (aunque la 1911a1, semiautomática tipiquísima yanki, carga tan sólo 7, pero claro, del 45). La guasa está en que un revólver, dentro de su calibre, tiene una potencia de parada mayor que un equivalente en semi. Por la bala, que es en general, más pesada y con un casquillo mayor (he tenido una del .357 Magnum en la mano y joder, ni punto de comparación. Además, ésa cabrona era de punta plana). Lo que se consigue así, es que un oficial británico, por ejemplo (que estuvieron con revólveres durante muuucho tiempo), al que un africano medio se le echa encima a toda pastilla, seguido de una horda de colegas, dispuestos a descuartizar al pobrecico, en lugar de meterle dos o tres tiros al primero y llorar como una niña cuándo se da cuenta de que no vale para mucho, lo que hace es meterle un sólo tiro, que no sólo detiene al agresor, sino que además es posible que lo lance sobre sus compañeros, con el efecto que suele conllevar. Si da miedo que un arma tumbe a alguien de espaldas, que además lo lance un poco hacia atrás, ya es el acabóse. Y si además llueven fragmentos de hueso, cartílago y carne, mejor. Al oficial británico igual le dan las suyas y las de un bombero igual, pero llevar un arma así, lo tranquilizaba bastante. Además, las balas (en general todas, pero habitualmente se hacen con pistolas y revólveres) pueden ser de punta plana, lo que aumenta el efecto parada, punta hueca, que se fragmenta al impactar o incluso de punta de mercurio (una gotita, por lo que sé), que se supone que estallan (no, no vuelan a una persona, pero sí que abren un buen boquete). Es evidente que un revólver del calibre .38 corto (policial, al fin y al cabo) no va a hacer mucho. Los .357 (aunque el 357 magnum está basado en el .38 Special, tiene el doble de velocidad y eso aumenta mucho su poder) y 44 suelen ser los más poderosos, con el .44 Magnum en el podio de las animaladas (que no es así, puesto que el Smith&Wettson; 50 magnum es aún más potente, pero eso ya es un maldito cañón). El Smith&Wettson; Modelo 29, es el revólver más famoso que lleva ésta munición (aunque no es el más potente). Es el de Harry. Ya sabéis, Harry. Y si no lo sabéis, os falta tiempo en miraros los trabajos de Clint Eastwood.
    Un monstruíto así, al contrario que en las películas, no lo dispara cualquier hombre. Harry no es cualquier hombre, por supuesto, pero es que da lo mismo. No hay persona que lo dispare con una sóla mano y le de a lo que hay delante, sin dislocarse un hombro o caer de espaldas. Aunque a lo que acierte, probablemente no se vuelva a levantar. Se usa como arma secundaria de caza mayor (vamos, si te falla el rifle y un oso viene a toda mecha, más te vale pegar un tiro con éste monstruo. Ya sea al oso o a tí mismo para que no te pille vivo). Como vemos, no es un arma práctica, porque además de su enorme retroceso, y extraordinario estampido, añadimos el hecho de que el bueno de Harry, en su guerra a base de intimidar, usa un modelo de 6 pulgadas, que se tarda un eón en sacar de la funda. Un modelito más modesto en 4 pulgadas y no te encontrarías con cuatro tiros en el pulmón.
    Dentro de los revólveres potentes, está también el Colt Python en 357. Es bastante más sencillo de usar, suave y tal, aunque queda bastante chuleta de aspecto en cualquiera de sus versiones de 2'5, 4 y 6 pulgadas. Además tiene un hermanito, que es aún mejor y más moderno, el Anaconda, que lo he llegado a ver, en el súmun de las ganas de joder un buen revólver, en 8 pulgadas, largo como un día sin pan, lo suficiente como para que golpear con él pase de ser una broma a ser algo serio.

    Si nos alejamos un poco, tenemos los clásicos revólveres en el Oeste americano, desde el Colt Navy (usado hasta la náusea) hasta el Remington .44 Army (que también lleva el señor Eastwood en más de una peli, aunque la primera que recuerdo ahora, es Jinete Pálido). En general el impacto de uno de éstos, venía a ser bastante similar, aunque había algunos modelos tan raros, que sinceramente, me meto en terreno algo pantanoso.
    Bueno, hemos llegado a la conclusión, de que el buen personaje habría caído desde el primer disparo, muerto o no. Probablemente mutilado y probablemente pegando unos gritos mucho peores que los clásicos de duritos de pastel de: ¡Ugh! ¡Aghs! y el archiconocidísimo ¡Ouh!


    Cielos, me he emocionado con los revólveres. Es que es una de las armas cortas que más me gustan (en especial porque he tenido semiautomática y revólver en las manos y me quedo con el cacho metal, que las glock son plastiquillo. Supongo que serán cuatro entregas al final. Mañana calibre 50, tanto la ametralladora de posición cómo las variantes montadas, de las que hablaremos en otros calibres (se dice que los ingleses conseguían abatir a los Heinkel 111 no por derribarlos a base de arrancar trozos de su fuselaje, sino por cargarlos con tantísimas balas hasta que caían del propio peso. La primera variante de Hurricane, el verdadero caballo de guerra de la Batalla de Inglaterra, cargaba nada más y nada menos que 8 ametralladoras del 303 en su primera versión. Y al poco apareció una con 12 ametralladoras de 303).
    Mañana más.
  • Un arma es una cosa peligrosa.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 08/04/2012
    ... que si se te dispara en un pie, te lo vuelas.

    Bien, en la última entrada os comenté que tenía pensado hacer un post sobre armamento moderno y sus efectos en varias situaciones (especialmente en cuerpo humano, que es a lo que van destinadas). No sabría cómo hacerlo un poco más ameno, a menos que ponga imágenes. Y aunque este humilde blog no suele tener muchos reparos, meter imágenes de destrozos sangrientos y variados puede ser pasarme de la raya, así que sencillamente, lo comentaré.

    Todos hemos visto en algún momento, en alguna película, cómo a algún personaje lo cosen a tiros. Literalmente, le llueven cientos de balas y parece que le haya dado el baile de San Vito. En algunos casos, la escena dura una eternidad a cámara lenta y recibe muchísimos impactos en unos segundos. Si son pistolas de policía, no hay tanto que objetar (excepto que el tío debería caer muerto en cuestión de uno o como mucho, dos segundos), pero si es una peli de guerra... Ay. Las pelis de guerra...
    Bien, antes por ejemplo, pensemos en el calibre enemigo. Si es la segunda guerra mundial, casi todas serán un calibre respetable, como por ejemplo, un 7.92 en el caso de los alemanes (suponemos que el tiroteado es yanki). Una bala de ese calibre, bien puede tirarte de espaldas, atravesarte y seguir su camino o incluso, arrancarte parte de un miembro. Si viene de rebote, estás más que jodido, porque puede llegar dañada y romperse dentro o incluso impactarte siendo esquirlas. Es una bala, que mata (también se extiende al .303 británico, aunque dicen que el Lee Einfield con su munición 7.7x56R metía unos pelotazos tremendos). Que mata mucho. Podía atravesarte, pero en casi cualquier situación, un disparo de estos, te dejaba como mínimo, de camino al hospital para una larga, dolorosa y cruda recuperación, si llegabas a recuperarte del todo. Así que el tiroteado no aguanta entero ni de coña todo lo que sale. Y menos lo aguanta de pie.
    Cosa distinta pasa con el 5.56. El del fusil moderno, tanto ruso como OTAN. Ésta bala, que es considerablemente más pequeña, no está hecha para matar, sino para herir. Algunos pensaréis que es perfecto para no volver a las guerras con millones de muertos. Qué humanitarios son. No, lo que tendremos son guerras con millones de heridos de distinta consideración (grave, la más habitual). El 5.56, al impactar en el cuerpo, no sigue su camino en línea recta. Sencillamente cambia de dirección una o dos veces incluso, o cambia una y se fragmenta, o no cambia y tienes trocitos de bala sin ser un rebote. Hiere y mutila de una forma horrible, para que el enemigo tenga que ocuparse de sus heridos y mutilados y perder fuelle en la guerra. Además, pesa menos y caben más por cargador. Por contra, no atraviesa parabrisas y de esa eventualidad los yankis se han dado cuenta con los controles en Afganistan e Irak. Imaginemos ahora a un tío acribillado por cientos de balas de éste tipo, que culebrean dentro de su cuerpo, hacen estallar sus organos cuándo los atraviesan, le parten la columna, le explota la rodilla y la pelvis se le pulveriza. No, creo que no tiene mucho futuro. Ni para decir: "¡Johnny, dile a... dile a mamá que la quiiiero!". Y menos si alguna de esas pequeñas cabronas se le han metido por el cuello
    Podría seguir describiendo los calibres de guerra, como por ejemplo en una escena similar en la que al héroe impactaban en varias ocasiones con una ametralladora del calibre .50. Dado que lo voy a describir más adelante, no hace falta que os diga aquí de lo que pienso de ese par de picaduras de mosquito que tenía después.
    Vuelvo mi vista hacia las armas cortas, en especial sus calibres de pistola, que muchos subfusiles llevan. Un 9mm ParaBellum es bastante conocido, por ser el policial, o el que lleva ETA habitualmente. Es un calibre relativamente pequeño, con poca carga impulsora (comparativamente) fabricada expresamente para acciones policiales, destinada a herir de cierta gravedad, pero que mata con dificultad. Su cabeza no es muy aguda, sino más redondeada, diseñada para desestabilizar al objetivo, además de que es más controlable que otras. En este caso, el personaje sí que es más posible que pueda aguantar unos cuantos segundos, pero siguen siendo disparos y disparos y disparos, así que muere igual. Más lento (es el equivalente de fuego de una espada roma y ligera), pero unos cuántos impactos y está matarile. Si además se dispara desde un subfusil, pasan a ser muchísimos impactos.
    El otro calibre del que os quería hablar es del .45 ACP. Fue desarrollado por Estados Unidos tras la guerra Filipino-Estadounidense, donde vió que los revólveres cortos del .38 no eran capaces de detener a un filipino a la carrera. Y tampoco matarlo antes de que éste, en ocasiones bajo los efectos de alguna droga, lo macheteara. Físicamente, es una bala más gorda y redondeada que la 9mm. La 9 es más ligera, con menos retroceso y elevación de boca, más barata, más pequeña, con mayor poder de penetración y es preferida por la mayoría de potencias europeas y Estados Unidos desde el 85. Pero el .45, es un pelotazo comparable a un revólver, que empuja al atacante hacia atrás. En el caso de nuestro personaje, caería al suelo al primer disparo, probablemente muerto. El resto, ya es enañarse.


    Dentro de un rato seguiré con una segunda parte, que no me cabe todo en un sólo tocho.
  • ¡Grok-aktur, orko motorizado!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 04/04/2012
    Mientras ando reclutando espadones a sueldo para que encuentren lo que se me ha escapado y poder seguir escribiendo con normalidad, me han entrado ganas de escribir. Por ejemplo podría hablaros de la enorme cantidad de patadas al diccionario que veo últimamente (algunas las escribo yo y así me gano un rodillazo en los huevos con toda la razón), que en cierto hilo estaba conduciendo a otra guerra.
    Pero llevo un tiempo pensando en hablaros del efecto de las armas modernas en el cuerpo humano y de porqué casi en todas las obras de ficción se plasman mal.
    Pero he pensado: "¡¿Qué coño?! El blog va de relatos, así que relato escribiré." Y como no me entra cuña para seguir alguno, hago uno cortito, de una sola entrega, sobre algo que pasó ayer en una partida de Warhammer, pero con la particularidad del habla Orka (sí, éste fanático de los ejércitos organizados ha elegido una horda gritona y contestataria):

    (Recordad que podréis acceder con mayor comodidad al resto de entradas desde mi blog, La Senda del Aventurero.


    La batalla de Grok-aktur no había zalío mu bien. Ahora mizmo, a zuz xikoz duroz lez habían dao palpelo a baze de bien, kamión inkluido, entre la alianza Tau-Eldar que eztaban defendiendo el planeta del azalto de loz cabezaz grizez, ezoz muxaxoz un poko afeminadoz ke lez iban a pagar en armamentoz nuevoz y emozionantez. La idea era zenzilla; loz orkoz dezzenderían zobre la zona exterminando a kualquier pitufo o moñaz que enkontraran. Demaziado bonito, lo de exterminar. Akelloz kabronez eztaban bien parapetadoz y habían deztruído loz kamionez ke tranzportaban a loz xikoz. Pezte de mekániko, ke no había podío venir pa reparar el dezaguizao y enzima no había kolokado lo nezezario en el karro de guerra, azí que también lo habían petao, aunke loz meganoblez zon de reflejoz rápidoz y hayan podío zaltar. Ahora zólo hay que ezperar a ke ze levanten, pero no hay muxo tiempo y loz ke han kontratado a Grok no dezembarkan komo eztaba prometío.
    La koza no mejora demaziado. Loz noblez enlatadoz han reventao a guantazoz el trazto que lez eztaba atakando al karro, pero no ez ke importe muxo, porke loz eldar eztán pegando tiroz cómo lokoz, ke acaban de zalir de zu parapeto loz rezién llegadoz kaballeroz grizez.
    Loz muxaxoz ke le kedan van a nezezitar un rezpiro para poder hazer papilla a aquelloz dezgraziaoz, azí que Grok ya ha tomao la dezizión y zaka zu eztupendo kombiarkibillatodo. Ha dezidío ke va a zalí komo en akella peli ke vió haze tiempo, en la ke un humano zale kabalgando y dizparando kon ambaz manoz. El no tiene doz akribilladorez, aunque zi tuviera maz tiempo ze haría kolokar uno en la garra de kombate.
    Azí ke zale de zu kobertura, rugiente moto ke lo lleva hacia laz filaz de armaduraz lanzapepoz de loz Tau, ke eztán maz zerka. Uza loz pedalez para azelerar y el kuerpo para maniobrar la moto, de una forma ke hazta el mizmízimo Wazdakka eztaría orgullozo. Entre el polvo y el humo dizpara komo pozeído e impakta brutalmente a la ezkuadra de armaduraz artilladaz, que kaen deztruídaz ante zu garra de kombate oxidada.Kon la emozión, se le va la moto un poko y ha de frenar para kontrolarla, momento en el ke oye el eztrépito ke kauzan maz kaballeroz grizez al kaer zerka. Ez pozible, ke hazta ganemoz la batalla de loz kojone.
    Y justo mientraz apretaba el pedal del azelerador, le caen encima zientoz de proyektilez de loz azuztadoz Tau, ke no ze ezperaban zemejante ezpektákulo.


    Unaz horaz dezpuéz, Bhorkhoork eztuvo buzkando reztoz útilez entre loz muertoz de la batalla. Loz kaballeroz grizez, dentro de toda zu kaballerozidad, lez habían dado doz horaz para abandonar el planeta, zin tan zikiera pagarlez. Ahora, loz pokoz muxaxoz ke kedaban enteroz no podían luxar y zu kaudillo lez había enzeñado un zierto juízio. Ze vengarían otro día y dentro de zuz términoz. Entre la metralla, laz tripaz y la zangre, enkontró algo ronroneante y de zu agrado. Loz reztoz de la moto de Grok eztaban allí, bajo unoz kuántoz kadáverez pitufinez. Lo mejor ez ke akelloz reztoz ke aún ze movían ligeramente, debían de zer el propio kaudillo.
    - ¡Rurrerrak! - Llamó, impaziente. - ¡Matazanoz, maldita zea, ven ke a ézte hay ke remaxarlo! ¡Y tráete a loz kanijoz ke puedaz!

    Y azí, loz ke maz adelante ze konozerían komo buzkadorez, daban otro pazo hazia el Deztino.
  • Se prepara algo gordo, muy, muy gordo.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 26/03/2012
    No puedo dormir, así que antes de dejar el libro y volver a la cama, os dejo un pequeño anuncio sobre lo que se avecina para la Senda del Interrogador.
    Será largo. Será agotador. Será divertido. Será brutal. Será distinto. Será sonoro.
    Es algo que me apetece. Es algo que me gustará. Es algo que me turba, hasta me masturba (quién me diga de qué película es esa frase, se lleva un minipunto). Es algo que llevo pensando un tiempo. Es algo que estuvo a punto de hacerse hace poco, pero no se pudo.
    Se trata de una entrevista especial de la Senda del Interrogador, sin un autor de cómics como objetivo. Se trata de una entrevista dónde el tema a tratar será tan diferente y alejado del habitual que no tengo claro que os acabe de gustar, pero la haré igualmente, porque yo lo valgo. Se trata de una entrevista a unos buenos amigos y sólo por lo mucho que os vais a reir de coñas marineras merece la pena.


    La primera emisión en streaming de audio de la Senda del Interrogador se está preparando. Estad atentos a vuestros ordenadores. Porque va a ser brutal.





    Sigo sin poder dormir, carajo.
  • Spitfire: Un soleado día de verano (I)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 22/03/2012
    Dado que mi hermano no lo ha hecho con su cuenta de por aquí, lo hago yo, que al fin y al cabo el relato se halla bajo el sello de la Senda del Aventurero. Espero que lo disfrutéis, ya que está preparando la continuación y se está dejando la espalda en ello (mi látigo de la crueldad, que no perdona). Allá va:


    Mika_Landerer:Buenas a todos. Me presento. Soy Mika; el otro perpetrador, desde hoy de este blog. Espero que os guste lo que escribo, porque si no Dios matará un gatito. Esto es solo el inicio de la historia, la semana que viene espero tener algo más y más largo que colgar.
    Un saludo a todos.



    Era un soleado día de verano. Los animales hacían de las suyas en el bosque, mientras un poco más allá un granjero pasaba su tractor. Una escena idílica, unos niños jugaban tranquilos en el jardín trasero de una casa; persiguiéndose con los brazos extendidos, dando vueltas mientras a lo lejos crecía un rumor. Cada vez se acercaba más. Más y más alto hasta convertirse en un rugido atronador que se materializó en dos sombras que pasaron casi a la altura de la copa de los árboles estremeciendo la tranquilidad de la campiña inglesa y a los dos niños. Un Spitfire trataba de librarse de la peligrosa compañía de un bf 109 de morro amarillo; el inglés subía y bajaba, cambiaba de dirección inútilmente. El boche seguía allí como un tiburón, esperando el momento perfecto. El motor Merlín daba lo mejor de si mismo mientras las alas elípticas del avión inglés se movían arriba y abajo de forma histérica.
    Mientras tanto otro Spitfire cortaba el viento a más de 400 km/h.
    -No no, no, no, no. No puedo perder al novato, no puedo.- pensaba Jaime. -Se merece un susto pero no morir de esta manera-. El motor de su caza rugía mientras no dejaba de vigilar la temperatura con un ojo y el cielo con otro. No había en la cabeza del joven piloto español otra cosa que encontrar y salvar a su punto.
    Moviendo la palanca hacía delante suavemente hizo pasar el caza bajo una nube, descendía muy rápido y eso se notó cuando alabeó hacia la izquierda para seguir buscando a su punto y al nazi que lo perseguía. Al Spitfire no le gustaba la baja cota.
    Volvió a comprobar los instrumentos, todo seguía dentro de lo aceptable, pero si no encontraba pronto a Roger tendría que abandonar.
    Y en el preciso instante en el que se disponía a desistir los vio. Eran una pareja, a las 10 por bajo, el primero se movía arriba y abajo, dando tumbos; mientras el segundo apenas corregía ligeramente su trayectoria con cada bandazo. El morro amarillo del perseguidor ponía muy fácil la identificación. Habría unos 1000 o 1500 metros hasta ellos.
    De pronto, justo cuando Jaime se preparaba para picar, el 109 lanzó varios fogonazos; que tuvieron su replica en el caza ingles. Jaime incrustó la palanca de gases en el tope.
    Cuando el Spitfire se elevó para esquivar una pequeña colina el bf 109 disparó con eficacia. Dos impactos se abrieron en el costado derecho del Spit. Uno casi a la altura de la cabina y otro peligrosamente cerca del motor, que empezó a humear y a renquear.Las ametralladoras rugieron de nuevo, haciendo que pequeños trozos del ala saltaran en todas direcciones. Estaba claro, que el gato estaba disfrutando mientras hacía sufrir al ratón. Y ese pobre ratón ascendía ligeramente, lentamente, con su piloto conmocionado e indefenso, haciendo lo posible por no caer. De forma casi perezosa, como aburrido, el boche se situó tranquilamente a las seis; no tenía prisa, estaban solos y nadie los molestaría. El piloto pasó el dedo por el disparador, paladeaba el derribo. Súbitamente el aire comenzó a estallar, llenándose de impactos y chispas por todas partes, un segundo Spitfire acudía a salvar a su compañero; el motor de este rugía encolerizado al ver a su hermano herido, el Messerschmit rompió dando un bandazo a la izquierda pero el caza inglés no cejó, siguió al alemán disparando ráfagas cortas, pero incesantes, que impactaban una y otra vez., el bf 109 aceleró para alejarse de su perseguidor, más en vano, una nueva ráfaga abrió un boquete en el motor db 601 haciendo que el aceite empezara a manar como la sangre de las arterias y una nueva ráfaga lo incendió. Siguió disparando el Spitfire hasta que el 109 derivó hacia la izquierda e impacto contra el suelo quedando reducido a un amasijo de hierros humeantes. Jaime se reclinó un instante en el asiento, aunque dando un respingo comenzó a buscar alemanes por todas partes, después reduciendo la velocidad para que el pobre motor Merlín respirase, viró a la derecha para buscar a Roger. El pobre se había llevado más de lo que se merecía cualquier novato, y ese hijoputa alemán le había dado bien. Rogaba porque estuviese vivo, porque su pobre avión se mantuviera en el aire.
    Empezó a llamarle por la radio. –Turbant 7, aquí Turbant 6. Turbant 7 responde por el amor de Dios. Roger…- Entonces vio el caza por la parte derecha del parabrisas. Aceleró el Spitfire, y sus pulsaciones, no quería perder al chaval, se acercó lentamente al avión de su punto hasta que vio la cabina. El piloto giró la cabeza y le saludo, con un movimiento de mano indicó que no tenía radio y el pobre Jaime se relajó. Roger le hizo entender que estaba herido y corto de combustible. Jaime asintió, intento orientarse, estaban lejos de su zona normal de operaciones. Al encontrarse con esos 109 y entrar en combate Roger había terminado saliendo en desbandada, desbocado como un caballo loco y ahora no sabían por que zona podían estar.
    Jaime desplegó un mapa buscando puntos de referencia, una iglesia, un castillo o algún río. Se elevó ligeramente y empezó a otear el horizonte en busca de lo que fuera.
    La suerte estaba de su parte, a lo lejos, tras una ciudad divisó un aeródromo. Al contactar resultó ser Andover. Hogar de unos cuantos canucks. Avisó de que llegaban y que había un herido. Tendría cojones salvar al chico de eso y que nos mate la antiaérea.
    - Andover. Aquí el teniente Jaime Ferrer del 37 Escuadrón-.
    - Aquí Andover. ¿Podemos serle de utilidad? Jaime suspiró y se cagó mentalmente en la flema inglesa.
    - Sería un placer que no nos disparasen mientras aterrizamos, mi punto esta herido y apenas se mantiene.-
    - Recibido, la pista es suya. Corto-.
    - Gracias Andover-.
    Deslizó su caza hasta situarse junto a su compañero; Roger le miró con algo de esfuerzo mientras Jaime, con señas, le indicó que le siguiera para aterrizar. Dieron una vuelta alrededor del aeródromo, se alejaron ligeramente, viraron de nuevo y comenzaron el descenso.Al Spitfire de Roger le costaba trabajo mantenerse y aterrizó de muy malos modos, sin tren de aterrizaje, posando la panza de golpe después de que la cola hubiese tocado el suelo arrastrándose una buena centena de metros antes de detenerse. Por su parte Jaime se posó con muy pocos miramientos por su caza, tratando de aminorar tan rápido que casi consigue volcar.
    Casi no había parado cuando abrió la cúpula y salio corriendo campo a traves hacia el avión de Roger. Había mucha sangre en la cabina, el chico estaba medio inconsciente, tenía heridas en el torso y en las piernas. En la derecha de hecho tenía un trozo de metralla. Toda la zona derecha de la cabina esta destrozada de los cañonazos.
    Los sanitarios lo sacaron del Spitfire, y el bueno de Roger aún tuvo fuerzas para murmurar “lo lamento” antes de que se lo llevaran en la ambulancia.
    -¿Qué ha sucedido muchacho?-. Al girarse, Jaime vio a un impecable oficial canadiense. Se aclaró la garganta, que acababa de descubrir que estaba seca como la mojama, se cuadró y saludó de esa forma rara que tienen los súbditos de Su Majestad.
    -Teniente Ferrer señor, del 37…-
    -Se quien es, teniente, le pregunto por lo que le ha pasado-.
    - Boches, señor, nos los encontramos cuando nos dirigíamos a interceptar una formación de Stukas, eran muchos y a mi punto uno lo aisló y ha estado a punto de derribarlo.-
    -¿Y qué ha sido del boche?-
    - Derribado y en llamas, me ha pagado el susto.-
    - Me alegro, déjeme que le invite a un trago. ¿Es su primer derribo?-
    - El quinto señor.-
    - Celebremos que es un as y que ha salvado a su compañero.-
    -Será un placer.-
  • Odio las Fallas./

    Escrito por Vilem_Landerer el 18/03/2012
    Siento el tochazo, pero vengo con tecla caliente y me voy a desahogar con vostros. Espero que no os importe y a algunos os hagan ver cómo los ancianos como yo vemos ésta fiesta de los cojones:


    Estamos por fin a 18 de marzo y sólo queda hasta mañana por la noche de ésta puta tortura. Ahora mismo Valencia es una zona de guerra, un territorio comanche en el que se escuchan explosiones lejanas (o cercanas), algún grito y la sensación de que alguien te observa.

    Ni en casa estamos a salvo (vivo en una calle amplia que por fortuna no se puede cortar, aunque no desaprovechan la oportunidad de despertar al vecindario a las 5 de la mañana con una buena traca). En la de un amigo, hasta las 6 de la mañana aguantan que les vibren los cristales por la brutal verbena que montan los del casal que tiene justo abajo. Y no es que la monten dentro de su recinto, sino que en plena calle, con una carpa enorme ocupándolo todo.

    No es sólo la falta de sueño lo que nos atenaza, sino la de movilidad. Hay días que a ciertas horas sólo apetece volver a casa y dormir. Ya es un dolor de cabeza circular y aparcar por el centro, pero que a una buena distancia, nos tiremos 20 minutos extra buscando una calle libre para volver a casa, clama al Cielo. Porque directamente, es imposible moverse en coche por Valencia durante más de dos semanas, gracias a que las fallas, por pequeñas e insignificantes que sean, han de cortar como mínimo una calle. Y cada tres calles hay una (Nótese que Fallas son las fiestas mientras que falla o casal se trata de cada entidad plantadora de carpa, falla (infantil y normal), verbena o mascletá o lo que se tercie).

    Yo pensaba que mi forma de pensar, tan en contra de una fiesta que antes hasta disfrutaba, era cosa rara y resulta que no. Cada vez encuentro a más gente afín, que trata de darse el piro durante la semana fallera (la semana más larga del año, pues son más de 7 días realmente), para no aguantar a los gilipollas locales y a los foráneos, que llenan la ciudad, tiran petardos, se emborrachan y arman guirigay a todas horas con la siempre temible excusa de "estamos en fieshta!".
    Además, de un tiempo a ésta parte, los actos vandálicos contra los gargantuescos monumentos son cada vez más comunes. Dejando a un lado que hay gente que es bestia tanto de fiesta como en la vida normal, ésto me demuestra que cada vez la gente está menos dispuesta a permitir los desmanes de cada falla, generalmente amparados por la ley. Pedir un permiso de carga y descarga en una zona de densa circulación es una odisea, pero pedir cortar dos calles durante 10 días, es algo más que
    factible si lo haces por la fiesta.

    No quería alargarme, pero ésto de tener un blog es liberador. Estoy soltando toda la inquina y el odio que se me mete en el cuerpo por éstas fechas y sigo que estoy en racha.

    Cómo si no fuera poco, aún hay que aguantar a los simpáticos que no contentos con cortar tu calle, quitarte zona de aparcamiento para poner su carpa, colocar una falla monstruosamente fea y que tal vez esté demasiado cerca de tu ventana y te achicharre las persianas (he visto arder toldos, persianas, carteles y hasta ropa tendida que alguien se había olvidado).. Aguantar sus verbenas, que hacen vibrar los cristales y que te obligan a hablar a gritos en tu propia casa hasta casi el día siguiente y a veces hasta el día siguiente, aguantar sus petardos, sus gritos y el olor a barbacoa que hace que gotee cualquier colmillo. Además de todo éso, tienen la DESFACHATEZ de ir pidiendo dinero casa por casa (cosa que generalmente hacen las menos pudientes, sólo faltaba), diciendo la mágica formula de: "pero si es su falla!" cuándo con cara incrédula niegas con la cabeza. Si, claro. Por éso tengo paso franco en la carpa que montáis. Por éso sois tan amables de invitar a un bocata, claro claro. Segurísimo. Hubo un año, que un amigo, acérrimo fallero, era el presidente infantil de tal falla. A su hermano, le hacían pagar un bocata de fiambre 100% carrefour, a pesar de que ambos pagaban las cuotas y a la hora de rascarse el bolsillo para el bien de la falla su madre había apoquinado lo pertinente. Por éso no suelto ni un puto duro para la falla.

    El año que viene me voy con viento fresco. A Madrid, por ejemplo, que viendo la cantidad de chulos mesetarios que vienen, aquello andará vacío (con todo el cariño a los habitantes de la capi, que sois unos cuantos).
  • La Senda del Interrogador. Toru y Rafagast (3 de 3)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 08/03/2012
    Continuación de la entrevista realizada a Toru y Rafagast. La semana que viene, entrevistaré a dos más y colgaré espero, dos entrevistas más.


    (23:14) Bill Red: bueno, ahora entramos en algunas preguntillas más generales sobre subcultura
    (23:14) Bill Red: y sobre todo, más molestas
    (23:14) Bill Red: (son las que lanzo a matar, vaya, pero como siempre, si queréis contestáis, si no, pues nops)

    (23:14) Rafagast: no se si podre responderlas todas
    (23:15) Rafagast: mas que nada por falta de conocimiento

    (23:15) Bill Red: ah, tranquilo tampoco me paso tanto
    (23:15) Bill Red: ¿Qué es lo que más os molesta de Subcultura (en general)?

    (23:16) Toru: ... Ahora no caigo en nada...

    (23:16) Bill Red: jaus
    (23:16) Bill Red: puede ser cómic, usuario, líos del foro, utilidades...

    (23:16) Rafagast: como mucho el ver todas la notificaciones y pensar "joder, ahora tengo que verlas y borrarlas todas" pero vamos, como cuando miro el correo

    (23:16) Toru: que no haya un botón para ir a mi propio webcómic rápida y fácilmente cuando subo una tira xD
    (23:17) Toru: o para ver el hype cuando lo subo a ver cómo ha quedado xD
    (23:17) Toru: debería ponerlo en sugerencias...

    (23:17) Bill Red: jajajajajjaa
    (23:17) Bill Red: estas entrevistas hacen bien a Subcultura, si lo sabré yo..
    (23:17) Bill Red: ejem

    (23:17) Toru: siempre me gusta comprobar cómo ha quedado todo >.<

    (23:18) Rafagast: yo por lo general nada

    (23:19) Toru: (puedo ir a por un cacho de tortilla mientras?)

    (23:19) Bill Red: (puedes puedes)
    (23:19) Bill Red: ¿Y lo que más?
    (23:19) Bill Red: (y mientras respondéis voy a asaltar la nevera un segundo que me acabo de acordar de que el cuerpo humano ha de ser alimentado)

    (23:20) Rafagast: (mi comida requiere que me ponga a freir)

    (23:20) Bill Red: (ouch)

    (23:20) Rafagast: tranquilo
    (23:20) Rafagast: me he metido una tripa de salchichon entre pecho y espalda

    (23:20) Bill Red: (bueno, realmente quedan las preguntas relacionadas con Subcultura,que vienen a marcar el final habitualmente)
    (23:20) Bill Red: jejejejjee

    (23:20) Toru: Lo que más, es una plataforma excelente para subir webcómic, tiene todo lo que podríamos desear (excepto la cabecera verde que rompe totalmente la paleta de color de la página dle web´comic)

    (23:21) Rafagast: lo que mas me gusta, creo que es la interaccion con lectores u otros autores

    (23:21) Toru: y eso tb
    (23:21) Toru: y un montón de lectores y de gente
    (23:21) Toru: y muy buen rollo
    (23:21) Toru: Oooh... ¿ya no tengo que hablar sobre por qué me gusta tanto el diseño de mis personajes?
    (23:22) Toru: Bueno, supongo que no es muy interesante saber que me siento realizada porque Ghoul tiene defectos en la postura específicos puestos a propósito xD
    (23:22) Toru: jajaj

    (23:23) Bill Red: vale, siempre podemos seguir por ahí, para añadir más atrás, si os parece
    (23:23) Bill Red: por mi no problemo (aunque habrá que partir un poco para dosificar)

    (23:23) Toru: xD Nah, tú sabrás sobre qué quieres que te hablemos

    (23:23) Bill Red: jajajaja

    (23:24) Toru: Es que, bueno, Rafa te ha hablado un montón sobre cómo creó él los personajes, pero no te he contado cómo yo
    terminé de crearlos ^^

    (23:24) Rafagast: siento haber halbado tanto

    (23:25) Toru: No, no, no te preocupes, es que he caído ahora en un par dee cosas que no he dicho y pueden ser interesantes. ^^

    (23:25) Bill Red: sin problema, me lo puedes decir ahora, que luego lo camuflo más arriba Nota del editor para el entrevistador: "Puto mentiroso".
    (23:25) Bill Red: y quedo rebién (etjem)

    (23:25) Toru: Cuando trabajas con guionista, al principio, no son TUS personajes, son SUS personajes, es distinto que cuando tú misma participas en el proceso de creación.
    (23:26) Toru: Pero cuando los trabajas durante un tiempo los vas haciendo tuyos, hasta que sientes que son también TUS personajes, que los has creado tú también, y eso es muy importante.
    (23:28) Toru: Además, de los de la Librería estoy especialmente orgullosa de su diseño. Pienso que el diseño de los personajes es muy importante, pero en este me lo he tomado especialmente en serio, o sería que he aplicado cosas que en anteriores proyectos no sabía, y me he preocupado por primera vez de que no sólo tuvieran, digamos, ojos y peinado diferente, sino que tuvieran rasgos faciales y corporales
    (23:28) Toru: diferentes
    (23:28) Toru: y todos estos rasgos son por razones concretas (o casi todos, no tengo explicación para la nariz de Sauron xD)

    (23:29) Bill Red: eh, esa nariz mola
    (23:29) Bill Red: la verdad es que se nota el trabajo empleado en ellos

    (23:29) Rafagast: es un tipo de nariz ganchuda creo recordar ¿no?

    (23:30) Bill Red: yo diría nariz prominente

    (23:30) Toru: (a que sí? xD) Por ejemplo, a Rafa le sorprendió que hiciera a Sauron que estuviese 'bueno' pero la razón no es para atraer a las féminas, sino que pensé que qué sentido tenía un librero que te amenaza con un bate de béisbol si no puede partirte la cara. Vale que no sea un culturista, pero sí que esté en buena forma, para que sea algo imponente. A Ghoul en su papel nadie se lo habría tomado en
    (23:30) Toru: serio xD
    (23:31) Toru: Ghoul, por cierto, es del que estoy más orgullosa.
    (23:31) Toru: :) Todo en él, su constitución, su postura, el gesto de meterse las manos en los bolsillos, está pensado.

    (23:31) Rafagast: lo de sauron me recuerda al dia del desnudo webcomiquero

    (23:32) Rafagast: lo sacamos en plan full monty con un cartel de la libreria

    (23:33) Toru: Sería gracioso ver una versión de Ghoul tras haber pasado por una sesión de barbero (bien afeitado y con un pelado en condiciones), tras 8h de sueño, tras un mes de comer bien y de darle un poco el sol y andando derecho. Parecería otro xD

    (23:34) Bill Red: y con ropa nueva, se te olvida la coña, jeejejje
    (23:34) Bill Red: la verdad es que como he apuntado antes, Ghoul, es uno de los que más me gustan

    (23:34) Toru: Y con ropa nueva xD Pero ya incluso con la ropa que lleva parecería otro

    (23:34) Bill Red: jajajajjaa

    (23:34) Toru: Y Elisabel... bueno, hasta que di con la tecla fue un quebradero de cabeza xD
    (23:35) Toru: Hasta que se me ocurrió la maravillosa idea de ponerle el pelo corto xD
    (23:35) Toru: Mmmm ¿lo del pelo y los ojos negros fue idea tuya o mía, Rafa?

    (23:35) Rafagast: habia una coña
    (23:35) Rafagast: (no me acuerdo=
    (23:35) Rafagast: en fin
    (23:35) Rafagast: habia una coña
    (23:36) Rafagast: de un amigo nuestro
    (23:36) Rafagast: o fue tuya
    (23:36) Rafagast: el caso fue que hacemos para avisar del paron ¿una imagen, tal, Elisabel en bikini?
    (23:36) Rafagast: y llegamos a la conclusion
    (23:36) Rafagast: que Elisabel en bikini
    (23:36) Rafagast: era la solucion para todo

    (23:36) Toru: xD
    (23:38) Toru: Lo de los ojos negros... es por una cosa que leí en el Cómo Dibujar Anime de Norma Editorial y que se me quedó xD Que unos iris negros y grandes expresan una voluntad fuerte (si mal no recuerdo) pero a la vez una mirada pura como la de un niño
    (23:38) Toru: me gustó, y desde entonces siempre lo tnego en cuenta

    (23:38) Rafagast: el pelo negro
    (23:38) Rafagast: creo que era desde el principio asi

    (23:38) Toru: posiblemente
    (23:38) Toru: la verdad es que le pega
    (23:39) Toru: oh, pero este personaje sí que está un poco inspirado en otro ¿no?

    (23:39) Rafagast: no mucho
    (23:39) Rafagast: un poco
    (23:39) Rafagast: tal vez

    (23:39) Toru: Cuando me la describiste me pusiste de ejemplo a la Muerte de Neil Gaiman.
    (23:40) Toru: No quiero decir que sea una copia ni nada por el estilo, ya me cuidé de eso, sino que era una pequeña referencia para ver el estilo que llevaría

    (23:40) Rafagast: lo de la muerte por otra cosa
    (23:40) Rafagast: que no voy a mencionar
    (23:40) Rafagast: tu sabes por que

    (23:40) Toru: ya, ya

    (23:40) Bill Red: cielos, cuánto spoiler hay flotando en el ambiente

    (23:41) Toru: xD jajja
    (23:41) Toru: es que la Librería tiene mucha miga
    (23:41) Toru: mucha más de la que parece, sobre todo para ser una serie de humor

    (23:42) Rafagast: mas que humor, es una serie de personajes humanos con vida mundanas

    (23:42) Bill Red: jejejejjee
    (23:42) Bill Red: hay una cosilla

    (23:42) Rafagast: si?

    (23:42) Bill Red: es un detalle en el que no me he fijado hasta ahora
    (23:42) Bill Red: que de un día para otro, los personajes cambian de vestuario

    (23:42) Toru: (voy por mi tortilla)
    (23:42) Toru: ah, si

    (23:42) Bill Red: siguen sus pautas, pero se cambian
    (23:42) Bill Red: voy a llorar de alegría

    (23:43) Toru: es para marcar 1) el realismo xD 2) el cambio de un día a otro xD

    (23:43) Rafagast: si
    (23:43) Rafagast: me acabo de acordar
    (23:43) Rafagast: cuando te dije Toru del personaje femenino
    (23:43) Rafagast: y me dijistes "¿PUEDO JUGAR A LOS VESTIDITOS?" en el sentido de dibujarle ropa bonita
    (23:44) Rafagast: y yo me quede en plan de "¿Como le digo ahora que no?"

    (23:44) Toru: xD jajajja

    (23:44) Rafagast: pero es verdad, cambian de ropa
    (23:44) Rafagast: no son los simpson
    (23:44) Rafagast: o Pepper Ann ¿no se si alguien recordara esa serie?

    (23:44) Toru: pero en realidad ahora me gusta más diseñar la ropa de Elisabel con el estilo que tiene que con el que le iba a poner en un principio xD

    (23:45) Bill Red: uh
    (23:45) Bill Red: qué estilo le ibas a poner en un principio?

    (23:45) Toru: xD algún día puedo subir el primer boceto
    (23:46) Toru: Gótica pero más a lo Gothic Lolita, con vestidos, corsés, coletas y tal
    (23:46) Toru: la verdad es que no había entendido bien el concepto del personaje xD
    (23:46) Toru: no habría funcionado, no cuadraba

    (23:46) Rafagast: no
    (23:46) Rafagast: es lo que decia antes
    (23:47) Rafagast: los personjes siguen una pautas de comportamiento
    (23:47) Rafagast: tiene una vision de si mismos y de la realidad
    (23:47) Rafagast: la de Elisabel mas o menos se explica es uno de esos guiones de los que hablabamos antes
    (23:49) Rafagast: de los que se podrian publicar en papel
    (23:49) Rafagast: ¿seguis ahi?

    (23:49) Bill Red: me mola más el estilo de vestir actual (no se me ha encendido esto, diablous)

    (23:50) Toru: a mí tb, en realidad
    (23:50) Toru: o será porque ya le he cogido mucho cariño a elisabel tal como es ahora

    (23:50) Bill Red: jajajaja
    (23:51) Bill Red: en general hemos visto que Ghoul es un vago irredento y tacaño supremo
    (23:51) Bill Red: Sauron... bueno, es sauron pero sin ser el señor del mal y dispones de millares de orcos
    (23:51) Bill Red: de qué forma ve la vida Elisabel?

    (23:52) Rafagast: (nota aparte: a Sauron le puse ese nombre por una profesora mia del insti con la que era imposible copiarse, era el ojo que todo lo ve. FIN DEL INCISO)
    (23:52) Rafagast: y Elisabel
    (23:53) Rafagast: no seria el mayor de los spoiler, pero creo que traremos su forma de ver la vida en tiras no muy lejanas

    (23:53) Toru: ah si?
    (23:53) Toru: xD

    (23:54) Bill Red: aguas

    (23:54) Rafagast: si
    (23:54) Rafagast: no te comente el guion que saque tras escuchar una cancion de Tim Minchin?

    (23:55) Bill Red: Tim Minchin...
    (23:55) Bill Red: suena...
    (23:55) Bill Red: joder, no identifico a qué suena

    (23:55) Toru: igual sí

    (23:55) Bill Red: pero con ese nombre, el guión ha de ser interesante

    (23:55) Rafagast: pon en You Tube Rock and Roll Nerd subtitulada
    (23:55) Rafagast: y te hecharas unas risas
    (23:56) Rafagast: cualquier cosa suya te echaras unas risas
    (23:56) Rafagast: pero es la mas conocida, su mitica cancion
    (23:57) Rafagast: http://www.youtube.com/watch?v=heJpPa9-be4

    (23:57) Bill Red: diox, las pintas prometen

    (23:58) Rafagast: (gente, son las 12, no he cenado y mañana madrugo)

    (23:58) Toru: si, yo estoy cenando mientras
    (23:58) Toru: algo más, willem?

    (23:58) Bill Red: bueno, pues poco más, la verda
    (23:59) Bill Red: llevamos tres horacas,
    (23:59) Bill Red: que se me han pasado volando la verdad

    (23:59) Toru: xD

    (23:59) Bill Red: aunque ahora que acabo de ver el reloj me he quedado flipau
    (0:00) Bill Red: bueno, pues la podemos dar por finalizada por acá, que tengo un buen tocho para publicar

    (0:00) Toru: sip xD
    (0:00) Toru: no sé quién se lo va a leer, la verdad
    (0:00) Toru: xD

    (0:00) Rafagast: nos alegramos a ver sido utiles

    (0:00) Toru: si, eso sí
    (0:00) Toru: ^^

    (0:01) Bill Red: jejejje
    (0:01) Bill Red: bueno, la verdad es que he disfrutado mucho de la entrevista (y de paso, ya tengo nuevas lecturas, jejeje)

    (0:01) Toru: ^^
    (0:01) Toru: pues me alegro mucho

    (0:01) Bill Red: en cuánto termine de editarla y montarla, os la enviaré para que déis el visto bueno

    (0:02) Rafagast: ok

    (0:02) Toru: okii

    (0:02) Rafagast: tienes mi mail ¿el de toru?

    (0:02) Bill Red: si, el tuyo lo tengo
    (0:02) Bill Red: el de toru..
    (0:02) Bill Red: eh
    (0:02) Bill Red: a ver si msn sigue dejando el pillarlo de esta ventanita

    (0:02) Toru: (Correo oculto)

    (0:03) Bill Red: vale, gracias
    (0:03) Bill Red: porque ni me sale desplegable ni na
    (0:03) Bill Red: perfecto
    (0:03) Bill Red: bueno, pues voy a ir cerrando ya, que también debería pillar catre, que mañana hay faena

    (0:04) Rafagast: gente me voy a ver si hago algo para cenar
    (0:04) Rafagast: ok
    (0:04) Rafagast: yo tambien mañana madrugo

    (0:04) Toru: pues hale, buenas noches y muchas gracias ^^

    (0:04) Bill Red: muy buenas noches y gracias a vosotros, nos leemos por Subcultura!

    (0:04) Rafagast: muchas gracias a ti

    (0:05) Toru: sii!


    Y hasta aquí. Después de meses de problemas técnicos y de salud y técnicos y divinos, os he podido publicar la entrevista más extensa y compleja que he realizado hasta la fecha. Me divertí mucho realizándola. Lo malo es que al día siguiente explotó mi disco duro, pero por fin está aquí, publicada y pobremente editada. Mejor le doy al botoncito ya, antes de que estalle el monitor o algo.

    (Justo antes de darle al botoncito, le he dado al botón de retroceder del ratón y he estado riéndo histéricamente durante un rato. Menos mal que ésto, de alguna manera, se guarda).
  • La Senda del Interrogador. Toru y Rafagast (2 de 3)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 07/03/2012
    Bien, vuelvo a estar frenético, lo cual es bueno. Pero desciende mi nivel de atención, lo cual es malo.
    Pero estoy más activo, lo cual es bueno.
    Pero no me doy cuenta de pequeños errores, lo cual es malo.
    Pero también puedo hacer más cosas más deprisa, lo cual es bueno.
    Pero las hago de ojete, lo cual es malo.
    Estoy desvariando, lo cual... Lo cual... Cual.

    (22:07) Bill Red: Sauron es que tiene ese estilo de tio guay
    (22:07) Bill Red: de pavo al que aprecias y odias al mismo tiempo
    (22:07) Bill Red: Ghoul es... adorable

    (22:07) Toru: xD

    (22:07) Rafagast: depende de tu concepto de tio guay

    (22:07) Toru: ¿¿Sí, no??

    (22:07) Rafagast: a ver

    (22:07) Toru: Nunca pensé que alguien diría eso de Ghoul
    (22:07) Toru: (aparte de mí, que soy su mamá xD)

    (22:07) Rafagast: tu misma lo dijistes
    (22:08) Rafagast: me cuesta explicar cosas sobre cada personaje
    (22:08) Rafagast: sin dar un spoiler
    (22:08) Rafagast: en mayusculas

    (22:08) Toru: ¡¡Chss!!
    (22:08) Toru: Pues a callar.
    (22:08) Toru: xD

    (22:08) Bill Red: eh eh, de spoiler nada, que luego me tiran piedras por incitaros

    (22:08) Rafagast: te puedo decir que Sauron es de una manera por una razon

    (22:09) Bill Red: bueno, es dueño de una librería especializada

    (22:09) Rafagast: si bueno, todos hemos visto al dependiente de la tienda de comics de los simpsons (xd)

    (22:10) Toru: (y algún ejemplo real que yo me sé)
    (22:10) Toru: (no sé si estarás pensando en el mismo que yo xD)
    (22:10) Toru: (es el prototipo, pero en carne y hueso)

    (22:10) Rafagast: mmm ahora mismo no caigo
    (22:11) Rafagast: bueno, el caso es que cuando empece a escribir la libreria empece a escribir coñas que se me iban ocurriendo
    (22:11) Rafagast: pero poco a poco los personajes fueron cogiendo forma vida propia
    (22:12) Rafagast: empece a preguntarme cosas en plan "¿por que deberia decir tal?" o "¿por que estan unidos ester par de capullos?"
    (22:13) Rafagast: la tira en la que Ghoul le cuenta a Sauron una movida de pelea que tubo con su madre no esta ahi por que si
    (22:13) Rafagast: los personajes tienen vida propia, pasado, familia

    (22:13) Toru: :) Eso está muy bien

    (22:13) Rafagast: que poco a poco se iria descubriendo
    (22:13) Rafagast: pero lo dicho, no se si contar mas, porque me arriesgo a que se me escape algo

    (22:14) Toru: Es una de las cosas que hace que la Librería me guste tanto.

    (22:14) Bill Red: uhm...
    (22:14) Bill Red: eso como prefieras
    (22:14) Bill Red: los spoilers los puedo eliminar

    (22:14) Toru: No cuentes nada >.<

    (22:14) Bill Red: pero cargará en tu conciencia que me has reventado la historia

    (22:15) Rafagast: si contara algo tendria que matarte

    (22:15) Bill Red: uoh
    (22:15) Bill Red: sé correr muy rápido

    (22:15) Rafagast: eso me recuerda una cosa que no se si hare o no

    (22:17) Bill Red: spinoff?

    (22:18) Rafagast: tal vez, no lo se, a lo mejor la historia que tengo en mente la meto directamente en la libreria

    (22:19) Toru: ¿lo qué? O.o

    (22:19) Rafagast: ya veremos, de momento tenemos mucha leña que quemar hasta que nos plantemos eso
    (22:19) Rafagast: sobre si hago o no un spin off de Ghoul
    (22:20) Rafagast: y cierto personaje que todavia no ha salido (Spoiler Spoiler)

    (22:20) Toru: oooooooooooh, ya sé lo que es :D
    (22:20) Toru: mm para cuando salga y leyendo entre líneas has hecho un posible espoiler, eh
    (22:21) Toru: que no hay tantos personajes en este cómic... ¬¬U

    (22:21) Bill Red: JAJAJAJJAAJJAA

    (22:21) Rafagast: yo queria meter dos mas pero no querias

    (22:21) Bill Red: (van diez a que sale la madre, aunuqe me lleve un pedrazo)

    (22:21) Rafagast: no te digo ni si ni no
    (22:21) Rafagast: ya lo veras

    (22:22) Bill Red: oks
    (22:22) Bill Red: (si eso, esto lo dejaré estar, que las piedras duelen)
    (22:23) Bill Red: os habéis planteado publicar en papel alguna vez?

    (22:24) Toru: Mmm en principio la Librería está pensada para ser un webcómic, no creo que llegue a verse en papel, por varias razones, incluidas técnicas
    (22:25) Toru: y... no sé, por formato, nivel y todo... no creo que llegue a publicarse
    (22:25) Toru: Aunque yo no le haría ascos, ¡faltaría más!
    (22:26) Toru: Es simplemente que ya estoy contenta y satisfecha con que se esté dibujando y publicando, a secas.

    (22:24) Rafagast: mi novia y un amigo mio me lo han sugerido bastantes veces
    (22:24) Rafagast: yo no sabria que decirte
    (22:24) Rafagast: de momento tenemos poco material
    (22:25) Rafagast: insuficiente para publicarse
    (22:25) Rafagast: si se hiciera todavia creo que le queda un par de años
    (22:25) Rafagast: aunque cosas cortas y puntuales?

    (22:26) Rafagast: en plan una tira en una revista o en weezine?
    (22:26) Rafagast: no se

    (22:26) Toru: Oh, eso seguro!

    (22:27) Rafagast: yo de momento me preocupa mas avanzar argumentalmente la historia
    (22:27) Rafagast: mas que publicar en papel
    (22:27) Rafagast: por lo menos ahora

    (22:27) Toru: De hecho, hay por lo menos dos guiones, uno ya storyboardeado que se podrían publicar de forma puntual en papel, si recuerdas
    (22:27) Toru: de una página cada

    (22:27) Rafagast: sip
    (22:27) Rafagast: y una de ella es SPOILER duro
    (22:27) Rafagast: la otra no tanto

    (22:28) Bill Red: vaya

    (22:28) Toru: sip

    (22:28) Bill Red: bueno, sí, la verdad es que a la hora de publicar en papel, me refería a un libro de tiras

    (22:28) Toru: De la Librería, no creo.
    (22:29) Toru: Aunque si pudiera realizarse, yo por mí encantada xD, Pero no creo.

    (22:30) Rafagast: Yo pienso que se si hiciera, no seriamos carne de Nobel pero cosas peores se habran hecho

    (22:30) Toru: hombre, eso seguro xD

    (22:31) Rafagast: ahora acabo de pensar en algo en lo que se podria meter a todo el panorama del comic español
    (22:31) Rafagast: es como si hubiera una especie de "falta de ambición"
    (22:32) Rafagast: se tira a por lo seguro y nadie se preocupa en hacer una obra al estilo "Watchmen" o algo por el estilo

    (22:32) Bill Red: eso es bien cierto

    (22:32) Toru: sólo en el mundo del cómic?

    (22:33) Rafagast: bueno

    (22:33) Toru: That's Spain for you.

    (22:33) Bill Red: bueno, en general en los medios españoles se suele producir lo mismo
    (22:33) Bill Red: sea cómic, pelis o música

    (22:33) Rafagast: el cine tampoco digamos que es para tirar cohetes
    (22:33) Rafagast: no pero hay gente que sale de la media
    (22:33) Rafagast: pero no se le hace ni puto caso
    (22:34) Rafagast: tenemos algunos españoles que han ganado el novel
    (22:34) Rafagast: tenemos a Ramoni Cajal en el campo de la ciencia
    (22:34) Rafagast: pero siempre nos quedamos en la españa de la pandereta

    (22:34) Toru: Buff, mira, este tema da para hablar largo y tendido, pero creo que nos estamos yendo por las ramas, eh.

    (22:35) Bill Red: ecco
    (22:35) Bill Red: eso para cuándo monte las entrevistas de circos:D
    (22:35) Bill Red: jejejeje

    (22:35) Rafagast: yo soy mas de Quintero

    (22:36) Bill Red: bueno, en otra dirección...
    (22:37) Bill Red: generalmente, las historias que hacéis (tanto escritas como dibujadas) son en clave de humor?
    (22:37) Bill Red: u os gusta diversificar?

    (22:37) Rafagast: Toru las damas primero

    (22:37) Toru: Gracias ^^.

    (22:38) Rafagast: cuando acabes voy yo

    (22:38) Toru: No, de hecho es la primera de humor que hago, creo.
    (22:38) Toru: Bueno, empecé con mi otra dibujante otras tiras cómicas, pero... no llegaron a nada, hicimos una o dos.
    (22:39) Toru: Sí que me gusta la diversidad, aunque... creo que con ella solemos hacer cosas bastante oscuras de una forma u otra xD
    (22:39) Toru: Creo que no tengo mucho más que decir... :<
    (22:39) Toru: Le cedo la palabra al caballero.

    (22:39) Rafagast: Gracias
    (22:40) Rafagast: A ver de momento, todo lo que he hecho en el comic es de humor, pero no trabajo solo el humor
    (22:40) Rafagast: de hecho, es el genero que mas me cuesta
    (22:40) Rafagast: muchas cosas pueden parecerme graciosas, pero la mayoria de la gente no
    (22:41) Rafagast: tengo una par de guiones empezados de ciencia ficcion y fantasia, asi como ideas en el tintero
    (22:41) Rafagast: y relatos sobre terror, fantasia, ciencia ficción

    (22:41) Toru: Ah, pero a ti se te suelen ocurrir cosas graciosas, Rafa.

    (22:42) Rafagast: si, me suelen ocurrir, pero dudo mucho que me pueda ganar la vida de comico
    (22:43) Rafagast: tambien es que lo poco que llevo es de humor, tal vez deberia hacer otro proyecto saliendome de el humor
    (22:43) Rafagast: para no encasillarme
    (22:43) Rafagast: en mi blog no tengo mucho, pero la gente que me lee podra ver que no solo escribo sobre humor
    (22:44) Rafagast: tengo un relato de terror que no se publicarlo en mi blog o buscar un concurso de relatos y presentarlo

    (22:44) Toru: Haz lo segundo, y si no cuela, pues lo publicas en el blog
    (22:44) Toru: Eso pienso más o menos hacemos nosotras con los cómics :<

    (22:44) Bill Red: esa es una buena idea

    (22:44) Toru: Se manda a ver si cuela.
    (22:45) Toru: Y si no ya se le buscará una utilidad.

    (22:45) Rafagast: esto me recuerda
    (22:45) Rafagast: que tenemos pendiente un proyecto de fantasmas

    (22:45) Toru: Hostia!
    (22:46) Toru: Tirado lo tengo por ahí, totalmente olvidado.
    (22:46) Toru: (tirado figurativamente
    (22:46) Toru: )

    (22:46) Bill Red: pero fantasmas?
    (22:46) Bill Red: cazadores de?
    (22:47) Bill Red: o sobre los propios muertos?

    (22:47) Toru: No, no, se trata de un proyecto que se me ocurrió hace un tiempo
    (22:47) Toru: por mero amor al arte
    (22:47) Toru: Era una serie de relatos cortos titulada 'Historias de Fantasmas'
    (22:47) Toru: Empecé escribiéndo yo algunos que se me ocurrieron
    (22:48) Toru: (surgió a raíz de que se me habían ocurrido dos o tres historias de fantasmas)
    (22:48) Toru: y luego empecé a pedirle a más gente que me escribiera relatos. Hasta tenemos uno o dos poemas.
    (22:48) Toru: Y luego yo los ilustraría y montaría
    (22:48) Toru: La clave está
    (22:49) Toru: en que tienen que ser historias relacionadas con los fantasmas de cualquier forma, PERO no puede ser un enfoque tradicional.
    (22:49) Toru: Por su forma, contenido, temática... tienen que tener algo que se salga de lo típico.
    (22:50) Toru: Al final, bueno, tengo bastantes relatos, me faltan las ilustraciones, que no he hecho ni una xD
    (22:50) Toru: No estaría mal retomarlo
    (22:50) Toru: Los relatos están chulos, dentro del nivel en el que nos podamos mover.

    (22:51) Bill Red: pues estaría bien verlos, si
    (22:51) Bill Red: de qué autores soléis beber?

    (22:52) Rafagast: ¿empiezas tu o yo?

    (22:52) Toru: (Empieza tú y luego voy yo, si quieres ^^)
    (22:52) Toru: (mientras no me saltes xD)

    (22:53) Rafagast: bueno, pues te diria que la lista es jodidamente larga
    (22:54) Rafagast: me gusta los clasicos como Edgar Alan Poe, Borges, Lovecraft y algunos de la nueva ola como Alan Moore, Neil Gaiman, Terry Pratchet y Michael Moorcook
    (22:54) Rafagast: el problema es que se demasiado de literatura
    (22:54) Rafagast: si empiezo a escribir una cosa
    (22:54) Rafagast: ya veo rapidamente los antecendentes
    (22:55) Rafagast: por ejemplo tengo pendiente una historia sobre "algo" que convierte a la gente psicopatas
    (22:56) Rafagast: y ya veo la referencia a Stevenson (El extraño caso de Dr Jeckly y Mr Hide)
    (22:57) Rafagast: tengo mucha informacion en mi cabeza y rapicamente la enlazo
    (22:57) Rafagast: ahora bien
    (22:57) Rafagast: en la libreria
    (22:57) Rafagast: bebo expecialmente de dos
    (22:57) Rafagast: Kevin Smith
    (22:57) Rafagast: y Cels Piñols
    (22:57) Rafagast: Toru, tu turno

    (22:58) Toru: A ver
    (22:58) Toru: En cuanto a dibujo, puede verse que dibujo claramente en estilo manga (aunque últimamente he estado probando estilos diferentes), así que la mayor parte de mis influencias son de autores de manga, creo.
    (23:00) Toru: Como me fijo en todo lo que veo y lo voy incorporando y asimilando, a veces es difícil saber de dónde me vienen las influencias, aunque obviamente unos autores me han dejado más huella que otros.
    (23:01) Toru: Yo empecé dibujando con las Clamp, así que probablemente siempre quede un poco de ellas en mí, no lo sé. También me influencié un poco por Yukiru Sugisaki (DNAngel, serie que sigo (cuando la autora la sigue ella misma, vamos)). Ahora igual hasta me encontráis alguna influencia de Eiichiro Oda (One Piece) xD
    (23:02) Toru: Es que ahora estoy enganchada a One Piece, por ejemplo, pues si veo algo que no sé hacer, como una expresión, pues me fijo en cómo está hecha. Eso lo he hecho siempre, es un buen método para aprender.
    (23:03) Toru: En cuanto a color, sin embargo, he aprendido prácticamente todo lo que sé de mi maestro Salvador Fajardo Contreras, pintor granadino a cuyas clases he asistido durante... pues media vida, ahora que echo cuentas xD
    (23:03) Toru: Mmmm ¿más influencias? Tengo la sensación de que me dejo algo importante...
    (23:04) Toru: Bueno, eso es lo principal que se me ocurre ahora mismo. Manga y Salvador. Cómo Dibujar Manga. Qué libros más grandes :)
    (23:05) Toru: ¿Debo hablar de mi panteón particular de dioses? xD
    (23:06) Toru: (creo que ya os habéis muerto de aburrimiento al leer sobre influencias pictóricas xD ¿vivís?)

    (23:06) Bill Red: nopes
    (23:06) Bill Red: o sea
    (23:06) Bill Red: (nopes)
    (23:06) Bill Red: puedes hablarnos sobre el panteón
    (23:06) Bill Red: jjejeje

    (23:06) Toru: OK :)
    (23:07) Toru: Es que tengo algunos artistas a los que admiro especialmente y de los que trato de fijarme e imitarlos y aprender todo lo que pueda.
    (23:07) Toru: Los llamo en broma mis "dioses" xD
    (23:08) Toru: Por ahora tengo dos autoras de webcómic y uno de manga, uno que nunca estoy segura sobre si incluir o no, que es el dibujante de Gorillaz.
    (23:10) Toru: Las autoras son Der Shing Helmer (The Meek) y Ashley Witter (Scorch y Reign of Aeodatus). El autor de manga es Yoshitoshi ABe (diseño de Serial Experiments Lain y Niea7), fue mi primer "Dios" y su color siempre me ha dejado boquiabierta. Lo que daría por poder ser su aprendiz o algo *o*. Afortunadamente, ahora cuelga vídeos de cómo colorea en su blog ;)
    (23:10) Toru: Eso me ha hecho inmensamente feliz :D
    (23:11) Toru: A Der Shing la admiro por todo xD Ojalá pudiera ser como ella. Y a Ashley Witter... también la admiro por todo, pero especialmente por su versatilidad y por su técnica en Scorch (de la que, afortunadamente, ha colgado un tutorial en su DA que ya he probado y es ¡geniaaal! :D)

    (23:12) Bill Red: jejejejejee

    (23:12) Toru: Pues esas son mis influencias pasadas, presentes y algunas de las futuras xD Hale.

    (23:12) Bill Red: toma ya
    (23:12) Bill Red: bueno, la verdad es que esto está molando, lo de hacerlo con dos
    (23:13) Bill Red: no tengo que conducir na de na:D

    (23:13) Toru: (espero que no se haga muy pesado xD)
    (23:13) Bill Red: (en absoluto, aunque la gente no se lo crea, me lo paso bien haciendo esto)

    (23:13) Rafagast: (me alegro que te lo pases bien)

    (23:13) Bill Red: (gracias)



    Hasta aquí la segunda parte de ésta gran entrevista. Sé que es un poco pesado leer sin apenas editar (he reordenado algunas frases para que no se os crucen conversaciones (uhm... Déjà vu)). Espero que la disfrutéis y no se os haga muy pesado por la pobre edición. Mañana supongo que vendrá la siguiente (dudo que desaparezca antes).
  • La Senda del Interrogador. Toru y Rafagast (1 de 3)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 07/03/2012
    Con una falta de profesionalidad que te rilas, os traigo la entrevista para la Senda del Interrogador realizada a Rafagast y a Toru

    Siento no haberla podido arreglar, pero ya sabéis cómo va mi pc últimamente. (Yo soy Bill Red). Casi mejor me tiro un ratete en la cama, que la migraña apura.



    (21:25) Toru: Hola! ^^

    (21:25) Bill Red: vale
    (21:25) Bill Red: cosa más rara
    (21:25) Bill Red: muy buenas!

    (21:25) Toru: ¡Buenas! ^^

    (21:25) Rafagast: la he liado mucho?

    (21:25) Bill Red: nopes
    (21:25) Bill Red: o le ha costado aparecer a la ventanita
    (21:26) Bill Red: o no se yo que que se yo

    (21:26) Rafagast: bueno
    (21:26) Rafagast: yo estoy listo
    (21:26) Rafagast: ¿estas lista?

    (21:26) Toru: sip
    (21:26) Toru: :3

    (21:26) Toru: qué nervios >.<

    (21:27) Bill Red: bueno
    (21:27) Bill Red: la verdad es que es la primera vez que tengo a dos entrevistados a la vez
    (21:27) Bill Red: así que sed buinos

    (21:28) Toru: chi!

    (21:28) Rafagast: jo ¿y ahora que hago con los petardos?

    (21:28) Toru: yo siempre soy de eso

    (21:28) Rafagast: (yo no)

    (21:29) Rafagast: (es broma, es broma)

    (21:29) Toru: (si, claro...)

    (21:29) Bill Red: buenorl
    (21:29) Bill Red: más o menos cuándo llegásteis a subcultura?

    (21:30) Rafagast: respondes tu o yo?

    (21:30) Toru: nu sé, que responda el más rápido xD!
    (21:30) Toru: o los dos
    (21:30) Toru: nu sé, que responda el más rápido xD!

    (21:30) Rafagast: no se ahi cosas que da igual quien responda

    (21:30) Toru: Cuando trasladamos La Librería del servidor que se cayó
    (21:30) Toru: al menos, ahí me registré yo

    (21:31) Rafagast: al parecer yo ya estaba registrado
    (21:31) Rafagast: no recuerdo cuando me registre
    (21:31) Rafagast: pero mi alias y mi contraseña habitual funcionaban

    (21:31) Toru: el 28 de mayo de este año publicamos la primera tira, pues sería por esas fechas
    (21:32) Toru: Rafa, aunque estuvieras registrado de antes, pero ¿participabas?

    (21:32) Rafagast: creo que no
    (21:32) Rafagast: a ver leia webcomic
    (21:32) Rafagast: pero no usaba el perfil

    (21:32) Toru: Yo, por ejemplo, la conocía de antes, que leía Es un mundo pequeño, pero no estaba registrada

    (21:32) Bill Red: oh

    (21:33) Toru: (Luego desbrozarás y resumirás esto, ¿no, Willem? xD Que si no no va a haber Dios que se lo lea xD)

    (21:33) Bill Red: (pueeees, esa es la idea, aunque me da que no sé que zonas podaré:D)
    (21:34) Bill Red: (creo que sin duda va a ser la más larga)

    (21:34) Toru: (el doble de gente entrevistada xD)

    (21:34) Rafagast: y yo suelo hablar por dos


    (21:34) Bill Red: jajajajajaj

    (21:35) Toru: (yo tb suelo hablar por dos... es como si entrevistaras a 4 xD)
    (21:36) Toru: Yo me registré para subir La Librería :3

    (21:36) Bill Red: puedo suponer que la Librería no es vuestro primer webcómic?

    (21:36) Toru: Sí, sí que lo es
    (21:36) Toru: No nuestro primer cómic
    (21:37) Toru: Aunque sí nuestro primer cómic juntos :)

    (21:37) Rafagast: si
    (21:37) Rafagast: es nuestro primer webcomic
    (21:37) Rafagast: bueno
    (21:37) Rafagast: yo he hecho unos pinitos antes
    (21:38) Rafagast: a ver, yo estaba con Koopa (tortugas radiactivas, 404) y Draug (Paridas en la guarida) en una asociacion llamada ACANE (Asociacion de Comiqueros Asociales con Nombre a Especificar)

    (21:38) Toru: ah si???

    (21:38) Rafagast: que intentabamos hacer comics homenajes a Fanhunter sobre todo

    (21:39) Bill Red: (os juro que esta conversación va directa y sin recortar, versión extendida rulz)
    (21:39) Bill Red: (aunque sea por entregas)

    (21:39) Rafagast: ACANE no vio mas de dos años creo recordar (tengo mala memoria para calcular periodos de tiempo)
    (21:40) Rafagast: hay participe en un par de homenajes a Adrik el dibujante de Fanjanter el plagio definitivo y el Redux de la batalla de Monjuic (Fanhunter)

    (21:40) Bill Red: ¿Cómo es que cerró la asociación? (si no es indiscreción)

    (21:40) Rafagast: Creo que fue por que eramos unos huevones
    (21:41) Rafagast: muy pasivos y muchos proyectos, no eramos productivos
    (21:41) Rafagast: habia una coña que era para que ACANE moviera el culo a Adrik le tenia que pasar algo
    (21:42) Rafagast: y era cierto el primer homenaje fue porque decia que se retiraba de los fanzines y el segundo porque tubo un accidente de trafico
    (21:42) Rafagast: tambien hay un homenaje inedito a Alejo, un personaje de Fanjanter
    (21:42) Rafagast: independientemente de ACANE
    (21:42) Rafagast: hice tambien pinitos con Koopa y Draug
    (21:43) Rafagast: escribi un par de tiras de Tortugas radiactivas

    (21:43) Toru: ah si? esas quiero verlas :3

    (21:43) Rafagast: y una de Paridas en la Guarida (Epic Porn)
    (21:43) Rafagast: y sali en ambas series

    (21:43) Toru: es verdad xD

    (21:43) Rafagast: las de Tortugas radiactivas tengo pendiente pedirselas a Koopa por si aun las tiene

    (21:44) Bill Red: caramba si que tienes trabajo a las espaldas

    (21:44) Rafagast: si, pero no fue nunca algo seriado, continuo o propio
    (21:45) Rafagast: eran pequeñas cosas en las que hacia pequeñas coñas o chistes sobre series de otra gente (Cels Piñol, Adrik, Koopa y Draug)
    (21:45) Rafagast: es algo que me suele pasar mucho
    (21:45) Rafagast: leo una novela, un comic, o veo una serie y pienso "coño, si fuera el guionista haria tal cosa"
    (21:46) Rafagast: La libreria en cambio es mi propia serie con trama y personajes creados por mi
    (21:46) Rafagast: y por Toru en el aspecto grafico

    (21:46) Toru: chi! :D

    (21:47) Rafagast: antes hacia peñas cosas exporadicas
    (21:48) Rafagast: esto es mas trabajo por asi decirlo

    (21:48) Toru: Es el primer proyecto largo que estoy sacando adelante yo también xD
    (21:48) Toru: Nunca había hecho tantas páginas de nada :)

    (21:48) Bill Red: antes que habías hecho?

    (21:49) Toru: Bueno, yo he hecho o intentado hacer cómics desde pequeñita.
    (21:49) Toru: Pero, principalmente, que hayan llegado a algo he hecho unos tres cómics cortos para concursos, el más largo de... ¿5 páginas?
    (21:50) Toru: La mayor parte de ellos con mi mejor amiga como guionista. Antes éramos 3, pero ahora sólo somos dos.
    (21:51) Toru: Aparte de los que hemos terminado hemos llegado a empezar dos proyectos cortos más y uno muy muy largo con el que aún seguimos.
    (21:51) Toru: Pero vamos, el largo lleva años en fase de guionizaje.
    (21:51) Toru: Porque los requiere.

    (21:51) Rafagast: Yo de comic lo que he dicho antes
    (21:51) Rafagast: Porque me pasa algo, que al parecer tambien le paso a Alan Moore
    (21:51) Rafagast: queria hacer comics, pero como dibujaba mal se dedico solo a los guiones
    (21:52) Rafagast: a mi me pasa un poco lo mismo, intente hacer comics solo pero me falta talento en los lapices
    (21:52) Rafagast: asi que un poco me dedique a la escritura
    (21:52) Rafagast: a hacer guiones, escribir relatos ect
    (21:52) Rafagast: cada dia se me ocurre algo nuevo que escribir
    (21:53) Rafagast: tengo ideas para series, historias cortas y cosillas asi
    (21:53) Rafagast: algunas las tengo hasta empezadas

    (21:53) Toru: Y cada día lo haces mejor ^^

    (21:53) Rafagast: Toru ese es un cumplido que poco a poco me voy creyendo
    (21:53) Rafagast: que tanta gente me diga que le gusta lo que escribo solo puede significar tres cosas
    (21:54) Rafagast: 1.mucha coincidencia
    (21:54) Rafagast: 2. mucha gente con poco gusto
    (21:54) Rafagast: 3.realmente escribo bien

    (21:54) Bill Red: JAJAJAJAJAJAAJAJAAJAJAJA

    (21:54) Toru: ¿¿¿Me estás diciendo que tengo poco gusto???
    (21:54) Toru: ¬¬
    (21:54) Toru: No oses.

    (21:54) Bill Red: uoh! misiles tierra-tierra en el aire

    (21:54) Rafagast: No voy a responderte a eso porque esto lo va a leer mas gente

    (21:55) Bill Red: JAJAJAJAJA

    (21:55) Rafagast: no, no, tranquila
    (21:55) Rafagast: no digo que tengas mal gusto

    (21:55) Toru: Ah ^^.
    (21:55) Toru: Pues ya está.

    (21:55) Bill Red: bueno, antes de que alguien muera...
    (21:56) Bill Red: (cielos, me había quedado en blanco) ¿Los personajes de la Librería (concepto y aspecto) están inspirados en alguien?
    (21:56) Bill Red: porque estoy reconociendo a un par de colegas en ellos y a ver si va a ser casualidad

    (21:56) Rafagast: mmm

    (21:56) Toru: Por mi parte no, aunque el diseño está muy cuidado. En cuanto a su personalidad, que responda Rafa.

    (21:57) Rafagast: ufff
    (21:57) Rafagast: me estas metiendo en un compromiso
    (21:57) Rafagast: pero bueno
    (21:57) Rafagast: Ghoul te puedo afirmar que esta inspirado en alguien

    (21:57) Bill Red: (bueno, como digo siempre, no hay obligación de nah)

    (21:58) Rafagast: en una persona real de carne y hueso que conozco y el me conoce a mi
    (21:58) Rafagast: nunca le he dicho "tio Ghoul eres tu" ni el me ha preguntado, pero creo que si es lo suficientemente listo sabe que es el

    (21:58) Toru: :o

    (21:58) Bill Red: chaaaan! chaaaan!

    (21:59) Rafagast: una antiguo colega del instituto
    (21:59) Rafagast: Sauron
    (21:59) Rafagast: pasa una cosa muy graciosa
    (21:59) Rafagast: mucha gente que me conoce dicen que es mi "alter ego"
    (21:59) Rafagast: yo personalmente no lo veo asi

    (22:00) Toru: Mmm de carácter no, pero muchas cosas que dice sólo podrías haberlas escrito tú.

    (22:00) Rafagast: cierto que es un personaje en el que puedo poner en su boca muchas cosa que pienso o siempre he querido decir

    (22:00) Toru: Y físicamente... bueno, tiene la perilla. Pero que conste que eso fue idea tuya.

    (22:00) Bill Red: jajajaja

    (22:00) Rafagast: (bueno, yo no siempre llevo perilla=

    (22:00) Bill Red: qué es de un friki sin su perilla?

    (22:00) Rafagast: en realidad
    (22:00) Rafagast: Sauron es un personaje
    (22:01) Rafagast: que empezo a gestarse en mi mente
    (22:01) Rafagast: cuando aun iba a la escuela
    (22:01) Rafagast: y que podria relatar el proceso de creación
    (22:01) Rafagast: y llenaria un folio
    (22:01) Rafagast: o dos
    (22:01) Rafagast: el concepto de personaje no el personaje en si

    (22:01) Toru: (ya, pero... mmm no sé, te queda bien)
    (22:01) Toru: :o
    (22:01) Toru: xD Cómo nosotras con el cómic largo.

    (22:02) Bill Red: jodorl

    (22:02) Rafagast: y Elisabel...
    (22:02) Rafagast: bueno
    (22:02) Rafagast: es el personaje que es puramente abstración
    (22:02) Rafagast: no me base en alguien
    (22:02) Rafagast: no tubo un proceso de gestacion largo
    (22:03) Rafagast: surgio como una idea de algo que necesitaba
    (22:03) Rafagast: necesitaba un personaje femenino y que les diera vidilla
    (22:03) Rafagast: y en realidad encarnaba mis ideas sobre el romanticismo

    (22:03) Toru: Ja, pues su diseño gráfico costó un poquito más
    (22:03) Toru: fue la que más me costó, creo.
    (22:03) Toru: ¿Te acuerdas de la primera versión? xD No le había cogido el punto para nada

    (22:03) Rafagast: el aspecto grafico si que fue un coñazo
    (22:03) Rafagast: si si

    (22:03) Toru: Pero al final estoy muy contenta con el que tiene :)

    (22:04) Rafagast: por que en mi mente tengo que elisabel a la hora de ser o vestir
    (22:04) Rafagast: sigue unos patrones

    (22:04) Toru: Estoy muy orgullosa del diseño de estos tres personajes
    (22:04) Toru: (gráfico)

    (22:04) Rafagast: en realidad todos siguen patrones
    (22:04) Rafagast: Ghoul es la tacañeria y siempre viste ropa de segunda mano o muy usada

    (22:04) Bill Red: la verdad es que el aspecto de Ghoul me gusta especialmente
    (22:04) Bill Red: (me siento levemente reflejado)

    (22:05) Rafagast: (me asusta eso un poco)
    (22:05) Rafagast: Elisabel tiene un rollo gotico por asi decirlo, pero casi nunca enseña cacho

    (22:05) Toru: A mí también me encanta Ghoul, es del que estoy más orgullosa de su diseño ^^

    (22:05) Rafagast: la verdad cuando le gente vio a Sauron
    (22:06) Rafagast: y vi el puñado de fan femeninos que salieron pense "coño, he hemos hecho un pedazo de personaje"
    (22:06) Rafagast: cuando salio Ghoul y vi que tambien tenia publico femenino
    (22:06) Rafagast: empece a dudar del gusto de mis lectoras (xD)

    (22:06) Toru: xD jajjaaj
    (22:07) Toru: Tus lectoras (y lectores) saben apreciar un personaje bien creado al margen de su atractivo físico.


    Hasta aquí la primera parte de la entrevista. Cuándo desaparezca de la portada en subcultura subiré la siguiente, aunque en blogspot será una diaria.
  • No soy friki./

    Escrito por Vilem_Landerer el 07/03/2012
    Ni freak, ni friky ni cómo carajo queráis escribir el puto término.

    Estoy en plena escalada de migraña y además de mala leche, me trae ganas de escribir. Pura mierda irónica. En fin, dejemos que la pastilla haga su efecto y que la mala uva se diluya entre las teclas.

    Hace un tiempo, me consideraba Freak. Orgulloso de semejante título que ahora me avergüenza. No sólo era distinto a los demás (que éso lo somos todos) sino que además dedicaba mi tiempo a cosas radicalmente distintas. Escribía, jugaba a rol, jugaba a airsoft, me gustaban películas de aventuras y ópera espacial... Leía fantasía, aventuras... Bueno, leía, que para el caso, ya es raro. Los cómics me gustaban, los simuladores de vuelo y videojuegos (de pc) en general. Y la plabra friki era la forma de llamarnos a los que eran como yo. Algunos tenían aficiones distintas, pero nos dedicábamos a la nuestra con pasión.

    De pronto, comenzaron a salir a la luz personajes lamentables, tanto en televisión como dentro de nuestros propios ámbitos. ví el lado oscuro e intuí que aquello nos engulliría. Como de costumbre, la masificación corrompe lo que toca y nació el día del orgullo friki. Y ése fué el día que me rompí. No hay nada que me reviente más que ver a gente haciendo el ridículo más absoluto en nombre de algo que me gusta. Y que lo hagan de la mayoría de mis aficiones, me jodió sobremanera, hasta el punto de renegar, asqueado de todo aquello. No de las aficiones, sino del espíritu de tribu. De la palabra friki.
    No puedo cambiarlos y ni de coña me uniré a ellos. Ya no soy freak, friki o como sea, pues me siento como un homosexual normal y corriente, de los que viven su vida cómo el resto de mortales, ante la marabunta colorida del día del orgullo gay. Les compadezco, pues me siento igual, al ver que se dedican a hacer gala de precisamente los clichés y tontadas que se intentan erradicar.
    Ver a un gordo mal vestido de batman de todo a 100 por la calle, que de pronto grita "soy friki y estoy orgulloso!!!" no dan ganas de unirse a su reivindicación, sino de gritar "yo no voy con él!" Nunca he sido de expresar mis aficiones al mundo en general y la forma friki de hacerlo me gusta todavía menos que una patada en la entrepierna.
    Pero el tema ya clama al cielo cuándo vemos a esperpentos en la tele, cantantes o vacilones de manubrio cósmico, que reconocen ser frikis. Ahí hasta reniego de la raza humana, pero éso ya es otro artículo.

    Así que nada. No soy freak, de ninguna clase, sólo me dedico a mis aficiones sin que me toquen los cojones más de lo tolerable.


    P.D: ODIO ODIO ODIO ODIO Big Bang Theory. Sheldon Cooper se la carga con su sola presencia.

    P.P.D: Si has llegado hasta aquí, igual te interesa alguno de mis relatos. Pulsa aquí para verlos en su lugar original.
  • ¡No pares! ¡No mires atras! ¡Sigue corriendo! (2 de 2)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 06/03/2012
    Y aquí, por fin, la segunda parte. Ahora me dedicaré a escribir sobre otras cosas, pero antes... Antes... ¡Vuelve la Senda del Interrogador! Y volvemos por la puerta grande, con una maxientrevista realizada a Rafagast (cada vez que escribo su nombre lo compruebo, para que no me pase lo que la última vez) y Toru, en una entrevista de tres horacas. La entrevista estará dividida en varias partes, para que no os agobiéis al leer, que por desgracia, el editarla ha sido arduo y por la tontería de mi pc he perdido lo que llevaba, así que nos veréis cómo si de un directo se tratara.
    A pesar de la bochornosa cantidad de tiempo que me ha llevado publicarla.

    ¡Un saludo!

    La Senda del Aventurero. ¡Relatos cortos! ¡Novelas! ¡Entrevistas!


    Corre cómo si los demonios lo persiguieran. Y en cierto modo, es cierto. Pequeñas bocas llenas de dientes desiguales y amarillentos le pisan los talones. Ésos simos son raros en Yavin IV, pero cualquiera que se los topara en la densa jungla podría lamentarse durante el rato que tardaran en devorarlo. Chillan, excitados por la cacería, que siempre les emociona, deseosos de que se defienda, de que escape, y de que falle.
    El sudor frío le corre por la frente, pues siente casi treinta animales tras él, que se burlan y ríen cómo locos. Acaba de rebasar el perímetro que no debería haber atravesado desde un principio. En la lejanía, la oscuridad se ríe divertida de la escena, a pesar de que sabe cómo acaba y por tanto ya no tiene emoción. El joven espera que su maestro intuya lo que pasa, porque no es capaz de mandarle un mensaje de ninguna manera. Está tan aterrado que no se domina, sólo corre por puro instinto, guiado por la Fuerza.
    Salta de nuevo sobre una rama, coge una liana y se desplaza hacia arriba, tratando de despistarles, pero no cejan.Lo han pillado y va a ser imposible que lo dejen ir. Con apenas catorce años, no está tan preparado cómo creía para éso y no sabe afrontar la situación. Pero les saca ventaja. Poco a poco y sin percatarse, se aleja del grupo, deslizándose cada vez más rápido que el grueso de perseguidores. Vuelve a la superficie, pues intuye que si cae mejor que sea en el suelo, que no a varios metros de él. De la misma forma que hace tres años escapó del templo de Coruscant en pleno genocidio, ahora ignora la lógica y tan sólo deja que su cuerpo haga lo que debe. Y como hace tres años, acude en su ayuda.
    Delante de él, algo ruge cómo los truenos, haciendo que la jungla se estremezca. De entre las ramas, destrozándolas, aparece una moto ancha y poderosa, que se abre paso por la pura potencia de sus motores. Al verlo, Jeriaebrek vira y derrapa por el barro para frenar antes que con los simples repulsores. El antiguo maestro jedi salta del vehículo y se dirige hacia su alumno.
    -¡Sube y mantenla encendida! - Ordena, con el tono que hce intuir que no hay réplica posible. - ¡Hablaremos luego!
    El alumno obedece, sin prestar demasiada atención al hecho de que no trae ningún arma al cinto.
    Jerieaebrek se coloca en posición defensiva, imitando a los grandes luchadores desarmados, cuyo arte casi se ha perdido. Siente cómo la horda se acerca, loca por la nueva presa, que no huye, sino pelea. El primero de ellos se le lanza directo a la yugular, pero un manotazo lo aleja en dirección a los árboles. Otro le salta al pecho, pero de nuevo la palma de la mano lo impide, estampándolo en el suelo. Así, poco a poco, van llegando el resto, mientras no dan tregua al luchador, que con las manos desnudas les hace frente, moviéndose con gracia y velocidad, pero sin dar golpes mortales. Recordando que se ha dejado el sable láser en el banco de trabajo, culpa de las prisas.
    El alumno no deja de mirar, maravillado por que su maestro sea capaz de aquello. Sabia que tenía experiencia, pero no pensó que pudiera combatir así. Pero la maravilla dura poco. Uno de los simios, consigue llegar hasta la cadera, mordiendo con saña, pero se lo saca de encima con un grito. Otro, aprovechando la confusión le muerde en el brazo, mientras un tercero prueba con su pierna. Jeriaebrek, sabe que se le acaba el fuelle. Ellos no descansan y aquellas heridas le van a hacer mella en breve. Se quita de encima a los que puede, rodando y dando patadas y manotazos, antes de parar de nuevo para volver a enfrentarlos. Pero ya vienen sin cuentagotas. Ahora van de cuatro en cuatro y de cinco en cinco. Está perdido.
    Al ver la escena, Vilem no puede dejarlo estar. De nuevo el instinto le dicta. Y lo que le dicta es acelerar la moto, acercarse con violencia hasta su maestro, que se quita de encima como puede a aquellos dientes portátiles. Al parar, éste lo mira con una mezcla de sorpresa y terror. Sorpresa porque nunca pensó que lo desobedecería en un momento cómo ése y terror porque conoce la fama de aquellas bestias. El joven, sin pensar, lo agarra con fuerza y lo sube al asiento trasero, usando toda la fuerza de su brazo derecho, hasta que éste gime y cruje, quejándose del maltrato. Sin percatarse del dolor lacerante que le atenaza el hombro y codo ni del ser que le mordisquea el gemelo izquierdo, enfila el morro hacia arriba, sin soltar a su maestro con el brazo lastimado. Da gas a fondo, sin mediar aceleración previa y los impulsores se incendian en una gran deflagración que consume la selva.
    Entre las copas de los enormes árboles, una figura oscura y humeante escapa de las llamas que ya se extienden más abajo, que chillan y crujen por el fuego, mientras los simios arden. Por fin, deja de ascender y se mantiene estable a cierta distancia del suelo. El alumno se da la vuelta para atender a su maestro, que está agarrado al asiento cómo puede. Sangra en algunos puntos, pero no parecen heridas graves, nada que no se cure con un desinfectante y una vacuna, por si las moscas. Lo preocupante es su propio brazo, que siente hincharse poco a poco y alcanzar proporciones espantosas. Le duele una barbaridad y ya no se puede contener. Suelta a Jeriaebrek y se encoge, gimiendo por el intenso dolor. El aumento repentino de G le ha lastimado más allá del esfuerzo realizado y ahora lo está pagando.
    - No te voy a reñir ahora, más tarde. Pero quiero que pienses en lo que ha estado a punto de ocurrir. - Le dijo, entre la severidad y la empatía hacia el chico. - Déjame que conduzca y vayamos a casa, antes de que nos metamos en más líos

    Una vez tratadas las heridas, maestro y alumno hablaron largamente sobre lo ocurrido. La falta de madurez del joven, el ente oscuro y la tremenda persecución por parte de los simios carnívoros. Aquél era un planeta peligroso, especialmente por los más jóvenes y era hora de cambiar de aires. Llamaron a Ilvael, que se había quedado encargado de encontrar un lugar lleno de vida, apartado e ignorado, dónde medrar sin padecer del Imperio o de las propias formas de vida.
    - ¿Dantooine? - Jeriaebrek recordaba, poco a poco, los detalles de sus lluviosas praderas. - Sí, me gusta. Bien, pues comenzaremos a recoger.
    - A Nomaie le gustará veros. - Comentó el artesano Twile'k, refiriéndose a su hija. - Supongo que llegaremos en aproximadamente cuatro días.
    - Bien, en cuánto traigas el Falange aquí podremos partir. Voy a tener a los chavales ocupados empaquetando, para que no les queden ganas de salir al exterior. Ya no puedo controlarlos como cuándo salimos de Coruscant. Especialmente a él.
  • ¡No pares! ¡No mires atras! ¡Sigue corriendo! (1 de 2)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 05/03/2012
    Dado que estoy muy decidido a seguir el consejo de mi buen amigo Narrador para quitarme el atasco que estoy padeciendo en las teclas (mientras el inhalador hace su papel con mis pulmones). Llevo mucho más de los dos últimos meses sin escribir nada realmente nuevo y estoy hasta los huevos.
    El consejo es que termine algo, pero cómo he estado un buen ratito sin poder terminar "Él", "la Última Batalla" o de los cortos, el que sea, he decidido empezar el que leéis a continuación, que podría decirse que es un trailer de los fanfics de Star Wars que escribo (aunque hace tiempo que no). El lugar, cómo algunos adivinaréis, se trata de la espesa jungla de la cuarta luna de Yavin, el emplazamiento de aquella base rebelde que destruyó la primera Estrella de la Muerte.
    En fin, gracias por leer y comentar muchachada.

    La Senda del Aventurero. Click para la página original.



    Una selva interminable se extiende ante él. Es joven, demasiado incluso para éste mundo, en el que todo son amenazas para el incauto. Pero ya no es incauto y aunque parece desarmado, no lo está.
    Ha parado un momento para retirarse con la mano el sudor que le cae del cabello castaño, que lleva suelto hasta los hombros. Al mirar el dorso de la mano comprende que no es sólo sudor, sino la humedad asfixiante del planeta, que se le pega al cuerpo. Se anuda un pañuelo a la cabeza y continúa con su camino. El maestro le ha dicho que lleve cuidado, pero que ha de comenzar a internarse sólo más allá de su refugio.
    Salta como una liebre, esquivando ramas, recorriendo aquellos gigantescos árboles sin tocar el suelo, atento a los puntos más resbaladizos. Su mentor le ha indicado que ha de cerrar sus ojos físicos, confiar en la Fuerza. Allí no puede encontrarlos, aunque se sombra es larga, pero la del lugar... La del lugar es apabullante. Hay varios templos de construcción extraña, que desprenden una oscuridad que agota. Pero también hay otra cosa en ellos. Tiene la sensación de que pueden ser usados para un gran mal, o un gran bien, dependiendo de quién los despierte. Pero ellos no lo harán. No se acercan.
    Algo ha saltado por encima de él y lo ha sentido perfectamente. Sus habilidades de rastreador crecen cada día, pero no su disciplina. Se ha salido de los límites conscientemente. Quiere practicar más allá de la tutela del maestro. Vuelve a parar, respira profundamente. Su cuerpo todavía no se ha desarrollado completamente, pero su mente es fuerte. Aunque no todo lo que debiera.
    Cierra los ojos. Siente el calor en su piel, la sequedad de la boca y el ruido que los animales hacen a su alrededor. Poco a poco, deja de ser consciente, con algo de dificultad, porque la selva es densa en aquella zona y no alcanza a diferenciar bien lo que le rodea. Vuelve a avanzar, sirviéndose de la Fuerza para maniobrar. Es más torpe, golpea en algunas ocasiones, resbala. Mantiene la compostura, hasta que algo, algo lo llama desde uno de los antiguos templos. Algo quiere que penetre en sus secretos, algo que quiere realizarse a través de él.
    Cae al resbalar con una liana. Siente el vacío, muy real abrirse entre él y el suelo, que sabe que se acerca rápidamente. Abre los ojos, mientras manotea en busca de otra liana, como tantas veces ha hecho. Tras un tiempo interminable, consigue sostenerse merced de la misma que lo ha hecho resbalar.
    Desciende con suavidad, mientras traza un arco hasta la resbaladiza superficie verde que hay entre los árboles, que cualquiera confundiría con el suelo. Las raíces de dichos árboles están tan hinchadas que la tierra a su alrededor está abierta. Respira tranquilo, tomando todo el oxigeno que puede, incrédulo de lo que ha sentido hace sólo unos momentos. Algo lo ha visto y se ha puesto en contacto con él. Aquello ya es de por sí suficientemente malo, pero además ha visto. No era una imagen clara, sino más bien un cúmulo de sensaciones. Un tormentoso mundo que pelea contra sí mismo, otro lleno de seres de un sólo ojo irreconocibles. Visiones de batallas, de huídas y victorias. De aventuras, traiciones y sorpresas.
    También sabía de gente a la que no conocía, pero que debía conocer. Y por encima de ello, dolor. Dolor físico, emocional y de cualquier tipo. Aquello le intranquilizaba sobremanera. Le dolía el pecho, el lado derecho y todo el brazo. Su cabeza, su pierna, prácticamente no había punto de su joven cuerpo que no doliera en distinto grado, hasta que casi quería gritar. Hacerse consciente de que el dolor podía venir del futuro pasó desapercibido por aquella omniosa sensación de pérdida.
    Se descubrió llorando, incapaz de controlarse. No era tanto como que fuera a pasar algo malo, sino la certeza de que no sería sólo una cosa. No venía algo grande, sino muchas cosas, de distinto grado. Era incapaz de determinar mucho más y prefería no hacerlo. Tampoco es que pudiera, pues escuchó un rumor escalofriante a su espalda. Parecían miles de serpientes siseando, pero sabía que no eran serpientes. Lo tenía muy claro
  • Concepto de Personaje: El aborigen Barega./

    Escrito por Vilem_Landerer el 20/02/2012

    Bueno, hoy os traigo una nueva prueba con lo que tengo del guión. Ésta vez trata sobre el más grande de los protagonistas. Y cuándo digo grande, es grande de tamaño.
    Por otro lado, querría comentaros algo de lo que no tiene sentido hacer secreto. Ya hay dibujante para el guión que nos ocupa. La podréis conocer por sus trabajos en Subcultura como por ejemplo: El Noveno Círculo o Paridas Anillescas. Como os podéis imaginar, se trata de blacksanz, que a fé mía estaréis de acuerdo conmigo de que tiene una gran calidad como webcomiquera.
    Nos estamos tomando el asunto con calma, pues aunque me vaya a servir para soltarme un poco en el papel de guionista y aprender sobre el oficio mediante la práctica, quiero darle un cierto mimo, pues aunque es una historia sin nombre, sin excesivos detalles, tiene mucho más tiempo que Bill, Folgore, Icusagora o la Senda del Aventurero misma. Así que con tiento, poco a poco, avanzamos.

    Sin más tardar, os presento al gigante Barega:

    Gigantesco. De voz profunda como un trueno y un acento de mil diablos, cómo hablan algunos isleños, pero más cerrado y sin embargo su pronunciación es cuidadosa y educada, que contrasta con la enorme energía del hombre. Todavía no le he escuchado hablar en su lengua natal y cada vez tengo más claro con nunca la escucharé.
    - ¿Viene pues de Australia? - Pregunté, ofreciéndole un cigarrillo de los que me había dejado Dean. - Está muy lejos de casa.
    - Todos lo estamos. Sí. - Rechazó el cigarrillo con un movimiento leve. - No fumo, gracias. Australia es el lugar de dónde procedo. Pero no me siento del todo de allí.
    - ¿No se siente australiano?
    - Hasta mi mayoría de edad, el concepto "australiano" era desconocido para mí. - Sonrió, pues sabía que había estado hablando de él, averiguando su historia. - Y para mi tribu, irrelevante.
    - ¿No tenían contacto con el resto del país?
    - No habitualmente. Les habían dejado claro que no queríamos nada de ellos.
    - ¿Y usted?
    - Decidí que quería ver los confines. Los del Mundo. - Levantó su pesado cuerpo, que mediría fácilmente más de dos metros y era un todo proporcionado. - Imagine qué sorpresa al llegar a todos los confines. Y saber que aún queda más.
    - Pero... No entiendo una cosa, sinceramente. - Me sentía intimidado, por la imponente presencia de aquél hombre de oscura piel. - ¿Porqué vino a África?
    - Aaaah... Éso quiere oír. No hay duda. Mi historial. - No se sentó, sino que miró el sombrero de caballería norteamericana que había colgado del clavo de la pared y se giró. - Por el cine.
    - ¿Cine? - Sabía que la gran pasión de Barega, más allá de las armas, la vorágine y el meter ruido, era devorar películas como un auténtico fanático. No las había visto todas, pero desde luego, dudo que alguien más se acercara a ello. - ¿Está aquí por el cine?
    - No es tan difícil. Salgo de mi pequeño y aislado poblado. Veo la televisión, anuncios, leo libros. Pero el cine es lo que más me impacta. Las bélicas. - Señaló el sombrero con la cabeza. - Apocalypse now fué la primera que ví de guerra. Fue aburrida, larga y creo que no cogí el asunto del todo. Pero sus escenas de combate... Oh, amigo. Así que miré más, ví muchísimas películas. Y decidí que quería verlo de cerca.
    - Pero... Es de estar loco.
    - Sí, eso dicen. - Sonrió de nuevo, volviéndose a sentar y provocando un pequeño terremoto en el proceso. - No sólo en África, sino en una buena cantidad de sitios más he estado desde que cumpliera mi mayoría de edad y saliera al mundo. He hecho amigos, amantes y enemigos. A muchos los he perdido. Pero sobre todo, he aprendido que no se parece en nada a lo que se pueda ver en la más cruel producción.
    - ¿Ha dejado de ver cine?
    - Por supuesto que no. Disfruto mucho con cada estreno y lamento no tener tiempo para más. Pero ah, ya no las tomo en serio. Ya sé que son mentiras, aunque tengan capas de verdad.
    - Ya para terminar con ésta tanda... Si no es indiscrección. ¿Porqué se queda, a lo que parece una muerte segura, en plena guerra civil, en un país del que no tanta gente ha oído hablar.
    - Podría ser lealtad. O amor por el pueblo al que protejo. - Cruzó las manos sobre la desvencijada mesa. - O tal vez ganas de matar. O de morir.
    - ¿Alguna elección en especial?
    - Que no se diga que aquí estuve y no quedé para ver el resto de la historia. Prefiero morir y vivirlo personalmente, que vivir y que me lo cuenten.
  • Lugares de Cindre: Averno./

    Escrito por Vilem_Landerer el 13/02/2012
    Ale, toca ponerse en faena otra vez, que ya ha pasado el tema del concurso y quiero adelantar cosas. Aprovecho la momentánea estabilidad de mi pc para escribir un poco sobre la geografía del mundo dónde se desarrollan las aventuras de Icusagora Riel; Cindre. Comenzamos con Averno, pero en sucesivas entregas, contaré cosas sobre el golfo de Ranac, región dónde se desarrolla la historia actualmente y Mirina, la ciudad del pecado, hacia dónde se dirigen los aventureros, a bordo del Beaufighter, capitaneado por Ismiz.
    La Senda del Aventurero.



    Quince millas al Sur de Mirina, la joya perversa del espléndido Imperio Pomoleno, se encuentra un lugar que la mayoría de personas evitarán a toda costa: Averno.
    Se trata de la entrada física al Inframundo, el maldito lugar en el que moran las almas de los que no fueron considerados dignos de las Llanuras Eliseanas.

    En dos millas a la redonda del enorme crater, que tiene tres estadios de diámetro, así como uno de profundidad. Una precaria escalera labrada en la chamuscada roca desciende a la misma Puerta Sin Retorno, nombrada así porque quién ha osado cruzarla no ha vuelto jamás. Dicha puerta, tiene al menos doce varas de alto y es tan ancha que entraría fácilmente un buque de guerra Isparii con las vergas desmontadas.

    Más allá, se sabe que está Inframundo, pero se desconoce exactamente cómo es. Nadie que haya traspasado físicamente la Puerta ha vuelto para contarlo y los espíritus que escapan no suelen hablar sobre ello. El resto del cráter está tan pelado como la superficie y se haya completamente vacío. Ni las alimañas se asientan allí. Por la noche, sin embargo, encontramos más animación. La Puerta está abierta y las almas allí destinadas son atraídas desde todo el planeta, formando torrentes lechosos que flotan por el cielo y que son perfectamente visibles en la zona.

    Desde Mirina son un espectáculo hermoso, incluso turístico, para que los valientes presuman de haber visto la procesión de almas. Pero desde Averno, es aterrador.
    Gritan, se retuercen intentan en vano escapar. Cuándo hay guerra, se multiplican y en más de una ocasión aventureros coinciden en haber visto siniestras criaturas dar latigazos a las fantasmales colas, para que se den prisa en entrar. No es para nada recomendable acercarse por la noche, pues algún alma especialmente fuerte podría intentar intercambiarse con un vivo, pero en tiempo de guerra es un auténtico suicidio.

    Lo más palpable de Averno, además de su enormidad, es la energía que deja escapar. A primera vista, sencillamente no hay vegetación y la más cercana crece en colores enfermizos, mutada y deforme. En las cercanías hay algunos animales, pero vivo, de lo que más se encuentra son vlux, una especie de perro, del tamaño de un puma, con afiladas garras y una poderosa y ancha mandíbula repleta de dientes pequeños y desiguales. Haya diferentes tipos, desde los recién descritos hasta los líderes de manada, que tienen el tamaño de un oso y en muchas ocasiones, tres pares de patas y alguna mutación extraña más.
    Estos "perros" infernales están evidentemente ligados al lugar, aunque no suelen acercarse mucho al epicentro. Por último, los vlux no son los únicos seres mutados por las energías que desprende Averno, pero sí los más estables y característicos.
  • Anuncio para los lectores: ¡Segundo Aniversario de la Senda del Aventurero!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 29/01/2012
    Os dejo el relato primero (y dos enlaces), para los que simplemente leéis. Muchas gracias por vuestra silenciosa presencia. Aunque no lo creáis, anima mucho a seguir. El resto de la entrada, está debajo de lo que sigue, hacia el final:
    Concurso por el segundo aniversario.
    La Senda del Aventurero.

    Un Ford A verde oscuro avanzaba a toda velocidad por las calles de Valencia. En su interior, al volante, Bill Red maldecía levemente, mientras esquivaba los coches de la estrecha avenida. A su derecha, rezando a todo un panteón entero, Guillermo se agarraba al salpicadero, consciente de lo inútil de su gesto. En el asiento trasero, sin inmutarse demasiado, el Tigre Cheko, de nombre Lykaios sonreía por la discusión que mantenían los de delante.
    - ¡Relájate un poco! - Entre la súplica y la órden, el jóven esperaba que sirviera de algo. - ¡No llegamos tarde!
    - ¡No gracias a tí, señor lentitud! - Las farolas anaranjadas iluminaban su deforme semblante, dándole un aspecto todavía más espeluznante. - ¡Has tardado mucho en bajar!
    - Da igual lo que haya tardado, sólo relaja la velocidad. - Señaló hacia la derecha, indicando la dirección. - Es por ahí, ten cuidado, que aquí no respetamos... ¡Oah!
    Había dado un bandazo cuándo un Ibiza fluorescente les pasó precisamente por el lado al que se desviaban. Bill insultó en tres idiomas distintos mientras giraba, mientras Lykaios miraba por la ventanilla, haciendo lo propio en otros tres.

    El vehículo avanzó con calma hasta un hotel en las afueras, de amplia entrada y aspecto moderno, donde contrastaban varios caballos, atados a las vallas de forma improvisada. Aparcaron cerca de la puerta y los tres ocupantes dejaron ver que vestían de gala.
    - Guillermo, mal asunto si hemos llegado tarde. - Comentó el Tigre mientras se ajustaba la corbata y se calaba el bombín, bajo el que destacaba su plateado cabello. - A Icusagora le molesta enormemente la falta de puntualidad, casi tanto como a mí el estar muerto.
    - No me perdonarás que no hiciera de tí otra serie que no fuera a seguir en meses por falta de ganas o inspiración adecuada. - Lo miró el autor con un cierto aire de resentimiento. - Y que sepas, que eso te da caché.
    - Como si lo disfrutara.
    Antes de poder entrar, un rayo amarillo llegó hasta allí. Folgore flotó ligeron antes de tocar tierra y saludarlos.
    - Veo que he llegado a tiempo. Ha habido un accidente en la pista de Silla y era posible que me tuviera que quedar.
    - Al menos aquí estás. - Se llevó una mano al cuello, como indicando algo. - Gracioso lo de la pajarita.

    Apenas llegaron al vestíbulo, un estruendo llenó el aire de la noche, que vibró salvajemente, mientras una nave de unos cuarenta metros sobrevolaba la zona, antes de posarse pesadamente en el aparcamieno de enfrente.
    - Es el Falange. Reissig ha venido y casi seguro que con la mitad de la población galáctica. - Se giró hacia Bill, que encogía los hombros. - ¿Se puede saber quién los ha invitado? La idea es que sólo vinieran los habituales de la Senda.
    - A mí no me mires, yo no controlo ésas cosas. De hecho, todavía no tengo muy claro cómo he sido capaz de llegar hasta aquí.
    - Y recogerme a mí en el camino. - Terció Lykaios, sonriente.
    - He sido yo.
    Se giraron hacia la figura que les saludaba desde atrás. Iba vestido de negro y plata, con algunos sencillos bordados, que representaban una estrella de cuatro puntas. En su cintura colgaba un laúd de cerezo y en la vaina estaba la espada. Vïlem sonrió al sorprendido autor.
    - No creo que tengas inconveniente, que al fin y al cabo, todos aquí somos hermanos. Bueno, en parte.
    - ¿Cómo...?
    - No debería sorprenderte ya, la verdad. - Se giró hacia la sala dónde el resto de invitados ya comenzaban a picar la comida. - Vamos, es una fiesta y no tengo ganas de perdérmela.
    Bill se encogió de hombros y dió alcance al aventurero. El Tigre no pudo dejar de sonreír antes la cara de idiota del joven, que se giraba para mirar de nuevo a la puerta de entrada al hotel para ver cómo llegaban el resto de personajes. En la sala de celebraciones, podía escuchar las risas de Hoplas e Ira, que parecían compartir el gusto por la bebida fuerte.
    Poco a poco, saludábanse todos, los que se conocían y los que no, incluyendo al psicópata Él, que estaba bajo la atenta vigilancia de Vïlem, mientras que Reissig comentaba con Alejandro las mejores maniobras para zafarse de un caza en gravedad cero.
    Todos se juntaron para la foto, recordando los pobres y humildes inicios de sus respectivas aventuras. Y de cómo había ascendido la población del pequeño blog, merced siempre de los lectores, que animaban a aquél joven con delirios literarios a seguir escribiendo, aún así le sangraran los ojos.


    El pasado 17 de enero, la Senda del Aventurero cumplía dos años de publicación más o menos semanal. Lo que comenzó en un inicio para albergar un relato que se llamaría "Las increíbles aventuras de Icusagora Riel" y que tendría un sabor de un folleto típicamente decimonónico y algo steampunk, ha acabado siendo un blog de historias de aventuras, con varios títulos de diferentes géneros y temáticas, entrevistas a autores online (siii, lo tengo parado, pero ya sabéis lo que me pasa con el pecé desde hace meses). He crecido mucho y mejorado también. He alcanzado objetivos que no creí que pudiera y me lee más gente de la que jamás pensé que lo haría. Incluso he aparecido en una quedada, a pesar de mis remilgos y carácter (de la que por cierto, saqué un genial dibujo del aún más genial Litos y que tengo que escanear, aunque me da que me toca echar mano de cámara).
    Incluso me ha dado la desfachatez de organizar un concurso (y como imaginaba, no ha tenido alcance (arriba están los enlaces)) y eso que tanto no se me conoce. Así tengo el ego.

    Así que nada más que deciros a todos que muchísimas gracias por leer los desvaríos de éste humilde escritor. No os podéis imaginar la ilusión que le hace a éste menda vuestras visitas, comentarios y demáses.
    Independientemente de cuándo termine el mundo, éste blog seguirá en la trinchera, acompañado de la Senda del Interrogador, todo el tiempo que se tercie.

    Un saludo a todos y muchas gracias!
  • ¡Seguimos en la brecha! Microrrelato./

    Escrito por Vilem_Landerer el 22/01/2012
    - ¡Disparos! - El mozalbete recorrió la tasca, asustado. - ¡Señores de ley, disparos he oído por allí!
    - Si, nos también, y me place, pues tranquila noche se nos presentaba. - Torció la boca, en una mueca burlona, al desenvainar la toledana y colocarse la vara de alguacil, justo después de ceñirse el tahalí y comprobar la pistola de llave reluciente. También agarró la gumía que le arrebató a un berberisco que tuvo la desfachatez de saquear la costa saguntina mientras él ejercía de guarnición. - Vamos, Vázquez.
    Los dos hombres habían recalado en la pequeña aldea, reclamando cama y cena para oficiales del Rey, que se dirigían a Valencia con motivo de su nuevo destino como teniente de alguaciles. Salieron a la húmeda noche, que se agitaba con la animación de pueblo, que había escuchado el tiro y el aullido de dolor de un fulano al que seguramente se le escapaba el ánima por algún agujero.
    Era noche cerrada como digo, más dueño los acompañaba con lumbre, apartando a la gente entre gritos de "¡Paso a la Ley!". En la pequeña placilla, en el suelo, con el semblante pálido que proporciona la muerte sangrienta, un joven se desangraba. No era el herido por plomo, pues aquello, ningún arma de éste mundo podría hacerlo.
    La herida era tremenda y recorría desde la clavícula, que asomaba rota entre los jirones de piel, hasta las propias tripas, que se desparramaban. Respiraba y de dentro los pulmones parecían escaparse entre las destrozadas costillas, que brillaban a la luz de la lumbre. Los lugareños, se santiguaban o rezaban frenéticos, al reconocer la marca del diablo en aquél destrozo. No podían imaginar que algo así había sido realizado por una criatura de Dios.
    Unas huellas más grandes de las de cualquier hombre habían aplastado al joven, que se abandonó definitivamente a la Parca que lo reclamaba. A su diestra, ligeramente estropeada, un pequeño arcabuz de ancha boca, humeaba aún por el disparo. El teniente, se agachó para comprobar mejor la posible dirección de las huellas y decidió partir en su búsqueda, para eliminar cualquier traza del asesino, sobrenatural o no.
    - Vuesamerced no debería internarse. - Suplicó el dueño posadero, que sabía qué ocurriría si dos oficiales desaparecían allí. - Por favor...
    - Déjelo por favor. - Santiago tragó saliva levemente antes de indicar el camino. - Vázquez, iremos para allá, agarre lumbre si el buen hombre no quiere venir.
    Vázquez, mudo como era y hosco a morir, agarró la lámpara de las asustadas manos y se internó en la oscuridad tras su superior, ajeno al miedo pueblerino que dejaban tras ellos. Debían encontrar a aquello que había andando primero a dos manos y luego a cuatro, dejando marcas de terribles zarpas ensangrentadas. El muy cerdo, había pasado por encima del infeliz al huir.

    Lo encontraron al cabo, sin que pasara mucho tiempo. La luz de la Luna dejó ver su enorme silueta, que al sentirse perseguida giró sobre sus cuartos y se alzó, lanzando un rugido profundo, que dejaba caer una horrible advertencia. Vázquez, sin esperar orden alguna, se adelantó, lanzando con cuidado la lámpara, que al caer arrojaba sombras trémulas en los alrededores, dejando ver aquél ser de pelaje pardo, salpicado de carmesí. El hocico de perro parecía furioso y mantenía las garras con enormes uñas cerca de la cara, a pesar de que no lo distinguían del todo bien.
    - Vázquez, aunque no hables, sigues teniendo que aguardar lo que yo te mande. - Comentó el teniente, picado. - Ya sabes que... ¡Cuidado!
    El oso avanzó con decisión hacia el mudo, que lo esquivó con facilidad. Aquél siguió avanzando a dos patas antes de caer sobre las delanteras para alejarse. Pero Vázquez desenfundó su pistola y en un santiamés artilló y disparó a la forma, antes de soltarla y desenvainar la espada. El animal volvió a encarar a los dos hombres, pero esta vez no pretendía evitarlos y sumergirse en las sombras. Su temor pasaba a la ira causada por el dolor. Arremetió con furia y cogió al mudo desprevenido, dando con sus huesos en tierra, entre sordos gritos que nada podían gritar, más allá del aire pasando por su garganta.
    Santiago gritó, con la nuca erizada del miedo al ver a su subordinado caer ante el ataque. En lugar de correr, disparó su pistola y se lanzó hacia adelante, clavando inmisericorde la toledana hasta el puño. El oso, ajeno al acero que se movía en sus tripas, siguió ensañándose en el caído, que se protegía con manos destrozadas de aquellos poderosos zarpazos. El teniente, partió la espada al intentar sacarla y al dejarse llevar por la desesperación de ver al infeliz cómo al joven, saltó sin pensarlo demasiado bien sobre la grupa de oso, asiéndo con la siniestra, mientras que con la diestra empuñaba la despiadada gumía. Le dió varias puñaladas, hasta que por fin, cuándo el animal trató de revolverse, a la luz del farol atinó a ver la garganta y allí fué la afilada hoja.

    Encontraron más tarde al alguacil, más muerto que vivo, con una terrible herida en el torso, que había vendado con harapos. A su lado, el cadáver de Vázquez se enfriaba, con la capa por encima para taparlo. Y un poco más allá, incapaz de continuar, el enorme animal salido de la nada, al que muy poca gente reconocía como creación divina y muchos trataban de diablo de Averno.


    Concurso
    La Senda del Aventurero.


    Bueno, ahora, algunas explicaciones soporíferas. No os quejaréis, que os las pongo ya al final y no tenéis que leer el tochaco si no os apetece. Aunque advierto de que es un poco lo de siempre.


    Aunque hace tiempo que no publico continuaciones, o las Sendas del Interrogador pendientes (desde hace, por desgracia, demasiado tiempo), sigo por acá, tratando de escribir, al tiempo que recupero archivos del antiguo disco duro, el cuál he podido conectar levemente (no son cosas críticas, pero me conozco y no estaré tranquilo hasta disponer de lo que aún me falta). Además, por fin dispongo de una nueva gráfica, así que no tengo que tirar de la integrada, que empezaba a fallar también (no aguanta mucho, la pobre) y creo que la cosa se agilizará en cuánto tenga algo más de ram.

    Os anuncio también, que he hecho una pequeña colaboración para un amigo, algo que igual no os es relevante, excepto porque es una colaboración en papel, en forma de libro de historias cortas. Parte del inicio de una novela sobre un personaje que estoy escribiendo se incluirá en uno de los relatos. Ya os daré más detalles, porque me hace mucha ilusión ése y el que viene más adelante, pero no quiero irme de la lengua más allá de lo estrictamente necesario.

    En otro orden de cosas, mi falta de tiempo deriva de un par de problemas (por fortuna, nada serios) y de la temporada de catarros, migrañas y mierdas similares, que me desmontan. En fin, cosas que pasan.

    Este año no va a ser mejor que el anterior en cuestión de entradas, porque para allá mayo-abril, si todo me va como quiero que vaya, por difícil que sea (y es otro motivo de menos tiempo, pues he de prepararme para ello), me veréis desaparecer durante algunos meses. Cosas de trabajo, que es muy necesario y estoy algo harto de la vida de parado.

    En otro orden de cosas, no sé si os acordaréis de "Más allá de Selene", una novela por entregas de ópera espacial, con toques de western, gánsters, aventuras y hasta de misterio. Pues ya no será por entregas, que pocas tiene, sino convencional, escrita de la forma más profesional que pueda. Pretendo que sea mi primera novela publicada, sea de la forma que sea. Y cómo se publicará toda de una vez, o eso pretendo, darle un enfoque de entrega ya no es necesario. Pero eso no quiere decir que vuelvo a retirarla (que hice en un primer momento al decidir la profesionalización, cosa de la que me arrepentí), sino que publicaré poco a poco, trozos más grandes, algo menos manejables. Espero que no os sangren los ojos al leer los tochos.

    En fin, dentro de unos días os contaré más cosas, que es hora de descansar la vista y prepararse para mañana. Un saludo a todos los senderistas que siguen éste humilde blog de aventuras.
  • ¡Insurrección!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 14/01/2012
    Bueno, mientras dedico tiempo a editar lo que me toca, que no es poco, corregir unas cosas urgentes y continuar entregas de icusagora y de lo que me queda por aquí, me ha dado por escribir lo que sigue, que es un adelanto de lo que podría ser el FanFic de Star Wars con el que sigo dentro de unos años.
    Además de que es bastante adecuado, viendo los tiempos que vivimos.
    Concurso
    La Senda del Aventurero.


    La noticia ya recorría Corellia como la pólvora. Una flota de guerra republicana había destruído un navío corelliano de carga, que trataba de romper el bloqueo sobre Koltraret, un pequeño planeta en la órbita de infuencia del sistema corelliano. Ahora, la flota leal al Diktat se había desplegado, teniendo que reclamar a toda prisa a la mayoría de alumnos capaces de la Academia. El resto, al mando directo de la plana mayor, se quedaba en el sistema, para la defensa del mismo. Todos buscaban al director de la Academia Naval, que había desaparecido. Malas lenguas decían que el antiguo soldado republicano había huído al verse en la tesitura de combatir de nuevo. Otros decían que era un firme republicano, en vista a sus actuaciones anteriores en el senado. Todo corelliano de bien, conocía la voz de aquél hombre, tan contrario al enfrentamiento armado. El antiguo comodoro republicano, que había sido despojado de su rango y antigüedad al enfrentarse al senado y a su canciller.
    Vilem se había ganado algunos enemigos con sus incendiarias palabras en el senado, que atacaban a la paranoia de unos y al militarismo exacerbado de otros. Además, su pasado, a pesar de la caída en desgracia ante el canciller supremo le seguía persiguiendo. Ahora, todos pensaban que había huído para salvar el cuello. Sus alumnos, eran los que no creían en tal.
    Cierto es que se ha llevado a su familia y pertenencias con él, e incluso a más de un amigo. Incluso mató en defensa propia o de otros a conspiradores corellianos, pero sabían que su lealtad a Corellia era demasiada. Amaba aquél planeta y a sus gentes y desconfiaba de la República y sus políticos. Lo que no significa que confiara plenamente en el Diktat, que tan propenso a la guerra era.

    Era un día luminoso en la cercanía de Coronet, la brillante, majestuosa y peligrosa capital planetaria. Apenas nadie había reparado en el punto que se acercaba, excepto los controladores de tráfico, que se habían atragantado con el café al identificar el aparato que se acercaba con rapidez a la atmósfera. Atravesó ésta cómo si de mantequilla calientese tratara, mientras desgarraba las finas nubes que se extendían más allá de la violácea estratosfera. El navío, de excelente manufactura mon-calamariana, sobrevoló a fuerza de repulsores la enorme ciudad y sus alrededores, antes de aterrizar pesadamente en las afueras, bloqueando vías de entrada y salida. Por los altavoces, se escuchaba una y otra vez, una potente voz, que pertenecía a un anciano que tres semanas atrás habían podido escuchar bramando en el senado:
    - ¡Cualqier corelliano libre y que quiera lucha por la libertad soñada, que acuda al Implacable para ser reclutado! - La voz, más que enardecida, estaba furiosa, con un punto desesperada. - ¡Cualquier persona de bien, que quiera colaborar, será bien recibida¡ ¡El opresor republicano cierra la zarpa, mas nosotros nos liberaremos, mediante el propios esfuerzo!
    Aquél mismo día, miles de madres despidieron a su prole. Cónyuges que se separaban para tal vez no verse más. Cualquiera en edad y con un mínimo era aceptado, de cualquier condición.

    A la mañana siguiente, el Implacable alzó el vuelo haciendo retumbar la milenaria ciudad, que mudó antes de estallar en una cacofonía irreconocible. Aquí y allá las bocinas aullaban y el gentío chillaba adios y suerte para los valientes. Millones de gargantas, en varios puntos del planeta cantaban una canción independentista que se estaba poniendo de moda.
    El navío, ascendió rápidamente, para inflamar los repulsores y poner rumbo a las estrellas. En dirección a una guerra, que tras los múltiples intentos de evitarla, las negociaciones, las súplicas y las salidas legales u honrosas, había estallado.
    Ahora, el antiguo comodoro y capitán de Corellia, sin ser corelliano, iba a pelear por un planeta que amaba, en una guerra que querría habérsela ahorrado a sus ciudadanos. Con la casi certeza de que no podrían vencer.
  • Recapitulando el añito que acaba de morir y bien muerto está, el hideputa./

    Escrito por Vilem_Landerer el 04/01/2012
    Bueno, tenía pensado escribir un poco para entretenerme y entreteneros. Pero lo que tenía que suceder ha ocurrido y estando asediado por varios frentres era inevitable. Estoy con la garganta al rojo, lo que en mí en síntoma de trankazo habemus. Así que me limito a recapitular un pelín sobre cómo ha sido el año.

    Bueno, el inicio de año es muy diferente al del año pasado. Estoy sustancialmente más animado y con más ganas, además de que tengo multitud de lectores más y nuevas lecturas. He realizado la primera "Semana del Gilipollas" destinada a un post diario. Fallé a medias, pues no llegué a cumplir, pero casi y en parte no fue culpa mía. Además antes de la mitad del año, llevaba más entradas que el anterior y en la segunda mitad alcancé 25 más.
    Han llegado Ira y Bill Red con relativa calma. La Senda del Interrogador ha marchado medio bien (y me ha dado mucha publicidad) hasta que me petó el pc hace unos meses y con el que aún me peleo (he intentado retomarlo, incluso haciendo más entrevistas, pero me falta una importantísima por editar y se me está haciendo más complicado de lo que me esperaba).
    Tengo un proyecto de cómic en marcha (aunque a mi ritmo), destinado a meterme ya de lleno en lo del los webcómics y de paso aprender a guionizar como diox manda.
    Estoy escribiendo algo, de lo que me hace mucha ilusión hablar pero de lo que no voy a hablar hasta que esté terminado, editado y publicado. Y es cortito. Y es para esta primera mitad del año. Tal vez antes. Y me hace mucha ilusión. Mucha (y me está costando, cómo no, una barbaridad terminarlo).
    Joer, qué moñas me deja el paraceta...

    ¡Eh! ¡Si hasta he ido a una reunión de autores (qué bien suena así, eh?) por mi propia voluntad, sin coacción! Pese a cómo suelo ser.


    Y me han vuelto a llamar viejo. Esto empieza a mosquearme. No solía importarme, pero mosquea.
    Ay, el inistón...
  • Mis paisanos cuándo se van de fiesta./

    Escrito por Vilem_Landerer el 31/12/2011
    Escribo esto un poco de memoria, que tengo ganas de sangre y tal, pero no de corroborar todos los datos, así que lo siento si meto la pata en algún momento.
    Bueno, feliz año a todos, ahora sí, nos veremos en el otro lado.

    Para los inicios de Icusagora Riel, Folgore, Él, Más allá de Selene, y demás, pulsa aquí

    Habían reñido recio en Valencia, dónde el pueblo civil, había causado una derrota humillante al profesional ejército francés. Entraron a Madrid por atocha, para socorrer la capital y liberarla del yugo. Más tarde vendría la gresca en Tudela.
    Ahora, la columna, que había pasado bien en general, se encontraba atascada en territorio aragonés, incapaz de avanzar en dirección a la ciudad, con ánimo de allegarse a ella. El francés, les venía encima una y otra vez, carga tras carga, empeñando muchas vidas. Los valencianos, aunque fogueados por las batallas anteriores no eran sino civiles voluntarios y reclutas recientes en su mayoría. Aunque disponían de los mejores pertrechos que se habían podido comprar (pues la empresa que les encomendaron no era poca), tampoco eran una maravilla.
    Entre el humo y el vaho de subía de los cadáveres destrozados y sanguinolentos, aguantaba lo que quedaba de la división. Apenas cuatro mil hombres, de los más de dieciseis mil que salieron de su tierra. Ya no se dividían en unidades, sino que dentro de la línea, formaban piña común, arremolinándose alrededor de las banderas, que defendían con encarnizada determinación.
    De pronto, el flanco izquierdo flaquea. Los que en medio del desastre dejan que el sentido común les domine, tan irracional a esas alturas del asunto, echan a correr, abriendo huecos en la masa humana que combate. La caballería gabacha se apresta, preparados los coraceros para abrir camino y los húsares para degollar de lo lindo. Ya llegan, sables en alto, humo de pistolas ante los animales y toques de corneta.
    A los veteranos, o sencillamente, los calmados insultan a los que corren. Los humillan a gritos, mientras tratan de componer un cuadro más o menos decente. "¡Fillsdeputa! ¡Malparits! ¡Torneu desgraçiats! ¡Dejad de correr y apretáos collons!" Los que se mantenían trataban de convencer a los cobardes en medio del desastre y poco a poco, bien por el ánimo de encontrar camaradas que no corrieran como gamos o por simple vergüenza, se incorporaban a la formación, que ya recibía el embate de los coraceros. El que trató de escapar igualmente, murió antes de llegar a la espesura de más atrás cazado por la caballería ligera.

    Tronaron a bocajarro los fusiles antes de que los coraceros llegaran al contacto. Cayeron y se estorbaron los unos a los otros, perdiendo fuelle en la carga. De pronto, una marea de hombre y caballos combatía, mientras que los franceses trataban de penetrar más en el cuadro antes de salir. Pero su propia arrogancia se volvió contra ellos, pues la masa de hombres y bayonetas, que clamaban enfurecidos y ahítos del olor a pólvora, sencillamente los engulló, entre espeluzantes gritos y desesperantes relinchos.
    Después de la masacre, con la línea formada de nuevo y los franceses dejando actuar de nuevo a la artillería y a la infantería, al que aún mandara en medio de aquél desastre decidió que ya había bastante, que podía retirarse sin deshonra. En caso de que pudieran retirarse, claro. Porque a esas alturas, ninguno de los intrépidos voluntarios le veía un final feliz al asunto.
    Lejos de volver a desbandarse, la línea comenzó a retroceder, lentamente y sin dejar de plantar cara al enemigo, en dirección a los bosques que se espesaban más atrás, dónde podrían zafarse de su enemigo. Los heridos se retrasaban, a pesar de que sus compañeros hacían lo que podían para que les fueran al paso, pero al final, la línea se desdibujó, dejando bolsas de heridos que se acercaban los unos a los otros para darse protección.
    Otro ataque de la caballería la línea se separó. Una sección del flanco izquierdo, más de quinientos hombres, quedó aislada del grueso, que cada vez era menor. Ésta se apelotonaba alrededor de las banderas que poseían y en medio de aquella locura, los veteranos que se habían quedado en el lado más numeroso decidieron que ya tocaba dar broche final a aquello.
    Se despidieron padres e hijos, hermanos, primos y amigos. Hasta nietos vieron marchar a sus abuelos, en dirección a la bolsa acosada, con el fin de dar tiempo al resto a escapar y recomponer la división, por si hiciera falta más adelante.
    Los coraceros, se dieron cuenta de la maniobra y dejaron de arremeter contra los infelices heridos que se habían quedado atrás y cargaron de frente contra la escueta línea de veteranos. Éstos, formaron un cuadro y se prepararon para contener la carga. No dejaron de disparar en ningún momento, por tres costados, antes de que los franceses se lo pensaran dos veces el volver a cargar de aquella forma. Ahora buscaban mejor y atacaban al punto más débil, esperando romper su voluntad. Pero los infantes seguían en sus treces, fijas las miradas en una bandera, que se agitaba ante los repetidos ataques de la infantería.
    Nueva descarga de mosquetería. Balas volando en ambas direcciones y más almas que se iban para el cielo, o a engrosar las líneas infernales. Juramentos, imprecaciones y una curiosa y fría determinación que hacía avanzar a los soldados españoles en pos de aquella muerte tan heroica. Lo que hacía que los franceses, mostraran mayor interés en proporcionársela, a costa de muchos muertos por su lado.
    Los heridos rezagados ya habían perdido la bandera, que ahora un francés aniñado e imberbe, agitaba ante sus ojos desesperados e impotentes. Detrás ya llegaban los veteranos, recibidos por gritos y burlas francesas. Sin apenas detenerse, el más anciano de los que quedaban, alzó su mosquete y derribó al joven rubio que había arrebatado la bandera de un tiro en el hombro, que lo lanzó contra sus propias filas. A continuación, salió corriendo, en dirección a las líneas azules. Sus compañeros, levantando a los pocos heridos que aún podían caminar, lo imitaron. Después de la última descarga, con los coraceros y húsares acosándolos y vendiendo cara su vida, corrieron hacia el francés, gritando pestes y blasfemias, sabiendo que aquellos eran sus últimos jadeos, bayonetas caladas y dispuestas.

    Mientras que los pocos restos de la división, se ponía a salvo, menos de dos mil hombres, de los cuales sólo alrededor de mil quinientos llegarían. Algunos más enteros que otros.
  • Reconciliándome con Star Wars./

    Escrito por Vilem_Landerer el 28/12/2011
    Bueno, creo que ya tocaba que un friki de tomo y lomo de dicho universo dejara de lado sus diferencias y comenzara a admirar el gran trabajo realizado por Lucas como guionista y director en la nueva trilogía. Unos efectos especiales geniales, una trama desarrollada como toca... Desde luego, mis quejas salían de las más absoluta envidia, que más adelante se transformaría en odio y finalmente en negación.
    Considero que el el episodio 1 es una gran película, en todas sus facetas, desde la aparición de Jar Jar (el mejor recurso cómico de toda la saga) hasta el desfile final, plagado de colorido. Mucho mejor si es en BluRay, dónde va a parar.
    El episodio 2 es el cúlmen de un romance que ya comienza entre un crío y una adolescente y se trata de una de las mejores películas de su tiempo, con acción, romanticismo y robots. Hayden lo hace magistralmente para interpretar a su personaje, que parece hecho para él. Flojea ligeramente Ewan McGregor, que trata de hacer sombra, pero hacia el final mejora. Cuándo no sale.
    No podría dejar de lado mi favorita; el episodio 3, dónde por fin el Emperador muestra sus cartas y Anakin en un derroche de lógica que no era necesario, aunque cuadra, decide que lo mejor es seguirle, de la noche a la mañana. El tratamiento que el guión hace de los personajes es... gracccc... es... grrrrrrrrraaaaaaaaacccccc...

    ES MIERDA! PURA, LÍQUIDA Y OLOROSA MIERDA EMBOTELLADA PARA EL GOCE Y DISFRUTE DE CANIS Y CHONIS VARIADOS, PARA QUE SE SIENTAN INTELIGENTES VIENDO UNA CIENCIA FICCIÓN QUE NO ES TAL!!

    A la mierda con la inocentada.
  • El soldado Pepín os felicita la Navidad.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 24/12/2011
    ya que a mí, se me da de ojete:

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    Pues eso. Nos veremos al otro lado.
  • Un autor agredido./

    Escrito por Vilem_Landerer el 12/12/2011
    Aviso que es un pelín largo. Ésto se me ha ocurrido después de una pesadilla, y de paso, ya que estaba, he rizado el rizo un poco más allá de lo soñado. Además, propongo un pequeño ejercicio, que en general será muy sencillito. Si alguien me contesta a todas las preguntas que voy a poner ahora, tendrá en su poder una versión reducida del premio del concurso que estoy montando para el segundo aniversario de éste humilde blog. Vamos, que escribiré algo que me pida el ganador (o ganadores), ya sea relatillo, historia pequeñaja o concepto de personaje.

    En fin, sin más murgas, os pongo los enlaces pertinentes y el mini relato:
    ¡Concurso! ¡A juego un látigo metafórico para esclavizar al autor!
    La Senda del Aventurero. Historias, relatos, entrevistas y otras memeces.

    Soy un crack, publico sin poner las preguntas ni leches:

    ¿De qué relato proviene Bill Red?
    ¿Qué nombre falso usa en su propio relato el primer personaje que sale de la pantalla?
    ¿Quién es el psicópata que va disparando con una ametralladora?
    ¿Qué dos modelos de revólver lleva Ira en las manos?
    ¿De quién es hijo Icusagora Riel?






    Guillermo escribía frenético, asqueado de su propia fanfarronería. Había prometido
    acabar la primera parte de las memorias de su personaje de cierto juego online y
    pasadas las ochenta páginas aún calculaba mínimo otras cuarenta para finalizarlo.
    Además, tenía otros proyectos entre manos con fecha y lo de las entrevistas se había
    visto detenido por varias razones, además de su propia pereza.
    - Nada, es inútil. - Dió un sorbo de su refresco y se pasó la mano por la cara. - Esto es
    mierda, ni de coña lo publico.
    Se quedó quieto, detenido ante la clara pantalla. Eructó y volvió a poner las
    manos sobre el teclado. Abrió el guión que tenía entre manos y trató de continuar con
    él. Gruñó y pasó a otros proyectos. Volvió por fin a su fan fic de Star Wars Galaxies,
    decidio a publicar aunque fuera un triste párrafo.
    - Esto lo publico hoy de la forma que sea. - Miró fijamente la pantallo durante unos
    instantes. - ¿Pero qué coño?
    Recibió el impacto en la cara, que lo lanzó de espaldas al suelo. Se llevó la mano a la
    nariz, que le dolía soberanamente y sangraba, aunque no la notaba rota. De la
    pantalla, una forma humanoide hecha de letras se materializaba físicamente, hasta
    quedar formada como un hombre corpulento, de pelo corto y bien parecido, a pesar
    de las cicatrices. Llevaba puesta una especie de armadura verde de aspecto futurista,
    que reconoció al instante. Era Vilem, su alter ego en el juego. Bueno, uno de los
    Vilems.
    - Carajo. - Se giró hacia el autor, que se incorporaba para preguntar algo. - Por fin nos
    vemos, capullo.
    - ¿Eh? Que? - Dijo, con la agilidad mental que le caracterizaba. - ¿Cómo?
    - ¡Es hora de que escribas mamón!
    Lo agarró del hombro y fue a sacudirle un puñetazo en el estómago, algo le dió un
    golpe desde detrás. Un horrible rostro desfigurado por una tremenda cicatriz le guiñó
    el ojo, antes de apuntar con el fusil con bayoneta en dirección al mercenario galáctico.
    - ¿Pero no ves que si lo desgracias, nos jodes a todos? - Preguntó, con cierta guasa,
    Bill Red, nombre puesto en un alarde de originalidad. - Que mis aventuras están por
    llegar y quiero que sean de calidad.
    - ¡Eso intento capullo! ¡Intimidarlo para que continúe!
    - Creo, que eso me puede salir mejor a mí, florecilla. - Una voz, como un chuchillo vino
    desde el lugar dónde estaba la pantalla.
    El recién llegado tenía una sonrisa peligrosa en la cara, dos revólveres en las manos y
    un sombrero negro lleno de polvo. Ira apuntó con calma.
    - Bueno hijo, creo que es hora de que dejes el arma en el suelo. - Escupió, con
    desprecio. - O si no, voy a reventarte esa cara de memo que tienes.
    Algo explotó detrás de él, destrozando la mesa y las ventanas, de las que llegaba el
    ruido de sirenas.
    - ¡Nosotros estábamos antes que todos vosotros! ¡Exigimos ser los primeros! -
    Folgore e Icusagora habían aparecido, con ganas de camorra, al parecer. - No tenéis
    más derecho que nosotros.
    - Técnicamente, yo llegué antes, que lo sepáis. - Terció el que primero llegara. -
    Comenzó mis aventuras más de un año antes de idear las vuestras.
    - Parece, muchachos, que hemos llegado a un punto muerto. - Bill bajó el rifle,
    mientras ayudaba a Guillermo a incorporarse. - ¿Si nos calmamos no será mejor?
    - ¿Eh? ¿Cómo? - Seguía teniendo poca agilidad mental. Pero llegó a fijarse en la forma
    que se materializaba ahora detrás del superhéroe y el aventurero. Y en el arma que
    llevaba. - Oh, mierda. ¡Es él!
    Echó a correr en dirección a la puerta, buscando la protección del pasillo. El resto, al
    echar la mirada hacia atrás, lo imitaron, con más o menos calma. Folgore abrió un
    camino por la pared, ignorando la de explicaciones que tendría que dar su autor.
    La figura, vestida de negro y armada con una ametralladora de sección, disparó una
    ráfaga con su munición combinada. Algunas balas atravesaron la pared y otras
    arrancaron yeso y ladrillo con facilidad, mientras el psicópata aquél reía.
    - ¡Eso es putas! ¡Escondéos! - Volvió a disparar, regocijándose en los gritos del
    pasillo. - ¡Quiero comerme vuestro miedo!
    De pronto, dejó de disparar. Un sonido líquido, como el de el agua al atravesar un
    paso estrecho, les llegó. Al mirar en el interior del salón, había una figura detrás del
    asesino. Éste había dejado caer el arma, mirando incrédulo la espada iridiscente que le
    sobresalía del esternón, de la que salía el vapor al hervir su sangre. La extrajo sin
    muchos miramientos, e ignoró el cuerpo que caía y se deshacía, para desaparecer sin
    dejar ni rastro. Era un hombre de corta talla, con el pelo descolorido y un mostacho
    muy claro sobre la curtida cara. Que era idéntica a la del primer personaje que había
    aparecido, aunque más desmejorada por la edad. Llevaba un hoplón y una espada
    larga, que videntemente era algo más que un arma de mano, además de ropa basta y
    sencilla, que combinaba con una capa sorprendentemente elegante para el conjunto.
    Desentonando más todavía, pudieron ver un laúd ricamente adornado en madera
    rojiza, colgando de su cadera.
    - Creo, niños, que ya es hora de marchar. - Envainó la espada y les señaló la pantalla.
    Ninguno se atrevió a replicarle. - No debiérais haber venido mendrugos. Ésto podría
    costarnos a todos la existencia.
    Guillermo se acercó. Le sacaba media cabeza de altura, pero estaba claro que el
    espadachín era más fuerte, ágil y capaz que él. Tenía un lío de emociones entre
    felicidad por haberse salvado, temor por lo que acaba de pasar o dicha por conocer en
    persona a su más grande personaje.
    - Yo, eh. Gracias.
    Vïlem von Länderer lo miró con sus fríos ojos grises, como estudiándolo. Parecía
    preguntarse muchas cosas.
    - Muy bien, no necesitáis darlas, sire. Pero ya que aquí me hallo... - Lo agarró de
    improviso del cuello con la enguantada mano y con una fuerza que no es de este
    mundo, lo levantó. - Maese, mucho debéis escribir, más os conmino a echarle un
    vistazo a cierta historia que debéis preparar en breve.
    Lo soltó, al ver que se ahogaba. Cayó aquél de rodillas, agarrándose esta vez el
    cuello, luchando por respirar.
    - ¡Pero ah! Si además pudiérais trabajar un poco en mi propia historia, me sentiría muy,
    pero que muy complacido. - Le miró de nuevo, sin agacharse, con la espalda muy
    recta y la mano apoyada en la espada. - O si no, podría volver para convenceros.
    Dicho esto, desapareció. Y Guillermo, sin saber muy bien qué hacer, se quedó allí, en
    medio del desastre general, escuchando cómo derribaban la puerta de la casa para
    entrar.
  • Sigo vivo!/

    Escrito por Vilem_Landerer el 09/12/2011
    Muy buenas a todos!
    Podría extenderme en porqué ni he aparecido esta semana, ni he comentado o posteado nada en absoluto (bueno, casi). Algunos pensaréis en el puente (de eso no tengo), o en que me ha vuelto a petar el pc (y no iréis tan desencaminados, pero no).
    Y dado que ya me estoy alargando sin motivo (culpad a la medicación), os comento y au. Migraña. Una y grande, muy puñetera. Me ha sorprendido bastante, porque ya le tenía cogido el pulso y sé interpretar el dolor, o eso creía, porque cuándo pensaba que ya había pasado, ha aparecido en modo trollface. En fin, continúo con el trabajo como siempre, que por algo me entretiene. Aunque sigo buscando la inspiración perdida.



    Y ale, a comentar en esas 109 notificaciones. Esto va a ser largo.
  • Hasta los huevos./

    Escrito por Vilem_Landerer el 01/12/2011
    Atención buenagente, habemus parrafada larga y densa.

    Bueno, supongo que más o menos lo estamos todos. Yo además, con el añadido de ciertas cosas que no esperaba y maldita la gracia que me han hecho. Debería estar contento últimamente porque hay ciertas cosillas (que ya desvelaré cuándo toquen) que me han endulzado lo que quedaba de octubre (por ejemplo, la estabilidad de mi pc). Pero donde las dan las toma, ha debido de pensar el Karma, porque la cruzada por popa que me ha metido en unos cuántos días ha sido bestial.
    No entraré en detalles, pero así por encima, un virus inesperado me ha petado gran cantidad de cosas, para variar (aunque estoy recuperando mucho, gracias a la previsión de hacer copias de seguridad). Encima tengo uno de esos bloqueos bastardillos, porque me sale a escribir de todo excepto de lo que quiero escribir y ya me parece el colmo del cachondeo. Y otras cosas que no interesan en ésta sección (aunque podría ser una Senda de la Noria o algo así la que se encargara), pero que también joden.

    Así que mañana cuelgo si o si, esté como esté (si necesita arreglos los haré, pero sencillitos) la entrevista con Rafagast y Toru, que poca gracia les estará haciendo la maldita tardanza. Además tengo ya hechas las de A-funny-name y Neyebur, pero veremos cómo están los archivos.

    Cambiando de tema ligeramente, recordaros el tema del Segundo aniversario y concurso de la Senda del Aventurero, en el que podéis participar mirando las bases que incluyo en dicho post. Dado que no hubo primer aniversario por temas personales, con éste segundo lanzo el caballo por la ventana y me ofrezco de esclavo al ganador (consultad el link para más datos).

    Por otra parte, he de retomar mis dos buques insignia que son Icusagora Riel y Folgore, que son con los que empecé y los que más abandonados tengo, los pobrecicos. Además de que en Icusagora toco ligeramente el tema naval, que me encanta y para el que me estoy documentando apropiadamente.

    Bueno, será mejor que deje de disculparme ya. Últimamente éste tipo de cosas las hago mucho. ¿No creéis? En fin, éste humilde senderista se da el piro antes de que sea demasiado tarde y ya sea hora de alzarse. Buenas noches a todos y hasta mañana. O algo así.
  • Reissig en Coronet. Unas pocas entregas, lo juro./

    Escrito por Vilem_Landerer el 25/11/2011
    ... y a ver si recupero un poco la inspiración de lo que tengo que hacer realmente. Maldita seas, desgana. En fin, esto será parte del fanfic que sigo escribiendo de Star Wars. En este caso, nuestro protagonista, con el nombre falso de Reissig ha vuelto a la Corelliana de Seguridad, cuerpo de policía del sistema corelliano, dónde trabaja hace la tira. Por si alguien se creía que no tengo un guión base creado, aquí una muestra de que no, que todo lo tengo pensado.
    Si alguien quiere leer los inicios, que me los pida por comentario o privado, que ahora no encuentro los enlaces pertinentes.

    Novela por entrega, aventuras y relatos e historias tontas para no dormir.



    - Hola colega. ¿Algún problema con la chiquilla?
    Había parado el golpe con la mano, con una suavidad inusitada, para la fuerza que llevaba. Reissig sonreía, pero no era sonrisa afable, sino una mueca que dejaba traslucir su infinito desprecio. Su compañero le había dado el alto, pero el hombre los había ignorado.
    - Señor, le he dicho que dejara de...
    - Déjalo chaval. - El mercenario contenía los forcejeos del maltratador sin demasiado esfuerzo. - Atiende a la niña, yo le voy a explicar al amable ciudadano lo de la ley Kray.
    - Por favor, no le rompas las piernas. - Dijo Timereth, recordando el atracador anterior. El muy idiota les había salido al paso con un cuchillo. - Antes ha sido bastante espeluznante.
    - ¿Lo ha escuchado ciudadano? - Sin soltar la mano lo lanzó con violencia hacia el apartamento. Dió dos tumbos y derribó la mesa, cayendo sobre ella. - Mi compañero no quiere ver su miserable hueso atravesando la carne.
    - ¡No puede... hacerme eso! - Se incorporó, sólo para encontrarse a Reissig muy cerca. El seguridad le sacaba una cabeza y media y aquello contribuía a la sensación de terror que sentía. - ¡Tengo derechooaaaaaahhh!
    Lo tenía agarrado y apretaba con fuerza. Se escuchó un sonido sordo y el hombre pasó del estado aterrorizado, al de húmedamente aterrorizado. El orín se le escapaba por entre las piernas y llenaba la sala de mal olor.
    - Joer, me he pasado. Tengo que ajustarme el brazo. - Movió la prótesis un par de veces, comprobando que el movimiento era correcto. - Disculpe por eso, colega, sólo quería que se estuviera quieto.
    - ¡Me la ha roto! ¡Me ha roto la mano!
    - Nah, tampoco es para tanto. - Lo agarró por el pescuezo y levantó sin esfuerzo el cuerpo, hasta tenerlo a la altura de la cara. - Verá, la nueva ley me permite el uso de la fuerza fulminante para acabar con una amenaza, así que mientras siga siendo una amenaza, podré romperle más huesos.
    - Teniente, se ha rendido. - El novato entró con la joven, que se apoyaba en él.
    - De eso nada, se ha meado. - Miró disgustado el suelo, hasta que escuchó el gorgoteo. Soltó al hombre al percatarse de que se estaba ahogando.
    - ¡M... eh... merindo! - Exclamó, al caer.
    - Ah, mira, ahora sí que se ha rendido. - Sacó una brida plástica y lo amarró con fuerza. - Colega, queda detenido en nombre de la ley corelliana, que ha tenido a mal incumplir. Cualquier cosa que diga será usada en su contra y cualquier intento de resistencia será respondido brutalmente...
    - Teniente, no es así.
    - Por los... - El mercenario se exasperó y le arrancó un gemido al detenido al apretar de más. - En serio chaval, el capitán me da vía libre para comportarme salvajemente con la chusma corelliana y tiene que ponerme contigo.
    - Debemos respetar la ley, no podemos.
    - Machacarlos hasta que griten en quince idiomas distintos. - Pulsó el botón que llamaba a los refuerzos de a pie. - Ya, ya lo sé. Pero esto es Coronet, no un pueblecito de 3 millones de habitantes, aquí los criminales se las gastan de forma distinta. Aquí matar a un Corsec no suele tener grandes consecuencias.
    - Y por ello debemos rebajarnos a su nivel...
    - Llevo toda la vida en un nivel tan bajo que para mí es subir de categoría. - Bromeó, sonriendo, conciliador. - Vamos sargento, que te invito a almorzar.
    - ¡Pero si acabamos de desayunar!




  • Intento ser pacífico.../

    Escrito por Vilem_Landerer el 23/11/2011
    ... pero cosas así consiguen sacarme de quicio.

    No es la única, ni la última ni la primera (recordemos los casos de lapidación por adulterio (en el caso de que sea la mujer la que está casada)), pero es que el adulterio lo ha cometido él, igual que la violación. No soy especialmente feminista (aunque mi forma de ver las cosas es la de una igualdad absoluta y rotunda, pero puestos a reconocer limitaciones, que se reconozcan en ambas direcciones), pero este tipo de cosas me deja alucinado.

    En fin, iba a ser mucho más bestia, con evidentes ataques al mundo musulman extremista y ciscandome en la madre que tuvo la desfachatez de parir al follaniñas.

    Pero me voy a contener, voy a instalar el Battlefield VIetnam y voy a exterminar a un par de miles de vietnamitas.



    Y cuándo esté más calmado seguiré currando en el blog.
  • Entrevista al candidato Menos_Grande, por Seijo. La Senda del Interrogador./

    Escrito por Vilem_Landerer el 16/11/2011
    Bueno, presento la primera entrevista del especial Elecciones a moderador Subcultura 2011. Entrevista seijo, que además de trabajar en [webcomic]sombraylagrima[/webcomic] y en Inner Infection se ha ofrecido como colaborador. Muchas gracias!

    La cuelgo aunque Menos_Grande haya retirado su candidatura para no perder el trabajo de nuestro insigne colaborador.



    Aquí estamos con uno de los usuarios que mas polémica ha desatado en su post de presentación: Menos_Grande.

    Seijo: Enserio, de verdad de la buena, ¿crees que un troll se va a meter en un chat a discutir contigo? ¿así no molestan, y su objetivo es molestar no?


    Menos_Grande: Los trolls trolean por que se aburren, asi tienen algo que hacer y yo aprendo nuevos insultos.


    S: ¿Podrías explicar a los profanos, novatos y despistados que es un WEElitista? ¿y de donde viene tu legendario odio hacia ellos?


    M_G: Weelitista = no se, pregunta al que acuño el termino, supongo que elitista del wee, los odio por aburrimiento



    S: Si dices no tener capsula, ¿ por que no has explotado ya? ¿cuando aprendiste a burlar las leyes de la ósmosis?


    M_G: No tengo capsula pero tengo una pared bacteriana gram positiva de 50 capas de pertido glucano, puedo vivir en entornos hipersalinos y en el agua de Murcia


    S: ¿ Eso de juzgar a la gente, la cárcel, el infierno, El muro de las lamentaciones... que objetivo tiene? ¿ castigar a una cuenta troll a la que le da igual es castigo?


    M_G: la gente queria ideas, eso son ideas y propuestas ¿no?


    S: Si, la gente pide propuestas, y tu propones, pero la gente pide propuestas con sentido. ¿ Que objetivo tienen esas propuestas?


    M_G: Depende de la propuesta, aunque la mayoria son lo primero que me viene a la mente en ese momento


    S: ¿Guerra? ¿Por que? ¿que nos han hecho? ¿ están invadiendo nuestras plantaciones de azúcar? De no ser así: al ser dos comunidades con objetivos muy similares ¿no tendríamos que colaborar y ayudarnos entre nosotros?


    M_G: Una guerra es la solucion a las crisis, y estamos en crisis, si mañana invadieran Iran se acabaria la crisis, ademas creo que podria salir una historia interesante, lo que no se es que bando seria similar a que ¿Nosotros los Nazis metiendo a los Wee en guetos como a los judios?¿O Fadri como Hitler y nosotros los Comunistas?


    S: ¿Realmente piensas que Subcultura pasa por una crisis? ¿De que tipo? ¿Desde cuando?


    M_G: Si estan pidiendo moderadores para lidiar con trolls obiamente tienen un problema con los trolls, tampoco es que lo pensara antes de decirlo (en relidad escribo 20 chorradas en un folio y tiro un dado d20 a ver cual suelto)



    S: ¿A quien te referías con las acusaciones de multi-cuenta? ( hay que darle carnaza a los cotillas)


    M_G: No acusare a nadie de multicuenta a menos que este en presencia de mi abogado


    S: ¿ Es realmente tu campaña un sabotaje a Verde y Fosforo?


    M_G: Al principio me presente simplemtne por pensar ¿Por que no? y una vez creado el post solo segui la corriente xDDD


    S: ¿ Quieres Mandarle algún tipo de mensaje al electorado?


    M_G: Solo soy otra opcion, nadie esta obligado a votarme ademas si lo hacen y gano os matare a todos y arrasare Subcultura hasta sus cimientos



    S: Por ultimo, Señor Menos_Grande, su nick hace referencia a alguna parte de su anatomía?


    M_G: ...



    El entrevistador, murió en extrañas circunstancias durante la entrevista, Nunca te olvidaremos...
  • Entrevistas especiales para la campaña electoral! (La Senda del Interrogador)/

    Escrito por Vilem_Landerer el 15/11/2011
    ¡Muy buenas a todos los lectores!

    He estado leyendo los post de las distintas candidaturas y hay cosas que no acabo de tener claras. Así que vamos a preguntar, pero con seriedad y sin tonterías, no vaya a ser que luego nos baneen.

    La cosa es que no voy a hacer entrevistas largas, ya que sería una injusticia para los que llevan tiempo esperando a ser entrevistados, pero es un momento único y no sé si irrepetible. En todo caso, si alguien quiere actuar como reportero de parte de la Senda del Interrogador para realizar una entrevista más a fondo, que me lo diga.

    Me pasaré por los distintos hilos a distintas horas para hacer las preguntas que necesite a cada candidato, en público y procurando que me respondan. Ante todo, claridad.

    Estoy planeando organizar un debate entre los candidatos, pero esto depende del tiempo del que disponga cada cuál así que los candidatos que estén interesados en participar en el susodicho, que lo posteen aquí y comiencen a dar fechas para la semana que viene.

    Esto está planteado con toda la guasa y seriedad que os podáis imaginar


    Repasando puntos:

    No habrán entrevistas largas (excepto si alguien desea colaborar para hacérsela a un candidato de su elección).
    Propondré preguntas en cada hilo como si se tratara de una rueda de prensa.
    Y hay intención de organizar un debate, bien sea por foro o por msn, pero interesa que sea en tiempo real. Si a alguien se le ocurre un sistema mejor para hacerlo y grabarlo, que lo diga.
  • La Senda del Interrogador. Yamizuka/

    Escrito por Vilem_Landerer el 14/11/2011
    Y después de una desagradable y larguísima pausa por problemas intestinales con mi pc, aquí os traigo la entrevista con Yamizuka!!!

    Por cierto, antes he hecho un anuncio importante respecto a los dos años de la Senda del Aventurero ¡Concurso!





    Vilem: Muy buenas!


    Yamizuka: Hola! : D


    V: ¿Cuánto hace, más o menos, que llegaste a Subcultura?


    Y: Según Subcultura me registré el 31/03/2010, pero empecé a ser activa para navidades xD.



    V: ¿Viniste de la mano de alguien, o encontraste la comunidad por casualidad?


    Y: CREO que entré gracias al blog de Treveron. Que decía que subía sus tiras a subcultura y fui a probar. Y me registré para ver qué demonios era eso del Hype. Capaz que entré por otra cosa, pero en fin, mi memoria es mi memoria XD.


    V: Jejejeejeje. ¿Cómo se te ocurrió la idea de dibujar y escribir "¿Qué piensan de nosotros?"?


    Y: Pues cuando empecé a dibujar, lo hice porque quería crear un personaje que fuera "mío". Y me creé a mi y a Mayordomo. A partir de ahí fui creando una historia que incluía a mis amigas, que estaban ahí para mentirme sobre lo guapos que eran los dibujos. La trama es toda ella a base de tonterías que se nos ocurrían en clases.


    V: ¿Entonces colaboráis activamente? ¿O es más de lo que observas?


    Y: Mitad y mitad xD. Entre las cosas graciosas que ocurren entre clase, o ideas tontas que entre todas vamos cambiando hasta que queda algo bonito. Y yo voy uniendo esas ideas tontas xD.


    V: ¿Has pensado en dibujar una historia con un guión predefinido?


    Y: Tengo una pensada, sobre una historia que publiqué cuando me gustaba escribir. La escribí a los 11, y me gusta más de todo lo que hice hasta ahora xD. Pero quiero mejorar bastante hasta empezarla.
    Sobretodo dibujando sin colores, porque mis dibujos sin color dan pena. Y tardo mucho en colorear XD.



    V: Vaya, escritora precoz. ¿Ya no escribes?


    Y: Casi nada. Una amiga escribe una historia en su blog, y yo a veces la ayudo con la ortografía y con su forma de relatar, pero a parte de eso y trabajos de lengua, ná.



    V: Vaya. ¿Tenías escritas otras historias?


    Y: Bastantes. Ni me acuerdo de la mitad, las tengo guardadas y son bastantes xD. Tenía historias cortas y otras largas que dejaba a la mitad, o al primer cuarto.


    V: ¿Echas algún vistazo a estas historias?


    Y: Hace poco fui a mirar una de las últimas que escribí, pero me dio tanta vergüenza que ni la leí entera. Orgullosa sólo estoy de esta que te digo que publiqué.


    V: Jejeje, son cosas que suelen pasar. ¿Te has planteado publicar en papel, sea en fanzine o vía editorial?


    Y: Puff, mucho lío @_@. Cuando tenga un nivel de dibujo medio empezaré a plantearme. Soy de las que lo dejan todo para más tarde... cuanto más tarde empiecen los líos mejor.



    V: Normal, llega un momento que meterse en ciertos fregados llega a ser exhasperante.
    (diox, mi cabeza... exasperante)


    Y: xD. La culpa es de la H!



    V: Si, que está en medio, la muy poñetera.


    Y: Siesque... Pero es lo bueno del no-directo. ¡Puedes editar y poner cosas cool!



    V: ¡Jajajajajajaja! Eh, que igual el gazapo se queda, que ayuda para rellenar, jejejeje. (Vilem ya pierde el respeto hacia su propia profesionalidad).


    Y: XD. Todo relleno es bienvenido


    V: ¿En general, que clases de historias te suelen gustar?


    Y: Puf... Pues fantásticas. O casi todo lo que sea un poco gracioso y no te acabe diciendo que el asesino fue el director del colegio aquél al que se fue la Marinitia, si oh, la del Conserje, ese que se casó con la de la panadería que decían que engañaba a su marido...


    V: Parece una vivencia del diaro de Maricastaña, vamos, la famosa "tertulera" de la tele, la del libro del negro.


    Y: Parece, seh xD.


    V: ¿Qué es lo que más te disgusta de Subcultura? (pregunta amable y agradable de responder etjem).


    Y: xD. Pues que hay muchas discusiones tontas. Y he visto a gente irse por que se han sentido ofendidas por alguna de esas tonterías. Y yo no me meto mucho en el foro, pero de primera vista no creo que sea tan grave DX.


    V: Con lo que molan las bacanales de los foros... ¿Y lo que más te gusta?


    Y: ¡La gente! Está lleno de gente muy amable. Y los que no son amables no los conozco LOL. Y me muero de la risa con algunos comentarios.


    V: Hay grandes humoristas en esta comunidad.


    Y: Llenito


    V: ¿Cuál fue el comentario que más alegría te aportó?


    Y: Esa pregunta la has metido para fastidiar. Que me lo sé yo. xD.


    V: (y no veas la que viene. jejejeje).


    Y: Bueno, todos los comentarios me encantan, incluso los malos. Aunque gracias a Dios en subcultura no me han hecho ninguno xD. Pero sobretodo me gustan los que me aportan algo, cosas para mejorar. Y esos me los hacen mis amigas y gente en deviantart. Creo que no cuenta LOL. Pero entre los de subcultura no podría elegir ninguno por encima :3.


    V: Vaya, pues precisamente la siguiente pregunta era: ¿Y el más destructivo?


    Y: Loles. Pues ya te digo que en subcultura que yo me entere ahora no me han hecho nada destructivo xD. Alguno fuera si que me ha dicho que podría mejorar mis obras hasta un mono vagabundo sin brazos. Sin exagerar tanto, pero bueno, no le hice mucho caso. Al menos vio mis dibujos, algo es algo xD.


    V: Joer, vaya formas. ¿Cuál es, el webcómic de subcultura que más odias?


    Y: xD Te gusta vernos sufrir. Pues no odio ninguno, ea. No sé ni cómo se puede odiar un webcómic. No me gustan las tonterías que se suben sin sentido que no sabes por donde cojerlas, pero odiar odiar, no. No he mandado a la hoguera a ninguno xD.


    V: Jajajajaja! Siempre podría ser el que menos te guste.


    Y: Ni que los hubiera visto todos xD. Los que he visto y no me gustaron no los guardaba, así que no recuerdo ni su nombre.


    V: Bueeno, era la pregunta puñetera. Pero si que habrá alguno que prefieras especialmente.


    Y: Fuum. Déjeme que piense... No se abren los webcómics favoritos de Yamizuka, así que no puedo decir uno al azar. DX


    V: ¡Jajajajaja!


    Y: De traducciones Twokinds, que me enganchó y de webcómic de aquí les tengo tanto cariño a todos... DX. Voy a decir Akuma no Doragon, porque sí.



    V: ¿Alguna vez has pulsado el link de "Webcómic Aleatorio"?


    Y: Otia, ¿Existe eso?


    V: Gran respuesta.
    Si, abajo a la izquierda, en las letritas blancas con fondo azul.


    Y: ¡Oh que máhico! Pues gracias por la información xD


    V: ¡Jajajajajajajaja! ¿Alguna cosa que decirles a los novatos subcultureros?


    Y: Hmmm. Cuidado con las novatadas. Quizás os meten gays en vuestros webcómics.


    V: Parecemos universitarios.


    Y: Todos tenemos un universitario en nuestro interior luchando por salir.



    V: ¡Jajajajajajaja! Bueno, voy a desaparecer ya al amparo de la niebla... urbana.


    Y: ¡Ahí va a hacer preguntas incómodas por doquier! ¡Cuídate! xD.


    V: Muchas gracias, igualmente.


    Y: Gracias a ti : D


  • Dos años de La Senda del Aventurero. Concurso y anuncios./

    Escrito por Vilem_Landerer el 14/11/2011
    Últimamente no dispongo de tanto tiempo seguido como me gustaría para estar con el tema. Es que hay muchos temas y algunos son sorpresas.
    De momento, para relajarme un poco (que va a ser que no hay de eso para mí, je), había pensado en organizar un pequeño concursillo fan. Obras relacionadas con cualquiera de los contenidos de la Senda del Aventurero sometidas a votación. Dado que soy relativamente realista y que tengo la sensación de que nos acercamos a una época de exámenes o similar (reconocedlo, no hay forma de pillaros a todos despejados durante un par de meses), no espero que esto tenga mucho alcance, así que en el aspecto de premios, he decidido que habrá sólo uno para cada categoría (en principio, dibujo o relato/escrito, aunque si hiciera falta más, se añade), siéndo éste, que me podréis pedir que os escriba lo que queráis. Así tal cual. El ganador me da una idea, un personaje, o lo que le de la real gana y yo escribo una historia, con toda mi dedicación, para su goce y disfrute (espero). Vamos, que le hago un relato sobre lo que quiera y se lo regalo.

    Ésto en parte es por hacer alguna más, en parte por mi propio ego y en parte por el segundo aniversario de la Senda, que el 17 de enero cumplirá ya y dado que no hice ni media el año pasado, pues éste me paso tres pueblos. Así que la fecha límite, por poner (que creo que algo comenté en anteriores entradas, pero da igual), podría ser el 2 de febrero. Como dije, soy realista. ¡Y si os apetece esclavizarme durante un tiempo, ésta es vuestra oportunidad!



    Por cierto, mañana debería tener la nueva entrevista para la Senda del Interrogador, la de Yamizuka. Continuaré con la de Rafagast y Toru y debería para entonces tener un par más hechas, aunque hay mucho por hacer y muy poco tiempo para ello.

    Saludos Senderistas!
  • Cazadores/

    Escrito por Vilem_Landerer el 12/11/2011
    Hala, hoy sin demasiados diálogos. Si me preguntáis, este escuadrón como tal no tengo constancia de que existiera, aunque sería lógico. El modelo, por si os interesa, es un P-47M con algunas modificaciones para las altas velocidades y la escolta de largo alcance. El modelo de caza alemán, bien puede ser un Messerschmitt 262 A1, el primer avión de caza turborreactor operativo.




    El coronel había dado órdenes muy claras. No se protegería a la caja de bombarderos a los que acompañabamos. De eso se encargarían los Mustangs, ellos los acompañarían y eliminarían los elementos más "comunes" de la aviación enemiga.
    Hacía sólo una semana que nuestro escuadrón se había formado. Éramos los veteranos más resistentes y despiertos, perfectos para la caza a gran altura y gran velocidad, capaces de soportar mayores "G" de lo habitual. Era nuestro primer vuelo de combate juntos y el viaje había sido relativamente nuevo. Nuestros poderosos P-47 Thunderbolt, habían sido modificados para alcanzar una prodigiosa velocidad de combate, así como mantener un buen alcance. Podríamos hacer nuestro trabajo, aunque la amenaza de rompernos un brazo al intentar virar nos hacía dudar de ello.

    Volamos 3000 pies por encima de la caja, justo en nuestro límite operacional. Así debe de sentirse Dios al mirarnos, pues podemos ver perfectamente la curvatura terrestre y justo debajo, a los bombarderos que acompañábamos. Probablemente no pudieran vernos, pues el sol les cegaría, pero también lo haría con ellos. Nadie hablaba, para evitar descubirnos antes de tiempo. Debíamos ser rápidos y letales.
    Un aviso desesperado de radio y pudimos ver las estelas de humo que subían rápidamente para interceptar. Pico junto a cuatro compañeros, que se encargan de cubrirme, mientras los otros cuatro nos cubrirán, en caso de que aparezcan más. Motor a fonto y el monstruo de 2800 caballos que tengo bajo el capó ruge feromente, mientras descendemos velozmente. Los kraus no se enteran de nuestra presencia hasta que ya estamos muy cerca. Demasiado cerca.
    Abro fuego con todas mis ametralladoras durante un segundo, nada más. El caza enemigo, explota como una bengala. Aquí y allá, mis compañeros aúllan. "¡Los hemos cogido cagando!" Y bien cierto es. Nuestro escuadrón ha sido creado para cazar a los nuevos aparatos del Reich, tan veloces, que incluso los mejores cazas que tenemos tienen problemas para derribarlos. Ni siquiera los artilleros pueden asegurar su defensa.
    Pero no contaban con nosotros. Aunque se reponen velozmente de la primera sacudida que les hemos dado y ya se alejan para evitarnos. Pero ellos subían y nosotros bajábamos, así que en la virada, creyendo que me voy convertir en torilla, avisto a uno de ellos. Mi punto me sigue, así que pongo proa al enemigo, para derribarlo antes de que haga algo de lo que nos podamos arrepentir. Ignoro el maremágnum de mi alrededor, al que el resto de colegas ya se han unido y con el gas a fondo, conecto el empuje de emergencia. Pegado al asiento, siento como si fuera a reventar, mientras me lanzo a una velocidad que creía imposible, en pos de mi enemigo. Se acerca rápidamente y preparo las ametralladoras de nuevo, pero el maldito debe de haberme visto, porque ya maniobra para evitar mis disparos. Me duelen los brazos, pero el oxígeno consigue que me olvide de ello. Oprimo el disparador y el avión se sacude. He fallado, voy demasiado rápido como para poder virar para acertarle. Alguien grita que tengo algo a la cola. Despierto inmediatamente y acciono los aerofrenos, mientras maniobro a la desesperada.
    Pasa junto a mí a toda velocidad pues parece que le ha pasado exactamente lo mismo. Inexplicablemente, el que parece ser su motor izquierdo se incendia violentamente, aunque se apaga casi inmediatamente. El huno se estabiliza y trata de huir, aunque ya no es tan rápido. Una ráfaga corta y su ala ya no está con él. Dos derribos, nada mal.

    Se que han derribado a dos de los míos, pero en general parece que les estamos pegando una paliza. Por mi parte, he conseguido llegar a la cola de su líder, pero soy incapaz de hacer un blanco. Lo persigo a toda potencia y mi motor ya está al rojo vivo, mientras que él no parece tener especiales problemas para mantenerse. Lo dejo ir, con la esperanza de que intente algna pasada extra a la caja. Pero no vuelve. Se va. Y cuándo quiero darme cuenta, a mi alrededor escucho júbilo y felicitaciones, pues hemos derribado a 5 jets enemigos y puesto en fuga a otros tres.

    Para el primer día, no está nada mal.
  • Ira (VIII)./

    Escrito por Vilem_Landerer el 10/11/2011
    Aquí vengo con una nueva entrega de Ira. Pero esta vez, antes de irme al catre, cosa rara. Fíjate qué cosas. Me ha salido cortico, pero estoy satisfecho con el resultado.

    En fin, al lío que me enrollo.



    La rodilla se quebró hacia atrás, destrozada por el disparo y se despedía del resto de la pierna. Fragmentos de hueso y cartílago hirieron la tierra más atrás, salpicando la sangre inmediatamente. Jack, al sentire el aberrante dolor, comenzó a gritar con un chillido agudo y desagradable. Ira por su parte, suspiró levemente, pues se la había jugado. Cuándo su contrincante intentó levantar el arma de nuevo, ya había amartillado para el siguient